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¿Eres madre? ¡Pues no lo pareces!

Martes 22 de octubre de 2019

No puedes decirte a ti misma ’madre’ como si nada. Conforme lo pronuncias te cae encima un peso que no sabes bien de dónde sale. Expectativas, estereotipos, culpas, prejuicios, miedos

Sospecho que hay otro factor que opera para que muchos de mis interlocutores reaccionen con sorpresa cuando me saben madre: estoy en el mismo espacio que ellos y ellas

Queremos fomentar la maternidad, pero no queremos madres libres. Necesitamos dejar de desplegar todas esas expectativas acerca de lo que es o debe ser una madre

Ana Requena Aguilar 21/10/2019 eldiario.es

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Pancarta en la manifestación del 8M en Madrid.

Empezaré respondiendo a la pregunta que yo misma (me) hago en el titular: sí, soy madre. Lo digo y aún me asusto, también lo reconozco. ’Madre’ no es cualquier palabra. No puedes decirte a ti misma ’madre’ como si nada. Conforme lo pronuncias te cae encima un peso que no sabes bien de dónde sale. Expectativas, estereotipos, culpas, prejuicios, miedos. Algo pasa conforme te identificas como madre. Me di cuenta al poco tiempo de convertirme en una de ’ellas’ y lo reafirmo cada vez que alguien, en una conversación -y me pasa con cierta frecuencia- me pregunta, ah pero tú, ¿eres madre? No lo pareces.

Quizá porque no siempre tengo la necesidad de hablar de eso cuando conozco a alguien ni de que sea mi primer tema de conversación. Quizá porque soy joven y no cumplo con el patrón de mujer de clase media que tiene hijos más cerca de los 40 que de los 30 o porque tampoco soy el estereotipo de chica joven de clase más baja que media que lo tuvo ’por un descuido’. Quizá porque me ven viajar o llevar un vestido ajustado o porque no me escuchan hablar de ’mi marido’ o porque muestro aspiraciones y deseos propios.

Sospecho que hay otro factor que opera para que muchos de mis interlocutores reaccionen con sorpresa cuando me saben madre. Estoy en el mismo espacio que ellos y ellas. En un bar o en una fiesta o en un festival de periodismo o en la presentación de un libro o subida en un escenario dando una charla. No siempre, obviamente, pero sí en ese momento, cuando ellos me ven y lanzan bienintencionadamente la pregunta. Ocupo el espacio sin identificarme necesariamente como madre y sin desplegar los atributos que uno espera de una madre.

Porque, ¿qué esperamos de una madre?, ¿cómo tiene que ser su apariencia?, ¿qué tiene que desear?, ¿cuáles son sus prioridades?, ¿qué piensas de una madre que se acaba el paquete de galletas favoritas de su hijo aunque no le queden para el desayuno del día siguiente?, ¿y de una que utiliza sus vacaciones para viajar sola cuando su hija tiene 9 meses o 3 años o 16?, ¿qué dirían algunos de la madre que deja al niño con la canguro para salir a follar?

Si nos tomamos tiempo para pensar en las respuestas que daríamos a cada una de esas preguntas y después las analizáramos en su conjunto, probablemente nos daríamos cuenta de que el estereotipo de la madre es aún tan grande que, si nos descuidamos, nos aplasta.

Queremos fomentar la maternidad, pero no queremos madres libres. Y para conseguir madres libres necesitamos que quienes quieran serlo tengan las condiciones para hacerlo y para sostener su responsabilidad en el tiempo (y compartirla, al menos con el Estado) sin que las cargas sean dobles, triples, cuádruples. Pero también necesitamos dejar de desplegar todas esas expectativas acerca de lo que es o debe ser una madre. Que pronunciar madre no sea siempre pronunciar culpa y prisas y límites. Destruir ese oxímoron que parecen formar ese ’ser madre’ y ’ser libre’.

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