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La vida de Johann Most

Nace el 5 de febrero de 1846 en Augsburgo (Alemania). Su padre, de vida aventurera y bohemia, trabajaba en la escribanía de un abogado y su madre era ama de casa, pero muy instruida y de ideas liberales.
En ese tiempo existía una ley que no permitía el matrimonio entre personas que no tuvieran suficientes recursos económicos, y los padres de Johann, al ser de extracción muy humilde tuvieron que esperar hasta 1848 para poder casarse legalmente y ya para entonces el niño contaba dos años de edad.
En su infancia tuvo especial importancia para su desarrollo espiritual el que en su casa hubiera un profundo desinterés y desdén por cualquier tipo de religión, y eso era una cosa inaudita en una región como Baviera y en aquellos años en que el tema religioso era considerado de la mayor importancia y practicado por la inmensa mayoría de la población. Most no tendría contacto con la religión hasta ir a la escuela.
Cuando tenía siete años, Johann sufrió un resfriado y como consecuencia le sobrevino un terrible hinchazón en la parte izquierda de la cara. El médico que lo atendió no acertó con la cura y el mal empeoró, lo que le llevó durante cinco años a ser examinado y tratado por infinidad de doctores, sin dar con la solución, hasta que en marzo de 1859 un médico, viendo la gravedad del asunto, propuso someterlo a una intervención quirúrgica que cortando y extirpando parte del hueso desde la sien hasta la mandíbula pudiera evitarse la progresiva degradación y muerte del niño. La operación le salvó la vida pero le produjo la mutilación de la parte izquierda de la cara, lo que le traería inconvenientes en la vida, y en parte pudo ser subsanada cuando consiguió ocultar su defecto con la barba.
En 1856 murió su madre por una epidemia de cólera y con ella sus dos abuelos y una hermana. Al año siguiente su padre se vuelve a casar y la madrastra, de carácter verdaderamente maligno, hace la vida imposible a Johann y al resto de hermanos, haciéndolos trabajar sin descanso, sin permiso para ningún juego y esparcimiento, y privándoles del suficiente descanso y alimento. El padre, teniendo que trabajar durante muchas horas, apenas está en casa y en consecuencia no puede oponerse a este trato con sus hijos. Johann tratará de huir varias veces de casa por no poder sufrir todo esto, pero siempre será devuelto por la policía.
Most en sus fragmentarias memorias recuerda su paso por la escuela, no guarda un buen recuerdo, cuenta que era un lugar sórdido donde imperaba un clima de violencia e intolerancia por parte de los maestros sobre los niños. A la edad de doce años, en 1858, organizó una huelga en la escuela para oponerse a estos comportamientos tan crueles, lo que le ocasionó su expulsión. Tiene que ponerse a trabajar y entra como aprendiz de encuadernador en el taller del librero Weber, el cual se hace pagar 100 florines por sus enseñanzas, lo que no impide que Johann sea explotado laboralmente con jornadas de trabajo exhaustivas y además realizar trabajos domésticos para su patrón.
Esto no era un caso extraordinario ya que las condiciones de los aprendices eran similares en todos los oficios.
La única distracción que tenía Most era el teatro, los domingos asistía a representaciones (colándose si podía), y disfrutaba viéndolas e imaginándose a sí mismo como actor. Esta afición por el teatro le acompañaría toda su vida.
Por estos días tuvo lugar su primer arresto. En Baviera era obligatorio para los aprendices la asistencia a la iglesia y el cumplimiento de sus preceptos, ante los plantes de Johann, la policía lo arrestó durante 24 horas.

Socialista
En abril de 1866 finalizó su aprendizaje e inicia una peregrinación por Alemania en busca de trabajo y también de experiencias. El primer empleo lo encuentra en Fráncfort del Meno, pero las condiciones laborales son de explotación y el sueldo miserable.
Por vez primera conoce una sociedad de instrucción obrera, pero su discurso conciliador no le seduce. También oye hablar del celebre socialista Lasalle y sus planteamientos, pero lo que le llega está distorsionado, cuando no manipulado por la prensa.
Tiene dificultades para mantener el empleo y sigue su peregrinaje, pero no puede colocarse en muchos lugares por su aspecto físico, que lo hacía poco atractivo y los patronos no se fiaban de él. Recorrerá además de Alemania: Suiza, Austria, Italia del norte y Hungría.
En marzo de 1867 está en Locle (Jura suizo) trabajando como estuchero y es aquí donde conoce por primera vez las ideas socialistas.
Son tiempos de inquietudes liberadoras y en la casi totalidad de los países, los obreros conscientes se agrupan y tratan de obtener mejores condiciones de vida.
Es la época del nacimiento de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT). Most se integra en una sociedad alemana de instrucción obrera perteneciente a la Asociación de las sociedades obreras de Suiza, pero los planteamientos y fines de ésta eran muy superficiales y poco reivindicativos.
En el verano de 1867, en el pueblo de Chaux-de-Fond conoce las tesis de la Internacional y queda deslumbrado; desde ese mismo momento trata de introducirlas en la sociedad obrera a la que pertenece. Su labor obtiene resultados y ésta abandonará sus anteriores planteamientos y abrazará los nuevos, el número de asociados aumentará y con ellos también sus reivindicaciones.
Pierde el trabajo y tiene que ponerse nuevamente en camino, esta vez hacia Zúrich, noviembre de 1867, en esta ciudad se integró en la sección de la Internacional y tiene una relación muy especial con Hermann Greulich, esta amistad se mantendrá hasta la futura ruptura de Most con el Partido Social-demócrata.
Most tenía pendiente el cumplimiento del servicio militar en Alemania, para evitar ser declarado desertor y ver imposibilitada su entrada en su país en el futuro y ya pensando en que su labor política se debía desarrollar allí, decide presentarse, pero debido a su problema en la cara es declarado exento.
Inmediatamente vuelve a Zúrich, pero después de un breve intervalo se encamina a Austria, donde el desarrollo del movimiento obrero le ofrece una gran oportunidad para su labor propagandística.
Está en Viena en octubre de 1868 y ya plenamente convencido de las ideas socialistas, siendo un social-demócrata. Poco a poco va tomando parte en charlas y actos dentro del movimiento obrero de la ciudad.
En mayo de 1869 tiene lugar una gran concentración de trabajadores y uno de los oradores del acto es Most, que con verbo encendido ataca la política gubernamental y a las sociedades obreras que la apoyan. Esto le va a costar su empleo y también un mes de cárcel, que va a ser la primera de una larga lista de condenas.
En este ambiente de reivindicaciones, el Gobierno va a prohibir las sociedades obreras socialistas y a clausurar sus locales. Los obreros como protesta organizaron el 13 de diciembre una manifestación ante el Parlamento, seguida de un mitin.
Los organizadores, Most entre ellos, fueron acusados de un delito de alta traición y pasaron varios meses de prisión preventiva hasta la celebración del juicio. Éste tuvo lugar el 4 de julio de 1870 y los acusados fueron sentenciados a diversas penas, Most lo fue a cinco años de cárcel. Los trabajadores protestaron enérgicamente en las calles y el Gobierno se vio obligado a hacer intervenir al Tribunal de Apelación, que rebajó las condenas, teniendo Most que cumplir tres años en lugar de los cinco de la sentencia inicial.
Johann y el compañero Pabst fueron internados en la prisión de Suben, pero allí gozaron de un régimen penitenciario especial que les permitía la comunicación con el exterior y el poder disponer de libros y material de escritura. Mientras, el padre de Most intentó influir en él para que mostrara arrepentimiento y así poder lograr una pronta liberación, pero éste se negó a hacer ningún tipo de concesión, ni a renegar de sus ideas.
Most durante su encierro compuso el himno que se convertirá en uno de los más populares del mundo obrero, el Proletarienlied (canción de los proletarios), y clandestinamente pudo sacarlo de la cárcel y hacerlo llegar a los compañeros.
En febrero de 1871 tuvo lugar un cambio de Gobierno, y el nuevo decretó una amnistía general para los presos. Los condenados por "Alta Traición" son recibidos con gran entusiasmo por los compañeros a su salida, se celebra un mitin multitudinario y Most es elegido para intervenir en un viaje de propaganda por toda Austria que se va a desarrollar con gran provecho.
A su regreso a Viena, la policía le comunica que se va a proceder a su expulsión del país como "extranjero molesto" y pese a las protestas que se suscitan, la orden se ejecuta y es expulsado el 2 de mayo de 1871.
Vuelve a Baviera, pero se encuentra con una situación social poco seductora, existe una fuerte represión gubernamental y además luchas internas dentro de la social-democracia. Se dirige a Leipzig y contacta con Liebknecht y Bebel y desde allí marcha a Chemnitz donde es el orador principal en un mitin multitudinario. Esta intervención le va a acarrear la prohibición gubernativa de intervenir en ningún acto público en toda Sajonia.

Periodista
En junio de 1871 se ocupa de la redacción de la Freie Presse en Chemnitz y gracias a su labor la tirada del periódico sube hasta los 1.200 ejemplares. El éxito molesta a las autoridades, que le llegan a plantear hasta 43 citaciones judiciales con el propósito de molestar y entorpecer su trabajo.
Con todo, Most seguirá colaborando con el movimiento obrero local como orador y como organizador.
En octubre y a pesar de la oposición inicial de Most que considera que las condiciones no son las óptimas, tiene lugar una huelga de la metalurgia en Chemnitz, Johann venciendo sus recelos iniciales será el alma de la resistencia, pero lamentablemente, la huelga fracasa, lo que le ocasionará alguna crítica. Pero aun en el fracaso, Most es capaz de salvar a los sindicatos de la desorganización y evitará la deserción de sus afiliados desencantados con los acontecimientos. Toda esta labor se verá recompensada con el triunfo de una huelga de carpinteros que tendrá lugar con posterioridad.
En agosto del año siguiente es nombrado delegado al congreso social-demócrata que tiene lugar en Dresde. Allí es él quien informa sobre la actitud política de la social-democracia. En su intervención hace una defensa de la Comuna de París y en contra de los métodos salvajes que se emplearon para derrotarla. La policía que controlaba el acto interviene ante estas afirmaciones y suspende su exposición.
Sufre pequeñas condenas consecutivas que le suponen dos meses de encierro. Pero a su salida y estando Liebknecht y Bebel en prisión cumpliendo una condena de dos años por un delito de "traición", todo el trabajo de propaganda socialista en Sajonia será asumido por Most.
Por esas fechas tiene lugar en toda Alemania la celebración de la victoria germana en la batalla de Sedán contra los franceses. Así también en Chemnitz se querrá celebrar el "Día de Sedán", pero los obreros no van a estar dispuestos y se oponen organizando una manifestación bajo el lema: "Abajo los patriotas asesinos" y a continuación un mitin con Most como orador.
Nuevamente va a ser procesado por ello y en diciembre de 1872 será condenado a ocho meses de cárcel en Zwikan. Aprovechó su reclusión para estudiar francés, colaborar con la prensa obrera y para hacer un resumen y un comentario del Capital de Marx. A su salida de la cárcel este resumen será editado. Tras cumplir su condena Most va a ser expulsado de Chemnitz por orden gubernativa.
Los compañero de la ciudad de Mainz le proponen como redactor del periódico Suddeutsche Volkszeitung y Most vuelve a mostrar su gran espíritu de compromiso aceptando el puesto, a la vez que sigue con sus actividades en giras, charlas y organización.

Parlamentario
El 10 de enero de 1874 fue elegido diputado del Reichstag, el parlamento alemán, por la ciudad de Chemnitz, con lo que tendrá que viajar continuamente a Berlín para asistir a sus sesiones. Con este ritmo de trabajo y viajes, además de sus problemas crónicos con la autoridad gubernativa le llevaron a que su matrimonio con Klara Hansch, que había tenido lugar pocos días antes de su elección, fracasara y en 1880 se separaron.
La experiencia de Most en el Parlamento, sirvió al menos para que comprobara la vanidad de los llamados padres de la patria y también y fundamentalmente para que comenzara a ver que ninguna mejora real, ni mucho menos su liberación social, podrían esperar los proletarios por métodos parlamentarios.
El 18 de marzo, Most pronunció una charla, nuevamente sobre la Comuna, para un auditorio de trabajadores, otra vez le traería consecuencias y cuando cerraron el Reichstag en abril, fue arrestado y condenado "por calumnias al ejército" a 18 meses a cumplir en la prisión de Plotzensee, donde esta vez fue considerado como preso común, sin ningún privilegio, hasta que las presiones populares y de los parlamentarios socialistas consiguieron que las condiciones carcelarias mejorasen y de esta forma pudiera desarrollar una actividad intelectual mientras estuvo preso. De entonces son las famosas obras: Los movimientos sociales en la antigua Roma y el cesarismo y también La Bastilla de Plotzensee.
Al fin, el 16 de junio de 1876 deja la prisión y, como había tenido que sufrir la detención preventiva previa, más tres meses por faltas anteriores, había pasado 26 meses en la cárcel.
En el desarrollo del movimiento socialista alemán tuvo lugar por entonces el Congreso de Gotha, en el que se produjo la unificación de las diversas tendencias socialistas pero todas ellas partidarias de la acción política y parlamentaria.
Volviendo a Most, al salir se le encomendó la redacción del periódico Berliner Freie Presse, cargo que vuelve a desempeñar con satisfacción. Colabora con otras publicaciones socialistas y sigue militando infatigablemente en las organizaciones obreras. Es frecuente su participación en los llamados actos de "controversia" donde se debate con personas de distintas ideologías sobre un tema. Fueron muy comentados aquellos en los que se enfrentó con académicos y eclesiásticos y de los que salió victorioso y contribuyeron a que las masas obreras fueran abandonando sus antiguas creencias políticas y religiosas.
Una persona que tuvo una gran influencia en la evolución del pensamiento de Most fue Eugen Dühring, profesor de Historia, Filosofía y Economía en la Universidad de Berlín. Era una persona de ideas avanzadas y defensor de un socialismo antiautoritario que se oponía a las tesis de Marx y Lasalle y que en sus escritos manifestaba que el verdadero protagonista de la revolución no pueden ser los partidos políticos sino las organizaciones sindicales.
Con estos planteamientos se encontró con la oposición de Marx y Engels que elaboraron varios artículos de prensa en los que se refutaban estas teorías, sin privarse de los ataques personales a su autor.
Most, que había conocido el pensamiento de Dühring durante su etapa en prisión, compartía sus planteamientos y se opuso a esta campaña difamatoria defendiéndolo públicamente.
En julio de 1877, Dühring es expulsado de la Universidad de Berlín y Most con otros compañeros organizan el 12 de julio un mitin para protestar contra la falta de libertad en la Universidad y contra la expulsión. Se elaboró una propuesta que fue transmitida por una comisión de obreros a una asamblea de estudiantes y que fue acogida con gran entusiasmo.
El 11 de mayo de 1878 Max Hoedel disparó contra el emperador de Alemania sin conseguir herirle. Inmediatamente se toman medidas especiales contra los socialistas, ya que el Gobierno los acusa de estar detrás del atentado. Most es detenido en Chemnitz después de un mitin organizado para demostrar la falsedad de cualquier relación social-demócrata con el atentado. Es juzgado y condenado a mes y medio de cárcel.
El 2 de junio de 1878 Karl Nobiling dispara y hiere al emperador, disparándose a sí mismo a continuación. Nobiling nada tenía que ver con los socialistas, pero Bismark, entonces Primer Ministro, aprovecha el atentado para emprender una nueva campaña represora aún más intensa.
Most al cumplir su condena es de nuevo detenido y trasladado a Berlín para ser encarcelado otra vez, ahora durante cinco meses, por sentencias anteriores que tenía pendientes de apelación.
Bismark continua con su campaña y ahora disuelve el Parlamento, convocando nuevas elecciones. Estas tienen lugar y ocurren graves irregularidades y también coacciones contra el electorado y candidatos socialistas. Most pierde su escaño por Chemnitz.
El 21 de octubre de 1878 el nuevo Parlamento aprueba la "Ley antisocialista". Se suprimen todas las organizaciones socialistas y sus publicaciones, aunque los parlamentarios social-demócratas pueden conservar sus escaños. Se procedió a la expulsión de Berlín de todo socialista significativo.
A Most se le envió la orden de expulsión a la prisión y cuando el 16 de diciembre salió libre, se le ordenó abandonar Berlín en 24 horas.
Se dirigió a Hamburgo, pero dado el clima represivo y el grave peligro que corría de ser de nuevo detenido o asesinado, poco antes del día de Nochebuena embarcó para Inglaterra.

