PERIODICO ANARQUISTA
Nº 227
         JUNIO 2007

 

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Diez años de anarqlat

Anarqlat es un foro para usuarios de correo electrónico, constituido en torno al tema del anarquismo en América Latina. El objetivo central es crear un espacio abierto a los interesados en conocer la práctica, intercambiar información, difundir análisis y promover debates en referencia al ideal libertario, que en la actualidad se ha convertido en objeto de renovada atención por parte de gente de muchos lugares, quienes coinciden en la necesidad de ahondar en conocer las dimensiones históricas, socio-políticas, intelectuales y culturales de un fenómeno cuya relevancia en el pasado, el presente y el futuro de los países latinoamericanos comienza a rescatarse del menosprecio y la ignorancia tanto en la teoría como en la acción.
Con anarqlat nos reunimos a conversar sobre las ideas, experiencias e impacto del socialismo libertario en el escenario latinoamericano, pero eso no excluye que se toquen temas conexos (por ejemplo la teoría o la historia general del anarquismo mundial, debates sobre otros tópicos concernientes a la realidad de América Latina, etc.), pues ellos proveen de un marco referencial indispensable para nuestro tema específico. Esto implica que en anarqlat vemos al anarquismo continental tanto en el contexto de sus particularidades, como en los vínculos con un movimiento y un ideal que ha tenido expresiones en todo el planeta
En febrero de 1997 arrancamos -con 30 inscritos desde 6 países- este foro virtual que ha desarrollado a través de los años una rica dinámica de información e intercambio. Somos actualmente 150 participantes residentes en Alemania, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, El Salvador, España, Estados Unidos, Francia, Israel, Italia, México, Perú, Paraguay, Reino Unido, Uruguay y Venezuela; no obstante, queremos que se incorporen más suscriptores, pues la aspiración es fortalecer aún más este instrumento de comunicación interactiva entre quienes se interesan por el presente y futuro del anarquismo latinoamericano.
Para conocer los detalles sobre el modo de funcionamiento y cómo unirse a anarqlat, escribir a mendezn@camelot.rect.ucv.ve

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¿Qué pretenden?
¿Qué consiguen?

Nos encontramos abriendo la puerta del siglo XXI, en plena Tercera Revolución Industrial, ante el avance, progreso y empleo tecnológico más significativo de toda la historia, sin embargo, a nivel social recurrimos a tiempos precedentes para homenajear aquello que luchas populares previas conquistaron, como por ejemplo, en cuestión militarista evocamos la Comuna de París, en cuestión obrera, a aquellos cinco anarquistas neoyorquinos; en referencia a la violencia de género, a las hermanas Mirabal, bien porque consideramos que la historia es inolvidable, bien porque nos faltan acciones, o quizás, como si se tratase de a título póstumo, tendrá que pasar un transcurso temporal relevante para que lo que realicemos tenga su peso. Es decir, metafóricamente, estamos recogiendo la cosecha de lo que otros y otras sembraron, y otros y otras recogerán la cosecha de nuestra siembra. O, como en enología, con el paso de los años, la misma sustancia ganará firmeza y fuerza.
Pero nosotros y nosotras, el pueblo, no somos los únicos que recurrimos a precedentes para continuar, también ellos, esos oligarcas neoliberales, a pesar de sus excelsas formaciones académicas, recurren a estrategias previas. Lo que sí mantienen inalterable son las ansias de poder, el afán por oprimir, por sembrar y esparcir miedo. De igual forma, nosotros y nosotras no cesamos en nuestra lucha libertaria, como medio y como fin.
Hace unos años, no sabríamos decir cuántos, quizás ya se haya completado el período de dos décadas, y sea suficiente para extrapolarlo a otras zonas planetarias, en EE UU fueron creados los "deathclock" (relojes de la muerte). Estos, eran expuestos en zonas céntricas y visibles de las urbes, donde los viandantes pudieran comprobar el número de muertos que iban surgiendo en la ciudad, una forma de fomentar el individualismo y el consumismo, y acrecentar el miedo.
Con este tipo de estrategias, fomentan que los individuos salgan al centro comercial, compren víveres y aventajados aparatos electrónicos para instalar en sus hogares, los cuales intentan equiparar a todo confort, aunque para ello tengan que realizar horas extras laborales. Ni que decir tiene que todo esto no lo compartirán con vecinos u otros allegados, "porque a saber con qué loco podrían topar, con la de cosas que hoy en día se escuchan", menos mal que tienen contratado un sistema de seguridad con conexión directa a los agentes de la ley.
Nos puede parecer irrisorio pero, ¿qué son en realidad esos letreros digitales que todos los días nos recuerdan en el metro que no dejemos nuestras pertenencias fuera de nuestro alcance? ¡Por supuesto, para nuestros oligarcas medidas de prevención y seguridad antiterrorista! Pero, ¿quién dejaba antes del 11M su bolso, mochila, riñonera, monedero o bolsa de plástico en mitad del vagón?
Hace algún tiempo también, no recordamos cuánto tampoco, el novelista inglés George Orwell escribía una metáfora futurista con fecha concreta: "1984". En esta novela pronosticaba la presencia de video-cámaras en nuestra vida cotidiana. Años más tarde, y a posteriori de otros países, llegaba al Estado español esta "innovación" en forma de reality-show, para mantener "entretenidos" a unos cuantos, y que otros "se sacasen un dinerillo". En realidad se trataba de un modelo de telebasura que embotaba a los telespectadores, retirando de sus sistema cognitivo todo aquello relacionado con la coherencia, la lógica y la reflexión, se podría definir como una especie de barricada para no pensar. No obstante, era posible apartarlo de nuestro repertorio cotidiano, se podían buscar otras alternativas, hasta el punto que lo hemos ignorado de tal forma que nos han colado el reality-show, no en nuestras pantallas, sino en nuestras vidas, en nuestros centros públicos, en nuestros centros formativos, en nuestros medios de transporte, y ahora no sólo para entretenernos, sino para protegernos. ¡Mentira! Todo este montaje es para que temblemos de miedo pensando que el enemigo está entre nosotros y nosotras, para sembrar la desconfianza y evitar la unión que en otros tiempos al menos consiguió la sublevación: 18 de marzo de 1871, 1 de mayo de 1886, 25 de noviembre de 1960… (Comuna de París, Mártires de Chicago, crimen trujillista contra las hermanas Mirabal, respectivamente).
Fue otro novelista inglés, Aldous Huxley, quien escribió también una metáfora futurista ("Un mundo feliz") donde no tenía cabida el desarrollo integral del individuo, y la sociedad se dividía en castas. A una de las que hacía referencia, en la etapa neonatal, le exponían de forma simultánea ante un conjunto de libros, sonidos melódicos y luz natural. Cabe pensar que ante este tipo de estímulos estos neonatos podrían ser mañana los señores y señoras intelectuales de la sociedad, sin embargo, una vez más habría que tener en cuenta que el populacho es más numeroso que unos cuantos neoliberales, por lo que las medidas a desarrollar habrían de ser demagógicas y democráticas. A esta casta denominada privilegiada se le dotaría de posibilidades para viajar, acudir a cines y teatros, cursar estudios universitarios y de postgrado llevando una vida de estudiante sosegada, con el fin de que ante la salida al mundo laboral se incluyeran en la cabecera de las listas competitivas que les permitiera acceder a excelentes cargos laborales y así continuar realizando la relación de cultura-estímulo agradable.
A otra de las castas a las que hacía referencia Huxley, también desde la etapa neonatal, se les exponía ante un conjunto de libros, pero estos de forma simultánea se encontraban con un ambiente lúgubre y sonidos estridentes. Son los denominados no privilegiados, que han desarrollado el rol de contentos ante la paga semanal, con la cual si vas al cine el domingo, no sales a compartir conocimientos el sábado con los coetáneos, o bien optas por alcanzar con tu paga el viernes y el sábado, un estado de embriagadez que no sea necesario acudir el domingo al cine, porque antes de empezar el fin de semana tienes garantizado el género de la película: tragicomedia. El teatro, los libros y los conciertos pueden pasar a ser el maná conseguido en materia prima en festividades navideñas y en celebridades de aniversario de nacimiento, y los viajes… quizás sea mejor dejarlos para una etapa más madura de la vida, en la que puedas extraer enriquecimientos mayores, y por supuesto no tengan que correr con los gastos tus progenitores, pero entonces tú tampoco podrás porque estarás enfrascado en el maravilloso mundo de la macrohipoteca, aunque para ello el Estado en coordinación con el Capital, organizarán viajes del Imserso a Benidorm, en la etapa de la jubilación.

