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Cineastas afganas suplican ayuda en el festival de Venecia

Sábado 4 de septiembre de 2021

"Queríamos cambiar la narrativa sobre nuestro país. De un momento a otro, todo cambió", cuenta Sahraa Karimi

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Las cineastas afganas Sahraa Karimi y Sahra Mani, después de participar en el panel en el festival de Venecia FILIPPO MONTEFORTE / AFP

Anna Buj - Venecia. Corresponsal 04/09/2021 La Vanguardia

Sahraa Karimi, la primera mujer en dirigir la organización de cine afgano, tenía decenas de proyectos entre manos. “Estaba en la mitad de la producción de mi segunda película. Había dos documentales en posproducción. Teníamos por primera vez un documental en el festival de Cannes. Once cortos que adaptaban cuentos afganos. Nos preparábamos para la segunda edición del premio nacional de cine”, cuenta, entre muchos otros ejemplos.

De golpe, todo se paralizó. Los radicales islamistas tomaron Kabul y ella, como todos los cineastas afganos que estaban intentando construir el cine en su país en los últimos años, tuvo que decidir en pocas horas entre abandonar su hogar o esconderse.

Karimi eligió la primera opción y este sábado se encuentra en Venecia, invitada por el director del festival de cine de la ciudad de los canales, Alberto Barbera, para suplicar apoyo para los cineastas en su país, donde las cámaras se han apagado. Y no apoyo financiero, ha dicho, sino apoyo intelectual: "Algo que nos dé esperanza para que no sintamos que vamos a morir".

"Los talibanes son más listos: usarán el cine para hacer propaganda", avisa Karimi

“No éramos perezosos, estábamos trabajando. Queríamos cambiar la narrativa porque estábamos cansados de los clichés sobre nuestro país. De un momento a otro, todo cambió y entendimos que no podíamos hacerlo”,ha asegurado ante los periodistas.

Karimi es la autora de una sobrecogedora carta abierta sobre el impacto de su país tomado por los talibanes, y ayer aprovechó para advertir que están mostrando su cara más amable, pero es sólo una fachada. “Son igual de crueles que antes, pero ahora son más listos, porque usan los medios de comunicación modernos -ha avisado-. Incluso usarán el cine o cualquier producto audiovisual para hacer propaganda”.

Junto a ella se encontraba la directora Sahra Mani, directora del documental A thousand girls like me (2018), que cuenta la historia de una mujer violada durante años por su padre, pero que cuando acude a la justicia corrupta de Afganistán o a su familia la culpan a ella.

Mani ha contado que, antes del regreso del régimen talibán, tampoco era fácil hacer cine en Afganistán. “Pasábamos semanas sin Internet o sin electricidad, rogando para conseguir fondos, y con tres o cuatro ataques suicidas cada día. Enviaba siempre copia de mi material por si no volvía a casa esa noche”.

Sin embargo, se quedaron y eran optimistas porque consideraban que la única manera de que el país abandonase la narrativa de la guerra era que se hablase de otras cosas, como el arte o el cine. Mani se encuentra en Venecia buscando financiación para otro proyecto, Kabul memory, sobre una escuela de música mixta entre chicos y chicas amenazada por los talibanes.

“En el siglo XXI –recuerda Karimi- hay un grupo de gente que viene a tu país de la nada a decir que la música está prohibida, el cine está prohibido, el arte está prohibido, y las mujeres artistas son gente que debe quedarse en un rincón y estar aislada”.

“Nuestra generación no quiere eso. Para ello necesitamos ayuda para que podamos ser nuestras propias voces”.

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