PERIODICO ANARQUISTA
Nº 258
 ENERO 2010

 

SECCIONES

  

Portada

 

Nuestro periódico

 

Tablón

 

Números
anteriores

 

Suscripciones

 

Conctacta con nosotros

 

Sitios de interes

 

Documentos
de la I.F.A.

 

 

 

 



[NUESTRO PERIODICO] - [TABLON] - [Nos. ANTERIORES] - [SUSCRIPCIONES] - [CONTACTA] - [SITIOS INTERES] - [DOCUMENTOS IFA]
Portada

El yanqui, el chino y el fin de la crisis

¡Se ha acabado la crisis! ¿No lo sabíais? Sin embargo, basta con oír los gritos de victoria de esos bancos que han sido la causa de la crisis financiera y que, gracias a nuestra ayuda, por medio de los Estados, han conseguido poder seguir explotándonos.
¡Se ha acabado la crisis! Lo dudáis, y en eso os equivocáis. Precisamente para tratar de resolver este "pequeño problema" ha viajado Obama a Pekín. Es la historia del "a ver quién aguanta más". Tratemos de comprender de qué va este juego.
Someramente, y de modo rápido, podemos decir que Estados Unidos consume lo que los chinos producen. El dinero que los chinos reciben del comercio es invertido en la deuda americana, de más o menos ochocientos mil millones de dólares. ¿Qué pasaría si los americanos dejaran de consumir los productos fabricados en China? Ahí está el problema al que se enfrenta el mundo hoy en día. La globalización de la economía tiene como corolario la globalización de la crisis. En Le Journal du dimanche de fines de septiembre, el periodista que informaba sobre el G-20 decía que "el reto era llevar a los chinos a consumir más y a exportar menos, y a los americanos a ahorrar y a producir más en lugar de endeudarse cada vez más".

La situación de los Estados Unidos
El mundo financiero, por tanto, ha salido de la crisis. Las cesiones de fondos por parte de los Estados Unidos han permitido a los grandes bancos reflotar y recuperarse con los beneficios. En el fondo es lógico; si los beneficios deber destinarse a los accionistas y los cuadros superiores, cuando hay pérdidas basta con hacer pagar a los contribuyentes a través de los Estados. Sin embargo, en los bancos de depósito y de detalle americanos, que gestionan las cuentas privadas, se ha producido el pánico. Desde comienzos de año, cuarenta de esos establecimientos han entrado en bancarrota, y la cosa no ha terminado. En agosto le tocó al First National Bank, que tenía 156,9 millones de dólares en activos, y 142,5 millones en depósitos. Tras la caída de la banca californiana Indymac en julio de 2008, que tenía 32.000 millones de dólares en activos, Wall Street había previsto una cascada de desplomes, y eso es lo que ha ocurrido. Según las estimaciones, de cien a ciento cincuenta bancos podrían echar el cierre en los dieciocho meses venideros.
Obama ha sido elegido para encarrilar a los Estados Unidos. Él sabe bien que la economía real de su país no es a la imagen de los grandes bancos. Pero ¿existe la posibilidad hacer más de lo que se hace? Evidentemente no, porque en esta historia no se trata sólo de América sino también del otro país más grande del planeta. El principal partenaire económico de los americanos es la primera potencia económica mundial, si no real al menos potencial: China.

China, potencia imperial
El Celeste Imperio se encuentra en un impasse económico y, debido al centralismo gubernamental extremo, en una situación política de equilibrio inestable en el interior del país. Pero fuera, el poder pekinés reina con pleno dominio sin tener que rendir cuentas, en dos direcciones: por una parte el mundo de las finanzas y por otra África. La consecuencia de este estado de cosas es que el poder comunista chino se apropia de grandes extensiones de la patria del capitalismo. El 19 de diciembre de 2007, el fondo soberano chino China Investment Corporation (CIC), cuyos activos llegaban a los cerca de 300.000 millones de dólares, adquirió el 9,9 por ciento del capital del gran banco de negocios Morgan Stanley por 10.000 millones de dólares. El CIC podría invertir hasta 2.000 millones de dólares en títulos hipotecarios americanos en el marco del plan actual de inversión pública y privada. A comienzos de 2009, según algunas fuentes, China poseería 739.600 millones de dólares de títulos de la deuda americana. La cuestión que se plantea es la siguiente: ¿De dónde viene ese dinero? Esencialmente, de los Estados Unidos en sí mismos, es decir, de los beneficios del comercio realizado por China. En 2008 el déficit comercial de los Estados Unidos era de 268.000 millones de dólares, y en 2007 de 258.000 millones. Las exportaciones chinas son sobre todo de productos manufacturados y en la situación que nos ocupa están en el corazón del problema planteado a las autoridades de Pekín.

¿Economía de servicio o de producción?
La elección ha venido dada por la crisis económica. Los bancos, al desplomarse, ponen en la calle tanto a sus clientes como a sus empleados, que a menudo son los mismos. El problema para el poder de Washington es volver a poner en marcha la maquinaria económica, y por tanto reducir el paro. Las cifras indican que el paro es el más alto jamás alcanzado desde hace veintiséis años. Si tenemos en cuenta las personas que han abandonado la esperanza de encontrar otro trabajo, habría, según el diario francés Le Monde del 9 de noviembre, más de un 17 por ciento de parados. Del mismo modo que el sector servicios ha sido siniestrado por lo alto y no tiene salida por lo bajo, con los inmigrantes latinos ocupando los empleos menores a cambio de salarios de miseria, la única esperanza de remediar este estado de cosas es repartir la producción de los bienes de consumo por todo el territorio americano con el fin de proporcionar empleos locales; pero para eso hay que limitar la importación de los bienes chinos. La batalla del proteccionismo ha comenzado. Hay dos modos de frenar la llegada de los productos chinos al suelo americano: unos derechos de aduana exorbitantes o el aumento del valor de la divisa china.

¿Hacia una guerra económica abierta?
Estas dos posibilidades de invertir la maquinaria son una catástrofe para la China capitalista-comunista. Todo el sistema funciona dirigido a la exportación. Las primeras medidas de represalia americana han hecho gritar como descosidos a los burócratas chinos. Para responder a la demanda americana de tubo de acero, la industria china ha triplicado su producción entre 2007 y 2008, y actualmente los gastos de aduana americanos han pasado a ser el 99 por ciento del valor importado. Una forma disimulada y eficaz de favorecer la producción de acero en suelo americano y, por tanto, de hacer que los aceristas contraten a gente (petición directa a Obama del sindicato del acero), y quizás, contribuya a hacer que aumente el ritmo de trabajo. En este terreno como en muchos otros, el mercado interior chino no puede absorber esta superproducción. La otra presión ejercida sobre Pekín afecta a la moneda. La relación yuan-dólar activa la economía americana. La divisa china está infravalorada. Una reevaluación daría lugar a la baja de las exportaciones chinas, así como a un menor interés por las deslocalizaciones y las transferencias de tecnología efectuadas por las multinacionales.
La solución para Obama y para los Estados Unidos es que el nivel de vida de los chinos se eleve, que las exportaciones americanas puedan encontrar un mercado. La visión, que el presidente americano explicó durante su campaña electoral, de una nación centrada en la producción dirigida a una industria "verde" está a punto de fracasar. Al menos es más fácil tomar el camino de la guerra económica que llevar al país hacia otra lógica de producción.