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La multinacional vaticana

Propongo tomar a la Iglesia católica como lo que verdaderamente es. Una enorme multinacional. De hecho es posible que tengamos que considerarla la multinacional primigenia, pues su implantación planetaria se adelantó unos cuantos siglos a las grandes empresas mercantiles. Y sin duda sus pautas organizativas han sido copiadas, o han servido de aprendizaje y reflexión a las grandes mentes de la economía de la empresa (al igual que muchos estrategas militares modernos aprendieron de la experiencia de Julio César o Napoleón).
El movimiento antiglobalización tiene a las corporaciones transnacionales como uno de sus enemigos principales. Luchar contra ellas es hacer frente a la desmesurada concentración de poder que atesoran sus dirigentes y a los efectos negativos que genera su búsqueda, a toda costa, del enriquecimiento. La responsabilidad de estas grandes empresas es diversa, en función del tipo de actividad que desarrollan pero, en todo caso, su impacto es importante.
Hace pocos días, un experto internacional en márketing entrevistado en las páginas de La Vanguardia (de España) ponía el ejemplo del Vaticano por su capacidad de generar una marca local, con su olor, su música, sus rituales... entrando por los cinco sentidos. ¿Qué otra cosa sino propaganda son los excesos dorados del barroco, claramente opuestos a la austeridad protestante?
Si algo diferencia a la Iglesia del resto de multinacionales no es su organización compleja, su afán de expansión universal, sino el tipo de actividad en la que pretende alcanzar la hegemonía. No es que la Iglesia desdeñe la riqueza (aunque su discurso sobre la pobreza pueda parecer lo contrario), sino que ésta se sitúa en un plano más accesorio. Su objetivo principal no parece ser otro que conseguir el control de los comportamientos individuales, especialmente en aquellos aspectos más íntimos como el de la sexualidad o el control de la vida.
Su conocida misoginia no resulta baladí. El control de la sexualidad, la reproducción humana y la vida está en el centro de la lógica del patriarcado. Y la Iglesia católica es, al menos en las sociedades donde está implantada, uno de los pilares básicos del patriarcado. Basta comparar la laxitud y benevolencia con que la jerarquía eclesiástica aborda otro tipo de "pecados" (en especial la codicia) con el comportamiento radical con el que actúa cuando se trata de temas como la familia, la homosexualidad, o la eutanasia. Ahí no hay margen para los matices. El anatema suele ser fulminante. Excepto cuando los "pecadores" son los miembros de su propia burocracia, a los que se les toleran pederastias y otros excesos a cambio de mantener el dogma. Porque para la Iglesia lo crucial es mantener una fuerte presencia en los espacios donde se genera ideología, como es la escuela o los medios de comunicación.
El Vaticano está agitado. Son malos tiempos para promover la abstinencia sexual y decirle a la gente cómo debe morir. Hace tiempo que la Iglesia perdió la batalla con la ciencia y ésta ha dotado a la humanidad de medios que permiten un cierto control sobre decisiones vitales. No es casualidad que algunas sectas religiosas vuelvan a la carga con pseudoteorías como el creacionismo para minar la fuerza de un enemigo ancestral. Aunque resulte paradójico, el consumismo capitalista ha jugado también su papel, al promover un modo de vida en el que la busca del placer a corto plazo, la promoción del "todo es posible en el mercado", y la oferta de que es posible evitar el sufrimiento influyen sobre las percepciones y los comportamientos humanos. Por eso la Iglesia tiene un discurso anticonsumista. Y por ello los críticos al capitalismo debemos hilar fino en este campo, evitando la seducción de un falso aliado. Hay que combatir el despilfarro y la desigualdad inherentes al modo de vida del capitalismo maduro, pero ofreciendo respuestas que verdaderamente permitan a la gente gestionar su propio devenir vital.
Y sin duda han sido las largas luchas emancipatorias de la humanidad, las demandas igualitarias de hombres y mujeres las que más han hecho por minar el insoportable cerco represivo con el que la burocracia eclesial ha intentado moldear el devenir individual. De ahí que todas las ideologías y todos los movimientos que han tratado de articular este esfuerzo emancipador (liberalismo, comunismo, anarquismo, feminismo, movimiento homosexual, etc.) hayan padecido en algún momento la feroz respuesta del aparato católico. No parece que a largo plazo esta reacción haya tenido éxito, como lo expresa el dato irónico de que es en los países del sur de Europa, los tradicionalmente "católicos", donde los comportamientos demográficos están más alejados del ideal de la procreación incontrolada que defiende el Vaticano.
Reconocer a la Iglesia católica como una multinacional peligrosa no supone situar a todos los creyentes en el mismo saco. Como toda gran construcción moral, la religión católica permite lecturas muy diversas y bajo la misma se arropan personas de distintos talantes. Y no es por tanto difícil encontrar en ese contexto tanto a personas verdaderamente comprometidas con la libertad y el bienestar humanos como a individuos que buscan un camino personal en, por ejemplo, las experiencias místicas. Muchas de estas personas han sido esenciales en los procesos de emancipación humana. Pero resulta patente que a menudo han sido estas personas las primeras que han experimentado en carne propia las reacciones represivas de su propia curia. Basta leer la historia de algunos de los grandes místicos españoles o analizar lo ocurrido con las figuras más prominentes de la "teología de la liberación".
Hoy la Iglesia vuelve a estar de cruzada. Éste y no otro es el contenido de los principales discursos de Ratzinger: conseguir que la religión vuelva a estar en el centro de la política. Empezando por introducir la "esencia cristiana" en la Constitución europea. Y sobre todo realizando implacables movimientos en aquellos países donde se están adoptando medidas que atentan a sus intereses. La reciente crisis del Gobierno italiano se explica en parte por los movimientos de senadores afines a la Iglesia. Y el principal resultado de la crisis no ha sido otro que eliminar del calendario legislativo un cambio en las leyes sobre matrimonios. En España esta intervención es directamente obscena, con una emisora de radio como la COPE que defiende abiertamente posiciones antidemocráticas un día sí y el otro más.
La insoportable presión antidemocrática del Partido Popular tiene sin duda razones diversas, la principal la recuperación del gobierno. Pero uno de sus componentes más evidentes son los intereses de la Iglesia (que constituye además uno de los medios de enrolamiento al partido) en temas como la regulación del matrimonio, la presencia de la religión (católica por supuesto) en la escuela, su propia financiación o la regulación de la eutanasia. La movilización de la Iglesia ya le ha permitido sacar buenas tajadas, como el nuevo esquema de financiación pública, el generoso mantenimiento de la escuela concertada, o el mantenimiento del control sobre los profesores de religión (sentencia del Tribunal Constitucional incluida). Pero como al resto de multinacionales esto le parece poco y va a más. En el fondo, lo único que frenaría este empuje reaccionario sería la consecución de algún sistema de nacionalcatolicismo en el poder similar al de los clérigos chiítas de Irán, o al de cualquier otro país donde la burocracia religiosa controla aspectos esenciales de la vida política.
Hoy la multinacional vaticana se erige como una de las mayores amenazas a las libertades. No sólo por las ideas que propugna. También por pactar interesadamente con quienes dinamitan cualquier avance democrático. Su crédito es en parte posible por la tibieza y el temor de sus oponentes. Al menos desde los años setenta, la izquierda no ha sido abiertamente laica. Quizás porque en los años finales del franquismo todos debíamos gratitud a los muchos curas que a menudo con mucho valor nos prestaban infraestructuras básicas para la acción clandestina. O por el simple hecho de que mucha gente de la izquierda provenía de corrientes cristianas progresistas con las que seguía manteniendo vínculos. O simplemente porque este fue otro de los grandes temas que quedó aparcado en busca de tiempos mejores. Pero hoy, que muchas de las demandas "morales" de la sociedad son básicamente laicas y que la Iglesia católica está jugando un papel de primera línea en el ataque a las libertades, resulta imprescindible recuperar la exigencia de la separación Estado-Iglesia, de defender en todos los terrenos unos derechos que nos protejan del poder de una de las multinacionales más poderosas y persistentes.

