PERIODICO ANARQUISTA
Nº 224
         MARZO 2007

 

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Contra la guerra, la vigilancia y la represión

Cada vez más cámaras de vigilancia en cada esquina, un continuo endurecimiento de las leyes, más cárceles, un sofisticado sistema de almacenamiento de datos individuales que se hace más extenso, operaciones militares por todo el mundo, legislación "antiterrorista"... nuestra sociedad se militariza cada vez más. Conforme se acelera el ritmo de producción de novedades tecnológicas se hace más fácil para los Estados industrializados vigilar y oprimir en total libertad.
¿Y debemos creer que todo esto es en contra del terrorismo internacional del que nos ha de proteger el Estado? ¿Qué se oculta en verdad tras todo esto?

¿Está el Estado de nuestra parte?
Los Estados pretender regular a los ciudadanos a cambio de garantizarles seguridad, bienestar y libertad para todos. En realidad se caracterizan por una tendencia a aumentar su poder y su control sobre los individuos y por proveer seguridad, bienestar y libertad a unos pocos. El sistema económico capitalista, del cual se beneficia esta minoría, ha creado un desempleo y una pobreza crecientes, porque cada vez se necesita menos gente para producir más. Como resultado las condiciones de vida de la mayoría de la población están empeorando. Ahora los Estados se están armando para poder mantener el control en el futuro sobre una masa creciente de población, desposeída de un porvenir y cada vez más pobre.

¿Puede ser el Estado un medio de
enfrentarse al terrorismo y la criminalidad?

La forma más común de terrorismo es el terrorismo de Estado. Este se puede ver en la "guerra contra el terror", en la tortura de sospechosos de terrorismo o en la represión a cualquier movimiento de oposición. Países enteros son destruidos en cuanto se atreven a evitar el control y la explotación de los más poderosos del mundo. Constantemente, para garantizar nuestras libertades y luchar contra el terrorismo, el Estado ataca esas libertades y se vale de ese terror. Las llamadas democracias occidentales se están convirtiendo en Estados policiales y de vigilancia en los que pronto será posible observar los actos y hechos de toda la población a cualquier hora del día o de la noche. Aquellos que quedan en los márgenes de la sociedad, porque están desempleados, vienen de otro país o quieren resistir este sistema, son criminalizados y oprimidos, incluso acusados de terrorismo y amenazados con la prisión, la tortura y la desaparición. El sistema no retrocede ante nada para asegurara su poder y aumentarlo.
Hay otro tipo de terrorismo, que en general surge como una reacción a la política de estos gobiernos, como por ejemplo el de la resistencia en el Iraq ocupado.
La mayor parte de los crímenes ocurren por las prohibiciones y limitaciones que el gobierno impone, o son los resultado de las injusticias y las necesidades que crea el sistema económico capitalista, defendido por toda la fuerza del Estado.
Tanto el Estado como el capitalismo crean más crimen y terrorismo que el que el Estado y las medidas de seguridad privadas pueden evitar.

¿Es que no hay otra solución?
Se nos repite una y otra vez, en la escuela, en los lugares de culto, en los medios de comunicación y durante las campañas electorales, que necesitamos a alguien que nos cuide, que nos vigile, que nos proteja y que dirija nuestra vida en nuestro lugar. Todo lo que se espera de nosotros es que trabajemos, que consumamos, obedezcamos y nos volvamos asesinos o carne de cañón para sus guerras cuando nos lo ordenan. Desde el momento en que decimos querer una nueva sociedad, su respuesta inmediata es decir que otro sistema no puede funcionar. No hay otra solución.
Hay quien nos pregunta si nuestras ideas son realistas. No pretendemos tener un mapa con todas las respuestas. Y tampoco somos tan pretenciosos como para decirle a la gente cómo tiene que vivir. Sin embargo hay bastantes ejemplos de auto-organización, sin jerarquías, que nos indican que estamos en el buen camino. Y lo que sí tenemos seguro es que el sistema actual no funciona para la mayor parte del mundo, como queda testificado por el número de muertos por hambre o de refugiados. Incluso el clima está cambiando para peor por la forma de producción capitalista, con el medio ambiente contaminado. Hay guerras sin cesar, las cárceles están llenas a rebosar, y se viene instalando cámaras sin parar en los últimos años.
El sistema está de espaldas contra la pared, se ha visto reducido a un intento desesperado de controlar a las masas de aquellos que han sido expulsados, mediante el uso de medios cada vez mayores de vigilancia y represión. El Estado y el capitalismo están en una callejón sin salida. Intentar protegerlo mediante reformas o violencia no tiene ningún sentido.
Cuánto más nos demos cuenta de esta verdad, antes seremos capaces de empezar a construir algo nuevo. Esto no es algo que podamos hacer nosotros solos. Hay que hacerlo todos juntos.
Lo que queremos: una sociedad sin dominación, con bienestar para todos, cooperación, apoyo mutuo y la conservación del medio ambiente.
A lo que ni el Estado ni el capitalismo pueden responder es a esto: ¿Es posible dar a cada uno lo que necesita sin destruir el medio ambiente y sin explotar ni oprimir a la población, al mismo tiempo que se vive libre y en paz?
Aseguramos que es posible, mediante una sociedad basada en el apoyo mutuo y la libre asociación en la que los individuos controlen sus propias vidas y en la que no haya lugar para jefes, policías o soldados.

Internacional de Federaciones Anarquistas Subir


Los nuevos (y viejos) creyentes
del ecologismo

Todo el mundo es bueno, todo el mundo es ecologista. Tanto de la derecha como de la izquierda. De la extrema derecha (véase el programa científico del Frente Nacionalfrancés) a la extrema izquierda. Lepage, Ollin, Voynet, Memère, Cohn-Bendit, Hulot, etc. ¿Quién quiere firmar la carta de Hulot? El ecologismo lleva actuando tiempo, como vemos desde hace años, pero se ha franqueado un obstáculo.
Ante esta extensión, son posibles tres actitudes. Podemos irritarnos: todos esos no son verdaderos ecologistas, sino impostores o traidores. Podemos regocijarnos: por fin los problemas ambientales están en el corazón del debate público, por fin una filosofía o una sensibilidad que son tenidas en cuenta. Podemos también tratar de interrogarnos sobre el fondo, sobre las verdaderas razones de ese éxito, tratar de comprender lo que significa y hacia dónde nos conduce.

La actitud de los cátaros
La primera actitud, es decir, la de "no son verdaderos ecologistas", alude típicamente a la secta de los perfectos y los puros, los cátaros. Porque con ella se sobreentiende que "los verdaderos, los puros, los perfectos" somos nosotros, los demás son caca de la vaca. ¿Nosotros, que no nos pringamos en los manejos políticos, que somos más auténticos, en quienes el movimiento ha regulado los problemas de poder, de celos, del peso del mundo real, que vivimos "ecológicamente correctos"?
Pero ¿quién decide esa "corrección"? ¿Hasta qué punto de clasificación personal de los desechos, del consumo de productos biológicos, de circulación pedestre o velocípeda, de no utilización del papel higiénico que devora los árboles? ¿Hasta el punto de retirarse al mundo solitario y a la contemplación? ¿Al anarco-primitivismo (yo no, gracias)?
Tener una actitud "totalmente ecológica" desde este punto de vista, admitamos provisionalmente ese término, es muy respetable. El problema está en el paso de la actitud individual, personal, a la dimensión colectiva, al quién decide, quién juzga, quién sanciona. Y qué es lo que se practica en nuestros días sino una mezcla de concienciación ("seamos responsables"), de culpabilización ("si no lo haces, eres un inconsciente, un egoísta, un contaminador"), de sacerdocio ("comprométete en el día a día, el menor gesto cuenta"), de misión ("salvemos el planeta"), de sacrificio ("tanto peor para tu poder adquisitivo o para tu confort") y de panóptico ("por todas partes, todo el tiempo, globalmente, localmente").
Aparte de su "negligencia" hacia los problemas de clase, este tipo de discurso tiene dos dimensiones. Por una parte, la retórica dominante habitual: el sacrificio (apretémonos el cinturón, es decir, vosotros primero…), la culpabilización (si estás en paro es porque no buscas verdaderamente trabajo, etc.), la urgencia (ahí, rápido, ahora, espabila vago…), la pseudolucha contra el fatalismo (a ti te corresponde…). Por otra parte, lo religioso (el sacrificio de nuevo, el sacerdocio, la misión), que es el elemento que más impregna a los países del puritanismo, que son precisamento los más ecologistas (Alemania, Escandinavia, Estados Unidos…). Y todo ello mezclado con una dosis mayor o menor de moralismo según los países y las circunstancias, variable según las alianzas políticas.
La postura de los perfectos y puros, de los cátaros, procede de la secta y del comportamiento religioso, dos fenómenos desgraciadamente muy frecuentes y de los que no se salva ningún medio, ni siquiera el libertario. Estos dos fenómenos son probablemente, tanto en lo inmediato como a largo plazo, mucho más peligrosos que el supuesto calentamiento global. Pensar y situarse en la secta y el neocatarismo permite sin duda refugiarse en el confort de certezas adquiridas a priori en la rebelión, pudiendo integrar en ellas todos los valores dominantes inculcados por todos los dioses de la sociedad. Y es al poder al que hay que temer, con sus jefes de convento, sus sacerdotes, sus gurús, sus aprendices de dictadores. Pensemos en la famosa declaración del filósofo Hans Jonas, figura emblemática del ecologismo, sobre la necesidad de una "dictadura acogedora" para salvar al planeta. Lo siento mucho, pero cuando leo y capto esa frase, retengo sobre todo la palabra "dictadura". Aparte de que la historia está llena de ejemplos en que "lo acogedor" pasa enseguida a un segundo plano. Y pensar en el carácter "transitorio" de la dictadura del proletariado nos llevará a los horizontes dorados del comunismo. Escuchemos atentamente: cuando nuestros gurús ecologistas hablan de medidas de urgencia, quiere decir también que están psicológicamente dispuestos a imponer un montón de cosas…

