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Una jutgessa acata les directrius de Felip Puig i empresona la secretària d'organització de CGT PDF Imprimeix Correu electrònic
dimecres, 25 d'abril de 2012 18:21

DRETSLLIBERTATSSOCIALS

JESÚS RODRÍGUEZ | 25/04/2012 extraido del directa

Laura Gómez ha estat cap visible de CGT en diverses ocasions

La jutgessa d'instrucció 23 de Barcelona, Rosa Maria Agulló Berenguer, ha dictat una ordre de presó preventiva sense fiança contra Laura Gómez, de 46 anys, actual Secretària d'Organització de la CGT a Barcelona. La decisió de la magistrada ha estat precedida per una petició del fiscal de torn, qui havia rebut ordres prèvies de la Fiscal General de Catalunya, Teresa Compte. S'ha repetit el modus operandi del passat dissabte –quan la fiscalia va demanar presó per altres tres manifestants– però, en aquest cas, la jutgessa de guàrdia s'ha alineat amb les directrius que Felip Puig va dictar ara fa tres setmanes durant una compareixença de premsa. Agulló Berenguer ha considerat creïble el risc de fuga i la possibilitat de reincidència, malgrat que la sindicalista té feina fixa, resideix de manera estable a Barcelona i només va participar d'una performance simbòlica amb la crema de quatre cartrons i papers a la porta de la Borsa de Barcelona durant la vaga general. Aquesta magistrada va signar una sentència força polèmica anys enrere, en relació a la mort d'un jove per una negligència mèdica arrel d'unes radiacions suministrades a la clínica Dexeus. La mare del jove mort, Isabel Ferragut, va redactar aquest text en relació als fets.

(En relación a la sentencia dictada por las Magistradas de la Audiencia Provincial de Barcelona: María Eugenia Alegret Burgués, Marta Font Marquina y Rosa María Agulló Berenguer )

Yo, como sería lógico, después del Recurso presentado por mí abogado ya nada tendría que decir sobre esta impresentable sentencia, pues todo está rebatido de la forma más profesional y constitucionalmente correcta en lo que se refiere estrictamente a la propia sentencia.

Pero, como madre y persona que se resiste a aceptar tan grande injusticia judicial, y soportar una vez más tantas mentiras y tanta indefensión, no puedo dejar de añadir, en esta página, lo que pienso y siento con respecto a esta nueva burlona, ignorante y provocadora sentencia. Quizás la más violadora de todas de la Legislación General de Sanidad y del Derecho a la vida, y no porque las otras lo sean menos (presten atención más adelante a los párrafos de la sentencia dictada por el juez Assalit Vives, si no han leído la sentencia entera contenida en esta página), sino porque estas mujeres, llenas de mala fe, e incluso diría llenas de rabia, no sé, quizás porque se está atacando a los que tanto quieren proteger y no paro de hacerles la puñeta, como dicen algunos, que han cargado las tintas e incluso en lo que hace referencia al Consentimiento Informado, haciendo expresamente, diría yo, burla de él. Es decir, exponen como debe ser el Consentimiento Informado con pelos y señales, derecho inalienable a cualquier paciente, y luego lo ignoran para  cargar una vez más sobre las espaldas de mi hijo la culpa de su propia muerte.

El Consentimiento Informado, aunque en el caso de mi hijo, ¿qué valor puede tener, pues con consentimiento o no, cómo se puede aceptar que unos médicos puedan quemar el cerebro físicamente sano de un muchacho, sin dejarle además ni la más mínima posibilidad de esperanza de vida? ¿Quién va a aceptar que le “achicharren” el cerebro cuando lo único que se pretende es solucionar un problema psicológico para poder vivir una vida sin preocupación en cuanto a su salud; una vida que mi hijo ya tenía plena por su forma de ser y por su capacidad intelectual y artística a pesar de su neurosis obsesiva? Pero, puesto que los jueces es en lo que basan la  no condena de los acusados, ni este derecho se le ha respetado: el Derecho  a ser informado tal cual marca la ley. Y aunque hubiera habido un riesgo de uno entre un millón – cosa que no es así  como nos quieren hacer creer estas Magistradas, se producen muchos daños y muchas muertes por causa de la radiación -, era obligación de los médicos informarle: De vida sólo tenemos una y ésta es sagrada e inviolable.

E incluso ignoran que España fue condenada por el Tribunal Europeo de Justicia, por la mala aplicación de la radioterapia y los muertos que ha ocasionado.

Pero, nada se ha respetado en el caso de mi hijo. Y, las más grandes atrocidades son el resultado de la ceguera por parte de unos jueces que, invadidos por una especie de locura colectiva,  lo único que les preocupa  es proteger a sus  defendidos a costa de lo que sea, y digo defendidos porque más bien abogados defensores parecen que jueces con la obligación de impartir justicia con rigor, honestidad y dentro del marco estricto de la Ley.

Nuestro Sistema Político (responsable del judicial, puesto que los políticos aprueban o no las Leyes según les conviene, por lo tanto que no nos vengan con la excusa de la independencia judicial para evadirse de sus responsabilidades), permite, también ciego y sordo de conveniencia, valga la redundancia, las atrocidades que cometen los jueces en sus sentencias, permiten la violación de la dignidad de los seres humanos, permiten que se protejan a asesinos, estafadores, gente que, utilizando el “Abuso de confianza”, como ya he dicho en varias ocasiones, tipificado como agravante del delito criminal en el Código Penal, engañen, estafen, violen, destrocen  y maten. Y, todo, con la excusa de la independencia judicial. Y, así, en un país donde los políticos con la boca llena nos hablan repetidamente de los derechos humanos y de la defensa del derecho a la vida, permiten que los jueces dicten sentencias donde son pisoteados todos los derechos que nos asisten, todos, y como que su palabra es la ley, la indefensión es absoluta.

Las señoras Magistradas, Mª Eugenia Alegret Burgues, Marta Font Marquina y Rosa María Agulló Berenguer, tienen el cinismo de empezar la sentencia con la siguiente frase: “Nada puede consolar a una madre de la pérdida de un hijo. Tampoco una resolución judicial”…

Dicen esta frase como sensibles al dolor de una madre que pierde al hijo para luego, y seguidamente, machacar al dolor con sarcasmo y malas artes.

Que nada puede consolar a una madre de la pérdida de un hijo, es una gran verdad. Una de las pocas verdades que dicen estas tres mujeres en su sentencia, aunque ellas deberían de saber que, no es lo mismo perder a un hijo por causas inevitables, como puede ser una enfermedad irreversible después de haber hecho todos los imposibles para intentar salvarlo, a perderlo cuando el hijo es una persona físicamente sana y fuerte con grandes ilusiones y proyectos en la vida que tan solo pretende solucionar un problema psicológico y que unos desalmados lo maten salvajemente… Entre los dos casos, hay una gran diferencia. Y, que, además, no solamente lo maten sin saber que pueden matarlo, que entraría dentro del campo del “error médico” – muy discutido naturalmente -,  sino que saben que pueden matarlo y, no solamente no lo evitan, sino que encima bromean  con las famosas frases de que: Aplicaron la radiación por “el ojo clínico”, o que, No lo avisaron del riesgo porque: “¡Hombre! Nadie se lo haría”, o que: “Los rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan es imprevisible”.

Unos médicos que desprecian la vida humana jugando con unos “rayos bromistas e imprevisibles”, y que quizás se estarán preguntando mientras los aplican: “¿Mataremos hoy al paciente con las bromas de los rayos o,  quizás mañana?”.

Lógicamente, la señora Fiscal, ante estas cínicas declaraciones, les preguntó si creían que era una broma el que muriera una persona.

El maldito doctor Rubio, agachó la cabeza y no contestó.

Observen que, una frase que debería de haber sido condenatoria como la de que, “no se avisó al paciente del riesgo porque nadie se lo haría”, hasta los jueces la toman como muy conveniente y acertada, tanto, que haciendo gala de un  gran cinismo y desfachatez, la utilizan como propia.

Otra verdad es la de que, una resolución judicial tampoco puede consolar.  Pero, fíjense que, una resolución judicial justa, no añade el sufrimiento que añade la resolución injusta; que protege descaradamente al agresor o agresores, que viola las leyes que nos protegen y en definitiva, que se burla del sufrimiento de la víctima y de su muerte provocada gratuitamente y del dolor de toda una familia.

