PERIODICO ANARQUISTA
Nº 279
 OCTUBRE 2011

 

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La intervención pública
y el socialismo de los ricos

No es verdad en absoluto que los Estados considerados desarrollados, y sobre todo los más grandes entre ellos, tales como EE UU y el Reino Unido, sean prejuiciosamente contrarios a políticas intervencionistas o asistenciales de tipo más o menos abiertamente socialista.
Economistas como Krugman y, en su momento, Galbraith, han subrayado con ironía, pero sin llegar a exagerar, que el socialismo puede considerarse entre otras cosas como característica estadounidense.
Hay que precisar que, las más de la veces, por no decir siempre, se trata de un tipo muy especial de socialismo, en cuanto que es practicado en beneficio directo o indirecto de las clases más poseedoras y, en particular, de las clases capitalistas y empresariales.
Tenemos la enésima confirmación tras la reciente crisis económico-financiera, todavía en curso, que ha visto fuertes e inusitadas intervenciones de los gobiernos y de los bancos centrales a favor de grandes y grandísimos bancos de negocios, sociedades financieras y empresas multinacionales.
Se han empleado colosales cifras sin precedentes, incluso recurriendo a la emisión de papel moneda como único modo de evitar la bancarrota total del sistema y que las entidades económico-financieras a salvar fueran consideradas demasiado grandes como para quebrar.
No hay que olvidar que para el salvamento ha sido empleado el dinero del contribuyente y de los ahorradores, mientras que lo mínimo que se puede decir es que no ha habido ni tanta ni ninguna solicitud para los problemas de la gente común.
En el caso que nos ocupa, el dinero ha sido entregado a los grandes bancos y sociedades financieras que han provocado la gran burbuja inmobiliaria y la crisis crediticia y financiera provocada por su implosión, mientras que no ha habido ninguna a los propietarios de inmuebles que fueron inducidos a hipotecarse para adquirirlos.
Por otra parte, caben pocas dudas de que los centenares de pequeñas y medianas entidades de crédito a las que tranquilamente han dejado quebrar en los sucesivos años de crisis, proporcionen apoyo financiero propio a exponentes de las clases más desfavorecidas, convencidos y seducidos por la idea de avanzar un paso por delante.
Pero el socialismo de los ricos no es nada raro en periodos, por así decirlo, normales, no caracterizados por crisis de particular gravedad, o en tiempos de negocios y beneficios manifiestamente florecientes.
Es de hecho evidente, en tiempos considerados como normales, la donación de elevadas sumas a favor de los ricos, bajo forma de subvenciones, incentivos, subsidios, beneficios fiscales y, sobre todo, contratos de arriendo y provisión a cargo de los presupuestos estatales y del erario público.
A fin de cuentas, quienes pierden son los contribuyentes y los ahorradores que, como ha sido confirmado con los acontecimientos, son llamados a cubrir las pérdidas de los que son demasiado grandes para quebrar, a la vez que son excluidos de los beneficios colosales conseguidos por aquèllos en los precedentes periodos de vacas gordas.
Por todo ello, el socialismo de los ricos se puede sintetizar correctamente en la fórmula "beneficios privados, pérdidas públicas".
La enorme entrada de liquidez y la transformación de una amplia parte de la deuda privada en deuda pública ha salvado, al menos provisionalmente, al sistema financiero de la bancarrota, sin impedir una recesión económica severa y prolongada.
Por otra parte, no se puede decir que quien ha sido salvado gracias a las ayudas públicas haya mostrado alguna forma, si no de reconocimiento, al menos de discreción, pudor o autolimitación en los niveles de avidez, arrogancia, desprecio y agresividad financiera sucesivamente manifestados según iban recibiendo las ayudas.
No ha habido tampoco ninguna cautela particular, por parte de los entes públicos donantes, tendente a defenderse de tales manifestaciones de desprecio.
A fin de cuentas, lo que queda es que los beneficiados han utilizado los ingentes recursos recibidos de manos públicas, en gran parte al menos, para morder esas mismas manos.
Ha sucedido que los grandes bancos de negocios y sociedades financieras se han afanado en usar los medios y el crédito puestos a su disposición a precios de risa para crear nuevas burbujas especulativas, especialmente en el sector de las materias primas, en el ataque a las divisas y a la deuda soberana, es decir, a los títulos de deuda pública de los Estados financiadores.
En relación a tales eventos, se ha dado por descontado que se trataba de errores sin mala fe de las autoridades monetarias y gubernativas, tan graves como para calificarlas de incompetencia e inconsciencia, y han descartado la hipótesis de la culpa grave y del dolo, es decir, del engaño en perjuicio de la entidad representada.
Ha sido implícitamente excluida la posibilidad de que no se haya tratado de errores o de ingenuidad sino de una auténtica complicidad con los especuladores, esa que en la guerra viene definida como connivencia con el enemigo.
Las guerras financieras son siempre guerras y causan también un gran número de víctimas entre quienes no pueden mantener los altos precios impuestos por la especulación.
Por lo demás, de quién sean objetivamente amigos y de quién enemigos cuantos han favorecido cuantiosas ayudas a quienes han provocado la crisis, sin contemplar siquiera la posibilidad de ayudar a las víctimas, los hechos lo dirán y no los galimatías de economistas y medios de comunicación complacientes.

Francesco Mancini
(Sicilia libertaria) Subir


No a la guerra
(en Libia como en Irak)

