PERIODICO ANARQUISTA
Nº 235
 FEBRERO 2008

 

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La Revolución Social

Hablar de revolución es hablar de cambio drástico a todos los niveles, políticos o culturales. Pero la Revolución Social es una y muy concreta.
El fin de toda lucha revolucionaria ha de ser la consecución de un mundo nuevo, formado por sociedades libres e iguales entre sí; igualmente formadas por personas libres e iguales entre sí, con relaciones fraternales entre todas ellas, dado que no exista explotación y todos tengan cubiertas sus necesidades, gracias a la organización de los medios de producción en manos de los trabajadores en beneficio del pueblo y no de los propietarios. Toda revolución necesita una insurrección, un estallido revolucionario que haga tambalear los cimientos del sistema opresor a destruir. Pero, más importante que la derrota de las fuerzas represivas, es controlar y organizar los medios de producción y todos los establecimientos de interés para la población, asegurando el abastecimiento, la atención a los necesitados, el transporte de mercancías y el intercambio de las mismas entre federaciones de productores y consumidores unidos libremente y en interés común.
Para cambiar el sistema capitalista, después de destruirlo, de la explotación del hombre por el hombre, el pueblo debe estar preparado para, sobre sus ruinas, crear una nueva organización social basada en la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad de todos y para todos, y que sea capaz de unir al pueblo por el beneficio de todos.
Todo esto conlleva un trabajo grandísimo de instrucción, de organización, de difusión, de resistencia al sistema y a sus imposiciones y de la utilización de un método que nos llevará a conseguir nuestras aspiraciones.
De todas estas condiciones han carecido los pueblos que hicieron la revolución en otras épocas y si las tuvieron no fue en el grado necesario.
El estallido revolucionario, primer paso para la revolución social, se ha dado como una respuesta a la situación de miseria y opresión que soportaban los pueblos para destruir el sistema que así les mantenía, pero sin la estructura suficiente para cambiarlo por una organización social más justa e igualitaria para todos.
Desde la Revolución francesa hasta la Revolución rusa, el empuje revolucionario del pueblo fue aprovechado por vanguardias o partidos políticos llamados revolucionarios que después de conquistar el poder lo utilizaron en su propio beneficio y contra cualquier tipo de disidencia, generalmente aprovechando las fuerzas represivas del anterior sistema, ya sea el ejército o la policía.
Todas las revoluciones, aun las que más carácter social tenían en su esencia, quedaron en simples revoluciones políticas donde se cambiaron unos gobernantes por otros sin que se produjeran los cambios tan ansiados por el pueblo revolucionario. El pueblo estaba preparado para morir por la libertad pero no para cambiar la organización social por falta de la preparación necesaria para ello.
Este ha sido el denominador común de todos los pueblos revolucionarios y por lo que el sueño de la Revolución Social no se ha realizado.
Un ejemplo muy claro es la Revolución rusa, donde se daban todas las condiciones para que se produjera un estallido revolucionario con la clara intención de destruir el sistema imperante pero muy mal preparado para culminar el proceso. La mayoría del pueblo, muy pobre y analfabeto, no tenía la capacidad necesaria para organizar una sociedad revolucionaria sin mandatarios y basada en la libre federación de productores y consumidores. La conquista del Estado o la destrucción del mismo era el dilema entre los revolucionarios y por el que el pueblo debía tomar partido. Pero la difusión de las ideas era difícil y no llegaba a todo el pueblo, además, en muchas ocasiones había aspectos coincidentes en la propaganda bolchevique y anarquista (también en la de otros partidos de izquierda).
Los bolcheviques querían conquistar el poder, y para conseguirlo se infiltraron en el ejército con la intención de dominarlo y utilizarlo para imponer su revolución a todo el pueblo y contra otras formas de entender y organizar la revolución. Las purgas empezaron pronto y la revolución quedó en una dictadura ejercida por un partido único llamada dictadura del proletariado. Todos los intentos de llevar a cabo experiencias revolucionarias fuera del control del partido fueron sofocadas por el Ejercito Rojo utilizado contra el pueblo revolucionario. Los bolcheviques no concebían la revolución social y el pueblo no estuvo preparado para llevarla a cabo.
La experiencia obtenida de la Revolución rusa es muy importante y debe tenerse en cuenta para ocasiones futuras. La relación entre los medios y los fines es fundamental, no podemos llegar a una organización social basada en la libertad apoyándonos en fuerzas represivas e imponiendo un pensamiento único. La Revolución Social es cosa de todo el pueblo y no de un poder y se hará o no desde el pueblo.
La organización se hace fundamental, de otra manera cualquier intento revolucionario con la intención de cambiar el sistema social será infructuoso. Es más, será contraproducente para las fuerzas revolucionarias que podrían peder toda la fuerza adquirida hasta el momento. La actividad organizadora ha de empezar ya y debe estar presente en todos los ámbitos de la sociedad. Cuanto mayor sea nuestra organización y mayor el número de convencidos más fácil será el triunfo y el advenimiento de la Revolución Social.
El ámbito laboral es de la mayor importancia dado que son los propios trabajadores los que mueven el engranaje productivo capitalista, día a día desde su puesto de trabajo, sufriendo las condiciones impuestas por los propios capitalistas y respaldadas por el Estado. La organización de la sindical revolucionaria es doblemente importante, primero por la resistencia contra el capital y la lucha por mejorar las condiciones de trabajo y segundo, porque en su momento, tendrá que lanzarse a la conquista de los medios de producción y asegurar su funcionamiento en beneficio del pueblo.
No solo hay que centrarse en el mundo del trabajo si se quiere cambiar toda la sociedad y las relaciones entre las personas. Los valores éticos y morales con los que estará impregnada la nueva sociedad, como la igualdad, la libertad, la fraternidad, la solidaridad han de ser el camino hacia la misma. Extender las ideas entre el pueblo, participar en las luchas puntuales aportando la experiencia organizativa y animar a la propia organización de los interesados, son algunos ámbitos donde centrar la actividad anarquista pero no los únicos.
Debemos prepararnos y preparar al pueblo para vivir en la armonía de la Revolución Social si queremos que la insurrección revolucionaria sea un éxito. De lo contrario, más de lo mismo.

Grupo Tierra Subir


El G-8 en Hokkaido

El G-8 viaja. Cada año la reunión cambia de sitio. Después de Rostock, en Alemania, el próximo año será en Hokkaido, en Japón, del 7 al 9 de julio.
Se ha celebrado en Génova, en Évian, en San Petersburgo y en otros lugares. Para 2008 vuelve a Japón, donde ya se había celebrado en el año 2000, en Okinawa. El lugar ha sido bien elegido. Al igual que en la isla de Okinawa, bastará con cerrar el estrecho marítimo para evitar el flujo de manifestantes. Sin embargo, los anarquistas japoneses ya se están movilizando. Basta con acudir a la página web http://a.sanpal.co.jp/no-g8/ para encontrar en primer lugar un cartel convocando a oponerse a esta nueva manifestación de grandes del mundo y a continuación informaciones al respecto. Pero nosotros, en el otro extremo del planeta ¿qué sabemos de esa parte del mundo?

