PERIODICO ANARQUISTA
Nº 266
SEPTIEMBRE 2010

 

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Capitalismo, autogestión, ética

La propuesta autogestionaria es importante para los anarquistas porque la conciben como un camino para desmantelar la jerarquía en la sociedad. En la sociedad, subrayamos, no sólo en el centro de trabajo.
La autogestión es un camino experimental para convertir en autogestionados en el futuro los lugares de explotación laboral de hoy -si así lo requieren las necesidades de la sociedad futura, obviamente-, y porque es escuela para todos los trabajadores con el fin de no apagar la sed de autoritarismo sólo en los centros. El método auto-organizativo es para los anarquistas, por tanto, apto para alcanzar determinados objetivos socialistas libertarios, no sólo un método para organizar la actividad laboral.
La autogestión lleva en su seno la necesidad de superar el actual sistema político y económico. En la práctica no puede existir ni socialismo ni comunismo ni anarquía dentro del mercado capitalista. Esto es obvio, pero de vez en cuando, ya sea por ingenuidad por entusiasmo o por un estéril hablar a base de consignas, a más de uno se le olvida esta amarga realidad.
Tomar conciencia de esto quiere decir ser consciente de que el mundo del trabajo está basado en las leyes del mercado, de la competencia. Sería una emancipación parcial autogestionar sólo una fábrica en la batalla internacional de los tiburones, incluso se corre el riesgo de convertirse en (o ser juzgada como) "autoexplotación".
El término "autoexplotación" lo podemos utilizar para considerar "la autogestión en el actual mercado". Veamos cómo con un ejemplo banal y sencillísimo: un patrón decide deslocalizar una fábrica de materiales para la construcción. Los trabajadores luchan y obtienen la fábrica, se constituyen en cooperativa y continúan la producción, autogestionándose. La producción la llevan adelante gracias a los clientes que continúan confiando en la empresa, ahora sin patrón. Pasa el tiempo y los clientes empiezan a comprar a la competencia, los productos de otra fábrica, también activa en el sector de los materiales para la construcción, que ofrece mejores precios. Llegados a este punto, nuestros trabajadores autogestionados se ven obligados a competir con la otra fábrica a fin de continuar produciendo y vender, es decir, a sobrevivir. La conclusión es obvia: los trabajadores autogestionados no pueden hacer más que sufrir las leyes del mercado, de la competencia, de la explotación del ser humano sobre sus semejantes.
La empresa autogestionada es, en cualquier caso, un enorme paso adelante en la destrucción de la jerarquía, pero vemos que no es en absoluto inmune a las reglas del capital. Si no tiende a ser generalizada, la autogestión corre el riesgo de perecer al intentar vencer al capitalismo utilizando sus mismas armas.
Frente a un sencillo y banal examen de la realidad como el que hemos descrito, ¿cómo se emprende la acción anarquista?
Cualquiera podría decir: "¿Qué me dices? Ya es bueno llegar a experimentar la autogestión como está sucediendo en muchas fábricas de Argentina y tú me hablas de autogestión generalizada para superar el capitalismo de un golpe ¡criticando las experiencias particulares como lugares de autoexplotación!
Un comentario añadido y afín podría ser que las fábricas autogestionadas son un "ejemplo de democracia directa y que podrían ser copiadas por muchas otras fábricas y trabajadores de forma que extendiéndose como una mancha de aceite, se creara resistencia obrera, solidaridad y cultura de acción directa". ¡Es verdad! De hecho sería deseable este tipo de transición, y los anarquistas saludamos con entusiasmo todas estas experiencias, recomendando a los trabajadores que recorran esta vía emancipatoria trazada por ellos mismos.
Otros podrán decir: "Pero mientras que la correlación de fuerzas sea como es… mejor tener un patrón como adversario".
Y así sucesivamente, se podrían comentar las experiencias autogestionarias del capitalismo de mil formas, especialmente porque las sensibilidades son muchas, como muchas son las contradicciones que comporta la transición hacia la autogestión generalizada. Llegados a este punto, el problema mayor (y espero no sorprender a los lectores) es, a mi modo de ver, otro.
La validez del anarquismo no es sólo una idea-fuerza promotora de una práctica autogestionaria, que representaría a través del comunismo libertario la máxima forma de justicia social y de coherencia. Si bien el anarquismo posee el motor que las demás propuestas político-revolucionarias no tienen (es decir, la honestidad de afirmar que si no nos implicamos nosotros mismos, en primera persona, además de en las relaciones obvias de conflictividad entre capital y trabajo, en la ética, en el cambio cultural y de actitud) no podremos jamás gozar de mayor justicia social.
Pensando en la transición hacia la sociedad que queremos los anarquistas, tenemos presente que nada podrá mejorar si no es gracias a las fuerzas de voluntad individuales; es decir, no reemplazando una organización de trabajo capitalista por otra autogestionaria sin haber eliminado el problema del dominio, de la cultura autoritaria imperante. No se trata en absoluto de entablar batallas político-culturales por una parte y sindicalismo por otra; se trata de intervenir con rapidez en las cuestiones más dispares con la solución autoorganizativa, antiautoritaria, porque a través de esta vía se desarrollará una cultura libertaria; porque, en consecuencia, gracias a esto surgen nuevas vías, revolucionarias, directas, aptas para destruir la sociedad burguesa, segura gracias a la explotación capitalista.
La complejidad de las cuestiones, de las luchas a afrontar, el digerir las inevitables contradicciones, son obstáculos que no deben paralizarnos.
Creo, a priori, que es un falso problema el juzgar una lucha por la autogestión como "autoexplotación"; de hecho deberíamos buscar "el máximo de anarquía posible" y no huir de este objetivo por miedo a las inevitables contradicciones. No animar a los interesados directos a emprender este camino, esperando el día esplendoroso de la "revolución global mundial", sería un gran error, ingenuo, y comportaría el mantenimiento del estado actual de la situación. Debemos siempre saludar con entusiasmo todas las mejoras sociales posibles, dar a conocer las experiencias de autogestión existentes y difundir este tipo de iniciativas, evitando purismos ideológicos que a menudo provocan la inactividad y la nula penetración de nuestras ideas en la sociedad.
Hay que ser conscientes de la complejidad del desafío para afinar el anarquismo y tener muy presente que si por miedo al fracaso abandonamos el campo de batalla, no sólo continuaremos viviendo en un mundo de siervos y amos, sino que a esto añadiremos la vergüenza de no haber cumplido con nuestro pequeño gran deber.

Davide Bianco Subir


Conferencia de la AIT

Los compañeros de la CNT de Chiclana nos han remitido, traducida del gallego, la crónica que reproducimos a continuación.

