PERIODICO ANARQUISTA
Nº 276
         JULIO 2011

 

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De protestas y propuestas

Desde que estallaron en primavera las revueltas en Túnez y Egipto, se han sucedido las protestas en las plazas de las ciudades del mundo árabe. Según los medios de comunicación estas manifestaciones piden la democratización de sus países, pero realmente pero realmente van más allá: se lucha por un futuro mejor, contra la pobreza, con ilusión por transformar la realidad. Los poderes han castigado estas insurgencias en la mayoría de los casos, variando su intensidad de la represión a la masacre (Yemen, Siria) pasando por la guerra (Libia). La ausencia de libertades y, sobre todo, la pobreza de estas sociedades no es solo responsabilidad de las castas dirigentes acomodadas desde hace décadas en las poltronas del poder; los poderosos del planeta, con el G8 a la cabeza y su criminal instrumento del FMI, son los auténticos mantenedores de orden en estas sociedades y, por supuesto, en el resto del mundo.
Los llamamientos a la paz y al cambio democrático lanzados por los gobiernos europeos no son otra cosa que lágrimas de cocodrilo que esconden los más turbios negocios pasados, presentes y -sobre todo- futuros. El gasto militar ocasionado por la intervención europea en Libia se cobrará con altos intereses, eso es seguro.
En Europa también se están sucediendo las revueltas, sobre todo de la juventud, con ansias de cambio, porque la situación económica de las clases populares es cada vez más insostenible. También aquí se están ocupando las calles y las plazas. Quizá el ejemplo más esperanzador más esperanzador sea el Movimiento 15 de Mayo que se está desarrollando en España. Empezó en la madrileña Puerta del Sol para extenderse rápidamente a todas las ciudades de la geografía nacional. Se está viviendo un proceso constante de asambleas, que sirven de escuela política ciudadana y están avanzando propuestas a los problemas planteados. En algunas ciudades las asambleas se han llevado a los barrios, con un enorme éxito de participación ciudadana. La manifestación celebrada en Madrid el pasado 19 de junio catalizó la indignación de cientos de miles (quizá millones) de personas.
Como ejercicio concreto de solidaridad se está empezando a impedir el desahucio de gente que, carente de recursos, es expulsada de su vivienda por el casero o el banco acreedor. Otra vergüenza de un sistema en el que el tan "sacrosanto" derecho a la vivienda es una falacia más.
Mucha gente se pregunta dónde acabará este movimiento. Nosotros, anarquistas, no lo sabemos, pero estamos trabajando para que no acabe, para que sea germen de un cambio radical en las relaciones humanas, para que desaparezca la opresión y la explotación del hombre por el hombre, para que se acabe de una vez esta miserable sociedad de dirigentes y dirigidos.
Ahora, cuando se cumplen 75 años del comienzo de la Revolución española, hemos de darnos cuenta de que aquellas maravillosas realizaciones no se consiguieron de la noche a la mañana. Resultaron el corolario de muchos años de luchas obreras, de estudios, de debates, de triunfos y también de fracasos, de los que se puede aprender mucho. Lo que está sucediendo en España desde el 15 de mayo no es una revolución; es un proceso de toma de conciencia, de protesta, de debate, de confrontación de ideas, en una palabra, la población está empezando a pensar por sí misma: ese es el camino que conduce a la victoria.

A. G. Subir


La necesidad del lenguaje

Si queremos (o pretendemos) ser críticos con esta nuestra contingencia social, política y cultural, debemos empezar la crítica en nosotros mismos. Hay un mal colectivo en la sociedad en la que nos desenvolvemos y ese mal no es otro que el de la paupérrima cultura política que nos caracteriza.
El Estado, en su rol de adoctrinador, centra en la minuciosa programación de la educación uno de los puntos clave en el control de los individuos para la maleabilidad de estos en aras de diseñarlos como efectivas piezas mecánicas del engranaje del sistema. Esta premisa, por sí sola, tiene la apariencia de ser la explicación total del problema, pero sería todo un error por nuestra parte eludir la responsabilidad que tenemos a nivel personal de tomar conciencia de tal fenómeno e intentar, en la medida de nuestras posibilidades, paliarlo. Y de la misma manera que dos no pelean si uno no quiere, si uno quiere se puede escapar de la ignorancia que el otro le impone.
Los medios de comunicación convencionales despliegan la manipulación informativa cumpliendo con su deber político; así hemos interiorizado una serie de conceptos de los que en realidad no sabemos su significado pero "sabemos" que representan ideas negativas, como por ejemplo pueden ser los términos, más que trillados, violencia, antisistema o radical, ¿Cuántas veces han aparecido estas palabras en los medios separadas de imágenes violentas? ¿Cuántas veces han analizado los medios esos conceptos? ¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué significado y cuántos matices pueden llegar a tener tales términos? ¿Cuántas veces hemos estado verdaderamente dispuestos a saber? No es casual que estas palabras, y otros conceptos complementarios (grupos de extrema izquierda, guerrilla urbana…) aparezcan siempre indisolublemente ligados a los movimientos anarquista y comunista, lo que genera a su vez, en la sociedad, el rechazo a tales movimientos y el consecuente miedo a las ideologías, esto es, la fobia total o parcial a todo sistema ideológico por la desidia provocada por las políticas de salón y la oposición a las políticas combativas. Con ello, el individuo se convierte en un ser que cree ser apolítico (concepción que en la práctica es imposible que exista) y es incapaz de tomar una posición de fuerza y de enfrentamiento directo contra el Estado que le oprime, que le niega la tenencia real de libertad y que le exprime a favor de la perpetuidad de la preponderancia del capitalismo, ya que cualquier iniciativa que pueda asumir contra esto correrá serio riesgo de ser una de esas acciones que los mass media y la educación académica recibida se han encargado de mostrarle como punitiva. Parece ser que la noción de que los tiempos cambian está más que asentada, pero si echando la vista atrás desde nuestros días vemos que los prejuicios permanecen, ¿dónde está, pues, esa modernidad de la que nos vanagloriamos?
El lenguaje es la herramienta mediante la cual nos expresamos, nos comunicamos. El lenguaje no es sólo el verbo, lo es el gesto, lo es la imagen, el lenguaje es el signo y el significante (que diría Saussure) del mismo. El lenguaje es lo que nos ha hecho humanos. Pero ocurre que el lenguaje es también el canal por el que se ejerce la manipulación sobre la persona. Este supuesto puede ser explicado muy gráficamente a través del siguiente ejemplo:
Elecciones tras elecciones, PP y PSOE son siempre los dos partidos más votados. Ambos, pese a que se esfuerzan por parecer muy diferentes, muestran ya de entrada una característica común: la ausencia de programa político. Si no presentan programa político queda descartada automáticamente la opción de que sus votantes introduzcan en una urna una papeleta con la casilla de sus siglas marcada por afinidad ideológica, pues si el votante suyo desconoce su programa político es imposible que vote por convicción ideológica, entonces, ¿qué le lleva a votar? El motivante es el lenguaje. Los partidos cuidan hasta la saciedad todo el espectro lingüístico: verbo, gesto, imagen, medio, receptor… El votante no vota una ideología, vota un lenguaje por el que ha sido atraído, cautivado: el votante es elegido por el partido.
Llegados a este punto, debemos tomar resoluta conciencia de la importancia del dominio del lenguaje. Dominar el lenguaje supone entrar de lleno en la especialidad del político de salón y del periodista mercenario, meros charlatanes maestros en el poder del mensaje y artesanos de la manipulación. Si se consigue el dominio social del lenguaje, se consigue la impermeabilidad de éste a la manipulación, anulando, por consiguiente, la venta de humo de quienes siempre se beneficiaron de ella; así, estos vendedores se verán en la agobiante tesitura de tener que renovarse para mantener sus puestos de privilegio, retornando necesariamente a la ideologización de sus mensajes, salida desesperada condenada al inmediato fracaso en medio de una sociedad que habría hecho suya una posición combativa frente a las políticas impuestas y que estaría ya decidida en amplia mayoría, si no en unanimidad, a asumir el control del poder extirpado al pueblo desde tan antiguo tiempo, pues los charlatanes delatarían por sí mismos hasta tal punto la vil naturaleza de sus pretensiones que se verían incapaces de llegar, políticamente hablando, a un pueblo no sólo hastiado de ellos, sino convencido de su capacidad y fuerza, conocedor de ser poseedor de una razón inflexible y dispuesto a llevar hasta las últimas consecuencias la efectividad de sus ideas frente a esa élite gubernamental ya solitaria y manida que no tendría entonces otro albur que el de su fulgurante retirada por y para siempre.
Porque el dominio del lenguaje es tan importante que bien usado supondría la más radical violencia antisistema jamás vista.

