PERIODICO ANARQUISTA
Nº 218
 SEPTIEMBRE 2006

 

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Nueva reforma laboral:
La estrategia del cangrejo

Las dos experiencias democráticas de la España del siglo XX han coincidido con las dos crisis económicas más graves que ha vivido la Europa contemporánea: la Segunda República se proclamó en 1931, cuando llegaban a nuestro país las secuelas del estrepitoso hundimiento de Wall Street, y la Transición democrática comenzó en 1975, en plena crisis económica provocada por la subida de los precios del petróleo.
Durante la década de los años setenta, tal y como había sucedido en 1931, las dificultades que amenazaban al proceso político, puestas de manifiesto con el golpe de Estado de 1981, relegaron a un segundo plano a los problemas económicos del país, derivados tanto de las graves carencias del desarrollo industrial del Franquismo como de la crisis internacional de 1973.
Los Pactos de la Moncloa, firmados en 1977 por Adolfo Suárez y los partidos de la oposición, trazaron el camino de la evolución política de España, hasta la consolidación de un régimen democrático, pero, al mismo tiempo, sentaron las bases de la política económica postfranquista, que establecía la supremacía absoluta de la iniciativa privada, la apertura al capitalismo multinacional y su integración, a cualquier precio, en el Mercado Común europeo. Y si la evolución política consensuada por unos y otros satisfacía, en cierta medida, las aspiraciones populares, la orientación económica aprobada en los Pactos de la Moncloa estaba muy lejos de las demandas de una clase trabajadora que, durante la Transición, tenía un alto porcentaje de sindicación y que había demostrado una gran capacidad de movilización.
La renuncia de los trabajadores a introducir reformas económicas que les fuesen favorables, en paralelo al cambio político que estaba viviendo el país, y su renuncia a obtener ventajas sociales de la crisis económica del capitalismo internacional, sólo fue posible por la sumisa dependencia de los principales sindicatos españoles -CC OO, UGT y ELA- de los partidos nacionalistas y de izquierda que, anteponiendo la reforma política a las reivindicaciones sindicales, habían firmado los Pactos de la Moncloa con la derecha franquista, representante cualificada del capitalismo nacional. Cuando los trabajadores más combativos planteaban, en las asambleas de fábricas y talleres, mayores demandas sociales o nuevos conflictos laborales, se encontraban con los dirigentes sindicales socialistas y comunistas que acallaban las protestas con amenazas proféticas: "¡Qué nos viene un Pinochet!, ¡Qué vuelve una Dictadura!"
Sólo la CNT tenía la fuerza numérica -unos 200.000 afiliados- y la autonomía sindical para oponerse a los Pactos de la Moncloa, así que desde el poder político y económico se decidió destruir al movimiento libertario por medio del montaje policial del caso Scala, que fue presentado por la agencia de noticias oficial de este modo: "Un comando de la FAI (Federación Anarquista Ibérica), integrado por tres sujetos en cuyo poder se ha hallado asimismo documentación que les acredita como afiliados a la central sindical CNT, ha sido autor, según la Jefatura de Policía de Barcelona, del atentado contra el restaurante-espectáculo Scala".
Fracasado este primer intento, se optó por domesticar al anarcosindicalismo en el Congreso de la Casa de Campo de 1979, que fracturó a la Confederación. Aunque la CNT no pudo ser destruida ni disciplinada por el Estado, no puede negarse que durante casi quince años vivió en una situación agónica, teniendo que dedicar la mayor parte de su tiempo y de su voluntad a sobrevivir al desencanto social de los trabajadores, al silencio de los medios de comunicación y a la confusa usurpación de su mensaje.
Con el campo sindical despejado, se implantó una política económica que se basaba en sacrificar a los trabajadores para permitir que los empresarios consiguiesen beneficios extraordinarios, con la esperanza de que éstos invirtieran parte del superávit obtenido en la apertura de nuevas empresas, que crearían nuevos puestos de trabajo. Por eso, aunque el desempleo era la primera consecuencia de la crisis y la causa principal del resto de dificultades económicas -déficit público y disminución del consumo-, los gobiernos, con la complicidad de los sindicatos socialista y comunista, se dedicaron a intentar salir de la crisis con medidas exclusivamente monetaristas, centradas en reducir la inflación; mientras los trabajadores se "apretaban el cinturón" y se destruía el tejido productivo del país, crecían espectacularmente las inversiones especulativas.
Así se explica que durante dos décadas la clase obrera española viviese angustiada por el paro, que alcanzó una gravedad extrema, a causa de una política destinada a proteger las inversiones antes que los puestos de trabajo y a la debilidad de la economía que heredábamos del Franquismo, y sin el recurso a la emigración, una solución que se vio cegada por la repercusión internacional de la crisis económica de los años setenta. Durante las décadas de 1950 y 1960, cientos de miles de españoles habían emigrado, huyendo de la miseria, hacia la Europa septentrional, donde se encontraron con los miles de exiliados que residían allí desde la década de 1940, huyendo de la represión; unos y otros ayudaron a levantar la economía española con el dinero que, arañado a sus salarios, enviaban a sus familias. Desde 1975, ya no fue posible.
Por lo tanto, el desempleo se convirtió en el primer problema social y económico de España. Una cifra oficial de parados que, durante años, superó los dos millones de trabajadores, por más que los sucesivos gobiernos maquillasen los números y trampeasen la contabilidad, a los que había que sumar una cantidad nada despreciable de subempleados, de trabajadores jubilados anticipadamente -con empresas como Telefónica o Iveco con prejubilados de poco más de 45 años-, y una economía sumergida que representaba hasta un diez por ciento de la riqueza y el empleo del país.
Además, la economía española, una vez desmantelada su industria por los gobiernos socialistas por exigencias de la Unión Europea, se centró en el turismo y en la construcción, dos sectores que tienen una fuerte estacionalidad. Millares de familias, especialmente en Andalucía, trabajaban en los hoteles y restaurantes de la costa durante el verano y malvivían sin trabajo o con empleos ocasionales el resto del año. No es de extrañar que el paro de los desempleados, los subempleados y los temporeros se convirtiese en la principal preocupación de los españoles. Sólo la economía sumergida y, sobre todo, la ayuda de las familias, auténticas protagonistas de la protección social en España, impidieron un estallido social.
Para colmo, en los últimos quince años, y fruto de la división económica de un mundo globalizado, España ha conocido un auge de la agricultura de invernadero, que permite obtener productos hortofrutícolas antes de temporada para su exportación a la fría Europa del norte. El Ejido, en Andalucía, ha pasado de ser una aldea perdida en el desierto almeriense a ser la ciudad con más coches de lujo por habitante de todo el continente. Como contraste, en la actualidad, uno de cada tres trabajadores españoles tiene un contrato precario y, sólo en el último trimestre, las Empresas de Trabajo Temporal han realizado casi 550.000 contratos, muchos de ellos por unos días o por unas horas. Esta inseguridad laboral se ve acompañada de una pérdida de poder adquisitivo de los salarios: en los cinco primeros meses de este año la inflación fue del 3'9 por 100, mientras que la subida salarial fue, como media, del 3'1 por 100 y el incremento aún es menor para los millones de funcionarios de las distintas administraciones públicas.
Al mismo tiempo que se forzaba una moderación salarial, que sólo ha creado pobreza, y se dictaban leyes contra el paro, que sólo favorecían la precariedad laboral, desde el Estado se imponía un modelo sindical cerrado y fuertemente subvencionado. El descontento de los trabajadores hizo disminuir dramáticamente la afiliación sindical hasta índices que se encuentran entre los más bajos de Europa occidental, pero ese quebranto económico fue reemplazado por el Estado que ha subvencionado generosamente a todos los sindicatos que participan del modelo sindical impuesto, que tiene como piedra angular a las Elecciones Sindicales, que trasladan el modelo político de delegación de poder y representatividad al ámbito sindical.
Ahora mismo, los sindicatos españoles, con la excepción de la CNT, no podrían sobrevivir sin la ayuda del Estado y la complicidad de la patronal. No sólo reciben locales gratuitos en todos los rincones del país, no sólo perciben subvenciones multimillonarias, no sólo tienen miles de liberados cuyo sueldo costean el gobierno y los empresarios; sobre todo, han creado una potente red clientelar de privilegios particulares: empleos seguros solo para afiliados, cargos y jefaturas intermedias a las que se accede con el carné sindical, cursos de formación gratuitos para los sindicados y generosamente pagados a los sindicatos…
Además, los medios de comunicación públicos y privados silencian las luchas laborales que se desarrollan al margen de estas centrales sindicales y el Estado y la patronal sólo pactan con estas organizaciones en negociaciones jerarquizadas al más alto nivel; es casi imposible concertar un Convenio Colectivo en el ámbito de una empresa o una provincia. Con este modelo de negociación cerrado, CC OO y UGT llevan años firmando grandes acuerdos que ratifican la pérdida de derechos sociales, algunos trabajosamente arrancados a la dictadura de Franco, con la excusa de disminuir el paro y de reducir la temporalidad, que sigue siendo la gran preocupación de los trabajadores. Sin embargo, con cada nuevo pacto, los trabajadores seguimos perdiendo derechos y, ahora mismo, para los españoles la posibilidad de conseguir un puesto de trabajo fijo es, cada vez más, una quimera.
El último de estos pactos se ha ratificado en la primera quincena de este mes de mayo, una nueva Reforma Laboral negociada y firmada a espaldas de los trabajadores con el mayor secretismo y a la que los medios de comunicación han puesto sordina, para que pasase desapercibida. Desde la CNT se han realizado cientos de actos y charlas informativos, se ha denunciado en las manifestaciones del pasado Primero de Mayo y se realizó el 1 de abril una manifestación en Madrid a la que asistieron varios miles de anarcosindicalistas llegados desde todo el país, en una nueva prueba del renacimiento orgánico que la CNT conoce en los últimos años.
¿Qué ofrece esta Reforma Laboral? Más ventajas para los empresarios: aquellos que conviertan en indefinidos los vigentes contratos temporales tendrán un despido mucho más barato de sus nuevos empleados, se crean nuevas subvenciones para los empresarios que incorporen nuevos trabajadores y se duplica de dos a cuatro años el período para cobrarlas, además los patronos verán reducidas sus aportaciones a la Seguridad Social para el desempleo y para el fondo que garantiza el pago de los salarios en las empresas en quiebra (FOGASA). Es decir, se insiste en favorecer el enriquecimiento de la patronal, incluso con subvenciones del Estado, con la esperanza, pero sin la obligación de que se contraten más empleados.
En esta misma línea, se está negociando en el Congreso una serie de medidas fiscales destinadas a rebajar los impuestos de las pequeñas y medianas empresas, gracias al empeño de partidos que se dicen de izquierda, como Esquerra Republicana de Catalunya. Es especialmente sangrante que la Reforma Laboral rebaje las cotizaciones de los empresarios a la Seguridad Social, mientras el gobierno está negociando con CC OO y UGT una nueva reducción de las pensiones, con la excusa del futuro déficit del sistema público de protección social.
Para compensar, la Reforma Laboral, establece que los trabajadores que estén más de 24 meses, en un período de dos años y medio, en el mismo puesto de trabajo, pasarán a tener contratos indefinidos. Pero, como explica la CNT, es "un brindis al sol, porque los empresarios han demostrado tener múltiples formas de eludir este tipo de medidas". Muchos empresarios disponen de varias "empresas fantasmas" con las que van contratando al mismo empleado para realizar el mismo trabajo sin antigüedad y sin derechos adquiridos.

