PERIODICO ANARQUISTA
Nº 254
         SEPTIEMBRE 2009

 

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Luchar para vivir

Desde el primer día de nuestra vida en la tierra, al salir del vientre de nuestra madre, nos encontramos inexorablemente envueltos de la más vil carroña putrefacta en su más elevado estado de descomposición social, que a cada instante amenaza con contagiarnos y seguir su curso peligroso y deplorable en el transcurso del tiempo, arrastrándonos a lo más oscuro del abismo animal en el cual la razón, el amor, la fraternidad, la verdad y demás conquistas humanas quedan aplastadas por la más estúpida y despiadada ignorancia que acto seguido deja paso al flujo de la sangre engangrenada que forman la ética y las bases conceptuales de nuestra carnívora sociedad; a ella se aferran aquellos pretendidos sabios, progresistas, intelectuales, políticos, en definitiva llámense por su correspondiente nombre, pulgas y liendres unifor-madas, centralizadas en un único pensamiento perecedero aparte de incoherente y falto de entendimi-ento. Todo este mar de puntos negros y desordenados que se llama vida, permanece inerte a la vez que muerta, por la sola y única razón que si siguen manteniéndose vivos es por pura inercia, siguen sin con-ciencia alguna a los encargados de oprimirles, de explotarles, de enfrentarles para asesinarse entre ellos, como el perro corre detrás del amo, y al converger las opiniones de todos ellos en la vida diaria se sien-ten libres y felices, satisfechos con ellos mismos.
Entre toda esa multitud desbordada por la pasión, que traducida en ferocidad, la utilizan con el fin de arremeter cuando se encuentran acorralados lastimándose en su propia arrogancia y soberbia, existen otra clase de personas que aunque también viven muertas por el sometimiento de la mayoría al estado de aprendiz de cura, lo saben y se rebelan contra todo desde su más tierna infancia, rechazan y odian el modo de vida actual, se instruyen, se esfuerzan por aprender lo que les llena de vida, aman, quieren, vi-ven consigo mismos y con sus iguales en verdadera paz y armonía social, desean crear un futuro her-moso y repleto de paz, donde reine el bienestar mutuo donde las flores broten de nuestras cabezas unién-dose unas con otras para formar una sola y esperanzadora que nos traiga los más altos grados de amor, paz, hermosura, alegría, todas ellas nunca antes conocidas e imaginables; que los niños corran y crezcan sin peligro de ser engañados y turbadas sus preciosas mentes, que caminen hacia un mundo feliz, gran-dioso y bonito. Este es nuestro precioso y sublime ideal, por el que luchamos y nos mantenemos vivos, para que allí donde se encuentre la más mínima injusticia entre los seres humanos, acudir y hacerla de-saparecer, y aquellos que tanto empozoñan al anarquismo hablando con conocimiento o sin él, se estre-llen contra sus propios límites infranqueables de tontos pensamientos propios de mentes menguadas por la enfermedad. Que caiga el bastardo Estado con todos sus puntos de apoyo a la voz de los luchadores que proclaman la anarquía, que tiemblen todos los instigadores y conspiradores que forman la perfecta máquina de matar los cerebros desde el comienzo de su andadura, porque aquellas personas que sienten que se debe luchar para vivir de verdad, disponen de la más grande e imperecedera humanidad que traerá la revolución social uniendo de una vez por todas a todos los seres humanos en un único fin. Descubri-remos un nuevo mundo nunca antes imaginado, ni en nuestros sueños: la anarquía. Pero pobre de aque-llos miserables ambiciosos que osen interponerse en el camino de los que gritan fuertemente y con en-tera rectitud, honradez y claridad de entendimiento: igualdad, fraternidad, libertad; serán barridos por la multitud consciente y el Estado se desplomara junto con todas sus anomalías inherentes a su bárbara naturaleza, dejando lugar al más maravilloso paisaje de existencia social en el mundo: la anarquía.

Julen Subir


La OTAN y el nuevo unilateralismo

Quizás se conozca la afirmación de Bertrand Russell sobre las religiones: "Se dice a menudo que está muy mal atacar a la religión, porque la religión hace al hombre virtuoso. Eso es lo que se dice; yo nunca lo he visto".
Para resumir lo que creo que conviene decir sobre la OTAN, podríamos utilizar una fórmula parecida. Para las cuatro primeras décadas de su existencia, diríamos lo siguiente: "Se dice a menudo que está muy mal atacar a la OTAN, porque la OTAN nos defiende contra los ataques del bloque del Este. Eso es lo que se dice; yo nunca lo he visto".
Desde hace dos décadas, la fórmula sería: "Se dice a menudo que está muy mal atacar a la OTAN porque la OTAN nos defiende contra los terroristas y extiende la democracia. Eso es lo que se dice; yo nunca lo he visto".
La OTAN real que se esconde detrás de la OTAN proclamaba: Primera versión "Keep Russians out, Americans in and Germans down" (rusos fuera, americanos dentro y alemanes abajo): ese era el eslogan con el que, en 1949, en el momento de su creación, la Organización del Tratado del Atlántico Norte definía, por medio de su secretario general, su triple misión: la primera, la defensa mutua contra la URSS era, sin duda, la más importante.
Ha hecho falta una buena dosis de propaganda para hacer creer que la URSS, en 1949, representaba una amenaza real contra la que la nueva organización iba a defendernos. Frente a una URSS debilitada y devastada por la guerra, se encontraban los Estados Unidos, cuya misma guerra había relanzado su economía y poseían en exclusiva la bomba atómica, que acababan de utilizar dos veces mejor que una.
La OTAN, de entrada, tuvo por tanto otra misión diferente de la que se había propuesto inicialmente. En el corazón de esta misión real figuraban en lugar destacado, por una parte la lucha contra las múltiples formas de "subversión interna" que representaban los avances de los políticos y los partidos europeos de izquierda, que había fortalecido la guerra, y por otra la desestabilización de la URSS.
Con estos objetivos, durante las cuatro primeras décadas de su existencia, la OTAN multiplicó en Europa las medidas contra la izquierda, apoyó los regímenes de derechas y de extrema derecha, así como a los grupos terroristas, y alimentó una carrera de armamentos con el trasfondo de la guerra fría, y de destrucción mutua garantizada (Mutually Assured Destruction, o MAD).
Herman, que recuerda todo esto en un artículo reciente, resume perfectamente la situación que prevaleció hasta comienzos de los años en que escribió sobre aquella época que era: "una organización ofensiva y no defensiva, opuesta a la paz y a la diplomacia, comprometida en operaciones terroristas y en otras formas de intervención política no democrática que representan, de hecho, amenazas para la democracia".
Con la caída de la URSS en 1991, la razón esbozada para fundar la OTAN se hacía insostenible, incluso para los más fervientes ideólogos: si esta razón no hubiera sido un simple pretexto, la OTAN se habría desmantelado aquel año, o un poco después.
Pero si la OTAN oficial había perdido toda razón de ser, la OTAN real seguía siendo pertinente y no iba a tardar en encontrar nuevas justificaciones para su existencia.
En abril de 1999, cincuenta aniversario de la organización, sería la ocasión para sus miembros de adoptar un nuevo concepto estratégico, avanzado por los Estados Unidos, en virtud del cual la OTAN estaría autorizada a realizar intervenciones militares sin el mandato de la Organización de las Naciones Unidas, intervenciones militares como la guerra de los Balcanes, empresa llevada a cabo sin el acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU, que ofrecía, precisamente en este momento, un ejemplo perfecto.
Las nuevas consignas, tan vacías e improbables como las anteriores, serían esta vez la lucha contra el terrorismo, la promoción de la democracia y la lucha contra las amenazas a la seguridad, y a ello se suman los imperativos de "seguridad" que Nicolas Sarkozy y Angela Merkel han demandado conjuntamente el pasado mes de abril para exigir un reforzamiento de los vínculos entre la OTAN y la UE.
La ideología del nuevo imperialismo, llámese humanitario o liberal, se ha podido desplegar a partir de esto, y Kosovo ha sido el primero globo sonda de su credibilidad.
Este movimiento continúa hoy día, a medida que la OTAN acoge a nuevos países. En su origen, la organización sólo estaba formada por doce países: con la incorporación, el pasado mes de abril, de Albania y Croacia, suma actualmente 28 países, muchos de ellos miembros del antiguo Pacto de Varsovia.