¿El Celeste Imperio en crisis?
China, ese país de mil millones trescientos treinta mil habitantes, está en situación de crisis permanente, dividida, tal como lo está ella misma, entre la burocracia y el capitalismo. El pasado mes de enero, millones de trabajadores emigrantes fueron despedidos y reenviados a sus casas. Descontentos por haber perdido sus empleos, son fuentes potenciales de problemas en los campos, todavía bajo el yugo de pequeños funcionarios reaccionarios. En 2006 se estimaba que la mitad de los hogares rurales no tenía agua corriente, que el 87 por ciento carecían de WC y que el 60 por ciento seguían empleando estufas de leña para cocinar.
Se calcula en doscientos millones el número de trabajadores, entre los dieciséis y los cuarenta años, procedentes del campo para cubrir sus necesidades y constituir una mano de obra esclava a merced del desarrollo industrial y urbano chino. El corolario, desconocido, de este desplazamiento de emigrantes único en el mundo es la suerte de los hijos de los trabajadores. Cincuenta y ocho millones de ellos se quedan en las provincias, abandonados; otros diecinueve millones han seguido a sus padres a las grandes ciudades y otros arrabales industriales. Los primeros sufren hasta tal punto la separación que se habla del "síndrome del que han dejado atrás". En cuanto a los que son llevados a las ciudades, al no poderse ocupar los padres debido a los horarios de trabajo cada vez más largos, se quejan del mismo síntoma. A ello se añaden los problemas de la delincuencia, ya sea como autores o como víctimas. El poder estima que ésta afecta a una cuarta parte de los niños del país.
El otro problema que tiene el país es la falta de tierras agrícolas. Esa es la razón de la avalancha hacia África. En Guinea Ecuatorial los obreros chinos se ponen en huelga. Dos muertos, trescientos huelguistas enviados a China: ya podemos imaginarnos el recibimiento. Para facilitar las inversiones de Pekín, numerosos países africanos modifican su legislación, demasiado laxa a ojos del poder comunista chino. Esto permite a Pekín ofrecerse a prestar diez mil millones de dólares a los países africanos, demasiado contentos al aceptar ese dinero sin tener que representar la comedia de la democracia.

Para terminar
El aumento, inevitable, del nivel de China dará lugar, muy probablemente, como consecuencia de la creación de condiciones favorables, a enfrentamientos sociales políticos entre los nuevos ricos, que exigirán más libertad para conseguir todavía más dinero, y la estructura político-burocrática que gestiona el país. Es muy probable entonces que las masas sean llamadas a colocarse unas detrás de otras. Detrás de los nuevos ricos se dispondrán los que reivindiquen una mejor vida material; los burócratas, por su parte, apelarán a la justicia social para poder esconder detrás de esa cantinela la continuación de su apropiación del país. El futuro nos dirá si, entre esos dos campos, si contra esos dos campos, se manifestará una clase obrera.

Pierre Sommermeyer
(Le Monde libertaire) Subir


De dios y la izquierda divina

Hubo un tiempo, no tan lejano, el de la Segunda República, el de la Primera, el de las Luces, en el que ser progresista, esto es: ser ateo, defensor de los derechos individuales, anticlerical, materialista y humano era un signo de distinción y de orgullo. Luego vino otro tiempo que quiso finiquitar con estos valores progresistas, primero vinieron los papas y los anatemizaron, poco después llegó el fascismo de Mussolini y los persiguió hasta enterrarlos en el mar, al poco llegó Hitler y los gasificó, Franco, a continuación, siguió su ejemplo, pero, a diferencia de aquéllos, éste duró y con el apoyo y la bendición papal, católica y de todo el orbe cristiano consiguió lo que durante siglos no habían conseguido los poderes clerical-totalitarios: destruyó la cultural ilustrada, republicana y radical de todos, o casi todos, los españoles.
Gracias al nacionalcatolicismo los españoles padecimos un lavado de cerebro de tal profundidad que nuestra forma de pensar sigue expresándose en términos religiosos. La divinidad anidó en nuestras mentes y ahí sigue. Me atrevería a afirmar, y tengo pruebas para demostrarlo, que los mismos ateos cuando se trata de valores morales respiran por los pulmones de la moral cristiana. Y no lo han entendido todavía. Y esto lo digo yo que no sólo me siento ateo sino fiel a la tradición anticlerical de los republicanos y progresistas españoles. Ser anticlerical es una toma de postura política frente a dios y sus representantes, mucho más que ser filosóficamente ateo. Tal vez sean los anarquistas que sobrevivieron a la represión del franquismo los únicos que, si releen a Bakunin, hayan sobrevivido a ese profundo lavado de cerebro al que fuimos sometidos los supervivientes de la Guerra Civil y los nacidos después.
Nunca jamás un general fascista hizo tanto por tan pocos. Nunca jamás la Iglesia católica y los cristianos occidentales podrán agradecer a Franco no sólo que gracias a él sobrevivieron, sino que gracias a él España perdió la memoria ilustrada, progresista, atea y republicana. Vivimos desmemoriados bajo el influjo místico del incienso que nos arrebata hacia todo tipo de éxtasis inmaterial, esto es, asexuado. Y me pregunto, ¿es posible la felicidad sin sexo? Las religiones monoteístas afirman beligerantemente que sí, luego será imposible encontrar la felicidad en este mundo. ¿Te asusta hablar de sexo en público y sin tabús, querido lector? No te preocupes, vete a confesar y ahí te perdonarán, después de haberte humillado ante el bien supremo.
¿Qué le pasa a una gran parte de la izquierda española que va a misa? Tiene nuestra izquierda tradición progresista, digo la izquierda de los nacidos en el franquismo, porque la anterior fue sistemáticamente aniquilada por la espada franquista que dirigía la mano episcopal, la otra parte murió en el exilio sin conexión alguna con las nuevas generaciones que actualmente ocupan los escaños del Congreso. Esta fue educada en los colegios por curas con la enciclopedia Álvarez en una mano y el catecismo en la otra. ¿Qué podíamos esperar de una izquierda sin tradición progresista nacida de las pilas del bautismo.
Tal vez, como consuelo, esta realidad educativa clerical nos ayude a entender que haya tanto meapilas infiltrado en esos partidos que se califican, o al menos calificaban, de izquierda. ¿A la izquierda de quién o de qué? A la izquierda de Dios o a la del Diablo? El espectáculo del desfile de socialistas que con un cirio en la mano rodeando a los obispos tras un paso procesional no es que sea del más puro estilo de Felipe II, de Fernando VII o de Franco, quien solía tener hasta más autoridad que estos infiltrados en los partidos de izquierda, es que resulta esperpéntico, de mal gusto, anacrónico, franquista y tercermundista. Asamblea de paletos echando incienso a los obispos. Pobre República, ¿qué fue de sus héroes, aquéllos que incineraban iglesias para purificar al pueblo?
Ahí desfilan el alcalde socialista de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde socialista de Zaragoza Juan Alberto Belloch, ¿no pretendió ser un enfant terrible?, el alcalde e inquisidor de Toledo Emiliano García-Page, el embajador de España en el Vaticano, Francisco Vázquez, todos ellos y más que no cito para poder llegar vivo al final de este artículo-encuesta, encabezados por el innombrable José Bono, a quien nombro para sacar de las tinieblas que él cree luces divinas. Y habría que nombrar a tantos que caminan delante y detrás de éstos. En la sombra, como siempre, los obispos que los manejas como a marionetas, detrás un desfile interminable que más valdría borrar de la memoria porque la ignorancia los borrará de la Historia.
Dice el tal Bono y lo dice no iluminado por su profunda ignorancia y zascandileo sino por la paloma del Espíritu Santo que tiene por costumbre anidar sobre el cabelludo cuero que protege su cabeza… Dice el tal Bono, el mismo que cuando fue elegido, consecuencia de una noche surrealista y de borrachera de Zapatero, y votado, en la sombra con bochornoso silencio, por los diputados socialistas como presidente del Congreso, acto solemne cual misa de Te Deum en el que en todo momento permaneció rodeado de militares y obispos, una perfecta estampa franquista, esperpéntica, surrealista y patética, hecha a medida del santo… Dicen que dijo el tal Bono que el socialismo, que él , en coherencia con sus afirmaciones, da por muerto, debe renovarse con la sabia, sangre y valores del cristianismo católico.
Sólo una persona que nunca haya sido ni de izquierdas ni progresista puede hacer, tras su satisfecha sonrisa, este tipo de aberrantes declaraciones. Una persona que siguiendo la doctrina de León XIII, solemnemente expuesta en la Rerum novarum y en otras encíclicas ratificadas por el mil veces impresentable papa Pío XI, aliado de Mussolini, aliado de Hitler, aliado de Salazar, aliado de Dolffus, aliado de Franco… y muchos más dictadores, quienes se propusieron acabar con el socialismo, el comunismo y la democracia liberal manu militari; una persona que siguiendo el ejemplo de Gil-Robles quien pretendió conquistar el Estado, la República, para llevar a cabo la doctrina de estos papas instaurando vía parlamentaria, como Hitler, un Estado corporativo y católico, el mismo que Franco instaurará manu militari según quedó establecido en el Fuero del Trabajo, que se inicia con la adhesión ideológica calificándose de "totalitario y católico", en cuyo nombre se dispone acabar con el proletariado, con la República, con el divorcio, con el matrimonio civil, con los anticonceptivos, con el bikini, con el cuerpo tapándolo hasta convertirlo en reducto íntimo de su dios sagrado, con la enseñanza clerical, con los derechos individuales y la democracia y en cuyo nombre encarcelaron a homosexuales y lesbianas, persiguieron a las mujeres y las condenaron a ser madres asexuadas, prohibieron pensar más allá de la doctrina cristiana y prohibieron desnudarse más allá del tobillo. Prohibieron tener cuerpo, sólo se podía tener alma y ésta enlutada.
Un señor, José Bono, que tiene como valores los aprendidos de estos señores nos propone la vuelta al fascismo, al totalitarismo, al populismo encabezando la contrarrevolución clerical que ni la propia derecha auténtica se ha atrevido a encabezar. Con razón. Qué valores católicos son esos, señor Bono, tan importantes como para colocarlos en lugar del socialismo. Son los que el catolicismo aportó al franquismo, al fascismo, al nazismo, a las monarquías absolutas… durante siglos y más siglos. La bondad, dirá usted señor Bono. ¿Qué bondad? Esa que tuvo Franco, cubierto por el palio que llevaban los obispos, con el pueblo español o es que tienen otra desconocida? La justicia, señor Bono, ¿la misma que aplicó Franco con sus enemigos, el pueblo español republicano y anticlerical, ese que se casaba por lo civil, que no iba a misa, que abortaba y proclamaba por la Gran Vía madrileña el amor libre?
Lo que sí sabemos por las enseñanzas de la Historia que todo personaje autoritario necesita de una religión monoteísta que legitime su voluntad antidemocrática de poder y Bono lo tiene tan cerca como la catedral de Toledo de su residencia autonómica. Lo que sí sabemos es que Bono ha conseguido en Castilla-La Mancha lo que ni el mismo León XIII había logrado, transformar un partido socialista en un partido socialcristiano. El partido socialista, amigos y amigas, ya no existe en esta autonomía para desgracia suya porque desde Cervantes se dignificó por no dejar de topar contra la Iglesia, luego la incendió pero más tarde fue asesinada por el nacionalcatolicismo. Ahora Bono se propone rematar la faena haciendo desaparecer el socialismo, porque según él carece de valores, colocando en su lugar los inmortales y tradicionales valores católicos.
¡Temblad, lesbianas, temblad, homosexuales, temblad jóvenes, temblad ateos, temblad anarquistas, temblad republicanos, temblad librepensadores y progresistas, temblad pajilleros en libertad provisional, temblad mujeres… el día que Bono tome el poder vía democrática. Ese maldito día oscurecerá porque habremos perdido todas las conquistas logradas hasta hoy. Iremos cayendo unos detrás de otros, ante el silencio cómplice de la que será su siguiente víctima. No os riáis porque mañana puede que no dejemos de llorar.
Y ahora, querida lectora, querido lector, para levantarle el ánimo sin perder el espíritu crítico te propongo un juego, rellena la siguiente encuesta y probarás hasta dónde eres de clerical y hasta dónde has conseguido ser libre. No es ninguna tontería porque reflexionarás sobre las contradicciones en que se soporta nuestra maldita moral. Y esta no deja de afectarnos desde que nacemos hasta… ¿cuándo?

