PERIODICO ANARQUISTA
Nº 219
 OCTUBRE 2006

 

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El Estado contra la democracia

Tres mayúsculos escándalos internacionales han puesto recientemente al descubierto los entresijos del Estado en la democracia moderna: las escuchas sin autorización judicial a miles de ciudadanos decretadas por George W. Bush, la financiación del partido laborista británico utilizando los resortes estatales y la subterránea investigación a rivales políticos ordenada por Dominique De Villepin. Lejos de ser tres casos aislados, permiten sospechar que en su poder y esencia el Estado moderno tiene en la democracia a su más temido enemigo.
El Estado moderno ha entrado en el siglo XXI blandiendo la amenaza de la inseguridad. El 11-S, y en menor medida las masacres de Londres y Madrid, han sido los acontecimientos catalizadores. Se cuentan por decenas las leyes aprobadas, y silenciosamente aplicadas, que dejando de lado la transparencia y la igualdad democráticas han aplicado diferentes Estados del mundo. No es que antes de la aparición del terrorismo global el Estado moderno utilizara argumentos diferentes a los actuales ni que sus métodos violaran menos la ley. Entonces el enemigo era igual de peligroso, aunque más previsible. En su lucha legitimadora y en la tarea consiguiente de la seguridad interna, el Estado del siglo XX desató un conflicto político larvado no contra el "enemigo" común, sino contra la propia democracia de la que era garante.
Escribía Fernando Savater en La tarea del héroe, precisamente en los albores del Estado moderno democrático en España, que al aparato estatal "la exigencia de transparencia democrática, de donde proviene por otra parte su misma legitimidad, le somete a requisitorias inaceptables para su gusto, o le obliga a actuar al margen de su propia ley (…) Los gestores estatales necesitan salvar la cara ante quienes teóricamente se ven representados por ellos: no puede exagerarse la importancia de esta necesidad de aparentar, de este hipócrita homenaje que el vicio autoritario debe rendir a la virtud democrática".
Esta tesis tiene su apoyo más plástico en lo que los medios de comunicación denominan "escándalo". Porque casi cualquier escándalo político al que recurramos reproduce esa obsesión estatal en la transgresión de garantías. En definitiva, se trata de un paranoico estado de inseguridad que convierte a la sociedad en sospechosa de subvertir el propio Estado. Pues éste ve como una amenaza el desarrollo democrático. El escándalo Watergate puede ser el paradigma moderno de la confrontación Estado-democracia en el siglo XX. Éste y otros casos son sólo el más significativo síntoma de ese conflicto. Sin embargo, del debate político ha desaparecido el interés por conocer las causas. ¿Estaremos ante la victoria del Estado frente a la democracia?
Frente al reto democrático, los defensores del Estado ensalzan la necesidad de "mantener y preservar el Estado de derecho". Parece una loa de la ley, pero en realidad lo que se afirma es que sólo manteniendo el Estado puede existir ley o justicia. La visión sacralizadora del Estado de derecho acaba convirtiéndose así en un corsé político que impide a la democracia ejercitarse, obligándola a ceñirse más a los cánones del pasado que a las urgencias del presente y el futuro.

Escándalos
Washington. Mediados de 2002. El presidente estadounidense George W. Bush autoriza en secreto que la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) espíe a ciudadanos en el interior del país en busca de "sospechosos de actividades terroristas". Pero, ¿dónde está el enemigo? En la sociedad misma, y para protegerla, el Estado desarrolla una fabulosa estrategia de desprotección democrática de sus ciudadanos. El conjunto de garantías se orienta a conseguir la supervivencia del Estado.
París. Finales de 2003. El entonces ministro de Exteriores y hoy premier francés, Dominique De Villepin, ordena, con el visto bueno del presidente Chirac, al máximo responsable del espionaje francés que investigue subterráneamente unas supuestas cuentas comprometedoras de rivales de su mismo partido y gobierno. De Villepin sabe de antemano que tal lista de cuentas es falsa. Después de conseguir poner en marcha una investigación oficiosa, filtra meses después la lista falsa al semanario Le Point, que hace así de barítono mediático en esta opereta de entresijos. La de Villepin es la tarea laboriosa del hombre de Estado que urde, desde los resortes que controla, estrategias encaminadas a consolidar su ascenso político. El caso francés esclarece como pocos la fraticida lucha intestina en el seno del poder. Sin cuartel, en vivo y en directo, compitiendo con los realitys shows más actuales. La ex ministra socialista Martine Aubry, considera "espantoso" soportar un poder que "destruye la imagen" del país. Curioso lapso: Chirac, Villepin y Sarkozy sólo destruyen la imagen del Estado. Pero, para la ex ministra y la izquierda, el Estado equivale al país.
El gran estadista Villepin asegura, enérgico, que la justicia debe tener en cuenta "el imperativo de continuidad del Estado y las exigencias del secreto de defensa". Se presenta víctima de una campaña para "desprestigiar su nombre" y "el de la democracia". A Villepin le faltó declarar que él era la democracia al estilo Luis XIV.
Bien por inercia centrífuga o con intención malsana, los medios de comunicación han acabado por reafirmar y sostener el privilegio del Estado sobre la política. Hasta el punto de presentar como sospechoso todo aquello que no proceda o vaya hacia el Estado. Se nutren de él y también le nutren. Incluso en ocasiones lo superan en responsabilidad institucional. Lo político, la imprescindible tarea democrática, la necesaria intervención colectiva, han sido sepultadas a favor del mastodóntico poder estatalizante. Y el logro democrático en pleno siglo XX ha derivado en un bipartidismo cuya razón de ser es llegar a gestionar la estructura estatal que perviva en sí y para sí.
Un caso de escala menor: el de los cobros de ERC a funcionarios de la Generalitat catalana. Se trata de un partido en el poder que se considera legitimado a cobrar por el empleo otorgado en la administración pública. El presidente Maragall cierra la cuestión exponiendo la recurrida visión de Estado: La acción en sí "no escandaliza suficiente para no hacerle consejero". Esclarecedoras palabras. Cabe preguntarse si a fuerza de ocurrir, el abuso es ya la democracia misma. No contesten ahora, sino a la vuelta del próximo escándalo.

Iñigo Elortegi Subir


El agua en España: el problema
y las posibles soluciones

Si examinamos una estadística climatológica de cualquier lugar de España en los últimos 30 años nos encontraremos con un progresivo descenso de las precipitaciones que, de forma cíclica, se agrava y convierte el abastecimiento humano en un problema de cada vez más intensa gravedad.
Apreciaremos los valores de tres observatorios españoles: El de Madrid capital, el del aeropuerto de Santiago de Compostela y el de Jerez de la Frontera. Cada uno representa a una de las zonas climatológicas que se dan en España, correspondiendo el de Santiago de Compostela a un tipo de clima oceánico, el de Madrid a un clima continental y el de Jerez a un tipo de clima mediterráneo.
Para el período 1971-2000 el observatorio meteorológico de Madrid registra una precipitación media de 436 mm anuales.
A punto de concluir el año hidrológico 2005/2006 la precipitación acumulada se sitúa en la franja entre 300 y 400 mm. En el aeropuerto de Santiago de Compostela tenemos que la precipitación media anual en el período 1971-2000 es de 1.886 mm, mientras que cuando faltan 15 días para terminar el balance hidrológico de 2005-06 la cantidad recogida se sitúa entre los 1.200 y los 1.400 mm. En cuanto al observatorio de Jerez de la Frontera, la precipitación media anual para el mismo período que los anteriores, se sitúa en 598 mm, mientras que este año se situa entre los 500 y los 600 mm.
Podemos comprobar cómo en todos los observatorios las precipitaciones registradas han caído con respecto a la media anterior. Pero ¿es la falta de precipitaciones la única causa de la escasez de agua en España?
En el mismo período de tiempo la población española ha pasado de unos 35 millones a cerca de 44 en el año 2006. Resulta obvio que esta es otra causa del problema del abastecimiento humano.
Si sumamos sequía y aumento poblacional, tendremos algunos de los factores claves de la falta de agua en España. Pero ¿son estas las únicas causas? ¿Qué se ha hecho con el agua en los ultimos 10 años? ¿Qué políticas han existido al respecto? Vamos a analizarlo.

