Una expresión del centrismo político
1.
Introducción
2.
CAPITAL
REAL Y CAPITAL ESPECULATIVO
2.1.
El BIPR y la teoría de la conspiración para regresar del capitalismo al
feudalismo
2.2.
La lógica objetiva del capital excedente
2.3.
La supuesta obsolescencia de las leyes objetivas
del capital descubiertas por Marx
2.4.
El crecimiento
real de la economía argentina durante la etapa menemista
3. CUESTIONES
METODOLÓGICAS DE LA DISCUSIÓN POLÍTICA CON EL BIPR
3.1.
Concepto de
crisis revolucionaria y realidad de la lucha de clases en Argentina.
3.2.
Ser para sí, autoconciencia de clase y partido.
3.3.
¿Ruptura revolucionaria o continuidad burguesa
del proceso?
3.4.
Un paradigma de centrismo político
3.5.
Génesis y concepto de soviet
3.6.
Vanguardia revolucionaria y proletariado
espontáneo
3.7.
Las "Tesis sobre Feüerbach" y la práctica
social como unidad dialéctica de práctica teórica y práctica política
3.8.
Función del partido revolucionario
3.9.
Las falacias y
contradicciones en el discurso del BIPR
3.10.
Lo interno y lo externo, lo intrínseco y lo
extrínseco al proletariado espontáneo
3.11.
Método científico y lucha de clases
3.12
Determinación
lógica y determinación histórica del cambio revolucionario
3.13 Esponteneístas
revolucionarios y leninistas "talmúdicos", ¿quiénes llevan la semilla
del oportunismo?
UNA EXPRESIÓN DEL
CENTRISMO POLÍTICO
Introducción
En nuestro documento anterior acerca del
análisis efectuado por los compañeros del "Buró
Internacional para el partido revolucionario" (BIPR), respecto del
proceso abierto en Argentina en diciembre del año pasado, decíamos que nos
parecía advertir una concesión a los teóricos del estancamiento crónico y del espontaneismo político. Ahora, a la
vista de la larga exposición de octubre pasado, donde esa organización
internacional se ha empeñado en desmentir nuestras observaciones acusándonos de
profesar un "marxismo decimonónico" en nuestro análisis económico de
la realidad capitalista y un "leninismo talmúdico" de filiación
stalinista en nuestra concepción de la lucha de clases y de la relación
vanguardia-masa, es evidente que lo que sólo parecía, se revela como lo que es.
Respecto de la primera recusación, en su
réplica a nuestra crítica los compañeros desarrollaron la tesis sólo anunciada
en "La lección de Argentina"
origen de este debate, donde tratan de explicar que el origen o causa de la
reciente crisis del sistema burgués en Argentina -que comenzó a manifestarse en
el sistema financiero- fue de carácter especulativo. De este modo, el BIPR
viene a reafirmarse en que, desde los tiempos de Marx hasta hoy, el capitalismo
ha sufrido "profundas mutaciones", dando a entender -de acuerdo con
los neomarxistas- que la vigencia de la ley general de la acumulación expuesta
en "El capital", ha quedado
relativizada a la etapa del capitalismo premonopolista.
Y según estas explicaciones, la
"mutación" que el BIPR nos anuncia no es intrínseca al sistema, sino
que ha sido creada en ciertos laboratorios de política monetaria con sede en
los USA. Esta mutación consiste en que, dado el carácter del dólar como unidad
de cuenta y patrón de los intercambios internacionales, esa moneda se presta
-por vía especulativa de la emisión discrecional de circulante ficticio, esto
es, sin respaldo en la creación de riqueza equivalente- a provocar
transferencias de plusvalor hacia la burguesía yanqui, cualquiera sea el movimiento
o tráfico de mercancías o servicios en el que esa moneda cumpla su función de
mediar en dichas transacciones.
La segunda recusación que se nos hace, es
de naturaleza política, aunque no tan novedosa, porque abreva en el tradicional
concepto espontaneísta de la lucha de clases. Según esta concepción, la
autoconciencia del proletariado se deriva directamente de las luchas
elementales del proletariado, de ahí la afirmación del BIRP, en el sentido de
que el movimiento piquetero argentino ha hecho presentes o manifiestos los
gérmenes del comunismo en la sociedad argentina. Deslizándose por semejante
impresión compartida con todas las organizaciones de la izquierda burguesa que
ejercen allí de vanguardia política, el BIPR llegó al extremo de ver en esa lucha
contra el paro y la corrupción administrativa, la génesis de una crisis
revolucionaria. Estos son los términos de la polémica que nosotros vamos a
proseguir a continuación, demostrando que este tipo de interpretaciones se
inscribe en lo que Lenin calificó de "centrismo político", definido
por su tendencia oportunista a contemporizar con las concepciones y tácticas
burguesas, bloqueando así la evolución de la conciencia y práctica política
reformista, hacia la autoconciencia de clase y el comunismo.
CAPITAL REAL Y CAPITAL ESPECULATIVO
Yendo directamente al grano, empezaremos
por dilucidar si el origen de la actual crisis argentina es de carácter
productivo o especulativo, si estuvo en la economía real o en la economía
ficticia. ¿Qué afirma sobre esto el BIPR en "La
leccción de la Argentina", origen de este debate?. Sintéticamente lo
siguiente: que el caso argentino hunde sus raíces en la crisis más general que
el sistema capitalista arrastra desde comienzos de la década los setenta del
siglo próximo pasado, a raíz del sostenido descenso en la tasa media general de
ganancia, sobre todo "en los países con mayor grado de
industrialización". Sobre esto no hay discusión.
Seguidamente sostienen que, para "compensar
las magras ganancias, la búsqueda de utilidades extras ha llegado a ser, desde
entonces, obsesiva y perseguida por todos los medios".
También hasta aquí estamos de acuerdo.
Pero a partir de este punto empiezan las
divergencias. ¿Cuáles son las formas de conseguir estas "utilidades
extras"? Los compañeros del BIPR afirman taxativamente que la actual
crisis económica argentina, que se ha manifestado
violentamente en el mercado financiero y monetario, ha sido la consecuencia de
"inescrupulosas actividades especulativas" y de "un gigantesco
proceso de apropiación parasitaria de plusvalor". Es decir, que entre las
causas y su forma de manifestación no ha habido ninguna mediación, todo ha discurrido en la esfera de la circulación
del capital financiero puramente especulativo, donde quienes se apropian de
plusvalor no lo producen. O sea que la crisis argentina ha sido por causa del capital financiero especulativo
que ha tenido por efecto una redistribución del plusvalor -"apropiación
parasitaria", dice el BIPR- entre sectores de la burguesía, a favor de la
misma "burguesía parasitaria", la más poderosa, análisis compartido
por la inmensa mayoría de las fuerzas políticas -parlamentarias y
extraparlamentarias- de oposición a la política menemista, incluida la fracción
del peronismo liderada por Duhalde, quien al momento de asumir la presidencia
del actual gobierno, prometió "transformar la economía especulativa en una
economía productiva”. El BIPR lo ha dicho, negro sobre blanco, literalmente
así:
<<...al
liberalizar los procesos de producción de algunas formas de capital financiero
(capital ficticio), en otras épocas fuertemente vinculadas al desarrollo
de las actividades productivas, se ha dejado el campo libre a las más inescrupulosas
actividades especulativas y a un gigantesco proceso de apropiación parasitaria
de plusvalor que, en última instancia, se resuelve, de un lado, en la concentración
de la riqueza producida mundialmente en un número cada vez más restricto de
manos y, del otro, en el constante empeoramiento de las condiciones de vida
del proletariado internacional, en el crecimiento de la miseria y de la marginación
económica y social de un porcentaje creciente de la humanidad. La crisis
argentina es el producto del desarrollo de este sistema y de sus contradicciones.
Han sido precisamente el FMI y el Banco Mundial, inspirándose en lo que comúnmente
la burguesía consideraba como los modelos a los cuales debía ceñirse la gestión
económica para asegurar el perfecto funcionamiento del sistema capitalista,
los que durante toda la década del 90 han indicado a la Argentina las recetas
económicas que habrían debido conducirla fuera de la crisis, elogiándola por
haberlas aplicado servilmente.>> (BIPR:
"La lección de Argentina". Subrayado nuestro)
De este pasaje subrayamos "en otras
épocas", porque esta expresión delata la concepción revisionista de la ley
general de la acumulación capitalista que subyace en el análisis de la crisis
argentina por parte del BIPR. Una concepción que enlaza directamente con la
idea del estancamiento crónico, y que en esta coyuntura de la lucha de clases,
lleva agua al molino del reformismo ahora encarnado en el movimiento antiglobalización.
El argumento central de este movimiento
pequeñoburgués es el siguiente:
1)
Que casi
todo el capital internacional real sobrante, se ha convertido en capital
ficticio;
2)
Que esta
nueva realidad actual del capitalismo ha sido producto de la desregulación en
la circulación internacional de capitales operada por el capitalismo
ultraliberal parasitario presidido por la gran burguesía norteamericana.
3)
Que esta
realidad se caracteriza por anteponer las actividades especulativas a las
productivas y, finalmente:
4)
Que la
consecuencia de este "proyecto globalizador" del capitalismo
parasitario, conduce directamente a la desaparición del tejido productivo de la
sociedad constituido en gran parte por la mayor parte de los asalariados al
servicio del pequeño y mediano capital.