Los pasados dias 13, 14 y 15 de agosto tuvo lugar en La Vecilla (León, España) la Conferencia de la AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores) a la que pertenece la CNT, titulada "Trabajo precario, autogestión y cooperativas".
Más de un centenar de trabajadores de todas las edades y de varios países, junto al secretario de la AIT, pertenciente a la NSF de Noruega... compañeros de la ZSP polaca, eslovacos del PA, KRAS de Rusia, USI de Italia, SolFed de Inglaterra, FAU de Alemania, CNT de Francia, SP de Portugal y la CNT española; más tarde se incorporaron los compañeros peruanos del periódico Humanidad y también se contó con los saludos de los compañeros de la FORA argentina.
Todo se desarrolló en una organización impecable por parte de la CNT-AIT de León en el campamento de La Vecilla, en un ambiente extraordinario entre los compañeros de todo el mundo, ya que nuestra patria es el mundo y nuestra familia la humanidad. El evento se realizó en regimen de autogestión, participando todos en las actividades e infraestructura. Se hablaba en francés, inglés, alemán, italiano, ruso e incluso en gallego-portugués, sin problemas, echando en falta el esperanto, para situarnos todos en igualdad de condiciones.
El día 13 se trató "Anarcosindicalismo y trabajo precario":
1) Estado general de las cosas: Fueron tomando la palabra, despues de constituírse la mesa y de nombrar nuestro secretario de la AIT de la NSF, las diversas organizaciones, interviniendo en primer lugar una compañera polaca de la ZSP, que describió la situación como de altísima precariedad, muy semejante al panorama de Eslovaquia, del cual informan más adelante los compañeros de Priama Akcia. La USI italiana, expuso que desde el año 93 con la colaboración de los sindicatos oficiales se están recortando derechos, con más ETT, de la acción directa contra Ikea, etc. Los compañeros de la Sección Portuguesa de la AIT que hablaron de la ley de 1 de agosto, con menos derechos para los trabajadores en las empresas nacionalizadas después del 25 de Abril, los ingleses de la Solidarity Federation, que describieron los 20 años de "flexibilidad del mercado", estrategia para mantener bajos los salarios.
Los compañeros noruegos exponen así recortes de derechos, con una tasa de desempleo del 4 por 100, lo que para ellos es mucho. La CNT francesa habló del aumento del desempleo y la precarización, tratando ellos de organizar a los precarios; la FAU, que habla de la reforma laboral, aumento de precariedad tanto en sanidad como en transporte, sin que los sindicatos del Estado hagan nada y, finalmente, la CNT representada por el sindicato de Granada, describió lo acontecido en España depués del "tinglado inmobiliario" con 4 millones de parados lo que calificaron, como un panorama desolador.
A continuación se le concedió la palabra a compañeros de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), que intervinieron para señalar que efectivamente en todo el mundo se están dando las mismas condiciones económicas, que sólo podemos poner remiendos y por tanto la única alternativa es hacer la revolución social con la unidad de todos los trabajadores del mundo.
Por la tarde informan los compañeros de Priama Akcia de Eslovaquia, tras intervenir los compañeros de Croacia, reclamando más experiencias concretas; la Sección Portuguesa habló de que esta crisis favorece que desde el conformismo se vaya de revuelta en revuelta a la revolución social, e informaron de la toma de una fábrica en Arcos de Valdevez, donde los trabajadores no dejaron salir las máquinas y donde 40 obreros trabajan en regimén de autogestión. La ZSP, que colabora con trabajadores en precario sobre todo de hosteleria, con varios conflictos ganados con la acción directa. La CNT de Granada informó de dos conflictos: Vincci y ASM.

2) Definición de los principales problemas para la acción anarcosindicalista: luchas concretas, ejemplos de autoorganización, resultados y lecciones aprendidas.
La CNT de Zaragoza informa sobre los conflictos de Start People y Ryanair. A su vez, KRAS de Rusia nos acerca a una situación muy compleja, donde según sus datos, al año llegan a Moscú dos millones de trabajadores, de los cuales solo 200.000 son legales, la mayoría de las repúblicas del Este, lo que provoca una precariedad perpetua en estas personas, nonde las mafias operan sin control, donde el miedo es corriente. Hablaron de un supermercado donde las trabajadoras se pusieron en huelga, la KRAS las apoyó y publicitó el conflicto, pero la policia utilizó la "ley de peligrosidad" para intervenir contra las trabajadoras. También explicaron que la KRAS no es legal y que es muy difícil su legalización en este momento.
Llegado el turno a la FAU, expusieron el conflicto de cines Babylon en Berlín, los problemas encontrados en el camino con la "ilegalización" del sindicato y la gran victoria conseguida con la solidaridad internacional.
El sábado 14, la ZSP polaca presentó un trabajo sobre la imigración que fué debatido por las diversas delegaciones con mucho interés.

3) Discusión sobre posibles propuestas de estrategia común de la AIT. Aquí hubo diferentes intervenciones de las secciones de la Internacional respecto a como organizar a los trabajadores y trabajadoras precarizados, y tambiém sobre las ventajas e inconvenientes que conllevan las accione relacionadas con este tema. Las secciones participantes presentaron sus posturas y mandatos y debatieron sobre este punto.
Ya el domingo 15, la USI expuso su propuesta de autogestión basándose en la solidaridad y orgullo de clase. La SP de Portugal comentó varias experiencias en Setúbal y en Oporto. También la USI explica una práctica concreta de 30 años de la cooperativa Irisbio, una de las marcas más importantes de la agricultura biológica y que mantiene contacto con la USI.
Por la tarde, depués de visitar las trincheras de Vegarada, en donde combatieron los militantes libertarios durante la Revolución española de 1936-39, se dió por
finalizada la Conferencia de la AIT.

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La Shoah

Se ha anunciado una reunión, convocada por un grupo de judíos antisionistas y de indígenas de la República [francesa], por medio de correos electrónicos, en París, en torno a la idea de la memoria de las masacres en masa. En sí, no tiene nada de excepcional excepto el deplorar el poco espacio que tienen estos acontecimientos en la memoria colectiva. La historia humana es "rica" en estos hechos trágicos desde hace muchos siglos, si no milenios. No obstante, en el presente caso, se trata de otra cosa. Hay un proceso político oculto, se trata de recalificar lo que hoy se llama la Shoah.

Las masacres en masa
El número de ciudades pasadas a sangre y fuego en la Antigüedad es incontable. Sólo la Biblia refleja unos cuantos. Gengis Kan, después Tamerlán, en los siglos XIII al XIV, enseñaron el valor de la masacre como medio eficaz de conquista. Hoy día, algunos demógrafos estiman en unos 150 millones de personas la población precolombina. La brutalidad homicida de los conquistadores españoles unida a los gérmenes que llevaban consigo son el origen de un etnocidio sin parangón hasta nuestros días. La campaña del Palatinado llevada por Luis XIV sigue grabada en las memorias locales. El rey de los belgas era dueño de un territorio cuya superficie no podía compararse con la de su reino. Se trataba del Congo belga, país que hoy llamamos República Democrática del Congo. No es posible todavía evaluar con exactitud el número de millones de personas que los colonizadores eliminaron con el fin de hacerse con las riquezas locales con la bendición, como en muchos otros sitios, de la Iglesia católica. Pensemos también un momento en esos australianos que se pusieron en fila y atravesaron Tasmania matando sistemáticamente a todos los aborígenes que se iban encontrando. Podríamos también evocar las masacres de Sétif, en Argelia, en 1945, y las de Madagascar algo más tarde, tan terribles unas como otras, con el mismo objetivo de impedir que los esclavos reclamaran su independencia. Podríamos también hablar de la ejecuciones en cadena realizadas por orden de Stalin, ejecuciones sometidas a cuotas, pidiendo autorización para superarlas. No habría que olvidar tampoco las hambrunas causadas por la impericia criminal de los gobernantes, como en la Rusia soviética o en China. Y más cerca de nosotros ha habido genocidas, en Camboya y Ruanda, en la antigua Yugoslavia y en otros lugares que probablemente se me olviden. Entre todos ellos, el único que sigue planteando problema es el que lleva el nombre de Shoah. Para todos los demás, estén olvidados u ocultos en la memoria, o para los más recientes, confiados a un tribunal internacional con el fin de establecer responsabilidades, tanto vosotros como yo podemos dormir tranquilos.
Falta por escribir todavía una historia de la humanidad a través de las masacres. Eso cambiaría la historia de muchos grandes hombres, o más bien los situaría en su justa perspectiva. La reunión citada anteriormente avanza que la "jerarquización de las identidades -ya sea sobre bases raciales, religiosas o étnicas- es el resultado de una construcción interesada". De hecho, la cuestión que se plantea es la de saber si la liquidación de los judíos es una masacre en masa como cualquier otra, o si es específica.

