PERIODICO ANARQUISTA
Nº 263
 JUNIO 2010

 

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Otra vez nos toca pagar su crisis

Resulta curioso cómo en España un autodenominado gobierno socialista está legislando contra la clase obrera con más arrogancia y descaro de lo que lo haría uno de los llamados neoconservadores o neoliberales. Sí, ante esa crisis de la que tanto nos hablan y algunos no nos acabamos de creer, el Gobierno va a introducir una serie de medidas que van a servir para enpobrecer aún más a los trabajadores de este país y para asegurar los constantes beneficios de las clases poseedoras.
No nos creemos la crisis económica; es uno de tantos reajustes del sistema capitalista, esta vez con las empresas financieras (bancos y cajas fundamentalmente) con enormes agujeros en su contabilidad. Para sacarles del atolladero, los gobiernos echan mano del dinero público, pero en ningún momento pensarían en hacer algo similar para sacar a los trabajadores desempleados de la miseria. Los gestores del capitalismo saben bien quién es el amo.
En el paquete de medidas que el Gobierno español está aprobando figura una bajada del sueldo de los funcionarios, pero para nada se plantean reducir los altos cargos. Se recortará más el gasto público en cultura y sanidad, pero no se pondrá coto al despilfarro de las Administraciones Públicas en cosas inútiles ni se suprimirá el dinero para la Iglesia, cosa que ahorraría muchísimo dinero (pero muchísimo).
Abaratarán el despido diciendo que así se creará empleo. Creemos que abaratando el despido lo que se crea es mucho despido, un desempleo feroz que puede hacer palidecer a la nada despreciable cifra actual de cuatro millones de parados. Tienen intención de subir la edad de jubilación hasta los 70 años, y encima dice la vicepresidenta del Gobierno (socialista, no lo olvidemos) que es indecente que haya gente que que no esté de acuerdo en alargar la edad de jubilación.
Lo que nos parece indecente es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 euros al mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a 6.500.
Nos parece indecente que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.
Nos parece indecente que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura).
Nos parece indecente que un ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con 7, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.
Nos parece indecente que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.
Nos parece indecente el ingente dinero destinado a sostener a los partidos, aprobado por los mismos políticos que viven de ellos.
Nos parece indecente el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.
Pero quizá lo más indecente es que los sindicatos agachen la cabeza ante todo esto y, como mucho, amenacen con una jornada de huelga ridícula; pero, claro, para eso están, para domesticar y aletargar a los trabajadores y que así el gobierno (socialista, no nos cansamos de repetirlo) pueda servir con más holgura y tranquilidad a su amo: el capitalismo.
Si seguimos sin hacer nada la cosa seguirá a peor. Si seguimos pensando que alguien vendrá a solucionarnos las cosas, acabaremos con una argolla en el cuello. Si no nos movilizamos estamos perdidos.

A. G.


Solidaridad internacional

La Comisión Relacionadora de la Internacional de Federaciones Anarquistas reunida en Berlín el 9 de mayo de 2010:

-Expresa su máxima cercanía y solidaridad con las luchas que los trabajadores y todo el pueblo griego han emprendido contra el pesado y violento ataque político y económico desencadenado para continuar garantizando los márgenes de beneficio, privilegio y poder a las clases poseedoras y dirigentes.

-Hace suya la necesidad de máxima unidad entre todos los proletarios de los países implicados por los efectos de la crisis para un frente de lucha común y solidaria.

-Expresa su completa solidaridad humana a las familias y a los amigos de las víctimas de los trágicos sucesos ocurridos en Atenas, pero a la vez rechaza toda instrumentalización de estos hechos por parte del gobierno griego y de los organismos internacionales que lo apoyan, los cuales quieren descargar las responsabilidades de los efectos violentos y desastrosos de sus políticas antipopulares sobre los movimientos de oposición.

-Llama a la máxima vigilancia y movilización contra cualquier maniobra represiva y autoritaria que, a partir de los sucesos griegos, quiera sofocar cualquier anhelo de autoorganización y de lucha por la libertad y la justicia social.

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Relaciones Cuba-Venezuela:
¿qué decir desde una perspectiva anarquista?

Para cualquiera que se reclame anarquista, la hermandad entre quienes en diversas partes del mundo aspiran y luchan por una transformación social radical hacia la libertad e igualdad en solidaridad, debe ser un principio cardinal en la teoría y la práctica. Correlativamente, para los ácratas, los vínculos entre Estados no pueden sino despertar recelos, habida cuenta que hablamos de lazos entre estructuras de opresión, desigualdad e injusticia que siempre el anarquismo ha denunciado y combatido, como igualmente lo ha hecho contra el capitalismo. Por lo tanto, la conducta política general de los anarquistas ha sido -salvo contadas y polémicas excepciones que han
terminado por confirmar la regla- promover y practicar la solidaridad internacionalista entre oprimidos y explotados, lo que exige repudiar y enfrentar activamente a esa instancia de opresión y explotación que son los Estados, tanto en su expresión para cada país como cuando se asocian de algún modo, pues ello suele traducirse en resultados poco o nada favorables para la población que controlan.
Pero, ¿y cuando los Estados que se relacionan son progresistas, revolucionarios o se proclaman como tales? Esta sería la situación en el caso de los estrechos nexos actuales de los gobiernos de Cuba y Venezuela, de modo que surge la cuestión: ¿queda entonces en suspenso o cancelada la clásica posición anarquista de combatir al Estado o las coaliciones de Estados?
Desde la ignorancia o la falsificación del anarquismo habrá quien diga que sí, porque esos supuestos Estados socialistas son un avance en la ruta a la revolución social que deseamos, así que aun cuando tengamos críticas u objeciones, siempre serán menores a los logros que se alcanzan o son factibles bajo la batuta de estos gobiernos. Además, se agita el espantajo de lo terrible que sería si esos Estados revolucionarios naufragasen, pues el control político lo tomaría la más diabólica derecha pro-imperialista y neoliberal, pesadilla que se debe evitar aun a costa de aceptar autoritarismo, represión, corrupción, ineficacia técnica, ineficiencia administrativa, y todos esos otros males que parecen florecer mientras más se fortalece y prolonga la existencia del Estado socialista, como lo han evidenciado todos los regímenes marxista-leninistas que en el mundo han sido.