1.- ¿Conoce usted a Freud?
2.- Si lo conoce, ¿está de acuerdo con su teoría de la represión sexual?
3.- ¿Conoce usted a W. Reich?
4.- Si lo conoce, ¿está usted de acuerdo con él en que la represión sexual es un instrumento de control de masas por parte del fascismo y las iglesias?
5.- ¿Conoce usted a E. Fromm?
6.- Si lo conoce, ¿está usted de acuerdo con él que el carácter sadomasoquista es un rasgo del carácter autoritario y del servil?
7.- ¿Está usted de acuerdo en que deben ser respetadas las tradiciones?
8.- ¿Está usted en contra del divorcio, el aborto, los anticonceptivos, la homosexualidad?
9.- ¿Está usted a favor del matrimonio católico?
10.- ¿Sabía usted que este matrimonio es una institución divina y por lo tanto sus miembros quedan bajo la autoridad del clero?
11.- ¿Está usted de acuerdo en que deben de ser respetadas las tradiciones que se imponen a la mujer, como la forma de vestir o de pensar?
12.- ¿Cree usted que la mujer musulmana tiene derecho a disfrutar con su sexo según sus propias decisiones?
13.- ¿Cree usted que la mujer musulmana tiene derecho a tomar sus propias decisiones aún estando en contra de sus tradiciones?
14.- ¿Está usted de acuerdo con los derechos individuales proclamados en la Constitución española y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos?
15.- ¿Está usted de acuerdo con la masturbación?
16.- ¿Cree usted que los púberes disfrutan con su sexo?
17.- ¿Por qué razones estaría usted en contra de que los púberes se masturben: por razones de salud, médicas, científicas, políticas o religiosas?
18.- ¿Conoce razones médicas, científicas, biológicas o psicológicas que prohíban la masturbación por el bien de los jóvenes?
19.- ¿Sabía usted que en el artículo 16 de la Declaración de los Derechos Humanos se reconoce a los púberes el derecho a contraer matrimonio?
20.- ¿Sabía usted que un púber se caracteriza por unos rasgos biológicos que se adquieren entre los 11 y 14 años según regiones y naturalezas?
21.- ¿Por qué razones, entonces, a diferencia de la Declaración Universal de Derechos Humanos que no fija el criterio de edad sino el de madurez biológica, la legislación española establece la mayoría de edad sexual en los 13 años?
22.- ¿Cree usted que los menores de 13 años no sienten placer con su sexo?
23.- ¿Sabe usted que Freud, Reich, Fromm, Marcuse… afirmaron que la sexualidad es un principio fundamental en la vida de todo ser humano, tanto que su carácter se formará según padezca o no represión?
24.- ¿Está usted de acuerdo con las religiones monoteístas en que el sexo debe ser prohibido porque perjudica la salvación del alma?
25.- ¿Usted cree que Dios disfruta con quienes no disfrutan con el sexo, con quienes reprimen el placer sexual, y por eso los premia con la vida eterna?
26.- ¿Sabía usted que disfrutar con el dolor es una característica del carácter sadomasoquista?
27.- ¿Le avergüenza a usted hablar de sexo en público?
28.- ¿Por qué razones la pornografía le parece inmoral, repugnante, una guarrería…?
29.- ¿Le parece que el cuerpo humano es hermoso o despreciable?
30.- ¿Le parece que el placer sexual es algo maravilloso o es una guarrería?
31.- ¿Cree que el placer sexual debe ser un derecho exclusivo del macho adulto?
32.- ¿Confiaría usted la educación de los niños y jóvenes a adultos y adultas que han hecho voto de castidad?
33.- ¿Sabe usted que la represión sexual es la causante de todo tipo de enfermedades mentales?
34.- ¿Sabe usted que la satisfacción del placer no produce enfermedades mentales?
35.- ¿Sabía usted que la represión sexual es el fundamento de la moral cristiana y de todos los dioses monoteístas?
36.- ¿Sabía usted que las religiones monoteístas han formado parte de todos los poderes autoritarios y han servido para legitimar la explotación del pueblo y a los poderes antidemocráticos?
37.- ¿Sabía usted que la Biblia es el primer tratado de teoría del pensamiento político y que los libros sagrados en Asia, la India y China del primer milenio antes de Nuestra Era también lo son?
38.- ¿Cuáles son los valores que ha aportado el catolicismo? Enumérelos
39.- ¿En qué lugar de la Biblia, de los Evangelios y Nuevo Testamento, del Derecho Canónico o de las encíclicas papales se habla de esos valores?
40.- ¿Tienen los individuos derechos? ¿Qué derechos? Enumérelos
41.- ¿En qué lugar de la Biblia, de los Evangelios y Nuevo Testamento, del Derecho Canónico o de las encíclicas papales se habla de esos derechos?
42.- ¿Cuál es el fundamento y base del sistema social y político en la religión cristiana?
43.- ¿Cuál es el fundamento y base del sistema social y político en la Ilustración y las constituciones democráticas?
44.- ¿Cuál es el origen del poder para la religión católica?
45.- ¿Cuál es el origen del poder para la Ilustración y las constituciones democráticas?
46.- ¿Cuál es la forma de gobierno deseada y apoyadas por el catolicismo?
47.- ¿Cuál es la forma de gobierno según los ilustrados y las constituciones democráticas?
48.- ¿Son el mundo, el demonio y la carne los enemigos del alma?
49.- ¿Son la castidad, la obediencia y la pobreza votos del clero, considerados como los máximos valores y superior el estado sacerdotal al estado laico?
50.- ¿Son la virginidad, la castidad y el martirio las condiciones necesarias para ser santo?
51.- ¿Están condenados por el catolicismo: el divorcio, el aborto, los anticonceptivos, la píldora del día después, la masturbación, la homosexualidad, el lesbianismo, el matrimonio homosexual, las relaciones sexuales de los jóvenes, los solteros y solteras o cualquier tipo de relación sexual y placentera?
52.- ¿No es el derecho a la felicidad, el bienestar, un valor ilustrado?
53.- ¿No están la felicidad, el bienestar y el placer sexual contra el sufrimiento, el dolor y el martirio?
54.- El Estado de bienestar ¿no es en sí mismo la negación de la exaltación de pobreza, de la injusticia, de la castidad, del sufrimiento como bienaventuranzas que renuncian a exigir justicia y bienestar en esta vida para garantizarse la bienaventuranza en la otra vida?
55.- ¿No es el derecho a la libertad de opinión, de religión y de cátedra la negación del voto de obediencia al superior?
56.- ¿Qué valor es superior o deseable: la exaltación del placer sexual o la exaltación de la represión sexual?
57.- ¿La represión sexual es un valor católico o ilustrado?