El nuevo unilateralismo militar: EE UU, OTAN, UE
Por mi parte, creo que lo que vivimos actualmente es una época bisagra y de transición entre un mundo unilateral dominado por una superpotencia militar incuestionable, y un mundo multilateral, de contornos sin duda imprecisos pero que anuncia ya la emergencia de nuevas potencias económicas y nucleares, en el que se podría diseñar el comienzo del fin de la dominación completa de Occidente. La OTAN sirve claramente para luchar contra ese escenario.
En primer lugar, mantiene una nueva forma de unilateralismo, de estabilidad incierta: el triunvirato EE UU, OTAN, UE, que se ejerce minando los fundamentos, ya de por sí frágiles, del derecho internacional, erigidos al término de la Segunda Guerra Mundial.
Como ha escrito Rick Rozoff: "Aunque les toque hacer un llamamiento a las Naciones Unidas en el caso de una ofensiva contra un Estado amenazado o para justificar una guerra, río arriba o río abajo, los dirigentes no reconocen ninguna función a organizaciones como el Movimiento de No Alineados (114 miembros), la Unión Africana (53 miembros), la Organización de los Estados Americanos (33 miembros), la Liga Árabe (23 miembros), la Organización de la Conferencia Islámica (57 miembros), la Comunidad de Estados Independientes y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la organización de Cooperación de Shanghai o incluso la Asociación de las Naciones del Sudeste Asiático".
En este nuevo orden OTAN-EE UU-UE se ha afirmado una vez más y se han precisado sus orientaciones durante la reciente cumbre que se reunió con motivo de los sesenta años de la OTAN en Estrasburgo-Kehl, que firmaba el regreso de Francia a la organización que De Gaulle le había hecho abandonar en 1966.
En este contexto hay que apreciar un fenómeno tan importante como terrorífico, pero demasiado poco discutido, que permite la persistencia y el reforzamiento de la OTAN: el relanzamiento y la intensificación de la carrera de armamentos -la OTAN incita a sus nuevos miembros a aprovisionarse a través de sus suministradores- pues hay que saber que los gastos militares de los países de la OTAN representan alrededor del 70 por ciento del gasto mundial.
Así pues, en el momento en que se han anunciado recortes en el presupuesto de defensa en Estados Unidos -su presupuesto militar total para 2009 es superior a 651.000 millones de dólares, lo que representa más del 50 por ciento de los gastos militares mundiales- las compañías americanas de armamento se verán obligadas a explorar nuevos mercados.
Pero este equilibrio sigue siendo precario, incluyendo el plan militar-industrial, puesto que estamos asistiendo, desde hace varios años, al aumento en poder y a la consolidación de las empresas europeas de venta de armas, competidoras de las empresas americanas. Es, por tanto, muy difícil predecir si este equilibrio resistirá o no. Por otra parte, y hay que decirlo, las ententes relativas al comercio de armas tratan de sustraer estas ventas a los parlamentarios y al público, como se puede constatar con el Framework Agreement Concerning Measures to Facilitate the Restructuring Operation of the European Defense Industry, firmado por Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos.
Como quiera que sea, una cosa es segura: la existencia de la OTAN, hoy como ayer, es una amenaza para la paz y la seguridad en el mundo, y ese pitbull que es Estados Unidos (como dice Herman), sigue siendo "una organización ofensiva y no defensiva, opuesta a la paz y a la diplomacia, comprometida en operaciones terroristas y en otras formas de intervención política no democrática que representan, de hecho, amenazas para la democracia".
Konrad Adenauer (1876-1967) ha dicho de la OTAN, sin reírse ni provocar la risa, que es una institución dedicada a la defensa de "la herencia de la civilización occidental". Si ese hubiera sido el caso, habría que desesperarse definitivamente respecto a la civilización occidental.
Si no nos desesperamos del todo, se debe a que estamos del lado de los que luchan por conseguir la abolición de la OTAN, lo que contribuiría a fortalecer nuestro ánimo.

Normand Baillargeon
(Le Monde libertaire) subir


Mafia y sistema de mercado

Pocos lo saben, pero el hecho es especialmente significativo y nunca ha salido en los grandes titulares. Cuando las fuerzas anglo-americanas desembarcaron en Sicilia en julio de 1943, lo hicieron con la ayuda de la Resistencia, desde luego, pero también con el apoyo activo de la mafia siciliana.
El Estado fascista italiano, verdadera mafia totalitaria, había logrado en gran parte poner fuera de juego a esta organización. Fue de un modo tan natural, que los mafiosos -los de la Mafia- veían el "restablecimiento de la democracia" con el regreso de su dominio… Cosa que efectivamente se produjo. Del mismo modo que el sistema soviético, que fue también muy rápidamente, y hasta el final, una mafia totalitaria, ha abierto el camino, por su caída, a la multiplicación de las mafias, una de las cuales está en el poder.
¿Qué es una mafia? Es una organización social fundada en las relaciones de fuerza, de explotación y de solidaridad con una base esencialmente familiar y personal.
Mafia y sistema de mercado no son, lo veremos, en absoluto incompatibles. Lo que parece separarlos es la sacrosanta legalidad. Pero ésta, lo sabemos bien, es de geometría variable. Se puede hacer de todo bajo la cobertura de la legalidad, tanto lo mejor como lo peor, y en asuntos de negocios, que es de lo que se trata aquí, lo peor suplanta a lo mejor la mayor parte de las veces.
La legalidad, contrariamente a lo que se nos cuenta oficialmente, no tiene sentido si no protege una determinada relación social dada por el sistema de salarios, expresión social de la relación de mercado. Ahora bien, la relación mafiosa, al margen de su relación con la legalidad oficial, está también basada en la explotación, la posesión y la relación de fuerza… No es sino una expresión de la relación de mercado lo que explica las numerosas relaciones entre "medios oficiales" y "medios mafiosos", relaciones evidentemente no reconocidas jamás, excepto cuando se trata de asuntos de repercusión o denunciados por una prensa independiente. A pesar de esto, la relación mafiosa plantea problemas al sistema de mercado y a su representación oficial. ¿Por qué?
El sistema de mercado, para estructurar la sociedad y asentar su autoridad, necesita dar testimonio de moralidad, dar la ilusión de igualdad, de legitimidad, de probidad y de solidaridad. Para ello ha puesteo en marcha toda una batería de procesos jurídicos, morales, ideológicos y políticos que sustituyen la violencia de las relaciones que representa, controla y custodia… Lo que no le impide, en cierto medida, pasar al margen de las leyes que ha establecido para defender sus intereses, generales o particulares.
El sistema mafioso no se molesta con esas sutilezas y reglamenta sin artificios sus problemas de funcionamiento.
El decálogo entre los dos "sistemas" es puramente formal. Uno negocia, el otro resuelve. Uno regula sus cuentas a golpe de fusil, el otro las entierra en procedimientos judiciales y compromisos políticos. En resumen, uno parece moral y respetable, el otro inmoral y condenable.

