PERIODICO ANARQUISTA
Nº 246
 ENERO 2009

 

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Grecia insurgente

El pasado 6 de diciembre fue asesinado por la policía griega el joven anarquista Alexis Grigorópulos. Su único delito fue calificar a los policías como lo que son: esbirros al servicio del poder. Días antes de la convocatoria de una huelga general contra las medidas económicas del gobierno (recortes salariales, privatizaciones…) los sicarios del Estado quitan la vida a este estudiante de 15 años. Suena a "estrategia de la tensión". La versión oficial habla de una bala que rebotó, algo que nadie se cree. Pero, en cualquier caso, para que una bala rebote tiene que ser disparada. Últimamente son muchas las balas "rebotadas" que asesinan gente.
La cólera de la población no se hizo esperar. Han sido jornadas de violencia, pero la furia no solo estaba producida por el asesinato sino también por la desesperación de una juventud abocada a la precariedad laboral. Si en las revueltas se han roto escaparates de las tiendas ha sido porque no se puede acceder a sus artículos por la puerta, como explicaba el escritor Vasilis Alexakis.
Era lógica esta explosión de furia en una población harta de la violencia policial, de la corrupción política (con la bendición de la Iglesia ortodoxa) y de la explotación cotidiana. Todo esto ha sido silenciado por la prensa española, que solo hablaba de alborotadores violentos sin más motivaciones que las puramente destructivas y sin otro motivo que el robo. El paroxismo llegó en el programa "Informe semanal" de RTVE (televisión que pagamos entre todos los ciudadanos) cuando entrevistaron a un poeta (?) español que vive en Atenas y que se explayó en sus críticas a los anarquistas; no hubo réplica, pues las otras entrevistas fueron hechas a un miembro del gobierno, a otro de la oposición (socialista) y a un ¡trotskista! De la brutalidad policial no se hablaba. La "imparcialidad" informativa de siempre.
Más allá de la violencia está la frustración de la juventud sin futuro, que lucha porque sabe que es la única forma que tiene de ser oída. De toda una población que dice ¡basta! a los chanchullos de los políticos, a la precarización de sus vidas, a la criminalización de sus reivindicaciones.
En Grecia, como en todas partes, la gente empieza a rebelarse contra lo establecido, porque supone hambre, porque supone alienación, porque supone desesperación, porque supone muerte. Sigamos alimentando el fuego de la rebelión, no con la violencia sino con nuestras alternativas para una sociedad de libres e iguales, para la anarquía.

A. G. Subir


Venezuela: Sindicalismo entre
la burocracia servil y el sicariato

"En revolución, los sindicatos deben desaparecer. los sindicatos nacieron con el mismo veneno de la autonomía. Los sindicatos no pueden ser autónomos, habría que acabar con eso."
Hugo Chávez (discurso en el acto de lanzamiento del PSUV. Caracas, 24 marzo 2007)

La ejecución cobarde de 3 dirigentes obreros del Estado de Aragua, ocurrida el 27 de noviembre de 2008, obliga a poner atención sobre las criminales prácticas que en años recientes vienen convirtiéndose en habituales dentro de lo que queda del postrado movimiento sindical. Como ha ocurrido en otros lugares del planeta, un signo de tiempos de mengua en la militancia laboral es la presencia creciente de procedimientos gangsteriles de toda laya, que empiezan a ser una funesta rutina que agrava aún más la decadencia de las luchas de los trabajadores.
Parte de la evidencia concreta de hasta dónde ha llegado la perversión hamponil dentro del sindicalismo ha sido recogida -en su faceta más tenebrosa, como es el homicidio de activistas laborales- en los informes para los años 2007 y 2008 de la organización de derechos humanos PROVEA. En base al acopio de lo publicado en la prensa de todo el país, esos informes dan un registro que estimamos muy fiel en hechos relativos al tema que nos interesa, donde destaca un cómputo alarmante: entre octubre de 2006 y septiembre de 2008 ocurrieron en Venezuela 77 asesinatos de sindicalistas. Los crímenes han sido fundamentalmente contra militantes ligados a los sectores de la construcción y petrolero, siendo causados en su casi totalidad por el control de los mecanismos para dar empleo en las "contratas" del respectivo sector, que en un alto porcentaje (75 por 100 para la construcción) está en manos del sindicato, por lo que quien domine la directiva gremial suele hacerse de lucrativas tajadas vendiendo puestos a quien lo necesite. Vale destacar que en esas pugnas con saldo de muertes ni siquiera hay el añadido de diferencias políticas, pues los bandos enfrentados suelen identificarse con igual fuerza como afectos al oficialismo.
La situación es tan grave que el Informe 2007 de PROVEA afirma que, después de Colombia, somos el país donde hay mas peligro para quien ejerce la actividad sindical. Además, la impunidad y el silencio cómplice acompañan a tan terrible situación. Un reporte de la Vicaria de Derechos Humanos de Caracas -adjunto al Informe PROVEA 2007- anota que sobre 52 casos recientes de homicidios de sindicalistas, sólo 3 han sido penalmente castigados. Por su parte, las centrales sindicales (sean opositoras, como la macilenta CTV, o afines al gobierno, como la inoperante UNT o la sumisa FSBT), no han hecho ninguna campaña, pronunciamiento o denuncia contundente sobre esta atrocidad. En cuanto a voceros y devotos del chavismo, despachan el incómodo tema, si es que se ocupan de él, atribuyendo la situación a los omnipresentes complots del Imperio en alianza con la patronal local, alegato paradójico considerando que en construcción y en petróleo quien no labora directamente para el sector oficial, casi de seguro trabaja para alguien que está contratado por el Estado. Tampoco podía faltar la clásica respuesta gubernamental cuando se desea desatender un asunto espinoso: en 2007 se decretó una Mesa de Alto Nivel contra la Violencia Sindical, de la que al poco tiempo ya no se supo más nada.

La gangsterización avanza
Al vil asesinato de Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena lo rodean circunstancias que apuntan a una escalada en la presencia de usos criminales en el medio sindical. Sus familiares y compañeros cercanos en luchas obreras y comunitarias, desde un primer momento expresaron que la principal sospecha como responsables en ordenar la masacre recaía sobre burócratas sindicales y líderes político regionales, ligados al oficialismo (en concreto: el alcalde de la ciudad de Villa de Cura y su hermano, cacique de gremios chavistas). Esa presunción incluso fue recogida en diversos medios de difusión, particularmente porque era proclamada por muchos y a viva voz en las diversas movilizaciones y protestas realizadas en la región en los días subsiguientes al hecho, donde una consigna repetida era la denuncia al "sicariato sindical", en cuanto modalidad impulsada por burócratas corruptos para eliminar a activistas que entorpeciesen sus negocios sucios. En este caso específico, los tres eran militantes de un grupo trotskista que ha logrado alguna implantación en la zona (por ejemplo, Hernández era secretario general del sindicato de la Pepsi en Villa de Cura, donde logró 3.816 votos como candidato a alcalde). Ese grupo -cuya referencia más conocida a nivel nacional es el sindicalista Orlando Chirino- ha venido en los últimos años años abriendo distancia crítica frente al oficialismo, lo que unido a las denuncias y acciones que venían impulsando en Aragua los convirtió en un obstáculo para las mafias regionales ahora acusadas por la voz popular.
Para acrecentar la sospecha, está también el turbio manejo que el gobierno y sus acólitos han hecho de este crimen: sus portavoces callaron hasta que -cuatro días después- Chávez mencionó lo ocurrido, insinuando una borrosa responsabilidad de empresas extranjeras y paramilitares (¿?¡!), lo cual se sustentaba en que los fallecidos habían ido ese día a brindar su solidaridad a los trabajadores de una empresa de propiedad colombiana. De ese o similares cuentos se alimentó la versión oficial -coreada con ardor por los fans internacionales de la "revolución bolivariana"- que cambió cuando el ministro del Interior anunció la captura del autor material de los homicidios, diciendo que la causa del hecho era pelear por el control del contrato colectivo en la industria de gaseosas. Esto indignó a los deudos, al presentar el asesinato como un vulgar "ajuste de cuentas", aparte que el inculpado por las muertes -un trabajador de Pepsi- sería un chivo expiatorio, pues diversos testigos lo ubicaban en su sitio de trabajo al momento del suceso. Como broche de oro, el nuevo gobernador chavista de Aragua, que no había dicho nada, al fin abrió la boca para asegurar que no permitiría más protestas sobre el asesinato, pues tenía informaciones precisas en cuanto a que esas manifestaciones servían a los propósitos de un plan desestabilizador (de nuevo ¿?¡!). Lo otro ha sido, como cabe suponer, decretar una Comisión Oficial que se ocupará de estudiar el asunto.

