PERIODICO ANARQUISTA
Nº 251
         JUNIO 2009

 

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Elecciones europeas

El próximo 7 de junio se convocan elecciones al Parlamento europeo, esa institución supranacional con pretensiones de mega-Estado. Nos hablan de la necesidad de potenciar el europeísmo, pero de lo que están realmente hablando es de fortalecer una serie de instituciones que tienen un único fin: reforzar el capitalismo. No tratan de crear una Europa de los ciudadanos, como machacan en su propaganda; lo que han montado y están afianzando es la Europa de los mercaderes, la Europa de los banqueros, en resunen, la Europa de la burguesía.
No en vano el germen de la actual Unión Europea fue el Mercado Común Europeo. Se trataba -y se trata- de eliminar las fronteras económicas para que las diferentes burguesías nacionales pudieran comerciar con sus productos entre sí. La creación de una unidad monetaria común (el euro) no ha sido más que una consecuencia de lo anterior. Para ello, ha habido un reajuste en las economías nacionales en detrimento del poder adquisitivo de la clase trabajadora. Como siempre ¡gana la banca!
También sirve la Unión Europea para destruir, en todos sus países miembros, el llamado estado de bienestar, es decir, todos los logros que en la segunda mitad del siglo XX fueron conseguidos por los trabajadores a base de movilización y lucha. Hablamos de sanidad, vivienda, salarios dignos, subsidio de desempleo…
Con la connivencia de los sindicatos (corruptos hasta la médula y que conforman en la actualidad uno de los más firmes apoyos con que cuenta la burguesía) se está acabando con todos los logros de la clase obrera. La privatización de los servicios públicos es la lógica consecuencia de todo esto.
El Parlamento europeo sirve a la perfección a los designios de la burguesía sancionando la venta y privatización de todos los servicios públicos. Algo que hemos pagado entre todos los trabajadores, ahora es vendido para mayor beneficio de las burocracias gubernamentales y, claro está, para que la burguesía pueda hacer negocio, sin control de los usuarios, de una serie de servicios necesarios a la población.
Pero para acabar con todo esto de nada vale ir a votar. Los partidos llamados de izquierdas han sido una pieza fundamental en todo esto. Los socialistas-comunistas-ecologistas y demás jamás se han opuesto a estas políticas sino todo lo contrario. Recordemos que la privatización de los servicios públicos y la destrucción de las conquistas de los trabajadores las están llevando a cabo (España es un ejemplo) gobiernos socialistas. De la derecha mejor no hablamos.
La solución no pasa por las urnas, no sirve de nada una eurocámara con mayoría de izquierdas. El Parlamento siempre está al servicio del capitalismo. Este año se cumple el doscientos aniversario del nacimiento de Proudhon. Él decía que el poder conquista a sus conquistadores, y todavía está por demostrar que se equivocara. Si queremos cambiar las cosas la única solución es luchar. Si nos movilizamos, si combatimos la injusticia empleando la acción directa, sin dirigentes, podremos comenzar a recuperar el terreno perdido y conseguir más. Si nos acomodamos delegando en otros para que solucionen nuestros problemas, seguimos estando perdidos.

