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Saladares vallisoletanos: Los salgüeros de Aldeamayor de San Martín

Los escasos ejemplos que existen en la península Ibérica de este curioso proceso hidrogeológico solamente los podemos encontrar en las lagunas de Villafáfila (Zamora), y aquí, en Aldeamayor de San Martín

Lunes 20 de febrero de 2017 - 205 lecturas


Saladares vallisoletanos

José María del Pozo Peñalba

Publicado el 24-02-2005

INTRODUCCIÓN

A 10 km de la ciudad de Valladolid, y en un área que abarca parte del término municipal de Aldeamayor de San Martín, y una superficie menor de Boecillo y La Pedraja de Portillo, aparecen salpicados en los llanos ondulados o rasos, una serie de humedales originados por el afloramiento de aguas subterráneas.

En el paraje confluyen un relieve topográfico casi llano y poco accidentado (pendientes menores del 1.5 % y una altura media 700 m), con corrientes de aguas de naturaleza salina, cuyos valores de conductividad pueden superar los 6.000 µs/cm. En la zona se produce una descarga importante del sistema acuífero de Los Arenales, incluido en la unidad hidrogeológica denominada Región de Los Arenales. La unidad se extiende por el centro y el sur de la cuenca del Duero, y abarca
una extensión aproximada de 7.600 km2 en las provincias de Valladolid, Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora.

El sistema acuífero es profundo y comienza a los pies del Sistema Central, para, posteriormente circular por las formaciones arcillosas y arenosas que rellenan la cuenca, hasta desaguar en el río Duero, después de haber circulado confinadas en el acuífero durante cientos o miles de años. En su trayectoria, las aguas subterráneas afloran en numerosos bodones o lavajos, términos sinónimos en estas tierras, y que se utilizan para nombrar un buen número de las características lagunas que podemos hallar dispersas por la campiña cerealista, y los arenales de las citadas provincias.

El territorio es un ejemplo excelente de un ecosistema salino en el que convergen aguas subterráneas muy antiguas del tipo clorurado-sódico (como las del mar), procedentes del acuífero de Los Arenales, con salmueras locales más jóvenes cargadas de yeso y carbonatos del adyacente páramo y sus cotarras o cotarros, que es como se conoce a las cuestas en la zona y en la vecina comarca Tierra de Pinares.

RED HIDROLÓGICA

En la actualidad, el paisaje es agrícola salvo algunas matas dispersas de pino piñonero (Pinus pinea), aunque si analizamos la zona sobre el terreno y con un mapa detallado, enseguida nos daremos cuenta de la extensa red hidrográfica que contiene, y que está formada por numerosos arroyos y sitios con aguas manantiales.

Algunos ejemplos que manifiestan el carácter salobre de los humedales del lugar, los tenemos en topóninos de arroyos y zonas de descarga de aguas salinas, por ejemplo, el arroyo Sangüeño, o el arroyo del Bodón Salado. Según F. González Bernáldez, el término sangüeño proviene del latín salsus, “salado” y no del lat. sanguineus, “sangriento”, que se utiliza para nombrar al cornejo (Cornus sanguinea), arbusto que presenta tallos y hojas de color rojo sangre. El reguero que cruza el pueblo, denominada arroyo del Pueblo, es un darro, o cauce que se utiliza para el desagüe de aguas residuales y los vertidos del municipio.

Para lograr la desecación de los rasos, hace años el antiguo IRYDA excavo una extensa red de zanjas, con el propósito de avenar los humedales y ganar terrazgos para cultivarlos con cereal. Además muchos arroyos tienen el cauce modificado, y la gran mayoría, por no decir todos, han sido dragados. El sistema de cuencas desagua en el arroyo del Molino, que a su vez es tributario del río Cega.

INTERÉS CIENTÍFICO

En el ámbito de la ciencia, la zona es un mosaico de criptohumedales, palabra que se utiliza para distinguir los hábitats en los que el agua subterránea se mantiene oculta muy cerca de la superficie, y habitualmente no llega a brotar sobre el terreno. Los criptohumedales son colonizados por una vegetación compuesta por árboles, matorrales y herbáceas que barruntan que el agua no está lejos, generalmente a menos de 10 m.