Estado y mafia
Desde este enfoque se comprende la antinomia que puede darse entre los dos, pero también las posibles relaciones entre ellos.
En la medida en que el Estado tiene una visión nacional e histórica del desarrollo mercantil, del desarrollo del capital, el carácter estrecho de la relación familiar no corresponde a sus intereses… a menos que este último coincida con la dimensión nacional. Es el caso del capitalismo familiar basado en las dinastías de las "grandes familias", un capitalismo que evoluciona -y ha evolucionado- hacia estructuras que superan ampliamente ese marco.
No obstante, nada impide al Estado ser un "concentrado institucional de una mafia", como es el caso de los Estados africanos, latinoamericanos e incluso, en ciertos aspectos, de los Estados llamados democráticos. En el caso de un Estado mafioso, este carácter es evidentemente negado, y todo se hace "constitucionalmente", para ofrecer el aspecto de una legalidad respetuosa del interés general, a menudo de otros con la complicidad de los Estados llamados "democráticos", que adaptan sus cuentas políticas, económicas, diplomáticas y estratégicas a esos acomodos.
En los Estados llamados "democráticos", el carácter mafioso es poco pronunciado porque existe un derecho, una opinión pública y unas fuerzas de oposición, pero (y Francia es un buen ejemplo), nepotismo, favoritismo, chanchullos y otras actividades más o menos legales, incluso bajo el manto del "derecho" y de la "legalidad", dan algo más que una impresión de prácticas mafiosas.
La legitimidad "oficial" de la que se jacta el poder político, como por otra parte también puede vanagloriarse la mafia, es puramente formal (véase Rusia o los Estados latinoamericanos o africanos; véanse también las maniobras, condicionamientos mediáticos y manipulaciones de las "democracias").

Liberalismo, bendición de la mafia
La pérdida progresiva de los poderes económicos del Estado, característica de su evolución liberal actual, resulta especialmente favorable al desarrollo de las mafias… El ejemplo ruso es la mejor ilustración de ello, así como la penetración cada vez más importante de las mafias en las economías europeas.
El hundimiento del imperio soviético es en efecto un "laboratorio" interesante para las prácticas mafiosas, oficiales y no oficiales.
El totalitarismo soviético ha sido sustituido, a la cabeza del Estado, por una mafia "oficial" salida de la antigua nomenklatura, mafia a su vez (véanse las prácticas del burócrata Yeltsin y del burócrata-policía Putin). En la sociedad civil rusa se ha desarrollado un capitalismo salvaje que ha dado lugar a la constitución de mafias locales, toleradas hasta cierto punto por el poder central. Esta tolerancia se limita simplemente a los conflictos de intereses.
La liberalización del sistema económico europeo ha favorecido y favorece (tenemos ejemplos todos los días) la difusión de las prácticas mafiosas en los sectores tradicionales (droga, prostitución, juego) y también en las actividades económicas "honorables" como la inmobiliaria, e incluso "prestigiosas" como las financieras, con participaciones en el capital de empresas aseguradores, de bancos, de casinos, etc.
El lobby, por ejemplo, práctica especialmente desarrollada en la comunidad europea, no es más que un aspecto "respetable" de las relaciones mafiosas entre los lobbies y los elegidos, desnaturalizando de este modo la concepción de la "representación popular".
La voluntad sórdida -y nunca desmentida a pesar de los discursos atronadores motivados por la crisis económica- de los Estados "democráticos" para aceptar y favorecer la existencia de "paraísos fiscales" donde se encuentran de incógnito los diferentes actores de esas prácticas, es una prueba irrefutable de la colusión entre mafias, medios financieros y, evidentemente, medios políticos de todo pelaje, que acaban encontrando ventajas económicas o en especie en ese tipo de relaciones.
Esto explica que la lucha contra la mafia sea una batalla perdida de antemano… hay demasiadas similitudes entre la institución mafiosa y la relación mercantil. Esto demuestra, si fuera necesario, los límites llamados "morales" llegada la ocasión.
Sin duda, se utilizará como argumento para explicar la impotencia, el respeto a la "legalidad". Y, como por casualidad, no se llega a conjurar la mafia hasta que no se llegue sin problemas a mandar a millones de asalariados al paro, y utilizando la "fuerza pública" si es necesario… Y como por casualidad, se denuncian los tráficos mafiosos pero se hace todo para no unificar las legislaciones anti-mafiosas y se toleran los "paraísos fiscales".
La relación mafiosa y la relación mercantil no son sino las dos caras de una misma moneda. El discurso legalista de las autoridades oficiales no puede ocultar esta realidad. Solo un cambio radical en los cimientos de las relaciones sociales, en ruptura con los principios mercantilistas, podrá evitar esta deriva.

Patrick Mignard
(Le Monde libertaire) Subir


60 años del fallecimiento de González Pacheco

"Vamos Abelardo, algo pasa, levantate que algo pasa.
El balcón de la casa de la avenida Independencia traía las imágenes de un pueblo movilizado, el sueño aquel.
Chambergo y moño, que a pesar del apuro no perdían aliño ni formalidad, largas escaleras, y la calle, la calle, el sueño aquel, el lugar de los sueños, adoquines desde donde nacería aquello.
Turba, obreros, trabajadores, paso agitado, hacia dónde, el sueño que comienza a trocar en agria realidad, potencia varonil que se adueña del músculo, fuerza incontenible, bíceps, cuellos desagarrados por el grito, y la tensión que sube por el brazo y la garganta, y sólo para nutrir los dedos de la fuerza necesaria para trazar una v en el cielo y a la garganta desde donde emerge un nombre, no un sueño, un apellido militar, no aquella esperanza.
Entonces contramano, el regreso, esquivando pueblo que iba a la plaza, y desde las bocas abiertas agria saliva que gana el aire pidiendo por el líder que nace, al mismo tiempo que bajo el chambergo algo muere.
No será esta vez. Ya no será".
Cuatro años después de aquella ilusión que terminó en decepción, Rodolfo González Pacheco murió.
Desde aquel 17 de octubre de 1945 en el que nació el Peronismo hasta el 5 de julio de 1949, día de su propia muerte, Pacheco vio cómo los vestigios del arraigado y duro anarquismo en la Argentina sería devorado.
El otorgamiento de prebendas sociales caló hondo en el sindicalismo dispuesto a olvidar 50 años de lucha.
Para el Viejo Pacheco significó además -al igual que para otros anarquistas- proscripción, persecución, y fundamentalmente, el comienzo del olvido.
Fue doblemente olvidado por la historia. La oficial, la historia conservadora, lógicamente nunca le otorgó un lugar. El revisionismo que nacía al calor de lo que los intelectuales del nuevo poder llamaron "la aparición del pueblo en el escenario político y económico de la Nación", también echó tierra sobre su legado. Estos sectores cumplieron minuciosamente con la tarea de acotar el poderoso movimiento anarquista en la Argentina al accionar de los compañeros vindicadores, expropiadores o que tomaron el camino de la violencia. Estigmatizaron, encasillaron, acotaron, y ganaron en su idea de asentar el siguiente concepto: al anarquista lo define como tal una pistola o una bomba bajo el sobretodo negro.
Así, Pacheco -intelectual, escritor, dramaturgo- desapareció. No hay registro fílmico ni de audio de sus encendidos discursos. Y los historiadores -salvo honrosas excepciones- prefieren desconocer su presencia en el movimiento durante los primeros 40 años del siglo pasado.
A 60 años de su muerte, algunos recuerdos.