El Libertario subir


Una razón contraria al dogma y a la autoridad

¿Son plenamente identificables el anarquismo y el racionalismo? Esta pregunta resulta bastante jugosa en la llamada posmodernidad, en la que los valores de la Ilustración se dan por periclitados. El anarquismo histórico, aquel que podemos considerar "institucionalizado" -a pesar de ser una palabra sobre la que el propio anarquismo advierte continuamente-, puede considerarse un referente importante, un hilo conductor que no puede obviarse, incluso es y debe ser una base sólida sobre la que construir el futuro. Sin embargo, el peligro de la imposición, el peligro del dogma, planea sobre cualquier "ismo". Las ideas libertarias niegan tal posibilidad y poseen una historia rica y fecunda en aras de una sociedad plural e igualitaria donde no tenga cabida la autoridad coercitiva, tienen unas señas de identidad poderosas que nunca deben negar la posibilidad de la especulación filosófica y las múltiples vías de acceso a la verdad y al conocimiento. Me explico. El anarquismo "histórico" es materialista y racionalista, por supuesto, y posee una gran confianza en la ciencia -en la Razón, en definitiva- para organizar el mundo según un sistema ético y sociopolítico. Pero esos "ismos" (materialismo, racionalismo, cientificismo...) que pueden actúar como constantes medidores en la realidad -palabra a la que podemos dar un sentido objetivo, sin obviar lo importante de la subjetividad en su elaboración-, jamás deberían actúar como cortapisas y sí admitir sus posibilidades de expansión y las diversas lecturas.
El materialismo, mi manera de entenderlo al menos, parte de la materia en el análisis de la realidad con el fin de proporcionar el adecuado bienestar "material" para todos los seres humanos. Nada de identificarlo, como se hace usualmente, con la acumulación de bienes materiales, es decir, con el capitalismo y el ánimo de lucro. Se trata de combatir de raíz un sistema económico pobre, embrutecedor y desigualitario, aparentemente triunfador -"solo" aparentemente-, no de buscar fáciles evasiones -muchas veces, consideradas "espirituales" en oposición- con el subterfugio de identificarlo con una manera reduccionista de entender el materialismo. Precisamente, una sociedad más libre, equitativa e inteligente debe dejar mucho más tiempo al ser humano para el disfrute y para potenciar sus posibilidades (tal y como las entienda cada uno, claro está). Progreso es otro concepto cuestionado y, si no podemos reducir la historia a una linealidad simplista en ese sentido, sí debemos seguir indagando para expandir la razón y la libertad; ello supondría un continuo enfrentamiento con la ignorancia -con cautela al utilizar ese apelativo, sin superioridades culturales de unos pueblos sobre otros-, con los prejuicios, con un mal concepto del egoísmo -que conduce a la desigualdad y a la atomización- y con la tiranía.
Ricardo Mella ya advirtió sobre los peligros de la enseñanza doctrinaria, incluida la llamada educación racionalista. Recordó el brillante teórico español que el fanatismo y los axiomas no debían tener cabida en el anarquismo, por mucho que se amparase en la ciencia o en la razón. No obstante, si puede considerarse muy cuestionable la razón como método de indagación de la verdad, y mucho más considerada como algo "trascendente" al ser humano y a la sociedad, todavía constituye un impagable contrapeso a los constantes peligros del dogma, de la revelación y de la fe (y recordaremos que estos conceptos tienen muchas caras, no solo la cristiana o católica). Es por eso que cuando oigo frívolas críticas al racionalismo en aras de legitimar no sé muy bien qué teorías o qué creencias, me pregunto si lo que se hace es abrir una nueva puerta al oscurantismo o al dogmatismo -siendo necesario que el que hace la nueva proposición presente un argumento sólido, no me vale con que resulte incognoscible para la razón o el intelecto humano- o a una suerte de relativismo, en el que cabría un "todo vale", más bien involucionista en cuanto a lo que atañe al conocimiento, e iluso en lo subjetivo. Esas críticas al racionalismo y a la modernidad merecen una profundización; es el sistema capitalista el que se ha adueñado de ciertos conceptos, por lo que ahí deberían estar dirigidos los ataques, en primer lugar, a un sistema que deja la ética a un lado, instrumentaliza al ser humano y pervierte la naturaleza en nombre de una razón meramente formal.
El racionalismo, tal y como yo lo entiendo -alejado de su acepción clásica y dogmática que habla de "soberanía" de la propia razón-, daría una importancia primordial a la razón humana; sería un punto de partida con posibilidades de ser constantemente ampliado y enriquecido -recordemos que antes del siglo XVIII era un concepto instrumentalizado por la religión-, pero jamás un garante infalible del conocimiento. El partir de los postulados de la razón en el análisis de la realidad no puede negar tampoco la importancia de otros aspectos del ser humano, como la pasión o la voluntad, y debe tener en cuenta siempre la ética y los juicios de valor (las críticas posmodernas van dirigidas, sobre todo, a una razón meramente formal, subjetiva, y el anarquismo siempre ha buscado coherencia entre medios y fines). Además, ahora sí en defensa del racionalismo tal como lo ha entendido la modernidad, me parece fundamental dejar a un lado la especulación sobrenatural, antesala, tantas veces, de la institucionalización del autoritarismo. La racionalidad en la modernidad ha generado monstruos terribles, pero su corrección y su expansión en aras de la ética y en lucha con la autoridad puede llevar el bienestar material a toda la humanidad.
Aunque nos empecinemos en identificar al anarquismo con el racionalismo -o, para ser más flexibles, consideremos sin duda que es una de sus señas de identidad-, y por muy importante que consideremos la instrucción científica en cada ser humano -otro punto de partida importante- como herramienta para un posible acceso al conocimiento y a la verdad, lo libertario no debería caer nunca en el doctrinarismo, afirmando la fe ciega o la "indudable" superioridad de lo cientifico y lo racional -insisto, un medidor o un contrapeso importante, pero no un nuevo dogma-, y sí propiciar el estudio de las diversas verdades adquiridas. A mi modo de entender las cosas, es una manera de ir construyendo una sociedad libertaria.

Capi Vidal Subir


Por una humanidad libre

Reproducimos el editorial del número 6 de Humanidad, periódico anarquista hacia la autoorganización editado por nuestros compañeros peruanos. Se puede leer al completo en http://periodicohumanidad.wordpress.com/