Juan Pablo Calero Subir


El último episodio balcánico: Montenegro

Quienes llevan el rumbo de la nave del Poder vuelven a dar un golpe de mano, y la sorpresa que antes mostrábamos algunos ha dado paso a la rabia de ver cómo culminan sus planes, por encima, por supuesto, de la vida y la libertad de casi todos.
El pasado 21 de mayo, mucho antes de que apareciesen los resultados oficiales, los oligarcas de la Unión Europea anunciaban a bombo y platillo con un fervor poco disimulado el triunfo del "sí" a la independencia de Montenegro respecto de su vecina Serbia. Los títeres que dejaron al frente del país se encuentran entre la espada y la pared aceptando los planes colonizadores de la metrópoli, con Alemania al frente, conteniendo como pueden la indignación de la gente ante el negro futuro que se les avecina.
Después de haber sondeado con otras consultas similares en años anteriores y no haber recibido el respaldo de la población, insisten de nuevo haciendo que el resultado sea el adecuado a sus objetivos. El propio Milo Djukanovic, el mafioso presidente de Montenegro, reconocía en el año 96 que la opción independentista era impensable porque era absolutamente minoritaria. ¿Que la gente no va a votar y el referéndum no es válido?, pues se reducen los mínimos de participación para que el resultado sea legítimo. ¿Que encima se obstinan en votar lo que no deben?, pues se repite una y otra vez y se reduce el porcentaje mínimo para dar la victoria a la opción que les interesa, a quienes por otro lado se les ofrece un apoyo económico incalculable a cuenta de los fondos europeos para la "cooperación".
Por esto y muchas más cosas, cualquier comparación del proceso electoral montenegrino con otro efectuado en nuestras latitudes (igualmente manipulados) haría sonrojarse a todos aquellos que se llenan diariamente la boca con la palabra democracia. Ha sido vergonzoso incluso el modo de plantearlo. Todo el mundo sabe, y por supuesto ellos también, que los resultados de una encuesta dependen en gran medida de la forma en que se redacte la pregunta, y ésta no ha sido otra que "¿desea que la República de Montenegro sea Estado independiente con plena legitimidad conforme al derecho internacional?" Así ha aparecido en las papeletas de votación. Sólo faltaba la coletilla: "¿o desea saltarse el derecho internacional y ser aniquilado?" Ejemplos tienen.
Al mismo tiempo que en España, por ejemplo, para modificar la Constitución exigen más de dos tercios de la cámara (66 por 100), disolución de Cortes, nueva elección por dos tercios y luego un referéndum, nuestros gobernantes a coro con los de la UE exigían dar validez a la secesión, simplemente si el 55 por 100 de los votantes lo apoyaban (cesión a la República de Serbia, porque en un primer momento plantearon incluso el 51 por 100 solamente). Pero por si algo salía mal, se apresuraron a dejar clara su exigencia de un Montenegro independiente bajo pena de sanciones económicas. Y la zanahoria: la entrada preferente respecto a Serbia en la UE. Como las amenazas a veces no son suficientes, el siguiente paso fue hacer que todos los medios de transmisión de doctrina (prensa, radio y televisión) se volcaran en anunciar con alegría el triunfo de la independencia de Montenegro, mucho antes de que pudiera realizarse el escrutinio oficial y éste se hiciese público, ¿alguien se imagina lo que pasaría si la UE felicita al ganador y exige su reconocimiento en las próximas elecciones generales antes de que se hagan públicos los primeros resultados oficiales? Todo muy democrático.
El Periódico de Cataluña decía de forma muy elocuente que afortunadamente esta vez se había conseguido por medios democráticos lo que en otras ocasiones había costado miles de muertos. Algo con lo que no se podría estar más de acuerdo, siempre que tengamos en cuenta el detalle de que las guerras fueron promovidas por los mismos que ahora apoyan la independencia de la pequeña república balcánica. No estamos asistiendo a otra cosa que a la culminación de los planes de desintegración de la República Federal de Yugoslavia y a su integración por pedazos (mucho más propensos a la sumisión) en la Unión Europea. No en vano en noviembre del año 1999 Montenegro pasa a utilizar como moneda el marco alemán y a partir del año 2003 el euro, distanciándose de la economía Serbia que continúa usando el dínar. Asimismo durante el mes de noviembre de aquel año de 1999 el propio Djukanovic asistió a la VI cumbre de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en Estambul en exclusión de la delegación oficial, lanzándose en brazos ya desde entonces de organismos de rapiña del capital como la OTAN o el FMI.
Y si más arriba hemos tildado a este personaje de mafioso no ha sido en vano. Las investigaciones del fiscal Cataldo Motta, realizadas entre los años 1992 y 2000, relacionaban ya entonces a Djukanovic con el tráfico de 100.000 cajetillas de tabaco mensuales desde el puerto de Bari (Italia), lo que suponía entre 5,5 y 7 millones de dólares al mes, de los que una buena parte iba a parar a los bolsillos del presidente. Se le supone asimismo relacionado con los miembros de primer orden de la Mafia siciliana, Gherardo Como y Prudentino, quien encontró refugio precisamente en Montenegro en el año 1999 para huir de la justicia italiana.
Al parecer, en su momento se utilizó la presión ocasionada por esta información para preparar la secesión de Montenegro de una forma controlada, cuyo resultado fue el acuerdo del año 2003 que prefiguraba la independencia a través del referéndum. Las experiencias de Croacia, Bosnia y Kosovo en cuanto a la carnicería que supusieron por parte de los nuevos dirigentes mafioso-fascistas, no pudo ser más desastrosa. Todavía podemos ver las consecuencias del apoyo de las fuerzas militares europeas y estadounidenses a verdaderos asesinos, dotándoles entonces de formación y equipo con el que hoy asaltan los chalets de la clase acomodada española. Pero tenemos memoria de pez y pocos se acuerdan de aquellas imágenes de los telediarios mostrando cómo los oficiales de la CIA "enseñaban" técnicas de guerrilla a los pobres albanokosovares (los fascistas de la UCK) para defenderse del ejército serbio.
Evidentemente la situación dejada por Tito no es lo que ninguno de nosotros desearíamos como antiautoritarios que nos reivindicamos, pero no podemos dejar de denunciar los proyectos del capitalismo privado que hoy tiene la sartén por el mango y trota por el ancho mundo a su antojo destrozando lo poco que de positivo tuvo aquella época.
El interés que para la UE tiene el control del pequeño territorio de Montenegro no es desdeñable en absoluto, a pesar de que únicamente contiene el 6 por 100 de toda la población de la antigua Federación (muy parecido en población a la ciudad de Zaragoza y en superficie, a la provincia de Córdoba) y que hablamos de una de las repúblicas más pobres. Se trata, sobre todo, como también han apuntado certeramente algunos diarios, de la privación del acceso al mar a la República de Serbia, algo que puede ser crucial a la hora de obligarla a aceptar las reformas económicas que dicte a partir de ahora el Consejo Europeo. El gobierno serbio, a pesar de ser "guiado" por la mano abierta de la economía francoalemana o el puño cerrado de sus bombas, continúa siendo el malo de la película como si dicha maldad fuera una característica intrínseca de los habitantes de aquellas tierras. Y si no tragamos con las encíclicas del sapo de Roma (en las que a buen seguro nos defenderá la inferioridad moral de aquél país cismático) habrá que sustituir esa "maldad" por discordia respecto a los planes económicos que la UE tiene sobre aquella zona.
Y ya que centramos la vista en los Balcanes, tampoco podemos pasar por alto en estos días la actuación de lo que desde el Poder llaman justicia. Da toda la sensación de que su objetivo es el asesinato sistemático de aquellos a quienes ellos llaman criminales de guerra, obedeciendo a una política de eliminación de testigos de lo que han sido las últimas matanzas llevadas a cabo por los principales países miembros de la OTAN. Mientras han seguido hablando del genocidio de los serbios de cara a la galería hasta hacerlo creíble, han tenido que revisar continuamente todas las cifras y datos que sus mentiras habían elaborado. Pero hay actuaciones que reconocieron sin pestañear, y que no han merecido ni investigación ni condena por parte de ese teatro al que llaman Tribunal Penal Internacional para la exYugoslavia. Es necesario recordar, que en abril de 1999 los aviones de la OTAN bombardearon las instalaciones de radio y televisión serbias, asesinando a 19 personas que se hallaban trabajando. Puentes, carreteras, vías férreas, empresas de automóviles como la de Zastava, guarderías y fábricas, fueron otros de sus objetivos, respetando, eso sí, escrupulosamente cualquiera de las instalaciones que las empresas occidentales tenían en territorio serbio. Carla del Ponte asegura que no hay motivo para abrir un proceso a los responsables de la OTAN, y Wesley Clark, excomandante y responsable militar, dice que consultó a los abogados, que todo estaba en orden y que volvería a repetir todo cuanto hizo en esa guerra. Impresionante.
La aparición de detenidos ahorcados en las celdas de aquel Tribunal Internacional durante "apagones de luz", algo sobre lo que se ha echado tierra informativa inmediatamente, precedía al asesinato (a las cosas por su nombre) del propio Slobodan Milosevic. Mientras su defensa avisaba permanentemente de su hipertensión y su necesidad de tratamiento (llevaba más de 5 años detenido sin condena), se le impide la salida y se le suministra Rifampicina, un antibiótico que anula los efectos de la medicación para bajar la tensión, sin estar prescrito en ningún momento por los médicos. Su muerte se produjo un día después de que enviara una carta a la embajada rusa en Holanda en la que pedía ayuda y afirmaba que "un análisis había detectado en su sangre un poderoso medicamento que anulaba los efectos del tratamiento contra la hipertensión". Existe una denuncia por negligencia contra los servicios médicos de la que probablemente nunca volvamos a saber nada más.
Lejos de las caricaturas que nos presentan a diario de personajes como Milosevic, el verdadero crimen cometido por él en este caso, y por ende por toda Yugoslavia, fue no solicitar nunca la integración en la OTAN, la UE, la OSCE, etc.; el exigir una relación económica de iguales y no de subordinados; el mantener más del 75 por 100 de la economía en manos del Estado, cuando el tejido público es una especie en vías de extinción en todos los países occidentales; en alienar a su población con la Iglesia ortodoxa, el rival espiritual de los católicos (no olvidemos el papel de Roma en la lucha contra el "comunismo"); en definitiva, en no seguir el ritmo que marcan los poderes fácticos, algo que se ha repetido en numerosos países de la Europa del Este y de América Latina. La apuesta por un capitalismo de Estado más o menos social en el momento en que se encontraban fuertes no evitó que los ataques externos a su tipo de economía y la corrupción interna acabasen entregando a su población en manos de los carroñeros internacionales del capitalismo.
En otro orden de cosas, vuelve a sorprendernos la manera en que algunos arriman el ascua a su sardina. Se entiende el afán de algunos políticos vascos y catalanes, que no han perdido el tiempo y han ido corriendo a observar sobre el terreno el proceso de secesión de Montenegro por si encontrasen paralelismos con lo que ellos consideran "sus" pueblos, campos y ciudades. La comprensión nace de la suposición de que estos personajes son manifiestamente defensores de esta criminal democracia capitalista. Pero lo que no se podría entender, sino desde la óptica libertaria, es que en la prensa de la "izquierda" abertzale, concretamente el diario Gara del 27 de febrero, aparezca el titular: "Un modelo de secesión para la Europa del XXI". Según Iñaki Soto, licenciado en filosofía y al parecer asistente al referendum, todo es perfecto, un ejemplo a seguir. Llegan a afirmar que la UE pone trabas (¡!) y Solana es un inútil que se opone por su "nacionalismo españolista". Perfecto. No sé dónde encaja con este análisis que Solana hiciese firmar a las dos repúblicas en el año 2003 un documento en el que se recogía la celebración de este referéndum, o que cuatro días después del artículo de Gara (el 2 de marzo) elogiase al parlamento montenegrino y anunciase el "total respaldo de Europa" al resultado. Una vez más la condición de "socialistas" de la "izquierda abertzale" queda aparcada en favor de los "intereses nacionales", si es que no es mera propaganda y de "socialistas" tienen lo mismo que el PSOE.
Las conclusiones no pueden ser otras:
-Mucho distan los procesos electorales de reflejar la voluntad de los ciudadanos y muy poco la de sus dirigentes. La participación en los mismos siempre será ficticia, pues si el juego no finaliza con los objetivos planteados cambiarán las reglas o directamente se acabará el juego y caerán las bombas.
-Los asesinatos por parte del Poder de sus enemigos políticos o económicos no pueden dejar de denunciarse por más que estos personajes se alejen de nuestros objetivos anarquistas y por tanto revolucionarios. No podemos legitimar con nuestro silencio, y mucho menos con nuestra voz, aquellos métodos que utilizarían indudablemente con nosotros mismos si tuviesen la oportunidad.
-Los sentimientos nacionalistas se han convertido en un instrumento del Poder en todas las épocas y lugares para enfrentar a los seres humanos en contiendas fraticidas y estériles mientras avanzan en sus objetivos subyugadores de toda libertad. El pretendido derecho de autodeterminación de los pueblos se esgrime incluso como algo positivo cuando la única autodeterminación que para los anarquistas debe tener valor es la de las personas, derribando de una vez por todas las fronteras existentes en lugar de crear otras nuevas. Celebrar una nueva frontera equivaldría a celebrar nuevas cadenas y jamás deberíamos estar dispuestos a eso.

