CEPRID

Siempre Celia y Abel

Martes 30 de septiembre de 2008 por CEPRID

Ramón Losada Aldana

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A veces las noticias no son meras noticias. Son golpes. Y aún más, golpes duros, duros como mazazos de invisibles planetas demoníacos. Así habrá sido para Armando Hart Dávalos la desaparición física de Celia y Abel, hijos suyos y de la gran mujer cubana Haydeé Santamaría. Esa desaparición de dos jóvenes, hijos de seres dignos de los mejores premios de la vida, nos hace pensar en el sentido de la muerte ¿es acaso una tempestad loca que aniquila lo primero que encuentra? ¿Es una jueza implacable que selecciona las más nuevas y mejores existencias? ¿Es un continente de sombras que nos lleva más allá de las sombras? ¿Será posible penetrar las entrañas de lo insondable y descubrir un mundo que siempre ha sido indefinible? ¿Es válido asignarle rango maternal, como lo hace el Apóstol, padre de nuestra América, cuando escribe “listo estoy, madre Muerte, al juez me lleva”? ¿Es la muerte el salir de los días y el ingreso en el tiempo? ¿Será cierto que, como la vida, “la muerte es sueño” y descanso? ¿O será quizá existir siempre en el movimiento de la naturaleza y en el corazón de las memorias vivas?

Seguramente en una simultaneidad de luces vivas, al momento de irse, Celia y Abel debieron de gozar el justo orgullo de su procedencia: hijos de una de las realidades y leyendas vivas de la Isla universal: Armando Hart Dávalos, el prisionero por la lucha contra la dictadura, el combatiente clandestino, el perseguido y torturado, el compañero del máximo líder contemporáneo, Fidel; el héroe más allá de la Generación del Centenario y uno de los más grandes de la Revolución Cubana, tanto en sus orígenes, como en su proceso y actualidad. Celia y Abel se fueron llevándose la inagotable dignidad de un progenitor que es diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, miembro del Consejo de Estado y del Partido Comunista de Cuba. Pero todavía más: Armando Hart es un reconstructor y constructor de hazañas culturales y, en este campo, como Ministro de Cultura, realizó trabajos extraordinarios de crecimiento y articulación nacional e internacional de la creación intelectual y artística. Dentro de esta misma esfera de la cultura, efectúa hoy una gestión digna de los mayores aplausos de nuestra América: dirige la Oficina del Programa Martiano. Es decir, desde allí contribuye al conocimiento de la acción y el pensar del “hombre más puro de la raza”-

Tenga usted, camarada Hart, para enfrentar la ida de Celia y Abel, el temple de acero del que nos habla Martí:

Mi verso al valiente agrada; Mi verso, bravo y sincero; Es del vigor del acero Con que se funde la espada

Estoy seguro que sus hijos seguirán sintiéndose orgullosos de su vida y de su obra, puesto que usted continuará su gesta constructiva. Y otra vez siga el mando inexcusable de Martí:

¡La tierra ha de ser luz, y todo vivo debe en torno de sí dar lumbre de astro!


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