Al igual que para tantos otros anarquistas, la derrota en España fue el comienzo del fin. Sus familiares aseguran que Pacheco ya no fue el mismo desde el regreso, en 1938. "Si ganábamos, nos íbamos todos para allá", señala Magda González Pacheco, la única hija viva, de las tres que tuvo el escritor y dramaturgo.
España, aquella obsesión de Pacheco, España "desde sus propias entrañas, tozudos hombres geniales se han alzado a transformarla. A lanzadas o caricias han pretendido acuñarle un nuevo cuño, otro ser, una imagen de otra postura y otro calibre. Y no pudieron tampoco. El mineral de su vida se hacía cruz, espada o pluma, pero conservando siempre el fuego, el timbre y el filo del mineral peleador: el de Cortés o Cervantes, de El Cid o Santa Teresa. Todos sus héroes lo han sido por su rotundo fervor para el mal o para el bien. (…) Un pueblo así, que vivió siempre tan en grande, tan en sí mismo y tan invariable, tenía, al fin, que escindirse, alzándose a la grandeza que hoy vive: bárbaramente tendido hacia los extremos de la dictadura y de la anarquía".
O en otro de sus recordados Carteles: "Somos dos bandos los hombres. La pelea es en la sangre de la entera humanidad. ¿Libres o esclavos? ¡Por la anarquía, compañeros! ¡Como en España!"
En la novela inédita Carteles en Rojo y Negro, el yerno de Pacheco y también dramaturgo, Julián Rey, reseña su propio viaje a España en 1937, su encuentro con el "Viejo", y la tarea que los unió: el montaje de la obra teatral Venciste Monatkof. El primer encuentro entre ambos en España se produjo en la secretaría del Circo Teatro Barcelonés, "un edificio grande y algo ruinoso".
Aquella puesta de la obra antiautoritaria de Isaac Steinberg -exiliado ruso antibolchevique-, fue la conclusión de una experiencia más amplia denominada Teatro del Pueblo -concepto posiblemente tomado del ensayo, Le théatre du peuple, de Romain Rolland, en 1903-.
Venciste Monatkof era, según el propio Pacheco, "la revolución por antonomasia". Su estreno causó sensación entre las filas anarquistas y anti-estalinistas de la retaguardia revolucionaria. Fue, el 19 de julio de 1937.
Volviendo al relato de Julián Rey, Carteles en Rojo y Negro así describe el clima del teatro, el día del estreno de la obra: "La sala presentaba un aspecto realmente imponente, con su patio de plateas y sus palcos totalmente colmados por un público compuesto, en su gran mayoría, por obreros. Grandes cartelones con las siglas CNT-FAI-AIT, Juventudes Libertarias de todas las regiones de Cataluña, Sindicato de Transportes, de Espectáculos Públicos, de la Madera, de la Industria Siderúrgica, de Sanidad, de la Enseñanza, de la Industria Textil, de la Distribución y Alimentación y muchos más que no recuerdo, cruzaban la sala. Otros, con el nombre de grupos específicos, tales como: 'Los Amigos de Durruti', 'Tierra y Libertad', 'Solidaridad Obrera' o el un tanto risueño rótulo de 'Los de ayer y los de hoy'... amén de una gran profusión de banderas rojas y negras".
La puesta de esta obra fue la concreción de uno de los sueños de Pacheco. Trabajadores sobre las tablas de un teatro, ejecutando una obra antiautoritaria, durante un proceso revolucionario.
A su regreso a la Argentina, derrotado, ya no fue el mismo.
Según Magda González Pacheco, gran parte de la producción teatral posterior a aquel viaje estuvo más orientada a ayudar a "parar la olla en casa", que a un sentimiento de lucha. La mirada puede ser parcial, pero sirve para explicar el sentimiento de frustración que anidaba en el espíritu de quien vio en España el sueño de una comunidad organizada sobre sus propios designios.
A pesar de ese dolor, siguió con su rutina de escritor de madrugadas gélidas en el pequeño altillo de la casa de la calle Independencia, y con su invariable espíritu fundador de periódicos.
El 5 de julio de 1949 falleció Rodolfo González Pacheco. Dejó por legado todo lo que escribió, lo que fundó, lo que dirigió, lo que transmitió de sensible esposo y padre, y una biblioteca de apenas un centenar de libros. Según su hija, "él no quería tener los libros, los leí y los regalaba... decía que los libros debían circular, que la idea tenía que llegar a todos... ¿para qué dejarlos guardados cuando podían estar en manos de los compañeros?"

Santiago Rey


El pensamiento anarquista

Nada justifica la abstención nuestra en ninguna parte. El pensamiento anarquista es actividad, valor y proselitismo. Es esa misma energía que baja a la entraña de la tierra o sube en un vuelo sobre las nubes; pero libre.
Nos caracteriza un fin sociable, de abarcación y remonte. Ninguna idea, hasta ahora, cargó una vida más móvil, más voluntad exaltada, al par que una fijeza final más distinta. Aunque a veces, como en los versos del poeta, de ella se puede decir que la luz ha oscurecido la antorcha…
Oscuros y vibradores nos mostramos casi siempre los anarquistas. Y esto, que quiere tomarse por un puro fuego fatuo que el viento rueda y apaga, no es más que la resonancia de nuestra profundidad. ¡Os digo que desconfiéis del fondo de las ideas que no tengan exaltaciones de superficie!
La exaltación es lo actual. Es el deseo de proselitismo sofocado; agua que se derrama del vaso. Siempre una nota de fuerza, un aire vivo, igual que ese que desatan, sobre las letras inertes y el bloque frío, los artistas superiores.
El anarquismo requiere de esos estados de las conciencias, ahora. Si ha de invadir los dominios de la vida, necesita sacudirla y exaltarla. Sacudirse y exaltarse.
No es sólo una creación de la inteligencia; lacta en el viejo fondo humano y desde allí se levanta hasta las más altas cumbres del pensamiento. Es lo que tiene de eterno y uno, que le facilita el triunfo entre las muchedumbres. Es sencillo, a la par que majestuoso; como un vuelo.
Volar, estremecerse y blandirse: he ahí lo que corresponde siempre, contra lo que no hay excusas, entre nosotros. Mantenerse con los fuegos encendidos. Aunque a veces, como en los versos del poeta, la luz nos oscurezca la antorcha.