Nuevo acto de cinismo desmesurado por parte de estas tres mujeres, es en el tema del Consentimiento Informado, como ya he dicho. Por un lado, exponen íntegramente como debe ser el CI, como habrán podido observar en la sentencia, pero, por otro lado en el caso de Arturo, no es tan importante porque, según ellas, “aunque no esté especificado el riesgo de muerte por ser improbable, cabe pensar que sí fue informado porque de lo contrario no hubiera aceptado el riesgo de la intervención posterior por radiofrecuencia más arriesgada de la que nos ocupa según se dice en la demanda”.

O sea: “que cabe pensar”,  que fue informado, porque según ellas, haciendo  un gran alarde no ya de videntes, videntes embusteros claro está, como hicieron los otros jueces, sino de precocidad, ya preconcibieron que Arturo se trataría con el doctor Burzaco cuando ni siquiera estaba en la mente de Arturo, y debido a esta precocidad… ¿que más daba que lo avisaran o no del riesgo? Cabe pensar…, y si no se piensa: pues da lo mismo.  Y así vamos añadiendo estiércol sobre estiércol, hasta que el caso quede bien aplastado, hundido y olvidado,  y la madre nos deje  de una vez por todas  ya de hacer  la puñeta, por no decir otra cosa.

Lo de mayor riesgo, se lo inventan los jueces que, en su ignorancia, o conveniencia, (incluso hay quién cree que es una “conveniencia política” el no condenar a los médicos, porque de otra forma no se puede explicar), han sido incapaces de indagar en la literatura médica, para distinguir la radiofrecuencia de las radiaciones ionizantes y elaborar una sentencia basada en los conocimientos científicos esenciales y básicos de los que debe disponer un juez o jueces que deseen elaborar una sentencia justa: Las radiaciones ionizantes mal aplicada, matan como mataron a mi hijo, hecho demostrado hasta la saciedad: la radiofrecuencia, no.

Ni siquiera se tuvo en cuenta la declaración del doctor Burzaco, eminencia reconocida mundialmente, cuando explicó que la radiofrecuencia puede causar daño cuando la aplica una persona inexperta, pero que en el caso de que esto  sucediera, este daño sería inmediato, nunca retardado.

Y, sobre lo de lo arriesgado de la radiofrecuencia “según se dice en la demanda”, nadie sabe de donde lo han sacado, porque, aunque fuera cierto: ¿Cómo mi abogado echaría tierra sobre su propio tejado? En esta sentencia incluso ponen en boca de mi abogado frases que él nunca pudo decir.

No dudo que cuesta creer que los jueces digan o inventen o escriban cosas que no son, pero les recordaré un detalle: En la sentencia dictada por los jueces Jesús María Barrientos Pacho, María Pilar Pérez de Rueda y Fernando Valle Esqués, los acusados somos tres: Benjamín Guix Melcior, Enrique Rubio García e Isabel Ferragut. Es cómo si yo misma me hubiera acusado de la muerte de mi propio hijo. ¿…?

Incluso en la sentencia dictada por el juez José Mª Assalit Vives, éste haciendo acopia de una gran ignorancia, mezcla las radiaciones con la radiofrecuencia e incluso dice que, la radiofrecuencia provoca hemorragias, cuando es utilizada precisamente para cauterizarlas.  Sentencias todas, basadas en el desorden y  el  chafarrancho más escandalosos.  Barriendo, eso sí, siempre para casa de sus protegidos, los médicos.

Y, nunca, nunca mi hijo, en ningún momento, aceptó un tratamiento con riesgo de ningún tipo para solucionar su problema psicológico. La prueba está en el rechazo del tratamiento propuesto en el Hospital del Valle de Hebrón, cuando informaron de los riesgos que comportaba, hecho del cual todos los jueces  son bien conocedores (aunque muy olvidadizos cuando les conviene), puesto que fue en este Hospital donde le vendieron el “tratamiento del futuro” que aplicaban en la clínica privada DEXEUS y  le costo la vida. Hecho que, incluidas estas tres mujeres, curiosamente y convenientemente, también han olvidado. Como también han olvidado las preguntas escritas de puño y letra de Arturo, donde queda más que reflejado repetidamente, lo mucho que el quería asegurarse de que nada malo le pudiera  suceder, ni siquiera que le cambiara lo más mínimo el carácter o su sensibilidad artística, algo que les recalcó más de una vez temiendo que algo así pudiera suceder. Todo lo quería tener muy bien asegurado. Él, independiente de sus “manías” estaba contento de su forma de ser y toda su familia también. Era bueno, atento, cariñoso, era respetuoso con todos, un buen hijo…un buen amigo… Inteligente y una persona encantadora, como decían quienes le conocían. Una excelente persona que tuvo la gran desgracia de caer en manos de malvados asesinos sin un mínimo de conciencia.

Por lo tanto, estas tres mujeres además de demostrar una gran ignorancia en este caso, mienten descaradamente.

Dicen que: “No existe constancia alguna  de que la radiación hubiera sido mal aplicada a nivel de intensidad”. Un cerebro perfectamente sano, que ni siquiera presenta las irritaciones en la corteza cerebral que suelen presentarse en los problemas mentales o incluso en simples depresiones,  que ha sido “achicharrado”, utilizando la expresión que utilizó la señora Fiscal en una de las vistas orales del juicio en la causa penal, y que según el propio juez Assalit Vives dice en su sentencia, “este juzgador reconoce que se ocasionó una lesión necrótica de gran entidad no deseada que obligó a tomar ininterrumpidamente grandes cantidades de corticoide Dexametasona …” (ver sentencia dictada por el juez Assalit Vives y su descalificación). Decir que no hay constancia de que la radiación no hubiera sido mal aplicada cuando le quemó el cerebro y le condenó a muerte de forma irreversible;  de forma irreversible y cruel, y no sin antes tener que pasar por una terrible operación para descomprimir el gran edema producto de esta  radiación solo con la intención de que padeciera lo menos posible en su camino imparable e infernal hacia la muerte, sinceramente: ¡¡ES PARA MATARLOS A TODOS!!

Y perdonen quienes lean esta página que me desborde de esta forma, pero es que no hay para menos.

Quizás, si hubiera hecho lo que tenía en mente cuando murió mi hijo, “ellos” hubieran pagado “algo” el daño que hicieron, no hubieran podido hacer daño a nadie más, yo ya hubiera salido de la cárcel y aunque con el alma rota por la muerte de mi hijo, no hubiera tenido que sufrir las atroces agresiones que, aún después de muerto tiene que sufrir mi hijo por parte de unos jueces como los que he tenido la desgracia que me tocaran en suerte. Pero…, ya es demasiado tarde y no siempre tenemos valor para hacer todo lo que quisiéramos hacer y  creemos que sería lo justo.

Hacen alusión al Dr. Valverde, que: “dijo que una radiación mal aplicada puede llevar a causar la muerte lo que desde luego parece obvio en el plano de la pura teoría. Lo que ocurre es que no existe constancia alguna en los autos de que la radiación se hubiera aplicado mal a nivel  de intensidad o de extensión por una programación defectuosa o por un defecto de la máquina”.

Curiosamente, los Magistrados de la Sala Séptima de la Audiencia Provincial, Jesús Mª Barriendo Pacho, María Pilar Pérez de Rueda y Fernando Valle Esqués, a raíz del recurso penal, dicen entre otras cosas que: “La negligencia   podría estar en la administración de la terapia y no en una más o menos correcta información”. ¿…?

Recuerden que estos magistrados, comparan la radiación gratuita y letal que aplicaron en el cerebro de mi hijo Arturo,  Guix y Rubio, “con la infección rebelde que se puede derivar de una simple extracción dentaria”. ¡Burla sobre burla! ¡Provocación sobre provocación!

No obstante, tanto para la señora Moreto, quien siendo estomatóloga ejerció la función de psiquiatra que es el especialista que habíamos solicitado y se atrevió a hablar de radiaciones siendo una inexperta en este campo, como para los médicos que minimizaron la radioterapia (la peligrosidad de las radiaciones ionizantes), como es lógico para no perjudicar a sus compañeros, sobretodo los que fueron pagados por Guix y Rubio, como para las señoras Magistradas, para sacarlas  de su supina ignorancia,  ignorancia condenada en el artículo 447 del Código Penal, en cuanto a la Administración de Justicia, expondré algunos informes con relación a los tratamientos con radioterapia y su peligrosidad, que los médicos Guix y Rubia sabían perfectamente que existían y omitieron voluntariamente con engaño y alevosía. Repetiré una de sus famosas frases: “Los rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan es imprevisible”.

Las Revistas Médico-científicas, hacen referencia siempre a tumores cerebrales cuando se trata de la aplicación de  la radioterapia, pues no se concibe en tratamientos de neurosis obsesiva, a pesar de que algunos temerarios peligrosos, en la actualidad criticados por algunos de sus colegas, las realicen.