De
este modo, la dialéctica que la ley del valor tiende a hacer pasar cada vez con
más fuerza entre la burguesía en su conjunto y el proletariado internacional,
se desvía hacia la dialéctica pequeñoburguesa entre el gran capital
especulativo y el pequeño y mediano capital productivo. El frente popular está
nuevamente servido. A estos fines están objetivamente aportando los compañeros
del BIPR. Ellos se declaran sinceramente enemigos de la colaboración de clases.
Pero, según demostraremos seguidamente, su interpretación de las crisis -al
menos de la crisis Argentina- abona el terreno del reformismo.
Por debajo de la simple reflexión teórica
que sólo ve los movimientos aparentes en la epidermis de la sociedad a
instancias de la competencia entre las distintas fracciones del capital en
tiempos de crisis, late el principio activo del capital en su conjunto, su
carácter genético, por decirlo en términos de la bioquímica más adelantada. Y
este principio consiste en aumentar la fuerza productiva del trabajo social y
apoderarse de la mayor cantidad de trabajo necesario posible, para convertirlo
en excedente a los fines de la acumulación. Un principio netamente
productivista. Tal es la esencia del capitalismo.
Esta propensión esencial determina el
proceso de acumulación o reproducción ampliada de capital, regulado por la
evolución de la tasa general de
ganancia media, que es la relación entre la masa de plusvalor o trabajo
impago producido y el capital invertido en cada una de sus rotaciones[1].
La función de la tasa general de ganancia media, consiste en fijar la
redistribución de la masa global de plusvalor producido que la competencia en
el mercado determina que corresponde a cada fracción de la burguesía, según la
cantidad de capital con que participa en el común negocio de explotar trabajo
ajeno. Esta redistribución opera por la divergencia o diferencia entre los valores producidos por cada
fracción de los explotadores fabricantes de plusvalor, y sus correspondientes precios de producción fijados
por la tasa general de ganancia media), a los que, en principio, cada una de
tales fracciones deberá vender sus productos para apropiarse de la parte del
plusvalor global que les corresponde, según la proporción de capital con que
intervienen en la producción de ese plusvalor global.[2]
Para el lector interesado en la
descripción conceptual y matemática de este proceso, consultar "El Capital" Libro III
Capítulos VIII, IX y X:
<<Tenemos
aquí, pues, la demostración matemática exacta de por qué los capitalistas, por
mucho que en su competencia mutua se revelen como falsos hermanos, constituyen
no obstante una verdadera cofradía francmasónica frente a la totalidad de la
clase obrera>> (K.
Marx: Op.cit. Cap. X)
Ahora bien, según progresa
la fuerza productiva del trabajo social y aumenta el proceso de acumulación del
capital social global, el plusvalor aumenta menos que el capital ya acumulado y
la tasa de ganancia desciende hasta el punto en que aparece el fenómeno de la
sobreproducción absoluta de capital, cuando el plusvalor producido por una masa
de capital ya incrementado, es igual o menor al obtenido antes de su
incremento. ¿Quiere esto decir que ante semejantes impedimentos el sistema se
derrumba? Quiere decir que el capital en funciones ha aumentado en exceso respecto
de la masa de población explotada según la composición orgánica del capital
históricamente dada.[3]
Quiere decir que el capitalismo se ha puesto ante sí unos obstáculos, lo cual
demuestra que el único límite económico del capital es el capital mismo y que,
por tanto, el capitalismo está en condiciones de saltar sobre sus propios
límites económicos:
<<La
producción capitalista tiende constantemente a superar estos límites que le son
inmanentes, pero sólo lo consigue en virtud de medios que vuelven a alzar ante
ella esos mismos límites en escala aun más formidable.
El
verdadero
límite de la producción capitalista lo es el
propio capital; es éste: que el capital y su
autovalorización aparece como punto de partida y punto terminal, como motivo y
objetivo de la producción>>
(K. Marx: Ibíd)
Para eso están las crisis
y, eventualmente, las guerras. Las crisis desvalorizan el capital en exceso,
las guerras destruyen su soporte material y, con él su valor entero. Dado que
la propensión a acumular determina que el capital constante crezca más rápido
que la suma del plusvalor y el capital variable, las crisis son tan inevitables
como la posibilidad de las guerras. Pero aun antes de que estos fenómenos se
manifiesten, el capital genera "causas contrarrestantes" a la baja de
la tasa de ganancia[4]. Entre
ellas, en el punto V Marx señala la exportación de capitales con fines
productivos, que es lo que aquí nos interesa:
Por
otra parte, en lo que respecta a los capitales invertidos en las colonias,
etc., los mismos pueden arrojar tasas de ganancia más elevadas, porque en esos
lugares, en general, a causa de su bajo desarrollo, (la composición orgánica el capital es
más baja y) la tasa de ganancia es más
elevada>> (Ibíd)
De este modo, el capital
excedentario que las metrópolis capitalistas invierten en las colonias y países
dependientes, tiende a recuperar la tasa de ganancia por vía de la repatriación
de parte del plusvalor producido allí.
Pero las sucesivas crisis
han demostrado que las "causas contrarrestantes", como la exportación
de capitales excedentarios desde los países de más alta acumulación, sólo
tienen el efecto de enlentecer la marcha del proceso de reproducción ampliada
del capital hacia los violentos episodios periódicos generales de
sobreacumulación absoluta, pero no evitar que a la postre se produzcan,
desembocando en ondas de lento crecimiento. En tiempos de Marx, dado el
relativamente escaso nivel de acumulación alcanzado en el siglo XVIII y la
primera mitad del XIX, la exportación de capital era para el capitalismo de
aquel entonces algo episódico, vigente sólo el tiempo que tardaban en
reiniciarse las fases de recuperación en los países desarrollados.[5].
Así, el límite a la capitalización de plusvalor que supone la sobreacumulación
del capital, fue siendo en parte transitoriamente superado en las metrópolis
burguesas por el recurso a la exportación de capitales y el plusvalor obtenido
a través de ella.
Pero desde principios del
siglo pasado, la cada vez mayor masa de capital sobrante ha dado lugar al
fenómeno de la "sobresaturación de capital", expresión acuñada por
Henrik Grossmann en una correcta extensión lógica del concepto de
"sobreacumulación absoluta" empleado por Marx en "El Capital".[6]
Pero no ya como algo intermitente y transitorio, sino constante y permanente
para los países de desarrollo avanzado y hasta de los de desarrollo medio:
<<Hemos
demostrado cómo la sobreacumulación absoluta, que se expresa periódicamente en las
crisis, aunque sólo en forma transitoria, se impone en el transcurso de la
acumulación de capital a
través de las oscilaciones del ciclo económico, de crisis en crisis, en un
grado progresivamente creciente, y finalmente, a un nivel elevado de la acumulación de capital, alcanza un estado de
"sobresaturación de capital" en el cual no existen suficientes
posibilidades de inversión para el capital sobreacumulado, resultando cada vez
más difícil la superación de esta "saturación", y por ello el
mecanismo capitalista se acerca a la catástrofe final con la necesidad de un
fenómeno natural. Los capitales excedentarios e improductivos pueden
preservarse provisoriamente del derrumbe total de su propia rentabilidad sólo a través de la exportación
de capital o mediante la "actividad" temporal en el mercado de
valores.>> Henrik
Grossmann: "La Ley de la acumulación
y del Derrumbe del Sistema Capitalista" : Cap. 3 punto b) parágrafo
III)[7]
Ya hemos dicho y volvemos a
insistir aquí, que una parte de la exportación de capitales excedentarios se
emplea siempre en actividades puramente especulativas. Y que en tiempos de
estancamiento económico, estos capitales sobrepujan a los que se siguen
empleando en la producción directa de plusvalor. Tanto más cuanto mayor es la
masa de capital acumulado. Pero este no es un fenómeno inédito ni supone una
alteración fundamental en la naturaleza del capitalismo. Constituye parte de
ella. Es su forma típica de fungir como mecanismo centralizador de los
capitales, de dirimir a través de la competencia especulativa predominante durante
las crisis y fases de crecimiento lento, qué fracción todavía más reducida de
la burguesía, seguirá detentando la propiedad del capital acumulado devaluada o
destruida y, por tanto, el protagonismo histórico en la subsiguiente fase de
recuperación. Es una lucha de supervivencia interburguesa que viene a ocupar el
ambiente de grata camaradería regulado por la tasa general de ganancia en
tiempos de expansión general, donde todos ganan aunque, como hemos visto, unos
más que otros:
<<Mientras
todo marcha bien, la competencia, tal como se revela en la nivelación de la
tasa general de ganancia, actúa como una cofradía práctica de la clase
capitalista, de modo que esta se reparte comunitariamente y en proporción a la
magnitud de la participación de cada cual, el botín colectivo. Pero cuando ya
no se trata de repartir ganancias sino de dividir pérdidas, cada cual trata de
reducir en lo posible su participación en las mismas, y de endosársela a los
demás. La pérdida es inevitable para la clase (burguesa). Pero la cantidad que de ella ha de corresponderle a cada cual, en qué
medida ha de participar en ella, se torna entonces en cuestión de poder y de
astucia, y la competencia se convierte, a partir de ahí, en una lucha entre
hermanos enemigos. Se hace sentir entonces el antagonismo entre el interés de
cada capitalista individual y el de la clase de los capitalistas, del mismo
modo que antes se imponía prácticamente la identidad de esos intereses a través
de la competencia>> (K. Marx: Op. Cit. Libro III Cap. XV. Lo entre
paréntesis es nuestro)
Pero esto no neutraliza ni
sustituye el carácter productivista dominante del capitalismo, su principio
activo productor de plusvalor. La especulación forma parte del proceso
espasmódico e intermitente del proceso histórico de acumulación de capital,
donde las crisis son el límite que el capital productivo se pone a sí mismo
para saltar sobre él para volver a regimentar el proceso de reproducción
ampliada. Y en este proceso, la evolución de la tasa de ganancia marca los
ritmos de esa intermitencia entre las ondas de crecimiento y depresión.