R. González Pacheco Subir


La caridad y la mentira

La encíclica Caridad en la verdad no aporta nada nuevo al tradicional magisterio social católico. El mérito del escrito de Benedicto XVI es sobre todo ordenar los conceptos contenidos y reestructurar de una forma teológica más rigurosa la implantación doctrinal de la que parte la Iglesia para difundir su propia enseñanza, a la luz del dictado evangélico.
La encíclica, ya desde el título, muestra la intención que guía la reflexión del Papa: la caridad, es decir, la atención a los demás que debe animar el esfuerzo social de los católicos, pero también la tensión política de la sociedad en su conjunto, que sólo tiene sentido si está iluminada por la verdad.
Un sentir solidario que no esté en conformidad con la verdad tiene el riesgo de deslizarse por el sentimentalismo, y de esta manera "el amor se convierte en un cuerpo vacío, que se puede llenar arbitrariamente. Es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad". La verdad impide que la caridad sea presa de una emotiva privación de contenidos y de una fe que mine la vocación universal. Por ello, una práctica de la caridad en la verdad no puede darse en un clima cultural de relativismo como el actual, puesto que "la adhesión a los valores del cristianismo es un elemento no sólo útil, sino indispensable para la construcción de una buena sociedad y de un verdadero desarrollo humano integral".
La adhesión a los valores del cristianismo es una fórmula muy pesada: no se afirma la necesidad de ser cristiano, sino de compartir los verdaderos valores (que no pueden ser más que cristianos). Según Ratzinger, la nuestra es una sociedad que, por culpa primero del iluminismo, y después del socialismo, ha minado los valores cristianos, los únicos que permitían la práctica de la caridad, sustituyéndolos por contravalores hedonistas y materialistas que impiden la solidaridad social. En los países económicamente más desarrollados, tales concepciones han favorecido una "mentalidad antinatalista" y del desarrollo de un progreso científico que pone en peligro la dignidad humana. Para evitar la actual tendencia relativista, con su corolario de guerra, aborto e injusticia social, es necesario que las valoraciones morales y las investigaciones científicas se desarrollen juntas, animadas por la caridad y por la doctrina social de la Iglesia, la cual "consiente a la fe, a la teología, a la metafísica y a las ciencias encontrar su lugar en la colaboración al servicio del hombre".
Aquí Ratzinger vuelve a un caballo de batalla, enormemente compartido y relanzado por otros: "la ampliación de nuestro concepto de razón y de su uso (…) indispensable para poder medir adecuadamente todos los términos de la cuestión del desarrollo y de la solución de los problemas económicos".
El cuadro teórico en el que se puede llevar a cabo una caridad real está diseñado: afirmación de una moral absoluta y clerical, rechazo consecuente del relativismo moral, necesidad de una razón ampliada a la metafísica, defensa de los derechos sindicales (a menudo reducidos por los gobiernos por razones de utilidad económica) y del mercado (que debe ser regulado por la solidaridad y la confianza recíproca).
Entre otras cosas, el Papa propugna la práctica de la donación, para interrumpir el binomio mercado-Estado, que corroe la sociabilidad en detrimento de formas económicas solidarias. El pontífice subraya el hecho de que "el mercado de la gratuidad no existe y no se puede disponer por ley de relaciones gratuitas"; considera, no obstante, que "tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas a la donación recíproca".
Ratzinger reserva buenos propósitos también a la empresa, que no debe responder casi exclusivamente a los inversores, reduciendo de esta manera su propio valor social; pone en guardia ante la práctica de la deslocalización productiva, que "puede atenuar en el empresario el sentido de responsabilidad ante los interesados: trabajadores, proveedores, consumidores, medio ambiente… en provecho de los accionistas". El Papa invita a que la gestión de la empresa no considere "solamente los intereses de los propietarios, sino que debe contemplar todos los sujetos que contribuyen a la vida de la empresa: los trabajadores, los clientes, los proveedores de los diferentes elementos de producción y la comunidad de referencia".
Cierto es que incluso también el hecho de que la deslocalización "cuando comporta inversiones y formación, puede beneficiar a la población del país que la recibe". ¿Cómo se resuelve entonces el problema? Especificando que "no es lícito deslocalizar sólo para gozar de particulares condiciones de favor, o peor, de explotación, sin aportar a la sociedad local una auténtica contribución para la creación de un sólido sistema productivo y social, factor imprescindible de desarrollo estable".
En estas últimas consideraciones es posible notar cómo el Papa, una vez fuera del plano teórico, no es capaz de afrontar las cuestiones a través de soluciones que no se ofrezcan más que como buenos propósitos para inculcar en la conciencia de los patronos.
La donación, la inversión altruista o la deslocalización sólo por el bien de los demás, son fórmulas que oscilan entre lo patético y lo habitual, y que no ponen en discusión realmente el sistema de poder sobre el que se basa la economía internacional.
De hecho, no existe empresario por vocación que viva a base de donaciones. Incluso los empresarios "buenos", que pagan los seguros sociales, no hacen más que distribuir, en parte, la deuda. La donación certifica únicamente la existencia de un excedente fruto del robo social, por lo que se debería hablar, si acaso, de restitución más que de generosidad.
La idea de que el sistema se pueda regular gracias a la caridad de los ricos a favor de los pobres no se basa sólo en un despiste teorético, sino que es fruto de la intención de la Iglesia de tener un papel reconocido en el ámbito de la concertación social. En cuanto a los sindicatos que gustan a Ratzinger, la Iglesia intenta afianzarse como estructura de mediación en los conflictos sociales, y sus esfuerzos se resumen en su tentativa de convencer, con buenas palabras, a los patronos para que sean menos egoístas y den algunas migajas de más para el sustento de los trabajadores. Lejos de afrontar el problema del valor del trabajo-mercancía, la Iglesia se limita a reafirmar la caridad de los fuertes, bendecida por el dictamen papal.
La paradoja reside en el hecho de que donde Ratzinger parece más progresista, precisamente donde resalta con habilidad los límites de un sistema necesariamente egoísta, demuestra también su más completa condescendencia con el capitalismo, con su mercado que, con la buena paz papal, no puede permitirse el lujo de tener alma.
Más allá de la fastidiosa lista de las cosas que no van bien, más allá de resolverse todas con la buena conciencia cristiana del capitalista o, al límite, con la mediación socialmente de un sindicalismo lacayuno por definición, sólo queda la evidente situación de compromiso con una Iglesia que desde siempre ha estado alineada con el poder, desde siempre es el poder, en su acepción más axiomática y sacra.
Por este motivo, la caridad en la verdad es una fórmula que, lejos de procurar ventajas a los explotados, está dirigida sólo a sacralizar todavía más las estructuras de poder procedentes, como toda autoridad, de Dios.
Tras las palabras solidarias e inocuas ante los trabajadores, se esconde, cada vez menos enmascarado, un ataque frontal a la razón moderna, que con esfuerzo se ha liberado del rollo metafísico; la verdadera intención del magisterio eclesiástico es, una vez más, alargar la razón, es decir, "dilatar la razón".
La necesidad de hacer a la razón humana capaz de mirar el plano de la realidad sin recurrir a supersticiones ni a dogmas ni a la metafísica teológica y filosófica, nace de la intención de desenmascarar cuanto, tras las promesas de ilusorios paraísos, encierra la voluntad por parte del poder de dominar, de mantener la división clasista de la sociedad. El límite de la razón pura y la experiencia -como sostenía Kant- y el rechazo de la objetividad de la metafísica no tiene nada que hacer sólo con una exigencia filosófica, no es una necesidad intelectual, sino que se manifiesta como un paso necesario para desplazar la moral monolítica a través de la que el conciliábulo Iglesia-Estado ha convertido en intocable el dominio de los patronos.
La reflexión que el movimiento revolucionario ha llevado adelante ha estado siempre dirigida a mostrar cómo la superstición religiosa, con su caridad pragmática y el paraíso como premio para los explotados, es una componente teórico-práctica ineludible para la buena salud del sistema de explotación del hombre sobre el hombre. La razón humana, una vez forzado el límite de la experiencia, debe inclinarse no sólo al catolicismo, sino también a todas las formas mágicas y sagradas que sirven de fermento psicológico y cultural para el más sofisticado delirio religioso.
Una vez dilatada la razón, ¿por qué motivo el cristianismo debe pretender ser tomado en consideración por encima de las otras religiones monoteístas u orientales? ¿Por qué no dar espacio también a la magia blanca o negra, o a las sectas religiosas de todo tipo? La invitación a la apertura de la razón, que los católicos consideran reservada exclusivamente a una nueva irrupción del magisterio de la Iglesia en el debate científico contemporáneo, debe ser denunciada como intento por parte de la sinrazón del poder de intoxicar la posibilidad de una lectura laica de la realidad. De hecho, sólo una mirada laica puede analizar de manera lúcida las dinámicas sociales, sin forzarlas hacia las narraciones acientíficas de las religiones cristianas.
La posibilidad de una lectura equilibrada de la sociedad actual preserva del desequilibrio teórico y de la creación de imágenes esquizoides de la sociedad, donde todavía pueden anidar patronos disfrazados de benefactores, y sacerdotes que cristianamente bendigan la obra caritativa para después sentarse a la mesa.
La razón laica de los revolucionarios puede desmontar el paternalismo de Benedicto XVI y la moral absoluta de sus secuaces, para revalidar una vez más que la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, libres de supersticiones religiosas y de absolutismos políticos. O no será.