Julio Reyero subir


Joaquín Jordá: la genialidad impredecible

El pasado 24 de junio falleció de cáncer Joaquín Jordá, hombre vinculado al cine -aunque de manera intermitente, como veremos más tarde- pero de perfil heterodoxo, ya que también ejerció de profesor y traductor. Su trayectoria demuestra que, a pesar de los continuos lloros y peticiones de subvenciones de los profesionales de la industria cinematográfica de este país, es posible hacer un cine a contracorriente, sólido y reflexivo.
Jordá nació el año anterior al golpe fascista en Santa Coloma de Farners (Gerona). Hijo de un notario y jefe local de Falange que trató de inculcarle con nulo éxito su ideología, vivió su infancia durante los duros años cuarenta entre el rancio olor a sacristía y la lógica pero desgraciada enemistad de numerosos "hijos de rojos". Por oposición al ambiente familiar acabó acercándose al Partido Comunista de España, convirtiéndose en militante con solo 18 años. Al licenciarse en Derecho por la Universidad de Barcelona, ya era fundador de la célula antifascista en su facultad. Sin embargo, pronto olvidará su licenciatura y se trasladará a Madrid para ingresar en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, futura Escuela Oficial de Cine, junto a Román Gubern, y donde coincidirá con los que serán los principales impulsores del Nuevo Cine Español. Pronto se vinculará a la UNINCI, productora cercana al PCE, con la que verá la luz en 1960 su primer cortometraje: "Día de los muertos", codirigido y coescrito junto a Julián Marcos; las intenciones de la obra, rodada el día de los difuntos y mutilada por la censura, eran reflexionar sobre los negocios creados en torno a la muerte. Parece un tema que será recurrente en su obra, aunque él siempre afirmó que utilizaba la muerte como pretexto para hablar de la realidad que le interesaba. En el caso de este primer cortometraje, intentó también, sin éxito debido a la censura, recuperar la memoria de aquellos desaparecidos y olvidados que representaban a una España heterodoxa y a una historia alternativa a la de Isabel la Católica o El Cid Campeador.
Se puede decir de Jordá que desertó de Madrid y del llamado Nuevo Cine Español -cuya tendencia al neorrealismo será vista con desdén desde Barcelona, acusando de "mesetaria" a esa forma de hacer cine- para convertirse en miembro clave de la Escuela de Barcelona -con un afán más experimentalista y cosmopolita que sus colegas de Madrid-. Se trataba de una generación formada por una serie de personajes "progres" -la "gauche divine", se dieron en llamar-, fascinados por la Nouvelle Vague francesa y cuya importancia e impronta todavía está por analizar -el propio Jordá reflexionará sobre ello en una de sus escasas películas de ficción: "El encargo del cazador"-, pero que dieron lugar a unas cuantas buenas películas. El propio Jordá hizo una especie de declaración de principios que trataba de situar la Escuela y entre cuyos puntos se encontraban los siguientes: autofinanciación y sistema cooperativo de producción, trabajo en equipo con un intercambio constante de funciones, preocupación formal en cuanto a estructura de imagen y de narración, carácter experimental y vanguardista, subjetividad temática, producción realizada de espaldas a la distribución... A pesar del nombre que recibió la Escuela, nada más lejos en la intención de sus miembros que representar un cine catalán, dejando claro su afán cosmopolita y siendo por ello severamente criticados desde los sectores nacionalistas. La siguiente película como realizador de Jordá será quizás la más representativa de la Escuela de Barcelona: "Dante no es únicamente severo" (1967), concebida como una serie de episodios dirigidos por diferentes integrantes de la Escuela y quedando finalmente la cosa reducida a dos nombres, el de Jordá y el de Jacinto Esteva. Se trataba de una apuesta radical, en la que primaba -atendiendo a uno de los "dogmas" de la Escuela- la búsqueda de lo formal frente a cualquier lógica narrativa; las críticas fueron muy negativas, el público prácticamente la dio de lado y acabó convirtiéndose en una obra de culto, estandarte de la Escuela de Barcelona y referente para un nuevo y experimental tipo de cine. La otra realización de Jordá en esta época es "Maria Aurèlia Capmany parla d'un lloc entre els morts", mediometraje documental concebido para que la escritora hablara de su obra -y también de cierto personaje decimonónico que nunca existió, y que podría muy bien formar parte de la mística nacionalista por rellenar la historia con hechos falaces- y lograr así financiación para una futura adaptación que nunca vio la luz.
La Escuela de Barcelona nunca tuvo una gran éxito de público y solo logró ser rentable gracias a las numerosas subvenciones, logradas gracias a presupuestos declarados muy por encima de los reales. Tanta experimentación y simbolismo, terreno al que se llegó debido a negarse a mostrar una realidad maquillada tal y como pretendía la censura, les llevó a un callejón sin salida. Jordá, siendo consciente de que aquello se había convertido en un grupo de snobs que buscaban la admiración de los grupos más elitistas, decidió irse a Italia. Allí realizará varios trabajos producidos por la productora del Partido Comunista Italiano: "Portogallo, paese tranquilo" (1969), sobre el Movimiento para la Liberación de Angola; "Il perché del dissenso" (1969), acerca de una bomba colocada en Roma por un grupo ultraderechista; la radical propuesta "Liber Arce, liberarse" (1969), sobre la muerte de un estudiante en una manifestación a manos de la policía; "Lenin vivo" (1970), trabajo para conmemorar el centenario del dirigente soviético donde vivió la censura comunista. Su último trabajo en Italia fue su intervención en un documental, junto a otros realizadores, acerca de una huelga en la fábrica de automóviles de Alfa-Romeo. Esta época de autoexilio representa una parte de la obra de Jordá muy militante; como él mismo manifestará posteriormente, al servicio de alguien de manera deliberada, consciente y asumida, y cuyos resultados consideraba bastante flojos.
En 1973, está Jordá de vuelta a Barcelona y se vuelca en su faceta de escritor y traductor; actividad ésta última que le resulta muy satisfactoria a nivel creativo. En los años siguientes, son conocidas sus colaboraciones con Vicente Aranda, con el que se compenetra muy bien: "Cambio de sexo" (1977), "El Lute. Camina o revienta" (1987), "El Lute II. Mañana seré libre" (1988), "Los jinetes del alba" (serie televisiva de 1990), llegando hasta la reciente versión de "Carmen" (2003). Defenderá la actividad del guionista como espontánea y ajena a cualquier método o esquema, un trabajo exento de cualquier tentación literaria que sirve como punto de partida al ulterior trabajo de los técnicos y del director. Dará clases de guión en diversos centros, como la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y la prestigiosa Escuela de San Antonio de los Baños (Cuba). Otros guiones suyos destacados son: "La vieja música" (Mario Camus, 1987), "Golfo de Vizcaya" (Javier Rebollo, 1985), "Alma gitana" (Chus Gutiérrez, 1995) o "Pau y su hermano" (Marc Recha, 2001). De sus guiones de encargo, del que se encontraba más orgulloso era de "Blanca Madison" (Carlos Amil, 2000); sin embargo, los resultados trasladados a la pantalla, como ha ocurrido tantas veces partiendo de un buen guión, dejaban bastante que desear.
