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El puesto de trabajo de la mujer irlandesa sigue estando en el hogar, según la Constitución

Jueves 19 de julio de 2018

El artículo 41.2 avala el rol de la mujer como ama de casa y responsabiliza al Estado de que ésta pueda prescindir de un trabajo remunerado con tal de no abandonar sus obligaciones dentro del ámbito familiar.

Alba Tarragó Bosch 18-07-2018 Pikara

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Mujeres participantes en la manifestación del pasado 8 de marzo en Dublín./ Alba Tarragó Bosch

La Constitución irlandesa vuelve a ponerse en tela de juicio después de que el pasado 25 de mayo se derogara la denominada Octava Enmienda, que hasta entonces prohibía el aborto incluso en casos de violación o malformación severa del feto. La República de Irlanda abandonaba así el segundo puesto en el ranking de países europeos más restrictivos en cuanto a la interrupción del embarazo, liderado por Malta, y ahora espera la entrada de en vigor de la ley que permita la terminación bajo demanda hasta las 12 semanas.

El culpable esta vez es el artículo 41.2, conocido como ‘Women in the house’, (’Mujer en el hogar’), que pone de relieve la importancia de las tareas de cuidado que la mujer realiza en el entorno familiar. El gobierno ha informado de que el próximo mes de octubre la ciudadanía volverá a las urnas para votar a favor o en contra de la abolición de este pasaje constitucional.

‘Mujer en el hogar’ data de 1937, año en que la actual Constitución Irlandesa fue ratificada. El texto afirma que “mediante la vida que lleva a cabo en el hogar, la mujer proporciona al Estado un apoyo sin el cual el bien común no se podría conseguir”, por lo que, “el Estado debe esforzarse en asegurar que las madres no se vean obligadas, debido a necesidades económicas, a dedicarse a trabajos por los que abandonar sus obligaciones en el hogar”.

Ya por aquel entonces se alzaban críticas en contra del texto constitucional como las de la reportera del Irish Independent Gertrude Gaffney. Durante el mismo año en que la Constitución fue aprobada, Gaffney tachaba a Éamon De Valera, importante líder de la independencia de Irlanda del Reino Unido y autor de la Constitución Irlandesa, de “conservador en cuanto a las preocupaciones de las mujeres”. La periodista explicaba en sus textos que De Valera desconfiaba de las mujeres y que su intención desde que estuvo en el poder era ponerlas en lo que él consideraba “su lugar y mantenerlas ahí”.

Sin utilidad jurídica

Fuentes expertas critican que lo único que consigue esta parte de la Constitución es evidenciar aún más los roles de género patriarcales, ya que nunca ha proporcionado un sustento económico a las mujeres. Según el profesor de Derecho de la Universidad de Cork, Conor O’Mahony, el artículo 41.2 tiene “un efecto mínimo en la política o en derecho, teniendo en cuenta que solo ha generado un pequeño número de casos judiciales” y que “ninguna mujer lo ha utilizado para reclamar ningún tipo de ayuda económica”.

El abogado cuenta cómo un caso llevado al Tribunal Supremo intentó utilizar dicha ley para que las amas de casa gozaran de una propiedad de la vivienda compartida con sus maridos, pero la petición fue denegada, ya que el texto no proveía estas circunstancias de manera literal. Así, O’Mahony aclara que este artículo es de “naturaleza simbólica” y que es difícil identificar “una clara causa y efecto entre éste y cualquier ley, política o decisión judicial”. Por este mismo motivo, considera que no tendría mucho sentido introducir otra cláusula en su lugar, ya que “nunca tuvo un efecto legal concreto”.

A pesar de que “el coste del cuidado de los hijos sea extremadamente elevado en Irlanda, las ayudas del Estado siguen sin ser suficientes”, asegura el profesor irlandés. Actualmente, es posible solicitar una prestación del Estado que consiste en 140€ al mes por hijo, además de obtener la gratuidad de dos años de educación preescolar y de acceso a la sanidad para los menores de seis años.

Voces a favor de la derogación

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Bandera en la manifestación del 8 de marzo con la consigna "Equidad en el corazón de nuestra unión"./ A.T.B.

En 2013 la Convención Constitucional — un cuerpo consultivo creado por 66 ciudadanos ordinarios y 33 representantes elegidos — ya recomendaba que el artículo 41.2 fuera eliminado y sustituido por una disposición neutral que reconociera los trabajos del hogar. Poco después, en 2015, la líder del partido Sinn Féin, Mary Lou McDonald, denunciaba que este fragmento “relega constitucionalmente a las mujeres a ciudadanas de segunda” e instaba al gobierno a celebrar un referéndum para conseguir “una igual representación de las mujeres en la vida pública”. Estas presiones hicieron que el propio ministro de Comercio y Empleo del anterior gobierno, Ged Nash (Labour Party), se comprometiera en 2016 a retirar dicha cláusula.

Poco antes de dejar su cartera al servicio del partido Fine Gael, el ministro calificó de “ofensivo” este artículo y declaró que estaba “totalmente obsoleto” y que era “anacrónico”. “Ya es hora de que la Constitución se ponga al día con las actitudes de la mayoría de la gente”, animaba Nash. Sin embargo, el referéndum no llegó a celebrarse durante esta pasada legislatura.

En la misma línea de promesas, el actual presidente de la República Irlandesa, Leo Varadkar (Fine Gael) aseguró en 2017 al ascender al cargo que ésta sería una de las cuestiones que sometería a referéndum durante su mandato. Por el momento, la propuesta más firme para el referéndum del próximo octubre se centra en la total supresión del artículo.

La importancia del cuidado

Una entidad muy involucrada con este asunto es el Consejo Nacional de Mujeres de Irlanda, que reclama que el artículo “no reflejaba la complejidad de la vida de las mujeres” ni siquiera en la época de entrada en vigor de la Constitución, ya que “no abarca la variedad de experiencias de una mujer como empleada, líder o cuidadora”. Además, el Consejo denuncia que el artículo 41.2 tampoco “reconoce que los hombres tengan responsabilidades y deberes como cuidadores” ni “dio nunca una protección legal a las mujeres”.

A diferencia de la tendencia general, centrada en la supresión por completo de este pasaje, el Consejo Nacional de Mujeres apuesta por visibilizar las tareas de cuidado. Según datos revelados por la organización, actualmente el 61% de las personas que se dedican al cuidado en Irlanda son mujeres y el 81% de los cuidados a la infancia recae también sobre la población femenina.

De este modo, su intención sería sustituir el actual texto por una enmienda simbólica “acerca de la importancia de los cuidados realizados tanto por mujeres como por hombres en la sociedad irlandesa”. Su propuesta reclama que la Constitución debería “indicar que el cuidado hacia los demás es esencial para el bien de la sociedad” y que debe ser reconocido tanto “en las familias como en comunidades de mayor tamaño”.

El objetivo final sería “invitar a los hombres a tomar mayores responsabilidades y disfrutar del cuidado”, al mismo tiempo que se amplía la definición de este concepto y se saca del hogar para extrapolarlo a la idea de colectividad. Aún así, el Consejo reconoce que tan solo con una completa inyección de derechos socioeconómicos se podría conseguir la total protección legal para los y las cuidadoras no remuneradas, ya que éstas “se enfrentan a un mayor riesgo de pobreza que las asalariadas”. A día de hoy, poco más de la mitad de las irlandesas participan en el mercado laboral, lo que revela la falta de corresponsabilidad en el trabajo reproductivo. Tweet about this on Twitter

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