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China marca el camino para el nuevo orden multipolar al presentar su propuesta de solución de la crisis de Ucrania

Jueves 2 de marzo de 2023 por CEPRID

Alberto Cruz

CEPRID

La guerra en Ucrania cumple un año y China ha sido el primer país en dar el paso necesario para terminarla y que no haya otras en el futuro: ha presentado su propuesta de paz (1), que no es técnicamente un plan de paz porque solo habla de “solución de la crisis” pero que marca los pasos necesarios para ello y, lo más importante, para revisar el comportamiento occidental a quien acusa, de forma implícita, de ser el causante de esta crisis. China no ha dado el paso de forma aislada. Esta propuesta es el tercer documento presentado en una semana (del 20 al 24 de febrero) después de "La hegemonía estadounidense y sus peligros" (2) y del "Documento Conceptual de la Iniciativa de Seguridad Global" (3). Este tercero complementa ambos, y hay que reseñarlos, aunque sea brevemente, los tres.

Como es lógico, hay que comenzar con la propuesta de 12 puntos de “solución de la crisis”. Tal vez parezca ingenuo porque la viabilidad del plan a corto plazo es más que dudosa, dada la locura de Occidente. Tal vez parezca un conjunto de propuestas generales, pero diseccionándolo se ve que tiene dos partes: una interior, es decir, dirigida al pueblo chino, y otra exterior.

China muestra a su ciudadanía que es una potencia global capaz de tomar posiciones ante una crisis internacional y, al mismo tiempo, da un paso adelante en medio de la locura occidental posicionándose como el adalid de la gran mayoría del planeta que viene rechazando con insistencia la postura de Occidente. Porque lo que se recoge en esta propuesta recoge, en sentido estricto, las aspiraciones del Sur Global de un nuevo orden que no esté hegemonizado por Occidente.

Esto es algo que se manifesta en los tres primeros puntos: (1) “Necesidad de respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países”, con el añadido de que “todos los países son iguales, independientemente de su tamaño, fuerza o riqueza”, lo que en sí mismo es la antítesis de Occidente; (2) “Abandonar la mentalidad de Guerra Fría, ya que la seguridad regional no puede lograrse mediante el fortalecimiento y expansión de bloques militares”, que no necesita explicación porque es crlaramente anti-OTAN; (3) “Las partes no deben echar leña al fuego y no se debe permitir que la crisis ucraniana se salga de control”, lo que supone una crítica implícita a Occidente por el constante suministro de armas a Ucrania.

A estos puntos se añade otro crucial: “Poner fin a las sanciones unilaterales. Las sanciones unilaterales y la máxima presión no pueden resolver la cuestión, y sólo crean nuevos problemas. China se opone a las sanciones unilaterales no autorizadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. Los países concernientes deben dejar de abusar de las sanciones unilaterales y de la jurisdicción de brazo largo contra otros países, con vistas a hacer sus aportes por la desescalada de la crisis de Ucrania y crear condiciones para el crecimiento económico de los países en desarrollo y la mejora de la vida de sus pueblos”.

El resto de puntos hacen referencia concreta a Ucrania, aunque también con la mirada puesta en el resto del mundo como la salvaguarda del comercio internacional y del suministro de bienes, como los cereales; el evitar el riesgo nuclear y el reforzamiento de la seguridad de las centrales nucleares.

Es bastante obvio que este plan no se implementará por la oposición occidental: EEUU, Alemania, Gran Bretaña y la OTAN ya lo han rechazado. También Ucrania. Para Occidente, el plan chino es la implementación práctica del fin de la hegemonía occidental. China lo sabe, pero le da una clara posición moral y de superioridad frente a un Occidente en decadencia. Esta es una disputa clara sobre el futuro orden mundial, y ahora China lleva ventaja. Además, China está apuntando hacia la postura estadounidense sobre Taiwán.

Lo que no gusta a Occidente

China no hubiese dado el paso sin tener en cuenta la reacción occidental, por eso entre la publicación de los dos primeros documentos y esta propuesta de solución de la crisis el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, recordó varias salvedades que no gustan en Occidente: EEUU es el mayor productor de guerra; no ha estado en guerra en solo 16 años de su historia de 240 años; ha iniciado alrededor del 80% de los conflictos armados del mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial; viola la soberanía de otros países e interfiere en los asuntos internos de otros países; desde el final de la Segunda Guerra Mundial, EEUU ha intentado derrocar a más de 50 gobiernos extranjeros; ha interferido brutalmente en las elecciones en al menos 30 países e intentó asesinar a más de 50 líderes extranjeros; las guerras de la OTAN contra Afganistán, Irak y Siria bajo los EEUU han resultado en más de 900.000 muertes y 37 millones de refugiados.