Javier Fisac subir


La revolución contra la barbarie

Creo que un anarquista no puede separar sus ideas y la tendencia propia hacia la anarquía de su específica situación en la sociedad, reconduciéndola hacia el interior del más general contexto de lucha y crítica al sistema autoritario y de práctica de vivencias libertarias que desde la experiencia se extienden a todos los ámbitos de la sociabilidad.
Consignas como "fin de la lucha de clases" o "muerte del trabajo asalariado" han sido utilizadas en estos últimos años como sentencias escupidas contra quien ha continuado oponiéndose cotidianamente al poder y al capital, a partir de la propia condición de subordinado (…). Una cosa es cierta: la lucha de clases, entendida en los términos elaborados por los marxistas, es decir, como vehículo de conquista del poder por parte de la clase proletaria (y de su partido-guía), se acabó de golpe, incluso podemos decir que nació muerta; la gran industria, las grandes concentraciones obreras se reducen por todas partes, el sector terciario y las nuevas tecnologías han transformado el trabajo, cada vez más flexibilizado, precarizado y virtual. En general, en lo que respecta a la industria, asistimos a luchas defensivas, parciales, que no se plantean las relaciones de producción. Pero si nos fijamos, veremos que los nuevos sectores industriales y productivos, terminales de cadenas de capital financiero sin fronteras y aparentemente sin una cabeza, están caracterizados por un mayor control-extorsión del trabajo, engullen nuevas categorías de explotados procedentes de áreas muy pobres de la Tierra y practican niveles de explotación incluso superiores a las de las últimas décadas. En los campos viven y trabajan contingentes de nuevos esclavos cuyas condiciones de vida son muy semejantes a las que soportaban nuestros abuelos, y esta nueva esclavitud es la que asegura, junto a los beneficios de las clases parásitas y propietarias, la producción alimentaria que nutre a gran parte del mundo occidental.
Yo no sé si la organización de esta nueva esclavitud para la propia liberación podrá ser definida como una nueva lucha de clases; seguramente es un movimiento de liberación de una de las formas de opresión, tras la guerra y el hambre, que más caracterizan a nuestra época. Estoy convencido de que el anarquismo debe retomar los cambios que se están produciendo, los evidentes y los más imperceptibles, y proyectarlos en una dimensión coherente con la realidad.
El movimiento anarquista puede dedicarse, como por otra parte ha sido así en su variada tradición y en su abundante producción teórica, a las actuaciones de modos de vida, experimentaciones, expresiones de libertad en el "aquí y ahora", al desarrollo de intentos de liberación ya sean de tipo intelectual, de grupo o social, a programas de autogobierno municipal de pequeños trozos de territorio y de grupos humanos para realizar micro-sociedades autónomas; debe ser agudo observador y opositor crítico beligerante de las actuales formas de división de los explotados y de los pueblos, como el racismo, la intoxicación informativa, la cultura de la ignorancia, el consumismo y las nuevas y emergentes expresiones de religiosidad.
Las nuevas profesiones ligadas a la informática y al enorme desarrollo de los medios de comunicación, la obsesiva movilidad de los hombres y las mercancías, la difusa precarización, la desesperación proletaria, la borrachera consumista que tritura incluso a las capas proletarias, junto con la expropiación de los más elementales medios de subsistencia a una franja importante de la humanidad, los intercambios comerciales en el mundo globalizado y cada vez más desigual, las migraciones de los países pobres, las nuevas guerras por el control de las fuentes energéticas y de las vías de comunicación, dan precisamente un toque de modernidad al mundo de hoy. El anarquismo no puede eludir el contar con esta explotación, con la opresión de tipo neocolonial que impregna a tres cuartas partes de la humanidad, y que se manifiesta de forma trágica incluso dentro de las sociedades occidentales.
El anarquismo es un pensamiento de liberación humana que ha tenido la capacidad de expandirse en casi todo el mundo, precisamente en virtud de sus simples pero fuertes bases: una, la crítica despiadada del Poder y de la búsqueda de métodos de defensa contra su opresión y contra su enorme capacidad de supervivencia, y otra la que de siempre lo ha caracterizado, incluso en el nombre: la identificación de formas de poder que conviven en la organización social (incluso libertaria) o que impregnan cualquier tipo de relación, que es importante y es una gran contribución del pensamiento anarquista; pero el poder que combatimos es aquel que siempre produce privilegios. Otra base, el deseo de crear formas de libertad lo más variadas posible, respetuosas de la diversidad, es la que más se extiende en el ámbito de comportamientos y movimientos incluso con diversas raíces y con carácter más específico (ecologismo, feminismo, pacifismo, movimientos altermundistas).
Estas dos características especifican el sentido emancipatorio implícito en el pensamiento anarquista; no creo que tales presupuestos en la actualidad hayan experimentado trastornos; creo todo lo contrario: son cada vez más válidos y hacen del anarquismo una idea objetivamente revolucionaria, que quiere destruir el orden social autoritario para construir otro basado en la libertad. Está claro que el anarquismo de hoy debe saber interpretar los cambios, comprenderlos, descubrir las nuevas insidias del autoritarismo, identificar estrategias adecuadas para afrontarlo; pero sin su dimensión internacionalista y revolucionaria, con mayor razón en un mundo tan interrelacionado como el de hoy, se reducirá a ser un segmento del pensamiento liberal occidental.
En este mundo globalizado, donde millones de personas pasan hambre, donde reinan la injusticia y la desigualdad más profundas, las ideas de ruptura social radical del sistema, los proyectos revolucionarios tendentes a la construcción de una sociedad sin dominadores ni dominados, encuentran todas las motivaciones y las aspiraciones que han visto surgir y desarrollarse al pensamiento anarquista.
Es un mundo que ha ampliado la zanja entre ricos y pobres como nunca antes se vio; que se basa cada vez más en guerras de conquista y en conflictos locales que irán aumentando a medida que aumenten las dificultades de aprovisionamiento de los recursos (del petróleo al agua, pasando por las tierras cultivables, las materias primas, etc.).
Un mundo que continúa soportando una fuerte presencia de los Estados; incluso de aquellos que algunos analistas habían dado por acabados, redimensionados solo en sus capas superficiales. Se trata de Estados que, aunque sea dentro de un marco de relaciones nuevas con los territorios y con los poderes económico-financieros, mantienen e incluso han acentuado su función de gendarmes organizadores y detentadores de la fuerza militar y de la riqueza de las castas privilegiadas.
Un mundo, por añadidura, que marcha derecho a una catástrofe medioambiental que amenaza con convertirse en una catástrofe total, cuyas consecuencias anunciadas están pagando ya los más pobres. Una catástrofe previsible y que ninguna tecnología podrá parar, ya que las tecnologías están en el origen del desastre inminente en virtud de su ausencia de neutralidad y de su dependencia del sistema de explotación de los recursos y de los humanos.
Y bien, en vista de que lo que está en juego no es solo la instauración de una sociedad libertaria, sino la salvación del planeta Tierra, que pasa solo y exclusivamente por la destrucción del sistema capitalista que ha acelerado, en nombre de sus valores, la degeneración, soy de los que piensan que el anarquismo representa el último baluarte de la humanidad, el único que hoy puede ofrecer alguna probabilidad.
Me pregunto si la gravedad de la situación no puede hacer surgir por aquí y por allí respuestas en clave antiautoritaria que se contrapongan a las previsibles reacciones totalitarias que el sistema está estudiando ya y en parte ofreciendo, que no dejan de ser falsas soluciones. Me pregunto si aumentarán los Chiapas, si capas cada vez más grandes de la humanidad no escogerán una vía antiestatal para sobrevivir al desastre del capitalismo y el Estado, fuertes incluso por las experiencias revolucionarias negativas del pasado reciente. Me pregunto si con respecto a las tecnologías opresoras y a las falsas necesidades liberadoras que difunden no sería necesario reelaborar una suerte de neo-luddismo estrechamente unido a formas de desobediencia civil generalizada, junto a un ajuste en los objetivos de nuestra propaganda.

