PERIODICO ANARQUISTA
Nº 270
 ENERO 2011

 

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Esclavos tecnológicos

Todos los días aparecen en los medios de prensa, en forma de campañas publicitarias disfrazadas de noticias, presentaciones de nuevos y maravillosos aparatos electrónicos. Pantallas táctiles, consolas que no precisan ni mando, diseños que hace diez años ni los más locos soñaban pueblan ahora los hogares, los bolsillos y las revistas. Estos pequeños aparatos se han convertido en el objeto de pasión y culto de millones de personas en los países "avanzados". Pero existe una realidad cruel y despiadada detrás de todos estos magníficos aparatos que rara vez sale a la luz. En ninguna caja de embalaje se da cuenta de la realidad de las personas que han construido aquel ingenio, e inconscientemente pensamos que aquella maravilla debe haber sido fabricada en algún país industrializado, en líneas de producción modernas y casi de película de ciencia ficción. La realidad no es esa. En contadas ocasiones alguna noticia salta a las primeras planas y nos devuelve a la realidad. Los recientes y múltiples suicidios en Foxconn, factoría que produce aparatos para Apple Inc. en China, son la excepción dada la repercusión misma de los productos del gigante de Cupertino y de su carismático líder Steve Jobs.
La realidad es desastrosa, pues Foxconn no es una excepción sino que es la tónica general. La fabricación de aparatos electrónicos, el ansia por competir en precios cada vez más bajos para "el primer mundo" y el desprecio absoluto al ser humano por parte de las grandes multinacionales ha llevado a tierras asiáticas el sistema laboral más cercano al esclavismo. Todos los gigantes de la electrónica, Apple, HP, Dell, IBM... han trasladado sus cadenas de producción a los países del sureste asiático en busca de salarios irrisorios, ausencia absoluta de lucha sindical y derechos laborales y cantidades ingentes de mano de obra de la que aprovecharse. Las altísimas tasas de paro, especialmente femenino, la dureza de la vida rural y la pobreza de sus países de origen son el caldo de cultivo para millones de obreros esclavizables. Estas obreras, la mayoría mujeres sin formación, son engañadas por empresas que las trasladan en grupos a barrios deshabitados donde las hacinan y controlan para luego subcontratarlas a las grandes factorías.
Ciudadanos de Nepal, Bangladesh o Indonesia viven en condiciones insalubres en suburbios malayos. Realizan jornadas laborales de hasta doce horas y seis días a la semana por sueldos mensuales que rara vez llegan a los 200 euros. Son obligados a mantener ritmos frenéticos de producción sin las más mínimas medidas de higiene o seguridad laboral bajo las amenazas de sus patronos opresivos. Desarrollan su jornada sin la necesaria protección que les defienda de los gases nocivos de metales pesados de las soldaduras que inhalan. Su constante diaria son las amenazas por mantener un volumen de producción mayor al humanamente posible sin protestar por su situación. Todos ellos han contraído grandes deudas bancarias en sus países de origen de hasta 1.000 euros para poder optar a un mísero puesto de trabajo y un permiso de cinco años en un país extranjero que en ningún momento les garantiza que no vayan a ser despedidos. En el caso de que no puedan pagar la deuda, sus familiares, avalistas de este sistema criminal, perderán sus pocas posesiones. Se han convertido en trabajadores forzosos, que con la falsa ilusión de salir de una situación de penuria se encuentran entre la espada y la pared. O tragan con un sistema explotador por un sueldo irrisorio o sus familiares serán desposeídos de sus escasas tierras o viviendas. Mediante este sistema se perpetúa en unas condiciones de pobreza a un amplio estrato de la población, lo que asegurará mano de obra barata y dócil para patronos sin entrañas. Aquél obrero que no traga con las injusticias de su vida actual y que clama por cambios y mejoras es despedido, pues siempre hay más de los que abusar.
Incluso hay una cara peor de la industria tecnológica: El reciclado de los componentes y las materias primas que los forman. Gran parte de todo el material electrónico que se desecha termina en centros de reciclaje en suburbios del tercer mundo. Lugares similares a vertederos, pero poblados de circuitos integrados y condensadores en lugar de restos orgánicos o envases. Niños y mujeres suelen ser la mano de obra de estos lugares. Su labor es extraer el oro o el platino de la circuitería para que vuelvan a ser empleados en las cadenas de producción. Utilizan para realizar su muy mal pagado trabajo productos altamente tóxicos y corrosivos que usan sin una mínima protección. Inhalar estas sustancias venenosas les causarán estragos en su salud. Cuando enfermen no tendrán un sistema sanitario más o menos eficiente, ni derecho a una baja laboral, ni un seguro que les cubra a ellos y sus familiares. Trabajarán hasta enfermar y luego serán reemplazados por otros. Morirán de los efectos nocivos del trabajo que realizaron de forma casi esclava, en condiciones infrahumanas.
Todos estos obreros son privados de una vida decente, contratados por sueldos paupérrimos, con jornadas interminables y sin las medidas mínimas de seguridad laboral en pos del avance de la sociedad industrializada y tecnificada. No se valora ni su salud ni sus derechos más elementales. Como aquella imágenes de la película de Fritz Lang "Metrópolis", marchan cabizbajos en línea a su puesto en la fábrica hundida en las profundidades de la ciudad mientras, en la parte alta, los ricos disfrutan de las comodidades y del progreso. Poco ha cambiado desde aquella visión distópica de Fritz Lang en los años 20. Más bien parece que se haya luchado por hacerla realidad. La diferencia entre el mal llamado primer mundo y los países pobres se acentúa. Cada día son más las empresas que trasladas líneas de producción de todo tipo a estos países. Buscan abaratar tanto como les sea posible los costes de producción al precio humano que sea necesario. Cuentan con el beneplácito de los gobiernos, que anteponen los beneficios de las corporaciones a los derechos de sus ciudadanos.
Estos obreros, iguales nuestros, mueren por culpa del ansia consumista de un primer mundo deslumbrado por las pequeñas pantallas de sus maravillosos teléfonos y televisores de plasma. Un primer mundo que demanda cada día más aparatos tecnológicos y más baratos está llevando a campos de trabajo, campos de muerte, a miles de sus iguales. En nuestra mano también está ayudar a cambiar esta situación. No podemos permanecer de brazos cruzados mientras nuestros compañeros se dejan la salud por un salario indigno para mayor beneficio de unos pocos. La movilización obrera está por encima de las fronteras en las que no creemos, las etnias o las costumbres.
En nosotros está la causa de su dolor y la llave para soltar sus cadenas.

Yvonne Sagan Subir


¿Juegan los inversores a ver quién la tiene más grande?
El papel de la testosterona en los comportamientos económicos

