PERIODICO ANARQUISTA
Nº 221
 DICIEMBRE 2006

 

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¡Oaxaca está en todas partes!
¡Todos estamos en Oaxaca!

De nuevo, con tristeza pero sin que nos pille por sorpresa, somos testigos de la respuesta del poder a las exigencias del pueblo. Ha habido muertos en Oaxaca, una cuenta terrible que crece con cada día que pasa, a manos de la policía mexicana, la PFP. Hay muchos más heridos, arrestados e incluso desaparecidos, personas que son secuestradas en la calle y llevadas en helicópteros del ejército a lugares desconocidos. Esta parece ser la única manera en que los poderes económicos y políticos del Estado mexicano quieren, o pueden, responder a las exigencias planteadas por el pueblo de Oaxaca. La población de esta ciudad, cuna del revolucionario libertario Ricardo Flores Magón, es en su mayor parte indígena y se cuenta entre las más pobres del país. Durante más de quinientos años han luchado por recuperar la libertad que perdieron cuando comenzó la colonización y se les impusieron unas instituciones opresivas.
Lo que está en juego es mucho más que una mejora salarial para los docentes y más becas para los estudiantes más pobres. Es mucho más que la dimisión del criminal gobernador Ulises Ruiz. Debería forzársele a dimitir de su cargo inmediatamente y ser entregado a la población de Oaxaca para que sus crímenes no queden impunes. Pero esta no es la principal cuestión en juego. En cierta manera esta es una lucha contra estructuras decrépitas de poder en México, que han estado controladas con mano férrea por el PRI, el Partido Revolucionario Institucional, desde los tiempos de Zapata, allá por 1910. También es una protesta contra la colusión del privilegio económico y el político, que andan de la mano en México, como en cualquier otro lugar del mundo, de tal forma que asegura la exclusión de la mayor parte de la población de unas condiciones mínimas de supervivencia, cuando menos de un reparto real de la riqueza.
Por encima de esto es también una cuestión de si los pueblos del mundo serán capaces de tomar su propio destino en sus manos y conformar su futuro contra un muro de represión, peleando cada mejora, hasta construir un planeta que sea un lugar en el que sí merezca la pena vivir. Es una cuestión de si aún es posible, si aún queda alguna oportunidad de conseguir una vida mejor. O si por el contrario los que ahora son dueños del mundo, las grandes multinacionales, los políticos corruptos, los asesinos que controlan los Estados, van a seguir siempre teniendo las riendas. Es una cuestión de si aún podemos soñar y tener esperanzas.
Aún no hay nada decidido. Apenas hace unos días parecía que la policía apoyada por el ejército y las bandas de bestias paramilitares del PRI iban a conseguir controlar la ciudad. Poco después nos enteramos de cómo el pueblo ha resistido valientemente los intentos de desalojar la universidad y la radio de la APPO. Aún pueden pasar muchas cosas en los próximos días y semanas. La situación se volverá cada vez más difícil para el corrupto Ruiz. Crecen las voces que piden su dimisión y el presidente mexicano parece ser reacio a enviar más tropas para proteger a un corrupto gobernador local. Pero un nuevo presidente, a su vez él mismo votado en unas elecciones fraudulentas, jurará su cargo en breve y está por ver la posición que adopte respecto al conflicto. Por otro lado, el partido socialdemócrata, PRD, se ha pronunciado a favor de las protestas, pero no ha tomado ninguna otra medida de apoyo, a pesar de reclamarse ganador de las recientes elecciones gracias al apoyo del pueblo. Ciertamente no será de un político de dónde surjan soluciones a largo plazo para los graves problemas de los indígenas, los pobres, las mujeres, los trabajadores y profesores, no ya de México, sino de toda América Latina. Éstas sólo se conseguirán mediante al lucha autogestionada y la acción directa de los pueblos, y no es necesario ir más lejos que Oaxaca para encontrar la prueba.
Son nuestros compañeros, hermanos y hermanas de Oaxaca los que tiene que luchar esta batalla. Saben que cuentan con nuestro apoyo incondicional. Les mandamos nuestro más sincero abrazo, y el compromiso de organizarnos en todo lo que podamos para que su lucha sea conocida por todo el mundo en nuestros respectivos países y para que su voz se oiga por los representantes del Estado mexicano en el exterior. Romperemos el muro cómplice de silencio que los medios de comunicación han levantado en torno a su lucha. Claramente, no les interesa informar sobre cómo se hace historia.
Desde el Secretariado de la Internacional de Federaciones Anarquistas (IFA) llamamos a todos y todas, independientemente de donde se encuentren geográficamente, para que organicen acciones de apoyo con el pueblo de Oaxaca. Su lucha es la lucha de todos y su éxito será un paso más hacia la emancipación. Piedra a piedra se construye un nuevo mundo. Tenemos la oportunidad de ayudar a poner una más.

