PERIODICO ANARQUISTA
Nº 248
 MARZO 2009

 

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La crisis: ¡Reacciona!

La economía del país ha entrado en recesión. El PIB (Producto Interior Bruto) está en valores negativos. Lo que representa que en España no se crea riqueza.
Los verdaderos creadores de riqueza somos los trabajadores, pero ésta sólo se refleja en la sociedad de manera muy escasa, dado que la mayor parte queda concentrada en pocas manos (banqueros, empresarios, especuladores…). Los trabajadores sólo tenemos eso, nuestro trabajo, y ahora más de tres millones de nosotros no podemos ejercer nuestro derecho a trabajar, supuestamente garantizado en la Constitución y que, en realidad, brilla por su ausencia.
Hemos atravesado más de una década de bonanza económica, y los índices del crecimiento económico aumentaron muchísimo. Fue así durante la etapa del "España va bien" de Aznar y, después, en el tiempo de la "economía de Champions League" de Zapatero. Hasta el punto de que el Estado español pretendía entrar en el grupo de los países más ricos del mundo.
Las empresas y los bancos españoles han ganado mucho dinero. Mientras, las condiciones laborales se han ido deteriorando -ya estuviera el PP o el PSOE en el gobierno-, además de intentar engañarnos con la tan manida "moderación salarial" a la que siempre se refiere la patronal para que, según ellos, la creación de puestos de trabajo sea factible. Durante tantos años de bonanza económica sólo nos han dado precariedad laboral y pobreza salarial. Así, el producto de esta situación ha sido que la única posibilidad de poder disfrutar de necesidades básicas como la vivienda (derecho garantizado en su Constitución) haya sido hipotecarse durante la mayor parte de la vida. Hemos tenido que empeñar nuestra capacidad productiva de 20, 30 o más años para poder disfrutar de nuestro derecho a una vivienda digna. Y lo más grave es que muchos trabajadores no tienen ni esa posibilidad por el aumento desenfrenado de los precios.
Siempre nos han dicho que el esfuerzo productivo de la clase trabajadora se vería reflejado en la sociedad para llegar al "estado del bienestar" donde toda la población podría disfrutar y tener cubiertas todas las necesidades básicas. Pues bien, lo que tenemos es que muchos trabajadores y sus familias pueden perder de golpe todo aquello por lo que tanto han luchado.
Ahora la situación económica ha cambiado, por lo que deben cambiar las condiciones del "mercado laboral" para que los que se lucran del trabajo ajeno sigan obteniendo grandes beneficios. El gobierno de turno ha de adoptar las medidas que beneficien a los capitalistas en detrimento de los trabajadores, esto es: más "flexibilidad" (facilitar y abaratar el despido), más "moderación salarial" (salarios aún más bajos), más precariedad y menos derechos.
Los gobiernos han salido en auxilio de banqueros y empresarios introduciendo liquidez en el mercado… o sea, más dinero para los capitalistas; dinero del Estado que tampoco se reinvertirá en la sociedad. Nos roban por dos veces, de nuestra producción usurpada en un primer momento por empresarios y banqueros y, acto seguido, de la parte usurpada por el Estado que debería invertirse en la sociedad. Se olvidaron del supuesto "estado del bienestar", se quitaron la careta: todo para los amos, nada para los explotados.
La causa de la presente crisis es clara, ya se ha dicho en todos los foros: la avaricia de los capitalistas por querer acaparar más sin control ninguno; el aumento del valor de las cosas por encima del valor real. Las consecuencias de ello las estamos empezando a sufrir con el paro y la falta de movimiento de dinero, de lo que somos los principales damnificados. Si, como dicen, intentando culparnos, la crisis se debe a la falta de consumo por parte de las familias, ¿por qué no han repartido una parte de los cientos de miles de millones de euros dados a los capitalistas entre el pueblo, para que se lo gaste en tapar los agujeros que tanto nos agobian y no nos dejan ser felices? La respuesta es clara: para nosotros sólo quieren el esfuerzo diario y para ellos el beneficio, aunque sea por encima de nuestro cadáver (y, para muestra, ahí está el terrorismo patronal de los "accidentes" laborales).
Es hora de cambiar el curso de los acontecimientos. No podemos permitir que sigan tratándonos de esta manera. Hemos de enfrentarnos a los hechos y oponer resistencia ante sus intenciones. Para ello la clase trabajadora ha de darse cuenta de que nada nos darán si no luchamos por ello, asociándonos todos en una gran organización obrera que nos dé la fuerza que ahora no tenemos.
No podemos confiar en los sindicatos amarillos que cobran del Estado porque nunca irán contra los intereses de quien los mantiene. Necesitamos esa organización de trabajadores mantenida por los propios trabajadores que luche por los intereses de los trabajadores sin condición alguna. Esta gran central sindical obrera está llamada a ser de nuevo la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), único sindicato del país que no se vende al Estado y al Capital y que lucha con todas sus fuerzas para cambiar las condiciones establecidas por los poderosos.
Llamamos a todos los trabajadores y sufridores del día a día a que den un paso adelante y comiencen con la resistencia acudiendo a la manifestación convocada en Madrid por la CNT el sábado 28 de marzo y que dará comienzo a las 6 de la tarde desde Embajadores a Sol para alzar la voz y gritar bien fuerte que no estamos conformes y que queremos cambios que nos beneficien positivamente para conseguir una sociedad más justa e igualitaria… Una sociedad basada en la anarquía.

Grupo Tierra Subir


Ruido de togas

Que en España la justicia no funciona es algo que, prácticamente, nadie pone en duda. No sólo nos referimos a que la Justicia, con mayúscula, se administre de forma desigual, ni que lo haga con interpretaciones sesgadas y restrictivas de los deberes y derechos de los ciudadanos; estas deficiencias corresponden al normal desarrollo de la justicia en una sociedad como la española. El principal problema tampoco es que la justicia se administre con retrasos tan escandalosos que adulteran el espíritu educativo o el carácter sancionador de las penas; aunque resulte indecente que, por una parte, se castiguen con dureza delitos menores cometidos cinco o diez años atrás mientras que, por otro lado, algunas instrucciones se prolonguen durante meses y meses hasta que los delitos prescriben, como ha sucedido recientemente con la estafa de Alberto Cortina y Alberto Alcocer, los delincuentes fallecen, como Jesús Gil y su trama marbellí, o envejezcan en presunta libertad, como el cacique Carlos Fabra en Castellón.
Naturalmente, la culpa de estos retrasos injustificables se debe, sobre todo, a la carencia de medios de la administración judicial, siempre postergada por los políticos de uno y otro signo. Si el Ministerio de Justicia tuviese la mitad de los recursos informáticos que disfruta desde hace décadas la Hacienda Pública o la Tesorería de la Seguridad Social, las audiencias y los juzgados no estarían en tan lamentable situación. El retraso en abrir y dotar nuevos juzgados, las formas peculiares de contratación, la elevada proporción de suplentes e interinos… todo esto es clara muestra de la poca consideración que los que nos gobiernan y nos han gobernado tienen de la justicia.
Sin embargo, los jueces no habían protestado hasta ahora por la penuria humana de su trabajo o por la falta de medios materiales que sufren sus juzgados, a pesar de que tienen su propio órgano de gobierno, el Consejo General del Poder Judicial, y a pesar de que varios de los últimos ministros del ramo han sido jueces, como Juan Alberto Belloch y Mariano Fernández Bermejo. Tampoco se han mostrado dispuestos a renunciar a subidas salariales abultadas, que en varias ocasiones han estado por encima de las del resto de funcionarios públicos, para aumentar los recursos de sus tribunales.
¿Cuál es, entonces, el motivo principal del malestar evidente de los jueces? El actual "ruido de togas", afortunadamente menos letal para los ciudadanos que el "ruido de sables" del pasado reciente, tiene su origen en los cambios que está sufriendo la sociedad española, en el espíritu de crítica que llega, quizás por primera vez, hasta las actuaciones y sentencias judiciales. Alegan los jueces que están acostumbrados a que sus sentencias sean analizadas y revocadas por instancias jurídicas superiores, pero se olvidan de recordarnos que estas críticas siempre se producen dentro de la escala jerárquica de la magistratura, pero nunca por legos en derecho; basta para comprobarlo el pobre desarrollo que han tenido entre nosotros los jurados populares y el desprecio por sus resoluciones.
El descontento de los ciudadanos ante algunas sentencias, aireadas con escándalo demagógico por los medios de comunicación, y determinadas prácticas judiciales, que han tenido su cenit en el llamado "caso Mari Luz", se traduce continuamente en la escasa valoración y credibilidad que los españoles conceden a su magistratura, tal y como se pone de relieve en las encuestas. Y los jueces, que se sienten acosado por esta presión social antes desconocida, han pasado de culpar a sus pocos medios informáticos o a sus desmañados funcionarios para, al subir el tono de las críticas, encerrarse en una táctica defensiva que les lleva a reivindicar un estatus privilegiado que les aleje de cualquier escrutinio social.
El descontento judicial nos muestra la escasa adaptación de jueces y magistrados a la realidad social española y el largo trecho que les falta hasta ser un órgano no sólo constitucional sino, además y sobre todo, democrático. Una judicatura que no fue depurada durante la Transición, no sólo de personas sino también de prácticas franquistas, una judicatura con una elevada endogamia, en la que los apellidos se repiten en largas dinastías familiares, una judicatura que muestra un perfil ideológico asimétrico, los progresistas apenas representan el veinticinco por ciento del total de jueces españoles frente a una sociedad que se identifica con el centro-izquierda, una judicatura, en fin, que se ha adaptado tarde y mal a un modelo democrático liberal.
Pero la solución no pasa por el enroque de los jueces, sino por su adaptación al papel que les corresponde en la Europa del siglo XXI, recordándoles que sólo administran justicia en nombre del pueblo y no en nombre de su conciencia personal, como creen muchos jueces que se resisten y entorpecen las nuevas leyes sociales con decisiones abracadabrantes que repugnan a sus conciudadanos. La solución para el divorcio entre los españoles y sus jueces es más libertad, más crítica, más permeabilidad; la autonomía que ahora algunos magistrados reclaman, por ejemplo en la elección del Consejo General del Poder Judicial, está en contra de una sociedad escrupulosamente democrática y del sentido común. La huelga de los jueces del pasado 18 de febrero parece buscar ese autogobierno, trufado de corporativismo, y no la solución a los evidentes problemas de la justicia en España, como alegan sus convocantes con prepotencia.
Algunos alegarán que, en materia de jueces, para los anarquistas, cuanto peor, mejor. Pero no podemos olvidar que esos magistrados son los que cada día imponen penas injustas, hacen la vista gorda a los malos tratos en comisarías, cuartelillos, cárceles y centros de menores, como denuncian desde Amnistía Internacional hasta el Defensor del Pueblo, y dictan sentencias detrás de las cuales hay personas de carne y hueso, de carne de presidio.