¡El Extremo Oriente está muy lejos!
Es el momento de hacer una panorámica sobre esta región del globo. No es una casualidad que los poderosos que nos gobiernan acudan al Extremo Oriente. Es ahí donde se juega el futuro del mundo. La globalización, como la llaman los anglófonos, o la mundialización, como decimos nosotros, ha hecho entrar en el mundo a unos cuantos miles de millones de individuos. Estábamos acostumbrados al modelo japonés, con el que se nos ha machacado sobre su "magnífica organización del trabajo". Hoy es de la China de la que se nos cuentan maravillas ante el hecho de sus consumidores potenciales. Está ese país, desde luego, pero también Japón y Corea del Sur, económica y políticamente por encima de su vecina del norte. Esta última se convertirá en los años venideros en un formidable campo de inversión, estando en una situación dramática. Luego está esa península que en nuestro imaginario se sigue llamando Indochina. Están Vietnam, Laos y Camboya. Todos esos países están en la zona de influencia china. En sus límites se encuentran Indonesia y Filipinas. Más lejos, pero mucho más próxima de lo que se pueda imaginar, está Australia. Esta parte del mundo reúne a casi dos mil millones de individuos. Por comparar, la Francia eterna tiene sesenta millones de habitantes.
En esta región del mundo se han creado alianzas desde hace años, y los lugares de conflicto perduran a través de los tiempos. Pero el capitalismo financiero desempeña un papel unificador, no me atrevería a decir pacificador, que no hay que subestimar. Simultáneamente, las luchas sociales han tomado amplitud, sin que se sepa demasiado bien su propósito en Europa. ¡El Extremo Oriente está muy lejos!
Hace cincuenta años que el sur de la península indochina ha comenzado a reunirse.
En plena guerra fría, en 1968, durante la guerra de Vietnam, cinco países de esa zona se reunieron para hacer frente al comunismo. Se trataba de Indonesia, Filipinas, Malasia, Singapur y Tailandia. Hoy día, el enfrentamiento Este-Oeste se ha terminado. Esta asociación, la ASEAN, se ha convertido en un conjunto que preconiza el libre cambio y reúne a diez países, entre los que se incluyen los países comunistas (si es que lo son) Laos y Vietnam.

Los negocios no huelen mal
En noviembre de 2007 Japón decidió establecer un acuerdo comercial con el ASEAN que, según el ministro japonés de Comercio, va "más allá de la creación de un mercado integrado", aunque el acuerdo excluya la agricultura. Los intercambios entre esas dos entidades han superado los 160.000 millones de dólares en 2006. Eso ha hecho que el país del Sol Naciente sea el tercer socio comercial, después de Estados Unidos y China, en esta alianza. Ese acuerdo prevé la desaparición de las barreras aduaneras recíprocas en los próximos diez a veinte años. China y Corea del Sur ya hace varios años que tienen organizados sus tratados comerciales. Se ve la importancia de ese "mercado común" asiático y se puede uno imaginar el lugar que va a ocupar en la economía mundial. Sin embargo, en ese mundo ideal (sic) existe un problema importante: el de las relaciones entre China y Japón. Al margen de toda referencia ideológica, comunismo contra capitalismo, está el recuerdo de los horrores cometidos por las tropas japonesas durante la guerra de China, sobre los que nadie puede pasar de largo.
Pero los negocios no huelen. El 19 de noviembre de 2007, las dos partes han anunciado para el primer fin de semana de diciembre de ese mismo año una reunión de sus ministros de Economía para establecer a un alto nivel un diálogo económico entre los dos países. Eso augura un cambio de clima radical. Parece que se ha pasado página a la época no tan lejana en que el primer ministro japonés acudía en peregrinación al monumento erigido en memoria de los muertos durante la guerra chino-japonesa, muchos de ellos criminales de guerra. Los patronos van a poder por fin comerciar con la paz. ¡Caramba! Excepto los problemas territoriales, como el de Taiwán, queda un punto de protesta probable en este océano de buenas intenciones, que es el del valor del yuan, la moneda china. Si se nivela la divisa del Imperio del Oriente Medio, es decir, si se aumenta en un 20 o 30 por ciento de su valor de cambio, se producirían tales repercusiones en el interior de China, que el poder de Pekín no las podría resolver.

Un viaje panorámico
Entramos ahora en el corazón de la situación de cada país. Excepto Japón, cuyo nivel de vida corresponde a los estándares euroamericanos, por todas partes reinan la desigualdad y la miseria.
Comencemos por las islas Filipinas. Se trata de un archipiélago de 7.100 islas, cuya superficie total equivale a la mitad de la de Francia, pero con un 30 por ciento más de población. El presidente de este país acaba de conceder al perdón a su predecesor, amenazado de prisión perpetua por haber cedido a la corrupción cuando estaba en el poder (25 de octubre de 2007). Eso llevó a un club de hombres de negocios locales a declarar que "esa decisión refuerza la impresión de que los gobernantes están al margen de las leyes en nuestro país". En ese país, las guerrillas comunistas, independentistas o islamistas forman parte del decorado. Se cuentan más de 100.000 muertos como consecuencia de conflictos desde hace cincuenta años. Simultáneamente, los diferentes presidentes en el poder han tenido que hacer frente a movimientos sociales importantes y a golpes de Estado militares, el más reciente fechado el 29 de noviembre de 2007. Es difícil describir la situación social y política interiores al margen de las grandes corrientes políticas adheridas a las familias de grandes propietarios. Podemos deternernos en la coalición altermundialista Freedom from Debt, que reúne a diferentes grupos que actúan contra la deuda financiera, a favor de la nacionalización de las industrias energéticas y del derecho al acceso al agua. Existe también un portal (http://manila.indymeida.org) dedicado a la actualidad filipina. Y uno informativo (http://manila-infoshop.mahost.org/)
De las Filipinas pasaremos a Indonesia, también formada por islas. Si los anteriores eran mayoritariamente católicos, estos son fundamentalmente musulmanes, en un 80 por cien de sus 220 millones de habitantes. En 1966, con ocasión de un levantamiento comunista, el general Suharto tomó el poder y liquidó a entre medio millón y un millón de "comunistas". Desde entonces el Ejército controla el poder, que desde 1999 ha sido resultado de elecciones "democráticas". La mitad de la población vive con dos dólares al día. El país debe importar una gran parte de su consumo de gasolina, a pesar de ser un gran productor de petróleo. Sus infraestructuras están en un estado demasiado malo para poder beneficiarse realmente de su petróleo. Ese ha sido el tema central de la conferencia de Bali que se acaba de desarrollar a principios del mes pasado con motivo del problema de la deforestación.
Entre los habitantes de las islas son numerosas las reivindicaciones autonomistas. Eso nos recuerda el estado de guerra larvada que reinaba en la isla de Aceh justo antes del Sunami. Esta situación armada existe también en Papúa.
Vayamos al norte de la península indochina, donde la preponderancia vietnamita es significativa. Como república socialista que es, está abierta a pesar de todo al socialismo de mercado. En la tradición de este tipo de régimen no hay multipartidismo. La única oposición o más bien resistencia visible parece ser la encarnada por las comunidades religiosas budistas. Parece, según los defensores de los derechos humanos, que las manifestaciones de campesinos protestando contra la confiscación de sus tierras han sido reprimidas de forma especialmente violenta.
Este país de 83 millones de habitantes se recontruye muy lentamente tras una guerra de independencia nacional que ha durado treinta años. Se abre, por medio del turismo (el 4 por ciento de su producto interior bruto), al extranjero, del que recibe una ayuda financiera importante, de más de 7.000 millones de dólares anuales, la mitad procedente de la considerable emigración vietamita.
Para Estados Unidos, Vietnam no es ya el enemigo que fue durante años. En una declaración fechada a comienzos de diciembre, el secretario de Estado norteamericano de Comercio declaraba que ese país, al igual que China, "había demostrado una voluntad real en el establecimiento de relaciones respetuosas".
Esta apertura al capital internacional se ve favorecida por una serie de grandes trabajos dirigidos a desarraigar un cierto número de regiones. Eso es lo que parece ser el origen de las protestas campesinas. El sistema de poder único, Estado y Partido mezclados, supone un encadenamiento de las corrupciones y la imposibilidad de obtener una información objetiva sobre el estado del país.
La influencia de Vietnam sobre su vecino del Este, Laos, es indiscutible. Con el mismo sistema de partido único, no es una república "socialista" sino "popular" (sic) con un partido único, "revolucionario" y no "comunista", pero en lo demás su funcionamiento es idéntico. Como su mentor, Laos forma parte del ASEAN. Es un país pequeño, de seis millones de habitantes, que no puede pretender desempeñar un papel político importante.
Antes de llegar a China y luego a Japón, haremos un alto en Corea del Sur. Encajonada entre su vecino chino y el mar, la península coreana acoge a un país viejo de más de 2.000 años. Anexionado por Japón en 1910, tendrá que esperar a la Segunda Guerra Mundial para recuperar su independencia. A partir de entonces se dividirá en dos partes: los soviéticos al Norte y los americanos al Sur. La guerra de Corea de 1950 a 1953, primer enfrentamiento indirecto de la "guerra fría", divide eternamente al país. A partir de 1960, el desarrollo económico de la parte sur del país tiene lugar a una velocidad asombrosa. El dinero invertido procede de los importantes daños de guerra producidos por los japoneses.
El PIB por habitante coloca a este país de 48 millones de habitantes en el puesto 52, sobre un total de 227, lejos todavía del noveno puesto de Japón, pero muy por delante de China, que ocupa el puesto 147. El Estado hermano del Norte se coloca en el puesto 187.
Desde 1993, se puede decir que se ha instalado un régimen democrático en el país tras una larga preponderancia militar. Aunque ya no están los comunistas en el sur, un importante movimiento social agita regularmente al país. Tres grandes confederaciones sindicales reúnen a más de dos millones de trabajadores. La apertura de mercados impuestos por la OMC ha golpeado con fuerza al campesinado, dando lugar al éxodo rural.
2006 ha sido el año en el que las luchas obreras han coincidido con las manifestaciones campesinas. En septiembre de 2007, una delegación de la Alianza Coreana contra los acuerdos de libre cambio ha llegado a Bruselas a protestar contra esos acuerdos y a buscar contactos en Europa. Esta Alianza reúne a cerca de 300 organizaciones de mujeres, estudiantes, campesinos y obreros. La presencia de anarquistas coreanos en la red es indiscutible, hasta el punto de que una de sus páginas web ha sido cerrada por las autoridades coreanas en 2002 a causa de su actividad antimilitarista. El anarquismo coreano parece haber nacido en 1919, ante el contacto con anarquistas chinos. Ha desempeñado una función importante entre las dos guerras y se ha reconstruido después del conflicto de 1939-1945. Hoy día, tanto para Corea como para otros países del Extremo Oriente, la ausencia de información sobre la existencia y la acción del movimiento anarquista se hacen sentir más si tenemos en cuenta que esta parte del mundo ha de desempeñar un papel importante en un futuro muy cercano.