Exiliado
Al llegar a Londres fue recibido cordialmente por la colonia alemana de exiliados políticos.
Al estar prohibida en Alemania la prensa socialista, se pensó en fundar un periódico que estuviera escrito en idioma alemán, editarlo en Londres e introducirlo clandestinamente allí.
El 3 de enero de 1879 aparece el primer número del periódico Freiheit, que es recibido con gran entusiasmo por el proletariado alemán, pero los jefes del partido social-demócrata, en especial Liebknecht, se opusieron de inmediato al mismo, ya que eran de la opinión de que no había que hacer nada que pudiera dar motivo al gobierno alemán para que prolongase y endureciese la "Ley antisocialista". Esta actitud de apaciguamiento y claudicación se correspondía con la de los parlamentarios socialistas que mantenían el escaño sin manifestar la más mínima protesta por los atropellos de que era objeto el Partido en el que militaban y al cual representaban.
Desde Freiheit estas actitudes eran criticadas por estar en clara oposición con las concepciones tradicionalmente revolucionarias de la social-democracia.
A los jefes del Partido estas críticas les producían auténticos quebraderos de cabeza, ya que eran conscientes de la razón que llevaban y de que la militancia era cada vez más favorable a esa opinión. Pero los intereses primaban y para contrarrestar la línea editorial de Freiheit, decidieron fundar otro periódico, que fuera el órgano oficial del Partido en el extranjero. Así apareció en octubre de 1879 Sozialdemokrat en Zúrich, pero jamás pudo conquistar las simpatías de la mayoría de los trabajadores en Alemania.
Para tratar de encontrar una clarificación de la situación y para hacer frente al peligro del aumento de prestigio de los opositores, los jefes del Partido convocaron un congreso clandestino, que se celebraría en mayo de 1880 en Rorschach ( Suiza ).
Most acudió en representación de la organización local de Berlín y de otras de Sajonia. Pero los jefes al ver el número de delegados críticos a su política, renunciaron al Congreso y con la argumentación de que la policía había averiguado el lugar de su celebración, decidieron anularlo.
Most de todos modos aprovechó su estancia en Suiza para informar en asambleas obreras en distintas ciudades sobre los planteamientos defendidos desde Freiheit y en su mayor parte ganarse a los obreros para su causa.
De vuelta en Londres, los socialistas alemanes partidarios de la dirección del Partido, crearon una plataforma para tratar de controlar la línea editorial de Freiheit y hacerla afín con los planteamientos de los jefes en Alemania. No lo pudieron conseguir y esto llevaría a la posterior escisión de los socialistas en Londres, con una parte mayoritaria alrededor de Freiheit y una minoría que lo abandonó y formó un "Centro oficial de la social-democracia alemana en Londres.
Most durante su viaje por Suiza había profundizado su relación con August Reinsdorf, a quien había conocido en Berlín, y la ideología anarquista de éste ejerció un gran influjo en la evolución ideológica en él.
Más importante aún fue su amistad con el anarquista belga Victor Dave, que había sido miembro de la Internacional y en el Congreso de La Haya (1877) apoyó a la facción anarquista opuesta a las pretensiones autoritarias de Marx.
Dave había sido expulsado de Francia y se estableció en Londres, donde mantuvo con Most una estrecha relación.
Al mismo tiempo la relación de Most con Marx y Engels, también residentes en Londres, se fue haciendo cada vez más fría hasta desaparecer por completo.
Poco después de la vuelta de Most a Londres, los jefes socialistas alemanes vuelven a convocar otro Congreso, también clandestino y otra vez en Suiza, ahora en Wyden.
Most no quiso acudir, de todos modos desde la dirección del Partido se influyó todo lo que se pudo en la elección de delegados para que éstos les fueran afines, para de este modo lograr sus propósitos, que fueron la condena de las teorías heterodoxas y la expulsión de los opositores, naturalmente Most entre ellos.
Al enterarse de su expulsión y viendo que no hay ninguna posibilidad de entendimiento y que la ruptura es total, decide seguir publicando Freiheit pero ahora como "órgano de los socialistas revolucionarios de idioma alemán". Entre los compañeros que permanecieron a su lado estaba John Neve, colaborador activo del periódico, llegando a asumir su transporte e introducción en Alemania.
Desde sus páginas se animaba a los compañeros en Alemania a su organización en pequeñas células de militantes, independientes unas de otras, para hacerlas más impermeables a la represión gubernamental. Pero la acción policial hacía cada vez más difícil las actividades de estos grupos, todo favorecido por las denuncias y calumnias desde las filas oficiales social-demócratas que ayudaban a incrementar la persecución.
En una de estas caídas de grupos, resultó detenido Victor Dave en Augsburgo, que había llegado de Londres para colaborar en el trabajo revolucionario. En su juicio fue capaz de hacer una clara exposición de lo que es el anarquismo, de sus doctrinas y de sus fines. Pero aunque se demostró que las acusaciones eran falsas y las pruebas presentadas habían sido manipuladas por la policía, Dave fue condenado a dos años y medio de cárcel por "acciones preparatorias de un delito de alta traición".
El 13 de marzo de 1881 el zar de Rusia, Alejando II, es objeto de un atentado y muere. Este hecho es celebrado entre los obreros y personas progresistas de todo el mundo, dado el carácter despótico del personaje y la crueldad de su reinado.
El 19 de marzo, Most en las páginas de Freiheit publica su artículo titulado "Finalmente", en el que se felicita a los autores del acto y se congratula por el fin de tan siniestra persona.
EL 23 de ese mes la policía irrumpe en el domicilio de Most, que era a la vez el local de redacción del periódico, y no solo lo arrestan sino que confiscan todo el material de imprenta. Acusado de instigación para el asesinato y por difamación de un país amigo es recluido en la cárcel de Newgate. El 17 de mayo es juzgado y el 26 de junio condenado a 16 meses de trabajos forzados en la prisión de Clerckenwell. Con enormes dificultades pudo Most seguir escribiendo artículos y sacarlos de la prisión para que pudieran ser publicados en Freiheit.
En mayo de 1882 fueron muertos lord Cavendish y el subsecretario de Estado en Dublín por miembros del Partido Agrario irlandés. Freiheit se ocupó del atentado en un número especial y lo justificaba por la tiranía inglesa sobre Irlanda y mostrando su solidaridad con los Agrarios.
Desde la detención de Most se había hecho cargo de la redacción John Neve, y la responsabilidad por lo escrito en este número del periódico recayó sobre él.
La policía irrumpió en el local de redacción llevándose todo el material que encontraron y al no estar Neve presente detuvieron a los tipógrafos Schewelm y Merten, que fueron juzgados y condenados a 18 y 3 meses respectivamente.
Cuando el grupo editor intentó publicar otra vez Freiheit, de nuevo la policía asaltó el local y confiscó los caracteres tipográficos que en ese momento estaban siendo preparados para la impresión. De todos modos se pudo componer el número correspondiente de Freiheit, pero sin la parte robada por la policía. El número del 22 de mayo solo aparecía impreso a medias y en la parte en blanco y con grandes letras se leía la denuncia: "Confiscado por el gobierno inglés".
De todas maneras y por todos estos problemas solamente se pudo editar Freiheit en Londres hasta la fecha del 3 de junio, ya que las amenazas gubernativas a los talleres tipográficos que hubieran podido seguir con la impresión fueron tantas, que ningún impresor quiso correr el riesgo de imprimir un periódico tan perseguido.
Se trasladó la redacción a Suiza y para despistar a las autoridades de allí aparecía como impreso en Londres. El primer Freiheit suizo tiene fecha de 8 de julio.

Nueva York
El 26 de octubre de 1882 Most sale de prisión e inmediatamente intenta volver a editar el periódico en Londres, ya que pensaba que a pesar de todo era mejor tratar de editarlo en esa ciudad que en Suiza, donde se estaba demostrando imposible su edición y distribución. Pero la falta de material y de compañeros aptos para ese trabajo le demuestran que no se puede en Londres, por lo que acepta la invitación para marchar a EE UU y organizar la publicación de Freiheit en Nueva York.
El 2 de diciembre embarcó en Liverpool llegando a Nueva York el día 18.
Los socialistas en América eran casi todos inmigrantes con un pequeño número de intelectuales americanos e ideológicamente estaban mayoritariamente situados en la fracción revolucionaria.
El mismo día de su llegada, Most asiste a un mitin de bienvenida en el Cooper Institute, al que asistieron miles de personas, como ocurrió en las sucesivas ciudades que visitó en estos primeros encuentros por todo el país.
La prensa capitalista se puso inmediatamente en contra de Most y sus actividades con artículos durísimos y denigratorios.
La primera y principal tarea era la publicación de Freiheit y ya antes de partir de Inglaterra había encargado al compañero Julius Schwab que fuera editando algún número del periódico en Nueva York mientras él viajaba. Cuando llegó Most, la Freiheit americana ya contaba con dos números publicados.
Por desgracia dentro de las filas socialistas revolucionarias hubo quien se opuso desde el principio a la publicación del periódico en Nueva York, defendiendo la postura de que la Freiheit solo podía ser útil en Europa y que desde América su distribución sería una tarea imposible. Estas posturas provocaran una ruptura dentro del socialismo americano, quedando una buena parte del movimiento con Most y la otra alejándose de ellos. Most y su grupo, para obtener apoyos y ayudas, emprendieron viajes de propaganda acercando la Freiheit a nuevos lectores y suscriptores y formando redes de distribución por el país.
Most desde sus páginas fomentaba el establecimiento de una unión práctica de los socialistas revolucionarios y los anarquistas, y con esta doctrina en octubre de 1883 en Pittsburgh se celebró un congreso. Se concretó una declaración de principios denominada Proclama de Pittsburgh, donde se proponía que los medios de producción sean de propiedad social y que el producto del trabajo repercuta en su productor. También se denuncia que la consecución de este desarrollo social se ve obstaculizado por las organizaciones políticas existentes, simples ejecutoras de los deseos del Capital, por el Estado, garante de los privilegios de las clases poseedoras y ayudado por las Iglesias que con sus enseñanzas y sus doctrinas tratan de mantener al pueblo en la ignorancia y en la docilidad.
Los trabajadores no deben esperar ayuda de nadie, su liberación la obtendrán por ellos mismos, no deben esperar nada de las urnas electorales, ya que las instituciones políticas son solo instrumentos de los poderosos para su perpetuación. De la misma manera que estas clases privilegiadas no están dispuestas a ceder nada de ningún modo y manera, no queda otra alternativa a los trabajadores que arrancárselos violentamente.
Esta es una necesidad universal y por esto es una necesidad la fraternización de los pueblos tal como se expresa en la AIT.
Con estas conclusiones las organizaciones representadas en el Congreso, se adhirieron a un nuevo organismo, la International Working People Association, que se fundó allí mismo y que contaría con asociaciones de trabajadores unidas en un régimen federalista y con un órgano de relación, sin poder ejecutivo, con sede en Chicago.
Se desarrollaron actos de presentación y propaganda del nuevo organismo por todo el país que consiguieron atraer a muchos trabajadores y también a personas de "ideas radicales" en un corto espacio de tiempo
El Partido Socialista oficial, con sus jefes a la cabeza, olvidando al enemigo capitalista se dedicó a atacar a la nueva organización, pero sus esfuerzos fueron vanos y a la postre contraproducentes, ya que les supuso la casi desaparición del Partido por la imagen que ofrecieron a los trabajadores.
Durante este tiempo Freiheit contaba con un número considerable de lectores en EE UU, pero no olvidaba a los de Alemania y de otros países europeos y por ello se hacían ediciones especiales con artículos e informes, considerados los más importantes, y destinados preferentemente a los trabajadores en Europa. Estos números especiales se mandaban a direcciones de compañeros en Londres y desde allí se trataba de introducirlos en el Continente. Un comité se ocupaba de organizar esta difusión del periódico y de cobrar las recaudaciones, pero el dinero que se recibía de Europa no bastaba ni para cubrir los gastos de correo y por tanto el mantenimiento financiero de Freiheit dependía de lo recaudado en EE UU.
Most escribió y editó también una serie de folletos que tuvieron amplia circulación, se puede destacar La peste religiosa, que tuvo una difusión formidable y que llegó a ser traducido a casi todas los idiomas europeos. En el examen de estos escritos se puede apreciar el grado de evolución del pensamiento de Most en relación con el anarquismo.
De igual modo que en la mayoría de los demás países, en EE UU se agudizaron los conflictos entre el Capital y los trabajadores, en especial con el movimiento por las ocho horas de trabajo. En 1884 se reunió en Chicago el Congreso Internacional del Trabajo Organizado convocado por los sindicatos federados de EE UU y Canadá, en el cual se fijó la fecha del 1 de mayo de 1886 como el día establecido para la introducción definitiva de la jornada de ocho horas y se animó a todos los sindicatos a dedicar todos sus esfuerzos a esta campaña.
La AIT contemplaba con indiferencia este movimiento sindical ya que lo consideraba como una actitud revisionista en referencia a la revolución total y liberadora. Únicamente en la Federación Local de Chicago de la AIT tenían una opinión diferente y manifestaban sus simpatías por esta reivindicación.
El resto de los sindicatos de la AIT consideraban que el problema más grave al que se enfrentaban los trabajadores en EE UU era el del derecho por parte de los obreros a la posesión de armas de fuego. Este era un problema planteado por parte del Capital y de sus periódicos que consideraban que la mejor manera de oponerse a las reivindicaciones de los obreros era con el empleo de la fuerza y propugnaban por la eliminación física de los lideres sindicales y por la represión brutal de las manifestaciones de protesta. Con estos fines se emplearon el ejército, la policía y fuerzas privadas de matones, como la famosa Agencia Pinkerton. No hubo conflicto laboral que no se saldase con muertos y heridos.
La AIT defendía la obligación de los obreros a defenderse y su derecho a hacerlo con las armas de fuego que la Constitución americana ampara para todos los ciudadanos.
Desde Freiheit fue Most el que hablaba más enérgicamente sobre la necesidad de armarse y defenderse de las agresiones y también animaba a conseguir la destrucción de la sociedad capitalista por las armas. Se publicaron artículos sobre la fabricación y uso de materiales explosivos. Todos estos artículos se agruparon en un folleto titulado La ciencia de la guerra revolucionaria, que alcanzó varias ediciones y que fue utilizado también por la prensa capitalista de todo el mundo para atacar al movimiento obrero y en los procesos penales contra los revolucionarios como prueba del carácter violento y delictivo de sus doctrinas. Por supuesto contribuyó aún más a aumentar la fama sangrienta de Most.
El 24 de mayo tuvo lugar en Chicago un debate público entre Most y Grottkau, representante del ala radical de la social-democracia y miembro de la AIT, con el tema "¿Anarquismo o comunismo?" Se impusieron las tesis de Most y un resumen de este acto apareció como folleto. Después de esto y despechado, Grottkau abandonó la AIT y se reincorporó a las filas del Partido Socialista oficial.
Los socialistas "oficialistas" siguieron atacando las tesis de la AIT sobre la necesidad de los obreros a armarse y por el apoyo que se prestaba a los grupos que se defendían con las armas de los ataques del Capital.
El Gobierno de EE UU promulgó una serie de leyes en las que se prohibía a los obreros -pero solamente a los obreros, no al resto de la población- la posesión de armas y también se prohibía la enseñanza o apología de su uso.

Polémica con Tucker
El 23 de abril de 1886 se celebró un mitin en el Germania Garden convocado por la AIT, entre los oradores que intervinieron estuvo Most, que habló sobre el problema del armamento y los obreros. Entre el público había policías de paisano que en cuanto oyeron esta disertación, llamaron a refuerzos que después de duros enfrentamientos lograron suspender el acto, pero no lograron detener a Most, ya que con la ayuda de los compañeros pudo escapar del local y esconderse. Las autoridades cursaron una orden de detención bajo la acusación de "reunión ilegal".
Poco antes de estos acontecimientos tuvo Most una polémica importante con Benjamin R. Tucker, conocido representante del anarquismo individualista en EE UU. Éste publicó en las páginas de su periódico Liberty el 27 de marzo de ese año un artículo titulado La bestia del comunismo, en el que se acusaba a miembros de la comunidad alemana y militantes de la AIT y socialistas revolucionarios de Nueva York de haber contratado pólizas de seguros de sus viviendas y luego haberles pegado fuego para cobrar las primas. Acusaba de estos comportamientos a las ideas inspiradas en la "propaganda por el hecho" y establecía que esta doctrina introducía en las mentes y conciencias de los que la practicaban el ansia y el afán de tomar lo que les apetecía sin pararse a considerar lo moral o inmoral de la acción. Tucker iba aún más lejos y llegaba a invitar a la policía y a las compañías aseguradoras a investigar estos incendios y a averiguar sus causas.
En esta polémica también intervino Justus Schwab, que se posicionó contra los individuos que amparándose en los movimientos sociales aprovechaban para sacar beneficios personales.
Most se enfrentó a estas acusaciones desde Freiheit con palabras muy fuertes, calificando a Tucker de calumniador y de prestarse a ser un informante de la policía.
El 3 de mayo el periódico Sun de Nueva York publicó un artículo repitiendo lo dicho en Liberty, pero además insinuando lugares y autores.
Most también se defendió de estas insinuaciones, pero Tucker llevó el enfrentamiento hasta el extremo de reproducir integramente el artículo de Sun en su periódico y añadiendo ataques denigratorios sobre Most y los anarquistas comunistas.
Hay que tener en cuenta que esto ocurría poco después de los sucesos de Haymarket en Chicago y en un momento de especial represión del movimiento anarquista en EE UU, todas estas acusaciones servían para incitar a las autoridades contra los anarquistas y en especial contra Most y la Freiheit. Otra consecuencia fue lamentablemente la pérdida de confianza y la enemistad que se produjo entre Most y Schwab, ya que los planteamientos a propósito de la llamada "recuperación individual" no eran en absoluto compartidos entre ellos y la relación se deterioró, circunstancia de la que Most se arrepentiría más adelante.
Most seguía siendo buscado por la policía por el mitin del Germania Garden hasta que el 11 de mayo fue arrestado. Un reportero de un diario socialista publicó, para desprestigiarle, que Most había sido encontrado escondido debajo de una cama, todo con el propósito de calumniarlo acusándolo de cobardía.
El 27 de mayo comienza el juicio y el 2 de junio es condenado a un año y 500 dólares de multa u otros 500 días de reclusión a cumplir en la penitenciaria de Blackwell's Island.
En este penal se le trató con suma dureza y se le humilló hasta el punto de afeitarle la barba con el propósito de avergonzarle por su rostro deformado.
Most publicó estas vivencias en un artículo titulado "El infierno de Blackwell's Island", escrito que supo hacer llegar a la redacción de Freiheit que lo publicó con el título de "Consideraciones de un viejo penado" y que posteriormente fue publicado como folleto.
EL 1 de abril de 1887 fue puesto en libertad con anticipación por buen comportamiento y por el pago de la multa con dinero recogido entre los compañeros. Fue recibido con gran entusiasmo con un mitin de bienvenida en el Cooper Institute.
Por entonces en Austria y Alemania los militantes obreros seguían sufriendo una gran represión, lo que produjo un abandono de las organizaciones de clase y la formación de pequeños grupos autónomos que propugnaban la "propaganda por el hecho". Ocurrieron atentados y se sufrieron persecuciones, procesos y ejecuciones de militantes. Las autoridades alemanas presionaban al Gobierno Federal suizo para que su territorio no fuese más un lugar seguro para los revolucionarios que se refugiaban allí. Surtió efecto esta presión y de este modo muchos extranjeros fueron expulsados y fueron prohibidas las diferentes publicaciones que desde allí se distribuían en Alemania y en Austria, con lo que se asestó un fortísimo golpe a la propaganda revolucionaria.
Con estos acontecimientos en el continente se produjo una nueva oleada de refugiados hacia Londres. Entre ellos se encontraban Peukert y Rinke, que viendo las dificultades para la distribución de Freiheit en Alemania y Austria y también porque consideraban que el periódico prestaba una dedicación cada vez mayor a los temas americanos, resolvieron crear una nueva publicación que vendría a sustituirlo en Europa. Crearon Rebell, pero con ello se abrió en las filas revolucionarias una fractura entre los partidarios del nuevo periódico y aquellos que seguían creyendo que Freiheit podía seguir siendo el órgano exclusivo para representar y difundir las ideas y además se evitaba una división de las fuerzas propagandísticas.
Tanto Most como Dave y Neve eran de esta opinión. Pronto se llegó a una situación tal, que llevó aparejada conflictos doctrinarios y enfrentamientos personales entre representantes de las dos tendencias en Inglaterra, se produjo una división completa de la militancia, con locales y prensa afines a cada planteamiento enfrentados entre sí, con lo que el potencial revolucionario del movimiento se vio disminuido.
Los partidarios de Peukert fundaron el club Autonomie y más adelante sacaron el periódico Die Autonomie que iba a sustituir a Rebell.
Los enfrentamientos continuaron, con lo que la labor de difusión de propaganda en Alemania se fue haciendo menor hasta que cesó por completo. Neve marchó a Bélgica para tratar de ponerla otra vez en marcha, pero lamentablemente fue detenido en Lieja el 4 de febrero de 1887 y entregado a las autoridades alemanas. Esta detención está relacionada con las actividades de un espía policiaco, Theodor Reuss, que se introdujo dentro de las filas "autonomistas" y pudo denunciar el paradero de Neve, aprovechándose para conocerlo de las disputas y enemistades entre los militantes en Londres. Victor Dave fue considerado el responsable de haber proporcionado la dirección de Neve en Bélgica y expulsado del movimiento el 14 de mayo, pero todo este episodio está lleno de indiscreciones, afán de preponderancia de cada facción enfrentada y sobre todo la irresponsabilidad de jugar con la vida de compañeros que estaban arriesgando la libertad y la vida en esos momentos en la peligrosa labor propagandística en la frontera alemana.
A toda esta confusión se incorporó con gusto la social-democracia, que desde su prensa acusaba a unos y otros haciendo todavía más turbio el panorama.
Desde EE UU Most y Freiheit trataron de salir al paso de todas las calumnias y procuraron explicar las circunstancias que habían conducido a todo esto. Pero el movimiento radical en Londres estaba muy dañado y nada pudo hacerse para evitar su práctica desaparición con el alejamiento de innumerables compañeros del que fue, y a ello contribuyó en gran medida Most en su etapa inglesa, un movimiento radical activo y numeroso.
Neve, tras siete meses de prisión preventiva fue sometido a un juicio, que tuvo lugar bajo la exclusión más estricta de publicidad, el 3 de octubre de 1887 en Leipzig. Fue condenado a 15 años de cárcel que cumplió en la prisión de Halle en un régimen de aislamiento y en la de Moabitt en Berlín donde murió, tras haber sido trasladado hacía poco por haber perdido la razón debido a las condiciones de su encierro.
La noticia de su fallecimiento contribuyó a exasperar las rencillas, con acusaciones de culpabilidad entre las dos facciones. Most no las evitó y desde EE UU en las páginas de Freiheit explota la polémica con el grupo Autonomie, a lo que contribuye que el periódico de éste vaya desplazando a la Freiheit en su difusión en Europa, debido más a la dificultad geográfica para llegar desde América que a la superioridad doctrinal o periodística de Die Autonomie.
Las continuas migraciones de refugiados alemanes desde Inglaterra a EE UU llevaban consigo los enfrentamientos personales que arrastraban, con lo que el ambiente en Nueva York se enrareció todavía más y se crearon grupos opuestos a Most y a Freiheit y la labor propagandística se dificultó en gran medida.