Se volverá a colocar detrás de las cámaras en 1979, año en el que realiza "Numax presenta..." Los trabajadores de dicha fábrica contrataron a Jordá para narrar su lucha por tomar el control de la producción, al declarar los dueños suspensión de pagos. El documental se desarrolla a través de las declaraciones de los protagonistas, en las que narran los diversos estadios de los acontecimientos: explotación por parte de los patronos, toma de conciencia, diversos triunfos en su camino a la autogestión, enfrentamientos entre los trabajadores a la hora de establecer las nuevas relaciones laborales. Se alternan diversas dramatizaciones de los hechos ocurridos por parte de los trabajadores, y la escenificación de los manejos de la patronal realizada por la compañía teatral de Mario Gas.
Hasta 1990 no volverá a dirigir otra película, se trata de "El encargo del cazador". A partir de una propuesta de la hija del fallecido Jacinto Esteva sobre material filmado por su padre en África, Jordá elaborará un retrato del cineasta en base a las declaraciones de diversos miembros de la "gauche divine" y de la Escuela de Barcelona, por lo que la obra se convertirá finalmente en reflejo de toda una generación a partir de quien fue una de sus figuras más representativas. TVE y el ICC se implicaron en su financiación y acabaron imponiendo una serie de cortes que afectaron gravemente al conjunto. Jordá comentará posteriormente que la preparación y el montaje de la obra le resultó duro y le removió bastantes cosas, ya que hacía tiempo que no veía a Esteva y que estaba desvinculado de aquella etapa de su vida.
En 1996, Jordá realizará por fin una obra de ficción al uso, una autodenominado "thriller rural", de género puro y duro -aunque, seguramente, habrá quien me rebata ferozmente este punto hablando de un realizador como Jordá-. Se trata de la muy interesante "Un cos al bosc" ("Un cuerpo en el bosque"): el cadáver de Montse, una joven con mala fama debido a su actitud libertina en la localidad gerundense donde vivía, aparece en el bosque. A partir de este hecho -que al final tendrá un giro argumentístico muy logrado en un guión gratamente complejo-, Jordá hará una disección implacable del ambiente provinciano catalán y servirá de eficaz metáfora de un nacionalismo que posee diversas caras y ninguna amable; el propio director hará un divertido cameo como el independentista y culé dueño de un restaurante, dando la bienvenida al personaje interpretado por Rosy de Palma, teniente de la Guardia Civil ("una representante de las fuerzas de ocupación", sic). En el terrible juego que plantea la película solo pierden los que están abajo en un sociedad corrupta y jerarquizada; podía haber tenido la tentación Jordá de otorgar un victoria, cuando menos efímera, a los débiles, pero contemplaremos finalmente cómo las cosas cambian para que todo siga igual, y los fuertes sigan ejerciendo sus manejos de poder.
Los trabajos que Jordá realizó en los últimos diez años son tres impagables documentales que cuestionan las premisas sobre las que se sustenta nuestra sociedad: "Mones com la Becky" ("Monos como Becky", 1999), "De nens" (2002) y "Veinte años no es nada" (2004). Poco antes de realizar "Monos como Becky", Jordá sufrió un infarto cerebral que le supuso ciertas dificultades de percepción pero que no impidió que siguiera dirigiendo y analizara, acorde con sus circunstancias, la complejidad de la mente humana. El documental traslada a la pantalla la vida de Egas Moniz, premio Nobel portugués, incluido un atentado perpetrado contra él por uno de sus pacientes. Una serie de expertos, sociólogos y científicos, manifiestan opiniones que cuestionan el concepto de normalidad y convierten en difusa la frontera entre locura y cordura. No le interesa a Jordá, o lo trata muy secundariamente, el punto de vista de la institución psiquiátrica, que considera el de la normalidad y que le parece de una pretensión y vanidad inconcebibles
Este último concepto, el de lo que la sociedad considera normal -esta vez tocando un tema tan delicado como el de la pederastia-, también está presente en "De nens", que parte de un libro de Arcadi Espada sobre un caso de abuso de niños en el barrio barcelonés del Raval. Jordá intenta demostrar, colocando una cámara dentro del juicio a los acusados, que la condena estaba decidida de antemano con pruebas de dudosa veracidad. Era necesaria una reforma del barrio -mísero y marginal donde los haya- de cara a la nueva Barcelona olímpica, y dicho caso y la demonización de los acusados formaban parte del plan para ello. El documental aporta múltiples puntos de vista y muestra a una prensa que ya había dado a la opinión pública una imagen de culpabilidad de los acusados. Si anteriormente Jordá utilizó representaciones para introducir puntos de vista, en esta ocasión las canciones del polémico y genial Albert Plá tienen un similar cometido.
"Veinte años no es nada" es la continuación -cuya realización ya intentó Jordá años antes- de "Numax presenta..." y muestra qué fue de sus personajes, los cuales habían jurado no volver a trabajar para un patrón. La mayoría cumplió su promesa, pero lo que está presente en todos ellos es un sentimiento de haber sido traicionados por una democracia que ayudaron a traer a este país. Una nueva fiesta de reencuentro reúne a los desencantados protagonistas de aquella experiencia autogestionaria -y de nuevo Jordá, como en otras de sus obras, se mezcla con los protagonistas y aporta su propio punto de vista- que, sin embargo, mantienen una actitud personal rebelde y vitalista frente al enterramiento que la Transición hizo con las numerosas esperanzas que los colectivos sociales y la clase trabajadora había puesto en ella.
Tenía Jordá, quizá, dos facetas como cineasta: la de hombre vinculado a la industria y ajustado a sus esquemas, como guionista -aunque habría que diferenciar los casos en que trabajaba para un determinado director-; y la de realizador, absolutamente independiente de los caminos habituales del cine español. Paradójicamente, a pesar de su faceta como escritor de cine, Jordá rechazaba la estructura tradicional que trata de trasladar el guión a imágenes, y lo defendía únicamente como un punto de partida o una manera de reorientarse en pleno rodaje. El importante trabajo como profesor de Jordá -y que puede decirse, aunque él lo negaría, que creó una escuela- él lo definía como un intercambio que trataba de aportar a los alumnos conversación, discusión, valoración, análisis..., y lejos estaba el tratar de imponerles un método de trabajo que probablemente él tampoco tenía. Consideraba que las fronteras entre producciones de ficción y documentales eran intercambiables, y la evolución del cine en los últimos años parece darle la razón; consideraba que esta situación renovada, donde los géneros se contaminaban unos de otros, era debida a que la televisión había destruido el buen cine, banalizando la narración, utilizando ideas preconcebidas y estructuras muy parecidas.
El desaparecido cineasta gerundense ha legado la Fundación Quico Sabaté, en su localidad natal de Santa Coloma de Farners, concebida para la realización de producciones cinematográficas de carácter antiautoritario y que también albergará todo los materiales y libros de Jordá. Según sus propias palabras, el propósito central de la Fundación será el de las no fronteras, con tres aspectos fundamentales: discusión, didáctica y exhibición. Como anécdota, cuando fue a explicar el proyecto al alcalde de Santa Coloma, éste le propuso poner a la Fundación el nombre de su padre -recordemos que fue un jefe local falangista con el que Jordá no se llevaba bien-. Finalmente, consiguió que el proyecto lleve el nombre del legendario guerrillero anarquista. Nos ha dejado un gran cineasta, pero estoy seguro de que el testigo sera cogido por una generación de nuevos realizadores con mucho que aportar.