En este punto es necesario
volver a insistir: en la economía real, lo que
está en disputa no es el capital
invertido sino el plusvalor
global creado en el proceso de producción; esta redistribución del
plusvalor se opera mediante los mecanismos de la competencia, en el mercado,
donde las empresas de mayor composición técnica y orgánica del capital,
sustraen y capitalizan parte del plusvalor creado en las empresas que operan
con un menor coeficiente técnico y orgánico. Este mecanismo de la Ley del valor
da lugar a formación de la tasa de ganancia media, por la cual, nadie pierde, aunque unos ganan
proporcionalmente más que otros según la masa de capital con que intervienen en
la producción global de plusvalor.
En los mercados especulativos, en cambio, lo que
se pone en juego es el capital invertido en su totalidad; aquí no se trata ya
de un reparto de la ganancia global, donde todos
ganan. Dado que en estos mercados no
se produce ningún plusvalor, los que juegan en él exponen lo que ponen en juego. Esto ocurre invariablemente
en esos mercados, cualquiera sea el objeto o soporte material del capital que
se invierte en ellos (títulos de propiedad que cotizan en bolsa, oro, divisas,
inmuebles, obras de arte, etc.); todos los días se producen ganancias y
pérdidas absolutas; aquí es donde las pérdidas se convierten en quiebras de
miles de empresas. Tanto más cuanto más volátil se torna el mercado. La
volatilidad se mide por la diferencia entre el precio y el valor de los
productos objeto de especulación. Cuanto mayor es el precio -por ejemplo de las
acciones en la Bolsa- respecto de su valor real patrimonial por efecto del
exceso de demanda, mayor es la volatilidad del mercado; esta diferencia en más entre
el precio y el valor de los papeles o cosas con que se especula, es capital ficticio, porque su
cotización o representatividad de valor ocasional en el mercado, es mayor que
su valor real. Pero eso no quiere decir que esa diferencia sea capital ficticio.
Gran parte sigue siendo capital real, plusvalor. Sólo que desplazado por la
competencia de un soporte de valor a otro.
El
BIPR y la teoría de la conspiración para regresar del capitalismo al feudalismo
Igualmente es capital-dinero
o poder adquisitivo ficticio, el que se emite sin respaldo en un capital o
riqueza real equivalente. En este sentido, aunque sin aportar indicadores
concretos que avalen lo que afirman, los compañeros del BIPR han vuelto a
recaer en la especie de que el origen de la crisis financiera del año pasado en
Argentina, es de origen puramente especulativo. Dicen -ahora más
explícitamente- que en el origen de la crisis financiera de ese país y otros,
como Méjico, Brasil, Rusia y antes la de los llamados "tigres
asiáticos", está la toma de conciencia por parte de la burguesía
norteamericana, de que los tiempos en que podía basar su hegemonía política en
la fortaleza de su aparato productivo había pasado, y que para seguir
manteniendo su orgulloso predominio, el único recurso que le queda es
aprovecharse de que su moneda fiduciaria aun es aceptada como medio de pago y
de cambio en el mercado internacional, para practicar una emisión inflacionaria
de dólares. Esto les permite comprar mercancías y conceder préstamos
-especialmente a países del tercer mundo- como quien dice "por la
cara", apropiándose así, parasitariamente, del plusvalor creado y
contenido en las mercancías que compran y el interés de los créditos que
conceden a las burguesías nacionales de esas regiones. Así lo explican nuestros
interlocutores:
<<El tránsito a un sistema de pagos internacionales basado
en un dólar inconvertible, ha significado la admisión por parte de los Usa
de que la época de realización de abundantes ganancias y super ganancias
apoyándose en la mayor fuerza de su aparato industrial había terminado,
mientras gracias al nuevo contexto que se había determinado era ahora más
eficaz y conveniente apoyarse en la fuerza de su sistema financiero y, en
particular —gracias también a su gran potencia militar—, en el hecho de que el
dólar, si bien ya no fuese convertible y sus emisiones no estuviesen
garantizadas por la constitución obligatoria de reservas áureas, continuaba
siendo utilizado como medio de pago internacional.
Por primera vez en la historia de la economía moderna, el oro, que
directa o indirectamente, había sido hasta entonces el único verdadero medio de
pago internacional, ha sido suplantado por papel moneda y sus títulos
representativos. Ahora, el simple hecho de que una moneda circule más allá
de los confines del país que la emite, sin que él tenga la obligación de
constituir reservas de algún tipo, constituye para este país un privilegio
tanto más grande cuanto mayor es la masa monetaria que circula en el exterior.
El país emisor de este particular tipo de moneda se viene, en efecto, a
encontrar en la misma posición de aquél que emite un cheque, por ejemplo para
la adquisición de un vestido, y su cheque jamás es presentado al canje en la
ventanilla del banco donde mantiene sus depósitos. Para el país emisor de un
medio de pago internacional, por otra parte, no existe siquiera la necesidad de
constituir tal depósito, visto que una parte de aquella moneda continuará dando
la vuelta al mundo sin retornar nunca a su patria. Pensad en los miles
de millones de dólares que son detentados en todo el mundo como moneda de
reserva; pensad en los otros tantos miles de millones de dólares que sirven
para la compra-venta del petróleo y otras cosas y os encontraréis frente a una
masa enorme de dólares que los EU han emitido y continúan emitiendo
cotidianamente, pero recibiendo a cambio mercancías concretas producidas en
todos los lugares del mundo sin que ello nunca implique, en contrapartida, su
transformación en otras mercancías producidas en los EU. ¡He aquí una forma de
apropiación parasitaria de plusvalor!
Según algunos economistas americanos, la renta financiera
que deriva a los EU por este “servicio” a la economía mundial superaba ya hace
algunos años los 500 mil millones de dólares anuales, una suma que prácticamente
cubría casi todo su gasto militar.>> [BIPR: "Directrices económicas
del análisis de la crisis argentina (estancamiento económico)" Subrayado nuestro]
¿De qué modo la emisión
inflacionaria de dinero se puede traducir en una transferencia de plusvalor de
una burguesía nacional a otra? Supongamos que a instancias del gobierno de
turno, el Estado norteamericano emite dólares sin respaldo por U$S 4.000
millones a través de la Reserva Federal, su banco central. ¿Qué le puede
comprar el Estado norteamericano a un país como Argentina, coches tal vez,
trigo, carne? Eventualmente algo de esto puede ocurrir, pero sería muy raro. Lo
más normal y corriente, es que si el Estado yanqui necesita cualquiera de estas
cosas, acuda a determinadas empresas nacionales que son sus proveedores
habituales. Supongamos algo más normal, como, por ejemplo, que con esos dólares
ficticios, el Estado yanqui decide comprar material militar por esa cantidad,
por ejemplo, misiles "Patriot" a la "General Dinámics", con
cargo a los presupuestos nacionales previstos para el "Pentágono";
sigamos suponiendo que, una vez entregado ese material militar y pagada la
factura, con esos 4.000 millones la empresa fabricante de los
"Patriot" compra a la empresa japonesa "Mitsubishi"
-radicada en Taiwan- circuitos impresos; que ésta última adquiere zinc
producido por la "Minera Argentina Aguilar" y, finalmente, que esta
multinacional norteamericana radicada en Argentina, adquiere de la
norteamericana "Caterpillar" maquinaria pesada. Después de este
periplo circulatorio del dinero ficticio con origen en la Reserva Federal de
EE.UU. -que naturalmente no acaba aquí- ¿dónde está el supuesto capitalista
especulativo y dónde la supuesta transferencia parasitaria de plusvalor hacia
la burguesía yanqui? En realidad y verdad, el gasto inflacionario del Estado
norteamericano ha inducido a la producción, circulación y realización, de una
masa de valor entre las empresas General Dinámics, Mitsubishi, Aguilar y
Caterpillar, equivalente a U$S 16.000 millones, donde cada cual se ha quedado
con lo suyo. Las únicas transferencias de plusvalor son las que corresponden al
desarrollo desigual de los países por donde circularon los U$S 4.000 millones,
que, como hemos visto, está en función de sus respectivas composiciones orgánicas
del capital, así como del "valor" relativo de sus respectivas monedas
nacionales, que también depende del poder adquisitivo de los países
comprometidos en el intercambio de productos[8].
Pero en el caso argentino esta circunstancia no estuvo presente como para
atribuir su crisis financiera al dólar inflacionario emitido por EE.UU., porque
allí, durante la década de los noventa, el signo monetario patrón fue
precisamente el dólar. Por lo tanto, para Argentina, en la esfera de la
circulación de mercancías el dinero inflacionario de EE.UU. ha fungido como
simple medio de cambio a expensas de la renta territorial[9].
Nada más.
