Utopía // 1ro de mayo de 2006

Análisis

La nueva etapa de la Revolución Bolivariana

A 7 años de revolución democrática, para nadie es un secreto la distancia que hay entre el discurso y práctica del Gobierno y sus partidos y el respaldo irreductible del Pueblo al compañero presidente Chávez. Si antes se hablaba de un gobierno infiltrado por contrarrevolucionarios, hoy se habla de tendencias reformistas y revolucionarias dentro de él, lo que nos indica el salto cualitativo que ha dado el movimiento popular en la comprensión del proceso.

Un ejemplo: El alto porcentaje de abstención en las últimas elecciones, en un momento donde crece la conciencia política y la participación del Pueblo, nos demuestra que el descontento con los líderes y partidos que pretenden representarlo, también crece.

Cada vez, la democracia representativa, frente a la democracia participativa, va perdiendo importancia estratégica y por tanto, las asambleas populares, las organizaciones sociales, el ejercicio de poder por parte del Pueblo, toma más importancia que las elecciones democrático burguesas. No negamos la participación electoral como una forma de lucha más, sólo le damos su justa dimensión en la coyuntura actual.

El Estado en la Revolución

¿Quién hace la Revolución? ¿Los buenos gerentes del Estado, dándole poder al Pueblo y liberándolo, o la hace el Pueblo? La revolución de los gerentes se desdibuja en el descontento popular, pues la burocracia no logra cubrir la necesidad del Pueblo de construir su propio destino. Mientras al Pueblo sólo le quede el papel de observador de los cambios, el proceso será reversible e inevitable la corrupción, el abuso de poder y las desviaciones en la clase dirigente. Sólo con la construcción del Poder Popular se hará irreversible la transformación.

V. I. Lenin planteaba que para evitar la burocratización de los funcionarios, estos debían ser rotados frecuentemente por el Pueblo, es decir, el control del Pueblo sobre el Estado garantiza la eficacia y eficiencia de la burocracia en los objetivos de la revolución. No es una consigna romántica “El Pueblo es quien hace la Revolución”, es una consigna objetiva, histórica e incluso, pragmática.

Entendemos el esfuerzo de los funcionarios que logran sortear las trabas burocráticas, legales y culturales del Estado para apoyar el proceso. También reconocemos el temor justificado a que el proceso pierda dirección, razón por la cual se utiliza el Estado como instrumento de dirección de la revolución, de formación del Pueblo ideológicamente, de construcción de la democracia participativa y protagónica, de conspiración contra el imperialismo, etc. Pero el problema no es de hombres sino de estructuras y la estructura del Estado Burgués no está diseñada para asumir el papel de Partido de la Revolución. He aquí la principal debilidad del proceso, la falta de partido revolucionario.

El Partido Revolucionario

El partido revolucionario es un instrumento de lucha contra el Capital y para la construcción del Socialismo, que a diferencia del Estado Burgués, está conformado por la vanguardia revolucionaria del Pueblo. Es un instrumento de democracia popular, ya que crea una red de estructuras sociales que permiten el debate y de la que salen sus líneas de trabajo. Pero especialmente es un instrumento educativo para el Pueblo, con sus mejores experiencias y aquellas experiencias históricas de lucha de los pueblos del mundo. Por todo esto, hasta hoy, es el instrumento más avanzado construido por el hombre para luchar contra la explotación y contra la enajenación.

En Venezuela, a pesar de la creciente necesidad de nuevas referencias políticas, programáticas y morales, los marxistas no hemos podido unirnos para crear una tendencia revolucionaria, en parte por el sectarismo y en parte por la posición de quienes reniegan del partido por las malas experiencias que les dejaron algunos tipos de partidos. No podemos creer que desde el Estado haremos la revolución, en ausencia del partido y del Pueblo. Las corrientes revolucionarias debemos recuperar la vocación de poder y fomentarla en el Pueblo. Si entendemos la necesidad de ejercicio de poder por parte del Pueblo como prioridad de nuestro programa de lucha, la unidad se irá construyendo progresivamente y se abrirá paso ante el sectarismo y la frustración. Sólo así veremos nacer el partido revolucionario.

Celebramos la propuesta de aquellos colectivos y organizaciones políticas que impulsan la creación de un bloque popular revolucionario, un programa de lucha común para la profundización de la revolución. ¡Bravo!, pues de no avanzar en ese camino, seguiremos a merced del oportunismo por un lado y del imperialismo por el otro, arriesgando el destino de la revolución.


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