Erase una vez un dictador muy malo que tenía a su pueblo totalmente sometido y hambriento. Un día el pueblo se rebeló y acabó con su tiranía a pesar de su desconocimiento de la guerra, su falta de organización y armamento. Todo se suplió con el ansia de libertad. Fin... para quien se lo quiera creer.
Los medios de comunicación nos tratan como idiotas, y nosotros, un poco por la repulsa a priori de todo aquel personaje que detente el poder, y un poco por la terminología empleada, nos dejamos convencer como tales.
A principios de febrero de este año las empresas de propaganda se hacen eco de un movimiento de oposición armada a Gadafi en Libia. No son un ejército, son "rebeldes" porque el mundo les ha hecho así (El Mundo, El País, Cuatro, ABC, etc.). Con el coronel regalando caballos a Aznar y los hijos de ambos confraternizando, recibiendo las llaves de la ciudad de Madrid de manos de Gallardón y viéndose con el resto de oligarcas de todo el mundo (Sarkozy, Zapatero, Berlusconi, etc.) se comprende que a estas alturas no mucha gente le tuviese estima, especialmente los que dicen llamarse de izquierdas y odiar la guerra. Pero aun así nos hemos dejado cegar por el escenario, la representación teatral y sus focos y bailamos entre la insensibilidad y la justificación ante lo que está pasando realmente.
Lo primero que hacía desconfiar de la inocente revuelta era que quienes vendían aspiraciones democráticas tomasen como bandera la utilizada por la monarquía del rey Idris I que dominaba Libia antes de la llegada de Gadafi, y que mantenía el control del Parlamento y las Fuerzas Armadas entregando sistemáticamente los hidrocarburos y demás recursos del país a precio de saldo a las multinacionales colonialistas. Lo que se llama un hombre de paja.
Podíamos al menos haber dudado de la actuación de los ejércitos de la OTAN por los numerosos conflictos en los que han participado desde hace más de 15 años. Les hemos visto bombardear columnas de refugiados, simular violaciones a población civil (Bosnia), torturar impunemente a presos y fotografiarse humillándolos incluso (Irak), destruir infraestructuras civiles como puentes, emisoras de televisión, hospitales e incluso embajadas (Belgrado), utilizar armamento condenado internacionalmente como las bombas de racimo, las de grafito y las irradiadas con lo que llaman "uranio empobrecido" (Yugoslavia, Irak, Afganistán), atacar a los servicios sanitarios cuando acuden a auxiliar a las víctimas, y otras muchas humanitarias acciones. A pesar de todo esto no han faltado organizaciones llamadas de izquierda pidiendo que quienes presentan este curriculum acudieran a Libia a socorrer "al pueblo indefenso que estaba siendo masacrado", y sirvieron la justificación en bandeja de plata con una resolución de la ONU en la que se instaba a preparar una operación de seguridad aérea supuestamente para que Gadafi no utilizase la aviación contra la población civil, nunca para dar un golpe de Estado.
Pero como la verdad es tozuda no hemos tenido que esperar mucho tiempo para ver cómo la supuesta defensa de la población civil, la libertad y la democracia, se transforma en el asesinato impune, masivo y anónimo (no vaya alguien a pedir responsabilidades) en aras de volver a apropiarse de los recursos de la zona en otra operación puramente neocolonial.
Podíamos también haber dudado de la intención humanitaria de esta intervención, cuando entre los impulsores vemos a un régimen como el de Qatar que no ha firmado la mayoría de los acuerdos internacionales en materia de derechos humanos*. A pesar de todo han dotado de armamento (incluídos tanques) a las fuerzas "rebeldes" con el aplauso de la OTAN, algunos de cuyos integrantes también han puesto su granito de arena (se ha reconocido públicamente el lanzamiento de cajas de armamento en Bengasi por aviación francesa, además de proporcionar chalecos antibalas e instructores militares).
Es curioso cómo tampoco se ha puesto en duda ninguna información procedente de la cadena Al Jazzira, a pesar de que pertenece a la familia real de ese Emirato, combatiente en el conflicto como decimos, y que gobierna el país desde su independencia en 1971 de forma absoluta en un régimen de monarquía feudal con una suerte de esclavitud legalizada. Más bien al contrario, han sido una fuente autorizada para las agencias de prensa que nutren nuestras noticias, a pesar de tener las mismas prácticas manipuladoras que la CNN o la Associated Press. No hay más que ver la gloriosa manifestación en la plaza verde de Trípoli de los "rebeldes" al entrar triunfantes en la capital, que resultó haber sido rodada en un decorado situado en Doha, la capital Qatarí. De ahí que la escenificación del arresto del hijo mayor de Gadafi fuese desmentida por él mismo apareciendo en otro lugar de la capital libia. Este montaje fue destapado por periodistas rusos y venezolanos, cuyos gobiernos se mantienen opuestos a la intervención. Sigue habiendo bloques.
Esa es la razón por la que esto no se parece mediáticamente a Irak, donde Qatar no apoyaba la intervención americana. A esto hay que añadir que el régimen Qatarí es el responsable del rescate de nuestras Cajas de Ahorros, invirtiendo muchos millones de euros tras las gestiones diplomáticas de Zapatero, y de que el presidente del Barcelona, Sandro Rosell, justifique el rentable negocio de la publicidad qatarí en las camisetas disculpando su régimen absolutista, ya que "todos sus ciudadanos son muy felices". Estos son los demócratas de toda la vida.
Lamentablemente nos tememos cosas como estas han contribuido a que el gobierno español participe de la carnicería y nuestros medios callen o aplaudan influyendo con sus informaciones como correa de transmisión en la actitud de la población ante el conflicto.
Cada vez están siendo menos las honrosas excepciones que desconfían de la inquietud humanista de nuestros gobernantes y de su preocupación democrática. Y eso es un verdadero problema. Ha dado igual que no presentasen ninguna prueba de las acusaciones continuas que se hacían desde las agencias de prensa (me da vergüenza llamarlos así). Ha dado igual que todas las noticias fuesen redactadas o basadas en las afirmaciones de los combatientes armados contra el régimen libio, sin ningún tipo de contraste. Ha dado igual que la mitad de las informaciones fuesen una sarta de sandeces más propias del amarillismo que de alguien que se llama periodista (que si repartía viagra, que si estaba enamorado de Condolezza Rice, que si usa botox, etc.).
Mientras nuestros medios mantenían un silencio discreto o daban noticias que habían ocurrido dos semanas antes, nuestros aviones integrados en la Alianza Atlántica han estado bombardeando poblaciones y asesinando impunemente civiles de toda condición: hombres, mujeres y niños. Hasta 7.500 operaciones criminales desde el aire han reconocido haber hecho. El pasado 4 de agosto cincuenta niños, además de las personas que estaban atendiéndolos, murieron bajo las bombas de la OTAN en Zliten. Los documentos gráficos que muestran casas y otros edificios civiles destruidos son numerosos. Las fotografías de cadáveres de partidarios de Gadafi ejecutados con las manos atadas a la espalda y con la piel abrasada sin que las ropas que llevan estén quemadas (de lo que se deducen torturas) están a la vista incluso en webs de diarios como El País, aunque parece que no le dan importancia. La tortura y el asesinato del anterior jefe de los "rebeldes", el general Abdel Fattah Yunes, a manos de los propios "rebeldes" parece haberse olvidado pronto. Como también se pasa por alto deliberadamente, que la cabeza actualmente visible del movimiento armado, Mustafá Abdel Jalil, fue el responsable de la confirmación, como ministro de Justicia entre 2007 y 2011, de las sentencias de muerte contra las enfermeras búlgaras acusadas de transmitir deliberadamente el sida a 400 niños para provocar una infección generalizada en 1998. Pero no pasa nada. Al final todo lo hacía Gadafi y no hay más responsables mientras se plieguen a los dictados de los dominadores. Nuestros democráticos gobiernos apoyan a unos elementos armados que hacen pública una recompensa para quien asesine a su oponente. Ni siquiera estamos apoyando allí la pena de muerte, que ya sería suficientemente vergonzoso cuando en nuestro país no lo consentiríamos, sino que aplaudimos el asesinato sin juicio previo. Igualmente parece que no importa que las nuevas autoridades del país hayan establecido la Sharía (código de ley islámico) como fuente de jurisprudencia. Veremos qué pasa con las mujeres y los homosexuales.
Todo lo anterior es una bonita lección de cómo exportamos democracia a raudales. Pero para poder exportar tal cosa primero debería darse una condición: que nuestros oligarcas se crean esa mentira del "gobierno del pueblo" con lo que se llenan tantas veces la boca. Todos los días nos dan muestras de que no hay tal cosa en lo que llaman Occidente, y de que no son más que criminales disfrazados por el engaño del circo electoral montado cada cuatro años para aplaudirlos. La guerra desdibuja su careta.

* No han firmado los siguientes acuerdos en materia de derechos humanos: Protocolo Facultativo de la Convención contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que incluye la abolición de la pena de muerte; Protocolo facultativo de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer; Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares ("al igual que otros países árabes del golfo Pérsico, Qatar tiene leyes de avales. Esas leyes son extensamente descritas como semejantes a la esclavitud moderna"); Convención Internacional para la Protección de todas las personas Contra las Desapariciones Forzadas; Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales; Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Julio Reyero subir


Inglaterra y las revueltas nihilistas:
la advertencia de Louis Mercier Vega

Si algo ha sorprendido a mucha gente de las revueltas violentas que se han producido en algunas ciudades de Inglaterra es la ausencia de unos ideales políticos detrás. Los jóvenes que se han sumado a las actividades destructivas no parecen haber enarbolado ninguna bandera doctrinal, ni expresar un deseo, aunque sea poco elaborado, de levantar un tipo de sociedad diferente. ¿Podemos encontrar posibles explicaciones para esta explosión de violencia aparentemente ciega, basada en el saqueo y destrucción de comercios y negocios?
Como era de esperar, han salido los políticos culpando a las familias de no educar bien a sus hijos, de la falta de valores... Pero pensamos que debemos ir más allá de tales visiones, y si la falta de valores tiene una influencia, ver de dónde surge una sociedad sin valores, ni ideales alternativos serios, y quiénes la impulsan.
Desde aquí consideramos que este tipo de revueltas, que simplificando y poniendo una etiqueta que quizás no sea muy justa, calificaremos de nihilistas, hunden sus raíces en el tipo ideal de sociedad y ser humano desarrollado por la sociedad de la modernidad progresista, consumista, zoológica y tecnoburocrática. El enorme fomento a todos los niveles de los disvalores, de poner en el centro los bienes materiales, incluyendo más allá de su retórica a los críticos del sistema, y también por la izquierda y extrema izquierda en general, unidos en nuestra humilde opinión a dos factores, tales como la crisis económica, con el miedo latente a abandonar la sociedad de la opulencia, más ficticia que real, pero dominante en las mentes, y en segundo lugar la inexistencia de pensamientos y sociedades alternativas, más allá de los decrépitos restos del socialismo tiránico y sus partidos y sindicatos ha provocado la primera expresión clara de una revuelta nihilista, vacía, basada en el mero saqueo, que, eso sí, no engaña a nadie en sus pretensiones.
Con esto no queremos afirmar que no exista un descontento latente. Sin embargo tenemos la sensación de que el mencionado descontento, lo que busca es poder mantener la llamada sociedad de la opulencia, la sociedad del bienestar material. Es una revuelta descarnadamente materialista, reflejo de esos disvalores fomentados desde hace unos siglos, y de los que ninguna ideología del arco político, del conservadurismo al fascismo, de la socialdemocracia al bolchevismo o al liberalismo, han escapado. Pero, como hemos dicho antes, quizá por primera vez en la historia (un quizá dudoso, pues no suele encontrarse nada nuevo bajo el sol), unos amotinados renuncian a usar cualquier discurso político.
Ahora bien, ¿tienen razón aquéllos políticos que culpan a las familias? Pues no, porque ellos son también causantes de la situación. Es un tópico y nos avergüenza caer en ello, pero en el camino que desemboca en la sociedad nihilista, no hay un único culpable. Todos tenemos experiencia vital suficiente para haber escuchado muchas veces la frase de: "preocúpate por ti", "no te compliques la vida" y un largo etcétera, de boca de nuestras familias. Por otra parte, es evidente que al Estado, y a los políticos, no les interesa desarrollar una sociedad de la reflexión, de la libertad, de la autocontención o la no dominación. Porque lógicamente la sociedad podría plantearse cosas que hoy por hoy no hace.
En cuanto a la institución central en la defensa de una visión moral, la Iglesia, ésta ha perdido toda fuerza como ejemplo moral de conducta. Su ocultamiento, por ejemplo, de los casos de pederastia que se han dado en su interior, anula su predicamento.
Y por muy embrutecidos y adormilados que estemos, creemos que todos, en mayor y menor medida, comprendemos la hipocresía en los discursos de políticos, algunas familias, Iglesia y demás. Se habla en ocasiones de valores, pero el éxito, la gloria personal, está en el triunfo económico y laboral. O en el dominio. Y mientras todo permanezca así, los adultos, que han contribuido a sostener lo que existe, inculcándolo a sus jóvenes, no pueden dar lecciones de moral.
Todos estos fenómenos son para nosotros las causas profundas del surgimiento de este tipo de levantamientos sin ideales, que reflejan una sociedad desesperanzada, que al no tener en el horizonte un ideal de vida diferente, se aferra a la lucha por los bienes materiales, una lucha desesperada y amarga que ni siquiera crea la impresión de haber fracasado por una causa noble, por algo que te ha embargado el espíritu de felicidad, aunque sea por breve tiempo.
Pero siempre hay alguien, mentes despiertas, que años atrás percibieron esta aterradora posibilidad. No queremos acabar sin mencionar a alguien que olfateó lo que podía aparecer. Nos referimos a Louis Mercier Vega. Militante y pensador anarquista, trotamundos creador de diversas revistas, miliciano impulsor en tierras de España del Grupo Internacional de la Columna Durruti, estudioso de la realidad de América Latina antes de volarse la cabeza, en 1977, porque no quería verse envejecer, perder la lucidez, no poder seguir analizando la realidad. Prefirió adelantarse al fin en un gesto valiente, de hombre libre. Pues bien, Louis, en uno de sus libros, escrito unos pocos años antes de su suicidio, Anarquismo ayer y hoy, en sus últimos párrafos escribe un texto sobrecogedor por el fogonazo de lucidez y visión de futuro que pensamos sirve para entender algo de lo que ha sucedido en el Reino Unido: "Puede ser que la evolución del mundo, acelerada en el ámbito económico por un estado de guerra permanente, por la concentración de los poderes y una tecnología reservada a una minoría de cerebros, haga desvanecer el sueño de una sociedad obrera. Pero entonces, lo que nadie puede alejar es la perspectiva, tan evidente como los éxitos y realizaciones científicas, de que las revueltas se hagan nihilistas".
Desaparecida la idea de una sociedad libre creemos, como Mercier, que llegó la hora de las revueltas nihilistas.
Pero aun así, no perdemos la esperanza en que sectores sociales críticos y descontentos, sepan levantar, en un futuro cercano, una nueva bandera de libertad, de vida alternativa, basada en unos valores elevados y no materialistas, para evitar el peligro nihilista.

