PERIODICO ANARQUISTA
Nº 225
         ABRIL 2007

 

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La lucha contra la petrolera Shell en Irlanda

Según una estimación bastante conservadora, en este momento hay en Irlanda hasta 30 campañas locales contra planes propuestos de desarrollo que dañan el medio ambiente. Las principales son las que se oponen a la construcción de plantas incineradoras en Ringsend, Dublín y Ringaskiddy, otras en Cork y una más en Bantry, en la parte rural del condado de Cork contra unas torres de alta tensión, que parece haber concluido con éxito. Además hay otras en Erris, en el condado de Mayo, que se opone a un gasoducto y una refinería que Shell está construyendo.
Estas luchas han empleado diferentes métodos y formas de organizarse, algunos legales cómo apelaciones a la "An Bord Plenala", la junta planificadora que se encarga de recibir las alegaciones contra los planes de desarrollo del gobierno local, o recursos legales para intentar parar los proyectos a través del Parlamento. Protestas y acción directa, aunque menos comunes, no son del todo desconocidas.
En general en Irlanda el sector de las ONG ecologistas es bastante pequeño, y las pocas que hay no tiene relación con las luchas locales contra estos planes y desarrollos. Hay un partido ecologista (Green Party), pero sólo muestra interés en las campañas cuando se dan en áreas en las que tenga presencia electoral y su base militante es muy pequeña.
Erris es un zona muy remota, rural y marginal de la parte oeste de Irlanda, la que mira al Atlántico, que se caracteriza por pequeñas granjas de arrendatarios asentadas en tierra bastante pobre, con algo de pesca de bajura y un ritmo de emigración muy grande. Con una estructura social similar a la de la isla de Achill, situada más al sur y que se solía conocer como los cuarteles de invierno de los jornaleros de las fincas inglesas, lo único que ha cambiado en su estructura económica es que ahora los emigrantes se encuentran en otras partes y dedicados a otros menesteres. Una parte de la población habla gaélico (irlandés), pero esta lengua es minoritaria a pesar de los intentos del gobierno irlandés por favorecer la expansión del gaélico en el territorio como alternativa al inglés, animado por su ideología nacionalista. De hecho a mediados de los 60 los hablantes de irlandés se organizaron en una especie de movimiento por los derechos civiles.
A diferencia del resto de la zona oeste de Irlanda, aquí el turismo no es una parte importante de la vida económica en Erris. Probablemente la naturaleza aislada de la economía local haya jugado un papel en la elección de esta zona para la instalación de una refinería. De hecho esta planta de la petrolera Shell no es la única iniciativa de este tipo, altamente contaminante y con escasa necesidad de mano de obra, que se ha planeado para la zona.
Desde el año 2000 se viene intentando construir un gasoductote 9 km de largo en Erris, pasando por el pueblo de Rossport hasta una refinería en un lugar llamado Ballinaboy. Esto se hace para extraer el gas del campo Corrib, a unos 80 km al sur en el Atlántico, que se descubrió en 1996. El último plan que el Estado ha hecho público es asegurarse que todas las reservas de gas de la zona oeste son explotadas mediante la construcción de más refinerías en Erris, pero muchos residentes, al igual que otros activistas, creen que también se planea construir instalaciones para la refinación de crudo.
En un principio la empresa encargada de este proyecto era Enterprise Energy, pero luego Shell la compró, y ahora la construcción está en manos de un grupo de empresas encabezadas por esta petrolera, pero en el que también participan Statoil y Maratón.
Desde el principio el proyecto ha contado con el apoyo de los próceres locales: la cámara de comercio, el clero y los representantes de los dos partidos de derechas que tienen representación en Erris. La principal oposición se ha organizado en torno a la campaña "Sheel to Sea" (Shell al mar) que intenta, como su nombre indica, que los planes con los que esta compañía trata de reducir gastos mediante una refinería en tierra firme sean sustituidos por un proyecto más caro de instalaciones en el mar. De hecho este suele ser el modelo más habitual en la industria petrolífera, pero ahora Shell intenta recortar gastos mediante un proyecto novedoso. Esta es una demanda mínima, que se centra en pedir lo que se considera factible, pero ahora la resistencia se ha profundizado y ha evolucionado a una crítica más profunda del "estado de las cosas". La campaña se centra primordialmente en los negativos efectos que puede tener en la salud de los residentes locales en caso de que el proyecto siga adelante de la forma en que se ha planteado.

Resistencia
La parte del proyecto que concierne a la refinería se retrasó varios años hasta que finalmente recibió el visto bueno a finales del 2004, cuando el gasoducto se excluyó del proceso de planificación requerido. Los trabajos empezaron la primavera de 2005 y estuvieron parados por una serie de acciones directas desde junio de ese mismo año hasta octubre del 2006.
Durante la primavera y el otoño de 2005 cinco granjeros estuvieron encarcelados por negarse a permitir el paso de los constructores a través de sus tierras, a pesar de existir una orden judicial a este respecto ya que estas granjas se hallaban en una zona de expropiación obligatoria, en el trayecto del gasoducto. A estos presos se les llegó a conocer como los "cinco de Rossport" y se volvieron símbolos populares de resistencia. Fueron liberados tras pasar noventa días en prisión.
Después de estas condenas se organizaron piquetes masivos, de varios cientos de personas en un área que está escasamente poblada, y se consiguió parar las obras en tres sitios distintos: Glengad, que es el lugar por el que el gasoducto llega a la costa, Rossport, que es por donde transcurre la mayor parte del trazado y Ballinaboy, que es el futuro emplazamiento de la refinería. En agosto los pescadores anunciaron su intención de bloquear el lugar en el que se trabajaba en el trazado marítimo del gasoducto, lo que consiguió que se detuviera esta parte del proyecto.
En junio de 2005 se estableció el Campamento de Solidaridad con Rossport, que está en pleno trayecto del gasoducto y es un lugar que permite alojar a la gente que se desplaza hasta la zona para participar en la lucha.
Tras todo esto el Estado se esforzó en disminuir la resistencia haciendo alguna que otra concesión a la vez que seguía adelante con el proyecto. Se puso en libertad a los detenidos, se nombró un negociador gubernamental -que procedió a emitir un informe favorable a Shell- y se propusieron modificaciones al trazado del gasoducto pero sin especificar cuáles. Esta parte del proceso se prolongó durante casi todo el 2006, y como parte de él se anunció que las ciudades del condado de Mayo, en el cual se encuentra Erris, van a pasar a formar parte de la red nacional de gas, mientras que antes se proponía que su suministro proviniera directamente del campo oeste.
En septiembre de 2006 Shell anunció su intención de reanudar los trabajos en la refinería, pero la presencia de gente en el piquete se incrementó masivamente para enfrentar esta nueva amenaza. Hay que tener en cuenta que los que participan en el bloqueo han estado acudiendo al piquete todos los días laborables desde julio del 2005. Finalmente el 3 de octubre de 2006 el gobierno envió 250 policías de todo el país para forzar la reapertura de los trabajos en Ballinaboy. Hay que tener en cuenta que en condiciones normales hay 20 policías estacionados en toda la zona de Erris. Con este despliegue se consiguió reabrir la obra, y ahora la estrategia ha pasado a ser la de contratar mano de obra local para los trabajos con el objetivo de crear divisiones entre la población local y así permitir que el Estado y los medios de comunicación puedan presentar la situación como la de una guerra civil.
Junto a la masiva presencia policial se han producido ataques en los medios de comunicación, cada vez más hostiles, muchas veces por parte de políticos y hombres de negocios locales. La policía sigue una política de no practicar detenciones para no crear mártires, tal y como ha declarado en público el oficial encargado de la operación. Pero en su lugar están recurriendo al asalto: desde octubre todos los intentos de bloquear las obras han sido impedidos con cargas policiales.
De todas formas, las protestas siguen cada mañana de cada día laborable en la ruta por la que se transportan los materiales de la construcción. También el pasado 16 de febrero se paralizaron las obras durante dos horas por 100 activistas que ocuparon el sitio.

