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Abre la única librería de España especializada en ciencia ficción escrita por mujeres

Miércoles 29 de septiembre de 2021

Una joven historiadora del arte, formada en violencia de género, apuesta por un espacio llamado "La Insòlita" en el que descubrir a autoras que se sirven del género para exponer temas sociales

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Carlota Gelonch en su insólita librería C. L.

Carmen López 28 de septiembre de 2021 elDiario.es

Invertir dinero en una librería puede parecer una idea poco acertada desde el punto de vista financiero, pero los números muestran que es una tendencia al alza, al menos en las grandes ciudades. A mitad de 2021 ya habían aparecido cinco nuevas en Madrid y cuatro en Catalunya, que ahora ha añadido una más a la lista. Localizada en el barrio barcelonés de Poblenou, La Insòlita abrió sus puertas el 8 de septiembre con un catálogo que da protagonismo a la literatura de terror y ciencia ficción escrita por mujeres. Puede sonar extravagante, pero las autoras que trabajan con la narrativa de ficción para exponer problemáticas cotidianas están ganando cada vez más visibilidad –tanto las nuevas como las clásicas– y en España no existe otra librería como esta. Probablemente tampoco en el mundo.

Carlota Gelonch, de 33 años, es la dueña de este negocio y la persona que atiende a los clientes. Poner el foco en las autoras de terror y ciencia ficción se debe a su interés personal. Estudió Historia del Arte y estuvo la mayor parte de su vida trabajando en prevención de violencia de género. Hace unos años hizo un máster en Literatura comparada en donde comenzó a descubrir a estas autoras que la impresionaron por cómo utilizan la ciencia ficción para tratar temas sociales o el terror para describir el miedo real que viven las mujeres en su día a día por el mero hecho de serlo.

"Creo que ahora es un buen momento para el género porque muchas autoras tienen un discurso superpotente a nivel político y se están haciendo cada vez más visibles", explica, a la par que matiza que "se están haciendo antologías y todas estas escritoras también están visibilizando el trabajo de muchas otras que quizá no entraron dentro del género o del canon en su momento por ser mujeres". De hecho, el nombre de su librería es un guiño a una de esas antologías que se titula Insólitas. Narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España (Páginas de Espuma, 2019), editado por Teresa López-Pellisa y Ricard Ruiz Garzón. "Es muy fuerte en el plano político y me interesa porque esa intersección entre el género literario y el género autorial me parece superpotente". Entre las firmas que recoge se encuentran la de Mariana Enríquez, Laura Fernández, Cristina Peri Rossi, Luisa Valenzuela o Elia Barceló, entre otras.

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La librería La Insòlita, en Poblenou (Barcelona) C. L.

Esta sería su recomendación como librera para alguien que quiera iniciarse en el tema. La otra sería Extraordinàries (Males Herbes, 2020), conformada con textos de Roser Cabré-Verdiell, Gemma Martí O’Toole, Muntsa Mimó o Inés MacPherson. Esta última participó en una charla en la librería sobre narrativas insólitas moderada por Meri Torras, profesora de la UAB, junto a otras autoras como Lucía Leandro, Macarena Cortés y al editor Ricard Ruiz Garzón. Fue uno de los actos inaugurales de La Insòlita que se celebraron el fin de semana del 18 de septiembre coincidiendo con las fiestas del barrio. También hubo un taller infantil dirigido por Karon Klinge y se estrenó la exposición de la ilustradora Carmen Segovia titulada Sobrenatural. Ella es también la autora del logo de la librería.

"La conocí a través del podcast Marea nocturna, de Desirée De Fez, donde hablaba del Disney oscuro. La empecé a seguir y vi que trabaja mucho en el mundo de la ilustración narrativa. Al final vas haciendo las conexiones con la gente a la que le interesa lo mismo", declara Gelonch. Su idea es que La Insòlita sea un lugar de encuentro además de un comercio y ya está planificando el programa del curso, que se podrá consultar en la página web que tiene en construcción y a través de la cual también se podrá comprar. Es consciente de que "no vamos a poder hacer frente a Amazon", pero los clientes podrán acceder a su fondo, que parte de unos 1.400 ejemplares.

