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El rap llena las calles de voces de mujeres

Miércoles 12 de febrero de 2020

Por Nora Fernández Fernández 04-02-2020 AmecoPress

Hace tiempo que las raperas salen a contar su historia a ritmo de hip hop, denunciando la discriminación que ven diariamente hacia las mujeres. Dentro de su sector, la invisibilización y el continuo cuestionamiento que reciben dejan claro que aún queda mucho por hacer para dejar de lado los estereotipos y no ver el rap como “una cosa de tíos”

El rap siempre ha sido el estilo callejero, el que representa la calle. Pero en su esencia, el rap hace que la calle se convierta en poética con rimas métricas que, como todo arte, muestran su mensaje. El mensaje de muchas artistas de rap viene siendo, desde hace tiempo, feminista, reivindicativo, de lucha y fuerza, de “estamos aquí, escuchad lo que tenemos que decir”. Artistas como Gata Cattana, La Furia, Arianna Puello o grupos como IRA o Machete en Boca hace tiempo que en sus letras hablan de lo que pasa, de lo que ven en la calle, y desgraciadamente, hablan del machismo que siguen viendo como mujeres en este mundo que todavía no reconoce igual a ambos sexos.

El propio rap ha reflejado en su cultura esa desigualdad, y no hay que fijarse mucho para ver que la presencia femenina en este estilo es muy escasa, y que si la hay, esa artista siempre es reconocida como “la chica”, como si no tuviera ninguna otra condición. Aún así, son muchas las que en estos últimos años han salido a rapear a la calle y en eventos, utilizando el hip hop para dar su mensaje, para alzar la voz de las mujeres, romper los estereotipos que el propio rap ha creado en torno a ella y denunciar la discriminación y la desigualdad, combinando letra y ritmo para decir algo que merece ser escuchado.

El pasado diciembre de 2019 la rapera tinerfeña Sara Socas llenaba las redes sociales con las rimas feministas que soltó en la Batalla de Gallos de la ciudad de Otumba, en México. El objetivo de las batallas de gallos es demostrar tu arte al rapear y derribar verbalmente a tu oponente, y en ese derribo hubo comentarios sexistas hacia la artista como "Te voy a pedir lo que te pidió tu brother. Sara, ¿me puedes hacer el ruido de la loba? Pero sentándote y aullando en mis bolas" por parte del rapero mexicano Rapder. Estas rimas hicieron que la batalla se pusiese más tensa y varios compases más tarde, Rapder cantó "las mujeres más hermosas son de donde yo nací (...) Agradezco al que está arriba camarada, otro día sin poder cogerme a Sara", una métrica que levantó el aplauso del público. La rapera canaria no dudó en reprochar ambos comentarios con las palabras que marcaron el mensaje feminista: “"Las hermosas están en tu país, entonces ¿por qué las estáis dejando morir? Solo valoráis por la belleza, no os fijáis en lo que hay dentro de su cabeza y las tratáis como si fueran la milanesa”. Estas fueron las rimas que cantó Sara Socas delante de miles de personas en la batalla de México, denunciando la violencia machista de uno de los países más peligrosos para las mujeres en el que, de acuerdo con la ONU, se asesinan entre 9 y 10 mujeres al día.

Aunque por parte de los raperos todo quedó arreglado tras la batalla, los días siguientes las redes sociales se inundaron de vídeos del enfrentamiento y miles de críticas y apoyo a rapero y rapera por una cosa o por otra. Sara Socas (Tenerife, 1997) cuenta, en entrevista con AmecoPress, que “no me importa que se metan con mi carrera, con mi físico… lo que se suelen decir entre ellos. Ahora, entrar en el tema de violaciones o ese ámbito… ya no me parece adecuado, además siendo yo mujer que estoy más sensibilizada”. Ella misma asegura que es común que en las batallas le hagan comentarios machistas por su condición de mujer, “generalmente sobre tres puntos, suele ser sobre el físico demostrando interés sexual, luego justo lo contrario (no me produces interés, no vales nada) o en tercer lugar el ‘estás aquí por ser tía’ pero ‘las tías no valéis para esto’”.