Propuestas de solución
En el año 1993, y ante la sequía que acuciaba España, el gobierno del Partido Socialista propuso un Plan Hidrológico que no superó el trámite del Consejo Nacional del Agua (un órgano consultivo que puso condiciones como la elaboración de planes de cuenca y de regadío), por lo que el citado proyecto fue rechazado.
Sin embargo, la llegada al poder del Partido Popular en 1996 fue el comienzo de la creación de un nuevo Plan Hidrológico Nacional, que no vería la luz hasta el año 2001.
En 2006 el volumen de agua embalsada era de 24.108 hectómetros cúbicos, mientras que la media de los 10 años anteriores era de 30.994. Sin embargo, en 2000, cuando se presentó el Plan Hidrológico Nacional (en adelante PHN) la cantidad de agua embalsada era de 27.300 hectómetros cúbicos y se situaba algo por encima de la media de los cinco años anteriores.
¿Por qué si en el año 2000 la sequía en España no era algo acuciante se presentó el PHN? ¿Por prudencia? Analizaremos las medidas que el PHN proponía.
El PHN exponía que existían dos zonas en españa especialmente deficitarias de agua. La cuenca del rio Guadiana y la del Jucar-Segura. Para solucionar este problema el PP decidió que la mejor forma de solucionar el problema era con un trasvase de agua.
La cuenca del Segura ya tenía asignado un trasvase de agua, que funcionaba desde los años 80. Los pantanos de Entrepeñas y Buendía, en la cabecera del rio Tajo, a través de un viaducto enviaban agua desde el mismo centro peninsular hasta el extremo suroriental. Sin embargo, debido a la creciente demanda de agua de Murcia y el Levante y el progresivo vaciamiento de los embalses de cabecera del Tajo, se hacía necesario un nuevo modo para llevar allí el agua. El gobierno conservador optó por el trasvase. En este caso, el agua debía partir desde el Delta del Ebro, recorrer todo el interior de Levante y desembocar en diversos embalses cercanos al litoral. Una obra faraónica, que requería una fortísima inversión, a la vez que ponía en pelígro el futuro del Parque Nacional de Deltebre. A la vez que no solucionaba la desertización que sufre la zona centro de Aragón, sobre todo la comarca de los Monegros.
La respuesta popular en Aragón al PHN fue impresionante, con más de 1 millón de personas en las calles de Madrid. Sin embargo el PP sacó adelante el proyecto, aunque para su conclusión faltaban 6 años todavía.
Como hemos visto el PHN centraba sus esfuerzos en la zona levantina, pero ¿por qué? Obviamente es la zona que más sufre los azotes de la sequía. Además, gran parte de la población de la zona vive de la horticultura de regadío, que requiere gran cantidad de agua para su desarrollo.
Sin embargo, a comienzos de 2002 comenzaron a promocionarse en televisión nuevas construcciones de viviendas de lujo en la costa levantina y "resorts" de turismo de alto standing en el mismo lugar. Asimismo se anunciaban construcciones de campos de golf, etc. Resulta obvio que las segundas viviendas, los resorts y los campos de golf necesitan ingentes cantidades de agua. ¿Acudieron estas empresas allí debido al agua que prometía el PHN? ¿O es al contrario? Nunca lo sabremos.
En cualquier caso, el PHN quedó desmantelado con la salida del PP del poder en 2004.
El PSOE llevaba en su programa la paralización del PHN y un proyecto propio de actuaciones para paliar la sequía en toda España y en especial en el Levante.

El programa AGUA
Este programa (Actuaciones para la Gestion y Utilización del Agua) es la respuesta planteada al problema del agua en España por parte del gobierno socialista. Se viene aplicando desde 2004 si bien ha recibido críticas por parte del PP, que movilizó a sus seguidores para defender el PHN bajo el lema "Agua para todos". Lema muy bonito, pero que incurría en una gran hipocresía. Gracias al trasvase de agua desde el Tajo, la situación en la cuenca del Segura es catastrófica, pero también lo es en los embalses de cabecera del Tajo.
La política de trasvases ha dado como resultado la falta total de reservas en ambas cuencas, en una por el excesivo envío de agua hacia la cuenca deficitaria, y en otra por el aumento excesivo del gasto de agua, especialmente en el riego. Si vivimos en una zona en desertización ¿cómo pretendemos vivir del regadío? Este es el resultado del "Agua para todos" del PP. Hemos de decir que los trasvases de una cuenca a otra los decide en Consejo de Ministros, por lo tanto los gobiernos son o han sido partícipes del desastre al que se ha conducido a los embalses españoles.
El programa AGUA pone el acento más en la reutilización del agua, en la desalación de la misma y en su economización que en los trasvases. Por ejemplo, en la ciudad de Málaga se ha instalado una planta desaladora y se ha iniciado un programa para la reutilización del agua para regadíos.
En la comunidad de Murcia hay previsión de crear cuatro desaladoras para consumo humano y una para riego.
Las actuaciones se reparten a lo largo del litoral levantino. Pero ¿y el resto de España? En el centro de la Península hemos visto las dificultades que hay. En la meseta existen restricciones de agua, y en Aragón, Castilla, etc. la desertización avanza.
Está claro que el programa AGUA podrá reducir los problemas, atenuarlos. Podrá quizás dotar de agua a los ciudadanos de Murcia. Podrá favorecer el aumento de la capacidad de agua para regadío. Pero mientras se siga potenciando la existencia de campos de golf, de resorts turísticos y del regadío allí donde el desierto avanza, es muy difícil solucionar el problema del agua en España.