Los sucesos de Chicago
Mientras Most estuvo en la cárcel tuvo lugar en Chicago el juicio a los anarquistas por los sucesos de Haymarket, por lo tanto apenas pudo participar en la campaña por la revisión del proceso y la liberación de los acusados. Estos compañeros fueron finalmente ejecutados el 11 de noviembre de 1887.
El día 12 se celebraba en Nueva York el mitin semanal de propaganda de la AIT, en el curso del cual tomó la palabra Most y se pronunció sobre los tristes acontecimientos de Chicago. Acusó a policías, testigos, periodistas, jueces y al gobernador de la terrible injusticia que había tenido lugar. Al siguiente día el periódico World publico una noticia sobre este discurso lleno de mentiras y tergiversaciones. Este reportaje hizo que las autoridades tomaran nota del asunto y lo aprovecharan para actuar una vez más contra Most. Mediante el falso testimonio de dos policías que decían haber asistido al mitin, consiguieron que un jurado promoviera una acusación y ordenara su arresto.
El 17 de noviembre compareció ante el tribunal que le puso en libertad bajo fianza a la espera del juicio que tuvo lugar el día 22.
El 29 de noviembre fue declarado culpable y enviado a la penitenciaria de Tombs hasta que se dictara sentencia. Desde allí pudo enviar un escrito para su publicación en Freiheit donde contaba su arresto y la farsa del juicio.
El 8 de diciembre de 1887 fue condenado a un año, esta sentencia fue apelada y nuevamente quedó en libertad bajo fianza hasta que el 18 de junio de 1891 el Tribunal de Apelación confirmó la sentencia y fue encerrado.
Durante el tiempo que estuvo libre, le fueron puestas todo tipo de dificultades para poder desarrollar su labor propagandística, llegando las autoridades hasta prohibir a los propietarios de locales su alquiler a Most para actos públicos, los propietarios se arriesgaban a perder la licencia de explotación y a sufrir fuertes multas. Mediante agentes provocadores trataron de comprometer a Most en planes violentos para de esta forma poderlo acusar de delitos graves y condenarlo a penas mayores que al fin lo mantendrían en prisión durante mucho tiempo. Este fue un tiempo de zozobras y dificultades y en un momento delicado cuando el movimiento revolucionario necesitaba de un compromiso firme de todos sus militantes para vencer todas las desviaciones que se le planteaban.
Pese a todo no se detuvo la labor propagandística y además de la Freiheit publicaba una "Biblioteca Internacional" con un título cada mes, la mayoría de su propia pluma, que incluían además canciones y poesías revolucionarias.
Sin embargo, Most llegó a la conclusión de que a pesar del dinamismo del movimiento revolucionario y anarquista en EE UU, éste estaba constituido mayoritariamente por inmigrantes alemanes y desarrollado en idioma alemán; se necesitaba que su "centro de gravedad" descansara en la población de habla inglesa, inmensa mayoría en el país, si se pretendía el éxito de la Idea.
Como se ha dicho, en junio, Most es encarcelado otra vez en Blackwell`s Island. Mientra tanto el compañero Kramer se ocupaba de la edición de Freiheit.
Most recobró la libertad el 20 de abril de 1892 y de nuevo fue homenajeado por gran número de compañeros en el gran salón del Cooper Institute.
Mientras estuvo en prisión, las filas de las secciones sindicales habían sufrido una disminución de los militantes más revolucionarios y los sindicatos habían adoptado actitudes más conservadoras. Los compañeros más activos y que aún militaban se dirigieron a Most para pedir su colaboración para la realización de un nuevo periódico con contenidos revolucionarios y que sirviese como referente en los medios sindicales. Se decidió editar un diario anarquista junto al que aparecería Freiheit como suplemento semanal. Para ello se necesitaban fondos económicos y se sacaron unos bonos de ayuda, pero su venta no fue tan buena como se esperaba y el nuevo periódico no pudo editarse. De todos modos, lo que se recaudó se ingresó en las arcas de Freiheit, previo acuerdo de los compañeros que habían aportado dinero, y sirvió como ayuda para su financiación.
Este fracaso era claramente un indicador de la decadencia del movimiento anarquista en América. Muchos anarquistas perdieron el ánimo y se retiraron del movimiento debido a la persecución gubernamental, que llegó al extremo de negar la nacionalidad americana y amenazar con la expulsión del país a cualquier sospechoso de anarquista. Most vio negada la obtención de la nacionalidad largamente solicitada y siempre vivió con la amenaza de su expatriación.

Berkman
Otro factor importante de esta decadencia fueron los constantes conflictos entre las facciones, sobre todo entre los partidarios de Freiheit y el club Autonomie de Nueva York. La aparición de Peukert en América agudizó aún más el enfrentamiento.
En julio de 1892 estalló una huelga en las Fundiciones Carnagie en Homestead, población de 12.000 habitantes, la mayoría obreros de la factoría. El conflicto se produce por la reducción brutal de los salarios; hubo respuesta obrera y ante esto el propietario Carnagie decidió nombrar a su socio H. C. Frick como su representante con la misión de acabar con el conflicto a cualquier precio.
Frick decreta el lock out de la fábricay además ordena el desalojo de los huelguistas de sus domicilios, todos propiedad de la empresa. Contrata guardas privados de la infame Compañía Pinkerton para proteger las instalaciones y amedrentar a los obreros; se producen enfrentamientos con muertos y heridos.
Los huelguistas no se rinden y Frick pide ayuda al Gobierno, que envía al Ejército, y tras días de resistencia la huelga será vencida.
Ocurrió un hecho que conmovió a la opinión pública: dos días después de la aparición de las tropas, un joven anarquista, Alexander Berkman, consiguió colarse en el despacho de Frick y atentó contra su vida. Fracasó y Frick sufrió solo heridas leves.
Inmediatamente la prensa se hizo eco del suceso, y junto con el Gobierno trataron de encontrar una conspiración anarquista acusando a Most como instigador del atentado. Gracias a la firme resistencia de Berkman, que asumió su acción, sin ningún otro cómplice, nadie más fue imputado.
Para el movimiento anarquista este atentado tuvo penosas consecuencias: Most en una asamblea de la AIT condenó la acción, objetando que por la debilidad numérica del anarquismo y por la incomprensión doctrinal de los obreros americanos, este hecho había sido contraproducente para el movimiento. Esta opinión quedó luego reflejada en Freiheit el 27 de agosto en el artículo "Reflexión sobre el atentado", que levantó una gran controversia. En el escrito trataba de demostrar que un acto individual de "propaganda por el hecho" no tiene bondad ni provecho por sí mismo, sino únicamente cuando es comprendido plenamente por las masas. En este caso, él creía que la inmensa mayoría de los obreros americanos desconocían la propaganda anarquista y de esta manera no comprendían este tipo de acciones y, por el contrario, se les ponía en contra del movimiento.
Dentro de las filas anarquistas, estas reflexiones crearon una gran polémica y todavía más viniendo de Most y desde Freiheit, cuando sus opiniones hasta entonces eran claramente comprensivas y aun favorables a estas tácticas. Era también conocido que las relaciones personales entre Most y Berkman no era cordiales. Berkman había estado en el círculo próximo a Most, pero luego, y en compañía de Emma Goldman, empezaron a asistir las reuniones del grupo Autonomie de Nueva York y esto condujo al distanciamiento entre ellos. Se podía pensar que la actitud de Most iba más allá de diferencias objetivas de oportunidad táctica.
Emma Goldman desde el periódico autonomista Anarchy contesto vehementemente a Most y no satisfecha con esta réplica, llegó a golpear a Most en un acto público.
Berkman fue condenado a 22 años de prisión.
Most desde Freiheit, olvidando sus diferencias, mostró su solidaridad con el condenado y a la vez denunció la monstruosidad de la sentencia.
El año que siguió a la acción de Berkman fue un período de continua persecución a los anarquistas en EE UU. El Gobierno anulaba derechos constitucionales, y las leyes eran modificadas para obtener unas condenas más severas para los acusados de pertenecer al movimiento anarquista. Los grupos de afinidad habían perdido sus lazos federativos y actuaban sin ninguna cohesión orgánica. Para algún grupo esto llegó a constituir una ventaja, ya que esta situación de inorganicidad servía para distinguir al nuevo movimiento y se era más consecuente con las doctrinas que consideraban cualquier tipo de organización una desviación ideológica.
La situación de la AIT era igualmente desalentadora, estaba muy reducida en cuanto al número de militantes y reducida a grupos de inmigrantes alemanes y judíos, todos ellos agrupados alrededor de la Freiheit.
En esta situación, lo que sufrió en mayor medida fue la propaganda en lengua inglesa, ya que el abandono de compañeros que tenían este idioma como lengua materna constituyó una pérdida importantísima para el movimiento.
A nivel estrictamente personal hay que constatar que en 1893 Most se unió como pareja a Helen Minkin.
Con la decadencia del movimiento anarquista en EE UU, la financiación de Freiheit se hizo muy difícil y su futuro se veía complicado. Para tratar de remedirlo a Most se le ocurrió la idea de fundar un "teatro libre" y con sus representaciones conseguir fondos para financiar el periódico. La primera obra que se representó fue Los tejedores de Hauptman, obra que Most produce y dirige además de actuar en ella. Esta iniciativa aunque tuvo éxito al principio, se tuvo que abandonar por no resultar rentable.
Most desde EE UU seguía el desarrollo del movimiento anarquista en Alemania y desde Freiheit se estimulaba su acción a la vez se aconsejaba su acercamiento al mundo obrero.
El 26 de junio de 1893 el gobernador de Illinois, Altgeld, concedió la libertad a Schwab, Fielden y Nebe, los tres anarquistas condenados a prisión en el proceso por los sucesos de Haymarket y que había llevado a la horca a sus compañeros. Esta circunstancia dio a Most la oportunidad de viajar a Chicago y el 24 de noviembre del año siguiente habló en el aniversario de las ejecuciones ante la tumba de los compañeros en el cementerio de Waldheim.

Apuros económicos
Las dificultades para la Freiheit eran cada día mayores; para conseguir apoyos, Most realizó una gira de propaganda por todo el país con el fin de conseguir ayudas y suscriptores. Las finanzas llegaron a un punto que el 23 de mayo de 1896 Freiheit apareció con solo dos páginas y realizando un angustioso llamamiento de ayuda a los lectores. Incansable, Most siguió editando el periódico quitándose hasta la comida para evitar su desaparición.
En el verano de 1897 se vio una posible solución a esta situación de perpetua penuria; compañeros de Buffalo le hicieron la oferta de trasladarse a esa ciudad y editar un periódico, el Buffaloer Arbeiterzeitung. Most aceptó con la condición de que apareciese Freiheit como suplemento semanal.
El 18 de septiembre de 1897 salió el primer número de Freiheit en Buffalo.
Lamentablemente y una vez más esta aventura no tuvo mucha continuidad, problemas de todo tipo hicieron imposible esta colaboración, se añadía que la vida en Buffalo era insufrible para Most, a pesar de que la visita de amigos, como la que le hizo Kropotkin, le salvaba momentáneamente del tedio.
El 6 de agosto de 1899 reapareció Freiheit en Nueva York. Parecía que las cosas mejoraban y así en diciembre se pudo celebrar el vigésimo aniversario del periódico.
Algunas personas han reprochado a Most su falta de interés en el movimiento sindical, esto es falso, como hemos visto, en sus escritos y en sus mítines siempre se preocupó del mismo y se manifestó a favor de la implicación de los anarquistas en los sindicatos. Es cierto que abominaba de los planteamientos de los sindicatos americanos de la época, que solo servían como correa de transmisión de intenciones políticas y cuyas máximas aspiraciones eran unas reivindicaciones locales y reducidas a mínimas mejoras sin plantearse jamás la revolución social.
Por todo esto, Most saludó con entusiasmo las aspiraciones del sindicalismo revolucionario que se estaba desarrollando en Francia y que se plasmó en los congresos de Limoges (1895) y Tours (1896). También apoyó la constitución en 1905 del sindicato Industrial Workers of the World (IWW) en EE UU que tuvo lugar después del Congreso de Chicago y que adoptó las tesis del sindicalismo revolucionario.
En marzo de 1901 Piotr Kropotkin visitó por segunda vez EE UU, esta vez invitado para dar una serie de conferencias sobre literatura rusa. Aprovechó la ocasión para intervenir en mítines anarquistas y será entrevistado por Most para la Freiheit, apareciendo la entrevista en el número del 13 de abril.
El 6 de septiembre de 1901 Leon Czolgoez atentó y mató al presidente de EE UU McKinley en Buffalo.
La prensa acusó al movimiento anarquista y en particular a Emma Goldman y a los editores de la Free Society de Chicago de este hecho, ya que habían tenido relación con Czolgoez en esa ciudad
A pesar de los esfuerzos policiales para incriminarlos, no pudieron obtener ninguna prueba de complicidad y, además, Czolgoez hasta el día de su ejecución mantuvo con firmeza su única responsabilidad en el atentado.
Para Most la muerte de McKinley tuvo consecuencias negativas. Sucedió que Most había publicado en Freiheit un artículo del revolucionario alemán Karl Heinzen, "Muerte por muerte", escrito en 1848 y sin que Most pudiera sospechar nada del atentado que iba a ocurrir. De todos modos, la policía pretendió establecer una relación entre él y Czolgoez. Most fue arrestado y el número de Freiheit secuestrado. Se le dejó en libertad en espera del juicio, pero en este intervalo se le detuvo de nuevo durante el desarrollo de un acto anarquista en Long Island.
El 25 de septiembre es juzgado y condenado a un año por "incitación al asesinato".
Se recurrió la sentencia y quedó en libertad bajo fianza, que fue pagada por compañeros y amigos.