La reacción medioambientalista
El tener en cuenta la cuestión medioambiental es uno de los logros del movimiento ecologista, y no sólo suyo, sino de muchos otros. Personalmente, me congratulo. Pero eso no es suficiente. Hay que interrogarse sobre las bases del éxito, es decir, hay que tratar de olvidar los buenos sentimiento y pensar de modo "social-político".
El ecologismo constituye una reacción a los daños medioambientales provocados por el elevado crecimiento de los Treinta Gloriosos. Pero su filosofía y su postura, contrariamenta a lo que afirman algunos ecologistas, no es nueva. Se remonta al romanticismo naturalista del siglo XIX, a las reacciones contra la industrialización y la tecnología. Existían numerosas corrientes que se enfrentaban entre sí. El propio movimiento libertario ha pasado por esta cuestión en sus debates, con Henry David Thoreau o Élisée Reclus, por ejemplo, que no se sitúan en la misma línea. También, en nuestros días, con Murray Bookchin, que ha ido más lejos en este terreno, sobre todo cuando ha empezado a comprender el significado de deep ecology (la ecología profunda) y a distanciarse de ella, atrayéndose los dardos de los guardianes del templo.
Ni los principios ni los registros del ecologismo son nuevos. El empleo del miedo y del catastrofismo nos lleva a pensar en los religiosos clásicos, pero también en los profetas marxistas, que anunciaban el derrumbamiento del capitalismo por sus contradicciones, o de los fascistas, que se asustaban de la decadencia occidental provocada por la plutocracia judía. El recurso a la peste emocional, como ha demostrado Wilhelm Reich, excluido del partido comunista por este análisis, es característico del fascismo, pero también del ecologismo. Esto no quiere decir mezclar ambos, como algunos intérpretes malintencionados han tratado de hacerme decir, sino constatar mecanismos políticos y psicológicos semejantes.
El asunto se complica cuando descubrimos convergencias en el fondo. Ernst Haeckel (1834-1919), fundador de la ecología (la ciencia), es partidario de la pena de muerte y furioso social-darwinista, cuyo libro sobre el monismo prologa el racista Vacher de Lapouge, que sugiere sustituir la divisa "libertad, igualdad, fraternidad" por "determinismo, desigualdad, selección". El escritor Ludwig Klages, que fascinó a los primeros ecologistas del siglo XX, es un racista y un ultraconservador. Una de las primeras decisiones de Mussolini después de la marcha sobre Roma (1922), fue crear el parque nacional del Gran Paraíso (1922). La mayor parte de los Wandervögel naturistas se adhirieron al nacionalsocialismo. El partido nazi acoge un "ala verde" importante (Hess, Darré, Himmler, Todt, Schönichen…). El concepto de holismo, tan querido por la ecología profunda, fue creado por el partidario del apartheid Jan-Christann Smuts…
Evidentemente, practicar la analogía comporta riesgos, es insuficiente y puede resultar chocante. ¿Habrá entonces que taparse la cara y quedarse al margen? ¿No cuestionarse nada? ¿Pensar en blanco y negro? ¿O decir: eso era ayer, no hoy? Sí, desde luego, igual que los socialistas de 2006 no son como los de 1981, ni como los del congreso de Epinay o los de 1936, ¿entonces qué? Tampoco los post-fascistas actuales son los fascistas de 1940 (y Marine Le Pen no es Hitler…).

El tótem y sus tabúes
Pero la cuestión es más amplia. Cuando se evoca el fascismo se corre el riesgo de hacer resurgir la peste emocional, la reacción irracional, la ausencia de reflexión. El riesgo de malinterpretar el fascismo en sí mismo. Y si hay algo que debemos tener claro es que el fascismo -el pardo y el rojo- está dotado de una teoría global, construida, que toca todos los aspectos. Llegó al poder no sólo por la fuerza y la astucia, sino también por la seducción: del pueblo, que votó por él en 1933 en Alemania, y de la intelligentsia, que, en principio mejor armada intelectualmente, le proporcionó contingentes de filósofos de gran altura (Gentile, Heidegger, Nishida; e incluso Emmanuel Mounier estuvo un tiempo fascinado por el fascismo). El medio libertario es, a este respecto, víctima de dos visiones: la de España, en la que se impuso el franquismo por la violencia total, que hace olvidar las victorias democráticas del fascismo, y la de la imaginería actual del militante fascista de craneo rasurado más parecido a un hincha del fútbol que a un teórico estratega, que hace olvidar la realidad más profunda del fascismo.
Criticar el ecologismo sin negar la gravedad de la agresiones medioambientales, económicas y sociales rompe, al parecer, un tabú. Yo había pensado que al menos en uno de los raros oasis, el del librepensamiento, este ejercicio seguiría siendo posible. Que lo políticamente correcto no sería aceptado por el dinero contante y sonante. Que habría lugar para el debate franco y directo sin la mediocre cobardía que consiste en calumniarme públicamente, sin debate contradictorio ni derecho de respuesta.
Atacar un tabú comporta, bien es cierto, algunos riesgos. Por ejemplo, el de verse atacado por los que llevan el tótem, los creyentes, los indignados y los bien pensantes. El ecologismo, que agita a base de bien con sus creencias, sus valores morales, su culto al catastrofismo, sus sacerdotes, sus gurús, sus iglesias, sus cismas, se parece a una religión: la de la naturaleza. Una religión con un Dios por lo menos retrograduado al inmanentismo de las creencias animistas o totémicas, a menudo sustituido por la diosa Gaia o Tierra Madre, por una naturaleza que, a instancias de los animales (los delfines, las ballenas o los bebés foca, pero no los escorpiones, los piojos o los murciélagos) está dotada de "derechos", de "valores intrínsecos".
Atención, no se trata de esquivar la cuestión de las relaciones entre la humanidad y la naturaleza. Ni de satanizarlo con el pretexto de no divinizarlo. No se trata, tampoco, repetimos, de evitar reflexionar sobre el medio ambiente y la ecología, ni de rechazar algunas constataciones o ciertas interrogaciones. Pero, volvemos a repetir, la ecología es una ciencia, el ecologismo es otra cosa, un movimiento o una ideología que se basa en parte -y a grados variables- en esta ciencia. La ciencia ecológica tampoco está a salvo de la crítica, como todas las demás ciencias por otra parte, so pena de volver al dogmatismo.
Y esta religión no es nueva, como trato de demostrar, tanto en sus principios como en sus modos de actuar. Con la retórica sobre el "choque de civilizaciones", el ecologismo se ha convertido, sobre un fondo de problemáticas reales, en el segundo pilar de la ideología dominante, de un capitalismo que no produce para producir sino para vender, que trata de no cortar la rama ecológica sobre la que se asientan sus beneficios. Que siempre tiene necesidad del discurso del "estamos todos en el mismo barco", y por eso la teoría del calentamiento global es una bendición.
Desde luego nos alegramos del interés por los problemas medioambientales, por supuesto. Pero, convertirnos en neocátaros, no. Atacar a la contaminación y el deterioro, también. Coincidir con los ecologistas en determinados aspectos, de acuerdo. De ahí a aceptar sin pestañear su filosofía, su estrategia y, en último término, darles nuestros votos… ¿A quién, en realidad?