Secretariado IFA Subir


Persecución a anarquistas en Chile

Es posible remontar a 1987 la reaparición de banderas negras anarquistas en las manifestaciones antidictadura en Chile, no podemos decir que sean centro de atención de los aparatos de inteligencia hasta comienzos de la década actual.
Hasta fines de la década de los 90 del siglo pasado, los intereses de las agencias de inteligencia chilenas chocaban entre sí. Mientras los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia intentaban crear aparatos de seguridad e información fiables a través de la llamada "Oficina" y de la Policía de Investigaciones, las direcciones de inteligencia de Carabineros y las Fuerzas Armadas respondía al mandato de Pinochet desde su "gobierno paralelo" en la Comandancia en Jefe del Ejército.
En el período abierto con el cambio de gobierno de 1990, la reducción y aniquilamiento de los remanentes armados de la izquierda revolucionaria y el lograr cierto equilibrio ventajoso de poderes con el aparato pinochetista en funciones, consumió la casi totalidad de los esfuerzos de los servicios de inteligencia gubernamentales; al mismo tiempo el gobierno intentaba crear el ambiente para construir una "Comunidad de Inteligencia", adscrita a la democracia tutelada, fácticamente reconocida como el "modelo" para Chile. Por otra parte, mantener bajo control a la Concertación, proyectar y asegurar la autonomía y poderío de las Fuerzas Armadas, que el tinglado político-económico levantado por la dictadura se mantuviera en pie y, ante todo, lograr impunidad judicial para Pinochet y su entorno.
Una fuerte tensión de poder sacudía las alturas del país, mientras en valles y quebradas se afirmaba el modelo mediante el "consenso binominal" y el sostén consumista de los mega-mercados y el ensueño exportador. El anarquismo no constituía más que un sub-problema propio de socióloguos especialistas en juventud.
Pese a todos los esfuerzos culturales, musicales, fanzineros, anarco-punks, políticos, afectivos (además de los intentos federativos), el anarquismo en Chile no lograba salir del reducido espacio de la marginalidad simbólico-estética cultural y juvenil y pasar a constituirse en una opción de construcción social. No era un asunto de interés, incluso considerando la actividad de las barras bravas (anarco-futboleros como diría un sociólogo chileno residente en Oaxaca), recogida ampliamente por los medios de incomunicación de masas y presentada como una muestra del aumento de la violencia delictiva-juvenil en el país.
Para la izquierda marxista extraparlamentaria (PC y similares) el surgimiento de nuevos movimientos sociales que apostaban por la autonomía, por la flexibilidad orgánica, por la horizontalidad y que apuntaban a enfrentar un neoliberalismo en su tercera fase en Chile (donde se había implantado a mitad de los 70 del siglo pasado), resultaba ser algo más que una molesta gripe primaveral… era la repetición del escenario autonómico que les obligó a desmantelar el amplio movimiento social contestatario que a fines de los 80 salía del control de los partidos políticos. Les molestaba lo "anárquico" de las organizaciones sociales que destacaban en el movimiento secundario, juvenil, popular, mapuche.
Pero habrá dos hechos que pondrán en alerta máxima a estos dinosaurios políticos: la huelga de mineros de Lota y la lucha secundaria.
Durante la lucha de los mineros por su supervivencia en Lota, los partidos de la izquierda tradicional (PS, PC, MIR, etc.) se vieron confrontados al interior del movimiento sindical y reivindicativo por una oposición a una dirección sindical claudicante que negociaba el fin del conflicto mediante el fin de la forma de vida. Esta oposición, vinculada solidariamente con la anarcosindical chilena, llegó a plantearse incluso la autogestión y el avance en la lucha por la acción directa. Finalmente, la dirección sindical PC-PS acordó el cierre de las minas de carbón de Lota. Habían tomado nota de lo peligroso para el control político de esas ideas autonomistas y de acción directa. Con todo lo logrado, la anarcosindical chilena no sobrevivió a la prueba de esfuerzo de la lucha minera de Lota.
En tanto y preferentemente en Santiago, los estudiantes secundarios comienzan a organizarse en colectivos políticos y sociales autónomos que actúan en espacios distintos y paralelos a los centros de alumnos cooptados por las juventudes políticas, desafiando la conducción de los conflictos por demandas históricas: pase escolar, prueba universitaria gratuita y en el nivel utópico en ese momento: fin de la LOCE heredada de Pinochet. Aunque las juventudes políticas conservaban el control de la antigua FESES de Santiago, para el año 2000 esto no era más que el caparazón seco de una momia política. Eso también constituyó una alarma en el PC.
Con la crisis de la detención de Pinochet en Londres y su vuelta a Chile, las agencias de inteligencia del gobierno y las Fuerzas Armadas terminan trabajando en conjunto para lograr una salida política al conflicto y liberar a las FF AA de la carga del Pinochetismo más militante. Así el gobierno de Lagos logra por fin articular la demanda concertacionista de una comunidad de inteligencia funcional en una democracia en la que Pinochet no fuese un elemento decisivo. Para ello contó con el respaldo de una comandancia en jefe del Ejército que procuraba mantener las prerrogativas institucionales de las FF AA al tiempo que pretendía cerrar toda vinculación con el tema Derechos Humanos. Para ello era necesario un nexo con la inteligencia del gobierno que bajo el paraguas de un trabajo común sirviera a los intereses particulares de las FF AA y del Ejército en especial. Esto porque en ese entonces y hoy todavía toda la plana mayor del Ejército estuvo bajo la tutela directa de Pinochet s ino como presidente, si como Comandante en Jefe.
Se planea así una doble vinculación en el área seguridad entre las FF AA y el resto del Estado: una comunidad de defensa de nuevo tipo con amplia participación de académicos civiles y una comunidad de inteligencia bajo la forma institucional de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI). Para el año 2001 esto ya era realidad, aunque su estructura no estuviese legalizada.
El formato ANI comienza su actividad poniendo atención a los movimientos sociales y especialmente a la lucha de los pueblos indígenas, ante los cuales se plantea el nuevo formato (o mejor dicho, el reciclaje de un formato antiguo en Chile) para enfrentar y resolver a favor del gobierno los conflictos sociales: la judicialización de los conflictos sociales y la criminalización de los movimientos sociales contestatarios. Así el pueblo mapuche para acceder a la recuperación debe optar por un solo camino: recurrir al Estado para una re-compra legal de sus tierras y a los movimientos que rechacen ese camino se les criminaliza usando la ley anti-terrorista de Pinochet y comenzando la reforma penal en la IX región, territorio mapuche. Esta reforma penal demostró estar hecha para un control político más estrecho que el antiguo proceso penal. En esto la ANI tuvo un papel analítico y de asesoría en políticas que ejecutaba el brazo jurídico: Fiscalía Pública y jueces de "garantía" y su brazo policial: Carabineros e Investigaciones.
El fin de la hegemonía del PC sobre los estudiantes en general y sobre los secundarios en particular queda claro en abril de 2001. Muerta la FESES, surge la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios, que de una manera brillante instala en la opinión pública la crisis de la educación chilena, la fuerza del movimiento secundario y las infinitas posibilidades que ofrece una orgánica asamblearia que apuesta por la participación de las bases, rotación de los portavoces, control de los dirigentes por las bases y apuesta por la acción directa, dejando las negociaciones como apéndices a la victoria en los liceos y en las calles. Al mismo tiempo el retroceso de la representación del PC en las universidades y en el poderoso colegio de profesores se traduce en la pérdida de la dirección de las Federaciones y Gremios a manos de escisiones propias e incluso la derrota por la derecha estudiantil universitaria.
La influencia de organizaciones anarquistas en el ámbito poblacional, juvenil, feminista, cultural se hace evidente cada vez más, aunque sin constancia y permanencia. Sólo el enfoque asambleario, insumiso y libertario del Movimiento Antimilitarista de Objeción de Conciencia es algo que mantiene continuidad y constancia en el largo período que va desde 1996 a hoy. Por ello mismo, también se prepara una operación contra los insumisos. El gobierno y las Fuerzas Armadas cooptan a las instituciones de Derechos Humanos (Serpaj, Amnistía Internacional, Codepu, Codeju, Vicarías, Iglesias evangélicas, etc.) para construir un tipo de objetor afín a las propuestas gubernamentales. Intentan hacer un objetor patriota, cristiano, cooperante de las FF AA en operaciones de paz y que no cuestione el militarismo. La idea es acabar con la insumisión.
La participación de las banderas negras anarquistas y de los movimientos sociales autónomos y asamblearios en los masivos rituales populares del 8 de marzo, 1 de mayo, del 11 de septiembre y del 12 de octubre constituyen entonces una nota a destacar para la ANI y para el PC. La violencia social contra las direcciones del feminismo institucional (cada vez más entrelazado con el poder), del sindicalismo profesional, de las agrupaciones de familiares de víctimas de violaciones de Derechos Humanos, y el respeto a los intentos autonómicos del pueblo mapuche se va atribuyendo cada vez con más fuerza a los anarquistas. Así cada destrozo, cada cóctel molotov, cada pedrada en calles, colegios o universidades es achacada a los anarquistas.
La prensa cada cierto tiempo destaca investigaciones académicas sobre violencia juvenil asociándolas a punks, anarcopunks, ocupas, etc. Por otra parte se empieza a indicar a los anarquistas como otra fuente de terror y terrorismo, esta vez más callejero y urbano.

Momento
El 8 de marzo de 2006 en el centro de Santiago se planeaba una gran fiesta de mujeres: no sólo se conmemoraría el Día Internacional de la Mujer (cada vez más comercializado por las grandes empresas de confección), también sería la celebración final antes de la subida al poder de la primera mujer presidenta del país: Su mandato comenzaría 3 días después. La gran sorpresa (muy anunciada) sería la visita a al concentración de las mismísima presidenta electa. Pero todo quedó en jaque cuando un bloque anarcofeminista llegó muy cerca del escenario gritando consignas contra el "show" en que se convertía un día de lucha. La represión sobre estas mujeres de banderas negras no se hizo esperar y la acción conjunta de las organizaciones convocantes del feminismo institucional y Carabineros impidió que las anarcofeministas pudiesen comunicar por mucho tiempo sus opiniones en ese lugar. De ahí en adelante el anarquismo chileno empieza a ser investigado, seguido, amenazado, demonizado. En la izquierda clásica y en la izquierda oenegística que se acercaba al poder vía Michelle Bachelet.
El 1 de mayo el hastío popular con la entregada, regalada dirección sindical de la Central Unitaria de Trabajadores (PC-PS) y con el sistema neoliberal se hizo patente: ataques a McDonalds, cadenas de ropa, instalaciones municipales y Carabineros, agresiones y encaramientos a la dirección de la CUT, interrupción del "show" musical, etc., desbordó una conmemoración del Día del Trabajo planteada como fiesta y comercio de merchandising revolucionario. La respuesta de Carabineros fue insuficiente y la calle quedó despejada para los manifestantes por bastante rato. Mientras, lejos del lugar, en una plaza de barrio, los anarquistas realizaban un Primero de Mayo con reflexión, denuncia y… ningún detenido. Con todo se achacó, nuevamente, a las anarquistas la exclusividad de la violencia de ese día.
Durante el otoño, la primera toma de una universidad privada por parte de la asamblea de estudiantes colocó el tema de la Universidad Arcis en los titulares de prensa. Otra vez los anarquistas, esta vez oponiéndose a la operación para dejar el control de esta universidad privada (conocida por su publicidad donde se presenta como "diversa y alternativa") en manos del PC, para tener un lugar formal de formación académica de cuadros, luego del fracaso de su intento por resucitar el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz. Finalmente el PC apela a la policía para desalojar la universidad y expulsa a los anarquistas más destacados y caduca el contrato de los académicos más solidarios con el proceso, de paso desarma el sindicato de funcionarios de la universidad.
Al mismo tiempo la gran huelga de los secundarios ("los pingüinos") reeditaba las dinámicas asamblearias y autónomicas de 2001, con más éxito y mayor profundidad, pues esta vez el movimiento abarcó todo el país y consiguió el pase gratis, becas masivas para la prueba universitaria y planteó un consenso social para el fin de la LOCE.
Los anarquistas, para el gobierno, el presidente de la cámara de diputados, la prensa y el PC son "los culpables".
La marcha ritual del 11 de septiembre vino precedida por negociaciones entre el PC, el gobierno y la derecha par romper el binominalismo electoral. Sobre la mesa el PC ponía su capacidad de controlar y disciplinar a los movimientos sociales. Pero ese domingo 10 de septiembre un cóctel molotov sobre una ventana del Palacio de Gobierno, La Moneda, vino a demostrar la incapacidad del PC para controlar nada. Se acusó directamente a los anarquistas, se les consignó como terroristas, violentos, sin ideas ni principios, unos bárbaros. La prensa se encargó de colocar al anarquismo al mismo nivel que Al Qaeda. El PC sacó a sus brigadas a rayar los muros con consignas antianarquistas. Ofreció incluso su colaboración a la policía para encontrar a quien había lanzado el molotov en La Moneda.
El día 26 de septiembre y con la excusa de "defender" el derecho a manifestarse del gremio de profesores (controlado por el PC y Fuerza Social, una escisión del PC) la policía allanó una ocupa, detuvo seis habitantes del lugar y montó un escenario para hacerlos aparecer como una "fábrica de molotovs".
Ese mismo día, a la tarde, ya varias organizaciones sociales, políticas y culturales libertarias se organizan en una Coordinadora por la libertad de los detenidos. También para responder a la persecución política a los anarquistas. De hecho, la razón para detener a los 6 ocupas fue "que eran anarquistas".
Ante esta agresión la izquierda tradicional, la izquierda oenegística y de Derechos Humanos, hizo silencio. Asumió como verdad la versión que el gobierno y la prensa daban. Los anarquistas y los seis detenidos en la ocupa de San Ignacio debieron enfrentar solidaria y solitariamente el asunto.
Pero la movilización y la lucha dio resultados, dos semanas después estaban en libertad y el montaje policial se había desnudado.
Por la izquierda: silencio.