Paolo Iervese
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Religión, ateísmo, poder

Reproducimos el texto del discurso que la Federación Internacional de Ateos (FIdA) pronunción en las II Jornadas sobre Librepensamiento celebradas en Madrid, del 17 al 20 de junio organizadas por los compañeors del grupo Volia (ver Tierra y libertad 252 de julio de 2009).

Habitamos en una situación histórica y económica determinada por el neoliberalismo y por el poder abstracto del capital. Esto ha dado lugar a formas de autoritarismo menos evidentes que en épocas anteriores. Aliado con este nuevo imperio está el neocristianismo, con sus diversas ramas, ficticiamente enfrentado a un creciente fenómeno de islamización en los centros urbanos de Europa y en las sociedades periféricas de Asia y África. Ambos fenómenos ideológicos se basan en la irracionalidad y en la tradición, se retroalimentan mutuamente y mantienen a la humanidad en un ilusorio pulso de "civilizaciones".
La influencia moral que ejercen tiene claras consecuencias sobre la vida de la población, porque finalmente operan en el campo de la actividad política, entendida no como el conjunto de mecanismos y relaciones que favorecen la convivencia entre individuos libres, sino, por el contrario, en tanto que instrumento de control, de sedación y de adoctrinamiento. El complejo religioso, tal como se presenta en sus diversas variantes, requiere para su subsistencia de un modelo social jerárquico, y apela a la "libertad de culto" (o a la hegemonía ideológica) para imponer sus doctrinas y mantener sus privilegios.
Al anclarse en mitologemas, pueden prescindir de mayores explicaciones y seguir interfiriendo en el discurso político, oponiéndose a la racionalidad crítica que debería aplicarse en dicho contexto. Una racionalidad que, por otra parte, sólo puede provenir de una posición vital ajena por completo a cualquier fideísmo.
De manera que, en referencia a nuestro mundo y a nuestra cultura, la exigencia de una moral autónoma es el punto de partida necesario para una transformación radical de las relaciones sociales y para crear un espacio público de libertades reales, superando así el dominio de las ideologías religiosas o mercantiles, que reducen al ser humano a la categoría de siervo productor, de enajenado soporte de la mercancía y de objetivo pasivo de la manipulación y de la propaganda.
Es éste el mejor momento, pensamos, para que el ateísmo abandone un espacio acrítico de "pura opción filosófica" para convertirse en un potente factor de transformación social. El ateísmo contemporáneo implica la "descristianización" y la "desislamización" de las sociedades, el demoler mediante una crítica subversiva, punto por punto, toda esa red de mitologemas que justifican el poder verticalizado, la desigualdad de géneros, la explotación económica o la reducción de la cultura a una simple pieza del intercambio mercantil.
La jerarquía y la autoridad se basan en la aplicación terrenal de modelos celestiales. La religión es así el último bastión de cualquier ideología de la rapiña. Ser ateo, pues, implica un compromiso, una cierta clase de "insurrección existencial", que detecte y neutralice, en la medida de lo posible, las ramificaciones y las consecuencias de la relación Señor-esclavo. El imaginario religioso no tiene otro objeto que la adecuación de los grupos humanos a un sistema de esclavitud libremente aceptado.
La religión es política. Tan simple ecuación permite establecer el principio de que la lucha contra la religión también debería ser materia política. Y de que se abordaría tanto desde presupuestos teóricos como desde una multitud de plataformas de activismo práctico, en forma de pequeñas organizaciones dotadas de coherencia interior y con estrategias claras, que incidan en reivindicaciones, acciones y gestos capaces de romper la gramática cultural que sustenta a la religión y a sus derivaciones. La ironía, la burla o la sátira constituyen una excelente herramienta, dado que ponen al descubierto el carácter superfluo y parasitario del clero, dejando en evidencia la inanidad de su discurso ultraconservador.
La religión es engaño masivo, ficción mitológica inspiradora de servidumbres voluntarias. El clero de todo pelaje aspira a la restauración de un nuevo tipo de feudalismo ideológico, dominado por la censura y por el miedo. Se da así la paradoja de una sociedad-mercado caracterizada por la uniformización del consumo y de sus redes de distribución, ligada a una atmósfera de revival religioso, en la que cabe cualquier variedad de pensamiento mágico.
Plantear una exigencia de racionalidad atea en un contexto dominado por la restauración idealista puede parecer una tarea abocada al fracaso. No cabe otra opción, sin embargo, que la de alertar acerca de la fase histórica en la que nos encontramos, denunciando el presente proceso oscurantista y examinando cómo las corporaciones religiosas, en su empeño por conservar el control social, buscan y se aseguran una íntima conexión con el poder político y económico.
¿Damos quizá demasiada importancia al papel de las religiones y de sus corporaciones? Es una crítica que se nos dirige con cierta frecuencia. Pudiera pensarse que el proceso normal de la actual civilización de masas desembocará en un predominio de la ética y del pensamiento crítico, que los fantasmas de lo irracional irán perdiendo terreno ante los descubrimientos científicos y que la lucha por los derechos y libertades finalizará con éxito algún día. Pero quien así piense ignorará los fundamentos tanto de la religión como de la megamáquina social que es su producto. Fundamentos que adquieren singularidad a partir de la psicología de masas y de los medios y mecanismos de transmisión cultural.
El ateísmo contemporáneo no puede, entonces, limitarse a una introspección intelectual, ni aspirar a igualarse en derechos con los creyentes, ni obcecarse tampoco en una especie de laicismo republicano que, en ocasiones, aspire a suplantar el papel social de lo religioso, transformándose él mismo en religión civil. Entendido correctamente, el ateísmo no ha de reducirse a la formulación de argumentos ateológicos. Su propio carácter ético induce a adoptar una posición crítica no sólo ante la religión o las filosofías del espíritu, sino también, y principalmente, ante las elaboraciones jurídicas, institucionales y somáticas que predominan en las sociedades contemporáneas y que constituyen un reflejo de aquellas.
Nos referimos, especialmente, a la Familia, el Estado y la Propiedad. Tres construcciones metafísicas. Tres ideologemas en cuyo núcleo respira el espiritualismo y el dogma. El patriarcado, la interiorización somática de los prejuicios sexuales, el vasallaje ante diversos grupos de presión, el ejército, el sistema penal carcelario, la industria, la penalización de las drogas o la organización del trabajo asalariado conforman otras tantas figuras del orden burgués que, desde un planteamiento radicalmente ateo, deben ser objeto de crítica y denuncia, precisamente en tanto que manifiestan características intrínsecamente ligadas a una interpretación metafísica del mundo.
Ésta es, suponemos, la razón de estas Jornadas sobre Librepensamiento. Denuncia y constatación. Pero también búsqueda de remedios y alternativas, de autonomía, de herramientas de lucha. El proyecto FIdA pretende ser un escenario de ideas, pero ante todo un mecanismo de ataque. De ataque a los fundamentalismos, pero también de ataque a quienes por debilidad o interés permiten su avance.
La solución pasa por un desmontaje teórico y por un "contrato" con lo real. Nuestra propuesta de acabar con los monoteísmos, de rechazar con igual pasión la Biblia, la Torah y el Corán -libros únicos que no toleran a otros libros-, es la propuesta de un ateísmo post-cristiano, contra los integrismos y a favor de las luces de la razón y de los saberes de la filosofía más inmanente. Es hora de dar la espalda a las ficciones y a las fábulas. Es hora de plantar cara al odio contra la inteligencia, las mujeres, los cuerpos, los deseos, la vida.
Volver a la carne. A la libertad de los cuerpos, a la salud racionalista, al hedonismo revolucionario, a la inmanencia como ejercicio político. Este es el programa: la autonomía del individuo y la igualdad social. Sin dioses. Sin amos.