Carlos de Lorenzo subir


Y seguía hablando Chávez...

Tras el reciente resultado electoral en Venezuela, con el triunfo de la propuesta que autoriza la reelección indefinida del actual gobernante, he aquí una opinión sobre el tema desde el anarquismo latinoamericano.

Si el tipo fuera una persona del montón, y uno tuviera que aguantárselo como compañero de asiento en un viaje de tren, a los pocos minutos se cambiaría de vagón. La verborragia incontenible de Hugo Chávez, milico de profesión y mandamás de vocación, engrandecida por cámaras de televisión, radios, satélites, devotos alcahuetes y afiches publicitarios, no deja de ser la misma cháchara que la de una vieja chismosa de feria. Tan solo está amplificada. Lo mismo que sus supuestas capacidades como conductor de la "revolución bolivariana".
Si una persona para expresar su punto de vista tuviese que hablar durante cuatro horas, se le colgarían críticas que irían desde ausencia de poder de síntesis y claridad en las ideas, hasta imbecilidad manifiesta. Chávez lo hace frente a una multitud que lo escucha sin pestañear, y por eso se lo considera un hombre con capacidad extraordinaria de liderazgo. Una mezcla de Fidel Castro con Juan Domingo Perón, es decir, un nacionalista enfermo de poder capaz de sacrificar cualquier cosa por tener un lugar en la historia.
La consulta popular para incorporar una enmienda constitucional a la reelección indefinida terminó con el triunfo del chavismo, lo que le permitirá a Chávez eternizarse en el poder mientras logre que lo voten (o disfrazar los resultados adversos). La izquierda autoritaria lo vitoreó y festejó en toda América y Europa como si se tratase de la toma del Palacio de Invierno en pleno Caribe. Argumentan que ahora sí el camino está allanado para la revolución, que se va a profundizar la revolución y que el rumbo al socialismo es inmodificable.
El milico Hugo Chávez, presidente de Venezuela, en diez años que está en el poder ha logrado llevar a su país tan cerca del socialismo como Zapatero, Kirchner, Lula o Uribe de los suyos (personajes que si pudieran eternizarse en el poder por la "voluntad popular" lo harían igualmente). La izquierda enamorada de Chávez no es muy diferente de la izquierda venezolana antes de Chávez. Esa izquierda autoritaria venezolana fue siempre (y aún lo sigue siendo) la misma mierda elitista, llorona, dogmática, contrarrevolucionaria y ansiosa de poder que la del resto del universo. Pero Chávez les dio lo que nunca habían tenido y siempre buscaron: les dio un pueblo, les dio pobres, les dio obreros y campesinos. Y a cambio de su apoyo incondicional y la integración de sus cuadros en la estructura del vacío PSUV fundado por Chávez, les dio poder, les dio empleos burocráticos y les dio trascendencia.
Los intelectuales deslumbrados, los izquierdistas de café, los antiimperialistas que se alían con cualquiera que no hable inglés, los políticos, los empresarios na-cio-na-les y los periodistas oportunistas y mediáticos de turno, son los apóstoles de la revolución bolivariana en el exterior, del socialismo del siglo XXI, del socialismo real y la nueva hora de los pueblos. Comparten la visión polarizada que solo favorece a Chávez y a sus opositores: "después de mí, el abismo", dice Chávez; "Chávez nos lleva al abismo", replican los antagonistas democrático-representativos. Unos y otros han comprendido que la polarización es el mejor antídoto contra las revoluciones. Ambos grupos azuzaban a la ciudadanía: "si no votas en las elecciones, pesará sobre tu conciencia".
Ganó el Sí, un 54 por 100 contra el 46 por 100 del No. Un 30 por 100 se abstuvo de participar, hartos de la cháchara y la mentira, desilusionados de un proceso que nunca los tuvo en cuenta más que para hacer número. Sus vidas no cambiaron mucho en los diez años de "revolución bolivariana", tal vez empeoraron, paralelamente a los índices de violencia social -Caracas está considerada más violenta aún que las legendarias Río de Janeiro o Bogotá- y las prebendas obtenidas por la boliburguesía, la nueva clase económico/política de los que hacen negociados bolivarianos y por el socialismo.
En este panorama hostil, los compañeros anarquistas de Venezuela (agrupados en su mayoría en torno al colectivo del periódico El Libertario, www.nodo50.org/ellibertario), supieron comportarse como verdaderos revolucionarios, sin ir a comer de la mano de los poderosos (chavistas o anti chavistas), apostando por su propio proyecto, autónomamente y enfocando hacia las bases. No participar del sistema de dominación y construir un movimiento desde abajo es la consigna. Sus sentimientos son compartidos por un tercio de la gente, que no cree en estas opciones polarizadas y no participó de la farsa.
Salud, anarquistas venezolanos: no esperábamos otra cosa de nuestros compañeros.

Lobisón Subir


Siglo XXI sin esfuerzo: Los libros

En el próximo siglo no habrá pues más libros. Un libro es algo demasiado largo para leer, siendo así que el éxito consiste en ganar tiempo. Se llamará libro a un objeto impreso del cual los medios de comunicación masiva (...)ya habrán difundido primero "el mensaje" con el nombre y el título y con la venta del cual el editor (...) obtendrá un suplemento de beneficios, porque estará difundida la opinión de que es menester "tener" el libro(por lo tanto, comprarlo)
Jean-Francois Lyotard: La diferencia