Alberto Recio Subir


Encapuchados

Hace años participé en una manifestación antifascista en Madrid en respuesta a lo del 20N. Para mí simplemente era una excusa para ver a mis amigos que venían desde otros lugares. Aquel año todo era igual que otros años: multitud de color y de siglas, estábamos todos, pero también estaban los de la litrona, los de la faja hasta los ojos. A diferencia de otras veces, a la mitad del recorrido se desconvocó. Los organizadores empezaron a recorrer toda la manifestación comunicándolo a los asistentes. Ante tal barullo, mis amigos y yo decidimos irnos de cañas, que era más provechoso que seguir en una rara situación. La verdad es que no sabíamos los motivos por los que la Coordinadora Antifascista (que creo eran los que convocaban) había dado ese paso. Nosotros nos fuimos pero muchos intentaron seguir por su cuenta y por otras callejuelas.
Felizmente, nos metimos por el madrileño barrio de Lavapiés y entramos en el primer bar que estaba abierto, hacía años que no nos veíamos y teníamos ganas de contarnos la vida. Todos habíamos sido compañeros de fatigas pero habíamos seguido caminos distintos. Era un buen momento para reencontrarnos. Nos lo estamos pasando bien cuando al rato empezamos a escuchar unas voces y unos cánticos. Al tal bullicio nos asomamos para ver lo que pasaba con la ingrata sorpresa que desde la calle de arriba venían unos energúmenos con la cara tapada rompiendo mobiliario urbano. Delante nuestro quemaron un contenedor de basura al ritmo de la Varsoviana. Imaginaos qué cara se nos puso a nosotros, también anarquistas, ante tal panorama y al ver el caos que estaban organizando otros supuestos anarquistas. Al poco tiempo toda la calle era un desastre, una cortina de humo negro infectó a los vecinos. Los inmigrantes no sabían dónde meterse, ya que por esas fechas estaba recién vigente la nueva Ley de extranjería.
Al mismo tiempo los antidisturbios aparecieron con sus bocachas. Lavapiés fue tomado por la policía. Pasó de ser un domingo tranquilo y soleado a ser un esperpento. Mi gran pregunta: y todo, ¿para qué? ¿Qué consiguieron esos energúmenos? ¿Qué es lo que querían demostrar o conseguir?
Al poco tiempo me enteré de que ese mismo día detuvieron a tres o cuatro chavales menores de edad. Muchos podrán decir que fueron víctimas de la represión policial; desde mi punto de vista fueron víctimas de ellos mismos y de la ignorancia. Entonces, desde ese momento, lucho contra la ignorancia dentro en nuestras filas y en el movimiento social. Siempre he pensado que sociológicamente el fascista es un ignorante, por eso me da pena ver que muchos de los que dicen ser compañeros son tan ignorantes como los fascistas.
Cada vez que veo a los que dicen que son mis compañeros hacer el vándalo, taparse la cara en las manifestaciones o en los actos públicos como si estuvieran cometiendo un atraco, a beber litronas como en los bares, me dan pena. Me da pena que un acto legitimo como es manifestarse se convierta en ilegítimo. No entiendo, ¿por qué se tapan la cara y terminan rompiendo escaparates? No entiendo que en un acto de libertad y de expresión se tengan que tapar la cara. ¿De quién se esconden? Muchos podrán alegar que no quieren ser reconocidos, entonces, ¿por qué te manifiestas? ¿Por qué haces una cosa legal cuando lo que quieres hacer es otra ilegal? ¿Acaso piensas que no saben quién eres? ¿Acaso no sabes que desde que sales de casa hasta que entras te están grabando constantemente?
Por eso me da pena, porque convierten la libertad en algo borroso y, lo peor, hacen que la lucha pierda dignidad.
Eso mismo es lo que ha pasado en la manifestación del Primero de Mayo en Guadalajara: gracias a unos energúmenos se ha empañado la imagen de la dignidad libertaria. Aprovechándose de la convocatoria de la CNT han hecho alarde de su ignorancia para acabar siendo los más cobardes y vándalos de toda La Alcarria. Lo que no han logrado ni la policía ni los medios de comunicación ni siquiera los fascistas (que habían convocado una manifestación en el mismo lugar y a la misma hora) lo han conseguido unos vándalos. Dicen que son anarquistas, pero ¿qué compañero que se precie puede reventar un acto convocado por otros compañeros? ¿Qué clase de compañero es el que va a un acto libre con la cara tapada, como quien va a robar un banco? Creo que quien actúa así es un autoritarios fanático al que no le gusta que le marquen la línea de actuación (a nosotros tampoco) pero que luego te marca las suya.
Quiero dejar bien claro que la anarquía es creación y no destrucción. Que la anarquía es comunicación y no imposición. Que la anarquía es respeto y no vandalismo. Que la anarquía es orden y no caos. Que la anarquía es libertad y no imposición. Que la anarquía es ciencia y no ignorancia. Que la anarquía es responsabilidad y no pasotismo. Que la anarquía hace a las personas dignas y no miserables. Estos principios son tan simples que cualquiera que se precie de ser ácrata los debe tener en cuenta.

S. O.


Violencia y más violencia

Cuando la acción directa se convierte en violencia:
Se dejan atrás las ideas,
se destruyen los fundamentos
y se olvidan los argumentos.
Se imposibilita el análisis crítico,
se pierde la conexión con la realidad
y la realidad desconecta con el movimiento.
La traición y la desconfianza encuentran sustento,
la persecución se vuelve ciega
y las bases están en el punto de mira.
Todo el trabajo anterior pierde su sentido,
la destrucción se multiplica en nuestro entorno
y llegan el desorden y el caos a nuestras vidas.

Cuando la violencia se convierte en acción directa:
Llegan el desorden y el caos a nuestras vidas,
la destrucción se multiplica en nuestro entorno
y todo el trabajo anterior pierde su sentido.
Las bases están en el punto de mira,
la persecución se vuelve ciega
y la traición y la desconfianza encuentran sustento.
La realidad desconecta con el movimiento,
se pierde la conexión con la realidad
y se imposibilita el análisis crítico.
Se olvidan los argumentos,
se destruyen los fundamentos
y se dejan atrás las ideas.

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Interrogantes sobre el concepto "desaceleración"

El concepto desaceleración está de moda. Pretende volver a cuestionar nuestros modos de producción y de consumo con el fin de resolver la cuestión medioambiental y, en consecuencia, mejorar nuestras vidas e incluso salvar el planeta. ¿Y quién no? Pero adoptar una palabra sin ver lo que encierra en su profundidad es dar un paso corto. El concepto de desaceleración se opone al de crecimiento. Se trata de acabar con éste, y de proponer hacer otra cosa. ¿Qué es entonces el crecimiento económico?
El crecimiento económico se define por lo general como el aumento de la producción económica o, si se tiene en cuenta la demografía, como el aumento de producto por habitante. Esta es la concepción que propone el economista Rostow a partir de los años cincuenta. En sentido estricto, el crecimiento económico no se confunde con el desarrollo económico, que supone además una mejora en los sectores no productivos. Desde los años cincuenta, los debates no han cesado de interrogarse sobre la relación entre crecimiento y desarrollo, sobre cuál de los dos debe preceder al otro y sobre en qué medida uno u otro constituye una condición necesaria o suficiente.
No hay que olvidar que varios economistas, como Joseph Schumpeter o François Perroux, marcaban bien la distinción entre las dos nociones y los dos procesos y, sin conformarse con un enfoque puramente cuantitativo de la economía o de la sociedades, Schumpeter, por ejemplo, célebre por su teoría de la "destrucción creadora" (se creía que era de Bakunin…), ya había indicado que el crecimiento no era la multiplicación del número de velas, sino su sustitución por la electricidad.
La desaceleración supone, por tanto, en oposición al sentido estricto e inicial a la definición de crecimiento, una reducción de la producción económica. Dos cuestiones se plantean entonces: ¿Es obligatoria? ¿Es deseable?
Y a la inversa, ¿es necesario el crecimiento entendido como aumento de la producción? ¿Es posible? Porque en los razonamientos de la mayor parte de los teóricos de la desaceleración la respuesta es negativa, ya que el crecimiento no sería ya físicamente posible vistos "los límites del planeta".
Hay, por tanto, que abordar los dos aspectos de la necesidad y de la posibilidad. La respuesta debe también considerar la cuestión de las necesidades y los recursos, adoptando una postura en relación con los problemas concretos del presente y del futuro próximo (1).

