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Entrevista a Leonice Tupari, en nombre de las mujeres indígenas de Brasil: “No solo queremos que se nos represente, sino que se nos escuche”

Miércoles 8 de agosto de 2018

María Fernanda Ribeiro 03-08-2018 Desinformémonos

Desde hace una década, Leonice Tupari participa en los movimientos de emancipación de los pueblos indígenas en el norte de Brasil a través de diversas organizaciones. En 2015 creó una asociación destinada a reforzar la presencia y la voz de las mujeres en las comunidades de la región del Amazonas. (Marcela Bomfim)

Se daban cuenta de que no se escuchaba su voz. Sus solicitudes no llegaban a los jefes. Sus problemas eran importantes solo para ellas. Sin embargo, el deseo de estar representadas en la toma de decisiones que afectaban a las comunidades en las que vivían unió a las mujeres indígenas del estado brasileño de Rondonia en su búsqueda de conocimientos para transformar esta realidad.

Esto impulsó la creación en 2015 de Agir, la Associação das Mulheres Guerreiras Indígenas de Rondônia (asociación de mujeres guerreras de Rondonia), una entidad que reúne actualmente a más de 500 mujeres de 27 territorios diferentes y en la que están representados 54 grupos étnicos de Rondonia.

Maria Leonice Tupari (41 años), presidenta de Agir, cuenta que el movimiento fue creado para que las mujeres tuvieran el derecho a ser escuchadas, no solamente en sus comunidades, sino también en los ámbitos municipal, regional, nacional e incluso internacional. “No queríamos que se nos siguiera dejando de lado en la toma de decisiones que afectan a nuestros territorios, nuestros representantes no nos invitaban nunca a participar”.

Estas mujeres han ido ganando fuerza y su realidad ya no es la de hace dos años. Los prejuicios machistas siguen existiendo y todavía se las sigue percibiendo a menudo como una amenaza, pero ya se pueden constatar avances.

“No somos una amenaza. Lo que queremos es avanzar juntas”, afirma Leonice que actualmente estudia un curso universitario a distancia. Leonice, hija de indígenas de la etnia Tupari del territorio indígena de Rio Branco, situado en la comuna de Alta Floresta, fue entrevistada por Maria Fernanda Ribeiro para Amazônia Real. Durante la entrevista hablaron de las dificultades y los avances de este trabajo constante, y de la lucha de las mujeres indígenas por garantizar su propio espacio.

¿Cuándo se dieron cuenta usted y otras mujeres de la necesidad de crear una asociación que reúna a las mujeres indígenas de Rondonia?

Antes de crear Agir existía otra asociación, pero cuando puso fin a sus actividades hace ya algún tiempo, nos encontramos sin representación en el estado de Rondonia. Sin embargo, como siempre hemos tenido mujeres que jamás han abandonado la lucha, mantuvimos estructuras para relacionarnos y continuamos participando en reuniones nacionales. No obstante, llegó un momento en el que sentimos la necesidad de una organización representativa más fuerte en nuestro estado, que pueda trabajar con las mujeres indígenas en la búsqueda de conocimientos [sobre los problemas]. Era necesario hacerlo porque cada vez asistían menos mujeres a las reuniones; casi no había ninguna participación. Además, ya no les interesaba nada. Solo una organización fuerte sería capaz de atraer a estas mujeres, de captar su atención. Sabíamos que tenía que ser un movimiento que fuera más allá de las líderes, que llegara a las bases. En 2015 conseguimos hacer realidad nuestro deseo.

¿Cuál es el objetivo de Agir?

Queremos dar poder y autonomía a las mujeres por medio del conocimiento y queremos participar en las deliberaciones y la toma de decisiones en nuestras comunidades. Antes de la creación de la asociación a menudo se nos dejaba de lado. Los hombres siempre tomaban las decisiones; no nos invitaban a participar en nada. No queremos solamente estar representadas en nuestras comunidades, queremos que se nos escuche también en los ámbitos municipal, regional, nacional e incluso internacional.

¿Cuáles fueron las primeras acciones de Agir?

Necesitábamos realizar un diagnóstico para comprender qué necesitaban nuestras mujeres. Era necesario visitar a las comunidades para escuchar a la base. Conseguimos visitar 16 territorios indígenas para identificar los puntos principales y actualmente realizamos una labor sólida de emancipación por medio del acceso a los conocimientos.

¿Cuáles fueron los resultados del diagnóstico?

El punto principal sobre el que reflexionan las mujeres es la artesanía indígena, ya que no solamente forma parte de la cultura, sino que también es una fuente de ingresos para las comunidades y les da un cierto grado de autonomía. Además, existe una gran preocupación por la salud. Hacemos hincapié en la seguridad alimentaria porque en muchas aldeas los alimentos ya no son los de antaño, están industrializados. Esto les preocupa mucho. También les preocupa la gestión del territorio, ya que sin tierras no es posible luchar por la salud, la educación u otras cosas. Aunque vivamos en sitios diferentes, todas sentimos lo mismo.

¿Cuáles son las consecuencias para las mujeres que no están incluidas en la toma de decisiones?

Todos nosotros, tanto hombres como mujeres, nos vemos muy afectados por la explotación minera y la explotación forestal en las tierras indígenas. Pero nosotras, las mujeres, sufrimos más las consecuencias porque, la mayor parte del tiempo, son los hombres los que toman las decisiones y no nos informan siempre de lo que pasa y cuando nos enteramos los efectos ya están ahí.