Especificidad de la Shoah
En un primer momento hay que avanzar, y esto es indiscutible, que se trata de la única exterminación con un antecedente ideológico más que bimilenario. Esta masacre de masas no habría tenido lugar sin la preexistencia del antisemitismo. Éste es prácticamente contemporáneo de la constitución como entidad religiosa organizada del pueblo judío en el siglo III antes de nuestra era. Este antisemitismo antiguo se prolongó con el cristianismo durante los siglos siguientes. Regularmente, los judíos han marcado su historia de manera continuada. Las Cruzadas fueron la ocasión de purificar algunas ciudades de esta "ralea". En los países eslavos, los pogromos han salpicado la historia oficial. En ninguna parte tanto odio ha perseguido durante tanto tiempo a una población concreta, y en tantos países diferentes, desde España hasta Rusia. El judío está por todas partes y siempre, independientemente del asunto israelí-palestino, sujeto al menos a la desconfianza, si no al recelo.
En un segundo momento, hay que recordar que, paralelamente a la Shoah, el exterminio ha afectado también a los homosexuales, los gitanos y los retrasados mentales. Tanto los defensores de su historicidad como sus detractores tienen tendencia a olvidar esto, porque en el fondo no cuadra con las reservas mentales de unos y de otros. La presencia en esta masacre de esas tres categorías específicas es ilustrativa de la ejecución de la ideología racista nazi. Habría que profundizar en la concepción del mundo del nacionalsocialismo.
En esto, la Shoah es única: es a la vez telón de fondo y resultado de la concepción de una sociedad basada en la superioridad de una raza. En ningún otro lugar se ha llevado nunca a la práctica tal masacre. Si en Sudáfrica, en la época del apartheid, o en América, durante la esclavitud, los negros eran considerados inferiores, los que los oprimían no se consideraban una raza de señores; la instauración de un Reich de mil años les era ajena, excepto para una minoría de los defensores del apartheid, de los que se conocen vínculos con los nazis. Del mismo modo, la "disputa" del Renacimiento que tendía a saber si los pueblos conquistados, los indios de las Américas, tenían alma o no, tenía como finalidad por una parte la posibilidad de su salvación a la manera cristiana, o la de su explotación sin escrúpulos por una capitalismo mundial en ciernes.
La otra especificidad de la Shoah es su ejecución. La puesta en práctica de esta ideología racista debe recordarse. Comienza con las leyes de Nuremberg promulgadas en 1935. Esta situación "legal" se encontrará ante una situación concreta desde comienzos de la guerra en Polonia y luego en Rusia. Las tropas alemanas en su avance fulminante se encontrarán con distritos enteros de ciudades en las que habrán hacinado en condiciones espantosas a los judíos saqueados en sus ciudades o campos. La lógica se pone en marcha. La inmovilización de las fuerzas armadas, necesarias por todas partes en el frente del Este, junto a esta ideología racista, llevarán a los más decididos a elaborar y poner en marcha la solución final para permitir la creación de una raza superior. A partir de ese momento, es decir, el 20 de enero de 1942, durante la conferencia de Wannsee, bastaría con utilizar los medios industriales ya existentes y con racionalizar al máximo la masacre que ya había comenzado de forma artesanal.
Por último, la especie de fetichismo que rodea a esta historia dramática se dirige también al hecho de que los judíos religiosos se han visto incapaces de encontrar una explicación, coherente con sus creencias, a esa voluntad de hacerlos desaparecer. A las cuestiones que se plantean "¿Ha sido la cólera de Dios?", las respuestas resultan inverosímiles. Si ha habido "cólera de Dios", eso exoneraría a los autores del crimen de toda responsabilidad objetiva, al haber sido únicamente el brazo armado de un Dios vengador. Con esta razón como justificación última, nos quedaríamos en el misterio, y eso haría del Holocausto un fenómeno inexplicable. Toda respuesta sensata deberá eludir la cuestión religiosa.

Israel, Palestina y la Shoah
Aquí está el meollo de la cuestión, en el régimen de terror, de autoritarismo sin paliativos que el Estado de Israel impone a los palestinos. Aunque la reivindicación de la creación de un Estado para los judíos haya surgido bastante antes que la solución final, en un momento en que en la memoria judía sólo existían los pogromos que habían salpicado durante siglos su historia, es innegable que la realización de esta reivindicación se ha debido a la mala conciencia de las potencias occidentales tras la guerra y al descubrimiento de los campos de concentración y de las cámaras de gas que contenían. Ese es el primer punto. Enseguida le sigue el hecho de que el relato de la Shoah parece haberse convertido en la verdad oficial, que no puede cuestionarse y que en algunos países puede ser el origen de leyes memoriales como la de Francia de 1990 (ley Gayssot). Si esta verdad necesita una ley y un discurso de Estado para ser enunciada, quizás no contenga más verdad que esa. En esa extraña alternativa se han sumido los revisionistas de todos los pelajes, entre los que destaca Faurrisson, reunidos por ultraminoritarios ultraizquierdistas embarcados en un discurso de una dialéctica delirante.
Hoy Israel y sus partidarios, frente a los reproches a que ha dado lugar su práctica casi terrorista de mantenimiento del orden en Palestina y en Gaza, sólo pueden ya justificar lo injustificable mediante el recurso sistemático a la excusa de la Shoah. El presidente iraní, al proferir sus amenazas contra Israel, alimenta esa paranoia victimista. El aumento del poder de las fuerzas religiosas extremistas judías produce una ideología racista, en la que el palestino pierde su cualidad de hombre o de mujer para convertirse en una simple amenaza permanente.

Masacre de masas y Shoah
En este contexto, no pudiendo negar la realidad de la solución final, los nuevos revisionistas, movidos por su solidaridad con el pueblo palestino, tratan de desmitificar la Shoah, de retirar a Israel su justificación victimista considerándolo como una masacre igual que otras. Aceptar este planteamiento es negar que lo que hicieron los nazis y sus aliados fue más que una simple masacre. Es negarse a preguntarse qué pasó durante aquellos terribles años. Es considerar normal que la humanidad vaya de masacre en masacre sin preguntarse jamás sobre su propia responsabilidad, pues siempre son los demás los causantes.

Pierre Sommermeyer
(Le Monde libertaire) Subir


¿Hundimiento o desvío?
La isla y la ideología catastrofista

Los problemas de superpoblación, de falta de recursos y de ruina han sido tratados recientemente por el ensayista norteamericano Jared Diamond. Su otra, titulada Colapso, extrae cinco factores como causa del hundimiento de una sociedad (1):
1.- Los daños medioambientales.
2.- Un cambio climático.
3.- Vecinos hostiles.
4.- Relaciones de dependencia con los socios comerciales.
5.- Tipos de respuestas aportadas por la sociedad según sus propios valores.
Diamond basa su reflexión en ejemplos principalmente insulares (Isla de Pascua, Pitcairn, Henderson, Tikopia, Islandia, Groenlandia, Haití, Madagascar, Japón…). De los continentes apenas toma ejemplos (Montana, Anasazi, Ruanda, China, Australia…).
A pesar de algunos contra-ejemplos como el de Tikopia (Melanesia), la impresión general que sacamos de Colapso es que, cuanto más pequeña sea la isla, cuanto más frágil, cuanto más viva una sociedad en una isla pequeña, más amenazada se verá ésta por la degradación ecológica. Además, la multiplicación de islas en dificultades, de hundimientos locales, de espacios insulares reales o metafóricos (Ruanda tomado como ejemplo), desembocaría en el hundimiento global. Pero ese razonamiento es discutible.
Tomar el hundimiento de pequeños espacios a menudo situados en el pasado, y aplicarlo a amplias sociedades continentales contemporáneas -por no decir a la sociedad mundial/global- constituye un cambio de escala tanto en tiempo como en espacio. Pero ¿es pertinente el paso de una a otra? ¿Está demostrado? En realidad, Jared Diamond no lo justifica de modo verosímil, lo que plantea un problema. Es como si analizara la situación de una ciudad pequeña de provincias y la calculara sobre una metrópoli, sin decir cómo ni por qué. Eso no es serio. El mundo no es la adición de pequeños ecosistemas insulares.

Jared Diamond: de la sociología al catastrofismo
El enfoque particular y discutible de Jared Diamond puede explicarse. En su calidad de biólogo ha trabajado sobre la biogeografía insular antes de su best-seller. Se basaba en la teoría del equilibrio dinámico insular propuesta por el ecólogo Robert MacArthur y por el sociobiólogo Edward O. Wilson. Esta teoría, que utiliza un modelo matemático para explicar la evolución de las especies en medio insular, ha sido recibida con agrado en primer lugar por los ecólogos durante su creación en los años sesenta, y luego cada vez más criticada, incluso por sus primeros adeptos. En Colapso, Jared Diamond no habla de ella, pero su adición de islas para hacer un conjunto participa del mismo método.
Por otra parte, sus argumentos sobre el aislamiento y alejamiento insular están edulcorados. Diamond insiste además en el tercer factor, el intercambio con una metrópolis o con otras sociedades. Su análisis de La Española, isla cortada en dos con destinos muy diferentes entre Haití y la República Dominicana, escapa así al determinismo geográfico o ecológico.
Jared Diamond fu partidario de la sociobiología. Esta teoría, encarnada por uno de los autores de la teoría del equilibrio dinámico insular, Edward O. Wilson, considera que los genes determinan grandemente, si no en su totalidad, el comportamiento de los individuos y las sociedades. Para Wilson, "los genes tienen la cultura atada".
En Colapso, Jared Diamond no se refiere a la sociobiología. Se muestra más matizado y menos determinista que en algunas de sus obras anteriores, como De la desigualdad entre las sociedades (2000), sorprendente traducción y enormemente significativa del título inglés Guns, germs and steel (Armas, gérmenes y acero, 1997).
El método de sumar las islas para hacer un conjunto se parece también a la falaz concepción de la "huella ecológica", formulada por Wackernagel y Rees. Esta concepción razona sobre el módulo a la vez estadístico y conceptual de los Estados-nación como constituyentes de islas, módulo en ocasiones retro-aplicado a un simple municipio. Se ignoran los intercambios existentes entre las economías llamadas nacionales y los municipios. Funciona estúpidamente sobre el principio de isla autosuficiente. Además de los problemas metodológicos serios (sobre la toma en cuenta de los bosques y los océanos, por ejemplo), ofrece unos resultados curiosos porque, gracias a su gran superficie, Brasil dispone de una huella ecológica positiva, al contrario que Singapur.

