PERIODICO ANARQUISTA
Nº 245
 DICIEMBRE 2008

 

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¡Viva el ateísmo financiero!

El dinero que vemos desaparecer en las Bolsas ¿qué era? Nada.
El dinero no es nada. "Perdona, habla por ti", dirán los que no tienen bastante. Son muchos los que no tienen bastante (yo también), y un anarquista ha enunciado una brillante verdad: "Mientras haya dinero, no habrá bastante para todo el mundo". Y sin embargo, ¿el dinero no es nada? Veamos.

Primo
La mujer prehistórica, la llamada mujer primitiva, vivió muy bien sin dinero. En general. No se ven objetos de intercambio, es decir, objetos cuya función, además de la original (vacas, barras de sal, conchas) fuera servir de patrones de valor, hasta que las llamadas sociedades primitivas no entran en unos circuitos de cambio ya muy extendidos. Cuando de tribu a tribu resulta práctico establecer un patrón común para evaluar el valor de un objeto o un servicio. Esos patrones exigen siempre mucho tiempo humano. Las conchas intercambiadas en el interior del Congo no han llegado por obra del Espíritu Santo, las vacas no engordan en un instante. A medida que las sociedades humanas aumentan en número y extensión, la complejidad y lentitud de sus intercambios disminuye por el empleo de esos patrones. La Antigüedad mediterránea y la Antigüedad china inventaron cada una por su parte el sistema de pequeñas (por tanto, ligeros y transportables) fichas (fáciles de fabricar) de metal (duraderas), para utilizarlas como patrones. Cuando el Imperio chino y el Imperio romano se estabilizaron y expansionaron, los primeros pícaros y los grandes puercos empezaron a comprender que esos patrones podían multiplicarse cuando, paradójicamente, se prestaban. Bien, nos vamos acercando.
El dinero es, en apariencia, una reserva, un congelador, un frigorífico del esfuerzo humano que cualquiera puede consumir. Desde que ha sido definido de este modo, es decir, desde que el dinero no tiene más que un valor de uso (se pueden comer las vacas; se pueden salar con la sal, si están cocinadas; se pueden hacer joyas con el oro), se ha convertido exclusivamente en una relación social. Una relación social entre dos deseos, en apariencia los del comprador y el vendedor. Pero en realidad, entre tres polos: comprador, vendedor y tercero-poderoso. El tercero-poderoso es el garante del dinero. Está claro que se trata de una estructura estatal o asimilada. ¿Por qué "poderoso"? Porque él es quien establece el patrón común. Él es quien impone a las personas, libres en teoría, que sus intercambios sólo podrán hacerse con un patrón que él, el tercero-poderoso, fabrica materialmente y define socialmente. El dinero no es sólo el instrumento del tercero-poderoso, es también en parte su creador; porque la unificación de las monedas es al mismo tiempo condición, medio y requisito de la unificación estatal, como hemos visto ya en el caso del euro. Concluyamos: el dinero es el medio de intrusión del tercero-poderoso en las relaciones de intercambio.
¿Por qué la gente ha aceptado esta intrusión? En primer lugar, porque al principio le resultaba cómoda. Después, porque el Estado impone por la fuerza el empleo de su dinero. Por último, porque los ricos, los poseedores de los medios de producción, lo han impuesto también. Porque -Marx lo demostró brillantemente en El Capital- el dinero es también el medio de extraer de la manera más rápida, más extensa y más regular, la plusvalía, a la vez que beneficia al Estado y a los poseedores de los medios de producción.
Por último, y sobre todo, porque es una de las formas más cerradas extendidas de la autoridad: el dinero permite a quien lo posee controlar y utilizar el trabajo del otro. ¿Cómo ha adquirido el dinero la autoridad? Muy sencillo: la sumisión presente del vendedor está compensada, cree, por su autoridad de futuro comprador.
De todo esto nace, gracias además a la subordinación del tercero-poderoso (el Estado) a los principales poseedores de los medios de producción (los capitalistas), una delegación de los derechos del tercero-poderoso a emitir el dinero, es decir, una delegación de la autoridad inherente al dinero. Una delegación del tercero-poderoso a una categoría precisa de capitalistas.

Secundo
¿Cómo se produce esta delegación? Tomemos su principal característica: el dinero no es ya un valor (una vaca, un lingote de cobre, de hierro o de oro), ya no es más que un signo. Un poco de tinta sobre un trozo de papel. O incluso menos, un impulso electrónico en un circuito electrónico. Un millón de euros apenas ocupa sitio en el ordenador. El poder de emitir un signo tiene el poder de crear el valor. ¡Cáspita!
Lo repetimos suavemente. Quien tiene el poder de emitir el signo, tiene también el poder de emitir el valor. Y emitir un signo no cuesta nada.
Pero crear el valor aporta mucho mucho.
Así, el tercero-poderoso, en general se reserva el derecho de emitir el signo más visible: la moneda, las piezas y los billetes. Pero delega el derecho de emitir signos a personas de bien, personas serias, los banqueros. No hay nada más serio en todo el mundo que un banquero, todo el mundo lo sabe. ¿Los banqueros prestan dinero? No, no lo prestan. Sólo prestan lo que no tienen. Sí, los bancos prestan el dinero que no tienen, porque la ley en Francia, por ejemplo, les autoriza a prestar hasta que el total de lo que hayan prestado llegue a ser tanto que lo que tengan realmente en caja (que han depositado en el Banco Central) corresponda a un 7 por ciento de lo que han prestado.
En otros términos, el 93 por ciento del dinero que presta un banco no existe antes de que lo preste.
El crédito bancario es, por tanto, una creación monetaria continua, puesto que los bancos prestan más de lo que poseen. No hay ningún secreto en ello, cualquier cajero de un banco podrá confirmároslo. Eso funciona porque todo el mundo confía en la solidez de los bancos y en el deseo de ahorro de la mayoría de los depositarios. Ese proceso, que lleva existiendo desde que existen los bancos, desde más o menos el año 1400, se ha visto hinchado recientemente por varios factores: la globalización, que, además de abrir los mercados financieros, ha permitido a los bancos crear moneda a escala mundial y nacional; los paraísos fiscales que permiten reciclar no sólo el dinero sucio, sino también el dinero creado; las tecnologías informáticas, las tarjetas de crédito o Internet, que permiten a todo el mundo acostumbrarse a no ver ni tocar el dinero, y, por tanto, alejarse cada vez más de la noción de valor intrínseco del dinero para ira cada vez más hacia la dirección de la pura autoridad de quien lo posee. Una vez puesta en marcha la delegación, después recalentada por la globalización, los paraísos fiscales y la informática, la economía se divide en dos: economía útil "para todos", o sea, la economía que produce los alimentos, los servicios, etc., por una parte, y la economía de los creadores del dinero, que sólo produce el dinero delegado, por la otra. En resumen, que el 70 por ciento del dinero que existe en el mundo viaja por los circuitos financieros y no sirve para nada. No queda más remedio que parir más dinero. Que, de vez en cuando, servirá para comprar yates de 120 metros de eslora para irse a dar un chapuzón con los vecinos.
Pero, recordemos que el dinero no existe. No es más que una relación entre tres polos, basada en la fe del vendedor, al que el dinero recibido permitirá convertirse a su vez en comprador, y al que su sumisión presente permitirá un dominio futuro. Si se produce tal o cual fenómeno (subprimas, burbuja inmobiliaria, burbuja Internet) que da lugar al derrumbamiento de algunos de los miembros de la casta de creadores de dinero, entonces de repente todos se acuerdan de esta irrealidad del dinero. La fe se desvanece, el ateísmo monetario (de corta duración) se extiende, y nadie quiere dar crédito de lo que es.
¿Por qué ese mecanismo no ha dado lugar al fin del capitalismo, ya fuera en 1929, en 1987 o en 2001? Porque los más inteligentes de los creadores de dinero saben que por encima de la economía cien por cien financiera se encuentra la economía real, la del trabajo humano real. Y que no desaparecerá hasta que los humanos no desaparezcan. Así pues, se benefician del hundimiento de sus compadres desafortunados y torpes, para volver a comprar lo que tiene un valor intrínseco. Sus movimientos de re-compra relanzan la fe monetaria, y el ciclo puede volver a comenzar.