Impacto medioambiental
El impacto local que tiene el vivir junto a una central de Shell tal vez se pueda apreciar mejor leyendo declaraciones de personas que ya viven esta situación: "Hay grandes cantidades de gente que han sido afectadas por el vertido que Shell ha hecho de tonelada tras tonelada de productos químicos en el aire. Esto ha dado lugar a casos de asma, leucemia y cáncer, que se ha vuelto predominante, está por todas partes y presenta unas tasas muy altas. En mi vecindario el 52 por 100 de los niños que van a una escuela de primaria cercana tienen asma y los casos de leucemia son 24 veces más habituales que en el resto de Sudáfrica", según dice Des D'sa, un miembro de la comunidad ecologista de Durban Sur, en Sudáfrica.
"Vemos un lado de Shell que los directores y gerentes tratan que la gente no perciba. La empresa que conocemos está a cargo de un refinería al otro lado de nuestra calle, y operan sin tener ningún cuidado. Cada día emite una polución tóxica sobre nuestro vecindario que está dañando a nuestro hijos, que ya no pueden respirar sin un inhalador", como cuenta Milton Kelley de la Community In-Power Development Association, de Texas en los EE UU.
Además de las emisiones aéreas que producirá la refinería se da la circunstancia de que su emplazamiento se halla junto al lago Carrowmore, que es la fuente de agua potable de la región y se ha contaminado con residuos de aluminio procedentes de la obra. Se planea que los deshechos de la refinería se viertan a la bahía de Broadhaven, en la que habitan focas, delfines y ballenas y que es una fuente de recursos para la gente de la zona que pesca en sus aguas. Además está la contribución al caos climático, ya que la refinería emitirá el dióxido de carbono equivalente a 10.000 coches al año y emisiones de metano, para redondear.
Una parte del gasoducto, desde la salida de gas del pozo hasta la refinería, transcurre durante 9 km por tierra, por entre las casa de la gente. A finales de 2005 se hizo público un estudio independiente de seguridad de la instalación por la consultora de EE UU Accufacts, especializada en gasoductos, en el se decía que: "El proyecto de Corrib no es una instalación normal, ya que se puede dar la posibilidad de que tenga que operar a presiones particularmente grandes. Esto puede aumentar mucho la posibilidad de ruptura del gasoducto".
Otro tema que ha sido destacado por la campaña han sido las condiciones extremadamente neoliberales de la producción de gas y petróleo en Irlanda, ya que el Estado tiene unos impuestos muy bajos, posiblemente los más ajos del mundo en términos efectivos, y además las compañías puede desgravar los costes de construcción de lo que pagan, con lo que en realidad acaban no pagando impuestos. Aparte de los intereses de Shell y Statoil también Exxon-Mobil tiene una participación del 80 por 100 en un campo de petróleo y otro de gas en la costa oeste en el que están involucradas varias empresas irlandesas, incluyendo una que es propiedad del magnate internacional de los medios de comunicación Tony O'Reilly.

Papel de la izquierda libertaria
Tanto anarquistas como ecologistas radicales y sectores no jerárquicos del movimiento antiglobalización han estado involucrados en la lucha. Esto ha sido un factor determinante en la proliferación de grupos de Shell to Sea en varias partes del país, además de estimular la creación del campamento y de acciones solidarias en el Reino Unido. Probablemente esta sea la lucha popular más significativa en Irlanda en contar con esta movilización de la izquierda libertaria desde las campañas contra la extracción de Uranio y las centrales nucleares a finales de los 70 y principios de los 80.
La campaña de Shell to Sea ha contado con bastante apoyo internacional. El 10 de noviembre de 2006 hubo una protesta frente a la refinería de Shell en Durban, Sudáfrica, al mismo tiempo que se llevaba a cabo un día de acción en Erris en el que el intento de bloquear las obras se enfrentó a la violencia policial. La fecha marca el aniversario de la ejecución de diez oponentes de Shell en Nigeria, el más famose de ellos Ken Saro Wiwa. Las visitas entre Durban y Erris han sido recíprocas y también familiares de Saro Wiwa han viajado a Irlanda para participar en manifestaciones y encuentros públicos, y la conexión entre Erris y Nigeria se halla plasmada en pinturas murales, carteles de protesta y una hilera de cruces blancas en conmemoración de los ejecutados. Otros visitantes han sido personas que mantienen luchas en torno a la extracción de recursos naturales en Appalachia, Islandia, Ecuador y Bolivia. Se han hecho acciones de solidaridad con la lucha contra Shell en otros países, principalmente el Reino Unido, pero también en los EE UU, España, Holanda, Alemania, Noruega, Suecia y Australia.

El futuro
A pesar de que Shell vuelve a tener el control de la refinería de Ballinaboy tras el invierno de 2006 a 2007, debido a razones climáticas y geológicas (dicho en otras palabras, lluvia y suelos blandos de turba) el trabajo se halla menos avanzado ahora que cuando se detuvo la primera vez en 2005. De momento todo lo que se ha podido hacer es trabajo preparatorio sobre el terreno, previo a poder comenzar con la obra en sí.
Los medios de comunicación y la policía han tenido su efecto sobre la campaña y han disminuido la militancia. Hay que tener en cuenta que todo esto ocurre en un lugar en el que nunca antes se había dado una movilización de este tipo. A pesar de todo esto los manifestantes han seguido acudiendo a la cita cada mañana de todos los días laborables, y la breve interrupción de los trabajos el 16 de febrero puede anunciar una vuelta a los métodos de acción directa que tan útiles han sido a la lucha hasta ahora.
La construcción de la refinería en sí, planeada para el verano del 2007, durará unos dos años y es obvio que Shell está buscando una ruta alternativa para el gasoducto, lo que podría abrir un nuevo frente para la lucha. Puede ser que el Estado se retire de la lucha porque aún hay formas institucionales de parar las obras, bien mediante cuerpos reguladores o bien mediante el Parlamento, sobre todo cuando se acercan elecciones a mediados de este año. En cualquier caso, aunque la lucha de Shell to Sea sea derrotada eso no significa el final de la historia, tal y como ha pasado con otras luchas desde las cercanías de este tipo de instalaciones que viven puerta con puerta con las refinerías, ya que sirven para minimizar los efectos, o conseguir que se limpien los desastres que provocan las ya existentes. Además parece que este proyecto es el primero de una serie, y que habrá más.
Mientras que el asunto del impacto medioambiental tiene una capacidad limitada para captar el interés de la mayor parte de la clase trabajadora de otras partes de Irlanda, que pudiera llevar a su implicación, sí lo tiene la posibilidad de que se extienda la rabia por las imágenes de represión encaminada a forzar la instalación de una empresa contaminante y peligrosa. Además, la naturaleza neoliberal de la explotación de recursos en Irlanda une lo que está pasando en Erris con el descontento que se ha extendido por el país por los recortes al sistema educativo y de salud.
La solidaridad y las protestas en el exterior tienen un impacto extremadamente positivo en la moral de la gente que lucha en primera línea contra Shell, Statoil y el Estado irlandés. Se pueden hacer protestas contra todos aquellos intereses relacionados con estas empresas, además de consulados y embajadas irlandesas. Siempre se da la bienvenida a la llegada de voluntarios al campamento de Rossport.

