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Es una agresión machista, sucede en el Congreso ¿y no pasa nada?

Jueves 24 de noviembre de 2022

CRISTINA FALLARÁS 24 NOVIEMBRE 2022 Público

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La ministra de Igualdad, Irene Montero, en la tribuna del Congreso, durante el debate de Presupuestos. E.P./Fernando Sánchez

Escribí hace solo dos días sobre el calificativo dedicado a la ministra de Igualdad Irene Montero por el diputado del PP llamado Víctor Píriz. La llamó "inútil". No quise entonces dar su nombre, porque es todo el PP en sus palabras quien se expresa. Sí escribí lo siguiente, que es exacto: Conmigo, millones de mujeres saben de qué se trata, conocen esa sensación. "Eres una inútil", "No sirves para nada", "No sabes hacer nada bien"... De primero de violencia machista.

Este miércoles día 23, la parlamentaria de VOX Carla Toscano ha dado un paso más. "Su único mérito es haber estudiado en profundidad a Pablo Iglesias". Es solo eso, y ya lo siento, un paso más. Cada paso lleva al siguiente, nada sucede sin lo anterior. Es pasar del "tú no vales para nada" al "tú has comido muchas pollas". Me lo sé de memoria. Nos lo sabemos de memoria.

Ah, pero en estas ocasiones, ambas muestras de violencia machista han sucedido en el Congreso de los diputados y diputadas, en la Cámara de representación del pueblo. Y no, no se trata de "violencia política", como ha dicho Montero, de quien admiro su entereza, su ser de una pieza ante el horror de una agresión pública. Es una agresión machista.

Mañana celebramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y hoy mi furia no tiene límites. Mañana celebramos eso y esta semana una mujer, ministra por más señas, ha recibido en el Congreso de España dos agresiones machistas, dos golpes brutales de violencia macho evidentes, explícitos, celebrados, aplaudidos. Eso es. No en la intimidad putrefacta de la cámara erizada. Ha sido en público, y con ovación.

¿Pero no era esto contra lo que estamos legislando? ¿No es esto contra lo que lucha el Gobierno y todos sus socios parlamentarios y todos los millones de ciudadanas y ciudadanos a los que representan?

¿Entonces?

¿Entonces, qué?

¿No va a pasar nada?

¿Qué sucede? ¿Qué lo que pasa en la calle no vale dentro del Congreso?

Parémonos un momento en este punto, porque este y no otro es el punto. La ministra de Igualdad Irene Montero ha sufrido dos agresiones de violencia machista en lo que va un suspiro. Han sido públicas. Han sucedido en el lugar donde toda la población de un país está representada. Yo, ciudadana, confío en que la legislación se cumpla para que eso no suceda. ¿Qué debo pensar si ocurre en el Parlamento y no pasa nada?

Esta mujer, Montero, acumula una violencia machista psicológica insoportable. No existe comparación alguna con lo que hemos visto en toda la historia de nuestra reciente democracia. Si todo ello queda impune, acabaremos pensando que quien lucha contra la violencia machista merece recibirla, y eso sería un desastre cuyas consecuencias no hace falta ser muy lista para olfatear.

No basta "la condena unánime" de algo vagamente llamado "todos los grupos progresistas". Es imprescindible, im-pres-cin-di-ble, un castigo a los agresores y agresoras. Porque nos han enseñado que eso es lo que sucede en la calle, en las casas y los bares, en las fiestas y las familias. Si eso no sucede en la Cámara de representación, algo va a quebrarse en la confianza de la ciudadanía.

Y, para terminar. La agresión de la diputada del partido ultraderechista sigue y es consecuencia evidente del ataque machista del parlamentario del PP. Representan entre ambos a millones de personas. Sin uno, la otra no es nada. Cabe exigir castigo. Por decencia, por coherencia, porque así legislamos. ¿O no?

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