Últimos años
Ni encontrándose en esta situación tan delicada, dejó de publicar la Freiheit y en sus páginas hace frente a todas las calumnias que se lanzan contra los anarquistas, condena los intentos legislativos para limitar y hasta hacer desaparecer el derecho de expresión de las personas contrarias al orden establecido.
Tuvo tiempo de publicar un folleto titulado Abajo con los anarquistas, que contenía una colección de fragmentos de las obras y discursos de los anarquistas más conocidos, con la finalidad de que se conozcan fielmente y sin prejuicios los fundamentos del ideario anárquico y también se denuncian las infamias y calumnias que desde la prensa y el Gobierno se vierten sobre los libertarios. Como preámbulo aparece el pasaje de la Declaración de independencia americana, que reconoce el derecho de los ciudadanos a la insurrección contra el Gobierno que trate de oprimir las libertades del pueblo.
Este escrito tuvo una buena circulación y se agotó por completo en pocas fechas.
En la primavera de 1902 Most editó el primer tomo de sus memorias; esta obra no la llegó a completar y el proyecto de su autobiografía quedó inconclusa ya que murió antes de finalizarla.
La Corte de Apelación desestimó el recurso de Most y ratificó la condena. El 20 de junio de 1902 ingresa en la prisión de Blackwell`s Island por tercera vez.
Estuvo preso hasta el 11 de abril de 1903 y de nuevo una gran multitud lo recibe en un gran acto de bienvenida.
El 25 de enero de 1904 se celebró el vigésimo quinto aniversario de Freiheit. Tuvo lugar un acto de homenaje en el Bronx Casino de Nueva York. Fue un merecido tributo al periódico, pues de toda la prensa revolucionaria quizá no haya existido ninguno que llegase a ser tan odiado y perseguido y sin embargo siguió publicándose gracias al espíritu de sacrificio del editor y del pequeño grupo de colaboradores.
Con motivo de este aniversario, se publicó un número especial con 28 páginas que contó con numerosas colaboraciones, también se incluyó una historia resumida del periódico y se incluyeron diversos poemas. Most escribió un artículo de introducción "Pro domo" que es un ejemplo por su belleza para cualquier periodista.
Durante este largo tiempo, Freiheit había servido como estímulo rebelde para los oprimidos, también como vehículo para la mejora cultural y moral de los lectores, como libro de historia de los movimientos sociales y como tribuna literaria.
A partir de esta fecha y con el entusiasmo de la celebración, pareció que el periódico iba a poder superar los graves problemas financieros que arrastraba, se aumentaron las ayudas y también el número de lectores y suscriptores. Pronto volvieron las dificultades de siempre y otra vez se disminuyeron el número de hojas, solamente cuatro por cada número, para ahorrar gastos.
Para los primero meses de 1906 tenia concertada Most una gran gira de propaganda por la práctica totalidad de los EE UU. A principios de febrero la inició y se estaba desarrollando con total éxito y sin sobresaltos. En la ciudad de Pittsburgh se desarrolló el acto bajo una fuerte lluvia y sumado a la fría temperatura hizo que cogiera un fuerte catarro. Siguió con el viaje sin suspender ningún acto programado. Al llegar a Cinncinati tuvo un ataque de fiebre con fuertes temblores y se retiró a la casa de su amigo Krause, donde esperaba reponerse.
En unos pocos días la situación del enfermo empeoró y se le declaró una erisipela con alta fiebre y delirios que se iban haciendo más frecuentes y prolongados. El desenlace fatal no tardó en producirse y Most muere en esa casa el 17 de marzo de 1906.
La noticia de su fallecimiento recorrió todo EE UU y casi todos los periódicos publicaron la necrológica, pese a todo, algunos de ellos no perdieron la ocasión de injuriarlo por última vez. La prensa socialista recogió también la noticia y publicaron sentidos editoriales tanto en América como en Europa, excepto los periódicos social-demócratas alemanes, que lo mismo que sus parlamentarios en el Reichstag si lo recordaron fue para denigrarlo.
La Freiheit del día 31de marzo apareció en un formato doble y dedicada exclusivamente a la memoria de su fundador y redactor.
La primera idea de sus compañeros fue el traslado del cadáver a Nueva York y homenajearlo en esa ciudad. Las autoridades, temerosas de las seguras demostraciones populares que se producirían y amparándose en el peligro de contagio que pudiera conllevar el traslado del cuerpo, lo prohibieron y se ordenó su incineración el día 20 de marzo. De todos modos no pudieron impedir un acto de homenaje al que asistió un numerosísimo público, donde hubo discursos, canciones revolucionarias y sobre todo mucho sentimiento. En casi todas las ciudades del país tuvieron lugar actos similares quedando patente el afecto popular hacia Most y su obra. El homenaje más multitudinario se desarrolló en Nueva York el 1 de abril, con el acto conmemorativo que tuvo lugar en el Grand Central Palace, donde intervinieron muchos de sus amigos y compañeros, entre otros tomaron la palabra Lucy Parson, viuda de uno de los anarquistas ahorcados en Chicago, Max Baginski, Emma Goldman, desde hacía tiempo reconciliada con él, y el español Pedro Esteve, que realizaba un gran labor en los medios anarquistas de lengua española en EE UU.
Entonces surgió el dilema de si la Freiheit debería seguir apareciendo o no. Hubo discrepancias, según unos era un deber moral y revolucionario su continuación, y otros eran de la opinión de que con la muerte de Most se cerraba el capítulo de la Freiheit y que las ideas debían ser difundidas en otra publicación de otro nombre.
El 28 de abril de 1906 se celebró una asamblea y prosperó la idea de la continuación de su publicación. Con la dirección de Baginski y la colaboración activa de los compañeros, la Freiheit pudo aparecer todas las semanas hasta que la situación financiera se hizo crítica y ya desde el 4 de enero de 1908 solo se pudo publicar quincenalmente. A finales de ese año la Freiheit desapareció definitivamente.