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Por un deporte no competitivo

Presentamos un documento elaborado, hace alrededor de treinta años, por el "Colectivo Socio-Laboral", un grupo de profesores libertarios afiliados al Sindicato de Enseñanza de la CNT de Madrid. Lo ofrecemos a nuestros lectores porque lo encontramos de total actualidad.

Al hablar de deporte es conveniente distinguir entre las dos formas o manifestaciones básicas que el mismo adopta en nuestra sociedad, es decir:
A) El deporte como actividad físico-recreativa, que constituye un aspecto de la formación y de la realización del individuo.
B) El deporte espectáculo, en el cual la participación directa está limitada a un pequeño grupo de deportistas profesionales, mientras que la mayor parte de los implicados tienen un papel fundamentalmente pasivo, el de espectador.
En los párrafos que siguen nos limitaremos fundamentalmente a analizar el primer aspecto, o sea, el deporte como actividad físico-recreativa y especialmente sus implicaciones como instrumento educativo transmisor de una de las principales características de la ideología dominante: la competitividad.

El deporte y el aprendizaje
El tema del deporte no ha merecido en general excesiva atención dentro de la pedagogía tradicional ni tampoco por parte de los movimientos y alternativas pedagógicos críticos, a pesar de ser una de las actividades que más tiempo absorbe a la mayor parte de los niños y jóvenes, dentro o fuera del horario escolar.
Las razones de este olvido hay que buscarlas posiblemente en el hecho de que normalmente no se ve en el deporte nada más que una forma de diversión, o todo lo más de educación física, en un sentido estrecho de desarrollo corporal y ambas finalidades (diversión y formación física) ocupan lugares secundarios en la escala de valores de la ideología dominante. Nosotros no compartimos el criterio de subvalorar explícita o implícitamente las actividades físicas y manuales respecto a las intelectuales, pero creemos además que el deporte tiene unas funciones más amplias que las de diversión y desarrollo físico, con todo y que estas funciones nos parezcan bastante importantes.
El deporte constituye para el individuo una prolongación del juego; es un juego organizado y reglamentado y que en general incluye elementos competitivos.
No es este el lugar apropiado para extendernos sobre el tema del juego y de su importancia dentro del proceso de aprendizaje, por lo que nos limitaremos a citar a Karl Groos cuando afirma que los animales superiores nacen indefensos y durante el primer período de su vida, en que son protegidos por sus padres, se entregan al juego para aprender sobre su entorno. El juego y, por inclusión, el deporte forman parte del desarrollo integral del individuo y de su actividad global a través de la cual se realiza física, mental y socialmente.
El objetivo último de la acumulación de conocimientos es ayudar al individuo a vivir una vida más intensa y enriquecedora (esto es evidentemente un juicio de valor nuestro; en la realidad el objetivo último de los programas de enseñanza, por ejemplo, es integrar a los individuos dentro del sistema según los intereses de las clases dominantes). El deporte puede ser considerado como un tipo de conocimiento especial susceptible de ser transferido a otros campos de la experiencia aumentando de esta forma las potencialidades del individuo de una forma global. Es evidente que los efectos de la práctica deportiva no se limitan al aspecto físico-corporal (fuerza, coordinación, etc.). El deporte contribuye también a la formación del carácter y escala de valores del practicante. La actitud de los instructores y la organización en general de la práctica del deporte pueden favorecer el desarrollo de la imaginación, la creatividad y la solidaridad, por ejemplo, o bien de la disciplina y la competitividad. En suma, lo que afirmamos es que la práctica deportiva contiene una clara componente ideológica en cuanto es por una parte reflejo y por otro sistema de reproducción de actitudes y modelos de conducta de la ideología de la clase dominante en la sociedad, igual que el sistema de enseñanza.

La competitividad en el deporte
Actualmente, la competitividad es la característica dominante en la práctica de los deportes; la motivación más importante para la práctica de los mismos es el prestigio que da la victoria en las competiciones. Este enfoque implica una división de los practicantes en vencedores y perdedores, según unos criterios arbitrarios (normas de competición, reglamentos, etc.) que en líneas generales tienden a dar la victoria al que demuestra ser más fuerte, más rápido o más hábil que los demás. A un sistema económico basado en la competencia y en la supremacía del más fuerte le corresponde una estructura y organización de la formación física de características similares.
Nuestra crítica no se dirige al hecho de que la práctica del deporte contenga aspectos competitivos, sino al carácter dominante y prioritario que se le da a la victoria competitiva, que constituye para muchos el principal, si no el único, objetivo del deporte, a causa del supuesto prestigio social que conlleva.
Es evidente que la competencia en el contexto del aprendizaje de una técnica constituye normalmente una motivación para continuar mejorando y mantiene el interés, lo que finalmente implica un estímulo para la adquisición de conocimientos y por lo tanto supone un factor positivo. También nos parece que tiene una buena parte de razón la teoría de la catarsis cuando afirma: "El juego es catárquico en su acción, es decir, provee una salida a ciertos instintos y emociones reprimidos que no pueden encontrar una expresión directa suficiente ni en la infancia ni en la vida adulta. En la vida civilizada el instinto de agresividad, por ejemplo, no encuentra un campo de acción suficiente. Somos luchadores por naturaleza y tenemos que luchar, por esto el hombre civilizado se pelea en el juego. Cualquier juego es un simulacro de combate, en el que no se derrama sangre, ni tan sólo se muestra enfado, pero sin embargo se libera la energía de este instinto, al proveer un canal sustitutivo para su expresión (J. S. Ross).
Aunque el pretendido carácter innato o instintivo de la agresividad sea según nuestra opinión bastante discutible (pues es evidente que la educación y en general el entorno social tienen un papel decisivo en la formación de tendencias agresivas) es indiscutible que esas tendencias existen, por lo menos en nuestra sociedad actual y, por tanto, debemos juzgar positivo el papel de válvula de escape que desempeñan el juego y el deporte competitivos; en el peor de los casos, se trata de un mal menor.
Sin embargo, a nuestro entender los anteriores argumentos no justifican el papel determinante de la competitividad en la práctica deportiva, ni el prestigio que la victoria deportiva confiere no sólo al vencedor sino también a su lugar, comarca o nación de origen.
Esta idea de prestigio asociado a la victoria en competiciones impregna todos los niveles de la burocracia deportiva. A nivel estatal, la victoria en una competición internacional se concibe implícitamente como una demostración de superioridad nacional, racial o ideológica. La mayor parte del esfuerzo y de los recursos de los organismos estatales se dirigen al mantenimiento y fomento de unas reducidas élites de supercampeones que puedan llevar el nombre de la nación bien alto por todo el mundo, en detrimento de las condiciones materiales de práctica del deporte para el individuo corriente; así, las instalaciones deportivas se encuentran en lugares inaccesibles, por la excesiva distancia a la mayor parte de los ciudadanos, en lugar de distribuirse convenientemente por los barrios, con lo que su utilización queda limitada a profesionales o a personas que gracias a su nivel de renta pueden disponer de suficiente tiempo libre, vehículo, etc.
La obsesión por ganar competiciones se encuentra también en las instituciones y organismos regionales y locales (federaciones y asociaciones deportivas) y en los organismos de base, como clubes y escuelas, y finalmente en los profesores o instructores de las distintas disciplinas deportivas, que llegan a creer que la mejor prueba de su capacidad pedagógica y profesional es conseguir que de entre sus alumnos salgan el mayor número posible de "campeones". Para ello intentan inculcar a toda costa el espíritu competitivo más exacerbado, sin tener en cuenta el carácter neurótico que ello puede provocar a los practicantes y las frustraciones que se producen cuando no se alcanza la tan anhelada victoria; todo ello, evidentemente, en perjuicio de una formación física, mental y social equilibrada. En la escuela esta situación viene agravada por el hecho de que la práctica del deporte acostumbra a ser una actividad obligatoria.
Los efectos negativos de este enfoque de la actividad deportiva son múltiples. Resumiendo, podemos decir que los más importantes son:
A) Sentimientos de frustración por parte de los perdedores y de engreimiento por parte de los vencedores.
B) Abandono muy frecuente de la práctica deportiva una vez superada la edad competitiva óptima, al desaparecer la motivación básica.
C) Especialización en un solo deporte, en algunos casos desde un edad muy temprana, como ocurre en natación, con vistas a dedicar al entrenamiento el máximo tiempo posible, lo cual es imprescindible para lograr un determinado estándar competitivo, pero que ciertamente no contribuye en absoluto a enriquecer la experiencia del individuo.
D) El afán de victoria puede inducir a la realización de esfuerzos demasiado fuertes o demasiado prolongados que pueden ser causa de lesiones y deformaciones físicas en el propio practicante o en sus oponentes y como consecuencia llegan a provocar situaciones de agresividad verbal y física extradeportivas.
E) La práctica de un deporte con objetivos exageradamente competitivos contribuye a la formación de un carácter y una moral autoritarias, a través de una represión de los instintos (para ser campeón no se tiene que fumar ni beber y practicar la continencia sexual) y la obediencia y sumisión ciega al entrenador. La práctica de utilizar el deporte como instrumento indirecto de represión sexual no es nueva; seminarios y escuelas religiosas en especial han hecho tradicionalmente un amplio uso de la misma. En pocas palabras, consiste en inducir una práctico exagerada de deportes o juegos relativamente duros, con el fin de conseguir la sublimación de los impulsos sexuales a través del agotamiento físico.