El anarquismo: única idea de nueva sociedad
El anarquismo, a pesar de los límites subjetivos y objetivos del movimiento en sentido estricto, ha elaborado todas las respuestas, todas las propuestas, todas las soluciones, además de poseer las bases adecuadas para poder continuar siendo la única idea de nueva sociedad proyectada hacia la superación de la era del desarrollo masivo de las capacidades productivas y destructivas de los poderes en sus variadas expresiones.
Probablemente todavía nos cuesta darnos cuenta de que el contexto general, socio-económico, está atravesando una involución veloz que producirá una reducción a la baja en las condiciones de vida de la población; que crecerá para controlar la dinámica social, un sistema represivo refinado con las clases medias liberales, pero despiadado con los parias de la inmigración, con los rebeldes sociales, los nuevos subproletarios y los proletarios portadores de rabia y frustración. La globalización ha modificado la estructura del poder, ha hecho de sus redes de dominio casi una madeja imposible de desenredar; pero en su forma terminal, en el taller clandestino chino de la periferia de Nápoles o en los barrios populares de Shanghai, hay personas de carne y hueso que trabajan en condiciones penosas para producir micropiezas útiles para hacer funcionar el sistema informático, o ropa para vestir al mundo entero. Y nosotros, anarquistas, debemos llegar a conocer y comprender los mecanismos actuales del dominio global; para acabar con ellos tenemos que tener como punto de referencia a los individuos explotados; será su rebelión, el bloqueo de su actividad, el rechazo a la servidumbre, estropear el mecanismo y sentar las bases para una sociedad nueva.
No me imagino un anarquismo que pueda existir fuera de esta propuesta. Pienso que montar una comuna en Apulia o un taller alternativo en Vermont o una escuela libertaria en Andalucía representan expresiones de la gran riqueza de propuestas, innovadoras y constructivas, del anarquismo, pero su eficacia y su proyecto tienen sentido solo si se plantean en el sustrato revolucionario de un anarquismo social. De otra manera nos arriesgamos a convertirnos en experiencias autorreferenciales de un movimiento que, mientras se encierra en sí mismo, vive de la ilusión de que lentamente será imitado y que las cosas empezarán a cambiar. Los límites de tolerancia del sistema están ya definidos; sobrepasarlos quiere decir encontrarse siempre en el terreno de la confrontación o de su recuperación por parte del propio sistema.
El anarquismo tiene necesidad de replantearse el análisis de cómo desarrollarse en un contexto más complicado, fruto de la mezcla de las condiciones viejas y nuevas de explotación, pero también la estrategia y la táctica de seguir día a día, para evitar ser incomprendidos, entendidos de forma equivovada, vistos como cuerpos extraños fuera de la realidad. La crítica al Estado debe ser hecha con instrumentos de análisis nuevos, y las propuestas alternativas, autogestionarias, no podrán ser vagas sino que deberán basarse en creíbles propuestas metodológicas y organizativas de tipo antiautoritario, de lo que deberán ser impregnados los movimientos de base que luchan por todas partes en los temas más variados, y que representan la respuesta concreta a la organización jerárquica y de partido. La perspectiva anarquista no puede ser la fantástica fábula de la sociedad ideal, sino que debe definirse como la construcción de sociedades biorregionales, federadas entre sí, ricas en puntos de diversidad, solidarias, preparadas para el restablecimiento de condiciones de habitabilidad y de compenetración armónica con el medio ambiente, desaceleradas en economía y crecientes en felicidad.
Creo que el anarquismo debe pensar en reforzarse, continuar cultivando la memoria porque es el fundamento de cualquier futuro, afinar sus instrumentos de penetración en el ámbito social. No creo que haya instrumentos, medios o recorridos incompatibles; cada uno tiene la misma dignidad si se dirige a conseguir el mismo objetivo que otro. Sin embargo, ante una situación cada vez más dramática, no se puede abandonar la idea revolucionaria, tras la excusa de que ya no interesa a la población, y escoger la vía de la actualización inmediata de ciertas formas de vida anarquista circunscritas y encerradas en sí mismas. La revolución, muy probablemente, volverá a ser de actualidad como única vía a una situación insoportable; de otro modo, se impondrá la barbarie.
Debemos preguntarnos cómo será la revolución; seguramente no será el asalto al Palacio de Invierno, sino muchos asaltos a muchos palacios del poder, santuarios de la explotación, símbolos del dominio y de la opresión. Seguramente los poderes dominantes dejarán de ser tolerantes y se entregarán al conflicto violento apenas sientan más fuertes los zarpazos de la insurgencia subversiva de las multitudes. Por lo demás, su potencial de violencia se ha acrecentado notablemente tanto en términos de armas como de cinismo (…) ¿Por qué deberán renunciar a la violencia ante el surgir de una contrasociedad de tipo anarquista que corroerá sus fundamentos y no entrar en el terreno del enfrentamiento? Será este enfrentamiento una cita a la que no se podrá llegar con la ilusión de un traspaso indoloro; obligará a quien lucha para cambiar la propia vida y las condiciones generales de vida sobre el planeta a adoptar métodos de defensa adecuados y segura y necesariamente violentos, pero limitados a esta fase.