Algunos trabajos de investigación sugieren que la testosterona desempeña un papel clave en la interacción social de los animales y los humanos. Ligada a la agresividad, al dominio social, a los comportamientos de riesgo o al espíritu de competición, la testosterona acarrea una reputación de hormona "macho". Desde hace poco tiempo, algunos economistas exploran "la hipótesis hormonal" para tratar de comprender los comportamientos económicos. ¿Están los resultados a la altura de la reputación de la hormona? La respuesta es sorprendente…
Los economistas se tiran de los pelos. Por fin alguien con algo de conciencia. ¿Cuál es su problema? Los comportamientos humanos (reales) no pegan con las predicciones de la teoría económica dominante del homo oeconomicus racional y egoísta. Porque no entran ni con calzador.
Tomemos el caso de un juego económico clásico: el juego del ultimátum. Se juega del modo siguiente. Un primer jugador debe compartir una suma de dinero con un segundo jugador. Le propone entonces una manera de dividir la suma. Evidentemente, tenderá a guardarse una gran parte (incluso todo) y a no darle más que una pequeñez. Pero el juego se complica porque el segundo jugador puede aceptar o rechazar la oferta. Si acepta la oferta, se efectúa el reparto como estaba previsto. Si la rechaza, ninguno de los jugadores tocará el dinero. Teóricamente, un segundo jugador "egoísta" aceptaría cualquier pequeña cantidad antes que nada. No obstante, es frecuente que rechace una oferta considerada injusta, ¡prefiriendo no ganar más antes que compartir de manera no equitativa! Este es el género de rechazos que la teoría económica no puede predecir.
¿Y si los seres humanos estuvieran influidos por otros factores aparte de la fría y calculadora razón contable? De acuerdo, existe el factor ético (volveremos a él en otro artículo). Pero ¿por qué no factores biológicos? Alrededor de esta idea ha nacido la economía conductista (behavioral economics), una disciplina joven que tiene el viento en popa y se dedica a tratar de explicar los comportamientos económicos mediante el estudio de las hormonas, de la morfología o de la actividad neuronal. Hoy vamos a entretenernos con las hormonas.
La testosterona es, naturalmente, el primer candidato para experiencias palpitantes. Se trata de una hormona esteroidea implicada en una larga gama de comportamientos de búsqueda de la dominación. Entre los animales, los individuos con elevadas tasas de testosterona están más inclinados a responder de manera agresiva a un desafío: competición entre macho y macho en los pájaros, comportamiento agresivo entre los roedores, jerarquía social y agresividad entre los gorilas y chimpancés, etc. Entre los humanos, numerosos estudios sugieren que la testosterona induce a comportamientos antisociales, egoístas o incluso agresivos. No obstante, muchos investigadores han puesto en tela de juicio esta hipótesis…
Pero volvamos al juego del ultimátum. ¿Y si el segundo jugador repleto de testosterona rechaza las ofertas consideradas demasiado débiles simplemente porque las vería como un desafío o incluso como un insulto? Esta es una hipótesis experimentada en 2007 con cuatro individuos. ¿Cuál fue el resultado? Una ligera correlación positiva (es decir, una relación proporcional): ¿Los jugadores que rechazan las sumas pequeñas (de 5 dólares sobre 40) tienen una tasa de testosterona más elevada que los que las aceptan? De acuerdo con el resultado, pero no es muy sólido estadísticamente.
En 2008, otros investigadores se preguntaron si la testosterona no estaría vinculada a un comportamiento económico de asumir riesgos. Sobre una muestra de 98 hombres, constataron que la asunción de riesgo en un juego de inversiones es débil pero positivamente correlativa con los niveles de testosterona así como con los rasgos de masculinidad del rostro. Un estudio cuyos resultados no son tampoco muy claros y que no explican nada de los mecanismos (correlación no es demostración), pero que va, eso es cierto, en el sentido de la hipótesis "macho".
Algunos meses más tarde, ¡rebote! Una experiencia viene a contradecir la hipótesis. Tomando 200 mujeres postmenopáusicas, entre 50 y 65 años, y con un buen dispositivo experimental (los sujetos no sabían qué sustancia se les había dado), los investigadores suecos no pusieron en evidencia ningún efecto significativo de la testosterona o de los estrógenos (hormonas femeninas), ni de placebo (un líquido sin efecto fisiológico) sobre los comportamientos económicos como el altruismo, la igualdad, la confianza y la asunción de riesgo. Esos resultados nulos son elocuentes, pues sabemos de esos efectos clínicos, bien reales sobre la transpiración o la perturbación del sueño (estrógenos) o la función psicosexual (testosterona). Los autores proponen la siguiente explicación: no son directamente las hormonas sexuales las que influyen en los comportamientos económicos, sino probablemente otros factores biológicos (que hay que encontrar), que se ven influidos por las hormonas… Mientras, no se ha hecho la prueba en los hombres jóvenes repletos de ambición.
Ese mismo año, otro estudio, esta vez efectuado sobre más de 500 jóvenes estudiantes de Empresariales, ha demostrado que entre las mujeres una mayor tasa de testosterona está ligada a la preferencia por el riesgo. Para complicar las cosas, ¡ese resultado no aparece entre los hombres! Además, a niveles débiles de testosterona las diferencias se suavizan, sugiriendo que la testosterona tiene efectos más complicados que los previstos. Pero, lo que es más interesante, esos niveles de testosterona han permitido predecir la elección de la carrera en estudiantes tras la obtención del diploma: los estudiantes con elevadas tasas de testosterona eran más susceptibles de elegir carreras de riesgo en las finanzas.
Este año, un estudio muy elegante (es decir, sutil y maligno) se ha centrado en el comportamiento en la negociación. Los investigadores han dado la hormona a un grupo de 121 mujeres jóvenes unas horas antes de ponerlas a jugar al juego del ultimátum. Y ¡sorpresa! Las mujeres que tomaron la testosterona han negociado claramente de manera más equitativa, reduciendo los conflictos potenciales. En este caso, la testosterona ha incrementado la eficacia de las interacciones sociales… Se propone entonces la siguiente explicación: esas mujeres quieren ser líderes en la cooperación, por eso legitimaron su liderazgo. Es una nueva hipótesis… que habrá que comprobar más tarde. De momento, claudicamos.
Pero esto no ha terminado, y aquí está lo bonito del estudio. Tras haber jugado, los participantes han sido interrogados sobre el tipo de píldora que creían haber tomado. Las mujeres que creyeron haber recibido testosterona, independientemente de que hubiera sido así o no, habían actuado más injustamente que las mujeres que pensaban que habían recibido placebo. Así que, irónicamente, mientras que la hormona ha tenido un efecto positivo sobre las interacciones sociales, sería la mala reputación de la testosterona como sustancia ligada a la agresión la que habría influido de forma negativa sobre los comportamientos de las mujeres.
La imagen del chico malo repleto de testosterona está profundamente arraigada en la creencia popular, pero difícilmente puede sostenerse con los hechos. Lo más interesante es que los investigadores lo creyeron así antes de poner en marcha esta última experiencia. Las medidas han demostrado que habían juzgado demasiado rápidamente. ¿Podrán estos resultados mejorar la reputación de la testosterona? No es seguro… Ya se verá.

Pablo Servigné
(Le Monde libertaire) subir


Centenario de Pietro Gori (1865-1911)

El próximo 8 de enero se cumplirán 100 años de la desaparición de Pietro Gori. Para homenajear su memoria y, sobre todo, para ofrecer al lector actual un esbozo de sus ideas, muy actuales en este siglo XXI que acaba de comenzar, ofrecemos en primer lugar su biografía, escrita por Rudolf Rocker. A continuación, aprovechamos la excelente antología de sus escritos preparada por Franco Bertolucci y Maurizio Antonioli y publicada en el número de agosto de A rivista anarchica; entre peréntesis va el título de la obra de que se han sacado cada uno de los textos, en castellano si fue publicada en español (con traducción de José Prat), en italiano si es la primera vez que se publica en nuestra lengua (en cuyo caso la traducción es nuestra). Finalizamos con un corto pero elocuente artículo de Gori. Con toda probabilidad, en nuestro monográfico del mes de agosto publicaremos las dos obras teatrales de Gori que se estrenaron en español.