Nestor Potkine Subir


Congo: La guerra de los "chips"

En estos días se está consumando en la República Democratica del Congo lo que la prensa burguesa (con rarísimas excepciones) ha definido como una guerra civil entre las fuerzas gubernativas apoyadas por las milicias de etnia hutu y los rebeldes del CNDP (Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, guiado por el general renegado Laurent Nkunda) de etnia tutsi. En realidad, como sucede desde hace siglos en territorio africano, esta guerra es una cortina de humo para los torvos y jugosísimos negocios que el Occidente imperialista desarrolla en el Continente.
La región oriental de Kivu Norte, bastión de los "rebeldes" en el centro de una disputa entre el gobierno chino y las multinacionales electrónicas (Nokia y Samsung), es una zona riquísima en columbita y tantalita, minerales radiactivos ricos en uranio que constituyen el coltan, del que se deriva el tantalum, materia prima para los interruptores eléctricos usados desde el ordenador hasta el teléfono móvil.
Mas del 80 por 100 de las reservas de tantalita del mundo están en el Congo; sin ellas no existirían teléfonos móviles, inalámbricos ni Play Station 2.
El gobierno chino ha establecido acuerdos para la explotación en exclusiva de las minas con el gobierno recién elegido de Kinshasa; las corporaciones anglo-americanas, presentes en el territorio desde 1998 y con fuertes lazos políticos con la milicia tutsi, utilizada para esclavizar poblaciones enteras (los observadores de la ONU cuentan que son más de 10.000 los hombres, mujeres y niños utilizados brutalmente en las minas), han subvencionado el renacimiento de tendencias separatistas y "genocidas" de las dos etnias históricamente enfrentadas, tristemente célebres por el genocidio ruandés de 1994 que costó la vida a 800.000 seres humanos en poco menos de una semana.
La misión de "paz" de Naciones Unidas (MONUC) a pesar de la superioridad numérica (120.000 contra poco más de 5.000 rebeldes) declara no poder controlar la zona, y tras esta afirmación no puede dejar de verse la larga mano de las multinacionales, auténticos titiriteros de la política internacional, que presionan para que la situación no se incline hacia el lado de las tropas gubernamentales y por tanto a favor de China, la otra siniestra protagonista, que velozmente ha comenzado a mandar armas al territorio.
Obviamente quien pagará, como de costumbre, los gastos de la abominación capitalista será el pueblo, víctima indefensa e inocente, ya diezmado por el hambre y la malaria.
Nosotros, pacifistas, nos movilizaremos para que la opinión pública se dé cuenta de los motivos reales de esta y de todas las guerras, verdaderas maniobras económico-financieras, liquidadoras de los más elementales derechos del ser humano.

Pakese
(Umanità nova) subir


Sobre jueces, héroes y tumbas

Según aprendimos en el catecismo, las siete obras de misericordia corporales de la Santa Madre Iglesia son: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, asistir al preso y enterrar a los muertos. A lo largo de los siglos, los católicos han fundado numerosas congregaciones religiosas dedicadas a practicar todas y cada una de estas obras de misericordia… excepto para enterrar a los muertos. La Iglesia católica, sus clérigos y sus seglares, no se sintieron particularmente comprometidos con una obra de misericordia que nunca dejaba de practicarse.
Sorprende, por eso mismo, que la jerarquía eclesiástica católica se oponga con tanto ardor a la excavación de las fosas comunes en las que están enterrados anónimamente los españoles asesinados por la represión franquista. A sus familiares, sus hijos y sobre todo sus nietos, no les mueve otra voluntad que la de enterrar con dignidad a sus muertos, una obra de misericordia que la Iglesia está moralmente obligada a practicar. Pero no debe ser por casualidad que la única congregación dedicada a cumplir esa vocación cristiana de enterrar a los muertos, los Hermanos Fosores, se fundase en la martirizada provincia de Granada en 1953.
La misma Iglesia católica que beatifica apresuradamente a sus muertos en la Guerra Civil, niega a "los otros" no sólo la posibilidad de homenajear a sus héroes, sino hasta el derecho a buscar sus restos y darles una tumba. Como si fuese la reencarnación de Creonte, el rey de Tebas que prohibió dar sepultura al cuerpo yacente de Polinices, el cardenal Rouco Varela, jaleado por sus corifeos de la derecha política y mediática, ha decretado que enterrar a los muertos es abrir heridas, aunque afortunadamente hoy no puede condenar a muerte a las Antígonas que, desoyendo sus críticas y advertencias, siguen buscando a sus hermanos en los antiguos campos de batalla.
La derecha, como el rey Creonte de la tragedia de Sófocles, confunde el plano familiar con el plano social. ¿Cómo puede alguien resistirse a que un hijo entierre a su padre, una hermana a su hermano, un nieto a su abuelo? Para hacerlo las Antígonas de la España contemporánea no necesitan el permiso de la Iglesia católica ni la cobertura legal de un juez de la Audiencia Nacional. Por justicia, por solidaridad, sería bueno que el Estado colaborase con su tarea, pero familiares y amigos llevan una década excavando las cunetas de la Península sin ayudas ni subvenciones.
Porque las heridas nunca se han cerrado, porque los familiares y los compañeros de los muertos en las trincheras, en las tapias y en las cárceles nunca les hemos olvidado. No nos hace falta una ley para que nos refresquen la memoria, ellos siempre han estado presentes en nuestro recuerdo. Ni las leyes franquistas consiguieron que les olvidásemos ni necesitamos que los socialistas nos devuelvan su presencia con leyes vergonzantes. Resulta sonrojante que los mismos que en los primeros años de la Transición nos calificaban como nostálgicos y nos consideraban como los restos del naufragio de un pasado glorioso pero superado, sean los mismos que hoy pretenden darnos permiso a los anarquistas para mirar atrás. Para nuestro dolor y para nuestra memoria particular ni hemos necesitado ni necesitamos leyes, ni hemos pedido ni pedimos nada al Estado.
Pero hay otro plano social; junto a la memoria particular está la verdad histórica. La sociedad tiene derecho a conocer la verdad, tiene el deber de reconocerse en su Historia. Tenemos que saber y queremos saber quién disparó a los muertos de las cunetas pero, sobre todo, quién se enriqueció con los trabajos forzosos de los presos, quién se aprovechó de las incautaciones, quién obtuvo irregularmente títulos académicos y puestos de funcionario. Tenemos que saber y queremos saber cómo se repartieron entre los adictos los estancos y las administraciones de lotería, cómo se adjudicaron a dedo las viviendas sociales y los destinos más apetecidos, cómo se hacía la vista gorda con el estraperlo y la evasión de impuestos. Tenemos que saber y queremos saber quiénes fueron nuestros inquisidores y nuestros delatores, nuestros censores y nuestros adoctrinadores, nuestros torturadores y nuestros encubridores. En 1936 y en 1939, pero también en 1945 y en 1975.
No seremos los anarquistas quienes pidamos penas de cárcel para los que nos cubrieron de sangre y miedo durante cuatro décadas, coautores hoy impunes pero ancianos. Pero si nuestra memoria es particular, la historia tiene que ser general. Que se abran los archivos, que se derriben las censuras encubiertas, que se deje de señalar con el dedo avisando del silencio o amenazando por el miedo. Que se hable de la miseria de nuestro franquismo, que se oigan los testimonios de las víctimas y que se digan nombres y apellidos de los verdugos. Que se llame al pan, pan y al vino, vino. Para las generaciones venideras.
El general Franco siempre decía que sería juzgado por Dios y por la Historia. Dudo que haya visto al primero, pero le ha llegado la hora del juicio de Clío, la musa de la Historia.