En estas circunstancias, es curioso observar como las áreas de evaporación permiten la presencia de una vegetación freatofítica, por ejemplo álamo blanco (Populus alba), fuera de la influencia de ríos y arroyos, incluso es posible verlo cohabitando con el pino piñonero, especie bastante utilizada en la zona para repoblar los arenales y las vecinas cotarras del páramo.

Aunque a simple vista no lo parezca, este paisaje de aguas falsas, prados-juncales y bodones tiene un valor científico extraordinario, y resulta que es uno de los pocos lugares en la península Ibérica donde se puede apreciar la formación de complejos de bodones y montículos.

El fenómeno consiste en el levantamiento de pequeños montículos asociados a los bodoncillos, como consecuencia de la extracción que realiza el viento del barro blando y salino sedimentado en su fondo, para posteriormente acumularlo a sotavento en el borde de la cubeta. Parece ser que la secuencia combinada: encharcamiento primaveral del bodoncillo, evaporación del agua y precipitado de las sales que contiene en verano, y posterior erosión por viento de su fondo, pueden haber influido en el origen, forma y microrelieve de algunos de los bodones.

La presencia de agua en el subsuelo pasa inadvertida, aunque, si observamos alguno de los numerosos pozos que existen en la zona, comprobaremos como el nivel freático aparece a poca profundidad

Vegetación freatofítica cohabitando con el pino piñonero

Los escasos ejemplos que existen en la península Ibérica del curioso proceso, solamente los podemos encontrar en las lagunas de Villafáfila (Zamora), y aquí, en Aldeamayor de San Martín.

Complejo bodón-montículo

FLORA AMENAZADA

Si es notable el valor científico de este paraje, no lo es menor su interés biológico y geográfico. Varias de las especies vegetales que crecen en los saladares vallisoletanos tienen la singularidad de encontrar aquí su límite de distribución más occidental en la península Ibérica y en Europa. La presencia de algunas de ellas en la flora actual es escasa, y sólo las podemos hallar en determinadas regiones o localidades concretas; circunstancias por las que forman parte de los conocidos como endemismos.

Uno de ellos es el coralillo (Microcnemum coralloides), pequeña planta carnosa cuyo estado de conservación y riesgo de extinción ha sido catalogado como vulnerable en la Lista Roja de la Flora Vascular Española.

Microcnemum coralloides (Loscos & Pardo) Buen

Coralillo (Microcnemum coralloides)

En Castilla y León su situación es crítica; la única población que nos queda del coralillo se refugia en estos salobrales, aunque, por desgracia parece que está abocada a desaparecer, de no ser que se lleve acabo algún tipo de protección sobre la especie y su hábitat.

En la misma lista también se encuentra Puccinellia fasciculata, gramínea de la que aún no hay datos suficientes, por lo que su estado de conservación y riesgo de extinción no se conoce bien.

Puccinellia fasciculata (Torrey) E.P. Bicknell

Otra es el jopillo (Lythrum flexuosum), planta rastrera citada en uno de los rasos por botánicos de la Universidad de Salamanca en el año 1984, aunque hoy día desconocemos su situación en la zona. En la actualidad está incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, y en el ANEXO II de la Directiva Hábitats (92/43/CEE) de la Unión Europea como especie de interés comunitario [1].

Lythrum flexuosum Lag.

Por otro lado, es posible que otra planta carnosita como la sargadilla (Suaeda splendens) habite en estas tierras vallisoletanas. Si se confirma el hallazgo, se ampliaría el área de distribución conocido para la especie en la península Ibérica, y confirmaría su existencia en Castilla y León junto con otra reciente cita del año 2001 que la localiza en las lagunas de Villafáfila [2].

A las rarezas botánicas y geográficas anteriores, hay que sumar otros siete endemismos ibéricos, algunos de ellos gramíneas de los géneros Agrostis, Elymus y Ctenopsis, más otros como Limonium, Gypsophila, Artemisia y Sonchus.