F.G. Subir


Jesús en el candelero

Se supone que Jesucristo vivió en los primeros treinta años del primer siglo de nuestra era. Palestina estaba ocupada por Roma; Augusto y luego Tiberio fueron los emperadores, de lo que nos quedan numerosos documentos escritos por historiadores, por letrados o simplemente por la administración romana. Sin embargo, ningún texto contemporáneo menciona los hechos espectaculares descritos en los Evangelios, como la matanza de los inocentes por el rey Herodes, la aparición de una nueva estrella anunciando el nacimiento de Jesús, las espesas tinieblas que habrían envuelto toda la tierra -incluida la ciudad de Roma- durante tres horas en pleno mediodía tras la crucifixión, ni las numerosas tumbas que se abrirían por entonces para dejar salir a los justos resucitados. Nada menciona tampoco a Jesucristo ni ninguno de sus actos. No hay ni un solo informe de la administración romana, a pesar de su reputada burocracia, que evoque la crucifixión por los hombres de Pilatos de un hombre llamado Jesús.
Los primeros interrogantes sobre el personaje histórico de Jesucristo aparecen tras la estela de las guerras de religión, en el siglo XVI, cuando los reformados cuestionaron algunos de los dogmas según ellos extrapolados por la Iglesia católica a partir de textos sagrados. En aquella época, el debate se centra principalmente en la manera de interpretar las numerosas contradicciones entre los cuatro Evangelios, pero nadie osaría poner públicamente en duda -bajo pena de muerte- la credibilidad de los textos "revelados".
La cuestión de fondo es llevada a la plaza pública por los enciclopedistas, en el siglo XVIII: fuera de los Evangelios, por fuerza sujetos a prevención, ¿qué pruebas históricas muestran la existencia de Jesús y la veracidad de los hechos descritos en el Nuevo Testamento?
Desde los primeros Padres de la Iglesia y hasta el Siglo de las Luces, los cristianos han dado siempre prueba de un testimonio irrefutable de la existencia histórica de Jesús. Ese testimonio, aunque único, constituía según la Iglesia una "prueba" nada discutible por ser incluso aportada por un adversario del cristianismo: el historiador judío Flavio Josefo. Éste, en efecto, menciona de modo explícito a Jesús, sus milagros y su antigüedad en su obra Antigüedades judías, escrita en el año 93. En estos veinte volúmenes traza la historia del pueblo judío, y figura este corto pasaje: "Por aquel tiempo apareción Jesús, hombre sabio, si lo podemos llamar hombre. Porque era un hacedor de milagros y el maestro de los hombres, que recibían de él con alegría la verdad. Atrajo a muchos judíos y a muchos griegos. Era Cristo. Y cuando, ante la denuncia de nuestros primeros conciudadanos, Pilato lo condenó a la crucifixión, los que lo habían querido al principio no dejaron de hacerlo, porque se les apareció tres días después, resucitado, mientras los profetas divinos anunciaban esa y mil otras maravillas al respecto. Y el grupo atraído por Jesús, el de los cristianos, no ha desaparecido todavía" (1).
Algunas líneas constituían, pues, la única mención explícita de la existencia de Jesús por parte de un autor contemporáneo de los hechos a la vez que no cristiano, hasta que llego Voltaire.
En el siglo XVIII se puede todavía morir, como el caballero De la Barre, decapitado en 1766, "por haber pasado delante de una procesión de capuchinos sin quitarse el sombrero" (2), pero la sangrienta dictadura de la Iglesia católica vive sus últimos decenios, al menos en Francia. El primer libro de bolsillo de la historia, el Diccionario filosófico portátil (llamado también Evangelio del día a modo de burla), publicado en Ginebra en 1764, oculto como una obra colectiva de varios hombres de letras, permitirá al patriarca de Ferney difundir a gran escala sus argumentos contra "la superstición".
Entre dos artículos en los que despelleja conscientemente a "la Infamia" (la Iglesia) y ridiculiza sus dogmas, el filósofo ajusta sus cuentas con la famosa "prueba" de la existencia de un denominado Jesús ante Pilatos: cómo creer ni por un segundo, se indigna Voltaire, que Flavio Josefo, fariseo ortodoxo convertido en ciudadano romano, haya podido hablar así de Jesús y llamarle "Cristo" como lo habría hecho un cristiano. "¿Cómo pueden encontrarse unos teólogos tan imbéciles o tan insolentes para tratar de justificar esta impostura de los primeros cristianos, reconocidos como fabricantes de imposturas cien veces mayores?"
Hoy, lo sabemos, la "prueba" no era más que una burda falsedad, un pasaje añadido por un clérigo, probablemente en el siglo IV (3). Por el contrario, una vez demostrada la superchería y apartadas las líneas apócrifas, el texto de Flavio Josefo se convierte en una mina de argumentos para el filósofo combatidor de "la Infamia". Flavio Josefo nació en el año 37, en una gran familia de Jerusalén, unos años después de la supuesta fecha de la muerte de Jesús; su padre pudo haber sido testigo de la aventura del "galileo". ¿Cómo explicar entonces que esta historia en veinte volúmenes no haga mención alguna a acontecimientos tan cercanos y destacados como la matanza de catorce mil recién nacidos por orden de Herodes, los milagros, las resurrecciones, el jucio ante Pilatos y la liberación de Barrabás, o incluso las diversas manifestaciones estelares y meteorológicas que siguieron a la crucifixión?
El asunto parece fácil de entender para cualquier persona de buena fe, pero eso no impide que los propagandistas cristianos, aprovechándose descaradamente de la ignorancia generalizada, sigan hoy incluso afirmando que Flavio Josefo "demuestra" la existencia de Jesús, cuando es exactamente lo contrario…
Ningún documento de la época menciona a Jesús si descartamos el de Flavio Josefo. Sólo quedarían los Evangelios para testimoniar la existencia del galileo crucificado…
Se sabe poco sobre el origen de los textos llamados Evangelios: fueron escritos probablemente a partir de los años 70 (o sea, cuarenta años después de los supuestos acontecimientos), cada uno por varios autores no contemporáneos de los hechos, y muy probablemente fuera de Palestina, como lo reflejan numerosos errores geográficos, botánicos, etc. Nos han sido transmitidos en griego.
Para comprender la génesis de los Evangelios hay que situarlos en su contexto histórico, político y religioso. Hasta el año 70, el judaísmo se dividía en tres grandes corrientes -fariseos, saduceos y esenios- llenas de sectas a su vez, que discuten y se combaten sobre un fondo de debate político-religioso: ¿hay que colaborar con los romanos, o separar lo espiritual de lo temporal como aconseja el fariseo Flavio Josefo, o bien combatir contra Roma y restaurar la teocracia, como desean los sicarios, los idumeneos o los zelotas?
Las nacionalistas integristas desencadenaron en el año 66 la insurrección de Judea. En el año 70, Jerusalén fue tomada y el Templo destruido por el ejército de Tito. Tras el desastre, la corriente farisea, vencedora, representaba la "religión oficial" y emprendió la labor de refundar el judaísmo a partir de un texto, la tora. Esta nueva ortodoxia de la religión judía obligaba a los supervivientes de las sectas rechazadas en la marginalidad a definirse respecto a ella. Los baptistas -que profesaban que San Juan Bautista era el Mesías-, los galileos -que creían en Jesús-, los agnósticos, los judaítas, los terapeutas, etc., debían abandonar su doctrina distinta del judaísmo fariseo, bajo pena de desaparecer. A esta necesidad responde la redacción de los Evangelios.
El primer Evangelio reconocido hoy día por las Iglesias occidentales, es el de San Marcos, destinado a frenar los errores de la tradición oral entre los galileos, y a fijar las bases dogmáticas de lo que aparecería a partir de entonces como una herejía frente al judaísmo "oficial". Los Evangelios siguientes -llamados sinópticos- fueron escritos sucesivamente para corregir lo que decían sus predecesores, a medida que evolucionaba la nueva creencia.
Se ve que estos textos teológicos están muy lejos de constituir un testimonio histórico. Podemos por otra parte preguntarnos si los Evangelios que han llegado a nosotros son los mismos que se redactaron a finales del siglo I.
Hasta cerca del año 200, ninguno de los pasajes citados por los Padres de la Iglesia como procedentes de los textos evangélicos se corresponde con alguna de las cuatro versiones admitidas en nuestros días en el Nuevo Testamento. En el año 325, durante el Concilio de Nicea, se censaron una cincuentena de evangelios. De todos ellos, los obispos fijaron cuatro, que son los que conocemos hoy en Occidente, pero muchos de los relatos que se rechazaron subsistieron y se siguen reconociendo en algunas Iglesias orientales, como el Evangelio de Santiago (que sería el más antiguo), el de Santo Tomás (llamado "de la infancia") o el de Nicomedes.
La costumbre de producir falsedades para alimentar la fe popular estaba ya muy extendida, por lo que la Iglesia admitía como auténticas desde comienzos del siglo IV las cartas de Cristo, las cartas de María, e innumerables reliquias…
Entre tanto, la pequeña secta de los galileos había emigrado hacia el Mediterráneo entre la diáspora judía, tomando prestado de la filosofía griega, penetrando los medios de los judíos platónicos, después de los no judíos, convirtiéndose poco a poco en una religión de vocación universal apartada del judaísmo.
A partir de 313, el emperador Constantino, comprendiendo la fuerza que le daría a su poder temporal la adopción de una religión monoteísta y universalista que predicaba "darle al César lo que es del César", hizo de esta secta, a pesar de estar dividida en una multitud de capillas, la religión del Estado en el Imperio Romano. A ello siguió una sangrienta represión contra los politeístas, los agnósticos y también los herejes cristianos, en particular los arrianos, aunque eran mayoritarios entre los sacerdotes, pero negaban la "consustancialidad del Padre y el Hijo" (a mediados del siglo IV, la naturaleza divina de Jesús se convirtió en dogma definitivamente establecido, si bien no se hizo mención de ello en San Pablo, y los Padres de la Iglesia no habían debatido respecto a ello en trescientos años; en cuanto a la Trinidad, no se "adoptó" hasta el siglo IX).
Una vez en el poder, los cristianos emprendieron la represión sistemática de todas las demás formas de pensamiento, la reescritura completa de la historia y la falsificación o la destrucción de los textos "paganos" (numerosos textos de Platón, por ejemplo). Al contrario que la leyenda fabricada por los clérigos, está históricamente probado que los primeros cristianos fueron más protegidos que perseguidos por los emperadores romanos (como mucho, hubo unos cientos de muertos en más de doscientos años), lo que les permitió celebrar más de cincuenta concilios en tres siglos. Sabemos que ellos mismos, una vez en el poder, persiguieron encarnizadamente a los politeístas, que sin embargo eran tolerantes desde siempre. Y sabemos también que el emperador Constantino, celebrado por la historia cristiana, era en realidad un bruto sanguinario, mientras que el emperador Juliano, cuya familia había sido masacrada por los cristianos y que quería restablecer la libertad de culto en el Imperio, pasó a la posteridad bajo el nombre de "el Apóstata" y fue cubierto de calumnias. Durante los quince siglos siguientes, la Iglesia reinó por medio de la mentira y el terror en nombre de la religión cristiana.
El descubrimiento de un predicador más en la Judea de Herodes, de un predicador que sería llamado Jesús y al que se crucificaría por haber tenido la osadía de pretenderse "rey de los judíos" no habría sido ninguna conmoción histórica. Pero no es nada, y hay más indicios a favor de la existencia del monstruo del lago Ness o del Yeti, que de la de Jesús. A pesar de eso, cada día, en la prensa, en la radio o en la televisión, doctos eruditos glosan sobre los detalles de la vida de un hombre que no ha existido jamás. Doscientos cincuenta años después de Voltaire, la mentira histórica de la existencia de Jesús ha seguido enseñándose en las escuelas, y el jefe de Estado que dirige el mundo es un creyente fanático de esta religión, cuyos fundamentos descansan sobre falsedades y sobre una leyenda.