Carlos de Lorenzo Subir


Crítica a la posmodernidad

Posmodernidad es un concepto complicado de definir, pero que podría caracterizarse a priori por su fuerte crítica, oposición e, incluso, superación (presunta, según mi modo de ver las cosas) del ambicioso y mayestático proyecto modernista, el cual fracasó en su intento de emancipar a la humanidad y resulta impensable llevarlo a cabo en las condiciones actuales. Sin embargo, si resulta cuestionable asumir que vivimos un período llamado posmoderno (aunque parece asumible que el paradigma de pensamiento sí lo sea) y que una nueva Ilustración, más sólida y extensa y nada autoritaria, sea posible en el siglo XXI, sí considero que algunas de las características reivindicadas por la posmodernidad son perfectamente compatibles con las ideas libertarias, nacidas de la modernidad. Su búsqueda del eclecticismo, de la hibridación y de la descentralización, su rechazo a los líderes y a toda suerte de mesianismos y la desconfianza frente a todo gran discurso o ideología, entendidos como sistemas cerrados de ideas plagados de verdades irrefutables, es algo que no tiene por qué resultar ajeno al anarquismo (más bien, éste se adelantó en sus proposiciones a la era actual). Sin embargo, es necesario comprender que el pensamiento posmoderno se encuentra insertado en una nueva fase del capitalismo, caracterizado por un consumismo atroz y por un individualismo insolidario y narcisista. El capitalismo ha atravesado por diversas etapas, resultando su capacidad de regeneración asombrosa (como veremos tras esta presunta crisis, cuyas consecuencias pagan más severamente los de siempre), y es la globalización tal vez la última de ellas (por lo que el pensamiento posmoderno parece suponer una claudicación cultural). Como ha señalado Friedrich Jameson, la fragmentación que conlleva la posmodernidad, sustentada en la saturación de información y en la complejidad tecnológica, supone la imposibilidad de una representación de la totalidad (transformación, por lo tanto, de la subjetividad). La modernidad poseía un indudable talante disciplinar y autoritario, con su búsqueda de reglas homogéneas, de una voluntad universal y de subordinación total al individuo (control de la subjetividad), pero la posmodernidad no supone una liberación del control social en absoluto. El control se logra por otras vías en la sociedad de consumo, por la seducción y la aparente diversificación de la elección individual. Es reinvidicable observar esta situación como una inequívoca forma de control social para la subjetividad, la cual sí podemos considerar que se ve transformada debido al pensamiento posmoderno. No obstante, estas reflexiones acerca de la posmodernidad parecen propias de un mundo desarrollado que asume las desigualdades sociales. Hay tantos lugares del planeta donde la pobreza es endémica que resulta impensable analizar las premisas de la posmodernidad más que como la aspiración de un modelo de desarrollo sustentado en la desigualdad (reflexión que puede entenderse como una crítica en sí al pensamiento posmoderno, elitista y falto de aspiraciones sociales). El desencanto frente a los proyectos políticos es otra característica posmoderna (otra claudicación); el anarquismo concreta su rechazo a la política "democrática" entendida como actividad estatal, que no encubre más que la dominación oligárquica de toda la vida, y realiza su proposición concreta de autogestión social.
Para ser claro, si recordamos que el pensamiento moderno depositó su confianza en los conceptos de evolución y progreso, me niego a considerar que la idea de perfectibilidad en todos los planos de la acción humana, individual y colectiva, se pierdan en una especie de era pesimista en lo global, narcisista y superficial en lo subjetivo, con toda suerte de ambigüedades y exenta de compromiso. La posmodernidad critica las corrientes políticas surgidas del proyecto modernista (marxismo, liberalismo, democracia…), y señala su sustrato autoritario y etnocéntrico, pero se muestra más bien inerte, sin ninguna proposición en su rechazo a la idea de progreso o revoloción, frente a un sistema politico y económico globalizado, cuyas consecuencias (especialmente, la sociedad tecnológica y mediática, y la cultura de la imagen frente a la profundidad intelectual) analiza asumiéndolas. La caída del Muro de Berlín (fracaso del socialismo de Estado) pareció consolidar el pensamiento posmoderno, sin contar con las nuevas vías para el socialismo que ya abrió el anti-autoritarismo y el individualismo solidario. Utopía y progreso son desdeñados con facilidad (incuestionable para mí el segundo a pesar de no observar la historia de manera necesariamente lineal, necesaria la primera como meta de perfección para ensanchar la realidad), por lo que podemos calificar el pensamiento posmoderno con tintes conservadores. Es rechazable la posmodernidad, que pretende ser según algunos autores como un paso a la tolerancia y a la diversidad, entendida como anti-modernidad, y sí es reivindicable una nueva Ilustración multicultural de características libertarias, donde los derechos humanos sean axiomáticos en cada contexto.

Capi Vidal Subir


Militarismo en Venezuela:
Razones de una experiencia

La experiencia vivida en Venezuela a raíz de la presidencia de Hugo Chávez es interesan te en la medida que devela la orientación del poder en el país cari beño, una particular simbiosis de democracia representativa con militarismo sin golpe de Estado.
El militarismo domina al siglo veinte.
Para entender lo anterior debemos hacer algunas reflexiones históricas acerca de la estructura política venezolana durante el siglo veinte. La centuria comenzó con el régimen de Cipriano Castro, caudillo oriundo de la región andina que mantenia al país con el café, principal generador de divisas, a pesar de estar rezagada en la toma de decisiones.
Castro gobernó con dureza e hizo alianzas con la élite caraqueña, pero por razones de salud fue convencido de irse del país para tratarse una patología prostática. En el fondo fue un esfuerzo del gran capital golpeado por alguna de sus decisiones, especialmente l nacionalización de la empresa New York & Bermúdez. Ya Castro había enfrentado con éxito una insurrección militar encabezada por el banquero José Manuel Matos, derrotándolo en la batalla de La Victoria -localidad del Estado Aragua-, a pesar de contar con un ejército inferior numéricamente.
Al hacer mutis, los americanos se encargaron de no permitir su regreso al país, con lo cual accede en el año de 1909 a la jefatura del Estado su lugarteniente, Juan Vicente Gómez, quien gobernó a Venezuela durante 27 años hasta su fallecimiento en 1936. Su administración creó al aparato estatal venezolano contemporáneo, centralizó los impuestos, liquidó todas las manifestaciones federales, persiguió a los caudillos regionales y fundó la fuerzas armadas actuales, para lo cual trajo al país a un oficial prusiano chileno, Samuel Mc Gili.
A Gómez le suceden gestiones castrenses hasta 1958, con excepción del efimero paso del novelista Rómulo Gallegos por la presidencia del país durante ocho meses en 1948. La última dictadura, presidida por el general Marcos Pérez Jiménez, fue una expresión desarrollista que se derrumbó producto de una crisis económica y los uniformados, unidos a los empresarios y el alto clero, llegaron al consenso de defenestrarlo, unidos al auge de masas dirigida por los partidos políticos, a la sazón, con gran prestigio.

La democracia representativa también es autoritaria
Así las cosas, la Junta reemplazante del militar llama a elecciones y triunfa Rómulo Betancourt, otrora fundador del Partido Comunista de Costa Rica. Elabora un gobierno de coalición de tres partidos políticos (AD, COPEI y URD) con soporte en el alto mando castrense, un sindicalismo manejado como elemento de contención de la presión popular, la cúpula eclesiástica, los empresarios y, por supuesto, con la bendición del Departamento de Estado, mediante el llamado Pacto de Punto Fijo.
La democracia formal funcionó basada en la habilidad de Betancourt, quien provoca y empuja a la izquierda a una insurrección fracasada, resucitando el anticomunismo de los militares. Derrotada la erupción revolucionaria, llega en auxilio de este modelo la bonanza petrolera de 1973 tras el embargo petrolero árabe provocado por la guerra del Yom Kipur. El excedente financiero sirvió para subsidiar a los capitalistas, sobornar a la intelectualidad y mantener un espíritu de negociación con todos los sectores para esconder los conflictos reales de la sociedad, especialmente a los antiguos guerrilleros, quienes se incorporaron a la legalidad.
La anterior explosión dineraria fue despilfarrada en poco tiempo pero acaece una nueva alza del precio del barril motivado por la guerra entre Iraq e Irán. En 1983 se manifestó el primer síntoma grave de la deficiencia de este sistema: la devaluación del bolívar en el llamado "Viernes Negro". Los factores mundiales de poder decidieron llevar a cabo las politícas del Consenso de Washington y apostaron por la reelección del caudillo populista Carlos Andrés Pérez para su aplicación. A solo 25 días de la asunción de su gobierno, el día 27 de febrero de 1989, estalló una insurrección popular ante el shock provocado por tan severas medidas.
Culmina el fracaso del clientelismo con las tentativas de golpes del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. A pesar de haber sido derrotadas se agudizó la grieta de la crisis y las élites decidieron sacrificar a Pérez, destituyéndolo y apresándolo por corrupción.
Posteriormente es reelecto en medio de acusaciones de fraude el socialcristiano Rafael Caldera, apoyado por parte de la actual izquierda chavista, quien terminó su mandato en medio de una inercia y tuvo que pactar con AD para realizar algunas privatizaciones como la de la entidad bancaria más grande del país, el Banco de Venezuela.