Eduardo Villaverde subir


El pensar ateo

No se trata de incitar a creer o no creer, ni siquiera de afirmar o no la existencia de una voluntad divina, o de toda una legión de dioses -naturalmente, y "créanme" ustedes, lo más probable es que no exista tal cosa-, se trata de invitar a la reflexión crítica de las creencias religiosas, de sus doctrinas asfixiantes y de sus verdades reveladas. Para empezar, pediría por favor, para enfrentarnos a un debate serio, que dejemos a un lado el tan manido y reduccionista "el ser humano necesita creer en algo" o el lamentable a estas alturas "la religión nos otorga los valores, la separación entre el bien y el mal". Efectivamente, todos los seres humanos, como seres conscientes y racionales, necesitamos y debemos creer en multitud de cosas; pero ninguna creencia resulta más bella que todo lo que atañe a este mundo, a su mejora y armonía, a todo lo que resulta terrenal -sí, por supuesto, la creencia de formas de organizaciones sociales más libres y justas-, pero también a todo lo que afecta a los sentimientos, al cultivo de los valores, del alma si se quiere -concepto al que permito arrebatar toda connotación mística y que me atrevo a definir como nuestra fuerza vital, nuestro desarrollo sensitivo e intelectual-.
Muchos afirmarán que todo esto está muy bien pero que sus creencias son una cuestión de fe, un terreno personal donde nadie puede inmiscuirse, y nada más lejos de mi intención -pretendiendo ser consecuente con un comportamiento libertario- que hacerlo. Sin embargo, es necesario aclarar que la religión es algo más que una cuestión de fe, es un asunto también de verdades reveladas -existen tantas como religiones- donde el hombre es incapaz de llegar por sí solo a esclarecer la supuesta existencia de la divinidad y debe acatar, sin capacidad crítica, ciertos textos elaborados por personas "escogidas" en "comunicación" con la voluntad divina y su verdad reveladora. Aquí es donde existe pleno derecho para toda objeción libertaria y donde el ateísmo cobra su fuerza, cuando tratan de desprender al hombre de su capacidad racional, de su pensamiento o crítica, y es algo que las religiones, en mayor o menor medida, han tratado siempre de realizar. La fe por lo tanto no es válida por sí misma para conformar toda una creencia religiosa. A la creencia en un dios -sea cual fuere el origen de tal cosa- siguió la creación de instituciones religiosas de naturaleza, obviamente, dogmática y autoritaria y de todo un cuerpo clerical al servicio de una determinada teología y cosmogonía sujeta a verdades inamovibles -y que solo será cuestión de tiempo revelar su falsedad, no vale adaptarse a los tiempos venideros-. Ninguna religión, construida en base a verdades irrefutables, puede resistir el paso del tiempo y a los avances en el pensamiento y en el conocimiento científico; honesto sería por parte de esos miembros eclesiásticos, en lugar de pedir perdón tarde, mal y nunca por haber perseguido a la gente que dijo la verdad o que miraba hacia adelante, el reconocer su efímera existencia y su pertenencia a un determinado tiempo histórico. Mucho pedir es esto, y si algunas religiones se refugian en el inmovilismo integrista, otras tratan de adaptarse a una civilización occidental "laica" -o aconfesional, como se define el Estado español- y "democrática", revelando la debilidad de tales términos en nuestra sociedad, donde los diversos poderes, estatales o religiosos -dejemos lo económico para otro momento-, continuan reclamando miserablemente su parte del pastel.
Se creerá, si ello tranquiliza o si resulta atractivo para el usuario, en el paraíso cristiano, en el nirvana budista, en las altas aspiraciones totalizadoras musulmanas -no voy a entrar en qué creencia genera más alto grado de fanatismo, aunque el islamismo no parece admitir heterodoxias-, en todo el rico panteón hinduista o en cualquier creencia neo-pagana... pero todo ello parece obedecer a una necesidad del ser humano por tratar de dar una explicación a las fuerzas del universo, una explicación que se vuelve más compleja a medida que avanza la civilización pero en cuya base se sigue encontrando esa asunción por parte del hombre de su pequeñez e ignorancia -cosa que no me parece mal si se utiliza como punto de partida y no para colocarle en una posición de sumisión como pretende la teología-; a pesar del gran terreno que ha ganado el pensamiento crítico y racional, continúa subyaciendo lo que ha constituido la esencia del poder religioso: la fabricación de mentes sumisas -para evitar esto es imprescindible obviar en la educación y formación de un niño la idea de toda especulación religiosa-, la resignación ante un mundo terrible e incognoscible, con sus numerosas injusticias perpetuadas; finalmente, la única esperanza resulta un más allá fabulado en origen por no se sabe muy bien quién. Desde el pensar ateo, podemos estudiar y analizar toda esa historia de las religiones -incluidas todas las imposiciones y derramamiento de sangre que han llevado, y que siguen llevando a cabo- para desprendernos de todos nuestros temores y llegar lo más lejos posible en una explicación racional del universo.
Resulta curioso que Mariano Rajoy -cabeza mayor del partido político que mejor defiende los intereses de la Iglesia católica, y de cuya mano camina en manifestaciones en los últimos tiempos- se permita contínuamente llamar "antiguos" a personas que están a su izquierda y que encuentran motivos sólidos para la protesta en las calles. La derecha de este país, abandonado -y negado en varias ocasiones- su glorioso pasado, abraza la "modernidad" económica pero se mantiene en un reaccionarismo moral que debemos empujar hacia el abismo de una vez por todas. La desacralización de la sociedad en base a la razón crítica -incluso en muchos que insisten en manifestarse fieles a una determinada tradición religiosa- es un hecho y no debemos permitir que los verdaderos "antiguos" lo impidan.

La tradición atea
La historia de la humanidad en este conflicto entre razón y fe no es lineal. Dentro de los sofistas griegos, hubo ya pensadores que o bien negaron la existencia de dioses o, al menos, consideraban que la actividad humana quedaba libre de su intervención. Este libre pensar que se dio en diversas etapas del mundo griego antiguo fue finalmente aplastado por el cristianismo. La Edad Media, época negativa también en lo que atañe a la libertad de pensamiento, no recoge testimonios de una concepción realmente atea; cualquier crítica a la religión dominante era duramente castigada. Siglos más tarde, llegaría el comienzo de la modernidad y la revolución científica con el Renacimiento; no es esta una época que pueda decirse exenta de la idea de una voluntad divina -en ese aspecto, hubo una continuidad con el medievo, siendo el ateísmo considerado inmoral y criminal- pero sí resulta magnífica en cuanto al abono para un pensamiento independiente, racionalista y científico. Finalmente, con la llegada de la Ilustración, las fuerzas religiosas no pueden ya negar el poder de la razón y de la sociedad civil. El siglo XIX, con sus grandes avances en antropología y biología -especialmente, con la teoría de la evolución de Darwin- es ya muy proclive a la posición atea. Poco después, el ateísmo será ya habitual en científicos, racionalistas y humanistas. La expansión y solidez de la nueva visión atea durante el siglo XX tuvo su expresión en la cuestión política; desgraciadamente, es erróneo el ejemplo que se suele dar de ello -muy bien aprovechado por la Iglesia católica, convertida por obra y gracia de vaya usted a saber qué, o quién, en defensora de las libertades- que son los grandes Estados totalitarios comunistas, tremendamente represivos y anuladores del libre pensamiento; en ellos se generó otro tipo de religión -una visión doctrinaria de la historia y de la cuestión social- y trató de interiorizarse la adoración a la inequívoca voluntad del jefe o líder "benefactor".
Algunas religiones, con gran influencia en algunos países y confundidas con el poder estatal, ante este empuje histórico se repliegan en un odioso integrismo; ante ello, es necesario demostrar la superioridad de una sociedad y moral auténticamente láicas, con mayor libertad e igualdad, con una defensa feroz de los derechos humanos y que despierte en todas las personas del planeta, sea cual fuere la tradición de la que vengan, una conciencia y rebeldía libertaria.