Juan Ruiz Subir


La bestia de la propiedad

"De todos los animales de presa el hombre es, sin lugar a dudas, el peor". Esta expresión, muy conocida en la actualidad, sólo es relativamente cierta. El hombre en relación con la riqueza es un animal de presa, mas no lo es el hombre en sí mismo. Cuanto más rico es un hombre, más grande es su codicia. A tal monstruo le podemos llamar la bestia de la propiedad. Es ese hombre el que dirige actualmente el mundo, el que hace miserable a la humanidad y aumenta en crueldad y en voracidad con el progreso de nuestra supuesta "civilización". A ese hombre vamos a definir ahora y vamos a preconizar su exterminación.
¡Mirad a vuestro alrededor! En todos los países llamados "civilizados", de cada 100 hombres 95 se encuentran desposeídos de todo, mientras que los cinco restantes son ricos.
No es necesario reconstituir todos los caminos que éstos tomaron para ganar sus bienes. El solo hecho de poseer todo, mientras que otros viven o más bien subsisten, evidencia claramente que se enriquecieron a expensas de la mayoría.
Esta horda ha tomado, en el transcurso de la historia, posesión de la tierra como de todas las riquezas a través de la fuerza bruta y directa, del engaño o del fraude. La ley de herencia, el derecho de sucesión y de cambio de manos le confieren a este robo una coloración "venerable" y, consecuentemente, han mistificado y borrado el verdadero carácter de esos actos. Por ello, la bestia de la Propiedad no es plenamente reconocida por lo que es sino, por el contrario, adorada con un respeto temeroso.
Además, todos aquellos que no pertenecen a su clase son sus víctimas. Cuando el niño de todo aquel que en este mundo no posee nada (un hombre pobre) llega al mundo, encuentra cada esquina y rincón de la tierra ocupados. Todo tiene "su señor". Sin trabajo nada puede producirse y para poder trabajar es necesario no solamente la habilidad y la voluntad, sino también un lugar, herramientas, materias primas y medios de subsistencia. Por ello, el hombre pobre tiene, por fuerza de necesidad, que someterse a aquellos que poseen estas cosas en abundancia. Y ¡vean ustedes!, los ricos le darán el permiso de seguir existiendo. A cambio de ello, el hombre pobre tiene que verse despojado de su habilidad y de su fuerza. De ahora en adelante estas cualidades estarán a disposición de sus pretendidos "salvadores", que lo someterán bajo el yugo del trabajo, exigiéndole el más alto grado de sus facultades mentales y físicas para producir nuevos tesoros, que de todas maneras, no podrá poseer. ¿Deseará reflexionar un tiempo con respecto a un contrato tan desigual? Los ruidos de su estómago le convencerán rápidamente de la urgencia y le recordarán que hay millones de seres que se encuentran en la misma situación y que el riesgo de que centenas de otros hombres pobres se presenten en su lugar, mientras él piensa, es grande; así su oportunidad se le escapará entre los dedos y se encontrará de nuevo a la merced de los vientos.
El látigo del hambre obliga al hombre pobre a someterse. Para poder vivir tiene que venderse -venderse "voluntariamente"- cada día, cada hora, a la bestia de la propiedad.
Antaño, cuando la clase "dominante" cazaba esclavos, sujetando a sus víctimas con hierros y forzándolos a trabajar para su beneficio personal (en los tiempos en los que los ladrones cristiano-germanos robaban países enteros, privando a sus habitantes del suelo, y sometiéndolos a un sistema feudal) la época era ya terrible. Pero el orden público contemporáneo, el sistema actual, ha alcanzado la cumbre de la infamia: ha desposeído a más de las nueve décimas partes de la humanidad de sus medios de existencia, los ha reducido a la dependencia de una insignificante minoría y los ha condenado al autosacrificio. Al mismo tiempo, este sistema ha disfrazado esta relación con diversos pases de prestidigitación de manera que los esclavos de hoy, los esclavos asalariados, sólo se reconocen parcialmente en su servitud y en su puesta fuera de la ley, y atribuyen todo eso a los caprichos de la suerte.
El único propósito de la clase dominante es el de perpetuar este estado de cosas. La burguesía, aunque raramente unida -algunos buscan ganar ventajas sobre los otros a través de las astucias del mercado, la estafa, la especulación y otras maniobras de la competencia- frente al proletariado se enlaza en una sólida falange. Su ideal político es, por lo tanto, a pesar de todas sus frases liberales, el establecimiento de un gobierno poderoso, el más centralizado y brutal posible.
Si el hombre pobre se encuentra momentáneamente incapaz de venderse a un explotador del trabajo, o se encuentra ya reducido a la impotencia por la bestia de la propiedad, y recurre a la mendicidad, el burgués satisfecho se indigna contra este "vagabundo" y recurre a la policía, demandando la picota y la prisión para el pobre diablo que rechazó morir de hambre en medio de una montaña de comida.
Cuando el desocupado opta por la tan cacareada autoasistencia, es decir, cuando hace en pequeña escala lo que el rico hace impunemente a lo grande, robar para vivir, la burguesía amontonará los carbones ardientes de "la indignación moral" sobre su cabeza para luego, con un rostro austero, entregarlo implacablemente al Estado, a las prisiones en donde se le trasquilará de la manera más eficaz, es decir, la más barata.
Cuando los trabajadores se asocian para obtener mejores salarios, reducción de horas de trabajo u otras ventajas de este sistema, los opulentos ponen el grito en el cielo hablando de "conspiración" y exigen que sea contrarrestada.
Cuando los trabajadores se organizan políticamente, se denuncia esta resistencia al "orden divino" y se exige que sea invalidada por las leyes de excepción o de discriminación.
Si finalmente los trabajadores se preparan para la rebelión, "los tigres de oro" profieren un tal grito de rabia que se escuchará en todo el mundo; su fanatismo por las masacres y su sed de sangre son insaciables.
La vida del hombre pobre no tiene valor para el rico. Éste, en tanto que propietario del buque, pondrá en peligro la vida de toda la tripulación cuando su objetivo sea obtener fraudulentamente un elevado seguro sobre la base de un buque a la deriva y arruinado. La mala ventilación, la profundidad de las excavaciones, los soportes defectuosos, etc., provocan cada año la muerte de miles de mineros, pero así se economizan gastos; por lo tanto se aumentan beneficios y los propietarios de la mina no tienen ninguna razón de considerarse desgraciados. El pachá de la industria tampoco se preocupa de si sus obreros son desmenuzados por las máquinas, envenenados por los productos químicos o sofocados por la suciedad y el polvo. ¡El beneficio ante todo!
Las mujeres cuestan menos que los hombres: los vampiros capitalistas buscan su sangre con una insaciable rapacidad; además la mano de obra femenina les procura prostitutas a bajo precio.
La carne infantil es la menos cara de todas: ¿por qué nos sorprendemos cuando los caníbales de la sociedad moderna se deleitan de sus juveniles víctimas? ¿Qué les puede importar la ruina física y mental de los niños pobres de por vida; que miles de ellos, miserables, y habiendo llegado al límite de su fuerza en su tierna edad fallezcan?
Los stocks aumentan, eso les alegra.
Como la burguesía, gracias a sus capitales, monopoliza completamente todas las invenciones, la introducción de cada máquina nueva, en vez de reducir las horas de trabajo y aumentar la prosperidad y el bienestar de todos, engendra, por el contrario, despidos para algunos, reducciones de salarios para otros, así como un aumento y una intensificación de la miseria para todo el proletariado.
Cuando un aumento de la producción va a la par con un aumento de la pauperización de las masas, el consumo tiene que simultáneamente decrecer, el estancamiento y la crisis tienen que sobrevenir. La concentración de la sobreabundancia de la riqueza actual en manos de pocos engendra hambre, tifus y otras epidemias en las masas numerosas. La injusticia, hasta la estupidez, de lo que acabamos de afirmar es evidente. Los opulentos levantan, evidentemente, los hombros. Esto lo seguirán haciendo hasta que una cuerda bien ajustada por encima de sus hombros acabe definitivamente con todo ultraje.
Al trabajador no se le engaña únicamente de múltiples formas como productor, sino también como consumidor. Innumerables parásitos lo acosan para desposeerlo de su miserable salario.
Los productos llegan tras haber pasado por múltiples manos, tras haber sido almacenados en diferentes ocasiones, haber aumentado su precio suficientemente para contener el beneficio del intermediario, de los agentes de cambio, las tasas y derechos de aduana, finalmente a las manos de los minoristas cuya clientela está compuesta casi exclusivamente de proletarios. Los mayoristas "hacen" (es decir, se meten fraudulentamente en el bolsillo) de un 10 a un 20 por 100 de beneficios gracias a esas transacciones; el minorista exige un beneficio del 100 por 100 y para obtenerlo es capaz de recurrir a toda clase de manipulaciones y no tiene reparos en adulterar los alimentos. Estos ladrones mantienen relaciones directas con los que envenenan y falsifican la cerveza, el vino, el licor, etc., aquellos que por su infame tráfico hacen peligrosas nuestras calles y nuestros centros industriales. Luego tenemos a los propietarios de los inmuebles que buscan incesantemente envenenar la existencia del pobre. Las condiciones de vivienda son cada vez peores, los alquileres aumentan y los contratos son cada vez más humillantes. Los obreros viven amontonados en los patios, en los desvanes y en los sótanos llenos de parásitos, humedad y moho; las cárceles son generalmente mejores para la salud que estos huecos para ratas.
Cuando el obrero no tiene trabajo, se encuentra de nuevo a la merced de una horda de especuladores del hambre dispuestos a saltarle por encima para completar su ruina. Los usureros, y otros prestamistas de la misma calaña, le adelantan pequeñas sumas de dinero a una tasa de interés elevada, a cambio de los haberes que aún le quedan al pobre. Los contratos están tan bien construidos que es casi imposible respetarlos: los objetos desposeídos como prenda son confiscados y el pobre arruinado se hunde en la miseria más completa. Los estranguladores, por el contrario, amasan su fortuna en poco tiempo. El mendigo es considerado por alguno de esos tiburones como un buen pagador. Cada centavo provoca la codicia del propietario de las pocilgas y otros antros innobles. Hasta los ladrones son objeto de esta expoliación capitalista, se les transforma en esclavos de astutos encubridores y de alcahuetes que compran las mercancías robadas a cambio de migajas. Sí, hasta a esas mujeres sin fortuna, que el execrable sistema actual conduce a la prostitución, los propietarios de los burdeles y de las "casas de mal vivir" las estafan sin vergüenza alguna. Esta es la expoliación del pobre, desde la cuna hasta la tumba; cuando produce o consume está rodeado siempre de vampiros feroces, sedientos hasta de su última gota de sangre. Del otro lado está el hombre rico que, a pesar de su incapacidad de justificar su avidez, no para su trabajo de explotación. El que posee 3.000.000 de dólares quisiera tener 10.000.000, el que tiene 100.000.000 quisiera 1.000.000.000.
La sed de riqueza y la sed de poder son gemelas. La riqueza no genera únicamente más riqueza, sino que da luz también al poder político. Bajo el sistema capitalista actual la venalidad es un vicio generalizado. La regla se resume al precio que hay que pagar para comprar a aquellos que, a través de sus discursos o su silencio, por la pluma o por los medios de comunicación, por sus actos de violencia o todo otro medio, se ponen al servicio de la "bestia de la propiedad", que por sus dictámenes en oro sigue siendo el poder absoluto, la verdadera divinidad.
En Europa y en América, varias centenas de miles de curas y otros ministros del culto envenenan el buen sentido de las masas. Innumerables misioneros distribuyen, casa por casa, volantes desprovistos de sentido, cometiendo todo tipo de estragos "espirituales". En las escuelas, se hacen increíbles esfuerzos por invalidar lo poco que la lectura, escritura y cálculo podrían aportar de bueno. La forma estúpida en que se enseña "la historia" suscita las tomas de posición que dividen a las gentes y les impiden reconocer que sus opresores se han ligado desde hace mucho tiempo contra ellos y que toda política, pasada y presente, sólo tiene un objetivo: establecer firmemente el poder de la clase dominante y con ello asegurar la explotación del pobre por el rico.
El comercio de los gavilanes de "lealtad y otros venenos" es dirigido por los francotiradores de tinta de la prensa cotidiana (en su mayoría falsificadores de la historia), por los cabrones de politicastros de diferentes bandas, camarillas, coaliciones y organizaciones en boga, por los charlatanes de parlamentos y sus seductoras sonrisas, promesas en los labios, traición en el corazón, y por centenas de otros politicastros, de todos niveles y matices de bajeza.
Escuadrones enteros de bandidos son especialmente reclutados para mistificar la cuestión social. Los profesores de economía política, por ejemplo, interpretan el papel de lacayos de la burguesía, exaltan al becerro de oro como un verdadero sol de vida, usan tan "científicamente" bien la falsificación y el engaño para llegar a demostrar que curtir el cuero de los trabajadores es benéfico para la humanidad. Algunos de estos charlatanes preconizan la reforma social, es decir, el viejo método de lavar sin mojarse, por no hablar de su célebre receta para economizar y educar.
Sin dejar de embaucar a las masas, los caballeros capitalistas del pillaje perfeccionan sus mecanismos de poder; crean nuevas funciones y los puestos de dirección son otorgados, en Europa, a los descendientes de los antiguos bandidos (hoy "aristócratas") y en América a los postulantes más astutos y a los más descarados ladrones que combinan con su objetivo original de amordazamiento definitivo del proletariado sus agradables negocios de falsificación y el robo a gran escala. A lo que dirigen ejércitos de soldados, de policías, de espías, de jueces, de funcionarios de prisiones, de recaudadores de impuestos, de albaceas testamentarios, etc. Los ejecutantes de estas tareas degradantes se reclutan casi exclusivamente en los rangos de los no poseedores y son raramente bien pagados, a pesar de la energía que despliegan para ser los espías, las orejas indiscretas y husmeadoras, las garras, los dientes y las ventosas del Estado. Este último no es más que la organización política de la horda de estafadores y de expoliadores que, sin la maquinaria tiránica, no podría sobrevivir un solo día frente a la justa cólera y condenación de los oprimidos y los desposeídos.
Este sistema ha alcanzado naturalmente su punto culminante en casi todas las antiguas naciones. El aparato disciplinario del Estado se concentra en el poder monárquico, sus representantes, "por la gracia de Dios", representan, como se debe, la quintaesencia de la infamia. En ellos, el vicio y el crimen, común a toda la clase dirigente, se desarrolla a un grado monstruoso. El asesinato sistemático (la guerra) es su ocupación preferida; cuando roban, y lo hacen frecuentemente, roban siempre a comarcas enteras y a centenas, léase miles de millones de gentes. Encienden colosales fogatas para iluminar sus atrocidades. Según ellos, la humanidad existe para que ellos puedan darle patadas, abofetearla y sentarse encima de ella. A lo más, elegirán a las mujeres y niñas más atractivas de entre sus "sujetos" para saciar sus lujurias más bestiales. Los otros tienen el derecho a "obedientemente" morir como perros.
Estos asesinos coronados de Europa se embolsan, gracias al chantaje directo, cada año 50.000.000 de dólares. El militarismo, su amada progenitura, cuesta anualmente 1.000.000.000 de dólares, sin contar las pérdidas en vidas humanas y en trabajo. Una suma igual a ésta es pagada como interés de los 20.000.000.000 dólares de la deuda que el Estado contrajo en un tiempo incomparablemente corto. La monarquía en Europa cuesta anualmente 2.050.000.000 dólares, es decir, más de lo que 10.000.000 de trabajadores ganan como salario en el mismo tiempo y que permitiría vivir a 50.000.000 personas.
El lugar que ocupan los monarcas es ocupado por los monopolios en América. Si, en estos Estados Unidos de América, pretendidamente "libres", los monopolios continúan desarrollándose a la misma velocidad que en este cuarto de siglo, solamente el aire y la luz del día permanecerán libres de monopolización. Doscientos cincuenta millones de hectáreas de tierra en los Estados Unidos, unas seis veces la superficie de Gran Bretaña y de Irlanda, fueron divididas en una generación entre las compañías ferroviarias y los grandes propietarios de la tierra de origen Europeo-aristócrata. Vanderbilt atesoró, en solamente algunas décadas, 200.000.000 dólares y varias docenas de sus competidores en los dominios del robo prometen superarlo. Se fundó San Francisco hace apenas treinta años, ¡hoy esta ciudad cobija ochenta y cinco millonarios! Toda la riqueza de esa gran república, a pesar de que cuenta un siglo de existencia, todas sus minas, sus yacimientos de hulla, sus pozos petrolíferos, etc., han sido "tomados" a las gentes y se han transformado en la propiedad de un puñado de aventureros audaces y de hábiles intrigantes.
La "soberanía del pueblo" se prosterna en el polvo bajo la influencia de estos reyes del dinero, de estos magnates de los ferrocarriles, de estos barones del carbón y de estos propietarios de fábricas. Estas gentes tienen a los Estados Unidos en sus bolsillos, y lo que se alaba como una legislación sin obstáculos y elecciones libres no es más que pura farsa, ilusión y trampa.
Si estas son las condiciones de la selva verde ¿qué podemos esperar del árbol viejo? Si la joven república americana, con su territorio casi ilimitado y sus recursos naturales casi infinitos, fue también fatalmente corrompida y arruinada en un lapso tan corto por el sistema capitalista ¿cómo puede sorprendemos el resultado del abuso de similar naturaleza que se perpetúa continuamente en la servil y podrida Europa?
En este momento, parecería que la joven república americana tiene por única y sola misión histórica la de demostramos, de una vez por todas, a la gente de los dos lados del Atlántico, gracias a la presentación de los hechos desnudos, tangibles e incontestables, que la "bestia de la propiedad" es un monstruo horrible y que ni la calidad de la tierra, ni la extensión del territorio, ni las formas políticas de la sociedad podrán jamás alterar la perversidad de este animal de presa. Por el contrario, los hechos prueban que cuanto menos la codicia individual y la rapacidad tienen razón natural de existir, más peligroso e inoportuno para la sociedad deviene ese animal. La "bestia de la propiedad" no es voraz para satisfacer sus necesidades, sino que ¡devora únicamente por el placer de tragar!
¡Que los que trabajan para vivir comprendan que este monstruo no puede ser domado, ni amaestrado, ni volverse inofensivo o útil al hombre, que sepan que la única salida posible es una implacable, despiadada y minuciosa guerra de exterminación! Tratarlo bien no sirve para nada. Desprecio e ironía serán los resultados a los que el proletariado tendrá que atenerse si, gracias a las elecciones, peticiones u otras estúpidas tentativas similares, pretende imponer el respeto a su enemigo jurado.
Algunos afirman que la educación general traerá los cambios, pero esta opinión común no tiene sentido. La educación sólo será posible si se destruyen los obstáculos, lo que no podrá darse antes de que todo el sistema actual sea destruido.
Pero no se piense que nada se puede o debe hacer por medio de la educación. Lejos de ello. Todo aquel que reconozca la infamia de las condiciones actuales tiene que alzar la voz para denunciarlas y, con ello, abrir los ojos de las gentes. Para llegar a este resultado hay que evitar solamente las reflexiones supercientíficas, dejémosle esto a los bienintencionados hombres de ciencia que de esta manera arrancarán la máscara de humanidad a la "mejor clase" y desvelarán el rostro repugnante del predador. El lenguaje necesario para el proletariado tiene que ser claro y enérgico.
Todo aquel que pronuncie discursos será acusado por la gentuza que nos gobierna de incitación al disturbio, será amargamente odiado y perseguido, lo que demuestra que la única educación posible y práctica debe tener naturaleza incitativa. Por lo tanto, ¡incitemos!
Mostremos al pueblo cómo los capitalistas de la ciudad y del campo lo desposeen de su fuerza de trabajo, cómo los propietarios, los comerciantes, etc., le quitan su pobre salario, cómo los curas de la cátedra, de la prensa y del partido buscan destruir su intelecto, cómo la policía está siempre dispuesta a maltratarlo, a tiranizarlo y a llamar a la soldadesca para derramar su sangre. ¡Que finalmente la paciencia lo abandone! ¡El pueblo se enfrentará y aplastará a sus enemigos!
La revolución proletaria, la guerra del pobre contra el rico, es el único camino que conduce de la opresión a la liberación.
Algunos afirmarán: ¡las revoluciones no se fabrican! Cierto, pero pueden prepararse dirigiendo la atención de las gentes hacia la inminencia de tales acontecimientos, llamándolas a estar preparadas para toda eventualidad.
El desarrollo capitalista, que muchos teóricos afirman que llevará a la extinción total de la clase media (pequeña burguesía) antes de que las condiciones favorables de una revolución social se encuentren al alcance de la mano, ha alcanzado un grado tal de perfeccionamiento que todo nuevo progreso parece casi imposible. La producción universal (en los países civilizados) sólo podrá proseguir a gran escala, tanto en la industria como en la agricultura, cuando la sociedad se organice sobre bases comunistas, y (lo que es una evidencia) cuando el desarrollo de la técnica se acompañe de una reducción de horas de trabajo y el consumo aumente con la producción.
Esto se comprende fácilmente. A través de la producción generalizada se puede alcanzar una producción 100 veces superior a la necesidad que los productores tienen de mercancías, de valor equivalente y es en este nivel donde se encuentra la fricción. Hasta hace poco, la plusvalía no ha sido objeto de mucha atención puesto que, de una parte, este supuesto beneficio fue capitalizado, es decir utilizado para crear nuevas empresas capitalistas, y de otra parte, porque los países más industrializados (mejor dicho: la "bestia de la propiedad" en esos países) exportan enormes cantidades de mercancías. Sin embargo, ahora el proceso comienza a andar de capa caída. La industrialización ha generado grandes progresos por todo el mundo, equilibrando cada vez más las importaciones y las exportaciones. Por ello es cada vez menos rentable hacer nuevas inversiones de capitales que, en esas circunstancias, sólo podrán revelarse rápidamente infructuosas. De ello derivará la crisis universal que hará reventar estas incongruencias flagrantes.
Por ello, todo está maduro para el comunismo. Es solamente necesario suprimir a los enemigos empedernidos e interesados: los capitalistas y sus instigadores. El pueblo se preparará, en el transcurso de estas crisis, para la lucha; todo dependerá, entonces, de la presencia de un núcleo revolucionario bien entrenado sobre todos los puntos, dispuesto a cristalizar en torno a él a todas las masas de gentes lanzadas por la miseria y la necesidad de trabajo hacia la rebelión, y capaz de dirigir las fuerzas poderosas que así se constituyen hacia la destrucción de todas las instituciones hostiles existentes.
¡Por tanto a organizar y hacer crecer en todos lados el movimiento socialista revolucionario, antes de que sea demasiado tarde! La victoria del pueblo sobre sus vampiros y tiranos será segura.
En lugar de desarrollar aquí un "programa", es, bajo las siguientes condiciones, de mucha mayor importancia describir lo que el proletariado probablemente hará de forma inmediata, después de la batalla victoriosa para mantener su supremacía.
Al parecer, se hará lo siguiente: en cada comunidad local donde el pueblo haya ganado una victoria, se constituirán comités revolucionarios. Éstos ejecutarán los decretos del ejército revolucionario, que reforzado por los obreros en armas, dominará el mundo como un nuevo conquistador.
El anterior (presente) sistema, será abolido de la forma más rápida y total, si quienes lo sustentan -la "bestia de la propiedad" y su "horda de adherentes"- son aniquilados. La cuestión es así: Si el pueblo no los aplasta, ellos aplastarán al pueblo, ahogarán la revolución en la sangre de los mejores, y remacharán las cadenas de la esclavitud de forma más fuerte que nunca. Matar o ser matado son las alternativas. Por tanto las masacres de los enemigos del pueblo serán instituidas. Todas las comunidades libres entrarán en una alianza ofensiva y defensiva, mientras dure el combate. Las comunas revolucionarias deberán incitar a la rebelión en los distritos adyacentes. La guerra no podrá terminar hasta que el enemigo (la "bestia de la propiedad") haya sido perseguido hasta en su último bastión y haya sido totalmente destruido.
A fin de proceder cabalmente en el sentido económico, todas las tierras y el así llamado patrimonio del Estado, con todo sobre él, así como el Capital variable, será declarado propiedad de su comuna respectiva. Hasta que la completa y armoniosa reorganización de la sociedad sea efectuada, la proclamación de los siguientes principios y medidas debe ser considerado satisfactoria.
Cualquier deuda pendiente se encuentra liquidada. Los objetos de uso personal que hayan sido empeñados o hipotecados serán devueltos. No se pagarán rentas. Comités por distrito, de habitación, de carácter permanente, proveerán de techo a quienes no lo tengan o tengan cuartos inadecuados e infectos; tras la gran limpieza ya no habrá déficit de casas habitables.
Hasta que cada uno pueda obtener un empleo adecuado, la comuna garantizará todas las necesidades vitales. Comités de abastecimiento regularán la distribución de los bienes confiscados. Si hubiera falta de cualquier cosa, que pudiera ser el caso en los artículos alimenticios, debe ser obtenida por los agentes apropiados. Tomarla de los grandes Estados vecinos, por columnas armadas de expropiadores, sería una de las formas más expeditas de proveerse de ellos.
La preparación de las provisiones podría ser hecha de forma efectiva por asociaciones obreras comunales, organizadas para tal propósito.
La organización inmediata de los trabajadores de acuerdo a las distintas ramas productivas, y poniendo a su disposición las fábricas, maquinarias, materias primas, etc., para la producción cooperadora, formarán la base de la nueva sociedad.
La comuna será -al menos por un tiempo- la medidora y reguladora del consumo. Por tanto, pactará individualmente con las asociaciones obreras, haciéndoles avances periódicos que consistirán en vales sobre la mercancía comunal adquirida y almacenada, dando el golpe de gracia al viejo sistema monetario.
Buenas escuelas, jardines infantiles y otras instituciones para la educación deben ser fundadas sin retraso. La educación de los adultos, que entonces será posible, no debe ser negada ni retardada. La verdad y el conocimiento serán enseñados en iglesias, en donde ya no se tolerarán los cánticos de los curas. Todas las imprentas estarán en servicio para editar libros, periódicos y panfletos de valor educativo por millones, para ser distribuidos en todas partes, particularmente en las regiones no liberadas de la servidumbre. Todos los códigos, archivos policiales y de los tribunales, registros de hipotecas, traspasos, fianzas y todos los otros llamados "registros de la propiedad" deben ser quemados. Estas indicaciones sólo sirven para mostrar que el período de transición, que generalmente espanta a aquellos que de otro modo abogarían enérgicamente por la reorganización de la sociedad y que se les aparece demasiado arduo y dificultoso, no sea de una naturaleza tan enervante.
Y ahora echemos un vistazo al ideal de nuestras aspiraciones.
La sociedad libre debe consistir en comunas autónomas, es decir, independientes. Una red de federaciones, el resultado de asociaciones sociales libres, y no de un gobierno autoritario o de ningún modo centinela, es una. Los asuntos comunes son atendidos de acuerdo a la deliberación libre y al juicio de los interesados de la comuna o de las asociaciones. El pueblo, sin distinción de sexo, se encuentra frecuentemente en parques o en salones adecuados, no para hacer leyes o atar sus propias manos, sino para decidir caso a caso en todas las materias relativas a los asuntos públicos, o para elegir a individuos a fin de ejecutar sus resoluciones, y para escuchar sus informes.
La apariencia exterior de estas comunas será por completo diferente de las actuales ciudades y pueblos. Las calles estrechas habrán desaparecido, las casas insalubres habrán sido derribadas, y palacios espaciosos y firmes, rodeados de parques y jardines, habrán sido erigidos en su lugar, acomodando a asociaciones grandes o pequeñas agrupadas de acuerdo a sus intereses afines, aumentando las comodidades a un grado en que ni el arreglo individual ni familiar pudiere hacerlo.
En el campo, la gente se concentrará más. Una comuna agrícola, con las conveniencias de la ciudad, tomará el lugar de múltiples villorrios. Habrá granjas unificadoras, en lugar de como hasta ahora han estado separadas, y la aplicación general de la agricultura y el constante mejoramiento de los implementos agrícolas y de los fertilizantes químicos, el creciente perfeccionamiento de los medios de comunicación y transporte, etc., habrán simplificado este proceso de concentración. El antiguo contraste entre campo y ciudad desaparecerá, y el principio de la igualdad ganará uno de sus más importantes triunfos.
La propiedad privada ya no existe. Toda la riqueza pertenece al pueblo o a las ligas comunales. Todos, en condiciones o no para trabajar, obtendrán los artículos de primera necesidad que requieran. La suma total de necesidades y bienes suntuarios regulará la cantidad de producción.
El tiempo de trabajo por individuo ha sido reducido a unas cuantas horas por día, porque todos aquellos que estén en condiciones de trabajar, sin miramientos de sexo, tomarán parte en la producción, ya que el trabajo inútil, dañino u otro de carácter similar ya no será hecho, y porque la técnica, la química así como otros medios auxiliares de la producción se habrán desarrollado gradualmente y se aplicarán universalmente. Con mucho, la mayor parte del día podrá ser gastado en el goce de la vida.
La más grande gratificación se encontrará en la actividad intelectual libremente elegida. Algunos utilizarán su tiempo de ocio en ayudar a sus compañeros, y estarán ocupados en el bienestar común. Otros lo harán en bibliotecas, donde se emplearán en asuntos literarios, o reuniendo material para lecciones educativas, o simplemente en estudios privados. Otros se apresurarán a asistir a los liceos, abiertos para todos, a escuchar ciencia. Academias de pintura, escultura, música, etc., ofrecerán oportunidades de educación a quienes quieran seguir las bellas artes.
Amigos de la infancia, especialmente de sexo femenino, se reunirán en los lugares de educación, donde, bajo la dirección de verdaderos mentores de la juventud, ayudarán en la crianza y cultura de la generación que crece.
La educación se realizará sólo en habitaciones ventiladas, iluminadas, y durante el buen tiempo al aire libre. Y para asegurar el igual desarrollo de la mente y el cuerpo, alegres juegos, gimnasia y trabajo se alternarán con los estudios intelectuales.
Los teatros y auditorios ofrecerán asientos libres para todos.
Los matrimonios forzados o arreglados serán desconocidos; la humanidad habrá vuelto al estado natural y no se constreñirá la ley del amor.
El vicio y el crimen habrán desaparecido con sus causas originarias, la propiedad privada y la miseria general.
Las enfermedades en gran medida habrán cesado, ya que los malos albergues, los talleres asesinos, los alimentos y bebidas adulterados, la explotación, se han vuelto cosas desconocidas.
El hombre por fin puede disfrutar su vida. ¡La "bestia de la propiedad" ya no existe!