Cierto, esto ha servido:
1.
para que
obreros y burgueses norteamericanos dejen de pagar impuestos por U$S 4.000
millones;
2.
para que
alguna camarilla de altos funcionarios estatales se quede con la
correspondiente "mordida";
3.
para que, a
corto plazo, aumenten los precios en dólares y, a través de esa moneda
"patrón", la inflación inducida se trasmita al resto de las divisas
internacionales y de las distintas monedas nacionales que no cotizan en el
mercado mundial, lo cual generaliza presiones sindicales al alza de los
salarios nominales, hasta que, al final, las cosas quedarían poco más o menos
igual que antes.
¿No serían éstas las mismas
consecuencias en el caso de que cualquier país hiciera lo mismo? Si con el
ejemplo de la emisión del "cheque para comprar un vestido" se ha
querido significar que el Estado norteamericano se apropió de 4.000 U$S en
plusvalor, esto tampoco es cierto. Lo que hizo el gobierno norteamericano es
lanzar a la circulación dólares inflacionarios a cambio de un producto que
contiene plusvalor en una porción determinada. Y aun cuando esos
"Patriot" comprados a la "General Dinamics sean, a su vez,
vendidos por el Estado yanqui a terceros países -algo impropio en un Estado
como el norteamericano- en tanto no es función de ese Estado actuar como agente
directo de la acumulación de capital, es igualmente impropio hablar en este
caso de una apropiación de plusvalor por parte suya, del mismo modo que cuando
percibe su salario, es erróneo pensar que cualquier obrero se apropia del
plusvalor contenido en las mercancías que compra para reproducir su fuerza de
trabajo, sino que sólo se apropia y dispone de simple poder de compra con esa
finalidad. Incluso en el caso de que este tiempo de reposición transcurriera en
su propio lugar de trabajo, como sigue ocurriendo hoy día con esos millones de
asalariados que, a instancias de la economía sumergida, todavía hoy producen
plusvalor en régimen de semiesclavitud:
<<De
hecho, el obrero debe conservar su capacidad de trabajo merced a los medios de
subsistencia, pero este consumo privado suyo, que es al mismo tiempo
reproducción de su capacidad de trabajo, está al margen del proceso de
producción de la mercancía. Es posible que en la producción capitalista el
capital absorba realmente todo el tiempo disponible del obrero y que, por lo
tanto, el consumo de medios de subsistencia aparezca prácticamente como un mero incidente del proceso laboral, al
igual que el consumo de carbón por la máquina de vapor el de grasa por la
rueda, o el de heno por el caballo de tiro, al igual que el consumo privado de
todo esclavo que trabaja. (...) Pero, sea lo que fuere, en
la práctica, los medios de subsistencia son, tan
pronto el obrero libre los consume, mercancías que él ha adquirido. No
bien pasan a sus manos, y con mayor razón aún, cuando los consume, han
dejado de ser capital. No
constituyen, pues, ninguno de los elementos
materiales en los cuales aparece el capital en el proceso inmediato de
producción, por más que constituyen
la forma de existencia material del
capital variable que se presenta en
el mercado, dentro de la esfera de la
circulación, como adquirente de la
capacidad de trabajo (salario).>>
[K. Marx: "El Capital" Libro
I Cap. VI (inédito: "La producción capitalista como producción de
plusvalía") El subrayado y lo entre paréntesis es nuestro][10]
Si el salario y los medios
de subsistencia no dejaran de ser capital variable, la producción de plusvalor
y su consecuente acumulación serían algo imposible[11].
El Estado burgués que capitaliza plusvalor, en la medida en que lo hace se
diluye en la sociedad civil como un interés particular más, como ha ocurrido
con la mixtura -ya en desaparición- del "Estado empresario", tan caro
a los reformistas. Pero este no es el caso del Estado norteamericano. Aunque
vive de y para el proceso de producción y acumulación de plusvalor, permanece
en general, si bien no ajeno a él, si al margen en sentido orgánico y funcional.
Por tanto, lo que se apropió en nuestro ejemplo emitiendo dólares sin respaldo
real para comprar por U$S 4.000, no ha sido plusvalor, sino poder adquisitivo
para una compra de naturaleza inflacionaria. Nada más. Que el Estado
norteamericano lo haga con la moneda que ejerce la función -delegada por todas
las demás- de medio universal de cambio y de pagos internacionales, es un hecho
respecto al cual, los trabajadores conscientes deberemos estar muy atentos y
comprender su significado, pero no a través del enemigo de clase, de ninguna
fracción de la burguesía. Para eso tenemos nuestro propio herramental de
análisis, el único realmente científico y veraz.
Otra cosa ocurre con los dólares
en los préstamos internacionales. Ya hemos explicado en otro lugar: http://www.nodo50.org/gpm/argpelman/01.htm, que
la acumulación del capital en Argentina ha discurrido históricamente en base
a la capitalización de la renta agraria. Esos fueron sus límites absolutos hasta
1955. Desde entonces, aunque sobre la misma base, la sobresaturación del capital
global ha podido extender esos límites a instancias de la deuda externa. Y naturalmente
ha debido ser también éste un proceso espasmódico, a través de crisis financieras
recurrentes, como la de fines del año pasado. Es decir, sin dejar de seguir
transformando coyunturalmente parte de la renta territorial del agro en capital
industrial privado a instancias del Estado, se ha procedido a convertir en capital
constante y variable adicional, la parte correspondiente de capital acumulado
sobrante en el extranjero, debidamente convertido en capital de préstamo para
inversión productiva según la tasa de explotación del trabajo vigente en Argentina.
Habiendo violado la ley del
desarrollo económico desigual decidiendo por vía institucional decretar la
paridad entre el peso y el dólar, los salarios a la baja fueron en gran parte
la variable de ajuste a semejante diferencia entre la productividad del trabajo
representada por uno y otro signo monetario. Pero para conjugar esta diferencia
hubiera sido necesario que el plusvalor sobrepase los límites absolutos de la
tasa de explotación máxima, que por razones teóricas obvias no puede exceder
las 24 hs. del día. Por lo tanto, es igualmente obvio que se debió operar durante
todo el proceso con un peso sobrevaluado.
¿Cómo ha operado la
sobrevaluación del peso sobre la redistribución del plusvalor generado por el
capital privado productivo en Argentina? A través del sostenimiento de la
paridad cambiaria entre el peso y el dólar fijado por decreto, el tipo de
cambio al que los deudores privados en Argentina debieron hacerse cargo de su
deuda con el capital de préstamo extranjero, se mantuvo fijo y su tasa de
interés también, o con muy pocas variaciones, dada la relativa estabilidad de
esa moneda, por lo que, con la progresiva desvalorización del peso, la tasa de
interés real, para ellos se convertía, en negativa, o crecía por debajo de esta
devaluación. Mientras tanto, una vez en poder de los dólares a crédito y tras
haberlos cambiado por su equivalente en pesos, lo transformaban en capital
industrial, que así cerraba su ciclo productivo incrementado por la plusvalía
correspondiente, más el adicional de ganancia que supone haber pagado una tasa
de interés negativa equivalente a la desvalorización del peso durante el ciclo
productivo correspondiente a la inversión del capital prestado en dólares. Esta
última ganancia extraordinaria, fruto de la diferencia entre la tasa de interés
real y la pagada efectivamente por el deudor, corrió en todos los casos a cargo
de la posición en dólares del Estado argentino, correspondiente a la parte de
renta agraria diferencial apropiada en concepto de retención a las
exportaciones. De este modo, dado el tipo de cambio fijo, parte de la deuda privada
se convirtió en pública por efecto del desarrollo desigual de la fuerza
productiva del trabajo entre Argentina y EE.UU.
Esto último es así, siempre
que acreedor extranjero y deudor local no constituyan partes o empresas
pertenecientes a un mismo grupo económico multinacional privado. De lo
contrario, en tanto el deudor en el mercado interno es su propio acreedor
externo, el capital a préstamo convertido en capital productivo se valoriza
doblemente a expensas del Estado anfitrión. Como acreedor, percibe
efectivamente tasas de interés reales más altas a las vigentes en la
generalidad del mercado mundial de capital a préstamo. Como deudor, no sólo
queda en sus manos la plusvalía íntegra correspondiente a su función como
capital industrial en que se ha convertido internamente, sino que se multiplica
al pasar de ser nominalmente ajeno a propio, porque al cancelar los préstamos
en moneda extranjera, paga una tasa de interés real negativa equivalente a la
depreciación de la moneda local.
Respecto de la deuda pública
que un Estado Empresario contrae con el capital extranjero, depende si la
convierte en inversión productiva o en gasto corriente. En el primer caso, hay
una transferencia de plusvalor en las mismas condiciones que cualquier
productor privado local que invierte un capital a crédito en dólares con el
extranjero. En el segundo caso, hay una transferencia de plusvalor neta
equivalente a tasa de interés pagada con cargo a la renta diferencial
confiscada. En cualquiera de estos casos realmente ocurridos en Argentina
durante el período analizado aquí, es erróneo afirmar que hayan sido actos de
especulación financiera internacional. Otro tanto cabe pensar de las
inversiones extranjeras directas. Pero ninguno de esto casos están comprendidos
en el concepto de "especulación"
Típicos actos especulativos
son aquellos que arrojan un lucro mediante simples actos de compra-venta sin que medie entre ellos ningún proceso
productivo, de producción de plusvalor. Especulación la hubo y más que
en otras épocas, como está ocurriendo en todas partes del mundo. Pero esto no
autoriza a negar que la dinámica económica del período menemista haya sido
netamente productivista. A no ser que se entienda por especular, que el llamado
"proyecto de acumulación menemista" formó parte de una conspiración
de los ultraliberales, lo que es igualmente falso.