Capi Vidal Subir


Oriente Próximo y sus crímenes

Asistimos a la enésima crisis de Oriente Próximo. Ofensiva tras ofensiva, ataque tras ataque, reacción tras reacción, solo hay un resultado final: la muerte de inocentes, de civiles, de niños que apenas han aprendido a andar, por el capricho de unos gobernantes y de las plutocracias capitalistas. Más rencor y más odio para una zona que lleva décadas desangrándose, donde el extremismo religioso tiene un caldo de cultivo idóneo y donde ya nadie sabe dónde esta el punto de inflexión para conseguir una salida coherente y justa.
El secuestro de soldados israelíes fue en este caso la mecha que encendió la llama. Desde la victoria de Hamás en Palestina la cuerda se fue tensando hasta puntos insospechados, y basta que le metas un poco el dedo en el ojo a Israel para que haya una reacción, que Hamás y Hezbolá en Líbano llevaban buscando desde hace mucho tiempo.
El horror de ver todos los días en la prensa internacional a niños muertos, ciudades arrasadas, infraestructuras bombardeadas por las dos partes da mucho que pensar.
No nos equivoquemos, esto no es un conflicto entre judíos y árabes, sino un conflicto de intereses económicos y políticos con interferencia religiosa, que está desangrando a la población de Israel, Líbano y Palestina. No se puede ser baladí y hablar de judíos engrosando a todos en un saco, ni hablar de árabes en la misma línea.
El Estado de Israel y su ejército son garantes de lo que todos los Estados y ejércitos han realizado a lo largo de la historia: Matar, asesinar, perseguir y vilipendiar. La población de Israel está cansada de las políticas llevadas a cabo por unos gobernantes y una ideología que desde 1948 tiene conflictos con todos los vecinos de la zona. En Israel hay mucha gente que quiere vivir en paz, que quiere respirar y quiere convivir. Que está cansada de que una vez cada año sea llamada a filas para defender una causa que no es la suya. Esperazandores son los movimientos que desde hace tiempo se vienen desarrollando en la zona, donde dentro del propio ejercito se están negando a bombardear territorios palestinos. Donde la insumisión crece día tras día. Donde hay multitud de movimientos heterogéneos que están buscando otras vías, otras ideas y otros propósitos para vivir. Entre ellos los anarquistas.
Pero en la otra parte encontramos también grupos que no quieren, al igual que el Estado de Israel y su ejército, vivir en paz. Porque los propósitos de esos grupos son los mismos: el poder estatal y el control militar para poder campar a sus anchas y poder matar con toda la "legitimidad" del mundo. No olvidemos de dónde proceden Hamás y Hezbolá (El Partido de Dios), enemigos acérrimos de las ideas de libertad y progreso que todo anarquista defiende. No olvidemos qué tipo de sociedad, por el contrario, defiende esta gente.
Desde luego que los anarquistas estamos con los débiles. ¿Pero quienes son los débiles? Los civiles. Aunque la correlación sea de 10 a 2, tan víctima inocente son los libaneses de Beirut y el sur del país asesinados por los bombardeos de ejército israelí, que como todos habla de "daños colaterales", como la víctimas de Matula y Haifa que ya han fallecido por los lanzamiento de kathiusas por Hezbolá.
Desde luego si la solución la quieren encontrar tanto en los representantes criminales de Israel como en los criminales grupos de Hamas y Hezbolá, mal iría una paz para la zona. Surgirá siempre todo lo contrario. Hace poco escuché de boca de un representante de la comunidad árabe que la única solución era lanzar a los judíos al mar. Tenemos suerte de que no todos los árabes sean tan fanáticos como tal representante. Lo mismo que no se puede ser tendencioso. No existe ningún ejercito judío ni ejercito árabe. El ejercito es israelí, porque pertenece al Estado de Israel y allí hay judíos y no judíos. Lo mismo que las autoridades de Israel tiene que dejar de decir que todo aquel que critique las acciones del Estado de Israel es automáticamente un antisemita. Alemán no es lo mismo que nazi, judío no es lo mismo que defensor del Estado de Israel, árabe no es defensor de Hezbolá o Hamás. Aunque lo que sí es verdad es que cierta propaganda de algunos grupos de izquierda tienen un aire antisemita, tan incoherente como innecesario.
Otra cosa indiscutible es la parsimonia de la comunidad internacional. EE UU sabemos bien dónde está y cuáles son sus objetivos. El control económico en la zona lo busca desde hace décadas, y por ello ha montado sus guerritas y masacres como la más reciente de Iraq, que no sabemos dónde va, y la que prepara contra Irán o Siria. La tan cacareada Unión Europea vuelve a mostrarse como indolente y la ONU como un cadáver viviente. Mientras tanto los civiles, el pueblo de Israel, de Líbano y de Palestina se desangra, es sacrificado por intereses económicos, políticos y fanatismo religioso. Por ambas partes la población es utilizada como escudo.
Eso sí, mientras esto ocurre el fanatismo va calando más en la población, acercándose a vías sin salida. La influencia del sionismo más extremista y del islamismo más radical crece día a día.
Creo que es misión del movimiento anarquista internacional ofrecer análisis concienzudos, hacer avanzar un movimiento y unas ideas que ya se ofrecen como la única solución a tanta miseria y barbarie. La anarquía tiene que ser la referencia y la solución a los conflictos. Ella es la única esperanza.

