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Entrevista a Claudia Zapata, historiadora chilena: "Europa es históricamente el continente de la guerra"

Lunes 24 de junio de 2024

MADRID22/06/2024 21:46CANDELA BARRO Público

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Claudia Zapata acude a Madrid para presentar su último libro recopilatorio "La historia no parte de cero" — Jaime García-Morato

Claudia Zapata Silva (1975) es una prestigiosa académica, historiadora y escritora, conocida por su enfoque crítico y comprometido con las problemáticas sociales, culturales y políticas de América Latina y, sobre todo, de su país, Chile.

Zapata ha dedicado gran parte de su carrera a investigar y analizar las dinámicas de poder, identidad y resistencia en el continente. Es especialista en historia contemporánea latinoamericana, identidades étnicas y movimientos indígenas. Además, ha estudiado profundamente algunas de las intelectualidades indígenas y afros más importantes del siglo XX, como Aimé Césaire o Frantz Fanon.

La autora atiende a Público en Madrid para hablar de su publicación más reciente, La Historia No Parte de Cero: Intervenciones Críticas desde América Latina, una compilación de ensayos que aborda temas cruciales como el racismo, el neoliberalismo, los movimientos sociales y la memoria histórica. En la entrevista esboza estas problemáticas al tiempo que cuestiona su relación con la actualidad política de Chile, las derrotas del Gobierno de Gabriel Boric, la escalada bélica que vive el mundo o la necesidad de descolonizar el canon intelectual de Europa.

¿Qué lecciones considera más importantes de la última década de movimientos estudiantiles en Chile? ¿Y en qué medida se respondía con el estallido de 2019 a las consecuencias del modelo neoliberal?

En algún momento se instala la idea, también fuera de Chile, de que el movimiento estudiantil es el único antecedente del estallido social de octubre de 2019. Aunque es un movimiento importante, no estaba en alza en ese momento, aunque sí fue una antesala del estallido. En ese sentido, siempre estuvo en diálogo con ciclos anteriores de movimientos estudiantiles. Fue importante también en la lucha contra la dictadura a finales de los años 80. Efectivamente, es un actor principal en la política contemporánea en Chile y reaccionó a un contexto específico creado por el neoliberalismo.

Sin embargo, yo sostengo que verlo como único antecedente es una lectura injusta, parcial, metropolitana y blanca. Desde mediados de los años 90 hasta 1997, existía un movimiento indígena que ya estaba interpelando a la clase gobernante. Y son todos esos movimientos los que interpelan al Estado reclamando que recupere su función pública.

¿En qué se quedó toda esta revuelta? ¿Cómo está ahora Chile?

Fue una ola grande y ahora estamos en el reflujo. La derrota electoral fue dura. El desafío es que sea electoral y no histórica. Los sectores dominantes se recompusieron totalmente después de una revuelta popular que los hizo temer por su poder. La derecha política y los sectores económicos negociaron cosas que en otras circunstancias no habrían negociado, como la posibilidad de cambiar la Constitución. Fue la revuelta popular más grande de nuestra historia, convirtiéndose en algo nacional en pocas horas. Luego, la pandemia y el confinamiento mundial afectaron todo. Debemos analizar esto para explorar soluciones, ya que no sabemos si se repetirá. Hay que analizar en qué fuimos ingenuos o no sacamos partido.

En cualquier caso, estamos en una crisis generalizada y universal de la calidad de vida. Quizá no supimos comunicar eso con el plebiscito por la nueva Constitución, pero puede ser una lección para el futuro. La necesidad era mejorar la calidad de vida y no seguir con el agobio del neoliberalismo. El agobio constante continúa, y no supimos cómo salir de ello, nos extraviamos. Puede que ese agobio vuelva a expresarse, pero es imposible de pronosticar.

¿Qué opinión le merece el nuevo liderazgo de Claudia Sheinbaum en México? ¿Cree que se puede articular una izquierda latinoamericana fuera de la influencia del neoliberalismo?

El liderazgo de Sheinbaum es un hecho valioso, fundamental e importante. Al mismo tiempo, vendrán evaluaciones que señalarán: "Es importante pero no lo es todo". Por tanto, el desafío radica en construir una política de izquierda en México, a pesar de las dificultades que enfrenta el país. El Gobierno de alianza de Morena ha alcanzado varios hitos y ahora está avanzando hacia un liderazgo femenino. Es un relevo de suma importancia que observamos con gran expectación.

Sobre la otra cuestión. Siempre está el desafío de la articulación, históricamente, en el país que sea. Cualquier izquierda interpela al neoliberalismo para suponer, al menos, la posibilidad de un afuera. No sé si es posible o no posible, pero es necesario como visualización de proyecto político.

¿Cómo cree que el creciente belicismo influye en el mantenimiento de las políticas coloniales y neoliberales a nivel mundial?