Respecto de las presuntas
transferencias de plusvalor hacia EE.UU. a instancias de variaciones en los
precios del petróleo supuestamente inducidas por intereses especulativos
norteamericanos, también aquí nos encontramos con una concesión ideológica a la
intelectualidad burguesa antiimperialista, muy proclive a reducir las leyes de
la economía política a la política económica discrecional de ciertos poderes
económicos eventualmente a cargo de ciertos Estados nacionales, en este caso,
el norteamericano:
<<
El dólar es también por esta misma razón la moneda con la cual son reguladas
las transacciones del petróleo o bien de aquella mercancía/materia prima de la
cual no se puede prescindir siquiera para la producción de la más
insignificante de las mercancías y los EU, de hecho, controlan económica,
política y militarmente sea los lugares de mayor producción del petróleo, sea
las vías mediante las cuales él arriba a los lugares de mayor consumo. Vale
decir, ellos están en posición de controlar, dentro de una cierta medida,
también su precio, pero puesto que, como decíamos, es expresado en dólares,
dada la dimensión del mercado petrolífero, a cada variación del precio del
petróleo corresponde en alguna medida una variación del valor de la masa
monetaria en dólares respecto a todas las otras monedas y esto sucede, de modo
amplio, independientemente de la marcha de la producción real de mercancías que
tiene lugar en los EU.
Compañeros,
visto que mostráis tanta pasión por números y estadísticas, os aconsejamos
tomar papel y lápiz y calcular todas las posibles variaciones de valor que
puede asumir la masa monetaria en dólares con las solas variaciones del precio
del petróleo que se pueden determinar atacando, vr. gr., a Irak o a Afganistán
y veréis avalanchas de plusvalor trasladarse de todas las partes del mundo
hacia los EU sin que un solo dólar haya, directa o indirectamente, contribuido
a su producción.
En este razonamiento
destacan dos ideas:
1.
Dado que
los precios del petróleo se expresan en dólares, cada vez que aumentan se
produce una redistribución del plusvalor mundial en favor de la burguesía
norteamericana
2.
Los USA
controlan "en alguna medida" los precios del petróleo, y,
Respecto de lo primero, ya hemos
explicado el infundio de pensar que la moneda adoptada por el mercado
internacional como unidad de cuenta y patrón de los intercambios
internacionales, tiene la virtud de provocar transferencias de plusvalor hacia
la burguesía del país que la emite, cualquiera sea el movimiento en el que esa
moneda medie.
En cuanto a lo segundo,
veamos brevemente en qué "medida" EE.UU. ha podido controlar los
precios del petróleo. A principios del siglo pasado, las ocho grandes compañías
petroleras del mundo existentes en ese momento -cinco norteamericanas, y las
tres restantes francesa, inglesa y holandesa- se habían venido repartiendo la
distribución mundial del petróleo.
Todavía en el año 1952, el precio por
barril del crudo Arabian Light era de dos dólares americanos. Pero desde 1960
las cosas cambiaron. Ese año, los Emiratos Arabes, Arabia Saudí, Irán, Irak e
Indonesia, se unieron a Libia y Argelia en la política de nacionalización de
sus reservas de petróleo o gas, y el precio del barril subió de golpe de dos a
diez dólares. Esta nueva realidad indujo a la búsqueda de nuevos yacimientos,
al tiempo que países como Méjico, Venezuela, Nigeria, y Noruega, entre otros,
se incorporaron a la lista de nuevos países productores. Incluso los mares se
cubrieron de plataformas prospectoras y se abrieron nuevos pozos en Alaska y en
el mar del Norte. De nuevo la oferta se disparó y los precios se mantuvieron
estables por debajo de las pretensiones nacionalistas árabes hasta la invasión
iraquí de Kuwait. Es decir, frente al alza en los precios, el imperialismo
reaccionó incorporando nuevas fuentes productivas. Pero no lo hizo por
exclusiva voluntad manifiesta, sino porque esos precios le permitieron poner en
funcionamiento yacimientos conocidos ya, cuyo costo a los precios vigentes
hasta que las burguesía árabes indujeron al aumento, no podían ser explotados.
Es decir que privó una vez más el criterio de la necesidad económica.
Superada la "Guerra
del Golfo" durante la que se puso en evidencia la ruptura en el bloque de
la OPEP por parte de Arabia Saudí y Kuwait, el precio del barril Brent pasó a
oscilar en torno a los 20 dólares. Este precio fue cayendo mes a mes hasta
mediados del año 1998, en que volvió a estar en los 10 dólares. En el mes de
abril el Texas se cotizaba a 13 dólares y el otrora todopoderoso Ministro de
petróleo de Arabia, Ajmed Saki Yamani, llegó a declarar que la OPEP se
encontraba al borde de la muerte treinta y ocho años después de su fundación,
al no haber sido capaz de recuperarse de la caída de precios de 1985 y 1986, a
causa de la oferta de países que no formaban parte del cártel.
Pero en la reunión de
Viena de junio de 1998, en medio de la crisis asiática que hizo disminuir
fuertemente la demanda y los precios amenazaban derrumbarse, las cosas cambiaron.
Con el apoyo adicional de Rusia, la OPEP acordó ampliar la reducción de la
producción decidida dos meses antes. Como consecuencia de este acuerdo, la
reducción que hasta entonces era de 1,3 millones de barriles diarios, pasó a
ser de 2,6 que, unidos a los otros países, significaron una reducción total de
3,1 millones de barriles.
En marzo de 1999, la OPEP
acordó un nuevo recorte en la producción y el barril de Brent, que costaba
entre 10 y 12 dólares, ha llegado a cotizarse en 25 dólares. Con el agravante
de que, en ese momento, el dólar se había revalorizado un diez por ciento
respecto a la moneda europea. Así, en febrero de 2000, tras el anuncio de la
OPEP de no modificar las cuotas, el precio del petróleo en el mercado de
Londres subió hasta los 27 dólares. En España, por ejemplo, de pagar 10 dólares
por barril a 150 pesetas por dólar, se ha pasado a pagar 27 dólares a 168
pesetas. O sea, de 1.500 pesetas el barril a mas de 4.500.
Dado que el
petróleo forma parte de los elementos del capital constante, es necesario que
el precio de sus distintas variedades se mantenga lo suficientemente bajo como
para contrarrestar en todo lo posible
la actual tendencia a la baja de la tasa general de ganancia. Pero no debe caer
tanto como para dejar sin sentido económico la extracción y refino de los pozos
que arrojan menor renta diferencial y mayores costos, y este es el caso de
numerosas localizaciones petrolíferas norteamericanas. Esto demuestra que la
ley del valor, esto es, los intereses del conjunto de la burguesía mundial, no
toleran ningún "control" político de precios por parte de ningún país
en particular, que viole esta determinación económica del capitalismo en su
conjunto respecto de ese producto.
Por lo tanto,
cuando hoy se dice que EE.UU. quiere la guerra con Irak para entregar sus
rentas petroleras a magnates norteamericanos de la industria energética, como
Bush, Chenney o la Condoleza Rice, es verdad. Pero, en esencia, no se trata de
eso, sino de poner los precios del petróleo en función de las exigencias de la
ley de la acumulación capitalista. Se trata de que ese insumo tan
estratégicamente decisivo para la marcha del proceso de acumulación, quede por
completo a salvo de decisiones políticas a cargo de anacrónicos nacionalismos y
de consideraciones religiosas utilizadas para provecho de un sector oligárquico
burgués regional subalterno, como el Partido Baas en Irak o integrismos
islámicos residuales como el existente aun en Irán. Que las monarquías
hereditarias de Arabia Saudí, los Emiratos Árabes y Kuwait hayan llegado a un
acuerdo con los yanquis y Sadam no, este es un problema interburgués, que no
afecta en absoluto a la estrategia del poder político de los asalariados, al
menos en esta etapa de construcción de la organización revolucionaria internacional
hoy inexistente.[12]
Se sabe que previamente a la llamada "Guerra del
Golfo", el régimen de Irak se prestó a ser utilizado por el capital
internacional en su conjunto para ahogar en sangre la revolución iraní, que
parecía salirse de los cauces previstos por la burguesía fundamentalista
islámica en ese país. Una razón objetiva adicional para
explicar esa guerra, se encuentra en el resultado de la anterior y en la
evolución de los precios del petróleo.
El sistema capitalista está interesado en la estabilidad a largo plazo de sus
precios, a niveles que compatibilicen las mayores tasas de ganancia en la
industria con rentabilidades petroleras que permitan la extracción y
comercialización de los yacimientos más costosos del Mar del Norte y de los EE.UU.
Al desbaratar la producción iraní de petróleo, la revolución de febrero
trastornó todas las previsiones en este sentido[13].