A. G. Subir


México: Némesis porcina

El Distrito Federal, la ciudad-monstruo, se convirtió en ciudad-fantasma. El ejército patrulla las calles. Las escuelas están cerradas, los bares, los cines y los museos también, mientras que los restaurantes sólo proporcionan alimentos para llevar. Usualmente atiborradas de coches, las grandes avenidas se encuentran semivacías. Los raros transeúntes lucen máscaras faciales que otorgan al ambiente un toque surreal y apocalíptico que evoca las pesadillas metálicas del cine expresionista.
Michel Foucault llamaba biopoder al conjunto de mecanismos por los cuales los rasgos biológicos esenciales de los seres humanos se vuelven blanco de estrategias de poder. Ante la transformación de la vida en objeto administrable, los mecanismos en cuestión no se limitan a los tradicionales dispositivos disciplinarios, sino que se relacionan con políticas de seguridad que atañen a poblaciones enteras.
Una panoplia de medidas legales, decretos, reglamentos, circulares que permiten implantar mecanismos securitarios cada vez más sofisticados invade nuestras existencia con el pretexto de preservar nuestra salud. Sin embargo, el proceso se va agotando. Después de transformar en mercancía todos los bienes -incluyendo el agua que tomamos y el aire que respiramos-, el capitalismo se estrella contra barreras no tanto cuantitativas (como creen algunos), sino más bien cualitativas: el movimiento de dominación sobre la naturaleza ya no se domina a sí mismo.
El problema de la destrucción del ambiente natural y de las perturbaciones que introducen los agentes químicos y los productos de la industria en nuestro quehacer cotidiano es mucho más grave de los que nos imaginamos. La catástrofe atañe incluso a la posibilidad de preservar el planeta: ríos, mares y bosques agonizan; especies vegetales y animales desaparecen por docenas; montañas de hielo se derriten a causa de gases mortíferos; moléculas enfermas contaminan nuestra comida.
Es así, me parece, como hay que abordar la más reciente de esas catástrofes que, nos dicen, amenaza al mundo entero: la gripe porcina, pesadilla genética engendrada, al parecer, por algún criadero industrial.
He aquí los hechos. El 23 de abril de 2009, por la mañana, el secretario de Salud del gobierno mexicano, José Ángel Córdova Villalobos, informó que se habían detectado algunos casos de infección, pero que eran "habituales". Hacia las 11 de la noche, sin embargo, anunció una medida sin precedente: la suspensión de las clases en toda la zona metropolitana del valle de México. El lunes 27, la suspensión de clases ya se había extendido a toda la República. El martes, Córdova anunció que un total de 159 personas murieron en México y que 2.498 contrajeron la enfermedad, de las cuales 1.311 permanecen hospitalizadas. El miércoles rectificó: sólo se confirmaban 8 de los 159 fallecimientos.
El mismo día, después de precisar que prefería omitir los datos que había proporcionado en precedencia -"para no causar confusión" (¡!)-, notificó la suspensión de las actividades en la administración pública entre el 1 y el 5 de mayo, una medida de modesto alcance pues de todas formas son días vacacionales.
Mientras tanto, nos dicen que en tan sólo una semana la gripea porcina se desarrolló en diez países. El 27 de abril falleció en Texas un bebé de 18 meses (mexicano). Además de Nueva York, California y el sur de los Estados Unidos se reportan casos en Canadá, Costa Rica, España, Reino Unido, Israel, Nueva Zelanda y Australia, entre otros países. El 28, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eleva la alerta pandémica del nivel 3 al 4 y luego al 5 en una escala de 6... El pánico cunde en el mundo entero.
¿De dónde proviene la enfermedad? Nadie lo sabe a ciencia cierta y raramente se proporcionan nombres y apellidos de las personas fallecidas o entrevistas con sus familiares. Una primera versión, persistentemente desmentida, ubica el foco de infección en La Gloria, municipio de Perote, Veracruz, que desde hace meses se encuentra en el epicentro de una misteriosa epidemia.
Nubes de moscas se desprenden de una laguna fétida en donde la empresa Granjas Carroll -propiedad de Smithfield Farms, gigante transnacional porcino con un largo historial negro- arroja toneladas de desechos fecales. Entre diciembre de 2008 y marzo de este año, más de 500 personas han sido tratadas por enfermedades respiratorias que se convierten en infecciones neumológicas.
Según un reportaje del periódico Milenio (13 de abril), todos los que se han atrevido a denunciar la contaminación de Granjas Carroll, han sido objeto de espionaje y acoso por parte de la empresa. Y puesto que en el mundo al revés las víctimas son siempre culpables, el diputado local por Perote, Joel Arcos Roldán, responsabiliza a los pobladores de propagar la infección "por utilizar remedios caseros".
Provoca hilaridad que los agroexportadores exijan cambiar el nombre de gripe porcina a gripe mexicana pues se dicen perjudicados por la plaga. Por su parte, GRAIN, una ONG consagrada al estudio de la biodiversidad y la agricultura sustentable, informa: "Las condiciones insalubres y de hacinamiento de los criaderos hacen posible que con mucha facilidad el virus se recombine y desarrolle nuevas formas. Una vez que esto ocurre, el carácter centralizado de la industria garantiza que la enfermedad se disemine a lo largo y ancho, ya sea por las heces fecales, el alimento, el agua, o incluso las botas de los trabajadores". A esto es necesario añadir que las industrias porcinas suelen criar también pollos, lo cual, evidentemente, estimula las mutaciones virales.
Otras fuentes juran que el virus de la gripe porcina apareció por primera vez en Estados Unidos. Con base en el testimonio de científicos norteamericanos, la web infowars.com afirma que la gripe porcina fue cultivada en laboratorio.
¿Una vacuna malograda? Es posible, si consideramos las múltiples triquiñuelas que acostumbran las industrias farmacéuticas. De paso, es útil recordar que las vacunas son enormemente rentables para quienes las producen, pero ¿previenen las enfermedades? Esta pregunta nunca ha sido contestada de manera satisfactoria. Tampoco se conocen a cabalidad sus efectos iatrogénicos.
Así las cosas, estremece enterarse de que la empresa farmacéutica Sanofi Aventis, fabricante de vacunas contra la gripe, donará 236.000 dosis a México como "apoyo" al control de la enfermedad.
Desde París, Jean-Philippe Derenne, director del hospital Pitié-Salpêtrière y autor del libro Pandemia, la gran amenaza, nos asegura que estamos ante una llamarada o bien en el comienzo de una catástrofe de proporciones mayores (Liberation, 28 de abril). Añade que las máscaras faciales son completamente inútiles: ya sea el virus las penetra sin problemas o se mete por los lados… Por mi parte pregunto: ¿por qué nadie informa qué hacer con las máscaras usadas? ¿No son focos de infección?
"Epidemia mundial de tamiflu", titula Liberation, en alusión al frenesí por el medicamento antiviral que comercializan los laboratorios Roche que, de paso, vieron sus acciones subir un 4,6 por ciento en un solo día, algo nada desdeñable en estos tiempos de crisis. Roche adquirió la patente a la empresa estadounidense Gilead Sciences, presidida entre 1997 y 2001 por Donald Rumsfeld, el ministro de Defensa del gobierno de George W. Bush.
En México, el ejército resguarda 1.400.000 tratamientos antivirales en el Campo Militar Número Uno. Una sola compañía, la distribuidora San Pablo, compró todo lo que había en el mercado y lo está entregando en los hospitales privados. Cabe añadir que uno de los pocos casos dados a conocer públicamente, el de Edgar Hernández, niño de cinco años oriundo de La Gloria, ha sido tratado satisfactoriamente con antibióticos y paracetamol.
Toda esta información altamente contradictoria no puede atribuirse a una conspiración. Llegó el momento en que, al igual que la aceleración consumidora de tiempo, la educación cretinizante, la información desorientadora y la medicina que produce enfermedad, las políticas públicas se vuelven patógenas y paralizan la acción autónoma de las personas. Iván Illich, uno de los grandes críticos de la sociedad industrial, detectó este fenómeno con precisión hace más de tres décadas. Le llamó contraproductividad específica.
¿Cuál es la situación real? Según el doctor Pablo González Casanova Henríquez, epidemiólogo con años d experiencia en África y América Latina, "el peligro es serio, pero hay una enorme manipulación tanto a nivel nacional como internacional. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, en lugar de insistir en el tema de la prevención se limita a recomendar el medicamento antiviral Tamiflu, es decir, habla de negocios…"
Salta a la vista, por otro lado, el alcance liberticida de las medidas que toma el gobierno mexicano: ingresar sin orden de cateo a todo tipo de local o casa habitación; aislar a personas sospechosas de padecer la enfermedad; inspeccionar pasajeros portadores potenciales del virus, prohibir congregaciones de personas...
El pánico, todos lo sabemos, es un arma excelente en manos del poder. Es necesario, en primer lugar, armarse de una buena dosis de suspicacia, escaparse al bombardeo (des) informativo. "El cuidado higiénico es fundamental", añade el doctor González Casanova. "No solamente lavarse las manos, sino también la cara y la nariz antes de acostarse. Y evitar los lugares multitudinarios".
A largo plazo, tenemos que cambiar nuestros hábitos alimenticios. En este principio de milenio, comer es un acto político y las grandes compañías nos están asesinando por el estómago. Boicoteemos las transnacionales de la muerte. No comamos carne. Ni de cerdo, ni de res, ni de pescado, mucho menos de pollo que es de las más contaminadas.
Podemos comprar alimentos a personas conocidas si vivimos en el campo o crear cooperativas de consumo inteligente si vivimos en la ciudad. Comer sano es caro, pero la comida basura es más cara todavía si tomamos en cuenta su escaso valor nutricional y los daños que nos ocasiona.
En Rebelión en la granja, pesadilla literaria sobre un futuro que nos está alcanzando, George Orwell describe cómo el poder transformó a los cerdos de sencillos "camaradas" en dictadores despiadados. No permitamos que la profecía se convierta en realidad.

