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Boxeo feminista para salvar la comunidad

Sábado 1ro de junio de 2024

Una escuela deportiva, barrial y popular en Rosario, Argentina, acompaña a mujeres para que salgan adelante después de sufrir violencia machista. El colectivo también se encarga de proporcionar agua y alimentos al vecindario en un momento de recortes del Gobierno de Milei.

Texto: Eva Máñez - Imagen: Eva Mánez 29/05/2024 Pikara

Anabel Amarillo, o Ani como se la conoce en Las Flores, es una lideresa barrial del extrarradio rosarino. Entre merenderos populares, programas de potabilización de agua y asistencia a mujeres consumidoras de drogas, la que fue boxeadora profesional comparte su amor por el deporte con otras vecinas para hacer feminismo y comunidad con los guantes de boxeo. “Hay una lucha constante en los barrios populares. Nuestra bandera es tierra, techo y trabajo para todes”, clama con orgullo.

El contexto es complejo. Las Flores es uno de los barrios más peligrosos de Rosario, la ciudad más violenta de Argentina y en la que acaban de desembarcar las Fuerzas Armadas, un nuevo actor armado y violento que se suma a las bandas de narcotráfico, a las pandillas y a la policía. También es de uno de los barrios más empobrecidos, al que solo se puede acceder por una una calle y un único autobús lo conecta con la ciudad.

Las Flores también es organización popular y resistencia a las políticas neoliberales. Allí, entre la falta de recursos y la nula atención institucional, Ani creó en 2021 la escuela popular de boxeo feminista ‘Mirá cómo nos ponemos’, en la que reúne a mujeres de diferentes edades para hacer deporte, comadrear y soltar la rabia a puñetazos. El nombre de la escuela alude a la frase que le dijo su abusador a la actriz Thelma Fardín, de la popular serie Patito Feo, un caso que conmocionó a la sociedad argentina en 2018 cuando la artista denunció a su compañero de reparto Juan Darthés por violación. Ella tenía 16 años y él, 46.

NuestrAmérica es el movimiento popular detrás de la escuela de boxeo y de otras iniciativas. La organización emplea a 50 vecinos y vecinas del barrio en actividades que revierten en el propio lugar. Organizan una escuela de apoyo escolar, colonias de verano, cooperativas de vivienda, una escuela de música para jóvenes y un merendero para 150 peques. Lo desgrana Anabel Amarillo, Ani, mientras muestra con orgullo las modestas instalaciones: “En el barrio nos atraviesan montones de problemas y es fundamental que los chicos tengan educación y cultura”. La población adulta cuenta con diferentes tipos de talleres, un espacio con un ordenador para facilitar la búsqueda de empleo y hacer otras gestiones y un centro de día para mujeres en situación de consumo de drogas, “donde las pibas pueden cocinarse algo, darse una ducha, tomar una siesta o asistir a un taller si quieren”, explica Ani. La organización también se encarga de proporcionar agua a 130 hogares -“un derecho básico y que no estaba cubierto”, aclara-, y cuenta con una cuadrilla de limpieza. Iniciativas de organización barrial en peligro por las medidas de ajuste del presidente Javier Milei.

Recortes y caos

Hay muchos barrios populares hoy sumergidos en una gran desolación por el Gobierno actual. “Nos recortaron todo”, se lamenta Ani al teléfono en una llamada reciente para ver cómo continúan las cosas. “Nos cortaron lo básico para que la sociedad puede tener las condiciones de vida que merece por constitución, fíjate que nos quitaron los alimentos para los merenderos y comedores. Estamos ya en una emergencia alimentaria. Eso va a significar todo un caos social de robo y de muerte. En los barrios se vive muy mal con estas medidas y el único objetivo del Gobierno es derrocar a organizaciones como la nuestra que son las únicas que puede salvar a la comunidad. Pero vamos a seguir luchando en las calles para que nuestro país pueda tener otra cara”, continúa.