Alfredo Carreras Subir


Kôtoku Shûsui, la razón anarquista

Este año se cumple el centenario del asesinato de Denjiro Kôtoku Shûsui y otros anarquistas por parte del Estado japonés en el denominado como Taigyaku Jiken (incidente de alta traición). Seguramente, para la inmensa mayoría del mundo libertario occidental, este hecho ha pasado sin ningún recuerdo, inadvertido, sepultada su memoria en el olvido de la historia. Y sin embargo, a Kôtoku debemos la difusión de las ideas anarquistas en el Japón que a principios del siglo XX frenó la imparable propagación de los partidos políticos socialistas entre la clase proletaria nipona, en esos momentos inmersa en un proceso de industrialización salvaje. Vayan, pues, estas líneas en sentido homenaje a este anarquista que tuvo la posibilidad de encumbrarse personalmente pero que prefirió seguir el postulado de Kropotkin y acudir al pueblo, mezclarse con él, para enseñarle un futuro libre e igualitario.
Denjiro Kôtoku Shûsui nace en 1871 en la localidad de Nakamura, en la prefectura de Kôchi, siendo hijo de un farmacéutico, lo que le permitió acceder a estudios superiores. Como la inmensa mayoría de la juventud de su época, se trasladará a la ciudad de Tokio en busca de conocimientos y una nueva oportunidad, en donde trabajará como sirviente del político liberal Hayashi Yûzô, lo que le permitirá, por un lado, conocer los escritos del filósofo Atsusuke Nakae, principal traductor de Jean-Jacques Rouseau y otros pensadores franceses en Japón y, por otro lado, le abre las puertas a los diversos diarios liberales que se editaban por esa época, lo que le otorgaría cierta fama a partir de 1893 como columnista del diario más radical del momento, el Yorozu Chôhô (las noticias de cada mañana).
Por esa época, su credo político, liberal inicialmente, irá girando hacia la socialdemocracia, sobre todo tras su experiencia al seguir como reportero la huelga de ferroviarios de 1897, la primera gran lucha obrera del Japón moderno, en donde comprende que la clase obrera necesitaba de sus propios instrumentos de defensa, participando en la fundación del sindicato Rôdô Kumiai Kiseikai y del partido Shakai Minshutô (Partido Democrático Social) en 1901, automáticamente prohibido por el gobierno. Coherente con su posicionamiento socialista, cuando se desate la histeria belicista que conducirá a la Guerra Ruso-Japonesa de 1905, se negará a seguir colaborando con el periódico Yorozu Chôhô, claramente belicista, y decide, junto a Sakai Toshihiko, fundar un semanario pacifista, una operación bastante arriesgada, en 1903 bajo la cabecera de Heimin Shinbun (periódico del hombre común) que, por la represión gubernamental deberá ser sustituido por Chokugen (hablando francamente) y posteriormente Hikari (la luz) hasta que en febrero de 1905, con el estallido de la guerra, Kôtoku es detenido y condenado a cinco meses de prisión.
Esta condena supuso un antes y un después en los planteamientos de Kôtoku. Entre rejas leerá el libro de Kropotkin, Campos, fábricas y talleres, que le llegará de manos del anarquista norteamericano Albert Johnson, lo que le llevará a cuestionarse la opción política como instrumento de cambio social, sobre todo con el comportamiento de los socialistas frente a la guerra, al tiempo que comprende el papel fundamental jugado por el Emperador en el sostenimiento de la realidad social que le tocaba vivir. Hasta ahora, había considerado, de manera similar al SPD alemán, que los cambios sociales se podían lograr mediante la acción legislativa y que no era necesario derrocar al Estado y su representante el Emperador. Al contrario de lo que mantenían los socialistas, Kôtoku vislumbra que si se quería cambiar algo, se debía primero destruir el imperio para construir desde cero la igualdad pregonada por los anarquistas.
En carta a Johnson, expresa su evolución ideológica: "Cinco meses de prisión no han afectado a mi salud, aunque me han dado muchas lecciones sobre las cuestiones sociales. He apreciado y estudiado profundamente muchos de los denominados como "criminales" y me he convencido de que las instituciones gubernamentales -juzgado, ley, cárcel- son los únicos responsables de ellos -pobreza y crimen. (…) De hecho, llegué como socialista marxista y regreso como anarquista radical" (carta a Johnson, 10 de agosto de 1905).
Necesitando un cambio de aires y escapar de la presión policial, una vez cumplida su condena, emigrará a Estados Unidos, residiendo durante seis meses en California. A pesar del escaso tiempo que permaneció en el país fue un momento de rápida transición al anarquismo pues las ideas que venía barajando desde su permanencia en la cárcel, se verán plasmada en la práctica. Por una concatenación de casualidades, entrará en contacto con la comunidad anarquista rusa en California, a través de su casera, una tal señora Fritz, anarquista ella, la cual igualmente le pondrá en contacto con Kropotkin (traducirá las cartas de Kôtoku). Al mismo tiempo, será invitado a participar a las reuniones previas a la fundación de la IWW(Industrial Workers of the World, sindicato revolucionario), lo que le abrirá las puertas a la incipiente literatura obrera sobre la huelga general, como ocurrirá con el folleto de Siegfried Nacht, La Huelga General Social, publicado en Chicago bajo el pseudónimo de Arnold Roller y que posteriormente traducirá y editará Kôtoku en Japón bajo el título de Keizai Soshiki no Mirai (la futura organización económica) para burlar la represión estatal. Denjiro veía plasmada en la práctica esa herramienta proletaria que había concebido en su estancia en la prisión: una gran central obrera de marcado carácter ácrata.
A su regreso a Japón, pondrá en práctica estas ideas rompiendo con la socialdemocracia, haciendo suyo el consejo que le diera Kropotkin en el sentido de desvincular el movimiento obrero de los partidos políticos.
"Estoy seguro que le complacerá saber que desde el próximo 1 de noviembre comenzaremos a editar el nuevo periódico en lengua inglesa llamado Voice of Labor [la voz del obrero]. Buscando sobre todo la solidaridad entre todos los trabajadores, este nuevo periódico rechaza estar vinculado a cualquier tendencia política. En otras palabras, será un órgano de lo que en Francia y Suiza se conoce como sindicalismo anti-político (en Francia, el diario La Voix du peuple [la voz del pueblo] representa esta tendencia. En Lausana, el diario de igual nombre también representa esta tendencia). Esto supone una vinculación con el actual movimiento que está surgiendo por todos lados, dando lugar a unas organizaciones obreras sin relaciones con la opción parlamentaria de la socialdemocracia. Este movimiento es, en otras palabras, sindicatos anti-parlamentarios según la tradición de la antigua Asociación Internacional de Trabajadores. A la vez, este movimiento es más socialista que los actuales sindicatos británicos, negando su participación en la opción parlamentarista socialdemócrata. Nuestro periódico pretende representar este movimiento y esperamos que esto suceda" (carta de Kropotkin a Kôtoku, 25 de septiembre de 1906).
Esta ruptura con la socialdemocracia quedará expresada públicamente en un artículo que publicará el 5 de febrero de 1907 bajo el título de "El cambio de mi pensamiento": "Como socialista, miembro del partido socialista, tengo más confianza para llegar a alcanzar nuestro proyecto -la revolución radical de la organización económica, es decir, la supresión del asalariado- en diez trabajadores conscientes y organizados que en mil personas que hayan firmado una petición reclamando el sufragio universal. Más que en gastar 2.000 yens para la propaganda electoral, creo que es urgente consagrar 10 yens para organizar a los trabajadores. No es por medio del sufragio universal y la política parlamentaria, en absoluto, como se hará una verdadera revolución; para lograr los objetivos del socialismo, no hay otro medio que la acción directa de todos los trabajadores unidos. Tal es ahora mi opinión".
Estas palabras influyeron profundamente entre los militantes socialdemócrata, afiliados al Nippon Shakaitô (Partido Socialista de Japón, fundado en febrero de 1906) legalizado al renegar públicamente de cualquier acción revolucionaria y aceptar la legislación vigente, provocando Kôtoku una ruptura dentro del mismo al pasar los elementos más jóvenes al campo anarquista, como ocurriera con Ôsugi Sakae, Arahata Kanson o Yamakawa Hitoshi, y explica que en la conferencia del partido en febrero de 1907 se aprobara, en contra de sus propios estatutos, hacer un llamamiento a favor de la huelga general revolucionaria, lo que llevó a la inmediata ilegalización del partido y su desmantelamiento. La fuerza de las ideas libertarias pregonadas por Kôtoku y el ala libertaria del otrora Partido Socialista queda ejemplificada en el conocido como Incidente de las Banderas Rojas en 1908 en donde públicamente se sacan banderas de ese color, totalmente prohibidas por el gobierno, con las siguientes inscripciones: "Museifu" (anarquía), "Kakumei" (revolución) o "Museifu Kyousan" (comunismo libertario), al tiempo que se gritaban proclamas a favor de la revolución social y en contra del Estado y las fuerzas del orden. Las consiguientes cargas policiales conllevaron varios heridos y la detención, entre otros, de Sakae, Arahata y Yamakawa.