Recuerden el Informe del Hospital Noruego de Radio, donde me confirman que: “No existe documento escrito que avale este tipo de tratamiento para este tipo de pacientes”.

Desgraciadamente, después de que me comunicaran que mi hijo iba a morir irreversiblemente y me explicaran el motivo del porque iba a morir,( por efecto de las radiaciones aplicadas en la clínica DEXEUS, lo que siempre se ha mantenido vivo), digo, desgraciadamente, porque como es lógico de haberlo hecho antes mi hijo estaría vivo, yo me entrevisté con médicos especialistas de fuera de Barcelona, llegando a visitar al prestigioso Profesor Erik Olaf Backlund, quien tuvo la amabilidad de recibirme en el Hospital Haukeland en Bergen (Noruega), donde en aquel momento tenía la cátedra, pues él pertenecía al Hospital Karolinska de Suecia, en donde, precisamente se inició la técnica de los Rayos Gamma, mejor dicho, la técnica de  los “Gamma Knife”, una técnica para evitar al máximo los daños que se les produce a las células colindantes al tumor a irradiar con la misma radiación.

El Profesor Backlund, se quedó aterrorizado (se puso las manos en la cabeza), cuando vio, a través de los TACS y Resonancias magnéticas, lo que le habían hecho a mi hijo. Diciendo que ellos nunca irradiaba de aquella forma por lo peligroso que era. Se refería a la cantidad de radiación y aplicada en una sola vez: dos horas y veinte minutos irradiando sin saber siquiera la dosis que estaban poniendo: Por el ojo clínico como supimos después y con unos rayos que ni siquiera se sabe si fueron dirigidos en la forma correcta…

Los demás especialistas que visité, igualmente se quedaron aterrados sin poder creer lo que le habían hecho a mi hijo tan solo para tratar una neurosis obsesiva. Me hablaron de la peligrosidad de las radiaciones ionizantes y de los cánceres diferidos que provocan. Es decir, una persona que en un momento de su vida ha sido irradiada puede padecer un cáncer diferido (efecto de la radiación) años después.  En muchos casos, el paciente muere sin saber que el cáncer que ha sufrido fue provocado por la radiación recibida años antes.

No es mi intención poner el alma en un hilo a las personas que han sido irradiadas, tengan la esperanza de que han caído en buenas manos, pero si no se engañara a la gente, y se explicara lo que son en realidad las radiaciones y en que casos son aconsejables aplicarlas, mi hijo estaría vivo.

Y no es que mi hijo fuera tan ignorante que desconociera la peligrosidad de las radiaciones ionizantes, sino que, en medicina, con los adelantos te lo presentan todo tan fácil y tan bien que, al final te convencen de que no existe peligro alguno y sí grandes beneficios: De ahí nace el “Abuso de confianza”.

Si han leído la parte correspondiente a mi testimonio, recordarán que mi hijo, primero al doctor Nogués, y después al doctor Guix, les preguntó, si estaban bien seguros de lo que le proponían, preguntándoles además, si sabían lo que le podría pasar dentro de  cuarenta o cincuenta años, puesto que con los rayos nunca se sabía y, que no debían de olvidar que él iba a curar una neurosis y no a buscar lo que no tenía.

Saben que la contestación fue que, con la nueva técnica no existía ningún riesgo y sí muchos beneficios. Lo peor que le podía pasar era que se quedará como estaba, que fue lo único que mi hijo aceptó. “¡Háztelo, Arturo! ¡Háztelo! ¡No te arrepentirás! Te irá muy bien,  pero si no, ya sabes, te quedarás como estás”. Para terminar diciéndole: “Si te lo haces será la mejor determinación que habrás podido tomar en tu vida”. Él les creyó, y ellos le mataron.

Incluso mi pobre hijo, para estar bien seguro de lo que le iban a hacer, le pidió al doctor Pedro Nogués que le dibujara el esquema de un cerebro y le explicara con detalle como entraban los rayos. Se lo dibujó y se lo explicó. Con esta nueva técnica, todo era fantástico. Los psiquiatras ya no serían necesarios.  ¡¡Embusteros asesinos que juegan y se burlan de la buena fe de las gentes!!

En el caso de mi hijo, la radiación se hubiera podido presentar en forma de tumor canceroso con lo cual me hubiera resultado más difícil poder demostrar el daño ocasionado, aunque médicos amigos me dijeron que, partiendo el tumor  del punto de donde había sido irradiado el cerebro, con toda seguridad  el tumor sería el resultado de un exceso de radiación. Es decir: un cáncer diferido.

Los especialistas que visité, muchos ya sabían del caso. Había corrido la voz como he dicho, se quedaron aterrados, y no comprendían, ni comprenden todavía, como estos dos individuos, Guix y Rubio, no han sido condenados y expulsados de la profesión médica para siempre. De ahí que se especule que tienen que primar aspectos políticos importantes porque de lo contrario es imposible que estos dos no hayan sido condenados. Mejor dicho, Guix y la clínica DEXEUS, porque Rubio, cuenta poco, lo que ocurre es que va pegado al carro de los otros.

El Profesor Backlund, me preguntó que era lo que me habían dicho los médicos que habían hecho aquello a mi hijo, cuando le contesté que no solamente no quisieron saber nada sino que contestaron que, “si les queríamos denunciar que les denunciáramos porque a ellos les daba igual”, me dijo que era lo que solían hacer el tipo de gente que hacía aquellas cosas.

Naturalmente, la fama que tienen Guix y Rubio es nefasta, pero la fama no les condena judicialmente que sería lo justo y se les ha permitido, y aún se les sigue permitiendo, ocasionar más daños y más muertes impunemente. Y, aunque es cierto que el doctor Guix ha sido condenado por, “Someter a una anciana enferme de cáncer a un tratamiento de quimioterapia, rutinario, innecesario y doloroso”, según dice la sentencia, pienso que se le ha condenado porque después de la cantidad de denuncias que los jueces tienen que haber recibido de él, de ellos (unas yo ya las conozco, otras no), los jueces le han condenado, aunque sea mínimamente, para hacer ver que imparten justicia. Es lo mismo que el chiste de los políticos y la democracia cuando uno le dice al otro: “Hagamos un poco de democracia para que el pueblo crea que vive en democracia”.

“Vamos a condenar a este personaje importante, para que se vea que no tenemos prejuicios a la hora de condenar”… Pero la gente de a pie, señorías, no somos tan imbéciles como ustedes creen.

¿Qué quieren venderme a mí? ¿Condenan a Guix por el caso de esta mujer, que es justo que lo condenen, pero que ni siquiera fue acusado de su muerte, y, no lo condenan cuando mata a mi hijo a través de una dosis letal de radiación,  por haberlo convertido  en un demente senil, haberlo convertido en un anciano decrépito en plena juventud y haberle provocado todo tipo de males a través de la radiación incluida la terrible operación por la que tuvo que pasar para descomprimir el gran edema producto de esta maldita radiación, operación que se llevó a cabo solo con la buena intención de que su camino imparable e infernal hacia la muerte fuera lo menos doloroso posible?.  Él no era un anciano enfermo de cáncer. Él, era un muchacho sano, fuerte, con una salud de hierro… Lo convirtieron en una pobre piltrafa humana,  que murió destrozado por dentro y por fuera, ciego, … preguntándose siempre él por qué de todo aquello. Habiendo tenido que pasar por atroces sufrimientos y dolores terribles… ¿Cómo se atreven los jueces a burlarse de mi hijo y de su muerte, y de inventar mentiras sobre él de esta forma? ¿Cómo se atreven incluso a negarle el derecho a la información? ¿Cómo se atreven a burlarse de mí como si yo fuera una embustera que no merezco ninguna credibilidad cuando digo que no le avisaron de ningún riesgo, que fuimos miserablemente engañados y estafados, porque de lo contrario no lo hubiéramos aceptado en forma alguna, lo mismo que no aceptamos el propuesto en el Hospital del  Valle de Hebrón?.

Cuando se supo públicamente lo que había pasado con mi hijo, me llegaron informes médicos y revistas Médico-científicas de todas partes, de gente, médicos honestos que no sabían como ayudarme y la forma que tenían en las manos era la de hacerme llegar todo tipo de información sobre las radiaciones ionizantes y sus peligros para que la pudiera utilizar  en los juicios, lo que agradezco profundamente.