Así, entre enero de l979 y febrero de l980, los precios del petróleo se
duplicaron prosiguiendo su aumento a lo largo de todo ese año. Fue lo que se
dió en llamar el "segundo shock petrolífero", evocando al que se
había producido tras la guerra árabe israelí de octubre de l973. El efecto
previsible de ese choque irano-iraquí fue que los stocks se reconstituyeron
rápidamente hasta la saturación, compensación acentuada por importantes medidas
de ahorro energético realizadas por los países consumidores. En "El Imperialismo y la Guerra del
Golfo" Salah Jaber informó sobre las inquietudes de los expertos
financieros y del petróleo "por la amplitud que podía alcanzar una caída
muy fuerte de los precios del petróleo, caída que sabían ineluctable, y tanto más arriesgada en la medida en que
(...) las previsiones para el nuevo decenio, preveían, con razón, un excedente
permanente de la oferta sobre la demanda".[14]
De no mediar, pues, la Guerra del Golfo, el descenso de los precios
del petróleo podría haber alcanzado magnitud de catástrofe, tornando
económicamente imposible el aprovisionamiento. Ello sin contar las
consecuencias sociales y políticas emergentes de tal situación. De modo que
hasta finales de l986, el cese de hostilidades entre Irán e Irak habría tenido
un efecto catastrófico en el mercado mundial.[15]
En alusión al éxito de la OPEP, el por entonces Presidente de Argelia,
Huari Boumedien declaraba solemnemente en l975 ante las Naciones Unidas que,
"Por vez primera en la historia, países no desarrollados han sido capaces
de tomarse la libertad de fijar por ellos mismos el precio de sus materias
primas". La Guerra del Golfo, e inmediatamente después el conflicto con
Kuwait, puso en entredicho la cohesión política de la OPEP.
Irak salió de la "Guerra del Golfo" con su economía
arruinada. Antes de ser invadido por EE.UU., este país tenía montado un
ejército de más de un millón de hombres, cuyo mantenimiento le suponía un gasto
de 15 mil millones de dólares anuales ‑¡casi el 23% de su PBI!‑ y
que no podía licenciar siquiera parcialmente mientras se mantuviera el estado
de guerra con Irán.[16]
Pero sin esa fuerza, el proyecto nasserista que lidera Sadam Hussein, es
prácticamente imposible. Sobre todo en una zona tan estratégica y conflictiva.
Tal es su contradicción.
Por su parte, la presencia de semejantes fuerzas militares asociadas a
un proyecto burgués de desarrollo autosostenido del capital nacional, resulta
intolerable para el imperialismo. Y lo que ha pasado, es que en junio-julio de
1990, la burguesía iraki propuso que el costo de sus servicios prestados al
sistema capitalista mundial por haber colaborado en hacer desaparecer el
peligro de la revolución iraní, fuera compartido por el conjunto de la
"comunidad internacional" aumentando el precio del petróleo. Irak
pidió que se subiera tres puntos, hasta alcanzar los 21 dólares/barril, y a
esta proposición la coalición burguesa internacional ha dicho que no a través
de sus fieles aliados de Kuwait y sus colegas del Consejo de Cooperación del
Golfo (Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Omán y Qatar)[17]
provocando así que el conflicto trascendiera la diplomacia secreta y se
resolviera por la vía militar con la lógica derrota del régimen de Sadam.
Con lo dicho hasta aquí muy sumariamente
respecto de las escaramuzas interclasistas burguesas en torno a la evolución de
los precios del petróleo, queremos significar que ningún interés particular -por
más poderoso que sea- puede "controlar" nada pasándose por la
entrepierna la ley general de la acumulación capitalista, ni cualquier Estado
burgués salirse del marco determinado por los intereses generales de la
burguesía mundial, sea para especular sistemáticamente emitiendo dólares
inflacionarios a voluntad, sea para "fijar" discrecionalmente los
precios de ningún producto en su propio provecho. Porque semejante
comportamiento conduciría necesariamente a ajustes económicos violentos, sea por
vía de las leyes del mercado, sea por vía de la lucha política y/o militar a
instancias de sus respectivas clases subalternas que son conducidas al
matadero, para dejar las cosas no según la voluntad de nadie, sino según
quienes encarnen en cada momento las leyes económicas inflexibles del
capitalismo. Lo que el proletariado debe
entender y asumir si es que de verdad quiere luchar eficazmente por su
emancipación social como clase es que las grandes líneas del curso político de
la sociedad están trazadas por la base material del sistema, por la economía
política.
Una de las llamadas
"causas contrarrestantes" a la ley de la tendencia decreciente de la
tasa de ganancia, es el descenso en los precios de los elementos del capital
constante.[18] Dado que el
petróleo es uno de esos elementos y que su producción depende de un factor
productivo no reproducible -como es el caso de la tierra- el límite mínimo
absoluto de su precio está determinado por la renta absoluta de los peores
yacimientos, los de mayores costes de extracción, en tanto que su límite máximo
está fijado por la tasa general de ganancia media vigente en la industria de
cada país. El precio real sólo puede fluctuar dentro de esa franja férreamente
determinada por dichos límites. En tiempos de crecimiento lento por baja
rentabilidad del capital en funciones, el consumo de energía decrece y la
franja se estrecha por el descenso de su límite máximo. Al disminuir la demanda
dada la recesión económica, los precios de ese insumo tienden naturalmente a
bajar, poniendo en peligro la producción en los peores yacimientos, como los
del Mar del Norte o los de EE.UU.
Desde el punto de vista de la
racionalidad económica pura, el problema se podría resolver eliminando la renta
territorial, lo cual posibilitaría dejar en barbecho los yacimientos de mayores
costes, dado que la capacidad de los yacimientos restantes sobra para
satisfacer la máxima demanda efectiva por bastante tiempo. Pero este criterio
sólo es compatible con el socialismo, dado que el orden de cosas actual -basado
en la sacrosanta propiedad privada sobre los medios de producción, entre ellos
la tierra- es incapaz de soportar este tipo de medidas cada vez más necesarias,
en "razón" de que magnates del petróleo como Bush (Arbusto-Bush
Explotation-consorcio Hankey), Chenney (Compañía petrolera Halliburton), o
Condolezza Rice (Compañía de Petróleo Chevron), se irían a la ruina. En cuanto
a las burguesías petroleras árabes, tampoco les interesa esto, porque al
desaparecer la renta absoluta, perderían las ventajas comparativas derivadas de
la renta diferencial que arrojan sus yacimientos. Aunque enfrentados por su
reparto, todos ellos están hermanados por el usufructo y capitalización de la
renta territorial, a expensas del trabajo y la propia vida de los asalariados y
del resto de clases subalternas comprometidos en este común negocio de explotar
trabajo ajeno produciendo, refinando y distribuyendo petróleo. El anacronismo
de todo este tinglado queda así en evidencia.
Y mientras el proletariado
internacional no se decida a "patear el tablero" de este macabro
juego interburgués sus leyes seguirán imponiéndose de una manera u otra -en
favor de no importa qué sector participante- dentro de la franja determinada
por la ley del valor a instancias de la oferta y la demanda, sea por vía
exclusiva del mercado, sea a instancias de las presiones políticas y/o la
guerra abierta entre ellos. Esto es así, por más que "algunos economistas
norteamericanos" lo intenten escamotear, y organizaciones afines al
movimiento antiglobalización, como el BIPR, se hagan inconscientemente eco de
tales sofismas.
<<Y aún aquí no terminan las cosas (nos sigue diciendo el BIPR). Las burguesías de los países productores
disponen normalmente de grandes cantidades de dólares que, dado el atraso
histórico de los aparatos productivos nacionales, en gran parte invierten en el
exterior y, de modo especial, en los EU. Una parte de estos dólares se
transforma en propiedades inmobiliarias, una parte, acaso, también en fábricas;
pero otra parte se transforma en títulos de la deuda pública estadounidense y
otra todavía termina en Wall Street, es decir, convertida en capital ficticio. Wall Street, en efecto, no es solo el
Mercado bursátil que pretendéis describir en el apéndice. Cuando menos desde la
primera mitad de los 80’s, el mercado bursátil es algo más que un mero mercado
de acciones y de obligaciones; incluso estas últimas han cambiado, a su vez,
profundamente. En las nuevas bolsas se contratan también los llamados
“productos derivados”, es decir, títulos representativos de acciones,
obligaciones o de la deuda pública, etc. que pueden ser emitidos por cualquier
broker (agente de bolsa) o institución financiera, además de las empresas y del
Estado que emiten tales acciones, obligaciones o bonos del tesoro, con la consecuencia,
sin embargo, de que las variaciones de sus cotizaciones determinen también
variaciones de los cursos de las acciones y obligaciones de las cuales
“derivan”. Puesto que la producción de estos “títulos” no está sujeta a las
circunstancias ordinarias de las demás mercancías, en el sentido de que a ella
no corresponde una real transformación de capital financiero en capital
industrial, la misma se presenta como pura producción de capital ficticio
mediante la cual una parte de la masa monetaria circulante en dólares en el
mercado mundial es reabsorbida sin una correspondiente producción de mercancías
y/o de servicios. En los años anteriores un río de petrodólares se ha
transformado en estos títulos. Y cuando luego la bolsa estadounidense ha
colapsado, de aquellos títulos en dólares no ha quedado más que un puñado de
papel. Arabia Saudita, por ejemplo, no obstante contar con una burguesía que
figura entre las mayores detentoras de títulos de la deuda pública estadounidense, se encara hoy al desafío de
una crisis de deuda sin precedentes en su historia precisamente por esta razón.