La necesidad de evaluar las necesidades
Las necesidades humanas son grandes: esenciales (las biológicas) a la vez que infinitas (las que proceden de la realización de uno mismo, de lo artístico, lo estético, lo imaginado…). La consideración asociada a estos dos aspectos constituye una de las diferencias fundamentales del anarquismo respecto a los demás socialismos y religiones, que ponen freno a las potencialidades de la realización humana. El anarquismo considera, por el contrario, la relación crucial, el campo en que eso que se desea pueda ser realizable. Este enfoque constituye uno de los escollos históricos para los que habitualmente aducen que la anarquía no es posible, y colocan a los anarquistas, con conmiseración en el mejor de los casos y con violencia en el peor, en el rincón de la utopía, sobreentendiendo con ello de lo irrealizable.
El socialismo, en cuyo seno se coloca históricamente el anarquismo, constituye una ruptura con los antiguos regímenes porque se niega de forma decisiva a dejar a las sociedades conducirse según los caprichos de la naturaleza o de los soberanos. Rechaza la fatalidad biológica o social, quiere que la humanidad dirija su propio destino y sus asuntos. Se comprende que eso desagrade a los dirigentes, pero también a los eternos profetas de la desgracia, a los catastrofistas de ayer, a los curas, pastores o mulás que prometen el apocalipsis o el paraíso en otro sitio, siempre que no se trate de la Tierra.
Bajo esta base socialista, el anarquismo tiene la preocupación de acoplar la evaluación de las necesidades y de la satisfacción de éstas sobre una base racional, científica incluso, no temamos esa palabra. Se distingue de las promesas gratuitas y demagógicas del socialismo parlamentario o bien del "ya veremos mañana" del comunismo marxista que, podemos verlo en los textos de sus fundadores, no indica nunca los marcos de la sociedad futura que se plantea. Esta es sin embargo una de las obsesiones de Elisée Reclus o, mejor aún, de Piotr Kropotkin, que nos recuerda "la gran pregunta es ¿qué debemos producir y cómo?" (2).
Aunque el mundo haya cambiado desde Kropotkin, no se ha hecho "post-industrial" como pretenden abusivamente los ideólogos de la postmodernidad, sino, por el contrario, "hiper-industrial". No se trata de exhumar a nuestros antepasados, sino de retomar y actualizar sus razonamientos. "Olvidar" como hacen casi todos los teóricos de la "desaceleración" (en Francia, Serge Latouche, François Ramade, Paul Ariès, Pierre Rabhi, Nicolas Ridoux…), la existencia histórica de ese razonamiento, en absoluto neutral, y merecedor de una examen serio (3).

Las necesidades materiales
¿Cuáles son las grandes necesidades materiales de la humanidad en la actualidad y en un futuro próximo? Son considerables. En lo fundamental, la alimentación, el alojamiento y las comodidades de la vida, muy numerosas, en primer lugar porque los seres humanos son también muy numerosos.
Se puede lamentar que sea así de numeroso todo, pero esa es la situación. A menos que recurramos a soluciones misántropas radicales consistentes en desear hambres, guerras y epidemias para expurgar el planeta de su exceso demográfico (4). Dicho sea de paso, los que consideran que somos demasiado numerosos no han propuesto nunca ser los primeros en desaparecer, sino que son los demás los que deberían sacrificarse. La postura lógica y clásica de los jefes y del clero.
Según estimaciones de la FAO, entre treinta y cincuenta millones de personas sufren hambra aguda, y cerca de ochocientos millones malnutrición (5). Según las proyecciones de la sección demográfica de la ONU, la población mundial pasará de los seis mil millones actuales a una cifra comprendida entre siete mil trescientos y diez mil setecientos millones para 2050; el cálculo más problable son ocho mil novecientos millones.
Desde Malthus la demografía es un desafío político e ideológico, el pretexto para los políticos antihumanos más radicales a la misantropía y al catastrofismo. Después de todo, Malthus fue una respuesta al igualitarismo social del anarquista Godwin y al progresismo de Condorcet. Proclamaba desgracias para los pobres, imponiendo la imagen -falsa- del banquete en el que no hay sitio para todos, y equivocándose en cuanto a la oposición entre progresión aritmética de las subsistencias y progresión geométrica de los recursos (6).
Las catástrofes de la demografía facilitan los pronósticos alarmistas, que han resultado generalmente erróneos. En 1964, un tal Gaston Bouthoul escribía lo siguiente: "El mundo actual contiene tres mil millones aproximadamente de seres humanos, de los que dos mil están infraalimentados. Así, según las tasas actuales de crecimiento mundial, en el año 2000 habrá seis mil millones de habitantes en el planeta, de los que no se podrá alimentar a tres mil millones".
Ese Bouthoul, que se autoproclamaba demógrafo, aunque en realidad era un especialista en conflictos militares, no se equivocó en la cifra de seis mil millones, que es la cifra actual. Pero sí erró sobre el resto: no son tres mil millones los individuos sin alimentar, sino ochocientos mil millones (lo que no deja de ser demasiado, añadimos). Como vemos, es un error de bagatela, de un 400 por ciento. La revolución verde, por mucho que se diga o se piense, tiene mucho que ver. En cuanto a la previsión de veinte mil millones de habitantes de aquí al año 2100 según el propio Bouthoul, es un poco inverosímil. La transición demográfica está bien encarrilada, incluyendo los países del tercer mundo.

El ejemplo del agua potable
Con casi nueve mil millones de individuos en cuarenta años, las necesidades humanas están y estarán en crecimiento. Podemos olvidar el mundo futuro: ya está aquí.
Tomemos un ejemplo. Según ciertas estimaciones, entre un tercio y la mitad de los africanos no tienen acceso al agua potable en nuestros días. Eso representa varios millones de personas. Partamos del principio de que esos millones de individuos deben beneficiarse de ese acceso, y de paso, de unos buenos desagües que permitan reducir la suciedad y las enfermedades. Reconozcamos al menos la idea de que esos individuos aspiren a esto; y no empleo la palabra confort, excepto si consideramos que es formidable para la humanidad extraer agua, a menudo de mala calidad y a veces a varios metros de distancia del hogar. Los que añoren ese tipo de vida pueden probar.
Para abastecer a esos millones de personas con agua potable y darles desagües, hay que reunir agua. Eso es posible porque los recursos hídricos son potencialmente importantes. La humanidad no aprovecha actualmente más que un veinte por ciento de las precipitaciones. Queda por tanto un buen margen de recursos hídricos, incluso teniendo en cuenta las variaciones según las regiones, incluyendo África (7). El agua no es escasa, es su reparto, su utilización o no utilización lo que plantea el problema.
Captar el agua y encauzarla hasta las casas es posible en África. Para ello hacen falta presas, canales, conductos, tuberías, lavabos, grifos, y cemento, hormigón, ferralla y acero a toneladas. Para obtenerlos, habrá que producir, abrir canteras y minas, construir fábricas, alimentarlas, conducir los materiales y, por tanto, hacer carreteras, camiones, etc. Dicho de otro modo, habrá que aumentar la producción -no bastará con reciclar los útiles de los países ricos, por no hablar de la condescendencia que significa- hará falta el crecimiento.
Entendámonos bien: hablamos de crecimiento en el sentido primero del término, que hemos recordado antes, no al referido al modo de produccion y de consumo (reparto). No hay que confundirlos.
Si este razonamiento desagrada, no seré yo quien vaya a explicar a los africanos (o a otros…) que los habitantes de los países ricos no quieren, en nombre de la desaceleración, que tengan acceso al agua potable y a desagües (y a otras cosas fundamentales).

Necesidades crecientes
Satisfacer las necesidades de miles de millones de individuos significa que hace falta más arroz, más trigo, más mijo, patatas, soja y lácteos. Y más cemento, hormigón, ferralla, cables, tuberías. Y más escuelas, centros de salud, hospitales. Sí: más de todo.
Evidentemente, se podría construir de otro modo, evitar los obstáculos, hacer más economías, utilizar las energías renovables (fabricando además aparatos capaces de alimentarlas) o multiplicar las precauciones (pero los aislamientos, por ejemplo, exigen también materiales), desarrollar una agricultura que no arruine los suelos ni las capas freáticas, soluciones múltiples que no son necesariamente ubicuas y que deberán adaptarse a las posibilidades del lugar. Ya hay arquitectos que utilizan materiales interesantes (como el bambú), que conciben sistemas habilidosos (solar, recuperación del agua de la lluvia…) o que fabrican incluso un buen hormigón.
Producir mejor, más inteligentemente, sin estar sometidos a la lógica del beneficio o a los dictados de la tecnoburocracia, repartir de modo diferente, igualitariamente, sí, pero también producir más.
Repartir lo que ya existe no será bastante, hay que decirlo claramente. Distribuir lo almacenado sólo paliará provisionalmente las necesidades. Eliminar los derroches, racionalizar los usos de las materias primas y de energía, parece poco para nueve mil millones de individuos. Ocupar las viviendas vacías no resolverá la cuestión del alojamiento. Sólo en Francia, se cifra en 300.000 el número de viviendas sociales que son necesarias para construir en un año.
Eliminar las chabolas del mundo entero, renovar los inmuebles y las casas, dar acceso al agua corriente, a los desagües, a la electricidad, construir presas (incluso pequeñas) para recoger el agua, estaciones depuradoras para devolverla limpia, todo ese exige y exigirá esfuerzos enormes. Dicho de otro modo, hay que producir más. Y eso es lo que, precisamente, denuncian los defensores de la "desaceleración", que consideran que hay que producir menos.
Reducir el tráfico de automóviles, promover los transportes colectivos o la bicicleta, no construir más puertos o aeropuertos ¿por qué no? Pero con la condición de que los recursos disponibles para satisfacer las necesidades vitales estén disponibles para los que están al lado, lo que suscita varios problemas:
-Queda por demostrar, y todavía no es posible: las plantas tropicales, por ejemplo (algodón, cacao, hevea, caña de azúcar, café…) son cultivables bajo… los trópicos, pero no bajo latitudes menores, a menos que se utilicen invernaderos (lo que plantea la cuestión de su construcción y su climatización).
-Cuando es posible, significa que hay que roturar, abrir nuevos campos, modificar los ecosistemas (que no son naturales en las latitudes medias, porque son el resultado de roturaciones milenarias, al igual que en los trópicos, donde la sabana es resultado de los incendios provocados por los hombres desde la noche de los tiempos).
-Queda siempre la cuestión de la conducción: transporte, carreteras, motores…