Philippe Pelletier subir


La lucha del Movimiento
Sin Techo en Río de Janeiro

Internacional es el libre acuerdo establecido por sobre
las fronteras o división política de los pueblos.

Domingos Passos


La constante lucha por el socialismo libertario en Brasil, llevada a cabo por nuestra organización (la Federación Anarquista de Río de Janeiro, FARJ), se viene concretando con una actuación social que está basada en dos ejes estratégicos: los trabajos de nuestro frente comunitario y de nuestro frente de ocupaciones.
El frente comunitario hoy es el responsable por la gestión del Centro de Cultura Social de Río de Janeiro (CCS-RJ) y de todos los proyectos comunitarios que están radicados allí, como la gestión de la Biblioteca Social Fábio Luz (y el trabajo de producción teórica que allí se desarrolla), el proyecto de reciclaje y educación ambiental, el proyecto de letramiento (educación de jóvenes con dificultades de reconocimiento de la palabra escrita y sus funciones de comunicación), el curso comunitario preparatorio para el examen de ingreso, la red de distribución de productos alimenticios ecológicos (con la participación de pequeños agricultores), el proyecto de serigrafía y el núcleo de salud y alimentación Germinal (que promueve almuerzos vegetarianos regularmente).
El frente de ocupaciones se articula en torno al Frente Internacionalista de los Sin Techo (FIST). El trabajo de la FARJ con los sin techo tuvo inicio hace tres años y se desarrolla hoy en ocho ocupaciones urbanas: Vila da Conquista, Nelson Faria Marinho, Poeta Xynayba, Domingos Passos, Olga Benário, Confederação dos Tamoios, Margarida Maria Alves y Cuatro Casas del Instituto Benjamin Constant. Este trabajo surgió a partir de una demanda palpable de la población carioca, como motivo de toda la falta de espacio ocasionada por el libre tránsito del capital, que "limpia el centro" y que empuja a los pobres cada vez más hacia la periferia. Pobres que se ven obligados a hacinarse en los morros, en los suburbios o a kilómetros de distancia de sus lugares de trabajo (cuando éste existe). Identificamos entonces, que este podría ser un terreno fértil para las ideas del anarquismo, ya que las ocupaciones urbanas cuestionan, en primera instancia, la propiedad privada, la especulación inmobiliaria y la lógica de la ganancia, o sea, los pilares centrales del capitalismo que, como tales, deben ser cuestionados y combatidos por medio de la organización de los explotados.

Relevancia de la militancia social
La bandera negra del anarquismo trae en su tradición muchas respuestas para los problemas de la explotación capitalista y estatista. Esas respuestas, muchas veces dentro del ámbito teórico, deben auxiliar al trabajo social y hacer que este se constituya como una herramienta concreta de lucha contra esa explotación. Para eso, es necesario sobrepasar las cuestiones teóricas y concretar nuestras demandas de transformación social; así es como buscamos ampliar los horizontes de los ideales libertarios y partir hacia la práctica real de transformación social. Creemos que es entre las mayores víctimas del capitalismo -personas que tienen necesidades reales y que sufren de manera más dura las consecuencias del capitalismo- donde el anarquismo tiene campo para florecer y para prosperar.
Por eso afirmamos la necesidad del trabajo social: una alternativa real de combate al orden establecido que ofrece posibilidades concretas de mejorías en las condiciones de vida de los trabajadores (empleados y desempleados) para, de ese modo, potenciar el ideal revolucionario. Si la discusión no gana cuerpo en la lucha social, la posibilidad de que ejerzamos alguna influencia política, económica o social es nula. Si el anarquismo pretende ser mínimamente considerado, en términos de fuerza política que busca un espacio en la sociedad, debe salir de los guetos, actuar socialmente entre los movimientos sociales y buscar su lugar.

EL FIST
La constitución del Frente Internacionalista de los Sin Techo (FIST) se dio a partir de este trabajo, que ya realizaba nuestra organización, en cuatro ocupaciones: Olga Benário, Vila da Conquista, Poeta Xynayba y Nelson Faria Marinho. La FARJ tuvo una importante participación en la constitución del FIST, estableciendo juntamente con sus otros miembros, principios éticos y morales mínimos para la convivencia, articulación política y organización de las luchas del movimiento de ocupaciones de Río de Janeiro. Además de eso, el respaldo jurídico a las ocupaciones también terminó constituyendo uno de sus fuertes pilares.
Dentro del FIST, la FARJ trabaja para organizarse con otras personas de ideologías diferentes (básicamente comunistas apartidarios) y representantes de cada una de las ocupaciones. Los militantes de la FARJ se dividen en la participación en las asambleas de las ocupaciones, siendo que algunas ya cuentan con militantes de la organización que residen en el lugar, como en el caso de la ocupación Poeta Xynayba, y en la participación de otras asambleas de ocupaciones que no cuentan con militantes residentes. El trabajo desarrollado gira sobre la formación política, la organización de actividades pedagógicas y educativas, sin contar la frecuente ayuda en las cuestiones que surgen en el día a día. Además de eso, estimulamos permanentemente la participación de todas las ocupaciones en el foro general de articulación, que es el FIST. También en esta instancia realizamos nuestro trabajo de propaganda del modelo de organización libertario, estimulando las prácticas libertarias como autogestión, federalismo, apoyo mutuo y acción directa, con el objetivo de que ocurran lo máximo posible en la práctica.
El crecimiento del FIST se da como resultado de un proceso muy fundamentado que busca, desde un primer momento, conversar directamente con los representantes de la comisión de vecinos de otras ocupaciones y, estrechando lazos, mostrar los ejemplos de las conquistas y de las ventajas de la articulación política en torno del Frente. El objetivo es tratar de llevar a esas personas a las reuniones del FIST, buscando que las ocupaciones salgan de la política estrictamente local, que envuelve sólo a la comunidad, y que pasen a trabajar articuladamente con las demás ocupaciones, con prácticas de solidaridad y apoyo mutuo.
Se hace un importante esfuerzo por terminar con el concepto de invasión y trabajar el concepto de ocupación, que lleva en su seno el concepto de posesión. La posesión estimula la no comercialización y la no obtención de ganancia sobre la propiedad, la propiedad colectiva que es utilizada por quien la necesita. Es importante, desde nuestro punto de vista, no transformar la vivienda en un sitio comercial, y discutir de manera clara, lo que es de uso privado (de cada uno) y lo que es de uso público (de todos). Generalmente lo que está dentro de las residencias como, por ejemplo, los bienes y los muebles, es privado. El espacio externo y los centros comunitarios, por ejemplo, son los espacios públicos.
Es así como realzamos la idea de reapropiación de un espacio abandonado, y como buscamos darle una función social a los espacios vacíos, transformándolos en vivienda para los sin techo cariocas.

Aspectos pedagógicos de la lucha
Juzgamos, con mucha humildad y dedicación para la lucha, estar en el inicio de un proceso de inserción del anarquismo en el escenario político y de los procesos de lucha contemporáneos. Es a través de este trabajo que venimos utilizando el anarquismo como una herramienta fundamental de soporte a las luchas cotidianas.
Es más, en la lucha vemos que desaparecen muchas de las diferencias. Es en la lucha donde aprendemos, junto con otros explotados, las lecciones de la solidaridad y de la autogestión. Es exactamente cuando las personas están estimuladas a desarrollar completamente su potencial y se sienten involucradas en la lucha, y no son utilizadas meramente como una masa de maniobra, que se ven aflorar los principios libertarios.
La horizontalidad es un norte que guía nuestras acciones y que se establece como nuestro objetivo último, pero, como todos los que están en la lucha lo saben, esa búsqueda por la autogestión es incesante y, cuanto mayor es el trabajo desarrollado, mayor es la necesidad de trabajar. Es una búsqueda interminable que sólo se logra superar con un gran compromiso y dedicación, elementos que, con mucha humildad, hemos intentado traer a la militancia anarquista de Río de Janeiro. "Porque la noche oscura pasará, y trabajaremos para ver el amanecer."

