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¿Por qué dan tanto miedo nuestras tetas? Entre la censura y la sexualización del pecho femenino en la era digital

Martes 4 de junio de 2024

El aparato tecnológico que castiga el pecho femenino y el cuerpo de las mujeres amplifica su inseguridad bajo la misma premisa de representación de siempre: "La madre y la puta, la teta buena y la tela mala". Lo analizamos con expertas.

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Montaje con algunas de las fotografías icónicas sobre el pecho femenino y la subversión contra los estereotipos de género. — Lidia Llorente

MADRID01/06/2024 CANDELA BARRO Público

2004. Superbowl. En escena, dos protagonistas: Janet Jackson y Justin Timberlake. En medio de uno de los momentos televisivos más importantes de cada año, Timberlake le arranca una parte del corsé a Jackson y queda al aire su pecho con una pezonera plateada en forma de estrella. Aquel momento se quedó grabado en la retina mundial y suscitó un debate que señaló como culpable a la artista. Tanto que tiene su propio nombre, el nipplegate, o cuando el machismo hizo lo suyo. Mientras Timberlake pegó un salto en su carrera, a Jackson la sentaron en el banquillo.

Es un ejemplo de cómo el pecho de las mujeres está bajo el escrutinio público y cada expresión de desnudez hacia él provoca un aluvión. Pero hay muchos más. Cada año en repetidas ocasiones vemos cómo ellas se ven obligadas a pelear ese espacio contra la norma. Un lugar que no pase por la sexualización y la censura y que ponga en el centro el derecho a ser dueñas de sus cuerpos, de desnudarlos, representarlos o amamantar con sus pechos de distintos tamaños, colores y formas.

Pasó en España cuando detuvieron a la cantante Rocío Saiz por enseñar las tetas durante un concierto en Murcia. Eva Amaral no tardó en mostrar con sororidad su apoyo y terminar un concierto en el festival Sonorama en agosto de la misma forma. La artista cubrió de dignidad su propio alegato. "Esto es por Rocío. Por Rigoberta (Bandini). Por Zahara. Por Miren. Por Bebe. Por todas nosotras. Porque nadie nos puede arrebatar la dignidad de nuestra desnudez", dijo.

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La cantante Eva Amaral actúa en uno de los escenarios del Festival Sonorama, en la localidad burgalesa de Aranda de Duero - Paco Santamaría/EFE

Para la filósofa Carolina Meloni el pecho femenino siempre ha estado atravesado por dos paradigmas básicos del género. "La significación del pecho femenino tiene que ver con la cuestión de la teta buena, la madre, el pecho como fuente nutricional fuera de la sexualidad, y la teta mala, el pecho de la connotación del deseo oculto, de la sexualidad y del placer. Son las dos posiciones sociales que tenemos las mujeres: la madre y la puta, la teta buena y la tela mala", explica.

Alecccionar a través de la censura digital

Es en la desnudez donde ejercen un control férreo las plataformas tecnológicas. La censura a los pezones femeninos choca con la nula revisión del acoso digital que reciben las mujeres. Meta y, en concreto, Mark Zuckerberg, perdieron la oportunidad de reformular su política sobre los pezones a principios del año pasado. En una revisión de sus políticas, a raíz de las críticas sobre la doble vara de medir para las aureolas si estas eran femeninas o masculinas, el consejo asesor de contenidos dijo que conservaría la censura.

"Cuando ves que hay revuelo y machacan a una compañera por enseñar su cuerpo, su pecho, te cuestionas a ti misma. Tanto la censura del algoritmo como el acoso son instrumentos aleccionadores. Con esta reacción antifeminista virulenta, vemos cómo bombardean a las compañeras con insultos o con hipersexualización", explica Marina García, portavoz de Teta & Teta. Esta organización denunció hace apenas tres semanas la lona colgada en una esquina de la plaza de Callao en Madrid que anunciaba operaciones estéticas para el aumento del pecho a golpe de "otro verano más cambiando el panorama de las playas".

García cree que el acoso, tanto online como offline, incide notablemente en la autopercepción del cuerpo y la seguridad de las mujeres. Una problemática que puede materializarse en que ellas acaben por ocultarse más para intentar evitar ser señaladas. Un estudio del instituto público francés IFOP apuntaba a que las francesas que hacían toples —fueron precursoras en los sesenta— habían caído del 43% al 16% entre 1987 y 2021.

En España, de hecho, vemos cierto retroceso en la vuelta del debate ’toples sí o no’ en playas y piscinas en los últimos veranos. Como cuando el pasado julio aparecieron varios carteles falsos que prohibían el toples en una playa de Cantabria. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Bezana explicó que era una pegada no autorizada.

