CEPRID

70 años de Bretton Woods, del Banco Mundial y del FMI (IV)

Jueves 9 de octubre de 2014 por CEPRID

ERIC TOUSSAINT CADTM Traducido: Griselda Pinero y Raul Quiroz

SUNFED versus Banco Mundial

Careciendo de un Plan Marshall, varios países del Tercer Mundo propusieron, entre 1950 y 1960, la creación de un nuevo órgano de la ONU, |1| basado en el principio de «un país, un voto», que facilitara los préstamos a sus industrias: el SUNFED (Special United Nations Fund for Economic Development). Los países industrializados se opusieron tercamente y lograron el triunfo de una contrapropuesta. La Asociación Internacional de Desarrollo (AID), rama del Banco Mundial, enterró al SUNFED. |2|

Desde el comienzo de las actividades del Banco Mundial, los gobiernos de los países en desarrollo, comenzando por los de Latinoamérica y a continuación por la India, criticaron el hecho de que no había para ellos facilidades equivalentes al Plan Marshall, que estaba limitado a Europa. En efecto, los préstamos del Banco se acordaban con los tipos de interés del mercado, mientras que la ayuda del Plan Marshall se atribuía principalmente como donaciones. Una parte menor de la ayuda del Plan consistía en préstamos sin interés o a unas tasas inferiores a las del mercado.

Ya en 1949, un economista indio propuso la creación de una nueva organización internacional en el marco de la ONU, que podría llamarse «Administración de las Naciones Unidas para el desarrollo económico». Unos años más tarde, la idea volvió a emerger en el seno del ECOSOC, y se creó entonces el SUNFED (Special United Nations Fund for Economic Development). Entre 1950 y 1960, varios países del Tercer Mundo, así como la URSS y Yugoslavia, hicieron campaña sistemáticamente en el seno de la ONU para que se materializara el SUNFED y luego para que se lo reforzara. Pero tanto el gobierno de Estados Unidos como los de las otras potencias industriales no querían ni hablar de un fondo especial controlado por la ONU y separado del Banco Mundial.

Entre las razones que exponían los PED para exigir la creación de una agencia especializada de la ONU para financiar su desarrollo figuraba la cuestión del derecho de voto. Querían una agencia de la ONU que garantizara la aplicación de la regla «un país, un voto», a diferencia de la regla de tipo censitario vigente en el Banco. Por la misma razón, pero en sentido inverso, Estados Unidos y las otras potencias se oponían firmemente a la propuesta: los escasos países ricos querían evitar quedar en minoría.

Estados Unidos había lanzado en 1954 una primera contrapropuesta que fue puesta en práctica en 1956 por el Banco con la creación de la Sociedad Financiera Internacional (SFI), destinada a conceder préstamos a las empresas privadas de los PED. |3| La creación de la SFI no zanjó el contencioso y la campaña de los PED en pro del SUNFED se redobló: en 1958 el Fondo Especial de las Naciones Unidas fue habilitado para financiar las preinversiones de los PED.

Por desgracia, el campo de los países del Tercer Mundo se dividió rápidamente. La India, que al comienzo apoyaba el SUNFED, cambió de campo y se adhirió a una segunda contrapropuesta de Estados Unidos como alternativa, que consistía en la creación de una Asociación Internacional de Desarrollo (AID), vinculada al Banco Mundial. |4| El lobby indio pro estadounidense estaba convencido de que la India sería privilegiada en la AID porque las potencias dominantes en las instituciones de Bretton Woods entenderían la necesidad de que así fuera debido a su posición estratégica. Acertó: ya en el primer año de existencia de la AID recibió el 50 % de los préstamos de ésta.