La isla del fin de los tiempos
La noción de "superpoblación" presente en Colapso así como en la teoría de MacArthur y Wilson plantea un problema. La "demografización" de la cuestión social es sin duda causa de numerosas derivas, como se sabe desde Malthus. Podemos incluso decir que la isla constituye el prototipo del razonamiento malthusiano centrado en el espacio limitado en todos los sentidos del término, condenado a la asfixia por falta de recursos propios o de la mala gestión de éstos, y en la negación de todo intercambio económico o de la posibilidad de mejorar los recursos en cuestión. Sin embargo, se puede invertir perfectamente el razonamiento así como la política llevada a cabo.
Más ampliamente, los pequeños espacios insulares constituyen los objetos privilegiados e ideales de la teoría catastrofista ecologista que es uno de los nuevos avatares del pensamiento dominante. Basada en interpretaciones diversas de constataciones científicas, minimizando o negando incluso los debates a menudo borrascosos entre científicos, incluidos los relativos al asunto del "calentamiento global", nos reenvía a la difusión actual de las diversas profecías (pretendido hundimiento del capitalismo, choque de civilizaciones, decadencia de Occidente, fin de las utopías…).
De filiación religiosa (el Diluvio, el Apocalipsis de San Juan, el mesianismo, el milenarismo) incluso bajo una apariencia laica, cultiva la confusión de responsabilidades (la del simple ciudadano puesto al mismo nivel que las grandes empresas o los gobiernos), la culpabilización y el miedo, miedo del que se sabe desde hace mucho tiempo que no es forzosamente aleccionador y que es atributo de los regímenes dictatoriales.

El mito de la isla engullida
La isla está bajo el foco de la problemática medioambiental actual. Nadie ignora, en efecto, las amenazas que pesan sobre las islas coralinas ante una subida de las aguas que habría sido provocada por el "calentamiento global". Para muchos observadores, la violencia y la frecuencia cada vez mayor de los tifones en las islas tropicales obedecería a las mismas causas.
El nivel de alerta es muy elevado, como lo revela un titular reciente de la prensa: "Clima: el grito de alarma de los Estados insulares ante la ONU, la alianza que agrupa a cuarenta y dos pequeñas islas [AOSIS, Alliance of Small Island States] ha calificado de 'genocidio silencioso' los efectos del calentamiento" (2).
La incertidumbre o la simple prudencia científicas son a menudo ignoradas. La evaluación de las modificaciones del nivel del mar a lo largo del siglo XX oscilan sin embargo entre centímetros y milímetros según los investigadores (de 10 a 20 centímetros según el GIEC). Las previsiones sobre su futura elevación varían en varios centímetros (de 9 a 88 centímetros según el GIEC para finales del siglo XXI). Algunos afirman que con sólo unos pocos centímetros se producirá la catástrofe. Otros responden que las tormentas y los tsunamis son mucho más peligrosos. Los primeros replican que la violencia de éstos está precisamente ligada al "calentamiento global". Otros recuerdan que el nivel del mar varía claramente según los lugares, y que si aumenta actualmente en algunas regiones (océano Pacífico occidental, océano Austral), también disminuye en otras (Pacífico central y oriental, mar Báltico), especialmente en las regiones nórdicas a causa de la recuperación glaciar (3).
La mayor parte de las playas del mundo sufre actualmente una erosión más fuerte que antes, porque están privadas del aporte habitual de sedimentos ahora almacenados para la construcción de presas cada vez más numerosas (4).
Los litorales de algunas islas coralinas parecen ganados por la subida del mar, pero las causas de este fenómeno pueden ser múltiples y complejas. La destrucción de la barrera coralina o la construcción de algunas instalaciones han tenido sin duda consecuencias negativas a mayor o menor plazo. En Tuvalu, el coral ha sido explotado para construir pistas de aterrizaje, diques y una decena de proyectos más durante la Segunda Guerra Mundial. La población en crecimiento constante (2.000 habitantes en 1980, 4.500 en 2004) ha horadado las rocas. Los expertos y los observadores no se ponen de acuerdo para evaluar la evolución del nivel del océano, ni sobre sus causas (5).

Siempre se equivoca el otro
Para enmascarar una negligencia local en la gestión de los recursos, se tiende siempre a recurrir a una responsabilidad global como el "calentamiento climático" o "El Niño". Saufatu Sapo, primer ministro de Tuvalu, declaró en 2003 que el recalentamiento del planeta constituía una amenaza que se parecía a una "forma de terrorismo lento e insidioso". Los medios evocan desde entonces a los "refugiados climáticos" y los "náufragos del archipiélago de Tuvalu" (6). Sin duda, los habitantes de Tuvalu emigran cada vez más hacia Nueva Zelanda, por ejemplo, pero el crecimiento demográfico y la falta de tierras son probablemente tan responsables de ello como el aumento de las mareas altas.
En las Maldivas, cuyo presidente Abdul Mumoon Gauyoom participó en la creación de la AOSIS, las tempestades y los tsunamis han causado numerosos daños, pero no se ha producido una elevación significativa del nivel del mar. Eso no ha impedido a un reportaje llevar el título "Miedo azul: el archipiélago de las Maldivas amenazado por la subida de las aguas", y esto a pesar de las dudas que el mismo reportaje expresa (7).
Bajo el ángulo del catastrofismo, la isla sería por tanto modelo y víctima. De la isla-laboratorio utópica y acogedora del siglo XVIII (las experimentaciones y protecciones de Pierre Poivre y los fisiócratas) o en el XIX (elaboración de las teorías de Darwin o de Wallace a partir de ecosistemas insulares), se convertirá en la centinela alarmista del siglo XXI por el desarrollo sostenible. El engullimiento de las Seychelles, de las Maldivas o de Tuvalu no haría sino prefigurar una nueva escatología.

Una reflexión política que se queda corta
Sin embargo, Jared Diamond no llega hasta el final en su lógica (8). Afirma, sin duda, en un momento que "el destino de una sociedad está en sus manos y depende sustancialmente de sus propias decisiones". Pero da ejemplos suficientes que demuestran que el destino en cuestión está sobre todo en manos de un pequeño grupo de dirigentes, y que no es plenamente libre para decidir porque está encerrada en una lógica de competición que puede conducirla a su propia pérdida.
Si esta última constatación es especialmente válida en las pequeñas islas (Pascua…) o en algunos otros casos (hasta la solución final de Hitler o de los militares japoneses, por ejemplo), el destino de unos y de otros no impide el triunfo de un vencedor, o de un grupo de vencedores, que impone a su vez su lógica al mundo. La isla no desaparece, al contrario que la Atlántida o Mu, otros mitos que se imponen en el discurso medioambiental catastrofista. Se recompone. La isla hundida de Pascua desemboca en manos de los colonizadores europeos, y luego de Chile.
El cortocircuito de razonamiento político de Jared Diamond es patente en su ejemplo de Montana. En este caso, describe muy bien los daños causados por la contaminación producida por la actividad minera y los problemas creados por la deforestación; evoca incluso el señuelo del beneficio, las dificultades sociológicas entre los antiguos y los recién llegados, el rechazo de unos y otros a proceder a una verdadera planificación del suelo y de las actividades económicas.
Pero no explora la pista de la propiedad privada y de una democracia atomizada como las causas tanto locales como globales de esa situación. En lugar de eso, se contenta con estigmatizar los ingresos "exteriores" (sic) que permiten vivir a una gran parte de los habitantes de Montana (Seguridad Social, Medicare, Medicaid, etc.). Y glosa, sobre la ausencia de conciencia medioambiental del hombre, un discurso sesgado e interclasista muy acorde con nuestros tiempos.

