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Las huelgas del 8M en Latinoamérica

Sábado 16 de marzo de 2019

Las mujeres y los colectivos LGTBI han demostrado ser una organización poderosa y plural para articular las luchas feministas en una zona del mundo que cuenta con 14 de los 25 países del mundo con más feminicidios

Andrea Ana Gálvez 13-03-2019 CTXT

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Manifestación en Rio de Janeiro. Atilon Lima C.

Las manifestaciones feministas en América Latina han crecido y mucho. Se han multiplicado y expandido por todos los países. Las movilizaciones han tenido mayor asistencia y han estado marcadas por su diversidad, pluralidad y creatividad. La participación se sigue ampliando en países como Uruguay y Argentina, en los que ya fueron masivas el año pasado. Pero también son llamativas las movilizaciones en Brasil, México, Ecuador, Perú, Paraguay, Colombia y Bolivia. El 2018 fue el año de la campaña por el aborto legal y en contra de la violencia patriarcal. Este año las marchas en toda Latinoamérica han ampliado sus reivindicaciones y se han posicionado también contra el racismo, la precariedad y el capitalismo.

Lejos quedaron los gobiernos progresistas en Latinoamérica. Las políticas neoliberales acampan por el sur del continente. La avanzada de las transnacionales y el agronegocio siguen su curso mientras que la desigualdad aumenta. Ante esta realidad, el feminismo demuestra que es una fuerza capaz de articularse con otras para cuestionar y derribar estas opresiones. “Podemos decir con certeza que estamos ante un movimiento que se forlece en las luchas de Abya Yala, conjugando conflictividades y territorios en conflicto con una potencia de sublevación y conexión entre sí que dan cuenta de una novedad histórica”– afirma Verónica Gago, profesora de la Universidad de Buenos Aires e integrante de Ni Una Menos.

Dentro del contexto de movilizaciones, 2019 ha sido un año histórico para Chile. Por primera vez se ha sumado al paro internacional y ha tenido una de las mayores participaciones. “El año pasado en Chile, el Mayo Feminista dio una batalla fundamental para imponer en el debate público los derechos de las mujeres, temas como el aborto, el abuso y educación sexual. Este año las marchas han sido masivas; sólo en Santiago se registraron 300.000 mujeres en la manifestación”, cuenta Pamela Contreras, integrante de Pan y Rosas. Esta vez el país de los seísmos tembló por los botes de las cientos de miles de mujeres que el 8M ocuparon sus calles.

En Paraguay, Perú, Ecuador y Bolivia también hubo movilizaciones muy notorias, al grito de “Ni una menos, vivas nos queremos” denunciaban los femicidios y la indiferencia de los estados. En Quito miles de mujeres marcharon exigiendo la igualdad salarial y los derechos laborales para las trabajadoras domésticas. Desde el feminismo comunitario de Bolivia se puso el acento en decolonizar las luchas en búsqueda de mayor autonomía y dignidad.

Las manifestaciones en Brasil también fueron emblemáticas. A escasos días del aniversario del asesinato de Marielle Franco, su crimen aún sigue impune. El feminismo brasileño quiso este 8M recordar su legado con el lema: “Por la vida de las mujeres, somos todas Marielle”. La concejala de Río de Janeiro, lesbiana, negra y favelada se convirtió en un símbolo de resistencia y de lucha que inspiró a toda una generación de mujeres. Un hito, una semente. “La simiente que dejó Marielle significa la posibilidad de romper el muro para las mujeres de la favela, para poder ocupar otros espacios que históricamente nos han sido negados”, dice Mônica Francisco exasesora de Marielle y diputada de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro. El movimiento feminista negro es muy potente y una de las expresiones más poderosas de la imagen de Marielle. “Ella acabó siendo una referencia simbólica y también de lucha concreta sobre nuestras vidas. Fue una prueba de que nosotras, las mujeres negras faveladas y militantes, necesitamos avanzar en contra de las políticas de exclusión y de exterminio de todas nosotras y de nuestros hijos”, afirma Ivanete Silva, profesora, feminista e integrante del movimiento de mujeres y mujeres negras.

Cada vez más las mujeres negras en Brasil están ocupando espacios de poder y de decisión tanto dentro del movimiento feminista como en otros muchos ámbitos. “La lucha se está fortaleciendo gracias a las mujeres negras, y juntas estamos manteniendo la llama contra todas las formas de opresión. Estamos dando una respuesta contundente a un proyecto nefasto, violento, misógino, racista como es el proyecto de Bolsonaro”, comenta Mônica Francisco.

Con el fascismo dentro de casa, Brasil sufre un claro retroceso de derechos y libertades. Aunque la desesperanza y el dolor siguen, la semilla que plantó Marielle ha dado sus propios frutos. Las cuatro “herederas” de Marielle fueron elegidas en las elecciones del pasado octubre: Renata Souza, Mônica Francisco, Dani Monteiro y Talíria Petrone. Todas mujeres negras y de origen humilde que están dando una batalla fundamental tanto en las instituciones como en las calles.

Las ciudades brasileñas recuperaron el clima que se vivió en la campaña contra Bolsonaro de #Elenao, y honraron a Marielle y a ellas mismas.

En México, las movilizaciones feministas han ido ganando terreno en el campo social desde 2016, cuando fue la primera marcha en contra de las violencias machistas en el país. “Entonces aprendimos que, a pesar de nuestras diferencias, podemos luchar juntas”, dice la escritora mexicana Chantal Aguilar.