El régimen chavista: más de lo mismo
Hugo Chávez se lanza en 1998 como candidato presidencial, después de cambiar su actitud insurreccional, apoyado por distintos sectores políticos, militares y empresariales y en medio de un discurso de moralidad, radicalidad y ofrecimientos de soluciones inmediatas a los problemas de los venezolanos, obtiene una victoria contundente. Su administración se inicia con un gran consenso general, deteriorándose por los escasos niveles de ingresos cuando el crudo osciló entre los 9 y 11 dólares por barril. La crisis generó su derrocamiento el día 11 de abril de 2002, pero al no existir un liderazgo de reemplazo que asegurara la gobernabilidad del país, los mismos administradores de la violencia del Estado decidieron reponerlo en la jefatura del Estado. Por ello la asonada del 2002 fue calificada como un "golpe de Estado de escritorio", en elque no hubo disparos entre militares.
A posteriori, el oficial de las fuerzas armadas presidente ha mantenido un régimen soportado en la inmensa entrada de recursos financieros, derivados de la renta petrolera, con un incremento permanente desde el año 2003, llegando a niveles históricos cercanos a los 100 dólares por barril. Ha incursionado internacionalmente a través de esos petrodólares, por lo que tal circunstancia lo sostiene en la cúspide de América Latina apuntalando a los gobiernos de Nicaragua, Ecuador, Bolivia, Cuba, Honduras y las islas del CARICOM, amén de subsidios a muchas organizaciones internacionales e intelectuales americanos y europeos.
Hecha la anterior semblanza histórica y apreciando esas premisas podemos concluir en que los rasgos característicos del gobierno chavista son los siguientes:
Primero, en el plano económico, es una simbiosis de política neo-liberal en materia monetaria con apoyo a las entidades financieras (bancos y seguros con ganancias históricas) y un tratamiento ortodoxo para combatir la indetenible inflación mediante la absorción de la masa monetaria, combinados con criterios intervencionistas expresados en un Estado inversor en telecomunicaciones y electricidad.
Segundo, socialmente es una manifestación clientelar. Toma algunos recursos de la renta petrolera para repartir entre la población con ayudas y becas como otrora lo hicieron los socialdemócratas y socialcristianos.
Tercero, su política energética es extractiva como lo demuestra la dirección de las exportaciones de petróleo, gas y carbón. Se dan concesiones para que las transnacionales operen los pozos petroleros, la plataforma deltana gasífera y el carbón en minas a cielo abierto en el Estado Zulia, donde están causando daños étnicos (a los wayuú, bari y yukpas) y ambientales ingentes.
Cuarto, la economía cumple con el rol asignado en la división de las actividades internacionales. Venezuela es exclusivamente un proveedor energético seguro y por ello existe el rentismo petrolero. El parque industrial se ha reducido drásticamente en los últimos años así como el agro pero las importaciones se han elevado a las nubes y así se desangra al país con una espectacular fuga de divisas cumplida por el mismo Estado. Además, a pesar del control de cambios hay respiraderos para exportar capitales mediante bonos emitidos por los mismos entes públicos. Es también un paraíso para el sector de las telecomunicaciones y el financiero, con gran participación transnacional.
Quinto, el país se ha inscrito en el Plan Puebla-Panamá cuya finalidad es trasladar gas desde Venezuela y Colombia a través de Centroamérica y México hasta el oeste de los Estados Unidos. Asimismo, está inserto en el IIRSA (Integración de la Infraestructura de la Región Sur Americana) y en tal sentido, permite la salida de la biomasa y minerales estratégicos desde la Amazonia brasileña a través del segundo puente sobre el río Orinoco, una autopista desde Brasil a construir y el proyecto de un puerto de aguas profundas en el Estado Monagas en la zona oriental del país.
La tendencia es a las integraciones regionales retirándose de la Comunidad Andina de Naciones para incorporarse a la más neoliberal donde el mercado es factor fundamental, el MERCOSUR, donde ha solicitado ser miembro.
De la misma manera, se adquieren compromisos fuertes como la compra de la deuda argentina para ahorrarle actividad a la banca internacional e inversiones en refinerías petroleras donde las transnacionales no lo hacen por ser la parte menos rentable de ese negocio.
Sexto, el modelo político es la democracia representativa pura y simple, con elecciones cuestionadas y costosas, siendo factores de poder importante los militares, el gran capital internacional, los medios de comunicación controlados por el Estado y la figura caudillesca del presidente expresada en el culto a su personalidad. Los partidos políticos se encuentran totalmente desprestigiados y Chávez los emplea solamente con fines electorales y le ha costado mucho construir un partido único socialista siguiendo el esquema cubano. Asimismo, la corrupción y la impunidad campean, algo intrínseco a las democracias formales. El poder es ineficaz y ha sido incapaz de resolver los problemas cotidianos más elementales como el de la vivienda, donde hay un enorme déficit, la inseguridad personal es administrada eficazmente por el Estado, el desempleo, el subempleo y la economía informal es inmensa no obstante que el flujo petrolero ha maquillado las cifras circunstancialmente. Venezuela es detrás de Brasil, México y Chile, la nación donde hay más injusticia social en América Latina. El Coeficiente de Gini, herramienta para medir la distribución de los bienes y servicios en la sociedad, ha aumentado en paralelo a la bondad fiscal.
Séptimo, hay una gran concentración de poder y cada vez el Jefe del Estado tiene mayores atribuciones y los demás poderes públicos (Legislativo, Judicial, Electoral y Moral Republicano), son manipulados por el ejecutivo. Las regiones, municipios y alcaldías cada día ven restringida su actuación desde todo ángulo. El denominado "poder popular" radicado en los Consejos Comunales es dominado desde la presidencia en una actividad tipo tranvía, desde arriba hacia abajo. Los movimientos sociales han sido penetrados desde el Estado para paralizar sus iniciativas e inhibirlos en el acontecer nacional.
Octavo, la política petrolera se orienta a ser un buen proveedor a precios preferenciales y permanentes a los Estados Unidos. Incluso, Venezuela debe subsidiar el precio de la gasolina al sur de este país y no se ha planteado ningún criterio óptimo ambiental ni de darle un giro a la concepción rentista petrolera. El chavismo ha permitido que las empresas contratadas originalmente como operadoras de servicio pasen a ser copropietarias del 49 por 100 de las acciones mediante el régimen de empresas mixtas. Sólo la Exon Mobil y la Conoco-Phillips se han negado a dar ese viraje por razones de conveniencia corporativa. Las demás transnacionales (Son aproximadamente 20 entre las cuales están Repsol-YPF, Royal Ducht Shell, Statoil, Total Elf, BP-Amoco, ENI y la Chevron, calificada por Chávez como una empresa revolucionaria), han aceptado este cambio porque les favorece dada la necesidad de producción y reservas de crudo por la escasez mundial de la oferta.
Noveno, la cohesión interna la ha pretendido lograr Chávez a través del nacionalismo exacerbado, la estimulación de la figura mítica de Simón Bolívar escondiendo su carácter de mantuano opresor así como una visión acrítica de Ezequiel Zamora y Simón Rodríguez y la recurrente unidad latinoamericana.
Décimo, los integrantes de la fuerza armada tienen infinidad de cargos y funciones en todos los organismos públicos constituyendo sus principales cuadros y la tendencia es a militarizar la sociedad cuando establecen materias bélicas obligatorias en la educación, emplean reiteradamente desfiles de infantería, tanques, aviones y de los componentes uniformados. Se ha creado un nuevo segmento de la milicia, la denominada reserva junto a los otros cuatro, la armada, la aviación, el ejército y la Guardia Nacional. Además, se incentiva la figura castrense como un símbolo patrio y se le acerca a la gente para promover la unión cívico-militar.
Undécimo, hay una escalada armamentística. Se han adquirido de Rusia, China y otros países, grandes cantidades de Kaláshnikov, tanques de guerra, misiles, aviones Sukoi, helicópteros artillados, buques de guerra, submarinos y municiones de todos los calibres. Estas compras son asaz injustificadas y sólo tienen una perspectiva represiva. La milicia venezolana tiene máculas graves en los últimos tiempos. Durante la década de los sesenta del siglo pasado los oficiales fueron entrenados en la Escuela de las Américas para asesinar y la trayectoria de desaparecidos, torturados, muertos y heridos en los teatros de operaciones antiguerrilleros así lo demuestra. Asimismo, el genocidio del 27 de febrero de 1987 cuando el "Caracazo", también lo evidencia. Podemos concluir que la experiencia chavista en Venezuela es una fórmula del neomilitarismo porque gobiernan los agentes de la violencia del Estado legitimados por elecciones. Ya no se requiere el putchismo de la guerra fría porque ahora es más fácil.