François Roux
(Le monde libertaire) subir

Notas:
1.- Antigüedades judías, XVIII.
2.- Diccionario filosófico, de Voltaire.
3.- Flavius Josèphe, le juif de Rome, de Mireille Hadas Label.


Apartheid y pequeñas victorias en Palestina

Frente a un descontento creciente, el ejército israelí ha decidido, el miércoles 17 de enero, aparcar indefinidamente un nuevo orden de apartheid que prohibía a los israelíes y a los extranjeros llevar palestinos a Cisjordania. A pesar de esta pequeña victoria, el camino para poner fin al apartheid en Palestina sigue siendo largo.
El 19 de noviembre de 2006, Ya'ir Naveh, el general en jefe del ejército israelí para la región central, publicó un decreto que prohibía la conducción de palestinos por israelíes a Cisjordania. Esta orden -ejecutora de lo más execrable de la política israelí de segregación racial- debía comenzar el viernes 19 de enero, e impondría por primera vez penas legales a los miembros de los diferentes grupos nacionales en la esfera privada.
Este decreto es la apoteosis de una discriminación institucional deliberada, concebida para aumentar la dominación de un grupo nacional sobre otro, la definición legal exacta del crimen del apartheid. Pero el peso moral de ese decreto es aún mayor, pues ni siquiera bajo el régimen sudafricano se llegó a ejecutar semejante prohibición.
Inspirado por los Freedom Ribes ("trenes por la libertad") de los años sesenta, que contribuyeron a poner fin a la segregación en el sur de Estados Unidos, se ha organizado un convoy de israelíes y de internacionales como reacción al decreto. Su intención era transportar a los palestinos por una ruta reservada a los colonos, con el riesgo de arresto y de condenas, como desafío a esa ley racista.
Mientras que los anarquistas actúaban como motores para organizar y convencer a los israelíes a infringir la ley, la voluntad de participar ha venido de círculos mucho más amplios. Cientos de personas han prometido abierta y públicamente seguir su conciencia antes que la ley, algo nada desdeñable en una sociedad como la israelí, tan despojada de tradiciones revolucionarias e infectada por el fetichismo hacia la ley.
Hacia medianoche del martes 16 de enero, el ejército ha retrocedido ante la presión y ha decidido congelar el decreto de apartheid de forma indefinida, justo tres días antes de su entrada en vigor. Aunque la anulación de la puesta en marcha del decreto sea una victoria importante, persiste el peligro, porque el decreto no ha sido totalmente retirado, sino simplemente aparcado.
Por muy escandaloso que sea este decreto, no sorprenderá a nadie que conozca la política el hecho de que Israel dirija desde hace años Cisjordania. A través de una multitud de eufemismos sobre seguridad, Israel ha podido instaurar un régimen de apartheid y de segregación racial extremadamente sofisticado. Desde Jenin al norte hasta Hebrón al sur, desde Qalqiya al oeste hasta Jericó al este, Cisjordania se divide en pequeños islotes cerrados y aislados. Cinco de esos "islotes" están bajo el control absoluto de Israel. Con el muro, las colonias, las rutas de apartheid y otros medios para limitar los desplazamientos, Israel ha conseguido crear una red de control casi invisible.
Ahora es fundamental que no nos entusiasmemos con esta pequeña victoria sobre el decreto como si supusiera el fin del apartheid israelí en Palestina. La lucha continúa todos los días en los puestos de control, en las carreteras reservadas a los colonos, y contra el muro. Se trata de un único y mismo combate.

Jonathan Pollak Subir


La vida de los otros

Un sorpresa muy agradable ha sido esta película alemana, y con mayor motivo cuando se sabe que detrás de su escritura y realización está un tipo novel de 33 años llamado, nada menos, Florian Henckel von Donnersmarck. No es casualidad que una película sobre la antigua República Democrática Alemana, y su eficaz y perversa organización policial, nos sitúe en 1984 (el nombre de Stasi es abreviatura del alemán Ministerium für Staatssicherheit, Ministerio para la Seguridad del Estado, que sería de total adecuación al universo orwelliano). Tiene el film un guión sorprendente, plagado de recovecos, sin trampas ni fisuras, donde un funcionario policial, de vida triste y plenamente dedicada al socialismo real, decide adelantarse a la maquinaria totalitaria a la que representa y consigue carta libre para investigar a una pareja de artistas, aparentemente fieles al régimen. El protagonista, magistralmente interpretado por Ulrich Mühe (habitual en películas de Michael Haneke), observará detenidamente la vida de sus sospechosos, y descubrirá hechos que despertarán algo en su interior para llevar a cabo una conmovedora redención; de su existencia gris y posterior evolución, seremos testigos los espectadores, en una especie de ejercicio de metalenguaje visual. Una hermosa idea está presente en la película, pero también su reverso: la de que una persona honesta puede finalmente "venderse" a un régimen perverso, y la de que un súbdito de la iniquidad es capaz de vencer todos los obstáculos y hacer lo correcto. De esta última idea, la evolución positiva de las personas, presente en la obra de teatro del dramaturgo que interpreta Sebastian Koch (no tiene precio la ironía presente en las dos versiones del texto que se representan: la de la extinta RDA, que el autor observa con una complacencia que quizá esconda demasiadas cosas, y la de la reciente Alemania unificada, recibida con desencanto e indiferencia), se mofa un detestable ministro del país, calificando al escritor de ingenuo humanista. Soy incapaz de encontrar un defecto a la película de Henckel: a los magníficos actores ya mencionados, se unen un plantel de secundarios impresionante (cuyos rostros nos serán familiares gracias a un cine germano de alto nivel, que ha encontrado distribución en nuestro país en los últimos años); la fotografía, oscura y tendente a los grises, y la sobria puesta en escena están al servicio de la represiva atmósfera que envuelve el film; ya he mencionado lo que me parece un guión perfecto (y recomiendo al lector que mantenga sus sentidos alerta para disfrutar de cada secuencia, así como de los numerosos guiños), pero iría más allá al comprobar que una narración, que hubiera acabado de forma coherente con su estupendo desarrollo en un aparente desenlace, da un nuevo giro nada artificioso, se extiende más allá de lo que es una duración normal de un largometraje (la película dura cerca de dos horas y media, sin que le sobre ni un minuto, otra increíble valía más en el cine moderno, que tantas concesiones realiza) y nos deleita con un desenlace esperanzador para con la condición humana, cargado de ganas de vivir, con la forma de la sonrisa de un hombre que fue capaz de desprenderse de toda su condición dogmática, de renunciar a todo en lo que creía y a un prometedor futuro en el Estado socialista. Si hay una lectura política en el film es la de que el socialismo es incompatible con el autoritarismo, sin que exista asomo de ninguna apología de la "libertad" que llegará tras la caída del muro (más bien, lo contrario: el ser humano, incluso aquel más condicionado, es capaz de rebelarse contra la más feroz de las máquinarias represivas; su posterior desubicación y rechazo que sufre en el Estado liberal que llega tras el totalitarismo, no es más que una de las muchas aristas presentes en la película). No quiero desvelar nada del argumento, pero quiero mencionar algo que me señaló un lúcido amigo: para vergüenza de nuestra complaciente y constitucional democracia, existe una secuencia en "La vida de los otros" donde las víctimas de una dictadura solicitan abiertamente información sobre sus verdugos, algo prohibido en nuestro país. La recuperación de la memoria, que no terminamos de agarrar con firmeza frente a una interesada clase política que la utiliza como freno, nada tiene que ver con ningún "ajuste de cuentas", tiene que ver con la justicia y con la apropiación de nuestro futuro.

