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«Salud y medio ambiente»

Javier Gutiérrez Hurtado. Publicado en El Norte de Castilla, 28-IX-03

Domingo 28 de septiembre de 2003 - 1737 lecturas


La Unión Europea, de acuerdo con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, quiere dar una vuelta más de tuerca en su campaña contra el consumo de tabaco. Se trata de colocar en las cajetillas imágenes que identifiquen con rotundidad los efectos perversos del mismo para la salud de las personas. El debate social se ha abierto y mi opinión es favorable a la medida. Llama la atención, sin embargo, la distancia existente entre la gran presión de hoy y la tolerancia de ayer. Seguro que el cambio tiene bastante que ver con lo que todos hemos aprendido sobre las enfermedades asociadas al tabaco y con la labor de difusión y prevención de los sistemas públicos de salud.

¿Somos capaces, a partir de esta experiencia, de prevenir en otros ámbitos? La historia de la relación en los últimos años entre contaminación atmosférica y salud, tanto en nuestro país como en nuestra ciudad, deja bastante que desear. En un principio, nuestra administración municipal actuó con cierta diligencia para montar una red de medición de la contaminación atmosférica. Incluso los criterios de ubicación tuvieron en cuenta las recomendaciones sanitarias, a falta de otras consideraciones más técnicas. Los problemas aparecieron cuando los datos empezaron a mostrar episodios de contaminación intolerables.

Las reacciones fueron significativas. Primero se echó la culpa a las condiciones climáticas, nieblas y fenómenos de ’inversión térmica’ que dificultaban la renovación del aire. Costó abrir paso al sentido común: el clima es un dato sobre el que no se puede operar y lo sensato será actuar sobre los focos contaminantes, principalmente el tráfico. Otras veces se aludía a la importancia de la industria del automóvil como freno a medidas para restringir el uso del vehículo privado en días de alta contaminación.

Con el tiempo, algunas cosas fueron cambiando y argumentos de tan poco peso cada vez se oyen menos. Los debates tomaron nuevas formas. Algunas prácticas, también. Se llegó a elaborar un reglamento municipal con planes para restringir el tráfico en los días problemáticos. Sin embargo, las actuaciones municipales siempre dan la sensación de ’forzadas’: salir del paso cuando los episodios de contaminación son de corta duración y pasar olímpicamente cuando lo que está en juego son los valores anuales ya que éstos obligan a poner en marcha planes para lograr una menor utilización del vehículo.

Cultura automovilística

El carácter forzado de las escasas actuaciones, el peso de la ’cultura’ automovilística en España y, sobre todo, la escasa divulgación de datos sólidos sobre las negativas repercusiones que tiene la mala calidad del aire en nuestra salud, han provocado una trivialización de este tema que parece, cuanto menos, peligrosa, de la que participa buena parte de la sociedad vallisoletana y en la que los responsables municipales parecen sentirse muy cómodos. Para salir de este apuro creo que hacen falta, al menos, dos cosas.

La primera es mirar hacia la Unión Europea y hacia los programas puestos en marcha para conocer la incidencia del medio ambiente en la salud. No en vano las sucesivas revisiones legislativas sobre niveles de contaminación permisibles son más exigentes. Los estudios científicos son, también, más contundentes. En un trabajo elaborado por la Escuela Valenciana de Estudios para la Salud, se muestra «una asociación significativa entre la contaminación atmosférica y las urgencias cardio y cerebrovasculares atendidas en hospitales». El doctor Ferrán Ballester, de dicha escuela, señala que «niveles moderados de contaminación también suponen un riesgo para la salud». La Unión Europea puso en marcha, hace ya años, el programa APHEIS para lograr una mejor información y una mayor coordinación entre países, entidades locales y regionales a la hora de conocer la incidencia de la contaminación atmosférica en la salud y actuar en consecuencia. Sus últimos resultados, presentados en junio, inciden en que «pequeñas reducciones de los niveles de contaminación atmosférica pueden tener gran importancia sobre la salud».

La segunda tiene un carácter más práctico y requiere de voluntad política. Se trata de que los problemas de salud relacionados con el medio ambiente dejen de ser los grandes desconocidos. El reto está en manos de las autoridades sanitarias.

En nuestro país ya hay comunidades y ciudades que han dado pasos significativos en esta materia y que cuentan con una estructura administrativa capaz de afrontar el problema. No es el caso de Castilla y León ni el de Valladolid. Necesitamos información veraz y rigurosa sobre la incidencia de la contaminación en nuestra salud y mucho nos tememos que las pautas de comportamiento no sean muy diferentes a las que ya se conocen para otras ciudades europeas. La pelota está en el tejado de la Consejería de Sanidad, que debe poner los medios necesarios para evitar la trivialización de un asunto tan delicado.


Javier Gutiérrez Hurtado es miembro de Ecologistas en Acción de Valladolid