Shlomo Vlasov Subir


Documentales y resistencia global

Los medios de comunicación de masas denotan una gran carencia: no informan de lo realmente trascendente, se quedan en lo especulativo y superfluo pero también callan y guardan silencio sepulcral cuando de denuncias se trata. Y es que detrás de tantas injusticias, sobre todo en Sudamérica, se esconden los intereses de grandes empresas trasnacionales que, desde una perspectiva neoliberal y acorde con la globalización, monopolizan sus intereses destruyendo cualquier forma de vida y heterogeneidad cultural, en un vapuleo donde no interesa el derecho a la vivienda, a la salud, a la alimentación ni mucho menos a elegir cómo vivir. Frente a esto el vídeo surge, primero, como medio democratizador, de fácil acceso y autonomía frente a otros medios masivos, y segundo, como una eficaz herramienta de denuncia concientizadora.

Apuntes sobre el documental social
A finales de los sesenta, y en estrecha relación con la contracultura y las vanguardias artísticas, surgen en Nueva York una serie de grupos críticos en torno al vídeo y la producción de documentales. Aquellos actuarán sobre todo en relación a comunidades muy determinadas: minorías étnicas y grupos radicales ligados a aquellas (indios, chicanos, Black Panthers, Young Lords). Conocidos como video-freaks, muchos de estos cineastas se convierten en nómadas críticos de la sociedad. Simultáneamente aparecen grupos de cineastas en Londres, en Alemania y en Francia con las mismas características. Michael Shamberg denomina Guerrilla Televisión a un grupo de cineastas radicales norteamericanos que proponían que el vídeo podía aportar diversificación, complejidad, simbiosis, descentralización y heterogeneidad. Contraculturales por excelencia, no sólo se dedicaban al proselitismo panfletario sino que se fascinaban por el nuevo medio, abarcando diferentes experiencias, técnicas y estrategias que cotejaban con una premeditada visión estética. Estos cineastas y sus propuestas de documental influyeron notablemente en la década de los ochenta, pero sobre todo se buscaron nuevos canales de expresión a finales de la década de los noventa con las protestas antiglobalización. Con nuevas problemáticas sociales y frente a la prepotencia de la globalización surgieron interesantes proyectos de vídeo como los neoyorquinos de Action Global Project o Undercurrents. The alternative news video, con un trabajo coordinado entre activistas de EE UU e Inglaterra. Muchos de estos movimientos se encuentran ligados, también, a los sectores que protestan contra la guerra y contra el régimen de George Bush. Justamente, un severo crítico del presidente de los EE UU es el cineasta Michael Moore, quien ha utilizado el trabajo de vídeo documental para lanzar sendas diatribas o para hacer análisis de situaciones conflictivas a nivel mundial.
En Vídeo Guerrilla también tenemos a un renombrado exponente, Pino Solanas, quien fundó los primeros movimientos en la década de los sesenta en Argentina, contra la hegemonía Hollywoodense cuando en Latinoamérica en general, se encontraba afligida por gran inestabilidad social y política. Se había desarrollado un gran movimiento de oposición en contra de la dictadura militar de entonces, y su documental La hora de los hornos, por mencionar alguno, fue un vivo reflejo y buena crítica de ese proceso. En los últimos años, el "cine piquetero" emergió del proceso histórico del levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, que tuvo inicio con los primeros piquetes y que "fermentó" durante diez años, luchando en defensa de los intereses de los trabajadores en Argentina y actualmente se puede apreciar en la nueva generación de realizadores y grupos, una reivindicación del vídeo de los setenta. Decenas de grupos y realizadores están llevando adelante un vídeo de resistencia producido en Latinoamérica. "El Video Popular" se interesa de los problemas del pueblo y busca una identidad cultural, este término se usa mucho desde el setenta en Perú y Bolivia; como ejemplo tenemos a los documentalistas del Cuzco y sus temáticas sobre campesinos y populismo urbano, luchas campesinas contra generales y terratenientes; esta organización llamada "Sin Amos" llevaba a cabo documentales que llegaron a ser mucho más que simple proselitismo de carácter institucional, cuando todavía se vivía bajo el control y censura de Medios de Comunicación Social, represivo de la expresión libre de ideas críticas, sobre todo durante los años 1973-1980 (gobierno militar de Velasco Alvarado), así como también experiencias llevadas a cabo en los regímenes de México, Bolivia, Ecuador Chile, Brasil, Uruguay y Argentina. En los años noventa se hizo uso del vídeo en forma oculta y represiva por parte de los organismos de seguridad de los nuevos gobiernos y, con el pasar de los años, en la actualidad vemos que todavía pueden ser un medio de participación y denuncia de los diferentes actores y sectores sociales, una herramienta autónoma y que experimenta la construcción de redes de contra-información y democratización de la información. En Latinoamérica, productoras audiovisuales independientes dentro de las comunidades indígenas, organizaciones de resistencia ambiental y a las transnacionales, Activistas del Vídeo Social son algunos ejemplos claros de que el vídeo social es un movimiento de lucha presente.

Globalización y neoliberalismo
La globalización es una etapa expansiva del capitalismo que comienza -como proceso- tras la Segunda Guerra Mundial con la creación de estructuras políticas especializadas (FMI, BM, OMC, etc.) y que se reafirma como política económica en los años ochenta con el triunfo de los gobiernos neoliberales en EE UU y Gran Bretaña (Reagan y Tatcher), la crisis de la deuda externa en el Tercer Mundo (1982) y la caída del Muro de Berlín (1989). El paradigma actual de la globalización es la transnacionalización de las empresas, es decir, que cuando ya está saturado el mercado de una nación no hay límites ni fronteras para (hacer) operaciones mercantiles en otros países. Existen tres grandes bloques capitalistas: EE UU, Japón y la Unión Europea pero EE UU se muestra como el principal impulsor y beneficiario de la globalización económica (imperialismo). El capitalismo en su forma histórica se apoya en una ideología propia: el liberalismo. El liberalismo sostiene que los derechos de los individuos tienen prioridad por encima de la soberanía del pueblo, ninguna decisión de la sociedad podría ir en contra de ellos. Y hablando concretamente de la globalización, ésta se apoya en el neoliberalismo como ideología o modo de pensar las relaciones económicas y la organización social excluyendo otras alternativas.
Se conoce como "pensamiento único" a la hegemonía de la globalización económica como pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas; esto supone que lo económico estaría por encima de lo político, es decir, que un reducido grupo de trasnacionales podrían definir el rumbo de la economía mundial a través del Mercado, las privatizaciones y otros conceptos-clave como el libre cambio, la mundialización, la moneda fuerte, etc. Esta política económica de pensamiento único no reconoce heterogeneidad cultural, ni diversidad, ni real valor de la alteridad (los otros y cómo los vemos).
Por ejemplo, en Latinoamérica los efectos son altamente nocivos: las privatizaciones generan despidos a gran escala; campesinos e indígenas son despojados de sus territorios ancestrales por empresas transnacionales; alimentos y productos naturales que, no sólo han servido de alimentación, sino que han formado parte de la cultura y la espiritualidad de los pueblos, son sometidos a regímenes de libre mercado, nativos pertenecientes a otra cultura y con una cosmovisión del mundo diferente obligados a incorporar en sí mismos la totalidad de la cultura hegemónica, etc.
Para el sociólogo y conocedor de los medios de comunicación social Raymond Williams, la comunicación conlleva un rol importante. A finales de los sesenta, no admitía la posibilidad de relegarla a un segundo plano. Él manifestaba que existía un abuso evidente de la gran mayoría de los medios de comunicación para el control político o para lograr ganancias comerciales. En la actualidad, y con la globalización como fondo, sus intuiciones han prevalecido, pues los medios de comunicación han adquirido una dimensión empresarial y económica que sustentaría la ideología dominante corriendo alguna "tupida cortina de humo" o promoviendo los valores del capital cuando se requiere; esto implica la configuración de un nuevo poder que trasciende las estructuras estatales para convertirse en uno de los poderes, en palabras de Ignacio Ramonet, "más potentes y terribles". Un ejemplo conocido es cómo cadenas televisivas al servicio de EE UU, y en especial la CNN, desinformaron con imágenes y noticias parcializadas en relación a la guerra en Iraq; de lo que se trataba era de legitimar un feroz bombardeo a civiles (niños y ancianos) o tapar la política norteamericana en busca de controlar el petróleo de la zona. En este caso, como en muchos más, se puede apreciar la influencia clara de varias empresas transnacionales que apoyaban la política de Bush y al gobierno de los EE UU. En Latinoamérica, por ejemplo, con el interés de grandes empresas multinacionales y con una política de privatizaciones y "pensamiento único" se dan casos donde una sociedad específica se ve afectada, existen protestas y resistencias, pero la gran mayoría de medios de comunicación social (radio, televisión, prensa, etc.) callan al respecto.