Capi Vidal Subir


Calentamiento global y catastrofismo:
tapando el sol con un dedo

Uno de los temas que se está poniendo de moda desde hace un par de años es el calentamiento global y sus consecuencias, al que ya le hemos dedicado algunas líneas desde esta publicación. Aunque en la gran mayoría de las menciones que se hacen en los medios de comunicación coinciden en que el calentamiento global y su consecuente cambio climático son una realidad a la que tenemos que irnos acostumbrando, fue para mí algo inesperado el enterarme que había opiniones libertarias que planteaban importantes discrepancias sobre el asunto. Más aún teniendo en cuenta que habían sido vertidas en un periódico tan prestigioso como Tierra y libertad de España, una de las publicaciones anarquistas más perennes, tradicionales y prestigiosas de nuestro movimiento. El artículo se titulaba Del empleo del catastrofismo en la ideología dominante y estaba firmada por Philippe Pelletier, un compañero de origen galo. La argumentación intenta probar cómo el discurso del calentamiento global -de una retórica y una estética catastrofista- además de falso, es funcional al sistema, es decir, sirve como un instrumento para consolidar la dominación social. Si bien el autor de la nota opina indudablemente desde una postura anarquista, mi visión del calentamiento global es diametralmente opuesta a la de Pelletier. Por lo tanto no pretendo desde este lugar hacer una crítica ideológica del compañero sino debatir posturas con respecto a la específica temática del calentamiento global.
La mayoría de los estudios e informes sobre el calentamiento global han llegado a la conclusión de que, en mayor o menor medida, ha sido causado por la emisión de gases invernadero -en especial CO2- producto de la actividad humana. Lejos están los científicos del desacuerdo que Pelletier imagina sobre el asunto y más aún de existir una invención periodística del problema. Más bien existe un interés creciente de medios de prensa allegados a sectores industriales, petroleros y automotrices, cuando no al gobierno norteamericano en desinformar sobre el asunto y poner paños fríos a una situación que es injustificable éticamente e insostenible políticamente. Aunque pueda parecer vergonzoso, no deja de ser menos real que el huracán Katrina hizo perder más votos a Bush que toda la muerte y destrucción que llevó adelante en el Golfo Pérsico. Lo que está en juego no son teorías científicas acerca de si es la acción humana o es un patrón cíclico natural el generador del cambio climático, sino políticas industriales, modelos de desarrollo y de expansión de las grandes potencias, así como costos políticos frente a desastres naturales cada vez más frecuentes. Los propios EE UU están reconvirtiendo su industria automotriz no por causa del calentamiento global sino por la futura escasez de petróleo: la energía barata se terminó y las alternativas se revelan como de primitivo desarrollo y capacidad (energía eólica o solar) o de utilidad controversial (energía termonuclear e hidroeléctrica). Aún nos resulta inimaginable un mundo sin petróleo. Si los pocos años de "energía sucia" que nos quedan a los humanos los estigmatizamos como una amenaza a nuestra supervivencia, nos enfrentaremos a la crisis económica, las hambrunas y la destrucción de los estándares de vida actuales antes de haber hallado una solución al problema energético, argumentan desde los despachos de las multinacionales.
He aquí una de las razones para negar que sea la actividad humana la que produce el calentamiento global. En realidad nos referimos a la actividad industrial -mayormente de las grandes potencias- y al transporte, sin olvidar que los desmontes de las selvas y bosques, los incendios forestales, la agricultura, la ganadería y la espantosa sobrepoblación humana, que ha llevado a la raza humana prácticamente a la categoría de una plaga destructiva, son igualmente responsables de la amenaza. El recalentamiento tal vez no esté lo suficientemente probado -como sostiene el compañero Pelletier- pero eso no nos debe llevar a sostener que es una ficción. Las pruebas de que los cambios climáticos responden a un patrón cíclico, están menos probadas aún. O acaso hemos creído que esto se trata de la conspiración de la comunidad científica para dominar al mundo por el miedo al cambio climático.
Los políticos y los periodistas hablan del cambio climático y lo utilizan como panacea explicativa de todos los males, y tiene intereses para hacerlo, sostiene Pelletier. Es verdad, coincidimos; también dicen que los nazis asesinaron a millones, que hay que acabar con el hambre en África y que el cigarrillo es malo para la salud, es verdad y coincidimos también. Como igualmente coincidimos con los marxistas en que hay que acabar con el sistema capitalista de dominación: ¿eso nos convierte en sus aliados? Las verdades en boca de los mentirosos (sean políticos o no) no dejan de ser verdades ni se convierten en verdades a medias. Pareciera que este no es el razonamiento de Pelletier.
Sostiene nuestro autor que "para imponerse en un mundo moderno en el que se mezclan a la vez racionalismo y religiosidad, ya sea antigua o nueva, escepticismo y fanatismo, revuelta y fatalismo, toda ideología de vocación hegemónica debe pegar fuerte. Recurre siempre al catastrofismo. Por eso, no duda en cultivar la más grande confusión". A través de las imágenes televisivas de estética apocalíptica y de un discurso sentimental se construiría el fraude. Pelletier afirma que "son raros los reportajes sobre la contaminación efectiva y no fantasmal, incluyendo nuestro propio espacio, y no los dedicados a los bosques vírgenes o los casquetes polares que, desde luego, son mucho más exóticos, estéticos y glamorosos a la vista. No veréis a obreros en la miseria o casas de mierda". La razón -según Pelletier- es que "vende menos"; el negocio está en la "estetización de la catástrofe". Si el fenómeno del calentamiento global es un invento de los medios y los políticos para vendernos algo, sea lo que fuere eso, da lo mismo vender calentamiento global que pingüinos empetrolados, bosques que se desmontan o pandas en peligro. Deberíamos preguntarnos además por qué nos quieren vender algo que no deja bien parado al mundo industrializado, cuando ellos forman parte del stablishment.
No será, en cambio, que los políticos y los medios de comunicación intentan apropiarse de un discurso que ya no pueden ignorar, para encauzarlo en su favor. Ese parece ser el caso del documental An inconvenient truth (una verdad incómoda), protagonizado y patrocinado por Al Gore, ex hombre de Clinton y candidato presidencial derrotado por Bush, en unas fraudulentas memorables elecciones. Como documental acerca del cambio climático es altamente pedagógico y nadie puede alegar que la argumentación no es coherente, consistente y convincente. Es verdad también, que mucho de lo que aparece en la película coincide con el análisis del compañero francés, especialmente con esa estética de la catástrofe omnipresente, con el panorama negro, desolador y prácticamente irreversible de la situación. Clima que Gore aprovecha para forjar su imagen de chico bueno de la película, de obvias perspectivas electorales: "si no me votan, vendrá el Apocalipsis". El hombre surfea sobre la ola de un tsunami y le saca provecho; actitud contraria a la de Bush, que se empecina en negar la ola. Las dos son estrategias válidas para perpetuarse o para acceder al poder, así ambos sean tanto mentirosos como sinceros en sus argumentaciones.
De todos modos los discursos no pretenden que la gran mayoría tome conciencia real de las cosas y que se pierda el control y el cauce de la indignación popular. En el documental de Gore no se culpa a las grandes industrias, al consumismo, al capitalismo, a la explosión demográfica o al imperialismo militarista de las emisiones de dióxido de carbono: se culpa a la ignorancia de todos los ciudadanos, a la falta de conciencia ecológica de la población, a unos cuantos políticos -a Bush en especial- y unas industrias, pero del sistema capitalista mejor no hablar. Las soluciones para la catástrofe que se vislumbra dan risa: comprar aparatos eficientes de bajo consumo, cambiar los termostatos de heladeras y acondicionadores de aire, reciclar, utilizar el transporte público o ir en bicicleta y todo tipo de recomendaciones y máximas morales y sentimentales; la mejor de todas: "si los políticos no te hacen caso, postúlate al Congreso". El resultado es un manual de la inacción, la acción aislada, individual e intrascendente.
Muy por el contrario a nuestra opinión, el compañero Pelletier afirma que "la evocación de las catástrofes medioambientales actuales (…) funciona como un espantapájaros destinado a asustar y culpabilizar a los individuos pasivos e indiferentes. Asusta a las masas del mundo pretendidamente post-industrial, estigmatizando a las masas del ex Tercer Mundo, que son juzgadas culpables de pretender incorporarse al mundo industrializado". Creemos que las masas del mundo están muy lejos de aterrorizarse frente al cambio climático, que a nadie, ni en el Tercero ni en el Primer Mundo, se le ocurriría siquiera obstaculizar la instalación de una industria en nombre del calentamiento global (aunque, paradójicamente, sí lo han hecho para evitar la contaminación). Me resulta también imposible visualizar como lo hace Pelletier el papel de espantapájaros que atribuye al catastrofismo, cuando el sentido común también podría hacernos vislumbrar algún aspecto movilizador hacia la acción. Y creo que es por lo menos contradictorio afirmar, como lo hace Pelletier, que: "teóricamente, el catastrofismo pretende, sobre todo entre algunos militantes sinceros, hacer reaccionar a los individuos. Trata de imponerse como un imperativo moral que justifica la revuelta". No nos queda claro entonces, cómo es que ahora el espantapájaros incita a la revuelta.
El anticatastrofismo del camarada Pelletier termina desbordándose cuando sostiene que el catastrofismo "ha permitido carreras políticas", "refuerza el egoísmo colectivo" (incoherencia semántica que se ahorró de explicarnos qué significa), fomenta el terrorismo ecológico y la creación de opciones ilusorias y escapatorias como son la contracultura alternativa y el "capitalismo ético" de Soros. En este revuelto incoherente e injustificado termina Pelletier, por deducir propiedades al catastrofismo ecológico que son de hecho contradictorias. El calentamiento global es presentado como el fraude del siglo, con argumentación científica harto sospechosa y proveniente de sectores más oscuros aún, directamente salidos del riñón del enemigo capitalista. Si bien es justa la indignación del compañero sobre la utilización del discurso ecologista por el sistema capitalista, y más aún del movimiento político que se apañó tras los numerosos partidos verdes y ONG surgidos después del mayo posmoderno del 68, con los cientos de desertores y vendidos como Cohn-Bendit, no podemos tapar el sol con un dedo. El calentamiento global es una amenaza tan real como la posibilidad de una guerra termonuclear entre las grandes potencias; argumentar que la destrucción del planeta con armas nucleares es un mito, debido a que nunca se llevó a cabo dicha guerra, sería considerado absurdo, un razonamiento monstruoso. Creer que el calentamiento global y sus consecuentes desastres ecológicos son un mito pergeñado por el enemigo, es no solo una actitud irresponsable sino que favorece a aquellos a quienes pretende atacar.