Hundimiento y Perdidos
Considerar la sociedad insular como un actor único y atomizado, sólo en su medio, sin conexiones con el resto del mundo y sin contradicciones internas, es reduccionista. Este enfoque no es nuevo.
Lo encontramos en la literatura occidental desde el siglo XVIII. Y culmina con lo que se podría llamar "el síndrome de Robinson Crusoe" en el que, para sobrevivir, el individuo debe hacer de todo, decidirlo todo, gestionarlo todo, él solo en un lugar concreto, donde deberá desdeñar al indígena, o bien ponerse de acuerdo con él, para reconstruir su lugar y del modo idéntico al europeo, a pesar de las dificultades y la estupidez de semejante proyecto.
Retoca la ideología liberal del homo oeconomicus soberano y atomizado, constituyendo otras tantas islas personales en el archipiélago del mercado omnipotente guiado por la "mano invisible".
La encontramos sin dificultad en las emisiones de la llamada "telerrealidad", como Koh-Lanta en Francia, o Supervivientes en el mundo anglosajón, o incluso Perdidos. Estas emisiones están obsesionadas por una postura social-darwinista entre los "ganadores" y los "perdedores", casi naturalizada por la fusión que constituye el "grupo" oponiendo una especie a otra, por añadidura subliminalmente tintada de racismo (los Azules contra los Rojos, por ejemplo), con una preferencia por las islas tropicales más glamourosas. La evolución de la serie Perdidos hacia un mensaje bíblico tontorrón confirma la dimensión escatológica subyacente en el discurso catastrofista insular.
Se comprende que el libro de Jared Diamond, surfeando por todos esos temas, haya causado estruendo entre los medios de comunicación ávidos de sensaciones, entre los medios científicos que practican la escalada catastrofista y entre los medios militantes que han "olvidado" su pasado sociobiólogo. Todo bañado en una ambiente vulgar que se empeña en ofrecer diagnósticos a menudo incompletos y soluciones inapropiadas. La anarquía de los meteoros merece algo mejor que los gurús o los creyentes.

Notas:
1.- Diamond Jared, Collapse, how societies chose to fail or succeed (2005). En español, Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen (Debolsillo, Barcelona 2007).
2.- Le Monde, 23 de septiembre de 2009, p.4.
3.- La desintegración de los grandes glaciares prehistóricos provoca en las regiones afectadas una dilatación de la corteza terrestre, como si fuera elástica, cuyos efectos son todavía perceptibles, que se eleva en relación al nivel del mar. Anny Cazenave, "Les variations actuelles du niveau de la mer: observations et causes": L'Homme face au climat, Édouard Bard (dir.), Odile Jacob, París 2006, p.85-101.
4.- Roland Pasakoff, Les littoraux, impacts des aménagements sur leur évolution, A. Colin, París 1988.
5.- L. Allen, "Le réchauffement n'engloutirá pas les îles Tuvalu mais…": Courrier International (2004), p.56.
6.- Le Monde, 10 de junio de 2008, p.3.
7.- Sylvie Cachon: "Maldives, une peur bleue": Télérama 2744 (agosto 2002), p.18-21.
8.- Richard Smith: "Capitalism and Collapse: contradictions of Jared Diamond's market meliorist strategy to save the humans": Ecological Economics 55 (2005), 2-1, p.294-306.

Philippe Pelletier Subir


Imaginación y poder

"La imaginación al poder" ha resultado ser una de las consignas más atractivas que haya producido el movimiento de mayo de 1968. Ha sido retomada en múltiples ocasiones y -paradójicamente, se ha hecho más necesario alcanzarla- por los mismos potentados a los que atacaban los revolucionarios, mientras que, entre estos últimos, agitadores y oradores, la mayoría en primer plano, y a menudo algunos militantes causantes del desvío y la explotación por su propia cuenta, fueron testimonio de ello, fáciles de reconocer y de reencontrar en cuanto a las vías conducentes al poder, con una muy fértil imaginación. El eslogan funcionaba con excelentes resultados, la palabra convertida en acto: los que la habían imaginado y pregonado encontraban plaza en una buena y lucrativa posición en los lugares privilegiados del poder: periodismo, universidad, radio y televisión, edición, política, investigaciones y misiones de todo tipo.

Imaginar ¿creación o locura?
La expresión que asocia "imaginación" a "poder" está, verdaderamente, cargada de ambigüedad. El significado "manifiesto" que saca a la luz el eslogan se plantea la imaginación como una facultad de creación, de apertura, de libertad, de fantasía, casi la noción equivalente a "creatividad" de la que nos burlamos en nuestra época; estaría en posición de resistir y de ganar por la mano a los detentadores del poder, a los "sentados", al establishment, a los notables, a los ricos, a los que no tienen más objetivo que preservar y consolidar su dominio, que conservar y acrecentar patrimonio, privilegios y beneficios. En esta perspectiva creadora que se daba entre los "manifestantes" de mayo de 1968, "la imaginación al poder" tiene como vocación y función subvertir el poder y abatirlo, para sustituirlo por una visión y una política de liberación, de engrandecimiento y de realización del individuo.
Contra esta concepción, que podría calificarse globalmente de "progresista", y que constituye uno de los resortes del pensamiento anarquista, se trazan y dominan casi siempre figuras de la imaginación que nos arrastran en una dirección radicalmente diferente: Pascal dice de ella que es "dueña del error y la falsedad"; Malebranche la ve como "la loca de la casa", que con sus "locuras" se opone al trabajo de la razón; Sartre le dedica dos ensayos, y la considera una potencia opuesta a lo real, dedicada a hacerlo desaparecer, a despojarlo, a "anularlo" como le gusta decir; funciona pues en oposición de lo que el psiquiatra Pierre Janet consideraba como una función superior del espíritu humano, la "función de lo real".

Poder y "función de lo irreal"
Parece claramente que nociones como "imaginación" y "poder" cubren campos tan amplios, la primera en el terreno del psiquismo individual, el segundo en el de las organizaciones colectivas, que escapan a las definiciones, incluso a las más extensas. Con más razón cuando, por una parte, se analizan las relaciones fundamentales, conflictivas y cómplices que esas dos "potencias" tejen entre sí, en lazos desconcertantes, enloquecedores, y por otra parte si consideramos el modo en que trabaja la imaginación, con una fuerza de arrastre irresistible, en el seno de las colectividades, orientando o desbaratando los juegos y retos del poder, y la manera paralela con la que, por otra parte, el poder puede ser exaltado, idolatrado, conservado, mantenido, o degradado, arrancado, derribado y anulado por medio de las puestas en escena, tan pronto fastuosas y espectaculares como odiosas y subterráneas, del imaginario.
En sentido estricto, la expresión "la imaginación al poder" no quiere decir nada, pero de todos modos, no hay un sentido estricto. La imaginación no tiene de "estricto" más que su definición académica tradicional como "facultad del alma" (el fisismo, los "estados del alma" conscientes e inconscientes) ante una de sus actividades más intensas y dinámicas, que integra no sólo las sensaciones, percepciones e imágenes que le dan su contenido específico, sino también las relaciones de éste último con lo real, interno o externo. La imaginación ejerce una "función de lo irreal" en relación íntima con lo real. La razón sin imaginario es casi impensable, e incluso las matemáticas, sistema de racionalidades abstractas, llevan consigo un imaginario implícito, que queda en suspenso, en reserva o reprimido, pero llegan no obstante a conseguir, síntoma sorprendente, una especie de "resurgimiento" proponiendo nombres llamados "imaginarios" y otras construcciones análogas (podrían testimoniarlo, en este plano, los trabajos de esos pensadores "depresivos" que fueron Cantor haciendo malabarismos con los alephs, o Gödel con los ángeles y los demonios). Por último, el imaginario está atiborrado de emotividad, estando ambas funciones entrelazadas hasta el infinito, siendo una para la otra apoyo, resonancia, vehículo, puesta en forma, vasos permanentemente comunicantes.