El mundo chino
Ya no es posible hablar de este país como se habla de Inglaterra o de Francia. Estamos ante un mundo que nos es muy extraño, habitado por mil millones trescientas mil personas según las cifras oficiales. Las estadísticas "socialistas" del país no son fiables, por lo que entramos en el terreno de la especulación. De lo que no hay duda es de que la situación económica china es a la vez floreciente en los mercados internacionales y en perpetuo desequilibrio en el interior. Me gustaría citar dos cifras aparecidas en el diario Libération el 4 de diciembre de 2007. China pretende suministrar el 48 por cien del consumo mundial de cemento. Este país-mundo pretende construir el equivalente del parque inmobiliario actual de los quince países europeos de antes de la ampliación. La otra cifra afecta al emplazamiento de las bolsas internacionales de productos financieros chinos. En este caso, se trata de un aumento de los fondos producido por la CSST. Tras esas iniciales se encuentra la China Security & Surveillance Technology Inc., una empresa especializada en la fabricación de medios de vigilancia con destino a la policía china. El patrón de esta compañía es también, según Libération, el responsable del departamento de tecnología del Ministerio de Seguridad Pública… por otra parte, está encargado de la puesta en marcha de un proyecto de nombre maravilloso: "el escudo dorado". Su demanda de financiación ha tenido un éxito considerable. Los banqueros occidentales han arañado 110 millones de dólares para permitir la puesta en marcha de un "gran hermano" en versión china. Existe, siempre según Libération, en la Bolsa de Nueva York otra compañía china, financiada también con fondos occidentales, especializada en la vigilancia de Internet y en el reconocimiento facial, que trabaja también para la policía china. El mercado de la vigilancia en China, siempre según ese mismo artículo, debería pasar de los 500 millones de dólares de hoy a los 43.000 millones de dólares de 2010. Según los oficiales chinos, la tasa de criminalidad es la más baja del mundo. Para los periodistas del Libération, la disidencia es la bestia negra de Pekín. Cuando se conoce un poco la situación social china, se sabe bien que no se trata de vigilar ni de la disidencia, defendida por los medios occidentales, ni del crimen, bien integrado en el sistema político chino. Se trata, ni más ni menos, que de poder controlar la calle y las empresas, porque el verdadero peligro viene de ahí.
El interés de los financieros occidentales y del poder chino coinciden en la necesaria "tranquilidad" de los obreros empleados en las empresas financiadas con fondos occidentales y cada vez más presentes en esta parte del mundo. La represión obstinada de los movimientos sociales parece haber logrado sus frutos, de momento. El Washington Post informa sobre lo dicho por un oficial chino, según el cual los problemas violentos habrían disminuido en más de un 20 por ciento entre 2005 y 2006. Según un habitante de uno de esos pueblos en los que los enfrentamientos han causado varios muertos entre los manifestantes, no hay riesgo de que vuelvan a producirse porque "se nos ha asustado hasta la muerte".
En julio de 2007, en una fábrica de abonos químicos los obreros exigieron la aplicación de la ley que protege sus derechos sociales. Durante una reunión, el representante de la dirección les dijo: "En esta fábrica yo soy la ley".
En noviembre de 2007, en Shenzhen, un centro de defensa de los trabajadores emigrantes fue atacado con vandalismo varias veces por bandas y el responsable fue apuñalado en dos ocasiones. Sin duda todo eso da una mala imagen de China, más aún si tenemos en cuenta los próximos Juegos Olímpicos de Pekín. Porque la situación económica global está en un equilibrio inestable actualmente. La conjunción del aumento del coste de la energía, de las materias primas agrícolas y alimentarias, y la caída del dólar corren el riesgo de crear una crisis aún mayor entre una población cuyo nivel de vida es ya muy bajo. Las presiones occidentales a Pekín para lograr revalorizar su moneda tendrían como efecto inmediato perjudicar a la competencia de su comercio exterior y, por tanto, dar lugar a un descenso del poder adquisitivo, con los riesgos sociales incrementados. En esta óptica debemos considerar los contactos entre China y Japón.

¿Hacia un eje chino-japonés-indio?
Japón es el país de esa parte del mundo cuyo juego de la democracia es el más antiguo, aunque siga siendo frágil. Hay que recordar que fue impuesto por los americanos sobre las ruinas de Hiroshima y Nagasaki. Es también el país más desarrollado desde el punto de vista capitalista. Pero las relaciones económicas privilegiadas con Estados Unidos están a punto de deshacerse a medida que el crecimiento americano disminuye como conscuencia de la crisis de las "subprimas". Por tanto, Japón necesita encontrar nuevas vías comerciales. Los intercambios con China han progresado durante este tiempo en un 19 por ciento, y los relativos al resto del continente asiático en un 20 por ciento. Las relaciones con el ASEAN se han estrechado de forma significativa y las del continente chino seguirán el mismo camino. Los desacuerdos marítimos no cambiarán gran cosa en esta evolución, ni siquiera si atañen a los campos petrolíferos. Por el contrario, es probable que los esfuerzos diplomático-económicos de Japón lo lleven a evitar un cara a cara en solitario con China, abriendo las negociaciones con la India. Pekín, como consecuencia de sus discrepancias territoriales con Nueva Delhi, preferiría evitar esto, y limitar la zona de libre cambio al nordeste de Asia. A partir de ahora, un nuevo "mercado común" se esboza desde los límites de Australia hasta los confines del Imperio chino.
Este conjunto de países nos interesa especialmente. La globalización de la economía ha colocado a millones de individuos en primer plano. El anarquismo debe salir del mundo en que ha nacido y se ha desarrollado, el mundo euroamericano. Sabemos que nuestras ideas han sido difundidas, alto y fuerte, durante el período de entreguerras tanto en China como en Japón. Sabemos que las prácticas de acción directa fueron empleadas en India durante la lucha por la independencia. Que muchos de esos técnicos fueron empleados en Rostock contra el G-8 el verano pasado. No podemos hacer como si esos millones de individuos no existieran. A nosotros nos corresponde hoy conseguir, junto con ellos, que nuestro porvenir sea menos desesperante.