La cuestión de los límites
Las respuestas a este gran número de necesidades por parte de los defensores de la "desaceleración", así como por parte de la casi totalidad de los ecologistas, es decir que "el planeta está agotado", que "los recursos son limitados", resumiendo, que es imposible satisfacer las necesidades en cuestión. Uno de los argumentos consiste en decir que si todo el mundo viviera al mismo nivel que los Estados Unidos (o Francia, o Japón, etc.), harían falta al menos tres (o varios) planetas. Una constatación apriorística inapelable.
Sin embargo, hay que examinar esto de forma seria. Dejemos a un lado las estimaciones, que varían según los interlocutores y las épocas. Pero, a pesar de mis investigaciones, yo no he encontrado nunca un modo de calcular que permita llegar a esos resultados, lo que plantea un problema. Y no obstante, el razonamiento sigue siendo el mismo.
Podemos constatar que se abandona un aspecto importante: sin duda los países industrializados y desarrollados consumen mucho más que la mayor parte de los otros, pero lo que fabrican -gracias a materias primas y energías importadas, sin duda, pero también producidas por ellos- es exportado ampliamente, y consumido en el mundo entero. Sobre ese comercio internacional se ha construido su riqueza. Dicho de otro modo, la producción y el consumo no son unilaterales y están muy imbricados. Lo que un país pobre empezara a producir y a consumir por sí mismo vendría a sustituir, en todo o en parte, los bienes que le proporciona actualmente un país industrializado, que así produciría menos y utilizaría por tanto menos recursos. Entonces habría que volver a hacer el cálculo…
En realidad, respecto a las evaluaciones de los recursos y los límites del planeta reina la mayor de las confusiones. Las cifras son raramente verificadas, los modos de cálculo casí nunca son explicados. Mientras que las estadísticas de numerosos países son sospechosas (China, Rusia, África…), tampoco se sabe siquiera cuántos habitantes viven en Córcega, ni se puede prever con exactitud el tiempo que hará de aquí a una semana, muchos no temen endosarnos cantidades de cifras, retorcerlas y, a partir de ellas, lanzar pronósticos sombríos de manera perentoria y pseudocientífica.
Por ejemplo, los recursos fósiles, no renovables por definición, se mezclan con los recursos renovables. La cuestión del agua (recurso renovable) es ejemplar al respecto. Se trata de un desafío fundamental en todas sus dimensiones (alimentaria, sanitaria, agrícola, ecológica, geopolítica…). Como hemos visto, la humanidad sólo utiliza aproximadamente un veinte por ciento de las aguas que proceden en su estado actual de las precipitaciones, lo que no impide a algunos decir que al planeta le falta agua. Algunos habitantes, numerosos, carecen de agua, es cierto, pero el planeta no: matiz importante. Según el primer punto de vista, se considera el agua como una cuestión social, de justicia económica. Según el segundo, se la reduce a una cuestión puramente ecológica, lo que permite servirse del miedo, enmascarar las verdaderas responsabilidades y, por tanto, proponer soluciones falsas.

Del desliz semántico a la deriva política
El concepto de "desaceleración" tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Es útil cuando se trata de denunciar los derroches, las producciones inútiles, los instrumentos inservibles, los trabajos superfluos, la carrera de las políticas económicas. También a la hora de cuestionar la política impulsada por Estados Unidos y sus expertos tras la Segunda Guerra Mundial para "desarrollar" los países del tercer mundo con el fin de que no cayeran en manos del comunismo.
Por el contrario, no lo es desde que nos interrogamos sobre el significado pleno y profundo de la palabra, sobre la lógica última que encierra, sobre algunas de sus implicaciones económicas y sociales, sobre la orientación política de sus creadores.
En el ámbito de la "desaceleración", como en otros ("sociedad de consumo", "equilibrio natural", "superpoblación", "huella ecológica", "límites del planeta") sigue siendo necesario interrogarse y guardar una retaguardia crítica: para evitar el abuso (aquí como en todas partes), para actuar mejor sobre el presente y preparar mejor el porvenir. También es importante tener a la vista los objetivos.
Entonces ¿cuál es la finalidad del anarquismo sino ser una respuesta a la cuestión social? Postula una satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de la humanidad con el fin de que los individuos realicen su emancipación según sus afinidades. Dicho de otro modo, una articulación de lo colectivo y lo individual, por una relación liberada del poder y de las restricciones materiales, si es posible o en lo posible.
De dos cosas, una: o el movimiento anarquista reivindica la necesidad de responder a las necesidades humanas, de producir más y mejor, de repartir de modo igualitario los bienes, o bien la rechaza. En ese caso, que se lo explique a los millones de desfallecidos de hambre y a los pobres.
Y si no, podrá preguntarse por qué hace treinta años el lema correcto de "producir y consumir de otro modo" se ha convertido en "viva la desaceleración" (un desliz que no es sólo semántico sino también, subrepticiamente, político) porque los principales teóricos de la desacelaración evitan en lo posible hablar de anticapitalismo, desdeñando soberanamente el anarquismo, sus cuestionamientos y su historia. Plantear la cuestión es ya responderla…

Philippe Pelletier Subir

Notas:
(1) Dejemos de lado los problemas de método y de interpretación suscitados por el modo de cálculo del crecimiento o de la desaceleración. De todos modos, rompiendo el termómetro no vamos a hacer bajar la fiebre.
(2) Piotr Kropotkin (1910), Campos, fábricas y talleres o la industria combinada con la agricultura y el trabajo intelectual con el trabajo manual, prefacio de la primera edición inglesa. El dar el título completo del libro permite recordar la ambición del autor en toda su dimensión.
(3) No tengo espacio suficiente para hacerlo aquí. Ya habréis adivinado que no se trata de un verdadero "olvido", sino más bien de una postura política (en el sentido amplio), que no está por delante del anarquismo, sino todo lo contrario.
(4) Recordemos que los ecologistas radicales de Earth first!, por ejemplo, han saludado al sida como "una solución necesaria al problema de la superpoblación" (Christopher Manes) y que ante la hambruna de Etiopia "lo peor que podríamos hacer sería aportar ayuda, pues lo mejor sería simplemente dejar a la naturaleza encontrar su propio equilibrio y dejar a la gente de por allá morir de hambre" (Dave Foreman). Es cuanto menos destacable que la posición de los ecologistas radicales norteamericanos se acerque a la posición capitalista liberal clásica del "laissez faire" adoptada por los dirigentes norteamericanos. Eso da lugar, por lo menos, a la reflexión.
(5) El criterio es el de menos de 2200 calorías por día por persona.
(6) Hervé Le Bras (1994), Les limites de la planète, mythes de la nature et de la population, ha hecho un desmontaje científico en toda regla de las teorías de Malthus (que no hay que confundir con el término mal elegido de neo-malthusianismo).
(7) Las precipitaciones y los recursos de agua pueden aumentar de sobra si se admite la teoría del calentamiento global, porque la humedad, el vapor de agua y las precipitaciones están condicionadas por el calor.


Ley Sálica

En primer lugar, voy a plasmar unas pequeñas pinceladas de sucesión de la genealogía borbónica.
Fernando VII - Isabel II - Alfonso XII - Alfonso XIII - Juan de Borbón - Juan Carlos de Borbón - Felipe de Borbón - ?
Tras esta puntualización cabe la posibilidad de que surjan dos críticas, entre otras: tratamiento anodino de sucesión monárquica o, qué coño importa el nombre de los verdugos del momento, precedentes y sucesores.
La primera crítica me provoca indiferencia, ya que para mí el verdadero "glamur" está en compañera y no en la soberana gilipollez de excelentísimo, don o señor. Y, a la segunda, respondería que esto es una breve alusión histórica para abordar la Ley Sálica, por muy anacrónico que pueda parecer.
A principios del siglo XIX, Fernando VII llevó a cabo la abolición de la Ley Sálica, la cual impedía a las mujeres heredar el trono, para que así fuera su hija, Isabel II, la que accediera a la cúspide de la pirámide, y no su hermano, el infante Carlos, dando lugar a las Guerras Carlistas, con posicionamientos liberales y absolutistas respectivamente.
Sin embargo, ahora, a principios del siglo XXI, la Constitución vigente recoge que, preferiblemente, sea el varón el heredero al trono.
Evidentemente, como ácrata, no reivindico la sucesión al trono de la figura femenina, sino que critico todas aquellas retahílas acerca del liberalismo, hoy llamado progresismo, que han heredado "los Borbones". No obstante, si este punto constitucional fuera modificado, y llegase a ser, la primogénita de los príncipes de Asturias la "reina" se trataría, como en tiempos precedentes, de una cuestión de permanencia y posesión de poder, y no de un progreso para la mujer, dado que disfrazado de feminismo se estaría perpetuando la opresión de unos sobre otros.
Pensemos que tenemos que avanzar hacia el bienestar de todos y todas, y esto de forma implícita y explícita requiere sustentarse en pilares tales como la equidad, la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad… Pero, quién aboga y lucha por ello… ¿La Constitución? ¿Los Borbones? ¿El pueblo?

