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Rebuznos antisemitas

En el contubernio complotista de los últimos años, típico de los periodos de crisis en los que una pequeña burguesía en vías de proletarización y un proletariado que todavía no se ha dado sus autónomas formas de organización de clase, están buscando desesperadamente una respuesta a la pregunta ¿por qué va todo tan mal? hemos podido asistir al retorno en auge de las peores teorías antisemitas. Estas teorías no son nada nuevo: son una nueva proposición de la teoría de los Sabios de Sion con el añadido de una polvareda de tercermundismo y de antiimperialismo de vía estrecha como elemento novedoso.
Los delirios que circulan por la red sobre el execrable e inexistente plan Kalergi, la idea paranoica que convence a algunos, incluidos ciertos filósofos tertulianos y de redes sociales como Fusaro, de que se trataría de un plan organizado tras los flujos migratorios para sustituir étnicamente a las poblaciones europeas, es la modernización de esa visión que veía a los pérfidos judíos detrás de cualquier sublevación proletaria. Y no solo eso: la gangrena de décadas del conflicto árabe-israelí y la postura israelí en los conflictos de Oriente Medio han hecho que sectores enteros del movimiento perdiesen completamente la brújula del análisis político, pretendiendo reconducir cualquier evento geopolítico de la región mediterránea a una trama oculta cualquiera urdida por el Mossad.
De esta postura deriva la idea de que la situación palestino-israelí representa un tipo peculiar respecto a los normales, y ya por sí criminales, conductos estatales y capitalistas. Esto hace que también algunos que se definen como libertarios, si no propiamente anarquistas, sostengan con pasión la necesidad de crear un Estado palestino, olvidando el hecho de que la razón de ser de un Estado, de cualquier Estado, es la opresión de los trabajadores en beneficio de quien controla los medios de producción.
Si se asume la postura a favor de la creación de un Estado palestino, se acaba por legitimar cualquier tipo de dominio estatal, olvidando que un Estado árabe-palestino sería criminal de la misma manera que lo es el Estado israelí. Las mismas experiencias del nacionalismo árabe o panárabe, incluidas las socializantes como la baasista, demuestran que incluso los Estados nacidos sobre una base explícitamente anticolonialista aplicarán políticas de masacre y guerra permanente hacia las clases bajas y las poblaciones que por motivos culturales no se integran en las identidades nacionales construidas en los despachos (pensemos en los cabileños o en los saharauis del Magreb, o en los kurdos de Iraq y Siria).
Peor todavía: muchas de estas personas que han hecho de la cuestión palestina el centro de su acción política, a menudo olvidando cualquier otra lucha, acaban por legitimar la opresión religiosa. Personas que aquí son laicas, si no anticlericales, acaban por apoyar una excepcionalidad en positivo de comportamientos islamistas como Hamás. Todavía más absurdo es ver a algunos de estos apoyar con vehemencia a Hamás en Palestina y atacar con esa misma vehemencia a los Hermanos Musulmanes de Egipto, acusándolos de ser marionetas de los Estados Unidos. Lástima que Hamás y los Hermanos Musulmanes sean dos organizaciones hermanas y que sea un arduo trabajo defender que sea una prístina esperanza de redención para los pueblos oprimidos mientras que la otra es instrumento de opresión. La verdad es que ambas organizaciones dan asco de la misma forma, y lo han demostrado tanto con sus políticas sociales mojigatas y retrógradas como con la opresión sistemática de los proletarios egipcios y palestinos. En este breve periodo de la presidencia de Morsi en Egipto ha habido poco que envidiar a la precedente y sucesiva junta militar.
La actual disgregación del ordenamiento sociopolítico en Oriente Medio tiene mucho que ver con las contradicciones internas de los diferentes bloques de poder regional y nada que ver con complots del Mossad. El gobierno israelí, en los últimos años ha fijado su acción política exterior regional en saldar la alianza de facto con los saudíes y en controlar atentamente la situación siria, tolerando la presencia del Estado Islámico en zonas al abrigo de la propia frontera puesto que este andaba ocupado en combatir contra las tropas lealistas (y relativamente aliadas) y contra la coalición SDF como para poder constituir una amenaza para Israel, temiendo sobre todo un refuerzo de todo componente abiertamente pro-iraní, como Hezbolá. Puede decirse que Israel en los últimos años ha visto con relativos buenos ojos un liderazgo como el de Assad, en cuanto a que con él podía tratar. Tanto, que en el último conflicto libanés la intervención siria se ha limitado al apoyo logístico de Hezbolá y no ha habido ninguna intervención directa como durante la guerra civil en los años setenta y ochenta.