Johann Most (1883) subir


La peste religiosa

La peor de todas las enfermedades mentales que embrutecen al hombre es la peste religiosa.
Como todo tiene su historia, esta epidemia no deja de tener la suya: solamente tiene de particular que es muy perniciosa, aparte de lo que tiene de bufa. El viejo Zeus y Júpiter tronante eran unos dioses muy decentes y, podemos añadir, esclarecidos si se les compara con la ridícula Trinidad del árbol genealógico del buen Dios, cuyos personajes no son menos crueles, brutales y ridículos que los primeros.
Por otra parte no queremos perder el tiempo con los dioses caducados, puesto que en la actualidad no causan perjuicio alguno, sino que sólo criticaremos a esos charlatanes fabricadores de la tempestad y del buen tiempo, en plena actividad actualmente, y a estos terroristas del infierno.
Los cristianos tienen una Trinidad, es decir, tres dioses; sus antecesores, los judíos, se contentaron con uno solo. Esto aparte, los dos pueblos constituyen una civilización muy divertida. El Antiguo y el Nuevo Testamento son para ellos la fuente de toda sabiduría, y por eso es preciso leer de buen o mal grado estas santas escrituras si se desea ponerlos en ridículo.
Examinemos simplemente la historia de estas divinidades y veremos, desde luego, que suministra materiales suficientes para caracterizar al conjunto. He aquí, pues, la cosa expuesta sucinta y brevemente.
Al principio, Dios creó el cielo y la tierra. Él se encontró desde luego en medio de la nada, lo cual debía de ser bastante triste para que el mismísimo Dios se aburriera de tal situación. Pero como que es una bagatela para un Dios esto de hacer los mundos de la nada, creó el cielo y la tierra como un charlatán sacude los huevos y las monedas en el interior de su manga. Más tarde se dedica a fabricar el sol, la luna y las estrellas. Ciertos herejes, a los cuales se conoce por astrónomos, han demostrado, hace ya muchísimo tiempo, que la tierra no es ni ha sido jamás el centro del universo, que no ha podido existir antes que el sol, alrededor del cual continuamente da vueltas. Estas gentes han demostrado que es una gran barbaridad esto de hablar de la creación del sol, de la luna y de las estrellas después de la tierra, como si ella, comparada con el sol, la luna y las estrellas, fuese alguna cosa especial y extraordinaria. Hace mucho tiempo que los niños que concurren a las escuelas saben que el sol es un astro, que la tierra es uno de sus satélites y que la luna, para así decirlo, no es más que un subsatélite; saben igualmente que la tierra, en comparación con el universo, está muy lejos de desempeñar un papel superior, antes por el contrario, no es más que un grano de polvo en el espacio. Pero ¿es tal vez que este Dios se dedica a la astronomía? Él hace esto y todavía más, y se burla de la ciencia y de la lógica. Es por esta razón por la que después de fabricar la tierra hizo la luz y, en seguida, el sol.
Un hotentote sabe perfectamente que sin el sol la luna no puede existir; pero Dios… por lo visto, no llega a concebir lo que sabe el hotentote.
Vayamos más al fondo de la cuestión. La creación andaba perfectamente; pero no había todavía vida en ella y, como el Creador deseaba divertirse, hizo al hombre. Solamente haciéndolo prescinde de uno de los aspectos particulares de su manera de proceder. En lugar de hacer esta creación por un simple mandato, se encuentra de sobra perplejo y, tomando un prosaico puñado de barro, modeló al hombre a su imagen y semejanza; luego sopló… y le dio un alma. Como que Dios es todopoderoso, bueno, justo, en una palabra, la complacencia y amabilidad en su esencia, vio en seguida que Adán (con ese nombre bautizó a su escultura de barro) si estaba solo se aburriría desmesuradamente y maldeciría su insoportable existencia; para evitarlo le fabricó entonces una joven, una encantadora Eva.
Seguramente la experiencia le habrá demostrado que lo de fabricar muñecos de barro era ya un trabajo muy impropio para un Dios; así pues, prescindió del barro y empleó otro método. Tal vez se dedicó a otros experimentos, pero debemos hacer constar que la Biblia no nos dice nada sobre este particular. La cuestión principal es que arrancó una costilla a Adán y la convirtió inmediatamente en una hermosa mujer; inmediatamente decimos, porque la velocidad en hacer las cosas no debe de ser un arte de brujería para un dios. Además, tampoco nos cuenta la Biblia si le causó dolor a Adán el que le arrancaran una costilla, ni si ésta fue sustituida posteriormente por otra, o si debió de contentarse con las que le quedaron después de la divina operación quirúrgica.
Las ciencias modernas han demostrado que tanto los animales como las plantas, formadas de un conjunto de simples células, han ido adquiriendo paulatinamente, durante el transcurso de millones de siglos, las formas que actualmente tienen.
Ellas han establecido, además, que el hombre no es más que el producto más perfecto de este larguísimo y continuo desenvolvimiento y que no solamente hace algunos millares de años que el hombre no hablaba todavía y se acercaba mucho al tipo animal, en la verdadera acepción de la palabra, sino que debe descender de los animales más inferiores de la escala zoológica, puesto que toda otra suposición es inadmisible. Partiendo de esta premisa, la historia natural nos hace considerar a Dios, cuando fabrica al hombre, como un charlatán ridículo; pero ¿para qué insistir en esto? Seguramente que esto que decimos no es del agrado de los corifeos de este Dios.
Que sus historias tengan o no un sello científico, no importa; es indispensable creer: si no sucede así, Dios os enviará a buscar por el diablo (su competidor), lo cual supongo que no debe de ser muy agradable, pues en el infierno reinan no solamente las lágrimas y los continuos rechinar de dientes, sino, lo que es peor todavía, quema el fuego eterno, un gusano insaciable os roe y la pez ardiente os envuelve en aquel antro.
Después un hombre sin cuerpo, es decir, un alma, será asada; su carne será tostada, sus dientes rechinarán todavía más, llorará sin ojos y respirará sin pulmones; los gusanos roerán sus huesos enterrados eternamente en la fosa y aspirará su nariz el olor sulfuroso… todo esto eternamente. ¡Maldita historia!
Fuera de esto, Dios, como dijo él mismo en su crónica, la Biblia, especie de autobiografía, es excesivamente caprichoso y ávido de venganza; en fin, un déspota de primer orden.
Apenas Adán y Eva fueron creados, ya fue ya preciso gobernar la raza humana; por esta causa, Dios emitió un código con esta prohibición categórica: "No comeréis del fruto del árbol de la ciencia".
Desde entonces no ha existido ningún tirano, coronado o sin corona, que no haya lanzado, a su vez, esta prohibición a la faz de los pueblos.
Pero Adán y Eva desobedecieron esta orden y Dios los expulsó del paraíso, condenando a ellos y a sus descendientes para siempre a los más rudos trabajos. Además los derechos de Eva le fueron suprimidos y ella fue declarada sirvienta de Adán, a quien debía prestar obediencia.
La severidad de Dios hacia los hombres no sirvió de nada; al contrario, cuanto más aumentaba más le desobedecían. Se puede uno formar idea de la fuerza de su propaganda cuando se lee la historia de Caín y de Abel, hasta que Caín mató a su hermano. Caín se fue a un país extranjero y tomó mujer. El buen Dios no nos dice ni de dónde venía ni dónde estaba ese país, ni las mujeres que contenía, lo cual no debe asombrarnos si tenemos en cuenta que puede haberlo olvidado cuando estaba sobrecargado de trabajos de toda especie, o se dedicaba a arrancar costillas para hacer mujeres.
En fin, cuando la medida estuvo llena, Dios resolvió el exterminio de todo el género humano por medio del agua.
Solamente escogió una familia para hacer un último ensayo, y debemos hacer constar que anduvo con poco tino en la elección, a pesar de toda su sabiduría, puesto que Noé, el jefe de los supervivientes, se mostró prontamente como un gran calavera, divirtiéndose con sus hijos. ¡Qué podía salir de tal padre de familia!
El género humano se esparció de nuevo y produjo muchos "pobres pecadores". El buen Dios habría hecho bien haciendo estallar su divina cólera al ver que todos sus castigos ejemplares, como la destrucción de ciudades enteras, Sodoma y Gomorra, por el azufre y el fuego, no servían de escarmiento.
Entonces él ya había resuelto exterminar a toda esta canalla, cuando un acontecimiento de los más extraordinarios le hizo variar de intento; sin esto la humanidad ya habría desaparecido.
Un día se apareció cierto "Espíritu Santo" a una joven desposada. El escritor de la Biblia, es decir, Dios, dice que el Espíritu Santo es él mismo. Por consiguiente, en este momento se nos presenta Dios bajo dos formas diversas. Este Espíritu Santo tomó la forma de un pichón y se presentó a una mujer conocida con el nombre de María. En un momento de dulce transporte de gozo, el pichón "cubrió con su sombra" a la mujer y he aquí que ella puso en el mundo un hijo, sin que todo eso fuera en menoscabo de su virginidad. Hay que advertir que esta mujer era ya casada.
Dios, desde entonces, se llamó Dios padre, cuidándose muy bien de hacernos saber que él no tuvo más que un hijo, no solamente bajo la forma del Espíritu Santo, sino también por la parte del hijo. ¡Sublime consideración! El padre es su propio hijo, del mismo modo que el hijo es a la vez su padre, y los dos a la vez son el Espíritu Santo. Con este soberbio galimatías se forma la Santísima Trinidad.
¡Y mientras tanto, pobre cerebro humano, tente quieto, puesto que por el acto de pensar te podrías ganar inmensas penas! Nosotros sabemos por la Biblia que Dios padre había resuelto exterminar a todo el género humano, lo cual causó inmensa pena al Dios hijo. Entonces el hijo (que, como ya sabemos, es uno mismo con su padre), tomó todas las culpas sobre sí (el hijo, como ya sabemos, con el padre son una misma cosa), y para aplacar la cólera de su padre se hizo crucificar por aquellos mismos a los cuales quería salvar del exterminio proyectado por las iras paternas.
Este sacrificio del hijo (que es a la vez su padre) fue tan del agrado del padre, que publicó una amnistía general, la cual está todavía en vigor en los tiempos que corren.
Trataremos también del dogma de las recompensas y del castigo del hombre en el "otro mundo".
Hace ya muchísimo tiempo que está probado científicamente que no hay otra vida que la del cuerpo, y que el alma -lo que los charlatanes religiosos denominan alma- no es otra cosa que el órgano del pensamiento, el cerebro, el cual recibe las impresiones por los órganos de los sentidos y que, por lo tanto, el movimiento del cerebro debe cesar necesariamente con la muerte corporal. Pero los enemigos jurados del progreso y de la libertad humana prescinden de los resultados de los experimentos científicos, los que penetran asaz lentamente en el pueblo.
Es de este modo como predican la vida eterna del alma. ¡Infeliz de ella en el otro mundo si el cuerpo que la aprisionaba no ha seguido puntualmente en esta vida las leyes de Dios! Además, estos buenos sacerdotes nos lo aseguran; Dios, tan bondadoso, tan justo, tan magnánimo, se ocupa de los más mínimos pecadillos de cada uno y los registra en sus libros de actos (aquí, lo que admiro es el trabajo de comprobación y de contabilidad). Al lado de esto, ved el lado cómico de sus exigencias:
Mientras exige que los recién nacidos sean remojados con agua fría (bautizados) en honor suyo, con evidente peligro de que un resfriado los lleve a la tumba; mientras aprueba con gran placer que numerosas ovejas creyentes le canten sus letanías y que los más fanáticos de su partido le canten sin interrupción piadosísimos himnos solicitándole toda suerte de cosas, desde la más sencilla a la más imposible; mientras se mezcla con los guerreros sanguinarios haciéndose incensar y adorar como "Dios de las batallas", se pone furioso cuando un católico come carne un viernes de cuaresma o no va regularmente a confesarse, y se irrita igualmente cuando un protestante es irreverente con los huesos de los santos, o con las imágenes y otras reliquias de la virgen casada que concibió a su hijo; o si algún fiel deja de hacer su peregrinación anual con el espinazo doblado, las manos juntas y los ojos entornados hacia el cielo. Si un hombre muere "en pecado", el buen Dios le inflige una pena horrenda, al lado de la cual los azotes, todos los tormentos de las prisiones y destierros, todas las penas sentidas por los condenados a presidio y todos los suplicios inventados por los tiranos aparecen como un agradable entretenimiento. Este buen Dios supera en crueldad bestial a todo lo que pueda concebirse de más malvado sobre la tierra. Su cárcel se denomina infierno, su verdugo es el demonio y sus castigos duran eternamente.
Pero, por ligeras faltas, y a condición de que el delincuente muera católicamente, le concede el perdón de sus pecados mediante una condena más o menos larga en el "purgatorio", que se distingue del infierno como en Rusia se diferencia la cárcel del presidio.
El que está en cuarentena en dicho purgatorio no es transportado sino después de una residencia relativamente corta, disfrutando de una disciplina no muy despótica. Los supuestos "pecados mortales" no son castigados en el purgatorio; lo son en el infierno. Entre estos últimos es preciso incluir a los blasfemos de palabras, pensamiento y escrito. Dios no sólo no tolera la libertad de prensa y de expresión, sino que impide y prescribe los pensamientos e ideas en ciernes que pudieran disgustarle.
Vencidos los déspotas de todos los países y de todos los tiempos, superados dichos tiranos por escogimiento y duración del castigo, este Dios, pues, es el monstruo más horroroso que uno pueda llegar a figurarse. Su conducta es aún más infame si se tiene en cuenta que en el mundo entero, toda la humanidad, tiene reguladas sus acciones por su divina providencia.
En consecuencia, él castiga las acciones de los hombres, de los cuales es el único inspirador. Los tiranos de la tierra de todos los tiempos, tanto pasados como presentes, son buenos y amables comparados con este monstruo. Pero si place a este Dios que alguien viva en su gracia, entonces le castiga antes y después de su muerte, puesto que el paraíso prometido es todavía más infernal que el infierno. No se tiene allá ninguna necesidad, antes al contrario, todos los deseos son satisfechos antes de que la necesidad sea sentida.
Mas, como no puede haber ninguna satisfacción sin que haya deseo de algo, seguido del cumplimiento de éste, el cielo ha de ser bien monótono e insípido. Se está en el cielo eternamente ocupado en contemplar a Dios; se oyen siempre las mismas melodías tocadas con las mismas arpas; allí se canta continuamente el mismo cántico, que de tanto repetirse ha de hacer el efecto monótono del "Mambrú se fue a la guerra". En fin, es la sosería y fastidio llegados al grado máximo. La estancia en una celda aislada, a nuestro modo de ver, sería preferible.
Nada de extraño hay en que los ricos y los poderosos se procuren el paraíso en la tierra y, burlándose del cielo, digan como el poeta Heine: Nosotros dejamos el paraíso a los ángeles y a los payasos.
Y, sin embargo, son justamente los ricos y los poderosos los que dan mayor brillo a la religión. Seguramente ésta forma parte de su oficio. Al mismo tiempo es una cuestión de vida o muerte para la clase explotadora, la burguesía, que el pueblo sea embrutecido por la religión; su poder aumenta o decrece según aumenta o disminuye la locura religiosa.
Cuanto más partidario de la religión es el hombre, más creyente es. Cuanto más cree, menos sabe. Cuanto menos sabe, es más bestia, y cuanto más bestia, más fácilmente se deja gobernar.
Esta lógica fue conocida por los tiranos de todos los tiempos y por eso hicieron alianza con el cura. Algunas divergencias ha habido entre estos enemigos de la libertad del género humano por recabar cada uno para sí la mayor suma del despotismo, pero no ha sido esto obstáculo para que vivieran unidos para embrutecer, oprimir y explotar el linaje humano.
Los curas saben perfectamente que su dominio sobre las conciencias se acabaría el día en que no le prestasen ayuda los tiranos y los ricos. Y los ricos y los poderosos no ignoran que su imperio desaparecería el día en que los curas no embruteciesen moral e intelectualmente a las multitudes. Todos los curas indistintamente, no importa la secta a que pertenezcan, han sembrado con feliz éxito en el seno de las masas la idea de que este mundo es un valle de lágrimas, le han infiltrado al mismo tiempo la idea de respetar y someterse a la autoridad, con la expectativa de una vida más feliz en el otro mundo.
Wendhorst, el jesuita por excelencia, dio a entender muy claramente, en el calor del debate parlamentario, lo que los fulleros y los charlatanes representan a este respecto. "Cuando la fe disminuye en el pueblo -dice- éste se da cuenta de que no puede soportar su miseria y se subleva". Esta frase fue clara y terminante, y debería hacer reflexionar mucho a los trabajadores. Pero ¡qué esperanza! ¡Hay tantos estúpidos, gracias a la ignorancia y al fanatismo, que oyen las cosas sin llegarlas jamás a comprender!
No es en vano que los curas, es decir, los sayones negros del despotismo, se vean obligados a emplear todo su poder para oponerse a la decadencia religiosa aunque, como se sabe ya, se ríen entre ellos y sus amigos de las necesidades y tonterías que van a predicar en pago de la buena remuneración que cobran.
Durante el curso de los siglos, estos relajadores de la inteligencia han gobernado a las masas por el terror, puesto que sin éste, hace muchísimo tiempo que la locura religiosa habría desaparecido. Los calabozos y las cadenas, el veneno y el puñal, el sable y la fuerza, el látigo y el asesinato, puestos en uso en nombre de su Dios y de su justicia, han sido los medios empleados para el sostenimiento de esta locura, lo cual será un negro borrón para la historia de la humanidad. ¡Cuántos millares de individuos han sido quemados en las hogueras de la Inquisición "en nombre de Dios" por haber osado poner en duda el contenido de la Biblia! ¡Cuántos millones de hombres se vieron obligados durante las guerras a matarse entre ellos, a devastar comarcas enteras, dejando luego como rastro la miseria y la peste, después de haber robado e incendiado, para sostener la religión! Los suplicios más refinados fueron inventados por los curas y sus secuaces para mantener el temor de Dios en los que no tenían temor de ninguna clase.
Llamamos criminal al que intenta destruir a un semejante. ¿Cómo llamaremos, pues, a los que atrofian el cerebro de los demás y cuando no se dejan embrutecer los destruyen por el hierro y el fuego, y con la crueldad refinada con que lo hacía la Inquisición?
Es bien cierto que estos malvados no pueden hoy día entregarse a sus innobles instintos de destrucción como otras veces, pero hoy todavía abundan los procesos por blasfemia. En cambio, ellos saben, mientras tanto, introducirse dentro del seno de las familias y embaucar a las mujeres y a los niños, y acaparar y abusar de la enseñanza que se da en las escuelas. Su hipocresía va más en aumento que en disminución. Ellos se apoderaron de la prensa cuando se dieron cuenta de que les era imposible destruir la imprenta.
Hay un antiguo proverbio que dice "Donde un cura pone el pie, tarda diez años en crecer la hierba", lo cual significa que cuando un hombre se halla bajo el dominio de un cura, su cerebro ha perdido la facultad de pensar, los engranajes de su inteligencia son inservibles y las arañas tejen espesas telas. Entonces el hombre parece un carnero que es presa del vértigo. Estos desgraciados han perdido lo más hermoso de la vida, y lo que es peor todavía, estos infelices son los que forman la masa de los contrarios a la ciencia y la luz, a la revolución y la libertad. Se les encuentra siempre a punto, a causa de su obtusa bestialidad, de ayudar a los que quieren forjar nuevas cadenas para la humanidad y trabajar con los que ponen obstáculos para el progreso cada vez más creciente de la especie humana.
Cuando alguien intenta curar estas enfermedades, no sólo realiza una hermosa obra consigo mismo, sino que contribuye a curar un horroroso cáncer que corroe las entrañas del pueblo, y que ha de ser total y radicalmente destruido si queremos que brille el día en que el hombre sea libre, en vez de ser juguete de los dioses y de los diablos, como ha venido sucediendo hasta el presente.
Por consiguiente, arranquemos de los cerebros las ideas religiosas, y abominemos de los curas. Estos dicen que "el fin justifica los medios". ¡Bien, muy bien! Nuestro deber es desenmascararlos y presentarlos tales como son.
Nuestro objeto es librar a la humanidad de toda clase de esclavitud, es emanciparla del yugo, de la servidumbre y de la tiranía política y económica, y para lograr todo esto se ha de sacudir antes el yugo tenebroso de las supersticiones y las creencias religiosas. Todos los medios que tengamos al alcance debemos emplearlos para conseguir este gran fin, reconocido como justo por todos los amigos de la humanidad, y debe ser puesto en práctica en las ocasiones propicias.
Todo hombre emancipado de la religión comete una falta en sus deberes cuando no hace siempre todo lo que puede para destruir la religión. Todo hombre libre de la "fe" que descuida combatir a los cuervos (curas) es un traidor a su partido.
Propaguemos contra los corruptores y alumbremos a las ovejas que les siguen. No desdeñemos arma de ninguna clase en su contra. Desde la burla más acerba hasta la discusión científica, y si estas armas no producen todo su efecto, empleemos argumentos más decisivos.
Que no se dejen pasar sin poner de manifiesto todas las alusiones a Dios y a la religión que se hagan en las asambleas, en donde sean discutidos los intereses del pueblo. Del mismo modo que el principio de autoridad y su sanción armada, el Estado, no puede encontrar gracia entre los partidarios de la revolución social -lo que está fuera de nuestro campo es naturalmente reaccionario- del mismo modo que la religión, o lo que la representa, no tiene ni puede tener lugar entre nosotros.
Téngase bien en cuenta que todos aquellos que quieren meter su charlatanería religiosa entre las opiniones de los trabajadores, por más que se presenten bajo el aspecto de la mayor respetabilidad y hombría de bien, son peligrosos personajes. Todos los que predican la religión, cualquiera que sea su forma, no pueden ser más que bobos o pícaros. Estas dos clases de individuos no sirven absolutamente para nada para el progreso de nuestras ideas. Éstas, para su realización, precisan de hombres sinceros y convencidos.
La política oportunista en este caso es no sólo perjuicio, sino un crimen. Si los trabajadores permiten a un cura mezclarse en sus asuntos, no sólo se verán engañados, sino también traicionados y vendidos.
Mientras tanto es lógico que el pueblo dirija sus principales esfuerzos a combatir el capitalismo que le explota y al Estado que le subyuga por la fuerza, pero es necesario también que no se olvide de la Iglesia. Hace falta que la religión sea destruida sistemáticamente si se quiere que el pueblo venga a razón, puesto que sin esto no podría jamás conquistar su libertad.
Vamos a proponer algunas cuestiones para los que siendo tontos, mejor dicho, embrutecidos por la religión, tengan ganas de corregirse. Por ejemplo:
Si Dios quiere que se le conozca, que se le tema y que se le crea ¿por qué no se presenta?
Si es tan bueno y justo como dicen los curas ¿qué razón hay para temerle?
Si él lo sabe todo ¿qué necesidad hay de molestarle con nuestras plegarias y con nuestros asuntos particulares?
Si Dios está en todas partes ¿para qué fin se levantan las iglesias?
Si Dios es justo ¿para qué pensar en castigar a los hombres que él mismo ha creado cargados de debilidades?
Si los hombres sólo hacen el bien por una gracia particular de Dios ¿qué razón hay para que éste les recompense?
Si es todopoderoso ¿cómo permite que se blasfeme?
Si él es inconcebible e imponderable ¿por qué permite que nos ocupemos de él?
Si el conocimiento de Dios es necesario ¿por qué razón es un misterio?
Y así podríamos seguir hasta llenar extensos volúmenes. La verdad es que ante tales cuestiones el creyente de buena fe se queda sin saber qué contestar, y el hombre que piensa debe demostrarle que no existe necesidad de la divinidad. Un Dios fuera de la naturaleza no es de ninguna utilidad cuando se conocen las leyes y las relaciones armónicas y variadas de la naturaleza. Y su valor moral no es menos nulo que el material.
No existe ningún país gobernado por cualquier soberano cuya manera de proceder no acarree el desorden y la confusión en el espíritu de sus vasallos. Ellos quieren ser conocidos, estimados, honrados, y el todo contribuye a embrollar las ideas que se pueden formar a su respecto. Los individuos sometidos a la dependencia y a las leyes de la divinidad no tienen, respecto al carácter y a las leyes de su soberano, otras ideas que las que les suministran los charlatanes religiosos, y éstos, a su vez, han de confesar que no se pueden formar ninguna idea clara de su amo, puesto que su voluntad es impenetrable; sus miradas e ideas son inaccesibles; sus lacayos no han llegado jamás a ponerse de acuerdo respecto a las leyes que debían dar de su parte, y ellos las anuncian de una manera diferente dentro de varias comarcas de cada país, lo cual da por resultado inmediato que se peleen continuamente y se acusen de embusteros.
Los edictos y las leyes que sensatamente promulgan no son más que un puro embrollamiento; son juegos de palabras que no pueden llegar a ser comprendidas por los individuos que deben hacer de ellas su educación y su bandera. Las leyes de este tirano invisible necesitan ser aclaradas y sucede siempre que los mismos que las explican no logran jamás ponerse de acuerdo; todo lo que saben explicar de este tirano invisible es un caos de contradicciones, de manera que no dicen una palabra que no sea o bien una calumnia o bien una mentira.
Se le llama infinitamente bueno y mientras tanto no hay nadie que maldiga sus decretos.
Se le llama infinitamente sabio y sucede que su administración está organizada al revés de los que dicen la razón y el buen sentido. Se glorifica su justicia, y los actos que más se le glorifican sólo son feroces venganzas. Se asegura que lo ve todo, y sin embargo, todo está en el más espantoso desorden. ¿Y por qué, viéndolo todo, permite confusión tanta entre sus lacayos y tantas infamias como a diario cometen? Además, lo hace todo por sí mismo y así ocurre que los acontecimientos se suceden todos perfectamente al contrario de los planes que se le atribuyen, lo cual dice muy poco a favor de su omnisciencia (facultad de verlo y de saberlo todo; de "omnia", que quiere decir todo y "sciencia", conocimiento positivo), y más aún de su facultad de ver lo que sucederá mañana. Y, finalmente, no se deja ofender en vano y se ve obligado a sufrir, sin enojo, las ofensas que a cada cual le viene en gana dirigirle.
Se admira su saber y la protección de sus obras, y sin embargo, sus obras son imperfectas y de corta duración. Y crea, destruye y corrige sin llegar jamás a estar satisfecho de sus obras, no buscando en sus empresas más que su propia gloria, sin aguardar el objeto de ser alabado en todo y por todo. Él trabaja para el bienestar y la felicidad de los mortales, y a la mayor parte nos hace falta lo más necesario. Los que él parece favorecer son, precisamente, los más descontentos de su suerte, y se les ve a menudo sublevarse contra un amo del cual admiran la grandeza, alaban la sabiduría, honran la bondad, temen la justicia y cuyos mandamientos santifican sin cumplirlos jamás.
Este reino es el mundo; este soberano es Dios; sus lacayos son los curas; los hombres son sus esclavos. ¡Hermoso país! El Dios de los cristianos, especialmente, es un Dios que, como ya lo hemos visto, hace las promesas sólo por el gusto de no cumplirlas; envía las pestes y las enfermedades a los hombres para curarlos; es un Dios que creó a los hombres a su imagen y que no quiere responsabilidad del mal que él mismo creó; que vio que todas sus obras eran buenas, y luego se dio cuenta de que no valían nada; que sabía de antemano que Adán y Eva comerían del fruto prohibido y no supo evitarlo, por lo cual castigó luego al género humano; un Dios débil que se deja engañar por el diablo, y tan cruel que ningún tirano de la tierra puede comparársele. Tal es el Dios de la mitología judaico-cristiana.
El que creó a los hombres perfectos sin advertir a los que no lo son; el que creó al diablo, sin conseguir dominarlo, es un pastelero, que la religión califica de extraordinariamente sabio; por ella es omnipotente y soberanamente justo, y castiga a millones de inocentes por las faltas de uno solo; que exterminó por medio del diluvio a toda la raza humana, excepción hecha de unos cuantos que constituyeron otra raza peor todavía que la destruida, y que creó el cielo para los tontos de capirote y un infierno para que allí ardieran los sabios que no creen en él.
Es el que se creó él mismo por medio del Espíritu Santo; que se envió como mediador entre él mismo y los otros, quien despreciado y burlado por sus enemigos, se dejó clavar en la cruz como un malhechor cualquiera en la cúspide de una montaña; que se dejó enterrar y resucitó después de muerto y que bajó a los infiernos, y luego subió al cielo, donde está sentado a la derecha de sí mismo para juzgar a los vivos y a los muertos cuando ya no haya más vivos… En fin, el que ha hecho todo esto no es más que un charlatán divino. Es un espantoso tirano cuya horrorosa historia debe ser escrita en letras de sangre, pues ella es la religión y es terror. Lejos, pues, de nosotros, esta horripilante mitología. Abominemos de este Dios de una fe sangrienta y terrorista, inventado por los curas, los cuales, sin su cinismo y ambición no hubieran alcanzado nadar en la abundancia, y no predicarían por más tiempo la humildad de los que han sabido esconder su orgullo con la máscara de la hipocresía. Lejos de nosotros esta cruel trinidad compuesta de padre asesino, de hijo concebido y dado a luz contra natura y de Espíritu Santo sensual que se dedica a hacer concebir hijos a mujeres casadas. Lejos de nosotros todos estos fantoches deshonrosos, en nombre de los cuales se quiere rebajar a la humanidad al nivel de miserables esclavos y que nos quieren mandar, en toda la potencia del embuste, de las penas de esta tierra a las inefables delicias del cielo. Lejos de nosotros todos aquellos que con su demencia religiosa son un estorbo para el bienestar y la libertad. Dios no es otra cosa que un fantasma inventado por el charlatanismo de unos cuantos malvados refinados, los cuales han torturado y tiranizado a la humanidad hasta el presente.
Afortunadamente, este fantasma va desapareciendo a medida que es examinado por la razón a la luz de la ciencia, y las masas desengañadas, después de haberse emancipado de tales aberraciones, arrojan indignadas a la faz de los curas esta estrofa del poeta: Seas maldito Dios a quien hemos rogado durante el frío del invierno y los tormentos del hambre; pues en vano te hemos esperado largo tiempo y nos has escarnecido, engañado y manteado.
Esperamos que el pueblo no se dejará burlar y mantear más, y que pronto llegará el día en el que los santos y los crucifijos serán convertidos en astillas para encender el fuego en las cocinas, los cálices y joyas convertidos en utensilios de utilidad general, las iglesias convertidas en salones de conciertos, teatros y locales para asambleas, y en el caso de que no pudieran servir para este objeto, en graneros o cuadras para caballos. Y esto sucederá forzosamente cuando el pueblo esté ya cansado de soportar tanta maldad e infamia. Esta manera de proceder, sencilla y eficaz, será, naturalmente, la que producirá la revolución social y acabará, a la par que con los curas y sus mentiras, con los príncipes y burócratas y sus privilegios, y con los burgueses y su inicua explotación.
El día en que el pueblo consiga barrer a Dios y a sus lacayos, a los gobiernos y a sus sayones y a los burgueses y a sus perros, ese día será libre y podrá ocupar el puesto que le corresponde en la sociedad y en la naturaleza.

