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Joana Biarnés: la fotoperiodista que se adelantó a su tiempo

Viernes 4 de enero de 2019

El azar y un padre amante de la fotografía la convirtieron en la primera reportera gráfica española. Cansada de pelear por dignificar la profesión, se dedicó a su otra pasión, la cocina

Ricardo Uribarri 02.01.2018 CTXT

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Joana Biarnés. RTVE

No me mire como a una mujer, míreme como a un fotógrafo que vengo a trabajar”. Esa es la respuesta que daba Joana Biarnés a los policías que le querían impedir su paso a las Cortes Españolas, extrañados de que una mujer desempeñara esa profesión. Una situación con la que tuvo que lidiar varias veces a lo largo de su apasionante trayectoria. Es lo que les pasa a las pioneras. Romper tabúes y prejuicios nunca es fácil, especialmente en la época que le tocó vivir. Ella fue la primera fotoperiodista española, la que abrió el camino a otras compañeras que vinieron después. Sin embargo, su magnífica obra, que abarca numerosos campos, es desconocida para mucha gente. Su vida se acabó hace unos días, con 83 años. Pero su legado queda para siempre.

El destino fue caprichoso con ella. No quiso ser fotógrafa pero acabó siendo una de las mejores. Hizo de sus ojos una herramienta con la que retratar la historia de nuestro país pero una enfermedad le hizo perder hasta un 70% de visión. Luchó por dignificar su profesión pero tuvo que dejarla porque no le gustó el rumbo que había tomado. A pesar de la alta calidad de sus trabajos, nunca creyó en sí misma, hasta el punto de que destruyó algunos archivos porque le ocupaban sitio en casa. Después de casi 30 años de carrera, hubo mucha gente que la conoció por su otra pasión: la cocina. Y una casualidad más quiso que, después de casi tres décadas de olvido, terminara recibiendo un justo reconocimiento en sus últimos años.

Como ocurre en la trayectoria de muchas personas que hacen historia, el azar fue fundamental para que Joana dirigiera sus pasos a la fotografía. Nacida en Tarrasa en 1935, fue hija de Joan Biarnés, un trabajador de la mina pública Aguas de Tarrasa que además era un gran aficionado a la fotografía, hasta el punto de que, para aumentar los ingresos, terminó instalando un laboratorio en su casa y trabajando como colaborador para medios como Mundo Deportivo.

En el documental Una entre todos, dirigido por Jordi Rovira y Óscar Moreno, la propia Joana reconoce que “lo que quería ser era telefonista. Entraba en la sala de casa donde mi padre revelaba las fotos pero, a pesar de su interés para que le ayudara, lo que me decía me entraba por un oído y me salía por otro”. Sin embargo, un hecho cambió aquella situación. Unos excursionistas quisieron recorrer una gruta que había sido descubierta poco antes en la zona y fueron a la casa de Joan Biarnés para que les hiciera un reportaje fotográfico. Él se excusó porque tenía otros compromisos y entonces Joana, a pesar de que no había hecho una foto nunca, se ofreció a hacerlo para ayudar a su padre: “Me sentía en deuda con él y quería que estuviera orgulloso de mí”. La calidad del trabajo fue tal que Joan lo llevó a Mundo Deportivo y terminó siendo publicado. Ese fue el primer trabajo en prensa de Joana Biarnés.

A partir de ahí empezó a colaborar con su padre cubriendo numerosos eventos, entre ellos de deportes, como carreras de bicicletas, partidos de hockey y… de fútbol. El primer día que fue al estadio empezaron a silbarla desde que apareció en el césped. “Me dijeron de todo, menos guapa: Vete a fregar platos, ¿buscas novio? Enseguida vino el árbitro y me dijo que por qué estaba allí. Yo le contesté que iba a hacer fotos. Esto es para fotógrafos, me dijo. Claro, es que yo soy fotógrafo, le respondí. Pero usted es una mujer. Sí y no me voy a mover de aquí, porque además estoy autorizada por la Federación, le expliqué, mostrándole el carnet. El árbitro llamó al director de campo, que le dijo que yo podía estar allí”. Carnet, por cierto, en el que ponía fotógrafo, y no fotógrafa. “Yo siempre quise que fuese así, porque quise invadir el terreno fotógrafo”.