La resistencia del vídeo
Frente a la perspectiva de medios masivos de comunicación que poco informan, sino más bien desinforman, deformando la realidad y sus situaciones a conveniencia de las grandes empresas o del mismo Estado, el vídeo surge como una propuesta sincera y autónoma (de fácil acceso y con una horizontalidad participativa). Desde un punto de vista histórico, el vídeo no sólo fue capaz de revolucionar la industria de la televisión y el cine, sino que ha permitido -como vídeo- la democratización de su uso, y -como documental- ampliar la mirada en torno a la realidad, acrecentando los enfoques y multiplicando la posibilidad de reproducir imágenes. El documentalista chileno Hernán Dinamarca en El vídeo en América Latina: actor innovador del espacio audiovisual dice: "Las organizaciones sociales y muchos comunicadores ven en el vídeo el tiempo nuevo de una comunicación audiovisual por fin participativa y horizontal, el mejor nuevo hecho tecnológico capaz de gestar renovadas formas de comunicación en los sectores populares". Los medios masivos de comunicación están inscritos en una lógica capitalista que homogeniza, simplifica, despoja de lo plural y que se presenta como "moneda única" a los ojos del espectador o mero receptor de imagen-discurso. La misma identidad cultural de los pueblos, de los individuos, se pierde dentro del modelo capital. El vídeo, entonces, intenta recuperar aquella identidad, esa memoria perdida entre tanto monocultivo estrecho. Puede producirse, por esto, una certera toma de conciencia frente a los problemas cotidianos que aquejan a los que "gozan" de desinformación total o los que aún siguen bajo los efectos de otros medios. El vídeo documental social como alternativa se enfrenta a los medios de comunicación social no sólo demostrando que todos tenemos derecho a informar (pero de una manera honesta y sincera) sobre nuestra realidad y que otros nos informen de la suya, sino también confrontando y rechazando el orden que mantienen los medios de comunicación oficiales o aliados y legitimadores del poder imperante.
Desde sus orígenes, el documental aparece como opuesto a la ficción y surge con el cine mismo, con el invento del cinematógrafo por L. Lumiere: él fue también el creador de la película documental (la salida de los obreros de la fábrica, la llegada de un tren a la estación). Lumiere rechazaba el teatro como modelo de las películas en movimiento. Le interesaba mostrar un panorama de la vida francesa sin actores. Desde sus inicios, el documental consistió, entonces, en registros de carácter social. Los problemas fundamentales del hombre fueron la esencia del cine, y sin embargo fueron posteriormente marginados. Pino Solanas nos dice al respecto: "frente al cine de gran espectáculo enraizado en los grandes medios productivos de que dispone, hay que oponerle el gran espectáculo del hombre (...); un cine de medios productivos pobres, pero más veraz, más humano". El documental social establece una representación de cuestiones sobre la cultura, indagando en las relaciones humanas y, sobre todo, en los procesos sociales. Lo que define al documental es, fundamentalmente, la postura del realizador: considerarse un igual a quien está siendo filmado, un trabajo no "sobre" el Otro sino "junto con" el Otro, filmar porque se está involucrado con aquello que está sucediendo, documentalistas implicados en esas historias de tal manera que el afuera y el adentro se van entrelazando en una relación de continuidad. Estas realizaciones documentales conjugan entonces investigación social con lenguaje audiovisual. En relación con los otros géneros de cine y vídeo, el documental, al estar anclado en mayor medida con la realidad que pretende reflejar y representar, posee la capacidad de mostrar, y aun de reivindicar, reclamar, denunciar y educar de una manera más directa. En este sentido, considero que es posible que sea esta característica del documentalismo la que permite que sea utilizado como una herramienta de transformación social -y por ende concientizadora- y no sólo como práctica estética, periodística o de investigación social.

Sandra Muñoz
(Desobediencia)
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Poesía y revolución: la subversión poética