Johann Most Subir


Manifiesto de la AIT a los trabajadores de Norteamérica (Proclama de Pittsburgh)

Compañeros obreros:
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América dice: "…pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persiguen invariablemente el mismo objetivo, prueba su intención de reducir (al pueblo) al despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, el deshacerse de tal gobierno y dotarse de nuevos guardias para su seguridad futura."
Este pensamiento de Thomas Jefferson fue la justificación de la resistencia armada por parte de nuestros ancestros, que dio origen a nuestra República, ¿y no nos obligan las necesidades actuales a reafirmar su declaración?
Compañeros obreros, os pedimos que nos prestéis atención un momento. Solicitamos solamente que leais el siguiente manifiesto publicado en vuestro favor, en favor de vuestras esposas e hijos, en favor de la humanidad y el progreso.

El llamado orden actual está fundado en la explotación de los desposeídos por los poseedores.
Esa explotación consiste en que los poseedores compran a los desposeídos por el precio del mero costo de la existencia (salario), y todo lo que es creado en nuevos valores (productos), por el trabajo de los últimos, se lo apropian los primeros, es decir: lo roban.
Dado que los desposeídos están forzados, a causa de su pobreza, a ofrecer en venta a los poseedores su fuerza de trabajo, y puesto que la actual producción a gran escala implica que la evolución técnica marche con gigantesca velocidad, de manera que con la aplicación de fuerzas de trabajo humanas cada vez menores son creadas cantidades de productos cada vez más grandes, la oferta de trabajo aumenta constantemente y la demanda disminuye. Este es el motivo por el que los trabajadores se hacen competencia recíproca cada vez más fuerte en su autoventa y los salarios disminuyen cada vez más; desde luego no llegan por término medio al total absolutamente necesario para el mantenimiento de la capacidad de trabajo.
En tanto que por ese medio se impide completamente a los desposeídos toda posibilidad de elevarse a las filas de los poseedores, los acomodados, gracias a la expoliación cada vez más grande de las clases laboriosas, se enriquecen en una medida creciente, sin que necesiten de algún modo ser productivos.
Pero si realmente algunos trabajadores han llegado a la riqueza no tienen que agradecerlo a su propio trabajo, sino a ocasiones muy accidentales y raras de la especulación sobre el trabajo de los demás. Con el crecimiento de la riqueza individual crece la avaricia de los poseedores. Se hacen competencia recíproca, con todos los medios, por la expoliación de las masas. En esa lucha están en inferioridad, por regla general, los propietarios medianos, y, al contrario, los grandes capitalistas amontonan sus riquezas hasta lo increíble, concentran todas las ramas de la producción, el comercio y el transporte en sus manos y ascienden a la categoría de monopolistas.
El aumento de los productos, junto a la reducción de la renta media de las masas laboriosas del pueblo, lleva de tanto en tanto a las llamadas crisis del comercio y de los negocios, que producen la miseria extrema de los desposeídos. La estadística de los Estados Unidos de América señala que después del descuento de las materias primas, de los intereses del capital, etc., la clases poseedoras se apropian de más de cinco octavos del valor de los productos y a lo sumo dejan tres octavas partes para los trabajadores. Pero dado que las clases poseedoras son poco numerosas, no pueden emplear su "beneficio", y como los trabajadores no pueden consumir más de lo que reciben, de tanto en tanto se produce el fenómeno llamado "superproducción".
Además, la eliminación creciente de las fuerzas de trabajo del proceso de la producción implica que un porcentaje anualmente creciente de la población desposeída se empobrece totalmente y es empujada al "crimen", al vagabundeo, a la prostitución, al suicidio, a la muerte por el hambre y a la más variada desmoralización.
Este sistema es injusto, ridículo y criminal. Por eso hay que aspirar a su destrucción completa con todos los medios y con la mayor energía por parte de cada individuo que sufre en él y que no quiere ser responsable de su persistencia debido a su inactividad. En su lugar hay que establecer el orden verdadero.
Éste sólo puede ser establecido si se transforman todos los instrumentos de trabajo, la tierra y las demás condiciones de la producción, en una palabra, todo el capital creado por el trabajo en propiedad social. Pues sólo por esa condición previa es abolida la posibilidad de una explotación ulterior del hombre por el hombre. Sólo mediante el capital común indivisible pueden ser puestos todos en situación de disfrutar completamente de los frutos de la actividad común. Sólo en la imposibilidad de conquistar un capital individual (privado) está forzado a trabajar todo individuo que quiera tener derecho a la vida.
Ni la dominación ni la servidumbre existirán en la sociedad humana del futuro.
Este orden de cosas implica también que cada uno producirá según las necesidades de la comunidad y que nadie necesitará trabajar más que algunas hora al día para poder satisfacer, en la medida más abundante, las necesidades de cada uno. Con esto se proporciona tiempo y ocasión para alcanzar la posibilidad de la instrucción más grande que se pueda imaginar para el pueblo entero, es decir, la supresión de los privilegios del nacimiento y de la riqueza y también los de una mayor sabiduría.
El establecimiento de semejante sistema es obstaculizado ante todo por las organizaciones políticas de las clases capitalistas, llámense monarquías o repúblicas. Esas formaciones políticas (Estados), que se encuentran absolutamente en manos de los poseedores, no tienen en apariencia otro fin que el mantenimiento del actual desorden de la explotación.
Las leyes vuelven sus aguijones en todas las circunstancias contra el pueblo laborioso. Cuando parece ser lo contrario sólo sirven para cegar, por una parte, a los trabajadores; pero por otra son esquivadas por las clases dominantes.
La escuela sólo existe para proveer a los hijos de los ricos de aquellas cualidades necesarias para mantener su dominación de clase. Los hijos de los pobres no sólo no reciben una instrucción elemental apropiada, sino que son instruidos en asuntos que sólo tienen el fin de producir la oscuridad, el prejuicio, el espíritu servil, en una palabra: la incomprensión.
La Iglesia trata con empeño de hacer olvidar a las masas del pueblo, mediante la indicación de un cielo poético, la pérdida del paraíso de la tierra. La prensa procura la confusión de los espíritus en la vida.
Todas estas instituciones, muy lejos de servir al pueblo, tienen la misión de impedir que el pueblo llegue a abrir los ojos. Están de hecho a sueldo y bajo la dominación de las clases capitalistas. Los trabajadores no tienen que esperar ayuda alguna de otra parte más que de su lucha contra el sistema imperante. Deben obtener su liberación por su propia fuerza.
Así como en el pasado ninguna clase privilegiada ha desistido de su tiranía, no es de esperar que los capitalistas de esta época renuncien a sus privilegios y a su dominación sin que se vean forzados a ello. Si pudiera existir sobre esto alguna duda, las brutalidades que ejecuta actualmente la burguesía de todos los países -en América como en Europa- cuando los proletarios intentan mejorar su situación, demostrarían claramente la dolorosa realidad.
Podríamos señalar, con numerosos ejemplos ilustrativos, que todos los ensayos hechos en el pasado para abolir el monstruoso sistema social actual con medios pacíficos, como por ejemplo las urnas electorales, fueron por completo inútiles y deben serlo igualmente en el futuro, por las siguientes razones: las instituciones políticas de nuestro tiempo sólo son instrumentos de poder de las clases poseedoras; su fin consiste sencillamente en el mantenimiento de los privilegios de nuestros explotadores; toda reforma a favor nuestro disminuiría esos privilegios; esto no puede ser aprobado por los privilegiados, pues sería equivalente a su suicidio. Sabemos, por consiguiente, que las clases dominantes no renunciarán voluntariamente a sus privilegios y que no harán concesiones. En esas circunstancias no queda más que un medio: ¡la violencia!
Nuestros precursores (los luchadores por la libertad de 1776 y 1781) no sólo nos han enseñado que la violencia es justa contra los tiranos y que es el único medio de socorro, sino que nos han dado en este dominio un ejemplo inmortal. Con la violencia, nuestros precursores se han liberado de sus opresores extranjeros y con la violencia tienen que liberarse también sus sucesores de la opresión indígena.
"Para eso es vuestro derecho, es vuestro deber -dice Jefferson- armaros".
Agitación para la organización; organización para la rebelión. En esas pocas palabras está indicado el camino que deben seguir los trabajadores si quieren quedar libres de sus cadenas. Y ya que la situación de cosas en todos los países del mundo llamado "civilizado" es la misma; ya que además los gobiernos de todas las monarquías y repúblicas trabajan en perfecto acuerdo cuando se trata de hacer frente a las aspiraciones de la parte de los trabajadores que piensa; ya que, finalmente, no se puede tener confianza en la victoria del pueblo laborioso más que cuando los proletarios emprenden una lucha decisiva y simultánea contra sus opresores en toda la línea de la sociedad burguesa (capitalista), la fraternización internacional de los pueblos, tal como se expresa en la Asociación Internacional de los Trabajadores, es una necesidad que resalta por sí misma.
Lo que queremos es sencillo y claro:
1.- La destrucción de la dominación existente de clase con todos los medios, es decir, con la acción enérgica, revolucionaria e internacional.
2.- La institución de una sociedad libre, basada en la organización cooperativa de la producción.
3.- El libre cambio de los productos equivalentes por las organizaciones productoras mismas, sin intermediarios ni especuladores.
4.- La organización del sistema de educación sobre bases irreligiosas, científicas e igualitarias para ambos sexos.
5.- La completa igualdad de todos, sin diferencia de sexo o de raza.
6.- La regulación de todos los asuntos públicos por libres contratos sociales de las comunas autónomas (independientes) y de las cooperativas.
El que aprueba estos ideales estrecha nuestras manos fraternales.
¡Compañeros! Todo lo que necesitamos para la realización de esa gran obra es organización y armonía. No existe obstáculo para esa unión. La instrucción y la conspiración pueden marchar juntas.
El día de la solidaridad ha llegado. Haced repercutir el grito de batalla: ¡Trabajadores de todos los países, uníos! ¡No tenéis que perder más que vuestras cadenas; en cambio tenéis un mundo que conquistar! ¡Temblad, tiranos de la tierra! ¡No lejos de vuestros ciegos ojos surge la aurora del día de la decisión y de la justicia!