Hace un año, en una entrevista en el programa Por fin no es lunes de Onda Cero, y en relación a un episodio de insultos que había vivido un equipo arbitral compuesto únicamente por mujeres en un partido, explicó que le daba “mucho coraje lo que les ha pasado a estas chicas, lo mismo que hicieron conmigo hace 60 años. Les diría que no bajen la guardia, que yo seguí y lo conseguí. Creía que la cultura habría educado un poco a estos marranos pero no. Yo pensé entonces, si aguanto y no me doy por vencida, estoy abriendo un camino pequeño para las mujeres que quieran hacer lo mismo. Por mucho que me tiemblen las piernas, por mucho que me impresione esta presión que me está cayendo encima, no me puedo marchar”.

Estudió en la entonces recién creada Escuela Oficial de Periodismo de Barcelona. En una ocasión, un profesor le mandó hacer un trabajo en un matadero, lo que suponía un trago para ella porque no le gustaba nada ver la sangre. “Fue como una puñalada. El olor era espantoso, los gritos de los animales…pero yo tenía que demostrar que podía hacerlo”. Las fotos fueron tan buenas que terminó comprándoselas un veterinario para un libro que estaba escribiendo. El profesor le dijo: “Usted será una gran reportera”.

Joana tuvo que vivir un tiempo después un episodio que le marcó, las riadas de 1962 en su localidad, Tarrasa, en las que hubo numerosos muertos. “Mientras hacía las fotos se me caían las lágrimas. La experiencia fue tan dura que me dije a partir de este momento es cuando ya puedo aguantar muchísimas cosas”. Pero hubo una cosa a la que le costó hacer frente: el machismo imperante en la sociedad. Cuando acabó sus estudios se encontró con que se le cerraron todas las puertas de los periódicos. En algún medio le llegaron a decir “hombre, es que una mujer, esto no se ha visto nunca”.

La figura de su padre siempre estuvo presente en la vida de Joana. Tanto, que nunca olvidó dos cosas que le dijo. La primera, en el ámbito profesional, fue que siempre intentara hacer la foto, esa imagen distinta a la que hacían los demás, y la segunda, más personal, fue cuando ella le dijo que Tarrasa se le quedaba pequeña y que quería marcharse a Barcelona. “Lo entendió, pero me pidió que nunca le hiciera bajar la mirada, que nunca le hiciera agachar la cabeza. Se lo prometí y ha sido mi motivación siempre. Así de importante ha sido él para mí”.

Una persona le propuso cubrir en Barcelona el concurso “La Cenicienta”, que organizaba el diario Pueblo. Cuando el director del vespertino madrileño, Emilio Romero, una de las principales figuras del periodismo en la época del franquismo, vio las fotos, pidió entrevistarse con la autora. “Hablé con él y me dijo que creía en las mujeres y que si me interesaba podía empezar a trabajar en el diario. Era un salto tremendo pasar de Barcelona a Madrid, pero al fin y al cabo era lo que yo buscaba. Trabajar en un periódico y demostrar de lo que era capaz”. Era el año 1963. Hasta 1967 fue la única mujer en la sección de fotografía.

Joana hizo reportajes de todo tipo. Realizó partidos de fútbol, portadas de discos, moda, retratos… Fue tan polifacética que han llegado a decir de su trabajo que “no parece el de una sola persona, sino el de toda una agencia”. En 1965 le tocó cubrir la visita a España de Los Beatles y se las arregló para colarse en el avión que les llevó a Barcelona y hacerles fotos desde el baño. La descubrieron pero ella ya tenía la foto, distinta a las que habían sacado todos sus compañeros en la rueda de prensa anterior. No contenta con ello, accedió al hotel en el que se hospedaron en la Ciudad Condal y llamó a su habitación. Le abrió Ringo Starr y tras reconocerla y consultar con el resto de la banda, la dejaron pasar para hacer “una foto”. Al final estuvo tres horas con ellos. Curiosamente, Pueblo no publicó el reportaje porque tenían “órdenes” de no dar demasiada cancha al paso de la banda británica por España, así que terminó regalando las fotos a la revista Ondas para que al menos se pudiesen ver.

Poco después de entrar en Pueblo conoció al que posteriormente fue su marido, el francés Jean Michel Bamberger, que vino a España para producir el programa de radio Ustedes son formidables, del periodista Alberto Oliveras, que fue quién les presentó. Joana reconoce en el documental Una entre todos que “fue mi salvación, porque estoy convencida que con un español no me entendería”. El que posteriormente se convirtió en su esposo, reconoce que “admiré de ella su manera de luchar contra el machismo tan fuerte que había entonces”.