Con esta propuesta China se ha desatado las manos. Ha fijado su posición de forma oficial y es el resto quien lo tiene que hacer ahora. El Sur Global tiene ahora un camino marcado, fuera de Occidente.

Ya lo había anunciado en la 59 Conferencia de Seguridad de Munich, celebrada dos días antes de publicar su primer documento, donde quien asistió no fue el ministro de Exteriores sino Wang Yi, miembro del Buró Político del Comité Central del PCCh y encargado en el Partido del área internacional. Formalmente está por encima del ministro, pero esto es algo a lo que ningún occidental prestó atención. Yi fue la única voz de cordura en ese encuentro porque Occidente, no sin reconocer con la boca pequeña que el mundo no le sigue (Macron lo dijo un poco más alto al reconocer que estaba “conmocionado por la pérdida de credibilidad de Occidente”) siguió con el mantra de la derrota de Rusia, llegando al esperpento de la ministra de Exteriores de Alemania, la “verde” Annalena Baerbock, al afirmar que la neutralidad no era una opción. Es decir, o estás con Occidente o contra Occidente, porque lo que reclamaba era más armas para Ucrania.

China lo sabía, por eso nada más terminar esa conferencia, a la que acudió pero calificándola de “reunión familiar trasatlántica”, publicó su primer documento, "La hegemonía estadounidense y sus peligros", haciendo un repaso de la hegemonía política, militar, económica, tecnológica y cultural de EEUU para concluir que “Estados Unidos ha estado anulando la verdad con su poder y pisoteando la justicia para servir a sus propios intereses. Estas prácticas hegemónicas unilaterales, egoístas y regresivas han suscitado crecientes e intensas críticas y oposición de la comunidad internacional” aunque “las tendencias históricas de paz, desarrollo, cooperación y beneficio mutuo son imparables” y recalcando, lo mismo que aparece en la propuesta de solución de la crisis de Ucrania, que “los países deben respetarse y tratarse como iguales”, por lo que hay que oponerse a todas las formas de hegemonismo y política de poder rechazando, al mismo tiempo, la injerencia en los asuntos internos de otros países.

El desarrollo lógico de esta conclusión aparece en el segundo documento, titulado "Documento Conceptual de la Iniciativa de Seguridad Global". En síntesis trata de “Mantener el compromiso con la visión de una seguridad común, integral, cooperativa y sostenible; respetar la soberanía y la integridad territorial de todos los países; cumplir con los propósitos y principios de la Carta de la ONU; resolver pacíficamente las diferencias y disputas entre países a través del diálogo y la consulta, y el mantenimiento de la seguridad tanto en los dominios tradicionales como en los no tradicionales”. Todo ello entendido como que “la seguridad se relaciona con el bienestar de los pueblos de todos los países, la noble causa de la paz y el desarrollo mundiales y el futuro de la humanidad”.

Y esto es consecuencia de que “la ISG tiene como objetivo eliminar las causas profundas de los conflictos internacionales, mejorar la gobernanza de la seguridad global, alentar los esfuerzos internacionales conjuntos para brindar más estabilidad y certeza a una era volátil y cambiante, y promover la paz y el desarrollo duraderos en el mundo”.

Es evidente que la propuesta de solución de la crisis de Ucrania no se habría publicado sin el conocimiento de Rusia. Porque el primer documento recoge de forma clara gran parte de los agravios presentados por Rusia tanto a EEUU como a la OTAN antes de febrero del año pasado -que son casi los mismos que viene presentando China en lo que le atañe, sobre todo Taiwán- y el segundo apuesta claramente por el derecho internacional con una dura crítica al "orden basado en reglas" del que habla el loco Occidente.

