SECCIONES

  

Portada

 

Nuestro periódico

 

Tablón

 

Números
anteriores

 

Suscripciones

 

Conctacta con nosotros

 

Sitios de interes

 

Documentos
de la I.F.A.

La cultura del estupro

El caso de la violación colectiva de una adolescente en Rio de Janeiro en 2016 reavivó el debate acerca de la llamada "cultura del estupro". Es necesario decir que desde siempre la cuestión constituyó una importante bandera feminista, incluida en el programa de combate de todas las formas de violencia contra la mujer.
Importante recordar también que la Marcha de las Putas surgió justamente cuando, en Canadá, unos policías que hablaban sobre la seguridad universitaria indicaron que para no ser violadas, las chicas deberían evitar vestirse "como una puta". Lo ocurrido suscitó una serie de "slut walks" en varios países del mundo, haciendo que la Marcha de las Putas ingresase de forma definitiva en la agenda de las luchas feministas.
Como puede verse, las protestas contra la cultura del estupro no son cosa de hoy. Los hechos más recientes, sucedidos tras el caso de la "chica de Rio de Janeiro", fueron una oportunidad crucial para llevar al debate público la importancia de nuestra integridad física y dignidad sexual, el valor de nuestro sí y, en ese contexto, principalmente el valor de nuestro no. Se gritará a los cuatro vientos que la violación es cualquier contacto sexual sin consentimiento.
El caso tuvo repercusión en los medios de comunicación, sobre todo porque los violadores divulgaron el vídeo mostrando su crueldad. Ante el clamor social, surgió la pregunta: ¿Por qué sucedió? No tardaron las respuestas, indicando que solamente personas sin educación, bárbaras y salvajes podrían cometer tales actos. Otros tantos vocearon que había más posibilidades de que eso ocurriese entre miembros de las clases más pobres. Son respuestas que eluden la responsabilidad de todos, especialmente de los varones, mediante ese tipo de violencia, y niegan que la desigualdad de género atraviesa las fronteras sociales y se manifiesta como una tela de araña. Tales explicaciones encubren que la violencia sexual contra las mujeres está enraizada en la estructura de la sociedad brasileña. Una vez instalado el patriarcado blanco occidental o, como prefiere decir Maria Lugones, el sistema de género colonial moderno, el cuerpo de las mujeres indígenas, africanas esclavizadas y negras nacidas aquí fue explotado y poseído de la misma forma que las tierras fueron invadidas y saqueadas. Las violaciones que se producen cada once minutos en Brasil son actualizaciones de ese escenario.
Por ello, tan importante como intentar comprender las causas de la cultura del estupro es elaborar formas de combatirla, con el fin de provocar transformaciones y acabar con la violencia. No siempre las soluciones ofrecidas contemplan los anhelos de los cambios profundos que albergamos. En el caso de la violencia doméstica, las frecuentes campañas y programas para acabar con ella indican que el problema debe resolverse porque es preciso proteger a la familia. Pero lo que queremos afirmar es que las mujeres, así como el resto de las personas, queremos una vida sin violencia. Merecemos respeto; no es la familia la que debe juzgar.
Con relación a la violación, la solución presentada, principalmente por el Estado, es el aumento de penas para el delito de estupro, o la posibilidad de considerarlo un crimen. No obstante, el sistema penal es selectivo, promueve el control y la exclusión de la población pobre y negra y, por eso, no puede ser el remedio para la disminución de las diferencias de género, visto que están interrelacionadas o articuladas como las de clase o raza. Tampoco tal sistema podrá ser el medio con el que combatir la violencia, ya que es la violencia institucionalizada.
Cuando decimos que la banalización y la naturalización del estupro imponen sumisión a la cultura, estamos afirmando, en otras palabras, que el cambio pasa por la educación en todos sus matices. Tiene que ver con las convenciones de género que aprendemos en la escuela, en los hogares y en las calles, y que son permeadas por la falsedad de que nacemos para servir a los demás y nuestros deseos no importan.
Por eso necesitamos que la lucha contra la cultura del estupro gane fuerza entre los denuestos contra la supuesta "ideología de género" en las escuelas, y por la implementación de la flamigerada "escuela sin partido", reformando la enseñanza. Son cuestiones entrelazadas. En el escenario actual, el poder asigna a nuestros cuerpos el valor de una moneda de cambio. Pero nos organizamos y nos atrevemos a ser libres incluso ante el miedo cotidiano a sufrir una violación, pues nuestro cuerpo es en realidad un campo de batalla.

Lelia Rodrigues Subir


Anterior articulo Anterior

Portada


[NUESTRO PERIODICO] - [TABLON] - [Nos. ANTERIORES] - [SUSCRIPCIONES] - [CONTACTA] - [SITIOS INTERES] - [DOCUMENTOS IFA]

TIERRA Y LIBERTAD
MARZO DE 2017