La insuficiencia del vivir y la miserabilidad del mundo son cada vez más palpables, a tal punto que se pueden percibir en cualquier esfera de nuestra vida cotidiana, sin que resulte necesario realizar un análisis geopolítico o económico. En realidad, basta decir que la sociedad ha subordinado el individuo a sus necesidades, cuando la lógica de la felicidad quiere que la asociación humana sea una herramienta de los individuos, no un ente superior que los desprenda de su tiempo, de su idiosincrasia y de su esencia soportable. Ante esta situación, surge un antagonismo entre los amantes de la vida, y las circunstancias, representadas por la explotación del patrón sobre el trabajador y la Tierra y del hombre sobre la mujer, así como mantenidas por un espectáculo que socava la revuelta e imposibilita la organización de los oprimidos. Mi objetivo en este breve apunte es presentar las pautas que, a mi juicio, ha de seguir la poesía para sobreponerse a dicho espectáculo y, de este modo, desempeñar el rol transformador que de ella esperamos en esta confrontación existencial. Si, como lo pretende Bertolt Brecht, "el arte no debe ser un espejo que refleje la realidad, sino un martillo que le dé forma", debemos invertir un determinado tiempo de nuestra lucha en estudiar la efectividad de los distintos martillazos posibles.
Las corrientes de vanguardia ya analizaron esta cuestión, y de manera muy destacable en el caso del surrealismo y del movimiento situacionista. Paul Nougé escribe en La acción inmediata: "Se suele conceder, en los medios revolucionarios, una gran importancia a la poesía y la literatura proletarias. Esta aceptación es cuando menos prematura. Nosotros no podemos creer en su existencia en una sociedad capitalista que ha conservado hasta el presente el monopolio del conocimiento y la cultura. La poesía y la literatura proletarias, o mejor dicho los productos que tienen lugar anticipativamente, son rutinas de vida de un cierto espíritu obrerista, descripciones de escenas de miseria y revueltas. Nuestra mayor confianza en medios poéticos como los que encontramos en las obras de Lautréamont y Rimbaud, por ejemplo, y como los que venimos usando desde hace algún tiempo, se justifica por los efectos profundos que hemos podido constatar en personas poco fáciles de seducir. Estas personas han alcanzado una conciencia mucho más eficaz de las necesidades revolucionarias que con aquellas lecturas pequeño-burguesas que suelen conmover, sin más, con la lectura de páginas que describen el trabajo penoso de un botafuego o los peligros y accidentes de la mina. Pongámonos entonces a abrir todas las puertas a la poesía perturbadora que nos esforzamos en sostener en esta hora del fin del mundo."
Un buen poema es como el columpio, el porrazo y la savia de arce al mismo tiempo: marea, golpea y modifica la percepción de la realidad en una superación de la misma. No sirven esas sensibilizaciones pequeño-burguesas de las que nos habla el autor surrealista y que tanto gustaban al constructivismo ruso, pues buscan despertar la conciencia del lector, es decir, modificar su percepción de la realidad, sin pasar por las etapas previas e indispensables, el vértigo y el golpe, que han de generar ese inconformismo originario del anhelo más o menos profundo de otra realidad. De la intensidad del vértigo y el impacto provocados por el poema depende la intensidad del inconformismo que se desprenderá como un corolario. Educado en una sociedad que anestesia respecto a la miseria y fomenta la vertiente insolidaria y hedonista del interés, existente en el ser humano bajo la forma "egoísta" y la "altruista", el único modo de abrumar al consumidor de poesía es haciendo un llamamiento a sus sentidos evidenciando lo limitados que éstos se encuentran bajo el yugo del taylorismo. En otras palabras, se trata de que el receptor del poema sienta que su placer está incompleto, que sólo es una décima parte de lo que podría llegar a ser en un marco social anárquico. Y la poesía es un género adecuado para este fin en tanto que el desfase entre significado y significante hace de ella una experiencia que obliga a una constante reconstrucción interpretativa del texto; en tanto que el receptor no es un espectador que ve desfilar una serie de ideas y emociones, sino un actor que las reproduce una a una en el escenario de su mente. Esto es lo que yo conozco como subversión poética.
Comúnmente, se comete el error de disociar la denunciación de dicha subversión poética, como si ésta última equivaliese al "arte por el arte" de los parnasianos. Sucede que la subversión poética supera la crítica convencional al no desenmascarar hechos concretos, sino la insuficiencia del vivir de la que hablaba en mi primer párrafo, y esto hace que parezca poco comprometida a ojos de quienes solamente ven miseria en el kwashiorkor* o en la represión sindical. Así, ella considera que la retórica de la angustia o del lamento son formas de crítica tanto o más válidas que el ensayo o la victimización. Mas ella no se conforma con conmover, sino que trata de instaurar el malestar en las conciencias en aras de desencadenar el inconformismo y la desobediencia. Ella tampoco acepta el espectáculo, al considerarlo alienante, así que rehúye las formas poéticas puestas al servicio de la risa vacía o del vértigo no continuado con el golpe y la toma de conciencia, aquello que algunos llaman, no exentos de orgullo, "despertar una emoción en el espectador". Encontramos subversión poética, por ejemplo, en ese Charles Baudelaire que arremete contra la moral cristiana y el tedio, asociado a la monstruosidad, y hace ver a sus lectores que el problema de la vida se extiende más allá de las fábricas nacientes en el siglo XIX mediante el "rechazo radical a la miseria" del que nos habla Raoul Vaneigem; o en la necesidad de libertad que se percibe en los innumerables desnudos pintados en el franquismo.
Otro error en el que se cae muy a menudo es el de condenar toda aquella poesía que no sea estrictamente proletaria, en un maniqueísmo simplista e injusto que me recuerda a la Gloria Fuertes de No perdamos el tiempo, quien etiqueta de intimista toda aquella poesía que no versifique la pobreza, no siendo capaz de concebir que pueda convertirse en un elemento de comprensión de la realidad, como plantean con acierto los poetas del Hermetismo. Si bien esta poesía analítica no transforma directamente la realidad, sí subvierte el sistema de creencias del receptor y, además, se engloba en un proyecto humanista de aprendizaje universal que ha de emancipar al ser humano, y acaso a todos los animales, liberándolo de su ignorancia. Y es, en este sentido, más peligrosa que ese registro patético que inunda toda la literatura proletaria con la pretensión absurda de ser un "arma cargada de futuro expansivo", retomando las palabras de Gabriel Celaya.
Llegados a este punto, no podemos sino aceptar que los antiguos métodos diseñados para transformar la realidad mediante el acto poético han quedado obsoletos, por mucho que intenten perpetuarse generando, quizá con gran inocencia, insultantes maniqueísmos que, en lugar de emocionarse, la muchedumbre ríe ante el joven que sostiene un boicot a las multinacionales. Anticuada o, mejor dicho, absorbida por la estética burguesa, la poesía proletaria es superada por la subversión poética, que consiste en despertar la rebelión del receptor a través de una reconstrucción individual del poema en la que éste descubre por sí mismo la limitación de su sistema sensorial y, por ende, la insuficiencia y la miserabilidad de su cotidianidad. Para conseguir esto, el poeta opta por una de las posibilidades siguientes: la prospección seductora, la retórica del malestar o la interpretación poética de la realidad. Según pienso, es al perfeccionamiento de esta técnica concreta adonde han de ir encaminados los esfuerzos de los jóvenes poetas que deseen con sinceridad el hecho revolucionario.

* Kwashiorkor: enfermedad de malnutrición que afecta sobre todo a los niños africanos.

Guillermo Castellano Subir


Por un mundo nuevo

A lo largo de la historia y desde la adquisición de la conciencia, se ha podido observar que los seres humanos hemos buscado incansablemente un mundo mejor en el que no existieran todos aquellos problemas que nos han atormentado y que nosotros mismos, como dueños de nuestro propio destino, hemos creado. La desigualdad, el miedo, el sufrimiento, la maldad o la opresión, desgracias que surgieron de las actividades y la mente de las personas que más adelante las sufrieron en sus propias carnes o que condenaron a padecerlas a otras muchas, han dejado volar nuestra imaginación en virtud de acabar con ellas. Estos pensamientos, y la confianza en su veracidad, nos han dado la fuerza suficiente para luchar por conseguirlas, incluso dejando la vida en el intento.
En este sentido se puede decir que una característica unitaria de todas estas alternativas es el hecho de que, en la cabeza de todas aquellas personas, cualquier sistema propuesto, si fuera apoyado por todos los individuos que lo integran, sería un sistema perfecto. De esta forma algunos de esos pensamientos, como pueden ser la religión, el capitalismo o el anarquismo, serían tan válidos unos comos otros siempre que todos aceptáramos sus principios y asumiéramos nuestro papel en dicha sociedad. Por ejemplo, una sociedad cristiana funcionaría perfectamente si todos sus integrantes basaran su existencia en la sumisión a un dios, en la jerarquización, en el castigo al incumplimiento de sus leyes divinas y sobre todo en la esperanza de ver recompensada su sumisión con una vida eterna en el cielo; o una sociedad clasista se podría considerar como exitosa si en ella se conviviera a partir de la aceptación de que cada persona pertenece a una clase social de la que no puede renegar y a la que van asociadas una serie de características que se deben afrontar y sufrir.
En el tema de los principios, tanto unas ideologías como otras, ya no sólo políticas sino también sociales y morales, se podrían designar como similares, en el sentido de que todas se basan en la necesidad de la globalización de unos pensamientos para convertirlas en útiles y en que todas se basan en concepciones humanas (distintas entre sí, pero siempre humanas y sociales). Los medios aceptados por todas estas alternativas de vida son muy dispares y pueden ir desde la imposición fascista o la inhibición religiosa hasta la solidaridad y apoyo mutuo anarquistas. Y es en este apartado en el que podemos hablar de la excepcionalidad de la concepción libertaria, que en el caso de las bases es equivalente al resto de movimientos, pero que en el modo de alcanzar sus fines se aleja de la tónica general, el pensamiento único. El caso ácrata niega la imposición y se asienta en un pensamiento libre, creador, innovador y constructivo, capaz de avanzar en conjunto y en beneficio de la sociedad, gracias a las aportaciones de cada individuo, generadas desde la libertad y la razón.
Es por ello por lo que, mientras que el resto de filosofías aceptan una base teórica que deben asumir y tratan de avanzar a partir de ella, nuestro pensamiento nos permite cuestionar, modificar y decidir libremente nuestra propia concepción, haciéndola evolucionar a lo largo de su historia, tal y como han hecho hasta ahora nuestros compañeros.
Otra de las características que convierten al anarquismo en una excepción es la verdadera coherencia que existe entre sus medios y sus fines, relación que demuestra realmente la capacidad de un movimiento de ser llevado a la práctica. Casi la totalidad del resto de teorías han caído o acabarán cayendo en el error de que sus medios destruyan sus fines, en el error de ponerse la zancadilla a sí mismos. Parece evidente dicha afirmación en otras corrientes como el fascismo, cuyo fin es el progreso y el beneficio de un grupo de individuos de un color, un estado y una clase social concreta y que acaba atándoles junto al resto de individuos a unos medios que les impiden avanzar, condenándoles a vivir sumisos, callados y obedientes a una voluntad individual (dictador) o a una mayoritaria (democracia actual ); o en la religión, que mediante la aceptación de una moral ultraconservadora e impuesta hace siglos, que obliga a la creencia en una divinidad superior y a la total inhibición de cualquier conducta contraria a dicha moral, trate de encontrar un mundo celestial en el que sólo los verdaderos creyentes vivirán en libertad eternamente. ¿Es la imposición y la sumisión el mejor modo de encontrar el progreso y la libertad real? Desde nuestro punto de vista supone toda una contradicción.
Esta excepcionalidad libertaria no nos hace "inmunes" a caer en el mismo error que el resto de teorías, sólo nos aleja de cometerlo, pero, como ya hemos dicho, nuestro movimiento avanza gracias a las aportaciones de todos, por lo que la responsabilidad de progresar coherente y libremente hacia un mundo mejor recae en nuestras manos y en nuestros corazones.

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