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Alejandra Glez, la fotógrafa que desnuda a la mujer para delatar al patriarcado

Viernes 6 de agosto de 2021

La autora cubana, invitada a PHotoEspaña, combate con su obra la discriminación de género y los desmanes machistas.

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’Mar de Fondo’ (2018), una fotografía de Alejandra Glez.

Madrid 05/08/2021 Juan Losa Público

El cuerpo de la mujer como campo de batalla. La mirada de la fotógrafa cubana Alejandra Glez (La Habana, 1996) se adentra en las cicatrices que no se ven, esas que estigmatizan a la mujer por el simple hecho de serlo, esas que le convierten en presa del patriarcado y le condenan de por vida. Lo hace a través de las heridas visibles, de sus cuerpos desnudos, tantas veces a la intemperie frente a los desmanes machistas, tantas veces trinchera.

Cuerpos que parecen flotar a la deriva, cuerpos extirpados, reventados contra el firme. Cuerpos que fueron frontera hasta que dejaron de serlo, magullados por el tiempo y el silencio. Cuerpos en los márgenes. "Para mí el cuerpo desnudo es la liberación de los cánones y los estigmas que ha creado la sociedad, la ropa no te dice más que el dinero que puedas tener, la forma de pensar o la ideología, y esto es algo que te encasilla", explica Glez a Público.

Se trata de sacar al cuerpo femenino del escaparate, despojarlo de aderezos, huir de esa mirada que sólo busca erotizar y convertirlo en un contador de historias, un libro abierto que nos habla de vejaciones y sometimientos, pero también de una fragilidad que se revuelve a la intemperie, que no se amilana pese a estar marcado de por vida.

Alejandra Glez: "El cuerpo desnudo es la liberación de los estigmas que ha creado la sociedad"

"Desnudarse es limpiarte de todo eso que te ha contaminado a través del tiempo, de ser tú misma. Lo que intento mostrar con mis trabajos es que el cuerpo femenino no es sólo el cuerpo sexualizado que vemos a cada momento, sino que hay un más allá, algo que sobrepasa lo estético y nos habla de la fuerza de una persona, para mí la desnudez es un ejercicio semiótico con el que intento que no se lea más allá de lo que no se quiere mostrar", aclara Glez.

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‘Carmen’ (2017), una fotografía de Alejandra Glez.

Pese a su juventud, la obra de Glez rezuma madurez y compromiso. Un compromiso con mujeres que miran desde los márgenes y a las que Glez aborda con el respeto y la humildad de quien busca canalizar un sentir. "Lo que hago es un proceso energético y eso es algo que se percibe, cuando trabajo con ellas mi objetivo es ayudarlas, expresar a través del arte, por algún motivo siempre encuentro a mujeres que necesitan esa voz".

La Galería Aurora Vigil-Escalera, su representante en España, presentó su trabajo al Premio de Fotografía Joven Fundación Enaire en la Feria JUSTMAD. Ganó su cuarta edición, y fue invitada a participar en la inauguración de PHotoEspaña, donde presenta la serie Liliths –hasta el 29 de agosto en el Real Jardín Botánico de Madrid– tres obras feministas que beben de la tradición hebraica de la primera mujer que habitó el paraíso, antes que Eva.

"Lo que hago es un proceso energético y eso es algo que se percibe"

"Condenaron a Lilith a ser la mujer serpiente, la hechicera y mil cosas mal. Lo que intento con este proyecto es reivindicar la imagen de Lilith, que fue una mujer que se hizo respetar y que no permitió que la violaran y la avasallaran. Ella no traicionó a Adán, ella simplemente luchó por la igualdad, por eso me gusta que sean las mujeres negras afrodescendientes y las transexuales las que encarnen a Lilith, porque ellas han tenido que luchar más que el resto por una igualdad que todavía tenemos que construir", apunta Glez.

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’Asesina’ (2018), una fotografía de Alejandra Glez.

Un proceso catártico

La lente de Glez se sumerge en la pesadilla. Un viaje al centro del trauma como el que realiza en ¿Asesina? (2018), proyecto en el que se adentra en la marginación durante una estancia en Lima. Fue allí donde le impactó de lleno la historia de una mujer que vivía en la calle, que era adicta a las drogas y que se prostituía para poder sobrevivir.

Alejandra se ganó su confianza, consiguió que le abriera su mundo y le confesara su progresivo desmoronamiento. Aquella mujer había pertenecido a la élite limeña y lo había perdido todo; las constantes palizas de su marido hicieron que un día, en medio de una brutal paliza, ella le asesinara con un cuchillo. Su ingreso en la cárcel y la pérdida de sus hijos le abocaron al abismo que habitaba.

"Intento formar parte de sus vidas para que las personas puedan transmitir sus historias a través de mi objetivo, es un proceso catártico, de mucho hablar y de llorar también, en el caso de ¿Asesinas? terminamos abrazadas después de mucho llanto, ella quiso contarme toda su historia y al final salieron las fotos...", detalla la autora.

"Intento formar parte de sus vidas para que las personas puedan transmitir sus historias"

Una mirada, la de Glez, que sabe de lo que habla. No en vano ella sufrió una violación en su adolescencia. Un trauma que le persiguió durante un tiempo hasta que al fin consiguió sobreponerse: "Siento que ese hecho me empoderó, me dio la oportunidad de conocer algo más allá de lo que normalmente puede contarte alguien, yo lo viví en carne propia, y me dio toda la fuerza posible para poder seguir luchando y que estas cosas no sigan pasando".

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Autorretrato de la serie ’La vida es inmortal cuando se acaba’ (2020), de Alejandra Glez.

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