PERIODICO ANARQUISTA
Nº 231
 OCTUBRE 2007

 

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Llamamiento urgente para la anarquía

Esto quiere ser una invitación al razonamiento sobre la base de algunos elementos que, por su carácter y gravedad, imponen a todos opciones nada comunes.
El planeta Tierra se ve lanzado ahora a una rápida degeneración de las formas de vida desarrolladas y consolidadas a través de millones de años; en el último siglo, y todavía más en los últimos decenios, el nivel de destrucción del equilibrio ecológico ha sufrido una aceleración hacia puntos sin retorno.
La Tierra no tiene fuerzas ni recursos para autorregenerarse, y la acción rápida es más necesaria que nunca, al margen de los llamamientos y señales de alarma que hagan la naturaleza, los pueblos y figuras importantes del mundo científico, cultural y medioambiental. A pesar del limitado Protocolo de Kyoto, la desaparición de los glaciares y las modificaciones climáticas causantes de huracanes, ciclones y temperaturas incontrolables e imprevisibles en los últimos cinco años han aumentado los gases con efecto invernadero.
La acción sin freno del capitalismo ha sacrificado hombres, territorios y bienes universales, como los bosques, el agua y la tierra, al dios dinero, venerado por muchos y garantizado por la organización autoritaria de la sociedad; un dios necesitado de un poder para continuar gobernando el mundo, es decir, ejércitos, guerras, genocidios y formas de condicionamiento de masas como los medios de comunicación, la instrucción y las religiones. La organización autoritaria de la sociedad, el Estado, en todas sus facetas, ha garantizado la muerte lenta de la Tierra.
Han fracasado todos los intentos de construir Estados diferentes, de fundar religiones nuevas, de democratizar el Capital, la violencia y la opresión. Es preciso tomar conciencia y comenzar a pensar al margen de los esquemas en que ha estado enjaulado nuestro intelecto.
La disposición desigualitaria de todos los sistemas políticos y sociales ha garantizado privilegios y enriquecimientos a expensas de las masas y, de manera más evidente y grave, de los pueblos de continentes sometidos a la voracidad del capitalismo; pero también a expensas del medio ambiente. El problema de la desigualdad y de la falta de libertad no sólo está estrechamente ligado a la grave situación en que nos encontramos, sino que está en su origen.
No es casualidad que todos los pueblos indígenas que tenían (y tienen) gran respeto por el medio ambiente, tienen también gran respeto de sí mismos. No es casual que la primera cosa que el poder ha tenido que contener, aplastar, mistificar, ha sido el anhelo de libertad, que ha representado el verdadero motor de la humanidad. La lucha contra la libertad ha sido el motivo fundamental de quienes han buscado la acumulación, los privilegios, el predominio.
Hoy las grandes potencias se reúnen y hablan de salvar el medio ambiente. Incluso Bush, el jefe del Estado que contribuye más que nadie a destruir el Planeta, simula una toma de conciencia sobre el problema y difunde optimismo. Al mismo tiempo el mercado va expandiéndose en India y China, y hacia ese Tercer Mundo excluido en los dos últimos siglos de la euforia consumista occidental. Así, en vez de frenar drásticamente el crecimiento, los cenáculos capitalistas y los jefes de Estado, al igual que los políticos más poderosos y los aparentemente más sensibles, frivolizan de manera irresponsable sobre el desarrollo. Mientras el mundo camina hacia el abismo se comportan como si todo fuese normal. La situación es idéntica a la del Titanic, que se estaba hundiento y la gente seguía bailando entre lujos e inconsciencia.
Las políticas autoritarias, las estrategias de conquista de palacios grandes y pequeños y la sumisión a líderes y jefes han cumplido sus objetivos. Han garantizado el triunfo de la lógica desarrollista y destructora; han provocado acumulaciones como fruto de políticas expoliadoras; han generado dominio, opresión, explotación.
Las migraciones que hoy sufre Occidente tras haberlas provocado son diferentes de las que en el siglo pasado ha protagonizado en primera persona. Ahora son el fruto de una situación de no retorno; son un signo del empeoramiento de las condiciones de vida en el Planeta y están consideradas más parecidas a las de los animales que abandonan el bosque en llamas que a cualquier cosa cíclica y económicamente justificable. Es evidente que en el mundo las diferencias entre el Norte y el Sur nunca fueron tan grandes, ni tan profunda la fosa entre minoría rica y mayoría pobre.
Muchos de nuestras costumbres individuales han sido modificadas. Tenemos responsabilidades que debemos comenzar a asumir, tratando de extenderlas lo más posible, contaminando a los vecinos. Pero tampoco nuestro modo de ser en la sociedad, nuestro modo de vivir colectivamente puede seguir siendo como antes. Debemos buscar parcelas de libertad donde hacer circular ideas de cambio que partan de nosotros, de abajo, pero que puedan extenderse rapidamente a la comunidad, a la sociedad, restableciendo los equilibrios humanos que sólo la libertad y la igualdad pueden garantizar.
Por ello, un llamamiento urgente para la anarquía tiene el sentido de un reclamo a la naturaleza humana, a su sociabilidad, a su sensibilidad, a su innato instinto de supervivencia, a su necesaria tendencia a la solidaridad.
La anarquía como forma horizontal, antiautoritaria, de convivencia social; como forma de participación extrema y de autocontrol de los conflictos; como forma de revaloración de la diversidad y de respeto por los seres humanos y por todas las especies que viven en el Planeta, ya sean animales, plantas, agua, tierra o aire. Renunciando a la utopía hemos contribuido a envenenar lentamente el Planeta. Hoy, a partir de cada uno de nosotros, sólo la fuerza de la utopía puede darnos las energías y los estímulos para impedir que las fuerzas autoritarias, los condicionantes, la violencia institucional y todas las formas opresivas y destructivas que gobiernan nuestra vida, puedan continuar con sus acciones. Sólo así podremos mantener viva una esperanza -no una certeza, sólo una esperanza- de que todo pueda reordenarse y regenerarse.