Pippo Gurrieri Subir


La filosofía al servicio de la libertad
"La autonomía es una condición,
razonablemente posible, para el ser humano"

Hay quien interpreta que la obra y el pensamiento de Foucault tienen muchas bifurcaciones e incluso que se puede decir que existen "varios" Foucault; también se puede decir que el propio autor incitó a esta lectura de sí mismo negando ninguna clase de "identidad de autor" (por lo visto, llegó a decir que su pensamiento se transformaba con cada nueva investigación). Para Foucault, pensar detenidadamente suponía necesariamente cambiar de pensamiento, no se puede seguir pensando lo mismo después de haber ejercitado el pensamiento. Sin embargo, a pesar de esta provocación que realiza el propio Foucault, otros autores consideran que es la continuidad, y el compromiso con un único y gran proyecto, lo que caracteriza el pensamiento del francés.
Lo que sí existe es una complejidad, diversidad y continuo enriquecimiento de los planteamientos de Foucault. Tomás Ibáñez considera todo esto, pero también opina que no dejó de hacer el francés lo mismo, a través de diversos campos y mediante distintas temáticas. Incluso puede decirse que esta unicidad, que subyace bajo la aparente diversidad, caracteriza a todos los grandes pensadores. Cuando se ha dado con una ruptura en una forma de pensar o de entender las cosas, cuando se consigue una aportación innovadora, puede entenderse que el resto de la obra de un pensador consiste en ampliar esa visión y en profundizar en ella. Por lo tanto, según Ibáñez, "las supuestas mil caras de Foucault se funden, finalmente, en un único rostro".
A principios los 60, cuando Foucault tiene ya más de 30 años, ha elaborado una tesis que acabará convirtiéndose en un importante libro y puede decirse que su formación intelectual ha terminado. No obstante, a finales de esa década, una serie de acontencimientos expandirán su campo de experiencia y de reflexión en lo político. En ese tiempo, ocupaba una cátedra de filosofía en Túnez y pudo observar nuevos mecanismos represivos en lo político sobre unos estudiantes opositores, hecho que aumentó su compromiso político. Después de Mayo del 68, regresará a Francia y ocupará una cátedra en la Universidad de Vincennes, lugar que será un foco impresionante de actividades izquierdistas, contestatarias y subversivas, con la participación activa de Foucault. Es en los años posteriores, sin cesar su intenso activismo político, cuando Foucault centró su interés en los presos, los inmigrantes y en la violencia policial. En 1975, se publica la obra, de lectura obligada, Vigilar y castigar, y comienza explícitamente su reflexión sobre la problemática del poder. Ejemplos del interés por este tema, serán sus obras posteriores, Historia de la sexualidad y La voluntad de saber.
En el primer periodo de formación intelectual de Foucault, el clima intelectual estaba marcado por el interés en el marxismo y en la fenomenología, y en conciliar o en enfrentar ambas corrientes. Además, existía una impregnación de humanismo tanto en el marxismo como en la fenomenología, lo que acabará sintetizándose en el existencialismo sartreano. El propio Foucault dijo "pertenezco a esa generación que ha estado marcada por el marxismo, por la fenomenología y por el existencialismo". Prácticamente, los autores no tenían alternativa en aquella época, de un ambiente intelectual enrarecido y con bastante presión, y aquel que no se adscribiese al marxismo pasaba directamente a ser un reaccionario. Parece ser que todo oscilaba a favor de una interpretación constante de las obras de Marx, todo debate y discrepancia se enmarcaba en unos análisis acordes o no con el discurso del "maestro". Era un ambiente represivo, contrario a cualquier pensamiento libre y creativo, y los acontecimientos de Mayo del 68 contribuyeron a acabar con todo esto. Hay que aclarar que la anterior, y esclarecedora, cita de Foucault continúa de la siguiente manera "pertenezco a esa generación que ha estado marcada por el marxismo, por la fenomenología y por el existencialismo... y que ha querido romper con todo esto". Foucault, a diferencia de Castoriadis, no emprendió ninguna batalla contra el marxismo, lo que hizo es, simplemente, "no ser marxista". Esta actitud, como ya he dicho, suponía convertirte automáticamente en reaccionario, y el propio Sartre le acusó de manera indigna de ser un "baluarte de la burguesía".
La ruptura de Foucault estuvo dirigida frontalmente a la teoría del sujeto y la concepción de la racionalidad, que articulaban tanto la fenomenología y el humanismo, como algunos planteamientos marxistas. Esta actitud de Foucault tuvo su origen en la lectura de dos autores malditos para la hegemonía de la época, Heidegger y Nietzsche. Fue la obra del primero la que le introduciría definitivamente en la del segundo, lo que le condujo a la ruptura intelectual antes mencionada e incluso a otra en su propia forma de vida. El proyecto intelectual de Foucault encontrará en Heidegger y, sobre todo, en Nietzsche la materia prima con la que empezará a edificar su propio proyecto intelectual, comenzando por demoler tanto la teoría del sujeto como la concepción esencialista de la racionalidad.
Si la fenomenología dice que el sujeto es la entidad última sobre la cual se fundamenta la experiencia, siendo el propio sujeto el que proporciona su sentido a dicha experiencia, el desmantelamiento de la teoría del sujeto supone cuestionar radicalmente las bases mismas de la fenomenología. También asume la fenomenología que uno de los grandes objetivos de la filosofía consiste en proporcionar el acceso a un conocimiento adecuado de las condiciones esenciales del sujeto; no obstante, como todo intento de acceder a ese conocimiento ha sido un fracaso, la fenomenología propone ensayar otra vía de manera indirecta, focalizar la mirada sobre la experiencia. De esta manera, analizando objetivamente la experiencia, prescindiendo de sus expresiones circunstanciales y distorsionantes, se podrá acceder a aquello que constituye su propia condición de posibilidad y la fuente de su sentido (el sujeto). Así, el sujeto, en su función de donación y de institucionalización del propio sentido de la experiencia, resulta ser el sujeto fundacional, universal y transhistórico, captado al fin en su esencia y en sus propiedades constitutivas.
Nietzsche consideró la experiencia como algo que arranca al sujeto de sí mismo, lo disuelve y lo transforma en un ser distinto; Foucault, puede decirse que terminó esta tarea del sujeto como transhistórico, creador de la experiencia, e invirtió los términos de la fenomenología. Se trata de que es la experiencia la que constituye al sujeto, o siendo más concreto a la pluralidad de sujetos que habitan la forma sujeto. Según Foucault, el sujeto no es universal, transhistórico y fundador, sino un producto históricamente variable, tanto como la propia experiencia. El sujeto es siempre el resultado de determinadas prácticas de subjetivación, históricamente situadas.
También apoyado en Nietzsche, Foucalt tratará de desmontar de la misma manera la concepción esencialista de la razón. La razón es una entelequia para el francés, lo único que se puede hacer es contemplar "formas, históricas y situadas, de racionalidad", poner de manifiesto e interrogar las distintas formas que adopta la razón. Al igual que el sujeto, también la razón tiene determinada historia, ambas están intrínsecamente relacionadas y es necesario indagar en las diversas formas históricas de racionalidad para saber cómo se constituye el sujeto, y viceversa. Ni la verdad, ni la razón, trascienden las prácticas concretas que dan lugar al sujeto y a su discurso. Foucault considera que existe una autocreación de la razón y es por eso que hay que analizar las diversas formas de racionalidad, sin que se considere que hay una forma auténtica ni una verdadera naturaleza de la razón. Es debido a esto, que Foucault se aleja de los planteamientos de la fenomenología (al afirmar ésta que hay que resituar a la razón en su momento fundacional y captar su verdadera esencia) y de algunos planteamientos marxistas, según los cuales la razón ha sido distorsionada y pervertida por ciertas condiciones históricas (en especial, algunas formas del capitalismo).
Es por esto que Foucault se previene contra todo planteamiento que busque reencontrar una supuesta "autenticidad", acabando con lo que distorsiona y constriñe. La libertad no está, según el francés, debajo de lo que oprime (la famosa frase de Mayo del 68: "por debajo de los adoquines está la playa"). Afortunadamente, podemos ser diferentes a pesar de lo que las circunstancias nos han impuesto, no porque combatiendo esas circunstancias nos reencontremos con nuestro "auténtico ser" (llámese como se quiera, "verdad", "razón", "deseo"...), sino porque es posible que nos creemos a nosotros mismos de otra forma.