También el Japón, cuya burguesía ha suscrito en el pasado títulos de la deuda
EU con los dólares provenientes de las exportaciones hacia aquel país —tanto
como para ostentar todavía hoy la categoría de mayor poseedor de títulos del
tesoro estadounidense—, navega por regiones semejantes, en aguas poco
tranquilas. ¿Todo esto es irrelevante? ¿La apropiación parasitaria de plusvalor
está privada de consecuencias?>>
(BIPR: Op. Cit. Lo entre paréntesis es nuestro)
¿Qué otras
consecuencias que no sean una mayor centralización del capital global a
expensas de los fragmentos perdedores de la burguesía? No hay que olvidar que este plusvalor en
cuestión, es ya trabajo excedente muerto, producido, distribuido y realizado ex
ante, previo a su ingreso en la esfera de la especulación como "vida
semoviente de lo muerto".[19]
La especulación se alimenta del plusvalor producido. Carroñeros
En tal sentido,
¿qué carajo nos importa a los asalariados conscientes cómo se reparten el
plusvalor nuestros respectivos patrones burgueses? Nuestra fuerza no debe
manifestarse ahí, en la esfera de la circulación, donde se redistribuye el trabajo muerto entre distintas fracciones de
la burguesía, sino en la esfera de la producción, donde se distribuye entre el conjunto del trabajo muerto y el
conjunto del trabajo vivo en virtud de la propiedad privada de los medios de
producción. Aquí es donde está el arsenal de nuestras armas y debe estar el
campo de nuestra lucha. Pugnar por centrar la atención y el interés político de
los asalariados en la circulación, donde se dirimen las luchas interburguesas
por la redistribución del plusvalor producido en tiempos de crisis, supone
dividir y debilitar sus fuerzas induciéndoles a que se olviden de sus propios
intereses como clase y tomen partido por uno u otro bando de sus enemigos,
implica legitimar la explotación del hombre por el hombre en sus conciencias y
en su acción, bloqueando así toda posibilidad de constituirse políticamente
como clase independiente. Tal es la sustancia, el principio activo que inspira
todo el accionar político contrarrevolucionario de los reformistas al interior
del movimiento político de los asalariados. "Hic Rhodas, hic salta",
señores del BIPR
Es de suponer que esta organización
internacional llegó a las conclusiones que comentamos aquí por sí misma. En
cualquier caso, no deja de ser muy sugestivo que su análisis crítico de nuestras
posiciones coincida bis a bis con lo que es hoy dinero fiduciario y patrón del
pensamiento burgués que circula entre los intelectuales del movimiento antiglobalización.
Según nuestras informaciones, parece ser que esta moneda sin respaldo científico
alguno, está siendo emitida, entre otras, por ciertas usinas ideológicas del
Partido Demócrata norteamericano.
Nos referimos al señor Lyndon H. LaRouche, tres veces pre-candidato a la presidencia
de ese país por esa formación política "rooseveltiana". Según cuenta
el intelectual reformista Walter Moore en "El
Programa de Desintegración Controlada de la economía mundial" (Cfr.: ..\..\..\Argentina\estafa mundial\search.html
- LaRouche),
en numerosos escritos suyos este Lyndon LaRouche ha denunciado:
<<...un
proyecto de destrucción de los países iberoamericanos y la toma total del poder
económico de los Estados Unidos por los grupos oligárquicos y feudalistas,
opuestos al “capitalismo de mercado” o “capitalismo democrático” propuesto por
los grupos rooseveltianos.>> (W. Moore:
Op.cit.)
En uno de esos escritos,
publicado por la editorial argentina "Corregidor" (1983 Bs.As.) bajo
el título: “La bomba económica mundial y
el genocidio de América Latina”, Lyndon LaRouche atribuye la paternidad de
esta "bomba" a Paul Volcker, Secretario del Tesoro durante el
gobierno de Carter:
"Lo
que hizo Volcker en realidad, a partir de 1979, durante el gobierno de Carter (refiriéndose a la política usuraria de
altos intereses que creó una severa recesión económica en Estados Unidos y
aumentó en forma exponencial la deuda externa de los países del Tercer Mundo) fue lo que había propuesto el Consejo de
Relaciones Exteriores de Nueva York, en sus estudios de 1975-1976 titulados
“1980s Proyect”. A la estrategia se la bautizó con el nombre de “desintegración
controlada” de la economía mundial.>> (Op.cit. Lo entre paréntesis es
de W.Moore)
http://www.larouchepub.com/spanish/reir/ejemplar_gratis/economic.html
Como parte de esta supuesta
estrategia monetarista montada por los círculos
"oligárquicos-feudalistas" de EE.UU., el economista Lyndon B.
LaRouche coincide con el BIPR en la teoría de la emisión descontrolada de
dinero inflacionario:
<<La gesticulación
más elaborada de la actualidad es el “mito del dólar” como única moneda posible
de usar dada la supuesta desconfianza" de la gente en las monedas locales.
En rigor, el único argumento que se esgrime para sostener la suicida política
monetaria de nuestros países (convertibilidad con intereses monstruosos o
devaluaciones con pérdida del poder adquisitivo) es de carácter psicológico, y
en esta misma dirección sigue la ofensiva de la oligarquía financiera para
profundizar el desastre, proponiendo eliminar totalmente las monedas nacionales
para usar como moneda única el dólar.
Sin embargo el país sudamericano que dolarizó su economía,
Ecuador, después de esa medida agravó su derrumbe económico, convirtiendo una
situación mala en catastrófica. También se suele presentar a la apertura
comercial como ejemplo de economía exitosa, atribuyendo a esto el crecimiento
económico de Estados Unidos, que aparentemente (y sólo aparentemente) tiene sus
mercados abiertos al comercio mundial. Nada más lejos de la verdad.
Estados Unidos no sólo tiene una estricta política de protección
de su producción interna y en realidad los grandes volúmenes de comercio
externo, con enormes déficit en la balanza de pagos que lleva adelante puede
hacerla porque paga esas compras con esos “cheques sin fondos” llamados
dólares. Al punto que la empresa privada más exitosa de ese país es la
responsable de imprimir esos billetes, la Reserva Federal. ¿Cómo no van a tener
éxito si emiten dólares a un ritmo del 17% anual comparado con su PBI enorme?.
Si comparamos este nivel de crecimiento de la emisión con el crecimiento del
PBI norteamericano que escasamente supera el 3% anual, vemos que la emisión de
dólares sin respaldo alcanza al 14% . Gracias al valor simbólico que tienen
estos papeles impresos en color verde, los norteamericanos pueden comprar de
todo. Sus ingeniosos estrategas también han convencido al resto del mundo que
guardar estos papeles impresos (los títulos del tesoro que los representan)
como “reservas” de respaldo de las monedas locales, es imprescindible, con lo
cual logran mantener artificialmente el valor de sus billetes, que se
desmoronaría estrepitosamente si todo el mundo los cambiara, por ejemplo, por
oro, “Devolviendo al César lo que es del César”>>. (Op.cit.)
Este señor
LaRouche dice actualmente estar encabezando un movimiento mundial que si no es
el movimiento antiglobalización, sin duda entronca con él, porque propone poco
más o menos lo mismo:
<<Nos encontramos en la depresión más grande en más de 200
años, ¿cierto? Esto significa que tenemos que hacer algunos cambios
fundamentales, abandonar las políticas de los últimos 35 años, y regresar a las
políticas de Roosevelt, y a las políticas posteriores a Roosevelt, de 1946
hasta 1964. Tenemos que regresar a esa clase de sistema económico ¡ahora! Ello
significa un sistema regulado, el fin de la privatización y la desregulación,
el fin de las políticas monetarias fraudulentas, de todas esas cosas, y
regresar a lo que funcionó antes, y hacerlo de una vez.>> http://www.larouchepub.com/spanish/lhl_articles/2002/ActuarcomoFDR.html
El BIPR ha
protestado airadamente acusándonos de implicarle en la concepción
estancacionista, de la que se declara completamente ajeno. Pero, como puede
verse, una vez más se demuestra aquello de que, el camino del infierno está
empedrado de buenas intenciones. Con su teorización acerca de que la crisis
financiera Argentina ha tenido su origen en la política especulativa neoliberal
de emisión inflacionaria de dólares, aun sin quererlo el BIPR no sólo aparece
ideológicamente mezclado con la práctica política del movimiento
antiglobalización, sino con las maniobras electoralistas del Partido Demócrata
norteamericano a través del melómano Lindon B. LaRouche. Los compañeros, que por lo visto gustan
tanto citar a G. Luckács en su "Historia
y conciencia de clase", no parecen haber sacado todas las
consecuencias lógicas de la categoría
de totalidad, porque el árbol del discurso reformista que todo lo
atribuye a la singular política económica de una u otra fracción de la
burguesía eventualmente en el poder, les impide ver el bosque determinado por
la ley del valor. La política monetaria norteamericana en determinado momento, es un
epifenómeno, una forma nacional singular y específica del capitalismo mundial;
pero es una parte que sólo se explica por el todo, por su contenido, que es la
ley del valor a nivel internacional.
En el capítulo
de la obra citada titulado "La
cosificación y la conciencia de clase del proletariado", George Luckás
presenta el ejemplo de la máquina[20].
Aisladamente considerada en su singular "materialidad fáctica",
abstraída de su inserción en la sociedad capitalista, parece que las
contradicciones económicas y los antagonismos sociales que se derivan de su
aplicación en el proceso de valorización del capital, emanan de ella, de la
máquina misma. Por ejemplo, pensados en su relación inmediata con los
asalariados en tanto que operarios, esto es, abstraídos de la totalidad
orgánico-social en que funcionan (proceso de valorización capitalista), es
verosímil pensar que el fenómeno del paro, por ejemplo, lo provoca el progreso
técnico aplicado a los medios de trabajo. Esto es lo que sostienen no pocos
dirigentes políticos y teóricos burgueses de izquierda, que explican las
contradicciones entre el obrero y sus condiciones de producción, reduciendo el
contenido social de esa relación a su forma técnica:
<<¡Y es aquí donde estriba la gracia de la apologética
capitalista! ¡Las contradicciones y
antagonismos inseparables del empleo capitalista de la maquinaria no existen,
ya que no provienen de la maquinaria misma, sino de su utilización capitalista!