FARJ Subir


Caudillos izquierdosos

Como es sabido, el pasado 3 de diciembre Hugo Chávez ha sido reelegido para la presidencia de Venezuela en un contexto electoral indoamericano que ha visto, sólo en el año 2006, la afirmación de fuerzas o coaliciones de izquierda, más o menos moderada, más o menos populista. Brasil, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Nicaragua efectivamente han elegido o reelegido presidentes que se definen genéricamente como del área socialista, mientras que en México la derecha ha vencido, y por poco, sólo gracias a las corruptelas. En años anteriores habían precedido Uruguay y Argentina, aunque esta última es una variante del peronismo de izquierda, hijo de la Juventud Peronista y de Montoneros.
Parecería que el gran continente latinoamericano hubiera decidido, incluso en el ámbito electoral, pasar página y que las masas se hayan sacudido de la espalda finalmente décadas de subordinación. Resulta particularmente importante en este contexto el protagonismo retomado por el mundo indígena.
En cualquier caso, hay señas sobre las que es preciso reflexionar.
Hasta no hace muchos años, la victoria electoral de la izquierda (o la simple perspectiva de una victoria) hubiera provocado intervenciones, políticas y militares, por parte de quien -léase EE UU- ha considerado siempre el centro y el sur de América como el patio de su propia casa. Además, el eventual gobierno victoriosamente emanado de las urnas sería el objetivo de la agresión de las potencias económicas que con la fuga de capitales, la devaluación y el cierre de sectores estratégicos, habría sido finiquitado. La lista de ejemplos es, desgraciadamente, muy larga.
La situación actual es completamente diferente. De Brasil a Argentina, de Bolivia a Ecuador, parecería que el crecimiento económico en la zona haya dejado indiferentes a las multinacionales y a los inversores extranjeros sobre el color político de quienes gobiernan. La misma presión política estadounidense se ha redimensionado tras la caída del muro de Berlín y sus preferentes intereses estratégicos en el Golfo Pérsico.
Por otra parte, las privatizaciones neoliberales de los años noventa, que han deslocalizado la economía de varios países, han permanecido plenamente operativas, incluso en aquellos casos en que el control estatal era imprescindible para el desarrollo de una política minimamente eficaz; es el caso de Venezuela, de Bolivia y de Argentina en lo referente a los recursos energéticos, el agua y el correo. Es ejemplificante la situación uruguaya.
En Uruguay la situación política es muy compleja y contradictoria, con un gobierno de centro-izquierda y un secretario de la presidencia, hermano del presidente Vázquez, que estuvo encarcelado durante la dictadura por formar parte de la estructura defensiva de la FAU (Federación Anarquista Uruguaya). Los tupamaros son la fuerza numericamente más importante en el gobierno y tienen un discurso ambiguo entre mercado global y desarrollo de la industria nacional. En cualquier caso, toda la izquierda a través de sus principales dirigentes está en el gobierno en diferentes ministerios.
Un gobierno que en su política económica continúa en la línea marcada por los gobiernos precedentes, desarrollando de hecho las políticas sociales de igual forma que han hecho Lula en Brasil o Kirchner en Argentina, apoyando los sectores marginales pero, a diferencia del asistencialismo clientelar de antes, ahora se trabaja con operadores de izquierdas que neutralizan cualquier desarrollo autónomo del movimiento de los marginados a partir de una propuesta de participación y de relativa autonomía en las decisiones. El gobierno también ha dado respuesta al movimiento sindical con la creación de comisiones tripartitas para negociar salarios y condiciones de trabajo, lo que ha provocado un aumento en la afiliación al sindicato PIT-CNT, que era muy baja. Pero esta nueva afiliación está ligada a una imagen del sindicato que parece mucho más una oficina de servicios que un organismo de lucha. Con el tema de los derechos humanos hay 10 encarcelados entre responsables y torturadores de la dictadura (militares, policías e incluso el ex presidente golpista Juan María Bordaberri) y parece que habrá más. Algunos de ellos fueron detenidos por ser los responsables de la desaparición en argentina de dos anarquistas uruguayos, Soba y Mechoso, y esto es el resultado de años de lucha de los familiares de los desaparecidos, del colectivo "Hijos" y de otras organizaciones de derechos humanos.
El problema medioambiental que este gobierno ha heredado se ha convertido en un problema internacional con Argentina a causa de la construcción de una gran fábrica escandinava de celulosa que acabará por contaminar gravemente el río Uruguay. Se han llegado a desplegar tropas en la frontera. El capital, como es normal, continúa dictando sus propias leyes.
En Venezuela, a ocho años de distancia del comienzo de la autodenominada revolución bolivariana, más allá de las declaraciones altisonantes sobre el "socialismo del siglo XXI" y las amenazas de nacionalización de dos compañías de telecomunicaciones y de electricidad, las acciones de Chávez continúan moviéndose por el momento dentro de las dinámicas del capitalismo globalizado: pago puntual de la deuda externa, destrucción del aparto industrial en beneficio de la economía trasnacional, hegemonía y crecimiento del sector comercial, especulativo y financiero, devastación medioambiental, flexibilización del mercado de trabajo y exclusión social, con la consecuencia lógica de un alejamiento progresivo de las promesas iniciales de emancipación social.
La consolidación del aparato estatal y la destrucción-marginación de los colectivos sociales, acompañada del refuerzo clientelar, ha producido de hecho el aniquilamiento de las conciencias críticas imponiendo un pensamiento único de tipo totalitario, alimentado con el culto a la personalidad. Debido a que los cuadros directivos del sector público son competencia de las fuerzas armadas, el militarismo tiende a difundirse en el imaginario popular con su lógica jerárquica y arbitraria.
El mismo sistema bipolar con el que se ha impuesto al electorado elegir entre un candidato exponente de una burguesía rapaz y asesina y un "caudillo" populista como Chávez, ha representado para Venezuela la tenaza que de hecho ha acabado con el protagonismo social que desde la segunda mitad de los años 80 atravesaba el país. De esa época es la entrada en liza de una sociedad civil (movimiento de estudiantes y de barrios, de mujeres, ecologista y contracultural, de derechos humanos, etc.) que, huyendo de los esquemas obsoletos del guevarismo-leninismo y del clientelismo de Estado, no se identificaba con las propuestas de los partidos de la izquierda y, con infinidad de iniciativas sociopolíticas, avanzaba en sus reivindicaciones siempre en clave de ruptura revolucionaria. Sobre esta sociedad civil Chávez ha construido, instrumentalizándola, su propia victoria para luego disgregarla, en parte integrándola (los movimientos indígenas, de mujeres y contraculturales), en parte neutralizándola (los derechos humanos), en parte fragmentándola (los movimientos de barrio, los estudiantes, los ecologistas).
Así parece que en la actualidad no haya posibilidad de acción desde la base fuera de la agenda política trazada por Chávez y los suyos; la solidaridad de clase es sustituida pòr la solidaridad "vertical" de carácter nacional; la identidad es tal sólo si se reconoce en el culto al jefe, portador de la revolución bolivariana.
No por casualidad la frustración generada por la insatisfacción de las expectativas sociales ha hecho que aumenten exponencialmente en 2006 las protestas de los sectores populares; protestas que Chávez intenta demonizar con los conocidos estribillos "dan armas a la derecha", "son manipulados por el imperialismo", pero que no pararán de crecer porque ni el Estado se ha transformado realmente, ni la nueva burocracia cívico-militar va a desarrollar políticas diferentes del manido asistencialismo populista.
Del 1 de julio al 30 de noviembre, 26 manifestaciones han sido reprimidas, impedidas u obstaculizadas; ha habido 71 heridos y 130 detenciones arbitrarias. En el 55 por 100 de los casos la represión ha sido desatada por la policía regional, mientras que en el resto ha sido debida a la Guardia Nacional. A destacar que son sólo 6 las manifestaciones reprimidas en la capital, Caracas. Vivienda, servicios públicos y trabajo son las motivaciones comunes. Y para 2007, pasada la campaña electoral y a pesar de la potente señal lanzada a los sectores sociales que apoyan el "estilo cubano", se prevé un incremento de la conflictividad social debido principalmente a la incapacidad de afrontar de manera verdaderamente revolucionaria las exigencias cotidianas de la gente, agravada por los conflictos internos del bolivarismo y de sus organizaciones de base sobre los criterios de reparto de la enorme renta petrolera. Un posible escenario podría ser el de un conflicto de "pobres contra pobres", lo que significaría una ulterior destrucción del proceso de liberación social. Para airear esta trágica eventualidad los compañeros venezolanos están trabajando con el fin de dar cuerpo a una oposición social que rompa los esquemas vigentes y que reabra el camino de una iniciativa autónoma de los movimientos sociales, única garantía para un efectivo proceso revolucionario. No les dejemos solos.