Consumada la ruptura con los partidos políticos, Kôtoku iniciará una frenética labor de propaganda, muchas veces sin trabajo ni medios de subsistencia, recorriendo el país divulgando los nuevos planteamientos, colaborando con los periódicos anarquistas (Ôsaka Heimin Shinbun, "periódico del hombre común de Osaka" posteriomente Nihon Heimin Shinbun, "periódico del hombre homún de Japón"; Kumamoto Hyôron, "revista de Kumamoto"; Yaradsu Chohu, "acción directa"; Tatsu Kwa, "hierro y fuego"; Hikari, "relámpago"; Chokugen, "adelante"; Shin-Shi-Cho, "la idea nueva"; Fiyu Shiso, "libre pensamiento"), al tiempo que traduce y publica, en muchos casos de manera clandestina, trabajos de Kropotkin como La conquista del pan, Campos, fábricas y talleres o El apoyo mutuo. El empuje de sus planteamientos queda ejemplificado en la amplísima difusión de su libro de recopilación de artículos entre los estudiantes de la Universidad de Tokio a pesar de ser secuestrada su edición por la policía. Es de considerar que en la Universidad estudiaba una amplia comunidad de jóvenes chinos que habían sido becados por el Estado y que, una vez vuelvan a China, divulgarán los escritos de Kôtoku, difundiendo el ideal libertario.
Por la propia dinámica económica del Japón, con un claro predominio del sector primario fuertemente afectado por la introducción de un incipiente de las relaciones capitalistas, hacía muy atrayente los postulados de Kropotkin a favor de la explotación comunal de las tierras a través del apoyo mutuo como tradicionalmente se realizaba en buena parte del agro nipón, dando lugar a un fuerte raigambre del anarquismo en el mundo rural a lo largo de buena parte del siglo XX y explica la amplia difusión de trabajos como el de Akaba Hajime, Nômin No Fukuin (el evangelio de los granjeros) en 1910, en donde se afirmaba: "Debemos enviar a los usurpadores de la tierra a la guillotina y volver a las 'comunidades aldeanas' tradicionales, para alegría de nuestros antepasados. Debemos construir el paraíso libertario del 'comunismo libertario', en donde podremos desarrollar la explotación comunitaria con los más avanzados desarrollos científicos y con la superior moralidad del apoyo mutuo".
Si el anarquismo crecía fácilmente en el mundo rural, el anarcosindicalismo, aunque presente en el mundo urbano, tenía grandes problemas para desarrollarse. Los anarquistas tenían muy presente la situación creada por la insurrección de los mineros de Ashio en 1907; éstos habían logrado controlar la cuenca minera durante más de tres días y, desesperados, esperaron un levantamiento general en todo el país que nunca se produjo por la labor desmovilizadora de las fuerzas socialistas. Finalmente fueron doblegados por el gobierno al poder concentrar grandes contingentes militares en la zona. Esto demostraba que la clase obrera, actuando unida, podía derrocar al Estado aunque para ello era necesario una gran central sindical que permitiera coordinar revolucionariamente la acción conjunta de todo el proletariado. Sin embargo, eso también lo sabía el Estado y desarrolló una fuerte represión en los centros urbanos, creando incluso una unidad especial de la policía para vigilar las 24 horas del día a los anarquistas más destacados, y una legislación bajo la denominada "Ley policial de pacificación pública" que dejaba las manos libres a las autoridades para prohibir y sancionar cualquier atisbo de movilización social. Esta situación llevó a un grupo de anarquistas a desesperar por la lentitud de los progresos en cuanto a la movilización del proletariado y a buscar otra vía para hacer detonar la revolución social, tomando el ejemplo de los nihilistas y revolucionarios rusos en cuanto a ajusticiamiento de los represores, y comienzan hacia 1908 a concebir un plan para acabar con el emperador como máxima expresión del Estado. Comenzaron a investigar cómo fabricar una bomba, aunque al carecer totalmente de recursos y materiales, hacia 1910 sólo habían logrado fabricar unos simples petardos. Sin embargo, esto permitió al gobierno montar la gran farsa judicial conocida como Daigyaku Jiken (proceso de alta traición), concebida como un instrumento para descabezar todo el movimiento libertario.
Además de detener a los cuatro implicados directamente en los intentos de fabricación de las bombas, se produjo una intensa represión, encarcelando a cientos de anarquistas a lo largo del país, procediendo a montar un juicio sumario contra 26 de ellos, entre los que se encontraban Kôtoku y su compañera Kano Sugano.
Los medios libertarios occidentales se hicieron rápidamente eco de la situación, como ocurrió en la revista norteamericana Mother Earth, que inició una campaña de protesta, rápidamente seguida por Freedom en Inglaterra, Les temps nouveaux en Francia, Tierra y Libertad en España o Le Réveil en Suiza. Sin embargo, como reconocía el propio Alexander Berkman, poca agitación se pudo hacer pues parecía que la distancia era el olvido, incluso entre los anarquistas, como expresaba la propia Emma Goldman cuando se quejaba con cierta tristeza sobre el desinterés general incluso para levantar un monumento en recuerdo a Kôtoku: "Mi gran pesar en relación a Chicago fue mi fracaso para interesar a nuestros amigos en el monumento a Kôtoku. Existía una carencia de oradores, además de que Japón está muy lejos; incluso entre los anarquistas no es fácil superar las distancias".
Para darnos cuenta de la falta de garantías judiciales, sólo tenemos que tener en cuenta lo relatado en las páginas de Mother Earth, en donde en un breve párrafo se condensa perfectamela secuencia de los hechos. "Kôtoku y otros fueron arrestados el último otoño bajo el cargo de conspiración, aunque la policía no pudo hallar ninguna prueba. Sin embargo, en Keishicho, el cuartel de la policía de Tokio, han manufacturado algunas evidencias, usando a infiltrados policiales y agentes provocadores, llevando a los detenidos ante un juzgado especial, no la corte suprema. Bajo esta corte especial no tienen posibilidad de apelar; el juicio no fue abierto para el público, salvo quince minutos en el primer día del juicio, el 10 de diciembre, pero nunca más. El juzgado estaba custodiado por cientos de policías y soldados armados. Sus abogados estaban designados por el gobierno y fueron sentenciados a la pena de muerte el 10 de enero" (Mother Earth 12, febrero de 1911)
A eso hay que añadir las presiones recibidas por un grupo de abogados que intentaron actuar en defensa de los acusados, a los cuales se les amenaza con su ejecución, lo que explica y da sentido a la carta recientemente descubierta de Kano Sugano dirigida al periodista Sugimura, en donde le ruega que busque un abogado que pueda defender a Kotoku.
Como se puede apreciar, los 26 procesados serán juzgados y sentenciados en un mes: 24 a la pena de muerte y 2 condenados a 8 y 11 años de condena; posteriormente, se conmutarán 12 penas capitales por cadena perpetua, ejecutando la sentencia el 24 de enero de 1911. Ese día perdieron su vida ahorcados, de uno en uno desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde, Kôtoku Shûsui (41 años), Kano Sugano (compañera de Kôtoku), Unpei Morichika (director de periódico), Tadao Niimura (25 años), Takichi Miyashita, Rikisaku Hurukawa (28 años), Keushi Okumiya (54 años), Seinosuke Ooishi (médico, 45 años), Heishiro Naruishi, Uichita Matsuo, Uichiro Niimi y Gudo Uchiyama (sacerdote budista), y todo ello sin pruebas directas, más allá de simples suposiciones nunca demostradas, que vincularan a la mayoría de los ajusticiados con los que planeaban atentar contra el emperador, como ocurrió con Kôtoku, a quien se le acusaba de haber actuado de inspirador del acto por sus charlas y escritos. Seguramente Vicente García, en las páginas de Tierra y Libertad del 28 de diciembre de 1910, resume perfectamente cuál era el objetivo de este asesinato: "El doctor Kotoku es el Ferrer nipón, y claro está que hombres así son peligrosos para los parásitos, y como ellos mandan, lo lógico, aunque sea bárbaro y criminal, es que el fuerte quite al débil que le estorba".
Tal fue la ola de terror que agitó el país, con nuevos supuestos complots "descubiertos" meses después, como ocurrió en Nagoya en donde en casa de un tal Genmatsu Goto se encontró dinamita para atentar contra el Emperador y que "pertenecía al grupo de Kotoku", que incluso un escritor conservador, como era Mori Ogai, narró en su relato corto La torre del silencio, la fuerte represión que se vivía en esos momentos contra los anarquistas, considerados como "demonios occidentales":
"Todo escrito era requisado para buscar en él referencias al naturalismo o al socialismo. Todo escritor o literato resultaba un sospechoso naturalista o socialista, blanco de inquisición (…) Las peligrosas publicaciones extranjeras transmitían una ideología que alteraba la tranquilidad. La ideología que convulsiona la moralidad tiene su origen también en las peligrosas publicaciones extranjeras (…) Muerte a todo lector de las peligrosas publicaciones extranjeras".