Del dicho al hecho
Justamente, en la experiencia concreta -51 años para Cuba, 11 en Venezuela- de lo que han sido y son estos pretendidos Estados socialistas, se ratifica que, ante la posición anarquista de repudiar cualquier forma de dominio estatal institucionalizado, no se puede argumentar la salvedad del carácter "progresista" o "menos malo" de los gobiernos que rigen en nuestros países. Para quien desee en el caso de Venezuela evidencias contundentes y continuadas que, desde el punto de vista socialista libertario desmontan la falsedad de tal pretensión, basta con revisar lo que hemos publicado en El Libertario desde 1999. Comprobación parecida para el caso de Cuba se evidencia en varias páginas web, donde se hace oír la voz de los libertarios cubanos de dentro y fuera de la Isla. En ambos casos, se desmonta además la trampa del antiimperialismo que cacarean los dos regímenes, que con griterío antiyanki de ocasión encubren múltiples compromisos y acuerdos vergonzosos con el gran capital transnacional, púdicamente disfrazados de empresas mixtas tanto en uno como en otro país.
Con semejantes Estados, de ningún modo se puede esperar que sus relaciones sean en esencia beneficiosas para el común de la ciudadanía de los respectivos países. Si lo vemos desde el ángulo del pueblo cubano, cínicamente podría argumentarse que gracias al cuantioso subsidio económico que la Isla recibe desde Venezuela, estimado desde diversas fuentes como aún mayor a lo que se recibía en el pasado desde la URSS, ha mejorado el nivel y calidad de vida en el país, superando la desastrosa situación vivida en el "Período Especial", tras la caída del bloque soviético y subsiguiente desaparición de su respaldo económico. Pero lo cierto es que se ha pasado de una a otra forma de subordinación económica, donde Cuba depende de lo que pueda y quiera proveerle el régimen chavista.
Aunque la propaganda de uno y otro gobierno intenta convencer a los crédulos que existe intercambio y cooperación entre socios con recursos equivalentes, donde Cuba aporta conocimientos y recursos humanos calificados a cambio de un valor similar en petróleo y productos de la economía venezolana, basta con aproximarse con objetividad y mínimo juicio a donde laboran profesionales, técnicos y expertos cubanos en Venezuela para ver que sus saberes y competencias aportan muy poco a lo que existía previamente, y normalmente están allí porque al gobierno chavista le resultan políticamente sospechosos la mayoría de sus equivalentes locales, que además exigen ingresos y reivindicaciones que a esos cubanos les están vedadas.
En todo caso, el peor efecto de esta relación para el pueblo cubano es haber proporcionado una bombona de oxigeno a un régimen que se ahogaba, el cual pasó de ser comensal de la corte soviética a pensionista del albergue "bolivariano", sin que el tránsito de una a otra situación implicase que el Estado ha dejado de ser un peso muerto para las sufridas costillas del cubanito de a pie.

Pero, ¿no es distinto con Chávez?
Por el lado del pueblo venezolano, se intenta venderle el cuento según el cual, gracias al régimen chavista y a la colaboración gubernamental cubana, ha mejorado su acceso a la cobertura de necesidades como la salud o la educación, además de otros aspectos como el deporte y la cultura. Lo cierto es que aquí, tanto las cifras confiables disponibles como los múltiples testimonios que se escuchan en la vida cotidiana, demuestran que la situación es bien distinta al mito publicitario oficial, y si alguna vez pareció estar cercano a la verdad, por ejemplo con el impulso inicial a la Misión Barrio Adentro de salud hace 5 ó 6 años, ahora es claro el engaño.
Como se comprueba día a día, el absolutamente visible rol de más de 40.000 cubanos tiene cada vez menos relación con las necesidades colectivas antes mencionadas, y más con los instrumentos de control y represión del Estado venezolano. Son notorios en oficinas de identificación, en registros de documentación pública, como asesores para la comisaría política en cualquier dependencia oficial, y ni hablar de su papel en los "anillos de seguridad" que guardan espaldas, mansiones y lugares de trabajo del Big
Boss y la alta burocracia. También, y admitido públicamente por Chávez el domingo 25 de abril de 2010, está su presencia en el ejército, en plan que deja pequeño lo que en otros tiempos era la misión militar de los USA.
Como conclusión, para los anarquistas hoy debe ser claro que el Estado cubano, por su misma supervivencia, es un parásito del Estado venezolano, que a su vez lo requiere para intentar sostenerse en el control y dominio de la sociedad que rige. Pero recordemos lo que decíamos al comienzo, sobre un supuesto esencial del anarquismo como lo es la solidaridad desde abajo entre los pueblos que luchan contra el Estado y cualquier otra forma de opresión. Por eso, los libertarios de Venezuela y Cuba estamos impulsando vínculos desde las bases sociales, pues la solidaridad es obligada para enfrentar retos comunes.

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Arte, antifascismo y anarquía

A veces se producen encuentros contra natura que dan lugar a obras sabias, que toman vida propia y dan ocasión para reflexionar. Es el caso de Essen, en la cuenca del Ruhr, en Alemania. Allí, el arte contemporáneo, sobre todo la pintura, tiene una cita con el nazismo. De hecho, se trata de una conmemoración. A comienzos del siglo XX, un rico heredero decidió construir, en esa ciudad dedicada a la producción de acero, un museo que albergara colecciones de objetos procedentes de las ciencias naturales, obras de artesanía artística y el inicio de una colección de cuadros, de los que un Renoir fue el primero, representando a una joven, Lisa, con su sombrilla. Al morir su propietario en 1921, el museo pasó a ser propiedad del Ayuntamiento.
La adquisición de cuadros contemporáneos continuaría. Encontramos tanto cuadros de Van Gogh como de Seurat, de Kirchner o de Kandinsky, por no hablar de Chirico, Matisse o Gauguin, y otros muchos. Este Museo Folkwang recibió por entonces el título del "más bello del mundo". Después, en 1933, llegan otros aficionados al arte.

Los nazis y el arte degenerado
Como todos los totalitarios, los nazis no soportan las obras del espíritu, especialmente cuando ofrecen una representación de la realidad no conforme a las normas estéticas heroicas. Cuando, además, los artistas son de izquierdas y muchas veces judíos, se rebasan los límites soportables. Como para todos los totalitarios, el arte debe estar al servicio del poder. No hay más justificación que el estar dirigido a consolidar el modo de ver a los dirigentes, sirviéndoles de portavoz.
La lucha contra el arte degenerado culmina con la exposición de Múnich en julio de 1937. En todos los museos, las obras de arte sujetas a caución fueron descolgadas, embaladas y enviadas a Múnich. Se calcula alrededor de 5.000 pinturas. Esta exposición, inaugurada por el propio Hitler, atraerá en Múnich a 200.000 personas; después circuló por todo el país. Irónicamente, será la primera exposición masiva de arte moderno de la Historia. Como consecuencia lógica de esta expropiación, en mayo de 1938 fue votada la ley "relativa a la confiscación de los productos del arte degenerado" por el Reichstag. Eso va a permitir el acaparamiento por parte de algunos jerarcas nazis de cierto número de obras; entre ellos, el más conocido fue Goering, que no pudo resistir el hacer sus compras en todos los lugares donde le precedía la Wehrmacht.
Los cuadros que escaparon al fuego que destruyó Alemania al final de la guerra fueron vendidos al extranjero por un régimen a la caza de divisas extranjeras necesarias para sufragar la guerra.