La incandescente situación del Golfo Pérsico, con Arabia Saudí empeñada en reforzar, con dificultad, su predominio frente a las otras petromonarquías, sobre todo la catarí que, en los últimos años, ha jugado en el tablero de forma autónoma apoyando a los Hermanos Musulmanes y desarrollando una política de conciliación con la República Islámica de Irán, no tiene nada que ver con presuntas tramas ocultas israelíes. La crisis de los Estados árabes como Siria, Egipto e Iraq tiene complejas causas sistémicas y no se puede identificar con quién sabe qué complot.
Y los amantes del antiimperialismo de los Estados, o por mejor decir, de ese antiimperialismo que se mantiene dentro del campo capitalista, repiten como una letanía que la responsabilidad última de las masacres cotidianas reside en Israel. Entendámonos: si se quisiera hacer una lista de los crímenes cometidos por el gobierno israelí, desde la utilización del fósforo blanco en Gaza al "land grabing" con modalidades coloniales para la apropiación de los recursos hídricos, sería muy larga. Casualmente, a quienes les gusta airearlo tienden a olvidarse de que los israelíes no coinciden todos con su Gobierno. Si muchos torcerían la nariz si oyeran acusar a todos los italianos por las políticas ecodidas del Ente Nacional de Hidrocarburos (ENI) de Italia en Nigeria en virtud de un presunto excepcionalismo, resulta legítimo acusar a todos los israelíes, incluso a aquellos que sufren la durísima represión interna que ha caracterizado al país en los últimos años (sin hablar de quienes se rebelan abiertamente, como los desertores), de las acciones llevadas a cabo por la clase dominante israelí.
Como decíamos más arriba, también en el ámbito anarquista se ha visto una cierta, aunque muy minoritaria, penetración de estas disparatadas teorías. Señalamos a tal propósito la publicación en internet de la obra "Samantha Comizzoli - Ritratto di un'antisemita", editada por algunos compañeros de Milán. Samantha Comizzoli es un personaje conocido desde hace años en internet por los modos que emplea para expresarse en lo referente a la cuestión palestino-israelí, modalidad in crescendo en sentido antisemita. Hasta hace algún tiempo se la habría podido clasificar como uno de tantos personajes de internet, pero ha encontrado legitimidad en el seno del contexto del movimiento, siendo invitada a hablar en algunos espacios anarquistas de la región de Emilia-Romaña. Reproducimos el correo de presentación enviado por los compañeros del Spazio Luna Nera, de Milán, que sirve de prólogo al texto que han editado:
"Es un hecho que en los periodos de crisis, en segmentos del proletariado y de las clases medias arruinadas se difunden narraciones racistas o complotistas que restituyen la imagen oxidada de su propia derrota o de su momentánea impotencia: relaciones sociales incontroladas e impersonales que ejercen sobre ellas un dominio casi total, pero pueden culpar a un chivo expiatorio más débil y aislado, o investirse del honor de haber abierto los ojos, de haber reconocido el rostro de quien tiene la culpa de todo: 'Yo lo sé. ¡Sé el nombre de los responsables!' Por ello, creemos que es peligroso que en el movimiento libertario circulen personajes como Samantha Comizzoli, que comparte el pensamiento de Paolo Bernard, Gilad Atzmon y Andrea Carancini, creando un peligroso cortocircuito entre compañeros solidarios con los palestinos, antisemitas, negacionistas y complotistas".
En resumen, diremos que es siempre necesario reafirmar que solamente la unidad de clase de los explotados, más allá de las fronteras nacionales y culturales, podrá constituir una alternativa real a la barbarie del Capital y de los Estados, sean estos, y las respectivas burguesías, Israel o Irán, Arabia Saudí o Catar, Estados Unidos o Rusia.

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DICIEMBRE DE 2017