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Opinión

El pantano del Cega

«Mientras la tierra zozobra a sus pies, los músicos de la orquesta hortelana, cegados por la codicia, no se enteran del estropicio»

Lunes 1ro de octubre de 2018 - 112 lecturas


Ignacio Sanz

Se dice que el futuro será respetuoso con la naturaleza o no será. Los ríos, lo que nos queda de los ríos, deberían ser tratados como espacios sagrados. El Cega es un río excepcional con vocación de cartujo. La mayor parte de su recorrido discurre alejado de centros urbanos, entre los arenales de la Tierra a de Pinares de Segovia y Valladolid. Las aguas han abierto cañones profundos dando lugar a una flora y una fauna sorprendente. Desde abedules y nutrias hasta el desmán ibérico o los pinos silvestres.

Al río Cega lo sangran cientos de pozos ilegales pero, sobre todo, lo sangra una tubería kilométrica legal con más diámetro que la rueda de un coche que lleva unos cuentos hectómetros, es decir, unos cuentos de miles de metros cúbicos al año, para recargar el acuífero de El Carracillo.

Todo el agua que se llevan es vida que le quitan al río. Pero los hortelanos del Carracillo, oh, cuerno de la abundancia, no tienen bastante y quieren más y más.

Allí, las empresas contratan a otras empresas que subcontratan a una turba de arriñonados que, en cuento pueden ponerse de pie, se largan. El nuevo rostro del capitalismo ha convertido a los hortelanos primigenios en grandes empresarios que necesitan más agua. Por eso promueven el pantano.

Como estamos en una tierra aplanada con leves ondulaciones; el recule del pantano proyectado tendría siete kilómetros y medio y no ocuparía treinta o cuarenta hectáreas. Agárrense los lectores a un punto firme. El pantano ocuparía más de setecientas hectáreas. A los vecinos de Lastras, el pueblo más cercano, solo nos dejarían nieblas en invierno y mosquitos en verano. De tal disparate se ocupa la Confederación, que ha pagado casi un millón de euros por el anteproyecto.

Uno se pregunta qué lumbreras de la depredación ambiental tenemos al frente de nuestro patrimonio natural. El magnífico bosque de ribera; la fresneda de Los Porretales, visitada cada año por la Cigüela negra entre otras especies exóticas; las vergueras, los zas, los alisos, el pinar, los prados; el sorprendente manadero de Las Fuentes, que suministra agua de buena calidad a un conjunto de pueblos con Aguilafuente a la cabeza…, todo quedaría anegado para mayor gloria de puerros y zanahorias.

Ya está bien. Seamos racionales. Los nitritos crecen sin parar en las huertas del Carracillo mientras que el nivel freático baja y algunos cegatos siguen dirigiendo la orquesta si enterarse que, con tanta sobreexplotación, estamos convirtiendo la tierra en una zona de arenas movedizas. De manera que, mientras la tierra zozobra a sus pies, los músicos de la orquesta hortelana, cegados por la codicia, no se enteran del estropicio que están cavando a sus pies.