Ana Subir


El violín:
una película mexicana sobre los que resisten

Este año, el festival de Cannes ha primado dos películas relacionadas con México: Babel, del mexicano Iñarritu (Amores perros…), que se ha llevado el premio al mejor guión y ya se ha visto en las pantallas francesas. Después, en la categoría "Un autre regard" (Una cierta mirada), la película del realizador Francisco Vargas ha obtenido el premio de interpretación masculina. Podréis admirar en la pantalla la presencia de don Ángel Tavira.
La historia, que dura 98 minutos, transcurre en cualquier lugar de América latina. Podría ser en México, pero nada lo indica de modo seguro. Un anciano, con la mano derecha amputada, sale de la ciudad con su hijo y su nieto. El anciano toca el violín, su hijo la guitarra y el niño recoge las monedillas que les permiten sobrevivir un día más. Sin embargo, viven en un pueblo del que ellos mismos son también campesinos. Pero la miseria los empuja a tocar para un público raro y tan pobre como ellos. Al volver del pueblo, mujeres y niños huyen: llegan los federales en busca de guerrilleros y de guerrilleras, muy presentes en aquellas montañas.
La película ha sido rodada en blanco y negro, para hacer más densa la atmósfera, ensombrecer los rostros y acentuar la miseria y la muerte que encontramos por doquier. En el origen de este proyecto está el libro Aventuras increíbles de un violonchelo, de Carlos Prieto. "La elección del blanco y negro es también una decisión que me permite asociar una dimensión documental a mi película" declara el director. De hecho, los largos planos sobre los rostros inquietos o aterrorizados, los planos en los que se nos ofrece ante los ojos la vida comunal más sencilla, las panorámicas sobre los vastos paisajes rezumantes de desolación… nos dan esa sensación de una obra a medio camino entre ficción y estudio social de un pueblo brutalizado por la miseria y la violencia militar. Por otra parte, F. Vargas dice que la película Los olvidados de Luis Buñuel le marcó.
Esta dimensión realista deseada por el joven cineasta, que firma aquí su primera obra, debe mucho también al hecho de que sólo cuatro de los actores de la película son profesionales; todos los demás son aficionados, conocidos de Francisco Vega, pues todos proceden del mismo pueblo. "La tierra de la que vengo es la misma que la de ellos; en mi película, los guerrilleros, los aldeanos, los federales… han salido del mismo medio, a veces incluso han crecido juntos, y sin embargo han hecho diferentes elecciones. Eso es lo que me fascina". Ese es el motivo de una secuencia que establece un paralelo sorprendente entre los dos ejércitos enemigos que tienen, sin embargo, las mismas actitudes, dictadas por los mismos gritos, con las mismas palabras, las mismas intenciones. No busquemos aquí una película de buenos y malos: esa es una de las dimensiones más fuertes del filme. "No creo que el empleo de las armas permita acceder a la paz y la justicia social, pero comprendo que se tomen las armas porque es la única voz que les queda". De hecho, da que pensar con las situaciones a veces elípticas que ofrecen materia de discusión sobre la orientación del guión.
El papel del violinista en esta película es esencial para comprender la intención del director. "El pueblo y la cultura de donde vengo me han enseñado que la gente mayor es la que tiene el conocimiento y la sabiduría; pero eso se olvida: ¿cómo se considera hoy a una persona que no puede producir a causa de su edad? ¿Cuál será su suerte?" En El violín, don Plutarco es el que resiste mediante la astucia, "tantea" su vida para no someterse, será el que arrojará el último desafío al brutal oficial, pero bajo el encanto de la música que sale de su violín. Esa es una de las conmociones de la película: un anciano ocupa su puesto en la lucha por la vida y contra la opresión, como los jóvenes guerrilleros de las montañas, pero de modo diferente. Se trata de un tema frecuente en el cine latinoamericano contemporáneo, que ilustra, con más o menos éxito, bien es verdad, pero con tenacidad, el tema de la dignidad de los "viejos", de su sed de vivir dignamente entre los otros y a pesar de ellos: Elsa y Fred, Conversaciones con mamá, Al otro lado de la calle. Como podréis ver en la película, la voz de la resistencia a la opresión no se calla nunca… La música no académica interpretada por don Plutarco es también un vistazo a esa cultura musical popular de la que habla Vargas con respeto y a la que rinde homenaje en El violín.
La película, aparecida en salas de Grecia y de Francia (30 copias), se exhibe en España desde el mes de mayo. En México saldrá más tarde, pues las condiciones para orquestar la salida de una película como esta son más complicadas. "Yo esperaba que la película se proyectara primero en el extranjero, que adquiriera cierta notoriedad, antes de exhibirla a los mexicanos". Estamos seguros de que los aldeanos que tanto han trabajado para realizar la película, y don Angel Tavira, hoy en silla de ruedas, apreciarán la llegada de este filme a los mexicanos.
¡Larga vida a Francisco Vargas y al espíritu de resistencia del viejo don Plutarco!

Daniel Vidal Subir


Mayo francés, la pesadilla de Sarkó

En 1968 la primavera de París explotó sorpresivamente insurrecta y, sobre todo, profundamente libertaria. Lo que pasó, siendo ministro de cultura André Malraux, aviador republicano en la guerra civil española, está en las bibliotecas. Casi cuarenta años después, la coincidencia de amplísimos sectores, incluso opuestos, en denunciar aquella revolución como causante de los males que nos asolan demuestra que la propaganda por el aburrimiento repetitivo es eficaz.
La derecha más curil, la que piensa otra vez en canonizar "mártires de la cruzada", ha repetido hasta la nausea sartriana las consignas contra aquella explosión de la imaginación. No soportan la herencia, mundial, de aquellos días, no soportan un Estado laico, ni un país de tradición revolucionaria, no aguantan la antipsiquiatría, ni eso que el Papa inmóvil de las SS llama relativismo. Les molestan las canciones de Leo Ferré o Brassens, la educación antiautoritaria, las libertades individuales. Quieren, ahora, lo ha explicado Sarkozy en campaña, que los niños en las escuelas se levanten al entrar el profesor, que la policía se emplee a fondo en los barrios, que las condenas aumenten. Vieja mercancía, lo de siempre: mano dura, moral, disciplina, sacrificio, esfuerzo, fe.
Quieren, lo han hecho durante siglos, aunque lo nieguen, pegar a los niños insumisos disfrazándolo de "por tu bien", como hacen en la envidiada Inglaterra. Para que aprendan. Para que sepan muy bien quien manda. Nostalgia de aquellas soberbias hostias a mano abierta que nos daban los maestros franquistas (mala polilla les roa el culo) por "salvajes".
Aquellos que no están de acuerdo con semejante barbaridad, quienes piensan que el autoritarismo solo es otra cara de la estupidez y la incompetencia, son hijos del 68, chusma, rojos, anarquistas. Lo peor. Los culpables de la ola de violencia que invade los colegios. Los culpables, sin duda, de Columbine, de las matanzas, ya habituales, en los campus de las modernísimas e irreprochables universidades estadounidenses, refractarias a todo lo francés, congénitamente inmunes a lo "sesentayochista".
Para muchas personas, también en la izquierda, incluso extrema, el mayo francés es algo despreciable: una fiesta de hippies, un pronunciamiento pequeño-burgués, el delirio de los odiosos progres. Ante coincidencias de ese tipo entre enemigos irreconciliables que encuentran un objetivo común, Haro Tecglen solía escribir, para resaltar lo sospechoso de tales consensos, un expresivo nombre propio: ¡Moriarty¡
Aznar y Sarkozy, entre muchos otros cafres de distintas "sensibilidades", tienen en el Mayo del 68 su particular obsesión, su muñeco de vudú, su "explicatodo" de cabecera.
La libertad siempre es culpable a los ojos de individuos capaces de hacer chistes sobre la destrucción de un país o de llamar "chusma" a la población más pobre.
Junto a Sarkozy desfila por la pasarela del cretinismo André Glucksmann, un supuesto pensador que también odia las primaveras y pide el voto para el Aznar francés. Ya se sabe que los conversos son los peores. Este anti-todo lo que huela a mayo era, en 1968, nada menos que maoísta. En España también había maoístas en aquellos tiempos. Hoy están en la extrema derecha o en la emisora del infierno explicándonos a todos las maldades de aquel "libertinaje".
Ahora, como maniobra electoral, pretende ser, Nicolás el justiciero, el enterrador del 68, el sepulturero de lo libertario. Patina, y más que va a patinar. En Francia los anarquistas no solo existen, sino que crecen en una envidiable buena salud. Estudiar los últimos resultados electorales, sin los anteojos trucados, puede que nos dé claves que no estamos acostumbrados a valorar.
En la elección anterior, cuando el "lepenazo" se cargó el gobierno de Jospín, la gauche plurielle de las 35 horas, la abstención fue altísima. Nadie habló de anarquistas. Ahora, con una participación del 80 por ciento, tampoco. No existen. Le monde libertaire, de venta en los kioscos, deben comprarlo ectoplasmas sin cuerpo físico. Los sindicatos anarquistas, incluidas dos CNT, están formados por espíritus volubles sin contorno visible. Los cientos de colectivos y agrupaciones libertarias solo habitan las enfebrecidas imaginaciones de los malditos sesentayochistas.
Razonemos, solo un poco, para no cansar. Si el espectro electoral abarca desde varias extremas derechas, hasta distintos grupos de troskistas, pasando por un abanico de posibilidades bastante surtido, no veo yo cómo interpretar el veinte por ciento de abstención sin pensar que una parte, aunque sea pequeña, es libertaria. Nadie lo menciona. Por algo será. En cambio nos repiten constantemente los porcentajes de partidos que no llegan al tres por ciento, incluido el en otros tiempos poderosísimo Partido Comunista Francés, la candidatura de Bové, o la de Arlette Laguiller y su Lucha Obrera.
Sarkozy quiere enterrar el Mayo francés. No creo que se deje. A lo mejor este mayo lo entierra a él, como hizo con Aznar un marzo ventoso. A Jose Mari y Sarkó, esa extraña pareja, no les gusta el 68. Siempre pueden probar el 69. Que lo disfruten con salud.