Propuestas para un deporte no competitivo
1) Ante todo creemos imprescindible abandonar la primacía del objetivo competición dentro de los planteamientos y de la práctica deportiva. Lo competición debe ser una consecuencia de la práctica de un deporte, no su objetivo principal.
2) El deporte ha de ser ante todo juego, diversión. Dentro del deporte ha de haber un lugar para la imaginación y la creatividad: un instructor, por ejemplo, puede animar a sus alumnos a que modifiquen un deporte, varíen el reglamento, etc. La competencia, por otra parte, puede buscarse fuera de la competición propiamente dicha; por ejemplo, puede tomar la forma de la elección por parte de un grupo del practicante que tiene el mejor estilo, o el que se entrena con mayor asiduidad, o el que ha demostrado más compañerismo en sus actuaciones.
3) Creemos muy importante fomentar lo práctica de diversos deportes distintos, especialmente en las edades inferiores, de forma que los niños puedan pasar fácilmente de un deporte a otro y elegir el que (o los que) mejor se adapten a su personalidad.
4) Finalmente estamos contra la práctica deportiva obligatoria, como uno asignatura más del programa escolar (podemos mencionar de paso, aunque sea apartarnos ligeramente del tema, que estamos contra cualquier tipo de asignatura obligatoria).
5) En el aspecto material, es preciso reivindicar en los barrios espacios y zonas polideportivas abiertas a cualquier persona y a un coste asequible, cuya gestión debería corresponder o las entidades recreativas y culturales de los propios barrios.

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Pronunciamiento libertario:
Detrás del telón sobre Bagua

Pretenden que vivamos una farsa. El poder opresor (Capital, Estado, etc.) no sólo utiliza violencia física para controlarnos, también crea una jaula invisible que llama "normalidad", busca adueñarse del pensamiento y los anhelos de los dominados impidiéndoles ver la posibilidad de su propia liberación. Quien desobedezca será sancionado socialmente como iluso o subversivo. Los medios de comunicación también son armas, disparan cortinas de humo para desviar nuestra atención y hacer que olvidemos las injusticias cotidianas. La prensa maquilla los hechos, los vuelve mercancía, banaliza la muerte. Por eso, mientras la gente era asesinada en Bagua, rápidamente el sistema arremetió con farándula en primera plana, exaltación de nuevas glorias deportivas, titulares llenos de fervor patriótico, en fin, el rojo de la bandera peruana sobreponiéndose al rojo de la sangre de los asesinados en el aún irresuelto conflicto en la Amazonia.
Hay cientos de desaparecidos aún, decenas de detenidos, realidad que el régimen pretende ocultar, familias desconsoladas, comunidades incompletas pues en la arremetida policial muchos de los que huyeron aún no han regresado. Las arbitrariedades en los arrestos son cosa común. Pretenden provocar la desmoralización de la gente para acabar con años de lucha y organización, pero, a pesar de la represión, los pueblos amazónicos siguen dispuestos a luchar.
No, no defendemos la soberanía nacional, si esto quiere decir propiedad del Estado y dominio de su burguesía local. Somos partidarios de la administración directa de las comunidades, de su capacidad de autogestión. Estamos en contra del desarrollo ciego y la industria depredadora, es momento de plantear formas radicalmente distintas de convivencia, sin explotación del hombre y la naturaleza. No atacamos a la empresa transnacional por ser extranjera, sino por ser explotadora, capitalista. La lucha amazónica no ha sido provocada por el chavismo u otros supuestos agitadores, esas son patrañas del gobierno que quiere encontrar falsos culpables y negar la capacidad de las comunidades de actuar por sí mismas. Defendemos la autonomía de los pueblos y deseamos espacios libres de contaminación no sólo en el Perú, sino en todo el mundo. Este conflicto no es una guerra de "Estados imperialistas" contra sus neocolonias, el Capital usa cualquier bandera (el enemigo también se viste de rojo y blanco) por eso comprendemos que, para liberarnos, es inútil hablar de "patria".
No se trata de mantener espacios para el turismo o de una añoranza cursi del buen salvaje; las comunidades indígenas poseen sus propios conflictos. No idealizamos, simplemente somos solidarios contra el enemigo común. El poder opresor ha atacado sin vacilar, ha matado, sigue matando y pretende que miremos a otro lado para proseguir impunemente. Esta lucha es la de todos, y si hoy son los indígenas amazónicos, mañana puede ser cualquiera el "desaparecido", pues el Estado y el Capital son el mundo del no-cambio, la homogeneidad represiva que nos escupe si tenemos la osadía de cuestionarlo, para ese mundo, sólo existimos como objetos y mercancía, somos descartables.
Luchemos, opongamos a esa normalidad homogeneizante nuestra diversidad crítica, seamos la negación de esa farsa. Como dicen los zapatistas en México: Si en este mundo no cabemos, pues otro mundo hay que hacer.

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Luchar para vivir

La OTAN y el nuevo unilateralismo

Mafia y sistema de mercado

60 años del fallecimiento de
González Pacheco

 

La caridad y la mentira

Religión, ateísmo, poder

Por un deporte no competitivo

Pronunciamiento libertario:
Detrás del telón sobre Bagua