Existe, por ejemplo, un problema de prostitución en las comunidades. Los hombres abren el espacio de la comunidad a las prostitutas y también existe la prostitución entre las mujeres indígenas, lo que también facilita la entrada de enfermedades. Muchos hombres abandonan a sus mujeres indígenas para irse con otras procedentes de otros lugares y nos encontramos con los niños en brazos, con dos, cuatro, siete, ocho niños que criar mientras que el hombre está por ahí, pasándolo bien.

La destrucción del bosque tiene repercusiones para las mujeres, que también son artesanas y tienen dificultades para encontrar en las tierras deforestadas los materiales necesarios para la producción artesanal. Los ríos están contaminados y también somos nosotras las que vamos a buscar agua. La violencia también ha aumentado porque la extracción de oro a pequeña escala lleva al consumo de alcohol y drogas, el cual suele ir acompañado de violencia contra la mujer.

¿Existen también casos de arrendamiento de tierras indígenas?

Hay muchos casos de arrendamiento de tierras en nuestro estado, incluso por parte de propietarios indígenas que han aprendido del capitalismo y alquilan su propiedad a cambio de poco. Es otro de los motivos por los que las mujeres se organizan, porque estamos en contra. Así, a través de esta emancipación por medio de los conocimientos, mostraremos a nuestros maridos que vamos a defender nuestras tierras. Y esto es lo que diferencia a las mujeres de los hombres. Las mujeres pensamos de forma colectiva. Por supuesto, no todos los hombres están involucrados en la explotación de oro a pequeña escala, ni en la deforestación, puesto que ellos también están preocupados, pero una minoría ya es capaz de producir grandes daños por sí sola.

¿Así que la minoría puede producir un fuerte impacto?

Sin duda. Tomemos, por ejemplo, la cuestión de la explotación minera. Aunque pocas personas estén implicadas, los políticos están muy presentes. Y cuando un indígena se muestra a favor de la explotación minera, está claro que los políticos lo apoyarán. En cambio, cuando un indígena defiende nuestros intereses, no puede contar con el mismo tipo de apoyo porque, muy a menudo, el propio Gobierno no quiere protegerlo. Lo que quiere realmente es que abramos las puertas a la explotación minera.

¿Qué tipo de apoyo recibís de los hombres?

Cuando creamos la asociación, los hombres nos dieron su apoyo, pero después de que cuestionáramos en varias ocasiones las decisiones que se habían tomado, ciertos responsables se dieron cuenta de que, a diferencia de lo que pasaba antes, ahora existe un movimiento que se opone directamente a su manera de hacer las cosas y que dice: “No, no vais a decidir solos. Nosotras también vamos a participar”. Y por eso, algunos se sienten un poco amenazados. No entiendo por qué, puesto que no somos una amenaza. Queremos la igualdad y esta igualdad también debe existir en la toma de decisiones. Queremos estar al lado de los hombres en esta lucha y que no se nos deje de lado. Pedimos la participación de las mujeres en la toma de decisiones, especialmente las que están relacionadas con nuestro territorio. Eso es lo que queremos.

¿Habéis observado progresos a lo largo de los dos años de existencia de Agir?

Bien, en la primera asamblea, que celebramos en 2016, participaron 40 mujeres. En la asamblea de este año ya había 100 mujeres. Esto constituye un gran avance. También hay que señalar que no disponíamos de muchos medios y que no conseguimos que asistieran todas las mujeres que hubieran querido participar. Me da la impresión que las mujeres empiezan a comprender y quieren saber más cosas.

En lo que respecta a los hombres, ¿ha habido progresos a lo largo de estos dos años desde que se creó la asociación?

Muchos hombres se han dado cuenta de que nos tomamos en serio nuestros compromisos y nos mostraron mucho respeto; nos invitaron a participar en discusiones que han llevado a la toma de decisiones. Piensan que tenemos que estar unidos en esta lucha. Actualmente los que tienen prejuicios sobre nuestra labor constituyen una minoría porque no somos una amenaza, solo pensamos en nuestro bien común, en particular en el futuro de los que se sienten amenazados. Únicamente nos oponemos cuando constatamos que no es posible estar de acuerdo con ciertas cosas. Pero si el hombre toma la decisión correcta estamos ahí para apoyarlo.

¿Cuáles son las dificultades principales?

Fortalecernos a nivel institucional por medio de la formación de mujeres, principalmente las encargadas de la coordinación. Las mujeres indígenas todavía llevamos retraso en cuanto al dominio de las tecnologías. Necesitamos formación para poder realmente aprender más y mejorar nuestro trabajo.

El año que viene se celebrarán elecciones para el puesto de presidenta de Agir. ¿Qué legado dejarás?

Deseo sinceramente que nuestro movimiento no retroceda. Deseo que se desarrolle y que las mujeres sean cada vez más fuertes para mostrar que nuestra opinión es importante. Ya hemos ganado la energía de las mujeres para continuar esta lucha, una lucha que no está relacionada solamente con los problemas locales; debemos combatir este retroceso de derechos por parte del Gobierno federal. Intentamos aunar nuestras fuerzas para hacer frente a estas nuevas situaciones que surgen. Ahora nuestra organización existe, y funciona. Tengo una gran confianza en estas mujeres y estoy convencida de que llegarán días mejores, pero hace falta que seamos fuertes para conseguirlo.

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