Abel Ortiz Subir


Venezuela:
Chavismo y anarquismo hoy

Desde El Libertario va nuestra réplica a las habituales requisitorias que suelen endilgarnos la derecha rústica o esa izquierda plegable que, dentro y fuera de Venezuela, se encandila con el espejismo pseudo-revolucionario del chavismo. Bastante más deberíamos, podríamos y querríamos decir sobre este tema, pero de momento aquí se condensa y actualiza lo esencial de nuestra perspectiva, que no por expresada antes deja de ser necesario repetir ahora.
Hugo Chávez habla de socialismo, soberanía popular y participación. ¿Por qué plantear desacuerdos si eso coincide con el ideario anarquista? Las arengas de Chávez son muy surtidas. Pero él mismo ha reiterado que hay que fijarse en lo que hace y no en lo que dice. Así, su "socialismo del siglo XXI" en los hechos no ha pasado de mero paternalismo y capitalismo de Estado, con base en la abundancia de la renta petrolera. La soberanía popular es soberanía de una élite integrada por militares, empresas transnacionales y la naciente "burguesía bolivariana". Basta ver la reciente concesión de poderes extraordinarios a la Presidencia, o el modo como se apabulla a los aliados que han expresado reservas frente a su decisión de constituir un partido oficialista único, para tener una idea de lo que el Comandante entiende por participación. En el anarquismo no se admiten liderazgos permanentes y omnipotentes, sino sólo los que sean constantemente refrendados por aquellos a quienes en alguna circunstancia representan y eso es expresión de la soberanía y participación, lo que no se muestra en este proceso ni en ningún otro que se asiente en el poder jerárquico permanente y el Estado.
La intención proclamada de este gobierno es hacer una revolución pacífica y democrática. ¿Por qué no esperar a que se profundice la revolución antes de emitir juicios sobre el proceso? Chávez parlotea de una revolución, pero su palabra no basta para creer que la hace y que deba ser respaldado. Demasiados tiranos y demagogos en este continente han dicho lo mismo, sin que hubiese razón para apoyarlos. En nuestro caso ha habido una "revolución" en tanto que nuestro modo de vida ha sido desarticulado en muchos sentidos, pero lo que vemos de construcción no nos inclina a secundarlo. Permitir su consolidación es hacer las cosas más difíciles de cambiar, porque los cambios que los anarquistas pretendemos van en dirección muy diferente a la que ha tomado este "proceso", que con más de 8 años al timón se muestra pleno de autoritarismo, burocráticamente ineficaz, estructuralmente infectado de corrupción, con orientaciones, personajes y actitudes que no podemos avalar.
Si bien su proyecto es distinto al libertario, el chavismo llama a enfrentar a la oligarquía y al imperialismo. ¿Qué tal si se establecen alianzas estratégicas con ellos y más adelante, derrotados el golpismo oligárquico y la agresión imperialista, tratar de hacer la revolución anarquista? Las alianzas estratégicas son un modo de acción política para ganar el control del Estado por un grupo de aliados, mientras que los anarquistas buscamos disolver al Estado con la participación de todo s. La derrota de lo que se llama reacción y oligarquía (motes con claras miras propagandísticas) sólo serviría para consolidar en el poder a los que ganen, quienes necesariamente conformarán una nueva oligarquía porque así lo impone la lógica del poder estatal, como ocurrió en la URSS, China o Cuba. Esto haría más difícil la revolución anarquista y España en 1936 fue un ejemplo. También es inexacto identificar al proyecto chavista como en oposición al golpismo, cuando su afán originario fue dar un golpe militar, y constantemente alardea de su identificación con el lenguaje y las prácticas cuarteleras. La lucha contra el gobierno de la minoría (oligarquía) dentro de los regímenes estatales se reduce a reemplazar a unos pocos por otros pocos.
En cuanto a la pelea con el imperialismo, si atendemos a las políticas que se proponen y ejecutan en el petróleo, en la minería, en la agricultura, en la industria, en el plano laboral, etc., parecen perseguir ser escuderos del Imperio, no sus enemigos.
Ahora se anuncia desde el gobierno venezolano una explosión del poder comunal (municipal), con la masiva implantación y cesión de potestades a los Consejos Comunales (ayuntamientos), organizaciones comunitarias y horizontales de participación popular. ¿Los anarquistas apoyan estas estructuras de base? Lo que empezamos a ver de la instauración y funcionamiento de los Consejos Comunales apunta a que su existencia y capacidad de acción dependerán de su lealtad al aparato gubernamental, la cual se asegura dejando en manos del Presidente la facultad jurídica de dar aprobación o no a dichas organizaciones, como se expresa en la ley correspondiente. En eso hay experiencia en Venezuela, donde tantas agrupaciones de base (como los sindicatos sin ir más lejos) siempre se han parecido mucho a los tranvías, que reciben corriente desde arriba. Ciertamente, hay intentos por una real agrupación de abajo hacia arriba, y eso ocurre en ámbitos vecinales, obreros, campesinos, indígenas, ecologistas, estudiantiles, culturales, etc., aunque no cuenten con la simpatía del oficialismo. Nos parece que la sumisión legal, funcional y financiera de los Consejos Comunales ante el poder estatal será un severo obstáculo para iniciar desde allí un movimiento de base autónomo. Esto vale igual con los anunciados Consejos de Trabajadores para las empresas, en los que se vislumbra un modo de
cancelar a un posible sindicalismo independiente.
¿Por qué los anarquistas critican a la Fuerza Armada Venezolana -de clara raíz popular y nacionalista- y a su capacidad de sustentar un proyecto revolucionario? En todo ejército moderno, desde Europa en los siglos XVII y XVIII a Latinoamérica hoy, el grueso de las tropas son reclutas de los sectores populares. Pero pese al origen social de la mayoría de sus integrantes, la razón de ser del ejército es la defensa de una estructura de poder y a sus detentadores, por lo que no puede nunca sustentar una revolución a favor de los oprimidos. A lo más, cambiará un personaje por otro y algunas reglas de la estructura de poder, pero no eliminarla porque el mando y la obediencia es su esencia. Por eso no respaldamos a ningún ejército, ni policía, ni privilegiados que en su provecho puedan usar la fuerza y las armas contra otra gente. El nacionalismo no es una postura que el anarquismo apruebe, porque implica circunscribirse a los intereses de ciertas personas, encerradas artificialmente por un Estado en cierto territorio-nación, a quienes se considera diferentes y hasta superiores a las demás. Somos enemigos de todo tipo de privilegios por nacimiento, raza, cultura, religión o lugar de origen. Además, la historia nefasta de la estructura castrense venezolana habla por sí sola: institucionalizada por el tirano Gómez para liquidar las aspiraciones federales regionales; consolidada en su vocación represiva durante la lucha contra la insurrección de izquierda en la década de 1960; y ejecutora de la masacre de febrero de 1989.
¿Acaso los anarquistas venezolanos son "escuálidos" (apodo con el que el chavismo alude a sus oponentes) y, por lo tanto, apoyan a la oposición socialdemócrata y de derechas? Escuálido es una calificación netamente mediática, despreciativa en su uso político oficial y con aires de consigna, que nada dice acerca de quienes así se califican. Pero, si en todo caso con ella se quiere señalar a quienes no admitimos claudicar de nuestra libertad y autonomía para someternos a la imposición autoritaria de una persona, de un partido, de una ideología, lo somos. Y si con eso se quiere decir que aupamos corrientes identificadas con el liberalismo económico, con el desprecio cuasi-racista de las élites hacia las mayorías, con la estafa de la democracia representativa o el retorno a formas de organización socio-políticas superadas por la historia, entonces no lo somos. De hecho, no apoyamos al régimen de Chávez ni a sus contrincantes electorales; podemos coincidir con algunas acciones de unos y otros, con algunas declaraciones de unos y otros, pero en lo fundamental criticamos la mayoría de los hechos y los discursos de unos y otros. Repudiamos la frustración repetida de las esperanzas de la gente que ha apoyado a Chávez, pero rehusamos convalidar las maniobras politiqueras del hato de oportunistas que fungen como oposición institucional. Y sobre todo, no podemos, por razones de principio, respaldar a quienes fundamentan la búsqueda de una vida mejor en cualquier tipo de subordinación de las personas a la jerarquía estatal, como lo pretenden ambos bandos.
Hay quienes se dicen libertarios y defienden el proceso de Chávez. Si por ello se les atribuye ser menos ácratas, ¿se trataría entonces de una acusación contraria al espíritu antidogmático del anarquismo? El anarquismo no es un estado anímico, es una manera de enfrentar las cambiantes circunstancias sociales buscando el bienestar de cada uno en el seno del bienestar de todos, con propuestas que surgen de personas concretas y se discuten, adoptan o rechazan por los demás en determinadas circunstancias espacio-temporales.
Cualquiera puede autonombrarse ácrata, porque no tenemos un carnet ni un bautismo que nos identifique. Sólo la mutua interacción nos ubica y son los demás anarquistas quienes nos determinan como perteneciendo o no al movimiento, dependiendo de nuestras conductas y de nuestras ideas. Pero, como no somos perfectos, podemos adoptar conductas o defender ideas que el colectivo no apruebe. Eso no hace a nadie más o menos, nos hace diferentes, aunque a veces la diferencia es tal que se torna insoportable para los demás y dejan de reconocernos como suyos.
Los anarquistas sólo sermonean sin aportar nada. ¿Cuál es su propuesta para transformar positivamente la actual realidad venezolana? Nuestra lucha no es coyuntural ni de circunstancias, es por una nueva modalidad que hemos de adoptar para la vida colectiva e individual, donde la acción directa y la autogestión hacen que nuestra existencia esté en nuestras propias manos, sincera y honestamente, educándonos en el estudio y en la relación con los otros, sabiendo que nuestra libertad se extiende con la libertad del otro, respetando la igualdad, ya que las diferencias no crean superioridad, teniendo siempre presente que nuestra vida es posible gracias a los otros, cuyos intereses debemos atender prioritariamente para así poder alcanzar los propios, a los que no debemos renunciar porque aspiramos a disfrutar de una existencia plena. Cada uno vive su vida y es responsable de ella ante sí mismo y ante los demás, pero nadie puede asumir nuestra "salvación". Por lo tanto, no hay una "receta" hecha para ésta -o cualquier otra- realidad social, pues las propuestas y acciones para transformarla deben ser resultado de un esfuerzo colectivo consciente y continuo, para el que ya procuramos aportar nuestra participación entusiasta, promoviendo y potenciando la recuperación de la autonomía por parte de los movimientos sociales del país, donde será posible el espacio de tensión necesario para el desarrollo e influencia de las ideas anarquistas de libertad e igualdad en solidaridad.