Pues bien, cuando la gente que padecía cáncer se sometía a la  radioterapia  y moría, como que no se practicaban autopsias, se creía que la muerte era producida por el propio cáncer, pero cuando se empezaron a practicar autopsias, descubrieron que muchas muertes eran producidas por causa de un exceso de radiación, otras por la combinación de ambos: del cáncer y la radiación. Muchas muertes producidas por la radiación no han podido ser contabilizadas y muchas siguen sin contabilizar, pues la gente de buena fe, en muchos casos cree que la muerte ha sido por causa del cáncer o también por aneurisma, cuando puede ser producida por la radiación mal aplicada y en muchos casos innecesaria. Como es en el caso de José Antonio, ya explicado anteriormente.

Por ejemplo, si yo no me hubiera topado con médicos honestos que diagnosticaron la “lesión por radionecrosis profunda e inoperable” y me contaron la realidad de los hechos, hubieran podido insistir, como creían en un principio, que mi hijo moría resultado de un cáncer irreversible, yo me lo hubiera creído y nunca le hubiera hecho practicar la autopsia, hecho que resulta muy doloroso. Una muerte brutal por el exceso de radiación y a través de uno de los engaños más brutales que se puedan imaginar, hubiera quedado oculta, como han quedado otras muchas muertes en manos de carniceros como Guix y Rubio.

En las revistas Médico-científicas que obran en mi poder, se exponen varios casos. Yo, expondré, de forma reducida debido al espacio que ocupan, tres casos más que significativos. No obstante, quien esté interesado en saber sobre todo el proceso de cada caso, puede solicitármelo y con mucho gusto le enviaré fotocopias de estas revistas Médico-científicas.

Mujer blanca 32 años.  Se le descubre un tumor hipotalámico que ocupaba el tercer ventrículo anterior. La paciente fue derivada para irradiación.

Resultado: Seis meses después de la radiación desarrolló una parálisis oculomotor derecha y progresiva pérdida de visión en ambos ojos. Quedó ciega y demente, y se la ingresó en una residencia para enfermos  donde murió 3 años después de la completa irradiación.

Mujer blanca, 10 años (una niña): Presenta neurofibromatosis reconocida y retardo psicomotor con agudeza visual decreciente y debilidad en el lado izquierdo. Tenía un enorme astrocitoma cístico en el lóbulo frontal derecho. Fue derivada  a radiación después de craneotomía, descompresión y extirpación parcial.

Resultado: Desarrolló  ceguera cortical 5 meses después de la radiación y hemiparesia espástica del lado izquierdo que la confinó en una silla de ruedas 12 meses después de la radiación. Se inscribió la paciente en un programa especial de educación y permaneció neurológicamente estable 3 años después del tratamiento completo. Permaneció. ¿…? No sabemos el resultado final.

Hombre blanco, 59 años: Presenta dolores de cabeza, cambios visuales y confusión. Se le descubre un tumor calcificado en el splenium del cuerpo calloso. Neurocirugía diagnostica que una  craniotomía para una biopsia y extracción parcial es demasiado riesgo por lo central y profunda ubicación del tumor. El paciente fue transferido a terapia  por radiación por un presunto glioma sin biopsia.

Resultado: No se notó mejoría en el confuso estado mental del paciente durante la radiación; continuó estando confuso e incapaz de recordar hechos recientes y anteriores durante el periodo siguiente. Su estado fue estable durante los 16 meses posteriores a la radiación cuando  comenzó a presentar dolor de cabeza, pérdida de equilibrio y sufrir caídas frecuentes. Fue readmitido en el hospital y se repitió el escáner TC que mostró la misma zona calcificada en el splenium del cuerpo calloso con presencia discontinua de un área de   densidad creciente a la izquierda de la lesión original así como una reducida  densidad difusa bilateral en la materia blanca. El paciente continuó desmejorando y murió cuatro años y cuatro meses después de la irradiación.

La autopsia mostró necrosis hemorrágica en el splenium del cuerpo calloso así como una necrosis en el lóbulo parietal adyacente al tumor original en el talamus. Se descubrió foci de glioma residual central y se encontró una gran necrosis en la materia blanca en ambos hemisferios cerebrales adyacentes a y lejos de la lesión original.

Bien, así podría seguir y seguir en casos donde interviene la terapia o mejor dicho la “desaterapia” por radiación. Y, aunque actualmente ya van apareciendo noticias sobre muertes provocadas por exceso de radiación así cómo cánceres diferidos, reconociendo también que otras muertes no se pueden contabilizar porque son enfermos que mueren en sus casas y no les practican la autopsia,  en este sentido terminaré recordando a los 7 muertos por radiación en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza cuando se estaban tratando de cáncer. Hecho que se sacó a relucir en el juicio contra los médicos Guix y Rubio. Cuando el doctor Burzaco comparó las radiaciones aplicadas en el cerebro de Arturo con las radiaciones que mataron a miles de personas en Chernóbyl, el doctor Valverde dijo que, “no hacia falta irnos tan lejos, que aquí en Zaragoza habían muerto siete personas por exceso de radiación”.  El doctor Valverde, quién estudió minuciosamente el cerebro de mi hijo,  en este juicio oral, dijo textualmente: “Las radiaciones ionizantes mal aplicadas matan y esto es lo que ha sucedido con este muchacho”.

El Hospital Miguel Servet fue condenado y se tuvo que indemnizar a los familiares de las víctimas, y se incluyó en el Código Penal el nuevo artículo 343, ya expuesto en esta página Web, pero que repetiré para quienes no lo hayan leído: “El que exponga a una o varias personas a radiaciones ionizantes que pongan en peligro su vida, integridad, salud o bienes, será sancionado con la pena de prisión de seis a doce años, e inhabilitación especial para empleo o cargo público, profesión u oficio por tiempo de seis a diez años”.

Los casos que he expuesto, son casos donde existen tumores cerebrales y aún reconociendo que las radiaciones no han sido las más beneficiosas para los pacientes sino todo lo contrario, podríamos decir, con reservas, que incluso podría existir una justificación para aplicarlas, pero, en el caso de mi hijo…

Y, lo que es muy significativo del contenido de estas revistas Médico-científicas en cuanto a la radiación, es lo que dicen los expertos: “A nuestro juicio es que la radiación debería ser menos agresiva en los jóvenes, en los cuales el riesgo de daños cerebrales es mayor que en los adultos, y en aquellos con una prognosis mejorada quienes están más preparados para vivir bastante sin alcanzar el periodo de riesgo por radionecrosis cerebral”. Lo que significa que por su naturaleza las radiaciones siempre son peligrosas y que únicamente deben ser aplicadas en aquellos casos en que los pacientes corren un riesgo de  muerte inmediato por padecer males con  este riesgo y resulta imposible  tratarlas con cirugía convencional.

Como es obvio, para aplicar la radioterapia se requiere un gran estudio, mucha lucidez y una gran moralidad por parte de los médicos que la aplican, condiciones  de las que están faltados los criminales que mataron a mi hijo y  a todos los que les protegen.

Una aclaración sobre la técnica de los “Gamma Kife”: Ahora sé, que ésta técnica se considera la menos agresiva por  la forma en que llegan al tumor los haces de luz: a través de entradas muy finas lo que hace que se dañe lo menos posible las células colindantes al tumor. También la dirección de los rayos es más perfecta. Pero como ven, siempre hay riesgo de dañar las células sanas y esto naturalmente, nunca te lo dicen. Quizás ahora lo digan  por los casos que se denuncian.

En el caso de Arturo, el juez Assalit Vives en su sentencia, dice que: “No se tiene la certeza de que los rayos hayan sido dirigidos de la forma correcta…”.  Pero, como sabemos, en el caso de mi hijo: ¡Todo vale!: Da lo mismo dónde hayan sido dirigidos los rayos, da lo mismo el engaño, da lo mismo la estafa, da lo mismo su muerte… ¡Nada tiene importancia!...Para los jueces, claro está.

Mi hijo era una persona, sana, fuerte con una salud de hierro que nunca había estado enferma. Cuando se diagnosticó la neurosis obsesiva, acudió al médico para solucionar su problema simplemente, algo del todo natural en una persona equilibrada y con un gran sentido de la lógica. Como él solía decir: “Es absurdo tener un problema, una solución a mano y no aprovecharla”. Y, esto fue lo que él creyó que hacía: aprovechar los adelantos que nos ofrece  la Ciencia. Aunque para su desgracia, en su caso además de que la Ciencia no era un adelanto, cayó en manos de desalmados que le segaron la vida en plena juventud provocándole los más terribles de los dolores y sufrimientos.