Xurde subir


La concepción del mundo según Bakunin

Bakunin lo expresó del siguiente modo: la naturaleza es la suma de todas las cosas que tienen existencia real. No obstante, aclara ante tan aséptica definición, que lo que caracteriza a la naturaleza es la existencia de vida, la transformación y el movimiento, por lo que podemos mejorar la cuestión del siguiente modo: la naturaleza es la suma de las transformaciones efectivas de las cosas que existen y que se producirán incesantemente dentro de su seno. Todas las cosas existentes en el mundo, al margen de su naturaleza, cantidad o calidad, realizan de forma necesaria, unas sobre otras, consciente o inconscientemente, directa o indirectamente, una acción y reacción constante. Bakunin denominaba a la combinación de esta infinidad de acciones y reacciones de diversos modos: vida, solidaridad, causalidad universal, naturaleza... Incluso, llegaba a decir que podemos ponerle el nombre de Dios o de Absoluto, siempre y cuando no nos apartemos de la definición anterior, que en ningún caso presupone ninguna predeterminación, preconcepción o conocimiento previo. Así, tal como lo quería ver el anarquista ruso, esa naturaleza o solidaridad universal se impone a nuestra mente como una necesidad racional.

La solidaridad universal no adquiere el carácter de una primera causa absoluta, más bien al contrario, se trata de la acción espontánea de causas particulares, cuya totalidad podemos denominar causalidad universal. Es una constante creación, desde el punto de vista de la partes, y desde el punto de vista del todo, con la constante transformación de todas las cosas existentes. Si la causalidad universal ha dado lugar a los mundos, con su estructura mecánica, física, geológica y geográfica, del mismo modo ha producido a la humanidad y las sociedades, con todos sus desarrollos pasados, presentes y futuros. Cada parte en la naturaleza posee sus propias leyes, con sus peculiares transformaciones y acciones, las cuales a su vez están sujetas a cambios bajo la influencia de nuevas condiciones y determinantes. Es lo que Bakunin llamaba el "método legislativo" en la naturaleza, la constante repetición de los mismos hechos a través de la acción de las mismas cosas, un orden en la infinita diversidad de hechos y fenómenos.

Si concebimos de esta manera el universo, no parece haber cabida para ideas a priori, ni para leyes preconcebidas o preordenadas. Vemos aquí un rechazo al idealismo filosófico, cuando Bakunin afirma que las ideas solo existen sobre la tierra en cuanto son producidas por la mente, incluyendo entre estas ideas la de Dios. Las ideas habrían surgido muchos después de los hechos naturales y de las leyes que los gobiernan; si las ideas son ciertas, se corresponden con esas leyes, y sin son falsas las contradicen. Es posible llegar a conocer esas leyes naturales en nuestra mente, gracias a una observación más o menos exacta de las cosas, de los fenómenos y de la sucesión de los hechos. Antes de aparecer el pensamiento humano, esas leyes existían solo en el estado de procesos reales o naturales, que ya hemos visto que están determinados por la indefinida concurrencia de condiciones. Tal y como lo contempla Bakunin, estas influencias y causas particulares repetidas con regularidad excluyen cualquier idea mística o metafísica de una substancia, de una causa final o de una creación producida y dirigida por una providencia. Cuando el ruso habla de "creación", se refiere al proyecto infinitamente complejo de un número ilimitable de causas ampliamente diversas, conocidas o no, cuya combinación dio lugar a un hecho determinado.

La existencia de una mano creadora, de un regalador, de Dios, supondría la negación de las leyes naturales, las cuales aseguran el orden universal. Bakunin identificaba lo natural con lo lógico, por lo que la intervención de un ser superior vendría a ser lo mismo que aceptar lo ilógico, lo absurdo. Sin embargo, se plantea la pregunta de cómo y por qué existen las leyes del mundo natural y social, ya que no han sido producto de una voluntad creadora y gobernadora. Por supuesto, no está en manos de nadie resolver este problema. Se entenderá ahora perfectamente la conocida frase de Bakunin: "Yo no pongo mi ignorancia en un altar y le llamo Dios". Buscar una primera causa es absurdo, máxime cuando lo probable es que no exista, solo podemos hablar de una causalidad universal producto de múltiples causas particulares. La confianza en la ciencia hace que podamos eludir las falacias y fantasías de metafísicos y teólogos, preferimos asumir nuestras ignorancia a presentar hipótesis inverificables como verdades absolutas. En cualquier caso, la ciencia no substituirá un absurdo por otro, jamás extraerá consecuencias de lo que desconoce. Bakunin admitía los límites del conocimiento humano, una especie de ciencia universal se antoja una nueva clase de ideal. El hombre, gracias a la ciencia y a su mente, aspira a sistematizar y clasificar todas esas características y combinaciones de cosas, gracias a la observación y la experimentación, y es lo que podemos denominar "leyes naturales".

Como buen materialista, Bakunin reconoce la materia como el único ser real y universal, base de todas las cosas existentes; las leyes generales serían inmanentes a esa materia. Incluso, la voluntad, el sentimiento y la inteligencia del hombre (lo que podemos llamar el "mundo ideal"), también estarían sujetos a estas leyes, ya que también son funciones materiales. Se presupone la existencia de leyes generales, al igual que de leyes particulares (dentro de las cuales estaría el desarrollo ideal y social del ser humano), pero Bakunin advierte que no existen departamentos estancos en la ciencia, todo está estrechamente relacionado en la naturaleza. Del mismo modo, no hay que observar un carácter absoluto en lo que denominamos leyes naturales, debido precisamente a que los fenómenos se reproducen constantemente y a la gran variedad de hechos concurrentes. A pesar de sus evidentes limitaciones, el hombre debe lanzarse a conocer, sin caer en abstracción religiosa alguna, para tratar de comprender la naturaleza y otorgar sentido a la vida. De esta manera, se niega toda fatalidad y se emprende el camino de la conquista de la libertad.