Puntos de vista anarquistas
Ya Daniel Guerín escribió que los anarquistas tuvieron que entregarse, para liberar al hombre y dotarle de la capacidad de entender y dominar el mundo, a una gran tarea de "desacralización"; en tamaña empresa entraba la eliminación de todo dogma heredado por generaciones precedentes. Bakunin, en su obra "Dios y el Estado", asentaría los objetivos principales de los anarquistas: acabar con la autoritaria idea de una voluntad divina por encima del hombre, confundida con la idea de la autoridad civil. El gigante ruso estuvo muy influido en su pensamiento por el filósofo Feuerbach: la idea de los dioses es ficticia, creada por el hombre a su imagen y semejanza, de acuerdo con sus necesidades, deseos y angustias; por lo tanto, las religiones debían ser comprendidas, además de criticadas, y era necesaria la reducción de la teología a la antropología. Se puede decir que el anarquismo, en el siglo en que vio la luz, adopto un materialismo que conectaba con el pensamiento de la antigua Grecia -Demócrito, Epicuro- en su búsqueda de una explicación del universo al margen de toda fuerza espiritual o sobrenatural; la humanidad debe contener en sí misma toda fuerza regeneradora y debía depositar en su propio esfuerzo social toda esperanza. Los anarquistas herederaron el espíritu anti-clerical de la Revolución francesa pero fueron mucho más allá al tratar de eliminar todo deísmo; sin embargo, trataron de ocupar el lugar autoritario de una divinidad suprema con nociones idealizadas como la de la justicia, la razón, la ciencia, la naturaleza o el mismo hombre. Son bellos conceptos, no cabe duda, pero sometidos, por supuesto, a un análisis constante y a un espíritu crítico para no caer en nuevas formas de dogmatismo.
Hay que mencionar opiniones diferentes dentro de la heterodoxia ácrata, como es la de ese gran libertario, y mejor persona, que fue Errico Malatesta. Ateo convencido, poco amigo de especulaciones filosóficas y consecuente con el tiempo que le tocó vivir, no trataba de extrapolar su propia visión al conjunto de la humanidad, ni de hacer depender el ideal ácrata de una determinada concepción materialista del origen del universo; es decir, apartaba la idea de Dios de la de la revolución libertaria y su profundo humanismo le hacía considerar que una persona creyente no tendería necesariamente hacia la obediencia y la resignación, al mismo tiempo que podía amar el ideal fraterno y libertario. Naturalmente, Malatesta sí se planteaba la presencia de una voluntad divina como un límite a la libertad del hombre, aunque de manera más flexible que otros anarquistas y concretada en ese clero que había impuesto a lo largo de la Historia unas determinadas creencias -más crítico con el autoritarismo eclesiástico que con lo absurdo de sus creencias-.

J. M. Fernández Paniagua Subir


En defensa de "Salvador"

La película de Manuel Huerga había sido acompañada, frente al aplauso casi general de la crítica especializada y su buena acogida en el festival de Cannes, de una pequeña polémica las semanas previas a su estreno el 15 de septiembre. Se acusaba a la película -acusaciones que muchas veces parecen fabricadas "a priori"- de falsear la auténtica historia de Puig Antich con un tono reaccionario (???), didáctico (para que los jóvenes no anden por el camino; infumable conclusión), de ser comprensiva con los franquistas (más bien de lo que se trata es de que policías y demás funcionarios en la película, al margen de sus crueles actos y del repugnante régimen al que sirven, están muy bien representados en el film y tienen rasgos humanos; propio de las grandes películas con personajes en tres dimensiones) y creo que alguien llegó a mencionar, quizá en pleno delirio lisérgico, que se había convertido a Puig Antich en un... ¡nacionalista catalán! Una muestra más de la estulticia de algunas de las críticas (parece que no todas provienen del mundo libertario) es la de culpabilizar a la organización terrorista ETA de la ejecución del militante del MIL. La explicación está en una frase del protagonista al respecto (frase que parece que dijo el auténtico Puig Antich), cuando se produce el atentado que acaba con Carrero Blanco, y que lo que viene a significar es que el régimen franquista iba a utilizarle como cabeza de turco (no fue el único, hay que recordar al polaco Heinz, también asesinado con el método del garrote vil y que inspiró la obra "La Torna", que tantos disgustos les costó en su tiempo a Els Joglars, y el documental de 2004 "La muerte de nadie", realizado por el valenciano Joan Dolç).
Estamos hablando de una película de ficción, con un tiempo limitado que debe dedicarse más a la dramatización que al didactismo, a la que no se le puede exigir que relate minuciosamente lo que fue el Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) y profundice en sus motivaciones e ideología (dejando las mitificaciones de personas y colectivos a un lado, concepto que el anarquismo rechaza de pleno pero en el que algunos prefieren insistir): anticapitalismo, consejismo, marxismo, anarquismo... todo ello se menciona en la película como parte del MIL pero resultaría imposible dar una explicación de cómo lo entendían; para ello, queda pendiente un buen trabajo documental al que se le puede exigir todo eso como parte de un auténtico proyecto de recuperación de la memoria colectiva en este adormecido país al que le cuesta mirar atrás, a un pasado sórdido que no queda muy lejos. Para eso, la película "Salvador" resulta un excelente punto de partida.
El film de Huerga, además de excepcional por sus valores cinematográficos, me parece valiente y honesto; como recuperación de la memoria colectiva en parte, sí, pero también como reivindicación de unas personas que decidieron actuar frente al crimen de Estado. Y actuaron como ellos consideraron correcto, "expropiando" la riqueza y dándosela a la clase oprimida, apoyando al sector obrero que se estaba empezando a organizar al margen de partidos y sindicatos. En ningún momento se juzga como equivocada o ingenua esta manera de actuar, ni se muestra a un protagonista (excepcional Daniel Brühl) arrepentido de ninguno de sus actos. Unos créditos al principio de la película reivindican a un chaval que decidió no doblegarse frente a un país que mayoritariamente lo había hecho (y esto escocerá a gran parte de la izquierda que vio cómo el dictador moría en la cama); sus motivaciones quedan perfectamente explícitas en el relato a su abogado: "no luchábamos sólo para acabar con una dictadura, también para construir una sociedad sin clases" (recordemos que algunas críticas querían ver en el Salvador de ficción un simple luchador por las libertades democráticas, lo cual se contradice claramente en esta frase). La historia personal de Salvador, con su importancia en el conjunto al lado de su militancia política y siendo perfectamente legítimo que se muestre, nos muestra a un chico normal y vitalista, con conflictos familiares (la significativa y emotiva historia del padre, antiguo combatiente republicano, la prefiero dejar virgen a los ojos del espectador) y escarceos amorosos con jóvenes ajenas a su vida clandestina. Si hay que buscarle un defecto a la película, estaría en el personaje interpretado por Leonardo Sbaraglia, brutal e ignorante funcionario de prisiones al principio y que sufrirá un proceso de cambio (que desemboca en una actitud en la ejecución a todas luces irreal y cercana al ridículo, aunque desconozco la historia real de este personaje; a veces, la realidad supera a la ficción) gracias a la humanidad de Salvador. Al margen de ese detalle, no observo maniqueísmo alguno (ni siquiera en ese despreciable verdugo al que vemos preparar y ejecutar su trabajo, reverso quizá del reflejado por Azcona y Berlanga en su genial película) y todo resulta desgarrador en el tramo final de la narración, puede que lo mejor del film, muy bien acompañada por la música de Lluís Llach.
Si puede quedar clara la historia central concisa y directa que nos cuenta "Salvador", hay muchas intenciones en esta ambiciosa obra, por lo que no se la puede juzgar de manera reduccionista ni creo que se la pueda acusar de tibieza. Existe una diatriba feroz contra la pena de muerte, situada en un contexto más amplio pero perfectamente válida por sí misma, lo cual no contradice la intencionalidad radical contra un orden establecido; se muestra cómo se acabó con una gran generación de un país con la mejor arma para el poder: el miedo; y existe una crítica implícita a lo que sería posteriormente la Transición democrática, con algunos apuntes irónicos impagables. En suma, una película que merece la pena verse despojándose de todo prejuicio, incluido el delicado hecho de que estemos ante una gran producción capitalista donde han puesto dinero diferentes administraciones; así ocurre en la inmensa mayoría de las producciones cinematográficas y, a pesar de ello, en este caso confío en la honestidad e independencia de los realizadores.