El regreso del arte exiliado
Instalado en un nuevo edificio de líneas depuradas, el Museo Folkwang, cuyo nombre, procedente de la leyenda germánica, significa "palacio del pueblo", nos invita a acudir a ver esos cuadros dispersos por todo el mundo, de regreso durante cuatro meses a su lugar de nacimiento. El visitante se ve recibido, nada más empezar, por un gran cuadro de Oskar Schlemmer en el que el aficionado informado no puede evitar hallar una referencia a ese cuadro mundialmente conocido de Velázquez, que también inspiró a Picasso, Las meninas. De este modo, el odio nazi contra el llamado "arte degenerado" se muestra a plena luz como un odio contra todo lo que no estaba antes que ellos. Estas obras que han sobrevivido al Reich, han perdido su carácter de vanguardia, y al mismo tiempo se han convertido en pilares indiscutibles del arte pictórico contemporáneo. Si la mayoría de esos pintores fueron opositores al régimen nacionalsocialista, hubo no obstante uno que no lo fue. La aportación de Emil Nolde al arte es tan indiscutible como su atracción por el partido de Adolf Hitler, al que se adhirió en 1935. Le hubiera gustado ser reconocido por ellos, pero su pintura estaba en las antípodas de los criterios nazis. Nolde pertenece sin duda a la corriente expresionista alemana. Pintó un retablo que representaba la vida de Cristo de un modo absolutamente espectacular, con los personajes en colores vivos y con trazos gruesos. Aunque fue defendido por Goebbels, sus cuadros acompañaron a los presentados en la exposición que hemos mencionado. En el museo, al lado de sus cuadros, hay dos telas de Signac de una luminosidad maravillosa. Si se conocían las opiniones de Nolde, se hacía todo lo posible por ocultar las de Paul Signac a favor del anarquismo. Dos pintores de estilos muy diferentes, si no opuestos, como lo fueron sus opiniones, se encuentran humillados por los partidarios de la superioridad racial aria.

Arte y deber de memoria
Durante los cuatro meses que dura esta exposición, Essen se convierte en uno de esos lugares de la memoria que son tan corrientes estos últimos años. El Historial de Péronne dedicado a la guerra del 14, el Memorial de Caen, que conmemora las playas del desembarco de 1944, los cementerios militares, el Memorial de la Shoah de París o el de Berlín, los monumentos a los muertos en las ciudades de una u otra zona de las fronteras, así como la conservación con partidarios y detractores de todos los lugares del horror que fueron los campos de concentración o los lugares de ejecución, se diría que nuestro mundo no ha terminado con las conmemoraciones de su propia locura. Bajo una forma u otra, el espectáculo persigue la muerte. En el libro de oro del Museo Folkwang, un visitante francés lamentaba que el periódico Le Monde le hubiera dedicado una página doble sin darse cuenta de que la barbarie no nos ha abandonado. El arte, cualquiera que sea su forma, tiene poco espacio en la política, de derechas o de izquierdas, y menos todavía entre los que se consideran revolucionarios. Todos lo consideran accesorio incluso aunque le dediquen tiempo y dinero de modo ritual. El modo en que los regímenes políticos de todos los tiempos consideran la producción artística, es revelador de la libertad y felicidad que reina en ellos. La disidencia artística ha existido desde siempre y en todas partes. François Cheng ha dedicado un libro asombroso a los pintores chinos de la vía excéntrica que durante siglos pintaron obras contestatarias del arte oficial, que vistas por ojos occidentales resultan incomprensibles en cuanto a su dimensión rebelde. Por eso, cuando un museo como este abre sus puertas a cuadros que escaparon al fuego de la historia, se plantea uno la cuestión de saber si eso basta para que impedir que vuelva a suceder lo mismo. Podemos plantearla para todos los memoriales rituales que sirven más para exorcizar el pasado que para prevenir los horrores del porvenir. Porque el vientre sigue siendo fecundo, como recordaba en 1964, en el periódico Combat, el escritor Alain Bosquet, por entonces director literario de una gran editorial, al juzgar que "la consagración del pintor americano Rauschenberg es un acontecimiento degradante en el que puede uno preguntarse si el arte de Occidente podrá recuperarse". Es necesario también recordar a los émulos franceses de los guardias rojos que quisieron, en mayo de 1968, cubrir de rojo los frescos de Puvis de Chavannes que adornan las paredes del gran anfiteatro de la Sorbona.

El anarquismo y el arte
Si la sed de justicia, la revuelta insurreccionalista y la lucha cotidiana por no caer en el consumismo son los motores del anarquismo, la relación militante con el arte se ve frenada por el envoltorio que la encierra y la presenta. Los príncipes obispos en el Occidente medieval cristiano cumplieron, estafando a los ciudadanos, el papel de conservadores del arte por medio de la construcción de catedrales. En la tradición francesa moderna, es cometido del Estado poner en marcha los dispositivos necesarios para la preservación y presentación del arte en todas sus formas. En la esfera germánica, la tradición renana del mecenazgo patronal ocupa un importante lugar en la política museística del otro lado del Rhin. El edificio del Museo Folkwang ha sido financiado en gran parte por la Fundación Krupp, cuya función es gestionar el legado de Alfred Krupp, criminal de guerra nazi. Esta misma situación se da con las empresas Burda o Wurth, por ejemplo, cuyos museos están presentes en una decena de países.
Hoy, en el movimiento anarquista nos preguntamos qué lugar ocupa la manifestación artística. Parece estar muy lejos del acto militante, como algo accesorio en la lucha política. En este museo de Essen, los cuadros presentados conviven con objetos antiguos magníficos, procedentes de Egipto, de Grecia o más recientes, de Bali, pero todos de carácter cotidiano. Esta convivencia hace replantearse hasta qué punto nuestra vida diaria es pobre en objetos bellos, no estereotipados. Tenemos la pretensión de construir una sociedad armoniosa y nos olvidamos a menudo de que la actividad artística es consustancial con esa armonía. El arte prefigura lo que queremos. Cuántas veces hemos rechazado lo bello en nuestros panfletos, nuestros carteles, nuestros periódicos a cambio de una especie de reflejo militante austero, cuando deberían ser tan bellos como quisiéramos. No podemos ser todos artistas, pero el arte deber ocupar un lugar central en nuestras acciones.
Para terminar, podemos decir que la tarea histórica del anarquismo es reintegrar el arte en la vida cotidiana o, lo que es aún más importante, permitir a cada uno que haga de su vida una obra de arte.

Pierre Sommermeyer
(Le Monde libertaire) Subir


Ciencia versus religión

Lleva ya mucho tiempo desarrollándose una lucha implacable entre la ciencia y la religión en la que durante mucho tiempo, y aún en nuestros días en amplias zonas del globo, ha vencido esta última, ejerciendo con férrea tiranía su dominio sobre la humanidad. Pero llegará el día, no muy lejano, en que la razón vencerá y, por fin, "la verdad nos hará (un poco más) libres".