Alexis Rodríguez Subir


Compendio de pacotilla intelectual

Existe un texto de Bertrand Russell con este nombre, tan lúcido como divertido, que se recoge en la valiosa recopilación Dios no existe, de Christopher Hitchens. Echemos un vistazo a las perlas que en él se comentan, muchas de ellas dedicadas a los hombres religiosos, siendo las épocas en las que mayor poder tenían menos proclives a la sabiduría. Efectivamente, en los periodos caracterizados por el predominio de la fe el clero imponía todo su criterio. Cada etapa oscurantista trata de ser ocultada con el fin de que la nueva etapa oscurantista no se reconozca como tal. Russell repasa algunos ejemplos de irracionalidad en el clero, desde que la ciencia comenzó a desarrollarse, y después analiza si el resto de la humanidad es mucho mejor.
En el mundo anglosajón, el clero se opuso al invento del pararrayos realizado por Benjamin Franklin, ya que ello suponía un intento de frustrar la voluntad de Dios. Entre las numerosas crueldades imaginables sobre una deidad, considerada encima omnibenevolente, no se me ocurren peores que considerar que un ser supremo envía fenómenos catastróficos para castigar a sus creaciones. No es esta visión exclusiva del monoteísmo occidental, ya que Gandhi (cuya figura está idealizada hasta el exceso), después de que unos seísmos sacudieran la India, comentó que aquello era un castigo divino por ciertos pecados. Estamos hablando de la época contemporánea, en la que se entiende que el deísmo habría sido la visión triunfante sobre los creyentes más razonables. Insisto en que, al margen de la creencia o no creencia de cada cual, no se me ocurre que una mente saludable imagine una mano sobrenatural detrás de cada hecho accidental (esto es, en los que la mano del hombre no ha intervenido). Y ello por doble motivo, primero por una cuestión puramente racional, pero también, y más grave, por considerar que "alguien" merece esos castigos realizados por motivos inescrutables.
El absurdo y la irracionalidad más hilarantes convergen en la actitud de esas pudorosas monjas que se bañan, incluso en la intimidad, con una bata de baño. Ello lo hacen, naturalmente, porque Dios puede verlo todo, por lo que reducen al imaginario ser a un mirón de poderes limitados, ya que las paredes no le detienen, pero sí una simple prenda de baño. El concepto de "pecado" también genera una crueldad inimaginable; incluso cuando la Iglesia anglicana ha aceptado la regulación de la eutanasia para casos de enfermedades incurables y dolorosas, cierta voces se han negado a que el propio paciente tome su propia decisión al respecto. Eso es porque lo que sería una muerte asistida, sin sufrimiento físico, en caso de que tome la decisión el protagonista se convertiría en el gran pecado del suicidio. Por supuesto, tal vez los crueles y depravados no son los miembros del clero que, en nombre de Dios, condenan a una persona a meses de tortura, tal vez lo somos los humanos que pretendemos evitar en lo posible el sufrimiento.
Un caso que tantas veces me ha producido perplejidad es el de la resurrección de la carne, en nombre de la cual se oponen los ortodoxos a la cremación. Podemos preguntarnos qué ocurre con tantas personas que desaparecen en circunstancias extremas, pero es de suponer que ello obedece igualmente a algún plan divino. Russell ironiza sobre el hecho de que, tal vez, a Dios le sería difícil recomponer un cuerpo quemado, pero no menos que hacerlo con uno enterrado y transformado en gusanos. Como es sabido, la consideración sagrada de los cadáveres es propia de las diversas culturas. En China, ya en el siglo XX, un cirujano francés quiso realizar disecciones con cuerpos muertos ante el horror de las autoridades chinas. Aunque le dieron una negativa sobre esto, le dijeron que podría disponer de un suministro ilimitado de criminales vivos ante el horror, esta vez, del galeno occidental.
Es sabida la obsesión sobre el sexo en cuanto a considerarlo como pecado, mucho más que en el terreno de los otros llamados capitales. La actitud célibe es lo recomendado por la ortodoxia católica, aunque los que sufran de incontinencia pueden casarse y vincular el acto sexual a la procreación. Las enfermedades relacionadas con el sexo son, por supuesto, un castigo divino y la única prevención es la abstención. Los que no hayan visto la película El sentido de la vida, de los Monty Python, con el inmejorable número musical "Todo esperma es sagrado", creo que ya están tardando: No obstante, hay quien cree que la actitud de la Iglesia respecto al sexo ha sido demasiado suave. Russell menciona al pobre Tolstói, cuyo anarquismo era seguramente irreconciliable con su mortificación cristiana, junto a Gandhi, los cuales vincularon el sexo a la perversidad, incluso dentro del matrimonio y con la idea de tener hijos. La moral moderna pude considerarse como una mezcla de dos elementos: por un lado, las normas racionales para convivir adecuadamente en una sociedad, y por otra, los tabúes tradicionales originados en los diferentes textos religiosos. Desgraciadamente, en el último caso, el carácter sagrado de las normas tiene como consecuencia el absurdo, en el mejor de los casos, y un notable sufrimiento en no pocas ocasiones. Como ya señaló Faure, y en lo que se insiste una y otra vez, el concepto de pecado presenta unas dificultades obvias. Un dios omnipotente supone que nada contrario a él puede suceder, por lo que la desobediencia de los humanos sería algo que ya sabría y, por lo tanto, debe formar parte de su propio plan. De lo contrario, considerar que la desobediencia a Dios es posible es aceptar que no es un ser omnipotente. Spinoza aceptó la omnipotencia divina, por lo que consideró que el pecado no existía en realidad; las conclusiones posteriores son, todavía, más absurdas y catástroficas, algo como el asesinato también lo es. Como dice Russell, el argumento no ofrece escapatoria.