Colectivo de Redacción de El Libertario Subir


Manifiesto solidario con anarquistas y movimientos sociales de Venezuela

En el primer trimestre del 2007, 23 manifestaciones populares fueron reprimidas por el gobierno venezolano y 99 activistas resultaron detenidos. Este dato habla del creciente malestar así como de la criminalización de las reivindicaciones sociales en el país latinoamericano, realidad encubierta por la propaganda y mixtificación de un régimen que se publicita como vanguardia del "socialismo del siglo XXI", con apoyo de diferentes agrupaciones y personajes ligados a la izquierda autoritaria del mundo entero.
Sin embargo, quienes se interesan por la situación real de los oprimidos y explotados en Venezuela conocen las inconsecuencias y contradicciones del gobierno populista liderado por el militar Hugo Chávez. Lejos de avanzar estructuralmente en la reducción de las desigualdades y el incremento de las posibilidades de desarrollo social, el gobierno reinante en Caracas continúa manteniendo una de las distribuciones de riqueza más injustas del Continente, profundizando además el papel asignado al país por la globalización económica como proveedor seguro y fiable de energía al mercado mundial, con las corporaciones transnacionales petroleras como socios mimados y beneficiarios principales de la acción del Estado venezolano. Tras 8 años y medio de gobierno contando por obra de los altos precios petroleros con el ingreso fiscal más alto de la historia nacional, los resultados sociales de las políticas del chavismo son mediocres, siendo lo más destacable la aparición de una nueva burguesía parasitaria del favor estatal, la "burguesía bolivariana".
Según estadísticas e informes gubernamentales recientes, sobre 5 millones de trabajadores -46,5 por 100 de la fuerza laboral- se mantienen en el sector informal de la economía, el 43 por 100 de los trabajadores reciben una remuneración inferior al mínimo legalmente permitido -poco más de 200 dólares al mes-, 2 millones y medio de personas carecen de vivienda digna, el 18 por 100 de la población sufre de desnutrición, la red de hospitales públicos presenta carencias y limitaciones de todo tipo, el 90 por 100 de la población indígena vive en condiciones de pobreza, más de 400 personas mueren violentamente por año dentro de las cárceles y hay un promedio de 15 personas asesinadas al mes por los cuerpos represivos del Estado.
El gobierno venezolano ha mantenido en los últimos cinco años una disputa intra-clase con ciertos sectores tradicionales de la burguesía local, en medio de una fuerte polarización político-electoral que ha permitido dividir, inmovilizar y recuperar a los movimientos sociales del país. Cualquier crítica a la corrupta, ineficaz y frondosa burocracia oficial se califica de inmediato como "al servicio del imperialismo" y, bajo excusa de "enfrentar al golpismo y las provocaciones reaccionarias", se han promulgado diversas leyes que penalizan con mayor rigor las acciones de calle y las huelgas en las empresas básicas del Estado. Estos son parte de los mecanismos legales que desde 2006 se han utilizado contra las movilizaciones populares que, intentando recuperar sus propias reivindicaciones, manifiestan todas las semanas por el derecho a la seguridad personal, vivienda digna, empleo y condiciones laborales decentes. La respuesta gubernamental ha sido con bombas lacrimógenas, perdigones y detenciones.
Ante la tramposa polarización vivida en el país, y en especial como réplica al mandato presidencial de disolver partidos y otras agrupaciones previamente existentes para afiliarse al partido único del chavismo, de siglas PSUV, diversas organizaciones de Venezuela procuran construir espacios de autonomía para los movimientos sociales. Entre éstas, destaca la actuación de compañeros y compañeras anarquistas, que desde diferentes iniciativas, como la publicación y difusión del periódico El Libertario (www.nodo50.org/ellibertario), construyen una alternativa ajena tanto a la oposición socialdemócrata y de derechas como al capitalismo de Estado bolivariano. Pero ese esfuerzo anarquista por construir opciones y vías consecuentemente autónomas implica riesgos: El Libertario, por ejemplo, debe enfrentarse a una sistemática campaña de recriminaciones y descrédito por parte de agrupaciones ficticias pagadas por el Estado, así como a un creciente hostigamiento contra el activismo antiautoritario.
Este manifiesto quiere recordar a compañeros y compañeras ácratas dentro de Venezuela, así como a las demás organizaciones sociales autónomas de base en ese país, que cuentan con nuestro aprecio, respaldo y solidaridad. Nuestras organizaciones e iniciativas anarquistas denunciarán, en la medida de sus posibilidades, la demagogia e incoherencia encubiertas bajo el alias de "revolución bolivariana", activando los mecanismos de apoyo necesarios ante cada arremetida gubernamental contra las aspiraciones concretas de justicia social y libertad del pueblo venezolano.

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