La religión es un magno poder que dispone de las más intensas emociones humanas. Sabido es que, en tiempos, abarcaba todo lo que en la vida humana era espiritualidad, que ocupaba el lugar de la ciencia cuando apenas existía una ciencia, y que ha creado una concepción del universo incomparablemente lógica y concreta, la cual, aunque resquebrajada ya, subsiste aún hoy en día.
Si queremos darnos cuenta exacta del poderío de la religión, deberemos hacernos presente todo lo que pretende procurar a los hombres. Les explica el origen y la génesis del universo, les asegura protección y dicha final en las vicisitudes de la vida y orienta sus opiniones y sus actos con prescripciones que apoya con toda su autoridad. Cumple, pues, tres funciones. Con la primera, satisface el ansia de saber de los hombres; hace lo mismo que la ciencia intenta con sus medios y entra así en rivalidad con ella. A su segunda función es quizá a la que debe la mayor parte de su influencia. En cuanto mitiga el miedo de los hombres a los peligros y vicisitudes de la vida, les asegura un desenlace venturoso y los consuela en la desgracia, no puede la ciencia competir con ella. La ciencia enseña, desde luego, cómo es posible evitar ciertos peligros y combatir con éxito ciertos padecimientos; sería injusto negar que auxilia poderosamente a los hombres; pero, en muchas situaciones, tiene que abandonarlos a sus cuitas y sólo resignación sabe aconsejarles. En su tercera función, cuando formula prescripciones, prohibiciones y restricciones, es en la que la religión se aleja más de la ciencia. Pues ésta se contenta con investigar y fijar. Aunque también de sus aplicaciones se deriven, ciertamente, reglas y consejos para la conducta en la vida. En ocasiones, las mismas prescritas por la religión, pero, entonces, con distinto fundamento.
La coincidencia de estos tres contenidos de la religión no es por completo transparente. ¿Qué puede tener que ver la explicación de la génesis del mundo con la imposición de determinados preceptos éticos? Las seguridades de protección y bienaventuranza aparecen más íntimamente enlazadas a las exigencias éticas. Son el premio al cumplimiento de tales mandamientos; sólo quien a ellos se somete puede contar con semejantes beneficios; los desobedientes son castigados. También en la ciencia hallamos algo análogo. Para ella, quienes desprecian sus aplicaciones se exponen a graves perjuicios.
Para mejor comprender esta singular coincidencia de instrucción, consuelo y exigencia en la religión, basta someterla a un análisis genésico. El cual debe partir del punto más impresionante del conjunto, de la explicación de la génesis del universo, pues ¿por qué todo sistema religioso ha de integrar forzosamente una cosmogonía? La doctrina general es que el mundo ha sido creado por un ser semejante al hombre, pero amplificado en todo, poder, sabiduría e intensidad de las pasiones; por un superhombre idealizado.
Es interesante comprobar que tal Creador es siempre uno solo, aun en aquellas religiones que admiten pluralidad de dioses. Y también que es casi siempre un hombre, aunque no falten casos de divinidades femeninas y algunas mitologías hagan empezar precisamente la creación del mundo con la muerte de una divinidad femenina rebajada a la categoría de monstruo, a manos de una divinidad masculina. Dicho dios creador es considerado como padre de los hombres. El hombre religioso se representa la creación del mundo a la manera de su propia génesis.
Ahora se explica ya, fácilmente, cómo las seguridades consoladoras y las severas exigencias éticas concurren con la cosmogonía. Pues la misma persona a la que el niño debe su existencia, el padre (o más exactamente, la instancia parental compuesta por el padre y la madre), ha protegido y vigilado al niño, débil e inerme, expuesto a todos los peligros acechantes en el mundo exterior; bajo su guarda se sintió seguro. Adulto ya, el hombre sabe poseer fuerzas mayores, pero también su conocimiento de los peligros de la vida se ha acrecentado, y deduce, con razón, que, en el fondo, continúa tan inerme y expuesto como en la infancia; sabe que frente al mundo sigue siendo un niño. Por lo tanto, no quiere renunciar tampoco entonces a la protección de que gozó en su infancia. Pero ha reconocido tiempo atrás que su padre es un ser de poderío muy limitado y en el que no concurren todas las excelencias. En consecuencia, recurre a la imagen mnémica del padre, tan sobreestimado por él, de su niñez; la eleva a la categoría de divinidad y la sitúa en el presente y en la realidad. La energía afectiva de esta imagen mnémica y la persistencia de necesidad de protección sustentan conjuntamente su fe en Dios.
También el tercer punto capital del programa religioso, la exigencia ética, se adapta sin violencia a esta situación de la infancia. El mismo padre (la instancia parental), que ha dado la vida la niño y le ha protegido de los peligros de la misma, le enseñó lo que debía hacer y lo que no debía, le indicó la necesidad de someterse a ciertas restricciones de sus deseos instintivos y le hizo saber qué consideraciones debía guardar a padres y hermanos si quería llegar a ser un miembro tolerado y bien visto del círculo familiar y luego de círculos más amplios.
Todas estas circunstancias las integra luego el hombre, sin modificaciones, en la religión. Las prohibiciones y las exigencias de los padres perviven como conciencia moral en su fuero interno. Del cumplimiento de las exigencias éticas depende qué medida de protección y de felicidad sea otorgada al individuo; en el amor a Dios y en la conciencia de ser amado por él se funda la seguridad con la que el individuo se acoraza contra los peligros que le amenazan por parte del mundo exterior y del de sus congéneres.
Expuesta así, a grandes rasgos, la prehistoria de la concepción religiosa del universo, atenderemos ahora a lo que ha sucedido desde entonces y sucede aún hoy ante nuestros ojos. El espíritu científico, robustecido con la observación de los procesos naturales, ha comenzado a considerar la religión como un asunto humano y a someterla a un examen crítico. Que la religión no ha podido resistir. Fueron primero sus relatos de milagros los que despertaron extrañeza e incredulidad, porque contradecían todo lo que la observación serena había enseñado y delataban manifiestamente la influencia de la fantasía de los hombres. Luego hubieron de encontrar repulsa sus doctrinas explicativas del mundo existente, pues testimoniaban de una ignorancia que llevaba impreso el sello de tiempos antiguos y a la que el hombre se sabía superior merced a su mayor familiaridad con las leyes naturales. La doctrina de que el mundo habría nacido de actos genitores o creadores, análogamente a la génesis del individuo humano, no parecía ya ser la hipótesis más inmediata y evidente.