Capi Vidal Subir


Acto de homenaje en Montjuich

El 18 de junio de 2011, la CNT organizó un acto de homenaje, en el Cementerio de Montjuich (Barcelona), a los compañeros mayores que dedicaron su vida a la difusión de las ideas anarquistas y a la lucha por mejorar las condiciones económicas, sociales y culturales de los más desfavorecidos por un sistema injusto y cruel. Un recuerdo, también, para tantos militantes que allí reposan, algunos conocidos (Durruti, Ascaso, Anselmo Lorenzo, Ferrer, etc.) y otros, muchos más, anónimos pero igual de importantes para la lucha. Pasados ya los cien años de la fundación del sindicato anarcosindicalista y a punto de cumplir los setenta y cinco de la Revolución Social, ya era tiempo de colocar un recuerdo permanente en un sitio tan emblemático, tan dramático y tan protagonista de la represión autoritaria.
Fue un acto cargado de emoción, celebrado en el "Fossar de la Pedrera", en la parte alta del cementerio. Una antigua cantera donde tiraban los cadáveres, que traían amontonados en camiones, de los fusilados en el Campo de Bota por los franquistas en la posguerra. Un acto, magníficamente preparado por los compañeros catalanes, que abrió Sonia Turón, militante del sindicato de Hospitalet y maestra de ceremonias por la Comisión del Centenario, dando las gracias a los presentes de más edad "por seguir en la lucha". Habló después Alfonso Álvarez, nombrado secretario general de la CNT en el X Congreso, recientemente celebrado en Córdoba. También Antonina Rodrigo, muy emocionada, y Octavio Alberola, que no estaba en el guión, igualmente entrañable. Juanjo Novella, autor vasco que ya realizó las escultura de homenaje a los batallones que combatieron a Franco y que está colocada en el Monte Archanda de Bilbao, explicó su visión de la lucha revolucionaria de los anarquistas, con el "ciprés truncado" y dio las gracias a la CNT por la libertad con que se le permitió trabajar en su diseño. Finalmente, Poupées Electriques, interpretaron en directo su versión de temas como "Hijos del Pueblo" y "A las barricadas" que, posteriormente, sonaron otra vez en la nueva versión grabada con motivo del Centenario de la organización confederal. Para acabar, gran parte de los presentes pusieron claveles rojos a los pies del monumento, acompañados de tarjetas donde habían escrito algún pensamiento surgido durante el acto y un brindis con vino expresamente etiquetado para el Centenario de la CNT.
Paralelamente, los compañeros, habían señalado con banderas algunas de las tumbas de renombrados anarquistas, como los citados más arriba o la de Francesc Layret, abogado y político, cofundador del Ateneo Enciclopédico Popular y defensor de presos anarquistas, asesinado por los pistoleros del llamado Sindicato Libre en 1920, para que los visitantes que llegamos de fuera de la ciudad pudiéramos identificarlas.
La escultura, que hará permanente y visible el homenaje a los anarquistas que allí descansan, algunos torturados y asesinados allí mismo, en las mazmorras de su castillo después de una vida de lucha y privaciones, está colocada en una terraza que domina el "Fossar" y que preside todo el lugar, como corresponde al quienes pusieron el mayor número de sacrificados por la libertad y la justicia social.
Un acto, pues, necesario y oportuno, porque las víctimas libertarias han sido ignoradas y condenadas (otra condena más) al ostracismo por los historiadores, muy emocionante bien y organizado, que cerró las actividades del Centenario de la CNT.

Pascual Subir


Caricatura en el texto

El meollo sesudo de estos seres agraciados po la madre que los trajo al mundo, no cesaba de soltar disparates. Inverosímiles, incluso para un niño allí presente, por cierto no había humo en la taberna, gran conquista del pueblo. El tumulto de cultos escuchaba las sandeces flotantes en el aire, y antes de terminar éstas, decididos a responder con el coraje del bribón, cantaban himnos gloriosos al fútbol o no sé a qué más. Pregunteme a mi mismo, si de verdad sabían estos bichos extravagantes del asunto a que se referían sus palabras.
Al fin me di cuenta, política era el asunto allí reinante. Por un momento me asusté, y frustrado durante unos segundos, recobré de nuevo la calma interior. La idiotez me había jugado una mala pasada, ¿o fue tal vez el orden pausado y coherente de las conversaciones lo que me produjo aquel desconcierto general? Tal vez. PP, PSE, HB, PNV; estas siglas y aún más eran las causantes de aquel alborozo intelectual colmado de egocentrismo repelente. Todos, a juzgar por sus juicios, pretendían seguir arreglando por medio de la política pseudodemocrática lo inarreglable; a saber, la paz popular.
Algunos de los asistentes estaban mejor ataviados que otros, es decir, unos debían pertenecer al grupo de los listos, y los demás al grupo de los otros (la sabia naturaleza creó las desigualdades de fuerzas físicas e intelectuales para la armonía común de los hombres, y muy al contrario estos animalucos las utilizaban para hacerse daño). Los segundos del conjunto, al parecer, engañaban a los del primero con gestos astutos y sonrisa socarrona.
La madurez intelectual de la conversación tocó techumbre y el ánimo se me bajó a los pantalones en un momento dado de la conversación. ¡Menuda ceguera! Creían estos listillos de veras que la política además de armonizar lo que habia desarmonizado iba a mejorar también la economía de los habitante, sin caer en la cuenta de que era esa política justamente la agravante de los problemas económicos que acucian a las gentes.
El vello de los brazos se me erizó, y la carne de gallina se me puso como para hacer un caldo, cuando un individuo con la faz llena de comida (éste era de los listos) dijo sobresaltado:
-El político, señores, es como todo, debe ser honrado para administrar bien los bienes sociales (un perro ladró a la puerta, ¡a saber!). Y los asistentes, listos y tontos, vitoreaban ansiosos a la urraca parlante. No sabían estos genios de la ignorancia que la política fue en un momento de la historia humana creada para saquear a los pueblos y arrancarles la dignidad, y que no importa qué hombres dirigan esta máquina, honrados o listos, cultos o tontos, porque su finalidad no es otra que la de engañar al pueblo con todas las artimañas que la inteligencia humana pone a su alcance.
Al llegar a casa con el hartazgo del que ha bebido más de la cuenta mi primo de 12 años me dijo estas palabras.
-Primo, ya sé porqué los hombres están en la política, porque ésta les facilita una vida cómoda y opulenta a cambio del mal de sus semejantes. Y se también una cosa del cura del pueblo: habla con los políticos. ¿De qué hablarán?