Colofón
La estructura de poder en Venezuela, como en toda América Latina, es una cápsula cerrada sin ninguna importancia de quién la ocupe. El que acceda al gobierno debe cumplir con esa relación de poder, esa práctica social, esa relación social enraizada. Por ese motivo en toda la región organizaciones autodefinidas de izquierdas capturan esos espacios pero su conducta no es distinta a una de derecha. Los sandinistas, los socialistas chilenos, la izquierda uruguaya, la ecuatoriana y la boliviana, son muestras de ello.
Pero en Venezuela hay un caldo de cultivo para regir el autoritarismo. Todo el siglo pasado fue pasto de dictaduras y una democracia representativa fundada en el abuso de los factores de poder y el rechazo a las iniciativas desde las bases. No es casual que la debacle del puntofijismo haya sido rescatada con una figura castrense.
Vivimos en este lugar, ubicado en la parte septentrional de América del Sur, en el contexto de una experiencia donde el populismo de la democracia clientelar se combina con el militarismo, es la sinergia del nasserismo, peronismo, velasquismo y otras expresiones similares. Pero lo cierto es que impera el capitalismo globalizado aplicado de la manera más directa con su aciaga carga social. Confundirla con una conducta revolucionaria equivale a desconocer la historia y condenarse a repetirla.

Humberto Decarli
(Periférica) Subir


Sobre las asambleas de estudiantes universitarios

Desde hace unos meses estoy viviendo una experiencia dura pero gratificadora que no es otra que la de crear, organizar y hacer funcional a una asamblea de estudiantes en mi universidad. Este proyecto surgió de mi cabeza cuando pasada la convocatoria de exámenes de febrero de 2008 me di cuenta que el Proceso de Convergencia Europea (también llamado Plan Bolonia) estaba ya muy avanzado y de inmediato se iba a implantar (para más información sobre este plan, mirar el número 240 de Tierra y libertad). Así que con dos llamadas a mis más allegados compañeros citándoles en las escaleras de mi facultad surgió una asamblea que ya desde el primer día tuvo una afluencia de más de 30 personas (el boca a boca funciona muy bien). De todas esas asambleas, algunas de ellas interminables, salió la idea de un encierro en la universidad, que se hizo efectivo semanas más tarde. Este encierro fue un gran éxito ya que nos dividimos el trabajo y estudiamos lo máximo posible la aplicación del Plan. Llegamos a la conclusión de que en el curso siguiente (el encierro se hizo en medio de los exámenes finales de junio), nos movilizaríamos con más regularidad para hacer llegar a todos los estudiantes información sobre la reforma e, incluso, intentar paralizarla de alguna manera.
Durante este curso, se está celebrando el 500 aniversario de la fundación de mi universidad, sucediéndose numerosos actos por la ciudad. La universidad y los alumnos salen a la calle... y, cómo no ¡la asamblea! A principio de curso el rector organizó un casposo pasacalles por el casco histórico de la ciudad con todos los profesores y sus disfraces, a lo cual nosotros respondimos con la organización de un entierro. La performance quedó estupenda y un cortejo fúnebre de hombres y mujeres de luto, con el cura, el ataud, el verdugo e, incluso, la muerte. Llamamos la atención de unos ciudadanos que no sabían muy bien qué estaba pasando y de un equipo rectoral que de sobra sabían el porqué de esta pantomima. La universidad ha muerto, nosotros le hemos dado el adiós que se merece.
Pero, evidentemente, no todo es jolgorio y alegría. A día de hoy no alcanzamos a más de 100 personas en nuestra órbita, de las cuales siempre menos de la mitad están dispuestas a militar de manera activa (¿a que os suena?). Debido a la falta de capital humano nos vemos obligados a dividir la asamblea en grupos de trabajo y cada uno se encarga de una parcela. Es aquí donde el trabajo se vuelve duro, ya que disponemos de pocos medios para hacer, por ejemplo, panfletos y carteles; gracias a diversas "ayudas" de compañeros anónimos (es muy duro, pero se juegan su pellejo al ayudarnos) podemos ir sacando un volumen más que considerable de propaganda.
Últimamente hemos conseguidos pequeñas victorias en pequeñas batallas que nos van acercando un poco más al alumnado. Por un lado, en la Facultad de Filosofía y Letras, hemos conseguido que el equipo del decano se reúna con nosotros y explique a todos los estudiantes la aplicación del plan en la Facultad; valoraciones más concretas aparte, creo que es todo un éxito que la asamblea pueda movilizar a un decano... y los que quedan. Por otro lado, sin duda el más ambicioso de todos, estamos estudiando la posibilidad de presentar un recurso de inconstitucionalidad para presentarlo ante el órgano competente (que si os soy sinceros no sé cuál es). Tengo que dar las gracias a los compañeros de Derecho por la dura labor que están haciendo y que, sin duda, terminará dando sus frutos; vuelvo a repetir que esta es sin duda la máxima meta que nos podemos plantear porque, como salga bien, podríamos hacer retroceder la implantación del Plan. Esto significa que ganaríamos tiempo a la ley y podríamos crear un fuerte movimiento estudiantil para que cuando nos vinieran con otro plan nuevo se lo pensasen dos veces y nos tuvieran más en cuenta. Por último, hemos trabajado y apoyado la huelga-manifestación del pasado trece de noviembre. Por lo que respecta a mi universidad, planteamos una serie de pasacalles por el campus para darla a conocer; esos días forramos (literalmente) cada uno de los edificios con carteles y con octavillas llamando a la huelga. Además organizamos pegadas nocturnas que, salvo algún incidente con la seguridad privada, fueron un éxito, aunque los carteles no duran todo lo que nos gustaría (sabemos de grupos de nazis que se dedican a quitarlos); también, el mismo día de la huelga, organizamos una serie de piquetes informativos en muchas de las facultades en las que de nuevo se entregaron multitud de octavillas llamando a la huelga.
El día de la huelga, sinceramente, me quedé con una sensación un tanto agridulce. Fuimos menos de los que deberíamos haber estado en la manifestación de Madrid (ni tantos como se dijo desde las asambleas, ni tan pocos como dicen los medios de comunicación), no nos organizamos con la precisión que habíamos acordado entre las asambleas (asambleas que son a muchos kilómetros de nuestras casas y que suponen un gran esfuerzo de desplazamiento como para que luego no se haga todo lo acordado) y, por último, fuimos incapaces de desmarcarnos de ese tipo de calaña humana que se cree que pegar a la gente del sindicato es un acto de acción directa o revolucionaria. Por supuesto no defiendo al Sindicato de Estudiantes, pero, desde luego, por muy imbéciles que sean no podemos agredirles de esa manera... y menos con todos los medios esperándolo para hacer la foto. Por lo que respecta a mi universidad, y siempre con la idea de dar una de cal y otra de arena, pienso de manera muy objetiva que la huelga tuvo seguimiento; ni mucho ni poco, simplemente se notó que había convocada una huelga y la gente fue menos a clase de lo normal, incluso en aquellas facultades donde, por diversos motivos, a la asamblea le cuesta llegar más.
En definitiva, creo que poco a poco se están haciendo cosas muy importantes, tanto en mi universidad (cuyo nombre no quiero recordar pero si pensáis un poco la adivinaréis) como en las demás del territorio nacional, pero, hemos de ser conscientes de que un paso en falso se va a utilizar en nuestra contra, por lo tanto hemos de ser fuertes y estar unidos, porque de lo contrario no conseguiremos nada.
Animo a todos los estudiantes universitarios que acudan a todas asambleas de sus respectivas universidades (en Madrid hay en todas) y que se informen del proceso de convergencia europea y que, si están en contra de él militen para todos juntos poder pararle. En Italia y Grecia lo han parado... ¿Por qué no vamos a poder nosotros? ¡A las aulas!

Norecrim Subir


Hacia una ecología radical

La degradación irreversible de la vida terrestre debida al desarrollo industrial viene siendo descrita y destacada desde hace más de cincuenta años. Los que analizaban el proceso y sus efectos pensaban que un toma de conciencia podría ponerle fin. Cualesquiera que fueran sus desacuerdos sobre los medios a poner en marcha, todos estaban convencidos de que el conocimiento de la amplitud del desastre daría lugar a un cuestionamiento alejado del conformismo social.
Pero no podemos constatar eso: el conocimiento del deterioro se integra sin choques en la sumisión de los individuos al orden social, y participa sobre todo de la adaptación a nuevas formas de supervivencia en medios extremos.
La sociedad mercantil crea condiciones de precariedad y de inseguridad tan agudas que sólo un crecimiento del sometimiento a la maquinaria social permite superar esta montaña de miseria humana para un mundo habitable. Geiger o análisis de los humos tóxicos, para descubrir hasta qué punto es mortífera la sociedad mercantil: antes de sufrirla como consumidores, cada individuo deberá soportarla como trabajador.