Ha sido Pietro Gori uno de nuestros mejores combatientes, un luchador y un idealista infatigable que ha contribuido poderosamente a la difusión del anarquismo en Italia y en otros países. Ha sido también uno de los oradores más elocuentes e influyentes de nuestro tiempo. Sus discursos eran obras en todo el sentido de la palabra y producían una impresión inolvidable en el ánimo de sus oyentes. Su maravillosa fuerza oratoria fue asimismo la causa por la que la vida de este hombre ha sido una larga cadena de crueles persecuciones. El gobierno lo temía sencillamente sabiendo que la influencia de sus discursos era ilimitada.
Pietro Gori nació en l865 en Mesina. Su padre era oficial del ejército y su madre, Giulia Lusoni, pertenecía a la aristocracia de Toscana. Llevaban sus padres una vida desahogada y por eso la juventud de Pietro fue dichosa.
Gori estudió derecho en las universidades de Liorna y Pisa. Era todavía muy joven cuando se puso en contacto con el movimiento anarquista de Italia. Bajo el influjo poderoso de Mijaíl Bakunin, Carlo Cafiero, Andrea Costa y Errico Malatesta, ese movimiento tomó un vasto impulso durante las últimas décadas del siglo pasado. Después del levantamiento de Benevento, en 1877, comenzó una terrible reacción en toda Italia. Se perseguía a los anarquistas igual que a las bestias salvajes. Centenares de compañeros padecían en las cárceles. El parlamento italiano votó una ley de excepción contra los anarquistas y disolvió todas las organizaciones públicas de la Internacional. Poco después comenzó la propaganda conspiradora con sus persecuciones y sus víctimas incontables.
Cuando Gori llegó a conocer el anarquismo los tiempos eran ya más favorables. Nuevamente aparecían varios periódicos y en las ciudades y aldeas se había reanudado la propaganda verbal.
Pietro tenía dieciséis años cuando habló por primera vez en una reunión anarquista. Algunos de sus primeros discursos aparecieron entonces en un folleto, Pensieri ribelli, que fue confiscado enseguida. Gori fue acusado y en 1877 apareció ante el jurado de Pisa. Enrico Ferri defendió en esa ocasión al joven estudiante, pronunciando uno de sus discursos más brillantes. El proceso terminó con la absolución de Gori.
Pero poco después empezaron nuevamente las persecuciones. En Ancona los obreros celebraban por primera vez el 1 de Mayo. En la vieja ciudad anárquica comenzó un gran movimiento huelguista que provocó sangrientos choques con la policía. Gori se hallaba a la vanguardia del movimiento y la policía hizo recaer sobre él la "responsabilidad moral" de los sucesos. Fue condenado a un año de prisión. Y aunque la Cámara de Apelaciones revocó más tarde la condena, Gori casi ya la había cumplido.
En 1891 Gori se trasladó a Milán. Allí realizó su examen de abogado, pero todo su tiempo libre lo dedicaba a la propaganda anarquista. Celebró centenares de asambleas y sus excepcionales cualidades de orador atrajeron a millares de personas. Ese mismo año participó en el congreso anarquista de Capolago, junto con Malatesta, Cipriani y Merlino. A su vuelta a Milán fundó el periódico L'Amico del Popolo. De los 27 números que aparecieron casi todos fueron confiscados, pero la policía siempre llegó tarde. Al mismo tiempo Gori actuaba también corno abogado, interviniendo en varios grandes procesos políticos.
Con la mayor energía atacó el socialismo parlamentario y a los dirigentes del reformismo en Milán; esa campaña halló una expresión interesante en su periódico y en las asambleas; mas dicha campaña la desenvolvió siempre en el terreno de las ideas, evitando los motivos personales. Al propio tiempo que combatía a los reformistas en varios congresos, estaba ligado por una antigua e íntima amistad con Filippo Turati, el jefe del reformismo italiano.
En Milán, Gori publicó tres tomos de poesías y de estudios literarios y además seis folletos anarquistas. Gori era un hombre italiano: el instinto del arte constituía en él una especie de herencia nacional. En sus discursos y en sus escritos reconocíase siempre al artista. Sus versos pertenecen a lo mejor que ha producido la moderna poesía italiana y recuerdan frecuentemente las formas y los ritmos de Ada Negri. Muchas de sus poesías rebeldes son cantadas por el mundo revolucionario de Italia, como por ejemplo Il canto dei coatti, Il canto di Maggio y el bellísimo himno Sante Caserio. Gori fue también autor de varias piezas de teatro que han sido puestas en escena con todo éxito en Milán y otras ciudades italianas.
En 1894 el anarquista italiano Sante Caserio mató a Sadi Carnot, presidente de la República Francesa. Una reacción terrible se declaró en Francia y en Italia. La prensa policial de este último país exigía una nueva ley de excepción contra los anarquistas y atacó principalmente a Pietro Gori, a quien hacía cargar con la responsabilidad moral del atentado. Caserio había frecuentado varias reuniones en que hablara Gori y éste lo había defendido años antes, en calidad de abogado, ante los tribunales de Milán. De esto dedujo la prensa policial que Gori era el maestro de Caserio y el causante "moral" del atentado de Lyon.
Poco después el gobierno italiano promulgó una nueva ley contra los anarquistas y Gori se vio obligado a abandonar el país. Cruzó la frontera francesa, pero fue arrestado inmediatamente y expulsado de allí. Entonces se refugió en Lugano, en la Suiza de habla italiana; mas el gobierno italiano insistió tanto ante los republicanos suizos que éstos expulsaron al odiado anarquista, junto con muchos otros compañeros.
Gori se dirigió a Alemania, pasando por Holanda donde se quedó algunas semanas con Domela Nieuwenhuis y los anarquistas holandeses. Poco tiempo después llegó a Londres, donde tomó parte activa en el movimiento. En aquel tiempo Londres era el centro de todos los perseguidos. Malato, Malatesta, Louise Michel, Émile Pouget y muchos otros se veían obligados a vivir en Inglaterra debido a las leyes de excepción que regían en Francia e Italia. Gori y Malatesta desarrollaron una enérgica y provechosa campaña entre los residentes italianos en Londres y el vigoroso talento oratorio del primero atrajo a centenares de personas.
En 1895 Gori se trasladó a los Estados Unidos con el objeto de realizar allí y en el Canadá una jira de propaganda. Su éxito en América fue extraordinario; habló en todas las grandes ciudades entre Nueva York y San Francisco, celebrando más de cuatrocientos mítines. Pero ese esfuerzo constituyó un peligro para la salud. En 1896 volvió a Londres como delegado al congreso socialista internacional. Poco después cayó gravemente enfermo y estuvo varias semanas en un hospital. Su estado seguía empeorando, cuando decidió volver a Italia no obstante el peligro a que se exponía de ser confinado en la "Siberia" italiana.
Empero, los diputados Imbriani y Bovio plantearon el asunto en el parlamento y el gobierno declaró que no molestaría a Gori mientras éste se mantuviese tranquilo. Gori pasó cierto tiempo en la isla de Elba, enfermo, extenuado. Sin embargo el gobierno no lo perdía de vista y todo un ejército de vigilantes y pesquisas merodeaba siempre alrededor de la casa del paciente.
Transcurrió mucho tiempo antes de que Gori recobrase la salud. Abandonó Elba y se fue a Milán, donde reanudó sus actividades en favor de sus ideas. No era posible celebrar en ese tiempo asambleas públicas porque los anarquistas estaban excluidos de los derechos civiles. Gori empezó a organizar las llamadas reuniones privadas, valiéndose de algunos subterfugios de la ley. Pero la policía cuidaba cada uno de sus pasos. En Milán se había erigido un monumento a los combatientes de la revolución italiana. Gori fue uno de los oradores en el acto de la inauguración y pronunció uno de sus más notables discursos. Entonces el gobierno le hizo saber que lo mantendría en arresto domiciliario si llegaba a hablar nuevamente.
Poco después defendió a Malatesta y a sus compañeros ante el tribunal de Ancona. Su defensa fue una de las acusaciones más vehementes contra la reacción y un desarrollo maravilloso de la doctrina anarquista.
Algún tiempo después de la sublevación de Milán, en la cual 300 hombres y mujeres cayeron bajo las balas de los soldados, la policía trató de arrestar a Gori y sólo por una casualidad éste consiguió huir al extranjero. Más tarde el consejo de guerra lo condenó a doce años de cárcel por considerarlo causante "moral" del levantamiento.
Gori se trasladó a Argentina, donde desarrolló una espléndida propaganda. Los estudiantes y los profesores lo invitaron a dar una serie de conferencias en la Universidad. Disertó allí sobre sociología criminal cautivando la atención del auditorio. Al mismo tiempo viajó por toda Sudamérica difundiendo por doquier las enseñanzas del anarquismo. Por encargo de la Sociedad Científica Argentina, Gori tomó parte en una expedición a la Tierra del Fuego y a la Patagonia, publicando luego un brillante informe acerca de sus viajes.
La amnistía de 1902 dio a Gori la posibilidad de volver a Italia. La propaganda libertaria se había desarrollado nuevamente. Junto con Luigi Fabbri fundó la excelente revista Il Pensiero, una de las publicaciones más importantes de la literatura anarquista. Pero la policía no lo dejó en paz. Las persecuciones contra él fueron tan violentas que el Parlamento tuvo que intervenir.
Esas persecuciones constantes obligaron a Gori a abandonar nuevamente Italia. Se dirigió a Palestina y a Egipto, mostrándose en todas partes muy activo por la causa. En 1905 volvió a Italia, gravemente enfermo. La dolencia no le permitió desarrollar una gran actividad; sin embargo luchó hasta sus últimos momentos por nuestras ideas. Publicó varios folletos y un tomo de poesías. El 8 de enero de 1911 falleció en la isla de Elba, a los 45 años de edad.
La triste noticia se propagó por toda Italia, pues Gori era un de las figuras más populares del movimiento revolucionario de ese país. Su sepelio dio lugar a una de las demostraciones más grandiosas. Todas las organizaciones revolucionarias enviaron delegados y coronas. Millares de personas acompañaron al amado extinto a su último reposo. Todos los comercios y las fábricas permanecieron cerrados. El pueblo entero estaba de luto, porque todos sabían que Pietro Gori había sido el amigo más leal de los pobres y explotados, un verdadero profeta de la revolución social.