P. Rossineri
(Periódico ¡Libertad! de Buenos Aires) Subir


¿Catastrofismo o abandono del sentido crítico?

¿Por qué el análisis crítico que hemos propuesto a propósito de numerosas cuestiones técnico-científicas, como los OGM (organismos genéticamente modificados), el descifrado del genoma humano, la procreación humana artificial o la fabricación de energía electronuclear, no se ejerce con la teoría del calentamiento global (global warming)? ¿Por qué esa prudencia, si no desconfianza de que hacemos gala ante las creencias admitidas (Dios, el Estado, la autoridad, la cárcel…) queda olvidada? ¿Porque lo del clima nos supera? ¿Porque procede de la naturaleza y nos remite a la psiqué de un antiguo animismo subsistente en algún recodo de nuestro cerebro reptil?
No, nada de eso, ningún motivo nos impide conservar nuestra razón crítica, practicar nuestra filosofía de la duda, que no es incompatible con las convicciones. Y resulta que, en el caso del calentamiento global, los científicos no son unánimes, contrariamente a lo que se pretende.
Sí, la mayoría de ellos admiten las conclusiones de los informes del GIEC (Grupo Intergubernamental para el Estudio del Clima), pero los anarquistas están bien situados para saber que la mayoría no siempre tiene razón. Existen sabios que, en grados diversos, se interrogan sobre la realidad del calentamiento climático. Si se toma el caso de Francia, se puede citar por ejemplo a los geógrafos Marcel Leroux y Jean-Pierre Vigneau, al ingeniero Yves Lenoir, y a otros que se muestran prudentes sobre tal o cual punto de la hipótesis o sobre una u otra interpretación (como Robert Kandel, Martin Tebeaud o Pierre Pagney).
Alejémonos provisionalmente, para avanzar serenamente en nuestro análisis, del argumento que consiste en decir que los que niegan (o minimizan) el calentamiento global tienen que ver con las grandes petroleras o con la familia Bush. Podríamos oponer a ello el lobby de las electronucleares, argumentando que la energía atómica no produce gases con efecto invernadero.
Alejémonos también de las constataciones empíricas: la nevada invernal ha disminuido, por ejemplo, en el Macizo Central y en los Alpes del norte de Francia desde hace unos veinte años, lo que confirmaría la hipótesis de un recalentamiento (no global, pero sí local, que no es lo mismo). Podemos también replicar que algunas regiones de Siberia no habían conocido antes un invierno tan frío (en 2006 se ha batido un récord centenario).

La necesidad de una prudencia científica y metodológica
Los desacuerdos entre científicos son variados y graduales. Se centran, de modo general, en cuatro puntos en particular, más la cuestión de su síntesis:
1. La validez de las medidas, especialmente las mediciones de temperatura (las estadísticas disponibles, su distribución geográfica, la reconstrucción de las temperaturas anteriores…)
2. La relación entre recalentamiento y gas con efecto invernadero (GES)
3. La función de los GES de origen humano
4. La pertinencia de los modelos climáticos utilizados por los ordenadores para prever el futuro climático
Sin poder entrar en una discusión erudita, que llevaría varias páginas, podemos plantear, sin abandonar la prudencia, varios interrogantes.
1. No disponemos de datos térmicos (ni climatológicos) científicamente sólidos anteriores a siglo y medio (desde 1850 hasta nuestros días). Eso es muy poco en la escala del tiempo planetario. El período es más restringido todavía para los datos que afectan a grandes regiones fundamentales (África subsahariana, Asia central, Amazonia…). Dicho de otro modo, para analizar el clima del conjunto de la Tierra y del tiempo, no tenemos más que datos fragmentarios.
Hay que reconstruir climas antiguos, lo que resulta muy difícil a pesar de la ayuda reciente de la glaciología y la palinología. Una de sus consecuencias es la utilización de medias, a menudo abusivas, de generalizaciones y aproximaciones que aumentan el margen de error.
Fundamentalmente, la propia noción de calentamiento global es tan ambigua que puede aludir a un "clima global" o a un "tiempo medio". ¿Cuál es el "clima terrestre" si somos africanos, esquimales o aborígenes? ¿Y si somos argentinos o franceses? Si la Tierra se calienta aquí pero se enfría allí, ¿cuál es el valor de la media térmica?
2. La relación entre calentamiento y GES está comúnmente admitida. Pero no hay que olvidar que el vapor de agua forma parte de ello, y que representa las dos terceras partes del efecto invernadero. Esto es en primer lugar un fenómeno natural, sin el cual el planeta sería tan frío como Venus. Por eso, hay que hablar más bien del "efecto invernadero adicional" para evocar las causas de origen humano.
La Tierra ha conocido ya muchos recalentamientos, entre los últimos, las épocas interglaciares, el optimum del Dryas (de -10.000 a -8.500 años BP), el pequeño optimum boreal de los siglos X al XIII, en la época en que Groenlandia era el "país verde" (green land) de los vikingos, antes de que éstos lo abandonaran tras un enfriamiento. O bien esos episodios de recalentamiento, de observación fundamental porque nos permiten evaluar concretamente un fenómeno en lugar de glosar sobre el futuro, no son forzosamente el corolario de una elevación de los GES. Dicho de otro modo: el recalentamiento no está ligado a la abundancia de CO2 en la atmósfera.
3. La existencia de GES de origen humano no ha sido rebatida. Sin embargo, la amplitud y el impacto de esos GES plantean interrogantes. Se ha observado un ligero enfriamiento climático de 1950 a 1970 en Europa occidental, mientras que las industrias pesadas de los "treinta gloriosos", emisoras de GES, actuaban a toda máquina. Este recordatorio basta para hacernos prudentes respecto a las relaciones entre industria, CO2 y calentamiento climático. Por otra parte, los científicos y los ecologistas de la época nos pronosticaban un enfriamiento del clima a causa del polvo contaminante, que bloquearía los rayos del sol.
4. La manipulación de miles de datos por ordenadores cada vez más potentes ¿basta para reconstruir el tiempo y para prevenir el futuro? Se puede dudar a la vista de la incapacidad actual que tienen los meteorólogos para predecir aquí y ahora el tiempo más allá de tres días, e incluso dentro de esos tres días los errores son numerosos. Cualquiera puede darse cuenta, por no hablar de algunos fracasos monumentales de la meteorología (como la famosa tempestad invernal de 1999 en Francia).
El problema es por lo menos doble para los cálculos del ordenador:
a. Los modelos climatológicos aplicados no han sido revisados desde hace lustros, especialmente los relativos a la circulación general de la atmósfera. Los trabajos de Marcel Leroux, que inciden en la circulación meridiana (norte-sur) generada por los AMP (anticiclones móviles polares) se ignoran porque molestan al dogma comúnmente admitido.
b. No todos los parámetros están integrados, o lo están mal: la nubosidad, la velocidad del viento, las emisiones de GES causadas por erupciones volcánicas… La circulación general de los océanos, durante mucho tiempo apenas tenida en cuenta, de ahí las numerosas críticas justificadas a este respecto, son objeto de nuevas investigaciones, que suscitan nuevas cuestiones.
La menor de las cosas -la menor de las "precauciones", por retomar un término a la moda- es de tal complejidad, complejidad del clima, del mundo, de los cálculos, que debe hacernos permanecer prudentes, interrogativos y mesurados. Como subrayaba con acierto Elysée Reclus en el prefacio de Dios y el Estado de Bakunin (1882), "el sabio del hoy no es sino el ignorante de mañana". Y si no ¿qué demuestra el desenfreno del catastrofismo ecológico, los pronósticos tan inquietantes, la desmesura de todo tipo? ¡Son excesos de los que se alimentan los eternos profetas de la desgracia, los gurús, los medios sensacionalistas, los políticos demagogos! El anarquismo, que no constituye una alternativa más extrema, a pesar de que algunos lo desearían, tiene, a mi parecer, más a perder que a ganar si se alinea con ese cortejo del miedo, del exceso y del extremismo.