Protestas paradójicas
Algunos creen haberlo dicho todo cuando critican las derivas neoliberales que se ha inventado recientemente la globalización. Eso nos permite así ver que esa lógica de la universalización desde hace tiempo no es más que un pequeño aspecto del desastre.
La desaceleración tal como la preconizan algunos, exige un racionamiento voluntario por parte de los ecociudadanos y los consumi-actores. Reclaman ciegamente medidas estatales (subvenciones, impuestos). Se arriesgan a veces a declararse anticapitalistas, en una incoherencia total con proposiciones tales como las de un ingreso mínimo que sólo contribuiría a integrar más aún a los individuos en la sociedad de consumo surgida del sistema capitalista: no se aventurarán nunca a cuestionar la dominación del Estado.
¿Tenemos que dejar de pensar en términos de reforma de la sociedad capitalista? Es necesario actuar a un nivel mucho más fundamental, el de las relaciones de producción y la utilidad misma de esa producción, para invertir la tendencia.
La alternativa no puede ser sólo eventualmente ecológica: lo es fundamentalmente porque cuestiona las bases mismas de la sociedad mercantil, que es el origen de los desastres sociales y ecológicos.
Luchar contra el calentamiento del planeta es impedir que desborde la basura; en lugar de inventar una economía de la basura, habrá que suprimir la causa, habrá que suprimir el capitalismo.
Debemos por tanto excluir el desarrollo sostenido, el Estado-providencia, la economía solidaria y otros artefactos de un capitalismo equitativo que no es sino una forma de dominación social menos visible que las otras.

Salir del sometimiento
Así pues, necesitamos salir del sometimiento a la maquinaria social y a las promesas cientifistas de un progreso ininterrumpido. Esa es la única salida. Eso supone salir de la sociedad de mercado; por eso su abolición es una necesidad. Tenemos que salir de esta sociedad. Seguro que podemos reformarla, eso es lo que hacemos todos los días para aplazar una catástrofe que no deja de amenazarnos. Pero la catástrofe ya está aquí.
Hay que acabar también con todas las formas de sumisión y de alienación, a menudo interiorizadas en los propios individuos, como la religión, el orden moral, el salariado, el patriarcado, la heteronormalidad, el nacionalismo, el militarismo, el sexismo…
Lo que se suele llamar democracia no es más que la fachada participativa de la sumisión de los individuos a la maquinaria social, puesto que una minoría de la población da todo el poder a un pequeño grupo de representantes por medio de organizaciones burocráticas cuyo único objetivo declarado es asegurar la perennidad de un Estado todopoderoso (ya sea de derechas o de izquierdas, un hombre o un conjunto de hombres pueden decidir por más de sesenta millones de habitantes o por un solo individuo, estén o no de acuerdo).
Desde una perspectiva de la abolición de la sociedad de mercado, el Estado -cuya función ha sido siempre servir a la maquinaria industrial- no tendrá ninguna utilidad, y deberá por tanto ser abolido.

Abolición del Estado y autogestión
La sociedad post-mercantil estará compuesta de comunidades autónomas y autogestionadas, en las que no existirá ninguna relación de dominación ni de alienación social. En el espíritu de las comunidades libertarias, cada uno podrá fijar sus propias reglas respetando al otro. Esta autogestión no deberá ser una ideología enmarcada en una placa de mármol, sino siempre puesta en cuestión para permitir la emancipación de cada individuo en el seno del ecosistema.

¿Cómo hacerlo?
Debemos proponer una estrategia de contrapoderes, practicable desde ahora mismo, que podrá abrir camino a rupturas posteriores. Debemos radicalizar, federar y autogestionar las luchas para llevar a cabo la transformación radical de la sociedad en el orden del día.
En las empresas, en los barrios, en los institutos y en las universidades, cada lucha puede hacer avanzar la democracia autogestionaria: asambleas generales soberanas, mandato imperativo de la base…
A la hora de la globalización de la sociedad de mercado, debemos rechazar los repliegues soberanistas y actuar para la coordinación mundial de las luchas, con el fin de combatir las desigualdades y la inseguridad social, porque el futuro es para nosotros la solidaridad.
Debemos, por tanto, desarrollar una estrategia extraparlamentaria, es decir, de total independencia del Estado, de la patronal y de los partidos burocráticos, porque no olvidamos que la función real de todo puesto o mando ejecutivo es representar y asegurar la autoridad del Estado, es decir, organizar la sumisión de los individuos.

Fabien Bon
(Le Monde libertaire) Subir


El fantasma divino

La religión se define como el conjunto de creencias y prácticas relativas a lo que un individuo o grupo considera como sagrado, en particular la divinidad.
Hay, fundamentalmente, dos definiciones de lo "sagrado":
-Todo aquello que con dificultad pueden alcanzar los humanos.
-Cualquier recurso o sitio que asegura de un peligro.
También se define como "un más allá de la comprensión humana que a la vez aterroriza y seduce".
La divinidad, o dios, se define como el supremo existente, fundamento absoluto del mundo concebido como totalidad de los entes multiformes.
Todas las religiones acuden a estos tres elementos:
-Mitos.- expresión teórica, de estructura imaginativa y narrativa, del contenido de las creencias. La voluntad de comprensión racional de los mitos da lugar a la teología.
-Ritos.- expresión práctica de la comunicación con lo sagrado. En la medida en que significan un reconocimiento de superioridad, constituyen un culto.
-Instituciones.- expresión sociológica de la comunidad espiritual existente entre los que comparten los mismos mitos y los mismos ritos.
En los mitos, los ritos y las instituciones toma cuerpo la actitud específica del hombre en relación con lo que considera sagrado y de lo que espera su salvación.
Esta "salvación", este "salvar al hombre" constituye, en general, la inspiración y la pretensión fundamentales de toda religión.
Al enunciar esta necesidad de salvación, la religión acepta implícitamente que en la vida del hombre hay algo imperfecto, algo peligroso, algo dañino.
Lógicamente si la divinidad, el supremo existente, ha creado todo, también ha creado esto tan peligroso. Acabamos de toparnos con la primera incoherencia religiosa: Si la divinidad es todo perfección y bondad ¿cómo ha podido crear lo malo? Algunas religiones responden con la figura del diablo, lo malo; ese maniqueísmo bueno-malo no nos sirve, pues en última instancia el tal diablo no ha surgido por generación espontánea, sino que ha sido creado por la divinidad, ya que ésta lo ha creado todo. Instantáneamente nos surge una pregunta: ¿Quién ha creado a la divinidad? La respuesta es muy sencilla a la luz de la razón ya que en el mundo conocido (el desconocido por el mero hecho de serlo es como si no existiera) sólo existe una criatura capaz de crear cosas diferentes a sí misma: el hombre. Es evidente que el hombre ha creado a la divinidad, y a continuación trataremos de demostrarlo.
Desde los tiempos más remotos los humanos sintieron miedo de aquellos fenómenos naturales que no podían comprender ni dominar: las estaciones, la lluvia, el fuego. Al ser incontrolables, se les dio un carácter mágico, superior, inspirador de temor. La religión comienza su andadura en el momento en que algún "listillo" descubre que a la naturaleza no se la puede dominar, pero al hombre sí. Se inventa la teoría de que los fenómenos naturales son la ira de algún ser supremo (generalmente el sol y todo lo referente al calor) que es necesario aplacar por medio de ritos, que dirigirá él, por supuesto, ya que se erige en mediador entre la divinidad y los hombres. Aparecen así dos sujetos inherentes a toda religión que se precie: el culto y los sacerdotes. Dominando las mentes de los hombres, no será dificil dominar sus acciones; surge así el poder teocrático en la comunidad humana, mucho más fuerte que el que había primado hasta entonces: el de la fuerza bruta, aunque en ningún momento aquél prescindirá de éste, sino todo lo contrario.
En las primeras civilizaciones, el poder espiritual y el temporal están estrechamente unidos en la figura de los reyes-sacerdotes.
A medida que el hombre descubría y comprendía los secretos de la naturaleza, le iba arrancando poder a la religión. Pero siempre hubo una cuestión en la que la religión no era desbancada: el origen del mundo. Cada casta sacerdotal inventó su fábula al respecto, se pasó así del animismo a la mitología. Se inventaron una serie de historietas sobre la génesis del mundo, con una diversidad de dioses, todos ellos hijos de uno supremo (o de una triada). En lo que coinciden todas las mitologías es en no aclarar cómo surgió esa divinidad primitiva.
Hagamos aquí un pequeño paréntesis para explicar brevemente la génesis del poder temporal separado del espiritual. Está claro que la teocracia es de alguna forma incómoda en cuanto que puede irse totalmente a pique cuando se producen luchas por el poder. Si se separan los dos poderes, el temporal se hará codiciable y se podrá conseguir por la fuerza, no así el espiritual, que se hará cada vez más hermético e iniciático. Cambiarán los monarcas, e incluso la forma de gobierno, pero la espiritualidad permanecerá aliada al poder de turno, sea el que sea. Los gobernantes tendrán dominio sobre las personas físicas, pero en su mente mandará siempre la religión. Vemos así que tanto religión como gobierno se complementan perfectamente y se necesitan mutuamente.
Siguiendo con nuestro tema principal, trataremos ahora de un paso muy importante en la historia de la religión: el del mithos al logos, es decir, el pasar de la pura fábula al tratado más pensado. Este paso se dio al contactar unas civilizaciones con otras sobre la base del comercio y no, como anteriormente, de la guerra, en la que la religión del vencido era sustituida por la del vencedor. El hombre, al ver en un plano de igualdad a las demás religiones, empieza a darse cuenta de que, aunque cambian los nombres de los dioses, las mitologías cuentan más o menos lo mismo. Se plantea el crear una sola religión que las comprenda a todas. Tarea ardua que no se llegará a realizar nunca, pero que tuvo intentos muy importantes: Akenatón, Moisés, Zoroastro, Buda, Confucio, Mahoma. Todos ellos se plantearon la existencia de un solo dios (monoteísmo), e igualmente coincidían en que este dios tenía su antítesis (el diablo).
El siguiente paso es la fundación de los cuerpos de doctrina, en los que se declara que no hay más dios que el mío, y que los demás son de mentira, por tanto sus seguidores no lo son del mío que es el único verdadero. Igualmente se crea lo que va a ser la rémora más importante contra el progreso humano: los códigos de moral religiosa.
La explicación es simple: el progreso va quitando parcelas a la religión, y ésta se atrinchera en dos campos, el de lo desconocido (que se irá estrechando poco a poco) y el del comportamiento. Cuando se le agote el de lo desconocido, dirá que la "salvación" consiste en tener fe (creer en lo que no se ve).