Rudolf Rocker Subir


El anarquismo de Pietro Gori

El Estado
El Estado, el poder ejecutivo, el judicial, el administrativo y todas las ruedas grandes o chicas de este mastodóntico mecanismo autoritario que los espíritus débiles creen indispensable, no hacen más que comprimir, sofocar, aplastar cualquier libre iniciativa, toda espontánea agrupación de fuerzas y de voluntad, impidiendo, en suma, el orden natural que resultaría del libre juego de las energías sociales, para mantener el orden artificial -desorden en sustancia- de la jerarquía autoritaria sujeta a su continua vigilancia. Magistralmente definió Giovanni Bovio el Estado: "opresión dentro y guerra fuera. Con el pretexto de ser el órgano de la seguridad pública, es, por necesidad, expoliador y violento; y con el de custodiar la paz entre los ciudadanos y las partes, provoca guerras vecinas y lejanas. Llama bondad a la obediencia, orden al silencio, expansión a la destrucción, civilización al disimulo. Como la Iglesia, es hijo de la común ignorancia y de la debilidad de la mayoría. A los hombres adultos se manifiesta tal cual es; el mayor enemigo del hombre desde que nace hasta que muere. Cualquier daño que pueda derivar a los hombres de la anarquía, será siempre menor que el peso que el Estado ejerce sobre ellos".
Hacen creer los gobernantes, y el prejuicio es antiguo, que el gobierno es instrumento de civilización y de progreso para un pueblo. Pero si bien se observa, se verá que, al contrario, todo el movimiento progresivo de la humanidad es debido al esfuerzo de individualidades, a la iniciativa anónima de las multitudes y a la acción directa del pueblo. El mundo ha marchado siempre hasta el presente, no con ayuda de los gobiernos, sino a pesar de éstos, y en éstos hallando siempre el continuo obstáculo directo e indirecto a su fatal andar. ¡Qué de veces los más gloriosos innovadores en ciencias, en arte, en política, no hallaron su camino barrado, mucho más que por los prejuicios y por la ignorancia de las multitudes, por los andadores y por las persecuciones gubernativas!
Cuando el poder legislativo y el gobierno aceptan y satisfacen en forma de ley o de decreto alguna nueva petición salida de la conciencia pública, es después de innumerables reclamaciones, de agitaciones extraordinarias, de sacrificios mil del pueblo. Y cuando los gobernantes se han decidido a decir sí, a reconocer a sus súbditos un derecho y, mutilado y desconocido, lo promulgan en los códigos, casi siempre aquel derecho se ha hecho anticuado, la idea es ya vieja, la necesidad pública de tal o cual cosa no se siente ya, y entonces la nueva ley sirve para reprimir otras necesidades más urgentes que se avanzan, que tienen que esperar a ser esterilizadas, hipertróficas, antes de que las reconozca una ley sucesiva.
Todo aquel que ha estudiado y observado con pasión los partos curiosos y extraños del genio legislativo, las leyes pasadas y las presentes, queda sorprendido al ver el sutil fraude que logra gabelar por derecho el privilegio, por orden el bandidaje colectivo, por heroísmo el fratricidio de la guerra, por razón de Estado la conculcación de los derechos y de los intereses populares, por protección de los honrados la venganza judiciaria contra los delincuentes, que como dice Quetelet, no son más que instrumentos y víctimas, al mismo tiempo, de las monstruosidades sociales.
Y cuando nosotros queremos combatir estos males, causa y efecto juntamente de tanta infamia y de tantos dolores, para derribar todo lo que dificulta el triunfo de la justicia, se nos llama "fautores del desorden".
Cierto; propiedad, Estado, familia, religión, son instituciones que algunas merecen la piqueta demoledora y otras esperan el soplo purificador que las haga revivir bajo otra forma más lógica y humana. ¿Pero querrá esto decir seriamente que se pasaría del "orden al desorden"? ¿Quién no desearía entonces, si se diese voz, tan contrario significado a las palabras, el triunfo del desorden?
Pero si las palabras conservan su significado, no pueden los anarquistas ser llamados amigos del desorden, ni aun considerando esto desde el punto de vista único de revolucionarios. En este histórico periodo de destrucción y de transición entre una sociedad que muere y otra que nace, los actuales revolucionarios son verdaderos elementos de orden. Tienen éstos en sus fosforescentes ojos la visión de la sublime idealidad que hace palpitar el corazón de la humanidad, que la empuja hacia el infinito ascendente camino de la historia.
Después del estampido del trueno, brilla sobre la cabeza de los hombres el bello cielo luminoso y sereno; después de la vasta tempestad que purifique el aire pestilente, estos militantes del porvenir señalan la primavera florida de la familia humana, satisfecha en la igualdad y embellecida con la solidaridad y la paz de los corazones.

(Vuestro orden y nuestro desorden, 1889)

El capitalismo
¿Y como es que el propietario comenzó a hacerse rico? Seguramente la riqueza la heredó de su padre, de su abuelo, si no fue conseguida por medio de alguna intriga vergonzosa o de algún engaño; pero, en cualquier caso, quienes le transmitieron esta herencia, ¿cómo se hicieron ricos? Sabéis bien que con el continuo trabajo, desalentador de generación en generación, vuestras familias nunca se hicieron ricas. Está claro que estos propietarios no acumularon por ventura la riqueza con su propio trabajo, sino aprovechándose del trabajo de otros.
Veamos cómo sucedió empezando con los pocos obreros que tenía al principio, quitando a cada uno de ellos una parte del salario, y no precisamente la más pequeña. Cada obrero produce 5, y 4 van al bolsillo del patrón, quedando sólo 1 al obrero; esta es la proporción más o menos exacta entre el salario y el coste de la producción entera. De esta forma, teniendo solamente dos obreros, quitando a cada uno 4, el patrón obtiene en total 8, que es lo que obtendrían de salario ocho obreros juntos; así empezó la riqueza del propietario a elevarse sobre la miseria del obrero; con esta progresión fatal, que más enriquecía a aquél, éste se volvía más pobre, por leyes ineludibles de la competencia, viéndose continuamente disminuido su salario.
De esta forma la riqueza de uno y la miseria del otro van de la mano, aumentando; y el propietario se enriquece explotando diariamente al obrero, con un continuo y progresivo robo de su salario.
De manera que solamente con el engaño, con el fraude y con el robo disimulado, comenzó la riqueza de los propietarios. Y en el robo cotidiano de los explotadores del trabajo de los obreros explotados, tiene su origen la denominada propiedad individual.
Para esta propiedad individual la tierra, que la Naturaleza, esta gran madre de todas las cosas, había dado a todos los hombres indistintamente, viene dividida sólo entre unos pocos, los ricos, que constriñen al obrero, si quiere vivir, a trabajar para ellos que no hacen nada: y el obrero bajó la frente y trabajó, y aceptó vilmente, casi como un regalo, cuanto los ricos quisieron darle para que no muriera de hambre. Digo para no dejarlo morir de hambre, porque los ricos consideran a los pobres como a una máquina y nada más; y sólo para que esa máquina sea útil y no se destruya, y acabase así la vida felizmente ociosa que ellos disfrutan, los propietarios, los burgueses, los ricos dejaron que el pueblo, agotándose y consumiéndose de hambre poco a poco, se sometiera más y más; porque si la tierra produjera por sí sola la mies y los frutos, y las máquinas pudieran trabajar sin necesidad del brazo del obrero, los ricos le habrían dejado morir de hambre aguda y así mantenerse mejor como amos del mundo.

(Pensieri ribelli, 1889)