Según Chantal buena parte del feminismo mexicano se inspiró y tomó herramientas de los feminismos de Estados Unidos y España. “Hasta que nos dimos cuenta de que ese feminismo suponía otra forma de opresión para las mujeres latinoamericanas, mediante un discurso que no nos pertenece. Se trata de un feminismo blanco y hegemónico, que a veces no tiene cabida con la realidad de nuestra propia historia”.

Frente a esto grupos feministas anticolonialistas y sobre todo, últimamente las mujeres zapatistas, han tomado una relevancia política muy potente. “El año pasado se creó el Primer encuentro de mujeres que luchan gestionado por las zapatistas y en tierras de autonomía total”. Este tipo de propuestas están poniendo sobre la mesa procesos comunitarios y decoloniales producidos desde lugares periféricos y autónomos.

En Colombia por primera vez este año la huelga convocó a mujeres, lesbianas, trans y travestis. “Es un feminismo muy popular, muy de la base, muy difícil que salga de la tradición liberal. Pero aunque es un grupo minoritario, hoy puedes encontrar feminismos de mujeres, lesbianas, trans, travestis que se posicionan frente a la opresión y frente al liberalismo”, dice la politóloga colombiana Melina Sánchez .

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Manifestante en Medellín, durante la manifestación del 8M. Laura Arango.

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Según Melina el feminismo no está aún en la agenda política. No tiene una representitividad pública. “Sigue habiendo mala prensa hacia el feminismo; o te matan o tienes pocas salidas”. El año pasado, la candidatura de Colombia Humana de Petro y Ángela María Robledo supuso una novedad porque la propia candidata a la vicepresidencia se declaraba abiertamente feminista. “Se vivió un momento de mucha ilusión con la candidatura. Para nosotras era una puerta abierta de trabajo y esperanza”, dice Melina. En Colombia existe una particularidad y es que el movimiento feminista ha sido uno de los mayores defensores del proceso de reconstrucción histórica en el post-conflicto. Las mujeres se han situado muy claramente contra el gobierno que quiere destruir los acuerdos de paz y contra la avanzada de las trasnacionales en sus territorios.

Los feminismos en Argentina llevan la delantera en algunas cuestiones como la campaña por el aborto legal seguro y gratuito, que logró media sanción en el Congreso. La marea verde contagió al resto de países de América Latina, que siguieron sus reclamos. Este año, al grito de #Niñas no madres, se denunciaba el caso sangrante de la niña tucumana de 11 años obligada a parir un bebé fruto de una violación intrafamiliar.

Argentina se ha convertido en un referente a nivel mundial no sólo por la altísima participación, sino también por la articulación de sus luchas. El feminismo hegemónico está abriéndose gracias a que distintas realidades están tomando las discusiones. El feminismo villero, las trabajadoras y disidencias sexuales están ocupando cada vez más espacios de los que antes eran marginadas. Por ejemplo, las trabajadoras sexuales se han abierto un hueco fundamental dentro del feminismo argentino en el reclamo de sus derechos laborales. “¿Si soy puta y mi cliente me violentó no lo puedo ir a denunciar porque me lo merezco por puta? En este sistema capitalista utilizas el órgano que tu color de piel y tu clase te permiten utilizar”, afirma una militante de AMMAR (Asociación de trabajadoras sexuales argentinas en acción por sus derechos).

Al mismo tiempo que los feminismos avanzan, las formas de violencia patriarcal se mantienen en números alarmantes o aumentan. Entre los 25 países del mundo con mayores tasas de feminicidios, 14 están en América Latina y el Caribe, según el informe del Small Arms Sorvey (2016). En 2017 asesinaron 12 mujeres cada 24 horas según CEPAL. México y Brasil son los países donde más femicidios se registran. ¿Cómo entender y combatir el aumento de los femicidios y violaciones?

Los debates son muchos, los movimientos diversos y los desafíos importantes. Este 8M las movilizaciones de mujeres, lesbianas, trans y travestis han demostrado por toda Latinoamérica que son una organización poderosa y plural para articular estas luchas a nivel regional e internacional. Siguiendo a Verónica Gago, el gran desafío que tenemos es profundizar un internacionalismo que ya existe. “Debemos cuidar la fuerza que hemos construido en estos años y, frente a la contra-ofensiva conservadora y fascista que nos señala como ‘enemigo interno’, tenemos necesidad de fortalecer la autodefensa, las redes autónomas y los espacios de encuentro”.

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Manifestantes en Buenos Aires, durante la manifestación del 8M.

El paro feminista internacional ha sido emocionante porque es una expresión de las diferentes luchas que se dan en el día a día y de cómo mujeres de todo el mundo están plantando cara a los sistemas de dominación. Las luchas feministas, la llamada cuarta ola, el feminismo del 99%, se nombran como anticapitalistas, antirracistas y anticlasistas. “Este tipo de conexión entre luchas es la singularidad del movimiento y lo que le da simultáneamente masividad y radicalidad”, afirma Verónica Gago convencida del triunfo de las marchas. Sin duda, el paro va más allá del 8 de marzo y más allá de nosotras.


Este reportaje ha sido posible gracias al cariño, conocimiento y lucha de: Chantal Aguilar (México), Melina Sánchez (Colombia), Verónica Gago (Argentina), Pamela Contreras (Chile), Mônica Francisco (Brasil), Neusa Oliveira (Brasil), Ivanete Silva (Brasil), Daniela Orofino (Brasil), Julia Bustamante (Brasil), Menara Guizardi (Brasil /Argentina), Silvina Merenson (Argentina), Colectiva Colmena Verde (México), Roxana Loarte (Perú), TrasLuz Photo (México), Victoria Razo (México), Laura Arango (Colombia)

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