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Una revuelta social en la que las feministas de Chile pasarán a la historia

Viernes 8 de mayo de 2020

Meritxell Freixas Martorell 06-05-2020 Pikara

Desde la primera Constitución paritaria del mundo hasta el eco mundial de LasTesis, las mujeres chilenas han tenido un fuerte protagonismo en el estallido de octubre.

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Masiva manifestación del 8M de 2020 en Santiago. / Foto: Meritxell Freixas Martorell

Chile se convertirá, el próximo 25 de octubre, en el primer país del mundo que abre un proceso constituyente paritario (si la pandemia lo permite y no obliga a más atrasos). El pueblo chileno está convocado a un plebiscito en el que decidirá si quiere una nueva Constitución, que deje atrás la actual, diseñada e implementada bajo la dictadura de Augusto Pinochet, y definirá también el mecanismo para llevarlo a cabo. De ganar la opción del cambio, el país empezará a caminar hacia un escenario nuevo en la historia: permitir que la ciudadanía elija a los hombres y mujeres –en igualdad de representación– que redactarán la nueva Carta Magna.

La paridad en el proceso constituyente es uno de los grandes logros que las chilenas han conseguido en el contexto del estallido social que empezó el 18 de octubre de 2019 y que el coronavirus ha dejado, por ahora, en pausa. No es el único. En el último tiempo, mujeres y personas disidentes sexuales han ocupado las calles para reclamar desde el aborto seguro, libre y gratuito hasta una educación no sexista. El movimiento feminista ha instalado sus demandas en plena revuelta, en la que ha tomado un buen nivel de protagonismo. Prueba de eso fue el éxito de la manifestación del 8 de marzo, que congregó a dos millones de personas en las calles de Santiago, según las organizadoras; 800.000, según el Gobierno.

“Mayo feminista”, el precursor

“No son 30 pesos, son 30 años”, decían los y las estudiantes que lideraron las primeras protestas en contra del aumento del transporte público. La juventud empezó a movilizarse en las estaciones de metro, saltando los torniquetes y llamando evadir. Pero el movimiento estudiantil chileno, que tiene una fuerte adhesión feminista, hacía tiempo que pavimentaba el camino hacia el estallido de octubre. En 2018 tuvo lugar el llamado «mayo feminista», en el que mujeres estudiantes ocuparon colegios y universidades de todo el país para protestar contra la violencia machista que se vive en los centros educativos y exigir una educación no sexista. Durante casi dos meses la actividad en las aulas estuvo paralizada. “Uno de los hitos de la movilización fue la ocupación de la Universidad Católica, una de las más conservadoras del país, en un acto muy simbólico de impugnar el rol de abnegación y postergación de las mujeres”, recuerda la abogada especializada en derechos de las mujeres, Daniela López. “Esas protestas provocaron el surgimiento del movimiento feminista con carácter de masividad y su entrada en el debate público, como se comprobó luego en la manifestación del 8M de 2019”, añade.

En los últimos cuatro años, el movimiento feminista chileno ha sido partícipe de un ciclo de malestar y lucha social de mucha adhesión social. La ciudadanía ha salido a la calle para protestar contra el actual sistema de pensiones, el sistema de salud, de educación o la violencia contra las mujeres. “Todo esto estalla el 18 de octubre”, apunta López. Ayelén Salgado, líder estudiantil durante las manifestaciones, explica que las demandas del movimiento feminista “son transversales al resto y tienen que ver con los derechos a la vivienda, al acceso al agua, en los territorios…”. En su opinión, “quienes llevaron la lucha durante la movilización de octubre fueron estudiantes organizadas, pobladoras organizadas y agrupaciones feministas”.

La autorganización ha sido, sin duda, uno de los sellos de la revuelta. Ha sido básica para el funcionamiento de espacios tan diversos como asambleas vecinales o de gremios, “ollas comunes” (comida compartida en comunidad), la primera línea –jóvenes que se enfrentan a la policía para evitar que la represión disuelva las protestas– o las “mamás capucha”, encargadas de proveer alimentos y comida. Acción de mujeres mayores, están con trajes negros y los brazos en altos

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Más de 10.000 mujeres responden a la convocatoria de LasTesis Senior frente al Estadio Nacional de Santiago. / Foto: Meritxell Freixas Martorell

El despegue de LasTesis

La explosión definitiva del movimiento feminista chileno llegó el 25 de noviembre, con la performance ‘Un violador en tu camino’ de LasTesis: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía. El violador eres tú”. La canción, que había sido interpretada por primera vez días antes en Valparaíso, se viralizó el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre. Su repercusión superó todas las expectativas: mujeres de todo el mundo entonaron la letra. “Con la performance, el movimiento da un salto de politización muy importante: pasa de develar la violencia individual del agresor a apuntar a la violencia estructural del modelo de desarrollo neoliberal y señala que la reproducción de la desigualdad, precariedad y explotación hacia la mujer radica en el Estado, sus instituciones y la estructura económica”, sostiene Daniela López. Para Ayelén Salgado, la intervención fue “un hito”. Dice que hasta entonces las demandas feministas habían pasado muy desapercibidas porque “no se habían tratado como un tema en sí”. “Con la canción todo se mancomuna, al estar apuntando directamente a los pacos [en referencia a la policía], la Iglesia, el Estado, el presidente, y al conjunto de las instituciones que reproducen la violencia machista”, indica la joven. La iniciativa chilena fue reconocida por mujeres como la filósofa Judith Butler o la escritora francesa Virginie Despentes, quien lo calificó como “un grito de guerra”.