La religión
Antes que nada, bueno será pedir de qué religión se trata. ¡Hay tantas en este mundo! ¿Se trata de la que promete el paraíso cristiano e infantilmente amenaza con las llamas del infierno, de igual modo que a los niños buenos o malos se les promete el terrón de azúcar o el coscorrón, y que hace consistir todo el estimulo a las buenas obras en la esperanza usuraria o en el infantil miedo de gozar o sufrir… en la otra vida? ¿O es que se nos habla de la religión de Mahoma, que a sus fieles promete el goce pagano de las huríes jóvenes y bellas entrevistas detrás del humo del opio? ¿Tal vez de la religión de Confucio o de Buda, o de cualquiera otra que haya entenebrecido o anuble aún las humanas mentes? ¿De cuál se pretende hablar, ya que sus respectivos sacerdotes sostienen que la religión verdadera es la suya?
Naturalmente que, según estuviéramos en Turquía, en la India o en la China, cada una de las religiones, por boca de sus curas, nos dirigiría la dura acusación de incrédulos. Y nosotros podríamos, en todas partes, rebatir la acusación y confundir a los acusadores con una cantidad de argumentos especiales que es inútil enumerar aquí.
Pero ya que nacimos y vivimos en países donde predomina la religión cristiana y los que más vociferan contra nosotros son los fanáticos y los mercaderes del cristianismo, y sobre todo, del catolicismo, podemos dispensarnos de buscar sendos argumentos, ya que los mejores nos los suministran los mismos sacerdotes de la religión cristiana. Ellos son los que más tremendos golpes asestaron para destrucción de su propia fe. Desde el momento en que el descendiente de Pedro, el pescador, olvidó la humildad originaria del cristianismo -religión de los pobres y para los pobres-; desde el momento en que los príncipes de la Iglesia en lugar del cilicio, las espinas y el tosco vestido se cubren con sedas, púrpura y pedrería, como todos los demás potentados de la tierra; desde el momento en que las indulgencias, los pasaportes para el paraíso, las amnistías totales o parciales del purgatorio pudieron comprarse como una mercancía cualquiera o como un favor de ministros corrompidos; desde el momento, en suma, en que la religión de Cristo cesó de ser apostolado y se convirtió en charlatanería de sacamuelas de plazuela y la iglesia se transformó, fin natural de todas las iglesias, en botica de almas y de conciencias, la ilusión del misticismo cristiano comenzó a revelarse como un embuste, como vil metal dorado que con el uso pierde su apariencia y no engaña ya al ojo del villano que hasta entonces creyólo oro del más puro.
Una vez el dogma católico se puso abiertamente de parte de los grandes contra los humildes y miserables, tan caros a Jesús, se reveló, tal como por su propia esencia debía convertirse, enemigo de la ciencia y de la libertad. Y esta tendencia invencible de toda religión hacia el fanatismo y beatería ciegos de un lado y el servilismo hacia los poderosos y dueños contra los súbditos y siervos del otro, tendencia que constituyó y constituye aún el germen de disolución del cristianismo, esta fe dejó de ser joven.
Es una fe que arrastramos como un grillete que nos impide caminar libremente hacia nuestra meta de liberación integral. Llegó la hora de que esta cosa muerta y que grava con su peso todo el de la cadena de esclavitud que arrastramos, nos la arranquemos de los pies arrojándola bien lejos de nosotros.

(Ciencia y religión, 1896)

La guerra
Pero consolémonos, que hoy la guerra ha perdido ya algo de su carácter primitivo; que hoy no es ya salvaje la guerra como antiguamente; que se ha convertido en científica y cínica.
¡Profanación de una palabra sagrada! La guerra científica, o sea, las preclaras dotes del ingenio, las noches de insomnio del hombre de estudio dedicadas al feroz problema de la destrucción.
En este caso, ciencia es sinónimo de maldición… Servíos de ella, ¡oh hombres!, como una diosa benéfica, para arrancar sus secreto a la naturaleza, para dar vida a las máquinas, la fuerza al carbón; utilizadla para convertir el rayo en productor de riqueza, para aligerar las fatigas del hombre, para atenuarle sus dolores, para restaurar los relajados tendones de la humana abeja en sus fatigas del trabajo cotidiano; utilizadla para horadar montañas, para regar los valles, para sanear el aire, para enlazar pueblos con pueblos en fraternal obra de solidaridad y de colaboración, a fin de que juntos procedan a la conquista del progreso y de la felicidad.
Haced de la ciencia un instrumento de civilización y no de destrucción y de muerte...
Hemos dicho que la guerra moderna es cínica, y, de hecho, la guerra científica, con la cual se matan a millares de metros de distancia los hombres, que no se conocen, que no se han visto jamás, ha perdido también la forma del culto primitivo de la fuerza y de la destreza en las armas, de que fue un ejemplo la antigua Grecia.
Los Agamenón y los Aquiles ya no son posibles con los fusiles de repetición, con las balas dum-dum y con la dinamita, la melinita y con todas aquellas sustancias explosivas tan similares en sus efectos a aquellos otros estragos de la humanidad como la bronquitis, la pulmonía, la pleuresía, etc. Hoy triunfa Moltke disponiendo serenamente sobre el mapa topográfico las banderitas rojas que indican los movimientos del enemigo y los ataques afortunados del combatiente.
Pero si mañana, sobre la azulada bóveda, una mirada pensativa pudiese contemplar la humana tragedia, con tantas vidas juveniles segadas en flor, como una hoz inexorable, y a las armas de fuego vomitando inconscientemente la muerte, tan inconscientemente como los que las cargan; si esta mirada pudiese abarcar el amontonamiento de los cadáveres mutilados y la sangre que baña la tierra, sin una lágrima de pena, sin un remordimiento, se preguntaría si toda aquella carnicería es acaso obra de un destino ciego, inexorable, que condena a los hombres desde su origen a un común matadero, o una gran locura que sojuzga al género humano, pervierte la historia y triunfa sobre el hombre arrogantemente.

(Guerra a la guerra, 1903)

Los anarquistas
¿Quiénes son los socialistas anárquicos? Si hacemos esta pregunta a un policía, sin duda nos responderá: "Los anarquistas son malhechores". Y la sentencia de los anarquistas independientes le dará la razón. Si preguntamos a los patronos que viven a costa de vosotros, trabajadores, pero sin trabajar, responderán que los anarquistas son unos vagos, gente que no quiere trabajar. Si preguntamos a los hombres serios y prácticos nos dirán, con un esfuerzo de benevolencia, que los anarquistas son locos de atar.
Y los gobiernos, monárquicos o republicanos, dan razón a esta gente, y mandan a los socialistas anárquicos a poblar las cárceles, los penales, y a ensangrentar los patíbulos. ¿Qué importa?
Quien está interesado en defender privilegios y sinecuras no puede ser juez imparcial de hombres que tienen como grito de guerra la abolición de todo privilegio y de toda forma de explotación.
Pero vosotros, trabajadores, que sois las víctimas, los mártires ignotos de todo un sistema social a base de latrocinio, de fraude y de mentiras, vosotros haréis justicia a las inconsistentes acusaciones que el vulgo dorado de los satisfechos y los ambiciosos os lanza a la espalda.
Los anarquistas son, trabajadores, hombres del pueblo como vosotros; sufren con lo que vosotros sufrís: la dura condena de un trabajo extenuante, mal pagado y despreciado por los ociosos regocijados. Como vosotros han recibido de sus padres, también trabajadores, en compensación a tantas fatigas, la pobreza, único y triste patrimonio. Como vosotros dejaréis a vuestros hijos, también ellos, trabajadores, dejarán el triste fruto de una fatigosa existencia, el pesado fardo de la miseria.
Vosotros sabéis que, sobre todo, los socialistas anarquistas quieren la igualdad, pero la igualdad verdadera, no la embusteramente proclamada por las leyes y brutalmente desmentida por la realidad de los hechos sociales. Pero ¿cómo es posible la igualdad en una sociedad en la que unos pocos son poseedores y los más no poseen nada, de modo que estos últimos, obligados por la necesidad, tienen que vender sus brazos a los propietarios de la tierra, de las máquinas y los instrumentos de trabajo? La igualdad social, por tanto, no será posible hasta que todos los hombres sean poseedores de las tierras, de las máquinas y de las demás fuentes de riqueza, y hasta que esta riqueza, que es el producto del trabajo de todos, sea puesta en común para todos.
Esto es el comunismo. De la comunidad de bienes materiales, o sea de los instrumentos de producción y de la producción misma, se desarrollará la armonía de los intereses del individuo con los de la colectividad, según el principio "todos para uno y uno para todos", en contraposición con la egoísta moral burguesa del "cada uno para sí". De la asociación de bienes y de las fuerzas de todos derivará la asociación de los corazones y se desarrollará espontáneamente y con grandeza un sentido de solidaridad y hermandad desconocido en la sociedad burguesa, desgarrada por la más feroz antropofagia legal y por una implacable guerra civil, que envenena y despedaza a esta moribunda sociedad finisecular.
En esta atmósfera pura, en lugar de la familia cerrada, egoísta de hoy, crecerá serena y feliz la gran familia de los iguales y libres, la familia de la que será miembro amado igualmente todo hombre, todo ciudadano del mundo; y las nuevas generaciones crecerán vigorosas y hermanadas, no como hoy, que son el fruto enfermizo e insano de fríos acoplamientos, de calculados e interesados contratos matrimoniales; no más como ahora producto anémico y epiléptico de tristes amores y de prostituciones más o menos legales. Desaparecido junto con la propiedad individual todo instinto de bajo interés personal, la unión de un hombre y una mujer no será ya un negocio en el sentido moderno y mercantil de la palabra. La unión libre, sobre las bases del amor y la simpatía: este es el lógico vínculo sexual, esta es la familia del porvenir, sin la mentira convencional del juramento civil ante el alcalde, o del religioso ante el cura.
¿Y el cura? Comenzad a combatir al cura, chillan los anticlericales, y habréis emancipado a la humanidad.
Los anarquistas responden: ¡Oh, el cura! Desaparecerá junto con la ignorancia y el embrutecimiento de la mayoría, y con el cura desaparecerán todas las mentiras religiosas borradas con el rayo vivificador de la ciencia. Mientras tanto, al cura lo combatimos también nosotros mucho mejor que los eternos abanderados profesionales de cortejos conmemorativos y fúnebres, y lo combatimos señalándolo sobre todo a vosotros, trabajadores, como el eterno aliado de nuestros opresores y explotadores, e intentando oponer la luz de la razón a la impostura de lo sobrenatural.
Pero, antes que cualquier otra cosa, reivindicamos para todos la nutrición del estómago -ya que la gran cuestión vital no es otra cosa que una prosaica cuestión de panza, oh politicastros… de panza llena- y después nutrición del cerebro y del corazón (si se me permite la metáfora), amplia nutrición de ciencia y de afectos, de instrucción y educación; reivindicaciones todas ellas de la más alta facultad del ser humano.
Pero sobre todo, antes que nada ¡libertad! No libertad mutilada, irreconocible gracias a ese papel impreso llamado ley; no libertad administrada por bandidos de cualquier código más o menos plebiscitario -ya sean demócratas, republicanos o socialistas- sino libertad ejercida íntegramente por cada individuo, fusión de todas las actividades y de todas las iniciativas asociadas libremente por tendencias naturales, para el bienestar de todos.
Tú dirás, pueblo, que nosotros te podemos engañar cuando afirmamos que el porvenir es la gran paz, la verdadera igualdad, la infinita hermandad entre todos los hombres de la tierra.
Podremos engañarnos, pero no engañarte. ¿Qué objeto tendría? ¿Qué interés? Tú ves la suerte que nos reserva a los anarquistas la valiente declaración de guerra que arrojamos a la cara de la mafia mundial de los patronos y de los gobiernos coaligados para tu perjuicio.
No hay perdón, no hay tregua para nosotros. Y nosotros no pedimos perdón ni tregua. Paralelamente, las horcas republicanas en las que en 1887 el democrático gobierno de los Estados Unidos ajusticiaba a nuestros cuatro héroes, que cometieron el horrendo delito de decir en voz alta la verdad a la cara a las sanguijuelas de la clase trabajadora, surgió en la España monárquica y católica el cruel instrumento del garrote, y cerca de allí, en la Francia republicanísima, se han promulgado leyes idóneas para golpear a los enemigos implacables de la injusticia y de la plutocracia. Un gobierno equivale al otro; todos los gobiernos están contra nosotros, contra todas las tiranías. Solo nosotros no nos hemos acobardado ante los sacrificios a la hora de reivindicar para todos los hombres la verdadera igualdad en el comunismo, con la supresión de toda explotación del hombre sobre el hombre, con la abolición de la propiedad individual; solo nosotros queremos la emancipación completa de la personalidad humana del yugo opresivo de toda autoridad política, civil, militar y religiosa; solo nosotros ambicionamos la libertad integral del género humano, la libertad de las libertades: la anarquía.