Claudio Albertani subir


Greenpeace: la ambigüedad de una ONG

Con casi cuarenta años de experiencia y con sedes estables en cuarenta países del mundo, Greenpeace demuestra ser la multinacional ecopacifista más famosa del planeta. En una perspectiva de liberación socio-ambiental, ofrecemos algunas reflexiones críticas sobre la práctica y la modalidad de acción de este gigante del ambientalismo.
Con 2'8 millones de socios, entre ciudadanos de base y entidades sin ánimo de lucro, la asociación no acepta fondos ni de gobiernos ni de grandes empresas con el fin de mantener su independencia e imparcialidad. Pero también está inmersa en el mercado mundial y sujeta a las leyes y a las lógicas de venta. Esta característica suya de estar con un pie en las luchas medioambientales, con acciones y demás, y otro en los despachos de contratación de los gobiernos y las grandes empresas, aunque sea para el desarrollo de la tecnología verde y para la salvaguardia del medio ambiente, la atan sin condiciones a ese sistema capitalista generador de toda la problemática contra la que ella misma combate.
La acción de Greenpeace se basa en pocos pero fundamentales temas, entre ellos la lucha contra las nucleares, el carbón, el uso de organismos genéticamente modificados, la deforestación y algunos más. Es notorio que la política del grupo se centra en la puesta en escena de grandes acciones espectaculares con el objetivo de atraer lo más posible la atención de los medios de comunicación sobre temas particulares poniendo frente a los ciudadanos la iniquidad de determinadas opciones político-ambientales. Estas acciones pueden ser complejas y peligrosas, y cada activista es provisto del material y de la preparación técnica necesarios para que todo salga bien. Desde la ropa al material de escalada, cada detalle es organizado y financiado de manera que no se deja nada a la suerte y se reducen al mínimo los riesgos. Vista desde fuera, Greenpeace puede parecer el no va más de la lucha medioambiental y pacifista, dejando henchido de protagonismo al activista común que querría ir aguerrido a bordo de una zodiac al asalto de las maléficas multinacionales, embadurnar de pintura los petroleros, surcar los mares o encadenarse con los compañeros a una central nuclear. Pero más allá del deseo heroico de luchar en primera línea, de la noticia en los medios de comunicación, existe una realidad tremendamente jerarquizada que reduce el campo de acción a un círculo de temas muy restringido, minimizando la iniciativa local y relacionándose con los activistas de base con criterios nada diferentes de los que podemos encontrar entre un obrero y un directivo empresarial. De la sede central de Amsterdam parten las decisiones de los dirigentes sobre cualquier tema, desde las campañas a realizar a los métodos de acción, y llegan hasta los grupos locales, repartidos un poco por todo el mundo, que llevan a la práctica, sobre el terreno, las decisiones tomadas en la cúspide.
Cada grupo local trabaja alrededor de los mismos temas y el método es "la unión hace la fuerza", que podría ser bueno si no fuera por algunos defectos esenciales que restan potencia a los efectos. Greenpeace, por ejemplo, no tiene mínimamente en cuenta los problemas de las realidades locales, de las pequeñas y grandes desgracias político-ambientales de las comunidades en las que está inserta. En estos tiempos absurdos en los que ya es dificil enlazar áreas extremas con temas como la ecología y el medio ambiente, Greenpeace evita pelear la batalla de las comunidades locales, que son las que resultan más próximas, que nos tocan de cerca, que nos hacen sentir parte de la lucha. Por ello es fácil comprender cómo una realidad tan eco-pacifista no se ha encarnado en los millones de comunidades en lucha alrededor del mundo. También está claro que Greenpeace dificilmente tendrá mucha agilidad en proponer sus temas a los ciudadanos de Nápoles que soportan el enésimo megavertido entre escándalo de amianto y régimen militar. De igual modo será dificil consolidar en Vicenza un grupo local frente al silencio de Greenpeace sobre la devastación medioambiental (por no hablar de los manejos políticos) que sucederá en Del Molin. Lo mismo hay que decir de los milaneses, que tendrán mucha tarea para conseguir "descementarse" completamente de cara a la inauguración de la Expo 2015. Y los ejemplos se acumulan en los múltiples desastres medioambientales que devastan los territorios hasta ahora despreciados por Greenpeace. Está claro cómo una organización de tal envergadura económica podría relacionarse con todas las comunidades en lucha del mundo creando un sistema de contestación y de apoyo mutuo superior en mucho a sus actuales fuerzas. Pero la política del grupo no contempla el llamamiento a la acción ciudadana, a la sensibilización de la gente, a la colaboración con el resto del mundo del asociacionismo. Falta una clara referencia a la participación popular para la resolución de los problemas medioambientales y, en consecuencia, frente a la imposibilidad en la práctica de bloquear minas con gestos grandilocuentes y grandes titulares, falta la retroalimentación ciudadana que con su acción directa podría continuar las movilizaciones y las acciones. Falta una clara correlación entre las causas y los problemas que se quieren afrontar. Como siempre, el dinero y el poder son los responsables de las opciones políticas más desastrosas, como el uso de la energía nuclear o del carbón. Y tras ciertas opciones hay nombres y apellidos que se mueven sólo por el poder y el beneficio. Nombres y gobiernos a los que dificilmente se opondrá la multinacional verde.
A traves del uso de un ecologismo simple, siempre escandaloso y nunca profundo, se crea una sensación de distancia entre el problema enfrentado y las personas que lo han creado. Problema, este último, generador de disfunciones psicológicas dificilmente superables, como el profundo sentimiento de impotencia y de distancia de cara a los temas afrontados.
No podemos juzgar en un contexto separado la lucha ecologista de las otras luchas porque cada una de ellas forma parte de un gran recorrido de liberación que, incompleto, tenderá a recrear los mismos conflictos.

Marco Rizzato
(Umanità nova) Subir


Paraguay: la lucha del anarquismo
a favor de la autonomía

Los y las anarquistas estamos ayudando a construir y reconstruir movimientos sociales autónomos y revolucionarios en Paraguay. Esto, en el contexto de un país que tuvo una larga dictadura y una larga y cómplice post-dictadura, gobernado casi en solitario por el mismo partido del dictador, la ANR o partido colorado. El clientelismo, el prebendarismo, el nepotismo, la corruptela, cuando no la mafia y el robo descarado se habían hecho carne en la así llamada "función pública". El ex obispo Lugo, como candidato a la presidencia de la República, prometió cambios. La gente pensó que todos esos males del antiguo régimen serían abolidos. Pero hasta hoy sólo han sido disminuidos. La sensación de cambio es nula. El descrédito de este gobierno "del cambio" se ve acentuado por la conducta del ex obispo, que ha reconocido un hijo de los tres que se señalan públicamente que tuvo mientras era obispo. Una política errante, una represión desatada, de la que los y las anarquistas fueron víctimas contribuyen a enturbiar aún más el panorama.
Parte de los movimientos sociales ha sido cooptado por el gobierno como correa de transmisión de sus políticas y programas ayudando a desmovilizar y anular la acción de estos movimientos. El horizonte de quienes luchan organizadamente en Paraguay, hoy por hoy no es más un cambio social digno, sino que ha ido instalándose el imaginario de que hacer carrera en la organización social puede derivar en algún cargo gubernamental. Tareas que históricamente las redes y movimientos sociales hicieron voluntaria y autónomamente hoy ya nadie quiere hacerlo puesto que, sobre todo en el tema salud, el Estado paga por hacerlo.
De una sociedad que todo lo construyó por si misma -puesto que el Estado existía sólo para confiscar- estamos pasando a una sociedad donde las organizaciones sociales están siendo vaciadas de contenido y gente.
El anarquismo paraguayo intenta recrear esa historia de autonomía y darle valor a esa historia de autogestión social de la que este pueblo ha sido protagonista. En lo práctico y con nuestras escasas fuerzas apoyamos e impulsamos la realización de un 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, autónomo, amplio y en la calle, fuera del coto cerrado que imponía la "oenegización" de las luchas de las mujeres. Aliado con cierto feminismo crítico y rebelde, salimos masivamente por primera vez a la calle en Asunción.
Hemos apoyado también la lucha anti-manicomial, por justicia en el caso de la masacre del incendio del supermercado Ycua Bolaños, por el cese de la intervención militar-policial en el Departamento de San Pedro y en otras tantas luchas.
En otro orden de cosas hemos levantado una Biblioteca anarquista feminista antimilitarista queer que tiene por nombre La Comuna de Emma, Chana y todas las demás. Quienes impulsamos esta biblioteca provenimos de organizaciones anarquistas, feministas, lésbicas, anarco-punks y antimilitaristas. Y en el corto tiempo que llevamos impulsando esta biblioteca, ya hemos sufrido el rigor de la discriminación y marginación. Así, el primer local que alquilamos nos fue negado por ser lesbiana una de nuestras compañeras, posteriormente, el 1 de mayo, mientras nos manifestábamos contra el ex ministro de la dictadura y torturador Sabino A. Montanaro, fuimos reprimidos por la policía, siendo heridas dos compañeras de la biblioteca con balines de goma.
La Comuna de Emma, Chana y todas las demás es un espacio en construcción que tiene por objeto el difundir estos pensamientos, que hasta hoy son excluidos y marginalizados en Paraguay, y podemos decir también en las zonas circundantes (norte de Argentina, Sudeste de Bolivia y Sudoeste de Brasil) a las que la biblioteca pretende, de algún modo, llegar. Cuenta con el apoyo absoluto del Grupo de Afinidad Antimilitarista de Asunción (Gaaa!) y de la revista Periférica, así como en parte de Catarsis Colectiva Feminista. Nosotros y nosotras pensamos la Biblioteca como un lugar de encuentro, organización, investigación, formación e información y que sirva para aportar al crecimiento y organización del anarquismo en Paraguay

Pelao Carvallo Subir


El porvenir de una ilusión

Con motivo de las II Jornadas sobre Librepensamiento, publicamos este extracto en el que Freud analiza desde una perspectiva psicológica las causas que dieron origen en su momento a las creencias religiosas para, desde el conocimiento de ellas y de su evolución, proyectarse hacia un futuro en el que, según él ¿tendrán cabida en nuestra sociedad?