Durante siglos se creyó que la cultura estaba inyectada en los libros, era su lugar natural. El secreto del saber se descifraba en el código escrito. Hasta tal punto era así que la clásica diferencia entre Prehistoria e Historia, esto es: entre barbarie y civilización, entre animalidad y humanidad se sustenta en el hallazgo magnífico de la escritura como herramienta y transmisión del saber.
La Sabiduría, el conocimiento profundo, el desciframiento del enigma de la realidad se desvelaba a través del lenguaje escrito. Este descubrimiento implicaba un notable sacrificio. Ser culto suponía largas horas de lectura, un carácter de tenacidad, una disposición al esfuerzo, un desarrollo de la capacidad de meditación. El grafico que representaba esta cosmovisión es una línea vertical y una pirámide. La Cultura se hallaba casi exclusivamente dentro de los libros. Se nos educó en la creencia de que había muchos libros que leer donde residía el saber escrito.
Los amantes de la lectura saben que durante siglos muchos humanos compartieron una fe laica:
Su dios: la verdad se revela en los libros.
Templo: bibliotecas y librerías.
Sacerdotes: bibliotecarios y libreros.
Divinidades: los escritores.
Uno cambiaba el rictus al entrar en estos lugares de culto. El saber guardado en los libros era un manantial de inagotables conocimientos. La lectura era vivencia esencial, se podía conocer mundo sin salir de tu cuarto, viajar sin subirse a un avión, ser adúltero o asesino sin ninguna carga moral, soportar cualquier inclemencia abrigado al calor de la lectura... se aprendía todo en y por la lectura. Los libros eran por si solos capaces de producir devoción, incluso éxtasis.
El ascenso social se ligaba, también, a la cultura. Las clases pudientes eran también las cultivadas en los libros. Sloterdijk nos cuenta que glamour proviene del término gramática ya que a aquel que domina el arte de leer y escribir también le resultan sencillos otros conocimientos y destrezas imposibles para los demás. Este filósofo llega, incluso, a afirmar que la organización macro-económica y política ligada al humanismo ilustrado tenia su fundamento en una sociedad literaria mediante lecturas obligadas de textos canónicos que formaban un nosotros compartido. Se pregunta: "¿qué otra cosa son las naciones modernas sino eficaces ficciones de públicos lectores que, a través de unas mismas lecturas, se han convertido en asociaciones de amigos que congenian?"(*)
Generación tras generación el fascinante hechizo de la lectura se expandió como una epidemia. Nuestra tecnología contemporánea ha inventado el antibiótico para este virus. Hoy ya no se construyen grandes bibliotecas en el sentido clásico con la finalidad cognoscitiva sino que se crean con la pretensión de ser una reclamo económico o de distraer a los turistas.
Hoy lo que prima es la Cultura como entretenimiento. El libro ha dejado de ser su vehículo. En este mundo infantilizado también la cultura debe ser sencilla, divertida y simple.
Desde luego, no pretendemos hacer una reivindicación universal y absoluta de los libros. Hay libros de todo tipo: muchos muy buenos y otros muy malos. Incluso algunos reclaman a gritos su destrucción. No queremos ser dogmáticos culturales: el libro o la nada. No vaticinamos el Apocalipsis gnoseológico. Sabemos que hay otros formatos de transmisión cultural tan válidos como la escritura. Simplemente constatamos que en nuestra época el saber, la cultura, es cada vez más veloz, se ha acoplado al ritmo del consumo. Los jóvenes se acomodan a la cultura que les corresponde, del mundo en que han nacido. La juventud (en sentido literal) apenas lee. Se les presentan los libros como un medio estático, moroso y poco apetecible.
Hoy ya no se editan libros con el afán de que se lean sino con el propósito de que se consuman. El editor no es un mecenas del saber sino empleado de una empresa. El libro como todas las mercancías se ha transformado en un bien estético más de esta sociedad del espectáculo. La gran mayoría de los escritores no escriben con la aspiración de avanzar en el conocimiento del mundo, sino de darse a conocer (convertirse en una celebrity de los media), o como confiesa un famoso y reconocido escritor "escribimos para que los que nos rodean nos quieran más".
Tras lo afirmado dejaría de escribir pero no puedo: soy una analfabeta tecnológica, una alumna desmotivada y mi sonido es una página impresa.

* Peter Sloterdijk: Normas para el parque humano.

