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¿No quieren que hablemos de esto?

Jueves 17 de enero de 2019

Ana Bernal-Triviño 16-01-2019 Público

Hay partidos que nos imponen una agenda. Ahora, centrada, sobre todo, en los derechos de la mujer. Sembrar dudas es su especialidad. Ocuparon ese espacio con especial interés en el arranque del año, conscientes del “hueco informativo” que produce la ausencia de la actividad diaria y el periodo de vacaciones. Tanta insistencia en sus temas contra el feminismo… ¿será que no querían que habláramos de esto?

El 1 de enero un hombre, de 23 años de edad, apaleó a su pareja en plena calle. Le dió puñetazos, la empujó y la tiró al suelo. Le pegó por ser mujer. El mismo día, dos hombres fueron detenidos en Borriana (Castellón) por atacar y violar a una menor de 17 años cuando regresaba a su domicilio. La atacaron y violaron por ser mujer.

El día 2, un joven fue arrestado acusado por intentar agredir sexualmente a una operaria de limpieza del Ayuntamiento en Valencia que trabajaba tras la Nochevieja. Él la forzó hasta que ella pudo alejarlo. Él se llevó el carro de la limpieza. Ojo a cómo terminaba la información: “el juez determinará si se trató de un intento de agresión sexual o se le imputa solo el robo del carrito de la limpieza”. La agredió por ser mujer.

El día 3 la Policía Nacional detuvo a tres personas, entre ellas un matrimonio propietario de dos clubes de alterne. Captaban a las víctimas en Nigeria y las trasladaban hasta Libia, donde eran enviadas en embarcaciones inseguras hasta Italia. De allí, las enviaban a Benidorm, donde les informaban de que tenían una deuda con la red y, para pagarla, tenían que prostituirse. Ellas no veían ni un euro, estaban aisladas y eran prostituidas todos los días de la semana en condiciones de vulnerabilidad. Las explotaron sexualmemte por ser mujeres.

El día 3 de enero hubo una posible agresión sexual a una menor en una fiesta familiar en Salamanca. También fue detenido un joven de 16 años acusado de abuso sexual a una menor en León. Y el mismo día, también, fue detenido otro hombre en Cuenca por agredir sexualmente a una joven a la que había conocido por Instagram. Ahora está en libertad provisional. El 4 de enero una mujer fue apuñalada en Tarragona, el día 5 una menor de 14 años denunció ser violada en Algeciras y también detuvieron a cuatro jóvenes por una violación grupal en Callosa, sospechosos además de otras violaciones. En todos los casos, las agredieron por ser mujeres. Todo esto, solo en apenas cinco días.

En estos primeros quince días de enero hay tres mujeres asesinadas. El día 3 un hombre asesinó a su pareja en Laredo. La víctima era madre de una niña de cinco años. El día 12, después de tres meses de separación, un hombre mató a su mujer delante de su hijo, menor, en Fuengirola. Tras la desaparición en fin de año de Romina, en Lanzarote, el día 14 se supo que su marido la asesinó, según una prueba, y él reconoció haber lanzado su cuerpo descuartizado al mar. Las asesinaron por ser mujeres. Desde 2003, 976 mujeres han sido asesinadas por violencia de género.

Mientras ocurre esto, salvo tres o cuatro casos, el resto de las noticias no abrió titulares de informativos ni portadas de periódicos. Los informativos y los medios abrieron con los temas que partidos de derecha y ultraderecha impusieron, temas que ya están consensuados desde hace años y de los que no cabe duda en un estado democrático.

Estos días la palabra que más me viene a la memoria es “Cansadas”, como decía el título del libro de la querida Nuria Varela. En pleno rearme del patriarcado, ellos saben cómo iniciar una estrategia de desgaste. Han conseguido dos cosas. Una, que algunos duden (un triunfo para ellos). Y dos, que otros, que eran machistas pero que callaban por pudor, ahora se sientan legitimados políticamente para expresarse así.

En el fondo, cuando pienso sobre ello, acabo con una gran desazón. Lo que ahora se presenta como el descubrimiento, el desmentido de bulos machistas o el fact checking es lo que el feminismo lleva diciendo toda la vida. Hemos dicho que nos matan en mayoría, hemos reivindicado los conceptos que definen nuestra violencia, hemos denunciado todo lo que hemos podido… y está comprobado que NO NOS HAN ESCUCHADO o, al menos, no lo suficiente.

Estamos recogiendo este fruto porque, en parte, los medios de comunicación lo han hecho mal. Si nos hubiesen dado más voz, si nos escucharan como expertas, si no nos llamaran solo para que una panda de tertulianos nos cuestionara y ridiculizara para tener audiencia, si no hubiesen usado el morbo para perpetuar estereotipos, si no hubiesen revictimizado, si no hubiesen presentado declaraciones de agresores como ‘neutrales’, si hubiesen dejado de presentar a violadores y maltratadores como estrellas o víctimas… a nadie le quedaría la menor duda cuando un político miente sobre los derechos de la mujer.

Nos encontramos ahora con periodistas hombres muy ilusionados y participativos, ofreciendo datos para llevarse retuits, pero años antes apenas han compartido lo que escribían sus compañeras, donde ya advertían y denunciaban una realidad que les parece nueva o, ahora, les parece interesante combatir por temas políticos.

Nos encontramos ahora cómo lo que llevamos las mujeres contando durante años, lo dice un hombre y se le hace más caso porque la autoridad masculina sigue ahí. Nos encontramos que las mujeres hemos recibido por redes sociales ataques y amenazas de todos aquellos que sustentan a Vox, la agresividad de sus votantes machistas, y ahora parece que nadie recuerda eso y que los ataques ‘acaban’ de llegar para algunos. ¡Qué nos van a contar!

Fuimos las feministas las primeras en hablar, las primeras en denunciar, las primeras en poner cifras en la mesa, las primeras en sufrir los ataques misóginos de la ultraderecha para que nadie nos haya escuchado o, al menos, no con la atención necesaria. Bienvenido todo el apoyo, bienvenidos todos los desmentidos, pero es desolador que este mensaje haya calado tan tarde y la única conclusión a la que llego es porque no nos han escuchado lo suficiente en estos tres siglos de historia ni (lo peor) nos han reconocido como debe ser. Ya lo decía Mary Beard: “el porqué las mujeres, incluso cuando no son silenciadas, tienen que pagar un alto precio para hacerse oír”.

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