Capi Vidal Subir


La historia del MIL

El Movimiento Ibérico de Liberación (MIL) tiene su origen en 1969, en una de las tendencias escindidas de CC OO, tendencia considerada independiente y denominada Plataformas -las otras dos serían la influenciada por el Partido Socialista Unificado de Cataluña, rama del PCE, y la llamada Zonas, dirigida por el Front Obrer de Catalunya-. Plataformas estaría formada por antiguos militantes católicos de JOC y HOAC y personas influidas por el anarquismo; publicaron la revista Nuestra Clase, cuyo número 1 apareció en noviembre de 1969 y donde participarían futuros miembros del MIL, y clandestinamente un Diccionario del Militante Obrero, que trató de empezar a educar a los trabajadores y ayudarles a entender conceptos que hasta entonces eran propios de una élite de intelectuales. El germen del MIL lo constituirán tres equipos: el Equipo obrero, cuyo recorrido ya se ha empezado a mencionar con diversas publicaciones; el Equipo teórico, que arremete contra las diversas tendencias dirigistas y alaba los primeros años de las CC OO, en los que era clara la influencia consejista; y el Equipo exterior. Éste último actuaba como brazo armado, teniendo su cuartel general en Toulouse -lo cual permite deducir que podía haber en sus filas antiguos militantes libertarios o tener, al menos, contactos anarquistas-. A comienzos de 1971 los tres equipos se fusionan -solo aparentemente, ya que seguirían actuando por separado- en los Grupos Autónomos Obreros; publicarían numerosos folletos clandestinos, se propondrían con ello la educación política de los trabajadores con la finalidad de liberarlos de todo dirigismo partidista. En un folleto aparecido en marzo de ese año, se utilizó por primera vez la cifra "1.000" y las siglas "MIL". El Equipo exterior era el mas influenciado por la acción revolucionaria anarquista y, finalmente, ante las divergencias entre los otros dos equipos, decidió fusionarse con el Equipo teórico, el cual veía más dispuesto para la acción, creando el MIL. Aunque sus miembros estaban en la lucha con otras tácticas y con otros nombres desde 1969, la auténtica historia del MIL empezaría a comienzos de 1972.
El MIL nació como grupo de apoyo a las luchas más radicales de la clase obrera en Barcelona: ayuda material a los huelguistas mediante "expropiación" de fondos y agitación obrera mediante la publicación de folletos y panfletos (para ello, crearán la revista Conspiración Internacional Anarquista y las Ediciones Mayo 37). Lo que caracterizaba principalmente al grupo era el anticapitalismo (que en España revestía la forma de una dictadura militar), por lo que su táctica consistiría en recuperar fondos mediante continuos atracos a sucursales bancarias; confiaban en que estas acciones contra el capital se extendieran por todo el país, radicalizando a la clase obrera. Hay que distinguir entre el concepto de "agitación armada" que tenía el MIL, y que se limitaba a la "expropiación de fondos", y la "lucha armada" como la de ETA que deja a un lado la confrontación de clases y se considera una vanguardia que encuentra justificación en sus propios actos. Las acciones del grupo serán numerosas y se producirán una treintena de atracos entre finales de 1972 y comienzos de 1973.
Otra gran influencia ideológica para el MIL es el consejismo. Hay que aclarar que las Comisiones Obreras, origen de los miembros del MIL, funcionaron entre 1962 y 1968 al modo de varios precedentes históricos: los soviets rusos antes de ser controlados por los bolcheviques, los consejos obreros alemanes aparecidos tras la revolución de 1919 y los consejos obreros húngaros que surgen tras la insurrección de 1956. El MIL se interesó por ello como muestra de la capacidad de la clase obrera para organizarse sin necesidad de partidos ni dirigentes; los consejos obreros representaban el futuro democrático del país. Si las CC OO cayeron en manos del PCE, que las instrumentalizaron para su política partidista, el MIL pretendía demostrar que aquéllo podía ser diferente.
En agosto de 1973, frente a la creciente represión y al aislamiento político, el MIL se autodisolverá, aunque con la intención de seguir promoviendo los consejos obreros y llevar a cabo ciertas acciones que indicarían un cambio de táctica. La represión se inició en septiembre de 1972, en Toulouse, con las detenciones de dos de sus miembros y se extendió hasta junio de 1972 con el descubrimiento por parte de la policía de dos pisos francos en Barcelona. En septiembre, tras un acto fallido en una Caja de Ahorros de Bellver de Cerdaña (Lérida), son detenidos Oriol Solé y José Luis Pons, lo que supondrá el inicio de la caída de la mayor parte del MIL. El 25 de septiembre, la policía montará una emboscada en plena Barcelona para detener a Garriga Paituvi y a Salvador Puig Antich; logró hacerlos entrar en un portal donde se produjo un intercambio de golpes y un confuso tiroteo que acabó con la vida de un policía y dejó malherido a Puig Antich.
Se formaron numerosos comités de solidaridad en diversos países. En noviembre, se creó en Barcelona el "Comité de Solidaridad Propresos MIL", de enorme valía ya que disponía de textos políticos del MIL; esto supuso que la campaña de solidaridad se extendiera por toda Europa. El Estado franquista, a raíz de esto, incrementó la represión contra el movimiento libertario y, una vez ejecutado Puig Antich el 2 de marzo de 1974, creó incluso una rama de la policía política para contrarrestar el resurgir del anarquismo.
Se consideró como continuadores del MIL a los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI), compuestos por personas de diversas procedencias y mentalidades muy diferentes, que algunos han considerado más anarquistas que sus predecesores. El hilo conductor entre los dos grupos pudo estar en los Grupos Autónomos de Intervención, surgidos a raíz de la ejecución de Puig Antich y que llevaron a cabo una serie de atentados en Francia en ese mismo mes de marzo. En cualquier caso, la actividad de los GARI parece que fue, más que otra cosa, una respuesta a la represión, y su ideología resulta confusa: solidaridad, rebeldía contra el capital y la religión y, lo que resulta más original, contra la sociedad del espectáculo.