Hoy ‘Un violador en tu camino’ se ha convertido en todo un himno feminista. El 8M se escuchó repetidas veces durante la multitudinaria manifestación y, desde que apareció, la performance se ha replicado en distintos espacios públicos de todo el mundo. En Chile, la representación más concurrida fue la de “LasTesis Senior”, dirigida a mayores de 40 años, que se convocó el 4 de diciembre afuera del Estadio Nacional, un espacio cargado de simbolismo por ser un antiguo centro de tortura durante la dictadura.

Más de 10.000 mujeres llegaron al lugar citadas a través de una catorcena de grupos distintos de WhatsApp: “LasTesis Senior1”, “LasTesis Senior2”, y así hasta 14, cada uno con 250 integrantes. “Muchas mujeres nos juntamos y nos preparamos para poder hacer el baile. Fue maravilloso, un día muy bonito”, recuerda Rosa Moreno, una de las participantes. La mujer explica que ese evento fue el origen del primer partido feminista de Chile, que ella preside y que hoy se encuentra en pleno proceso de formación. “Se juntó la convocatoria de LasTesis Sénior y la posibilidad de votar por una nueva Constitución. Queríamos tener voz en el nuevo proceso y, a pesar de nuestra tremenda desconfianza en los partidos, vimos que era la mejor forma de influir”, añade.

La ministra ausente ante la violencia

Más de 27.000 personas han sido detenidas desde el 18 de octubre de 2019 hasta fines de marzo de 2020, según datos del Ministerio de Justicia. Aunque hasta la fecha no hay una cifra oficial de las personas fallecidas en el contexto de las protestas, se estima entre 35 y 40, algunas de ellas a manos de policías y militares. El Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), un organismo autónomo e independiente, ha presentado casi 1.465 acciones judiciales, más de 200 por violencia sexual y más de 1.000 por torturas. El ente también ha contabilizado más de 3.800 personas heridas, 460 con lesiones oculares. La fotoperiodista Nicole Kramm es una de ellas.

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Mural pintado en una calle chilena. / Foto: Meritxell Freixas Martorell

La noche de año nuevo recibió el impacto de una bomba lacrimógena en su ojo izquierdo. Mientras caminaba por los alrededores de la Plaza Dignidad, se topó con un piquete de carabineros que dispersaba a quienes circulaban por la zona. El impacto le provocó una pérdida del 95 por ciento de la visión: “Toda mi vida tendré que seguir tratándome en la unidad de trauma ocular para supervisar cómo se va degradando el ojo. Según los médicos, pueden aparecer cataratas y glaucoma a mediano plazo”, cuenta. Kramm, que ha documentado el estallido desde la calle, critica la falta de apoyo por parte del Ministerio de la Mujer para las mujeres víctimas de violencia policial: “Hemos sido criminalizadas, revictimizadas y maltratadas con violencia psicológica por parte de los funcionarios de servicios de salud pública”, acusa. A su parecer, “no hubo ninguna implementación de políticas públicas contra la violencia de género en la revuelta; hubo ausencia y abandono total por parte del Estado”.

La falta de respuesta de la ministra de la Mujer, Isabel Plá, generó una ola de reproches y acusaciones en su contra. Además del juicio social, la autoridad tuvo que enfrentarse a una suerte de juicio institucional en sede parlamentaria. La diputada Camila Rojas, de la coalición de izquierda Frente Amplio, impulsó una interpelación pública para pedirle explicaciones por su inacción. “Desde el estallido, el Ministerio de la Mujer desapareció completamente, no tuvo ningún rol, pese a que había varios casos de violencia política-sexual. Eso era grave”, comenta la parlamentaria. Pocas semanas después del interrogatorio, la ministra acabó por renunciar: “No fue el único factor, pero creo que la interpelación influyó en su decisión”, asegura Rojas.

Un nuevo ciclo político y social

Diputadas y senadoras de todos los sectores políticos, excepto de la derecha más extrema, coinciden en señalar el esfuerzo para aprobar la ley de paridad. “Hubo que hacer muchos esfuerzos y, si no hubiera sido por la disposición de las parlamentarias mujeres y la presión que había fuera de los muros del Congreso, no hubiéramos podido lograr algo tan histórico”, dice Camila Rojas. La normativa aprobada habilita una reforma a la actual Constitución para convocar el plebiscito y, de ganarlo a través de una convención constituyente (sin representantes parlamentarios), obligará a los partidos a presentar listas con 50 por ciento hombres y 50 por ciento mujeres. La cabeza de lista será siempre una candidata y el resto de nombres se ordenará de forma alternada sucesivamente con los candidatos.

“El proceso constituyente es el desafío más importante que tiene por delante el movimiento feminista”, opina la abogada Daniela López. El siguiente paso dice es “tomarse el contenido de la constituyente” para poner encima de la mesa temas que afectan directamente a las mujeres como la crisis de los cuidados, la división sexual del trabajo o la violencia de género. La experta cree que, si eso no ocurre, se producirá un nuevo “pacto sexual masculino y transversal a las diferentes fuerzas políticas que entienden el género y la desigualdad de género como un orden natural e incuestionable”.

El estallido social –la ciudadanía chilena, la presión de la calle– ha conseguido en seis meses lo que no se pudo lograr en 30 años de democracia: escribir la Constitución desde cero. Por primera vez, las mujeres tendrán en sus manos la oportunidad participar de un nuevo ciclo político y social en el que se sientan convocadas, incluidas y consideradas en todas sus facetas y dimensiones. El movimiento feminista no quiere desaprovechar esa oportunidad histórica. Quiere estar ahí, pendiente y alerta para ser, nuevamente, protagonista.

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