Massimo Varengo Subir


Reviviendo la utopía

En la región italiana de Calabria existe una ciudad, Spezzano Albanese, habitada por descencientes de emigrantes albaneses que huyeron del dominio turco en el siglo XVIII. La presencia anarquista en esta ciudad viene de lejos y se materializó a finales de los años sesenta del siglo pasado en el grupo anarquista G. Pinelli, en cuya sede, recientemente reformada como biblioteca, sala de proyecciones e iniciativas culturales y sociales, se ha celebrado el pasado 20 de enero una jornada sobre el 70 aniversario de la Revolución española organizada por la Coordinación de libertarios calabreses, la Federación Municipal de Base (FMB) y el citado grupo (que forma parte de la FA Italiana).
Se pensó en concentrar las actividades a lo largo del mediodía y la tarde para que los compañeros de fuera de Spezzano pudieran asistir sin problemas y, con sorpresa, vimos que a media mañana la sede se llenaba de gente, de la ciudad y de fuera, que comenzaban a admirar la exposición de carteles de la época, muy interesante, y a curiosear el puesto de propaganda, ajenos a los "agradables" problemas que acechaban a los organizadores, que debían hacer frente a un número mayor de comensales del previsto. Por suerte las relaciones comunitarias han acudido en ayuda y un joven restaurador, siempre atento a las iniciativas libertarias, ha proporcionado productos típicos albaneses (vegetarianos) y "rashekatiele me mishe derku" (macarrones caseros con salsa porcina).
Por la tarde, la sala estaba repleta de compañeros procedentes de todos los rincones del sur de Italia, Sicilia incluida. Se comenzó con la proyección de la película "Vivir la utopía", que emocionó a los asistentes sumergiéndoles en el dulce sueño del comunismo libertario que se hizo realidad en tierra española en el verano de 1936. Tras una breve presentación de A. Nociti (compañero de la FMB), intervino D. Liguore (del grupo local de la FAI) que subrayó que en las realizaciones de la Revolución española se afirma la posibilidad actual de la utopía a través de la intervención en las luchas sociales con propuestas autogestionarias.
Se proyectó la conferencia de C. Venza (Universidad de Trieste) que, basándose en los orígenes del anarquismo en España, explica cómo se pudo llegar en el verano de 1936 a la colectivización y a los municipios libres, sobre todo en Cataluña y Aragón.
N. Musarra (del Archivo anarquista siciliano) recorrió en su intervención los años posteriores a 1939, detallando muchísimas de las acciones de resistencia anarquista desarrolladas desafiando la feroz dictadura y la bárbara represión franquista, que muchos pagaron con la cárcel e, incluso, con la vida.
M. Varengo (de Zero in Condotta, editorial de la FAI) glosó también las realizaciones revolucionarias del verano español para tratar después del renacimiento del anarquismo tras la muerte de Franco y de las provocaciones llevadas a cabo por el régimen neo-democrático contra el movimiento libertario, comparables a las ocurridas en 1969 en Italia. Para concluir, mirando al presente, a las iniquidades sociales propias de la política del Estado y del Capital, a la sobreexplotación en los centros de trabajo, a la inmigración y a la guerra permanente, subrayó que la enseñanza que podemos sacar de la revolución española no puede servir para intentar repetir una experiencia que posiblemente sea irrepetible, debido a las diferentes circunstancias históricas, sino acentuar las contradicciones del sistema de dominio, siempre inmersos en los conflictos sociales con propuestas autogestionarias proyectadas hacia los valores de libertad y de igualdad, hoy como ayer, siempre válidos y actuales.
Durante los actos se recordó al compañero Franco Leggio, desaparecido hace poco, a la vez que se expresaba la máxima solidaridad con los comités de lucha contra la construcción de la nueva base militar norteamericana en Vicenza, aparte del apoyo al compañero V. Giordano, de San Lorenzo del Vallo, imputado por su oposición a la instalación de una incineradora.
La jornada se cerró con la degustación de vino y productos típicos albaneses y con el recital ofrecido por Carlo Ghirardato.
A modo de conclusión queremos constatar la presencia constante de entre sesenta y setenta personas en las sesiones, aparte del centenar que se acercó a la sede; también la participación de jóvenes -y menos jóvenes- de centros sociales y de otras estructuras de base del ámbito calabrés. Unos resultados que superaron las expectativas de los organizadores, y que sin duda servirán para desarrollar nuevas iniciativas de carácter social y cultural que eleven el nivel del debate y del intercambio de experiencias.

Corresponsal Subir


Entre la desobediencia y los sueños de construcción:
los anarquistas turcos

Estambul, ciudad cargada de historia, de emociones y de contrastes. En esta ciudad-mundo que toma su luz del Bósforo, los folletos turísticos divulgan los monumentos que hay que visitar (Santa Sofía, Topkapi, la mezquita azul, el gran bazar), así como los lugares nocturnos que celebran la nueva movida estambulí. Estas postales de la era de la globalización conservan todavía algunas huellas del orientalismo del siglo XIX difundido por los textos de escritores viajeros que describían un Estambul exótico y misterioso, como Lamartine y Chateaubriand. Hoy día, los medios de comunicación occidental hablan de la efervescencia creativa de Estambul, pero también de su situación política y cultural entre Oriente y Occidente, para interpretarla ante el reto de una posible adhesión a la Unión Europea. En la confusión de los representantes del Islam, Estambul, y el conjunto de Turquía, se convierten en ese "otro", cuya alteridad seduce y produce rechazo a la vez, y a la que no se acepta realmente si no es integrada en los circuitos de la globalización.
Si se trata de ir más lejos de esos esquemas reductores, se descubre por doquier, en ese Estambul cosmopolita, que la vitalidad de sus habitantes no se lee sólo en su escaparate oriental u occidental, o en ese creador de dinamismo entre dos, sino también en las nuevas formas de expresión políticas y prácticas de la ciudadanía que inventan sus habitantes.
En el corazón de la ciudad, en el barrio bullicioso de Beyoglu, un grupo de jóvenes que reinventan la tradición libertaria interrogan al sistema en el que viven. Entre el muy discreto centro cultural Nazim Hikmet y los ruidos continuos de la gran calle comercial Istiqlal, en el último piso de un inmueble de encanto surrealista, el colectivo Mekan (palabra que significa "lugar" en turco) ha establecido su espacio de encuentro. Desde hace más de una año, Mekan es una plataforma donde se encuentran los que desean luchar contra toda forma de autoridad. Varias decenas de personas, sobre todo jóvenes cuya media de edad se sitúa en torno a los veinticinco años, se reúnen casi a diario, unidos por un compromiso anarquista que tratan de concretar a través de luchas políticas colectivas y también en el día a día de su vida personal. En el origen de su compromiso están sus interrogantes sobre el sentido de la vida y su estar en el mundo, que han hecho nacer una toma de conciencia de la opresión del sistema en el que viven. En la Turquía post-Ataturk del siglo XXI, no faltan motivaciones para cuestionar el orden establecido. El control que ejercen las estructuras estatales, militares y socioeconómicas sobre el individuo crea ese sentimiento de manipulación como origen del rechazo a la obediencia al sistema. Hoy día, los jóvenes libertarios de Mekan dan prioridad en sus compromisos colectivos a tres ejes de resistencia: la lucha contra la opresión del sistema político-militar, la acción contra las violencias -simbólicas o reales- hechas a las mujeres, así como el compromiso contra las discriminaciones socioeconómicas producidas por el sistema capitalista internacional.
La defensa de los objetores de conciencia es realmente el espacio en el que se articulan, entre los anarquistas estambulíes, las reivindicaciones por la libertad de conciencia del individuo y las luchas contra la autoridad político-militar. El grupo Mekan lleva varios meses con una acción a favor de un joven, Halil Savda, actualmente encarcelado por negarse a participar en el servicio militar.
Pero los anarquistas estambulíes no se conforman con desarrollar únicamente acciones de resistencia al sistema político o socioeconómico en el que viven. Desean también realizar acciones constructivas. Por eso proyectan, en un futuro próximo, retomar la construcción de un espacio de vida en común que pueda reunir a decenas de personas en una vida cotidiana que podría ser un modelo de vida libertaria, en la que libertad e igualdad no fueran meras palabras. Esos modos de vida alternativos representan para los jóvenes estambulíes el aprendizaje de una forma de lucha y de solidaridad más allá de los marcos tradicionales opresivos. Se trata para ellos de mantener el desafío considerando las contradicciones que pueden sorprender a un movimiento anarquista que bascula entre el rechazo de todo sistema opresivo y las presiones de la vida cotidiana.