Como para la Humanidad en conjunto, también para el individuo la vida es difícil de soportar. La civilización de la que participa le impone determinadas privaciones, y los demás hombres le infligen cierta medida de sufrimiento, bien a pesar de los preceptos de la civilización, bien a consecuencia de la imperfección de la misma, agregándose a todo esto los daños que recibe de la Naturaleza indominada, a la que él llama el Destino.
El hombre, gravemente amenazado, demanda consuelo, pide que el mundo y la vida queden libres de espantos; pero, al mismo tiempo, su ansia de saber, impulsada, desde luego, por decisivos intereses prácticos, exige una respuesta.
Esta situación no constituye nada nuevo. Tiene un precedente infantil, y no es, en realidad, más que la continuación del mismo. De niños, todos hemos pasado por un período de indefensión con respecto a nuestros padres -a nuestro padre sobre todo-, que nos inspiraba un profundo temor, aunque al mismo tiempo estábamos seguros de su protección contra los peligros que por entonces conocíamos.
Obrando de un modo análogo, el hombre no transforma sencillamente las fuerzas de la Naturaleza en seres humanos, a los que puede tratar de igual a igual, sino que las reviste de un carácter paternal y las convierte en dioses, conforme a un prototipo infantil.
Surgen luego las primeras observaciones de la regularidad y la normativa de los fenómenos físicos, y las fuerzas naturales pierden sus caracteres humanos. Pero la indefensión de los hombres continúa, y con ello perdura su necesidad de una protección paternal y perduran los dioses, a los cuales se sigue atribuyendo una triple función: espantar los terrores de la Naturaleza, conciliar al hombre con la crueldad del Destino, especialmente tal y como se manifiesta en la muerte, y compensarle de los dolores y las privaciones que la vida civilizada en común le impone.
Pero poco a poco, se observa que los fenómenos naturales se desarrollan espontáneamente conforme a leyes internas, pero los dioses no dejan por ello de seguir siendo dueños y señores de la Naturaleza: la han creado y organizado de esta suerte y pueden ya abandonarla a sí misma. Por lo que respecta a la distribución de los destinos humanos, perdura siempre una inquieta sospecha de que la indefensión y el abandono de los hombres tienen poco remedio. En este punto fallan enseguida los dioses, y si realmente son ellos quienes marcan a cada hombre su destino, es de pensar que sus designios son impenetrables.
Cuanto más independiente se hace la Naturaleza y más se retiran de ella los dioses, tanto más intensamente van concentrándose las esperanzas en derredor de la tercera de las funciones a ellos encomendadas, llegando a ser así lo moral su verdadero dominio.
Se crea así un acervo de representaciones, nacido de la necesidad de hacer tolerable la indefensión humana, y formado con el material extraído del recuerdo de la indefensión de nuestra propia infancia individual.
De este modo quedan condenados a desaparecer todos los terrores, los sufrimientos y asperezas de la vida. La vida de ultratumba, que continúa nuestra vida terrenal como la parte invisible del espectro solar continúa la visible, trae consigo toda la perfección que aquí hemos echado de menos. La suprema sabiduría que dirige este proceso, la suprema bondad que en él se manifiesta y la justicia que en él se cumple son los atributos de los seres divinos que nos han creado y han creado el Universo entero.
La primera forma en que la divinidad protectora se reveló a los hombres fue la de un animal. Las primeras restricciones morales, las más decisivas y profundas -la prohibición del incesto y del homicidio-, nacen en los dominios del totemismo, pero el dios zoológico resulta a la larga insuficiente, teniendo que ser sustituido por un dios humano.
En la primera fase de las relaciones del niño con la madre, el padre constituía un peligro y, en consecuencia, inspiraba tanto temor como cariño y admiración. Todas las religiones muestran profundamente impresos los signos de esta ambivalencia de la relación con el padre, y cuando el individuo en maduración advierte que está predestinado a seguir siendo siempre un niño necesitado de protección contra los temibles poderes exteriores, presta a esta instancia protectora los rasgos de la figura paterna y crea sus dioses, a los que, sin embargo de temerlos, encargará de su protección.

* * *

Si preguntamos en qué se funda la aspiración de los principios religiosos a ser aceptados como ciertos, recibiremos tres respuestas singularmente desacordes. Se nos dirá primeramente que debemos aceptarlos porque ya nuestros antepasados los creyeron ciertos; en segundo lugar, se nos aducirá la existencia de pruebas que nos han sido transmitidas por tales generaciones anteriores y, por último, se nos hará saber que está prohibido plantear interrogación alguna sobre la credibilidad de tales principios.
Esta última respuesta ha de parecernos singularmente sospechosa. El motivo de semejante prohibición no puede ser sino que la misma sociedad conoce muy bien el escaso fundamento de las exigencias que plantea con respecto a sus teorías religiosas. Si así no fuera, se apresurarían a procurar a todo el que quisiera convencerse por sí mismo los medios necesarios.
Debemos creer porque nuestros antepasados creyeron. Pero estos antepasados nuestros eran mucho más ignorantes que nosotros. Creyeron cosas que nos es imposible aceptar. Es, por tanto, muy posible que suceda lo mismo con las doctrinas religiosas. Las pruebas que nos han transmitido aparecen incluidas en escritos faltos de toda garantía, contradictorios y falseados.
Llegamos así al resultado singular de que precisamente aquellas tesis que mayor importancia podían entrañar para nosotros, y a las que corresponde la labor de aclararnos los enigmas del mundo y reconciliarnos con el dolor de la vida, son las que menos garantías nos ofrecen.
La imposibilidad de demostrarlas se ha hecho sentir en todos los tiempos y a todos los hombres, incluso a aquellos antepasados nuestros que nos han legado la herencia religiosa. Muchos de ellos alimentaron seguramente nuestras mismas dudas, pero gravitaba sobre ellos una presión demasiado intensa para que se atrevieran a manifestarlas. Y desde entonces, estas dudas han atormentado a infinitos hombres, que intentaron reprimirlas porque se suponían obligados a creer; muchas inteligencias han naufragado bajo la pesadumbre de tal conflicto.
Una burguesita puede acariciar la ilusión de ser solicitada en matrimonio por un príncipe, ilusión que no tiene nada de imposible y se ha cumplido realmente alguna vez. Que el Mesías haya de llegar y fundar una edad de oro es ya menos verosímil, y al enjuiciar esta creencia la clasificaremos, bien entre las ilusiones, bien entre las ideas delirantes.
Del mismo modo que nadie puede ser obligado a creer, tampoco puede forzarse a nadie a no creer. Pero tampoco debe nadie complacerse en engañarse a sí mismo suponiendo que con estos fundamentos sigue una trayectoria mental plenamente correcta. La ignorancia es la ignorancia.
Sería muy bello que hubiera un dios creador del mundo y providencia bondadosa, un orden moral universal y una vida de ultratumba; pero encontramos harto singular que todo suceda así tan a medida de nuestros deseos.