Sicilia Libertaria Subir


Orwell sólo se equivocó en la fecha

Resulta irónico y a la vez sumamente inquietante, cuando uno observa cómo es el mundo que nos rodea, las similitudes que éste guarda con la distopía descrita por George Orwell en su novela 1984, texto que fue editado a finales de la década de los cuarenta.
Dando muestras de una gran intuición histórica, y tomando como argumentos hechos que por aquel entonces ya empezaban a aparecer en la sociedad (uniformidad de la información, vigilancia tendente a la omnipresencia, etcétera), el escritor británico aventura en esta novela cómo sería el mundo en el por entonces lejano año 1984 si el totalitarismo incipiente que desde principios del siglo XX asoló Alemania, la antigua Unión Soviética, Italia o España, por citar algunos ejemplos, continuase su desarrollo y expansión hasta dicha fecha. Pues bien; como decíamos al principio, es imposible evitar sentir cierto estupor al comprobar que veintitrés años más tarde del momento previsto, muchos de los horrores sociales que Orwell apuntó en su novela se implementan a marchas forzadas con el beneplácito, la pasividad o la ignorancia de demasiada gente.
Veamos algunos ejemplos de lo mencionado: en el mundo descrito en la novela, concretamente en uno de los tres Estados que gobiernan el planeta entero (donde vive el protagonista de la obra, Winston Smith), existen cuatro ministerios cuyo cometido consiste, precisamente, en manejar a toda la sociedad asegurándose la perpetuidad del sistema. Estos ministerios son los siguientes: el Ministerio de la Abundancia, encargado de cuestiones económicas y de hacer creer a la población que están pasando por una período de riqueza cuando en realidad viven con los recursos mínimos; el Ministerio de la Paz, encargado de mantener una situación de guerra constante a nivel mundial, asegurándose así de que siempre habrá un enemigo de la patria al que demonizar para que el pueblo descargue su ira contra éste y no contra quienes debería: los explotadores; el Ministerio del Amor, que se ocupa de ejercer una feroz represión contra todo elemento subversivo o bajo sospecha de serlo; y por último, el Ministerio de la Verdad, que tergiversa (cuando no miente directamente) todo lo necesario para ajustar la realidad a los designios del Estado, y que obviamente controla todo lo que se publica. Ciertamente hoy en día no existen ministerios con tales nombres, puesto que sería algo demasiado descarado y facilitarían la labor de desenmascarar al Estado como torturador, asesino y mentiroso, pero sí que podemos afirmar tajantemente que existen organismos que cumplen funciones tremendamente similares a las de las instituciones de la novela.
Así pues, cuando empiezan a surgir las primeras voces que avisan de una posible debacle económica tras la crisis del petróleo y la crisis inmobiliaria que se avecina, los órganos y los sindicatos oficiales se apresuran a desmentirlo, asegurando que todo está controlado ("atado y bien atado", dirían otros) y que no hay nada que temer, puesto que atravesamos un período de prosperidad eterna dulcemente dormidos sobre un lecho peligroso, el Estado del bienestar que tantas conciencias ha narcotizado. Por otra parte, atravesamos una situación de belicismo ininterrumpido a nivel global desde que comenzó la II Guerra Mundial, aunque ahora se nos dice que los ejércitos intervienen en "misiones de paz", o peor aún, de supuesta liberación. ¿Qué paz hay en Afganistán? ¿Qué liberación proporcionó al pueblo de Oriente Medio la Guerra del Golfo? ¿Y la de Iraq?
¡Y qué decir de la represión! Mucha gente desconoce que en las cárceles se tortura y se mata, cuando no se empuja a los reos al suicidio después de hacerles soportar situaciones inhumanas, de igual modo que demasiadas personas están seguras de que quien ingresa en prisión, o quien es detenido por la policía, es porque se lo merece, porque "algo habrá hecho". A nadie se le ocurre ya pensar que la policía, las cárceles y el ejército no son más que defensores de la tiranía del Estado y de la burguesía, y que no le hacen ningún bien al pueblo trabajador, porque eso son planteamientos desfasados y decimonónicos, según aseguran los políticos izquierdistas.
Abordemos ahora la cuestión informativa; el poder, o mejor dicho, quienes lo detentan, son personas viles y amorales pero no estúpidas, y aprenden de los errores de sus predecesores, perfeccionándose cada vez más. De este modo, no se presenta ante nosotros una Verdad unívoca de manera clara, como en el ministerio orwelliano, sino que ésta aparece soterrada bajo una aparente disyuntiva derechas-izquierdas, cuyos adalides son la COPE, La Razón o El Mundo por un lado, y El País, la SER o el canal Cuatro por el otro. Así, el poder se ha provisto de una aparente imagen de pluralidad que le lava la cara ante la opinión pública, cuando en realidad cualquiera de los medios arriba mencionados son defensores de una misma cosa: el injusto orden establecido. No resulta extraño por consiguiente que cuando una noticia relacionada con quienes nos oponemos no sólo a las formas, sino también al fondo de este sistema consigue colarse en los medios informativos más seguidos, éstos dejen a un lado sus aparentes disputas para condenar unánimemente a esos "radicales", "violentos", "bárbaros" y un largo etcétera de descalificativos que sirven para evitar contar nada que tenga que ver con la realidad. Lo mismo ocurre cuando la noticia hace referencia a las tremendas contradicciones del capitalismo. En el caso de las migraciones que se están dando desde África hacia Europa, por ejemplo, se fomenta de manera ladina el odio racial, impulso absurdo e infantil donde los haya, asegurándose así que el pueblo vea en el propio pueblo a su enemigo, de modo que todo el mundo se convenza a sí mismo de la necesidad del Estado y la represión (igual que en 1984, y a diferencia de las dictaduras tradicionales, hoy en día se procura que la gente se convenza a sí misma de aquello que al poder le conviene, en lugar de ocuparse éste de disuadir a las masas mediante la fuerza bruta, que sólo se emplea cuando las sutilezas no son suficiente, pues éstas son mucho más efectivas).
Además, y gracias en buena medida a la cultura del miedo que los medios de comunicación han estado desarrollando e imponiendo durante buena parte del siglo pasado, cada día existen más herramientas a disposición de la autoridad para controlar al individuo. Existen micrófonos diminutos casi imposibles de encontrar y que pueden servir para grabar lo que se dice en un lugar que se pensaba que era seguro, se controla toda la información que fluye por Internet, y rara es la ciudad cuyas calles principales no tienen cámaras que graban todo lo que ocurre las veinticuatro horas del día.
Acompañando a todo esto y complementando lo hasta ahora explicado, Orwell señala en su novela la existencia de la neolengua, un idioma basado en el autóctono pero plagado de eufemismos que poco a poco va desplazando al lenguaje original, y cuya función es imposibilitar el pensamiento rebelde y crítico (sobra decir que el lenguaje y el pensamiento son dos elementos íntimamente unidos, y que uno es reflejo del otro y viceversa). Una vez más observamos que algo parecido está sucediendo a nuestro alrededor, con ejemplos tan esclarecedores como el ya mencionado de que a una invasión se le llame misión de paz, o el hecho de que cuando el Estado comete un crimen a éste se le denomine "daño colateral", "accidente laboral" o expresiones por el estilo, dependiendo de la situación.
Ante un panorama tan desolador como éste, los anarquistas no podemos contentarnos con volver la mirada hacia otro lado y relacionarnos únicamente entre nosotros, considerando al resto de los oprimidos como idiotas que veneran la autoridad, ya que tamaña irresponsabilidad entraría en conflicto con los pilares de la moral ácrata. Hemos de recuperar el terreno perdido, nuestras ideas-fuerza tienen que volver a estar presentes en las mentes de todos los desheredados, y esto sólo lo podemos conseguir mediante una labor dura y constante de difusión del anarquismo, la cultura libertaria y la acción directa desde la base, una tarea ineludible que posiblemente no será nada agradable en un principio, pero que es necesaria si de verdad deseamos alcanzar la anarquía y ver el fin de la opresión.

Grupo Los de Siempre


¿Nos da miedo pensar?

Los hombres temen al pensamiento más de lo que temen a cualquier otra cosa del mundo; más que la ruina, incluso más que la muerte.
El pensamiento es subversivo y revolucionario, destructivo y terrible. El pensamiento es despiadado con los privilegios, las instituciones establecidas y las costumbres cómodas; el pensamiento es anárquico y fuera de la ley, indiferente a la autoridad, descuidado con la sabiduría del pasado.
Pero si el pensamiento ha de ser posesión de muchos, no el privilegio de unos cuantos, tenemos que habérnoslas con el miedo. Es el miedo el que detiene al hombre, miedo de que sus creencias entrañables no vayan a resultar ilusiones, miedo de que las instituciones con las que vive no vayan a resultar dañinas, miedo de que ellos mismos no vayan a resultar menos dignos de respeto de lo que habían supuesto.
¿Va a pensar libremente el trabajador sobre la propiedad? Entonces, ¿qué será de nosotros, los ricos?
¿Van a pensar libremente los muchachos y las muchachas jóvenes sobre el sexo? Entonces, ¿qué será de la moralidad? ¿Van a pensar libremente los soldados sobre la guerra? Entonces, ¿qué será de la disciplina militar?
¡Fuera el pensamiento!
¡Volvamos a los fantasmas del prejuicio, no vayan a estar la propiedad, la moral y la guerra en peligro!
Es mejor que los hombres sean estúpidos, amorfos y tiránicos, antes de que sus pensamientos sean libres. Puesto que si sus pensamientos fueran libres, seguramente no pensarían como nosotros. Y este desastre debe evitarse a toda costa.
Así arguyen los enemigos del pensamiento en las profundidades inconscientes de sus almas. Y así actúan en las iglesias, escuelas y universidades.