Por tanto, como considerada en
sí, la maquinaria abrevia el tiempo de trabajo,
mientras que utilizada por los capitalistas lo prolonga; como en sí facilita el
trabajo, pero empleada por los capitalistas aumenta su intensidad; como en sí
es una victoria sobre las fuerzas de la naturaleza, pero empleada por los
capitalistas impone al hombre el yugo de las fuerzas naturales; como en sí
aumenta la riqueza del productor, pero cuando la emplean los capitalistas lo
pauperiza, etc.>> (K. Marx: "El
capital" Libro I Cap.XIII punto 6.)
Pero el BIPR
ha ido más allá, porque para explicar la crisis argentina procedió con una
supina falta de consideración y reconocimiento metodológico hacia la categoría
marxista de totalidad. En primer lugar, redujo el contenido internacional del
capitalismo a una singularidad formal de la forma nacional norteamericana: su
política monetaria, supuestamente generadora de una ventaja comparativa
derivada del dólar como medida de valor en los intercambios y pagos
internacionales. En segundo lugar, pensó la crisis argentina como si este país
fuera una ficción económica y social, una mera fuente de plusvalor carente de
especificidad o forma económica nacional de procesar la ley general de la
acumulación capitalista. Así, para el BIPR, el principio activo de la crisis
argentina no estuvo en la relación dialéctica entre el contenido internacional
de la ley del valor y su forma nacional de manifestarse en Argentina, esto es,
entre el descenso de los precios internacionales agrarios y el agotamiento de
las fuentes nacionales genuinas de financiamiento del proceso de acumulación en
ese país a instancias de la renta diferencial, sino que obedeció exclusivamente
a la política monetaria especulativa del Estado norteamericano:
<<La totalidad de la historia es ella misma una fuerza
histórica real -aunque todavía no consciente, y, por ello no reconocida- la
cual no resulta separable de la realidad[21]
(ni, por tanto, del conocimiento) de los hechos históricos singulares,
sin suprimir al mismo tiempo su realidad, su facticidad[22]. La totalidad de la historia es el fundamento
último y real de la realidad de los hechos singulares, de su facticidad y, por
lo tanto, también de su cognocibilidad. Tomamos la teoría de las crisis
de Sismondi, para mostrar cómo la defectuosa aplicación de la categoría de
totalidad ha obstaculizado el conocimiento real de un fenómeno singular,
pese a la correcta observación de sus rasgos singulares>> G. Luckács: Op. Cit.
Subrayado nuestro)
Insistimos, al
afirmar que las crisis de países como Argentina tienen su origen en la política
monetaria del Estado norteamericano, en el razonamiento del BIPR se advierte
una reducción del contenido internacional del capitalismo a su forma política
específicamente nacional "made in USA", expresada en la emisión de
dólares sin respaldo, abstrayéndose por completo, de las respectivas
especificidades nacionales de esas crisis.
En realidad, el fundamento
lógico o contenido internacional de la crisis financiera argentina,
está en la sobresaturación de capital que ha alcanzado el sistema de vida
burgués en su etapa postrera. (El BIPR menciona este fundamento. Pero
inmediatamente lo minimiza hasta reducirlo a términos de política monetaria
neoliberal norteamericana.) Pero el fundamento
histórico, origen o forma nacional de esa bancarrota financiera del
Estado argentino, se encuentra en la correlación existente entre el agotamiento
de la renta diferencial a consecuencia del descenso de los precios
internacionales agrarios, y la consecuente falta de recursos propios para
seguir cumpliendo con el pago de los servicios o intereses de su abultada deuda
pública externa con la que, en parte, pudo financiarse el proceso de
acumulación en ese período. Algo así como lo que también sucedió en Venezuela,
y que acabó entronizando en el poder al neopopulista Hugo Chávez Frías, quien,
sugestivamente, prometió acabar con la "economía de tipo
especulativo" (Duhalde también dijo lo mismo) que es lo que contribuyen a
denunciar los compañeros del BIPR.
Es muy
probable que con EE.UU. esté pasando algo parecido y que la bomba de la crisis
financiera internacional tarde en explotar allí para convertirse en una crisis
económica mundial, pero no precisamente por la fiducia que el dólar conserva
como moneda patrón, sino por la extensión del sistema crediticio, incluyendo
los créditos para la especulación, que sólo tienen su condición de existencia y
caducidad, todo el tiempo que el crédito para la producción de plusvalor pueda
expandir el proceso de reproducción ampliada de capital, haciendo palanca sobre
él, dado que no se puede redistribuir en la esfera de la circulación, lo que no
se haya distribuido ya antes en la esfera de la producción. Por tanto, hablar
de una crisis provocada por causas puramente especulativas, es un sinsentido
económico y social:
<<Si el sistema crediticio aparece como palanca principal de
la sobreproducción y de la superespeculación en el comercio, ello sólo ocurre
porque en este caso se fuerza hasta su límite extremo el proceso de la
reproducción, elástico por naturaleza, y porque se lo fuerza a causa de que una
gran parte del capital social resulta empleado por los no propietarios del
mismo, quienes en consecuencia ponen manos a la obra de una manera totalmente
diferente a como lo hace el propietario que evalúa temerosamente los límites de
su capital privado, en la medida en que actúa personalmente. De esto sólo se
desprende que la valorización del capital fundada en el carácter antagónico de
la producción capitalista no permite el libre y real desarrollo más que hasta
cierto punto, es decir, que de hecho configura una traba y una barrera
inmanentes a la producción, constantemente quebrantadas por el sistema
crediticio. Por ello, el sistema de crédito acelera el desarrollo material de
las fuerzas productivas y el establecimiento del merado mundial, cuya
instauración hasta cierto nivel en cuanto fundamentos materiales de la nueva
forma de producción, constituye la misión histórica del modo capitalista de
producción. Al mismo tiempo, el crédito acelera los estallidos violentos de
esta contradicción, las crisis, y con ellos los elementos de disolución del
antiguo modo de producción>> (K.Marx: "El
Capital" Libro I, Cap. XXVIII)
La lógica
objetiva del capital excedente
Con lo dicho
hasta aquí, hemos querido significar que la crisis argentina se inscribe en la
crisis general del capitalismo mundial, es consecuencia de ella. Pero tiene su
propia especificidad. Y esto hay que tenerlo en cuenta: La "lógica
específica del objeto específico" de que hablaba Lenin; o, lo que es lo
mismo, que el proceso de acumulación capitalista y su consecuente lucha de
clases es internacional por su contenido, aunque nacional por su forma, como
señalaron con total certidumbre Marx y Engels. En tal sentido, si se dice que
el origen de la crisis argentina está en el capital especulativo de los USA, se
omite toda consideración por la forma nacional que adquiere el proceso de
acumulación mundial en este país.
En tal sentido,
lo común a todas las crisis financieras que anuncian la crisis de superproducción
general de capital que se está retrasando como nunca en la historia del capitalismo,
no se producen principalmente por efecto del capital ficticio con fines especulativos
bajo la forma de la emisión descontrolada de circulante -como afirma el BIPR-
sino por la multiplicación de la masa de títulos de crédito en circulación,
por la utilización del capital adicional excedente bajo la forma dineraria
para poder seguir valorizando plusvalor en la esfera de la economía real,
para alejar el horizonte de la crisis de superproducción de capital real.
De hecho, según el cuadro elaborado
sobre dados de la Reserva Federal de EE.UU. por el compañero Íñigo Carrera,
durante el período 1993/2002 el crecimiento promedio de M3 (circulante más depósitos y colocaciones
financieras a corto, mediano y largo plazo) en USA, excedió al M1 (circulante
más depósitos a la vista), lo cual muestra que el crédito se ha expandido
y tiende a expandirse mucho más que la emisión monetaria, aún sumándole el
dinero de las cuentas a la vista convertido en créditos cuyo monto se vuelca
a la circulación. Y de estos títulos de crédito, no es su "valorización
financiera" en la esfera de la circulación lo que provoca la crisis,
sino al revés, es la crisis latente ante la imposibilidad de realizar la plusvalía
en condiciones de superproducción general de capital industrial, la que genera
la multiplicación de la masa de títulos de crédito en circulación para la
producción, con el fin de prolongar la acumulación.
¿De dónde sale
el dinero adicional para la inversión productiva si no se recurre a la emisión
de circulante? De la enorme masa "capital virtual" que constituyen
los fondos de amortización del capital fijo. Lógicamente, cuanto mayor es el
capital en funciones, mayor es este capital-dinero en barbecho convertido por
el sistema bancario en capital productivo:
<<El
afán de volver utilizable ese plusvalor que se atesora como capital dinerario
virtual, para obtener tanto una ganancia como un rédito, encuentra su
satisfacción en el sistema crediticio y en los "papeluchos". El
capital dinerario adquiere de esta manera, bajo otra forma (la de capital constante y variable), el influjo más descomunal sobre el curso y el desarrollo imponentes
del sistema capitalista de producción>> (K. Marx: "El Capital" Libro II Cap.
XXI)