Fotografió a Nureyev haciéndose pasar por la secretaria de Antonio el bailarín, a Polanski, simulando ser la esposa del periodista José Luis Navas, a Dalí, Audrey Hepburn, Sammy Davis Junior, Tom Jones, la duquesa de Alba, Sara Montiel, Carmen Sevilla, ayudó a Massiel en París a elegir el vestido que lució en el Festival de Eurovisión, y se convirtió en la sombra del cantante Raphael, a quien acompañó durante nueve años por todo el mundo, lo que le hizo dejar Pueblo. Con el cantante de Linares le ocurrió una anécdota llamativa. Su boda con Natalia Figueroa fue un gran motivo de interés y todos los reporteros estaban detrás de enterarse de dónde y cuándo se iba a celebrar. Joana sabía que iba a ser en Venecia y ella iba a tener la exclusiva de hacer las fotos para repartirlas posteriormente entre los medios, pero un periodista de la época, Yale, que trabajaba un periódico vespertino se enteró y se presentó en Venecia, presumiendo de que “ya le hemos jodido la exclusiva a la Biarnés”. Ella, que había empezado a trabajar para el ABC, hizo que la noticia saliera publicada ese día por la mañana en el periódico que dirigía Luis María Ansón. Y Joana le dijo a Yale: “Para joderme a mi hay que correr mucho”.

Biarnés tenía mucha habilidad para acercarse a los personajes. Les inspiraba una confianza que facilitaba el contacto. La fotógrafa Sandra Balsells explica en Una entre todos que “la cercanía que tenía Joana con los protagonistas, esa naturalidad con las celebridades, hoy en día ya no existe. Es una crónica de aquello ya no se podrá hacer nunca más. Ese contacto tan natural, tan próximo, es irrealizable hoy en día”.

En los años 80 y junto a otros colegas fundó la agencia Sincro Press. Trabajó para muchas revistas aunque las circunstancias de la profesión, con la aparición de los paparazzi, eran muy distintas a las que ella había vivido años atrás. Hizo un reportaje gráfico de un señor que se había curado de cáncer de garganta y que se brindaba a dar terapia a gente con el mismo problema pero cuando lo ofreció, el director de una revista le dijo que “eso no vendía”. Y le enseñó un ejemplo de lo que tenía que hacer. Un reportaje de Lola Flores y sus hijas disfrazadas de Reyes Magos. Cuando llegó a casa le dijo a su marido que tenía que dejar la profesión porque no quería hacer ese tipo de periodismo. Era 1985.

Juanita, como muchos la conocían, y su marido se compraron una casa de payeses en Ibiza para pasar sus vacaciones. Allí celebraba comidas con sus muchos amigos, famosos y no famosos. Todos sus conocidos que iban a la isla les hacían una visita y ella les terminaba preparando algo. Algunos, como Natalia Figueroa, les animaron a dedicarse a ello de forma profesional y así nació Cana Joana, un restaurante que se convirtió en referencia gastronómica “haciendo cosas que no hacían los demás”. Allí estuvieron más de 20 años. Hasta que en 2007 decidieron cerrarlo e instalarse en la localidad catalana de Viladecavalls.

Habían pasado casi tres décadas desde que Joana decidió dejar de trabajar como fotógrafa, lo que provocó que se convirtiera en una desconocida para el sector y para el gran público. Un olvido del que fue rescatada gracias a la labor del fotógrafo Cristóbal Castro, que recopilando documentación de la riada de Tarrasa al cumplirse el 50 aniversario encontró el trabajo de Biarnés. Al ponerse en contacto con ella e ir descubriendo todo su material profesional le convenció de que tenía que hacer una exposición. Archivos, por cierto, que ella había empezado a eliminar con una trituradora para ganar espacio. Un seminario celebrado en Albarracín en 2013, donde recibió muchas muestras de cariño, le acercó de nuevo a la actualidad por su profesión como fotoperiodista. Un año después la Generalitat de Catalunya le entregó la Cruz de Sant Jordi.

Después de tener su trabajo, o lo que es lo mismo, su vida, “encerrada en un cajón de talco”, como ella misma afirma en el documental, “empecé a valorarlo” gracias a distintas exposiciones celebradas en los últimos años o con la publicación de su biografía, Joana Biarnés. Disparando con el corazón. A pesar de que en 2001 le diagnosticaron una maculopatía degenerativa que le fue haciendo perder visión hasta quedarse únicamente con un 30% de vista, recuperó en sus últimos años la afición por hacer fotografías. Como le gustaba recordar, “las fotos tienen alma porque los fotógrafos disparamos con el corazón”. Uno de sus colegas, el Premio Nacional de Fotografía Gervasio Sánchez, la definió a la perfección: “Por intuición, por olfato y por pasión, Joana Biarnés fue una adelantada a su tiempo”.

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