Bertrand Russell
(Principes of Social Reconstruction, Londres 1916)
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Victoria contra el muro en Bil'in

El 4 de septiembre, el Tribunal Supremo israelí ha confirmado una victoria simbólica de los palestinos. Ordenó al gobierno de Olmert rectificar el recorrido de la barrera de separación con Cisjordania, a fin de que rodee la población palestina de Bil'in, símbolo de oposición al muro. Es también una victoria de nuestros compañeros de Anarchists Against the Wall (AAW, Anarquistas contra el muro, www.awalls.org) que se manifiestan semanalmente desde hace dos años y medio junto al comité popular de la población.
La decisión del 4 de septiembre molesta a los expertos de la defensa al modificar el trazado del muro en el pueblo de Bil'in, cuyos habitantes se dirigieron al Tribunal Supremo porque el trazado actual les impide llegar a sus fincas agrícolas y a sus huertos, que se encuentran al otro lado del muro.
El gobierno del Estado de Israel estima que el trazado actual es indispensable para garantizar la seguridad de los habitantes de la vecina colonia israelí de Modilin Illit, y haciendo oídos sordos a las protestas, ha acabado el tramo de la barrera de separación cortando en dos el pueblo de Bil'in.
El 4 de septiembre, el Tribunal Supremo ha rechazado por unanimidad el argumento del gobierno, ordenando a los expertos de la defensa israelí modificar el trazado para causar los menores perjuicios posibles a los habitantes de este pueblo. Los jueces han sido muy precisos al añadir que "esto quiere decir la destrucción de la barrera existente y la construcción de una nueva." Una victoria a medias. El Tribunal Supremo no ha rechazado retirar el muro hasta la Línea Verde, y no comprende la separación que genera. Pero se ha dado un paso que prueba que la acción directa pacífica tiene sus frutos.
Como dijo Jonathan Pollak, miembro de AAW: "Es una victoria tanto para el movimiento como para la población. Pero esta decisión no debe hacernos pensar que la Justicia se porta bien en el Estado de Israel. Esto nos indica que a pesar de todo la lucha sirve, y que los esfuerzos conjuntos de todos los que se oponen a la injusticia y combaten el colonialismo y la ocupación triunfarán. No tenemos necesidad de armas si estamos unidos y tenemos determinación." Aunque también añadió: "La represión de las fuerzas armadas israelíes es terrible y algunos de mis compañeros, palestinos e israelíes, han acabado en las camas del hospital."
El Tribunal Supremo ha ordenado igualmente al gobierno que se someta a un nuevo trazado "en un plazo razonable". Los planes serán supervisados de cerca. El Tribunal ha precisado que, hasta que se haya establecido el nuevo trazado, la barrera debe estar abierta de 6 a 20 horas.
Puntualiza el periódico Métro: "El Estado israelí comenzó en 2002 la construcción de la barrera de separación de 680 km de longitud en la frontera con Cisjordania, un trazado que combina muros de hormigón, alambradas, fosos y caminos de ronda, afirmando que se trata de un arma necesaria en la guerra contra los kamikazes palestinos. Pero esta barrera usurpa territorio palestino, provocando una reacción de los palestinos, que acusan a Israel de utilizar argumentos defensivos para justificar la acaparación de tierras palestinas."
Recientemente, muchos nuevos frentes de lucha colectiva, aplicando la tradición de Bil'in, se han añadido a las actividades esporádicas en los pueblos de Cisjordania que sufren la clausura por la separación y la ocupación. Uno de estos frentes es la lucha en la región de Ma'asara, con los pueblos al sur de Belén, incluyendo Um Salamunah, Walaja, Artas, Beit Umar, Wadi Nis y Surif. Allí, las acciones directas contra la clausura de la separación se suman a las manifestaciones del viernes.
Otro objetivo ha sido añadido igualmente a la clausura de la separación: las barreras de carretera, con la construcción de una barrera simbólica a la entrada de la colonia de Karmei Tzur y la retirada de muchas barreras que impiden viajar a los pueblos vecinos.
Sea como sea, la decisión del Tribunal Supremo es efectivamente un paso adelante y reforzará la lucha popular contra el muro.

Hertje Subir


¡Viva la juventud!:
la sociedad más allá de la edad

En este recién nacido siglo de locos en el que nos ha tocado vivir se está produciendo un fenómeno inaudito: la vejez está desapareciendo. El siglo XXI trascurrirá por el reino de lo eternamente juvenil.
Nuestra sociedad, imitando el argumento de la película La fuga de Logan, donde una sociedad futura es gobernada por una autoridad computerizada que controla e impide, mediante unos mecanismos implantados en las manos de los humanos, que su vida sobrepase los 30 años. Edad en la que todos están obligados a realizar un ritual renovador llamado Carrusel. En nuestro caso el Capital y los medios de comunicación controlan que no superemos la juventud.
La mitología de la juventud no es sólo una cuestión física, de aspecto externo contra la que se lucha con los cosméticos, gimnasios, cirugía, infiltraciones, etc. sino que este fenómeno se sumerge hasta lo más profundo del alma. El paso de los años no sólo ha sido borrado de la apariencia corporal, sino también, y esto es lo más pasmoso, del entendimiento, del alma: hoy se está generalizando el fenómeno de pensar y sentir como niños.
¿Cómo explicar que la edad media de los usuarios de los videojuegos sea superior a los veintiocho años? ¿Por qué generan los deportes una pasión desbordada en las masas?
El poder de la infantilización domina nuestra sociedad con importantes réditos económicos para el capitalismo. Avanzamos a pasos agigantados hacia una complacencia absoluta de la figura del niño, de su mentalidad, de su mundo, así todo es cada vez más simple. Sirva de ejemplo de este universo cognitivo infantil:
1.- En el ámbito cultural la capacidad de abstracción ha quedado reducida al mínimo, se busca una cultura para niños: lo simple, lo que una mente infantil pudiera entender. Las audiencias televisivas poseen un nivel de primaria, los índices de audiencia aumentan cuanto menor sea el contenido: los contenidos de parvulario son los mayor éxito, las noticias se han convertido en "el semanario El Caso", los museos se están transformando en parques temáticos.... además el "pensamiento mágico" domina las argumentaciones sociales cuyo corolario es una sociedad infantilizada, de niños formados y educados en la imagen. La sociedad crecientemente simplificada cree en cuentos morales y retorna a los superhéroes de los comics, (Bin Laden es el antihéroe de nuestros días) Se expande la figura del humano que no lee y cuyas venas y cerebro enferman de atrofia reflexiva.
2.- Vivimos en una sociedad muy despolitizada, el número de personas afiliadas a partidos, sindicatos o con fuertes compromisos políticos es cada vez más escasa. Esta sociedad no se paraliza, ni se moviliza por una huelga general, o cualquier otro acto de carácter político, reivindicativo o social. En cambio las avenidas de las ciudades se quedan vacías de coches y personas en los grandes eventos deportivos: partidos de fútbol, olimpiadas, etc. Cada vez se da más la actitud infantil de ser sujetos renuentes a los esfuerzos y al compromiso que sin embargo exigen para su Yo individual el bienestar constante y a corto plazo. En los años sesenta y setenta del siglo pasado, tenía sentido formar parte de un grupo organizado, pertenecer a un partido político, en cambio hoy, en la sociedad sin ideologías, el individualismo es lo primero. El único partido es el del Yo propio hedonista regido por la satisfacción constante.
3.- Económicamente el capitalismo genera y favorece la cultura pueril de ser deseado y mimado. El consumo está más dirigido a aumentar la impresión de ser alguien que al intercambio de mercancías (piénsese en la publicidad: los anuncios de Coca-cola, BMW, etc.). El consumo pretende realizar el mundo de los sueños de unos niños caprichosos y malcriados. En esta sociedad del espectáculo es imperdonable no pasarlo bien, la sociedad del entretenimiento va unida a la obligación de la felicidad, y la emoción dominante es la alegría que se considera propia de los niños. Esta "feliz inocencia" maquilla, también, el ámbito laboral ahora los trabajadores se ven sometidos a "estrés" (eufemismo infantil: somos obreros explotados como en otras épocas, aunque ya no se nos denomina así y desde luego, cuando uno padece "estrés" no va a afiliarse a un sindicato sino que va al médico y toma ansiolíticos)
4.- La recuperación y el apogeo de la infancia no supone un retorno a todo el universo preadulto, no se retorna a una "traumática" y compleja etapa freudiana sino a una infancia simple y ñoña, sin recovecos, aristas ni profundidad. Se enfatiza y pretende alargar un período plano, trasparente y por ello "feliz". Es la puerilización generalizada como autopista de acceso directa y rápida hacia la felicidad de las masas.
Definitivamente la vejez no pertenece a nuestro tiempo, se le ha pasado su momento, hoy es inactual. Si se sufre, es sólo como un momento todavía por superar, en un proceso en el que está llamada a desaparecer. Nuestra contemporaneidad es superficialmente joven. La vejez, su respeto y exaltación, encajaba perfectamente con las etapas pasadas y más atrasadas de la humanidad pero no con las sociedades poscapitalistas en que habitamos.
El siglo XXI enarbola un eslogan: "a partir de ahora está prohibido envejecer", en la sociedad de la imagen los cosméticos, la cirugía, las infiltraciones... son los soldados encargados de borrar las arrugas, ya que en el imperio de lo visual lo que no se ve no existe. Todos sabemos que el paso de los años es inevitable, !ah¡ pero la vejez ha dejado de serlo. Ahora ¿quién no es joven? se es joven a los cuarenta. La juventud triunfa, vencerá y en breve, si todo sigue así, sólo morirán cuerpos jóvenes operados, injertados e inyectados dirigidos por almas infantilizadas.