Elena Sánchez Subir


Recordando a Darwin,
revitalizando a Kropotkin

2009 es el año de celebración del segundo centenario del nacimiento de Charles Darwin. Se ha comentado ya mucho sobre aquel viaje, iniciado en 1831, por América del Sur e islas del Pacífico, que le permitió recoger un impresionante caudal de datos geológicos, botánicos y zoológicos. Pasarían varios años, con la consecuente ordenación y sistematización de esa información, para que elaborara su teoría de la evolución. Durante algunos años, se pensó que Darwin llegó a sus conclusiones a partir de la lectura de Malthus y su famosa teoría sobre el crecimiento de la población humana, mayor que los recursos necesarios para la subsistencia, lo cual generaría una "lucha por la existencia". Hoy, se piensa que lo que Darwin sacó de Malthus es que el proceso de selección natural ejerce una presión que fuerza a algunos a "abandonar la partida" y a otros a "adaptarse" y a "sobreponerse". En cualquier caso, un año después de aquel famoso viaje, Darwin empezó a creer la teoría de que todas las especies podrían provenir de un tronco común. La "selección natural" se produciría por las alteraciones orgánicas engendradas por la lucha por la existencia, en el curso de las cuales sobrevivirán solo los más aptos. Darwin dejó muy claro que la selección natural no induce a la variabilidad, sino que implica solamente la preservación de las variaciones que aparecen y que son beneficiosas para el ser en sus condiciones de vida; esa variaciones adquiridas serán transmitidas a los descendientes. Las tesis de Darwin fueron presentadas en El origen de las especies, en 1859, obra con sucesivas revisiones en los años posteriores. El darwinismo suscitó la lógica oposición entre los medios teológicos, los cuáles consideraron la teoría un ataque a sus creencias y a su interpretación literal de la Biblia (y hasta hoy llegamos con esta reacción, para comprobar lo cual, en este país, solo hay que escuchar la COPE en un momento tonto). Otros, vieron el cuerpo de doctrinas de Darwin como la expresión de un pensamiento radical y revolucionario y una importante lucha contra el tradicionalismo y el Ancien Régime. Aunque, tanto la teoría de la evolución, como la del origen del hombre, a partir de otras especies no eran originales, sí resultaban innovadores la gran cantidad de datos empíricos aportados por la obra de Darwin y los caracteres que imprimió a la noción de "selección natural". Como es lógico, existen algunas fisuras y objeciones a algunas de las teorias de Darwin, algunas admitidas por él mismo en su momento, lo cual no supone necesariamente la entrada de consideraciones teleológicas (último subterfugio empleado por las creencias religiosas, con la recurrente teoría del diseño inteligente como ejemplo). Puede decirse, pese a quien pese, que el alcance y profundidad en la revolución de las ideas originadas en Darwin (con posteriores revisiones y evoluciones) son solo comparables con los derivados de Marx, Freud y Einstein. Huxley (1825-1895), firme defensor de las teorías evolucionistas de Darwin, por considerarlas más satisfactorias que cualesquiera otras hasta esa fecha, y opuesto a toda pretensión de conocimiento absoluto, era partidario de las leyes mecanicistas como explicación de la estructura de los seres orgánicos. Al aceptar la lucha por la supervivencia del más apto, Huxley consideró que el evolucionismo no podía dar cuenta de los actos morales (y, aún menos, de los ideales morales); en honor a este autor, al que tantas veces se le ha nombrado como un intérprete extremista de las teorías evolutivas de Darwin (en cualquier caso, solo en el terreno biológico), hay que recordar que afirmó que el hombre debía oponerse a tendencias evolucionistas cuando éstas fueran inmorales o amorales.
Puede decirse que el socialismo en general reconoció la teoría darwiniana de la evolución como algo liberador de prejuicios y un considerable ataque al antropocentrismo, habitualmente unido a ideas reaccionarias y al providencialismo. No obstante, el llamado "darwinismo social", apoyado en algunas de las teorias darwinistas de la evolución, supondrá ideas político-sociales opuestas al socialismo, en las cuales se considera la desigualdad y la competencia como factores determinantes para la supervivencia de los más aptos y para la "evolución" de la sociedad. Se puede afirmar que el capitalismo, sea cual fuere la fase del mismo en que nos encontramos a principios del siglo XXI, continúa recogiendo ese herencia social-darwinista en la que el factor ético queda relegado en nombre de una pervertida noción de progreso y del bienestar (o supervivencia) de únicamente una parte de la población. Paradójicamente, el norteamericano Sumner (1840-1910), principal defensor del darwinismo social, rechazó toda noción de derechos naturales (en el que podría entrar la igualdad, el humanitarismo o la democracia), ya que ello supondría aceptarlos como "verdades eternas" y los desdeñó, miserablemente, en nombre de la "evolución social".
Uno de los factores decisivos para combatir esta degeneración social del evolucionismo darwinista es la llamada "ética social", tan importante en la obra de Kropotkin. Una conferencia pronunciada por el zoólogo ruso Karl F. Kessler en 1880, "Sobre la ley de ayuda mutua", inspiraría a Kropotkin para desarrollar una obra en torno al cooperativismo presente en la naturaleza. El noble anarquista ruso consideró que, junto a la ley darwiniana de lucha por la superviviencia, existía la llamada ley de "apoyo mutuo" entre los miembros de una misma especie; la competencia no sería el auténtico motor de la evolución, sino la cooperación. Al día de hoy, a pesar de que la obra de Kropotkin al respecto no ha sido lo suficientemente reconocida, continúan los estudios actuales recibiendo la influencia de ambas posturas y puede decirse que no se ha desdeñado la importancia del factor cooperativista en la evolución, siendo la sociabilidad un concepto claramente importante en la sociobiología. Habría que hacer justicia a la obra de Kropotkin, sin olvidar el tiempo que vivió y situándolo en una corriente que, sin ser mayoritaria, sí fue más amplia de lo que se deja ver en los libros de historia. Hay que insistir en que la teoría de Kropotkin no se opuso necesariamente a la de Darwin, el cual entendió la "lucha por la existencia" en un sentido mucho más amplio que las posteriores interpretaciones y tergiversaciones (las cuales llevaron a introducir el término "egoísmo" como factor evolutivo determinante, antagónico al "altruismo" que quería ver Kropotkin), y sí podía considerarse como una aportación a la misma. Reconociendo que existía la forma competitiva de lucha, se esforzó Kropotkin en equilibrar esa competencia con el factor cooperativo e, incluso, darle predominancia. Finalmente, trató el "príncipe" anarquista de hacer de la ley de "apoyo mutuo" el fundamento de toda sociedad animal, incluida la humana; esa búsqueda de beneficio para sus semejantes sería, para Kropotkin, un impulso básico para el ser humano. Porque el anarquista ruso equipara el impulso ético a "lo natural", deposita una completa confianza en la naturaleza y trata de indagar en la misma, con el fin de ajustar el comportamiento humano a una ley natural, producto de un orden cósmico en los que cabe la bondad y la belleza. Del mismo modo, considera Kropotkin que naturaleza es sinónimo de ciencia y asentará, de ese modo, una de las más poderosas señas de identidad de los libertarios de su tiempo: la plena confianza en lo científico. Una confianza en la ciencia que, a mi modo de ver las cosas, debería ampliar su horizonte de manera constante y mantenerse a salvo de un culto excesivo.
Ciertas lecturas posteriores, así como consecuentes polémicas bien planteadas al servicio de un pensamiento emancipador, han demostrado la capacidad de la tradición ácrata para huir del dogma y para revitalizar sus propuestas. Malatesta, contradiciendo en este asunto a su, para tantas otras cosas, maestro Kropotkin y tratando de salvaguardar tanto la libertad como la voluntad del hombre, rechazó el cientificismo y todo fatalismo producto de una supuesta ley natural. Para el italiano, la anarquía sería una aspiración humana al margen de una supuesta ley o necesidad natural, un programa elaborado por la voluntad del hombre (y no una especie de filosofía científica) tratando de combatir, precisamente, las desarmonías que pueden encontrarse en la naturaleza. Se resume muy bien lo que Malatesta pensaba, al respecto, en la bella frase: "La fe, en nuestro caso, no es una creencia ciega; es el resultado de una firme voluntad unida a una fuerte esperanza". Volviendo a Kropotkin, a pesar de que el trabajo del autor de El apoyo mutuo y de la inacabada Ética sea de un rigorismo científico cuestionable (sin olvidar que, del mismo modo, multitud de darwinistas concedieron excesivo crédito a la tesis opuesta), aunque no exento de datos históricos y naturales bastante impresionantes y muy útiles, su crítica a ciertos factores y circunstancias negativas para la conducta humana (como la presión del Estado y de los grupos sociales) y la mencionada confianza que depositaba en una ética social son de un interés y de una vigencia impagables. También me gustaría dejar claro que las múltiples facetas de Kropotkin, resumidas en dos vías, la sociopolítica y la científica, no tienen por qué mezclarse en una lectura fácil, que empuje a creer que sus prejuicios ideológicos le empujaron a sus tesis biológicas. De hecho, es complicado saber qué faceta del ruso influyó más en la otra; incluso, al contrario de lo que se suele pensar, es posible que la visión que tenía de la naturaleza tuviera más influencia en el desarrollo de sus tesis sociales e ideológicas que al contrario. En cualquier caso, de la obra de Kropotkin se desprende siempre honestidad, y su pensamiento contiene la suficiente brillantez para ser recuperado en muchos ámbitos del desarrollo humano.
Frente a la controversia no resuelta acerca de la naturaleza humana, egoísta o altruista, bélica o sociable, mi opinión es que nuestra afán categorizador y tendencia al maniqueísmo (y, por lo tanto y por definición, "reduccionista") nos conduce a otra suerte de fatalismo. No creo que exista una respuesta definitiva para buscar una condición inherente cercana a Caín o a Abel (por usar el mito judeo-cristiano que forma parte de nuestro acervo y, tal vez por ello, supone que caigamos constantemente en el infantilismo). La historia del movimiento libertario y de sus pensadores más notables nos demuestra tolerancia, autocrítica, una férrea ética social e individual, muy necesaria para la época en que nos encontramos tan falta de valores, y un afán indagador y enriquecedor constante. Es posible que la bondad y el optimismo que caracterizaban a Kropotkin, unido a su innegable erudición, le llevó a ese intento de sistematizar las ideas y de indagar en teorías acerca de lo que es o no "natural". Otros, no exentos de sentimiento y de voluntad, y viendo la ciencia simplemente como un instrumento emancipador útil, han aportado también grandes cosas a la tradición ácrata. Tal vez, habría que observar la naturaleza de forma objetiva, asumiendo su falta de moralidad y siendo cauto con ciertas visiones alentadoras (unidad, orden, armonía…) más cercanas a la metáfora y a la tranquilidad existencial que a una visión científica (insisto, no defiendo la ciencia como una dogma, pero tendemos a mezclar cosas dispares). Las respuestas a cuestiones morales y sociopolíticas debemos buscarlas, en mi opinión, en nosotros mismos (una especie más en la naturaleza, con mayores capacidades que otras para transformar el medio, pero sin ningún "toque" de una divinidad inexistente ni de ningún otro factor externo), huyendo de todo determinismo apriorístico y sin subterfugios de ninguna clase.