Humanidad aparece junto con la reunión de las 21 "economías" de la región Asia-Pacífico. Ya ni siquiera se habla de "países" ni de cuestiones sociales y políticas, lo único que les interesa a estos gobernantes son las "economías", por las que entienden la absoluta obligación de "crecer", "crecer", hasta agotar todas las riquezas del Planeta, las que nos permiten respirar, alimentarnos para sobrevivir, y tejer esperanzas en un mañana mejor.
La situación mundial e interna es bastante preocupante. Sobre todo aquí en el Perú parece que la ola de violencia social, dada la indiferencia del poder y su sola respuesta represiva, sólo puede desembocar o bien en la satisfacción de las reivindicaciones de los pueblos o bien en la instauración de un régimen autoritario, aprista o no.
En efecto, a la casi sublevación del pueblo de Tacna, han sucedido las "rebeliones" de Sicuani, Moyabamba, La Concepción (Junin), Yauyos (Lima), con su secuela de muertos y heridos, locales y patrulleros incendiados, bloqueo de carreteras, batallas campales de las fuerzas del orden, a veces los serenos municipales, contra la resistencia valerosa de pobladores armados de palos y piedras y, a veces, de bombas molotov fabricadas en forma casera.
En este panorama, lo lamentable es el enfrentamiento entre pueblos hermanos y, en el caso de Concepción, por ejemplo, la participación de los trabajadores de la empresa de tratamiento de la basura que el pueblo no quiere que se instale, al lado de los policías y serenos y contra el pueblo campesino y urbano que reclama un medio ambiente no contaminado, tanto para la ciudad de Huancayo, Concepción y otras de la zona.
La situación deviene más turbia si nos percatamos de que estamos viviendo casi un rebrote de la guerrilla senderista, se dice que desde el 2007 a la fecha ya son 50 los policías que han pagado con su vida el mantenimiento del "orden", un "orden" que sólo pertenece a la clase capitalista y sus testaferros políticos, y no a esos mismos policías que son utilizados como carne de cañón por una plutocracia armada que ha convertido sus instituciones en feudos, la prueba es que el general Donayre tiene la osadía de no acudir a los llamados de un juez para que declare sobre la malversación de 80.000 galones de gasolina.
Desde Humanidad prevenimos a todos aquellos que luchan por un mundo mejor que la situación se puede agravar todavía más, tanto desde el punto de vista de la represión como de la economía inflacionaria y la desigualdad abismal existente entre los sectores sociales.
En un mundo en crisis (que vá a estallar más fuerte el 2009), los gobernantes más lúcidos como Obama, por ejemplo, reclaman una ayuda del Estado yanqui a quienes no han podido ni pueden pagar las hipotecas por las casas que adquirieron a crédito, y no sólo los 700.000 de millones de dólares prometidos por ese mismo Estado a los Bancos y aseguradoras, más los 500.000 millones que el propio Obama pide desbloquear como ayuda a las tres grandes empresas del automóvil, demostrándose claramente la orientación de Obama, salvadora no sólo del sistema capitalista sino de su base económica que es la industria del automóvil y la industria de guerra.
Al parecer, la idea dominante en el mundo es salvar al sistema de explotación capitalista del hombre por el hombre, aunque soltando algunas migajas a los pobres, especialmente a las clases medias pauperizadas. Estamos advertidos. En cuanto a las perspectivas de un socialismo libertario en el mundo y en el Perú, nadie sabe medirlas, sólo sabemos que hay que insistir en el combate social y en la construcción, ahora y aquí, de una contrasociedad anarquista que, a la larga, ocupe todo el espacio social y suprima la injusticia y la represión.

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El horror instalado en el sistema

No es una película fácil de ver, ni fácil de digerir, la producción francesa La cuestión humana, basada en la novela homónima de François Emmanuel. Estrenada solo en los Cines Verdi de Madrid -desconozco si ha encontrado distribución en el resto de España-, relegada a una pequeña sala, pero que encontrará, gracias a los milagros del boca a boca, y del "buen lenguaje" -porque de eso trata, también, el film, de desenmascarar el lenguaje del poder-, su público, estoy seguro.
El protagonista, un tipo ilustrado, carente de escrúpulos, psicólogo al frente de un departamento de recursos humanos de una multinacional -esa "cuestión humana" que actúa como eufemismo en el lenguaje para encubrir el horror-, un perfecto esbirro, tan frío y técnico como el sistema al que sirve -y como el propio film, en gran parte de su metraje-, pasará por un proceso de leve humanización y de sensibilización (tal vez, siendo muy optimista con el final de la película, irreversible y esperanzador). Un proceso de concienciación paralelo al de resquebrajamiento del pequeño y mezquino mundo que habitaba. El encargo que le hace la empresa de vigilar a un directivo debido a su extraño comportamiento -quizá, resumido en que se trata de una forma de actuar demasiado humana-, le hará descubrir las raíces totalitarias de un sistema en el que él constituye una terrible pieza más del engranaje (la reflexión final de un antiguo empleado sobre el lenguaje "técnico", frío y neutro, que se emplea para maquillar la realidad no tiene precio). Los métodos sistemáticos de eliminación de vidas humanas empleados por el nacional-socialismo no distan demasiado de los utilizados por la gran empresa en sus técnicas de selección y de reestructuración.
No es una película que hable de un solo holocausto, sino de muchos; de esos holocaustos que están instaurados en nuestra cotidianeidad, de los holocaustos que no nos son ajenos ni podemos ya buscar subterfugios de ningún tipo para eludir nuestra responsabilidad en ellos; no se trata de buscar culpables ni autoculpabilización, se trata de ser más conscientes de la posición que tenemos en el sistema. De los holocaustos, en definitiva, inherentes a un sistema económico y sociopolítico que tiende a maquillar la realidad y se vale para ello del lenguaje, tan necesario y tan pervertido.
Muchos son los planos y secuencias sugerentes en un film que no elude su compromiso radical de denuncia de un mundo deshumanizado ni suaviza un ápice, en ningún momento, su fuerte propuesta. Desde los crueles rituales iniciáticos de los jovenes directivos hasta la violencia policial -estremecedora resulta una breve secuencia al respecto-, hay una conseguida emulación técnica y estética de la parafernalia nazi. En una de sus inteligentes líneas de diálogo, el veterano y hastiado directivo le recuerda al joven empleado, cuando éste inicia su pseudoinvestigación, la etimología de la palabra "archivo" aludiendo a la palabra griega arjé. El arjé tiene dos acepciones, que son en realidad complementarias; es tanto la "autoridad" (el "orden social", donde mandan los hombres o los dioses, de ahí la palabra "anarquía" como negadora de dicha autoridad), como la "fuente" o "principio", lo originario (un concepto importante en los albores de la filosofía griega). Creo que este diálogo resume el espíritu del film y resulta esclarecedor sobre los descubrimientos que realizará el protagonista del mundo en que vive.
Ya digo, una obra difícil, densa, experimental, probablemente imperfecta -al menos, según los cánones narrativos clásicos-, pero que tiene muy claro qué quiere contar y, probablemente, cómo hacerlo. Puede gustar más o menos esta película, pero dudo mucho que deje a alguien indiferente. Frente a tanta banalidad hija de la posmodernidad, recomiendo la proposición de La cuestión humana, que reflexiona sobre los horrores que ha conllevado el mundo moderno -ese monstruo llamado "razón técnica" asociado al poder-, sobre cómo ha fracasado y se han pervertido sus valores en un mundo deshumanizado, y su conexión con la sociedad de hoy en día. La historia nos recuerda que hay sucesos históricos que marcan el presente, nuestro espacio geográfico y temporal que nos arrebatan o se nos escapa de nuestras manos.
Atentos todos aquellos mercaderes y especuladores que niegan la "memoria histórica", porque este inteligente y comprometido film es un mazazo para sus intereses.

J. F. Paniagua Subir


1914: la vanguardia y la Gran Guerra

En la noche campo a través da caza al fuego,
a un perro rojo con fauces de aullido seco.
de la tiniebla sale de las noches mundo negro,
atrozmente encendidos de volcanes sus extremos.