Paul Sommermeyer
(Le monde libertaire) subir


Carlos Giménez: talento, memoria
y compromiso en la viñeta

Carlos Giménez nació en el madrileño barrio de Lavapiés, cuando solo hacía dos años del final de la Guerra Civil. Creció en un colegio de Auxilio Social, tal y como quedará reflejado en la serie de Paracuellos, una de sus grandes obras, y allí empezó a dibujar tebeos emulando a los que serían sus primeros maestros, como es el caso de Juan G. Iranzo artífice de las peripecias del personaje de El Cachorro. A los 18 años entró ya a trabajar en el estudio del dibujante López Blanco y, después de pasar por un penoso servicio militar, en algún que otro estudio donde empezó sus primeros pasos como historietista en series alimenticias.
Poco después, se va a Barcelona donde se convertirá en todo un profesional en la agencia Selecciones-Creaciones Ilustradas, donde realiza multitud de trabajos que serán reconocidos internacionalmente. De nuevo esta parte de su vida quedó magistral e hilarantemente inmortalizada en otra de sus grandes obras: la serie de Los Profesionales. Obras que le consagrarán, y que alegrarán la vida de multitud de españoles en la Dictadura, son Delta 99, con guión de Jesús Flores, y Dany Futuro, escrita por Víctor Mora -autor de los populares personajes de El Capitán Trueno y sus posteriores calcos El Jabato y El Corsario de Hierro-.
En 1977 vio la luz en España su obra Hom, adaptación de En el lento morir de la tierra del gran escritor de ciencia-ficción Brian Aldiss representante de la llamada Nueva Ola británica en la literatura del género. Hom es una reconocida obra maestra, de espléndida narrativa, que fue calificada de "maldita" al obtener una primera negativa por parte de varios editores europeos; su no muy agraciado protagonista y su falta de concesiones a la comercialidad no se ajustaban a los cánones del género. Estamos hablando ya de un trabajo donde Giménez explaya su plena libertad y creatividad y refleja sus preocupaciones: un planeta alienígena -por supuesto, trasunto de la Tierra- servirá de escenario para mostrar la lucha de clases y hacer una llamada a la fraternidad de los seres oprimidos y dispersados para superar los problemas políticos y sociales. Giménez muestra a un protagonista aislado, con deseos imposibles de evadirse de los problemas que afectan a su comunidad y que es dominado por una especie de mente-parásito que le obliga a enfrentarse a otro pueblo explotado. El aprendizaje de Hom pasará por comprender que un hombre solo no puede combatir a los poderosos, y volverá a su hogar a trabajar con su pueblo en un sorprendente final donde también aparece la sombra del autoritarismo.
El siguiente trabajo de Carlos Giménez se centra en la situación del país y se convertirá en un valioso cronista de la Transición, con afán de denuncia de un fascismo que actúa como rémora, todo ello con una impagable e incisiva ironía. Fruto de esta época son las obras, publicadas en origen de manera fraccionada en revistas como El Papus o El cuervo: Retales, España Una, España Grande, España Libre y Mano a mano; algunas de ellas llevaban guiones del genial Ivá, el fallecido creador de las conocidas series de la revista El Jueves Makinavaja e Historias de la Puta Mili. Estos trabajos pueden ser considerados, sin temor, como periodismo vivo, comprometidos en su afán de llamar a la resistencia popular frente a la violencia institucional en una realidad española que sufría acontecimientos cruciales para su futuro y que, tristemente, todavía estamos pagando en nuestro presente. Valga como ejemplo una historieta inaugural de la serie España... donde el dibujante deja claro que son los herederos del franquismo los que ahora ocupan el poder. Qué impagable valor tienen estos trabajos, reflejo de lo que se vivía y se pensaba en una época, y cuánto ayudan a recordar nuestra memoria reciente y a combatir las numerosas estupideces que se dicen sobre la llamada Transición a la democracia en España.
Si por entonces ya había recibido algún premio, nuevos reconocimientos llegarán con Paracuellos, la obra que inaugura el bloque autobiográfico del autor que nos ocupa y que conocerá continuaciones posteriores. Es posible que este trabajo sirviera a Giménez como catarsis personal, al contar sus penurias como niño en aquel hogar de Auxilio Social que trató de inculcarle la detestable disciplina "nacional", y que actúe como hilo conductor en la realidad española al simultanear Giménez este trabajo sobre la "educación" fascista con los anteriormente mencionados sobre la Transición. Barrio recogerá la vida adolescente de su autor, y la serie Los Profesionales, ya mencionada, sus primeros pasos como dibujante de historietas. En los años 50, después de abandonar la dureza y soledad del internado de Auxilio Social, se sitúa Barrio; el país con una larga posguerra que retrata Giménez es el de un Régimen terrible, con miles de personas que no encuentran su lugar en esa España oficialmente triunfalista: pobreza, colas de racionamiento, seres humanos convertidos en grotescos y en buscavidas por la miseria… y que forman todo un paisaje del sufrimiento de una España vencida. Sin embargo, la mirada del adolescente que fue se muestra algo esperanzadora, sin caer por supuesto en la nostalgia de una época terrible que hoy se pasa por alto o se pervierte, al haber abandonado su prisión infantil -ajeno tal vez a que todo el país era una cárcel-. Muestra Giménez la solidaridad de las clases bajas en muchos momentos y a pesar de la adversidad de las circunstancias, la conciencia de algunos personajes que continúan leyendo a los clásicos izquierdistas, la brutalidad de ex-combatientes nacionales que perpetúan la contienda civil...
En los últimos años, el trabajo de Carlos Giménez se había centrado en la cotidianeidad, en historias de "gente pequeñita", como él mismo dijo, "muchas veces, las emociones pequeñas son más emocionantes porque quien las emite sabe más lo que cuenta, y quien las recibe las sabe aquilatar mejor". Pero si hay un estupendo colofón para la parte de la obra de Carlos Giménez que actúa como recuperación de la memoria histórica es la reciente publicación de 36-39. Malos tiempos, primer volumen de una tetratología que tiene como escenario la Guerra Civil española y que convierte en protagonistas a los grandes olvidados por los "prestigiosos" historiadores de diversas tendencias: la gente normal, el pueblo que sufrió la contienda, que padeció el hambre y el horror de las bombas. El autor ha especificado que no es su deseo "banalizar el dolor y convertirlo en un espectáculo sanguinolento" sino evidenciar la injusticia de la guerra, el caldo de cultivo que supone para el odio entre los hombres. No cae Giménez en el maniqueísmo y muestra el horror producido en ambos bandos, pero dejando claro quiénes fueron los causantes del conflicto y la institucionalización del terror que hubo en el bando nacional. No será una lectura fácil esta obra, pero está tan cargada de sentimiento y de denuncia contra la guerra que resulta imprescindible.
En 2005 Carlos Giménez fue reconocido por toda su carrera con el Gran Premio del Salón del Cómic de Barcelona. Recientemente, el periodista Borja Hermoso denunciaba la situación del gran autor de historietas, sin todo el trabajo y reconocimiento que se merece -a pesar de contar con multitud de premios en la profesión-, y reivindicaba que sus viñetas deberían estar en un museo.