Hoy
Pero en la memoria popular quedará, aunque lo nieguen por sus radios, presente la actitud del PC: colaborar con la policía para lograr sus objetivos y que el anarquismo es capaz de enfrentar estos ataques, solo. Por lo menos a esta escala.
La represión no ha acabado, continúa de una manera más larvada, menos pública, no pedirán disculpas ni el PC ni el gobierno y mejorarán su estrategia para aniquilar una autonomía que rompe el consenso de las ovejas neoliberales.
Hemos exagerado, es verdad, en el último tiempo. Todo esto a propósito de ciertas exageraciones del gobierno. La persecución política al anarquismo ha sido una exageración. Los anarquistas no son tantos ni tan peligrosos, todavía. Es decir, el anarquismo hoy no es un gran problema en el desarrollo del neoliberalismo y la gobernación en Chile.
Respecto a las exageraciones diremos que, a veces, hacen bien: colocan las cosas en perspectiva, anticipan escenarios y logran que las cartas se abran sobre la mesa. Exagerar en algunos casos es amplificar la verdad. Durante todo este año el gobierno ha amplificado su real temor al descontrol, al desorden, a lo que no esté presupuestado. Los anarquistas han amplificado su histórico temor a la represión, al abuso gubernamental y la traición política. Ha sido este un año de exageraciones.
8 de marzo exagerado, 1 de mayo exagerado, Paro pingüine exagerado (¿o no?), Paro y toma de la Universidad Arcis exagerado, Septiembre exagerado.
Aunque cueste admitir al anarquismo chileno (ante todo porque no es su experiencia) la mayor parte de los habitantes de Chile reconoce este momento como una época de libertad. Mejor dicho, de libertades. Es una sensación ambiental: la mayor parte de la gente que mora en este país percibe que puede hacer uso de una serie de libertades que no tiene parangón en nuestra historia. Libertades accesibles no sólo para la clase poderosa que siempre las ha tenido, sino también para los desposeídos, a quienes siempre se les conculcaron. A las clásicas libertades cívicas, se han agregado una nueva serie de libertades desprendidas del consumo en su variante neoliberal.
Los derechos han muerto y han sido reciclados como "garantías", asociadas a la libertad de consumo. Vivimos a cuenta de la felicidad de la libertad de crédito, de la libertad de emprender, de la libertad de endeudarse, de la libertad de ser consumidores de cultura, de la libertad de crear productos para el mercado de la cultura, del deporte, de la ciencia. Ante todo tenemos la más amplia libertad para creer y convencernos de que vivimos en la era de las libertades.
Todas estas libertades se enlazan en la libertad de acceso al consumo y la libertad implícita en ella de delinquir. La estafa, la malversación, el robo, la usura y el desfalco no constituyen ya una primacía del delincuente y el poderoso. En tanto consumidores, los habitantes de este país ganan para sí la libertad de escamotear la legalidad en función de procurar el consumo. El asunto no es más que un efecto no controlado de la ampliación del nivel adquisitivo, de endeudamiento, de aspiraciones y de la libertad de emprender. Es en esta lógica que se comprenden muchas de las movilizaciones sociales del último tiempo. Las manifestaciones y presiones hacia la autoridad tienen tanto que ver con la justicia social y la lucha popular como con formas extra-legales de conseguir garantías de consumo. Garantías que tienen que ver con los vectores del consumo: tiempo, recursos, conocimiento, aprobación.
En este ambiente aparece como extraño, extravagante y ajeno a la realidad el reclamo de los anarquistas sobre "persecución política", "prácticas dictatoriales" por parte del Estado y del gobierno. Como si la posibilidad de la violencia policial, de los montajes policiales y mediáticos no existiera en esta sociedad de libertades neoliberales. En el reino del mall (gran superficie comercial) el mal gobierno no sería posible.
Pero así como el abanico de las libertades se abre desde el eje del consumo, el anatema para esas mismas libertades es el quedarse fuera del mercado por opción, la crítica radical al consenso, a la antología de la participación consensuada. Por ello antes que los anarquistas, alguna parte del pueblo mapuche, organizado para quedar fuera del consenso nacional ha sufrido la libertad gubernamental de operar "como en dictadura" sobe los díscolos al sistema y a la unidad única, feliz y consensuada de la solución negociada de conflictos. Organizaciones mapuche que operan con un sueño-memoria "hacia fuera" del consenso estatal chileno han sufrido una consistente y permanente represión dictatorial en democracia neoliberal concertacionista. El ejercicio de la libertad gubernamental de reprimir "como en dictadura" es legitimada por el consenso mayoritario de que se debe y puede actuar así contra "la excepción" y lo que viene a "romper el consenso ontológico" que da pie a esta feliz república.
Por ello no todo el pueblo mapuche ni todas las organizaciones mapuche son objeto de la represión, la muerte y la cárcel, sino sólo aquellas que actúan en el imaginario político-policial "hacia fuera" de la unidad, independiente incluso de si ese actuar es legal o ilegal, violento o no. La amenaza es el "quererse fuera" de esto. Esa opción de los gobiernos concertacionistas de operar excepcionalmente "como en dictadura" con la rebeldía excepcional nace comprensivamente de la misma forma que los gobiernos de la Concertación: heredando fórmulas de una dictadura que no fue vencida sino a lo más empatada, negociada. Y de los padres algo se hereda.
Esta forma de operar ante la heterodoxia política fue traída a Santiago a propósito de la heterodoxia autonómica, que actúa desde la negativa a recargar y mirando utópicamente "hacia fuera" del consumo, del mercado, del consenso de las libertades.
Justamente es una mujer en la presidencia la que viene a certificar el apoteósico reino de las libertades y es bajo ese reinado que se certificará la norma de actuar "excepcionalmente" con la excepción heterodoxa.
Así, para los anarquistas ahora, como para ciertos mapuche hace tiempo y, especialmente, hoy, hoy día, para los secundarios, "los pingüinos" (que ellos son tratados "a la Pinochet" por una entente de alcaldes pinochetistas y ministras concertacionistas) este gobierno es una verdadera experiencia política "como en dictadura" y es del todo justo, cierto y necesario decir que para la excepción heterodoxa anarquista lo que se ha vivido este año es dictatorial, aunque para la mayoría de la gente de este país lo que se vive es la tonta felicidad de las libertades de consumo.
Ambas cosas al mismo tiempo: real dictadura para los que quieran estar fuera de esto y real democracia cada vez más democrática para quienes están y quieren estar más adentro de esto.
La línea divisoria es el consenso neoliberal del consumo como salida, entrada y referencia para libertades y garantías que sirven para operar en el negocio político, social, cultural, etc. Las formas y variables (legales, ilegales, violentas o no, masivas o elitistas) no son cuestión en tanto queden inscritas dentro de las categorías del "consenso consumo" de esta etapa ultradesarrollada del neoliberalismo en Chile. Ultradesarrollo e incluso "avant garde" en tanto lo poderosamente nuevo es perfecta asunción de un discurso consolidado en lo cotidiano donde hasta y sobre todo el Estado opera como empresa (y no como Estado empresario). La empresa-Estado concurre en la competencia armoniosa de construir el consumidor perfecto, que en el territorio de administración directa de la Empresa Chile es un consumidor en el punto de desplazamiento de la producción al puro y delicioso consumo, es decir, en el punto de liberar al trabajador del trabajo para dedicar todo ese capital-tiempo al consumo. Equiparar el poder adquisitivo con el deseo consumista es la tarea, mientras tanto la diferencia negativa se salda en consumo de tiempo, ya no como capital sino como recurso.
Las libertades conseguidas en el espacio de la democracia del consumo, se agotan en el esfuerzo cotidiano y frenético de la urbanidad chilena por alcanzar un "algo" y un "que" que se escapa y huye.
Desesperados, les habitanets urbanos de la Empresa Chile avanzan, corren, en pro de algo que no está al alcance, que no se sabe qué es, pero que huele a triunfo, a éxito, a felicidad y que siempre parece estar más allá, lejos pero alcanzable, aunque justamente no se alcance, no se obtenga.
Un ánimo de entusiasmo y frustración combinadas lleva consigo cada persona en el transporte público (privado), en las autopistas concesionadas, en el metro mercerizado, frente al televisor permanentemente encendido, ante el aparato de sonido a máximo volumen, escuchando canciones que también van rápido a algo que se arranca. Construyen por doquier edificios más altos, túneles bajo ríos, nuevos aeropuertos, máquinas que hablan, sensación de progreso y aún así el ciudadano de a pie intenta descubrir qué hacer para lograr, por fin, aquello que se escapa, que está ahí esperando que lo cojamos y digamos:¡por fin! Y descansar de toda esta carrera que llevamos por el jardín, el colegio, el liceo, la universidad, el sexo, el entretenimiento.
A estos consensos, a estas carreras, el anarquismo en Chile pretende y no logra escapar. Es también, a veces, parte del consenso y quisiera negociar, ser admitido, requerido, escuchado y puesto en un lugar. Al mismo tiempo quiere ir "fuera", quiere "estar en otra parte", armar "otro cuento" pero no sabe qué camino escoger y así es un peso, un conflicto, un problema menor en el consenso ontológico y no un peso, una vida, una posibilidad mayor en la heterodoxia rebelde.
Escapar a los "15 minutos" en los medios de comunicación, escapar a la negociación, al asiento ante la mesa, requiere un esfuerzo colectivo por olvidar que existe ese consenso y lanzarse hoy de lleno a la creación verdadera, efectiva y afectiva de "otra cosa", "otra parte", que podamos heredar a la discontinua vida de la heterodoxia. Siendo tiempos de libertades consensuadas hay que avanzar en la construcción de una libertad disruptiva.
El momento es interesante. Bajo el consenso de las libertades del consumo, una libertad vivencial, rebelde, rupturista, radical y ensoñadora puede colarse si logra ser vivible en experiencias colectivas de vida libertaria, que intenten poblar el cotidiano, lo común, lo diario de lo "distinto", lo "inconsensuado", lo "fuera del consumo y el mercado". Es posible hoy, aquí, en medio de este entusiasmo fastidioso y disciplinado, dar un paso al lado y fundar vidas para la libertad que pueden contrastar y confrontar el ultradesarrollado neoliberalismo de consenso.
Es la actualidad para crear, construir, dibujar, diseñar, inventar autonomías, experiencias, vivencias que "desde afuera y al lado" se contrapongan a la verticalidad subsumida y consensuada que nos toca enfrentar acá, en el rincón suroeste de América del Sur.
Es el momento de apresurar proyectos, dedicar 24 horas día a día a vivir de otra manera y con otro propósito. La hora de crear y fortalecer autonomías, horizontalidades, comunidades libres y libertarias, proyectos autogestados y autogestionarios, asamblearios, que quieran abarcar la vida toda y no los espacios que el consenso deja para la rebelión y que habitualmente coincide con el horario de "Los Simpsons" en la tele.