La guerra (Georg Heym, 1887-1912)


En la Fundación Caja Madrid y el Museo Thyssen-Bornemisza conjuntamente se exhibe una selección de pinturas y esculturas del período previo y contemporáneo a la I Guerra Mundial, un momento de vitalidad artística de enorme importancia para la Historia del Arte, pues marcó el comienzo de lo que se llamaría el arte de vanguardia. Ya el nombre indica su estrecha vinculación con la guerra y la preguerra. La voluntad pacifista o belicista, según los casos (el futurismo italiano fue belicista; el expresionismo alemán estuvo contra la guerra y sus consecuencias sociales) se expresa en cada uno de los objetos seleccionados.
Si nunca deberíamos aislar al artista de su contexto, en el caso de las guerras mundiales mucho menos. La Gran Guerra destruyó tres grandes imperios, el ruso, el alemán y el austro-húngaro, y abrió en Europa un abismo del que saldrían los regímenes totalitarios. Por primera vez en la historia, los artistas constituyeron un colectivo profesionalmente empeñado en la guerra y para el que el combate arbitraba la suerte de los ideales estéticos. La guerra unía al arte, y el arte era divisa emblemática para las razones de la guerra. La alianza entre cultura y guerra no distinguió secciones. La movilización del mundo intelectual y artístico incluía, junto a los exponentes de la vanguardia, a los sectores más refractarios a la modernidad.
Con el estallido de la Primera Guerra Mundial, la mayoría de los artistas se alistaron: algunos regresaron pronto heridos o con trastornos psicológicos, otros murieron. La vanguardia artística aún era joven y la guerra reunía todas las condiciones para seducir a sus artistas: culto a la acción, espíritu de combate, odio al burgués y vagos anhelos revolucionarios. Marinetti había calificado la guerra como "única higiene del mundo" y prometía que ella amputaría la "inmunda gangrena de una cultura inerte". Expresionistas alemanes y austriacos, cubistas franceses, futuristas italianos o rusos, vorticistas británicos, coincidieron en la fascinación por ciertos rasgos de la experiencia bélica que quisieron plasmar en su creación. El jinete a caballo como emblema. La mecanización de las armas (la aviación, los carros de combate) y la transformación del mismo hombre en un autómata. El camuflaje. La experiencia del artista-soldado en la trinchera. Y finalmente la verdad, que sólo pudieron descubrir los supervivientes: la revelación de la guerra como locura, como delirio frenético, como absurda hecatombe.
El período abarcado por la exposición va a aproximadamente de 1910 a 1919 y presenta obras de muchos museos importantes, de París, de Berlín o de Nueva York. Entre los artistas representados no se echa de menos a ninguno: Fernand Léger, Umberto Boccioni, Gino Severini, Ludwig Kirchner, George Grosz, Otto Dix, Franz Marc, Natalia Goncharova ¿hay quién dé más? Se incluyen también unos interesentes caligramas de Apollinaire. Nos quedamos con una frase de Franz Marc, escrita en el frente: "Si de esta guerra no surge ningún poeta ni música alguna, es que ya no los hay en absoluto".
La tradición secular europea había venido atribuyendo al arte el papel de mostrar la realidad, y de expresar los ideales religiosos, políticos y morales de la colectividad. Se suponía que el mundo tenía una estructura y forma fijas, y eso justificaba la moderada evolución de los estilos y de las tendencias artísticas. A un universo estático le correspondían unas formas invariables de representación visual. Así es como se mantuvo en Europa el modo de representación inventado en la Italia del Renacimiento. Pero basta una visita a cualquier museo de arte del siglo XX para apreciar las enormes diferencias existentes entre sus obras y las tradicionales. Se diría que proceden de otro planeta, con una cultura absolutamente distinta. Y sin embargo, toda la enorme variedad de productos y manifestaciones que conocemos hoy como "arte de vanguardia" se originó en la cultura occidental durante el reducido período de tiempo que transcurre entre la primera década del siglo XX y el comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Durante esos cuarenta años se destruyeron de todos los modos posibles las imágenes convencionales que el viejo mundo se había dado a sí mismo. La sucesión de ismos y tendencias de vanguardia fue vertiginosa. El arte tradicional quedó reducido a cenizas. La nueva visión del mundo ya no era estática, sino fragmentadora e inestable. Diversas posiciones teóricas y estéticas convivieron en un espacio geográfico reducido, durante un período de tiempo muy limitado. Pintar o esculpir no eran ya cosas sublimes, en la tradición romántica, sino actividades que podían ser poéticamente subversivas y revolucionariamente productivas. El artista se erigía en muchos casos en compañero de viaje de las clases trabajadoras y en el profeta iluminado de un desconocido porvenir. Las corrientes de vanguardia se ponen en contra de todo lo que consideran anticuado, y se proponen destruir las bases del arte establecido y confiar en el futuro. Es un período fecundo en el que se suceden las tendencias, y los artistas se unen y se separan con gran facilidad.
Los intelectuales adoptaron dos posturas respecto a la guerra: unos consideraron que el arte podría contribuir a devolver la razón perdida, como fue el caso del constructivismo y el neoplasticismo; otros creyeron que la única salida era negar toda la historia pasada y volver al punto cero, como el dadaísmo.
La muestra reúne doscientas veinticinco obras y se divide en varios apartados a nuestro parecer certeramente escogidos. El primero de ellos, El oscurecimiento del mundo, se inicia con la década de 1910, el período precedente a la Gran Guerra, expresando el ambiente de desmoralización reinante, el pesimismo absoluto.
El segundo apartado, llamado La segunda visión, abarca el año inmediatamente anterior a la guerra, y alude a la visión del arte como otra manera de expresar la realidad. El tercero, Últimos días de la humanidad, preconiza el hundimiento del mundo moderno. El cuarto, La vanguardia a caballo, es quizá uno de los más interesantes, con obras de Kandinsky, Boccioni o Marc, que se ocupa de la representación de la caballería como signo del dinamismo de lo nuevo. El apartado quinto, Canción de guerra, se centra en el cubismo; y el sexto, Vórtice destructor, en la mecanización y el dinamismo inducido por la máquina en la vida moderna, es decir, en el futurismo. El apartado séptimo, Carga de profundidad, está constituido por una selección de obras sobre papel de Paul Klee, Marc Chagall y Ossip Zadkine, que expresan una idea de la guerra interiorizada. El apartado octavo, y último del museo Thyssen (el resto pueden verse en Caja Madrid), lleva el título Guerra de las formas. Una estética de la desaparición, y marca el rechazo a la figuración en aras de la abstracción.
El resto de los apartados, hasta trece, son los siguientes: Apocalipsis de nuestro tiempo (regresa el tema del Juicio Final, como objeto que alegoriza la guerra); Artista y soldado (con muchos autorretratos, especialmente de artistas expresionistas, como el de Kirchner, el de Beckmann o el de Otto Dix); Cubismo en las trincheras (con trabajos sobre papel de Léger, Dix, Robert, y los caligramas de Apollinaire); El estigma de la condenación (aquí destacamos a los expresionistas alemanes, que expresaron el pavor y degradación de lo humano, especialmente en las pinturas de Grosz, como Metrópolis, Escena nocturna o La calle); y, por último, C'est la guerre!, un conjunto de esculturas, grabados y pinturas que denuncian decididamente la guerra, punto final de un recorrido por la creatividad de la vanguardia artística aliada con la guerra, que conoció la tragedia de su propio destino y se vio profundamente transformada por los acontecimientos.
Además, a lo largo de la exposición podemos leer poemas alusivos a la guerra, de gran expresividad, unas veces dramáticos y otras enaltecedores.
En Madrid, la exposición puede visitarse hasta el 11 de enero.

Abel M. Subir


Proudhon, el padre del anarquismo

El 15 de enero se cumplen 200 años del nacimiento de Pierre-Joseph Proudhon y hemos querido recordarlo reproduciendo un par de artículos publicados en la prensa libertaria francesa (Itineraire y Le Monde libertaire) y con un extracto de su célebre obra ¿Qué es la propiedad?