A los jueces no les ha interesado saber que, cuando a mi hijo le hizo la aparición la radionecrosis mortal, él ya estaba bien de la neurosis, que ésta había desparecido, ya no tenía necesidad de visitar al psiquiatra. Que trabajaba en su negocio ininterrumpidamente, que había reemprendido la carrera de piano, aunque él ya tocaba muy bien y componía su propia música, que todo nos iba tan bien que incluso estábamos buscando nuevos locales para ampliar el negocio, y que un día antes de que la bomba mortal de relojería que le habían colocado en su cerebro los malditos Guix y Rubio diera  señales de muerte, estábamos preparando las vacaciones del mes de agosto de 1989. Un viaje importante por Méjico, Estados Unidos y Canadá. Viaje que,  tristemente nunca pudimos llegar a realizar.

Ni siquiera hacen alusión a la operación tan terrible por la que tuvo que pasar mi hijo para descomprimir al gran edema producto de la radiación aplicada en la Dexeus, como he contado repetidamente. Nada de nada les ha importado a esta gente con tal de proteger los sucios intereses de los médicos y de la clínica y, últimamente también sus propios intereses, ya que como me vaticinaron, una vez denunciado al juez José Mª Assalit Vives, lo iba a tener todo perdido. Quienes así me hablaron tenían toda la razón aunque yo no me lo pudiera creer. Yo creía en la justicia, y quizás aún siga creyendo de lo contrario no llevaría adelante los recursos que me quedan ni estaríamos preparando las querellas contra los cuatro jueces que han intervenido en la causa civil.  Yo creo en la justicia aunque parezca absurdo, lo único que hay que hacer es sacar  de la función de juzgadores a los que violan las leyes que ellos mismos están obligados a hacer cumplir, al igual que deben ser condenados y expulsados para siempre de la profesión los médicos que  causan daños y siegan  vidas. ¿Es quizás pedir un milagro?

Sobre la querella contra el juez Assalit Vives, ver “recorrido judicial”.

Mucho me queda por decir después de toda la desgracia vivida gratuitamente por mi hijo, sus atroces sufrimientos, su lucha desesperada y sobrehumana para intentar salvar una vida que se le escapaba y  sin siquiera saber por qué.  Las burlas e injusticias judiciales recibidas durante, ahora ya 15 años partiendo desde el punto que empecé la lucha judicial, las burlas  recibidas por parte de lo salvajes que le mataron… ¡Tanto! ¡Tanto!... Pero tendré que ir terminando sino esta página se convertiría en un libro con más páginas del ya escrito. Pero como que van sucediendo hechos sin parar, pues esto es lo que pasa…

Voy a ir terminando: sí. Pero haciendo referencia a uno de los últimos panfletos que he repartido motivo de alguna crítica por parte de gente de buena fe que les parece que me pueden perjudicar. Pero yo pregunto: ¿Qué es lo que me puede perjudicar a mí? Cuando ya se tiene todo perdido, ya nada te puede perjudicar. Y si estos panfletos, como dicen, me pueden hacer perder la última oportunidad que me queda de recibir un poco, una ínfima justicia, pues…”ellos”, los  omnipotentes jueces, decidirán. ¡Una injusticia más  después de tantas! …

El panfleto en cuestión,  dice, refiriéndose a los jueces que han intervenido en el caso de mi hijo, que  son unos cínicos, embusteros, chulos, sinvergüenzas, prevaricadores y provocadores. Y, termina preguntando: “¿Cómo acabará todo esto?”.

Hay quien cree que estos adjetivos pueden ser el resultado de mi dolor, impotencia y rabia, pero nada de eso, cada adjetivo tiene su justificación, sino vean unos cuantos ejemplos:

He elegido algunos párrafos de la sentencia dictada por el juez José Mª Assalit Vives, porque es la más representativa y de donde parten todas las demás sentencias. Sentencia que, incluso gente del mismo entorno de Assalit Vives, han  calificado de demencial y peligrosa:

Embustero, cínico, provocador, violador del derecho a la salud y a la vida e incluso violador del derecho a la protección de la propia imagen, cuando dice: “Cabe llegar a una primera conclusión fáctica, el paciente sufría una enfermedad que debía ser tratada de forma agresiva. Es decir, mediante métodos que pudieran incluso comportar riesgos para su vida o su integridad física”.

Ningún juez, legalmente, puede aceptar que para tratar problemas psicológicos, se apliquen tratamientos tan agresivos que puedan terminar con la vida del paciente, ni está descrito en ninguna literatura médicas,  a no ser claro está y como todos sabemos,  la literatura NAZI.

Esta afirmación viola descaradamente, la Legislación General de Sanidad y la Constitución.

Viola el derecho a la protección de la propia imagen contemplada en el Código Penal: Mi hijo era una persona equilibrada, inteligente y bondadosa que únicamente pretendía solucionar su problema psicológico, pero sin riesgo de ninguna clase, para poder vivir una vida sin preocupación en cuanto a su salud. Como él decía con su sentido práctico, recuerden: “Es absurdo tener un problema y una solución a mano y no aprovecharla”. Y esto es lo que creía mi hijo que hacía: aprovechar una solución cuando le vendieron INSISTENTEMENTE, el llamado “tratamiento del futuro” en la clínica DEXEUS.

Con la afirmación de que, “debía ser tratado de forma agresiva…”,  viola la imagen de mi hijo al que pretende presentar como una especie de loco peligro que debía ser barrido de la sociedad, cuando ni siquiera a los locos peligrosos se les aplica, legalmente, tratamientos tan agresivos que les puedan “achicharrar”  el cerebro sin darles ninguna oportunidad.

Mi hijo, a pesar de sus neurosis, era una persona ilusionada con una vida plena de intereses y proyectos.  Padecía  una neurosis obsesiva limpia, sin condicionamientos añadidos de ninguna clase: no bebía, no le gustaba el alcohol, alguna cerveza de vez en cuando, no tomaba drogas de ninguna clase y llevaba una vida sana. Su único interés en solucionar su neurosis era el de poder desarrollar todos sus proyectos sin problema alguno. Era un virtuoso del piano y un buen deportista, principalmente de los deportes de nieve los que practicaba con asiduidad.

Cabe preguntar al juez Assalit Vives: ¿Que intereses obscuros y extraños le llevaron a presentar a mi hijo de la forma que lo hace cuando todo el mundo sabe perfectamente en que consiste una neurosis obsesiva y a violar descaradamente las leyes que protegen nuestra salud y nuestra vida?

Embustero, cínico, provocador y contradictorio, cuando dice que mi hijo: “pudo dejar el centro médico pudiendo hacer una vida prácticamente normal”.

Partiendo del punto en el que a mi hijo le hicieron su aparición los efectos devastadores de los rayos aplicados en la DEXEUS, después de quince meses de ser aplicados, cuando ya nadie se acordaba de este maldito tratamiento, la neurosis estaba solucionada y estábamos preparando las vacaciones del 89,  Arturo ingresó de urgencia en el Hospital del Mar totalmente desorientado y sin saber nadie lo que le estaba pasando (ver testimonio). Después de algunas pruebas, me notificaron que mi hijo se moría y aunque de momento no se sabía exactamente que era lo que había producido el daño que descubrieron en su cerebro, sí me confirmaron que era mortal de necesidad. Causándole automáticamente demencia senil y una diabetes insípida.

Desgraciadamente para mi hijo,  no murió cuando todos esperaban, la salud y fortaleza que siempre había tenido, hicieron que resistiera lo que era imposible resistir con lo que tenía en el cerebro, como me dijeron los médicos que le atendieron en el Hospital del Mar.

Después, descubrieron que la causa de su inminente e irreversible muerte, era debido a las radiaciones aplicadas en la clínica DEXEUS. No había nada que hacer.

Pero, como no podían dejarlo morir sin hacerle nada, le administraron  corticoide Dexametasona y aunque nadie esperaba que reaccionara,  Arturo reaccionó, como he dicho, convertido en un demente senil. Es decir: si Arturo hubiera sobrevivido a la radiación, se hubiera quedado convertido en un demente senil irreversible, y un demente senil, es imposible que pueda hacer una vida prácticamente normal. Esto en el caso de que la radiación no le hubiera condenado a muerte. Pero, es que además de que sí le condenó a muerte, mientras vivió muriendo, Arturo quedó convertido en un demente senil, en un tullido, en un incapacitado total, necesitó atención las veinticuatro horas del día, se le tenía que atender de sus necesidades más íntimas, se le tenía que lavar, medicar, él por si solo no podía valerse para nada y así hasta que murió lleno de dolor y sufrimiento. Pero para el juez Assalit Vives, en estas condiciones “se puede hacer una vida prácticamente normal”. ¿…?