Pelao Carvallo subir


Despolarización y autonomía
Retos de los movimientos sociales en Venezuela

Visualizar lo que sucederá con los movimientos sociales en Venezuela tras la cita electoral del 3 de diciembre -en donde todo apunta a la reelección del presidente Chávez-, no puede realizarse sin entender, aunque sea a grandes rasgos, su propio devenir histórico. En la segunda mitad de los años ochenta, y catalizado por la crisis económica posterior al "viernes negro", nuevas formas de organización y reivindicación comenzaron a desarrollarse en el país caribeño: el movimiento estudiantil y de vecinos, de mujeres, contraculturas, ecologistas y de derechos humanos. Subjetividades que si bien tenían a la izquierda como referencia, no respondían mecánicamente a los esquemas organizativos guevaristas-leninistas que reivindicaban la herencia de la insurrección armada de los años sesenta. El "Caracazo" (febrero de 1989), como expresión del creciente malestar, configura entonces el inicio de una sociedad civil tanto ajena a los partidos políticos tradicionales, redes clientelares del Estado como a los programas de los partidos políticos de izquierda. La efervescencia posterior reedifica un tejido social compuesto por infinitas iniciativas sociopolíticas, con diferentes y crecientes niveles de articulación entre sí, la cual protagonizó las movilizaciones contra el gran objetivo de la época: la salida de Carlos Andrés Pérez del poder.
El movimiento originario de Chávez logra superponerse a esta dinámica y darle un rostro al descontento, legitimándose en las urnas en 1999 al capitalizar la extendida voluntad de cambio que cruzaba el país, pero también revitalizando la matriz populista, caudillesca y estatista que forma parte del acervo histórico venezolano. La imposición de un modelo personalista de dominación tenía como precondición la desarticulación de las dinámicas ciudadanas que permitieron su llegada al poder. Esto fue facilitado, entre múltiples razones, por la polarización impuesta por las élites en pugna: aquellas proscritas del poder, que representaban los sectores productivos tradicionales, y la nueva burocracia "de izquierda", legitimando los intereses de los sectores álgidos de la globalización económica en el país.
De esta manera tenemos que el tejido social tras 1999 es fragmentado (movimiento vecinal, estudiantil y ecologista), neutralizado (derechos humanos) y cooptado (indígenas, mujeres, contraculturas) por las expectativas creadas por un gobierno retóricamente de izquierda. Éste ha promovido, en su lugar, expresiones de organización popular sin autonomía dentro de una renovada red clientelar, en medio de una de las mayores bonanzas económicas vividas por los altos precios petroleros.
Estas iniciativas populares, tuteladas desde arriba, poseen varios elementos que las caracterizan de otros movimientos sociales:
1.- La solidaridad vertical suplanta a la solidaridad intra-clase: Las movilizaciones responden a una agenda política impuesta por la cúpula, siendo casi inexistentes sus propias convocatorias o actos de solidaridad cuando otras partes del movimiento son reprimidas por las instituciones.
2.- Una identidad permeada por el culto a la personalidad y la ausencia de una historicidad y argumentación diferente de la originada por la figura de poder, lo cual impide cualquier hipotética "profundización de la revolución".
3.- El objetivo de su práctica es legitimar los proyectos gubernamentales, sin ningún proceso de construcción paralelo o diferente.
4.- Un desgaste progresivo por su incorporación a la lógica acumulativa político-electoral.
El incumplimiento de las expectativas generadas por el chavismo ha aumentado exponencialmente las protestas populares durante el 2006, lo cual continuará incrementándose el año que viene. Pero es precisamente el chantaje de la polarización -"darle armas a la derecha", "manipuladas por el imperialismo"- la cual contiene el creciente descontento frente a un Estado que ni se transformó en el momento en que pudo hacerlo, ni cuya nueva burocracia realiza políticas diferentes al asistencialismo populista latinoamericano.
Los retos para los movimientos sociales, tras la hipotética reelección presidencial, no son sólo de orden práctico, como puede ser su configuración autónoma o la experimentación de prácticas y espacios diversos de aprendizaje y contrahegemonía. También son de orden teórico. La superación del maniqueísmo imperialista, centrado exclusivamente en la figura de George Bush, supondría la comprensión de las dinámicas múltiples del flujo de dinero y poder de la mundialización del dinero. Y han sido precisamente los movimientos sociales, de ambos polos, quienes han internalizado la disciplina de ser un país exportador de energía barata, a despecho de cualquier consideración ambientalista, profundizando el papel asignado a Venezuela por la globalización económica. Pero si nos atenemos a los eventos de los últimos meses -acciones contra el carbón en el Zulia, protestas de los vendedores informales en Caracas y de los pescadores artesanales de Güiria- y cómo han sido enfrentados y criminalizados por las propias bases chavistas, el horizonte parece avizorar un largo período de conflictividad entre oprimidos: unos tratando de protestar por algunas mejoras estructurales, y otros enfrentándolos para escalar posiciones dentro de la jerarquía de afectos del personalismo de Estado.