El Capital, el Estado, Dios… Proudhon se obstina en derribar los ídolos del autoritarismo. Tras negar, construye su filosofía sobre la base del contrato recíproco y aceptado por todos con el fin de asociar socialismo con libertad.
La obra de Proudhon tiene fama de ser confusa y contradictoria, lo que podría confirmarse por la diversidad de corrientes de pensamientos que se dicen deudoras del autodidacta francés. Desde Action Française a los anarquistas, pasando por los socialistas y los sindicalistas, la referencia a Proudhon es oportuna. Un análisis detallado de los temas formulados por esos "continuadores" de Proudhon podría, sin embargo, hacer surgir el ocultamiento de una gran parte de los análisis proudhonianos para dar ventaja a un punto determinado sacado de su contexto.
El Cercle Proudhon, por ejemplo, fundado en 1911, a iniciativa de miembros de Action Française y de sindicalistas, lo reivindica como un Proudhon mítico, francés, antidemócrata y apolítico, que no resiste a un examen serio. Los socialistas, por su parte, trataron de recuperar a Proudhon insistiendo en su oposición a Marx, o mezclando las soluciones proudhonianas más inmediatas con los principios reformistas. Para terminar con esta enumeración de las diversas interpretaciones del proudhonismo, parece que si los sindicalistas revolucionarios tienen todo el derecho de reclamar para sí a Proudhon, evitando sus opciones políticas, es el movimiento anarquista en su sentido más amplio, o más bien la filosofía libertaria, la que parece continuar más sinceramente el trabajo emprendido por aquel al que los historiadores o teóricos libertarios califican de "padre de la anarquía".
Esta denominación seguramente no habría gustado a Proudhon, que siempre tuvo horror a los discípulos y desconfió bastante de las organizaciones. En un sentido filosófico, la denominación no conviene porque es la esencia del pensamiento proudhoniano lo que toman los anarquistas, sin hacer de Proudhon un maestro y criticando algunos de sus análisis, con un espíritu que le habría interesado.
Antes de entrar en detalles, digamos que el anarquismo se articula sobre un conjunto de elementos que forman la osamenta del pensamiento proudhoniano y hacen de él un sistema sólido en el que cada punto clarifica al de al lado:
-rechazo de la propiedad en el terreno económico
-rechazo del Estado en el terreno político
-rechazo de la Iglesia en el terreno moral
-organización de la producción y de la vida social desde abajo hasta arriba por medio del apoyo mutuo y del federalismo
-revolución permanente o rechazo del concepto de fin de la historia

Destruir
"Si tuviera que responder a la pregunta siguiente: ¿qué es la esclavitud? y con una sola frase dijera, es un asesinato, mi pensamiento quedaría expresado.
¿Por qué entonces a esta otra pregunta, ¿qué es la propiedad? no puedo yo responder igualmente es un robo, sin tener la seguridad de ser bien comprendido, cuando esta afirmación equivale a la anterior transformada?" 1
Cuando aparece su Primera memoria sobre la propiedad en 1840, Proudhon se ha dirigido a un tema tabú. Pero no es el primero en tratar ese problema. Algunos economistas como Adam Smith, Ricardo o Jean-Baptiste Say sentaron las bases de una ciencia de la economía. Saint-Simon, Fourier o Robert Owen trataron la cuestión, así como también los herederos de Gracchus Babeuf, con Étienne Cabet como jefe, preconizando la propiedad común.
Tras la violencia de estas fórmulas, lo que destaca Proudhon es la existencia de seres colectivos y de la fuerza colectiva, que no es tomada en cuenta por el capitalista en la regulación de los salarios. El capitalista paga, en efecto, un tanto cada jornada que ha empleado a los obreros. No paga por el trabajo resultante de la fuerza colectiva. Es el interés del capital, lo que Marx denominará plusvalía.
"Esa fuerza inmensa que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de la simultaneidad de todos sus esfuerzos, no está en absoluto pagada" 1. La sociedad capitalista está, por tanto, basada en un robo. La apropiación de la fuerza colectiva para el beneficio exclusivo del capitalismo, que pone al productor en una situación de dependencia frente a sí mismo. Si Proudhon rechaza esta apropiación de la fuerza colectiva por el capitalismo, rechaza igualmente la que podría venir del Estado y esto es lo que lo separa del socialismo estatista y hace de él uno de los fundadores del socialismo libertario.
"La política es la ciencia de la libertad. El gobierno del hombre por el hombre, bajo cualquier nombre que se disfrace, es opresión: la más elevada perfección de la sociedad se encuentra en la unión del orden y la anarquía"1.
Al rechazo de la propiedad en el terreno económico, corresponde el rechazo del Estado en el terreno político. El Estado, como el capital, niega los seres colectivos. La sociedad no es considerada un ser colectivo, sino una suma de individuos con intereses divergentes, en la que la función del Estado consiste en arbitrar los conflictos, en soldar la sociedad.
Proudhon rechaza esta concepción heredera de Rousseau y de la Revolución francesa: "En lugar de la libertad económica, la Revolución nos ha legado, a beneficio de inventario, la autoridad y la subordinación política. La república tenía que fundar la sociedad. No ha pensado más que en gobernar (…) Es necesaria una revolución nueva, organizadora y reparadora, para llenar el vacío creado por la primera"2.
Rechaza también las teorías comunistas que ven el Estado como un instrumento de transformación social. La transformación social no debe lograrla el Estado sino la propia sociedad, en su base. "El gobernante es contrarrevolucionario por naturaleza, o resiste, u oprime, o se corrompe o reprime. El gobierno no sabe, no puede y no querrá jamás otra cosa. Poned a un San Vicente de Paúl en el poder: será como Guizot o Talleyrand"3.
Este antiestatismo, presente en el conjunto de la obra de Proudhon, será retomado por Bakunin y el conjunto del movimiento anarquista, y esa distinción entre revolución social y revolución política dará lugar a la escisión del movimiento socialista en dos ramas: los autoritarios y los libertarios.
Queda un ídolo por destruir, y Proudhon se dedica a ello en De la Justicia en la Revolución y en la Iglesia. No se trata de negar a este ídolo, a Dios, sino de combatirlo como un absoluto exterior a la sociedad que ha justificado siempre todos los absolutismos: ayer la esclavitud y el príncipe; hoy la propiedad y el Estado (Bakunin retoma el tema en Dios y el Estado).
No es exactamente un materialista, pues Proudhon no rechaza el misticismo, según él inherente al hombre que siente vagamente algo por encima de sí (el ser colectivo, la sociedad). Desea la reapropiación de esta mística en beneficio de la sociedad. Será la Justicia, no un absoluto sino un ideal hacia el que hay que tender, aun sabiendo que no se alcanzará jamás. Como diría Camus un siglo después, con el mismo espíritu: "Hay que imaginar a Sísifo feliz"4.

Construir
Proudhon ha puesto el acento en el principio de autoridad, a la que acosa bajo diferentes formas: "El Capital, cuyo análogo en el orden de la política es el Gobierno, tiene como sinónimo, en el orden religioso, al Catolicismo. La idea económica de capital, la idea política de gobierno o autoridad, y la idea teológica de la Iglesia, son tres ideas idénticas y recíprocamente convertibles: atacar a una es atacar a la otra, como saben perfectamente todos los filósofos. Lo que el capital hace con el trabajo, y el Estado con la libertad, la Iglesia lo hace con la inteligencia. Esta trinidad del absolutismo es fatal, tanto en la práctica como en la filosofía. Para oprimir al pueblo con eficacia, hay que encadenar a la vez su cuerpo, su voluntad y su razón"3.
El movimiento anarquista continuará en esta línea, pero no se limitará a la crítica y tratará de trazar el camino para una nueva construcción social, del mismo modo que Proudhon, al que anima un espíritu positivo que equilibra perfectamente su temperamento polemista: "Negar, negar siempre, ese es nuestro método de construcción en filosofía"5.
En 1843, bajo la influencia dominante de la filosofía alemana, Proudhon publicó De la creación del orden en la humanidad, en el que trató de definir un método de análisis: la dialéctica seriada. Esta dialéctica debe permitir analizar las contradicciones de la sociedad o parejas antinómicas, que representan el movimiento, la acción o la libertad, así como las grandes líneas o series que organizan esas contradicciones. Esta dialéctica proudhoniana, que rechaza la síntesis, artificial en filosofía, gubernamental en política, crea una filosofía del pluralismo, del equilibrio y del movimiento: "Los términos antinómicos no se resuelven, del mismo modo que los polos opuestos de una pila eléctrica no se destruyen; (…) el problema consiste en encontrar no sólo su fusión, que sería la muerte, sino su equilibrio, inestable siempre, variable según el desarrollo de las sociedades"6.
Las divergencias entre autoritarios y antiautoritarios en la Primera Internacional tienen su origen en esta distinción entre las dos filosofías, una pluralista, la otra gubernamental. Por otra parte, Marx no se equivoca cuando declara a propósito de Primera Memoria: "La obra de Proudhon ¿Qué es la propiedad? es tan importante para la economía política moderna como la obra de Sieyès ¿Qué es el Tercer Estado? para la política moderna"7, porque cuando Proudhon aplica su dialéctica al análisis económico en Sistema de contradicciones económicas o Filosofía de la miseria, Marx contesta en su panfleto Miseria de la filosofía: "Pretende [Proudhon] colocar al hombre de ciencia por encima de los burgueses y de los proletarios; no es más que el pequeño burgués, bamboleándose entre el capital y el trabajo, entre la economía política y el comunismo"8.
Esta filosofía del pluralismo va a llevar a Proudhon a preconizar la organización económica sobre una base mutualista, y la organización política sobre una base federalista. Eso implica sustituir la autoridad por el contrato, todo ello dirigido a la reciprocidad. El contrato proudhoniano es una idea básica de la filosofía libertaria (véase el pacto asociativo de la Federación Anarquista) y difiere totalmente del contrato social de Rousseau, que crea el Estado de derecho.
Para Proudhon no debe existir otra obligación que la resultante del compromiso, se debe dar mayor bienestar y libertad a las partes del contrato, que debe haberse debatido libremente, y consentido individualmente, implicando tanto a la organización económica como a la organización política, debiendo desaparecer la segunda en la primera: "Disolución del gobierno en la organización económica"2.