Ani, de 36 años, fue profesional del boxeo en su adolescencia, algo que aparcó y casi olvidó al emparejarse. “La sociedad te dice que tienes que tener una familia, marido, hijos, etcétera. Estuve ocho años con una pareja sin saber que era una relación violenta, quizás porque a veces también la violencia está como camuflada. Me separé y fue entonces que empezamos a pensar en un merendero en el barrio”, recuerda. Así comenzó su labor como trabajadora sindical y barrial. “Un día desde la organización se vio la posibilidad de hacer actividades de boxeo y yo me ofrecí voluntaria, pero con una condición -matiza la rosarina- que fuera para mujeres y desde una óptica feminista”. La escuelita de boxeo arrancó tras la pandemia y a la inauguración fueron 70 mujeres, aunque tenían un cupo de 10 personas. “Como seguían viniendo tuvimos que poner más días”, comparte. Ahora funcionan tres días a la semana con un grupo de WhatsApp en el que participan más de 50 mujeres: “Las 10 primeras que me dan el okey a las 8 de la mañana son las que vienen”, dice la entrenadora. “Entendemos el boxeo feminista como un acompañamiento a las chicas, porque acá en el barrio hay una cantidad de casos tremenda, hay violencias de distintas maneras, ojo, no solo con golpes”, explica la lideresa y entrenadora.

Deporte para liberar

Estela Maris es de las alumnas más veteranas en la escuela de boxeo y hoy asiste con su hija adolescente que está de vacaciones escolares. “Siempre que me he caído, que me he cansado, las profes nos han ayudado. Me gusta el boxeo y cuando alguien nos dice que las mujeres no pueden boxear les digo eso es mentira, sí que podemos”, se reafirma Estela, con unas enormes uñas con manicura de fantasía que atrapan la atención, mientras ayuda a otra compañera a calzarse los guantes sin que las uñas le molesten lo más mínimo. Junto a ella está Jessica, una madre trabajadora con tres hijos que también viene a darle al saco: “Yo estaba en depresión, tenía mucho estrés, esto me ayudó a calmarme, a salir adelante. Después de 17 años de relación me separé y quería hacer cosas nuevas”. Otra de las mujeres, que hoy no entrena porque está lesionada y por eso ayuda con la chiquillería, cuenta que viene porque “desde la pandemia comenzó a pasarlo mal y venir al gimnasio es un momento de escape del hogar y de los problemas”.

Al final de la calle hay una tanqueta policial , cerca unos jóvenes preparan un asado en una parrilla improvisada con una gran lata. “Últimamente hay más presencia policial, pero no ha cambiado nada”, lamenta una de ellas. Durante 2023 se cometieron 344 femicidios y transfemicidios en el país, de los cuales 55 fueron en esta provincia y 43 ocurrieron en la ciudad de Rosario, según los datos del Observatorio de Violencias por Motivos de Género de Argentina. El informe destaca que, además, la mayoría de los asesinatos de mujeres cometidos en la ciudad fueron en contexto de criminalidad: 20 mujeres fueron acribilladas, doce resultaron víctimas de balaceras y dos fallecieron en ocasión de robo. El citado informe describe que las mujeres son quienes llevan adelante las tareas de cuidados de la población desde organizaciones comunitarias y también son quienes más denuncian las situaciones de violencias territoriales e injusticias sociales. “El crimen organizado se ceba con quienes alzan sus voces por los sectores más vulnerables. El crecimiento de este tipo de femicidios marca una falta de políticas de Estado, tanto en la tarea de combatir las mafias con políticas transversales y de inclusión”, advierte el informe.

Noe es la otra entrenadora que acompaña a Ani. Está atenta y cariñosa con cada una de sus alumnas y con un ojo en su nena pequeña que anda entre las púgiles. “Me encanta ser profe, enseñar lo poco que sé. No me gusta la violencia, le tengo terror a la violencia, no sé pelear en la calle y no doy pie para que las nuevas mujeres que vengan lo hagan por venir a pelearse. Esto es un deporte para que se liberen, para que se desestresen de la vida de mujer, de madre, de todo y que disfruten este tiempo para hacer gimnasia y para enfocarnos en nosotras”, se sincera.

Tanto Noe como Ani piensan que lo del boxeo es lo de menos. “Si hay que parar una clase y hablar, se para. Pueden contar lo que les ha pasado sin pudor, porque casi todas hemos pasado por lo mismo y las pibas que vienen a boxeo de paso igual luego pueden hacer un taller de sexualidad o de salud”, dice Noe. Para Ani es una cuestión casi de estrategia: “Si les decíamos de venir a un grupo feminista no se apuntaría casi ninguna del barrio, así estamos haciendo feminismo con un grupo cada vez más grande de mujeres”. Ani se queda un rato pensando cómo continuar lo que está diciendo: “Lamentable y afortunadamente, no sé qué frase queda mejor, todas pasamos por algún tipo de violencia. Es lamentable la violencia machista y afortunadamente sabemos que podemos acompañar a la otra mujer a salir adelante”.

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