Rafael Uzcátegui Subir


El nacionalismo y el miedo a los de fuera

En este mundo global donde el capitalismo como modelo económico ha saltado las fronteras nacionales desde hace más de un siglo, convirtiéndose en un modelo económico internacional, incluso llegando de lleno a modelos comunistas, hace que fenómenos como la inmigración sea preocupación para políticos, sociólogos, pero sobre todo para los ciudadanos que ven cómo en su sociedad irrumpe dicho fenómeno. Hecho que genera miedo, inseguridad, desconfianza que al mismo tiempo se pueden convertir en racismo, xenofobia, aporofobia, es decir, fobia a los pobres, a los sin recursos, a los desamparados.
La migración no es un fenómeno del siglo pasado, ni de hace dos; es tan antiguo como lo es el ser humano e igual el miedo a lo desconocido. Migraciones ha habido a lo largo de la historia, las ha habido internas o externas, pacificas o violentas, individuales o colectivas. Podemos hablar de internas (las que se hace a pocos kilómetros de un área cultural) y externas (las que traspasa el área cultural autóctona). Distinguiremos entre migraciones violentas, las que se hacen a modo de conquista teniendo como consecuencia la esclavitud, y pacíficas, las ausentes de violencia. Por último, entendemos que las migraciones pueden ser individuales, como puede ser el caso de un comerciante (el más famoso fue Marco Polo), o colectivas, como podemos ver a lo largo de la historia en que los pueblos se han trasladado a zonas más rentables o calidas. Así lo podemos documentar con los pueblos germánicos en la era del Imperio romano: al no poder subsistir en las heladas tierras del norte se fueron trasladando a las calidas tierras del sur y del oeste.
Tomemos estas variantes migratorias más como una guía para el lector que como una pura clasificación. Debemos hacernos a la idea que dicha manifestación al mismo tiempo es homogénea y heterogénea, y que no sólo es cuestión de una sola comarca o país sino de varios. Desde esta perspectiva nos hacemos a la idea de que migrar es un hecho que va ligado a nuestras culturas. ¿Quién no ha oído hablar de los indianos? Todo ello me lleva a reflexionar en unas cuantas cuestiones, pero sobre todo en dos. La primera hace referencia a los motivos que llevan a las personas a emigrar más allá de su origen. La segunda pregunta sería si inmigración conlleva necesariamente racismo, xenofobia, en definitiva rechazo al otro desconocido. Estas dos cuestiones bien valen un ensayo más profundo. De momento, sólo me quedaré en estas líneas.
A la primera cuestión podemos contestar que el factor común, pero no único, que podemos encontrar en las migraciones a lo largo de las historia es el económico, entendiendo éste como una mejora de la situación tanto a nivel individual como colectivo. A la larga, en muchos casos no deja de ser un reparto de la riqueza o una ayuda para la mejora de una economía territorial. No olvidemos que la inmigración forzosa, la esclavitud, ha sido y es una fuente de riqueza para los Estados esclavistas.
Referente a la siguiente cuestión nos la debemos plantear de la siguiente manera. Como sabemos el ser humano ha estado en conflicto consigo mismo desde el propio origen. Las personas han guerreado y matado entre ellas. ¿Cuáles son los motivos que han llevado a cometer tales tropelías? ¿Cómo se puede odiar a quien no se conoce? ¿Qué es lo que empuja a una persona a ir a otras tierras a guerrear?
La repuesta a estas preguntas la podemos sintetizar entre tres o cuatro ideas base. Algunos podrán señalar motivos religiosos, otros motivos políticos o ideológicos. Pero si observamos atentamente, detrás de todos estos motivos hay uno que los une, el económico. ¿Acaso pensamos que los judíos fueron expulsados de los reinos de Castilla y Aragón por motivos religiosos? ¿Acaso el holocausto provocado por los nazis fue realmente por odio? ¿La invasión de Iraq fue realmente por salvaguardar la libertades y derechos de los pueblos iraquíes?
Podemos pensar que todos estos motivos expuestos son más bien una tapadera de las auténticas razones por las que las personas cometen dichos actos destructivos. Actos que sólo benefician a los poderosos y a los gobernantes. Por lo que, en mi opinión, estamos ante propaganda. Cuando los medios de comunicación, que no son tan independientes, los políticos, los religiosos, los empresarios nos hablan de patriotismo, nacionalismos, leyes, economía, al mismo tiempo nos hablan de libertades, consumismo, derechos, responsabilidades. Al hablarnos de todas esta cosas y de otras más nos están hablando de su propaganda política e indirectamente nos introducen en un universo de un mini yo. Nos reducen a nuestra pequeña parcela personal potenciándonos nuestro más radical individualismo. Finalmente nos reducimos a la partícula "mi". Mi coche, mi ordenador, mi chica, mi perro, mi casa, etc. De tal manera que nos encontramos solos ante el mundo. Nosotros mismo contra el resto del mundo. Es en ese momento cuando empezamos a experimentar inseguridad, miedo, ansiedad. Pero miedo, inseguridad, ansiedad, ¿a qué y a quién?
Siempre hemos tenido estas sensaciones. Desde el principio de los principios hemos padecido dicha emoción. Nunca como especie humana nos hemos aceptado a nosotros mismos. Infundir la inseguridad, el odio, la fobia al diferente a ti mediante las religiones, las políticas, los patriotismos, solo tiene el objetivo de negar al semejate.
Por lo que pienso que inmigración siempre ha caminado al lado del racismo, xenofobia, aporofobia, porque de entrada existe la negación a nosotros mismos. Decimos que somos fraternales, iguales y libres. Así reza el lema de la famosa Revolución francesa igualdad, fraternidad, libertad. Pero, ¿son para todos estos derechos? ¿Los podemos disfrutar plenamente? Es curioso ver cómo en muchas ocasiones en cartas magnas nos reconocen ciertos derechos y libertades para el buen desarrollo de la sociedad. Para que esto llegue a buen puerto, una entidad, que dice que te representa, legisla cada uno de nuestros derechos con el fin de que nadie te los vulnere. Todo va bien hasta que te das cuenta de que nuestros derechos más que protegidos han sido recortados y limitados. Imaginémonos que después de otorgarte la ciudadanía X con todos sus derechos nos encontramos que primero es alguien quien te los otorga, segundo te los limitan con leyes, y por último tienes que pagar por ellos. Pasemos esta idea al plano del inmigrante. Pasa de ser un ciudadano X en su país, si es que es considerado como tal, al emigrar a otro es un ciudadano pero de categoría B.
Si consideramos que somos iguales, fraternales y libres, ¿cómo es que existen ciudadanos de primera y de segunda? ¿Somos conscientes de que todos por naturaleza tenemos las mismas necesidades y por lo tanto tenemos los mismos derechos?
Desde un punto de vista sociológico podremos hacer una simple clasificación del estatus de un país y veremos que hay clases altas, medias y bajas partiendo del patrón riqueza y poder adquisitivo. Al mismo tiempo éstas se pueden subdividir. Desde otra perspectiva podemos decir que el mundo se divide entre explotados y explotadores y que ésta relación forma parte de la maquinaria económica. Entenderemos por explotado a aquella persona que vive de su trabajo para su subsistencia indistintamente del estatus que le proporcione su trabajo, y explotador el que posee el control de los medios de producción o la producción misma. ¿Qué status tiene el inmigrante y que es lo que ofrece? Por lo general su estatus es muy bajo y lo que ofrece es su mano de obra, bien sea cualificada o no. Concretamente eso es lo que el empresario quiere, su fuerza de trabajo unida a su necesidad de mejorar económicamente, lo que le permitirá adquirir otro nivel en su estatus. Esto es parte del malestar que genera en la población autóctona. Donde el empresario ve mano barata, el trabajador nativo ve competencia y ésta se mediatiza en todos los estatus. Así, podemos oír a los gitanos quejándose de cómo las ayudas sociales se las dan a los "payoponi", denominando así a los ecuatorianos y peruanos. Ya que antes se llevaban las ayudas ellos mismos. Por lo que podemos indicar que no sólo podemos encontrar reacciones contra la pobreza, sino también un rechazo ante el miedo a ser desplazado por la competencia.
Esta sensación de inseguridad y miedo no es nueva, no es algo propio de nuestra época. Esto ya sucedió en otros tiempos. Un ejemplo, para ilustrar esta idea, nos lleva a la Barcelona de principios del siglo pasado. Los empresarios industriales ante la necesidad de emplear mano de obra cara, tomaron la decisión de traer a trabajadores murcianos para abaratar los salarios. Muchos trabajadores de la región vieron con malos ojos esa venida de murcianos y más si ésta fue alentada por sectores nacionalistas.
Curiosamente por las mismas fechas un ideología, el anarquismo, que empezaba a tener fuerza en todo el país, hizo alarde de su solidaridad obrera y contrarrestó esa propaganda nefasta de los nacionalistas catalanes. Ante la inculcación del rechazo y el miedo a la competencia recién llegada, los trabajadores anarquistas catalanes tenderán la mano a los trabajadores murcianos insertándolos en el mundo laboral, sin retroceder en las conquistas ya logradas, e introduciéndolos en la lucha social. De esta manera solidaria se hizo frente a la doble intencionalidad del empresario catalán; por una parte impidiendo el abaratamiento de la mano de obra y por otra deshaciendo el enfrentamiento entre los trabajadores. Ese fue el caldo de cultivo de la CNT.
Volviendo a la actualidad, la situación es totalmente contraria. Encontramos que los sindicatos no tienen fuerza y para más escándalo no tienen la simpatía de la mayoría de los trabajadores que los considera como instituciones que van a lo suyo. Ante esta coyuntura la solidaridad entre los trabajadores ha disminuido, llevándose la peor parte los inmigrantes.
Si el trasfondo de todo esto es el reparto de la riqueza; el desarrollo de la igualdad, la fraternidad y libertad; la obtención de la ciudadanía plena con los derechos que conlleva y un largo etc., mi propuesta es la solidaridad obrera. Sigo abogando por la conquista de los medios de producción, y que a cada cual reciba según sus necesidades y aporte según sus posibilidades. Haciendo hincapié en que los nacionalismos y las fronteras son una negación de nosotros mismos. Por lo que la abolición de éstas sería un paso más a la ciudadanía internacional con el consecuente desarrollo de los derechos humanos plenos y libres. Por lo tanto migrar no debe ser una consecuencia mala sino un enriquecimiento cultural. En definitiva, debemos a empezar a aceptarnos como especie. Los parias del mundo nos debemos alzar con este fin.