Las diferentes religiones
La historia de las religiones muestra una gran diversidad de formas religiosas: animismo, culto a los muertos, culto a la naturaleza, religiones mistéricas, fetichismo, totemismo, etc. En el cúmulo de formas religiosas se han distinguido diversos tipos de religiones:
a) Primitivas y superiores: según el estadio de la cultura en el que se encuentran (de pueblos "primitivos" o "civilizados").
b) Particulares y universales: Según sean propias de un pueblo o destinadas a toda la humanidad, caso en el que tienen carácter misionero.
c) Tradicionales y fundadas: según se basen en la tradición inmemorial o tengan un fundador. Las principales religiones universales (budismo, cristianismo, Islam) son religiones fundadas, y respaldan sus enseñanzas en una revelación o iluminación.
Se han ensayado diversas hipótesis para entender a la vez la unidad y la diversidad del fenómeno religioso, para identificar la realidad profunda de la religión más allá de las evidentes diferencias, y pensar la historia religiosa de la humanidad como un todo. Desde el siglo XVIII hasta comienzos del XX se dan cuatro concepciones principales:
a) La concepción ilustrada, para la que la "religión natural" sería la dacantación racional del pasado religioso de la humanidad (de hecho, lo es sólo del monoteísmo europeo de los siglos anteriores).
b) La concepción romántica, para la que las diversas religiones son como dialectos de la misma lengua, manifestaciones múltiples de la misma sed de lo divino. Se opone al racionalismo de la Ilustración y sintoniza con la idea oriental que quiere que cada religión sólo tome una parte del misterio que las sobrepasa a todas.
c) La concepción evolucionista, que piensa en un desarrollo progresivo desde la religión primitiva hasta el monoteísmo.
d) La concepción antievolucionista, ligada a veces a cierto tradicionalismo, que imagina una degradación de las religiones a partir de un monoteísmo original.
Para nosotros en cambio, los diversos tipos de religión, tengan o no el mismo origen, representan el más fiel, complementario y mejor preparado aliado con que cuenta el poder.
La religión impone una moral para controlar allí donde no llega el poder: la conducta interior. Los códigos religiosos de moralidad están basados en la obligación y posterior sanción. La vida es un camino largo lleno de peligros que conduce a la salvación, es decir, a una vida de ultratumba feliz y dichosa y, además y muy importante, eterna. Si se vencen los peligros (tentaciones) uno se salva. Si no se vencen (pecado) uno se condena. Pero existe una forma de pecar y salvarse: el arrepentimiento, que nos lleva al consiguiente perdón. Perdón que da la divinidad por medio de los sacerdotes. A tenor de esto decía Albert Camus: "Si existe Dios, ¿para qué los curas?"
Esta moral introduce dos conceptos de todo punto abominables: la culpa y el perdón. El hombre estará constantemente aquejado de culpa (pues casi todo es pecado) y continuamente hará méritos para agradar a la divinidad y ser perdonado. Los méritos serán siempre sugeridos por los sacerdotes, eternos mediadores entre Dios y los hombres, y administradores del perdón, que es en esencia el pasaporte para la salvación. El poder de los sacerdotes es notorio.

La Iglesia católica
Trataremos ahora de la religión que ha dominado nuestro país durante más de quince siglos, y lo domina todavía, proclamándose, como todas, la única y verdadera.
El cristianismo fue impulsado magistralmente por Pablo de Tarso. Al igual que el apóstol de Mahoma, Pablo fue al principio un perseguidor de cristianos, extraña secta hebrea que decía que el enviado para salvar a los hombres prometido por Yahvé, dios de los judíos, había aparecido ya.
El cristianismo toma como válida toda la mitología judía, basatante ecléctica, por cierto, pues al ser el territorio hebreo tierra de paso, se había nutrido con todas las fábulas religiosas orientales (babilónica, persa, siria, etc.). Partiendo de esa base religiosa, dicen que Dios ha enviado a ese hombre, su hijo, para salvarnos a todos, judíos y gentiles. Pero no nos salva de nada, sino que anuncia la nueva religión y dice que el que crea en ella se salvará, pero quien no crea...
Se trata de extender las técnicas de dominación de la religión judía, una de las más perfeccionadas, a todos los pueblos.
La historia de este Jesús-Cristo tiene dos versiones: la oficial y la histórica. Aunque esta segunda no es tal versión, puesto que si buscamos en las crónicas de la época la crucifixión de un tipo que hacía milagros y resucitó después de muerto, no encontraremos nada de nada. Si realmente hubiese existido un tipo así, aun en esa época en que no se había inventado todavía la prensa sensacionalista, algo se habría dicho de él en los libros.
Si, por el contrario, miramos la versión de sus seguidores, nos encontramos con una abundante literatura. Más de veinte evangelios (biografías) de este hombre han escrito sus seguidores; aunque la Iglesia sólo acepta cuatro como verdaderos: el resto son denominados apócrifos (dudosos).
Parece ser que en un principio los cristianos vivían en comunidad de bienes, pero siempre con jerarquías. Abolieron la esclavitud entre ellos porque no la necesitaban ya que ellos mismos eran esclavos al poner todo en manos de Dios. Este producir en común generó una riqueza un poco peligrosa para el poder constituido. Fueron perseguidos los cristianos en dos ocasiones por el Imperio romano (no tantas como es tradicional contar), pero llegó un momento en que el poder romano adoptó el cristianismo como religión oficial (y única, claro está). El cristianismo había conseguido su primera meta: la alianza con el poder temporal. Es entonces cuando surgen las disensiones y cismas en el seno de la Iglesia por diferencias en la interpretación de la doctrina o por ansia de poder en sus ministros.
Todo aquel que no siga los preceptos de la Iglesia será tachado de hereje, así como aquel que no se someta a su jerarquía. Esto, junto con la aplicación de la teoría de que todo poder viene de Dios, elevó a la Iglesia a su más alta cota: dominaba incluso sobre los monarcas.
El cristianismo se extendió con mucha rapidez, pues aunque desvalorizaba a las demás religiones, asimilaba sus mitos, e incluso sus ritos; ejemplos de esto son la adopción de la triada capitolina en forma de Dios-la Virgen-Jesucristo, o la introducción de los rezos, tomados de los mantras brahmánicos.
En el siglo XIII, y debido a la rápida extensión de una herejía por el sur de Francia (los cátaros), se crea la Inquisición, cuerpo judicial en materia religiosa que estará por encima de la justicia ordinaria e incluso por encima de los monarcas. Sobre la crueldad de la Inquisición no vamos a extendernos, para hablar de sus tormentos e implicaciones políticas necesitaríamos mucho tiempo. Baste decir que sólo entre ocho inquisidores españoles quemaron vivas a 31.912 personas, 17.659 en efigie y penitenciaron a 291.450, casi todas ellas a galeras. Sus interrogatorios se basaban en la tortura.
La Inquisición fue derogada en España el 4 de diciembre de 1808 por Napoleón. En 1814, Fernando VII, el "deseado", el patriota, el de "vivan las caenas" restablece el tribunal de la Inquisición.
Obviemos las muchas descalificaciones flagrantes de la Iglesia para hablar de sus intentos de recuperar la credibilidad de la gente. Con el auge del socialismo, la clase obrera se empezó a dar cuenta de lo que representaba la Iglesia realmente. La religión católica interpreta entonces la Biblia de otra forma, se acuerda del rico Epulón y del pobre Lázaro, de lo de "mi reino no es de este mundo", "más facil es que pase un camello por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos", San José "obrero", etc. Todo esto toma cuerpo en la encíclica Rerum novarum (De las cosas nuevas), en donde se habla de santa pobreza, de la dignificación del trabajo, de sindicalismo. De esta forma la Iglesia juega con dos barajas: sigue aferrada al poder, a lo tradicional, pero por otra parte dice que está con los de abajo, con los pobres, los desheredados; claro que a éstos les dice: "no os preocupeis de vuestras desdichas, porque si sois buenos ireis al cielo".
En los años veinte un cura italiano, Luigi Sturzo, funda la Democracia Cristiana, partido católico enfrentado al fascismo, que servirá de recambio político una vez derrocado Mussolini: los mismos curas que le apoyaron luego abominaron de él. El caso del papa Juan Pablo II es un ejemplo de la hipocresía católica: anima a la insurrección en Polonia y condena la de Centroamérica. Proclama el derecho a la vida frente al aborto y mantiene la pena de muerte en el Vaticano.