El catastrofismo, técnica de dominación
Hay que preguntarse sobre la utilización del catastrofismo ecologista tal y como se utiliza de modo dominante por los dominantes. A mi parecer, el interés más o menos súbito que tienen los dirigentes por el medio ambiente no procede de un simple oportunismo. Desde luego existe en términos de táctica electoral, de cálculo político, de demagogia y de estrategia de promoción. Pero eso no basta para comprender lo que pasa. Hay muchos factores en juego y no necesitamos una "teoría del complot" que interese a la extrema derecha.
Los capitalistas han comprendido que no pueden cortar indefinidamente la rama ecológica sobre la que se asientan sus beneficios. La fórmula (catastrofista) de Lenin, según la cual venderán la soga con la que los revolucionarios los colgarán, es sin duda impresionante pero también tiene su parte de verdad. La externalización de los costes ecológicos tiene sus límites, incluso para los capitalistas. Plantearse otros recursos (materias primas, energía…) es ya para ellos una necesidad en el marco de una competición feroz por la supervivencia económica, incluso en el sector petrolífero y automovilístico. En esta como en otras actividades, no basta con forrarse a costa ajena o buscar un proletariado más manejable y explotable, hay que extender el mensaje ecologista de "apretarse el cinturón" y de "la lucha por la supervivencia". Un discurso social-darwinista al gusto del consumidor. Este mensaje es además práctico porque conforta a las bases de la dominación. Cultiva el eterno principio de los dominantes afirmando "estamos todos en el mismo barco", la Tierra en competencia, es decir: no hay clases sociales, no hay dominantes y dominados, no hay lucha de clases. Se le reviste de una dimensión mística, la "diosa Gaia" (a la que hay que salvar), que es mucho más atractiva que el "índice Dow Jones" (que hay que aumentar). Esta dimensión mística, que llega hasta la divinización de la naturaleza, es aún más necesaria y bienvenida porque palía en los países industrializados el retroceso del sentimiento religioso clásico, permitiendo un retorno a esto: sea por medio de las nuevas sectas que hacen de la Naturaleza su nueva religión, sea por una vuelta a las Iglesias tradicionales que, como el Vaticano, han adoptado un discurso ecologista.
El catastrofismo ecológico añade una dimensión de miedo que tiene varias consecuencias. Paraliza a una parte de las masas desarrollando en ellas "el egoísmo colectivo", es decir, el "cada uno a lo suyo, y Dios y el Estado para todos". Lanza a algunas minoría a posturas de urgencia (el activismo ecológico más o menos radical) o de repliegue (las pequeñas comunidades, el primitivismo, la secta) con sus inquietantes derivaciones políticas, como la "dictadura acogedora" reclamada por el filósofo Hans Jonas con el fin de "salvar el planeta".
El miedo conducido por el catastrofismo ecologista engendra reacciones histéricas que proceden más de la "peste emocional", que Wilhelm denunciaba a propósito del fascismo, que de la argumentación reflexiva y respetuosa. Basta con consultar Internet para ver el nivel de estupidez e incompetencia de ciertas reacciones ante los que se interrogan sobre la veracidad del calentamiento global. Afortunadamente, el compañero argentino no forma parte de ellas, pero la tendencia es casi siempre más a la exclusión que al diálogo.
Los plazos lejanos, apocalípticos y casi milenaristas, de la hipótesis del calentamiento global reducen o reconfiguran la problemática de las necesidades inmediatas, incluyendo las medioambientales, y más aún si no se trata directamente del clima (la contaminación de las aguas, la peligrosidad del trabajo, de algunos productos…). El efecto perverso es que numerosos actores sociales están interesados en incluir el calentamiento global entre sus reivindicaciones para obtener satisfacciones (y algunos científicos lo han entendido muy bien y se sirven de ello para obtener créditos o notoriedad…).
De modo más general, el calentamiento global, que se da cada vez más como LA causa única y explicativa de todo, o de casi todo, nos conduce a una filosofía monista, monocausal, en la que reinan los sistemas de causalidad lineal, y los principios únicos (Dios, la Tierra…) pueden explicarlo todo y… dictar nuestra conducta. Aquí es donde se establece la conexión entre ciencia e ideología: porque entre algunos estudiosos, la toma en cuenta de varios factores, de parámetros diversos, de amplias escalas de tiempo y espacio, es a menudo atajada de modo apabullante. Y no hablemos de los medios de comunicación, que caricaturizan y simplifican a más no poder. La sumisión del razonamiento complejo supone cuestionar nuestra inteligencia y nuestro sentido crítico. El sistema escolar dominante lo enloquece. Simultáneamente, el pueblo soberano se siente presionado por los sabios, que lo mantienen en la ignorancia. La tecnociencia, que detenta la legitimidad del discurso sobre el calentamiento global puede todavía imponerse y reinar.

Viva la anarquía de los meteoros
Por último, hay dos paradojas. Porque la retórica sobre el calentamiento global, su pretensión de prever el tiempo en un siglo, el aumento de los océanos casi al centímetro, la elevación térmica casi al milímetro, mientras que ningún boletín meteorológico es capaz de darnos el tiempo exacto de aquí a una semana, tiene como corolario la pretensión de afirmar que la humanidad es responsable del desastre climático. Bajo la capa de una denuncia anti-prometeica, esta retórica cultiva y rehabilita en realidad el pensamiento prometeico.
Y lo practica en los dos sentidos: al denunciar la actuación de la humanidad sobre la naturaleza y su irresponsabilidad, anuncia al mismo tiempo que lo que la humanidad ha deshecho lo puede rehacer: puede modificarlo todo a su antojo. Dicho de otro modo, pretende decir que la humanidad puede controlar el clima en su beneficio, que es dueña del tiempo y del espacio. Podemos ver enseguida el desarrollo de preparativos y políticas de todo tipo que preparan los dirigentes... Por otra parte, ya existen soluciones de lo más tecnocrático o peregrino para luchar contra el calentamiento global… Algunos proyectos se plantean nada menos que sembrar los océanos con limaduras o con sulfato de hierro para favorecer la multiplicación de fitoplancton que elimine el CO2. Menuda oportunidad para los siderúrgicos…
No es esa la menor de las sorpresas; es la segunda de las dos paradojas que hemos anunciado. Efectivamenten, no es una sorpresa que los ecologistas, a pesar de las críticas abiertas de la filosofía prometeica y de la tecnociencia, se hayan sometido con tanta facilidad a la retórica del calentamiento global, que se ha basado en la ciencia, pero que es a priori pura y dura, y sin embargo resucita a Prometeo.
Eso no es nada asombroso si vemos los orígenes de la historia, en realidad mal conocida, de la ecología y del ecologismo desde Haeckel, inventor de la palaba ecología en 1866, cuyo libro sobre El monismo fue prologado por el racista George Vacher de Lapouge, que sugería sustituir la divisa "libertad, igualdad, fraternidad" por "determinismo, desigualdad, selección". ¿Deben seguir los anarquistas este camino cenagoso?
Sí, el tiempo es inestable, cambiante, complejo, multiforme, vivo, libre. Todos los sacerdotes, gurús y reyes han tratado desde hace lustros de controlarlo a su gusto (el reloj, las fiestas, el calendario) pero en vano. Lo han querido disfrazar de dios omnipotente, con sus sacerdotes, sus gurús y sus profetas de la desgracia… Pues bien, el tiempo se burla de ellos porque les muestra la realidad, la de la humanidad y su entorno en toda su riqueza. ¡Viva la anarquía de los meteoros!

Philippe Pelletier Subir


Dos mujeres anarquistas

Libertad Ródenas nació en Chera, Valencia, en 1892. Su padre Custodio, después de vivir en París y conocer los escritos de Voltaire, quedó ganado para el librepensamiento. Volvió a Valencia y se unió a Emeteria Domínguez y tuvo tres hijos: Volney, Progreso y Libertad. Durante el resto de su vida fue un firme propagandista de las ideas liberales.
Libertad ingresó con cinco años en una escuela laica, pero pudo asistir por poco tiempo.
Era aquella una época de agitación política y social contra el régimen monárquico y contra el primer ministro Cánovas del Castillo. Libertad, ya con más años, comenzó a frecuentar los mítines y reuniones políticas y pronto participó en las controversias que se suscitaban adquiriendo una capacidad oratoria y expositiva muy importantes. Pronto habría de decantarse hacia la defensa de la idea anarquista y a partir de entonces multiplica su presencia en actos públicos y en los conflictos que se plantean entre el Capital y los obreros.
En 1918 se traslada con su familia a Barcelona y puede intervenir en el Congreso de la Confederación Regional de la CNT que tiene lugar en Sants. Posteriormente participa en giras de propaganda organizadas para exponer y explicar los acuerdos del Congreso y también para ayudar en la constitución de sindicatos en las localidades donde no existieran.
Durante una de estas giras conocerá a quien luego será su compañero, José Viadiu, militante confederal.
Su casa en Barcelona se convirtió en centro de reunión y de refugio de los perseguidos por parte de las autoridades, a nadie faltó cobijo. También sirvió como depósito de armas que habrían de servir como defensa ante los ataques del Estado y de sus mercenarios que por entonces y sobre todo en Barcelona proliferaban, donde no había día que militantes obreros no fueran encarcelados, deportados o asesinados. Martinez Anido, Arlegui y el llamado Barón Koenig y sus pistoleros hacían de la ley y de la justicia una sucesión de violencias y crímenes.
La familia Ródenas no quedó indemne; Volney y un primo llamado Armando fueron detenidos y una noche les fue aplicada la "ley de fugas", quedando Armando tan malherido que habría de fallecer en breve; afortunadamente Volney pudo escapar ileso y ocultarse.
En otro tiroteo también fue herido su otro hermano Progreso.
El 13 de diciembre de 1920, tras el atentado y muerte del policía Espejo, Libertad fue detenida y llevada a presencia de Arlegui en la jefatura de policía. Allí rechazó las insinuaciones de soborno para que abandonara su militancia. Esto le costó pasar tres meses en prisión.
Una vez liberada y en unión de Rosario Dulcet viaja a Madrid para dar una charla en el Ateneo denunciando el terror gubernamental que asola Barcelona y toda Cataluña.
Continuó con las giras propagandísticas por toda España, lo que le acarreaba arrestos y detenciones, como aquella vez que fue arrestada en Guadalajara por unas charlas que dio en compañía de Juan Peiró.
Libertad actuó en el grupo "Brisas Libertarias" de Sants con Rosario Segarra y luego con Rosario Dulcet, Miralles, García y otros.
También habrá de participar en los comités pro-presos barceloneses.
Con el compañero Viadiu tuvo tres hijos y su militancia quedó suspendida por un tiempo.
En julio de 1936 salió con la Columna Durruti hacia Aragón, y en el frente participó como una miliciana más, igual al resto de sus compañeros. Se ocupó de la evacuación hacia Barcelona de los niños aragoneses evacuados de los frentes de guerra.
Va a colaborar también en las actividades de Mujeres Libres y en su órgano de propaganda.
Al final de la guerra cruzará la frontera francesa, pudiendo más tarde establecerse en México, donde fallecería en enero de 1970.