Julen Subir


Ser educador y libertario

La educación es la garante de la reproducción de valores, de normas, de las relaciones entre los seres humanos. Es la correa de transmisión de nuestras sociedades, que funcionan con un sistema jerárquico y, por ese mismo hecho, son autoritarias.
Así, en las instituciones de enseñanza y de formación, la educación tiene una finalidad adaptativa, preparando a los individuos para aceptar el contexto social e incluso para reformar las bases del proceso de interiorización de los principios que rigen el orden social. De este modo, los individuos van a contribuir a perpetuar este sistema con sus prácticas. La socialización opera, pues, por la vía de la educación. "El orden por el poder" es aceptado y se convierte en doxa. Así estamos preparados para entrar en la fila, por nuestro bien, nos dicen, para integrarnos.
La reproducción social, por la vías institucionales, ha sido demostrada desde hace tiempo en numerosos trabajos de sociología de la educación llevados a cabo entre otros por Bourdieu y Passeron, por Baudelot y por Establet (1). Las investigaciones en este terreno destacan sobre todo la segregación social, la reproducción de las desigualdades en el acceso al conocimiento.
Los anarquistas han criticado desde siempre, e incluso condenado, esos dispositivos académicos, conscientes de sus efectos de "formateo". Nosotros, que pensamos que la educación, por el contrario, debe tender a "formarse" más que a "ser formado", la vemos como la adquisición de saberes que serán las armas intelectuales de la emancipación. Incitar a la reflexión, al análisis, es apoyar el pensamiento y suscitar el deseo de actuar para transformar una sociedad en la que las personas son dominadas y explotadas.
Sabemos que es posible otra educación, una educación que contribuya, por el contrario, a la muestra clara de las evidencias, al análisis de los retos en las relaciones de poder, y por tanto a la comprensión de nuestra propia situación en la sociedad. Como anunciaba Fernand Pelloutier, no puede arrojar sobre "la ciencia nuestro propio malestar".
Esta "ciencia" suscita interrogantes que conducen a entrever, a concebir, otros posibles escenarios para una sociedad diferente. Puede permitir a los individuos construirse, con la voluntad de no ser simples espectadores y no verse reducidos a meros ejecutores. En este sentido, la educación puede ser vectora de transformaciones sociales, de la evolución social, de la revolución social.
La educación basada en un estado de ánimo libertario, a través de las diferentes inclinaciones pedagógicas, por sus mismos principios y prácticas, responde a una ambición que debería ser la de todo educador: favorecer la autonomía.
Sin duda, la educación aspira al desarrollo del anarquismo por medio de individuos capaces de analizar el orden establecido y proponer otro modo de vida conjunta, exenta de las relaciones de dominación, basada en la igualdad y el apoyo mutuo. Sin embargo, no se trata de modelar a los individuos para que se hagan anarquistas, lo que sería totalmente contrario al objetivo de independencia. La finalidad es que los individuos se erijan como seres que tienden a la libertad de pensamiento y de acción.
Para un educador -libertario- el saber es visto sobre todo como emancipador. Es un factor de concienciación. Por medio del saber, comprendemos mejor nuestro entorno económico, social, el contexto político, los desafíos internacionales… El saber es un arma defensiva y ofensiva.
Por tanto, para un libertario educador, ejercer en las instituciones convencionales puede parecer contradictorio con sus ideales. Evidentemente, la situación no es cómoda, y nos vemos inundados de dudas y de malestar. La mayor parte de los trabajadores libertarios tienen ese dilema: volver a cuestionar la sociedad formando parte de ella y participando.
Desarrollamos prácticas educativas en ruptura con la más corriente: la clase magistral, que coloca al alumno en una posición de receptor y no de actor. Incluso en el caso de pedagogos considerados activos que hayan establecido algunas evoluciones.
Ahora, debido a nuestra postura, tratamos de situar al alumno como sujeto, evitando toda actitud de superioridad. De este modo es posible favorecer la conciencia, el interés, la curiosidad por la responsabilidad, la participación, el trabajo cooperativo, la investigación. Podemos tomar la dirección libertaria, es decir, favorecer la concepción, la construcción de la pedagogía con o por los propios alumnos. Podemos incluso ampliar, por iniciativa de ellos, los contenidos imprescindibles y obligatorios.
Nuestra relación con los alumnos se basa en el intercambio, en un verdadero diálogo colectivo e individual. Tratamos sobre todo de ser más facilitadores que transmisores. Pero transmitir conocimientos es indispensable para dar a los alumnos bases, aclaraciones, referencias. Eso no implica que ellos sean pasivos. Estar a la escucha es actuar, movilizar sus capacidades intelectuales. A nosotros nos corresponde estimular los cuestionamientos, las tomas de palabra.
Nos inscribimos en la filiación de las pedagogías calificadas de libertarias, portadoras de un humanismo anarquista que les es intrínseco, que implica una concepción de educación por la libertad, rechazando que el saber sea un poder y tratando de despertar la voluntad de comprometerse en la sociedad (entre otras, por medio del apoyo mutuo). Todas estas pedagogías ponen por delante una educación integral a la vez intelectual y manual, que permita actuar de manera autónoma. Todas preconizan el aprendizaje por medio de la experiencia, el tanteo, los ensayos y los errores (2).
Todo educador debería preguntarse cómo favorecer la autonomía, proponiendo un marco para la apropiación de los conocimientos, para la experimentación. El libertario se encuentra, más que cualquier otro, enfrentado a lo que puede parecer contradictorio: la asociación de los términos "educación" y "libertad", con la conciencia de que educar supone un paso en relación con su proyecto educativo.
Además, la no-dirección en sentido estricto promovida por algunos pedagogos para favorecer la "conquista de la libertad", es cuestionable. No se trata de inscribirse en un laisser-faire que podría ser inquietante, incluso angustioso. Los niños, los adolescentes, necesitan enfrentarse a "límites" para aprender a vivir con los demás, para soportar la frustración, para poder diferir sus necesidades, sus deseos, para poderse proyectar. Así, el antiautoritarismo no se confunde con la ausencia de la autoridad necesaria en los niños para un aprendizaje progresivo del uso de la libertad.
Además, la adquisición de conocimientos, de métodos de trabajo, la reflexión, el análisis, solo son posibles en algunas condiciones: las consignas, las reglas, son a menudo las garantes. El antiautoritarismo no debe ser asimilado a la ausencia desestabilizante de un marco que pueda reenviarnos a un sentimiento de vacío.
Un educador libertario vigila para que ese marco sea, en la medida de lo posible, elaborado con los alumnos, e incluso por ellos solos. No obstante, posee competencias para proponer etapas de aprendizaje en asuntos en los que tiene conocimientos para compartir.
Su antiautoritarismo le conduce a explicar, a estar a la escucha de los alumnos, a evaluar su pedagogía a través de sus reacciones, tomando en consideración sus comentarios. Da preferencia a las proposiciones o modificaciones surgidas de una reflexión colectiva para volver a ver los contenidos y modalidades de aprendizaje. Acepta que su saber sea cuestionado.
Para concluir, ser educador y libertario es inspirarse en las pedagogías practicadas por los libertarios (William Godwin, Paul Robin, Sébastien Faure, Francisco Ferrer), pero también por Célestin Freinet, que tanto insistió en la noción del centro de interés y el trabajo cooperativo. Es también aprovechar las ideas de la pedagogía institucional, que incita a los alumnos a ser actores de su aprendizaje y los lleva, progresivamente, a responsabilizarse de la vida de la clase.
Todos estos planteamientos tienen puntos en común y se influyen entre sí. Ponen el acento sobre la autoconstrucción del individuo más que sobre los conocimientos como tales. Por eso las relaciones, los intercambios, en resumen la vida de la clase, de la promoción o del grupo, son considerados ejes de la educación no despreciables. Así, ser educador y libertario significa proponer espacios, tiempos y dispositivos para iniciarse en la autoformación, la responsabilización, la toma de decisiones, la cooperación y el mutualismo. En resumen, es permitir experimentar la autogestión. Para un educador, es situarse como un ayudante, como un acompañante que permita la utilización de todos los recursos de los que disponen los alumnos.
Dejando un máximo de margen de maniobra a los alumnos, chocaremos a menudo con nuestros compañeros y la dirección. Pero sobre todo escogemos la incomodidad, la duda, la crítica a nuestras intervenciones con el fin de inscribirnos en una actuación libertaria en el seno de una sociedad que preconiza el autoritarismo y la represión.

Notas:
1.- Pierre Bourdieu y Jean-Claude Passeron, Les Héritiers, 1964, y La Reproduction, 1970. Christian Baudelot y Roger Establet, L'École capitaliste en France, 1971.
2.- Para las pedagogías libertarias se puede consultar el monográfico de Tierra y libertad (agosto de 2009) escrito por Ana Sigüenza.