S. O. Subir


La Iglesia y las otras religiones

La posición oficial de la Iglesia católica respecto a las demás religiones, y en particular respecto al Islam, está regida por una serie de disposiciones.
El Concilio Vaticano II (1962-1965) reconoce todo lo que hay de verdadero y de santo en todas las religiones no cristianas, en las que la Iglesia admite "vislumbres de verdad".
Nostra Aetate, el documento oficial del Concilio Vaticano II sobre las religiones no cristianas, es la guía de los católicos sobre esta cuestión. El párrafo tres dice en concreto: "Ellos [los musulmanes] esperan el día en que el juicio de Dios dará a cada uno lo que le corresponda después de la resurrección. Por tanto, valoran la vida moral y adoran a Dios especialmente a través de la oración, la limosna y el ayuno".
No obstante, la enciclica Redemptoris Missio proclama que Jesucristo es el único camino: sólo en él los hombres podrán encontrar la salvación y la plenitud de la fe. Esto ya plantea un dificultad en el terreno del diálogo. Juan Pablo II había animado al diálogo en su exhortación Ecclesia in Africa, pero subrayaba las dificultades que planteaba el fundamentalismo islámico. Está claro que, en el momento en que se plantea el principio de Jesucristo como único camino para la salvación, los que no reconocen ese principio no pueden decir mucho.
Todas las religiones tienen cierta tendencia a acusar a las demás religiones de falta de tolerancia. Lo cierto es que la palabra "tolerancia" significa en su origen aceptar todo lo que no se pueda impedir. La Iglesia ortodoxa rusa ha protestado frecuentemente en su momento contra la llegada a Rusia del fallecido Juan Pablo II, un serio competidor. Se reprochaba a la Iglesia católica el envío de misioneros a unas tierras consideradas como monopolio exclusivo de los ortodoxos.
Se nos dice que hay un Islam moderado. El concepto es curioso. ¿Cómo sería un catolicismo moderado?
No hay ni Islam ni catolicismo moderados. Hay gente que practica uno u otro sin hacer de ello un mundo. Podríamos decirlo de modo menos trivial: hay masas de gente que practican una u otra religión porque es un elemento de su identidad cultural y personal, pero no el único, y esas gentes no hacen de la religión la base central que determina todas sus actitudes y actos.
El problema es que, cuando la gente practica la religión de ese modo, los profesionales de la religión no están contentos.
Y es que la religión tiene tendencia a ser intrínsecamente integrista, y cuando no lo es, es porque no tiene los medios para serlo. Entonces los integristas se enfadan. Y se enfadan sobre todo contra sus propios correligionarios. Recordemos que las víctimas musulmanas del integrismo musulmán son muchísimo más numerosas que las víctimas del 11-S y de otros atentados. Las principales víctimas del Islam integrista son los propios musulmanes, y eso a veces se olvida. La violencia islamista hoy día se muestra de modo muy claro en una atroz guerra civil llevada a cabo en Iraq por los extremistas del Islam suní y por los del Islam chiita. Recordemos que el principal adversario de Bin Laden es el Islam chiita.