Nota:
1.- En lugar de la autonomía personal se recurre al médico como figura de protección.

Elena Sánchez Subir


Cuba, la revolución que no fue

El régimen cubano suscita pasiones por doquier, a favor y en contra, la mayor parte de las veces sin posibilidad de matizar entre los dos extremos. Los comunistas originados en Marx, a pesar de haber visto fracasar una y otra vez su doctrina "científica" y su praxis política, encuentran nuevas referencias -ahí está el inefable Chávez y su anacrónico populismo bolivariano- y persisten en algunas viejas, como es el caso de la cubana, a pesar de su negación de la libertad en todos los ámbitos de la vida -por otra parte, común en todas las dictaduras comunistas creadas en el siglo XX-.
Si los anarquistas cubanos participaron activamente, como es lógico, en la lucha contra la dictadura de Batista, pronto se encontrarán con una represión en las filas anarcosindicalistas a la llegada de Castro al poder; advertirán en sus publicaciones sobre el centralismo estatal y el autoritarismo, señalarán la excesiva influencia del Partido Comunista Cubano y reclamarán democracia en los sindicatos. La autogestión y la emancipación de la clase trabajadora estarán, una vez más, muy alejadas de la praxis comunista; la deriva del Estado cubano, con su falta de libertad y de iniciativa propia, estaba cada vez más cerca del totalitarismo soviético. Conscientes de este desastre los anarquistas, en 1960 existió una Declaración de Principios llevada a cabo por la Agrupación Sindicalista Libertaria (siglas que escondían, por miedo a la represión, a la Asociación Libertaria de Cuba) en la que se atacaba al Estado de todas las formas posibles, al centralismo agrario propuesto por la Reforma Agraria Gubernamental, así como al nacionalismo, al militarismo y al imperialismo. Los anarquistas hacían énfasis una vez más en la libertad individual (como base para la libertad colectiva), en el federalismo y en la educación libre. Era un sincero y feroz ataque ideológico a la llamada Revolución Cubana, y las acusaciones a sus autores de estar a sueldo de los Estados Unidos no tardaron en llegar. Acusaciones que, desgraciadamente, llegan hasta nuestros días contra todos aquellos críticos con la dictadura de Castro. Después de aquello, el anarcosindicalismo no pudo ejercerse al erradicarse la libertad de prensa y no poder hacerse propaganda de las ideas. Pocos militantes quedaron en Cuba, sufriendo un miserable despotismo. A mediados de 1960 comenzó el éxodo de los anarquistas hacia Estados Unidos, país elegido numerosas veces por aquellos perseguidos que lo consideraban un lugar con oportunidad de ganarse el sustento y también por su cercanía para proseguir la lucha. En el verano de 1961 se constituyó en Nueva York el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE); paralelamente, nació en Miami otro grupo similar. Por otra parte, en agosto de 1961 se publicó en Santiago de Chile un panfleto firmado por la Federación Anarquista Internacional con el nombre de Manifiesto de los anarquistas de Chile sobre la Revolución Cubana ante los imperialismos yanqui y ruso, que tuvo una pobre distribución y sufrió el boicoteo marxista; en él se denunciaba el castrismo por primera vez a nivel hemisférico y seguía la misma línea del publicado en La Habana por los libertarios. La posición anarquista con respecto al castrismo estaba ya clara, a pesar de las ambigüedades de ciertas figuras del anarquismo internacional, especialmente en Europa. Mas la incansable actividad intelectual de algunos anarquistas cubanos hace que se exponga con claridad meridiana conceptos como los siguientes: "expropiar empresas capitalistas, entregándolas a los obreros y técnicos, eso es revolución"; "pero convertirlas en monopolios estatales en los que el único derecho del productor es obedecer, esto es contrarrevolución". En 1963 vio la luz en Buenos Aires un folleto de cerca de 100 páginas llamado Revolución y dictadura en Cuba, escrito por el anarquista cubano Abelardo Iglesias, donde se especifican la sumisión a la política exterior soviética y la "táctica correcta" que supone la "Guerra revolucionaria". No obstante, como señala Frank Fernández en su libro El anarquismo en Cuba -Fundación Anselmo Lorenzo, 2000-, a finales de la década la propaganda del castrismo parecía estar ganando la batalla y demasiados medios libertarios de Europa y América Latina tendían cada vez más a apoyar la Revolución Cubana, teniendo que soportar el MLCE nuevas acusaciones de estar al servicio de la reacción. Fernández sitúa un punto de inflexión con la publicación en 1976 en Canadá del libro The Cuban Revolution: A Critical Perspective (La Revolución cubana: un enfoque crítico), de Sam Dolgoff, excelentemente distribuido y que "hizo un impacto demoledor entre las izquierdas en general y los anarquistas en particular". El libro constituyó un certero enfoque crítico del castrismo, recogiendo la lucha del MLCE y propiciando su reconocimiento internacional.
Numerosas personas que se consideran progresistas se muestran condescendientes con la "revolución" cubana, debido al rechazo al monstruo estadounidense y su criminal bloqueo -tan criminal como el bloqueo al que somete Castro a la población cubana-. No es posible elegir entre lo malo y lo peor, como tantas veces nos indica un pobre análisis de la realidad, debe existir una vía que asegure la justicia y la libertad: la respuesta está en las proposiciones libertarias, llevadas a cabo en su momento histórico por pioneros de la cuestión social y que han sufrido y resistido en Cuba desde el colonialismo español hasta el actual sistema totalitario. El régimen cubano, al margen de su despotismo, me parece doblemente perverso: por la triste magnificación de sus logros, y por dotarse de una autoridad moral apoyada en su supuesta naturaleza revolucionaria. Creo en la revolución social -naturalmente, hay toda una discusión en el concepto; igualmente en el de "reforma"-, lo que rechazo es esa pureza revolucionaria -Ernesto Guevara habló de hombres con "una conciencia revolucionaria superior"- que, copiando los patrones religiosos, conduce a la persecución religiosa y al castigo de herejes.
El futuro es nebuloso para la Isla después de la desaparición de Fidel Castro; su hermano Raúl parece empeñado en hacer llegar el mensaje a los Estados Unidos de que Cuba no es la URSS ni existe una figura parecida a Gorbachov que lidere una supuesta transición -¿una transición hacia dónde?, penoso ejemplo el de la Rusia actual, pero del agrado del depredador norteamericano-. Sí parece existir un debate sobre el fin del caudillismo si desaparecen las figuras principales del Régimen; mal que le pese a cierta izquierda, Castro ha supuesto una continuidad histórica en ese aspecto. No obstante, la capacidad de Fidel de perpetuar su legado es digna de asombro; hay quien sostiene que Cuba ya ha entrado en una nueva etapa y que la sucesión es un hecho: el Partido Comunista de Cuba sería el heredero legítimo del legado fundacional de Castro. Más allá de toda esta retórica propagandística, la cuestión está también en qué pasará con el modelo económico estatalista, es perentoria la liberación de ese monopolio absoluto; la libertad individual resulta imprescindible, sin dejar la isla en manos del capitalismo. El modelo centralista ha demostrado su incapacidad para cubrir las necesidades de más de 11 millones de cubanos, no todo puede ser atribuible al bloqueo. Aunque Castro siempre se negó a ese camino, otra triste vía, dentro de esta continuidad comunista, sería la aplicación del modelo chino: aperturismo hacia el capitalismo e integración en la Organización Mundial del Comercio. Que los propios cubanos decidan su futuro económico, así como en todos los aspectos de la vida, la respuesta siempre será una mayor profundización democrática, sin represión interna, sin injerencias autoritarias externas, ni aplicación de modelos ajenos a la población. Como Frank Fernández menciona al final de su libro, el discurso anarquista no ha muerto en cuba; su tradición de lucha, a diferencia del marxismo, continúa vigente y propiciará un renacimiento "de un arquetipo elevado de la condición humana".
Un monopolio absoluto sobre la vida del ciudadano, dictadura militar y estado policial en toda regla, una propaganda totalmente controlada y reducida a proclamas... imposible resulta justificar un régimen, y mucho menos desde una perspectiva libertaria, a pesar de sus repetidos logros en educación -con la sombra constante del adoctrinamiento político, no lo olvidemos- y sanidad. Como ya he comentado en ese breve apunte sobre el anarquismo en Cuba, en el régimen castrista están prohibidas las ideas libertarias -cosa que no debe extrañar a nadie con dos dedos de frente-, no hay ninguna posibilidad de que florezca un movimiento anarquista, que tiene que mostrarse forzosamente latente en todos los rincones del planeta -me atrevo a decir que es algo inherente a la condición humana-. Así es y así me atrevo a decirlo, a pesar de las previsibles acusaciones de todo tipo: en nuestra débil democracia electiva, y en el injusto y embrutecedor sistema capitalista, existe la posibilidad de organizarse, instruirse y crecer individual y colectivamente en el movimiento libertario; existe la posibilidad de seguir luchando, cosa que en el sistema totalitario cubano no. ¿Que el Estado, sea cual sea su forma, se enfrentará a quien lo combate? Por supuesto, pero hasta que ese momento llegue debemos demostrar que las ideas y la acción anarquista se muestran vivas y en desarrollo, debemos demostrar que nuestras ideas están presentes en la sociedad y llenas de fuerza; personalmente, rechazo a priori todo proyecto utópico pospuesto para una sociedad futura, ya que el propósito es que no exista división entre ideas y praxis. El socialismo de Estado ya es historia, basta de falsos mitos, su fracaso ha sido una triste realidad; habrá quien todavía sostenga que en las grandes revoluciones marxistas pudo haber una orientación libertaria, lo dudo mucho: ejecución, cárcel o exilio ha sido lo que ha esperado a los anarquistas, y a toda oposición, en esos regímenes. Los anarquistas no debemos posponer la ética para una supuesta sociedad futura, la ética debe ser también un medio para la consecución de todo bello fin; es por eso que me resulta lamentable toda mitificación de una acción violenta o la arbitraria connivencia con aquellos (tan deseosos de convertirse en Estado) que adoptan la lucha armada contra un Estado o contra el sistema capitalista.