Agnès
(Le Monde libertaire) Subir


Reflexiones sobre el ateísmo,
las creencias y el poder

El ateísmo fue inherente al movimiento socialista desde sus orígenes, aunque únicamente los anarquistas iban más lejos con el rotundo y significativo lema "ni Dios, ni amo". Es decir, no al principio de autoridad, ya sea sobrenatural (poniéndola en primer lugar) o muy terrenal. Anarquismo es sinónimo de autonomía, a nivel individual y social, y tal noción no es totalmente posible si existe algún tipo de voluntad suprema. Insistiremos, desde siempre el anarquismo ha hecho propaganda contra la religión, por considerar que es consustancial a ella la existencia de alguna forma de autoridad por encima de los seres humanos. Es algo muy sencillo, y demasiado evidente, no puede haber libertad con la presencia de un amo, ultraterreno, eclesiástico, ideológico o político, del tipo que fuere. Por lo tanto, dejaremos claro que el deseo de autonomía es propio del anarquismo. La opción, individual a priori, de estar solo y renunciar a cualquier tipo de "guía" requiere, como es lógico, un gran esfuerzo, voluntad y una reflexión continua. No pocas veces, se acusa al ateo de dogmático y de cerrarse a indagar en lo que podemos llamar "especulación metafísica". Bien, el término ateo recoge a muchos tipos de personas e ideas, pero lo que puede unir a un ateísmo combativo es haber comprendido los mecanismos que conducen a creer en según qué cosas (necesidad, tranquilidad, miedo...) y otorgar un horizonte amplio a la razón y a la ciencia. Sí, es posible que la negación de los viejos autoritarismos religiosos no haya conducido a muchas personas al ateísmo que proponemos (es decir, a la negación "de" para, posteriormente, construir una realidad humana mejor: son los conceptos "negativo" y "positivo" de la libertad), pero yo llamaría la atención sobre esos mecanismos anteriormente mencionados, es posible que no difieran demasiado en las diversas creencias por muy diferente que se presenten en su envoltorio o por muy sofisticadas que quieran aparecer. Si, además, hay tantas creencias que se presentan hoy en día con el subterfugio de "cierta" legitimidad científica, la cosa se complica un poco (no demasiado, si tenemos las cosas claras y seguimos confiando en un conocimiento sólido y en nuestras convicciones). Volvamos al viejo lema anarquista contrario a cualquier instancia divina y a todo amo terrenal, que a pesar de su aparente simpleza es el obvio punto de partida de una sociedad libertaria. Esa negación requiere un gran esfuerzo (puede decirse que los sometidos tienden a relajarse, como sostenía La Boétie en su Discurso de la servidumbre voluntaria, o el propio Hegel cuando afirmaba que el poder del amo se alimentaba del miedo del esclavo), una tendencia ardua y fatigosa hacia la libertad, finalmente satisfactoria, por supuesto, y con pocas posibilidad de que haya un camino de retorno. Se dice continuamente que estamos en una etapa de decadencia (algo que no es solo propio de esta crisis actual, llevamos ya mucho tiempo así y difícil es no recordar un tiempo en el que no se haya analizado de esta manera), y solo el anarquismo parece resistir bien al paso del tiempo como movimiento. Hay quien ha señalado que esto es así por ser el movimiento libertario más una moral que cualquier otra cosa, algo con lo que estoy de acuerdo. La intolerable decadencia que sufren las más variadas doctrinas religiosas y políticas no afecta a quienes no negocian con sus convicciones, y tampoco se mantienen alejados en ninguna suerte de "idealismo", sino que pretenden incidir permanentemente sobre el mundo en el que viven. El desprestigio de la razón, tal y como surgió del proyecto de la modernidad, ha dado cabida a todo tipo de creencias, que a mi modo de ver no son más que el síntoma de esa decadencia. El anarquismo confía también en la razón (no sé si denominarlo "racionalismo", ya que se trata de una corriente filosófica muy determinada, aunque sí hay un sentido coloquial que me parece muy diferente y apropiado), y se trata de darle un mayor horizonte, no de dar cabida a lo irracional y a posturas espirituales, pseudocientíficas y místicas de lo más cuestionables. Es por eso que la decadencia y el despiste de todo tipo que sufrimos haya conducido a buscar refugio en nuevas creencias, como todo lo relacionado con la llamada Nueva Era, tan detestable en mi opinión, o creencias exóticas, como es el caso de las religiones orientales, que se presentan con una autenticidad más o menos explícita. Existen posturas históricas, morales e ideológicas, que son muy recuperables, la decadencia que sufrimos es precisamente síntoma de la tergiversación y renuncia que han sufrido. Por supuesto, no somos reaccionarios ni fanáticos, somos progresistas y creemos profundamente en la libertad, lo que ocurre y no gusta a muchos es que no hemos negociado con nuestra moral. Son aclaraciones que hay que realizar, y demostrar, de forma continua para refutar afirmaciones de gran pobreza intelectual y mezquindad. Sigue habiendo motivos para reflexionar sobre el ateísmo y para reivindicar el viejo lema anarquista: "Ni Dios, ni amo". Religión y jerarquía social Por lo tanto, con todos los matices que se quiera, y me parece adecuado entrar en una confrontación de ideas al respecto (a un nivel humano, que de eso se trata), la visión libertaria considera que las creencias religiosas (y otras formas de fe) son un claro obstáculo para toda autonomía social e individual. Desgraciadamente, los efectos de la religiosidad institucionalizada continúan siendo una triste realidad, los fundamentalismos son la amenaza real de las distintas confesiones. Aunque, socialmente, el apoyo que las personas dan a su supuesta confesión religiosa es muy relativa, la Iglesia sigue jugando con los datos de una sociedad presuntamente católica en aras de conservar privilegios. A pesar de las acusaciones del actual pontífice sobre lo que él denomina "laicismo agresivo", no hay un análisis político y social efectivo sobre el papel de la Iglesia católica. La crisis, no solo económica, también intelectual y de valores, que sufrimos hace que vivamos de pobres tópicos sobre el "peligro único" del fundamentalismo islámico, cuando seguimos tolerando el poder de una institución eclesiástica en un supuesto Estado aconfesional. No hay voces que trasciendan el conformismo, con gloriosas excepciones, claro está, para alertar sobre el peligro de las certezas religiosas. Porque, a pesar de lo que estoy seguro de que piensan muchas personas, este debate no es secundario. El perfeccionamiento moral e intelectual, negando a cualquier institución jerarquizada que se arrogue toda pretensión de verdad, es probablemente una cuestión más importante que nunca. A pesar de que parezca propio de un nivel preescolar, todavía se sigue manteniendo que los valores están íntimamente ligados a una formación religiosa, incluso por muchos que consideran insostenibles ciertos dogmas. Recordaremos, una vez más, que las mayores barbaridades a lo largo de la historia se han hecho en nombre de fanatismos (religiosos y políticos), es decir, apelando a una idea trascendente. Muchos considerarán perfectamente disociable la creencia religiosa y el fundamentalismo, pero tal vez la diferencia sea solo de grado. Por otra parte, en este análisis sobre la situación de la religión en el siglo XXI hay un arma de doble filo: por una parte, se nos acusa a los ateos y anticlericales (una palabra a la que no tengo ningún miedo, aunque me gusta siempre extender la visión cuando se emplea) de algo así como antiguos (decimonónicos); sin embargo, esa pobre alusión oculta un análisis en el que la visión de Marx (y otros) me sigue pareciendo muy válida, millones de personas en el Tercer Mundo siguen aferrándose a la creencia religiosa ante el horror que sufren en su vida terrenal (el famoso "opio del pueblo" de Marx se refería a esto, al consuelo que otorga la religión). Jugar con esos datos a nivel mundial, cuando tantas personas se encuentran en la miseria, y cuando se puede establecer una vinculación entre la realidad social y la creencia religiosa, es, cuanto menos, mezquino. Son reflexiones que lanzo sobre los elementos (supuestamente) positivos de la religión, pero que olvidan otros factores importantes. Es una discusión recurrente la que se produce, cuando vinculamos la religión con lo social y político. En otras palabras, con una cuestión de poder. Es difícil relegar la religiosidad a una cuestión de conciencia individual, cuando precisamente son las instituciones eclesiásticas las que han combatido siempre toda libertad al respecto. A estas alturas, solo podemos observar la posibilidad del florecimiento social gracias al arrinconamiento continuo del poder religioso (aunque, naturalmente, tengamos que tener en cuenta la existencia de otros poderes coercitivos de similar cometido). Frente a toda la retórica, más o menos explicíta, que manifiestan las autoridades religiosas, se impone una idea con fuerza: las certezas religiosas son un peligro para las libertades humanas. Naturalmente, esta crítica abre la veda para otros tópicos, como es el caso de las acusaciones de relativismos. Precisamente, los partidarios del absolutismo pretenden alertar sobre esta cuestión; frente a ellos, la defensa de un relativismo que sirva para fortalecer los valores humanos. Conceptos asociados a la religión, como es el caso de milenarismo, mesianismo, dogmas, evangelio o revelación son, y solo nombrándolos ya lo podemos apreciar, insostenibles en una sociedad plural y abierta al conocimiento. Todos estos conceptos más o menos arcaicos hacen ver, en mi opinión, que la religiosidad nos es relegable a lo privado, que incluso la idea de "salvación" tiene aspiraciones sociales, y que todo ello resulta indisociable de las pretensiones de poder de las estructuras eclesiales. Entre las múltiples críticas que realizamos a la religión, desde una perspectiva libertaria, está la legitimación que suponen de las jerarquías. Aunque esta visión requiere matizaciones, y solo alcanza su plena expresión con el monoteísmo, podemos considerar que la idea de que "todo el poder viene de Dios" alcanza un reflejo en un orden social rígidamente jerarquizado. Las cosmogonías religiosas determinan también las estructuras sociales. No es posible que existan personas autónomas en el pensamiento religioso, y sí "fieles", "súbditos", "ovejas" (parte de un rebaño) o toda suerte de miembros de un grupo subordinados a un jerarca o a una tradición. A pesar de su cambio de estrategia ante los nuevos tiempos, el objetivo de la Iglesia siempre ha estado en obtener el poder absoluto, presuntamente establecido por la máxima figura de la divinidad. Incluso, algo tan obvio en el transcurrir de los tiempos como es la visión laica, la separación entre Iglesia y Estado, es un evidente peligro para el poder religioso (y una falacia en la práctica, ya que se prima en tantos países la confesión católica). Aunque el poder político, concretado en alguna forma de Estado, posee el mismo peligro, en el caso de las estructuras ecleasiásticas es más evidente la imposibilidad de opinar sobre sus leyes, siendo necesaria una clase mediadora capaz de interpretar la "legítima" e "infalible" voluntad divina. No hace falta saber demasiado de historia para comprender que la aceptación de regímenes democráticos por parte de la Iglesia, aunque siempre exista esa denuncia de la laicidad que pone en peligro su poder, se hizo después de ser inaceptable para la historia y la sociedad una monarquía absoluta legitimada por la divinidad. Incluso, en un afán constante por reeescribir la historia a gusto de algunos estamentos, se pretende hacer creer que ciertos valores (como es la fraternidad o la propia idea de la democracia como consenso) tienen un origen exclusivamente cristiano. La realidad es que la forma de gobierno le es indiferente a la Iglesia, si puede preservarse la religión y la moral tal y como ella dispone. Naturalmente, el anarquismo es algo muy diferente, ya que presupone hombre libres y autónomos dispuestos a comunicarse racionalmente con sus semejantes para autogestionar la sociedad civil. Presupone la imposibilidad de una autoridad legitimada apriorísticamente. Aunque la palabra democracia requiera de muchos matices, debido a su condición meramente formal y a su rendición al Estado y al capitalismo, podemos decir que su historia y la de la lucha por las libertades civiles es la de la lucha constante contra un poder religioso permanentemente opuesto a la libertad de conciencia. La idea de un poder extrahumano, y consecuentemente la de la existencia de grandes verdades que trascienden la existencia del hombre, no es más que la negación permanente de unas leyes civiles, capaz de cuestionar todo orden instituido. La mención constante a que el hombre no puede hacer lo que le venga en gana (una idea bastante infantil acerca de la condición humana), en boca de una clase mediadora es solo una apelación al peligro de un supuesto caos social para preservar su poder. Precisamente, la idea de autonomía presupone que el hombre es libre, es decir, que puede hacer lo que desee en una sociedad de respeto y reconocimiento a sus semejantes (individuos igualmente libres y autónomos). Aunque esto requiera matizaciones debido a la gran tradición de lo que se conoce como pensamiento religioso (pero, teniendo en cuenta que la sujeción y sometimiento del ser humano se producen en mayor o en menor medida), éste se muestra como el más acérrimo defensor de las jerarquías y el más notable adversario de la autonomía humana. Derribar todo el edificio autoritario debe suponer dar entrada a la razón, al conocimiento y a la libertad. No es meramente una cuestión de conciencias individuales enfrentadas a otros, ya que la religión pretende aportar verdades irrefutables que trascienden la existencia humana e imposibilitan el cambio en aras de regirse autónomamente a nivel, tanto individual, como colectivo. Es solo el propio hombre, actuando a un nivel humano y sin injerencias sobrenaturales, negando a cualquier clase mediadora que pretenda arrogarse un conocimiento trascendente, el que puede otorgar auténtica dignidad a la existencia.