Chupar el culo al fantasma
Las revueltas del estilo de mayo del 68 -no sólo me refiero a los "agitadores" con nombres, sino también a los "centinelas perdidos" que evoca Kropotkin en El espíritu de la revuelta que, a su manera discreta, están manos a la obra- difícilmente pueden reivindicar "la imaginación al poder". Es una contradicción en términos: una "imaginación" entendida como inventiva, apertura, libertad, que llegaría "al poder" y se instalaría en él, y gozaría (no hay mayor goce que el del poder, a todos los niveles), renegaría de sí misma. Cosa que, de hecho, se produce a cada momento: los "imaginativos", creadores, artistas, escritores, poetas, desde que franquean los umbrales de la notoriedad, las instituciones y los elevados ingresos, vienen, sin excepción o casi, a figurar entre los servidores celosos, lacayos y disfrutadores del poder, lo que es prueba de bastante imaginación para acariciarlos en el sentido de su pelo ya bien lustrado y cuidado, basta casi siempre con un desayuno o una cena, una futilidad cultural, una fórmula "civilizadora", o una "misión", o un "comisariado", una silla plegable diplomática, para realmente troncharse de risa.
Una de las ilusiones más graves del espíritu de revuelta es creer que ésta tiene el privilegio de la imaginación (podríamos añadir, del "corazón"). Un desmontaje psicoanalítico revelaría sin demasiada dificultad lo que, tramado en el inconsciente, anima y mantiene una misma creencia. Se olvida demasiado hasta qué punto la imaginación, y las estructuras psíquicas en general, van ligadas al poder, y que incluso en lo esencial, son las estructuras imaginarias las que sirven de asiento y de trampolín para el ascenso al poder, para su ejercicio y su triunfo. El nazismo es quizás la construcción imaginaria más "fabulosa" que ha conocido la historia: nada de lo que sale de la imaginación, en cualquier terreno, ha podido escapar a su influencia ni a sus delirantes usos: mitologías, leyendas, fábulas, producciones literarias, musicales y filosóficas, y esos símbolos de grandes botas (los que pisotean un rostro humano, diría Orwell) que son la tierra, la sangre, la raza, la nación y la propia percepción del espacio (el espacio "vital") y del tiempo (el Reich "de los mil años"), pavimentan vías estratégicas para desfiles en masa, colosales, marciales o folklóricas festividades que están encarnadas de modo muy concreto en el imaginario, incorporadas, "territorializadas". Miles de cuerpos reducidos al estado de moléculas idénticas se funden y desaparecen en una figura masiva, una bandera, un saludo, un icono, que las ingiere y exalta, las hace exultar hasta lo más profundo de sí mismas; monstruoso fantasma en el que el "uno para todos" se convierte y fusiona en uno (el pueblo Uno), en el que el "todos para uno" se convierte y fusiona en uno (el Führer) que es todos (el Reich), en accesos de delirio colectivo, de "locura" pánico mecánicamente enmarcada, tirada a cordel por una razón que ha perdido toda referencia humana, y aparenta un espectáculo que es la misma Obscenidad (¡la razón chupando el culo a un fantasma!). Esta relación de la masa y el uno ha sido tratada por varios autores: el Jefe de la Masa está en Freud, "masa y fusión" en Sartre, "el hombre-masa" en Ortega y Gasset, "masa y poder" en Elias Canetti, etc.

Del "Ni dios ni amo"…
¿De dónde viene este poder del poder? Todavía parece legítimo hablar de ilusión a propósito de la idea tan común según la cual el poder tiende a concentrarse sistemáticamente en una única cabeza que lo monopoliza. Fabulistas, historiadores, politólogos y filósofos han mostrado su "fuerte carácter", el "hombre fuerte", como se suele decir. Yo diría más: hombres "forzados", forzados por su naturaleza de hombre, empujados a la fuerza hacia la cabeza (cabeza y falo van a la par) por todo lo que no es ellos y hacia ellos converge: las comunidades (masas) ante todo, la suya y la de los otros (papel de los "enemigos"); y, en el interior del grupo, los que son empujados por la fuerza de las pulsiones, el sexo, las influencias, la muerte, sus propios fantasmas, y quienes necesitan una máscara (en latín, persona), una Persona inflada hasta la fascinación (en latín, fascinum, encanto, maleficio, miembro viril), tras la que avanzar enmascarados, que pueda servir a la vez de polo de atracción y de cobertura y, arrancando a cada sujeto a lo real, a esa baja y vil tierra, llevarlo, con todo su potencial pulsional, hacia lo alto, hacia algo Más-Alto, que retire ese potencial y lo reenvíe a los sujetos alucinados bajo la forma de sustancia imaginaria y de semblante fantasmagórico. Las figuras de los Faraones y de los Reyes divinos sobrecargan así las arterias del poder, origen de esa especie de arteriosclerosis religiosa provocada por los pesados y grasientos almacenes de lo imaginario. Desfilan ante nuestra mirada estática y petrificada, deslizándose por tantas culturas, nombres célebres: César, Alejandro, Tamerlán, Gengis Kan, Aníbal, Cromwell y, erigidas en fetiches, todas esas cabezas de cartel históricas y actuales; hemos podido y seguimos pudiendo ver en acción a Franco, Mussolini, Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, Hussein, y a un Castro que persiste en sangrar a su pueblo, o a un Ahmadinejad, con otros muchos asesinos de la misma calaña (gusta decir, curiosamente, que "juegan a dos bandas").
Pero también son "caracteres fuertes" esos Personajes hinchados a otro "fantacarismático" que valen para cualquier comedia o engañifa, empeñados en hacer siempre tanto y más que razón, hay que ver que todos tienen más vocación antropológica de producir imágenes piadosas y alucinatorias, de suscitar explosiones afectivas, de alimentar delirios asesinos, que vocación de aclarar las causas profundas, los encadenamientos determinantes, el "vacío existencial", como se dice, de los acontecimientos, y las construcciones e invenciones concretas que hacen la historia de la humanidad en tanto que humanidad (a diferencia de los "historiadores consagrados" dedicados a cantar las "glorias", los pensadores libertarios como Péguy o Kropotkin nos proponen orientaciones pertinentes). Pretendidamente "fuera de lo común", en el crimen, la aventura o la impulsión creadora, todos esos seres tienen en común esta característica, necesaria y suficiente: se erigen (con el apoyo de estatuas y monumentos) en maestros, y pretenden ser dioses (o sustitutos del dios, o su profeta exclusivo, o inscritos en su filiación directa, en cuerpo, alma o derecho). Concluimos pues, frente a semejante cuadro, tronando en la visión del historiador como del político o del filósofo, que debería prevalecer más que nunca la fórmula indispensable de la anarquía: "Ni dioses ni amos", aunque fueran unos dioses o amos surgidos y formados de la más terrosa tierra humana.