No es casualidad
La movida del Papa sobre la jihad no es fortuita.
En un mensaje a la Asamblea anual de la comunidad interreligiosa de Sant'Egidio, que se ha desarrolló en Asís, los días 4 y 5 de septiembre de 2006, el Papa ha mostrado su inquietud por la ineficacia del diálogo, por sus riesgos y sus límites. En su mensaje alertó contra toda falsa interpretación del espíritu de Asís: "El reencuentro interreligioso de los sacerdotes", dijo, no debe prestarse a "interpretaciones sincréticas, basadas en un relativismo que negaría el sentido mismo de la verdad y la posibilidad de alcanzarla", lo que significa que no debe abandonarse nada de lo que constituye la doctrina católica. Al contrario, es necesario volver a centrarse: "Sí al diálogo entre confesiones, no a la confusión y disolución de la identidad cristiana". En televisión, el 13 de agosto, el Papa se mostró inquieto ante el retroceso del cristianismo, amenazado por la "polifonía" de culturas y de religiones. Se ha inquietado también por el retroceso de la fe que es, según él, una amenaza para Occidente.
Precisamente cuando se hizo Papa, el cardenal Ratzinger quiso marcar las diferencias con su predecesor. "Ha llamado al orden a los franciscanos de Asís, promotores de manifestaciones interconfesionales que se convirtieron en reuniones pacifistas, ecológicas y alternativas. Y alejó de la curia a monseñor Michael Fitzgerald, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso".
"Occidente está fuertemente afectado por otras culturas, en las que el elemento religioso está muy marcado, y que están horrorizadas por la frialdad que constatan en Occidente en lo relativo a Dios". El Papa no señala al Islam ni a las espiritualidades orientales, pero todo el mundo comprende.
La reciente intervención del Papa se inscribe en lo que parece ser una ofensiva general contra el Islam. Un religioso, el padre Fessio, que participó en una reunión secreta en Castelgondolfo sobre el tema, afirma que el Papa estima que el Islam no es compatible con la democracia porque para ello necesitaría de una reinterpretación radical, lo que es "imposible porque iría contra la naturaleza misma del Corán tal y como lo entienden los musulmanes".
El pasado mes de julio, interrogado por periodistas, Benedicto XVI se negó a declarar que el Islam era una "religión de paz".
Un participante en la reunión, el padre Christian Troll, declaró que el Islam podría entrar en la modernidad si el Corán fuera reinterpretado y se volviera a los principios originales del Islam, "adaptándolo a nuestra época, especialmente en cuanto a la dignidad que nosotros atribuimos a las mujeres, que sin duda procede del cristianismo".
Fessio añade que el Papa habría respondido a esta cuestión que existía un problema porque "en la tradición islámica Dios ha dado su palabra a Mahoma, pero es una palabra eterna. Y eso no es la palabra de Mahoma". Con esta afirmación, el Papa cuestiona uno de los principios esenciales del Islam: que Mahoma es el mensajero de Dios y que el Corán es la palabra de Dios. Cuestiona también la menor posibilidad de evolución en el Islam, mientras que sí habría "una lógica interna en la Biblia que le permite y obliga a adaptarse a nuevas situaciones".
Benedicto XVI había definido el integrismo como una "patología" de la religión. Pero la ha tomado también contra la herencia de la Ilustración, que condujo a la ciencia a buscar "una explicación del mundo en la que Dios se hizo superfluo". "El islamismo, el darwinismo, esos son los enemigos".

¿Es violento el Islam?
Si el Islam, el de todo el mundo de los países musulmanes, no es "violento", se debe sencillamente a que el musulmán medio no tiene ninguna gana de cargarse a los no musulmanes, del mismo modo que el cristiano de a pie no desea actuar como los soldados de Carlomagno. El musulmán medio no tienen ninguna gana de obedecer lo que prescribe el Corán en la sura 9, versículos 29-32, que dice: "Matad a los que no crean en Alá ni en el día final, y a los que no prohíban lo que prohíben Alá y su apóstol, y a los que no practiquen la religión de la verdad, entre los que han recibido el Libro, hasta que hayan pagado el tributo con sus propias manos y sean humillados".
El problema es que esas declaraciones están en total contradicción con la sura 5, cuyo versículo 73 dice: "En verdad, los que creen [los musulmanes] y los que son judíos, y los sabeos, y los cristianos, y cualquiera que crea en Alá y en el día final, y que haga el bien, no sentirán temor y no serán castigados".
Esa es una de las numerosas contradicciones del Corán. Contradicciones sólo aparentes si se aplica el principio de "abrogación" adoptado por los teólogos musulmanes. La idea es que las suras del Corán han sido reveladas al Profeta en momentos diferentes, y que si hay disposiciones contradictorias, las más recientes anulan las otras.
Así, en esta cuestión parece que la sura 9 ("matad a los que no crean en Alá") es la más reciente. Eso responde, en principio, a la pregunta de Benedicto XVI sobre si es violento el Islam.
Desde el punto de vista estricto de la lectura fundamental de los textos, el Papa tiene toda la razón al decir que el Islam es "violento". Pero aquí es donde aparece la imbecilidad de la problemática planteada por Benedicto XVI. Como buen intelectual totalmente desfasado de la realidad, lo que le interesa es lo que dicen los textos: según ellos, es totalmente integrista, fundamentalista. Pero, lo que realmente importa es el modo en que la aplastante mayoría de los musulmanes vive la religión, la realidad social de la religión.
Por el contrario, el Papa parece estar totalmente convencido de que, puesto que el Niño Jesús dijo un día "si te golpean en la mejilla derecha, ofrece la izquierda", el cristianismo es una religión de lo más pacífico; pero olvida por completo los siglos de masacres, de hogueras y de torturas. Y parece cándido, cuando no lo es en absoluto. Así, ha expulsado a monseñor Fitzgerald del Consejo Pontificio Interreligioso, que era la personalidad de la Iglesia católica que mejor conocía la cuestión del Islam; pero su enfoque moderado del asunto no convenía al nuevo equipo directivo. La línea predominante en la actualidad es una línea dura, de enfrentamiento. Se trata de mantener las buenas relaciones, pero sin complacencias ni concesiones.
Ya se trate de relaciones con el Islam o con otras religiones, el caso es que el ecumenismo se ha terminado. El fin del ecumenismo significa que las demás religiones están relegadas al estatus de corrientes filosóficas y culturales. Las demás religiones son ahora competidoras: en África y en Asia se enfrentan cristianismo e islamismo; en América Latina, el enfrentamiento se da entre catolicismo y protestantismo. Es necesaria una actitud más firme por parte de la Iglesia. Contrariamente a Juan Pablo II, el nuevo Papa ha elegido la confrontación intelectual con el Islam.

Conclusión
Es totalmente falaz imaginar que se puede llegar a algo a través del "diálogo" interreligioso, en la medida en que cada religión sólo existe por referencia a textos considerados la representación de la palabra y voluntad divinas, y que no pueden ser recortados. El propio concepto de diálogo interreligioso no tiene sentido a menos que imaginemos que los representantes de cada religión crean poder convertir a los de las otras. Y eso es evidentemente estúpido.
En cierto sentido, Benedicto XVI lo ha comprendido a la perfección.
Su problema no es de orden teológico, sino práctico, y en lo que concierne a las relaciones entre Iglesia católica e Islam, trata de reequilibrar una situación que desfavorece a la Iglesia.
Es posible que su ofensiva no se sitúe desde el punto de vista "teológico", sino que se dirija a aspectos prácticos: los países musulmanes constriñen la libertad de otros cultos, prohíben las conversiones de musulmanes al cristianismo, persiguen a los cristianos, como en Sudán, imponen la ley islámica a los no musulmanes, prohíben a los coptos de Egipto construir iglesias, no conceden a los misioneros cristianos los mismos derechos que tienen los religiosos musulmanes en los países occidentales, limitan o prohíben la edición o importación de la Biblia, etc. Es, literalmente, una traba a la libre competencia.
Es dudoso que la intervención del Papa fuera una "metedura de pata". Esta gente no mete la pata. Su intervención se sitúa claramente en la línea actual del Vaticano y constituye sin duda un ensayo.
Un hecho significativo: cuando se lee la prensa anglosajona puede constatarse que numerosos protestantes, y evangélicos en particular, aprueban calurosamente las declaraciones del Papa.

Raoul Boullard
(Le Monde libertaire)
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Salvador, un insulto a la memoria