Quién cruza el umbral

La conversación con Carlota Gelonch se desarrolla en la tarde de un jueves previo a un día festivo. El ritmo de las calles más alejadas del centro se nota más relajado de lo habitual, los ciudadanos que pueden se libran de la presión del trabajo del día siguiente. La Insòlita no se encuentra precisamente en el extrarradio, pero tampoco está en el meollo comercial del barrio. "Cuando buscaba encontré locales chulos cerca de la Rambla de Poblenou, pero eran mucho más caros, allí hay gente a cualquier hora. También a raíz de la pandemia el Ayuntamiento ha abierto convocatorias para que se ocupen locales vacíos", comenta. La situación del 22@ y el plan para que haya más espacio verde en el distrito la convencieron para decidirse por la zona.

Por el momento aún se está asentando, pero está contenta con el flujo de clientes que tiene la librería. Durante la charla, una mujer de mediana edad entra en la tienda para echar un ojo a los libros tranquilamente y más tarde se asoma un hombre joven para preguntar si le ha llegado un paquete. "No, aún no, supongo que el lunes", le responde Gelonch con una sonrisa y comenta que "es de la editorial Trampa, que está aquí al lado". Ellos le llevaron un detalle de bienvenida y no fueron los únicos: "La bodega La Parra también vino ayer y nos regaló un cava. Hay vecinas que asoman la cabeza y dan las gracias por una librería nueva. La acogida del barrio ha sido muy guay".

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Exposición ’Sobrenatural’ de la ilustradora Carmen Segovia, en las paredes de la librería C. L.

La oferta de La Insòlita es un poco híbrida. Además de la narrativa no realista firmada por mujeres, tiene una sección infantil, una parte más generalista y "un rincón de magia, esoterismo y un poco de folclore. Muchas de estas autoras que me interesan están recuperando esto: el folclore, las leyendas, los cuentos o historias anónimas del territorio. Es algo que no es de ahora y esto es un gesto para averiguar qué hay ahí", sostiene Gelonch.

Debido a esta diversidad de géneros, la clientela también lo es. "A la inauguración vino gente muy diferente, que es algo que me gusta. Hay gente que viene buscando cosas específicas de brujería, por ejemplo, y luego vecinas del barrio que me piden Los vencejos, de Aramburu. También vienen niños y niñas, que por aquí hay muchos". El sitio va tomando su propia personalidad a medida que avanza. La propietaria tenía algunas librerías de referencia en la ciudad: "Taifa por la parte generalista, que me encantaba. Y después Prole o La Raposa por la parte feminista y luego Gigamesh por la parte sci-fi. Esa es como el tótem pero creo que no me parezco en nada. Tendremos algunos libros en común pero nada más", dice.

Del ideal al plan financiero

Tenía la idea de abrir una librería desde hace tiempo, pero como un plan romántico más que realista. Un proyecto que siempre quedaba relegado por el ajetreo del día a día que, con el parón que trajo la pandemia, de pronto pudo desarrollar. Pero una librería no deja de ser un negocio, aunque muchas veces idealizado, y para ponerlo en marcha es necesario tener un plan financiero, aprender cómo funciona el sector y convencer al banco para que conceda un crédito que permita llevar todo eso a cabo.

"He tenido el tiempo de estudiar todo lo que he podido en Barcelona Activa [la agencia de desarrollo económico local de Barcelona]. He alucinado con la facilidad que hay de formación y de flexibilidad con microcápsulas formativas de dos o tres horas y un seguimiento técnico alucinante", comenta Gelonch apoyada en el mostrador de su recién inaugurado local. Además, durante ese periodo investigó cómo era el gremio en el que iba a ingresar. También se llevó una sorpresa: "Pude hablar con otros libreros y libreras que se sentaron conmigo, me dieron contactos de distribuidoras, me explicaron cómo funciona el software. Hay red de apoyo entre los libreros, fui superbien acogida fuera del barrio y también aquí, que están las librerías La Petita, l’Etcètera, o Nollegiu. En ningún momento he sentido ninguna tensión ni de competencia".

Su idea ahora es "ir viendo con las editoriales qué es lo que va saliendo. Y, a través de las actividades que hagamos, potenciar mucho lo que interese. Por ejemplo, estamos hablando con una editorial de aquí que trabaja sobre todo con autoras catalanas para hacer presentaciones o clubs de lectura para darles visibilidad".

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