Históricamente, no sé si hemos dejado de estar en una lógica bélica. Siempre recuerdo un artículo que publicó en 2005 Edward Said, el crítico palestino, debatiendo con Samuel Huntington, un intelectual cercano al Pentágono en Estados Unidos. Said argumenta que no ha habido una superación de la guerra fría y que la lógica bélica persiste bajo otras narrativas, como el choque de culturas, cuyos argumentos reviven la idea del oriental maligno y terrorista. Él sostiene que la caída del Muro de Berlín y la Unión Soviética no significaron el fin de la guerra. Por lo tanto, la lógica belicista continúa, ahora de manera más intensa.

Estuve un mes en Alemania y por primera vez en mi vida respiré un clima de guerra. Ver la bandera de Ucrania y la de Israel en los edificios públicos fue una sensación asfixiante. En cuanto a los estereotipos y el colonialismo, se supone que el continente de la violencia estereotipada es América Latina, pero yo no siento ese clima allí; lo siento acá. Históricamente, lo que se puede sostener es que Europa es el continente de la guerra.

Y este clima de guerra también nos afecta en América Latina, agudizando las lógicas coloniales de subordinación. En ese sentido, considero tremendamente importante un liderazgo como el de Lula da Silva, que ha emergido en la esfera global ofreciendo su mediación y promoviendo la paz. En el caso de Ucrania, esta postura es crucial. En cuanto a Palestina, no hay otra lectura posible más que denunciar el genocidio y oponerse en los términos más rigurosos.

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Claudia Zapata posa en la Gran Vía madrileña cerca de la redacción de ’Público’. — Jaime García-Morato

¿En qué se ve en concreto en Chile ese impacto de las lógicas de guerra?

En política exterior. Es evidente que el Gobierno de Boric ha abandonado su agenda transformadora, a nivel de geopolítica puede marcar una diferencia frente a líderes como Milei en Argentina. Sin embargo, hay una ambivalencia notable. Por un lado, se alinea con la demanda de Sudáfrica respecto a Palestina, algo que es motivo de orgullo. Por otro lado, en el conflicto con Ucrania, que tiene múltiples capas y complejidades bélicas, parece cerrar filas con el liderazgo de Volodímir Zelenski. Esto me desconcierta.

En su libro, menciona la influencia del feminismo de bell hooks. ¿Cómo aborda usted la interseccionalidad en su análisis y cómo cree que este enfoque puede enriquecer la comprensión de las luchas de género en América Latina?

Pensamos este artículo cuando bell hooks murió, para rendir homenaje a una referencia fundamental para cualquier feminismo que también se plantea el antirracismo. El enriquecimiento desde la interseccionalidad de las luchas de género en América Latina es imperioso y los movimientos lo saben. En Chile, la masificación del feminismo ha generado un convencimiento generalizado de que la lucha feminista debe ser también antirracista y anticolonial. Un ejemplo es la cuestión del aborto, que debe estar unida a la indignación por las esterilizaciones de mujeres indígenas.

En España no parece que se consiga que la mirada interseccional permee las políticas institucionales.

Estamos enfrentando el ascenso de posiciones conservadoras. Combatir a la ultraderecha retrasa muchos debates. Hay que ver si hay un convencimiento real de que la mirada interseccional es necesaria. En ese sentido, los movimientos que no están en el estado y no aspiran a llegar a él tienen la función de reclamarlo. Queda todo por hacer respecto a interseccionalidad. Efectivamente, no hay políticas interseccionales.

En el capítulo sobre Berta Cáceres, usted reflexiona sobre la violencia contra las mujeres. ¿Qué medidas considera esenciales para combatir el feminicidio y proteger a las mujeres activistas en América Latina?

No tengo soluciones concretas porque los feminicidios afectan profundamente al tejido social desde múltiples capas. El asesinato de Berta Cáceres forma parte de un ciclo de violencia que afecta no solo a mujeres, sino también a las comunidades indígenas. Desde el año 2000, en América Latina han aumentado los asesinatos selectivos de líderes y comunidades que luchan contra el extractivismo. El avance de la frontera agraria y el extractivismo son extremadamente violentos; no son nuevos, pero estos ciclos se intensifican.

¿Y cómo se combate ese extractivismo?

El rescate del planeta equivale a rescatarnos a todos. Llama la atención cómo aparecen rasgos coloniales y paternalistas al abordar estos temas. Parece que el extractivismo se ve como una deformación de economías periféricas como las nuestras, ignorando que países europeos también practican el extractivismo. Hasta donde sé, las inversiones extractivistas en el Tercer Mundo provienen principalmente de Europa y Estados Unidos.

Este conjunto de prácticas genera ganancias inmediatas y hace perder de vista que se está hipotecando la habitabilidad del planeta. Esto representa una bomba de tiempo para todos y todas. Además, hay zonas más sacrificadas que otras, evidenciando el colonialismo donde nuestras vidas, una vez más, importan menos que las de otros.