Del federalismo económico
al federalismo político

"Transportado a la esfera política lo que hemos llamado hasta ahora mutualismo o garantismo, toma el nombre de federalismo. En una simple sinonimia se nos da la revolución entera, política y económica"9.
La organización de la producción se basa en la libre empresa en el sistema liberal, o en la estatalización en el sistema comunista (cf. Louis Blanc, La organización del trabajo, 1840). En el sistema proudhoniano, será obra de los productores y resultado de sus intercambios sobre la base de la reciprocidad.
Proudhon distingue tres tipos de unidades de producción:
-la explotación familiar en la agricultura, en la que una familia se beneficia de la posesión de una superficie que puede cultivar. Esas explotaciones pueden federarse escalonadamente hasta la federación agrícola nacional,
-los pequeños talleres de artesanado, en los que cada trabajador controla el conjunto de la producción,
-por último, las grandes unidades de producción industrial, en las que Proudhon propone la propiedad colectiva e indivisa, una socialización por medio de la creación de asociaciones obreras que se federarán para formar la federación industrial.
En estas grandes unidades de producción, la gestión será colectiva, para combatir los efectos negativos de la parcelación del trabajo; el trabajador deberá llevar a cabo sucesivamente todas las funciones y, por último, la formación y educación de cada uno de ellos estará a cargo de la empresa para hacer del productor un ser completo y acabar con la separación manual/intelectual. "El sabio que sólo es un sabio es una inteligencia aislada, mutilada. Se puede decir que la inteligencia del obrero no está sólo en su cabeza. Está también en sus manos"10.
Estos tres tipos de unidades de producción, sus principios de organización, sus relaciones de intercambio, sus garantías mutuas, forman el federalismo económico que es, bajo sus formas diferentes (mutualismo proudhoniano, colectivismo bakuniano, comunismo libertario, gestión directa), la base de las teorías anarquistas. Encontramos su aplicación en todas las revoluciones en las que los anarquistas tuvieron peso sobre los acontecimientos, principalmente en Ucrania, durante la Revolución rusa, y en la experiencia de socialización llevada a cabo por la CNT española durante la guerra civil.
Anunciada en su Idea general de la revolución en el siglo XIX y en De la Justicia en la Revolución y en la Iglesia, la teoría federalista de Proudhon se expondrá en El principio federativo, aparecido en 1862. Si Proudhon subordina lo político a lo económico, quiere decir que no rechaza la política. Le aplica su método de unidad en la diversidad.
La unidad de base de la economía es el taller, en el orden político es la comuna (municipio) que tiene autoridad sobre todo lo que entra en su dominio y, asociada a otras comunas, forma la región, que a su vez tiene autoridad sobre su dominio y así hasta llegar al Estado federal y la confederación de Estados (entendiendo Estado federal en el sentido de federación nacional). El periodo en el que Proudhon expuso su teoría federalista estuvo marcado por la emergencia de los fuertes movimientos de las nacionalidades apoyados por los demócratas, entre ellos el movimiento por la unidad italiana. Y Proudhon tomó postura contra la unidad italiana que, para él, no unificaba sino que uniformaba, borraba las diferencias, simplificaba y, sobre todo, desviaba el verdadero problema: "El nacionalismo es el pretexto del que se sirven para esquivar la revolución económica"10.
Desde entonces, el movimiento anarquista se inspirará en este análisis para tomar posición respecto a los problemas de nacionalidad o de regionalismo, con la preocupación de unir respetando las diferencias y con desconfianza hacia ciertas alianzas contra natura que reenvían a las calendas griegas la revolución social. El federalismo es su principio de funcionamiento en el presente, y es en él donde se articula la sociedad anarquista para el conjunto de los teóricos libertarios.
Este repaso somero del pensamiento proudhoniano nos ha permitido pasar revista al conjunto de los principios libertarios. La aportación de Proudhon al anarquismo es innegable. Si desde entonces numerosos teóricos han añadido su granito de arena al pensamiento anarquista, si la evolución de la sociedad ha necesitado avanzar con nuevos medios, los principios generales definidos por Proudhon siguen siendo los del anarquismo contemporáneo. El objetivo sigue siendo asociar socialismo y libertad. Un tema a la orden del día.

Notas:
1.- P.-J. Proudhon, ¿Qué es la propiedad? (Primera Memoria), 1840.
2.- P.-J. Proudhon, Idea general de la Revolución en el siglo XIX, 1851.
3.- P.-J. Proudhon, Confesiones de un revolucionario, 1849.
4.- A. Camus, El mito de Sísifo, 1942.
5.- P.-J. Proudhon, Solución al problema social, 1848.
6.- P.-J. Proudhon, Teoría de la propiedad (póstumo).
7.- K. Marx y F. Engels, La sagrada familia, 1845.
8.- K. Marx, Miseria de la filosofía, 1847.
9.- P.-J. Proudhon, La capacidad política de la clase obrera, 1864.
10.- P.-J. Proudhon, De la Justicia en la Revolución y en la Iglesia, 1858.

Bruno Préposiet Subir


¿Qué es la propiedad?