También las afirmaciones religiosas que prometen al hombre protección y dicha, en cuanto cumpla determinados mandamientos éticos, se demostraban inverosímiles. Parece más bien que los destinos del hombre no son conciliables con la hipótesis de una bondad universal, ni con la de una justicia universal, que, en parte, contradiría aquélla.
La religión es una tentativa de dominar el mundo sensorial, en el que estamos situados, por medio del mundo optativo, que en nosotros hemos desarrollado a consecuencia de necesidades biológicas y psicológicas. Pero no lo consigue. Sus doctrinas llevan impreso el sello de los tiempos en los que surgieron, el sello de la infancia ignorante de la humanidad. Sus consuelos no merecen confianza. La experiencia nos enseña que el mundo no es una "nursery".
La lucha del espíritu científico contra la concepción religiosa del universo no ha llegado aún a su término y sigue desarrollándose ante nuestros ojos. El pensamiento científico no es, en su esencia, distinto de la actividad intelectual normal que nosotros todos, creyentes e incrédulos, utilizamos en el despacho de nuestros asuntos en la vida. Se esfuerza en mantener alejados los factores individuales y las influencias afectivas, examina severamente la garantía de las percepciones sensoriales en las que basa sus conclusiones, se procura nuevas percepciones imposibles de lograr con los medios cotidianos y aisla las condiciones de estas nuevas experiencias en experimentos intencionadamente variados. Su aspiración es alcanzar la coincidencia con la realidad. A esta coincidencia con el mundo exterior real es a lo que llamamos verdad. Ella es la meta de la labor científica, incluso cuando prescindimos de su valor práctico. Así, pues, si la religión afirma que puede sustituir a la ciencia y que, por ser benéfica y elevadora, tiene también que ser verdadera, ello constituye una intrusión que debe ser rechazada en nombre del interés general.
La prohibición de pensar que la religión decreta en servicio de su propia conservación, entraña también graves peligros, tanto para el individuo como para la comunidad humana. En las vidas de casi todos los individuos sobresalientes de tiempos pasados pueden señalarse los daños imputables a esta inhibición religiosa del pensamiento.
La esencia misma de la razón garantiza que nunca dejará de otorgar su debido puesto a los impulsos afectivos del hombre y a lo que por ellos es determinado. Pero la coerción común de un tal reinado de la razón resultará el más fuerte lazo de unión entre los hombres y procurará otras armonías. Aquello que, como la prohibición religiosa de pensar, se opone a una tal evolución, es un peligro para el porvenir de la humanidad.
Podemos ahora preguntar por qué la religión no pone término a esta pugna, tan sin esperanzas para ella, declarando franca y espontáneamente: "Es cierto que yo no puedo daros aquello que generalmente es llamado la verdad; para ello debéis ateneros a la ciencia. Pero lo que sí puedo procuraros es mucho más bello, consolador y elevador que todo lo que podéis recibir de la ciencia. Y por eso os digo que es también verdadero en un sentido distinto y más alto". La respuesta es fácil: la religión no puede hacer semejante confesión, porque perdería con ella toda influencia sobre la masa. El hombre común no conoce más que una verdad en el sentido común de la palabra. No puede representarse lo que pueda ser una verdad más alta o suprema.
Así, pues, la pugna no ha terminado. Los adeptos de la concepción religiosa del universo, obran conforme al antiguo principio de que la mejor defensa es el ataque. Preguntan: ¿qué es esa ciencia que se atreve a desvalorizar nuestra religión que ha otorgado salvación y consuelo a millones de hombres durante millares de años? ¿Qué ha hecho por su parte? ¿Y qué podemos esperar de ella? Se confiesa incapaz de procurar consuelo y elevación. ¿Y sus doctrinas? ¿Puede decirnos cuál ha sido el origen del mundo y cuáles han de ser sus destinos? ¿Puede trazarnos siquiera una imagen coherente del mundo y mostrarnos la condición de los fenómenos inexplicados de la vida y cómo actúan las fuerzas espirituales sobre la materia inerte? No ha resuelto aún ningún problema de este orden. Reúne observaciones de regularidades en el curso de los sucesos, a las que da el nombre de leyes y las somete a sus aventuradas interpretaciones. ¡Y qué mínimo grado de seguridad atribuye a sus resultados! Todo lo que enseña es tan sólo provisional; lo que hoy es ensalzado como máxima sabiduría es rechazado mañana y sustituído por otra provisionalidad. El último error es entonces la verdad. Y a esta verdad se pretende que sacrifiquemos nuestro mayor bien.
El camino de la ciencia es, en efecto, lento, penoso y vacilante. No es posible negarlo ni evitarlo. Y así, no es maravilla que disguste a los señores del otro lado, a quienes la revelación se lo ha dado todo hecho.
En la crítica antes expuesta de la ciencia hay también buena parte de exageración. No es verdad que vaya ciega de un experimento a otro, que trueque un error por otro. Y, además, por lo menos en las ciencias más maduras, hay ya actualmente un sólido núcleo central que sólo es ya modificado y perfeccionado, pero no cambiado. No todo son, pues, dificultades en la actividad científica.
Y por último, ¿qué se pretende lograr con tan apasionados ataques a la ciencia? A pesar de su incompletud actual y de las dificultades a ella inherentes, nos es indispensable y nada puede sustituirla. Es susceptible de insospechados perfeccionamientos, lo que no sucede con la concepción religiosa deI Universo. Esta última está ya acabada en todas sus partes; si fue un error, seguirá siéndolo siempre. Ningún empequeñecimiento de la ciencia puede modificar en nada el hecho de que intenta adaptarse a nuestra dependencia del mundo real, mientras que la religión es ilusión y extrae su fuerza de su adaptación a nuestros impulsos optativos instintivos.
El pensamiento científico es aún demasiado joven entre los hombres y no ha podido dominar todavía muchos de los grandes problemas. Una concepción del Universo fundada en la ciencia tiene, fuera de la acentuación del mundo exterior real, rasgos esencialmente negativos, como el sometimiento a la verdad y la repulsa de las ilusiones. Aquellos de nuestros semejantes a quienes no satisfaga este estado de cosas y demanden algo más para su satisfacción momentánea, pueden procurárselo donde lo encuentren. No se lo tomaremos a mal, pero tampoco podemos ayudarlos a ello, ni pensar, en su obsequio, de otro modo.