En el pasado número 219 de la revista Tierra y libertad leíamos un artículo titulado "En defensa de Salvador" en el que la citada película salía, a mi entender, demasiado bien parada. Para intentar explicar la visión de quienes hemos criticado con dureza dicha película , tanto antes como después de verla, y para mostrar que no somos "reduccionistas", ni rozamos el "delirio", me propongo escribir estas líneas.
La película se puede criticar antes de verla, quizá no por el contenido, pero sí por cómo se nos presenta. Una película producida y realizada por Mediapro (multinacional del cine español), patrocinada por muchísimas más empresas y administraciones, que ha inundado los postes publicitarios empresariales que abarrotan las ciudades (paradas de autobús, glorietas, periferias....), que ha aparecido en todos los telediarios repetidas veces, programas de cine comercial y ocio en general... Mediapro se ha encargado de inundar los media con esta historia teniendo el objetivo evidente de llenarse los bolsillos. Para empezar tenemos una historia política, de lucha de clases al margen de partidos y sindicatos, como era la del MIL, hecha un boyante negocio. Para seguir, tenemos a un Salvador totalmente mercantilizado, pues su figura está sirviendo para que las multinacionales del capital se lucren. Y en todo ello tienen mucho que ver directores, actores, guionistas....
Han capitalizado salvajemente una historia que tiene como protagonistas a unos luchadores anticapitalistas. No se puede recuperar la memoria colectiva desde y para el capital, no podemos hablar de lucha contra el olvido desde el más descarado negocio, más aún cuando estamos hablando de una organización como el MIL o 1.000.
Por otro lado, nos encontramos a los capitalistas de hoy contándonos la historia de los anticapitalistas de ayer, de una forma totalmente caricaturizada, dentro del juego democrático, demostrando una vez más la capacidad de asimilación que tiene el parlamentarismo actual, que es capaz de re-utilizar todo para sus intereses político-financieros.
Tras ver la película (de forma pirata sin dar un duro a la causa) se puede comprobar que no le sobraban motivos a muchos compañeros -entre ellos cercanos a Salvador o directamente exmilitantes del MIL- quienes, habiéndose leído el guión, habían iniciado antes del estreno una campaña de boicot a "Salvador".
Se nos presenta la lucha del MIL de un modo totalmente chapucero, sin explicaciones ni aclaraciones en muchos aspectos fundamentales de su teoría y praxis revolucionaria. En definitiva se nos cuenta una lucha como la del MIL desde un total simplismo y reduccionismo, sin tener en cuenta su contexto social, sobre todo en lo que respecta a las Comisiones Obreras de la época, el movimiento obrero del momento en toda Europa y sus luchas.
La película se centra en el momento de su muerte y los momentos previos a la ejecución de Puig Antich, haciendo especial hincapié en el intercambio sentimental del personaje con sus seres más allegados; en el morbo que eso genera y los beneficios que reporta. Se nos presenta la lucha de MIL o 1.000, propia de unos jóvenes alocados donde se justifica, una y otra vez sus acciones, en la injusticia del régimen franquista. Sin embargo su lucha era principalmente contra cualquier expresión del capital (fuera en forma de democracia parlamentaria o en tiranía militar), y en pos de lo que se denominó "autonomía obrera", que no era otra cosa que la auto-organización del proletariado, al margen de partidos, sindicatos y estructuras permanentes, para propiciar la insurrección general mediante la agitación armada entre otras práctica subversivas.

No se hace ningún tipo de guiño a lo que pueden suponer esas luchas anticapitalistas en la actualidad. Sólo una frase dicha por el protagonista es acertada en lucha del MIL: "No luchamos sólo contra el franquismo, sino por una sociedad sin clases", dentro de un contexto en el film que viene a contar más bien lo contrario. Sirva como ejemplo la última frase de la película, donde uno de los personajes nos viene a decir que la muerte de Salvador no ha sido en vano "porque algo está cambiando" refiriéndose a la transición política.... Los textos del MIL fueron tajantes a este respecto y nunca vieron en lo que luego se denominó "transición" ningún avance hacia la justicia y la libertad.
Por otro lado, se nos plantea como algo fundamental el asesinato de Carrero Blanco a manos de ETA como factor desencadenante de la muerte de Salvador. Aspecto falso, pues como han manifestado exmil, la muerte de Puig Antich estaba ya decretada desde el momento de su detención, antes de producirse el citado atentado, como castigo ejemplarizante a las formas combativas radicalizadas por la que estaba optando una parte importante del movimiento obrero de la época.
Resulta curioso comprobar también cómo en la película se juega con la posible inocencia de Salvador, habiendo irregularidades en el proceso (que seguro que las hubo) tales como que el policía muerto tenia más balas de las que realmente disparó el protagonista... En ningún momento se constata la realidad de que Salvador estaba a favor de la violencia revolucionaria contra el capital y sus mercenarios (en este caso los policías), que en defensa propia, antes que dejarse coger, prefería disparar. Que mató conscientemente, por convicciones políticas. A este respecto es indignante comprobar, como nos recuerda la película, que actualmente esté en los tribunales españoles reabierto el proceso de Puig Antich, cuando él no creía en la restitución de la justicia mediante la intermediación de los juzgados burgueses (del mismo modo que están concebidos actualmente). Un insulto a la memoria y a la lucha de este compañero. Se contribuye con este proceso a que el capitalismo parlamentario de hoy en día, para perpetuarse, condene los supuestos errores judiciales pasados, tratando de ocultar así, como hizo en la "transición", sus fines actuales de dominación. Salvador eligió ser culpable porque sabía que desde la inocencia de las leyes estatales no se podía luchar. No le busquemos tres pies al gato.
Nos encontramos ante un producto comercial que, desvirtuando la historia, juega a hacer dinero vendiendo un producto mientras recupera la lucha revolucionaria para la mitología democrática de la transición; enterrando estas luchas en el pasado. Por si esto fuera poco, nos tenemos que topar con textos de opinión, en algunas publicaciones de la prensa libertaria, donde se ve con buenos ojos todo ello. Llamemos, por lo menos, a las cosas por su nombre e intentemos poner las cosas en su sitio.

Crespo Subir


La propaganda anarquista

Hay que reconocer que nosotros, los anarquistas, al proyectar la futura sociedad tal como la deseamos -una sociedad sin amos ni gendarmes-, en general lo hacemos todo demasiado fácil.
Mientras reprochamos a los adversarios el que no sepan abstraerse de las condiciones presentes y el que crean imposibles el comunismo y el anarquismo porque piensan que el hombre debe seguir siendo lo que es hoy, con todos sus egoísmos, sus vicios y sus temores, incluso después de que se eliminen las causas de estos defectos, nosotros, por nuestra parte, evitamos las dificultades y las dudas suponiendo que ya se han alcanzado los efectos moralizadores que esperamos de la abolición del privilegio económico y del triunfo de la libertad.
Así pues, si nos dicen que habrá hombres que no querrán trabajar, nosotros en seguida prodigamos razones óptimas para demostrar que el trabajo, o sea el ejercicio de las propias facultades y el placer de la producción, es condición del bienestar humano y que, por lo tanto, es absurdo pensar que hombres sanos querrán sustraerse a la necesidad de producir para la colectividad cuando el trabajo ya no sea, como lo es hoy, oprimido, explotado y despreciado.
Y, si se nos plantean las disposiciones y las costumbres delictivas, antisociales, de una parte, aunque mínima, de la población, nosotros respondemos que, a excepción de algún caso raro y discutible de enfermedad congénita cuyo remedio corresponde a los médicos, los delitos son de origen social y desaparecerían con el cambio de las instituciones sociales.
Quizá este exagerado optimismo, este facilismo, podía tener cierta utilidad cuando la sociedad anarquista era un bonito sueño, una precipitada anticipación, y había que aspirar al más alto ideal posible e inspirar entusiasmo, reforzando el contraste entre el infierno de hoy y el deseado paraíso de mañana.
Pero los tiempos han cambiado. La sociedad estatal y capitalista está en plena crisis, de disolución, o de reconstrucción según si los revolucionarios puedan y sepan ejercer la influencia de sus ideas y de su fuerza, y quizás estemos muy cerca de los primeros intentos de realización.
Hay, pues, que dejar un poco las descripciones idílicas y las visiones del futuro, lejana perfección, y mirar las cosas tal como son hoy y como serán, en la medida de lo que puede preverse, en el próximo mañana.

* * *

Cuando las ideas anarquistas eran una novedad que maravillaba y sorprendía, cuando no se podía más que hacer propaganda con miras a un lejano porvenir y cuando los procesos voluntariamente provocados y enfrentados no servían más que para llamar la atención del público con fines propagandísticos, podía bastar la crítica de la sociedad actual y la exposición del ideal al que se aspiraba. Incluso las cuestiones de táctica no eran, en el fondo, más que propuestas acerca de los mejores medios para propagar las ideas y preparar a los individuos y a las masas para las deseadas transformaciones. Pero, hoy, los tiempos están más maduros, las circunstancias han cambiado, y todo permite creer que, en un tiempo que podría ser inminente, sin duda no muy lejano, nos encontraremos en la posibilidad y en la necesidad de llevar a la práctica las teorías en los hechos reales y mostrar que, no sólo tenemos más razón que los demás gracias a la superioridad de nuestro ideal de libertad, sino también porque nuestras ideas y nuestros métodos son los más prácticos gracias al logro del máximo de libertad y bienestar posible en el estado actual de la civilización.

Errico Malatesta Subir


 

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