J. F. Paniagua Subir


El creacionismo: regreso al oscurantismo

¿Había dinosaurios en el arca de Noé? Esta sesuda cuestión aparecida en Internet ha marcado mi primer encuentro con el creacionismo (1).
¿De qué se trata en realidad? El creacionismo puro y duro, difundido sobre todo por grupos evangelistas americanos, explica el mundo y la vida mediante el mito de la creación narrado en el Génesis. Hay otras formas que admiten una evolución no darwinista. Lo más en boga de esta corriente es el diseño inteligente: la complejidad de las formas de vida y la belleza de la naturaleza prueban la existencia de un "gran relojero" que orienta la evolución.
Sin duda, existen numerosas variantes. Los que toman la Biblia al pie de la letra consideran que en ella se indica la edad del mundo (¿dónde?). Pascal Picq recuerda en Lucy y el oscurantismo que, sobre esta cuestión, "el texto no precisa nada". Mientras algunos teólogos "mantienen la fecha de 6004 a. C. según el arzobispo Usher, otro precisa el 31 de octubre, a las 9 de la mañana (2); de ahí la pregunta sobre los dinosaurios. Resumimos aquí la respuesta: puesto que "está comprobado" que el mundo fue creado hace 5.000 o 6.000 años aproximadamente (redondeando), los que afirman que los dinosaurios desaparecieron hace 65 millones de años no son científicos serios sino mentirosos. Pero como se han descubierto osamentas de dinosaurios, han existido y, por tanto, estuvieron en el arca de Noé… Mientras, el creacionismo musulmán, representado por el Atlas de la creación (3) de Harun Yahya, admite la antigüedad de la Tierra y la sucesión de los periodos geológicos.
Una de las habilidades del discurso creacionista consiste en dar la vuelta a los argumentos, calificando la teoría de la evolución de creencia, es decir, de mito -oponiéndose a la "certeza científica"- basándose, claro está, en un texto sagrado, ya se trate de la Biblia o del Corán. La introducción del Atlas de la creación es sintomática al respecto: "Hace alrededor de ciento cincuenta años, el naturalista inglés Charles Darwin adelantó una teoría basada en las diferentes observaciones realizadas a lo largo de sus viajes, sin la solidez de unos conocimientos científicos certeros. En suma, su teoría de la evolución se compone de diversos escenarios, de suposiciones y de conjeturas creadas en su imaginación (…). En la medida en que el saber científico y los medios tecnológicos disponibles en la época eran todavía primarios, la medida del ridículo y de la irrealidad de sus afirmaciones no puede definirse plenamente [pero] la ciencia y la tecnología hicieron rápidos progresos a comienzos del siglo XX y rechazaron la teoría de la evolución. Todas las ramas de la ciencia afectadas por el tema (…), la microbiología, las biomatemáticas, la biología celular, la bioquímica, la genética, la anatomía, la fisiología, la antropología y la paleontología (…) desacreditan absolutamente la teoría de la evolución. Todo lo que existe sobre la Tierra es obra de Dios". El infatigable Harun Yahya (seudónimo de Adnan Oktar), que dispone de unos medios considerables cuyo origen no se conoce bien, es un creacionista emblemático. Emparentado con la extrema derecha turca nacionalista, antisemita y antimasónico, inunda Internet y el mercado de publicaciones, en diversas lenguas, desplegando su discurso profundamente reaccionario por medio de "argumentos" pseudocientíficos. Uno de los principios contra la teoría de la evolución del Atlas reside en las fotografías de "fósiles" probablemente fabricados, que se asemejan exactamente a las especies actuales, para demostrar la ausencia de toda evolución: las especies fueron creadas una vez para siempre bajo el aspecto actual. Poco importa que cite el Corán y no la Biblia: su desarrollo es el mismo que el de sus "compañeros" evangelistas.
Los creacionistas norteamericanos, que han gozado de un apoyo indiscutible bajo las presidencias de Reagan y de Bush hijo, avanzan que la teoría de la evolución no es más que una hipótesis entre otras, y que hay que enseñar a la vez lo que ellos califican de ciencia creacionista en las escuelas, reclamando para sus ideas una tolerancia que las religiones raramente han manifestado a lo largo de la historia. Los creacionistas creen ver a menudo en las teorías de inspiración darwinista una ideología dominante e impuesta que obstaculiza el desarrollo de la verdadera ciencia. A menudo pretenden incluso revelar el origen del terrorismo -"los que perpetúan el terror en el mundo son en realidad los darwinistas. El darwinismo es la única filosofía que valora y estimula el conflicto", afirma Harun Yahya -e incluso el nazismo, opinión compartida por el inefable propagandista turco y por la paleontóloga creacionista francesa Anne Dambricourt-Malassé. ¿Y las formas del terrorismo pasado y presente?
La ofensiva creacionista se inserta en el gran regreso de las religiones, denunciado a partir de 1991 por Gilles Kepel en La revanche de Dieu (4), con la puesta en cuestión de la herencia de las luces y de la laicidad por parte de los integristas católicos, judíos, musulmanes y protestantes; se inserta también en el desarrollo de las tendencias new age y del gusto del "gran público" por el esoterismo, el espiritualismo, las "revelaciones" y lo paranormal.
Esta ofensiva se lleva a cabo bajo diferentes formas más o menos insidiosas a través de las diversas estructuras -iglesias oficiales, sectas, organismos pseudocientíficos, editoriales, fundaciones, grupos de presión, individuos (algunos con un prestigio debido al hecho de ser científicos verdaderos)- que disponen de abundantes fondos (incluso considerables) y de tribunas para difundir sus ideas. La Fundación Templeton, creada en 1987 por un rico hombre de negocios norteamericano, distribuye cada año 40 millones de dólares en becas y premios diversos; el premio Templeton, que recompensa "el progreso en ciencia y religión" está mejor dotado que el Nobel… Por otra parte, como subrayan Cyrille Baudoin y Olivier Brosseau, Internet ha permitido que la propaganda creacionista se extienda enormemente. Y a través de Internet y de otros medios se puede obtener abundante material de propaganda (libros, DVD, material "pedagógico" tendencioso).
La ofensiva creacionista ha tenido un éxito innegable en Estados Unidos: según un sondeo realizado en julio de 2007 por el Pew Research Center, el 42 por 100 de los americanos creen que las formas de vida presentes en nuestro planeta han existido desde siempre bajo el aspecto actual, el 18 por 100 cree que han conocido una evolución guiada por un ser supremo, y el 26 por 100, que la evolución es resultado de la selección natural… Así que, sólo una cuarta parte de los americanos ve en el darwinismo una teoría válida para explicar la evolución y la diversificación de las especies en la Tierra.
Pero, la "vieja Europa", e incluso la laica Francia, están también amenazadas por el creacionismo. Hasta el punto de que el Consejo de Europa, esa venerable institución de la que por lo general todos pensamos que no sirve para nada, se ha movilizado y ha publicado en junio de 2007 un informe sobre "Los peligros del creacionismo en la educación", a pesar de las presiones ejercidas por el Vaticano. Su responsable, Guy Lengagne, califica la amenaza creacionista de "cáncer muy avanzado". Mientras, los medios creacionistas protestantes, católicos e islamistas tienen gran influencia y saben perfectamente "comunicar". En la propia Francia, encuentran numerosas tribunas para difundir sus ideas, de organismos y editoriales que han creado y que controlan, o radios de derechas como Radio courtoisie, amplias y accesibles para todos: como las colecciones editoriales de los "grandes" editores, el periódico Le Monde o la televisión.
Daremos sólo algunos ejemplos. Un tal Guy Berthauld, hombre de negocios y vicepresidente de CESHE (Círculo Científico e Histórico, una organización católica antievolucionista), que se proclama "sedimentólogo", ha conseguido publicar en 1986 y 1988, en las actas de la Academia de Ciencias, dos notas sobre pretendidas investigaciones de sedimentología que "prueban" que todas las capas sedimentarias de la tierra se depositaron como consecuencia de una inundación generalizada: se trataba de afianzar "científicamente" el mito del diluvio…
Jean Staune, uno de los defensores más activos del creacionismo, secretario general de la UIP (Universidad Interdisciplinaria de París), organismo que nada tiene de universitario, financiado por la Fundación Templeton ya mencionada, cuyo objetivo es asociar ciencia y religión y promover diversas formas "evolucionadas" del creacionismo (como la del "diseño inteligente" o la difundida por el Atlas de la creación), ha dirigido la colección "Le temps des sciences" en la editorial Fayard entre 1990 y 1998, lo que le ha permitido publicar obras escritas por científicos que compartían sus tesis, y como se vendían bien, no ha dudado en hablar de "reto para la FNAC".
La cadena Arte ha programado y difundido, el 29 de octubre de 2005, en horario preferente, un documental titulado Homo sapiens, una nueva historia del hombre dedicado a los trabajos de la paleontóloga creacionista Anne Dambricourt-Malassé: cerca de un millón trescientos mil espectadores lo han visto…
Por último, varios miembros de la UIP (siempre la misma, y aprovechamos para decir de paso que Dambricourt-Malassé forma parte de ella) han conseguido colar en Le Monde del 23 de febrero de 2006 una tribuna titulada "Por una ciencia sin apriorismos" (naturalmente, no son los creacionistas los que tienen apriorismos, sino los evolucionistas).
Es cierto que el documental y el artículo han suscitado polémicas (hubo una respuesta colectiva titulada "Por una ciencia consciente de sus límites", publicada en Le Monde en abril de 2006), pero el mal está hecho, habida cuenta de las audiencias mencionadas, y de que no se trata de algunos ejemplos sueltos.
En Francia, el marco laico y el control centralizado de los programas escolares por parte del Ministerio de Educación Nacional han constituido parapetos contra la difusión oficial de esas teorías. Cuando se enviaron cerca de dos mil ejemplares del Atlas de la creación gratuitamente a centros escolares y a investigadores universitarios a comienzos de 2007, el Ministerio de Educación Nacional hizo saber de inmediato que no era conveniente poner esa obra en manos de los alumnos.
Francia no se ha visto enfrentada al lobby activo de ministros a favor del creacionismo, como ha sucedido en la mayor parte de los países de Europa. El peor caso ha sido el de Italia, donde, en febrero de 2004, la ministra de Educación, Letizia Moratti, prohibió la enseñanza de la evolución en el colegio (la medida fue derogada en 2005 tras la protesta de la comunidad científica).
Sin embargo, el gusano ya está en la manzana. Un antiguo ministro, Luc Ferry, es partidario activo del creacionismo, y un profesor agregado de biología y geología, Mohammed Keskas, ha escrito un libro titulado La théorie de Darwin: le hasard impossible (5), que denuncia la teoría de la evolución. Esta obra, vendida al módico precio de 2 euros, se ha difundido abundantemente entre los jóvenes a través de librerías y páginas de Internet musulmanas. Algunos observadores han captado una resistencia cada vez mayor a aceptar la teoría de la evolución entre algunos alumnos musulmanes. Se han difundido otras obras tendenciosas, como Hommes et femmes: Il les créa, una obra antiabortista y homófoba redactada por un colectivo católico y enviada a más de trescientos profesores en febrero de 2008.
Tras las ofensivas creacionistas se oculta de hecho, como nos lo recuerdan Cyrille Baudoin y Olivier Brosseau, un proyecto ideológico y político global explicitado por el Wedge document publicado en 1999 por el Discovery Institute: se trata de utilizar como una cuña (ese es el significado de wedge) las teorías seudocientíficas (a veces defendidas por científicos de renombre) para derribar el edificio del materialismo elaborado durante los dos últimos siglos.
Se trata de borrar paneles enteros de conocimiento en el terreno de las ciencias y de las ciencias humanas. Otra obra de de Harun Yahya titulada Un mensonge de l'histoire: l'âge de pierre se presentó del modo siguiente: "Con el fin de explicar los pretendidos procesos de la evolución (…) los darwinistas han llegado a reescribir la historia de la humanidad. Con ese objetivo, inventaron épocas imaginarias, como "la edad del hombre de las cavernas" y "la edad de piedra". Sin embargo (…) las criaturas medio-hombre, medio-mono que viven en las sombrías cavernas, vestidas con pieles y desprovistas de la capacidad de hablar, forman parte de la ficción. El hombre primitivo no ha existido jamás y por tanto, la edad de piedra tampoco. No son más que invenciones engañosas creadas por los evolucionistas y difundidas por una serie de medios de comunicación. Los seres humanos son humanos desde su aparición y siempre han estado dotados de una cultura elevada y completa".
Se trata también, como lo demuestra la obra creacionista católica apenas citada, de definir e imponer comportamientos "normales" o "anormales" en función de criterios morales. Es decir, se trata de imponernos "un regreso a la Edad Media", como ha declarado Guy Lengagne. Porque, como subraya Pascal Picq, "hemos de recordar que los creacionistas activistas son hermanos de los creacionistas más activos y radicales, que combaten la libertad de costumbres, la abolición de la pena de muerte, la interrupción voluntaria del embarazo, etc. Consideran que el sida es un castigo divino; en cuanto a los más extremistas, matan en nombre de su verdad" (6). No es, por tanto, exagerado, hablar de amenaza.