Sigmund Freud
(Una concepción del Universo, 1932) Subir


Reflexiones sobre la educación y la violencia

Es habitual que la gente recurra al vulgar axioma de que llevamos en nuestra naturaleza el actuar violentamente y acabamos enfrentándonos unos con otros si no existe una autoridad fuerte que lo impida. Afortunadamente, la historia y el progreso juegan a favor de los que consideramos que no existe determinismo biológico alguno, y mucho menos de ningún otro tipo, y que el principio de autoridad (violencia institucionalizada) es pernicioso. De esa manera, se abren las posibilidades para el ser humano y la sociedad, creando las bases sólidas para erradicar la violencia, no tanto tal vez de uno como sí de la otra. Las propuestas que se dan en numerosos estudios sociales, hablando de disciplinas como la sociología o la psicología social, están muy cerca de la visión educativa libertaria, algo que debería abrir los ojos sobre la idea que se suele tener del anarquismo.
La educación tradicional, creada a partir de la Revolución Industrial, se basaba en una fuerte jerarquía, en la obediencia ciega y en apartar a los que no se ajustaran a este modelo. En la actualidad, con lo que la tecnología ha transformado la sociedad, el sistema educativo sufre una evidente crisis que, desgraciadamente, lleva a la reacción a intentar potenciar los elementos autoritarios. El acceso a la información es más sencillo que nunca, los estímulos en ese sentido son continuos, y parece claro que esa vorágine ayuda también a preparar actitudes violentas. El profesor, como ha propuesto la pedagogía libertaria, nunca debió limitarse a aportar una información y sí a ayudar al educando a que construya su propia interpretación del mundo, a que adquiera las habilidades al respecto y que se muestre tan crítico como creativo. En los libros que tratan de aportar elementos "innovadores" se habla de "educar para la ciudadanía democrática". Bien, no nos enfrentemos de momento a un problema de terminología, hablando de anarquismo (aunque, a mí no me disgusta hablar de la profundización en la democracia que supone una sociedad libertaria, desprendiendo, claro está, al término de todo carácter representativo) y dejemos a un lado, de momento, el contexto global de una instancia jerarquizada que monopoliza la violencia (se pretende erradicar la violencia de las aulas, pero se olvida esta situación socipolítica). Dejando a un lado esta cuestión de momento, los profesionales de la ciencias sociales parecen de acuerdo en considerar el absolutismo un lastre del pasado muy negativo, resulta ya ridículo insistir en certezas absolutas (propias de clases sacerdotales o mediadoras de algún tipo), y en lo importante de que aceptemos la pluralidad. El autoritarismo debe ser definitivamente superado, y solo el anarquismo irá tan lejos al respecto en sus propuestas, no solo en la escuela, también en el ámbito familiar. La escuela no es más que un microcosmos de la sociedad, por lo que no se puede separar rígidamente de ella. Por lo tanto, la insistencia en la educación es primordial para erradicar la violencia en la sociedad y ello solo es posible con una auténtica igualdad, sin exclusiones de ningún tipo; por otra parte, la educación no se limita al centro escolar, puede existir una colaboración íntima con el resto de la sociedad.
La multiculturalidad es una realidad en las sociedades posmodernas, algo que puede estar en consonancia con un pensamiento libre y con la erradicación del absolutismo, y no con caer en el relativismo más vulgar. Frente a los reaccionarios, que enfatizan los problemas que supone ese crisol de culturas, hay que insistir en utilizarla de base para una educación en la que la libertad e igualdad no sea un mero derecho establecido en un papel sin reflejo en la práctica. Los derechos humanos deben ser una conquista universal de la humanidad, y no son admisibles los aspectos de una cultura que los transgreda, la multiculturalidad junto a una educación libertaria (no se me ocurre otra palabra que aúne la erradicación del dogma y del autoritarismo) son la base para que ello sea una realidad en la práctica. Otro gran problema sigue siendo la llamada violencia de género, y de nuevo hay que insistir en una profundización en la verdadera igualdad de hombres y mujeres, el esquema de dominación sigue permaneciendo intacto (no importan quién se sitúe en lo más alto) con la apariencia de algún avance en los derechos de personas tradicionalmente marginadas. La escuela ha sido, y sigue siendo no pocas veces, habitual escenario de situaciones humillantes y excluyentes, por lo que erradicar definitivamente esas situaciones, crear la verdadera igualdad en definitiva es uno de los principales objetivos para prevenir la violencia. Porque los numerosos estudios demuestran que los agresores, en el ámbito que fuere, tienden a identificarse con un modelo social basado en el dominio y la subordinación; del mismo modo, las personas violentas suelen tener la incapacidad de empatizar con los demás y tienden a volcar en los demás las situaciones que han sufrido en sus vidas (humillaciones, exclusiones, frustaciones...), con una evidente falta de habilidad para emplear otras estrategias que no sean la de la violencia. Desde temprana edad, y para prevenir futuras situaciones violentas, es importante acabar con la marginación y favorecer en los chavales los valores de empatía y apoyo mutuo.
La psicología demuestra que existe cierta necesidad en el ser humano a creer que "el mundo es justo", lo que también conduce a pensar que los peores males nunca se producen en nuestras vidas (puede ser algo parecido a la "tranquilidad existencial" de otros ámbitos humanos, que impide que el ser humano se haga preguntas). Esta tendencia conduce no pocas veces a distorsionar nuestra percepción del mundo y a inhibirse a la hora de ayudar a las víctimas de situaciones graves. Es primordial sacar a la luz estos mecanismos, de cara a mostrarnos más lúcidos y solidarios, profundizando en los problemas sociales y tratando de subsanarlos de raíz. Es frecuente la actitud conformista, que está detrás de expresiones como "las cosas siempre han sido así", la cual lleva a la inacción y falta de compromiso, y la tendencia a minimizar situaciones graves, en la escuela y en la sociedad, de marginación y agresiones (en las que el autoritarismo suele ser el protagonista). Desgraciadamente, existen pautas profundamente arraigadas en el sistema educativo y en la sociedad y solo con transformaciones radicales, extendidas también a lo político y económico, parece posible acabar con la violencia y el autoritarismo.
Por lo tanto, y según las ciencias sociales, la jerarquización y la familia nuclear son consideradas ya un obstáculo para unas mejores condiciones educativas. Tanto la autoridad del profesor como la del patriarcado son puestas en cuestión por los análisis actuales. Frente a ello, una activa participación de los estudiantes y una íntima colaboración de la escuela con el conjunto de la sociedad. Lo que se demanda es que no haya participantes en el proceso educativo, incluidos los padres, que se encuentren aislados del mundo exterior, para así obtener una mayor responsabilidad y fortaleza psicológica para asumir y resolver problemas. Estas investigaciones demuestran la eficacia de la colaboración entre profesores y alumnos, así como entre la escuela y los movimientos sociales. Hay que observar la gran cantidad de estímulos que reciben los educandos en nuestra sociedad actual, que tantas veces les llevan a actuar de forma violenta y autoritaria. Estos riesgos, al menos en parte, son señalados constantemente, pero pocos cuestionan en profundidad la constante apología de la violencia y de la autoridad coercitiva (ambas cosas, se harán de manera explícita o de forma más sutil) que se da en los medios de comunicación y que está presente en las instituciones y en la sociedad. Los anarquistas siempre han apostando por educar y dialogar, para el enriquecimiento de diversas posturas, frente a imponer (insisto, se haga de la forma que fuere).
Frente a los numerosos problemas que sufre el sistema educativo actual, tantas veces se alude en coversaciones coloquiales a la necesidad de elementos propios de una educación "tradicional" con una autoridad más fuerte, algo demostrado como pernicioso. Es indisociable la educación con la sociedad de la que forma parte, y con los valores que en ella se encuentran, de tal manera que resulta inasumible para casi nadie, excepto en esos impulsos circunstanciales que demandan cierta regresión, una vuelta al aislamiento autoritario. Del mismo modo que, frente a los grandes problemas de la democracia representativa, no se pide un retorno a formas sociopolíticas autárquicas o autoritarias. Al igual que en el resto de la sociedad, se desea una pluralidad, una absoluta falta de exclusión y una implicación total de todas las personas que intervienen en el proceso productivo (en este caso, la educación con sus programas). Lo que demuestran numerosos estudios es que esto, no es solo una demanda moral y política por sí sola legítima, sino que las ciencias sociales demuestran que resulta también eficaz y es impensable ya recurrir a modelos autoritarios. La marginación, en cualquier ámbito, está siempre relacionada con las actitudes violentas y con un pensamiento más absolutista y egocéntrico. Profundizar en los problemas, con la paciencia y lucidez que ello requiere, y la insistencia en valores de cooperación y respeto mutuo son la características de un modelo social y educativo libertario; la tendencia es a que se mencionen estas características como las más justas y eficaces, sin que después exista una aplicación radical en la práctica. El sistema estatista y capitalista, con su jerarquización y con sus numerosos intereses económicos, hace que resulte imposible esa transformación.
Hace poco, se publicó una entrevista en la que un filósofo, especulando sobre la noción de emancipación, hablaba de nuestra recurrente crítica a los constantes estímulos informativos que, supuestamente, mantienen alienadas a las personas. De esta reflexión se deduce que existiría una discurso verdadero, que la gente desatendería debido a todo ese ruido banal y distorsionador. Según este autor, esta visión supone una falta de respeto hacia las personas y una presunción de su autoalienación. De acuerdo en parte, no deseamos sostener ningún "discurso verdadero", pero todos esos estímulos son dignos de ser cuestionados, así como el contexto en que se producen. Tal vez nuestra emancipación o verdadera identidad no está esperando a ser descubierta debajo de numerosos bloques impuestos, pero exigimos poder edificar nuestra vida y la sociedad tal y como deseemos, y para ello no existe más camino que demoler esos bloques para posteriormente ejercer ese derecho. Si la inmensa mayoría de las representaciones sociales abundan en modelos de jerarquía y violencia, las respuestas reales van a ser en gran medida acordes con ello, difícilmente podemos contraponer un mundo basado en la cooperación y la solidaridad. Resulta peculiar establecer de raíz un sistema con los medios productivos concentrados en pocas manos, subordinado a intereses privados y con la violencia institucionalizada, que da lugar a notables problemas, con numerosos excluidos y víctimas, para luega tratar de atender únicamente esos síntomas con medidas que rechazan la violencia "en todas sus formas y representaciones". Estas afirmaciones de los profesionales de las ciencias sociales son, seguramente, sinceras mayoritariamente, pero hay que acudir también a la raíz de la enfermedad y no solo a sus manifestaciones.
El modelo de dominio-sumisión es la base para la violencia o, en otras palabras, la violencia engendra violencia. Romper con esa cadena implica, en mi opinión, una transformación radical de la sociedad. Por muy loable que resulten los esfuerzos familiares y educativos en ese sentido, el contexto global en que se producen es, tantas veces, determinante. La confianza en uno mismo y en los demás, los mecanismos psicosociales que ayudan a fortalecerla, solo parece posible en una educación auténticamente transformadora subsumida en una sociedad en la que predominen esos valores. De lo contrario, la amenaza de problemas relacionados con la violencia se convierte en una realidad más tarde o más temprano. Espero que se me entienda bien, la violencia es siempre reprobable, pero existe la tendencia a condenar solo una parte implicada que, demasiadas veces, es la más débil y evidente dentro de una sociedad clasista. Este análisis, no solo no supone que no se reconozca a las personas víctimas de esa violencia, sino que pretende sentar las bases para que no exista ningún tipo de abuso en nuestra sociedad. Hablar de igualdad a nivel local, algo que tampoco adquiere un reconocimiento en la práctica por otra parte, mientras en el conjunto del planeta es evidente que hay una mayoría que no disfruta de los más elementales derechos es, cuanto menos, peculiar. Esta reflexión sobre los derechos humanos, con el reconocimiento apriorístico de que el racismo o el sexismo son algo inasumible, no puede abstraerse de un mundo dividido en naciones-Estado, con mayor o menor grado de autoritarismo, y dominado por un sistema económico basado en la explotación y el saqueo. No obstante, es de agradecer que la ciencias sociales demuestren lo necesario de la cooperación, de la igualdad y erradicación de toda discriminación, de una activa lucha por los derechos humanos y de la erradicación de raíz de las bases para el abuso y la violencia. Todo ello puede ser apoyado por el anarquismo y los anarquistas, como base para una auténtica emancipación social, pero solo adquiriendo sentido en la práctica transformadora del conjunto de la sociedad.