Quiero decir que, no es que me dieran un plazo de tiempo, o de vida de Arturo, Arturo ya no tenía vida. Vivía el día a día, mientras la familia destrozada y desesperada se preguntaba: ¿Vivirá mañana? Y, así, durante cuatro años y seis meses en los que Arturo resistió sin que nadie pudiera entender cómo. Soportando aquellos terribles padecimientos y luchando con esfuerzos sobrehumanos para salir de aquello que, él pobre hijo mío, cuando preguntaba el por qué, nadie le pudo contestar con la verdad

Arturo, vivía episodios tan dramáticos cuando la demencia senil alcanzaba cotas máximas, como eran quedarse sentado en la silla de ruedas sin poderse mover, con la cabeza caída yéndole de un lado para otro, enrollándose la camiseta con la vista perdida, mientras le caía la baba. ¡Rompía el alma verlo en aquellas condiciones! Pero, esto, entre otros, para el juez, señores, era poder hacer una vida prácticamente normal y,  haber actuado, los médicos, dentro de la “Lex artis”, al convertir a un muchacho sano, fuerte e inteligente, en una pobre piltrafa humana.

Los jueces, ni siquiera quisieron saber que mi hijo salió del centro médico (Hospital del Mar), porque los médicos  ya no podían hacer nada más por él, ni de que a partir del momento en que salió del hospital, nuestra casa se convirtió en un anexo del Hospital del Mar. Los médicos, aunque nada podían hacer por él, no nos abandonaron y cuando se encontraba en casa, venían a verle, lo que les agradeceré toda la vida.

Como es fácil entender, aunque ya nada se podía hacer por mi hijo, yo, aún incrédula ante aquella espantosa realidad, cuando me parecía que había llegado su hora final, lo ingresaba de nuevo esperando, esperando, no sabía el qué, pero esperaba… Le subían la dosis de Dexametasona por hacer algo, y volvía a casa de nuevo, como siempre, sin esperanza ninguna.

Cuando digo que el juez es contradictorio, lo es en todo y así lo verán si leen la sentencia, pero es que en este apartado, lo es descaradamente y burlonamente: Dice que: “podía hacer una vida prácticamente normal” y,  seguidamente, enumera las “florituras” que provoca la gran cantidad de Dexametasona que se veía obligado a tomar ininterrumpidamente para, digamos mantenerlo inútilmente con vida. Como son las infecciones, entre ellas las de orina las que le provocaban terribles sufrimientos, pasando por la  osteoporosis, hasta el síndrome de Cushing yatrogénico que, según el juez fue la causa de la muerte por infección. Aunque también se dice que la causa de la muerte fue una bronconeumonía lo que produce al final un paro cardiaco. Causa efecto: si no hubiera habido exceso de radiación, no hubiera habido necesidad de tomar Dexametasona y sin Demxametasona no hubiera habido síndrome de Cushing, aunque en el caso de Arturo, hubiera muerto de todas formas debido al  gran edema cerebral producto de la radiación: en el caso de Arturo, daba igual una cosa que la otra: estaba muerto de todas formas.

Y, pensando en un muchacho fuerte, vital que nunca había estado físicamente enfermo, inteligente e independiente, que tenía terror a las enfermedades a la vejez y a la muerte, y verlo convertido en lo que le convirtieron y sin  haberle dejado ni una mínima  posibilidad de esperanza de vida, ni una mínima posibilidad,  y tener que soportar las atrocidades que dicen los jueces, pues…,  como he dicho antes: ¡¡ES PARA MATARLOS A TODOS: A MËDICOS Y A JUECES!!

Si bien con lo expuesto queda sobradamente visible el cinismo, la desfachatez y la poca vergüenza de algunos jueces (de éste y de los que le han seguido), terminaré con unos aspectos más de esta escandalosa sentencia:

En un párrafo de la querella, se dice que: “Arturo era tan responsable de sus actos, que no utilizaba ningún malestar que pudiera sentir para evadirse de su responsabilidad “.  El juez borra de un plumazo, “responsabilidad”, y en su lugar pone: “No controlando la mente”,  para, en otro párrafo decir: “ No cabe duda  que el paciente recibió información sobre la intervención y sobre los riesgos que comportaba, y ello no solamente por lo declarado por los acusados, sino que se deduce que el paciente, por su forma de ser, debió requerir y exigir  todo tipo de explicaciones….”

“No cabe duda”… ”se deduce”… “debió”… Y, así sucesivamente: Así funcionan estas sentencias.

Según este juez: “No debe angustiarse al enfermo innecesariamente”, puesto que según él, inventa que mi hijo tenía una enfermedad que debía de asumir riesgos para sanar su dolencia. ¿Debía de asumir riesgos de muerte para solucionar su problema psicológico? ¿Debía de asumir riesgo de muerte y ni siquiera tenía el derecho a ser informado? ¿De donde saca él nuevamente que mi hijo tenía una enfermedad que para sanarla tenía que asumir riesgos de muerte?  Y, ¿qué clase de tratamiento se puede aceptar que lleve a la muerte a una persona con un cuerpo y un cerebro físicamente sanos? Burla sobre burla, crueldad sobre crueldad,  violación al derecho a la vida sobre violación y, ¡¡todo Dios, callado!!

Dos párrafos más sin comentario, porque como puede entenderse, hablan por sí solos:

Primero: “Por lo indicado en el anterior apartado este juzgador ha llegado a la convicción que la radiación suministrada por los acusados causó un proceso necrótico no deseado, principalmente en el hemisferio izquierdo del cerebro de Arturo Navarra Ferragut, con causación de un edema con efecto masa, que necesariamente debía ser tratado mediante altas dosis de corticoide permanentemente, lo que duró más de cuatro años, y lo que le causó una enfermedad denominada síndrome de Cushing yatrogénico, cuya más grave y necesaria consecuencia era el fallecimiento por una infección. Lo que así ocurrió”.

Segundo: “Es cierto, que en el caso enjuiciado podría haber ocurrido que se hubiera suministrado una dosis mayor que la facilitada por los acusados en sus informes – ya sea por error o negligencia, o por entender erróneamente que era la conveniente -, que el colimador empleado no fuera el adecuado para este tipo de intervención, que hubiera habido algún fallo en el direccionamiento de alguno o de varios de los haces de forma que no hubiera incidido de forma precisa en los puntos deseados. Pero ello, no solamente no se encuentra probado en la forma que exige en un proceso penal, sino que incluso en el supuesto de que sí lo estuviera sería necesario valorar, en primer lugar, si la concreta vulneración de la norma de cuidado es de la entidad suficiente para merecer el reproche penal y además si es la causa  del resultado dañoso producido, y en segundo lugar a cual de los dos acusados sería imputable. Pues cada uno tenía una función  distinta en la intervención, ya que existía una distribución del trabajo entre ello de acuerdo con sus respectivas especialidades”.

Para poder condenar sin paliativos, solo se necesitaban probar dos cuestiones: Si Arturo había muerto por un exceso de radiación  y quien o quienes la aplicaron. Y, esto, quedó suficientemente probado, sobretodo a través de los  TACS de antes y después del tratamiento de la DEXEUS, de las pruebas realizadas en el Hospital del Mar y de las pruebas realizada en el Centro de Resonancia Magnética de la calle Monastir y de la Clínica Quirón. Cuando la Fiscal le preguntó a la doctora representante de la Clínica Quirón, cómo estaban tan seguros de que era una radiación y no otra cosa, un tumor, por ejemplo, la doctora dijo que había suficientes medios para asegurar que lo de Arturo era efecto de una radiación y no de otra cosa.

Y, además, no lo olvidemos: “Los rayos de vez en cuando dan una broma y si la dan son imprevisibles”, como dijo el doctor Rubio, y esto es lo que sucedió: Le aplicaron unos rayos bromista que, sin saber cómo ni cuando darán la broma que mata,  y esta actuación criminal los jueces la aprueban con retóricas de una  desfachatez y una crueldad sin límites.

La muerte no es ninguna broma, y aunque lo muertos no pueden reclamar justicia, los vivos sí. Y por más que se esfuercen los jueces en querer justificar este crimen execrable, esta canallada, protegiendo descaradamente a los que tan salvajemente mataron a mi hijo, negándole incluso la más mínima posibilidad de esperanza de vida,  (sólo cabe imaginarlo sujeto en una camilla sin derecho a nada y los dos salvajes aplicándole las radiaciones sin orden ni concierto, “por el ojo clínico”, como confeso el propio doctor Guix en una de las vistas orales del juicio), creo que, al final tiene que explotar.