(Socialismo legalitario e socialismo anarchico, 1906)

La emancipación de la mujer
Igual que los obreros sufren la tiranía económica de la clase capitalista, las mujeres -en los usos y en las leyes- sufren la tiranía del sexo masculino. La liberación de los unos del yugo económico y la de las otras del yugo sexual solo puede ser resultado del esfuerzo colectivo de todos los humillados por esta sociedad. Igual que la emancipación de los trabajadores no puede ser obra más que de los propios trabajadores, según el dictamen de la Internacional, así la emancipación de la mujer será siempre una afirmación verbal vacía si en ella no pone manos a la obra la mujer misma. Y porque las reivindicaciones femeninas están, por mil razones y causas, unidas a las reivindicaciones obreras, y por otra parte el derecho obrero no conseguirá la victoria si la mujer se queda indolente fuera de la lucha, por ello los trabajadores tienen el interés y el deber de no descuidar el problema femenino, que es parte de la vasta cuestión social, y las mujeres tienen el interés y el deber de preocuparse con amor inteligente por la cuestión social, ya que fuera de ella el feminismo sería vana academia de unas pocas charlatanas ambiciosas.
Pero eso, al hablar de la mujer y la familia, me dirijo a la vez a vosotras, mujeres que me escucháis, y a vosotros, obreros, compañeros míos de lucha y más o menos afines a nosotros por ideas.
Existe este error, amenazador con graves efectos, incluso en medio de los combatientes de las batallas del porvenir. Por un lado los obreros, emancipados intelectualmente, que toman demasiado al pie de la letra la teoría del materialismo histórico, según el cual no se debe tener en cuenta más que el factor económico en la valoración de los hechos sociales y en el movimiento de renovación humana, sin preocuparse de emancipar a la propia mujer y las mujeres que viven su propia vida, perteneciendo a su misma clase social. Hay que estar ciego para no comprender que la mujer constituye en el mundo la mitad o más del género humano, y que hasta que no se libere de la influencia del cura y de la sumisión a toda prepotencia, será para nosotros y para la humanidad que avanza, como una bola de plomo encadenada al pie que le impedirá caminar con soltura. Muchos se limitan a olvidar a la mujer; incluso van un poco más allá… Hay, no vamos a negarlo, quien piensa todavía que un poco de religión es bueno para la mujer; hay quien impide a la mujer ocuparse de las más urgentes cuestiones de reivindicación social. Cuántas veces he escuchado a algún republicano o socialista decir a su mujer en medio de una discusión: "Mira, querida, vete a otra habitación; estas cosas no te interesan", y volviéndose a mí y a los demás contertulios, añadir: "¡La política no es cosa de mujeres!"
Si por política se entiende el arte malvado de gobernar y gobernar, estamos de acuerdo. No faltaría más que la mujer se mezclase en esas torpes cosas que son la vida parlamentaria y gubernativa, donde todo lo que hay de bueno en el alma humana es sofocado y transformado. Pero nosotros pensamos que no solo hay que alejar esta forma de política de la mujer, sino también del hombre. Y los anarquistas de hecho están lejos. Pero si por política se entiende el ocuparse de la vida pública, el interesarse por las cuestiones más palpitantes de la vida social, el tomar parte en el movimiento de elevación económica y moral, está claro que esta es la sana política que todas las mujeres deberían y podrían hacer, sin por ello perder su gracia innata y sus atractivos, que aumentarían.
De la misma manera, muchas mujeres, que se ocupan de esta bendita política, acaban por hacer de ella el falso concepto que precisamente hemos deplorado; y dan la máxima importancia al hecho de convertirse en electoras o ser elegidas, mezclándose también ellas en las poco decorosas luchas del poder. En vez de pensar en emanciparse ellas y las demás de las diferentes formas de esclavitud y opresión, deciden a su vez solo el poder y participar también ellas en la obra de opresión y esclavitud ejercida por los gobiernos y los parlamentos.
Estas preocupaciones tan poco dignas de su bondad y gentileza las llevan a concebir el movimiento de elevación y emancipación de la mujer como algo separado de las demás cuestiones sociales, y separado sobre todo del problema obrero; mientras que la verdad es todo lo opuesto, porque como bien demostró Bebel en su magistral libro sobre la mujer y el socialismo: la mujer no alcanzará su verdadera emancipación mientras no haya desaparecido el privilegio económico, es decir, hasta que la clase trabajadora no se emancipe de la opresión económica, siendo en gran parte la condición actual de la mujer un resultado de la mala organización económica de la sociedad.

