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Contaminación atmosférica

«Contaminación y salud en Castilla y León»

Para aquellos escépticos que piensan que el asunto no es tan grave, nada mejor que darse una vuelta por la gran cantidad de estudios que, en los últimos años, han elaborado la Unión Europea o la Organización Mundial de la Salud

Domingo 19 de agosto de 2007 - 1539 lecturas


Un informe elaborado por encargo del Ministerio de Medio Ambiente trae de nuevo a la actualidad el viejo asunto de la calidad del aire en nuestro país. Los datos hablan de superaciones generalizadas de los límites legales de contaminación atmosférica. Pocas ciudades se libran de esta situación. La realidad de Castilla y León sigue los mismos parámetros. Ni la parquedad de nuestra industria ni el escaso tamaño de nuestros municipios nos libran de este problema.

En nuestra región superamos, desde hace algunos años, los topes legales de dos contaminantes, las partículas en suspensión y el ozono. El primero de ellos es problemático durante el otoño y el invierno y se presenta con intensidad los días de niebla o de inversión térmica. En esas fechas se produce un efecto rebote que devuelve el aire contaminado a los niveles donde respiramos las personas. El segundo se manifiesta con intensidad en los meses de verano y se asocia a las altas temperaturas y a los días más soleados. En ambos casos el origen principal del problema es la combustión de los motores de los vehículos, aunque el ozono sea un contaminante secundario.

La Junta de Castilla y León no ha publicado todavía los datos sobre la calidad del aire en la Comunidad correspondientes al año 2006. Su política informativa es manifiestamente mejorable y se aleja de las recomendaciones de la Unión Europea y de su propia Estrategia de Control de la Calidad del Aire 2001-2010. Debemos ir al Informe del 2005 para conocer la realidad. Hay que desentrañar sus cuadros estadísticos ya que en la parte titulada ’Consideraciones generales sobre la calidad del aire en Castilla y León’ se obvian la mayor parte de los datos que indican posibles daños a la salud de las personas.

Para el ozono se reconocen las superaciones del ’umbral de información a la población’ pero no se dice nada de los lugares en los que se produce «durante más de 25 días por cada año civil la superación de los 120 microgramos/metro cúbico como valor objetivo para la protección de la salud humana». Pues bien, 11 de las 32 estaciones instaladas ofrecen valores superiores a 25, con 6 municipios afectados (Ávila, Burgos, Medina del Campo, Venta de Baños, Villamuriel, Congosto, y Valladolid).

Tampoco se hace mención a las consecuencias de esta situación. Como la lógica indica, no basta con recordar que estamos mal. La legislación obliga a adoptar medidas. Pues bien, lo que dice el Real Decreto 1796/2003 relativo al ozono es que, en esos casos, los municipios afectados tienen que elaborar planes que permitan rebajar los valores de ese contaminante hasta límites donde no se vea dañada la salud de las personas. De esta prescripción legal ni siquiera se informa a los ciudadanos.

Algo similar ocurre con las partículas en suspensión. Desde el año 2005 la legislación indica que «el valor límite diario no debe superar los 50 microgramos/metro cúbico durante más de 35 ocasiones por año civil». En la parte escrita del informe se hacen consideraciones genéricas sobre el asunto pero no se señala, con claridad, que en seis estaciones medidoras de Castilla y León se ha superado ese valor, y tampoco se indica que en la estación del Arco de Ladrillo de Valladolid se ha superado en 103 días, cuando el límite es de 35. Tampoco se dice con precisión que en aquellos municipios donde se hayan superado los límites hay que «elaborar planes para reducir la contaminación a valores que no dañen la salud de las personas» ¿Curiosa forma de ofrecer una información transparente y veraz en un tema tan delicado como el de la salud!

Para aquellos escépticos que piensan que el asunto no es tan grave, nada mejor que darse una vuelta por la gran cantidad de estudios que, en los últimos años, han elaborado la Unión Europea o la Organización Mundial de la Salud. En todos ellos se recoge que la mala calidad del aire provoca enfermedades importantes y acelera la muerte de muchas personas. Sus valores son, por desgracia, muy superiores a los de las otras ’dos grandes plagas’ de las sociedades modernas: los relacionados con accidentes laborales y los asociados a los accidentes de tráfico. La contaminación es un topo persistente que socava la salud de casi todos y acelera la muerte de algunos, los más débiles.

En esas condiciones, no queda margen, ni para el escaqueo ni, mucho menos, para las ocurrencias o los debates estériles. Hay que poner manos a la obra de manera inmediata y en serio. El sentido de las medidas a tomar es unívoco: lograr que el principal foco de contaminación, la combustión de los motores de los vehículos, funcione menos en las ciudades. Valen todas aquellas propuestas que vayan en esa dirección. Diseño de recorridos peatonales atractivos y sin obstáculos para que la mayor parte de nuestros desplazamientos puedan hacerse con comodidad, cambios sustanciales en los ciclos semafóricos para que vehículos y peatones tengan un trato más equitativo, carriles privativos y formas más rápidas de cobro para que los autobuses municipales tengan mayores frecuencias y sean más rápidos. Propuestas que ya han experimentado otras ciudades y que están dando buenos resultados.

Lo que no vale es echar la culpa a la niebla o a la ausencia de vientos. Tampoco se puede pretender llenar los centros de aparcamientos rotatorios y pretender que los coches no invadan los cascos históricos. En este asunto, como en tantos otros, hay que elegir. Y la elección es clara: entre nuestra salud y la supuesta comodidad de los conductores, no hay ninguna duda.

Debemos apostar por mejorar la calidad de nuestro aire para mejorar nuestro bienestar. Y además puede lograse sin perder ni comodidad ni accesibilidad a todos los lugares.

Francisco Javier Gutiérrez Hurtado
Profesor de Economía de la Universidad de Valladolid


Fuente: Texto: Javier Gutiérrez Hurtado, El Norte de Castilla, 22-07-2007.