Ciertamente, el rap siempre ha sido visto como un ambiente representado por hombres, muy masculinizado. Como en otros muchos estilos musicales, la industria ha priorizado la imagen del rapero por encima de la de rapera: “No solo el rap, el reggaetón o el rock que también forman parte de la cultura urbana, son sectores muy masculinizados que han contribuido (…). En el caso del rap al ser una disciplina agresiva, como puede pasar con los deportes, creo que todavía se tarda más en quitar ese estigma de que las chicas también pueden actuar de manera agresiva o seguir una determinada estética, aunque eso rompa el estereotipo de rapero” afirma Sara Socas.

Demostrar más para ser una más

Cuando la rapera madrileña Naissa (Madrid, 1999) empezó en el mundo del rap sintió esa extrañez “porque estás rodeada de tíos por todos los lados, no hay apenas presencia femenina encima de los escenarios, te sientes un poco como ‘joder yo aquí no encajo’ y tienes que esforzarte más para que te escuchen”. Súa (Madrid, 1994), que forma el grupo El NO de las niñas con otra compañera, comparte que “en el círculo del rap parece que tienes que ser la puta ama para demostrar que tú también puedes estar ahí, que tú también participas. Es como que, aunque seas tía, también puedes raperar”.

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La propia industria del rap y su ambiente masculinizado han hecho que las mujeres, que de por sí no tienen gran visibilidad en el entorno, sientan además cierto “miedo” o “vergüenza” al cantar en un escenario de rap, lo que aún minimiza más la representación de mujeres en el rap. Como dice Súa en la entrevista “eres la sorpresa, lo que no se esperan, y se crea una especie de expectación que resulta incómoda”. Sin embargo, dice que el primer paso para quitarse ese miedo y esa vergüenza es “normalizarlo tú misma, porque ya no es cuestión de que lo acepten ellos, sino tú misma” y de esta manera romper con los estereotipos que rodean a las mujeres en este ambiente. En su opinión, el punto más importante es “crear otras dinámicas, otras temáticas, probar cosas distintas porque si las chicas no se están animando a entrar en esos círculos es por algo. No es porque no sepan, o no quieran, o no haya tías que lo hagan bien, es porque no apetece. A mí personalmente no me apetece ponerme a humillar a nadie o pasar por comentarios como los que pasó Sara Socas en México” nos cuenta. Sara Socas lo confirma: “sí que molaría que las batallas fueran de igual a igual. Sobre todo ahora que hay temáticas, palabras…. Pues me gustaría que me ganasen más en ese sentido que utilizando ‘te follo’ o ‘te violo’ o cosas así porque yo sé que todo es válido, pero son recursos muy incómodos”.

Entre los años 2012 y 2014, Laura Carrasco y Luz Herrero, de la Asociación Moradas, hicieron una investigación titulada ‘Demostrar más para ser una más: mujeres y hip hop en el Estado Español’ para destacar los rasgos característicos del género del rap que han contribuido a la desigualdad entre hombres y mujeres dentro del entorno.

El estudio resume que "dentro del movimiento, determinadas características de su cultura hacen más accesibles sus espacios de producción a hombres que a mujeres. Entre ellas, la glorificación como espacio público de una calle hostil, violenta y de batalla. Una calle que pareciera lugar de encuentro exclusivamente masculino. Se ’es real’ porque ’se es calle’, y no todos los colectivos sociales pueden serlo. El discurso del ego y la competición es otra de las características del hip hop a analizar como barrera para la pertenencia femenina al movimiento".

La masculinización del entorno hace que sea difícil que las mujeres, representando una imagen femenina en un ambiente, y con un público mayoritariamente masculino, encuentren su sitio como artistas. La Basu nos cuenta que “cuando era más joven no lo veía. Yo era como uno más, me vestía igual que ellos, rapeaba como ellos para que me aceptaran… con el tiempo he aprendido que soy libre para decir lo que quiera, vestir como quiera, rapear lo que quiera…”. La artista insiste en que, en este ambiente tan masculinizado, los referentes son un punto muy importante: “En mis talleres le enseño a la gente de dónde vengo, por qué las mujeres hemos tenido todos estos problemas, más que nada para buscar referentes. Yo no tuve una referente femenina detrás de mí en Euskal Herria, entonces creo que los referentes son muy importantes para mostrar a las chavalas que se puede”.