C. V. Subir


Rememorando a Camus

En El país del domingo 7 de mayo había una entrevista a la hija de Albert Camus, en la que se hacía mención a algunas de las vicisitudes que sufrió su padre ante la situación internacional de por entonces.
La muerte de Camus tuvo para mí un efecto doloroso, y aún hoy lo tengo presente a pesar de que han pasado cuarenta y seis años.
Me encontraba por aquellos tiempos a treinta kilómetros de Lyón. La radio nos comunicó el accidente que había tenido Camus en un coche contra un árbol. Su muerte fue instántanea. Estábamos cenando y ahí se quedó la cena. Grandemente emocionado, en su memoria escribiría mis primeros garabatos en la prensa.
Camus, como Derrida o Juan Daniel, que aún continúa al frente del Nouvelle Observateur, era nativo de Argel, ese Argel que sería para muchos que salimos de los campos el lugar donde nos encontraríamos varios de los que habíamos ido directamente a Argelia, y también los enviados por Francia como "peligrosos" a un campo situado más al sur. Cuando de esto hacía ya más de sesenta y dos años, supe que Camus había ido al liceo cercano al garito en el que yo vegetaba. Recuerdo que pasaba por allí cuatro veces al día para ir al trabajo y que enfrente de ese mismo liceo caería una bomba de las muchas arrojadas por los alemanes, debido a la enorme concentración de buques y material de guerra. La caída de esa bomba me recuerda que en aquel momento había en mi casa un compañero que había sido piloto de aviación en nuestra guerra, y que, al oír el clásico silbido de la bomba, dijo: Esta es para nosotros. Fue la que cayó frente al liceo. Recuerdos de nuestra ya muy lejana juventud.
Después, al terminar la guerra y ser liberada Europa, muchos de los que estábamos por allí nos vinimos a Francia y en ella permanecimos hasta el momento de regresar a nuestros hogares.
Más tarde, al terminar la guerra de independencia de Argelia, muchos argelinos dirigirían sus pasos a Francia, y entre ellos Camus. Tanto a los unos como a los otros nos ha sido difícil olvidar aquel Argel que los franceses llamaban "Argel la Blanche". Hay hechos, lugares, hombres y fechas que nos han marcado para siempre.
Sería en Francia donde se establecería esa relación humana que hubo entre Camus y nosotros hasta el momento de su muerte. En aquellos tiempos se vivían las dramáticas consecuencias de las aspiraciones de dominación inquisitiva de Rusia sobre todos los pueblos. Sartre estaba muy cortejado por los comunistas, como una buena parte de la intelectualidad francesa e italiana, antes de que llegara la desbandada que todos conocemos.
El espíritu libre de Camus no era el apropiado para ser monaguillo de esa nueva religión, pues en eso se convirtieron realmente todos los comunistas de la tierra. Las diferencias de contenido, de concepto y de principios motivarían el distanciamiento entre Camus y Sartre, ya que el primero no callaría la realidad existente en Rusia, que se había convertido en un inmenso campo de concentración. Fue mucho lo que se escribió en aquellos días sobre esta tragedia humana. Sí, mucho fue lo escrito y muchos miles de páginas más se podrían escribir. Camus denunciaba lo que le imponían sus sentimientos. Nuestra prensa, CNT de Toulouse y Solidaridad obrera de París, supieron estar en el lugar que les correspondía, exponiendo conceptos, principios, derechos y realidades que sólo tenían como respuesta el insulto y la calumnia miserable de quienes negaban hasta los más mínimos derechos de la personalidad humana, para denunciar la miserable mistificación que se nos quería imponer por la fuerza, sin la menor manifestación de razón.
En aquellos días era muy duro oponerse a los dictados de Rusia. Sus lacayos tenían por costumbre responder como hemos dicho: con el insulto y la calumnia. Lo que Camus denunciaba públicamente contra lo existente en Rusia, contra todos los jefuchos del PC, era considerado falso, bajas calumnias de quienes estábamos vendidos al imperialismo americano según ellos. Todos éramos traidores, nadie podía escapar a ese veneno que empleaban los comunistas. Es una lástima que no se hiciera nunca el análisis histórico de todos aquellos años, en los que sembraron tanto odio los que no tenían pensamiento propio.
La hija de Camus manifiesta en la entrevista la verdad reinante en aquellos duros momentos. Había que vivirlos para comprender el ambiente creado por todas partes. Camus quedó totalmente aislado por ese bajo proceder tan clásico de los comunistas. Sólo le fueron fieles hasta el último momento los libertarios, como decía su hija. Y sí, así fue, porque él siempre fue fiel a los libertarios. Nuestra organización siempre pudo contar con él en todos los actos contra la miseria moral y humana reinante en España. Siempre nos aportó su solidaridad. Era lógico que no le faltara nunca nuestra compañía cuando los demás lo llenaban de insultos. Nosotros tuvimos la suerte de contar con seres que nos prestaron su solidaridad para hacer frente a muchas de las graves situaciones que pasamos, y Camus fue posiblemente el más solidario de todos.
Bien sabemos que, más tarde, el propio Sartre, como otros intelectuales, se alejó de ese mundo concentracionario y sufrió el mismo aislamiento y ofensas. Ese mísero proceder motivaría esa soledad moral y humana en que tan merecidamente se encuentran hoy todos ellos.
En ese mundo de silencio, donde los seres carecen de voz, toda persona digna se tiene que encontrar sola ante la realidad que se le impone; pero esa soledad es frecuentemente beneficiosa, porque se encuentra consigo mismo, con ese que se niega a ser reducido a la nada.
Aquellos que tanto atacaron a Camus, a nosotros e incluso a los socialistas, han desaparecido. Nadie los recuerda en el buen sentido de la palabra. Es como si no hubieran existido, porque no han legado nada que pueda interesar a nadie. Porque eran simple pigmeos aunque se consideraran gigantes. Sin embargo, la memoria de Camus está ahí presente, porque fue digno, y la dignidad siempre ha sido reconocida por mucho que se haya intentado ir contra ella. Las ofensas dirigidas contra Camus caerían más tarde sobre el rostro mísero y mezquino de quienes las lanzaron. Y era lógico que así fuera, sobre todo cuando procedían de quienes, siendo esclavos de sí mismos, no supieron lo que significaba la libertad y el valor en sí mismos.