* * *

Es dudoso que en la época de la supremacía ilimitada de las doctrinas religiosas fueran en general los hombres más felices que hoy, y desde luego no eran más morales. Han sabido siempre traficar con los mandamientos religiosos. Los sacerdotes, a los cuales correspondía la función de hacer guardar obediencia a la religión, les han facilitado siempre esta tarea. La bondad divina paralizó la divina justicia. El pecador se rescata con sacrificios o penitencias y queda libre para volver a pecar.
El carácter sagrado e intangible de las cosas ultraterrenas se ha extendido, por una especie de difusión o infección desde algunas grandes prohibiciones, a todas las demás instituciones, leyes y ordenanzas de la civilización, a muchas de las cuales no les va nada bien la aureola de santidad, pues aparte de anularse recíprocamente, estableciendo normas contradictorias según las circunstancias de lugar y tiempo, muestran profundamente impreso el sello de la imperfección humana. Fácilmente reconocemos en ellas lo que no es sino producto de una tímida miopía intelectual, expresión de intereses mezquinos o conclusiones deducidas de premisas insuficientes.
Sería muy conveniente dejar a Dios en sus divinos cielos y reconocer honradamente el origen puramente humano de los preceptos e instituciones de la civilización. Con su pretendida santidad desaparecerían la rigidez y la inmutabilidad de todos estos mandamientos y los hombres llegarían a creer que tales preceptos no habían sido creados tanto para regirlos como para apoyar y servir sus intereses, adoptarían una actitud más amistosa ante ellos y tenderían antes a perfeccionarlos que a derrocarlos, todo lo cual constituiría un importante progreso hacia la reconciliación del individuo con la presión de la civilización.

* * *

Los motivos puramente racionales pueden aún muy poco contra las pasiones en el hombre de nuestros días, cuanto menos en el mísero animal humano de los tiempos primitivos.
Pero, si los hombres son realmente tan poco asequibles a los argumentos de la razón y se hallan dominados por sus deseos instintivos, ¿por qué ha de privárseles de la satisfacción de un instinto e intentar sustituirla por un raciocinio? ¿Tienen que ser necesariamente tales? ¿Su más intima naturaleza les obliga a ello? ¿No es quizá muy posible que la educación religiosa tenga gran parte de culpa en esta atrofia relativa? A mi juicio, un niño sobre el cual no se ejerciera influencia alguna tardaría mucho en comenzar a formarse una idea de Dios y de las cosas ultraterrenas. Tales ideas seguirían luego los mismos caminos que en sus antepasados primitivos, pero en vez de esperar semejante evolución se imbuyen al niño las doctrinas religiosas en una época en que ni pueden interesarle ni posee capacidad suficiente para comprender su alcance.
Los dos puntos capitales del programa pedagógico actual son el retraso de la evolución sexual y el adelanto de la influencia religiosa. Cuando el pensamiento del niño despierta luego, las doctrinas religiosas se han hecho ya intangibles con la amenaza de las penas del infierno.
La debilidad mental de individuos tempranamente habituados a aceptar sin crítica los absurdos y las contradicciones de las doctrinas religiosas, no puede ciertamente extrañarnos. Pero la inteligencia es el único medio que poseemos para dominar nuestros instintos. ¿Cómo, pues, esperar que estos individuos, sometidos a un régimen de restricción intelectual, alcancen alguna vez el ideal psicológico, la primacía del intelecto?
Mientras que sobre los comienzos de la vida del hombre sigan actuando, además de la coerción mental sexual, la religiosa y la monárquica, derivada de la religiosa, no podremos decir cómo el hombre es en realidad.
Es posible que los efectos de la prohibición religiosa impuesta al pensamiento no sean tan perjudiciales y que la naturaleza humana continúe siendo la misma, aunque no se emplee abusivamente la educación para lograr la sumisión del individuo a los dogmas religiosos.
Pero, en este punto se abre una puerta a la esperanza; puede haber oculto aquí un tesoro susceptible de enriquecer a la civilización y, por tanto, vale la pena el intentar una educación irreligiosa.
En cambio, querer desarraigar de pronto y violentamente la religión, sería inútil. El creyente no se deja despojar de su fe con argumentos ni con prohibiciones. Y si ello se consiguiera en algún caso, sería una crueldad. Un individuo habituado a los narcóticos no podrá ya dormir si le privamos de ellos.

* * *

En la conclusión de que el hombre no puede prescindir del consuelo de la ilusión religiosa, sin la cual le sería imposible soportar el peso de la vida y las crueldades de la realdad; conforme en cuanto al hombre a quien desde niño han instalado tan dulce -o agridulce- veneno. Pero ¿y el otro? ¿Y el educado en la abstinencia? No habiendo contraído la general neurosis religiosa, es muy posible que no precise tampoco de intoxicación alguna para adormecerla. Desde luego, su situación será más difícil. Tendrá que reconocer su impotencia y su infinita pequeñez y no podrá considerarse ya como el centro de la creación, ni creerse amorosamente guardado por una providencia bondadosa. Se hallará como el niño que ha abandonado el hogar paterno, en el cual se sentía seguro y dichoso. Pero ¿no es también cierto que el infantilismo ha de ser vencido y superado? El hombre no puede permanecer eternamente niño; tiene que salir algún día a la vida, a la dura "vida enemiga". Ésta sería la "educación para la realidad".
La conciencia de que sólo habremos de contar con nuestras propias fuerzas nos enseña, por lo menos, a emplearlas con acierto. Pero, además, el hombre no está ya tan desamparado. Su ciencia le ha enseñado muchas cosas desde los tiempos del Diluvio y ha de ampliar aún más su poderío. ¿De qué puede servirle el espejismo de vastas propiedades en la Luna, cuyas rentas nadie ha recibido jamás? Cultivando honradamente aquí en la Tierra su modesto pegujal, como un buen labrador, sabrá extraer de él su sustento. Retirando sus esperanzas del más allá y concentrando en la vida terrena todas las energías así liberadas conseguirá, probablemente, que la vida se haga más llevadera a todos y que la civilización no abrume ya a ninguno.
El intelecto humano es muy débil en comparación con la vida instintiva del hombre. Pero con esta debilidad sucede algo especialísimo. La voz del intelecto es apagada, pero no descansa hasta haber logrado hacerse oír y siempre termina por conseguirlo. La primacía del intelecto está, desde luego, muy lejana, pero no infinitamente, y como es de prever, habrá de marcarse los mismos fines: el amor al prójimo y la disminución del sufrimiento, aunque, naturalmente, dentro de una medida humana y hasta donde lo permita la realidad exterior.
En el camino hacia este lejano fin, las doctrinas religiosas acabarán por ser abandonadas, aunque las primeras tentativas fracasen, o demuestren ser insuficientes las primeras creaciones sustitutivas. A la larga, nada logra resistir a la razón y a la experiencia, y la religión las contradice ambas demasiado patentemente.