J. F. Paniagua Subir


China: de la influencia del desarrollo
del capitalismo privado al anticiclón de las Azores

Parece que la unificación mundial del capitalismo -movimiento del que China será a partir de ahora uno de los elementos clave- engendra una comprensión común e inmediata de la condición de explotado. Como si las consecuencias sociales de la ley del beneficio hubieran encontrado una nueva lectura más allá de las barreras nacionales.
Véamos cuál es el marco general de las relaciones de clase.
La próxima aprobación de la ley sobre la propiedad privada por parte del poder chino constituye una adaptación inevitable del marco jurídico a la progresiva transformación del antiguo sistema capitalista de Estado en una economía de mercado. Esta transformación, llevada a cabo por el Estado-partido en unas circunstancias históricas particulares y bajo la vigilancia de un sistema represivo totalitario, ha modificado profundamente la estructura de clases en China. El surgimiento de una clase capitalista privada se ha producido a partir de la antigua nomenklatura del Partido, mientras que las transformaciones de la estructura económica y la apertura al mercado mundial daban lugar a una nueva clase media. Exaltada en Occidente, ésta no representa todavía más que una pequeña parte de la sociedad china. Sobre el total de mil trescientos millones de habitantes con que cuenta la población china, esos nuevos ricos, antiguos dirigentes convertidos en nuevos capitalistas, esa clase media consumidora de mercancías, representan sólo doscientos millones de personas. Queda, fuera de ese universo mercantil occidentalizado, una enorme masa de proletarios, que pueblan el campo chino y, cada vez más, las zonas urbanas, creciendo como champiñones en el corazón del Imperio. Son ellos, proletarios y campesinos pobres, los que sufren más violentamente las consecuencias de las transformaciones económicas. Y son sus revueltas el factor mayor de incertidumbre para el futuro del modelo capitalista chino.
El desmantelamiento del antiguo sistema colectivista en la agricultura ha provocado la emigración masiva de doscientos millones de campesinos hacia el mercado de trabajo urbano, los mingong. Más recientemente, el desmantelamiento, el reparto y la privatización de las antiguas fábricas del Estado han dado lugar al despido masivo de trabajadores en ese sector, ofreciendo como resultado la precarización de las condiciones de vida de millones de proletarios. La enorme diferencia entre ingresos y condiciones de vida, la violencia y la explotación, la arrogancia y el autoritarismo de la antigua burocracia y de los nuevos ricos, caracterizan a partir de ahora a las relaciones de clase en China. Son factores mayores de estabilidad social en una China que surfea entre los desequilibrios sobre un crecimiento de dos cifras, como un motor que se embala.

El fin de la disidencia y el reforzamiento
del sistema de concentración

La disidencia apenas era una forma de resistencia política indisociable del capitalismo de Estado. Inevitablemente, las transformaciones económicas han provocado su agotamiento y después su desaparición. La gran mayoría de los disidentes ha estado avalada por el ascenso de la clase media y el auge de una economía de consumo moderna. En el mejor de los casos, la crítica del régimen se organiza como una tendencia reformista en el único marco político autorizado, el del partido único. De modo más general, la energía contestataria de la juventud estudiantil ha estado neutralizada por la competencia escolar, identificando la idea de democracia y de libertad con la de la libertad de comercio y la iniciativa mercantil individual. Así es como el 1 de mayo de 2007 -día oficialmente celebrado como "Jornada de los trabajadores"- ha sido elegido por el gobierno como fecha de puesta en marcha de la nueva ley sobre franquicias, que da mayor libertad al registro de nuevas marcas comerciales. Parece querer recordar que la ampliación de las libertades consiste en la de la diosa mercancía.
La transformación de la sociedad y el aumento de las diferencias de clase han acentuado la separación de las capas intelectuales y la gran masa de explotados. La Primavera de Pekín de 1989 ha sido el último movimiento en el que las voluntades de reforma llevadas a cabo por los estudiantes han podido suscitar la solidaridad de las capas populares, la última vez que se ha hecho la conjunción entre estudiantes indignados y activistas de la clase obrera. Un gran foso separa hoy las aspiraciones de democratización del régimen encabezadas por algunos intelectuales, y las reivindicaciones inmediatas expresadas en las revueltas populares. Estos dos niveles de protesta no son opuestos, pero las condiciones materiales de la sociedad hacen de momento muy difícil su fusión, si no imposible.
A este respecto es importante recordar que el miedo sigue siendo uno de los sentimientos más compartidos en China. El miedo a la represión afecta a todas las clases de la sociedad y es sin duda el hecho de la memoria histórica más anclado en el día a día. Si la represión parece haber desaparecido o haberse difuminado en beneficio de la libertad de mercado, el sistema de concentración -la reforma por el trabajo (laogai) y la reeducación por el trabajo (laojiao)- sigue siendo el elemento bisagra del control social. Afecta sobre todo a las clases explotadas y a los pobres, a todas las formas de rebelión popular, religiosa, incluso de marginalidad y de actividades ilegales, incluidas las mercantiles. Ese gran archipiélago concentracionario sigue siendo necesario para mantener unos niveles de explotación extremos, y, por tanto, el crecimiento de dos cifras que tanto agrada al capitalismo mundial.