Zaplana Subir


Oriente Medio: guerra de clases

La ciudad-Estado del Golfo, Dubai, es, según las estimaciones más recientes, la ciudad de crecimiento más rápido del planeta y el lugar más edificado después de Shanghai. El jeque multimillonario Mohammed bin Rachid al-Maktum desea hacer de Dubai una isla de ensueño que satisfaga todos los gustos, una especie de Las Vegas a lo bestia, con sus hoteles submarinos, sus cadenas de parques temáticos y el Burj Dubai, el futuro edificio más alto del mundo.
Oriente Medio nada en la abundancia por el momento: desde el 11 de septiembre, los inversores medio-orientales han abandonado Occidente y enviado sus dólares a casa. Los saudíes ya han repatriado un tercio del trillón de dólares que tenían invertido en el extranjero, de los que siete mil millones han sido reinvertidos en Dubai, y los beneficios petrolíferos de los Emiratos Árabes se han distribuido por la región.
Dubai es, desde cierto punto de vista, un espejismo medio-oriental cuyo objeto es convertirse en una especie de Islas Caimán árabes. Tienen muchos puntos en común con sus vecinos, especialmente su actitud ante los derechos de los trabajadores y la super explotación de la mano de obra inmigrante. Los sindicatos y las huelgas son ilegales, mientras que la mayoría de los trabajadores proceden del sudeste asiático.
En 2003, la ONG Human Rights Watch acusó a los Emiratos de "construir su prosperidad sobre el trabajo forzado". Los trabajadores asiáticos ven confiscado su pasaporte y su visado por agentes encargados de ello, y se les hacina en habitaciones insalubres de campos de trabajo en los límites de las ciudades. Este esquema de explotación se reproduce por toda la región.
No es sólo el boom económico en Arabia saudí lo que atrae a los inversores extranjeros; también el hecho de que huelgas y sindicatos estén prohibidos aumenta esa atracción. Los trabajadores inmigrantes constituyen casi dos tercios de la fuerza de trabajo, y ocupan más del 90 por ciento de los empleos en el sector privado.
Los inmigrantes deben contar con un sponsor -su empleador- para ser autorizados a trabajar en Arabia Saudí, y están obligados a entregarle su pasaporte, sin posibilidad de cambiar de empleo. En Egipto, la situación es muy parecida.
La mayor parte de los trabajadores de Egipto tienen, en teoría, la posibilidad de crear un sindicato o de afiliarse si al menos cincuenta empleados de una misma empresa reivindican el derecho a organizarse. Pero todos los sindicatos deben pertenecer a la Federación de Sindicatos Egipcios (FSE), única central sindical reconocida legalmente. En la realidad, la FSE es, en el mundo laboral, el brazo del Partido Nacional Democrático en el poder, de lo que se deduce que los sindicatos independientes no tienen la posibilidad de organizarse legalmente en Egipto. Y, para ser legal, la huelga tiene que se aprobada por la FSE.
Además, las huelgas están prohibidas en los establecimientos "estratégicos o vitales, en los que cualquier interrupción del trabajo perturbaría la seguridad nacional o los servicios básicos". Y el primer ministro, por decreto, designa cuáles son esos establecimientos. El Estado egipcio no es el único en utilizar todas las fuerzas disponibles para reprimir la organización independiente del trabajo. En marzo de 2004, fue movilizada una tropa de mil hombres para prohibir una manifestación de ingenieros contra las restricciones impuestas a las organizaciones sindicales. En octubre de 2004, la policía rodeaba las minas de fosfatos de Abu Tartur para obligar a los mineros huelguistas a volver al trabajo.
Nos engañaríamos si pensáramos que las represiones de este tipo son privativas de los Estados del Oriente Medio clientes del imperialismo occidental. La República Islámica de Irán, producto de una revolución local en 1979, no ha perdido el tiempo a la hora de aplastar a las organizaciones independientes de trabajo o a las organizaciones espontáneas de vecinos.
El movimiento sindicalista independiente fue reprimido por el sha tras el golpe de Estado de 1953. Durante los años de la revolución, Irán bullía de consejos de trabajadores, de grupos de coordinación de vecinos y de campañas de ocupación organizadas, y los trabajadores del petróleo estaban siempre en primera línea de esos movimientos. Los dirigentes islámicos, en consecuencia, trataron de presentar la decapitación de la revolución como si formara parte de la ingikab-I-mustaz'afin (la revolución de los desheredados). En realidad, el Estado islámico reprimió la organización independiente de la clase obrera y se sirvió del pretexto de "la defensa de la Revolución" para desviar la cólera provocada por su traición a los pobres.
Así, Iraq y el "Occidente satánico" han sido agitados como amenazas exteriores contra "la Revolución" con el fin de acallar las disensiones internas. A pesar de una represión constante, el Comité para las Organizaciones Libres del Trabajo sigue luchando por una auto-organización de la clase obrera en Irán, contra los lacayos del Estado, que son los Consejos Islámicos del Trabajo. Las violencias contra los sindicatos independientes son moneda corriente en Irán, donde las recientes agresiones y encarcelamiento de los conductores de autobús de Teherán no serán las últimas.
La riqueza de la burguesía del Oriente Medio se basa a la vez en los recursos de la región -sobre todo, el petróleo- y en la explotación del trabajo, tanto autóctono como inmigrante. La región no es sino un inmenso taller de trabajos forzados, en el que los derechos de los trabajadores más fundamentales se ven reducidos a polvo.
Vale la pena destacar que los pretendidos "heraldos de la democracia" -los invasores americanos y británicos de Iraq- han olvidado incluir el derecho de organización en el lugar de trabajo en su "paquete" democrático.
La política petrolera llevada a cabo por Iraq transferirá el control de la explotación del petróleo a las compañías extranjeras, por medio de un acuerdo de reparto de la producción. El desarrollo de al menos un 64 por cien de los campos petrolíferos iraquíes será confiado a multinacionales del petróleo en pro del mayor beneficio del capital internacional y de la seguridad energética de los Estados Unidos y la Gran Bretaña.
Durante ese tiempo, el pueblo iraquí ha estado sin agua potable y sin electricidad, sin servicios sanitarios y con unas estructuras de transporte en plena decadencia. Para los trabajadores iraquíes, la legislación laboral del Estado ha sido sustituida por la desregulación más absoluta, con unos empleos en los que predomina el destajo durante semanas y semanas. Los empresarios de Iraq, como Halliburton, han importado decenas de miles de trabajadores inmigrantes procedentes de los países pobres, como Nepal, Filipinas o Bangladesh, para llevar a cabo los trabajos más ingratos. Los militares americanos exigen que los empresarios contraten mano de obra inmigrante para trabajar con el fin de evitar todo riesgo de infiltración por parte de los insurgentes.
Dejando aparte toda retórica, la situación de la clase obrera iraquí refleja los intereses de clase compartidos por las élites chiítas, suníes y kurdas y los invasores norteamericanos y británicos. Y eso se ve en el conjunto de la región. Ya sean pro-occidentales o islámicos, los Estados del Oriente Medio se basan en la represión de la auto-organización de la clase obrera y en la explotación del trabajo en interés del capital, tanto nacional como extranjero.
Los comienzos del reconocimiento de este hecho abren la puerta a la organización de una resistencia de clase a la vez contra el imperialismo y contra el capital nacional. En Gaza se han constituido comités independientes de trabajadores para hacer de contrapeso ante la Autoridad Palestina y exigir la exención de los derechos de inscripción escolar para los hijos de los trabajadores y los parados, la puesta en marcha de un fondo de solidaridad social para el pago sistemático de los alquileres, la anulación de las deudas contraídas por los pobres, una seguridad sanitaria gratuita para los trabajadorse y los parados, la regulación de los empleos temporales por la autoridad palestina y, por último, la celebración de elecciones libres en el seno de la Unión General de Trabajadores Palestinos.
Los comités independientes de trabajadores, al contacto con el establishment de las autoridades palestinas y su empleo de las fuerzas policiales en la represión de las manifestaciones de los parados, han aprendido que los que más se han sacrificado durante la intifada son los que menos han recibido por parte de las autoridades. El combate por una auto-organización debería verse como algo esencial a la dinámica que permita expulsar a los imperialistas americanos y británicos de la región: las clases dominantes nacionales, en efecto, tienen más que ganar con la presencia de las fuerzas armadas y del capital extranjeros que sin ellos.
A través de la región, una comunidad de intereses basada en la explotación y opresión de la clase obrera se extiende por la República Islámica de Irán hacia los playboys de los Emiratos, pasando por los agentes de Halliburton. James Zogby, del Instituto Árabe Americano, ha anticipado recientemente que los diez millones de trabajadores extranjeros en la región constituían una verdadera "bomba de relojería que sólo estaba esperando a explotar".
Toda lucha por la auto-organización de la clase obrera en la región debe ampliarse a un combate por la igualdad de derechos de los "subclase" que constituyen los trabajadores inmigrantes; debe desarrollarse una red de solidaridad y de resistencia entre todos los trabajadores de la región -desde el obrero de Irán hasta la asistenta cingalesa en Dubai-. Para los revolucionarios de Occidente es importante evitar dejarse embrollar en el debate que opone el secularismo a un islam militante, como si pudiera existir alguna herencia de la Ilustración en la que los derechos individuales y la separación de la Iglesia y el Estado fueran el producto del pensamiento burgués más que el fruto de la lucha política.
El islam político es la cara que reviste el nacionalismo militante después del derrumbamiento del estalinismo y del nacionalismo secular. La retórica de los mulás sólo sirve para disfrazar la incapacidad del islam político para establecer la justicia social en la República Islámica de Irán o para luchar en pro de ella en el exterior. Nuestro cometido deber ser ofrecer nuestra solidaridad militante a los que tratan de combinar, por medio de la auto-organización de los trabajadores de Oriente Medio, la lucha por la justicia social con la lucha contra el imperialismo.