No ignoro que alguien y con razón, puede pensar  que yo minimizo mucho la enfermedad de mi hijo. Aunque nada tenga que ver la neurosis con su asesinato, quiero decir que no la minimizo, pero piensen que en los problemas mentales, principalmente en las neurosis obsesivas, no hablamos de esquizofrenia u otras enfermedades consideradas graves, que de forma alguna  pueden tratarse exponiendo la vida del enfermo, influye mucho el carácter de las personas, y mi hijo tenía un excelente carácter lo mismo que su padre.

Si bien ya he explicado repetidamente como era mi hijo y su problema, quisiera contarlo una vez más de la siguiente manera:

Imaginemos a un joven con un problema psicológico: una neurosis obsesiva, que como dice el informe psiquiátrico: “El paciente sufría una enfermedad obsesiva que se inicia a los 19 años y que cursa con sintomatología predominante de duda, comprobación orden y limpieza; depresión secundaria con dos tentativas autolesivas de bajo riesgo. No se detectaron antecedentes médicos ni psiquiátricos de interés. Tampoco existieron antecedentes de abusos o dependencia al alcohol  o a otras sustancias. Coeficiente de inteligencia normal-alto en la escala de inteligencia de Wechsler.

El paciente mantenía buena adaptación social y una adecuada autonomía, excluyendo aquellas situaciones interferidas por sus rituales”.

Imaginemos también a un joven, por ejemplo y en cuanto a su comercio, con su coche a buscar piezas de género a las fábricas cuando tenía algún pedido urgente que servir y faltaba algún genero que todavía los fabricantes no habían servido, o sentado al piano tocando maravillosamente cualquier pieza que le pidieras, ya fuera clásica o moderna, o esquiando con los amigos o familiares haciendo su compañía tan agradable que muchos a pesar de los años lo recuerdan con nostalgia, o comprando en el mercado de San Antonio los domingos por la mañana donde encuentras libros, partituras de música o cualquier cosa que no encuentras habitualmente en otros lugares, o delante de la cartelera del teatro del Liceo viendo las óperas anunciadas para la temporada para sacar entradas, o con la familia o amigos comiendo o cenando en algún restaurante típico que él mismo había descubierto… Amante de la Naturaleza, de las Bellas Artes en todas sus manifestaciones, alegre, vital… Pues éste muchacho, digamos que es el que tiene el problema del que nos hemos imaginado primero, y lo único que pretende es algo tan normal, como intentar solucionarlo.

Mi hijo, a pesar de sus neurosis y de sus tratamientos, tenía una vida llena y si quería solucionar su problema era para vivirla y disfrutarla con toda la intensidad y sin peligro alguno en cuanto a su salud. Como él decía: “Las pastillas para tratar los problemas psicológicos, con el tiempo causan problemas que uno no tiene cuando empieza a tomarlas. Vale la pena probar con otros adelantos que nos pueda ofrecer la Ciencia”. ¡La Ciencia!...

Fue tan luchador  y esperanzado que le recuerdo ya al final de su vida, cuando ya apenas se tenía en pie por mas que se esforzara, cuando venían a verle los médicos o algún amigo o familiar, con aquella sonda terrible que tuvo que soportar después de que le vaciaran el edema producto de la maldita radiación,  como con esfuerzos inimaginables se levantaba de la cama y apoyándose como podía, sin apenas voz, les decía: “Veis, esto va bien. Pronto estaré bien del todo”. Y, pobre hijo mío, no sabía que se estaba muriendo. Al menos esto es lo que creíamos nosotros, porque a veces recuerdo su mirada profunda y, no sé…

Ver en lo que habían convertido a mi hijo, en los padecimientos atroces que le provocaron y ver como moría sin poder hacer nada para ayudarle porque el exceso de radiación es irreversible, y encima tener que soportar las atrocidades que dicen los jueces en sus sentencias, sinceramente, es muy  difícil de soportar.

Mientras estoy terminando este bloque de mi página Web, se ha estrenado la película, “Mar adentro”, basada en el drama de Ramón Sanpedro. Tetraplégico que reclamó durante años y ante todos los Tribunales de Justicia su “derecho a morir dignamente”, es decir: su derecho a la eutanasia. Le fue negado y en un acto que impactó a millones de personas, se suicidó: hecho que fue gravado y pasado por Televisión.

En España no existe este derecho e incluso se condena con seis años de cárcel a quien ayuda al suicidio asistido.

En España, se prohíbe el suicidio asistido y se condena. En España, a quién quiere morir no le dejan, pero en España, el que quiere vivir y los médicos lo matan, está bien visto por los jueces.

En el caso de mi hijo, el juez Assalit Vives, acepta de buen grado (como todos) que los médicos lo mataran,  porque según dice en su sentencia, mi hijo sufría mucho psicológicamente. Y se ve que a través de sus capacidades de vidente, como hacen todos, vio como mi hijo les dijo a los médicos, o me curáis o me matáis, lo mataron y esto está bien porque según él, mi hijo, “sufría mucho psicológicamente”. ¿…?

Yo seguí el caso de Ramón Sanpedro, y me apunté a la Asociación  “Derecho a Morir Dignamente”. Pero me apunte para ayudar a mi hijo a morir, no por su “padecimiento psicológico”, como dice el juez, puesto que mi hijo quería vivir. Me apunté para ayudarlo a morir y así intentar evitarles los sufrimientos terribles, atroces que le provocaron los médicos Guix y Rubio con la radiación,  y que le condenaron a muerte sin remisión.  Desgraciadamente, no pude ayudarlo.

Para los jueces, Ramón Sanpedro que quería morir porque no quería vivir en unas condiciones que para él no eran vida (paralizado de cuello para abajo durante 30 años), tenía que vivir a toda costa, por narices, porque a ellos, a los jueces, les daba la gana.

Mi hijo, con un cuerpo y un cerebro físicamente sanos, fuerte, vital, lleno de ilusiones y esperanzas, los médicos lo matan, lo asesinan, porque de un asesinato se trata, pero como que el juez es tan sensible al sufrimiento ajeno y no quiere que mi hijo sufra psicológicamente, pues encuentran muy bien lo que han hecho los médicos: que le hayan aplicado la eutanasia, pero una eutanasia contra su voluntad y una mala eutanasia, puesto que la eutanasia es una muerte sin dolor y a él le aplicaron una “eutanasia” que le torturó horriblemente hasta su muerte.

Llevo, como he dicho, quince años luchando para conseguir justicia por la muerte de mi hijo. Ahora, para saber el resultado del último Recurso presentado, tendré que esperar cuatro o cinco años más… Y, después…no sé.

Lo de la querella contra los jueces, ¿cómo se resolverá?, pues, sinceramente,  creo que más mal que bien, pero, como he dicho en tantas ocasiones, me niego a creer que en algún lugar de nuestro país no exista un juez, un hombre o unos hombres o unas mujeres buenos y justos de verdad, o un cambio en el Sistema Político y Judicial que haga posible que las injusticias sean condenadas. Y, con esta esperanza, sigo.

No cabe duda que, con los años se provoca el desgaste: el desgaste físico, moral, e incluso el desgaste del mismo hecho criminal. Y, como no, el desgaste mediático. Después de tantos años, ¿a quién le puede interesar el caso de aquel pobre muchacho que unos médicos salvajes le quemaron el cerebro…Si además la justicia no les condenó?… Y aunque en su momento tuvo  una gran repercusión, ahora ya ha pasado a la historia.

Pero, fíjense que no es así del todo, y siempre, a pesar de los años que empezó todo y a pesar de que los jueces no han condenado a los culpables, siempre, siempre hay algún medio dispuesto a que no se olvide la muerte de mi hijo, el horror que se cometió con él y la injusticia judicial cometida. Medios que me ofrecen su total apoyo, algo que no es pagado con dinero. El reconocimiento y el apoyo es lo que permite que la gente que padecemos este tipo de ignominia,  que hemos perdido a nuestros hijos de una forma tan brutal por culpa de auténticos peligrosos sociales, nos podamos mantener en pie.

Por lo tanto quiero expresar mi máximo agradecimiento desde aquí:

A Televisión Valenciana “Canal 9”, y a la Televisión Autonómica de Andalucía, que periódicamente pasan la película que se basa en el caso de mi hijo y que aunque no es una biografía y la personalidad del muchacho que encarna a mi hijo, no tiene nada que ver con él, sí denuncia el hecho infame de forma contundente. Y, aunque yo no tengo nada que ver con la película, está dedicada a mí, lo que agradezco muy mucho a la Productora “FORTA” y al director de la película, Pedro Costa.

El pase va recordando lo que pasó y no deja que caiga en el olvido.