* * *

Rosario Dulcet nació en Vilanova y la Geltrú, Barcelona, en 1881 (otras fuentes dicen en 1890).
Su padre, Jaime, es un republicano federal y ardiente defensor de la cultura, por lo que la envió a una escuela librepensadora que tenía como maestra a Teresa Mañé (la futura madre de Federica Montseny). En esta escuela y también por lecturas, Rosario irá conociendo el anarquismo.
A los 14 años comienza a trabajar en una fábrica textil y se afilia a la sociedad obrera "Las Tres Clases de Vapor", constituida en 1869 y que en 1913 se integraría en la CNT.
Dentro de la lucha sindical, Rosario se da cuenta de la inutilidad de las mejoras parciales y restringidas al salario y propugna por una lucha que conlleve la liberación total de la opresión capitalista.
Con 20 años se une libremente con un hombre, primer caso en la ciudad, lo que le acarrea el estigma de la sociedad bienpensante y el despido e imposibilidad de trabajo en Vilanova. Marcha a Sabadell, pero su implicación en la huelga textil le obligará a emigrar a Francia.
Es el comienzo de la I Guerra Mundial, y en la ciudad de Sete realiza propaganda antimilitarista entre las tropas francesas. Perseguida tiene que salir para Montpelier donde permanecerá unos años.
En 1917 regresó a Barcelona. En estos años y debido al gran aumento de precios de todo tipo de productos, aún los de primera necesidad, ya que los fabricantes se aprovechaban y especulaban con las necesidades bélicas europeas, se produjeron manifestaciones y actos de protesta para conseguir su abaratamiento. Rosario tomará parte activa en los mismos, llegando a intervenir en un mitin republicano donde tomará la palabra incitando a los presentes para que abandonaran los partidos políticos y se unieran a las organizaciones obreras para conseguir la destrucción del Capitalismo y el Estado.
También participará en innumerables actos de la CNT y en giras de propaganda.
En la decada de 1920, durante la represión de Martínez Anido, Rosario acogió en su casa a perseguidos, entre ellos a Marcelino Silva, con quien posteriormente uniría su vida. A Marcelino en 1937, durante los sucesos de Mayo en Barcelona, lo asesinarían los comunistas.
Ya se ha comentado la intervención de Rosario junto a Libertad Ródenas en la charla en el Ateneo madrileño para denunciar el terror gubernamental.
Durante la dictadura de Primo de Rivera fue encarcelada dos veces: por reparto de propaganda y por delito de incitación a la rebelión.
En marzo de 1933 fue delegada al Pleno Regional de la CNT.
En 1936 hizo giras de propaganda y colaboró con distintas colectividades campesinas.
Con la derrota, se exilió a Francia, a Carcasona, donde moriría atropellada por un automóvil a los 87 años.

Juan Ruiz Subir


El Estado está

La liberación es la condición política o histórica de las prácticas de libertad
Michel Foucault

En nuestra lengua (el castellano) se da una clara diferencia entre ser y estar, asunto que no es tan evidente en otros idiomas, esta separación es más difusa o al menos no existen dos verbos que señalen de forma precisa esta diferencia, sirva de ejemplo la lengua inglesa: el verbo to be designa tanto el significado de ser como estar, sus matizaciones se reflejan no en un verbo sino mediante usos verbales como son los diferentes modos del presente: continuo, habitual, etc.
El término estar etimológicamente proviene del latín stare, el Diccionario de la Academia lo define como: "existir, hallarse una persona o cosa en este o aquel lugar, situación". Este verbo indica una forma de permanecer en un lugar, expresa una situación, por ejemplo cuando afirmo "estoy libre" quiero decir que me encuentro y se dan las condiciones de la libertad; sin embargo cuando indico lo mismo con el verbo ser "soy libre" expreso una cualidad, un modo de existir.
El Estado etimológicamente deriva de estar, no de ser. Siendo rigurosos su etimología es latina de status, y proviene de la misma raíz del verbo estar. El Estado sea cual fuera su definición hace referencia a categorías espaciales. Ya se defina de modo positivo y muy optimista como el lugar de la reconciliación, es decir, como la institución capaz de hacer prevalecer el interés general, como instrumento de solución al problema de la colectividad heterogénea, múltiple y enfrentada, como integración social de los diferentes grupos cuyos intereses armoniza. O de un modo peyorativo como el uso legítimo de la fuerza, como el instrumento de una clase dominante para regular las relaciones humanas, como la más refinada expresión jurídico-política del poder. De una manera o de otra el Estado está.
Cronológicamente apareció en Europa en el Renacimiento, con anterioridad se daban otras formas de organización política y social pre-estatales, como la polis, civitas, imperio... El Estado es, pues, sólo una forma actual de la organización político-social sujeta a la desaparición, cuya extinción no implica el fin de la vida política. Han existido otras formas de organización previas y existirán otras futuras.
El Estado es un lugar, una topología, un modo de habitar y rellenar el espacio público que satura, inunda, no deja nada vacío, hormigona y cementa aunque en sí mismo el Estado sea etéreo, sin cuerpo, ni sustancia: es todo y nada.
Esto es posible por su espacialidad, el Estado hoy cosifica, su sombra y su rostro determinan los lugares de nuestras relaciones y nuestro ser como hombres. El gobierno (su esbirro más fiel) organiza nuestra existencia hasta el paroxismo. A día de hoy estamos moviéndonos por espacios de dominación absolutos, nuestros cuerpos están completamente controlados: no podemos ni enfermar sin cargo de conciencia, alegremente, inocentemente; vivimos en un mundo en el que a la desgracia y desazón que supone contraer un cáncer de pulmón hay que añadirle los remordimientos, no es una enfermedad sólo genética, sino que se escucha una voz que grita: ¡no tenías que haber fumado, ya te lo dije!
El Estado es omnipresente, habita todos los lugares, está hasta en la sopa, cómo se explica si no la actual ley sobre el anisaquis. No podemos ni fumar (ley antitabaco), ni estar gordos (pensemos en la polémica del Ministerio con una famosa cadena de comida rápida sobre las calorías de una mega-hamburguesa. -¡Es una cuestión de salud pública!- argumenta la ministra con una hipocresía manifiesta ya que peor es para la salud la gran mayoría de relaciones laborales, jornadas abusivas, escasas vacaciones, ridículas bajas ya sea por maternidad, defunción familiar...) ni movernos más que en sus redes (1).
El Estado no es una institución, está regulando nuestra existencia. Estado deriva de estar. El Estado ocupa espacios y lugares que le pertenecen a otro, a los hombres y a las sociedades.
Pero espacio y tiempo van unidos, transitan juntos, son consustanciales. Esta macro expansión estatal esta en uno de sus últimos momentos, dando sus últimos coletazos, asistimos a sus postreras horas, se muere; está siendo devorado, aniquilado, vivimos los últimos tiempos de su existencia. El Estado también es perecedero, nació en el Renacimiento y está anciano y decrépito, su tiempo se está consumiendo. Su espacio está siendo ocupado, devorado por una realidad material que está suplantándolo, desplazándolo: su nombre es el Capital.

Elena Sánchez Subir

Nota:
1.- La legislación jurídica sobre el bio-control aumentará en los próximos años.


 

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