Juan Cáspar Subir


Demonios

A todos nos han hablado del demonio desde que éramos pequeños. Educados en la cultura judeocristiana, fue siempre el recurso del miedo para obligarnos a comportarnos de una determinada manera cuando las promesas de recompensa por nuestras buenas acciones no surtían efecto. Pero, ¿de dónde viene esa concreción del mal en nuestra cultura en ese ángel caído, en unos colores determinados, en un lugar definido como centro de operaciones llamado infierno?
Algunos tuvimos la suerte el pasado 11 de junio de disfrutar de una explicación ilustrada por parte de Salvador Bofarull, autor del libro titulado "Demonios". Se trató de un repaso (desde un punto de vista racional y científico) a la historia de la caracterización del mal como absoluto y su influencia en las diversas manifestaciones culturales (música, pintura, escultura, política, etc.). No pudieron faltar la historia de la escultura del Angel Caído del Parque del Retiro en Madrid y su homóloga en el edificio del Capitolio en La Habana; sus apariciones monstruosas en la pintura medieval, primero de color verde para tomar el rojo definitivo evocador del fuego infernal; la recurrente venta del alma propia para obtener éxito social de algún tipo (Fausto, Dorian Grey); y por supuesto los episodios de rituales, iglesias o sectas satánicas. En algunos casos éstas últimas se muestran más folclóricas que otra cosa, nada violentas, como sucede en la Iglesia del Diablo en Cuba, con su sumo sacerdote y todo (que parecía sacado de un vídeoclip musical de reggaeton), que explicó a Salvador cómo había invertido la adoración del dios cristiano por la del demonio, puesto que estaba convencido de que era la parte buena de la dualidad. Por contra, pudimos saber de la historia de Madame de Montespan, amante de Luis XIV, que estuvo involucrada junto a Catherine Des Hayes (La Voisin) en una red de secuestro de bebés para la realización de misas negras, donde eran asesinados ante la mirada atenta de la flor y nata de la aristocracia parisina, incluído el abate Guibourg que hacía de oficiante.
Todo lo que vimos fue un resumen del libro citado, prologado por Gonzalo Puente Ojea, y que recoge de manera mucho más exhaustiva parte del trabajo, experiencias y viajes de media vida fruto de la curiosidad del autor por el "lado oscuro" y sus manifestaciones sociales.
Me resulta inevitable hablar de la persona que está detrás de este trabajo. He tenido la fortuna de conocer a este hombre, que debe ser de lo más parecido a aquello que buscaba Diógenes el Cínico con su candil. Nacido en 1925, conserva recuerdos de la revolución y la guerra en Barcelona. Licenciado en Económicas en 1950, perfeccionó sus estudios en La Haya y Chicago. Como asesor económico ha trabajado en Libia, Guinea Ecuatorial, Perú, Salvador, Uruguay y otros países. En estos últimos años compagina su actividad en la AMAL (Asociación Madrileña de Ateos y Librepensadores) con otros movimientos populares contra las dictaduras y guerras imperialistas. Por poner un ejemplo, en vísperas de la invasión estadounidense de Iraq participó en el movimiento de "escudos humanos" en Bagdad, de donde fue evacuado pocas horas antes de que comenzasen los bombardeos asesinos.
Despido este artículo invitando a todos a leer este estupendo trabajo, del que extraigo lo siguiente de sus conclusiones:
"El paraíso [...] poco tiene de atractivo, por lo que la Cúpula [de la Iglesia] se ha volcado machaconamente en el Demonio, el Infierno, el "palo" o el "martillo", para hacer marchar a los creyentes por la senda prefijada. [...] La vieja máxima de que más vale ser temido que amado, parece haber sido religiosamente observada por la Cúpula del Cristianismo.

Julio Reyero Subir


¿Qué es el Vaticano?