…al "Puedo, luego existo"
Lo que se puede dar casi por seguro es que el sujeto humano, el individuo, esa singularidad viva que habita, en la que pase lo que pase, lo único irrecusable que hay en el mundo, el individuo, aparece como la última y primordial realidad en la que puede alojarse la raíz de todo poder. Por eso la mayor parte de los pensadores anarquistas, de Stirner a Kropotkin y Reich, han hecho de ella el nervio de la acción y la reflexión: acción individual, reflexión personal y crítica, existencia concreta de uno libre y autónomo contra todo, práctica primordial de la educación, puesta en cuestión permanente de la participación en todo poder u organización, sea la que sea.
Se plantea ahora un problema, constatado desde hace tiempo y de manera particularmente desgarradora por el joven amigo de Montaigne, Étienne de la Boétie, en su Discurso de la servidumbre voluntaria, o Contra uno (1576), que podríamos formular en estos términos: ¿de donde proceden esos seres humanos conscientes (homo sapiens), voluntarios (homo valens), activos (homo faber, homo laborans), resistentes (homo nolens) y creadores (homo ludens), viviendo en comunidad (homo politicus), que se someten con tal docilidad y pasividad, y a la vez con celo, a la "tiranía", a la dominación de unos, de un pequeño número y, finalmente, de Uno sólo? Se han evocado y analizado diversos factores, decisivos y válidos. La Fuerza, en primer lugar, bajo su aspecto tanto físico como espiritual: así han podido constituirse las castas militares, que disponen de instrumentos de represión y de destrucción, y fundan su poder en el asesinato, el miedo y el terror, y las castas sacerdotales, que manipulan, en un registro similar, creencias y emociones, explotando imágenes y figuras entretejidas de ilusiones: ídolos, fetiches y avatares de todos los géneros de lo invisible, lo indecible y lo impensable (¡qué imaginación!), tales como divinidades, ángeles, demonios y otras entidades que un psicoanalista racional enviaría sin pena a las multitudes aristofanescas. La organización específica de los espacios de vida, de trabajo y de creencias ha contribuido bastante a servir de apuntalamiento y de perennización a los ejercicios del poder. Las técnicas de producción y de intercambio, los sistemas económicos, las constituciones y aparatos jurídicos, los modos de educación, de transmisión de la información, todos han contribuido, en proporciones distintas según las culturas, por la fuerza, la astucia, la mentira y rivalizando con la imaginación, a instituir, mantener, y asegurar el triunfo de los más diversos tipos de Poder.
Pero, cualesquiera que sean las armas empleadas, burdas o sofisticadas, incendiarias o a fuego lento, para crímenes individuales o para masacres, los poderes que recurren a ellas no llegarían a ningún fin si no encontraran algún eco, respuesta o asentimiento, la mayor parte de las veces inconsciente, en algún lugar alojado en la raíz misma del ser individual. A éste último pertenece, pues, la última palabra. No estará seguro de que sea la palabra buena o justa, pero nos parecerá que expresa una intuición psicológica elemental universal desplegada de este modo: todo sujeto tiene indudablemente conciencia de sí mismo, piensa en sí mismo, por el mero hecho de nombrarse y de decir "yo", y tenemos la célebre fórmula de Descartes, "Pienso luego existo". Pero tenemos el derecho de pensar que el "yo pienso" (cualidad eminente del sentimiento de ser) es llevado por una fuerza o una energía más elemental, más primaria, nativa si se puede decir, es decir, que ha nacido con el propio ser y lo anima y apoya durante toda su existencia. Esta energía no es ni más ni menos que un poder ser, es decir, en su forma burda, reducida a lo esencial: un poder. La noción filosófica susceptible de aclarar tal poder con más vigor y pertinencia es la del conatus (palabra latina que significa "esfuerzo") de Spinoza, pensador anarquista en la plenitud del término ("maldito", se ha dicho): el conatus es un esfuerzo del ser por "perseverar en su ser". Una propuesta sobrecogedora y límpida, que cada uno la tome, y que tome ella a cada uno, en su propio ser. Pero quizás refleja un poco demasiado una cierta alegría spinoziana y la confianza en la vida por parte del autor de la Ética y del Tratado teológico-político. Pondremos por tanto el acento sobre "esfuerzo" más que sobre "perseverar", indicando "esfuerzo" una potencialidad, una posibilidad, ofrecida por el verbo "poder" en el sentido más elemental, y sin embargo, más densamente enérgico, del término.
Esto nos lleva a proponer esta fórmula expresando una intuición original, fundadora quizás de la estructura humana: "Pienso, luego existo". Secuencia que podría también invertirse: "Existo, luego puedo". Ambas designan la experiencia irreductible de todo ser humano: el ser como esfuerzo y potencialidad, siempre de algún modo distanciado y en desfase respecto a las potencias externas. Nos parece que es esta experiencia, esta intuición (a la vez el "yo puedo" y el "yo soy") la que merece ser tomada en consideración, en cuanto a raíz irreductible de autonomía, en las relaciones entre poderes e individuo. Desde que el hombre experimenta y pronuncia (entendiendo desde lo más profundo de sí mismo) estas palabras: "Soy", "Puedo", se encuentra dirigido, actuando en virtud tanto de su estructura caracteriológica como de las exigencias del medio y de la coyuntura histórica, ya sea abundando en el sentido de los poderes establecidos, con los cree sentirse en connivencia y a los que delega su "poder", tratándose entonces de "servidumbre voluntaria" y alienación y complicidad, ya sea reivindicando su propio ser y su propio poder, un espacio en el seno del Yo en el que atrincherarse, resorte radical y vital de la resistencia del sujeto y del espíritu de revuelta.

Roger Dadoun Subir


Lo que creo saber del poder

El anarquismo, estoy de acuerdo, no es en absoluto una ideología política monolítica y lo que se oculta bajo ese nombre está atravesado por numerosas corrientes de pensamiento y de militancia, que no siempre son convergentes. Sobre estas cuestiones tengo mis preferencias y mis convicciones, y las descubriré a continuación.

Dos presunciones básicas…
Dicho esto, me parece no obstante plausible sostener que una de las mayores aportaciones de este vasto conjunto, tanto en el pensamiento político como en la acción militante, concierne a esta exigencia que el anarquismo ha hecho suya de abordar todo poder con una presunción de sospecha y de ilegitimidad. La célebre fórmula "El poder está maldito" resume bien esta idea. Su indispensable y complementaria contrapartida es otra presunción, pero esta vez favorable, en cuanto a la libertad, que se presume moral y pragmáticamente preferible.

… y sus corolarios
Esas dos presunciones son fundamentales y fundadoras. Están también, creo, lógicamente vinculadas a otras dos ideas corolarias que confieren toda su sustancia a todos los anarquistas, entre los que me reconozco como el primer seguidor.
La primera idea, ligada a la presunción de ilegitimidad del poder, conduce a exigir a todo poder que se justifique y haga la prueba de su ilegitimidad, sin lo cual se hace necesario el combate. En mi opinión, el cogito del anarquista, su punto de partida, sería algo así como: "Pienso luego lucho".
La segunda idea está ligada a la presunción favorable hacia la libertad cuyo desarrollo se estimula. Ahora bien, esto ha de hacerse necesariamente de manera progresiva, a medida que se desvele la ilegitimidad de las múltiples formas que toma el poder: eso lleva a tomar, modestamente, acta de la historicidad y la progresividad de nuestros análisis y conclusiones, y de ese programa histórico y militante que nos invita a encontrar los poderes ilegítimos y combatirlos.
Hay más entre esos pensadores y militantes en lo que yo me reconozco con gusto. Creo que su tarea consistente en localizar, forzándolas a legitimarse, todas las formas de poder, de autoridad, de dominación, en luchar contra ellas siendo plenamente consciente del carácter histórico y progresivo del reconocimiento de sus formas ilegítimas, supone lo que yo llamaría -empleando un término en desuso- la virtud, pero añadiéndole, veremos pronto por qué, el adjetivo "epistémica".

Virtudes epistémicas del anarquismo
Para empezar, la idea misma de pedir justificaciones supone querer y poder dar razones, aceptar unas y juzgar otras como inaceptables, y decir en cada caso por qué; en resumen, el concepto mismo del anarquismo presupone debate, razones, intercambio racional, autonomía de pensamiento y espíritu crítico.
Además, el anarquismo así concebido se inscribe dentro del amplio legado racionalista de las Luces y me parece que la reivindicación de esas virtudes epistémicas tiene la enorme ventaja de evitar a quien las practica tropezar con dos escollos catastróficos para cualquier proyecto político.
El primero es el escollo nihilista, al que se llega pensando a priori que ningún poder puede justificarse jamás. Creo que una parte del pensamiento político contemporáneo, y no sólo entre los anarquistas, ha sucumbido a esta deplorable tendencia irracional y relativista.
El segundo es el escollo individualista y aislacionista, al que se llega si se renuncia a intercambiar, a escuchar, a tratar de convencer.
Bakunin dijo a este respecto algunas cosas que siguen siendo justas, y leo en el pasaje que sigue (Dios y el Estado) una descripción de algunas de esas virtudes que yo llamo epistémicas: "¿Se deduce que rechazo toda autoridad? Lejos de mi esa idea. Cuando se trata de botas, acudo a la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de una vía de tren, consulto al arquitecto o al ingeniero. Para determinada ciencia, me dirijo al sabio especialista. Pero no me dejo imponer ni por el zapatero, ni por el arquitecto ni por el sabio. Los escucho libremente y con todo el respeto que merece su inteligencia, su carácter, su conocimiento, reservándome mi derecho indiscutible de crítica y de control. No me conformo con consultar una sola autoridad especialista, consulto varias; comparo sus opiniones y escojo la que me parece más justa".
La segunda presunción de la que he hablado anteriormente y el hecho de que sólo progresivamente hayamos ido reconociendo las formas ilegítimas de poder (consideradas por los mejores militantes desde hace apenas unas generaciones, las diversas formas de opresión de las mujeres, de los sexos, de las culturas, de las razas habían sido invisibles e insospechadas) llaman también a las virtudes epistémicas. Deben, en efecto, llevarnos a la mayor modestia y, por el reconocimiento de nuestra debilidad, prohibirnos cualquier forma de arrogancia.
Se impone ahora una conclusión, que muchos otros militantes han sacado antes que yo: el anarquismo, en su búsqueda y puesta al día progresiva de las formas ilegítimas del poder, en su lucha por su abolición, es indisociable de un proyecto a la vez cultural y pedagógico de perfeccionamiento individual y colectivo afinando en la discusión y las luchas nuestra sensibilidad hacia las formas ilegítimas de poder.
Este trabajo ayudará en primer lugar a descubrir que muchos tipos de poder, en algunos casos sin duda alguna, son ilegítimos; pero debería también ayudar a imaginar con qué sustituirlos, a dar el gusto por ese combate y la convicción de la victoria.
Hemos trabajado en todos los ámbitos desde que ha aparecido el anarquismo en la escena del pensamiento y de la militancia políticos, digamos, por resumir, que hace unos dos siglos. Lo mejor que hemos hecho ha sido, si no me engaño, poner en marcha esas virtudes de las que he hablado.
Pero nuestro mayor desafío sigue siendo lo que no hemos podido todavía solucionar y que sigue planteado por las instituciones económicas: se trata por parte nuestra de proponer en la discusión y en la práctica las instituciones creíbles que puedan reemplazar a las que producimos, consumimos y dedicamos nuestro tiempo, que son básicamente totalitarias y completamente ilegítimas, con el fin de sustituirlas por instituciones que encarnen formas de poder que consideramos hoy legítimas. Para ello nos hacen falta estructuras de luchas abiertas, inclusivas, acogedoras y favorecedoras del desarrollo orgánico de la libertad, en las que no se pueda fijar por adelantado a dónde nos conducirá, unas estructuras en las que "no sólo las ideas del porvenir se creen, sino también su realidad efectiva en sí" (Bakunin).
En el logro de ese proyecto, estoy seguro, las virtudes de las que he hablado encontrarán, una vez más, el modo de probar que son indispensables