La agresividad del lenguaje

Lo cierto es que en el rap, y especialmente en las batallas de gallos, puede verse que en muchas ocasiones no faltan comentarios sexistas, machistas y discriminatorios (generalmente homófobos y racistas) que solo reflejan esa parte del mundo que aún conserva esos valores. El público los aplaude porque en cierta manera aún se aceptan. “En el rap si eres una chica te dicen comentarios como ‘gorda de mierda’ ‘chúpamela’ ‘zorra’ con frecuencia y la ovación del público es enorme. Sin embargo, cuando es una chica quien dice esos comentarios no se aplauden de la misma manera, no representa lo mismo” nos dice Naissa, “obviamente tenemos otro mensaje que el de nuestros compañeros, tenemos otras cosas que decir porque vivimos otras cosas”. Sara Socas insiste: “en el debate de ‘estás aquí por ser una piba’ pues sí, bueno, quizás llamo la atención por ser una chica pero te aseguro que no voy a estar aquí solo por eso y, en todo caso, soy de las pocas tías que está aquí subida y hay muchas cosas que decir en cuanto a la perspectiva de género”.

Súa afirma que “en todas las batallas se escuchan comentarios machistas y eso desanima a las artistas. La humillación y el conflicto, la agresividad… todo ello produce rechazo. Si las temáticas fuesen más libres sería mejor, pero tener que estar escuchando comentarios machistas de un tío gritándome al oído, no me motiva a ir a las batallas, te tiene que apetecer mucho mucho…”. La Basu, que lleva a sus espaldas más de 25 años en el hip hop, dice que lleva “toda la vida luchando para que las letras no sean discriminatorias hacia la mujer y es una cosa demasiado normalizada. Encima ahora sacan el trap…” comentando sobre este estilo, muy escuchado hoy en día entre adolescentes, donde es frecuente un lenguaje despectivo hacia las mujeres y la apología de las drogas y el dinero. Socas, sin embargo, se muestra positiva al cambio en las letras y asegura que tras la polémica de México “o los chicos han cambiado realmente el chip, o lo hacen por miedo a las repercusiones sociales… pero creo que algo ha cambiado”.

El círculo vicioso de la representación

Una parte importante de la investigación de las integrantes de Asociación Moradas es el cúmulo de 26 entrevistas a mujeres de la cultura del hip hop español. El estudio concluye con la importancia de la autenticidad en el discurso del rap, lo que para as mujeres tiene una consecuencia directa negativa. “La única manera de que una mujer que hace hip hop sea reconocida como ‘real’ reside en la posibilidad de que su obra la ‘represente’, en su caso como mujer, sino será cuestionada su imagen y no obtendrá reconocimiento”. La Basu cuenta cómo ella se sintió cuestionada en muchas ocasiones. “Escuchas comentarios como ‘¡Ah! ¿Qué tú sabes rapear? Si las chicas no saben rapear’. Te subes a un escenario y no es común ver a una chica haciendo rap, ‘es una mujer, a ver qué hace’, la sociedad no está acostumbrada y tienes que demostrar constantemente que sabes hacerlo, que eres muy buena, si no, no te van a respetar”. Sara Socas añade que, desde su experiencia en las batallas, “creo que a la larga te exigen más. Parece que llevamos la carga de todas las mujeres a la espalda, las pocas que estamos ahí, que si un día lo hago mal es como ‘todas las mujeres son malas’ y obviamente eso no es así”.