(La donna e la famiglia, 1900)

Libertad e igualdad
Ya indicamos en páginas precedentes las bases sociológicas en que se funda la doctrina anarquista; veremos cómo solo a condición de una profundo cambio de la sociedad en sus relaciones económicas, será posible un estado de cosas que garantice al hombre la libertad integral deseada por los anarquistas, para que no se produzca la opresión y la violencia organizada del gobierno y la milicia como hoy día.
La solución anarquista al problema de la libertad presupone una solución socialista al problema de la propiedad. Por eso los anarquistas son socialistas, porque no habrá igualdad verdadera más que cuando los individuos puedan disponer libremente de sí mismos, sin tener que rendir cuentas a nadie.
Yo, que me siento íntimamente anarquista, soy socialista, y eso desde que comprendí (y era jovencito) que la moderna concentración industrial, con sus sistemas de producción, despojando a la mayoría y socializando el trabajo, contiene al mismo tiempo el empuje para la reivindicación de toda riqueza a la sociedad entera, y las líneas maestras del futuro ordenamiento económico. Esta convicción socialista, en mí como en los otros, solo puede ser el resultado de sentimientos y razonamientos combinados. La primera rebelión contra la iniquidad social es la impulsada por el corazón o por la necesidad; después viene la lógica austera y fría que, emergiendo de las causas profundas de los sucesos humanos, critica, destruye y combate serenamente, sin odio y sin miedo. No es un dogma preestablecido esta fe en el porvenir de la humanidad; no es un teorema árido ni el rumiar estéril de fórmulas algebraicas. Es poesía y ciencia a la vez. Es certeza matemática, que tiene su génesis en el corazón y su vitalidad en el cerebro, y que, desafiando toda ironía y toda persecución, se presenta a la lucha como la más alta transfiguración del sentimiento.
El socialismo, en su aplicación integral, que solo los anarquistas hacen, conduce al comunismo científico; y será un ordenamiento económico en el que la armonía del interés de cada uno con el interés de todos resolverá la sangrienta disidencia entre los derechos del individuo y los de la humanidad entera. Pero en el socialismo, que es la base económica de la futura sociedad, deben ser conciliados en la práctica los dos grandes principios de la igualdad y la libertad. De esto se deduce el vibrante y mal comprendido concepto de la anarquía: libertad de la libertad, que no será otra cosa que la coronación política necesaria del socialismo mañana, como hoy lo es la corriente claramente libertaria. La anarquía no es, como el socialismo autoritario, la humanidad sofocando al hombre. No es, como el desorden burgués, el hombre que pisotea a la humanidad. Retoma el ideal del acuerdo espontáneo de las voluntades y de las soberanías individuales para el goce del bienestar, creado gracias al trabajo de todos. Sin explotación: este es el ideal económico; sin coacción: este es el ideal político del verdadero socialismo.
Lejos de ser contradictorios, los dos términos -socialismo y anarquía- se integran y complementan a la vez. Aplicad la crítica y los postulados científicos del socialismo en política y tendréis la conclusión más libertaria que se pueda imaginar; y a la viceversa, dirigid a la economía burguesa la crítica que los enemigos del Estado hacen a las instituciones políticas actuales, y llegaréis por otro camino al reconocimiento de la doctrina socialista.
El socialismo significa riqueza socializada (no dividida y repartida, como irónicamente se suele decir) y la anarquía significa libre asociación de las soberanías individuales, sin poder central y sin coerción.
Imaginad una sociedad en la que todos los ciudadanos, libremente federados en grupos, asociaciones, corporaciones de profesión, arte u oficio, sean copropietarios de todo: tierras, minas, talleres, casas, máquinas, instrumentos de trabajo, medios de cambio y de producción; imaginad que todos estos hombres, asociados por una evidente armonía de intereses administren socialmente, sin gobernantes, la "cosa pública", disfrutando en común de las ventajas, y trabajando en común para aumentar el bienestar colectivo, y tendréis la anarquía ideal. ¿Es utopía? ¿Hay alguien que, conociendo siquiera superficialmente la historia de las grandes utopías humanas, podría afirmarlo?
Que el socialismo autodenominado científico (lo han bautizado así sus doctores, modestamente) sea otra cosa es indudable. Pero los socialdemócratas se apresuran, como Ferri en su Socialismo y ciencia positiva, a rechazar cualquier solidaridad, incluso teórica, con los perseguidos de hoy, negándoles el derecho a llamarse socialistas, olvidando o ignorando que el movimiento socialista popular en toda la Europa latina ha sido en principio, y en algunas partes continúa siéndolo, claramente anarquista.
Así pues, teóricamente -como concluía en otra ocasión- de la crítica económica del socialismo (aceptadas las premisas) se debe llegar lógicamente a las conclusiones matemáticas de la anarquía.

(La questione sociale e gli anarchici)

La sociedad futura
Si bien no podemos decir con exactitud cómo será la forma de la sociedad futura, sí podemos afirmar (guiándonos por la experiencia histórica) que el actual ordenamiento de base capitalista deberá ceder el puesto a un ordenamiento más amplio, que esté en armonía con las nuevas necesidades colectivas, y responda mejor a la profunda revolución operada en el siglo XIX en todos los medios de producción.
Se puede creer en el materialismo histórico de Marx y en la consiguiente teoría catastrófica derivada de la concentración de capitales en pocas manos y de la proletarización -si se me permite la palabra- de la gran masa de la sociedad; se puede confiar en el oportunismo reformista que espera obtener una transformación por medio de concesiones graduales de la clase dominante; o por el contrario se puede pensar que con la fuerza de las ideas apoyada en la de los hechos, el proletariado avezado en sus asociaciones podrá por sí mismo reivindicar colectivamente todo cuanto su trabajo creó a través de los siglos.
Pero indudablemente los trabajadores, que son la inmensa mayoría de la sociedad, de un modo u otro quieren lograr esto y tienen interés en alcanzar -y por tal vía se han encaminado- una más igualitaria y satisfactoria distribución de todos los bienes producidos por ellos. Que tal transformación se efectúe bajo una forma u otra, como dicen los socialistas autoritarios o como dicen los anarquistas; pero es indudable que la transformación llegará.
Si la evolución social procede del acuerdo con sus leyes naturales, lógicamente la reacción histórica que se presenta como inevitable frente a la concentración capitalista, que crea la gran usura industrial sobre el trabajo y la consiguiente esclavitud económica del obrero bajo la forma del salariado, es el socialismo.
Por ello, vano y absurdo sería indagar y prever en este artículo en cuál de sus formas y escuelas triunfará el socialismo. Que tenga preponderancia la forma autoritaria o la libertaria, con base comunista o colectivista, lo que es cierto es que en la nueva sociedad, al menos durante algún tiempo, permanecerán algunos residuos de los organismo pasados; de aquí la probable fisonomía multiforme de la sociedad humana al día siguiente de la desaparición del régimen capitalista.