Notas:
1.- Para ser más precisos, más vale hablar de creacionismo como hacen Cyrille Baudoin y Olivier Brosseau en un excelente librito, Les Créationnismes, une menace pour la société française? Syllepse, 2008.
2.- Pascal Picq, Lucy et l'obscurantisme, Odile Jacob, 2007, p.143.
3.- Atlas de la Création, obra abundantemente ilustrada, de apariencia pedagógica, que constará de siete volúmenes; los dos que han aparecido son accesibles por Internet.
4.- Reeditado en bolsillo, Points, Seuil, 2003.
5.- Se puede leer en la página web de las Éditions du Figuier: "Este libro analiza científica y objetivamente la evolución de los seres vivos, y os conduce en un maravilloso viaje a través de la fascinante creación de Dios para terminar con una perfecta armonía entre la fe y la ciencia"
6.- Pascal Picq, op. cit., p.152.

Pascal Varejka
(Le Monde libertaire) Subir


La parábola reaccionaria vaticana

Creo que es imposible establecer, ateniéndose sólo a los documentos conciliares, el carácter innovador del Concilio Vaticano II o, mejor dicho, su tentativa de innovación.
Y esto más allá de las declaraciones sobre la importancia del Pueblo de Dios (cuando el Vaticano I parecía preocuparse sólo por la figura del pontífice) y de la apertura interreligiosa y ecuménica, que tienen un notable valor y testimonian la presencia, en los años que van de 1962 a 1965, de una categoría prácticamente extinta: la de los cardenales progresistas.
En efecto, si los documentos del Concilio son significativos es porque representan el aire que se respiraba en la Iglesia en un tiempo que hoy no puede ser comprendido si observamos el catolicismo contemporáneo: La implicación social y la apertura a las teologías del Tercer Mundo, un agregacionismo católico menos controlado por la jerarquía, la experiencia del desacuerdo que empezaba su andadura traduciéndose a menudo en tomas de postura radicales en confrontación abierta con la Iglesia romana, el diálogo con el mundo.
El mundo católico de la época intentaba experimentar la opción social y solidaria, incluso a la luz de un pasado reciente de vergonzosa complicidad con las dictaduras fascistas que habían sembrado muerte y destrucción en Europa y por todo el mundo.
La Iglesia católica del Concilio Vaticano I, en cambio, tras el momento de aislamiento político debido al non expedit, había apoyado abiertamente a Mussolini y a Franco (hasta el fin de sus días) y, al menos hasta 1936, al mismísimo Hitler, visto como campeón del anticomunismo.
La Iglesia que en los años 60 daba vida al Concilio no podía, en modo alguno, gustar a todos; no a los viejos laicos clerical-fascistas, que veían en el Concilio la prueba de que Juan XXIII se abría a los "comunistas", ni a tantos obispos filofascistas o colaboracionistas que habían estado a sus anchas en los regímenes totalitarios.
Con el régimen fascista gran parte de la jerarquía católica había compartido el pánico por cualquier forma de modernización, por la emancipación de la mujer, por la fuerza de los movimientos sociales que, desenmascarando las historietas defensoras de la salvaguardia de las modalidades político-económicas de gestión del poder, ponían en discusión el mismo poder eclesiástico.
Adoptando las razones de los regímenes totalitarios de derechas, la Iglesia católica se alineaba con quienes prometían la supervivencia del viejo mundo moral, de la superstición y de la injusticia social; los mismos nazis, más que con el antiguo mundo germánico (cortejado por una minoría de pseudo-intelectuales aficionados al delirio rúnico) parecían contentarse con un más popular Sacro Imperio Romano-Germánico en el que, antes o después, la misma Iglesia habría tenido garantizados todos los privilegios que en Italia le eran reconocidos con mayor facilidad.
El Concilio Vaticano II, al abrirse al mundo, no pensaba justificar la experiencia del socialismo real, como sostienen los reaccionarios de entonces y de ahora, sino que simplemente reconocía las razones de la modernidad, con las que un Papa menos bonachón y previsible de lo que aparentaba, había entendido que, ante la posibilidad de que la Iglesia fuera arrollada por la sociedad en su veloz cambio, había que hacer cambios. Benedicto XVI gobierna la Iglesia en un momento en que la dirección del viento es muy otra y sabe de la decisiva reacción al progresismo de los años 70. El Papa conoce bien la ciénaga cultural y política de estos tiempos, habiendo contribuido en los años en que dirigió la Congregación para la Doctrina de la Fe, a destruir cualquier forma de autonomía y libertad de investigación de los teólogos católicos y de los movimientos laicos más progresistas. Ahora, en un clima de abierta restauración, intenta reconciliarse con la exterema derecha lefevriana. La Iglesia se abre hoy a los reaccionarios, como el Concilio se había abierto a los progresistas, pero, ironía de la historia, a estos reaccionarios se pide reconocer un Concilio que el Papa es el primero en no creer y que ha contribuido a matar su espíritu.
Si la paradoja es evidente, no lo es menos que la diplomacia tenga sus reglas y la superación del cisma lefevriano está creando no pocos problemas al pontífice.
Ya en la primavera del año pasado la Secretaría de Estado vaticana hizo pública una declaración en respuesta a las críticas emanadas de exponentes del mundo judío que juzgaban insuficiente la modificación deseada por el Papa al viejo rezo del Viernes Santo contenido en el misal tridentino, resucitado en el acercamiento a los tradicionalistas.
En aquella ocasión la curia romana estaba obligada a rebatir la propia fidelidad a la declaración conciliar Nostra aetate, definida como "una piedra miliar en el camino de la reconciliación de los cristianos hacia el pueblo judío". En efecto, el mismo Concilio había expuesto "los principios fundamentales que han sostenido y sostienen incluso hoy las relaciones fraternas de estima, de diálogo, de amor, de solidaridad y de colaboración entre católicos y judíos" en honor del "vínculo particularísimo con el que el pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente ligado a la estirpe de Abraham". La curia, en nombre de este vínculo, afirma rechazar "cualquier signo de desprecio y de discriminación hacia los judíos, repudiando con firmeza cualquier forma de antisemitismo".
Precisamente de ese antisemitismo los obispos lefevrianos, a quienes se ha revocado la excomunión, son los campeones, ya que observan aquella tradición católica que, entre un pogromo y otro, siempre ha considerado a los judíos como asesinos de Cristo y pérfidos infieles.
La dificultad del giro a la derecha de la curia romana se pone de manifiesto no sólo porque en las palabras del obispo antisemita Williamson resuenan los prejuicios que hasta los años sesenta la mayoría de los buenos católicos habría apoyado sin ningún problema moral, sino también porque los exabruptos del obispo "nazi", rezumando sagrada tradición, llegan poco después del enésimo estancamiento de la diplomacia vaticana a consecuencia de la guerra desencadenada por el Estado de Israel contra el pueblo palestino de quien, tradicionalmente, el Vaticano siempre ha sido defensor, llegando en ocasiones casi a la ruptura con Israel.
Comprender las razones de los palestinos, en una guerra en que el Estado de Israel ataca a un pueblo prácticamente indefenso, con acciones despiadadas y desequilibrada cirugía militar, en esencia no es descabellado, pero el problema que se le presenta al Vaticano es el de convertirse en facil objetivo de la propaganda filosionista en el momento en que la oposición al imperialismo de un gobierno es criticada como antisemitismo. Y la Iglesia romana, desde esta perspectiva, tiene muchos cadáveres en el armario.
Si después, a todo esto se añade Williamson que, precisamente en el momento en que es rehabilitado exterioriza la propaganda negacionista y, por ello, filofascista, para el pobre Benedicto todo es un verdadero desastre.
De todo esto se deriva el desmentido del obispo criminal y el baile informativo tendente a un único objetivo: abrir una zanja entre las posturas de Williamson y las de la fraternidad de los lefevrianos. Se trata de distinguir entre tradicionalismo y nazismo, entre misa en latín y el negacionismo criminal de un obispo… Distinguir entre cosas que parecen diferentes pero que hunden sus raíces en el mismo humus cultural.
Porque el problema no es cauterizar, como si fuese un tumor, la visión obscena del mundo del enésimo obispo delincuente, de un cuerpo social (la extrema derecha católica) fundamentalmente sano. El problema de Ratzinger no reside en circunscribir las declaraciones del enésimo loco febril en la casa católica, sino darse cuenta de que tras la misa en latín, la reafirmación del extra ecclesia nulla salus, la negación del diálogo interreligioso (Ratisbona) y ecuménico y, sobre todo, la condena en bloque de la moral contemporánea, interpretada como relativismo, subyace una cultura única dominante que siempre es madre de antisemitismos y fascismos, aunque hipócritamente se finja víctima.
Del discurso de la Missa pro eligendo pontifice a hoy, Benedicto XVI no ha perdido la ocasión para recordarnos lo mucho que las morales humanistas modernas han dominado. El Papa no comprende que la posibilidad de razonar con la propia mente, fuera de y contra las miopes ópticas religiosas, no es relativismo sino una conquista siempre precaria de la contemporaneidad. Las palabras del pontífice, por el contrario, evocan el tiempo en que la moral era narración del poder que descendía de lo alto sobre las conciencias amordazadas, sometidas, forjadas en la irracionalidad precientífica de la teología.
De ahí el reciente llamamiento del Papa a la relidad del pecado original, el dogma básico de la Iglesia, dogma que justifica la encarnación de Cristo y su futuro retorno. El dogma del pecado original es la cosa más absurda que una religión puede parir, una tentativa pueril e irracional de justificar el problema del mal sin tener que responsabilizar al propio dios omnipotente.
Una Iglesia que se rige por una visión infantil de la vida y del mundo tiene miedo de una humanidad emancipada, que no tiene necesidad de fábulas para afrontar la vida, y por ello la alianza con los lefevrianos se enmarca en un proyecto que hace de la modernidad el enemigo a batir. En este punto la apuesta del pastor alemán es la supervivencia de los ardores teológicos en la sociedad actual. Esta es la batalla en la que Roma está combatiendo con todos los medios a su alcance y en función de la que enrola tropas de asalto cuyo papel en la Iglesia es reforzar más la necesaria subordinación del hombre a la irracionalidad y, por ello, al poder, en nombre de una tradición que se basa en la piedad popular y el respeto sagrado a las jerarquías, referencia moral indiscutida de un Pueblo de Dios reducido nuevamente al único papel de escuchar los dogmas.
La alianza con los lefevrianos es la enésima etapa del camino que la Iglesia está recorriendo para recuperar definitivamente su papel junto a los poderes fuertes, de quienes históricamente ha sido siempre colega y cómplice. El Vaticano II ha sido el breve paréntesis de una reforma necesaria y, por muy tímidas y dudosas que fueran sus propuestas, hoy, a la luz del muy diferente clima cultural y político, tienen la fascinación de una época revolucionaria. La opción de Benedicto XVI está clara: el Papa está con los criptofascistas, con los tradicionalistas, con los enemigos de la libertad y de la modernidad, en nombre de la guerra a la racionalidad y a la libertad de conciencia moderna, en nombre de la irracionalidad teológica y del poder clerical centralista y autoritario, es decir, del caldo de cultivo de todas las dictaduras, de todos los regímenes criminales.