Más basura intectual
Una frase memorable de Russell, a propósito de todo tipo de creencias: "En cuanto abandonamos nuestra propia razón y nos limitamos a confiar en la autoridad, nuestras dificultades no tienen fin". Además, de manera no tan sarcástica, señala que la fuente de la mayor parte de las creencias religiosas es el engreimiento, individual o genérico. Efectivamente, la creencia religiosa suele considerar al ser humano como lo más importante del universo. Lo más irrisorio del asunto es que si, efectivamente, el fin de la "creación" era el hombre, resulta curioso que una deidad se haya tomado un prólogo tan largo y tedioso. Naturalmente, mejor no insistir en que, tanto el ser humano, como el planeta que habita, algún día serán historia. La religión siempre tendrá una respuesta para esto, la recurrente y absurda alusión al "misterio". Russell expresa lúcidamente que una probable curación para ese engreimiento religioso es recordar que el hombre es un breve episodio en la vida de una pequeño planeta localizado en un rincón del universo; es posible que existan otras formas de vida, en otros lugares, para los que no somos superiores a las medusas. No obstante, hay otras fuentes que explican la existencia de la religión, como es el caso del gusto por lo maravilloso. Hay veces que el ser humano está dispuesto a creer cualquier cosa prodigiosa, siempre y cuando ello no se enfrente a algún prejuicio fuerte. Pocas veces los historiadores dan crédito a estos acontecimientos producto de la fantasía, excepto cuando se encuentran en el terreno de la religión. Si la emoción intensa de un individuo da lugar a un mito, es posible que se le considere un demente: si esa emoción es producto de una colectividad, no es raro que reciba un amplio crédito. Desgraciadamente, como recuerda Russell, gran parte de los mitos se basan en crueles falacias (las barbaridades que se han atribuido históricamente a los judíos han justificado su persecución y exterminio), que acaban justificando los peores actos. Muchos otros ejemplos de prejuicios absurdos, sobre la raza y la sangre, parecen hoy (al menos, en la teoría) felizmente superados. Una forma de combatir los mitos e iniciar un camino de sabiduría es admitir los propios temores y reflexionar de manera racional sobre todo tipo de creencias.
No solo la religión, la política también se encuentra gobernada por tópicos que no responden a la realidad. Cuántas veces hemos oído la frase "no es posible cambiar la naturaleza humana". No solo que esto no es posible que lo afirme nadie, sino que difícilmente podremos decir qué es la "naturaleza humana". Hablar de tal cosa es absurdo para alguien que conozca un poco de antropología, ya que los comportamientos humanos difieren en las diversas culturas. La llamada "naturaleza" del ser humano varía enormemente en función de la educación recibida. Gracias a factores como la alimentación o como algún tipo de adiestramiento, es posible hacer a la gente dócil y sumisa, o bien violenta y dominante, como convenga al educador. Un gobierno, del tipo que fuere, puede convertir la mayor idiotez en el credo de la mayoría. El mismo Platón pretendía fundar su República sobre un gran absurdo, algo que él mismo admitía. Otro importante pensador, Hobbes, consideraba que el pueblo debería reverenciar cualquier tipo de gobierno, aunque fuera totalmente indigno; cuando alguien cuestionaba el hecho de que la gente acatara una cosa tan irracional, él recordaba que si se había hecho creer a las masas en la religión cristiana, y en sus dogmas absurdos, era totalmente posible hacerles creer cualquier cosa. Los gobiernos han tenido siempre un gran poder sobre las creencias de los hombres, como demuestra el hecho de que los ciudadanos romanos se convirtieran al cristianismo solo después de que lo hicieran los emperadores o el que los lugares del Imperio romano conquistados por los árabes supusiera la conversión al Islam de los cristianos; otro ejemplo notable, la división de Europa occidental en regiones protestantes y católicas se produjo por la actitud de los gobiernos en el siglo XVI.
Desgraciadamente, aunque sea por imposición o inspiración de los gobiernos, estas creencias empujan a grandes masas de hombres a matarse unos a otros. Russell vinculaba un poder autoritario a una población plagada de lunáticos fanáticos, de tal manera que se podría inducir a creer casi cualquier cosa por absurda que fuere. Podría darse, del mismo modo, lugar a ciudadanos razonables y juiciosos, pero no se conoce gobierno alguno que desee tal cosa, ya que ese tipo de personas no admitiría seguramente el hecho de una jerarquía política. La educación, para bien o para mal, puede ser dirigida hacia un lugar u otro. Lo malo de ese dogma que habla de una "naturaleza humana" es que suele ir asociado a una creencia determinista en la beligerancia del ser humano. Muy al contrario, si una organización política demostrara que la guerra no es deseable ni productiva, difícilmente podría la condición humana llevar al conflicto. En todas las épocas, se ha sostenido que existían cosas inmutables, pero al cabo del tiempo resultan inaceptables sin que haya apenas nadie que las eche de menos. No obstante, cuidado con la fe ciega en el progreso, ya que tendemos a sorprendernos de lo que pensaban pueblos del pasado siendo condescendientes con nuestra propia época, ya que al día de hoy siguen manteniéndose creencias absurdas en las sociedades modernas y civilizadas, tanto religiosas, como políticas.

J. F. Paniagua Subir


El espejismo de Dios

Richard Dawkins es un reconocido científico, el cual se considera ateo, humanista y escéptico. Una de sus más conocidas obras, y conscientemente controvertida, es El espejismo de Dios (The God Delusion), publicada en 2006, en la que afirma la irracionalidad de la creencia en deidad alguna y el gran daño que la religión produce a la sociedad. Es un libro, en palabras de su autor, escrito para todas aquellas personas educadas en una religión, que se muestran indecisos a abandonarla al no ser siempre conscientes de que esa renuncia es una opción personal. Hace poco, discutía en un grupo ateo sobre la vinculación de la no creencia en algo sobrenatural con la moral; ciertas personas, en mi opinión con un ateísmo algo incompleto, negaban de alguna manera esa vinculación y consideraban a autores como Dawkins propugnadores de una renuncia a Dios desde un punto de vista meramente cognitivo. Nada más lejos de la realidad. El autor de El espejismo de Dios deja claro desde el inicio que considera el ateísmo como una mejora de la conciencia, como una opción no solo realista, sino además valiente y espléndida.
Para aquellos que consideran el agnosticismo una postura más razonable, alejado de todo ateísmo "dogmático" hay todo un capítulo dedicado a que cambien de idea. Dawkins considera que la hipótesis de Dios están tan sujeta a un análisis científico y al escepticismo como cualquier otra. Las razones históricas de filósofos y teólogos, bien endebles la verdad, para creer en Dios son repasadas en el capítulo 3. El capítulo llamado "Por qué es casi seguro que no hay Dios" está especialmente dedicado a aquellos que insisten en la existencia de un diseñador cósmico; la estética del mundo existente se explica de mucha mejor manera gracias a la selección natural darwiniana (y aquí podremos comprobar que tal vez no sepamos lo suficiente sobre ella). La teoría de Darwin, además, al tener lógicamente sus lagunas, en lugar de hacernos fantasear sobre nuestras necesidades y miedos, puede potenciar nuestra conciencia en aras de buscar una mejor explicación para el Cosmos. De esta manera, Dawkins propone también la selección natural como modo de mejorar nuestra conciencia. Segundo mensaje para los que afirman, de manera pobre, un mero ateísmo cognitivo. Los siguientes capítulos abundan en la raíces del pensamiento religioso, y tratan de desmontar la idea de que es omnipresente, desvinculan la moral de la religión e incluso invitan a dudar de que ésta sea algo mínimamente bueno.
Hay que pensar que todos somos, en mayor o en menor medida, un producto de la educación y circunstancias que hemos sufrido. Lo principal, para escapar a todo adoctrinamiento, es realizarse preguntas, y este libro resulta magnífico en ese aspecto. El capítulo 9 está dedicado a la infancia, a cómo los niños son instrumentalizados por la religión (también, como es obvio, por otras doctrinas) y no tarda demasiado en ponerse una etiqueta a personas que son demasiado jóvenes para decidir. Precisamente, como el objetivo es el aumento de la conciencia, hay que señalar este gran problema en la humanidad. Hay quien ha afirmado que la religión es un sentimiento con el que nunca se acabará, ya que se manifiesta de una forma o de otra; Dawkins propone que una comprensión adecuada de la grandeza del mundo real puede asumir el papel inspirativo que, históricamente y de manera distorsionadora, ha tenido la religión. Además, y como otro mensaje con la intención de mejorar la conciencia, el ateísmo es sinónimo de orgullo, de una vida saludable y de independencia mental. Para ello, hay que desprender definitivamente la condición atea de toda "estigmatización".
Hay que recordar que la situación de los no creyentes en la considerada como una de las naciones más poderosas y avanzadas (naturalmente, esto hay que ponerlo muy entre comillas) es comparable a la sufrida por los homosexuales no hace tanto tiempo (me refiero a nivel de invisibilidad, es evidente que todavía se sufre cierto apartheid en este aspecto). Recordaremos que en los orígenes de los Estados Unidos de América, trató de apartarse la religión de la política; sin embargo, su realidad fue pronto bien diferente. La siguiente frase, de John Stuart Mill, es esclarecedora: "El mundo se sorprendería si supiera qué gran proporción de sus más brillantes próceres, incluso de aquellos que la opinión popular distingue como ejemplos de sabiduría y virtud, son completamente escépticos sobre religión". Por ello, es necesario que los ateos salgan a la luz, como así viene ocurriendo en los últimos años, y libros como éste ayudan a que estas personas empiecen a mostrarse. Naturalmente, los ateos son con seguridad mucho más difíciles de organizar que los seguidores de cualquier doctrina. La simpática analogía de que tratar de organizar un grupo de ateos es como tratar de hacerlo con un "rebaño" de gatos, casi imposible al no someterse a autoridad alguna y pensar cada uno de forma independiente. Aunque Dawkins no lo menciona, viene al caso señalar la vinculación del ateísmo con el anarquismo, y ya se sabe que existen formas de organización libertaria en la que trata de respetarse al máximo la individualidad. Jamás, los ateos seremos un "rebaño", pero igualmente queremos hacer oír nuestras voces a nivel, tanto individual, como colectivo.
Respecto al título del libro, Dawkins eligió la palaba "espejismo" al definirse como una "falsa creencia o ilusión". De manera significativa, se recuerda la cita de Philip E. Johnson: "El darwinismo es la historia de la liberación de la humanidad del espejismo de que su destino está controlado por un poder mayor que él mismo" (desgraciadamente, como recuerda el propio Dawkins, parece ser que la cita está sacada de contexto y Johnson es en realidad un fervoroso "creyente"; seguramente, esta cita demuestra los juegos dialécticos de los que son capaces los religiosos). Otra cita más esclarecedora, esta vez de M. Pirsig, autor de El Zen y el arte del mantenimiento de motocicletas, dice lo siguiente: "Cuando una persona sufre espejismos, eso se denomina locura. Cuando muchas personas sufren espejismo, se denomina religión". Creyente o no, cualquier "espíritu" verdaderamente libre debería atreverse a echar un vistazo a El espejismo de Dios.