J. F. Paniagua Subir


Jazz, un espíritu libertario

El presente artículo me animé a escribirlo gracias a la falta de información que hay, en el movimiento libertario, sobre un tema tan complejo como lo es el jazz. No soy, ni pretendo ser un erudito del tema, pero debido a un férvido instinto de melomanía y a la creciente ola de música que circula en los movimientos sociales, me parece necesario rememorar el origen y el desarrollo de este género musical. Aunque en la actualidad sólo conozco algunos conciertos que se vincularon al movimiento anarquista de la década de los años 20, me queda claro que el jazz tuvo una participación en la izquierda norteamericana, tanto en la izquierda comunista, y en menor medida, en la izquierda anarquista. En su momento, el jazz, fue un protagonista más en la larga lucha contra el poder y el capital.

El origen negro, cantos de libertad
A mediados del siglo XIX las transformaciones económicas del país norteamericano, reclamaban la mano de obra necesaria para satisfacer las necesidades de la nación. De 1860 a 1910 el número de granjas se triplicó, aumentó de 2 a 6 millones, la superficie de cultivo paso de 160 millones a 350 millones de hectáreas, bajo este contexto laboraron miles de trabajadores afroamericanos, que nada poseían, a excepción del cálido recuerdo de la música, dulce abrigo para los esclavos, que les ayudaba a soportar el trajín, o por lo menos así lo sentían ellos. Los presos, los ferrocarrileros y los obreros cantaban durante la dura jornada, un especie de guía improvisaba y los demás lo seguían. Ante la desolación de la feroz explotación, muchos afroamericanos encontraron refugio en el cristianismo, ahora no sólo se cantaba en el trabajo, sino que la potente voz de los afroamericanos, fue depurando los himnos religiosos, creando los espirituales. Tanto en los desfiles militares, como en la iglesia, enfocaban su atención en las estrofas y el ritmo, es decir, en la música. Cualquier lugar era aprovechado para practicar, incluso hay especialistas que aseguran que el jazz nació en los funerales negros, con las bandas que se alquilaban para armonizar el sepelio.
La fusión entre los cantos de las faenas, los espirituales, las baladas y las distintas formas de expresión popular, tanto africanas como europeas, le dieron vida al blues. A principios de 1900 nace el ragtime, un estilo de tocar el piano, llevando un ritmo regular con la mano izquierda y marcando un ritmo sincopado que va haciendo la mano derecha (la síncopa es una nota que se toca en un tiempo débil y continúa en un tiempo fuerte). El origen del ragtime se asocia con los bailes que realizaban los esclavos haciendo mofa de los amos. La mezcla de todos estos elementos: los espirituales, el ragtime, el blues y la música clásica, le dieron origen al jazz. Seria injusto decir que el jazz era una música para negros. La mayoría de los músicos que empezaban a tocar no sabían leer la música, pero contaban con un sentido innato para improvisar, factor de gran envergadura, pues el jazz es improvisación, expresividad, no hay censura a la hora de tocar. La orquesta de Count Basie (una de las mejores orquestas de jazz), según el propio Basie confesó:"No era, en el mejor de los casos, una orquesta que supiera leer... No creo que tuviéramos más de cuatro o cinco partituras en aquel tiempo". La primera grabación de jazz se realizó en 1917, pero es evidente que años atrás ya había un larga historia, en donde había participado un sector marginal de la sociedad norteamericana. Nueva Orleans, el crisol de donde surgió la música de la síncopa, se transformó en icono del ideario progresista: antirracista, en un principio anticomercial, un lugar donde convivía la clase marginada.
A partir de la década de los 20 el jazz tomó una actitud combativa y de solidaridad con el movimiento obrero, y en contra de la segregación racial, por lo menos algunos de los músicos así lo manifestaron, denunciando las atrocidades en contra de los dos obreros anarquistas, Sacco y Vanzetti, que injustamente eran juzgados por el Estado de Massachussets. En más de una ocasión, trompeta y saxofón acompañaron los mítines de protesta, reunieron fondos y exhortaban a sumarse a la campaña de los anarquistas presos. En algunas huelgas que eran asesoradas por los IWW (Industrial Workers of the World, sindicato revolucionario), las bandas de Jazz estimulaban la lucha, como en la huelga general de la General Motors de 1937, en donde una orquesta de jazz tocaba canciones, y luego se mezclaba entre los obreros para seguir protestando.
Louis Armstrong, que en 1964 vendía más discos que los Beatles, públicamente manifestó su total desacuerdo con las políticas del gobierno del Tio Sam, diciéndole en un concierto, mientras hablaba en contra del racismo: el gobierno norteamericano "puede irse al infierno".
Billie Holiday, "la voz más desgarradora del jazz" , como diría alguien, hacía lo propio, denunciaba la segregación racial y el abuso policial. En pleno concierto, a todo pulmón, Billie dirigía su arenga en contra del Estado norteamericano, evidenciando los tratos a los que eran expuestos "los afroamericanos y los trabajadores que habían levantado al país", la policía no se hacia esperar, y arremetía contra la inconforme mujer, quien fue detenida en varias ocasiones por manifestarse y consumir enervantes. Al igual que otros músicos de jazz, tuvo una vida dura. Ser mujer, negra y pobre en una sociedad racista, no es fácil. Durante varios años sobrevivió cantando en los cabarets donde se tocaba jazz. Víctima de una violación a los 10 años, hija de un pordiosero y adicta a la heroína, se ganó el respeto de quien la escuchaba entonar su "Strange Fruit", el poema contra los linchamiento s que ella transformó en una hermosa canción. La participación de un sector marginal en el quehacer jazístico dejó una impronta indeleble, en la que muchos han señalado, al jazz, como la aportación más grande a la cultura popular occidental.

El jazz de izquierda
anticapitalista e internacionalista

Varios músicos llegaron a militar en la izquierda de los Estados Unidos, a Duke Ellington (pianista y director de una gran orquesta), el FBI lo investigaría por su apoyo a las campañas del Partido Comunista. Dizzie Gelespie (virtuoso trompetista y uno de los creadores del bebop) adquiriría el carnet del Partido Comunista. El cantante Paul Robeson, de tendencia anarco-comunista, le cantaría a la guerra civil española. El carácter internacionalista del jazz se dejó sentir con "Lament for the Congo", una bonita pieza que fue grabada por Charlie Parker (quizá el mejor saxofonista alto que ha dado la madre tierra), en honor a Patricio Lumumba, uno de los exponentes del socialismo africano. Liberation Music Orchesta (1969), contenía cuatro piezas dedicadas a la guerra civil española y una conmemoración al Che Guevara. En Gran Bretaña, Alemania y la URSS, prohibieron las giras de grupos de jazz (sobre todo los de EE UU), por sus extraños vínculos con la izquierda.