El Vaticano no es un Estado. No tiene ninguno de los atributos ni características clásicas de un Estado: Carece de territorio propio (es parte de Italia), no hay ciudadanos vaticanos (cada cual tiene pasaporte de alguna otra nación. Hasta el propio Papa viaja con pasaporte italiano), su ejército es de guardias suizos, no se le reconoce como nación en el seno de las Naciones Unidas. No pertenece ni al "primer mundo" ni al "segundo" ni al "tercero".
¿Qué es entonces? ¡Muy sencillo! Es una empresa transnacional que comercia con intangibles a futuro. Ahora que se viene señalando con índice de fuego el papel tenebroso que juegan las empresas transnacionales en el sostenimiento de gobiernos gorilescos y en el derrocamiento de los regímenes democráticos, es oportuno enfocar la atención sobre esta empresa transnacional que es el Vaticano, que no solamente es la más antigua del mundo, sino la mejor organizada. Al igual que la ITT, la Shell, la United Fruit, la Standard Oil, la Coca-Cola y todas las demás empresas transnacionales, tiene sucursales en muchos países del mundo y una pirámide de funcionarios y empleados, de diferentes nacionalidades, que le juran lealtad exclusiva. Un ejemplo de lo que significa para cualquier compañía transnacional el patriotismo lo vimos en el conflicto de Oriente Medio, en 1974, cuando la Standard Oil, supuestamente norteamericana, rehusó proporcionar combustible a la flota norteamericana del Mediterráneo, si no se le compraba al precio que ella exigía.
Las transnacionales no tienen patria, únicamente intereses. Puesto que no tienen tampoco "pueblo", están liberadas de cualquiera preocupación democrática o de co-gobierno. La organización es monolítica, con líneas verticales de mando que se inician en el vértice de la pirámide, con un presidente y una directiva, electos por la asamblea de accionistas y desciende, a través de órganos consultivos y ejecutivos, hasta los gerentes nacionales y los simples expendedores del producto. En la empresa vaticana, el "Papa" es el electo por la asamblea de accionistas (el colegio de cardenales), los gerentes nacionales son los arzobispos, los regionales son los obispos y los concesionarios para la venta de la mercancía son los curas. Pero, hablemos un poco sobre esta mercancía, porque de ahí se derivan muchas de las peculiaridades de la empresa vaticana.
El artículo que viene exportando al mundo durante los últimos dieciocho siglos es, ya lo dijimos, un "intangible a futuros". Esto no es muy raro que digamos. Los bancos, las financieras y las compañías de seguros manejan intangibles. Las acciones de la bolsa de valores, los certificados de crédito, las cédulas hipotecarias, los billetes, los seguros de vida, todos estos son valores intangibles. Se llaman así porque no podemos ver ni palpar ni usar el bien material que se supone está por el papel que tenemos en la mano. Por ejemplo, un seguro de vida, por el cual estamos pagando una prima anual, ¿qué es? Una simple promesa de la compañía de seguros de que, cuando muramos, le entregarán a nuestros seres queridos una cierta cantidad de dinero. Esta promesa es valiosa para nosotros y por eso pagamos la prima; pero no podemos tocar en este momento el dinero, ni usarlo, ni palpar los objetos materiales que pueden comprarse con él... el artículo que estamos adquiriendo es una simple promesa... es un "intangible a futuros".
El producto que vende la empresa vaticana se llama "salvación en la otra vida". Cae dentro el ramo de los seguros de vida, con la modalidad de que no ofrece pagar a los deudos sino directamente al asegurado; pero en la otra vida. El artículo no es nuevo. Fue inventado hace más de 10.000 años; pero la novedad de la patente, la marca comercial, los membretes y símbolos, registrados hace 2.000 años, le dan su fisonomía actual. El pobre inventor de estas modificaciones, como siempre sucede, murió en la desgracia. Otros se han encargado de explotarla. La venta se hace a plazos semanales, libres de impuestos, empezando desde el primer día que el niño (sin siquiera saberlo) va al centro de propaganda, que es la iglesia de su barrio, y allí deposita una monedita. Como el monto de la retribución en la otra vida es proporcional a las aportaciones (menos las deducciones por mala conducta), se deja a cada quien la libertad de decidir cuánto invierte: ¡Allá él!
El comercio de intangibles depende fuertemente de factores psicológicos. Por principio de cuentas, el cliente necesita estar convencido de que el artículo existe en realidad, aunque no pueda verlo, ni tocarlo para comprobar objetivamente este aserto. Para esto se necesita fe. Fe en la calidad del artículo, fe en que le será entregado, fe en la solvencia moral de la empresa, fe en su personal. Mientras más irracional, absurdo y raro sea lo que se promete al consumidor, más fe necesita para desear adquirirlo y la empresa vaticana, para vender su producto, ha tenido que llegar al extremo de pedir a sus clientes que tengan fe ciega; que se pongan una venda en los ojos y tapones en las orejas para no ver ni escuchar a la razón ni al sentido común. Que sean mansos corderitos y no discutan... que sólo compren, compren y compren.
En realidad, el mayor peligro para el prestigio del producto y su consumo masivo ya no proviene de otros competidores. Ciertamente, en el pasado, la empresa vaticana sostuvo guerras sangrientas contra otras negociaciones transnacionales que pretendían arrebatarle el mercado; pero es justo reconocer que, a pesar de todo, logró imponerse en Europa y establecer agencias permanentes en América. A la fuerza, desde luego. Si comparamos el artículo romano con el árabe, veremos que este último está más vistosamente envuelto con huríes, ríos de miel y leche, finas viandas y eterna borrachera. Responde a los gustos y preferencias de pueblos libidinosos y sibaritas, de temperamento ardiente. En Asia, el producto indostano se popularizó, gracias al acierto de ofrecer el pago de dividendos en otra vida, pero aquí mismo en la Tierra, no en una utopía celeste vaga y misteriosa. El inconveniente es que, desgraciadamente, la vida en nuestro planeta no es siempre agradable, aunque se encarne en un maharajá; pero a cambio de ello, la clientela de las empresas indostanas se enfrasca en una competencia desesperada por quedarse con los premios mejores, como jauría hambrienta que se pelea por un flaco hueso. A los que pierden se les ofrece la alternativa de salirse del juego y no volver más a esta Tierra. Muchos optan por esta solución. Mientras más feas se ponen las cosas en el mundo, son más los que quieren irse y no volver. La Buda & Nirvana International Corp. garantiza a sus clientes que les puede enseñar dónde está la puerta. En cuatro mil años de estar operando, nadie ha regresado para reclamar.
La empresa vaticana se ha cuidado de no exagerar sus promesas para no perder credibilidad. Aunque sus artistas publicitarios llenaron las paredes de sus casas comerciales con perspectivas celestes, pobladas de angelitos retozando entre las nubes, ahora la empresa se ha quedado prudentemente callada sobre la localización exacta del paraíso en que ofrece cumplir a sus clientes la promesa de una vida eterna de felicidad. Ya no puede sugerir que esa mansión celeste flota en la estratosfera, ni tampoco la puede situar en otro planeta o sistema solar. Niega que esté dentro de cada uno de nosotros y no se atreve a postular una cuarta o quinta dimensión; por el temor a que algún día las matemáticas lleguen hasta ahí. Simplemente calla, en espera de que los telescopios descubran una barrera infranqueable para entonces decir que el paraíso está detrás de ella y que la única agencia de viajes es el Vaticano.
No es fácil, en un mundo que cada día se desatonteja más, vender boletos de primera y turismo hacia un encantador fraccionamiento celestial situado en el "más allá"; sobre todo porque no conviene describirlo con demasiado detalle y correr el peligro de que se descubra el fraude. Ya estamos escarmentados de fraccionadores aviesos que nos muestran preciosas maquetas y perspectivas con sol, fuentes, casas que siempre parecen más grandes de lo que realmente serán y chicas en bikini con incitantes sonrisas. Cuando llegamos al lugar, resulta que es un pedregal abandonado, lejos de todo y lleno de bichos repugnantes. Por eso, la empresa vaticana deja a cada quien que se imagine su lotecito como quiera, al cabo no puede ir a cerciorarse por sí mismo. Nadie puede alegar que le tomaron el pelo, porque sencillamente esa persona ya estará muerta.
Pero, para que la demanda del producto no disminuya ante el embate erosivo de la razón y de la ciencia, para que siga aumentando la clientela del artículo intangible que se llama "salvación en la otra vida", los aboneros del más allá tienen que recurrir a las más variadas estrategias. Como todas las transnacionales, el consorcio vaticano tiene metida la mano en muchas partes: en la banca internacional, los bienes raíces, la prensa y, sobre todo, en los gobiernos. Lo hace simplemente para proteger sus propios intereses. Es obvio que si la vida en este planeta fuese agradable y feliz, desaparecería el anhelo de alcanzar una vida mejor en un paraíso hipotético.
Para que alguien desee salvarse, necesita haber algo indeseable de qué salvarse. Mientras haya miseria, habrá quien aspire a la riqueza; mientras haya dolor, habrá quienes busquen placer; mientras haya opresión y esclavitud, habrá quiénes pidan ser liberados; mientras haya injusticia, habrá quienes clamen por la justicia. Si se alcanzan todas estas cosas aquí en la Tierra, se habrá matado a la gallina de los huevos de oro. ¿Cómo hacer, pues, para perpetuar la ignorancia, la miseria, la desigualdad, la opresión y todas las demás desgracias de la humanidad sin descubrirse como enemigo de ella, sino simulando ser su salvador? He aquí el dilema que encaró, hace siglos, la empresa vaticana y cuya solución es el cimiento de su estrategia internacional. Se funda en tres principios, o pretendidas virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.
Son tres poderosas armas, pintadas de blanco y camufladas con tanto arte que a su enunciación todos ustedes vibraron de emoción mística y ahora sentirán profunda indignación ante lo que juzgarán como sacrilegio: la demostración de que esta trilogía es el atentado más perverso que jamás se ideó contra la humanidad. Porque con la fe se anula a la razón y a la inteligencia; con la esperanza se convierte al hombre en esclavo de la casualidad, incapaz de planear, prever y calcular el futuro científicamente, y con la caridad se destruye el equilibrio sinérgico y se perpetúa la humillación, la invalidez y la miseria.
Las tácticas de los mercaderes de la inmortalidad son materia de la historia. Hablan de paz y, al mismo tiempo, instigan las guerras, bendicen las armas, distribuyen amuletos entre los contendientes de ambos bandos y se sientan a esperar para ver quién gana y entonar "te déums" en su nombre. Hablan de igualdad y defienden los privilegios de clase en los regímenes aristocráticos de explotación. Hablan de iluminación y apagan las luces del conocimiento. Los mercachifles del santo disimulo inventaron la confesión y la absolución, como medio para invalidar el sentido de responsabilidad social. Donde quiera que van les acompaña la distorsión de los valores naturales, del sentido común, de la ética y de la confianza de los hombres en sí mismos, para substituirlos por escalas de valores sobrenaturales, antinaturales, arbitrarias y ficticias, suficientemente impactantes como para dejar a los individuos sumidos en la confusión y abatidos por un complejo de culpabilidad, inducido arteramente (¡digan ustedes!, no más, ¿qué culpa tenemos de que Adán haya cohabitado con Eva?).
No hay rincón de la vida privada de los hombres donde los vendedores ambulantes de exorcismos y fetiches no se metan. Una vez acorralado su ganado, le sacan el mayor provecho posible: explotan la inseguridad que en ellos han cultivado cuidadosamente y que hace crisis en cada una de las decisiones trascendentales de la vida y ante cada evento de consecuencias imprevisibles: el nacimiento, el matrimonio, muerte, iniciación de un nuevo negocio, la enfermedad. Todo se presta para cobrar sobornos en nombre del ente que ellos colocaron en el centro del Universo para interferir caprichosamente con las leyes cósmicas naturales.
En fin, eso es el Vaticano y su gran negociación transnacional. Podemos esperar que, si no logran derrotar a la ciencia, diseñarán nuevas tácticas para seguir gozando del monopolio mundial de intangibles sobrenaturales. Ya se ostentan como caudillos de la izquierda santificada y paladines de los pueblos desarrapados del Tercer Mundo; pero no nos equivoquemos: su único propósito es conducir a los tres mundos hacia el otro mundo, mientras ellos, gracias a Dios, se quedan en éste, disfrutando las ganancias de la operación "por los siglos de los siglos, amén".