John Shute
(Freedom) Subir


De sindicalismo y de anarquismo

Se cumplen ahora cien años del noveno congreso de la CGT (Confédération Général du Travail), organización sindical entonces hegemónica en Francia con cerca de 400.000 afiliados. Celebrado en la ciudad de Amiens, este congreso pasará a la historia por su declaración sobre la independencia del sindicalismo con respecto a las organizaciones políticas, la llamada "Carta de Amiens".
La CGT había sido fundada once años antes con una doble estructura: organizaciones sindicales de oficio de ámbito nacional (federaciones de industria) y uniones locales de todos los oficios (Bolsas del Trabajo). En la CGT convivían los diferentes grupos políticos con los anarquistas. La convivencia se hacía a veces tensa, sobre todo entre los socialistas políticos. Unos, como Guesde, creían que el sindicato no ha de ser otra cosa que la correa de transmisión del Partido. Otros, como Jaurès, pensaban que el sindicato debía ser independiente del Partido y llevar la lucha al seno del mundo del trabajo mientras que el Partido combatiría dentro del Parlamento y de las instituciones.
Los anarquistas afirmaban que un buen sindicato vale más que una buena ley; veían el sindicato como organización de lucha idónea hoy y útil mañana para crear la sociedad ideal.
El compromiso de la Carta de Amiens deja en teoría fuera de juego las influencias políticas en el sindicato y hace que éste se baste a sí mismo. Pero nada habla de la forma de gestión del propio sindicato, es decir, de la existencia de órganos de poder en su interior. Tampoco se habla de los "funcionarios" sindicales.
Los anarquistas cumplieron en todo momento lo acordado. No hicieron lo mismo los diferentes grupos políticos, que acabaron por copar los cargos de responsabilidad y domesticando al sindicalismo, aparte de escindirlo en varias organizaciones, escisión que mantienen hoy día.
Al año siguiente del Congreso de Amiens se celebraba en Ámsterdam un congreso anarquista internacional. Algunos delegados franceses llegaron a plantear la disolución de las federaciones anarquistas en el seno de las organizaciones sindicalistas revolucionarias. Errico Malatesta contestó a esta propuesta objetando que el movimiento obrero es un medio -quizá el más importante- para desencadenar la revolución, pero no es el único; el fin es la anarquía. Los anarquistas deben implicarse en los sindicatos. En primer lugar para hacer propaganda anarquista (acción directa, ausencia de estructuras de poder…) y también para reaccionar ante esa corriente que lleva a los sindicatos a defender tan solo intereses particulares de tal o cual oficio o categoría laboral.
La idea de que el sindicalismo se basta a sí mismo parte de un concepto demasiado simplista de la lucha de clases: que los intereses económicos de todos los trabajadores son solidarios, que basta con que los trabajadores se lancen a defender sus intereses particulares para defender al mismo tiempo los intereses de todo el proletariado contra el Estado y la patronal.
La realidad es totalmente distinta. Si bien entre entre los trabajadores es posible, a falta de solidaridad económica, la solidaridad moral, quienes se atrincheran en la defensa de sus intereses corporativos no la practican.
Pero quizá el gran problema de la acción sindical sea la existencia de cargos sindicales retribuidos; los compañeros "liberados" se convierten en deudores de quien les paga y, puestos en la tesitura de seguir su conciencia revolucionaria o su propio interés, o sigue los dictados de su conciencia y pierde el puesto de trabajo, o sigue su interés particular, con lo que acaba para él todo atisbo de ideal revolucionario. Lo mismo que en los organismos institucionales, la corrupción está a la orden del día.
Sólo las organizaciones sindicales con un claro objetivo emancipador y revolucionario, y con una adecuación entre medios y fines, podrán contribuir de manera eficaz a la destrucción del Estado y del Capital para poder construir una sociedad sin explotadores ni explotados, sin dirigentes ni dirigidos. Con esos planteamientos se relanzó en 1922 la Asociación Internacional de los Trabajadores; pero eso es otra historia.

A. G. Subir


Programa anárquico

-Abolición de la propiedad privada de la tierra, de las materias primas y de los instrumentos de trabajo, a fin de que nadie pueda tener un modo de vivir explotando el trabajo ajeno, y teniendo todos los humanos garantizados los medios de producir y vivir, puedan ser verdaderamente independientes y puedan asociarse a los demás libremente en función del interés común y conforme a las propias simpatías.

-Abolición del gobierno y todo poder que haga ley y la imponga a los demás, o sea: abolición de las monarquías, repúblicas, parlamentos, ejércitos, policías, magistraturas y de todas las demás instituciones dotadas de medios coercitivos.

-Organización de la vida social a través de libres asociaciones y federaciones de productores y de consumidores hechas y modificadas a tenor de la voluntad de sus componentes, guiados por la ciencia y la experiencia y libres de toda imposición que no derive de las necesidades naturales, a las cuales, vencido el hombre por el sentimiento de la misma necesidad inevitable, voluntariamente se somete.

-Garantizar los medios de vida, de desarrollo y de bienestar a los niños y a todos los que no estén en estado de proveer a sus necesidades.

-Lucha contra las religiones y todas las mentiras, aunque se oculten bajo el manto de la ciencia, e instrucción científica para todos, hasta su más elevado grado.

-Lucha contra el patriotismo. Abolición de las fronteras; confraternización de todos los pueblos.

-Reconstitución de la familia, de modo que resulte la práctica del amor, libre de todo vínculo legal.

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El Estado contra la democracia

El agua en España: el problema
y las posibles soluciones

El pensar ateo

En defensa de "Salvador"

La historia del MIL

 

Rememorando a Camus

Oriente Medio:
guerra de clases

De sindicalismo y
de anarquismo

Programa anárquico