El bebop
El jazz tiene infmidad de estilos, el cool, el hardbop y el bebop, son unos cuantos, algunos representan las transformaciones técnicas que padeció la sociedad estadounidense. A finales de la Segunda Guerra Mundial, surgió un ritmo llamado bop o bebop, que reflejaba las modificaciones técnicas de la época, mayor velocidad y puntos de vista más complejos. El bebop le daría un cambio a la cultura gringa. La guerra había acabado con las grandes orquestas, los impuestos a los salones de baile se habían disparado durante el conflicto bélico, haciendo imposible el pago de los músicos, incluso durante este periodo se llevó acabo la gran huelga de grabaciones, realizada por los músicos que se organizaron en torno a la Federación Americana de Músicos (AFM). El racionamiento del vinilo, hizo imposible las grabaciones. Contradictoriamente, el jazz, la música hecha por negros y también por blancos, solo le rendía ganancias a estos últimos. El bop era música afroaméricana a una velocidad doble, que mantenía sus raíces. Por primera vez, los jóvenes negros se veían a sí mismos como artistas rebeldes que debían ser respetados. Para protegerse del racismo norteamericano en general, y de la hostilidad del público conservador, los jóvenes boppers crearon su cultura, su forma de resistir a una sociedad elitista y un gobierno represor que había desatado una feroz cacería en contra de la izquierda. Grabaron sus propios discos, sin necesidad de las grandes empresas (sin saber que existía la autogestión), tenían sus salones de baile que ellos mismos mantenían. En el jazz, una vez más, encontraron la manera de resistir. Para 1960 el rock desplazaría al jazz, que unos años después volvería a renacer, pero esa es otra historia.
En este somero recorrido por la historia del jazz y su participación con los movimientos sociales, traté de aportar mi granito de arena a una larga historia que aún no se escribe, no es mi intención señalar que el jazz fue un paladín de la libertad o de las luchas sociales, pues también existieron músicos que mostraron una actitud pasiva o conformista ante las injusticias. Tampoco quiero señalar que el jazz lo inventó la clase marginada de los EE UU (aunque sí tuvo una participación de suma importancia), pues varios artistas pertenecían a una sector privilegiado, si no es que a la burguesía. Mucho menos deseo afirmar que el jazz se vio influido por los ideales ácratas. Faltaron varios períodos por narrar, puesto que la historia del jazz y las luchas sociales no solo se limitan a EE UU. En lo personal, encuentro varios elementos dentro del jazz, que me parece importante señalar: En primer lugar el jazz tuvo sus origines en la música folclórica y popular de la clase marginada. Le dió voz a a las luchas sociales y denunció las atrocidades de un régimen autoritario. Una música hágalo usted mismo, que podían practicar las personas corrientes, y no sólo las que habían recibido preparación técnica, una música que, paradójicamente, le proporcionó el carnet de identidad a la nación del Tio Sam. En la actualidad pareciera ser que el jazz es una música para las élites de las sociedades modernas, y que jamás se vinculó a las luchas contra el capital; pero el jazz es una música con espíritu libertario.

Casielbela
(Autonomía) Subir


En el valle de Elah
o cómo los americanos están a punto
de ahogarse con su propia mierda

Antes de acercarme a ver la última película escrita y dirigida por Paul Haggis, En el valle de Elah, apenas había leído algún comentario sobre su calidad indiscutible y lo devastador de su crítica hacia ese horror que es la Guerra de Iraq. Un comentario del propio guionista y director en el que dejaba claro que había tratado de ser respetuoso con el ejército me hacía temer lo peor. Una vez vista, me ha demostrado una vez más que no hay nada como contemplar una obra apartado de prejuicios y dejar a un lado los clichés. Porque los clichés de la derecha sabemos de sobra que son reduccionistas, en el mejor de los casos, o falsarios las más de las veces, pero muchos de otros lugares comunes, pretendidamente progres algunos de ellos, obstaculizan un análisis serio de la realidad: atribuir todos los males a la actual Administración estadounidense -como si con un gobierno demócrata la política exterior fuera a ser muy diferente-; o la crítica a una guerra "por haber sido una equivocación", es decir una invasión militar que obedece a intereses geoestratégicos y económicos, con el subterfugio derechista de ser una intervención necesaria para acabar con un dictador -de lo de las armas de destrucción masiva ya no se acuerda casi nadie-, es "criticada" por haber convertido la zona en un polvorín y por haber causado numerosas víctimas civiles -bueno, en esto no se insiste demasiado, la auténtica cifra de muertos puede que no la sepamos nunca-. Miren ustedes al Partido Popular de este país, ese monstruo conservador de raíces franquistas, contemplen ustedes a esos políticos que muestran ahora su cara más amable de cara a una nueva pantomima electoral y que formaban parte de un gobierno que comenzó una guerra infame -¿hay algún gobierno que no inicie su particular guerra?, ¿hay algún conflicto bélico que no resulte perverso?- y cómo nos mostramos impotentes a la hora de pedir responsabilidades a esa panda de tecnócratas mediocres, viles hombrecillos cuyos actos gobernantes afectan a la vida de las personas como a peones de una partida de ajedrez y se empeñan en que no tengamos apenas memoria y empleemos nuestros tiempo diario en temas baladíes. Es decir, como dijo una vez Mariano Rajoy, y como insisten continuamente ciertos medios -basándose, tal vez, en la instrumentalización que del conflicto pudieran haber hecho otros grupos políticos-, la Guerra de Iraq es "algo del pasado", todo el sufrimiento que ha causado y que sigue causando debe ser una especie de fenómeno de la naturaleza, para nada consecuencia de las decisiones de una clase dirigente benévola.
Perdonen ustedes la pequeña digresión y el feroz discurso sobre el tema en cuestión, pero quería realizar una declaración de principios antes de tratar de analizar una película que me ha entusiasmado: cuando veo una intención anti-belicista en una obra, deseo que la crítica vaya más allá de la visión humanitaria, que suele humedecer ojos pero que no creo que cale demasiado en el intelecto humano, y nos haga ver lo perverso de la institución militar -y cuanto más incisiva, mejor-. Es decir, basta de análisis donde se focaliza la culpa únicamente en determinados elementos indeseables que se exceden en el ejército, y éste se ocupa finalmente de limpiar su propia mierda, y abunda, por lo tanto, en la legitimación de una institución -y, por extensión, de un mundo injusto- que no es sino el brazo armado de los Estados, es decir, allí donde el autoritarismo, la coerción y la violencia se manifiestan abiertamente. Esta película lo consigue en gran medida, aunque lo que no deja claro -sería ir muy lejos, y supongo que Haggis quiere volver a trabajar en un futuro- es que si las iniquidades que realizan los envilecidos soldaditos en las guerras son el "pan nuestro de cada día", hay toda una jerarquía militar que acepta tamañas barbaridades como inherentes a la naturaleza bélica. En la película, con todo lo que tiene de agradecimientos y dedicatorias, se vislumbra tal cosa, y voy a tratar de explicar por qué yo he entendido eso y por qué la crítica de la película al patriotismo y militarismo va más allá de un conflicto concreto.
Paul Haggis es un tipo de reconocido talento, sus últimos guiones dirigidos por Clint Eastwood son de una calidad indudable y su película anterior, Crash, aunque cinematográficamente discutible para mí en algunos momentos, tenía tal fuerza y un discurso tan contundente -ya saben, la misma policía que cuida de nuestras vidas es capaz de jodernos en cualquier otro momento-, que hacía prever una prometedora carrera como director de un hombre con ganas de indagar en la basura de una sociedad con evidentes patologías. Efectivamente, En el valle de Elah no decepciona al respecto. El argumento comienza con el ejército comunicando a un hombre -un inmenso Tommy Lee Jones- que su hijo marine destinado en Iraq ha desaparecido de su base. Jones compone un personaje que transmite verosimilitud contextualizado en la nación más poderosa del planeta: ex-policía militar, hombre conservador, religioso, con la firme convicción de que su hijo ha ido a instaurar la democracia en aquel país y, como veremos más adelante, racista y violento cuando cree dar con el hombre que ha asesinado a su hijo -"espalda mojada" es un término repugnante, clarificador al respecto, y que nos recuerda otra buena película dirigida y protagonizada por él mismo Jones, y escrita por el ahora prestigioso Guillermo Arriaga: Los tres entierros de Melquiades Estrada-. Un hombre que sufrirá una evolución, de la nada más absoluta en la que se sostiene todo lo que cree a la terrible realidad. El detalle inicial de la bandera -la bandera de las barras y estrellas-, izada al reves y corregida por el protagonista -el cual explica qué significa tal cosa, importante retener esto para estremecerse al final del film-, servirá de emotivo colofón a la historia de un hombre que ha descubierto que sus convicciones estaban sustentadas en el horror y la mentira; descubrirá que el concepto de héroe y el enfrentamiento con los monstruos, que sirve de bella metáfora en el cuento bíblico que da título al film, supone un mirarse en el espejo y recibir una sobredosis de una terrible realidad que nos transforma tal vez para siempre. Haggis nos muestra qué es lo que hay que hacer con las banderas -es decir, con los nacionalismos-, sucias, putrefactas, símbolos decadentes de una humanidad dividida y de un mundo injusto. Recomiendo disfrutar de cada momento de esta película, que bebe de la mejor serie negra, con un guión excelente en el que cada pequeño detalle -como el del apodo del marine desaparecido, absolutamente terrible- cobra sentido al final de una obra en la que es difícil encontrar imperfección alguna.