Norman Baillargeon
(Le Monde libertaire) Subir


Coloquio entre la hipocresía y la estupidez

En estos tiempos de oro en que vivimos, la grandeza de los acontecimientos en el desenvolvimiento orgánico de las aptitudes sociales desborda nuestras contenidas pasiones. Con expresión jubilosa en el semblante saltamos al ruedo en donde se debaten todas las contiendas sociales: deporte, tradición, trabajo, jolgorio, economía, ciencia... es menester conversar para no llegar nunca a ninguna parte. Que nosotros sepamos la combinación entre hipocresía y estupidez sujeta a otros defectos del animal humano, jamás llegó a buenos términos, cuando las deliberaciones toman un cariz color rojo agranatado como el vino en su proceso de maduración. El pasado día, a una de estas conversaciones molestas se le antojó salir a nuestro encuentro y hete aquí la esencia misma de su sinrazón.
Un hombre de avanzada edad ensañábase con un perro a la vuelta de la esquina, al lado de una farmacia, el susodicho pegaba al animal porque éste no respondía a sus demandas de obediencia. Los gritos del miserable can, que nada podía hacer por libertarse de los palos de su dueño, no tardaron en alertar la sensible gazmoñería de una multitud de gentío que comenzaba a chismorrear cada vez en tono más enfático formando una piña. La primera en arder encolerizada fue una mujer, después el resto, por orden; del más estúpido hipócrita al menos atrevido, todos vejaron al hombre con todo tipo de improperios: imbécil, desgraciado, animal, arrogante, mala persona... Los insultos iban de menos a más.
-Nosotros, por supuesto, abominamos cualquier tipo de maltratro animal.
El hombre, viéndose acorralado, pronto cesó sus acometidas contra el animal y éste sus alaridos que más parecíanse a lamentaciones por haber incurrido en algún error. El hombre completamente ruborizado y atónito en un primer momento, que desde siempre había visto tratar así a los perros, pronto arremetió defendiéndose de tan cruel espectáculo protagonizado por el tumultuoso gentío.
El corro de gente bramaba en irrespetuosa competición, los balcones y ventanas repletos de gente curiosa, el hombre defendiéndose a voces y el pobre animal quebrantado de la molienda de palos recibidos, todo un desatino de la razón amoratada, que parecese a una comedia en que dos actores ebrios de vino y opio intentan dar caza a una mosca con una caña de pescar.
Era un sábado a media mañana, cuando varias de estas personas encontrábanse reunidas a 50 metros del sitio donde tuvo lugar el vergonzoso suceso del perro y el hombre, en la entrada de un pequeño bar, donde una barra exterior tentaba con espumosa cerveza las voluntades de dichas personas, que entre movimientos ascendentes y descendentes de los brazos estimulaban el cerebro hasta un estado de conciencia en el que las palabras comenzaron a formar pesadas conversaciones.
Juan.- Oye Pepe, recuerdas al sinvergüenza del hombre que en la otra calle pegaba al pobre perro.
Pepe.- Me acuerdo Juan, hay que ver el trato de algunos individuos, son más animales que los animales,
Paco.- Es verdad, esta sociedad no respeta ni siquiera a los pobres animales, qué habrán hecho ellos para merecer esto.
Juan.- Hombre, chavales, tampoco es eso, que todos sabemos que existen perreras para cuidar a los perros, zoológicos donde los animales viven en paz a salvo de los cazadores, y no hablemos de los ecolorristas.
Pepe.- Ecologistas, Juan, Ecologistas, se dice ecologistas.
Juan.- Ya lo sé Pepe, coño, ecologistas, y como decía, esta gente como otras son grandes personas que dejan sus vidas por los animales.
En una de estas saltó Concha sintiéndose incomoda y sin más dijo: perdonad que os interrumpa, yo también defiendo vuestra tesis de naturalistas, pero estaréis de acuerdo conmigo en que hay que experimentar con los animales para encontrar la cura de enfermedades que nos salven las vidas.
Todos saltaron a una para hacerse con la conversación y respondieron de muy buena gana:
Juan.- ¡Ahí le has dado, Concha!, eso es distinto, como sabía yo que tú como titulada y nombrada bióloga diferencias situaciones y razonas con brillantez.
Paco.- Sí, es verdad, en eso Concha yo también estoy de acuerdo, si no fuera por la investigación animal que sería de nosotros, no quiero ni pensarlo.
Pepe.- Debe saberse reconocer, como personas civilizadas que somos, dónde se encuentran los limites del maltrato animal, y debo reconocer sin duda alguna que esto no lo es.
Los rostros enrojecían gradualmente con lo violento de los impulsos y, a la sazón, la platica discurría por este sendero de los sinsabores.
Juan.- Oye, os habéis enterado a propósito de estos canallas que quieren quitar las preciosas corridas de toros.
Paco.- Sí, ya lo he oído, es lo que faltaba, que eliminen de España esta tradición milenaria con tantos adeptos como tiene. Menuda estupidez, que dicen los listos de turno que el toro sufre, y a ellos qué les importa, ¿es suyo el toro?
Pepe.- Una gran verdad, chavales, la que el filósofo Fernando Savater añadió; decía que el toro es un animal que vive muy bien y que total por 20 minutos que le torean y le matan no tiene importancia, es más, que no sufre.
Juan,- Bueno, que tal os parece si esta tarde nos vamos todos a ver la corrida de toros de la TVE y pasamos el día en mi lonja, asamos unas chuletas y a tomar por culo, lo demás es cuento.
Todos los presentes asintieron con la cabeza y en eso quedaron.
Razonen ahora ustedes, si se sienten capaces para ello, y saquen una conclusión del coloquio redactado.
¿No es esta la revelación de la pura y diáfana estupidez e hipocresía a la que tanto las gentes intelectuales como el vulgo llegan por los arrebatos de una crueldad todavía presente en el hombre y por una manifestación de la actual y aterradora mala conciencia que dicta la sentencia de un orden social en que a mucho que se mire el disparate gobierna las multitudes?

F.R.GG.AA.E.H. Subir


 

Capitalismo, autogestión, ética

Conferencia de la AIT

La Shoah

¿Hundimiento o desvío?
La isla y la ideología catastrofista

 

Imaginación y poder

Lo que creo saber del poder

Coloquio entre la hipocresía
y la estupidez