Sigmund Freud
(1927) Subir


La última cruzada

La Iglesia católica siempre se ha "caracterizado" por su "defensa de la vida" y ejemplos los tenemos a raudales a lo largo de su historia:
Persecuciones religiosas de moriscos, judíos, luteranos...
La inquisición que ejecutaba a todo aquel que mantenía afirmaciones que contradecían o se alejaban de sus dogmas de fe (científicos, curanderos, tradiciones ancestrales como los akelarres en Euskal Herria, que lejos de ser reuniones de brujas para rendir culto al diablo, solo eran celebraciones paganas antiquísimas de bienvenida a la primavera).
El genocidio y la castración cultural de los pueblos indígenas de Sudamérica como los mayas, los aztecas, los quechuas, los miskitos, etcétera, etcétera.
La Iglesia católica bendijo el levantamiento franquista y paseó bajo palio a los responsables de la muerte por fusilamiento de luchadores antifascistas que fueron enterrados en fosas comunes que aún no han sido encontradas (entre ellos sacerdotes católicos vascos).
El silencio sepulcral mantenido e impuesto ante los atroces crímenes cometidos por el franquismo contra judíos, gitanos, homosexuales, comunistas, anarquistas, etcétera.
Las últimas declaraciones del Papa en contra de la utilización del preservativo para prevenir enfermedades como el sida que están diezmando la población en continentes como África, donde caer infectado de sida supone la muerte segura.
La existencia de curas castrenses en los ejércitos de fe cristiana, los cuales antes de entrar en combate sueltan el famoso "Dios está con nosotros", como dando a entender que Dios apoya el mayor crimen que contra la vida puede cometerse, la guerra.
En fin, que, como decíamos, la Iglesia católica siempre se ha caracterizado por su defensa de la vida dentro, claro está, de los preceptos de la moral cristiana y bajo el control y la supervisión del Vaticano, cómo no. Ahora, se han embarcado en una cruzada contra la ley del aborto, urdida ésta por la Conferencia Episcopal Española y que nos viene a comparar a una criatura humana con una especie protegida como es el Lince Ibérico, poniendo de relieve que si protegemos al lince, por qué no hacemos lo mismo con la vida del no nato simbolizada en el cartel de la campaña por un bebe de varios meses (¿por qué no ponen en el cartel la imagen de un feto o la de un niño no nacido?). También nos preguntamos ¿qué vida defiende la Iglesia católica? ¿Quizá la de los niños violados por sus sacerdotes en los Estados Unidos de Norteamérica? Que, por cierto, no han sido excomulgados por tales hechos, sino solo trasladados de diócesis, ¿quizá la de los niños que trabajan de sol a sol en minas, fábricas, talleres y burdeles regentados por creyentes y acérrimos defensores de la moral cristiana que compran el perdón de Dios y su parcela en el cielo gracias al dinero que limpian entregándolo a la Iglesia católica? ¿Tal vez la de los niños que mueren de hambre en países en guerra donde se usan las armas que venden los cristianos fabricantes de armas de los países desarrollados? ¿O la de los niños que combaten en esas guerras, niños que como los anteriormente citados ni tienen infancia ni probablemente tengan futuro?
La Iglesia católica quiere que tengamos hijos, pero no porque les preocupe la vida humana, sino porque es la preocupación por mantenerlos y sacarlos adelante la que nos aleja de nuestros intereses de clase y de nuestra lucha por la emancipación y la libertad, la nuestra y la de ellos, para crear una sociedad donde tener hijos sea una elección y no una cadena que nos amarre al duro banco de la explotación y la sumisión apoyadas desde tiempos inmemoriales por la Iglesia católica. La única vida que defiende la Iglesia católica es la vidorra que se pegan los príncipes de la Iglesia y su rey, el afanado Benedicto XVI, los cuales esperamos se reúnan prontamente con el creador. A los fieles solo nos queda recomendarles que dejen de ser ovejas y piensen y actúen por sí mismos, preocupándose más por el más acá que por el más allá, ya que el cielo y el infierno están en esta vida y no en la otra, si es que la hay.

F. R. GG. AA. de Euskal Herria Subir


Capitalismo y comunismo libertario a estudio

Hace aproximadamente un año que se ha constituido el Instituto de Ciencias Económicas y de la Autogestión (ICEA), una entidad cultural de ámbito nacional español que tiene por objetivo desarrollar actividades de docencia e investigación en economía política y autogestión en vistas a implantar el socialismo/comunismo libertario. Por ello la entidad se basa en los principios del asamblearismo, el federalismo, la solidaridad y el apoyo mutuo. No existe, pues, el ánimo de lucro ni se recibe ninguna subvención del Estado. El ICEA toma como referente histórico la entidad que, con el nombre de "Institut de Ciencies Econòmiques de Catalunya" (ICEC), se creó en 1931 en la ciudad de Barcelona. Esa entidad organizó hasta 1939, cursos, conferencias y debates sobre temas económicos y sociales. Pretendemos cubrir el vacío dejado por ella.

Cultura y acción
El ICEA es una entidad de principios y finalidades totalmente libertarias aunque no es necesario ser libertario para formar parte de ella. En este sentido se trata de facilitar al máximo la difusión y el aprendizaje entre una mayoría de la población de las cuestiones que de entrada trabajamos. Nacimos así con el objetivo de ser una entidad donde desarrollar aspectos culturales y técnicos al servicio de la transformación social desde una óptica anarquista. En los aspectos culturales y de formación, pretendemos crear grupos de estudio en tres ámbitos: primero, para el análisis del sistema económico capitalista, conociendo sus características y sus límites. Segundo, para consolidarnos como una especie de laboratorio de ideas en política económica, laboral y social desde una perspectiva libertaria y tendente a implantar la autogestión obrera y social. Por último, para investigar las formas económicas y sociales con las que sustituir el capitalismo por un sistema socio-económico basado en la autogestión y el socialismo/comunismo libertario. En este sentido pretendemos cubrir el vacío existente en lo que se refiere a la profundización del estudio de las alternativas al sistema capitalista. De esta manera es necesaria la apertura hacia otros campos de estudio imprescindibles interrelacionados con la economía, como la sociología, la historia, la política, etc.
De este modo, pretendemos agrupar a estudiantes y trabajadores que tengan formación en economía y otras ciencias sociales (historia, sociología, políticas, derecho, etc.) o tengan interés en adquirla.
Por otra parte, la entidad adopta una vertiente técnica donde pretendemos desarrollar una serie de trabajos que requieren formación y conocimientos previos, mediante cuatro gabinetes. Un primer gabinete está dirigido a elaborar artículos y documentos que sirvan de base para publicaciones y conferencias, así como para elaborar informes de coyuntura socioeconómica y laboral (Gabinete de Estudios Socioeconómicos). Otro gabinete trata de ofrecer asesoramiento en apoyo a las luchas laborales y sociales (Gabinete de Asesoramiento Socioeconómico). Por último, y aunque aún están en proceso de constitución, tenemos otro gabinete para elaborar una recopilación semanal de noticias publicadas en prensa sobre temas de interés económico-sociales y de luchas laborales en España (Gabinete de Prensa), y el Gabinete de Asesoramiento para la Autogestión (GAA) de los medios de producción por parte de los trabajadores. Con todo ello el Instituto pretende ser un centro completo en los campos del conocimiento que puede abarcar, cubriendo tanto la parte teórica y de formación, como la parte práctica y de apoyo a la acción.
Para apoyar tanto a los grupos de estudio como a los gabinetes técnicos, estamos trabajando en una biblioteca digitalizada y especializada en ciencias sociales, principalmente en temas de economía, autogestión, anarquismo, anarcosindicalismo y movimientos obreros y sociales.