La historia crítica del pensamiento,
la genealogía de "lo que somos"

Como ya he comentado, puede decirse que Foucault, durante el periodo en que se está formando intelectualmente, se rebela contra las posiciones filosóficas que dominaban en aquel tiempo. Unas posiciones de las que también se alimentará su propio pensamiento y que tienen el postulado esencialista como base. Este postulado esencialista sostiene que existe una determinada forma del ser, fija e inmutable, por debajo de las diversas y circunstanciales formas que puede adoptar el ser en un tiempo o a lo largo de la historia. Según esta visión, existiría un sujeto esencial tras las diversas modalidades históricas que adopta el sujeto. De la misma manera, existiría a su vez un deseo constitutivo por debajo de lo que le reprime, una verdad y una razón inalterables debajo de los diversos regímenes que ha habido en la historia, una naturaleza humana tras la diversidad cultural, social e histórica, y así sucesivamente.
Adoptar el postulado esencialista supone entrar en el "juego de Platón", desvelar lo que se encuentra detrás de las meras apariencias y acceder a ello para rescatar su pureza constitutiva. La apariencia no sería más que una expresión deformada por las circunstancias, es necesario acudir a la "esencia" para entender la existencia. Rebelarse contra Platón, declararse contrario al esencialismo o al idealismo, supone hacerlo contra gran parte de la tradición filosófica de Occidente. Por otra parte, el esencialismo obliga a una especie de quehacer en la vida, acercar todo lo que sea posible la existencia a la esencia que la funda ("lo que somos" ya está inscrito en "nuestra esencia") para acercarnos a ella y realizarnos plenamente. En esa distancia entre nuestra existencia alterada y nuestra verdadero "yo" (razón auténtica, naturaleza constitutiva del hombre) se encuentran nuestra infelicidad y nuestra alienación. El resumen del esencialismo puede expresarse en "ser fieles a nuestra propia esencia". Es primordial aclarar que este postulado niega la posibilidad misma de la libertad y de crear algo sin existencia previa, ya que nuestra existencia no es sino una manifestación coyuntural de la esencia que la sustenta (una esencia que es previa a cualquier existencia y que trasciende cualquier práctica que pretendamos hacer). Según el esencialismo, nuestra libertad se limita a transformar algo ya precontenido, pero nunca innovar radicalmente.
Foucault negará el postulado esencialista, neutralizará sus propuestas y demostrará la falacia intelectual que constituye. En todo su obra se esforzará por mostrar que la existencia (del sujeto, de la locura, de la sexualidad, de la razón, de la verdad...), lejos de ser una mera manifestación particular de una supuesta esencia, es en realidad producción, es creación a partir del mundo y de la experiencia. Para ello, para demostrar que lo que hoy entendemos como "natural" no obedece a ninguna esencia, Foucault indagará en la historia, rompiendo radicalmente con la tradición de Hegel y con la influencia marxista: la historia no está dirigida hacia ningún fin ni tiene una continuidad en su desarrollo, nada de lo existente en la actualidad se encuentra precontenido en un origen que lleva de forma necesaria hacia su naturaleza constitutiva. Puede decirse que el afán de Foucault por contradecir el postulado esencialista le lleva a recalcar la importancia de la historia y a privilegiar la historicidad.
Foucault dijo de sí mismo que era un pensador que se sitúa en "tradición crítica de Kant" y que llevaría a cabo en su obra "una historia crítica del pensamiento". Esta historia crítica del pensamiento no se limita a estudiar la evolución de las ideas, indaga en lo que hace posible la construcción de las propias ideas. Hay dos puntos que aparecen cuando se emprende esta labor: el hecho de que la historia del pensamiento no puede entenderse sin una referencia directa a la sociedad, a la política, a la economía, a las prácticas, a las relaciones de poder o a las instituciones (por lo que es necesario estudiar todo esto para poder dar cuenta del tipo de pensamiento que da lugar un concreto campo de saber); en segundo lugar, hay que entender que el pensamiento está marcado por la historicidad y por la contingencia (el pensamiento nace en una determinada historia social, por lo que al estudiarlo acabaremos reencontrando la propia contingencia de dicha historia y la propia historicidad de lo social).
Para comprender el pensamiento que produce un ámbito de conocimiento determinado en una época concreta, es preciso establecer con precisión el "modo de subjetivación" (a qué condiciones se somete el sujeto para dar lugar a un tipo de conocimiento), el "modo de objetivación" (cómo se ha constituido algo como objeto de pensamiento y cómo ha entrado finalmente en el campo del pensamiento) y el tipo de relación que se establece entre esos dos elementos. "Subjetivación" y "objetivación" no son independientes, se constituyen mutuamente y lo hacen tanto en un marco de ciertas prácticas y relaciones de poder, como en el marco de determinados "juegos de verdad" (las reglas que determinan si lo que dice un sujeto acerca de un objeto puede ser enjuiciado como verdadero o falso). Foucault afirma: "La historia crítica del pensamiento es la historia de la emergencia de los 'juegos de la verdad'", la historia de las formas según las cuales "ciertos discursos susceptibles de ser considerados como verdaderos o falsos se articulan sobre un campo de objetos. Los "juegos de la verdad" vinculan entre sí ciertas modalidades del sujeto a ciertos tipos de objetos, lo que constituye en gran medida, durante un tiempo y en ciertos ámbito para determinados sujetos, el "a priori histórico" de su experiencia posible.
A Foucault no le motiva simplemente la voluntad de saber, ni saber un poco más sobre la historia del pensamiento, lo que desea es acudir a la genealogía de los sistemas de pensamiento para ponerlos de manifiesto en su poder constrictivo y en la contigencia de su formación histórica. En otras palabras, se esfuerza Foucault en el presente, en el hoy, y para ello emprende una labor de deconstrucción de nuestra propia experiencia para poner de manifiesto tanto su radical contingencia como el modo de construcción del "a priori" que la hace posible. Foucault se inscribe en la línea de pensamiento crítico iniciada por Kant, el cual se preguntó acerca de su propia época: ¿cuál es nuestra actualidad?, ¿cuál es el campo actual de las experiencias posibles y por qué?, ¿quiénes somos nosotros hoy, y por qué somos hoy como somos? Se abrió así una línea de reflexión orientada sobre la ontología del presente y de nosotros mismos.
Por lo tanto, los dos puntos sobre los que se centra la obra de Foucault son la voluntad de contradecir el esencialismo y la voluntad de contribuir a una historia crítica del pensamiento (con la labor de deconstruir el campo actual de la experiencia posible). El francés abordará diversas problemáticas, como las relaciones de poder, la sexualidad o la ética, y aportará innovaciones sobre todas ellas de gran valor.