Antiguamente ciertas zonas debían albergar el tamarizo o taray (Tamarix gallica y Tamarix africana), arbolillo que vive en los márgenes de los saladares litorales y del interior, aunque hoy día sus sitios están roturados o se han transformado en prados y juncales. Prueba de ello es que encontramos topónimos como Tamarizos Viejos y Tamarizos Nuevos en La Pedraja de Portillo.

HÁBITATS EN PELIGRO DE DESAPARICIÓN

En la actualidad, no solo se han roturado aquellos suelos inútiles para la agricultura, bien por su excesiva humedad invernal, como por su elevado contenido en sales; sino que también gran parte de la vegetación natural ligada a las orillas de los arroyos se ha alterado o destruido, y los bosques de álamos, chopos, olmos, sauces y tamarizos que acompañaban en las depresiones de los rasos apenas existen.

Por desgracia, recientemente parte del salitral se ha destruido para construir una carretera que une el pueblo con la urbanización Aldeamayor Golf, actualmente en fase de ampliación. De hecho, si no se pone algún tipo de freno, este proyecto urbanístico, junto con otros de Boecillo, más los que lleguen a la zona van a terminar definitivamente con lo que subsiste. Además, prácticamente todos los bodones, concretamente 12 según el Decreto 206/2001, de 2 de agosto, por el que se aprueban las directrices de ordenación de ámbito subregional de Valladolid y su entorno, no son apreciables a simple vista y se han transformado en criptohumedales, o simplemente están roturados.

También hay que destacar por su interés, extensión y numero de cabezas de ganado vacuno semiestabulado que mantiene, la dehesa de pinos, prados y juncales situados en el raso entre Boecillo y Aldeamayor de San Martín. Parece claro que, ganado mayor suelto rodeado por urbanizaciones, no ligan bien.

No deberíamos olvidar o desconocer, que la flora de los ecosistemas salinos empieza a ser cada vez más valiosa, tanto por su antigüedad, como por el nutrido número de rarezas botánicas que contiene. Por estas razones, la Directiva 92/43 CEE considera que es prioritaria la conservación de estos medios semiáridos, únicos en Europa, y provee la financiación de proyectos de cara a la protección de los hábitats y la diversidad de las especies.

BIBLIOGRAFÍA

  • González Bernáldez, F.; 1992. Los Paisajes del agua: Terminología popular de los humedales. Ed. J.M. Reyero. Madrid. 215 p.
  • Ladero, M.; Navarro, F.; Valle, C. J.; Marcos, B.; Ruiz, T. & Santos, M. T.; 1984. Vegetación de los saladares castellano-leoneses. Studia Botanica 3: 17-62. Universidad de Salamanca.
  • Rey Beneyas, J. Mª.; 1991. Aguas subterráneas y ecología. Ecosistemas de descarga de acuíferos en los arenales. Ed. ICONA. 141 p.
  • Valle Gutiérrez, C. J.; Navarro Andrés, F.; 2001. Suaeda splendens en la cuenca del Duero. Studia Botánica 20: 73-75. Universidad de Salamanca.
  • VV.AA.; 1987. Seminario sobre bases científicas para la protección de los humedales en España. Ed. Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Madrid.
  • VV.AA.; 1991. Curso de humedales de la cuenca del Duero. Hábitats de descarga de aguas subterráneas en el acuífero de Los Arenales. Actuaciones para su protección. Ed. Junta de Castilla y León. 119 p.

Fuente: Web del Ayuntamiento Aldeamayor de San Martín: LIC «Salgüeros de Aldeamayor» (Red Natura 2000)


[1La distribución de las especies pintada en los mapas se corresponde con la que facilita el Proyecto Anthos del Real Jardín Botánico (CSIC), y con la que aparece en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (MMA). (Nota a pie de página incluida el 14-4-2005)

[2Al parecer, además de nuestra cita, en el mismo año ha sido publicada otra en la zona de Bariego, Delgado, Santos & Rico (2003): Contribución al conocimiento de la Flora de Valladolid. Acta Botanica Malacitana 28: 188-192. (Nota a pie de página incluida el 14-4-2005)