Capi Vidal Subir


Esclavos de libertad

Desde la segunda mitad del siglo pasado el desarrollo industrial, tecnológico y económico mundial ha sido justificado por la investigación y por la conquista de más libertad y comodidad ¿Seguro? ¿Cómo es posible ser "esclavos de libertad"? Parece una paradoja o un juego de palabras como "hielo caliente" o "helado frito", pero en realidad se trata de una amenaza cada vez mayor y más temible, sobre todo porque demasiado frecuentemente se infravalora o se asume.
Las dos últimas décadas han sido escenario del boom IT, es decir, de la Information Technology (tecnología de la información). Esta abreviatura abarca un enorme abanico de productos que pertenecen a nuestra cotidianidad.
Estos productos han registrado el máximo desarrollo tecnológico, así como también el máximo incremento de ventas en el mercado. Sólo en 2006 se han vendido más de 990 millones de teléfonos móviles en todo el mundo. Esto representa el fruto de la investigación constante y de la libertad de movimientos siendo localizable en todo momento.
¿Pero es verdadera libertad? No estoy seguro de que la libertad comprenda también el hecho de no ser libres, no ser libres de no responder a una llamada, a un mensaje SMS o tener el teléfono apagado. Cuántas veces hemos oído decir, o hemos dicho nosotros mismos, frases del tipo "¿dónde estabas?" o "te he llamado, pero tenías el teléfono apagado". Si no se está localizable, se está implicitamente obligado a justificar una temporal ausencia, la libertad de no ser momentáneamente accesible. Si en cambio se decide responder, creo que una de las preguntas más frecuentes que se hacen es dónde se encuentra en ese momento el interlocutor. No me parece que esto se pueda considerar un ejemplo de libertad.
En Alemania, una compañía telefónica ofrece un servicio de localización del móvil en caso de pérdida. Emitiendo un código secreto personal en el portal Internet de la Compañía es posible localizar instantáneamente la ubicación del móvil. Pero sobre la vulnerabilidad y la peligrosidad, y en lo que respecta a la protección de datos, en este sistema, así como sobre la problemática de la localización y de la interceptación telefónica por parte de las autoridades, creo que estos argumentos deben tratarse singularmente, dada su complejidad.
Estos pensamientos míos no pretenden condenar sin proceso al teléfono móvil, que en muchas ocasiones resulta útil y cómodo, tanto en el ámbito profesional como en el privado. Útil pero no indispensable.
Otro ejemplo que me parece interesante citar es Internet. Esta gran red virtual mundial de origen militar, la World Wide Web ha restringido el mundo a un único escenario donde cada actor es prefijado por el común denominador www y catalogado con .com, .ch, .it, etc.
En muchos ámbitos profesionales es hoy imposible imaginarse ejercer sin una conexión a Internet. El mismo argumento vale en la vida privada o en el tiempo libre. Un ejemplo: la primavera pasada tuve que buscar una casa en alquiler en Winterthur. Aparte de los tradicionales métodos de búsqueda como los anuncios en la prensa local, supermercados y portales de Internet gratuitos, pense hacerlo con el querido teléfono tradicional. Pero la mayor parte de las agencias inmobiliarias a las que llamé me contestaron sencillamente diciendo que consultara su página web.
Hemos llegado a un punto en que para optar a los servicios ofertados, como en esta ocasión una casa en alquiler, no hay más remedio que estar conectado a Internet. En caso contrario se puede decir que no se es totalmente libre de escoger.
Resumiendo, que la libertad está condicionada. Encuentro que el ejemplo citado hace evidente cómo hemos sido convertidos y nos estamos convirtiendo cada día más en prisioneros de los medios, instrumentos y sistemas que originariamente habrían debido hacer más libre y cómoda la vida cotidiana. Encuentro inutil entrar en el discurso del espionaje, de la televigilancia y de la privacidad en Internet, temas que merecen seguramente un estudio más profundo.
En conclusión, quisiera provocar la reflexión sobre estos dos banales ejemplos y, sobre todo, sobre la dirección en la que nos estamos moviendo. ¿Somos veraderamente más libres o estamos aprisionados y convertidos en esclavos por esta "libertad"? Y, sobre todo, ¿existe todavía un camino de retorno?