Las tribulaciones de la clase obrera en China
Las transformaciones de la economía china han tenido como primera consecuencia social la destrucción de las antiguas comunidades de proletarios organizados en torno a grandes complejos industriales y a comunidades populares. Esas comunidades de la época maoísta, al margen de sus aspectos totalitarios, creaban un sentimiento de pertenencia de clase y de valores de solidaridad colectiva. Todo eso ha sido barrido por la introducción del capitalismo de mercado y los valores que le son propios. La atomización, la destrucción física y moral, el individualismo y la competencia entre los proletarios son los nuevos valores dominantes. Entre los proletarios emigrantes del interior (los mingong), la pertenencia a una misma colectividad campesina aviva la revuelta. Pero, por lo general, la comunidad es sinónimo de respeto de las jerarquías tradicionales, que alimentan la sumisión colectiva a la explotación. La crisis de los valores colectivos, campesinos u obreros, la resignación a una explotación violenta y salvaje, y la miseria de las condiciones de vida caracterizan al momento actual, un momento especialmente trágico en la historia de la clase obrera china.
El ascenso de los religiosos y el desarrollo de las redes mafiosas son también fenómenos que pueden comprenderse mejor si tenemos en cuenta la crisis de sus valores colectivos, del desarrollo de los pobres frente a los trastornos de las condiciones de vida, incluyendo la destrucción del medio ambiente.
Y lo mismo sucede con el culto de un mítico pasado maoísta. En ese nuevo mito popular, la figura de Mao ha sido expurgada de las experiencias del salvajismo totalitario, de las masacres y de los desastres de la época, para expresar las aspiraciones de justicia y de igualdad social de hoy. La perseverancia en esas aspiraciones demuestra un rechazo popular de la propaganda, que presenta la lógica económica como un progreso social.

Nuevos movimientos sociales
¿Qué pensar de los nuevos movimientos de revuelta que sacuden hoy a la sociedad? En el momento en que nos alejamos del mundo protegido de las clases medias, de negociantes y comerciantes de todo pelaje, descubrimos el deseo casi obsesivo en los trabajadores de abandonar China y emigrar a América, Europa o Australia. A pesar del vigor de los sentimientos nacionalistas, huir del país se ha convertido en el objetivo de su existencia. ¿Podemos ver en ello un claro síntoma de falta de confianza en el futuro radiante del crecimiento de dos cifras y la expresión de una toma de conciencia de que el sacrificio de toda una generación se ha hecho en beneficio de un puñado de capitalistas?
El aumento de los conflictos sociales, las huelgas, los motines y las revueltas son testimonio de esa insatisfacción.
De esta nueva oleada de luchas se extraen varias tendencias que afectarán a partir de ahora al conjunto de China.
Se trata, sobre todo, de luchas que permanecen localmente aisladas, incluso aunque las revueltas den lugar cada vez más a manifestaciones callejeras y se generalicen en las ciudades. En esta situación, es indiscutible que se asiste a una unificación de las reivindicaciones a nivel nacional, contra las condiciones de explotación, los bajos salarios, la omnipotencia del patronato y la corrupción de los políticos a su servicio. Esta unificación, si no es explícitamente asumida en las luchas, sí está presente en los espíritus. Y esas reivindicaciones son globalmente compartidas por la gran masa de los trabajadores chinos. Y lo que es más, las luchas son cada vez más violentas; los enfrentamientos con las fuerzas represivas y los ataques contra las instituciones y los funcionarios del Partido se han hecho constantes a nivel local. Esta última precisión es importante, como veremos más adelante.
Una de las grandes instituciones del Partido Comunista, el sindicato único -el ACFTU (All China Federation of Trade Unions)- tiene dificultades para adaptarse a las transformaciones económicas. Este sindicato basaba la autoridad de su función de control de la fuerza del trabajo en las grandes empresas del Estado, en las que desempeñaba a la vez el papel de servicio al personal, gestor de las obras sociales y policía interna. La privatización de la economía ha venido a desvelar esa debilidad, pues el sindicato es percibido por los trabajadores como el brazo del Estado comunista y uno de los recursos policiales de los burócratas explotadores. Hoy el ACFTU está a punto de convertirse en un gigante burocrático con los pies de barro. Por mucho que trate de retomar su función de sindicato tradicional, lanzando campañas de propaganda para volver a dorar su blasón, anunciando su intención de defender a los trabajadores en las multinacionales o tratando de organizar a los trabajadores emigrantes.
Esta ausencia de marco sindical en las empresas hace que, en la práctica, toda acción colectiva o huelga arranque de modo espontáneo, desde la base. La atomización y la crisis de las antiguas referencias colectivas de los trabajadores actúan, sin duda, contra todo posible embrión de auto-organización. Pero son sobre todo el sistema represivo y el miedo los que pesan sobre la acción colectiva. En esas condiciones, la forma de la organización es la huelga, la manifestación o el motín e, invariablemente, los trabajadores que más se exponen desaparecen en los meandros del sistema concentracionario. Hemos de subrayar aquí el papel que desempeñan las nuevas tecnologías de la comunicación -Internet y sobre todo el teléfono móvil- en el desarrollo de estas luchas, poderosas y efímeras a la vez.

El doble juego del Estado-partido
En esta situación, el Estado-partido se ve obligado a llevar un doble juego. Las luchas sociales ponen de relieve las dificultades del Estado. Esas dificultades derivan en parte del desfase que se ha producido entre un sistema político centralizado, gestionado por un partido totalitario, y una enconomía de fuerte crecimiento en la que los intereses particulares de los nuevos capitalistas chocan a menudo con las necesidades del sistema. Dicho de otro modo, el Estado tiene dificultades para someter las fuerzas capitalistas particulares al interés general del sistema, a sus intereses geopolíticos. ¿Cómo gestionar de manera centralizada una economía en la que el fuerte crecimiento ha hecho emerger nuevas capas explotadoras con dinámicas e intereses propios y a menudo contradictorios? Esos intereses particulares se afirman a menudo a nivel provincial, retocan las desigualdades regionales crecientes y alimentan una gigantesca corrupción que gangrena toda la sociedad. Hasta el punto de que hoy se puede hablar de varias Chinas.
Este desarrollo económico desigual encuentra su semejante en un relativo despunte de la clase política y del Partido. De ahí la dificultad del Estado para hacer aplicar sus decisiones y sus orientaciones en las provincias por una parte, y la afirmación de una cierta autonomía de las burocracias locales (incluidas en la interpretación más o menos firme de las libertades formales) por la otra. Es en este marco inestable donde las revueltas sociales adquieren un contenido cada vez más político frente a los potentados locales, con una ambigüedad que limita las perspectivas radicales: la llamada frecuente a apoyar al Estado central contra las burocracias locales. Legitimados de este modo, los órganos centrales del Estado utilizan esas revueltas y los desastres industriales y mineros como medida de presión para sancionar a las burocracias locales.
Sin embargo, el odio a la burocracia y a sus lacayos que se expresa en esas revueltas roe cada vez más los fundamentos del régimen, haciendo cada día más delicado el juego y sus manipulaciones.
Más allá de una resistencia de clase a la violencia de la explotacion, las revueltas y las huelgas permiten vislumbrar aparecer una crítica del trabajo asalariado que es absolutamente novedosa en China. Detrás del rechazo de las terribles condiciones laborales apunta una duda más general sobre la ideología productivista del esfuerzo, del sacrificio, que algunos habían atribuido demasiado deprisa a una pseudo "naturaleza del pueblo chino". Algunos fenómenos recientes lo ilustran. Hay, por una parte, una disminución de los movimientos de emigración interna e incluso del reflujo de trabajadores emigrantes hacia su región de origen. Puestos a permanecer en China, se prefiere ganar menos antes que morir en el trabajo. A pesar de la enorme reserva de mano de obra que existe en China, algunas empresas empiezan a tener dificultades para contratar, otras se ven obligadas a subir los sueldos y otras incluso recurren a la deslocalización hacia regiones del interior (como Vietnam o Laos) para encontrar una mano de obra más dócil. Se produce a continuación, de modo generalizado, un rechazo creciente de las condiciones miserables de trabajo y de salario, una falta de confianza en la propaganda del desarrollo, del necesario sacrificio de una generación. Podemos comprender entonces por qué luchas como las del CPE en Francia han podido tener esa incidencia en China. "¡Se nos explica que la precariedad actual es el sacrificio necesario para que China alcance a los países occidentales y resulta que los jóvenes europeos se revuelven contra la precariedad!" Así, ante la lejanía de los ingresos y ante la arrogancia de los nuevos ricos y los profetas de la especulación, la insatisfacción y la rabia crecen y se hacen patentes en toda China.