También es evidente que la visita que Wang Yi hizo a Rusia, el día siguiente de su intervención en la Conferencia de Munich, fue el momento oficial de hacerlo. Porque en esa visita se reunió con Nikolai Patrusev, secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, con Sergei Lavrov, ministro de Exteriores, y con Putin. Es decir, que, además enseñar los ejes de esa propuesta de paz, el sentido de su visita hay que interpretarlo también de otra manera: demostrar el apoyo de China a Rusia en el aniversario de la Operación Militar Especial en Ucrania, seguir avanzando en la creación de un sistema financiero internacional alternativo al occidental y, lo más preocupante para el ignorante Occidente, comenzar a hablar de un pacto de defensa mutua. Y todo eso se va a cimentar con la visita, ya decidida, de Xi Jinping a Moscú.

Es por esto que en Occidente se ha comenzado a hablar de que China va a proporcionar armas a Rusia (como antes Corea del Norte, luego Irán y ahora China, como si a Rusia le faltasen), a lo que se ha seguido el desempolvar la vieja acusación de que el COVID se originó en un laboratorio chino. No es más que dos formas, las únicas que tiene Occidente, de desacreditar el plan chino y enmascarar su rechazo al mismo.

Eso queda bien para un Occidente cada vez más alejado de la realidad y cada vez más aislado, porque, como ya ha dicho China, "no tolerará presiones y amenazas en relación con las relaciones ruso-chinas". Y es que en Occidente no hay nadie no solo que piense, sino que escuche. Porque el ese viaje a Rusia, Wang Yi dijo algo que se debería haber tenido en cuenta: "las relaciones entre China y Rusia son maduras, tenaces y estables como el Monte Tai". Lo dijo como conclusión de esto: "Si bien las crisis y el caos a menudo se presentan ante nosotros, los desafíos y las oportunidades coexisten, esta es la dialéctica de la historia. La asociación estratégica integral de coordinación entre China y Rusia nunca está dirigida a un tercero, ni está sujeta a la interferencia de un tercero, y mucho menos a la coerción de un tercero. Porque las relaciones entre China y Rusia tienen una sólida base política, económica y de civilización, y tienen la calma y la sobriedad después de resumir la experiencia histórica, y porque la multipolarización del mundo y la democratización de las relaciones internacionales que apoyamos conjuntamente se ajustan al desarrollo, tendencia de los tiempos y los deseos de la mayoría de los países. China está dispuesta a trabajar con Rusia para mantener el enfoque estratégico, profundizar la confianza política mutua, fortalecer la coordinación estratégica, ampliar la cooperación práctica, salvaguardar los intereses legítimos de los dos países y desempeñar un papel constructivo en la promoción de la paz y el desarrollo mundiales".

Por supuesto que no hay nadie en Occidente que sepa leer e interpretar lo que está pasando. Como tampoco conocen la historia del Monte Tai, donde la tradición china dice que el sol comienza su recorrido diario. La referencia de Wang Yi al Monte Tai es algo más que una elemental lección de geografía, de historia y de tradición: está diciendo al mundo lo que está pasando, que el sol sale por el Este (el nuevo mundo multipolar) y que se pone por el Oeste (el fin de la hegemonía occidental).

La penúltima etapa de este fin hegemónico de Occidente acaba de tener lugar en Etiopía, donde en la Cumbre de la Unión Africana el representante de Uganda, Jeje Odongo, hablando en nombre del resto de países, dijo: “Fuimos colonizados y perdonamos a quienes nos colonizaron. Ahora los colonizadores nos piden que seamos enemigos de Rusia, que nunca nos colonizó. ¿Es eso justo? No para nosotros. Sus enemigos son sus enemigos. Nuestros amigos son nuestros amigos”. O sea, que los africanos ponen en su boca lo que piensan muchos pueblos del mundo, del Sur Global que esá despertando y entrando en una nueva fase de descolonización.

Notas:

(1) https://www.fmprc.gov.cn/mfa_eng/wjbxw/202302/t20230220_11027664.html

(2) https://www.fmprc.gov.cn/eng/wjbxw/202302/t20230221_11028348.html

(3) https://www.fmprc.gov.cn/esp/zxxx/202302/t20230224_11030757.html

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su nuevo libro es “Las brujas de la noche. El 46 Regimiento “Taman” de aviadoras soviéticas en la II Guerra Mundial”, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID y que va por la tercera edición. Los pedidos se pueden hacer a libros.lacaida@gmail.com o bien a ceprid@nodo50.org También se puede encontrar en librerías.

albercruz@eresmas.com


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