Conclusión
Después de esta breve panorámica sobre la religión, la conclusión flota en el ambiente: combatir contra la institución religiosa como instrumento de dominación que es y, además, ir contra el dogma que la sustenta, el llamado ser supremo, el fantasma divino. Hay que luchar contra todo esto, lucha que en España hace tiempo que se ha postergado. La Iglesia ha aprendido mucho en los últimos cuarenta años. Ya no hay anticlericalismo en la calle, no hay conciencia crítica en la clase obrera; el clero supo estar con el franquismo y, por otra parte, dejarnos las iglesias para asambleas obreras, e incluso algún cura de barrio estuvo en organizaciones marxistas; muchos de los dirigentes del Partido Socialista, ahora en el poder, son creyentes. El Partido Comunista, cuando era una organización potente, tuvo en su Comité Central a dos jesuitas.
Ante todo este marasmo ideológico hay que seguir poniendo en práctica el viejo lema anarquista: NI DIOS NI AMO, pues poder y religión están íntimamente ligados, y el ser humano no podrá ser verdaderamente libre hasta que no haga desaparecer a los dos. Para terminar, y como resumen de lo expuesto, quiero recordar estas estrofas de La Internacional:

Ni en dioses, reyes ni tribunos,
está el supremo salvador,
nosotros mismos realicemos
el esfuerzo redentor.

A. G. Subir


La colmena escolar

Reproducimos el texto de la disertación de la inauguración de la exposición fotográfica sobre la escuela anarquista La Ruche, en las XIII Jornadas Culturales Libertarias organizadas por la CNT de Canarias entre los días 18 y 22 de noviembre.

Anarquista comprometido con su ideal, Sébastien Faure será conocido por su militancia anticlerical, construyendo uno de los textos básicos del ateísmo moderno: Las 12 pruebas de la inexistencia de Dios. Monumento a la razón frente a la sinrazón del escapulario y la sotana.
Comprometido plenamente con el ser humano, intentará construir la nueva sociedad desde sus pies, desde las raíces, plantando nuevas semillas en esta sociedad corrompida hasta el tuétano. Él no hablaba de bombas ni de fuego purificador aunque rechazaba con toda la fuerza de su ser la injusticia de vivir en la completa miseria en este banquete de la vida en donde no estaba invitado el productor de los alimentos. Prefería pronunciar las palabras de amor y justicia y por ello intentará crear un nuevo modelo social sobre estos pilares, en donde esas semillas pudieran germinar en plena libertad, creciendo sanas tanto mental como físicamente.
Como la mancha de aceite en medio del mar, Paul Robin había contaminado las mentes de buena parte de los anarquistas de final de siglo. Su "Educación Integral", discutida y aceptada como ideal pedagógico por parte de la Primera Internacional, postulaba lo que en España se llamarían Escuelas Racionalistas. Discípulos suyo serán Ferrer y Faure quienes, convencidos de la necesidad de acabar con el dogmatismo en todas sus formas, tomarán como ejemplo su orfelinato de Cempuis, primer centro educativo en donde se ponían en práctica las ideas de una nueva pedagogía, una pedagogía libertaria. Cada uno a su manera, transitarán por la abierta vía de la libertad; si Francisco Ferrer creó una escuela, Sébastien Faure creará una gran familia. Dos caras de la misma propuesta, ambas con el mismo objetivo, fin que alcanzaron, y con creces. El trabajo físico e intelectual, como un todo, será la base de la nueva educación, no impuesta por medio de revoluciones culturales, sino a través del ejemplo y el convencimiento. Era una senda de largo recorrido, pero coherente con los principios anarquistas de que los fines se deben construir a través de los medios puestos en práctica.
Con el dinero que obtenía de sus conferencias, y que podía haber servido para enriquecerse personalmente, coherente con sus ideas, decide revertirlo a la comunidad poniendo en práctica ese proyecto vital que bullía en su mente. En 1904, logra alquilar una pequeña hacienda en las cercanías de París y comienza a organizar su colmena social particular, La Ruche, una colmena en donde no hubiera ni zánganos ni reinas, una colmena humana formada por seres libres. No obstante, y a pesar del empuje e ilusiones puestas en este proyecto social, las cosas no comenzaron con buen pie pues en la noche del 1 de enero de 1905, cuando estaban a punto de llegar los primeros niños, se produjo un incendio fortuito que destruyó buena parte de las dependencias del edificio principal. Los más de 30.000 francos que costaron los arreglos, no echó para atrás a Faure quien, con el coraje y la fuerza vital del que sabe que tiene razón, comenzó rápidamente una gira de propaganda para recaudar los fondos necesarios para reconstruir, y remodelar, su colmena. En noviembre de ese mismo año ya puede acoger al primer grupo de niños, una veintena que rápidamente creció hasta la media centena. Comenzaba a andar ese bello proyecto.
La vida en La Ruche, esa gran familia, sorteará todos los problemas que tuvieron que hacer frente. Si no contaban con un equipo estable de maestros, esta carencia se suplía con la dedicación y la humanidad de las personas vinculadas al proyecto educativo. Anarquistas, algunos permanecerán años, otros meses e incluso sólo semanas. Cada uno dejó su huella entre los niños. Casi 50 años después, algunos todavía recordaban a esos rusos, peregrinos que huyeron del zar y que tuvieron que huir posteriormente de los comunistas, con sus "manías" de bañarse bajo la lluvia o comer sólo azúcar: máxima energía, mínimos desperdicios.
Y llegó la guerra, ese negro caballo que pisoteó la utopía arrastrándola al barro y el cieno de la trinchera. Fractura entre los anarquistas, fractura en La Ruche. Faure, pacifista, no podía permanecer con los brazos cruzados viendo cómo la garra de la guerra se llevaba lo mejor y más bueno de la sociedad para mantener los privilegios de una casta que consideraba el mundo su tablero de juego. Frente a la muerte, Faure propugnó la vida. Eso le costó verse perseguido, clausurada su imprenta y prohibidas sus conferencias, dejando a la colmena sin la fuente de sus ingresos. Ahora, más que nunca, se demostró el compromiso de Faure con la vida pues, para mantener al margen a los niños y niñas de los males de la guerra, es capaz de olvidar su ideal y aceptar que el Estado intervenga en La Ruche. O aceptaba la aportación monetaria del Estado o condenaba a la miseria a sus acogidos. Sin embargo, la situación se hacía insostenible, con el creciente intervencionismo del Estado y el giro a la extrema derecha nacionalista de sus instituciones, lo que llevó a clausurar finalmente La Ruche en 1917. Entre las desgarradoras bombas acababa uno de los mayores ejemplos de humanidad del siglo XX.

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¡Viva el ateísmo financiero!

Congo: La guerra de los "chips"

Sobre jueces, héroes y tumbas

Crítica a la posmodernidad

Militarismo en Venezuela:
Razones de una experiencia

 

Sobre las asambleas de
estudiantes universitarios

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