J. F. Paniagua Subir


El arte de volar, el exterminio
de una generación enorme

La indudable triunfadora en el reciente Salón del Cómic de Barcelona ha sido la excelente El arte de volar, escrita por Antonio Altarriba y dibujada por el popular Kim. El trabajo de uno y de otro ha recibido el premio a la mejor obra española publicada durante el año 2009. Tuve la suerte de haber disfrutado de esta obra, hace ya tiempo y como regalo de un gran amigo y libertario, una historia en la que el anarquismo juega un papel primordial. Altarriba escribe un emotivo homenaje a su padre, Antonio Altarriba Lope, que se quitó la vida el 4 de mayo de 2001 lanzándose al vacío desde una cuarta planta de la residencia donde se encontraba internado, un hombre de humildes (y mezquinos) orígenes, que vivió tiempos turbulentos en España y adquirió conciencia sobre la necesidad de construir un mundo más justo. Su vida estuvo plagada de fracasos como consecuencia de un implacable régimen y de las traiciones que él mismo hizo a sus principios empujado por las circunstancias. No elude críticas tampoco el escritor a la condición humana, pero narrando con maestría el entorno donde se producen los actos más inicuos de algunos seres humanos. La voluntaria decisión de Altarriba padre de acabar con su vida de ese modo es tomada por su hijo como el deseo, por fin, de volar libre. El escritor encontraría después un montón de hojas de papel con las memorias de su padre, y de ahí los orígenes verídicos de la obra de ficción El arte de volar.
Tal vez Antonio Altarriba, con la lectura de los recuerdos y vivencias de su padre, llegó a empatizar de tal modo, a compartir sus alegrías y sus dolores, que en una más que afortunada decisión narrativa, y seguramente con intenciones catárticas, llega a fundir su identidad en la obra con la de su progenitor. Desde el prólogo en el que se relata el suicidio, se realiza ya una declaración de intenciones al poder leerse las siguientes palabras en primera persona: "y, ahora, una vez muerto, él está en mí". No renuncia Altarriba (dejemos el nombre ya sin aclaración) a contar los hechos con los ojos del protaganista, pero desde su propia perspectiva, en una memorable intención que fusiona también la vida con la literatura sin artimañas de ningún tipo (sería, tal vez, reduccionista etiquetar de meramente realistas algunas obras). Tras el prólogo, la obra se artícula en tres capítulos denominados como las plantas del edificio que aún tiene que descender el suicida, y delimitados por la etapa histórica, desde 1910 (sin relación aparente con el año de fundación de la Confederación Nacional del Trabajo) hasta el momento de la muerte del protagonista en un significativo cambio de siglo. Este primer capítulo, situado entre los destacados años en la historia contemporánea española de 1910 y 1931, comienza con la memorable frase: "Mi padre, que ahora soy yo..." y continúa más adelante con "yo, que ya soy un solo yo". Para los que no poseemos un sentido trascendente de la vida humana ni queremos ver nuestras vidas determinadas por ello; para los que creemos en potenciar nuestra vida terrena, la única existente, al máximo, estas palabras en las que el hijo recoge el legado de su padre y hace suya su identidad son de una emotividad ejemplar, sin lectura religiosa alguna ni elevada por encima del ámbito humano. Curiosamente, la historia se abre con toda una manifestación del protagonista en la que renuncia a su raíces familiares (a excepción de la madre) e identitatarias, a las mezquindades conseutidinarias y consecuencia de la propiedad (la construcción de un muro, símbolo tan importante para que el protagonista adquiera conciencia), tal vez es un deseo temprano de construirse una vida propia partiendo de cero y de otorgar su propio sentido a su nueva identidad libertaria.
El segundo capítulo, el más extenso, que abarca nada menos que la Segunda República, la Guerra Civil y la posguerra, tiene como subtítulo, significativamente sobre la futura ideología de Altarriba, "Las alpargatas de Durruti". Un mitin de la CNT-FAI, en el que se cuestiona la deriva burguesa de la República, empezará a abrir los ojos a un hombre que teme la violencia revolucionaria, pero que termina entendiendo la época que le ha tocado vivir. Otra divertida metáfora al respecto, producto de una de las profesiones del protagonista arreglando máquinas de coser, es la que identifica reforma con costuras y revolución con rupturas. El personaje del anarquista Mariano representará la plena integridad en la historia y marcará la personalidad del protagonista a lo largo de importantes hechos generales contados a través de emotivas, heroicas y dramáticas vivencias personales: la traición de la revolución, el progresivo poder de los comunistas en el bando republicano, la militarización de las milicias, la derrota final, la trágica estancia en Francia en campos de concentración ("era todo lo que ofrecían los franceses... arena, mar y cielo") y unos años de exilio antes del retorno a la gris y opresiva España eterna. A partir de entonces, es cuando se producen en el relato las mayores frustaciones, traiciones a sí mismo y, finalmente, desesperanzas en la vida de Antonio Altarriba. En el último tramo de su vida no parece tener ya nada a lo que aferrarse, busca refugio en una residencia para ancianos que sirve de microcosmos representativo de la España de Franco y posterior democracia, una lúcida e irónica visión de la Transición con ciudadanos convertidos en sumisos integrantes de una institución terrible. Las constantes visiones del protagonista serán el reflejo de todo lo que le han arrebatado en una vida en la que una vez se dispuso a volar muy alto.
Para aquellos que todavía conserven prejuicios sobre ese medio (llámese cómic o historieta), que tanto tiene que ver con lo cinematográfico, recomiendo una obra de indudable calidad y madurez, llena de humor y de tragedia, capaz de implicar al lector hasta el punto de empatizar con un ser humano emotivo y de vivir en primera persona una historia memorable. Si hablamos de obras narrativas en conjunto, tengo que decir que El arte de volar es una de las que más he disfrutado en los últimos años. En mi opinión, hay que olvidarse de la obra más conocida del dibujante Kim, el conocido personaje Martínez, el facha, para que El arte de volar adquiera también la importancia gráfica que merece. El estilo simple de Kim esconde numerosas sorpresas que dan vigor a la interpretación visual de los memorables hechos narrados por Altarriba. Como no considero que haya una frontera entre el mero disfrute y exigencias más elevadas, entre un placer banal y sentir emoción, pienso que esta obra sobre nuestra pasado reciente (solo alguien con notables carencias puede negarse a tener memoria), personificada en alguien con nombre y apellidos, es un hermoso ejemplo de ello.