La incidencia de las luchas en China
en las sociedades "desarrolladas"

Los aumentos de salario y la deslocalización de las industrias con elevada mano de obra hacia el centro de China tienen como primera consecuencia una pérdida de competencia de las mercancías producidas. El movimiento es todavía débil, pero constituye una novedad desde que China se ha integrado en el mercado mundial. Si se confirmara, habría enormes repercusiones en el funcionamiento del capitalismo a escala global.
Se comprende, cuando se habla hoy de la situación de China y sobre todo de la violencia de las relaciones de trabajo y de la resistencia que producen, que se está hablando de nuestra vida y del porvenir de las sociedades occidentales. La dinámica capitalista actual depende en efecto en una buena parte de la explotación de los trabajadores chinos, de los beneficios obtenidos por los grandes grupos capitalistas mundiales y de la incidencia del bajo precio de las mercancías producidas en China respecto a nuestros salarios. Las miserables condiciones de vida del proletariado chino ocultan la creciente pauperización de los trabajadores en nuestra sociedad, pauperización que los políticos, seducidos por el modelo chino, tratan de acelerar demoliendo el marco jurídico actual.
Concluyendo, la resistencia que los proletarios chinos están oponiendo a la alocada carrera del beneficio, a la destrucción del entorno, influirá mucho en nuestro futuro. La evolución del anticiclón de las Azores depende de ello; las perspectivas de una posible emancipación social también.

Charles Reeve
Hsi Hsuan-wu
(Le monde libertaire) Subir


Noventa aniversario de la Revolución rusa

El 7 de noviembre de 1917 (25 de octubre según el calendario juliano ruso) se producía uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia de la humanidad. Ese día, tras los acuerdos tomados en el Colegio Smolny por el Segundo Congreso Panruso de los Soviets, se producía la caída del régimen liberal burgués que dominaba Rusia desde febrero de ese año y se procedía al establecimiento de una sociedad socialista. Desde las jornadas de la Comuna de París de 1871, no se producía un fenómeno similar.
Pero los antecedentes y las consecuencias de aquel acontecimiento no deben quedar en el olvido, sobre todo porque todos los relatos sobre los mismos no han sido justos con la participación anarquista en aquellas jornadas históricas.
Rusia había tenido una profunda tradición revolucionaria desde el siglo XIX. Los trabajadores y los campesinos rusos, a pesar de ser analfabetos y estar fuertemente controlados por la Iglesia, siempre tuvieron un componente de insatisfacción que le hizo buscar horizontes mejores en una sociedad que les era completamente adversa. Desde el movimiento decembrista de 1825 hasta el estallido revolucionario de 1905, se van formando una serie de ideologías y movimientos que servirán como avanzadilla de lo que será el posterior desarrollo revolucionario de 1917.
La revolución de 1905 ya había dado un toque de atención a las estructuras autocráticas de Rusia. La figura del zar, que se creía la encarnación de Dios en la tierra, había estado hasta ese momento a salvo de unas masas populares que creían que el dirigente máximo de Rusia estaba siendo engañado por una corte corrupta. Pero los sucesos del domingo sangriento de enero de 1905, donde las fuerzas del zar, por orden directa de Nicolás II, abrieron fuego contra las masas trabajadoras que se dirigían a solicitarle leves mejoras en sus condiciones, mostró dónde estaba el zar y cuál era la actitud que tendría con el pueblo.
La fuerte represión generada por la oleada revolucionaria de todo el año 1905 dejó muy malparado al zar, que para evitar una caída inminente, tuvo que conceder la apertura de la Duma (parlamento ruso) y otorgar determinados derechos democráticos, que él mismo se encargó de enterrar cuando la situación le volvió a ser favorable. Las reformas que Sergei Witte o Alexander Stolypin intentaron introducir se tornaron en auténtico fracaso.
Igualmente el desarrollo de las ideologías obreras, representadas en Rusia por el marxismo, el anarquismo y el populismo, no paraba de crecer. Las ideas finalistas de estas ideologías iban avanzando entre la mentalidad del pueblo ruso. El Partido Socialdemócrata Obrero de Rusia (con todas sus escisiones y variantes), el Partido Social Revolucionario y los grupos anarquistas iban canalizando el descontento de la población rusa. Si durante las jornadas de 1905 fue el PSR quien más dinamizó, la represión que cae sobre él hace que sea el Partido Socialdemócrata, con su fracción bolchevique, quien va ganando más adeptos desde 1912, año de la fundación como tal del Partido Bolchevique. Pero la victoria de los bolcheviques tras la toma revolucionaria de octubre de 1917, y el no cumplimiento de las expectativas marcadas por éstos, hace que el anarquismo se convierta en una realidad para el pueblo ruso y en una alternativa viable para la consolidación definitiva de la Revolución.
El año 1917 fue duro en Rusia. La Primera Guerra Mundial estaba haciendo mella tanto en el Ejército como en el pueblo ruso. Los bolcheviques llevaban tiempo con la consigna de alistamiento en el Ejército para sembrar el caos en el frente y poder así forzar una salida revolucionaria que contara con el apoyo de los soldados. Igualmente la figura de los soviets se va extendiendo por toda Rusia. Paulatinamente la Asamblea Constituyente que se había establecido tras la caída del zar en febrero de 1917, va perdiendo peso a favor del poder popular que representaba el soviet. Y lejos de la mitificación de los soviets como órganos bolcheviques, todas las tendencias revolucionarias, desde las más moderadas de los mencheviques hasta las más radicales de los anarquistas, se encontraban representadas en su seno. Por ejemplo el soviet de Bialystok, ciudad que durante la Segunda Guerra Mundial sufrirá los horrores del nazismo, era de mayoría anarquista desde su origen. Los bolcheviques lo que hicieron fue un intento de control de todos los soviets para ponerlos a disposición del Partido Bolchevique, algo que buscaron desde 1905.
Igualmente la Flota del Báltico tenía fama de estar formada por abnegados revolucionarios. La guarnición de Kronstadt, donde los anarquistas tenían un gran peso, siempre fue una de las primeras en acudir a Petrogrado para ayudar al establecimiento definitivo de las estructuras revolucionarias.
Los derechistas empezaron a reaccionar ante el avance revolucionario. En agosto de 1917 el general Kornilov intenta dar un vuelco a la situación y retomar el camino de la autocracia zarista. Kerensky, temeroso de que armar al pueblo sea su final, no tiene otra salida. Los anarquistas vuelven a ser protagonistas en el aplastamiento del golpe de Kornilov y la caída de Kerensky. La División Dvitsti, dirigida por los anarquistas Gratchov y Fedotov participa de pleno.
Los bolcheviques crecían y articulaban un partido que estaba dispuesto a tomar el poder. Los anarquistas no les iban a la zaga y el desarrollo de su propaganda les colocó en muy buen lugar durante las jornadas de octubre de 1917. Varios son los grupos y organizaciones anarquistas rusas que se desarrollan durante esta época. A destacar la Unión de Propaganda Anarcosindicalista Goloss Truda (La voz del trabajo), con un órgano de expresión homónimo que llegó a convertirse en diario. Tenía su peso fuerte en Moscú y en Petrogrado y llegó a impulsar una editorial de libros anarquistas.
Por otras parte se desarrolla la Federación de Grupos Anarquistas de Moscú, que editaba el diario La Anarquía. Tuvo una larga vida, hasta las jornadas de febrero-marzo de 1921, cuando son aniquilados por la dictadura bolchevique.
Por último destacar a la Confederación de Organizaciones Anarquistas de Ucrania, con el periódico Nabate (La Campana). Su propósito fue la creación de una Confederación Anarquista Panrusa. Al estar en Ucrania colaboró con el Ejercito Insurreccional Majnovista de Nestor Majnó.
Junto a ellos en distintas ciudades de la geografía rusa existían multitud de grupos anarquistas. Y es precisamente esta dispersión lo que para Volin, el mejor historiador del anarquismo ruso durante este período, significó el no triunfo del anarquismo en la Revolución. El haber unificado tendencias y organizaciones hubiese podido contrarrestar la propaganda y el empuje de los bolcheviques.
Aun así la posición de los anarquistas rusos es clara respecto a los bolcheviques, merced a que la propaganda en la calle es muy similar entre los dos grupos, lo que hacía difícil a la población la distinción de un bolchevique y de un anarquista. Los anarquistas consideran que como tal deben de estar en la calle, con las masas revolucionarias, porque es deber de todo revolucionario apoyar la Revolución. Y en la calle están todas las tendencias en liza. Allí es donde se tiene que mostrar la diferencia entre los socialdemócratas y los anarquistas. Porque ambos grupos defienden ¡Todo el poder a los soviets!, aunque los anarquistas apostillan: "consideramos negativa toda acción de las masas desencadenada por fines políticos y bajo la égida de un partido político; y, concibiendo de modo bien distinto, el comienzo como el desarrollo de una verdadera revolución social".
Pero la toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques en octubre de 1917, actividad en la cual participan los anarquistas, significa también el inicio de la represión contra el movimiento libertario. Durante 1918, si bien se pudo en muchos aspectos seguir desarrollando una propaganda efectiva entre los trabajadores, lo que hacía que los anarquistas siguieran siendo referencia, los bolcheviques en el gobierno comenzaron a clausurar centros anarquistas y a detener a sus militantes, que a la altura de 1919 abarrotaban las cárceles rusas. Aun así, algunos de ellos seguían teniendo tal prestigio que los bolcheviques no actuaban contra ellos. Es el caso del histórico Kropotkin, que desde Dimitrovo envió cartas a Lenin diciéndole que se estaba equivocando en el curso de la revolución. También anarquistas como Emma Goldman o Alexander Berkman, que se fueron de Rusia tras la represión de la Comuna de Kronstadt en 1921. Otros anarquistas que fueron respetados y de los que se desconoce el paradero, es el caso de Perkus y Petrovsky. Otros no corrieron la misma suerte. Volin fue encarcelado y León Chorny y Fanny Baron asesinados. Algunos anarquistas, persuadidos por la propaganda bolchevique, pasaron a engrosar sus filas. Al producirse el Congreso de la Internacional Sindical Roja, el delegado de la CNT de España, Ángel Pestaña, pregunta por los anarquistas rusos encarcelados. Trotsky contesta que en la cárcel no hay anarquistas sino bandidos que se hacen llamar anarquistas. Fue algo que Pestaña no pasó por alto y sirvió, entre otras cosas, para que la CNT española no se adhiriera a la Internacional Comunista. En el ámbito de la represión, la Cheka actuó con dureza contra el anarquismo. Trotsky manifestó que la cheka "barra con escoba de hierro al anarquismo de Rusia".
La represión del movimiento de Majnó en Ucrania y la represión de Kronstadt son los últimos episodios del anarquismo organizado ruso.
La participación de los anarquistas en un fenómeno del pueblo como la Revolución no puede quedar en el olvido. Cuando se cumplen noventa años de aquel acontecimiento es deber de todo revolucionario recordarlo. La Revolución rusa no es la revolución de los bolcheviques, sino la revolución del pueblo, con el que siempre estuvieron los anarquistas. El exilio ruso transmitió toda la epopeya del pueblo e hizo ver que el establecimiento de una sociedad socialista sin el yugo del Estado era posible. Hoy más que nunca el ejemplo de Rusia debe de servir para las luchas de hoy y del porvenir.

