SECCIONES

  

Portada

 

Nuestro periódico

 

Tablón

 

Números
anteriores

 

Suscripciones

 

Conctacta con nosotros

 

Sitios de interes

 

Documentos
de la I.F.A.

Resistencias y cambios
en el habitar contemporáneo

Habitar es una de las principales características del ser humano. La casa es el lugar humano por excelencia. En muchas lenguas, vivir y habitar son sinónimos. Preguntar a alguien dónde vive es realmente pedir noticias sobre el lugar en el que se desarrolla su actividad cotidiana, que da forma al mundo. Como seres humanos habitamos constituyéndonos ese lugar que llamamos casa. Atención: la casa no es solo un objeto, un conjunto de columnas, vigas, ladrillos, cemento y tantos otros diversos y posibles materiales. La casa es sobre todo lugar antropológico, un lugar habitado por el hombre que no es solo un estar sino sobre todo un ser. Habitar -escribe Francesco Remotti- es un fatigoso compromiso entre la exigencia de intimidad y compartir, y la de abrirse al mundo que está fuera; un punto de equilibrio precario entre la clausura y la apertura, entre el recogimiento en la intimidad de un "nosotros" o de un "yo" y el abrirse a la relación social. Habitar es la dimensión diacrónica de la presencia, una presencia prolongada en el tiempo que mira atrás para encontrar sus propios puntos de referencia, no solo en el espacio circundante sino también en el espacio vivido.
En el último siglo, la casa se ha convertido en un auténtico producto que a menudo es solo usado, atravesado, y que comienza a deteriorarse precisamente cuando está listo para su uso. Privilegio para quien tiene el dinero para alquilarla o comprarla, la casa no es un derecho de todos.
Un palafito sobre el lago Inle en Birmania se asienta sobre vigas de bambú que se revisan y cambian, el pavimento de una casa de las montañas de Laos envejece, respira, se revisa constantemente; una tienda mongola se remienda cada día y puede montarse y desmontarse. En el lago Titicaca, los uros han construido un archipiélago con cañas de totora y lo han anclado al fondo del lago. Viven sobre islas "flotantes" que suben y bajan siguiendo el nivel del lago y las casas, que son autoconstruidas, se renuevan frecuentemente, todo siempre en equilibrio con el ambiente. Estas no son solo historias del habitar de los otros, porque también en Europa la construcción de la propia casa pasaba de generación en generación, y los pasos fundamentales se reseñaban con importantes ritos. La pérdida del contacto entre el habitar y lo construido ha dificultado el proceso cultural, que consistía en la relación recíproca entre identidad y lugar. Los lugares se han convertido en "alienados", lo mismo que los habitantes, y ha nacido el sentido desolado de las periferias, la homologación de las perspectivas, la similitud de todos los barrios suburbanos del mundo, y con ello el sentido de anonimato. Pero también en Occidente se desarrollan prácticas de resistencia en el terreno del habitar, sobre todo en los espacios marginales.
En muchas, si no en todas las metrópolis de Occidente, hay casas ocupadas y son muchos los movimientos de lucha que se movilizan para encontrar soluciones concretas para quien no se puede permitir una casa. Este fenómeno sin embargo no es solo una solución a un grave problema como el de la ausencia de techo, es también una forma de liberación social y de creación de un "bienestar autogestionado". No son solo una oposición sino también un gesto productivo y de carácter comunitario, solidario. Hablo del "bienestar autogestionado" porque los movimientos de ocupación de las casas no se limitan a ocuparlas o a separar viviendas a base de paredes de contrachapado.
Estos movimientos no piensan en habitar del modo en que se concibe actualmente en Occidente: estás en tu vivienda, la compras, la alquilas y ya está. Los habitantes de las casas ocupadas (no todos) habitan en el sentido profundo del término, comparten las prácticas de "ciudadanía" activa; ocupar significa tener que gestionar una forma de convivencia y relación con el otro, significa educar para la ilegalidad, producción de posibilidades y emancipación social; y este "habitar agitado" crea un modo de vivir desde abajo casi automáticamente. ¿No tenemos dinero para comprar productos ecológicos? Organizamos un mercado autogestionado con los productores y conseguimos buenos alimentos a precios populares. ¿No podemos ir al teatro? Llevemos a los actores sensibilizados a los espacios colectivos en los barrios. ¿No nos podemos permitir el cine? Cineforum al aire libre con la película proyectada sobre la pared. ¿No tenemos espacios para relacionarnos? Se recuperan las plazas: sacamos mesas y sillas, y charlamos. Esta es solo una pequeña parte de las experiencias que he recogido en mi trabajo etnográfico sobre el habitar marginalmente en Occidente.
Estos movimientos de lucha modifican la ciudad escaparate con procesos de mutación cultural, llevan a una revisión muy interesante del habitar urbano: casi una forma de heterotopía, no una utopía inalcanzable, sino realidades diversas creadas y mantenidas cada día. Son muchas las experiencias en el habitar marginal también en el "rico" Occidente.
Las soluciones basadas en la autoconstrucción con materiales reciclados, todavía mejor si son eco-compatibles, una posibilidad importante para nuestro futuro y el del planeta, son sin duda muy interesantes. Comunas, poblados de caravanas, ecoaldeas, casas en los árboles, poblados de tiendas de campaña y auténticos suburbios; en los márgenes hay quien se reencuentra y quien acaba por redefinirse y dar un nuevo significado a su propia existencia partiendo del propio cambio en el espacio habitable.
Estoy seguro de que "la casa es hoy uno de los lugares universales en el que volver a pensar en nosotros mismos y en el mundo que habitamos: se ha convertido, de hecho, en un auténtico laboratorio para la comprensión y la transformación del mundo".

Andrea Staid Subir


Anterior articulo Anterior

Portada

Siguiente Siguiente articulo


[NUESTRO PERIODICO] - [TABLON] - [Nos. ANTERIORES] - [SUSCRIPCIONES] - [CONTACTA] - [SITIOS INTERES] - [DOCUMENTOS IFA]

TIERRA Y LIBERTAD
ENERO DE 2018