Capi Vidal Subir


III JORNADAS sobre LIBREPENSAMIENTO

Un nuevo año, unas nuevas Jornadas, y van tres.
La actividad es fruto del esfuerzo militante (activista) ateo o anarquista; surge y es impulsado por el convencimiento de que una de los mayores iniquidades se debe a la religión; el fanatismo y el dogmatismo por la gracia de Dios, en nombre de Dios, viola, tortura y asesina, todo por un ser imaginario y sus adinerados representantes. Reconocemos que fanatismo y dogmatismo no son exclusivos de la religión en su expresión convencional, lo que nos hace pensar que el cambio de los principios éticos ha de ser profundo y no reducirse a las formas.
Las Jornadas son apoyadas desinteresadamente por anarquistas, ateos; y es esta aportación colectiva lo que las hace posible.
Nos mueve la desaparición del dogma y un ser humano libre para desarrollarse según su voluntad, interés y apetencia. No nos mueve el lucro o el beneficio personal o el privilegio de un trabajo grato remunerado. La perspectiva del interés general desaparece cuando es priorizado lo personal, y lo colectivo es utilizado como excusa para el interés propio.
Comienzan las Jornadas con la proyección del documental Rocío. En 1981 asistimos a su proyección. Una sola vez la vimos, pero en nuestra retina permanecen las imágenes del absurdo, del fanatismo.
Cuando unos amigos nos propusieron ir a ver el documental pensamos que nuestros amigos habían fumado hachis adulterado o nos estaban tomando el pelo, "ir a una romería, a ver un montón de fanáticos tras una imagen, y un fuerte hedor a franquismo ¡Qué horror!. El amigo sevillano nos contestó: Que no majarones, que ez zobre el mamoneo".
Los familiares de Jose Maria Reales Carrasco, tras asistir al estreno del documental en Madrid dijeron: "También se expresa en ella que Rocío sólo resalta lo malo de la romería, convirtiéndose en un libelo indecente, sin recoger lo positivo de ésta". Es decir, según los propios nacional-católicos, lo que cuenta la película es cierto, pero negativo. A lo positivo, ya lo conocemos, bien que se han preocupado de enseñárnoslo.
Nos es grato dar la bienvenida a Moncho Alpuente, periodista, escritor y cantante que expondrá en la conferencia del segundo día el tema que ya publicó en su libro Vesros sabáticos subtitulado Autobiografía de Dios Padre, próximo a una reedición. Con el humor irónico que caracteriza a Moncho hará un recorrido por pasajes de la Biblia habitualmente obviadas por la jerarquía católica.
Agradecemos a nuestra compañera Laura de la Biblioteca Franco Serantini (Pisa, Italia) el esfuerzo que realiza al participar en estas jornadas. La ponencia que presenta en la conferencia es el resultado del exhaustivo trabajo de investigación realizado para su tesis doctoral sobre la situación de la mujer en Irlanda.
Cerraremos estas III Jornadas con la presentación del grupo Amigos del Librepensamiento… Razinger, ito domum. Proyecto que se está formando para organizar un recibimiento a Joseph, si no es posible evitar su venida, en agosto de 2011 con motivo de las Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Desde aquí hacemos un llamamiento a los padres y madres de la juventud que inevitablemente asista al encuentro, para que acompañen a sus hijos y no los dejen solos, o bien, si esto no es posible, que les den un teléfono móvil con localizador, porque la noticias sobre curas, niños y jóvenes son inquietantes, y la obligación de los progenitores responsables es cuidar de la integridad física de su descendencia.
Esperamos que el programa os resulte interesante y participéis en los debates.
Como años anteriores, las jornadas se llevan a cabo en el entrañable teatro de las Aguas de Madrid. Os esperamos.
Ni dios ni amo.
Grupo Anarquista Volia


DEL 16 AL 19 DE JUNIO DE 2010
TEATRO DE LAS AGUAS
Calle de las Aguas nº 8, Madrid
Organiza: Grupo Anarquista Volia (FAI)
http://www.jornadaslibrepensamientovoliafai.blogspot.com/
http://volia-fai.blogspot.com/


PROGRAMA DE LAS JORNADAS


Miércoles 16: Proyección - debate
Rocío de Fernando Ruiz Vergara.

Jueves 17: Conferencia - debate
Autobiografía de Dios Padre. Moncho Alpuente

Viernes 18: Conferencia - debate
Irlanda. Historia de una identidad bajo la moral católica. El caso de Irlanda como ejemplo del poder ejercido por la Iglesia en la sociedad, a partir de la construcción de la identidad femenina.
Laura. Biblioteca Franco Serantini (Pisa, Italia)

Sábado 19: Presentación - debate.
Amigos del Librepensamiento… Ratzinger, ito domum (o Ratzinger, vete a casa).


Los actos comenzarán a las 20.00 horas. Pedimos puntualidad para no interrumpir la exposición del ponente o el debate.

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Otra vez nos toca pagar su crisis

Relaciones Cuba-Venezuela:
¿qué decir desde una perspectiva anarquista?

Arte, antifascismo y anarquía

Ciencia versus religión

 

Reflexiones sobre
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