Capi Vidal Subir


Arrepentimiento y penitencia

''La Iglesia católica perdonará a todas las jóvenes que hayan abortado y se arrepientan en confesión durante la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid.''
Así ''reza'' el principio de una noticia que aparece en toda una página dedicada a la visita del Papa a Madrid con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebra este año en la capital del reino.
Para ello se han instalado un montón de confesionarios en el parque del Retiro, el cual habrá sido limpiado, por supuesto, de mendigos y prostitutas para que no ensombrezcan tal evento.
Nos preguntamos si acudirán también al Retiro los curas pederastas norteamericanos e irlandeses o las monjas africanas que abortaron sus hijos fruto de las violaciones de misioneros religiosos y seglares, pues de eso no dice nada la noticia de El Mundo del 13 de agosto del presente.
La Iglesia siempre se ha caracterizado por condenar a los pecadores ajenos que no muestren signos evidentes de arrepentimiento pero se ha olvidado de sus propios pecadores a los que siempre ha tratado de ocultar, lo cual ha asegurado su impunidad y ausencia total de arrepentimiento, así que, por favor, no nos vengan con chorradas y mírense la paja o mejor dicho el tronco en su propio ojo.

FRGGAAEH Subir


75 años después, seguimos puño en alto

Nos dicen que de la historia se aprende, y es verdad. Lo que no nos dicen es que la historia cambia dependiendo de quién te la cuente. En este pedazo de tierra que llaman España, hay una gran historia que pocas veces ha sido contada por sus protagonistas, y muchas veces ocultada por aquellos a los que no interesa contar la verdad.
Corría la década de los treinta del pasado siglo, y en las calles de los pueblos y ciudades la gente soñaba con cambiar el mundo. La sociedad se regía por normas parecidas a las actuales: unos pocos acumulaban riqueza mientras que la gran mayoría se hacinaba rodeada de miseria. Había que trabajar mucho y muy duro para salir adelante, y los que levantaban la voz en contra de las injustas condiciones que habían sido impuestas a los trabajadores, eran perseguidos, encarcelados o directamente asesinados. El gobierno, tras el disfraz democrático que le otorgaba la Segunda República, ostentaba el poder sacudiendo a la clase trabajadora mediante mandatos que perjudicaban a las clases populares de la sociedad. Las decisiones eran tomadas por una minoritaria clase política, que compinchada con la burguesía, cortaban las alas de una sociedad que aspiraba a vivir en libertad e igualdad.
Sin embargo, nuestros abuelos y bisabuelos no se conformaban con las migajas de un pastel que se repartían unos pocos. Eran conscientes de la fuerza de su número, y se organizaban. En la España de los años treinta, las huelgas, las manifestaciones los sabotajes y la "gimnasia revolucionaria" se respiraban en campos, fábricas y talleres. Los trabajadores comprendían que eran ellos quienes cultivaban la tierra, accionaban las máquinas o fabricaban los útiles necesarios para que la economía funcionase. Sabían que ellos eran la pieza imprescindible, y que si se unían, podrían dar la vuelta a la situación. Eran hijos del trabajo y no renegaban de él, pero entendían que el trabajo había que repartirlo. No aceptaban trabajar de sol a sol, pero tampoco aceptaban que hubiera gente que comiera sin trabajar.
La clase obrera española se organizaba en sindicatos, en los que encontraban la herramienta que les permitía enfrentarse a gobierno y burguesía con garantías. El sindicato representaba la unión y la organización del proletariado. Pero además de eso los sindicatos se convertían en las escuelas del pueblo, los obreros adquirían cultura y eran capaces de vislumbrar una sociedad más libre y más justa, en la que no hubiera patronos, gobiernos ni religiones que los sometieran.
En mayo de 1936, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) celebró un congreso en Zaragoza, en el cual declaró que su finalidad era realizar una revolución social que cambiase la sociedad. El objetivo era abolir el gobierno y la propiedad privada e instaurar en su lugar un régimen asambleario y federalista, en el que todo el mundo tuviese el mismo derecho a decidir sobre su vida y tuviese garantizado el trabajo, las necesidades básicas y poder disfrutar de una vida digna en plena libertad. Al mismo tiempo, todo el mundo, para poder obtener las ventajas de esta sociedad, debía contribuir con su trabajo. Se seguía la consigna "de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades", y lo llamaron el "comunismo libertario" o lo que es lo mismo: la sociedad anarquista.
Hacia la primavera de 1936, los trabajadores españoles estaban preparándose para hacer la revolución. Se acababa la era de la explotación y de la ausencia de libertad: los sindicatos hervían, las imprentas no paraban de sacar publicaciones obreras, proliferaban centros de cultura obreros o "ateneos libertarios"… Pero no todo era bonito y de color de rosa. El gobierno de la República había intentado por todos los medios aplacar la rabia de los obreros. Había incluso llegado a cometer crímenes imperdonables como los sucesos de Casas Viejas (1933), en el que se masacró a un pueblo entero por negarse a aceptar que la tierra perteneciera a unos pocos terratenientes en lugar de a los campesinos que la trabajaban; o la represión contra la Revolución de Asturias (1934), en la que el ejército republicano declaró la guerra a los mineros y otros trabajadores asturianos que, organizados en la CNT y la UGT, intentaron dar el paso hacia la libertad y la justicia.
Una parte del ejército, viendo que la República era incapaz de someter a los trabajadores y así parar la revolución, empezó a preparar una sublevación fascista, con el objetivo de aniquilar las ilusiones y los proyectos revolucionarios, y someter al pueblo a la moral degradante impuesta por la Iglesia católica. Es por ello que la clase obrera revolucionaria, organizada mayoritariamente en el sindicato anarcosindicalista CNT, comenzó a hacer acopio de armas y a preparar la defensa de la libertad y la justicia social.
El 17 de julio de 1936, los fascistas se sublevaron en Marruecos. La CNT dio la consigna revolucionaria. Aquello por lo que se había luchado, los valores defendidos, las ideas y el amor a la libertad empiezan a tomar cuerpo. Ese mismo día, en Barcelona, los obreros tomaron los transportes y los principales edificios públicos. La Generalitat de Cataluña intentó evitar que la chispa de la revolución prendiese en Barcelona, pero la fuerza de los trabajadores organizados les desbordaba. Los obreros del transporte se apoderan de las armas que había en los barcos anclados en el puerto. El objetivo: frenar a los fascistas y convertir a Barcelona en el foco desde el que se extendería la revolución social.
El 18 de julio el avance de los fascistas era importante. La CNT y la UGT proclamaron la huelga general. En el caso de la CNT se trataba de la huelga general revolucionaria. En muchos lugares, la vuelta al trabajo después de ese paro no iba a ser en un régimen capitalista, sino en industrias, fábricas y tierras que pasarían a estar bajo control obrero. Llegaba el momento esperado, tocaba a los trabajadores ser los protagonistas.
Cuando la sublevación llegó a Barcelona, los militares se encuentran con una clase obrera organizada sin dirigentes ni vanguardias. No tenían enfrente a un ejército republicano, sino a trabajadores normales y corrientes, con un armamento escaso, pero con la fuerza que les daba el luchar por sus ideas y por su libertad. La clase obrera barcelonesa era mayoritariamente anarquista, y el grado de conciencia de los trabajadores era tal, que el ejército fascista no pudo hacer frente a esos humildes obreros y su revolución. En menos de 24 horas, los trabajadores, sin ayuda alguna de gobiernos ni instituciones, habían barrido al fascismo de toda Cataluña. El control ahora no lo tenía ni el ejército sublevado ni la República ni la Generalitat. El control ahora lo tenían los trabajadores, lo tenía la CNT.
A partir del 19 de julio, comenzó en España una revolución social que por su magnitud y su contenido, se puede decir que es única en la historia de la humanidad. El pueblo organizado, de manera completamente independiente y autónoma, tomó las riendas de la economía y de la política, aboliendo en numerosos lugares al Estado y al capitalismo. Al mismo tiempo, los trabajadores fueron capaces de formar milicias y parar el avance del fascismo, con un armamento escaso y defectuoso, y rechazando por propia elección el formar un ejército que les condenaría a someterse de nuevo a una jerarquía. Ese pueblo en armas fue el que venció al fascismo los primeros meses de lo que se llama "guerra civil", siempre siguiendo la consigna de que la revolución y la guerra eran inseparables.
El verano de 1936 fue único en la historia. En Cataluña y Levante se socializaban fábricas e industrias. Los obreros tomaban las decisiones sin necesidad de patronos, y eran capaces de aumentar la productividad y la eficiencia de una forma impresionante. Miles de personas adquirían cultura en centros obreros y proliferaban las escuelas libertarias. En Andalucía, algunos pueblos quemaban el dinero en la plaza entre vítores, proclamando el comunismo libertario. En Aragón y Cataluña se colectivizaron las tierras quedando abolidas las grandes propiedades y pasando a ser de las colectividades de trabajadores. En estas colectividades, los trabajadores se organizaban y tomaban las decisiones por asambleas, eliminando cualquier signo de autoridad. Se hizo realidad la utopía anarquista de que es posible vivir sin patronos ni gobiernos.
George Orwell, en su libro "Homenaje a Cataluña", dice: "Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario. En Aragón se estaba entre decenas de miles de personas de origen proletario en su mayoría, todas ellas vivían y se trataban en términos de igualdad. En teoría, era una igualdad perfecta, y en la práctica no estaba muy lejos de serlo. En algunos aspectos, se experimentaba un pregusto de socialismo, por lo cual entiendo que la actitud mental prevaleciente fuera de índole socialista. Muchas de las motivaciones corrientes en la vida civilizada -ostentación, afán de lucro, temor a los patronos, etcétera- simplemente habían dejado de existir. La división de clases desapareció hasta un punto que resulta casi inconcebible en la atmósfera mercantil de Inglaterra; allí sólo estábamos los campesinos y nosotros, y nadie era amo de nadie."
Entre tanto, el fascismo iba recibiendo ayudas internacionales como la de Italia, Alemania o Portugal. La revolución no recibía ayudas. Es más, la propia República se negaba en un principio a facilitar armas a los obreros, demostrando más temor hacia la propia revolución que hacia los militares sublevados. Lo mismo pasaba con las potencias extranjeras que supuestamente estaban del lado de la República. La clase obrera se enfrentó sola al fascismo y le venció las primeras batallas, pero pronto debió enfrentarse también con otros enemigos que amenazaban la marcha de la revolución.
La contrarrevolución del Partido Comunista, las trabas impuestas por la República y la infiltración del autoritarismo en los órganos de la CNT y la FAI comenzaron a dinamitar la obra constructiva de la revolución. Los comunistas, desde la retaguardia, fueron sometiendo la revolución a la disciplina del Partido, lo cual no era comprendido por los trabajadores. Ante esta situación, decidieron imponer su disciplina autoritaria por medio de la fuerza, disolviendo colectividades y tomando posiciones en el gobierno de la República gracias a la influencia de Stalin. Especialmente representativa es la figura del comandante Líster, del Partido Comunista, el cual fue responsable de la muerte de numerosos trabajadores que se negaron a aceptar las imposiciones y defendieron la revolución. Todo ello, mientras los milicianos anarquistas luchaban contra los fascistas en el frente, sin conocer que detrás de ellos la revolución estaba siendo traicionada.
Incluso dentro de las organizaciones obreras, el autoritarismo hizo acto de presencia. Evidentemente, la fuerza de los trabajadores era tan grande que los oportunistas y los políticos intentaban sacar partido incluso de la propia revolución. Esto sin duda propició que la CNT y la FAI cayeran en errores y contradicciones históricos, como fueron a entrada en el gobierno de la República o la militarización de las milicias. Sin embargo, ni todas las milicias pasaron por el aro, ni todos los trabajadores aceptaban las imposiciones de las cúpulas. La mayoría permanecían fieles a la revolución. Pese a ello, el daño estaba hecho.
Muchos fueron los factores que determinaron la derrota de la Revolución Social de 1936. Sin embargo, el tiempo que duró, demostró ser un ejemplo de que existe la posibilidad de vivir en una sociedad libre e igualitaria, sin Estado ni capitalismo, en la que los individuos se desarrollen libremente y sin coacciones.
Abel Paz, conocido militante de la CNT que participó en la revolución, decía que los trabajadores sabían que la revolución estaba condenada a fracasar. Su función sería, pues, la de servir de ejemplo a las generaciones futuras de que la anarquía no es imposible, sino que es necesaria. Lo más importante no es recordar con añoranza el tiempo en que los trabajadores mantenían la cabeza alta y escupían sobre los privilegios de los capitalistas, las riquezas de las Iglesias ardían en las plazas de los barrios y pueblos entre vítores y los campesinos trabajaban gustosos sabiendo que daban de comer a trabajadores y no a parásitos. Lo importante es que gracias a estas personas nosotros podemos aprender a hacer una revolución que no esté condenada al fracaso, pues ellos nos han allanado el camino.
La Revolución española no sale en los libros de historia pese a haber sido un acontecimiento único. Quizás no sale porque los libros de historia los escriben los vencedores, y en el episodio de la guerra de clases que se llamó "guerra civil" ganó el bando del poder y del dinero. Durante 40 años ese bando nos gobernó a base de violencia, humillación y silencio. Y hoy, tras más de 30 años de democracia, los enemigos de la revolución nos siguen gobernando. Se mantiene el silencio y el olvido porque la Revolución española asusta, ya que puso contra las cuerdas al fascismo y a la República, y hubiese hecho lo mismo con cualquier forma de gobierno y autoridad.
75 años después debemos elegir: o seguimos humillados y degradados en nuestra vida y nuestros trabajos, o plantamos cara y les demostramos que, hoy como ayer, seguimos puño en alto.