Si tuviera que responder a la siguiente pregunta:
¿Qué es la esclavitud? y respondiera simplemente: Es un asesinato, mi pensamiento sería inmediatamente comprendido. No necesitaría una larga parrafada para demostrar que el poder de privar al hombre de su pensamiento, voluntad y personalidad es un poder de vida y de muerte, y que convertir a un hombre en esclavo es asesinarlo. Así pues, ¿por qué a esta otra pregunta: ¿Qué es la propiedad? no puedo responder también: Es un robo, sin tener la certeza de ser entendido, aun cuando esta segunda proposición no sea más que la primemera transformada? (…)
Tal autor enseña que la propiedad es un derecho civil, nacido de la ocupación y sancionado por la ley; ese otro sostiene que es un derecho natural, que tiene su origen en el trabajo: y estas doctrinas, por opuestas que parezcan, son promovidas, aplaudidas. Yo pretendo que ni el trabajo, ni la ocupación, ni la ley pueden crear la propiedad; que la propiedad es un efecto sin causa: ¿soy por ello reprensible?
¡Cuántas murmuraciones se levantan!
-¡La propiedad es un robo! ¡He ahí el toque a rebato del 93! ¡He ahí el zafarrancho de las revoluciones! (…)
Sí, todos los hombres creen y repiten que la igualdad de condiciones es idéntica a la igualdad de derechos; que "propiedad" y "robo" son palabras sinónimas; que cualquier preeminencia social, concedida, o mejor dicho, usurpada bajo el pretexto de la superioridad de talento y de servicio, es iniquidad y bandidaje: todos los hombres, repito, atestan estas verdades en su alma; sólo se trata de hacer que se perciban de ello. (…)
La justicia es el astro central que gobierna a las sociedades, el pelo alrededor del cual gira el mundo político, el principio y la regla de todas las transacciones. Nada se hace entre los hombres más que en virtud del "derecho"; nada sin la invocación de la justicia. La justicia no es en absoluto obra de la ley; al contrario, la ley no es nunca más que una declaración y una aplicación de lo "justo" en todas las circunstancias en las que los hombres pueden estar en una relación de intereses. Así pues, si la idea que teníamos de lo justo y del derecho estaba mal determinada, si era incompleta o incluso falsa, es evidente que todas nuestras aplicaciones legislativas serán malas, nuestras instituciones estarán viciadas y nuestra política será errónea: por lo tanto, habrá desorden y mal social. (…)
Sin el orden de la justicia, el trabajo "destruye" la propiedad. (…)
El capitalista, dicen, ha pagado "los jornales" de los obreros; para ser exactos se debe decir que el capitalista ha pagado tantas veces "un jornal" como obreros ha empleado diariamente, lo que no es precisamente lo mismo. Puesto que esta fuerza inmensa que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de la simultaneidad de sus esfuerzos, no la ha pagado. Doscientos granaderos erigieron en pocas horas el obelisco de Luxor; ¿puede suponerse que un hombre, en doscientos días, habría conseguido lo mismo? No obstante, en la cuenta del capitalista la suma de los salarios habría sido idéntica. Pues bien, un desierto que cultivar, una casa que edificar, una manufactura que explotar, es el obelisco a erigir, es una montaña que se debe cambiar de emplazamiento. La más pequeña fortuna, el más sencillo establecimiento, la puesta en marcha de la industria más enclenque, exige una suma de trabajos y talentos tan diversos que el mismo hombre no podría hacerlo. Resulta sorprendente que los economistas no hayan tenido en cuenta este hecho. Hagamos pues el balance de lo que el capitalista ha recibido y de lo que ha pagado.
Al trabajador le hace falta un salario que le dé para vivir mientras trabaja, puesto que no produce más que consumiendo. Cualquiera que ocupe a un hombre le debe comida y mantenimiento, o un salario equivalente. Es lo primero que se debe hacer en toda producción. (…)
Separad a los trabajadores unos de otros, puede ser que el jornal pagado a cada uno sobrepase el valor de cada producto individual: pero no es de esto de lo que se trata. Una fuerza de mil hombres actuando durante veinte días ha sido pagada como lo sería la fuerza de uno durante cincuenta y cinco años: pero esa fuerza de mil ha hecho en veinte días lo que la fuerza de uno, repitiendo su esfuerzo durante un millón de siglos, no podría hacer: ¿Es equitativo el trato? Una vez más, no. Cuando se han pagado todas las fuerzas individuales no se ha pagado la fuerza colectiva; por consiguiente, queda siempre un derecho de propiedad colectiva que no se ha adquirido, y del que se goza injustamente. (...)
Caminaremos por medio del trabajo a la igualdad; cada paso que demos nos acerca cada vez más; y si la fuerza, la diligencia, la destreza de los trabajadores fueran iguales, es evidente que las fortunas también lo serían. En efecto, si como se pretende y como nosotros creemos, el trabajador es propietario del valor que ha creado, de ello se desprende:
1. Que el trabajador adquiere a expensas del propietario inactivo.
2. Que al ser toda producción necesariamente colectiva, el obrero tiene derecho, en la proporción de su trabajo, a la participación de los productos y de los beneficios.
3. Que siendo todo capital acumulado una propiedad social, nadie puede tener la propiedad exclusiva. (…)
Ahora bien, este hecho indiscutible e indiscutido de la participación general en cada especie de producto tiene por resultado hacer comunes todas las producclones particulares: de tal modo que cada producto, al salir de las manos del productor, se encuentra de antemano marcado con una hipoteca por la sociedad. (…)
El trabajador es, con respecto a la sociedad, un deudor que muere necesariamente insolvente: el propietario es un depositario infiel que niega el depósito que se ha entregado a su custodia y quiere hacerse pagar los días, meses y años de esa custodia. (…)
¡Cosa singular! La comunidad sistemática, negación reflejada de la propiedad, es concebida bajo la influencia directa del prejuicio de propiedad; y es la propiedad la que está en el fondo de todas las teorías comunistas. Los miembros de una comunidad, es cierto, no tienen nada propio; pero la comunidad es propietaria, y propietaria no sólo de los bienes, sino de las personas y de las voluntades. (…)
Y al igual que el derecho de la fuerza y el derecho de la artimaña se restringen ante la determinación cada vez más amplia de la justicia, y terminan esfumándose dentro de la igualdad; del mismo modo la soberanía de la voluntad cede frente a la soberanía de la razón y acabará por destruirse dentro de un socialismo científico. La propiedad y la realeza están desmoronándose desde el principio del mundo; lo mismo que el hombre busca la justicia en la igualdad, la sociedad busca el orden en la anarquía. (…)
El propietario, el ladrón, el héroe, el soberano (puesto que todos estos nombres son sinónimos) impone su voluntad para él, y no sufre ni contradicción ni control, o sea que pretende ser poder legislativo y poder ejecutivo simultáneamente. (…)
Suprimid la propiedad conservando la posesión; y mediante esta única modificación en el principio, cambiaréis todo dentro de las leyes: el gobierno, la economía, las instituciones. Expulsaréis el mal de la tierra. (…)
Todo trabajo humano, necesariamente resultante de una fuerza colectiva, convierte toda la propiedad, por esa misma razón, en colectiva e indivisa: en términos más concretos, el trabajo destruye la propiedad. Siendo toda capacidad trabajadora, al igual que cualquier instrumento de trabajo, un capital acumulado, una propiedad colectiva, la desigualdad de trato y de fortuna bajo la excusa de desigualdad de capacidad, es injusticia y robo. (…)
La política es la ciencia de la libertad: el gobierno del hombre por el hombre, sea cual sea el nombre bajo el que se oculte, es opresión; la más alta perfección de la sociedad se encuentra en la unión del orden y la anarquía. (…)

Pierre-Joseph Proudhon Subir


Crisis bancaria y económica:
las soluciones de Proudhon

Es de buen tono entre los economistas marxistas considerar a Proudhon como una especie de acémila. En cuanto a los economistas burgueses, ironizan sobre el proyecto de "Banco del Pueblo" de un utopista confuso al que la realidad ha llamado al orden al exigirle el reembolso a sus suscriptores incluso antes de la apertura efectiva de su "banco de cambio". Estábamos en 1848.
Pero hoy día le tocaría sonreír a Proudhon. La crisis norteamericana de las "subprimes", convertida en crisis bancaria mundial, muestra una serie de infartos en la circulación del capital, asociada al humillante fracaso de la "especulación a toda costa". Cuestionando la dominación estatal sobre la economía mundial tanto como la teoría liberal del "laisser faire", el crack de 2008 se parece a un tsunami: el maremoto ha tenido lugar y el mar se ha retirado. Pero numerosos veraneantes ingenuos siguen en la playa y creen que podrán seguir recogiendo cangrejos y coquinas. En realidad la ola, a la larga, se expande y avanza. Un recesión de gran amplitud va a golpear al comienzo del año 2009 a todas las economías frágiles por el bloqueo de los créditos, mientras que algunos plutócratas advertidos presionarán un poco más a los pueblos.
¿Habrá llegado ya el momento de reconsiderar con seriedad las propuestas de Proudhon, obrero tipógrafo autodidacta y fundador de la economía política revolucionaria, cuyo famoso "¿qué es la propiedad? ¡Un robo!" tuvo lugar en 1840, primer adoquín lanzado contra el pantano de las teorías económicas bienpensantes? Sus descubrimientos y propuestas alternativas son lo suficientemente radicales y están construidas para iluminar un día nuevo esta gran crisis del capitalismo contemporáneo. El tiempo de la revancha le ha llegado a Proudhon. Estemos preparados pues, para tomar el relevo a un sistema a partir de ahora bajo mínimos. Porque a esta crisis inédita ya había respondido Proudhon por adelantado.