Ciencias sociales y anarquismo como principio y finalidad
Entendemos que el actual sistema económico y social, el capitalismo junto con el Estado, basado en la explotación del trabajo asalariado, en el autoritarismo y en la dominación política, son los causantes últimos de los principales males que acechan a la sociedad. Por ello creemos que tienen que desaparecer cuanto antes. El anticapitalismo, como análisis y acción, es pues la premisa básica de la que partir para conseguir una sociedad justa y sin clases sociales. Es necesario rechazar de plano todos los valores morales y toda la praxis autoritaria y explotadora, que subyacen en este sistema económico. Partiendo de este planteamiento entendemos que solo existirá una revolución social anarquista si conseguimos que una mayoría de la población sea capaz de autoorganizar la economía y la sociedad, y es por ello que es imprescindible la formación y la práctica en estos campos. Es necesario que una mayoría de los trabajadores conozcamos el funcionamiento de un sistema económico de forma que podamos gestionar una economía libertaria, una economía y una sociedad controlada por, y al servicio de, las personas trabajadoras.
El ICEA nace por tanto para cubrir la necesaria enseñanza y formación libre y racional con la pretensión de conseguir dichos objetivos últimos. Así pues, como no puede ser de otra forma, tratamos de desarrollar una estructura organizativa y unas rutinas de funcionamiento que se asemejen lo más posible a la sociedad libertaria que aspiramos. De entrada es interesante remarcar que la base de funcionamiento es la asamblea donde se deciden las líneas generales de las actividades y se escoge la junta para gestionar el día a día. Por otra parte, para desarrollar el trabajo en los grupos de estudio y los gabinetes técnicos, utilizamos la pedagogía libertaria que, en combinación con la introducción de las nuevas tecnologías, permite acelerar el ritmo de difusión tanto de los estudios como de los debates y la posibilidad de acrecentar así la profundidad de los análisis. Rechazamos de plano la formación de unas élites intelectuales, y por ello tratamos de trabajar al más alto nivel posible para socializar este conocimiento por medio de una pedagogía libertaria que atraviese todos los espacios de autoformación (grupos de estudio y gabinetes) y de divulgación (conferencias, cursos y publicaciones).
Es preciso señalar que mientras la burguesía ha impuesto en las universidades, en los medios de comunicación y en los centros de trabajo su visión y criterio de la economía y la sociedad, la clase trabajadora no se ha armado de argumentos sistematizando un análisis y una teoría económica y social para sustituir al capitalismo y al Estado, o al menos para presentar un programa y una visión propias para el resto de trabajadores sobre nuestra necesidad y capacidad de transformar esta sociedad. En este sentido es imprescindible denunciar el control ideológico existente en las facultades. Control que ejerce la ideología dominante, la liberal y socialdemócrata, la de los empresarios. Entendemos que la investigación y enseñanza que se están realizando hoy en día en los centros de educación superior, sobre todo en las facultades de económicas y ciencias sociales, no responden a las necesidades de los trabajadores y su libertad, sino todo lo contrario, más bien responde a los intereses de la patronal y el poder. En ellas mayormente se justifican las desigualdades y las aberraciones del capitalismo y son cada vez menos los espacios de pensamiento crítico con el sistema. Éste ha sido también un motivo fundamental para crear el ICEA. Si la universidad no sirve al 100 por 100 a nuestros fines, es preciso autoorganizarnos y crear con ello un instrumento al servicio del anarquismo y de las luchas sociales.
De todos y todas depende que este instrumento sea cada vez más potente y útil.