Volviendo con la investigación de Laura Carrasco y Luz Herrero, hay un punto importante en el que plantean el término ‘círculo vicioso de la representación’ donde dan respuesta a la incógnita de llegar a un público masculino desde una sensibilidad femenina. Su respuesta es clara: no la hay. El estudio dice "Si como mujer perteneces al movimiento, sólo representarás al minoritario sector femenino dentro del hip hop, ya que sólo ellas podrán identificarse con la vivencia narrada por otra artista mujer. La consecuencia inmediata del ’circulo vicioso de la representación’ es la invisibilización de las mujeres, sus discursos y producciones dentro del movimiento”.

Esa invisibilización ha sido evidente en medios de comunicación, festivales, eventos etc. La industria del rap ha dejado tradicionalmente a las mujeres raperas en un segundo plano, en los coros, poniendo la imagen en el videoclip. Los estereotipos sobre las mujeres que se han ido perpetuando también han contribuido a la poca presencia de mujeres en el rap. La Basu opina que la industria del rap “siempre ha sexualizado a las mujeres raperas, exhibiéndolas en los videoclips, poniéndolas de acompañantes, no como protagonistas (…) Venimos de esa cultura, los estereotipos los hemos comprado así, pero las cosas poco a poco hay que cambiarlas y demostrar al mundo que las mujeres también podemos hacerlo igual o incluso mejor, y que no hace falta una mujer bonita y perfecta que afine genial para hacer rap”.

Más visibilidad y unidad para el futuro

La Basu comparte más profundamente cómo ha vivido esa desigualdad en el mundo del rap como mujer artista. Considerada como una de las raperas más influyentes del hip hop en España, fue una de las pioneras creando un grupo de rap de mujeres en 1999 llamado Jungla Urbana. “Esa experiencia fue complicada, éramos unas niñas y eran todo grupos de hombres (…) Era muy complicado porque no nos dejaban cantar en muchos sitios, pero bueno nosotras teníamos ganas y estuvimos ahí un buen tiempo haciendo un poco de ruido. Si fuese ahora sería otra historia… Aún así fue muy especial, de repente había gente que me entendía, que compartía lo que yo hacía” nos cuenta. Ella es consciente de que con Internet ahora “es más fácil tener conexión entre nosotras, apoyarnos, darnos visibilidad, pero sigue siendo un mundo de hombres. Las cosas cambiarán pero muy muy lentas”.

Socas cree que ya están cambiando: “cada vez se va avanzando más, cada vez son más los propios organizadores o los propios raperos los que te apoyan en ese sentido, con ganas”. Sin embargo, todavía existen muchos estereotipos que romper dentro del mundo del rap. De eso nos habla Naissa cuando asegura que mucha gente todavía sigue pensando que ‘el rap no es cosa de chicas’. “Tienes que esforzarte el doble porque te van a cuestionar el doble. Si eres una piba y te subes al escenario el punto de mira está puesto en ti, y no para darte la atención que se le daría a un hombre, sino para cuestionarte, valorarte”. Sara Socas dice que “para bien o para mal llamamos la atención siempre, es algo ‘novedoso’, cuando lo haces mal lo haces fatal y cuando lo haces bien lo haces genial’. La Basu cuenta algo parecido para reflexionar a propósito de ese sentimiento de “vergüenza” que pueden sentir algunas mujeres al rapear en público: “Yo que hago talleres veo que generalmente las mujeres escriben mejor que los hombres, pero no suben al escenario. Son ellos los que tienen ese empuje de subir y hacer lo que sea. Ellas tienen miedo de ser cuestionadas, de ser criticadas… saben que todas las miradas se dirigirán a ellas”.

“El tiempo dirá” lo que les espera a las mujeres en el rap, concluye Sara Socas. Sin embargo, recuerda a artistas como Anier o Santa Salut que están haciendo nombre y representando a las mujeres en este estilo callejero. Artistas como ellas, Sara Socas, Naissa, La Basu y Súa seguirán llenando las calles con voces de mujeres en un mundo que aún sigue escuchando más a los hombres.

Foto: Redes sociales de las artistas — Pies de foto: 1) Sara Socas; 2) Súa, El NO de las niñas; 3) Naissa; 4) La Basu.

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