A “Telemadrid”, a la dirección del programa, “Abierto por la mañana”, presentado por Belinda Washington. Por invitarme y haberme dedicado el programa para mi sola permitiéndome expresarme libremente. Gracias a todos los componentes del programa por su simpatía, sus atenciones y su apoyo moral.  El programa se emitió el día 6 de agosto del año en curso.

Y, muy especialmente, las gracias al semanario catalán, “el Triangle”, que durante más de nueve semanas, hasta este momento, está anunciando solidariamente mi página Web, y quien ha estado siempre a mi lado, tanto moralmente como presente en los juicios a los que he tenido que asistir.

Y, ya va terminando mi alegato. Y aunque mucho podría decir sobre la sentencia dictada por estas tres Magistradas, creo que está todo suficientemente claro, y solo  me queda desearles a estas tres mujeres,  principalmente a la ponente, Mª Eugenia Alegret Burgues, actualmente Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que después de esta sentencia,  duerman en paz, si es que pueden.

Yo, por mi parte, seguiré con mis campañas de información y denuncia y haciendo todo aquello que haga falta para conseguir que se reabra el juicio por la vía penal, ya que nunca, nunca, suponiendo, que es mucho suponer tal y como se han ido desarrollando las cosas, que ganara la vía civil, nunca una demanda civil puede saldar una deuda criminal.

A mi hijo le condenaron a una muerte espantosa y cruel. Durante los cuatro años y seis meses que duró su agonía, no pudo descansar ni unas pocas horas  en paz. Todo su cuerpo se convirtió en un bloque de dolor y sufrimiento, todo. Mi hijo sufrió una tortura que sólo terminó con su muerte. Y, esto, como puede comprenderse, de una u otra forma sus asesinos y torturadores, lo tendrán que  pagar. No importa los años que tengan que pasar, pero lo tendrán que pagar, y los Políticos tendrán que sacar su cabeza de debajo el ala, que es donde la meten cuando les conviene, y tendrán que responder.

Y, después, yo seguramente moriré golpeándome la cabeza, y preguntándome  una vez más, como un muchacho que sus amigos y amigas todavía le recuerdan tan genial, generoso, vital, sensible al arte, a la vida  y  a la belleza, pudo,  pudimos caer en  manos  de unos asesinos salvajes  de la peor ralea que nos destrozaron la vida para siempre.

15 años que llevo en la lucha, más 4 o 5 años que tengo que esperar para saber el resultado del nuevo recurso presentado, un total de 19 o 20 años, más los que tengan que seguir... ¿…?

Recuerden, si han leído el recorrido judicial, que la primera injusticia que sufrí, fue la de que tuvieron que pasar siete años, a partir de presentada la querella criminal, para poder hacer sentar en el banquillo de los acusados a los malditos médicos Benjamín Guix Melchor y Enrique Rubio García.

He finalizado este bloque referente a la última sentencia de la Audiencia Provincial, el día 7 de septiembre de 2004. Aunque quiero terminar con un recuerdo:

Con el recuerdo del niño Jordi Tomás, quién con 4 años ingresó en el Hospital Verge de la Cintas de Tortosa para ser operado de fimosis y salio del hospital, ciego y tetrapléjico.

Ni el hospital ni el médico que dejó al pequeño en aquellas terribles condiciones fueron condenados. Según la jueza: “Ni el hospital ni el médico tenían nada que ver con la situación del menor”.

El mismo médico anestesista causante de la tragedia de Jordi Tomás, seis meses después, dejó en estado de coma a un pobre hombre que ni siquiera pudo llegar a ser operado.

Y…, nadie se pregunta como viven Jordi Tomás y sus padres, si está vivo o no el pobre hombre que quedó  en estado de coma y que fue lo que pasó con su familia, o cómo vive el hijo de Carmen Flores, tetrapléjico por culpa de un médico indeseable, un auténtico peligroso social, o José Antonio con la radionecrosis en su cerebro sin saber si la bomba que le colocaron gratuitamente también  los malditos médicos Benjamín Guix y Enrique Rubio García,  explotará o no,  y…, tantos y tantos otros casos dramáticos que caen en el olvido o son ignorados.

Y, entretanto, se producen “Los encuentros”: “Los Encuentros” entre Altos Magistrados, Colegios de Médicos y Compañías Aseguradoras. Todos bien juntos y bien unidos para guisárselo y comérselo  ellos solos (las víctimas no cuentan) y ver, entre todos, como dice uno de sus enunciados en su programa: “CÓMO SE PUEDE DISEÑAR ADECUADAMENTE EL CONTENIDO DE LA HISTORIA CLÍNICA Y EL CONSENTIMIENTO INFORMADO PARA EVITAR EL 50% DE LAS DEMANDAS JUDICIALES”.

No, ver de evitar que se produzcan daños y muertes gratuitamente, proteger la salud y la vida de las personas: NO. Ver la manera de  engañar más de lo que ya se engaña al paciente y así machacar hasta  lo más hondo, la dignidad del ser humano y su justo derecho a recibir justicia. “Encuentros” de los más vergonzosos, escandalosos e inmorales, pero, “Encuentros” que cuentan, incomprensiblemente y vergonzosamente,  con el soporte incondicional de la clase Política.

Y, uno se pregunta: En un país llamado democrático: ¿Hasta cuando las víctimas de negligencias, imprudencias o auténticos actos criminales médicos han de sufrir tanta indefensión, tanta burla,  tanta ignominia?.

La nueva Ley condena con penas de cárcel al conductor que se exceda en la velocidad aunque no cause daño alguno. Incluso el Fiscal Jefe de Cataluña José Mª Mena, insta a sus subalternos a que impongan penas duras. Y se condena con tres meses de cárcel las injurias y calumnias. Pero el Fiscal Jefe José Mª Mena, aprueba la sentencia dictada por el juez José Mª Assalit Vives quien a su vez aprueba que se queme el cerebro físicamente sano de las personas. Hecho muy corriente entre los médicos nazis con sus experimentos como ya he explicado.

En mi largo caminar por los derroteros judiciales, ahora me encuentro en un punto que no deja de ser de lo más llamativo y extraño. Un punto más donde la indefensión alcaza una cota de estrafalariedad impensable.

Yo, como ya he contado, estoy preparando, entre otras, la querella criminal contra la ahora, Presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, María Eugenia Alegret Burguer, por su sentencia llena de errores judiciales, por mentir y por violación de las leyes que protegen nuestra salud y nuestra vida, como ya habrán podido observar en su sentencia y en el recurso presentado por mi abogado. La querella contra esta Magistrada, al ser ahora Presidenta del Tribunal, tiene que presentarse ante un Tribunal Superior en Madrid. Pero la querella contra el Juez José Manuel Martínez Borrego, motivo del recurso ante la Audencia, tiene que ser presentada ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, con lo cual irá a parar a manos de la Presidenta, que a su vez estará querellada por la misma causa que el juez Martínez Borrego. Ante esta situación: ¿Qué puedo esperar? No tengo grandes esperanzas en ninguno de los casos, pero en éste especialmente la suerte está echada de antemano. Entonces: ¿Por qué juegas si ya sabes que vas a perder?, me preguntan algunos. Hay algo sobre lo que no debemos permitir nunca: que se nos escupa, se nos pisotee, se nos machaque y se nos humille. Y este algo, es la dignidad de las personas. Y, de una u otra forma, es lo que estoy defendiendo: mi dignidad y, por encima de todas las cosas, la dignidad de mi hijo muerto, ya que la vida que le segaron gratuitamente y brutalmente unos canallas mal nacidos, no se la puedo devolver.

A parte de las cuatro querellas criminales contra los cuatro jueces ya nombrados, estoy terminando un escrito dirigido al Fiscal General del Estado, pidiéndole una solución judicial ante un proceso que, de no resolverse con equidad, rigor y justicia, quedará en los anales de la historia judicial como uno de los más escandalosos e inmorales de toda la historia en temas médicos.

Quedará patente la sumisión que profesan los jueces ante la clase médica y los intereses de clase que, de forma delictiva, anteponen a la protección del derecho más sagrado que tenemos los seres humanos, como es su derecho a la vida.

Y, uno, ante esta conducta siempre se repite la misma pregunta: ¿Qué clase de justicia es ésta en la que se permite a los jueces que cobran sueldos millonarios de las arcas del Tesoro Público dictar sentencias que violan las leyes que ellos mismos están obligados a hacer cumplir y para denunciarlos tienes que pagar de tu propio bolsillo, porque de lo contrario, la violación de las leyes y, por consiguiente, la injusticia quedará en el anonimato más profundo?

 

 

Laura Gómez ha estat cap visible de CGT en diverses ocasions

 





 

 

Darrera actualització de divendres, 27 d'abril de 2012 22:22
 
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