Salma Kojok Subir


¿Pero de qué estamos hablando?

Mucha es la polémica que ha surgido en España alrededor de la tan traída Ley de Memoria Histórica y todo lo que la ha rodeado. Desde luego los debates que se han generado han tenido en muchos sentidos interés relativo y, sobre todo, han servido para subir a la palestra a personajes que no saben absolutamente nada de las cuestiones de las que hablan.
Pero vayamos por partes, para no dispersarnos demasiado y poder hablar de algunos asuntos que han surgido alrededor del tema y que puede valer para mostrar una visión anarquista de todo este acontecimiento.
La muerte Franco podía haber simbolizado el verdadero paso hacia una nueva concepción de los acontecimientos. Sin embargo, lejos de hacer un repaso a todo lo sucedido durante la dictadura, se prefirió correr un tupido velo, bajo el auspicio de un "pacto de silencio" del que tan responsables son los postfranquistas convertidos a demócratas como la izquierda moderada y pactista, que prefirió sus intereses particulares a poder restablecer a todos aquellos que habían luchado por un mundo mejor y más justo durante la terrible dictadura franquista. Esa especie de "Ley de Punto Final" es el inicio de toda la polémica que se ha generado actualmente.
Surgen las preguntas y las afirmaciones tales como "¡Ya están resucitando fantasmas del pasado!" o "¡Las izquierdas quieren ganar la guerra que perdieron en 1939!" y lindezas por el estilo. Nada más lejos de la realidad.
Lo primero que hay que establecer es que la Ley de Memoria Histórica es una gran mentira. En primer lugar porque conjuga términos contradictorios. La "memoria" es la visión particular que cada uno tenemos del pasado. Cada vez que recuperamos testimonios de la Guerra Civil española estamos recuperando una memoria. De esa forma memorias hay muchas y de todos lo colores políticos. La Historia es la mirada crítica del pasado, donde se contrastan los datos y se extrae una conclusión. Y la Historia en este caso siempre o casi siempre entraría en contradicción con la memoria. Por lo tanto los legisladores no han sido eficaces (como no lo son nunca) y han vuelto a meter la pata en un asunto del que no saben absolutamente nada.
Por otra parte la Ley de Memoria Histórica no ha solucionado absolutamente nada. Sigue hablando de bandos, sigue equiparando las víctimas de los leales y revolucionarios con las de los rebeldes y por extensión y explícitamente no condena el franquismo y sus injusticias. Porque para la Ley de Memoria Histórica un acto fascista en la Cruz de los Caídos (realizado por cierto por mano de obra esclava de los vencidos e hipócritamente descrita como símbolo de "reconciliación") es igual que un acto anarquista de conmemoración de la Revolución española. La hipocresía no puede llegar a más alto grado.
Si se lee detenidamente esta Ley desde luego que no solucionada nada. Los juicios del franquismo, sumarísimos e irregulares en todos sus puntos, no son anulados. Es completamente inviable ir caso por caso, por la cantidad y el volumen. Para más información no hay más que ver como las propias autoridades franquistas tuvieron que transformar la Ley de Responsabilidades políticas del febrero de 1939 porque se les había desbordado en todo su contenido y la cantidad de expedientes que generó la volvió inviable. Lo lógico es anular todos los juicios y de esa manera condenar definitivamente al franquismo.
Es decir, que es imposible que la Ley de Memoria Histórica haya levantado ninguna herida ni haya contribuido a nada de separación. Esa herida de la que hablan, no es que estuviera cerrada, es que está terriblemente abierta. Lo que hicieron en 1977 fue ponerle un parche y ese parche ha caducado.
Vemos terriblemente cómo resurge por una parte una historia franquista que defiende un régimen liberticida y de terror sin ningún tipo de reparos, retomando fuentes completamente superadas por la historiografía, y que sin embargo, ayudado por determinados medios de comunicación, se hacen un eco exquisito y se venden como verdad absoluta. Vergonzoso es volver a oír hablar de conspiraciones masónicas, de "rojos" y de lindezas por el estilo. Vergüenza es que al intentar replicar a alguien que defiende estas barbaridades automáticamente te dice que estas manipulado o pagado por alguien, que no sabemos nada y que "los rojos fueron terribles". Vergüenza es que con estas tendencias se amparan todos los brutales crímenes que la dictadura cometió. Es deleznable comprobar cómo Ponzán en Francia y Gran Bretaña es considerado un héroe por su lucha contra el fascismo y el nazismo (por la que murió) y en España, estos comentaristas de medio pelo, lo consideran un bandido anarquista.
Por otra parte surge una historiografía partidista que no duda en criminalizar a aquellos movimientos que no son de su agrado para poder salvar su propia integridad. No es de recibo que hoy se diga que la Guerra Civil es desbordada por anarquistas y comunistas, que sólo los demócratas podían haber salvado la situación. Es la visión azañista de la historia de la Guerra.
Pero todas estas cuestiones las podemos descifrar mejor con ejemplos concretos. Uno de ellos es el de la propia simbología. Por mucho que cueste creer que la simbología es la representación grafica de los cambios producidos. ¿Cuáles fueron los cambios simbólicos que se producen en España tras la muerte de Franco y la vuelta de la democracia? Mínimos, por no decir nulos. Por las calles podemos comprobar con oprobio cómo siguen existiendo símbolos del franquismo, estatuas del dictador criminal que durante casi cuarenta años tuvo a España a punta de bayoneta. Y las retiradas paulatinas de esas simbologías están causando absurdos debates, que en cualquier otro lugar nunca serían de recibo. Muchos dicen que eso no pasa en Alemania o Italia, donde sufrieron dictaduras del mismo calado. La razón es sencilla. En Alemania y en Italia la guerra la gana el antifascismo, donde incluso la derecha política de esos países se forja en la resistencia antifascista y antinazi. Sin embargo en España la guerra la perdemos nosotros (en el caso de los anarquistas la perdemos dos veces) y tras la muerte del dictador no hay una derrota de la dictadura sino una transformación de los dictatoriales con connivencia de las izquierdas pactistas. En España no ha existido ningún tipo de ruptura con el franquismo. La democracia no es, como afirma Rodríguez Zapatero, heredera de la II Republica. La democracia es continuadora de la dictadura con unas reformas adaptadas a las circunstancias. La República fue una ruptura, cosa que no es la democracia juancarlista.
Pero siguiendo con estos ejemplos gráficos, nos encontramos con el debate del Archivo de Salamanca, por poner un ejemplo. Unos diciendo que se parte el Archivo y otros reclamando lo que les pertenece. Nuevamente un debate falso. El Archivo de Salamanca no se rompe. Los documentos de la Generalidad de Cataluña pasan de una dependencia estatal a otra dependencia estatal. El Estado no pierde por ello el control del documento. Es pues mentirosa la campaña orquestada por la derecha rencorosa de España, heredera del franquismo. Porque ellos olvidan que ese Archivo de Salamanca fue un centro policial, que sirvió de busca y captura a todos los antifascista de España. No hay más que ver los documentos allí conservados y cómo están subrayados los nombres de los que iban a ser juzgados y perseguidos en la propia documentación de las organizaciones obreras y antifascistas. Y es curioso que pidieran que no se rompiera el Archivo personajes que no han pisado un archivo en su vida. La paradoja de la politización.
Pero la cuestión ha llegado al paroxismo cuando en un alarde de ese llamado "talante" se ha querido equilibrar alas víctimas que se produjeron en la retaguardia republicana con las producidas en la retaguardia rebelde. Aquí lo que asoma con fuerza es la demagogia y la mentira más absurda. Cansa oír el tema de Paracuellos del Jarama. Ahora con nuevas teorías donde los anarquistas son también los responsables de este acontecimiento. Un periodista que escribe libros en este país así lo asegura en su obra. Sin embargo, ese documento que reseña en su libro es de dudosa credibilidad, tanto por su procedencia como por su existencia. Y esto lo digo con conocimiento de causa. Se habla mucho de esas ejecuciones en Paracuellos. Nadie habla de quién las logra evitar. Es fácil decir que Amor Nuño es el culpable, junto con José Cazorla o Santiago Carrillo de esas ejecuciones (yo tengo una visión muy distinta de este acontecimiento). Es difícil reconocer que Melchor Rodríguez, director general de prisiones, militante de la CNT y de la FAI, logra frenar las sacas de presos. Entre ellos salva la vida a Muñoz Grandes, que después será un despiadado colaborador nazi. Y esa ética de la vida que tuvo Melchor Rodríguez, se le negó en la represión franquista, donde si bien no fue ejecutado paso gran parte de su existencia en la cárcel. Pero si en Paracuellos ocurren estos luctuosos sucesos. ¿No fueron más luctuosas las matazas de Badajoz, de Córdoba, de Granada, de Málaga, de Guernica, etc., por no hablar de toda la represión desatada por las autoridades franquistas a partir de 1939? Mucho me temo que como los defensores de Franco (qué tristeza hablar aún así) se metan en este charco van a salir muy mal parados. Y sin embargo, esa Ley de Memoria Histórica que tanto critican, legitima su visión franquista al "equiparar los muertos de los dos bandos"
En realidad todo es una manipulación partidista y politiquera. El PSOE quiere lavar su cara y lo ha vuelto a hacer mal. El PP no puede negar sus orígenes. Y el resto son sus comparsas. Los frentes de lucha en este caso son varios. Por una parte no permitir que nadie pise nuestra historia. Ninguna Ley va a amparar a las víctimas del franquismo y ésta, desde luego, ni se le aproxima. Tenemos que recuperar nuestra historia, que es la historia de todos, y ponerla en su justa medida, alejándola de los personajillos herederos de los Comín Colomer o Mauricio Karl, pero también de aquellos que presentan la amabilidad de los demócratas y la terribilidad de los revolucionarios. Ni los unos ni los otros nos valen, porque ambos nos condenan al ostracismo. Tenemos que luchar porque nadie, como el deleznable José María Aznar, pase el verano en un pueblo llamado Quintanilla de Onésimo (Valladolid), en recuerdo al fascista Onésimo Redondo. Tenemos que luchar porque esos cuarenta años de dictadura, en los que hemos sido torturados, asesinados, vilipendiados y eliminados, para gozo de los vencedores, no siga generando esas engordadas cifras que nos achacan en la represión. Porque si bien no negamos que represión existió, los estudios que hemos realizado algunos que estamos en este tema nos revelan que no fue tan terrible como la pintan.
Para terminar estas palabras son un homenaje a aquellos que dejaron su vida por la libertad y por un mundo más justo, para los anarquistas en particular y todos los antifascistas en general, por todo lo que sufrieron y que hoy las luchas partidistas los siguen condenando al ostracismo.