Coordinadora Anarquista del Noroeste Subir


Fernando Tarrida,
anarquista sin más adjetivos

Este año se ha cumplido el 150 aniversario del nacimiento de Fernando Tarrida del Marmol (1861-1915). Una buena oportunidad, por supuesto, para hablar del anarquismo y de su historia. Tarrida nació en Cuba, hijo de ricos emigrantes de Sitges, estudió en Barcelona y en Toulouse. La obra coordinada por Miguel Íñiguez, Esbozo de una enciclopedia del anarquismo español, explica que fue republicano federal en sus años jóvenes, pero pronto se convertiría al anarquismo al conocer a Anselmo Lorenzo, del que se hizo íntimo amigo, y leer a Proudhon, Bakunin y Kropotkin siendo todavía muy joven. Terminó la carrera de ingeniero en Madrid, costeándosela él mismo gracias a dar clase particulares, ya que su familia no vio con buenos ojos su filiación a las ideas ácratas, para volver después a Barcelona y tener una intensa actividad militante dando numerosos mítines, siendo redactor de la publicación Acracia y asistiendo a diversos congresos. Dirigía la Academia Politécnica de Barcelona, cuando fue encarcelado en julio de 1896 después del suceso de Cambios Nuevos, que iniciará el momento más álgido de represión contra el movimiento anarquista, siendo liberado transcurrido un mes, escapó de España e inició una agitada campaña, especialmente en París con Malato, en Bélgica y en Londres. En la capital inglesa es donde fija su residencia, y hay que destacar el gran mitin del 30 de mayo de 1897 dedicado al terror gubernamental, junto a diversas conferencias en el círculo anarquista de Charlotte.
Tarrida es conocido, especialmente, por su teoría del anarquismo sin adjetivos, aceptada de manera amplia en el movimiento; en 1890, en el periódico anarquista francés La Revolte, que dirigía Jean Grave, se produjo una polémica, en la que unos propiciaban el mutualismo y otros el colectivismo; Tarrida envió una carta a La Revolte exponiendo cómo el movimiento español interpretaba el desarrollo y desenvolvimiento de una sociedad que llega al anarquismo: "pues no somos quienes para marcarles lo que han de hacer otros, ellos crearán a su mejor conveniencia la forma de organizar sus vidas". Esta teoría fue expuesta en el Segundo Certamen Socialista, celebrado en Reus en 1889, en varios artículos de Le Révolté y en diversos folletos; fue un ejemplo de superación eficaz de las confrontaciones en la difusión del ideal anarquista evitando todo dogma político, económico o religioso. En el número 4 (octubre de 2007)de Germinal. Revista de Estudios Libertarios puede leerse el texto íntegro de este valioso documento.
Fernando Tarrida ha sido descrito como un hombre sencillo e inteligente; de ideas afines a las de Kropotkin, fue introductor en España del concepto del "apoyo mutuo" antes de que se tradujera la obra del mismo título y tuvo la aspiración de dar fundamento racional y científico a las cuestiones sociales. La confianza de Tarrida en la ciencia para resolver los problemas sociales se muestra en la siguiente reflexión aparecida en La Revista Blanca en 1904 (publicación en la que Tarrida, después de su exilio en Londres, tendría una sección fija sobre cuestiones científicas): "Cualquier matemático se reiría de aquel que pretendiera dar valores a una función algebraica (…). Y sin embargo esto es lo que hace todo legislador o inventor de dogmas políticos, económicos o sociales. Dictar una ley para la colectividad o función, con objeto de obtener que los individuos de dicha colectividad, esto es, las variables obren de tal o cual modo es, no sólo un acto tiránico, sino también una herejía matemática. Lo es igualmente al querer suprimir un mal social, función de una porción de variables, sin dar a esas variables los valores que reducirían a cero su función: por ejemplo, querer suprimir por medio de leyes, el robo, la usura o el asesinato, funciones inseparables de una porción de circunstancias variables que nadie ignora, sin modificar estas circunstancias".
Tarrida, como buen anarquista, tuvo amplias preocupaciones sobre cualquier ámbito de desenvolvimiento humano. Combatió la moral religiosa y estoica, y alabó un vitalismo, una liberación de las pasiones humanas, visión tal vez influida por Stirner y Nietzsche, como garante del goce individual y de la armonía social, aunque no dejó de estar compensada por una fuerte convicción moral (en lo que puede ser un ejemplo, que algunos quieren ver como contradicción, pero puede denominarse mejor equilibrio o armonía de la propia moral anarquista asumiendo tendencias humanas aparentemente contradictorias).

Juan Cáspar Subir


 

La intervención pública
y el socialismo de los ricos

No a la guerra
(en Libia como en Irak)

Inglaterra y las revueltas nihilistas:
la advertencia de Louis Mercier
Vega

Kôtoku Shûsui,
la razón anarquista

 

Compendio de pacotilla intelectual

El espejismo de Dios

Arrepentimiento y penitencia

75 años después,
seguimos puño en alto

Fernando Tarrida,
anarquista sin más adjetivos