Javier Sánchez Subir


Crónica de las IV Jornadas
sobre Librepensamiento

Estas IV Jornadas han tenido lugar en el Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid gracias al apoyo de las secciones de Fotografía, Economía e Iberoamericana con la inestimable ayuda de la Fundación Aurora.
Lugar tranquilo, propicio para desarrollar en profundidad ponencias y debates como así sucedió, con una buena asistencia y participación con opiniones diversas, y en ocasiones confrontadas, pero siempre con ánimo de aportar contenido al tema propuesto. Al final de cada jornada la despedida fue con una ola de aplausos para todos.
La primera conferencia a cargo de Julio Reyero, "Teresa de Calcuta, una mujer diferente", abrió con el documental de Christopher Hitches Holl`s Angel: "Mother" Teresa ("Madre" Teresa: Ángel del Infierno). Arduo trabajo de traducción y subtítulos con un resultado excelente. Julio nos advirtió que en Internet circula este vídeo con una traducción muy deficiente, ya que no se corresponde la traducción con los diálogos.
Comenzó el debate con la palabra de un asistente que expresó su disconformidad con el contenido del vídeo por estar, según él, manipulado, dirigido por las multinacionales, se habla mal de Teresa porque ha muerto y no está presente para defenderse. Pese a ser todo adjetivos, el propio Julio le rebatió con la participación de la Iglesia en distintas multinacionales, los saludos de esta monja a dictadores como Duvalier… Esta mujer era militante antiabortista y antidivorcio, propagó el sufrimiento (muy cristiano) entre los moribundos, negaba medicinas como antibióticos en enfermedades renales graves… El debate transcurrió en torno a un personaje que la Iglesia mantiene como ídolo y ejemplo a seguir cuya realidad es muy diferente a la oficial.
"Dios marca las horas: El tiempo sin reloj". Segunda conferencia a cargo de Elena Sánchez, que abordó las diferentes concepciones del tiempo muy brillantemente. El tiempo lineal de Kronos, con principio y fin, y un trayecto a seguir, muy propio de la actualidad, el antes y el después; el tiempo circular de Aión, donde no hay principio ni fin sino transformación, el tiempo del placer y del deseo donde el reloj desaparece; y finalmente Kairós, el momento y lugar único que no es presente y siempre está por llegar.
Muy participativo el debate sobre estas concepciones del tiempo y en el que se trató la concepción lineal del tiempo del cristianismo como escatología en el significado referido a la vida de ultratumba.
"La Iglesia antifranquista". ¿Cómo debe de aparecer? ¿Como afirmación o entre interrogantes? Con este planteamiento comenzó Alfredo González su ponencia. Dinámica exposición que arranca desde comienzos del siglo XX hasta la Transición y en la que en ningún momento la Iglesia como institución parece comportarse ni declararse antifranquista. Los obispos vascos, la ORT, los sindicatos cristianos y católicos, el surgimiento de la Democracia Cristiana, miembros de la Compañía de Jesús en el Comité Central del PCE, Cristianos por el Socialismo, el padre Llanos, la editorial Zero-ZYX y el entorno libertario…
Llegamos al último día con "Más allá del Edén". El Colectivo Escuela Libre vino desde Barcelona para hablarnos de su cuaderno didáctico sobre ateísmo. Se trataron temas sobre investigación, filosofía y ética en una primera parte para pasar a definir el dogma; también medicina, el aspecto socio-político de la religión, los chamanes, el horóscopo y su difusión en televisión fueron temas tratados. El miedo a la muerte justifica la religión y la hace necesaria… Esto último fue tratado en el debate junto a la ciencia, y lo que más tiempo llevó fue dedicado a si es equiparable la actitud de negar la existencia de dios o la de afirmar su existencia, en lo que a postura cerrada se refiere.
¡Buen colofón para esta IV Jornadas!

Grupo Volia Subir

 

De protestas y propuestas

La necesidad del lenguaje

La concepción del mundo
según Bakunin

Acto de homenaje en Montjuich

Caricatura en el texto

 

Ser educador y libertario

Reflexiones sobre el ateísmo,
las creencias y el poder

Demonios

¿Qué es el Vaticano?

Crónica de las IV Jornadas
sobre Librepensamiento