Al proponer la creación de la AID, el gobierno de Estados Unidos quería matar dos pájaros de un tiro: por una parte, impedir que las Naciones Unidas prosiguieran el refuerzo del SUNFED, respondiendo así a las necesidades de los PED; por la otra, encontrar un medio para utilizar las reservas en monedas de los PED que el Tesoro estadounidense acumulaba desde 1954 gracias a la venta de sus excedentes agrícolas en el marco de la ley 480. |5| Varios autores están de acuerdo en considerar que fue el senador por Oklahoma Mike Monroney el primero en lanzar la idea: presentó al Senado un proyecto de resolución en el que proponía la creación de la AID en cooperación con el Banco y que las reservas en monedas no convertibles fueran traspasadas a esta agencia a fin de conceder préstamos a largo plazo y a bajo interés, reembolsables en moneda local. Uno de los objetivos era prestar a los países pobres para que éstos pudieran comprar los excedentes agrícolas estadounidenses. |6| El presidente del Banco, Eugene Black, declararía más tarde: «En realidad, la AID era una idea concebida para contrarrestar el deseo de un SUNFED.» |7| Vale la pena citar a Mason y Asher, que afirman: «En tanto que organización internacional afiliada al Banco Mundial, la AID es una ficción sofisticada. Denominada “asociación” y dotada de estatutos, de funcionarios, de miembros de gobierno en profusión y de todos los signos exteriores de las otras agencias internacionales, no es, por el momento, más que un fondo administrado por el Banco Mundial.» |8|

La aportación inicial de Estados Unidos fue del 42 % de los fondos de la AID, lo que le aseguraba, también allí, el predominio.

Paralelamente a la creación de la AID, en París se fundó el CAD (Comité de Ayuda al Desarrollo). Se trata de la estructura que «coordinaba» la ayuda al desarrollo bilateral de los Estados más industrializados. El SUNFED quedaba definitivamente enterrado y Estados Unidos impuso las instituciones que estaba seguro de controlar.

Financiación de la AID

La AID no recurre a los mercados financieros. El dinero que presta proviene de donaciones ofrecidas regularmente por los países miembros (sobre todo los países industrializados más ricos, a los que se sumó la OPEP en los años 70) y de los reembolsos que recibe.

Cada tres o cuatro años, los países contribuyentes modifican su aportación: es el momento de las duras negociaciones. Y sobre todo es un tema de grandes debates en el Congreso estadounidense, pues allí es donde deciden qué cantidad se acordará. Esto es objeto de muchos regateos entre el Congreso, el gobierno de Washington y la presidencia estadounidense del Banco Mundial/AID. Aunque los montos en juego son muy modestos. El interés de la cuestión reside en tener la seguridad de que el dinero prestado por la AID retornará a los donantes en forma de compras (ayuda ligada). |9|

Notas |1| El Consejo Económico y Social de la ONU hace recomendaciones con el fin de coordinar los programas y actividades de las instituciones especializadas de las Naciones Unidas (art. 58 de la Carta). A tal efecto, el ECOSOC dispone de poderes atribuidos en el Capítulo X de la Carta. El art. 62, párrafo I dispone lo siguiente: «El Consejo Económico y Social puede hacer y promover estudios e informes sobre cuestiones internacionales en los ámbitos económico, social, de la cultura intelectual y la educación, de la salud pública y otros campos conexos, y puede dirigir recomendaciones sobre todas estas cuestiones a la Asamblea General, a los Miembros de la Organización y a las instituciones especializadas interesadas.» |2| Esta parte se basa en Aart van de Laar, The World Bank and the Poor, Martinus Nijhoff Publishing, Boston/La Haya/Londres, 1980, pp. 56-59; Edward S. Mason y Robert E. Asher, op. cit, pp. 380-419; Catherine Gwin, «U.S. Relations with the World Bank», in Devesh Kapur, John P. Lewis y Richard Webb,The World Bank. Its First Half Century, Brookings Institution Press, Washington D.C., 1997, vol. 2, pp. 205-209; Bruce Richard, Mortgaging the Earth, Earthscan, Londres, 1994, p. 77. |3| Edward S. Mason y Robert E. Asher, op. cit., pp. 384-385; Catherine Gwin, op. cit., p. 206; Aart van de Laar, op. cit., p. 57. |4| Devesh Kapur et al., op. cit., vol 1, p. 1127 |5| Edward S. Mason y Robert E. Asher, op. cit., pp. 386-387; Catherine Gwin, op. cit., p. 206; Aart van de Laar, op. cit., p. 57. |6| Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 1128 |7| Edward S. Mason y Robert E. Asher, op. cit., p. 386. |8| Ibid., pp. 380-381. |9| Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 1, p. 1149.


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