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Ser mujer marroquí y madre soltera

Viernes 11 de octubre de 2019

Omnia Nur. Activista feminista marroquí 10-10-2019 Público

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Varias mujeres marroquíes. REUTERS

Estos días que se están compartiendo una imagen por redes sociales de un bebé en las calles de Marruecos creo que es importante que enfoquemos el debate no tanto en los bebés abandonados, sino en las consecuencias que empujan a sus madres a dejar el destino de estos niños en la puerta de una persona adinerada, en un contenedor o en las instalaciones de una mezquita.

“Hace aproximadamente diez años conocí a un joven que me prometió amor eterno y matrimonio al poco de conocerme. Nuestra escena romántica me recordaba a las series mexicanas subtituladas en árabes que empezaron a llegar en los años noventa a Marruecos. Aprendimos a amarnos de otra manera, más abierta y con menos remordimientos. Empezamos a tener relaciones sexuales pero mi pareja me prohibió que lo compartiera, así que decidí alejarme de todo mi entorno y acudir a su casa hasta formalizar nuestra relación. Me decía que no entendía mi preocupación por agilizar los trámites de nuestro matrimonio y me prometió que pronto iríamos a casa de mi familia y le mostraríamos nuestra acta matrimonial.

Tras seis meses de convivencia me quedé embarazada. Me contestó diciéndome que era estéril, que fuera a buscar de dónde había sacado yo esa tripa. Ya no nos veía en ninguna serie mexicana subtitulada en árabe. Estaba embarazada y sola, sin familia y sin recursos ni alternativas para mí y para mi bebé. Acudí a mi madre y me aconsejó que me alejara todo lo que pudiera de ella para no manchar más el honor de la familia, y así lo hice. Me aislé y clandestinamente tuve a mi bebé. Wled Lhram es el nombre que le puso la sociedad a mi hijo, incluso antes de nacer su nombre era “hijo del pecado”. Y yo, Saida, que significa feliz en árabe. Ahora busquen ustedes la ironía”.

Según la asociación por la integración de niños y mujeres Insaf, hay 30.000 testimonios de madres solteras como el de Saida, cada cual con sus matices pero todas son víctimas. Y la cifra de madres solteras sigue en aumento. La ignorancia y la falta de conciencia en las relaciones sexuales hace que una gran cantidad de mujeres que no complementaron sus estudios ni tuvieron ningún tipo de educación sexual caigan presas en manos de la primera relación de amor y se queden embarazadas. Cuando el aborto no es una alternativa acaban teniendo su hijo en la clandestinidad y a escondidas. Las relaciones sexuales son un tabú entre los miembros de la familia, los padres evitan hablar con sus hijas del tema y no piden que en las escuelas los alumnos tengan mayor conocimiento sexual.

A pesar de haber avanzado en muchas materias, el honor de la mujer árabe en muchos hogares árabe-musulmanes sigue estando relacionado con su himen, dado que para contraer matrimonio en la mayoría de los casos las mujeres deben tener el himen intacto: si no, eso traerá la deshonra y la vergüenza a su familia. Por este motivo las madres solteras se ven obligadas a huir de su entorno y a tener a sus hijos a escondidas lejos de sus ciudades natales. A falta de asesoramiento profesional y familiar, estas jóvenes piensan que huyen de la cárcel social pero lo que no se esperan es que en todo el país sufrirán la misma estigmatización, y por ello se ven obligadas a prostituirse o a ejercer labores de cuidado y limpieza para sobrevivir.

Para estas mujeres el aborto no es una opción ya que desde la época colonial francesa el Código Penal Marroquí sigue manteniendo una serie de artículos que penalizan prácticas consideradas impuras como la homosexualidad, adulterio, no ayunar durante el ramadán y el aborto. Se alejan en busca de alternativas para poder deshacerse del feto pero nunca acuden a un hospital público para no sufrir represalias ni ser insultadas por el personal sanitario, así que acuden a clínicas privadas donde, a cambio de altas cantidades de dinero, se realizan abortos de forma clandestina. El asunto puede empeorar cuando no se dispone del dinero para abortar en una clínica y por lo tanto estas jóvenes acuden a un comerciante para comprar una composición de hierbas que llegan a costar hasta 150 euros. Un estudio realizado por la asociación Insaf hizo un seguimiento de 150 embarazos de madres solteras. Todas ellas tuvieron que esconderse de inspecciones policiales, ya que el Código Marroquí penaliza tanto el adulterio como el embarazo sin matrimonio.

No sabemos si son feministas, si son negras o blancas, si llevan velo en ocasiones o si son musulmanas practicantes. Son supervivientes de un sistema patriarcal y religioso. A menos de 15 kilómetros de distancia de España hay mujeres que dejan a sus hijos en las calles por miedo a ser perseguidas por la policía y ser acusadas de prostitución.

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