¿Qué elementos considera fundamentales para la preservación y revitalización de la cultura e identidad mapuche en el contexto contemporáneo?

La colonización del pueblo mapuche es muy reciente, del fin del siglo XIX, perpetrada por el Estado chileno. Es un proceso de despojo reciente, de migración forzada y de diásporas que aún están presentes en las memorias familiares. En este contexto, la revitalización cultural es crucial, aunque está intrínsecamente ligada a demandas territoriales, económicas y derechos de los pueblos. Estos aspectos no pueden separarse unos de otros.

La prensa hegemónica etiqueta este momento como un "conflicto mapuche" -con grandes comillas-. Tuvimos la oportunidad de canalizarlo políticamente con el proyecto de la nueva Constitución, pero no funcionó. Perdimos esa oportunidad. Esto creó un espacio mayor para una vía insurgente frente a otra vía política negociada.

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La historiadora y académica chilena Claudia Zapata posa en la Gran Vía madrileña a 19/06/2024. — Jaime García-Morato

¿Qué papel juega el multiculturalismo oficialista ahí?

Se han entrelazado todas las capas del antiguo racismo con los neorracismos, si es que son nuevos. El problema del multiculturalismo fue que prometió una nueva relación y solo logró movilizar una idea de cultura indígena suspendida en el aire, colocando al sujeto indígena en un espacio de cosmovisión etéreo. Esta es una manera de no reconocer su contemporaneidad y sus reclamos actuales, que incluyen la revitalización cultural pero no se limitan a ella. Una concepción culturalista de lo indígena es muy cómoda para evitar discutir los derechos territoriales y la autodeterminación política.

Su libro lo presenta en España Gabriela Wiener. ¿Cuál es la importancia de relatos como el suyo para descolonizar la historiografía?

Me parece muy interesante la figura de Gabriel Wiener porque confronta una serie de prácticas y situaciones que son necesarias discutir. Es crucial reflexionar sobre las jerarquías y las lógicas colonialistas, por eso es enriquecedor dialogar aquí con personas involucradas en estos temas. Conocí a Gabriela en Sudakasa, un espacio en España que reformula la categoría "sudaka". Fue allí, junto a Claudia Apablaza, editora del libro, donde surgió la idea de reeditar estas escrituras para su publicación.

En este sentido, ¿cómo cree que las relaciones históricas coloniales han moldeado las dinámicas de poder y las narrativas de identidad en el Chile contemporáneo?

Es una línea de análisis muy larga. Lo colonial es totalmente constitutivo del presente. Llevo años trabajando en ello con colegas como Lucía Stetcher. Rastreando cómo el colonialismo no acabó con la Declaración de Independencia. Tiene que ver con el capitalismo, el racismo… No es solo nuestro, es un sistema global. Llego a estos temas por los indígenas latinoamericanos que, durante todo el siglo XX, han hablado de la permanencia del colonialismo, sobre todo, el del Caribe y su pensamiento anticolonial desde los años 30. Con estas tradiciones me vinculo.

En América Latina, se podría hacer una genealogía hasta el siglo XIX. Cuando me dicen que estos temas son de corrientes contemporáneas como la decolonial, se me enchina la piel porque estas trayectorias son muy largas. Por eso ocupo más el concepto de anticolonialismo, que unifica estas corrientes. La corriente que más revitaliza estas formas de entender la opresión y el capitalismo globalmente son los pensamientos indígenas, una cuestión central en mis argumentos.

¿Qué podríamos hacer en Europa para descolonizar nuestros museos? ¿O nuestro canon literario?

Creo que tienen mucho que hacer. Al ver la producción de pensamiento crítico, noto que no nos leen. Leen lo que se produce en otras partes o leen con pinzas para afirmar sus propios discursos, pero no para entendernos en nuestros propios términos y como lugares donde se evalúa el mundo.

Una vez escuché a Valeria Coronel de Ecuador decir que, al pensar el ascenso del fascismo en los años 30, uno no puede dejar fuera a José Carlos Mariátegui del Perú. Sin embargo, solo consideran a Antonio Gramsci y a Walter Benjamin, y no a alguien tan fundamental para el marxismo como Mariátegui. El pensamiento crítico europeo no nos lee, o nos leen solo para afirmar sus discursos.

En cuanto a los museos, ahora están revisando sus prácticas, pero si eso no deriva en devolución, será difícil considerarlo un acto contundente. La discusión sobre los museos es antigua. Aimé Césaire, de Martinica, en su "Discurso sobre el colonialismo" de 1950, menciona que en los museos no hay ningún rasgo de simpatía humana. Ya hay una trayectoria para pensar el colonialismo de los museos; no es algo nuevo pero tiene que haber diálogos reales.

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