"Hay bikinis talla tres años, cinco años, … Si sin tener el pecho desarrollado te están instando a que te lo tapes, ¿cómo te vas a atrever a hacer toples? Si hay un retroceso será multifactorial pero, efectivamente, el factor digital amplifica el acoso y la censura", argumenta García.

Meloni, en la misma línea, cree que el censor digital tiene capacidad para mermar las libertades. "La violencia disciplinante acaba interiorizándose. Toda violencia censora, todo poder, acaba interiorizándose. Muchas veces, de manera inconsciente. No sabemos hasta qué punto tiene ese poder esa potencia censora. Efectivamente, esto puede generar un repliegue de las mujeres hacia la autocensura", explica.

Un ojo censor-sexualizador a lo largo de la historia

La percepción del pecho a través de la sexualización está asentada en la cultura de la representación del cuerpo femenino. Eugenia Tenenbaum, historiadora del arte, establece el punto de partida en el despertar renacentista del género pictórico, "predominantemente femenino, donde se explota el componente erótico y sexual, culturalmente construido sobre el cuerpo de la mujer". Se desnaturaliza el cuerpo de las mujeres en pos de la cosificación.

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’Madre y niño’, óleo sobre lienzo de 1907 de Paula Mondersohn-Becker.

"Ahí surgen todas estas imágenes de Venus recostadas que son, simple y llanamente, mujeres desnudas. Hay también muchas imágenes de madonnas con niños que amamantan. En realidad, en la historia del arte occidental, cualquier excusa es buena para sacar una teta de una mujer y es una tendencia que se extiende hasta la actualidad", explica Tenenbaum.

El artista masculino representa el pecho en su propia concepción y no abarca la diversidad. Ante esto, pintoras como Paula Modersohn Becker, artista clave del modernismo alemán, intentaron marcar otra línea de representación en obras como ’Madre y niño’, entre muchas otras.

Esta dicotomía que ve a las mujeres y sus cuerpos como objeto la denunciaron las Guerrilla Girls en la que posiblemente sea su obra más icónica, este cartel de 1989. ¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar al Metropolitan Museum?, se preguntaba el colectivo. Según sus estadísticas del momento, menos del 4% de las artistas en las secciones de arte moderno de los museos eran mujeres frente al hecho de que el 76% de los desnudos eran de ellas. Esta nula representación como sujetos artísticos se cuenta detalladamente en este otro reportaje.

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’Do women have to be naked to get into the Met. Museum?’ (1989) de Guerrilla Girls.

"Es la idea de entender el cuerpo de las mujeres como algo meramente performático para generar placer visual masculino. Bien es cierto que, a partir de los años sesenta, las artistas feministas parten de esto para subvertirlo", explica la experta y nombra varias obras. Entre ellas, Glass on Body Imprints (1972) de Ana Mendieta en donde la artista se fotografía aplastando y deformando su cuerpo desnudo con pedazos de vidrio, rompiendo con la dinámica de la observación pasiva y masculina.

A día de hoy, sin embargo, persiste el ojo censor-sexualizador en los museos. "Ciertas performers han hecho el ejercicio de situarse ante cuadros de mujeres con el pecho al descubierto para criticar la objetualización y han sido ellas, en ese momento, sujeto del arte, las desplazadas y apartadas por la seguridad del museo", añade la experta.

Cuando las tetas son subversivas

El contexto y la finalidad con la que se enseñan las tetas puede marcar subversión y molestar al statu quo; como pasó con Amaral que recibió, aparte de aplausos, numerosas críticas misóginas. Ese miedo a la revolución quedó reflejado en uno de los versos distintivos de Bandini: "No sé por qué dan tanto miedo nuestras tetas / Sin ellas no habría humanidad ni habría belleza". Pero ¿estamos ante un mal momento político para enseñarlas?

Al auge de la ultraderecha, que tiene entre sus objetivos la agenda feminista y el cuerpo de las mujeres, se suman los soldados de la manosfera. La comunidad misógina en red dispuesta a atacar cualquier movimiento feminista.

"Aunque no sea un buen momento político para enseñar las tetas, igual es una de nuestras armas radicales. Resignificar la teta como herramienta de visibilización de la agencia de las mujeres es algo que siempre se ha hecho desde determinados movimientos feministas. Quizá, en este momento, lo que necesitamos es enseñar más tetas frente a los que las quieren silenciar", asegura Carolina Meloni.

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