Paolo Iervese
(Umanità nova) Subir


Setenta años del final de la Guerra Civil
y del inicio del genocidio franquista

Como casi todos los años, este 2009 es de rememoraciones y aniversarios. Entre los acontecimientos generalistas estamos ante los fastos informativos de los 200 años de Darwin, de aniversario de compositores como Haydn o Mendelssohn, etc. Para el mundo libertario los 200 años del nacimiento de Pierre-Joseph Proudhon o el centenario de la Semana Trágica y el fusilamiento de Ferrer se convierten en fechas claves.
Pero en abril de este año también se cumplen 70 años desde el final de la Guerra Civil española. Con ese final comenzaba uno de los períodos más oscuros y crueles de la historia de España. Los anarquistas dieron no solo su tributo de sangre durante la Guerra Civil sino que también sus militantes cayeron víctimas de las más cruentas de las represiones. Y como no se plegaron ante lo que estaba suponiendo un verdadero genocidio para España, lucharon en todos los frentes contra el régimen liberticida de Franco.
Setenta años de una derrota. Setenta años de una cuenta pendiente con la historia. Los esfuerzos para conseguir un mundo mejor y más justo, se vieron abortados por el capricho de los de siempre. Ilusiones yuguladas por los reaccionarios, por la Iglesia y por parte del Ejército, que comenzó a gobernar España como si de un cuartel se tratase.
Tras los durísimos años de la dictadura, que no paró de asesinar hasta el último suspiro del genocida Franco, y otros tantos de régimen democrático, nadie ha reconocido el valor y la dedicación que los miles y miles de militantes antifranquistas desempeñaron durante aquellos años. Y en este caso tuviesen las ideas que tuviesen. Lejos de todo ello, a la propaganda negativa que el régimen franquista, junto con su brutal represión, ejerció contra todos aquellos que ponían en duda o cuestionaban las cosas, el régimen democrático, encabezado por la figura de Juan Carlos de Borbón, rey de España por obra y gracia de Franco, ha tendido al olvido y al menosprecio de tantos años de lucha. Cosa lógica por otra parte si consideramos que la legitimidad del actual régimen político procede de la ilegitimidad del régimen franquista, que surge como consecuencia de un golpe de Estado contra la República española.
En los últimos tiempos se ha intentado poner parches a ese olvido. Y una vez más los parches los han colocado en el sitio equivocado. Esa tan cacareada Ley de Memoria no viene sino a ser un nuevo pacto de silencio o una ley de punto final. Lo primero que nos viene a demostrar es que de las leyes poco vamos a poder sacar. Porque los que legislan están dentro de este sistema, deudor del franquista. Y poco importa que a su frente se sitúe un gobierno de carácter conservador y derechista o uno progresista. Da igual. Es difícil que pongan en duda aquello que defienden. Tratan de recuperar memoria cuando ya no hay memorias que recordar. La cuestión no es solo desenterrar las fosas del oprobio. El verdadero quid de la cuestión se sitúa en desenterrar los ideales por los que lucharon los que están en las fosas, los ideales de los que fueron al exilio y allí quedaron postergados, los ideales de los que estuvieron durante décadas en la cárcel y hoy no tienen ni un mísero reconocimiento.
Pero si vamos mucho mas allá, muchos de los que hoy pavonean sus riquezas y se les llena la boca de democracia, forjaron esa riqueza en la explotación de la mano de obra esclava que tomaron de los presos antifranquistas. Ya no solo el poder político, sino el poder económico están fundamentados en la derrota de la Guerra Civil.
Habría que preguntarse hasta cuándo tendremos que soportar las impertinencias de una Iglesia católica, que apoyó sin ambages (salvo raras excepciones) un golpe militar y un sistema criminal. Por qué hay que soportar que los obispos digan que hay un grupo de gente que quieren desenterrar fantasmas del pasado, cuando ellos beatifican a multitud de sus curas y monjas fascistas. La Iglesia no puede esconder su cara mas oscura (¿la tuvo clara alguna vez?) pues incluso hay datos gráficos y testimonios escritos que sitúan dónde han estado y dónde siguen estando. Sin embargo el gobierno, jugando por una parte a un laicismo descafeinado y de salón, no hace más que engordar las arcas económicas de la Iglesia.
Viendo la producción historiográfica o bibliográfica de la Guerra Civil, se demuestra lo poco que ha cambiado desde los tiempos del franquismo. Si bien existen estudios serios y documentados sobre ese pasado, se siguen manteniendo lugares comunes en determinada historiografía, por no hablar de las hagiografías que pretender justificar el crimen de la dictadura. Libros que proceden de las obras de Arrarás, Comín Colomer, Mauricio Carlavilla o García Venero. No es revisionismo. Es la perduración de una visión franquista de la historia que por mucho que se quiera ignorar, está extendida en algunos ámbitos.
De una vez por todas debemos hablar claro. Lo sucedido en España a partir del 1 de abril de 1939 (en muchos sitios de España ya había comenzado en 1936) es un genocidio. Miles y miles de militantes antifranquistas de todos los colores políticos (republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas, etc.) son fusilados sistemáticamente por una maquinaria represiva. Consejos de Guerra donde entraban 10 personas y salían 30 penas de muerte. Años y años de cárcel provocados por unas leyes arbitrarias por las cuales defender públicamente al movimiento libertario era acusado de "exaltación de la rebelión" y penas que podían llegar hasta los 14 años de reclusión. Manos de obra esclava en la construcción del Valle de los Caídos, en batallones de trabajadores, en Regiones Devastadas. Mano de obra esclava que hicieron millonarias a empresas y personas por esa brutal explotación-represión.
Algunos quisieron olvidar todo lo sucedido. Otros se negaron a olvidar. Desde ese mismo 1 de abril de 1939 hubo gente que no se resignó. Los anarquistas son ejemplo ante la historia por este cometido. No agacharon la cabeza. Impulsaron la oposición al franquismo. Recordaron las conquistas logradas tras años y años de lucha. Y que no iban a permitir que nadie se las arrebatara. Conformaron la oposición en el exterior y también en el interior. Las partidas guerrilleras, los maquis, muchos de ellos anarquistas, lucharon hasta muy entrada la dictadura. Hoy se les sigue considerando bandidos y algunos impresentables de la política española los equiparan a vulgares terroristas.
Cada vez que se produce un aniversario o un recordatorio tenemos que llevar la verdad por delante. Y con este 70 aniversario del final de la Guerra Civil tenemos que demostrar y denunciar lo que significó. Por una parte la derrota de la República. Por otra la yugulación del camino que había tomado el pueblo español hacia cotas de mayores libertades. El franquismo extermina toda una red de sindicatos, ateneos, casas del pueblo, escuelas racionalistas, etc. Todo queda fulminado. Mola y Franco lo advirtieron. Su régimen iba a ser de terror. Y el terror es lo que pusieron en práctica y lo inocularon. Un régimen de hambre. Hoy todavía hay quien lo defiende. Otros, sin defenderlo abiertamente, se niegan a condenarlo. Paseando por España ves con horror cómo todavía múltiples calles, plazas y placas conmemora la victoria de ese genocidio. Algunos, amparándose en la historia, dice que no hay que retirarlas, que sería negar la historia de España. Equivocación máxima, pues la historia no se la reivindica con las placas y calles que encumbran a los asesinos. Quien así piensa muy cercano está a la defensa del régimen franquista.
Es un momento de presión popular. Un momento donde hay ya sensibilidad por lo que sucedió en el pasado, de ese pasado de dictadura. Los anarquistas siempre hemos estado en la calle con las causas justas. Y con esta razón de justicia histórica vamos a seguir estándolo. Para que nadie, llámese como se llame, pisotee la historia de lucha de los anarquistas en particular y del pueblo español en general (que era una lucha justa de la humanidad) contra el genocidio de la dictadura franquista y sus actuales adláteres.