Enzo S.
(Voce libertaria) Subir


La supervivencia de las ideas anarquistas

De todas las ideologías nacidas en el siglo XIX, el anarquismo era la más improbable. Fue, ese siglo, pródigo y prolífico en invención de ideas y organización comunitaria: del socialismo al nacionalismo y del sindicalismo al sufragismo feminista, sus despliegues posteriores no son más que germinaciones barrocas de esas semillas originarias. Y todas ellas fueron históricamente necesarias, refugios de la tormenta industrial o bien músculos dispuestos a dar cuenta de los restos del antiguo régimen, o del nuevo. Pero el anarquismo no. Fue una aparición asombrosa, o más bien la anunciación de un problema insoluble tanto en el marco cultural de los regímenes liberales y conservadores modernos como en el del próximo "mundo igualitario" del comunismo. Los anarquistas propusieron a la consideración pública la cuestión del poder separado, es decir, del orden jerárquico, presentándose a la vez en sociedad como su antípoda.
Se diría una anomalía política tremebunda o una nostalgia del edén, de cuya eficacia podía dudarse. Un ideal de destrucción de Estados, cárceles, policías, ejércitos, tutelas religiosas, matrimonio burgués, consumo de proteína animal, y del lucro. A pocos años del primer despliegue europeo del anarquismo, hacia fines del siglo XIX, era fácil prever su dificultosa instalación pública, su crecimiento demográfico en cuentagotas y su posterior travesía por el desierto. Al anarquismo se le diagnosticó una muerte prematura, y aunque el ultimátum no se cumplió en fecha, es cierto que su fertilidad y potencia menguaron decisivamente poco antes de la Segunda Guerra Mundial. De modo que la supervivencia de sus consignas y el renacimiento ocasional de su nombre de guerra resultan ser -para la filosofía o para la policía política- poco menos que un milagro. La "Idea" -así la llamaban- sucumbida en combate durante la guerra civil española reapareció travestida en las jornadas de mayo de 1968, osmótica en los bordes del feminismo o del ecologismo, condensada en rabia punk, espolvoreada entre situacionistas y prófugos del marxismo, en fin recuperada por bandadas migratorias de adolescentes. En política se dice que los muertos no cuentan, aún cuando de vez en vez hayan votado, y que las voces testimoniales no son otra cosa que la lírica de los derrotados. ¿Es entonces una rémora del pasado, una astilla incrustada e ineliminable o un defecto de nacimiento de las democracias modernas?
Las señas de identidad divulgadas se corresponden con una forma monstruosa: la violencia, el radicalismo, el atentado, el gesto anticlerical, las exigencias desmedidas. Y aunque algunos de estos atributos no les son ajenos, la historia de los anarquistas no se condensa únicamente en una garra nerviosa sino en múltiples obras y actividades constructivas, y no pocas de índole cultural. Eran empujados por un ansia de redención y de urgencia, y ese encastre mutuo les concedió un aura de jacobinismo intransigente. Súmese a ello, además, la pretensión de un mundo liberado de toda forma política piramidal. Un mundo acéfalo. Sorprende que las propuestas anarquistas hayan conseguido lectores, simpatizantes e incluso arraigo popular, ya que un programa tal de transformación de símbolos e instituciones milenarias parece carecer de plausibilidad desde el vamos. Pero a veces las sectas religiosas o políticas alcanzan a coronar su dama y otras veces una sola roca en el desfiladero logra obturar el paso del torrente. El anarquismo no fue el fruto más áspero madurado en el árbol del socialismo, no fue simplemente un "maximalismo" o una secta purista, o bien un hito importante de la historia de la disidencia humana. Era el apodo de una esperanza, la del fin de la opresión y la indignidad, que mostró al hombre moderno los límites impuestos a sus posibilidades antropológicas. La revolución social que pregonaban suponía previamente una metamorfosis cultural, una subversión del carácter, el hundimiento del yo anterior a fin de conquistar la autarquía personal. Y por eso mismo el anarquista siempre usó el rostro bifronte de Lázaro resucitado y de Espartaco.
El modelo usual de la representación política es inconciliable con las ambiciones anarquistas, porque el objetivo anarquista es la crítica y destrucción del poder separado, en cualquiera de sus formas. Tal es el primer mandamiento de su filosofía política y de su filosofía práctica. Y no fueron solamente sus actos impulsivos y sus personalidades irreductibles la causa del halo luciferino que les fuera endilgado; también lo fue el hecho de pretender derribar al pétreo dios de la jerarquía, al que distintas sociedades han padecido o resistido a lo largo del tiempo pero al que nunca fueron capaces de imaginar acéfalo, excepto en las utopías felices. Donde otros colocaban cimientos a fin de erigir en vertical, los anarquistas cavaban hacia abajo. Así, erradicaron el uso del dinero en Aragón, en 1937, o derribaron la cárcel de mujeres de Barcelona a fuerza de pico y de maza, en 1936, o se negaron a testificar en juicio o desertaron ante el llamamiento a filas o rechazaron la fiscalización estatal y religiosa en cuestiones emocionales o se negaron a enrolarse en partidos, aún cuando no dudaban en tomar partido por los oprimidos y los perseguidos. No son decisiones sencillas de asumir y de llevar a cabo. Cabe barruntar un elan puritano en el anarquismo, que tanto los condujo a recusar al poder como a mantener una relación distante con el dinero. Sendas constantes históricas resultaban ser equivalentes a Babilonia y Babel, es decir, creaciones humanas equivocadas o corruptoras. Su opuesto era el grupo de afinidad que, juntamente con el agrupamiento sindical, fue su invención organizacional específica y duradera, un espacio político y emocional en que se calibraban adecuadamente las relaciones entre medios y fines. Sus organizaciones no eran instrumentales, centralistas o unívocas. Eran nidos de hermandad.
Al comienzo no eran más que un puñado de personas diseminadas por Europa alrededor de varios padres fundadores cuyas obras nutrirían su patrística: Bakunin, Proudhon, Kropotkin, Malatesta; luego serían cientos los "apóstoles de la idea" que la dispersarían por ultramar e incluso por China y Japón: publicistas, conferenciantes, simpatizantes y perseguidos; paralelamente se contaban por miles a los anarco-individualistas que resguardaban una forma irreductible de vivir las ideas anarquistas; más tarde llegarían los organizadores de sindicatos y huelgas: ceneteros, foristas, wooblies; y junto a ellos los indómitos y los "indisciplinados", casi siempre fuera de la ley y sólo atentos al cristo de sus convicciones: las bandas de expropiadores, los falsificadores de dinero, las milicias libertarias renuentes a ceder su independencia a un Estado Mayor de ejército durante la guerra civil española; y seguirían los cientos de guerrilleros antifranquistas y los partisanos ya experimentados que se integraron al maquis y a la resistencia contra el nazismo; había ácratas también entre los miles de internacionalistas que viajaron a España; y al fin están las inflorescencias espinosas o imprevistas a que dio lugar el anarquismo: los regicidas, las "mujeres libres", los crotos; y más adelante los anarco-situacionistas, los punks, los squatters, y otros. Y sin embargo siempre fueron pocos, una especie en peligro de extinción, aves fénix. La flora y fauna anarquista es el fruto y cría de una evolución plástica, cuyas mutaciones se combinaron entre sí o se enrocaron con otras ideas y prácticas entre 1850 y la actualidad. La migración anarquista fue un proceso exitoso aunque caprichoso, al igual que los desplazamientos de un caballo por el tablero de ajedrez.
A fines del siglo XX, el derrumbe del mundo comunista pareció darles la razón a los anarquistas como también abrirles la puerta del exilio político en que habían quedado confinados, a veces por propia impotencia o necedad. Habían advertido, mucho antes de la Revolución rusa, contra las tendencias autocráticas de los partidos bolcheviques; habían denunciado incansablemente los oportunismos y crímenes de los Estados socialistas; habían desconfiado del castrismo y rechazado sus mazmorras tropicales; jamás se sintieron excitados por la buena nueva del foquismo; y los nuevos gobiernos implantados en los enclaves descolonizados del Asía y África les resultaban abyectos, cuando no simplemente pandillas de delincuentes. Habían profetizado el desastre jacobino, del que no estaban deseslabonados del todo. Pero su acertado pronóstico no les concitó reivindicación para su causa ni les atrajo reclutas liberados de sus personalidades autoritarias. El anarquismo sigue siendo el nombre de una soledad, quizás porque su porvenir depende menos de ser la herencia inmaculada del socialismo como de evidenciar de vez en vez el retorno de lo reprimido en política. De otra forma no se entendería cómo después de tanta derrota, asesinato, encarcelamiento, desgarramiento intestino y fracaso aún sobreviven -e incluso prosperan- tantos nichos anarquistas en todo el mundo.
"Vive ahora como si así quisieras que se viviera en el futuro". Esta era la divisa de un rincón del anarquismo que apenas ha sido estudiado, aquel en donde se aunaron el individualismo anárquico con la bohemia intelectual influenciada por el vitalismo y el psicoanálisis. En la historia de las ideas, los nombres de Max Stirner, Emile Armand, Otto Gross y María Lacerda de Moura suelen ser mencionados -en el caso de que ello ocurra- a modo de cita a pie de página. No obstante, la corriente anárquica que postulaba el "derecho natural al placer" disfrutó de influencia duradera sobre ideas que por entonces hubieran sido llamadas "de avanzada", además de haber promovido diversos experimentos comunitarios o experimentales. Amor libre, respeto del criterio individual, libertad en cuestiones sexuales, promoción de la planificación familiar o "procreación consciente", denuncia de las represiones emocionales y de los tradicionalismos, anticlericalismo, feminismo. Al poner en locución pública temas que eran tenidos por tabú, los anarquistas antedataron en mucho tiempo la irrupción de las demandas de transformación de costumbres propias de la década de los 60, lo que suele conocerse por "revolución sexual". Los anarquistas jamás consideraron que esos fueran temas a ser postergados, y una suerte de furia por la sinceridad que siempre concedió el tono alto a sus publicaciones hizo que fueran promovidos a la primera plana. Al hacer hincapié en los dramas asociables a la alienación existencial el anarquismo supo testear la insatisfacción del hombre moderno.
Modernamente, el anarquismo ha sido un elemento de desorden fértil que tanto se derramó sobre los bordes de la experiencia social humana como sobre los centros de gravedad de los dramas populares. El hambre y la autocracia eran sus bestias negras, y no han dejado de serlo, como tampoco todos aquellos que recomiendan la horca ante un mero dolor de huesos o que prefieren los sátrapas a los demagogos y viceversa, pues el principio orientador del anarquismo en política se condensa en éste lema: "no mandarás sobre otros y no dejarás que otros manden sobre ti". Es un lema imposible, entendiéndose que no es incorrecto el mandamiento sino la forma del mundo. Y es por eso que los epítetos que son arrojados sobre el anarquismo cuando reaparece insólita e insolentemente de vez en cuando son alarmistas. Sus refutadores saben que detrás de esos fuegos de artificio laten los pulsos urgentes del malestar social con el poder separado, que ni democracias ni comunismos han podido conjurar del todo. La anarquía no es el nombre de un testimonio arqueológico ni el de una ictericia inofensiva, sino el de un enigma irresuelto de la política. A siglo y medio de su nacimiento no se ha inventado una crítica al poder de mejor calidad.

Christian Ferrer Subir


 

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