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La barbarie capitalista

La lógica capitalista internacional y sus efectos destructores se extienden tanto por los países del sur como por los del norte. En el marco de la globalización, la estrategia económica de las multinacionales respecto a los países del tercer mundo es de una rapacidad implacable. Implantándose donde las condiciones económicas y fiscales son más ventajosas, se aprovechan cínicamente de la competencia feroz que los países más pobres libran para invitarlos a instalarse en sus territorios, vendiendo al mejor postor a su propia población de trabajadores. Instalados en las zonas francas industriales, de acceso prohibido con excepción para los importadores y exportadores, cerradas, desnacionalizadas, pueden contar con un poder policial y militar dispuesto a aplastar cualquier conflicto laboral. Es más, preocupados por conseguir los máximos beneficios, adoptan una política de cambio constante en la implantación de sus fábricas según la situación fiscal y económica de los países receptores. Tratan de evitar cualquier nueva presión fiscal, cualquier aumento de los salarios. Sus unidades de producción están concebidas para ser móviles; algunas están en su tercera o cuarta emigración en las comarcas en la que el coste de mano de obra es el más bajo, como China, Tailandia, Bangladesh o África.
En las zonas francas industriales que desde los años noventa están conociendo un crecimiento fulgurante, la política de explotación obrera es de una violencia extrema. Viven en espacios acotados, muy vigilados, aglomerados en dormitorios o en edificios insalubres, verdaderas chabolas o guetos industriales, sufriendo jornadas de trabajo que van de las catorce a las dieciséis horas, doce en Filipinas e Indonesia, catorce en Sri Lanka, dieciséis en el sur de China. En períodos punta, trabajan desde las 7 hasta las 22 horas, incluso hasta las 2 de la madrugada; son horas extras obligatorias. En Nike o en Reebok, rechazar las horas extras es un delito que da lugar al despido inmediato. En India y en Filipinas, todo el mundo trabaja de seis a siete días por semana; en China, en períodos de tres días los trabajadores duermen junto a las máquinas; en Honduras se imponen jornadas sin dormir para responder a los retrasos en las entregas.
Obedeciendo a una lógica capitalista implacable, las multinacionales proponen a sus empleados unos salarios de miseria. Las remuneraciones son tan débiles que los trabajadores dedican la mayor parte de sus salarios al alojamiento y los transportes. Les es imposible pensar por un instante que podrían pagar los objetos que fabrican. En Filipinas, los sueldos son de alrededor de 6 dólares al día, y pueden parecer elevados si se comparan a los que ofrecen en China Wall-Mart, Esprit, Liz Clairborne, Nike o Adidas, que no superan los 0,13 a 0,20 dólares por hora. Esta política de superexplotación de la mano de obra desemboca por parte del poder patronal en una acumulación gigantesca de beneficios ofreciendo unos salarios indecentes, como el ejemplo del Presidente-Director General de Disney, que gana 9.793 dólares por hora mientras que un trabajador haitiano deberá conformarse con 28 centavos, por lo que necesitaría trabajar 16,8 años para llegar a los honorarios de aquél. Las enseñanzas fundamentales del marxismo encuentran aquí toda su pertinencia y legitimidad científica.
El entorno es de estilo militar, los encargados son violentos y groseros, estigmatizando a los obreros poco operativos con medidas humillantes. Algunos empleadores en Filipinas clausuran los aseos para obtener la máxima producción. Así, surge un nuevo tipo de trabajador de las fábricas, el trabajador joven de menos de veinticinco años, considerado carente de habilidad y de maña según los encargados. En las maquiladoras mexicanas y hondureñas, los empleadores multiplican las medidas vejatorias hacia las mujeres embarazas, suprimiendo los descansos, imponiéndoles horas extras para animarlas a despedirse; de ahí los numerosos abortos involuntarios. Llegan hasta imponer a las trabajadoras jóvenes prácticas humillantes de contratación, como pruebas de embarazo obligatorias, verificación de los ciclos menstruales y contratos de veintiocho días para permitir el despido si surge el embarazo. Por su parte, General Motors, Panasonic, General Electric, Fruit of the Loom, rechazan contratar a mujeres embarazadas. En Honduras, Indonesia y en China trabajan niños en condiciones de casi esclavitud fabricando pelotas para Nike, Adidas, Reebok o Umbro; en Haití y en Bangladesh, hacen juguetes y ropa deportiva para Disney, Nike y Wall-Mart.
En tales condiciones, los accidentes de trabajo son muy frecuentes, las enfermedades profesionales afectan a numerosos empleados, neumonías crónicas por falta de ventilación, enfermedades de la piel, cánceres debidos a la manipulación de materiales tóxicos. Las reglas elementales de seguridad, totalmente ignoradas, están en el origen de incendios dramáticos, como el de Bangkok en mayo de 1993, donde murieron 118 mujeres de diecinueve años, encerradas en los almacenes bloqueados por los responsables de evitar cualquier intrusión sindical, o en China, en la ZES de Shenzen, que costó 85 muertos.
En este universo de humillación sistemática, cualquier presencia sindical es barrida; los representantes sindicales son vistos como agitadores y causantes de problemas potencialmente peligrosos. En las fábricas con fuertes tasas de sindicación, las multinacionales optan por el cierre inmediato y el traslado a un espacio vecino que rechace a cualquier empleado sindicado. Los trabajadores huelguistas y sus delegados son objeto de brutalidades que llegan al asesinato puro y simple, como fue el caso del sindicalista Muri, de Sri Lanka, y de su asesor jurídico.
En el marco de esta gestión bien establecida de deslocalizaciones y subcontrataciones, el respeto a los derechos del hombre es algo accesorio para la clase patronal. Numerosas sociedades internacionales recurren a la policía y al ejército para expulsar a los campesinos y las tribus de sus territorios con el fin de beneficiarse al máximo de las riquezas del país. La detención o asesinato de los dirigentes sindicales, la dispersión de los manifestantes pacíficos mediante las fuerzas armadas, la encarcelación de periodistas o de representantes de ONG son otros obstáculos puestos al desarrollo humano. En algunos casos, como Nigeria, la transición hacia la democracia es imposible; de hecho se ha producido un retorno al régimen dictatorial. Frente a las campañas de movilización de los alternativos para denunciar tales prácticas e imponer códigos de buena conducta, las multinacionales han demostrado un cinismo a toda prueba, afirmando su preocupación por el respeto en todo momento de los derechos del hombre, pero en realidad haciendo aplicar los códigos únicamente donde se les ve. Para los demás zonas francas industriales, el orden capitalista se mantiene inexorablemente; un ejemplo entre tantos: Gap reforma su fábrica de El Salvador pero implanta en Saipan nuevas fábricas totalmente esclavistas. Por su parte, tanto la Organización Mundial del Comercio como la Unión Europea reaccionan de modo cínico también ante las decisiones jurídicas de algunos estados federales americanos de no comercializar con ciertas firmas internacionales, exigiendo que se levanten de inmediato tales sanciones en nombre de un atentado intolerable a la sacrosanta ley de la libre competencia.
En la definición de esta globalización económica, las multinacionales no participan en el proceso de industrialización de los países del tercer mundo. No pagan impuestos o pagan muy poco a los países que los alojan; algunas cierran justo antes de la expiración de la exención fiscal y se instalan con otro nombre para evitar los impuestos. No crean infraestructuras locales y las mercancías producidas se exportan en su totalidad. No fabrican nada, reduciéndose a talleres de montaje; los materiales son todos importados. Se desinteresan de la propiedad de los medios de producción, es decir, de las responsabilidades inherentes a la posesión de factorías, a su gestión y al empleo de la mano de obra. Tienen todo el poder sobre la producción y el conjunto de las subcontrataciones, exigiendo una calidad irreprochable en los productos, entregas rápidas, gastos de confección y de realización mínimos. Sin embargo, para numerosos expertos económicos y gerentes, las ofertas de empleo propuestas a las poblaciones han permitido a los países del tercer mundo conocer un desarrollo económico sin parangón y una mejor calidad de vida. Pero lo cierto es que la crisis del yen en 1997 ha hecho caer un 45 por 100 los salarios y la especulación financiera sobre el petróleo y los productos agrícolas en 2008 ha arruinado a las poblaciones y desencadenado revueltas por hambrunas. Un desarrollo económico basado en salarios de miseria, lejos de promover una mejora regular de las condiciones de vida, sólo puede desembocar en una recesión crónica y duradera.
En el corazón del mercado americano y europeo, las multinacionales tratan también de defender con mayor o menor eficacia este esquema dominador de esencia liberal. La política de deslocalización que imponen da lugar a un desmantelamiento organizado del entramado industrial occidental, con cierres de fábricas, despidos colectivos, paro crónico, eriales industriales, juventud privada de perspectivas laborales. La flexibilidad se convierte en la palabra clave para la clase dirigente. La generalización de los contratos de duración determinada, los recursos sistemáticos a las interinidades, la aplicación autoritaria del tiempo parcial, se encuentran en todos los sectores del aparato productivo. El declive programado del sector público y sus despidos por oleadas (telecomunicaciones, correos, educación, ferrocarriles), hábilmente orquestados por el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, alternando con la Unión Europea, dan lugar a un crecimiento espectacular del número de empleados en el sector servicios. Así, los centros comerciales y los hipermercados han producido una subcategoría de empleos precarios, mal remunerados y a tiempo parcial. Convenciendo a los empleados de que están de paso en la empresa, éstos aceptan unas condiciones laborales que se les han impuesto, esperando encontrar un empleo estable a la altura de su cualificación. Este estado de itinerancia perpetua así interiorizado, permite al empleador congelar los salarios y rechazar toda posible promoción y toda forma de protección social duradera. El empleado de las cadenas de restaurantes se reduce a la fórmula "macjob", es decir, a un empleo estresante, inestable y mal pagado. Algunas empresas norteamericanas, como Starbucks o Wall-Mart limitan voluntariamente su semana laboral a 33 o a 28 horas, con el fin de no pagar horas extra. Starbucks ha llegado a poner en marcha un horario parcial que controla al minuto la presencia de sus dependientes, los productos vendidos, la importancia del trabajo perdido, con el fin de evitar cualquier tiempo muerto, sinónimo de pérdidas financieras, y para lograr la máxima disponibilidad del empleado. La política de las prácticas no remuneradas -es decir, el trabajo gratuito- afecta a los jóvenes titulados, verdadero chantaje que permite a las empresas beneficiarse de una mano de obra gratuita y cualificada. Así, las empresas ponen en marcha toda una organización interna, un verdadero rompecabezas de estructuras de subcontratos, de interinidades, verdadera tierra prometida del tiempo parcial y de la flexibilidad con trabajadores privados de toda seguridad, altos cargos y ventajas sociales.
En las empresas industriales, el sufrimiento es dramático. Los asalariados sufren una verdadera agresión social: despidos masivos, aumento de los accidentes de trabajo, surgimiento de enfermedades profesionales debido a la aceleración de las cadencias de trabajo, competencia institucionalizada entre obreros jóvenes y obreros viejos, culpabilizaciones y acoso moral, desprecio hacia los sindicatos, persecución a los enfermos y los ausentes, visitas a domicilio y control inquisitorial mediante oficinas privadas de médicos liberales, exposición creciente a los riesgos y a los accidentes de trabajo, especialmente en los ámbitos nucleares, de la construcción o del sector químico, como la explosión de la empresa química AZF en Toulouse. En el marco del desarrollo de las pequeñas y medianas empresas relegadas a las zonas rurales o a nuevas zonas industriales sin relación con la ciudad y sus redes de sociabilidad, como las de equipamiento para automóviles, las condiciones de trabajo son también preocupantes: normas de productividad desenfrenadas, aumento de la violencia entre los obreros más activos y los más lentos, puesta en marcha del autocontrol y de una autovigilancia que impone la lógica de la competencia entre obreros, usura física y psicológica prematura del asalariado. La batalla llevada a cabo por las empresas para neutralizar la acción sindical es constante, dirigida a despedir a los delegados o a discriminarlos, privándolos de una remuneración creciente según la antigüedad, y de una promoción según sus méritos. La generalización de corrientes de tensión, la presencia de la informática y la robótica, sustraen a los trabajadores los medios de resistir a la política patronal, creando una atomización del grupo obrero siempre beneficiosa para la estructura. El orden tayloriano deja sitio al orden empresarial insidioso que disuelve y dispersa al grupo obrero en pequeñas unidades, incapaz de hacer frente a las presiones patronales.
Ante las actuaciones de las multinacionales, ante esta lógica bárbara del orden capitalista y sus efectos devastadores sobre el mundo de los trabajadores, acentuados por la crisis de 2008, es urgente que la resistencia obrera se organice para restablecer los fundamentos primeros del control democrático y ciudadano de los procesos económicos e industriales del desarrollo económico.

Alain Cuenot
(Le Monde libertaire) Subir


 

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