Mauricio Basterra Subir


Ética y política

En un principio, la ética formaba parte del cuerpo de la filosofía y aparecía subordinada a la política. El hombre griego clásico sentía la polis como incardinada en la physis (naturaleza). La función del logos, como physis propia del hombre, consiste en comunicar o participar en lo común en la polis. Por otra parte existía el concepto de dike (juntura o justeza), que consistía en un ajustamiento natural, un reajuste ético-cósmico de lo que se ha desajustado (némesis) y un reajuste ético-jurídico de dar a cada uno su parte (justicia). La dike se reparte y se convierte en nomos; éste, vale para la physis tanto como para la polis. La ley no era sentida como una limitación de la libertad, sino como su supuesto y su promoción. La moralidad pertenecía primero a la polis; las virtudes del individuo reproducen, a su escala y de forma paralela, las de la sociedad. Platón no pretendió espontaneamente ese viejo equilibrio comunitario, sino una plena eticización del Estado ante la amenaza al fracaso del nomos de la polis; fue una reacción contra el individualismo (el de Sócrates y el de los sofistas) que supusieron una reducción del papel de Estado. Era la de Platón, rigurosamente, ética social, ética política; el sujeto moral es la polis y el bien del individuo está incluido en ella, y todo ello en la physis o cosmos. Al contrario que Sócrates, Platón no confiaba en que los hombres alcanzaran por sí solos la virtud y era necesario un sistema legal y un gobierno oligárquico que sí trajera una sociedad capaz de realizar los fines morales. Sólo unos pocos hombres serían capaces de conducir al resto a la virtud, empleando para ello la persuasión, la retórica. Aristóteles templará el rigor autoritario platónico, aunque dejará bien claro que también para él la moral forma parte de la ciencia política; la vida individual solo puede cumplirse dentro de la physis y determinada por ella. Según el estagirita, el bien político es el más alto de los bienes humanos, aunque en realidad sean uno mismo; parece más lógico entonces salvaguardar el bien de la ciudad frente al del individuo. Dentro de la filosofía escolástica, Santo Tomás entendía la justicia como dependiente de la ley; cuando ha sido rectamente dictada, la justicia legal no es una parte de la virtud, sino la virtud entera. Era la de Aristóteles, así como el medievo de Santo Tomás, épocas de plena integración del individuo en el Estado.
Si la primera manifestación de una tensión entre moral social e individual se da en la antigua Grecia, entre Sócrates y Platón, se puede encontrar una segunda en el siglo XVIII, personificada esta vez en Kant y Hegel. Existen paralelismos históricos entre las dos épocas; tanto la sofística como la Ilustración son expresiones de un individualismo racionalista, reacio a la metafísica, ambas expresiones se dan en el seno de una sociedad en descomposición.
La ética kantiana es de un individualismo radical que procede de la Ilustración, pero con precedentes en un luteranismo secularizado. Se trata de la moral de la buena voluntad pura, que no se ocupa de las realizaciones exteriores, objetivas; el imperativo categórico impone el deber del individuo y la metafísica de las costumbres se ocupa del deber de la propia perfección, nunca puede ser un deber para mí cuidar de la perfección de los otros. A pesar de estos preceptos, se pueden rastrear ecos de una ética social en Kant, que anticipa la de Hegel; su principio unitario no es la ley, sino la virtud libre de toda coacción.
Será Hegel el más firme anti-kantiano y deseará una vuelta a la armonía griega. Según su sistema, el espíritu subjetivo, una vez en libertad de su vinculación a la vida natural, se realiza como espíritu objetivo en tres momentos: el Derecho, la moralidad y la eticidad. En el Derecho, fundado en la utilidad, la libertad se realiza hacia fuera; la moralidad agrega a la exterioridad de la ley, la interioridad de la conciencia moral, el deber y el propósito o intención; la moralidad es constitutivamente abstracta y su momento es superado en la síntesis de la eticidad. Hegel piensa, contra Kant, que el deber no puede estar en lucha permanente con el ser, puesto que el bien se realiza en el mundo y por eso la virtud (encarnación del deber en la realidad) tiene un papel importante en su sistema. Para Hegel, la auténtica eticidad es eficaz y, por tanto, debe triunfar; su optimismo hacía conciliables la libertad y la salvación del mundo. La eticidad se realiza, a su vez, en tres momentos: familia, sociedad y Estado; este momento lo concibe como el momento supremo de la humanidad. Hegel empalma con Platón y llegamos de nuevo a una ética socialista (o para ser fieles a lo que en el siglo XIX será la irreconciliable bifurcación socialista, una ética política o estatalista).
En la época contemporánea, también se manifiesta esa tensión entre la ética personal y la ética transpersonal. Jaspers y Heidegger son los autores que más han tratado temáticamente el asunto. En Jaspers, como en Hegel, la teoría del Estado se sitúa por encima del deber individual y del reino económico social; el individuo participa en la cultura y en la dignidad humana a través del Estado. Éste no es en último término más que la forma privilegiada de la "objetividad social"; el hombre tiene que trascender toda fijación, toda objetivación, incluso la del Estado, siempre impersonal para alcanzar la subjetividad de la existencia.
La posición de Heidegger es, en cierto modo, homóloga a la de Jaspers, si bien el aspecto comunitario está más acusado frente al liberalismo de Jaspers. La existencia es aceptación del peso del pasado, es herencia, y es "destino" (ser para la muerte); es afectada por el destino histórico de la comunidad, ya que estar en el mundo es estar con otros. La existencia de la comunidad consiste en la "repetición" de las posibilidades recibidas, es la asunción de la herencia con vistas al futuro. En su obra "El origen de la obra de arte", Heidegger consideró el acto de constituir el Estado como uno de los cinco modos de fundar la verdad.
Hemos visto que la historia parece un enfrentamiento entre dos proyectos éticos irreductibles: el de los individuos que pretenden ser buenos y felices, pese a la sociedad que les encierra y les coarta, y el del ideal social que aspira a cumplir su ordenada y justa perfección, pese al egoísmo y caprichos de los individuos.
Existe un modo personal de contemplar la ética frente a la injusticia imperante, se trata de una ética resistente, esforzada en no rendirse ante un cálculo de resultados ni en hacer concesiones ante "el fin justifica los medios"; es una ética que tiene claro que no es la política ni el Estado lo que puede salvar a los hombres, más bien el hombre es capaz de purificarse de una y de otro. Existe, de manera antagónica, la ética de quienes niegan el subjetivismo y el individualismo de los fines y sus creencias se apoyan en la salvación colectiva; ética de abnegación y de justica, de sacrificio y de militancia, supuestamente anti-tiránica (aunque muy posiblemente albergue el germen de algún tipo de tiranía nueva), pública y testimonial. Es una ética que valora más las repercusiones comunitarias de los actos, que rechaza la regeneración de la sociedad por la modificación interna del individuo (más bien, al revés); no cree en la posibilidad actual de la ética y considera que no puede haber más moral verosímil que una opción política correcta, lo que desemboca en el cinismo y en el partidismo, en el "ellos o nosotros".