Prácticas de libertad
Foucault es un filósofo al que no mueve únicamente la curiosidad intelectual, puede decirse que el conjunto de su trabajo tiene todo que ver con una finalidad política. La especulación por sí sola no parece agradar a según qué pensadores, y es la utilidad de su trabajo lo que les motiva, el esperar que un trabajo intelectual resulte útil y funcione en la práctica. Los propósitos de Foucault pueden definirse como la posibilidad de desarrollar "prácticas de libertad". Tomás Ibáñez, en su libro Contra la dominación, recuerda una conocida expresión de Wittgenstein, somos "prisioneros de una imagen" y no podemos darnos cuenta de ello porque "formamos parte de esa imagen". Foucault pretende que el hecho de que pertenezcamos a esa imagen no suponga que no podamos ser conscientes de aquello que nos oprime ni imposibilite la voluntad de salir de esa imagen e incluso de "pintar una imagen distinta, adueñándonos de los pinceles".
En una entrevista que realizó poco antes de morir, llamada "La ética del cuidado de sí como práctica de libertad", Foucault explica que el marco de toda su obra se encuentra en el ámbito de la "función crítica de la filosofía". Así definió él mismo esa función: "La filosofía ejerce una función crítica en la medida en que pone en cuestión todos los fenómenos de dominación, sea cual sea el nivel y la forma en que se presenten". Foucault pone su atención en todos los fenómenos de dominación, y no hay uno más sutil ni más potente que el que consigue hacerse totalmente invisible e impalpable, como es el caso de nuestra propia experiencia. Nuestra experiencia se constituye a partir de lo que somos, de lo que pensamos, de lo que creemos, de lo que sentimos, de lo que deseamos y de lo que valoramos; todos estos elementos definen para nosotros las coordenadas de la experiencia posible, y la posibilidad misma de la experiencia requiere de todos esos elementos como su condición a priori; del mismo modo, y paradójicamente, es la experiencia la que, a su vez, constituye y conforma todos los elementos antes mencionados. No podemos cuestionar esos elementos que entran en la definición de la experiencia posible, ya que esos elementos nos "constituyen" tal y como somos, es por eso que aparecen como "naturales" y "necesarios"; tampoco podemos cuestionarlos porque son ellos los que trazan las condiciones de la experiencia posible.
Foucault se esforzó por darnos unas herramientas para vislumbrar el carácter histórico y contingente de los a priori de nuestra experiencia y haciendo visibles también los juegos de verdad, las relaciones de poder y la prácticas de conformación y de dominación. Esas herramientas pueden permitirnos dejar de ser quienes somos, pensar de otra forma, creer otras cosas, tener otros sentimientos, otros deseos y otros valores. En definitiva, la propuesta de Foucault es ayudarnos a comprender que las cosas no son "necesarias", por mucho que nos cueste pensar que pueden ser de otra forma, y que no tenemos ninguna obligación de ser como somos, aunque la alternativa se encuentre todavía lejos en nuestra imaginación. El cambio radical es posible si podemos modificar aquello mismo que nos funda y que nosotros fundamos, "la experiencia posible" para los seres que somos en la actualidad. No existe ningún determinismo en la existencia humana, en la historia existen relaciones estratégicas móviles, y por lo tanto pueden ser cambiadas, y la gente puede ser por ello mucho más libre de lo que ella cree.
Con el tiempo, Foucault puso más empeño en la propia capacidad que tiene el sujeto de ejercitar un poder sobre sí mismo, cuestionando así la experiencia instituida y desarrollando unas prácticas de libertad que alejen de la dominación. El cambio social pasa por un cambio en el sujeto que él mismo realice en la práctica sobre sí mismo. Foucault considera que todo lo que "es" resulta de un proceso histórico conforme a unas prácticas de carácter contingente, nada de lo existente obedece a necesidad alguna (ni por un esencialismo previo ni por un carácter teleológico de la historia), y el mismo proceso de creación, que da lugar a lo que "es", puede ser activado para crear algo distinto. En definitiva, al no existir "trascendencia" ni "determinismo", las características del ser humano y sus producciones son obras del propio ser humano, según un momento y unas circunstancias, y por lo tanto pueden ser realizadas de manera diferente.

La filosofía como arma contra la dominación
La obra de Foucault es una lectura necesaria para cuestionar todo lo heredado, para esclarecer el hecho de que no existe necesidad o determinismo en lo que somos y abre la posibilidad de pensar, sentir y actuar de forma diferente. Tomás Ibáñez considera que la aportación más valiosa de Foucault es habernos enseñado que es posible subvertir el a priori histórico de la experiencia posible, subvertir lo que somos y lo que nos ha hecho ser como somos, una enseñanza que tiene indiscutibles resonancias políticas. La obra de Foucault puede ser vista como una respuesta al incumplimiento de los postulados de la Ilustración, ni existe verdadera democracia, ni igualdad y el concepto de progreso ha demostrado ser una falacia. Pero es también muy interesante esa otra visión de la Ilustración, que no es sino la otra cara de la misma moneda, como la coartada legitimadora de la Revolución Industrial y el capitalismo, y la obra de Foucault ha de ser vista también como un desenmascaramiento del proceso de modernidad y un intento de alcanzar los verdaderos objetivos de la famosa triada de igualdad, libertad y fraternidad. Nietzsche afirmó que no existe naturaleza ni esencia, el conocimiento es el resultado histórico y puntual de ciertas condiciones ajenas al mismo conocimiento. En esa misma línea, Ortega y Gasset dijo: "El ser humano no tiene naturaleza, tiene historia". Puede decirse que el hombre moderno es una invención del capitalismo de los dos últimos siglos, de su énfasis en el control político y social apoyado en otras disciplinas supuestamente científicas. Es por eso que la intención de Foucault es analizar las condiciones de producción del hombre moderno. Después de autores como Nietzsche, Heidegger o el mismo Foucault solo quedamos nosotros, los seres humanos, con nuestra libertad y con nuestras prácticas sociales. El mismo Foucault afirmó que toda su obra puede ser vista compuesta de pequeñas cajas de herramientas que deben servir para descalificar los sistemas de poder (sistemas en los que incluía su propia obra). No existe la ciencia como saber absoluto, como poseedora de la verdad; ésta es, según Foucault, local y transitoria, una producción social.
Para Foucault, el poder no existe, existen relaciones de poder de manera ubicua. Tampoco el poder es meramente represivo, lo cual facilitaría que existiera una mayor resistencia; "el poder produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos... es preciso considerarlo como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social", todo ello contribuye a que sea aceptado. La teoría es que nosotros, los propios sujetos, somos también una consecuencia del poder y ello explica la dificultad de transformar las cosas y de generalizar una resistencia. No obstante, no existe un determinismo ante el que no se puede hacer nada (como sostendría el estructuralismo), pueden articularse resistencias que desestabilicen las relaciones de poder. Lo que Foucault propone es promover nuevas formas de subjetividad que nos liberen a nosotros mismos del Estado frente al tipo de individualidad impuesta durante siglos. Es una crítica radical del sujeto humano tal como se presenta en la historia y un deseo de constituir "un sujeto de conocimiento a través de un discurso tomado como un conjunto de estrategias que forman parte de las prácticas sociales". Foucault muestra el nacimiento de las instituciones modernas que tomaron parte en las condiciones de producción del sujeto (manicomio, cárcel, escuela, fábrica...). Del mismo modo, han tomado parte importante en dicha construcción las ciencias humanas y sociales, considerando el francés que el nacimiento de la cárcel estuvo acompañado del surgimiento de muchas de esas disciplinas (como la criminología, la sociología o la sicología). El conocimiento/poder conduciría a una mejor comprensión y, a la vez, a un mayor control de las personas, necesario para la modernidad (para la sociedad industrial), ya que todos son necesarios para la producción. Las ciencias sociales han servido para construir el sujeto moderno y lo ha puesto al servicio del sistema capitalista triunfante. La psicología puede haber sido la que ha hecho el daño mayor al procurar que el individuo interiorice las normas sociales y los valores del sistema económico dominante (individualismo, egoísmo, competencia).
Hay quien considera a Foucault como un autor fundamentalmente transgresor, un revolucionario, que recoge la tradición más crítica de la filosofía y reniega de la ingenuidad idealista de alguien como Platón. Su formación en psicología y su amplia preocupación al respecto de esta disciplina le llevó a negar tajantemente que se utilizara para controlar al ser humano y sí para profundizar en su comprensión. En este sentido, y como ya he mencionado anteriormente, era Foucault un defensor de la historia frente a la naturaleza y consideraba que la actitud de buscar explicaciones genetistas en la conducta humana encubría la ingnorancia sobre los procesos psicosociales. Parece la obra del francés una ayuda inestimable para comprender cómo funcionan esos procesos: identidad, construcción de la subjetividad, exclusión, establecimiento social de la normalidad... Es posible que el rechazo social que sufriera a temprana edad por su condición de homosexual le impulsara a preguntarse durante toda su vida sobre la exclusión provocada por unos límites sociales tan estrechos. Toda su obra será una respuesta trasngresora a esos límites.
"Qué es por tanto la filosofía -quiero decir la actividad filosófica- si no es la labor crítica del pensamiento sobre sí mismo. Y si no consiste, en vez de en legitimar lo que ya se sabe, en tratar de saber cómo y hasta dónde puede ser posible pensar de otro modo". Pensar será siempre peligroso para el sistema y los poderosos, para un supuesto orden social establecido que se considerará en peligro ante el desenmascaramiento de sus intereses y de lo que no es sino falsa apariencia.

Juan Caspar Subir


 

El yanqui, el chino
y el fin de la crisis

De dios y la izquierda divina

 

La revolución contra la barbarie

La filosofía al servicio de la libertad