Julián Vadillo Subir


El euskera y su supervivencia

El euskera es un idioma que ha sobrevivido más de 3.000 años de la manera más natural, pasando de boca en boca, de generación en generación de madres a hijos; esta es la mejor forma, por no decir la única, que tiene cualquier idioma de subsistir. A pesar de todas las invasiones y persecuciones que a lo largo de la historia, sobre todo más reciente, ha sufrido este idioma ancestral, su uso ha perdurado hasta nuestros días.
En la oscura época del franquismo el golpe asestado al idioma fue fortísimo y sufrió una persecución sin precedentes y un frenazo en seco de su aprendizaje y su extensión por Euskal Herria. Después de triunfar el pronunciamiento militar protagonizado por Mola, Franco, Goded, Queipo de Llano y permitido por el presidente de la república Manuel Azaña, Niceto Alcalá-Zamora, Indalecio Prieto y otros a los que no merece la pena ni mencionar. La Falange Española y otras organizaciones adeptas al nuevo régimen tenían como uno de sus objetivos principales el hacer desaparecer todo vestigio cultural que reafirmase a los vascos en su condición como pueblo, y el euskera era una de esas manifestaciones culturales. Para eliminar el idioma vasco utilizaron todo tipo de sistemas, desde la prohibición de su utilización hasta la represión física de los que lo usaban no importando cual fuera su ideología, condición social o creencia religiosa. Se prohibía su uso en cualquier actividad social fuera esta cultura, religiosa, escrita o audiovisual. Se arrestaba, vejaba y torturaba, incluso delante de sus seres queridos a toda persona que, incumpliendo las leyes impuestas por el régimen, se expresaba en su lengua materna con la normalidad y naturalidad con las que la aprendieron. Mucha gente, en resumen, sufrió la represión por el mero hecho de hablar una lengua, por seguir los designios de la naturaleza y expresarse en aquella fuente de comunicación que forman las palabras del euskera, que al igual que cualquier lengua existente en la Tierra merece ser defendida por ser ni más ni menos que el exponente de una forma más de cultura y por lo tanto patrimonio de toda la humanidad; debe ser defendida, al igual que se hace con otras lenguas antiquísimas como el latín, el arameo o el sánscrito, por su antigüedad y su importancia para ser estudiada. El tratamiento injusto propio de la ignominia de aquellos que se creen superiores al resto de los mortales fue parte del detonante que dio lugar al odio más visceral a todo lo que tenga que ver con España y lo español y constituyó el germen para la aparición de ETA, que nació en el seno de las juventudes del PNV y que en la actualidad continúa con su andadura.
Legalizados los nacionalismos periféricos, en eso que los demócratas de toda la vida han bautizado como transición al Estado de derecho o supuesta democracia, se establece el llamado Estado de las autonomías y en parte de Euskal Herria comienza a gobernar el PNV y el euskera, debilitado por 40 años de persecución y represión, experimenta un renacimiento y un auge patrocinado por las diferentes corrientes del nacionalismo vasco y los grupos de izquierda no adscritos a ninguna de las corrientes nacionalistas existentes en la zona. Desde las instancias del gobierno autónomo vasco se regulariza la formación reglada del euskera tanto en el ámbito escolar como en la educación de adultos, con ello se regulariza la situación de las ikastolas y de la enseñanza de adultos y en fin el euskera se va recuperando poco a poco, eso sí, de una manera antinatural.
Convendréis con el pensamiento anarquista de que los métodos de enseñanza que las instituciones gubernamentales utilizan para volver a fomentar el idioma y así construir lo que ellos denominan Euskadi en la que se piense en euskera es perjudicial tanto para el idioma como para la persona, ya que se trata de una imposición al igual que lo es la obligatoriedad del conocimiento de cualquier otra lengua. Un idioma no pervive porque millones lo conozcan sino porque hay personas que lo utilizan. Los antes agraviantes ahora se sienten agraviados, ya que la recuperación del idioma es utilizado por los nacionalistas vascos para su jactancia y crea ampollas entre los nacionalistas españoles que ven como su arma, el idioma castellano, va perdiendo su supremacía poco a poco y nos hablan de que el castellano está en peligro de muerte y crean curiosas plataformas bajo el pretexto de la defensa del idioma castellano, o español como ellos le llaman, cuando lo que peligra no es el idioma sino sus prebendas y privilegios.
Ante esta situación los anarquistas debemos cuestionar la utilización despreciable que tanto unos como otros hacen del idioma para sus intereses políticos particulares menospreciando y haciendo un daño irreparable a la cultura y las lenguas; las lenguas y la cultura no son patrimonio de ninguna ideología política ni de ningún grupo humano concreto, son patrimonio de toda la humanidad. La manipulación que de ellas se hace para generar discriminación es para los anarquistas igual de combatible como la discriminación que se realiza por el sexo, la raza, la creencia religiosa o política, el intelecto...
Los anarquistas defendemos el euskera al igual que el resto de lenguas del mundo y detestamos el colonialismo lingüístico, ya que una lengua debe ayudar a unir y no a separar y por ello propugnamos que cada cual tenga su lengua yla utilización del esperanto para todos.

F. R. GG. AA. de Euskal Herria Subir


 

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