Julián Vadillo Subir


Los leones de Cibeles

Contaba Ovidio en su obra Las Metamorfosis, esta fábula que a continuación se expone:
"El padre de Atalanta, qué sólo quería hijos varones, abandonó a ésta, recién nacida, en un monte. Fue amamantada por una osa, hasta que unos cazadores la recogieron y criaron. Con el paso del tiempo adquiriría habilidades de los que un día la acogieron en su seno, por ello, era la velocidad una de las cualidades que la definían, y la caza, su dedicación.
Ya en edad casadera, ésta anunció su negación a contraer matrimonio, dado que un oráculo la había anunciado que, de hacerlo, se transformaría en animal. Con objeto de alejar a sus pretendientes, anunció que se casaría únicamente con el hombre capaz de vencerla en una carrera, advirtiendo que mataría al que no lo consiguiese.
Al empezar la carrera daba un poco de ventaja a su rival y lo perseguía, armada con una lanza, con la que lo atravesaba al alcanzarlo. De esta forma murieron muchos jóvenes, hasta que Hipómedes quiso ser su contrincante.
Éste llevaba consigo tres manzanas de oro que le había dado Venus, diosa del amor. Durante la carrera, cada vez que iba a ser alcanzado, el joven arrojaba una de las manzanas a los pies de Atalanta. Ella, curiosa, se detenía a recogerlas, por lo que Hipómedes resultó vencedor".
Dice también la fábula, que sendos jóvenes entraron un día en el templo de la diosa Cibeles, donde saciaron su sed de amor. La profanación de aquel santuario con el ultraje de un acto prohibido hizo que ambos fueran metamorfoseados en leones, para que no se unieran entre sí y tirasen del carro de la diosa.
En aquel entonces se creía que los leones no se unían entre sí, sino con leopardos, y mucho me temo que aún, en pleno siglo XXI, ciertas cuestiones de la ciencia y la sexualidad del ser humano, siguen sin resolverse, a pesar de que en estos últimos días hemos podido tener conocimiento de otro gran avance tecnológico: el retrete que se utilizará en los viajes espaciales. ¡Espléndido!, creamos grandes maquinarias que contribuyan a nuestro "bienestar" y, sin embargo, nos encontramos aún con ciertos jueces, políticos y sujetos de a pie, que consideran que la homosexualidad es una enfermedad, es decir, que no es posible que dos leones gocen, se retocen y lleguen al orgasmo juntos, sino que requieren, necesitan, de dos panteritas para todos estos placeres de la vida, sin hablar de lo que ocurriría, si el caso fuese entre dos leoncitas que gozan, se retozan y coitean juntitas, evidentes pobres enfermas que ante el mayor despliegue tecnológico de la historia, en el que el hombre ha conseguido cagar en la luna, no se han dado cuenta que para estos pormenores de la vivenciación de la sexualidad, requieren de el estimadísimo macho Sr. D. Leopardo.
El progreso no sólo consiste en avances tecnológicos, considerando éste como la creación, conocimiento y empleo de maquinarias, que si bien es cierto, ha contribuido a facilitar la tarea y a que otros, por ejemplo, puedan tener una vida más óptima, como así ha sido en el uso de nuevas tecnologías para la comunicación de personas con déficits en este área, sin embargo, ello no ha de mermar, y mucho menos abolir, el enriquecimiento del ser humano, sino servir de apoyo en su desarrollo integral, por lo que ciertas inversiones en concienciación humanitaria en materia de sexualidad no nos vendría mal a ninguno y ninguna, sobre todo, a aquellas personas que a pesar de manejar Microsoft con soltura siguen considerando la homosexualidad una enfermedad.

Ana Subir


 

Llamamiento urgente
para la anarquía

Orwell sólo se equivocó en la fecha

Victoria contra el muro en Bil'in

¡Viva la juventud!:
la sociedad más allá de la edad

 

Cuba, la revolución que no fue

China: de la influencia del
desarrollo del capitalismo privado
al anticiclón de las Azores

Noventa aniversario
de la Revolución rusa

Los leones de Cibeles