1. Una circulación sin peajes
Según Proudhon, la revolución social debe culminar el trabajo iniciado por la Revolución francesa, que se detuvo en medio del vado: la burguesía concedió derechos formales al pueblo, pero no derechos reales; en otros términos, la proclamación de la igualdad de derechos no estuvo acompañada por la igualdad de hecho. Para él, falta por tanto continuar el proceso atacando a la máquina desigualitaria que está en el corazón del sistema de propiedad: el interés bancario. Éste define el intercambio desigual, verdadero fundamento del capitalismo. Así es como, en un artículo del 20 de mayo de 1848, Proudhon escribe: "La suma de vuestra miseria actual es igual a la suma del bienestar que os arrebata el capital" (Solución del problema social).
Según Proudhon, el capitalismo es comparable a un sistema de esclusas de peaje situadas a lo largo de un río. Así, el interés exigido a un prestatario por su prestamista es un robo. En efecto, Proudhon explica que se trata de un valor ficticio que no corresponde a un producto real. El interés es captado en nombre de un servicio que no existe; el que presta tiene bastante y no se priva de nada. No crea ninguna riqueza y, sin embargo, "recibe más que lo que aporta en el intercambio", nos dice Proudhon (quinta carta a Frédéric Bastiat, 3 de diciembre de 1849). El solo hecho de poseer una esclusa permite despojar a los barcos que pasan. Esto lleva a Proudhon a definir el socialismo como "el préstamo sin interés". Esta teoría de la gratuidad del crédito es el núcleo de su condena a la propiedad, porque ésta permite el intercambio desigual. Porque es fácil demostrar, nos dice, que dos personas que, de un año a otro, por ejemplo, se hubieran prestado una suma al ocho por ciento podrían haberlo hecho sin ningún interés (tercera carta a Bastiat). Esto demuestra que es posible concebir y establecer un sistema económico basado en la reciprocidad y no en el choriceo. Es necesario que cese esta ceguera que consiste en no ver la radicalidad de la propuesta de Proudhon sobre el crédito gratuito, que desembocaría sencillamente, si se aplicara, en impedir que el capitalismo funcionara. En la realidad. No en sueños.

2. El crédito gratuito
Este "feudalismo mercantil e industrial", esta "aristocracia de terratenientes" que instalan peajes por todas partes en el río de la circulación del capital, se verían privados inmediatamente de la capacidad de explotar a los verdaderos trabajadores si se aboliera el préstamo con interés. ¿Cómo? Proudhon lo explica: si el objetivo es eliminar todas las formas de intercambio desigual, hay que privar a los capitalistas propietarios en concreto de la capacidad de explotar al resto de la humanidad.
Al abolir el interés bancario gracias al establecimiento de un gran banco central de cambio que preste a interés cero, Proudhon priva de recursos a los organismos prestamistas y a los rentistas que "viven sin trabajar".
Proudhon abole el uso del oro y la plata porque su banco central proporciona bonos de cambio basados en los productos existentes ya entregados y facturados. La transacción se hace posible por la centralización eficaz de la comunicación entre todos los productores y consumidores adheridos. Al final, todo el cuerpo social.
El numerario deja ya de ser el "equivalente general" que permite a algunos atesorar el trabajo de otros bajo la forma de oro y plata; Proudhon propone hacer desaparecer los salarios "arruinando el dinero". Los productores, asociados en las fábricas, parcelas de tierra o comercios, intercambiarán directamente, sin tasas ni vigilancia del Estado, lo que estará basado en el intercambio recíproco de productos y servicios, expresados no en la moneda clásica sino en valor de trabajo. De este modo, la fuerza colectiva que el empresario no paga jamás al trabajador, esa famosa diferencia que Proudhon llama "error de cuenta" en su Primera memoria, se repartirá y contabilizará en la suma social de todos los intercambios efectuados por el Banco del Pueblo. Así, al ser imposible la extorsión de la plusvalía debido a abolición de los sueldos en moneda ¿qué será de los patronos?
De golpe, todo lo que oprime a los trabajadores, ya sean los alquileres de la ciudad o la granja del campo, así como el beneficio en el comercio, se hacen económicamente inútiles y desaparecen. Los billetes de cambio del Banco del Pueblo, que no se pueden ahorrar, provocan la desaparición de la moneda y el salario, mientras que el crédito gratuito arruinará a los usureros. Al privar a la propiedad de su capacidad de perjudicar, es decir, al prohibir la extorsión del "error de cuenta" en el marco del asalariado, del alquiler en el capital-cemento, de las granjas en el capital-tierra, del beneficio en el capital-comercio, Proudhon lo vacía de todo su contenido social habitualmente nefasto.

3. Una utopía concreta
El sistema de Proudhon constituye una respuesta práctica posible e inmediata al crack de 2008, cuyos efectos podrían ser dramáticos para todos los pueblos del mundo, condenados a absorber las pérdidas colosales ligadas a la incuria y la rapacidad de la casta capitalista que oprime al mundo.
Porque, al fin y al cabo ¿qué vemos?
Los créditos de riesgo, llamados "subprimes" con sus tasas variables, han desplumado a las familias americanas modestas, cuyos créditos, falazmente transformados en acciones por los mercachifles de los "hedgefunds", han envenenado las carteras de los bancos de todo el planeta. Resultado: paro cardiaco por el paro de la circulación del capital, al haber bloqueado la desconfianza general los créditos de banco a banco. ¿No es evidente que con el crédito gratuito del Banco del Pueblo de Proudhon esos dos millones de familias norteamericanas seguirían teniendo techo?
A esta crisis de la circulación se añade en 2008 la de la especulación. Con el sistema proudhoniano, en el que desaparecerían la moneda clásica, los beneficios comerciales y los salarios pagados en metálico, ¿quién podría seguir haciendo fortuna moviendo los capitales de un país a otro con un click del ratón?
¿En qué se convertiría esta mortal cartelización del capital, que la globalización trata de imponer por la fuerza de sus armas o por el chantaje político si, tras esta crisis de la dominación económica de Wall Street, se crean por todas partes federaciones de productores, de consumidores, de distribuidores que favorezcan la economía local y el intercambio servicio-producto, abandonando el paso al consumo ciego en los supermercados?
¿Cómo, bajo esta óptica, podrán mantenerse todavía los inverosímiles derroches en gastos militares, en vigilancia policial, o en represión judicial? ¿Cómo podremos necesitar un Estado omnipotente cuando la clase dominante, definitivamente arruinada, haya perdido su omnipotencia económica sobre la sociedad?
La crisis económica que pronto va a golpear duro a todas las economías fuertemente integradas en el mercado mundial, no podrá en cualquier caso hacer estragos a las economías basadas en la autogestión y el desarrollo autocentrado.
Contra el intercambio desigual, el beneficio y la explotación del trabajo, contra las soluciones bancarias o estatales a la crisis, los anarquistas deben proponer y poner en marcha inmediatamente un socialismo federativo basado en una economía alternativa apoyada en redes locales politizadas y dispuestas a federarse; valoremos las monedas autónomas de intercambio recíproco, salgamos del sistema monetario mercantil. Si el capitalismo no nos contrata, contratémonos nosotros por medio del trueque de servicios y de productos.
Es hora de que en cada ciudad los círculos anarquistas propongan al pueblo que recupere lo que se le ha robado, y que deje de permitir que le roben.

Philippe Paraire
(Le Monde libertaire)


I.- Ser gobernado significa ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, regulado, inscrito, adoctrinado, sermoneado, controlado, medido, sopesado, censurado e instruido por los hombres que no tienen el derecho, los conocimientos ni la virtud necesarios para ello.
II.- Ser gobernado significa con motivo de cada operación, transacción o movimiento, ser anotado, registrado, controlado, gravado, sellado, medido, evaluado, sopesado, patentado, autorizado, licenciado, aprobado, aumentado, obstaculizado, reformado, reprendido y detenido.
III.- Es con el pretexto del interés general, ser abrumado, disciplinado, puesto en rescate, explotado, monopolizado, extorsionado, oprimido, falseado y desvalijado, para ser luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta, reprimido, multado, objeto de abusos, hostigado, seguido, intimidado a voces, golpeado, desarmado, estrangulado, encarcelado, fusilado, juzgado, condenado, deportado, flagelado, vendido y por último, sometido a escarnio, ridiculizado, insultado y deshonrado.
¡Esto es el gobierno, esto es la justicia y esto la moralidad!

Pierre-Joseph Proudhon Subir


 

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