Como resulta lógico, los dos extremos poseen deficiencias que no tienen por qué suponer la afirmación del contrario. Lo que sí resulta claro es que el ideal ético es intrínsecamente social. Como dijo el clásico "no se trata de luchar por la libertad de uno, sino de vivir en una sociedad de hombres libres", y Bakunin afirmó algo similar al reconocer su libertad en la libertad del otro. Debemos buscar con los demás una relación recíproca basada en la comunicación racional; Fernando Savater, en su pequeña pero sustanciosa obra "Invitación a la ética", afirma que la política se mueve en el plano del reconocimiento del otro, administra la violencia e implanta instituciones jerarquizadas; la ética puede subvertir ese orden político y sustituirlo por el del reconocimiento en el otro y por la comunicación racional. Sería, el de la ética que podemos calificar de "revolucionaria", un enfrentamiento con las identidades surgidas de la violencia, y con la jerarquía que se nutre de la desigualdad de poder. Desprendemos a la política de su condición de revolucionaria, como tantes veces nos lo ha demostrado la historia, y se lo atribuimos a la ética que, sin ninguna duda, podemos considerar libertaria. Una ética que, a diferencia de la política, no instrumentaliza medios perversos para sus fines, no posterga su querer, sino que se la juega aquí y ahora. No sería cuestión, por lo tanto, de tener una confianza ciega en la promesa de una sociedad futura, en una utopía venidera que exije nuevas formas de sacrificio. Se trata, como ya hicieron los libertarios del pasado, de denunciar y combatir las contradicciones e injusticias de esta democracia que se contradice con los auténticos ideales libertarios. Naturalmente, la crítica anarquista, frente a otro tipo de revolucionarios, nunca se quedo ahí, denunció los males de una planificación autocrática, de la centralización estatista y la supresión de las instancias intermedias de poder. Curiosamente, Savater habla de "ideales democráticos", pero su enumeración no desagradará a un espíritu anarquista y se puede comprobar que equivale a la disolución del Estado: igualdad de poder, gestión comunitaria, organización de abajo arriba, elegibilidad de los cargos, transparencia administrativa... La transparencia y profundización ética de la democracia tiene diversos campos de lucha; una importante es el trabajo, al cual no se le puede considerar desde una óptica meramente productiva, es importante contribuir al desmantelamiento del actual sistema económico y ofrecer nuevas e imaginativas vías laborales. Es un firme propósito ético sustituir institucionalmente la sociedad de la imposición por una sociedad de la invitación o de la propuesta; crear una comunidad de iguales que redescubra la diversidad de propuestas alternativas, frente a esta desigualdad y hostilidad actual. La superioridad de la autogestión sobre cualquier fórmula coactiva ordenadora se manifiesta en que permite la consciencia en sus socios de por qué las cosas deben ser hechas de determinado modo, para que las formas de creación social sean aceptadas paso a paso y desde dentro. Con la autogestión las cosas no tienen por qué ser más efectivas o más rápidas, pero se posibilita la aceptación de la gente al conocer el porqué del funcionamiento, se descubre la racionalidad e incluso lo pactado que subyace a todo orden.
Para lograr un comunidad de iguales, sustentada en el diálogo racional, podemos analizar por enésima vez uno de de los imperativos categóricos que enunció Kant, el relativo a la universalización de las leyes morales conciliando la autonomía individual. Probablemente, el filósofo alemán no halló respuesta a tan compleja propuesta, ya que no parece bastar su invitación a obrar de tal manera que quisieramos que la máxima de nuestra conducta se convierta en ley universal. Kropotkin analizó la obra de Kant y se preguntó ya por quién debía ser reconocida la solución kantiana: ¿Por la razón de un solo hombre o por el conjunto de la sociedad? El optimista anarquista ruso señaló que lo que le impidió descubrir respuestas más nitidas a Kant fue el no ser consciente de que en la razón humana existía un componente relativo a la justicia, es decir, a la igualdad de derechos perfectamente universalizable como el imperativo categórico kantiano; si la aspiración a la felicidad es un principio regulador moral, ello se complementa con sentimientos de sociabilidad, de simpatía y de ayuda mutua. Recientemente, Habermas ha reformulado la fórmula de Kant de tal forma que invita a que nuestras propuestas morales las sometamos a consideración de los demás, es decir al diálogo racional. Sin embargo, la propuesta de Habermas (en la que se basa, a priori, la democracia, la de dar voz a todos y cada uno de los miembros de una comunidad) se muestra insuficiente si tenemos en cuenta las restricciones en cuanto a la comunicación y el uso del lenguaje que se dan en las estructuras de dominación de nuestras sociedades. Javier Mugüerza rechaza por este motivo la solución de una ética discursiva o comunicativa (una suerte de realización de la razón, que resulta utópica) y aboga por un racionalismo autocrítico que, en lugar de buscar el consenso colectivo, se apoya en el disenso, lo que supone una auténtica crítica racional a las instituciones vigentes. Si el consenso se refiere a la universalidad de un principio moral, el disenso se apoya en la autonomía individual, en la conciencia disidente y su capacidad de decir no. Para Mugüerza, la ética es un círculo en expansión de tal modo que todo disenso puede ser aceptado si contribuye a la ampliación de dicho círculo y no a su reducción. Mugüerza considera también que el hombre se ha desnaturalizado, ha perdido su sociabilidad en cuanto a miembro de una polis (la postura clásica griega); si pueden existir neo-aristotélicos que defiendan la postura de una especia de ética comunitaria, es rechazable por lo que supondría de pérdida de independencia y libertad individuales. Obsérvese que Kropotkin, aun sustentando su moral en el apoyo mutuo e instintos sociables del ser humano, difícilmente puede ser encuadrable en una línea de ética sociológica o comunitaria, si ésta se apoya en la tradición o en el sacrificio de la autonomía individual. Fue, el del príncipe ruso, un estudio que sirvió de punto de partida para lo que constituye la moral anarquista.

José María Fernández Paniagua Subir


 

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