(Come sarà la società futura?) Subir


Lo que queremos

Nosotros luchamos, pueblo, por la igualdad ante todo, por la verdadera y propia igualdad, no por aquella mentira escrita en las cárceles de las monarquías o en los muros de la Francia republicana.
Nosotros queremos que todo pertenezca a todos; queremos que las máquinas sean propiedad de los obreros que las hacen producir, y que sean expropiadas a los actuales patronos, que se enriquecen a costa de las fatigas de los trabajadores.
Queremos que la tierra, hoy en poder de los viciosos propietarios, que viven en la ciudad en medio del lujo y en plena orgía, sea entregada al campesino que la cultiva y la hace fructificar.
Queremos, en una palabra, que todos los instrumentos del trabajo sean poseídos por los trabajadores libremente asociados y que todos los productos naturales y artificiales de la riqueza sean declarados propiedad de todos. Por esto nosotros nos declaramos comunistas. Y desafiamos a todos los guiados por el egoísmo a que nos demuestren cómo la verdadera igualdad es posible sin el comunismo, que sintetiza el deber y el haber entre el individuo y la sociedad con la vieja e insuperable fórmula: de cada uno según sus fuerzas y a cada uno según sus necesidades.
Pero sin completa libertad no es posible la igualdad completa, como sin verdadera igualdad no es concebible la verdadera y propia libertad. El que no posee es esclavo del que posee, como aquellos que dominan políticamente, hasta económicamente tienden a transformarse en los señores de los gobernantes. Y como no es posible efectuar la igualdad sin suprimir a los patronos, desposeyéndoles de todo lo que injustamente detentan, esto es, del privilegio económico que se llama propiedad, tampoco es posible reivindicar la libertad sin eliminar a los gobernantes, aboliendo todo gobierno, que es el privilegio político donde descansa la explotación del hombre por el hombre. Ni amos ni asalariados; ni gobernantes ni gobernados. Todos iguales en la libertad; todos libres en la igualdad.
Sin propiedad privada, que equivale a decir sin amos y, por consecuencia, sin la explotación económica, todos los individuos serán económicamente iguales, y esto es el comunismo o propiedad común de todas las cosas.
Sin gobierno, sin autoridad del hombre sobre el hombre, sin la violencia moral de las leyes antinaturales, sin policías y sin burocracia, todos los hombres serán políticamente libres; esto es, cada individuo tendrá la plena y exclusiva soberanía sobre sí mismo y no encontrará quien le impida cooperar al bien colectivo y podrá obrar espontáneamente según lo reclamen sus intereses individuales: existiendo completa armonía en los intereses de todos. Esta libertad es la anarquía, libertad de la libertad. Somos por todo esto, comunistas anarquistas, porque queremos ser verdaderamente libres y completamente iguales.
Nosotros que queremos la liberación de todos los oprimidos; nosotros, que amamos vivamente a nuestras madres, a nuestros hijos, a nuestras hermanas, a las compañeras de nuestra vida y de nuestros dolores, llamamos a la mujer doblemente esclava, del patrono y del macho. ¡Venid a nosotros, oh desventuradas, y peleemos juntos por la redención de todas las miserias, para que entre vosotras no impere la infelicidad!
Os dicen continuamente que nosotros queremos destruir los más santos afectos de la familia. Pero, ¿existe la familia para vosotros, pobres mártires del trabajo del campo, del taller y de la mina? ¿Existe familia para vosotras, jóvenes vendidas sin amor y por una baja especulación de intereses materiales a la prostitución legal del matrimonio? ¿Existe familia para vosotras, hermanas mías, niñas desfloradas en plena juventud por la libidinosidad de un patrón libertino y echadas al medio del arroyo para que os compre las caricias el primer viandante? ¿Existe la familia para vosotras, irresponsables infanticidas, consagradas para el recreo de los elegantes ladrones de vuestra virginidad? ¿Para vosotras, desconsoladas y viejas solteronas, obligadas a una eterna castidad por el estúpido convencionalismo social que llama inmoralidad a los estímulos imperiosos del corazón y de la carne que no estén controlados en el Registro Civil? Y, en fin, ¿existe la familia para vosotras, prostitutas, instrumentos del placer burgués, que os tuvisteis que vender porque el hambre trituraba vuestros organismos, en el mercado de las esclavas blancas, para transformaros en entes donde el venéreo y la sífilis habían de surgir para corroerlo todo?
¿Dónde está, mujer dulce y dolorosa, mitad del género humano, vuestra dignidad frente a la bárbara prepotencia del macho?
Esta sociedad inmoral, que se lucra de vuestro producto de trabajadores y de vuestra belleza; este conglomerado de gentes y de leyes, pudibundas, llenas de sífilis moral hasta los huesos, se atreve a llamarnos renegadores de los más gentiles afectos, porque queremos abolir el matrimonio-contrato de interés oponiendo el pacto libre de los afectos sentidos; porque queremos reivindicar el amor dándole toda su libertad, haciendo desaparecer toda esa engañifa a la que se da el nombre de Código, y porque queremos abolir la especulación interesada y la mentira de la moralidad convencional.
¡Oh, mujer! No hagas caso de la negra calumnia que sobre nosotros lanzan todos los mercantilistas del corazón y de la conciencia. Ellos viven del engaño y tienen interés en que la verdad que nosotros propagamos no ilumine al mundo como un sol del mediodía.
Nosotros queremos purificar la unión sexual y nada más. Hacerla desinteresada, con la abolición de la propiedad, causa principal de todos los bajos cálculos de interés; hacerla libre, haciendo desaparecer todas las cadenas, morales o materiales, que se opongan al espontáneo y natural desarrollo de todas las manifestaciones.
Proclamar el amor libre no es otra cosa que declarar legítima y santa la unión de dos seres para la sublime y moral función de la procreación, que es suprema necesidad para la vida de la especie. Abolir el vínculo civil del matrimonio para sustituirlo por la elección espontánea de dos almas y de dos cuerpos tendentes a unirse por afinidad y por tiempo ilimitado, no es otra cosa que implantar la familia del amor en sustitución de la actual familia de los intereses. Es, en una palabra, promulgar la ley universal de la Naturaleza en sustitución de las varias leyes artificiales manipuladas por los hombres en beneficio de los intereses de una clase dominante o de un sexo privilegiado.
He aquí por qué los comunistas anarquistas proponemos el amor libre como la forma natural del goce sexual en una sociedad de hombres sinceramente iguales y completamente libres.
Los religiosos dicen continuamente que los anarquistas quieren destruir la religión. ¿Pero tienen los religiosos otra religión que no sea aquella de la propia panza y del propio bienestar material?
Los anarquistas no quieren otra cosa que la completa libertad para todos; quieren destruir todos los prejuicios y supersticiones y proclamar la ciencia maestra y reguladora de la vida. La ciencia, que es positiva y antirreligiosa, emancipará al género humano.
Pero los anarquistas odian la patria, dice la gente tímida; reniegan de ella, debiendo serles querida. Veamos un poco: ¿dónde está la patria para los obreros patrióticamente explotados por los patronos hasta el día que quedan inútiles para el trabajo y les dan con la puerta de la fábrica en las propias narices, quedando sin trabajo y sin alimento para nutrir su organismo? ¿Dónde está la patria para el miserable campesino, lanzado por el hambre, obligado a abandonar la tierra que lo vio nacer para ir a vivir al otro lado del Océano, creyendo encontrar amos más humanos que sus queridos (?) compatriotas? Estos compatriotas generosos. ¡No hay deberes donde no existen derechos! ¿Qué derechos tiene el proletariado en su patria si no es el honor de defender la tierra que él sólo cultivó e hizo producir y que sólo los ricos consumen? Entre Vanderbild, multimillonario, y su compatriota Lázaro, mendicante, existe tanto de común y fraternal como entre el campesino que se muere de hambre en el bello jardín de la patria y el celestial emperador de la China. Pero sí existe mucho de común entre el campesino español y el pobre proletario de Irlanda, como entre el obrero oprimido en la monarquía itálica y el asalariado de la Francia republicana que hace los experimentos de la pólvora sin humo sobre los pechos de los trabajadores. Existe la comunidad en la miseria, en la ignorancia, en el embrutecimiento y en la inconsciencia de los propios derechos.
Y los gobiernos y los negreros capitalistas, para mejor dominar, se afanan en suscitar odios fratricidas entre los pueblos, por la llamada dignidad de la bandera, o por fútiles cuestiones de nacionalidad. Y el pueblo nunca comprende este juego insidioso que con su sangre hacen todos los potentados y patrioteros. Los trabajadores empiezan ya a comprender que sus enemigos no están más allá de esta o de aquella frontera, sino que están en todos los países, en todas las patrias; gobernantes y patronos, prepotentes y parásitos, que extienden de un lado al otro del mundo la camorra policíaco-capitalista, que explota, desangra y oprime la mayor y mejor parte del género humano.
Esta alianza internacional de los explotados y de los oprimidos de todas las patrias en abierta rebeldía contra la coligación de los gobiernos y del capitalismo, derrocará todo el viejo orden social a base de opresiones, privilegios y tiranías, instaurando en toda la tierra una nueva era de amor y bienestar para todos los hombres, iguales y libres.
Y por estas razones, los comunistas anarquistas se declaran internacionalistas.
Pero toda esta renovación sustancial y profunda de la sociedad humana, sólo es posible merced a una violenta insurrección del pueblo contra la violencia legal de los actuales privilegios económicos y políticos. Aquí parte la necesidad de una revolución social.
Y por esto nosotros somos antilegalitarios y revolucionarios.
Y tú, viejo pueblo trabajador, confórtanos en nuestra humilde y solitaria obra, con el rugido del león que afila las garras para entrar en pelea; que aún en el furor de la batalla sangrienta oirás cómo, hiriendo el espacio, surge de los pechos de los luchadores este grito, que es un signo de fraternidad y de amor: ¡Viva la humanidad libre!

Pietro Gori Subir


Arezzo

El pasado 27 de noviembre la ciudad italiana de Arezzo fue el escenario de dos acontecimientos muy importantes para el movimiento anarquista: la presentación del libro Un libertario in Europa. Camillo Berneri: fra totalitarismi e democrazia (actas del congreso de estudios históricos del 5 de mayo de 2007), de Giampietro Berti y Giorgio Sacchetti, celebrada en el aula magna del instituto Francesco Petrarca, precisamente donde estudió el bachillerato el propio Berneri, conocido militante libertario nacido en 1897 y asesinado en las trágicas jornadas del barcelonés mayo de 1937, y la inauguración de una escalinata con su nombre.
Con gran afluencia de público en ambos eventos, en la escalinata Maria Alberici, descendiente de Giovanna Caleffi Berneri, descubrió una placa.
La jornada concluyó con cantos anarquistas, brindis con un estupendo vino lambrusco etiquetado para la ocasión y el propósito de repetir jornadas bellas y festivas como esta.

Fiamma Chessa Subir


 

Esclavos tecnológicos

¿Juegan los inversores a ver
quién la tiene más grande?

Centenario de Pietro Gori
(1865-1911)

 

El anarquismo de Pietro Gori

Lo que queremos

Arezzo