(Este manifiesto fue elaborado por un comité compuesto por Victor Drury, Johann Most, Joseph Reifgraber, August Spies y Albert Parsons. El primero era un refugiado de la Comuna de París, el tercero era el editor del periódico revolucionario de los inmigrantes alemanes en San Luis -Die Parole- y los dos últimos -que editaban respectivamente los periódicos Arbeiter Zeitung y The Alarm- fueron ajusticiados tras los sucesos de Chicago)

Pittsburgh, 16 de octubre de 1883 Subir


Una cronología de Johann Most

1846. El 5 de febrero nace Johann Most en Augsburgo, ciudad alemana situada en Baviera. Era su padre un asistente en la escribanía de un abogado. Su madre era una mujer de ideas liberales. Ambos eran escépticos en materia religiosa. En esta ciudad nació también Jakob Brucker (1696-1770), el autor de la Historia crítica de la filosofía en cinco tomos (1744); Hans Holbein (1497-1543), el magnífico pintor del cuadro Erasmo escribiendo, y el célebre anticuario Conrad Peutinger (1465-1547).
1848. Wilhelm Marr y el círculo "La joven Alemania" son conscientes representantes del anarquismo en dicho país.
1856. Epidemia de cólera en Ausburgo. A causa de ella sucumbe su madre, una hermana y sus dos abuelos maternos.
1856. Termina la escuela primaria. Ingresa en la escuela industrial, donde más tarde provoca una huelga en el estudiantado, en protesta contra un profesor francés que castigaba severamente al alumnado. Por ello lo expulsan de ese centro de enseñanza.
1857. Su padre, empleado ahora en la gobernación del distrito de Ausburgo, se casa de nuevo. La madrastra le hace la vida imposible, así como a su hermana Paula. A causa de no querer asistir a la iglesia, el escribano de la policía local le impone 24 horas de arresto. Empieza a trabajar como aprendiz en casa del encuadernador Weber.
1859. El cirujano Agatz le hace en marzo una operación en el rostro, afectado por un flemón desde los siete años. Sale bien de ella, pero queda desfigurado para toda la vida.
1863. Termina el aprendizaje. Empieza su wanderschaft (a recorrer el mundo para practicar un oficio) y la primera ocupación la encuentra en Fráncfort, donde por primera vez conoce a una de las liberales "Sociedades de Instrucción Obrera".
1866. Estalla la guerra franco-prusiana. Trabaja de encuadernador en Tessino (Suiza).
1867. En Locle (Jura bernés) conoce en marzo las ideas socialistas, al ponerse en contacto con el movimiento obrero inspirado por la Internacional.
1867. Estudia el socialismo de Ferdinand Lasalle (1825-1864). Se adhiere en Locle a la "Sociedad Alemana de Instrucción Obrera", de la que pasa a ser secretario. En el verano viaja a La Chaud-de-Fonds, donde ya se había formado una sección de la Internacional, a la cual se afilia entusiasmado: "La causa de la Humanidad fue en lo sucesivo mi causa". En noviembre se traslada a Zúrich.
1868. Es miembro en Zúrich de la sociedad obrera "Armonía", activa en la sección de la Internacional de esta ciudad, animada principalmente por Herman Grenlich. Luego de haber recorrido a pie buena parte de Alemania, Suiza, Italia septentrional, Austria y Hungría, regresa a su ciudad natal, dando así término a la wanderschaft. Se le dispensa del servicio militar a causa de la desfiguración de su rostro. Regresa a Zúrich, para trasladarse en octubre a Viena, ingresando inmediatamente en el movimiento socialista parlamentario.
1869. El 13 de diciembre es orador en una grandiosa manifestación obrera realizada frente al Parlamento vienés, tomando también la palabra en un gran mitin de protesta ulterior que tuvo lugar en el suburbio Fünfhaus. Por estas actividades las autoridades le condenan a un mes de cárcel.
1870. El 2 de marzo lo detienen de nuevo por sus ideas socialistas. El 4 de julio empieza un célebre proceso contra los socialistas, en el cual se condena a Most a cinco años de prisión. El 28 de julio el gobierno austriaco suspende todas las sociedades obreras de Austria. En la prisión judicial vienesa compone su célebre "Canción de los proletarios". Se le traslada a la prisión de Suben, donde le visita su padre. En su reclusión prepara una hojita satírica en clave, titulada La Nucífraga (ornitología).
1871. En febrero cae el gobierno reaccionario de Austria. Por el decreto de amnistía política salen a la calle 93 presos, entre ellos Most; una multitud obrera esperó a este luchador en la estación el 27 de febrero, llevándole en hombros hasta un local donde se celebró un gran mitin de bienvenida y donde Most pronunció un impresionante discurso. Enseguida emprende una notable gira de conferencias por Austria, a causa de lo cual el nuevo gobierno lo expulsa del país. El 2 de mayo otra multitud obrera lo despide en la estación; desde allí parte hacia Baviera, donde empieza a hacer revivir el socialismo revolucionario. El 23 de abril habla en un grandioso mitin celebrado en Chemnitz, donde en junio se hace cargo del diario socialista Prensa Libre. Influye sobre numerosos intelectuales, entre los que cabe destacar a Karl Weisser. En breve viaje a Leipzig conoce a Wilhelm Liebknecht (1826-1900).
1872. En julio cumple dos meses de cárcel en Chemnitz por su ideología. Por un discurso que pronuncia en Mainz lo condenan a 8 meses más de encierro, recluyéndole en la ergástula de Zwikau.
1873. De regreso a Chemnitz publica un extracto de El Capital, de Marx, con el título "Capital y Trabajo". El consejo municipal de esta ciudad le expulsa luego que el 26 de diciembre se casa con Klara Hansh. La pareja se va a Mainz, donde Most redacta la hoja socialista El Diario del Pueblo.
1874. Ante la desesperación de las autoridades de Chemnitz, el proletariado de esta ciudad le elige diputado al Reichtag (Parlamento del Imperio Alemán, con sede en Berlín, que los nazis incendiarían en 1933), donde se ve enseguida que "es el más puro teatro de marionetas, cuyos hilos pueden ser manejados por los lacayos del gobierno". Las autoridades aprovechan un mitin suyo (18 de marzo) en Berlín sobre "La Comuna de París" para detenerle y encerrarle en la bailía de Berlín hasta el 4 de junio, día del proceso, en el que se le condena a dos años y dos meses de cárcel en la penitenciaría de Ploetzensee, donde escribe un folleto con su discurso sobre la Comuna, que, sacado clandestinamente, es publicado en Berlín. La Federación del Jura publica el Boletín Socialdemócrata, destinado a difundir el anarquismo en idioma alemán.
1875. Escribe en la cárcel los cuatro libros siguientes: Los movimientos sociales de la vieja Roma y el cesarismo; Un nuevo filósofo; Los viejos prusianos; Esbozo histórico sobre la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. También surgen de su fecunda pluma dos folletos: El pequeño burgués y la socialdemocracia y La solución del problema social.
1876. Edouard Bernstein (1850-1932) le presta excelentes libros. Empieza a sentir la influencia de las enseñanzas socialistas libertarias del profesor Eugen Dühring, que desde 1864 enseñaba en la universidad de Berlín. Medita sus dos importantes obras: Crítica general de la economía nacional y del socialismo y Curso de la economía nacional y social. El 16 de junio abandona la cárcel. El proletariado berlinés le da una cálida bienvenida. Publica enseguida el folleto La Bastilla de Ploetzensee y un análisis de las obras de Dühring, donde relata la crítica demoledora que hace del Estado, y critica el tono desmedido con que Engels trataba al proudhoniano alemán Arthur Mülberger (lo que le valió la eterna enemistad de Engels y Liebknecht). Redacta La prensa libre de Berlín y colabora en otras publicaciones alemanas. Lee con placer la conocida obra La mujer y el socialismo, de Ferdinand August Bebel (1840-1913), que se reclamaba más de Fourier y de los socialistas "utópicos" que de Marx. En este año se dirige a Leipzig y Berlín el desterrado anarquista alemán August Reinsdorf, uno de los fundadores del Arbeiter Zeitung (Diario del trabajador) de Berna (15 de julio), "primer órgano en idioma alemán que defendió principios declaradamente anarquistas".
1877. Notable conferencia el 27 de febrero en Neuchatel por Emil Warner sobre "El socialismo en Alemania", donde califica la pueril idea del Volkstaat (Estado popular) que tanto daño ha causado en el siglo XX, como "residuo rudimentario de la democracia burguesa". La manifestación de las banderas rojas en Berna provoca una gran ola reaccionaria en toda Suiza, suprimiéndose el Arbeiter Zeitung. Most pronuncia el 17 de mayo en Zúrich un magistral discurso. Luego asiste al entierro de Johann Jacoby, donde pronuncia una oración fúnebre. El 12 de julio habla en un mitin donde defiende a Dühring: las ideas de este filósofo le inclinan hacia el anarquismo. En octubre se le condena a dos meses de cárcel por unos artículos antirreligiosos. Desenmascara en un mitin al historiador Treitschke, conservador que defendía la desigualdad social y económica, belicista que entendía la guerra como "rejuvenecimiento inevitable para la evolución de las razas humanas". Mantiene controversias sobre el socialismo con el profesor Biernbaum y con el liberal Franz Dunker, y sobre la religión con el director misionero Wangenmann.
1878. El 22 de enero habla en un mitin de la Sociedad de Obreros Manuales de Berlín sobre "La actitud de la población frente al clero". En marzo, oración fúnebre suya ante la tumba del socialdemócrata August Heinshlider; y en abril al pie de la tumba de Paul Dentler, personas muy queridas por el proletariado alemán. Sin tener nada que ver con el atentado de Hoedel contra el emperador de Alemania, lo condenan a cinco meses de cárcel, que purga en Chemnitz y luego en Kassberg. Liberado, se le encierra de nuevo en la fortaleza de Ploetzensee. Sale el 16 de diciembre, no sin antes haber concebido en la celda la idea de fundar una publicación revolucionaria que titularía Freiheit (Libertad). Se dirige a Hamburgo y ante la gran represión reaccionaria, aconsejado por sus amigos, se embarca el 23 del mismo mes rumbo a Inglaterra.
1879. El 3 de enero aparece el primer número de Freiheit, declaradamente socialdemócrata. Introducido clandestinamente en Alemania, es acogido con júbilo por los trabajadores. Para contrarrestar la influencia "vanguardista" de Most, los dirigentes socialistas de Zúrich fundan el Sozialdemocrat (octubre). Por su parte, viaja Most varias veces a París para atraer a los residentes alemanes hacia el socialismo revolucionario. Llega también a Bruselas, donde habla en un mitin, pero el gobierno belga lo expulsa del país.
1880. Se separan Most y Klara Hansch. Las autoridades germanas persiguen al Freiheit, que a veces debe penetrar en Alemania con los supuestos títulos de Lehmann, Bismarck, etc. Las autoridades galas, por su parte, lo condenan a dos años de cárcel (en contumacia) por un artículo suyo en La Revolución Social de París. Viaja a Suiza, hablando en mitines de Zúrich, Berna, Basilea, etc. En tal país conoce a Reinsdorf, quien el 10 de junio publica en Freiheit el primer artículo francamente anarquista de esta publicación: "Sobre organización".
1881. En un congreso secreto cerca de Zúrich, los socialdemócratas expulsan a Most del Partido Socialista. Responde Most con un folleto de 80 páginas titulado Táctica contra Freiheit. Gran colaborador suyo es John Neve (Johann Christoph Neve), mientras que en Alemania le ayuda mucho el anarquista belga Victor Dave. El 23 de marzo le detienen en Londres por su artículo "Finalmente" publicado en Freiheit el 19 de dicho mes. Se le encarcela en la famosa penitenciaría de Newgate, indignada y ofendida la "realeza" de la rubia Albión por tal escrito. El 19 de mayo la Corte Central de lo Criminal le condena a 16 meses de trabajos forzados. Cuarenta y cuatro personas son detenidas en Alemania por el contrabando de Freiheit. Condenan entonces los tribunales a dos años y medio de prisión a varios encausados, entre los que se encontraba Victor Dave. Famoso Congreso Anarquista Internacional en Londres, con asistencia de Kropotkin, Malatesta, Louise Michel, etc.
1882. Se produce el deceso de Klara Hensch. Vive en París en condiciones muy penosas el notable anarquista alemán Reinsdorf. El 3 de junio las histéricas autoridades inglesas clausuran Freiheit, deteniendo a los tipógrafos Schwein y Merten. Reaparece brevemente en Suiza el 8 de julio, redactado por Schaffhausen. El 28 de octubre sale Most de la penitenciaría. El 2 de diciembre se embarca en Liverpool a bordo del vapor Wisconsin rumbo a Nueva York, donde llega el 18 del mismo mes, siendo recibido entusiásticamente por millares de trabajadores que le dan la bienvenida en el Cooper Institut. Reaparece Freiheit en la urbe neoyorquina. Ya declaradamente anarquista, Most impulsa un formidable movimiento en los Estados Unidos.
1883. En enero, Alexander Berkman ve a Most por primera vez en Nueva York: "Era una personalidad poderosa y sobresaliente, símbolo de una nueva época". Freiheit agranda el formato y amplía considerablemente el círculo de lectores. Publica su conocido folleto Die Gottespest (La peste religiosa), que alcanza vasta difusión traducido a numerosos idiomas. Valioso folleto suyo es también Die Eigentumbestie (La bestia de la propiedad). Asiste al famoso Congreso de Pittsburg junto a Albert R. Parsons y August Spies, etc., de donde surge la AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores).
1884. Con su folleto Die Frei Gesellschaft (La sociedad libre) se manifiesta ya completamente anarquista: "El Estado no tiene objeto: la corta jornada de trabajo, el disfrute abundante y la sabiduría general transforman al mundo en una federación de hermanos y hermanas. Se trata de la anarquía". El Congreso Internacional del Trabajo Organizado fija la fecha del 1 de mayo de 1886 como día inicial para la jornada laboral de ocho horas. Desde 1872, las Ligas de las Ocho Horas de los Estados Unidos venían trabajando en tal sentido. En Chicago hay también un gran debate político de Most con el socialdemócrata Grottkau sobre "¿Anarquismo o Comunismo?", cuya versión taquigráfica se publica en folleto. El 1 de octubre aparece Alarm (La alarma), notable publicación libertaria en idioma inglés redactada por Albert R. Parsons.
1885. Florece la AIT en los Estados Unidos, con ochenta grupos federados y más de ocho mil miembros. Tiene dos órganos en idioma alemán, entre ellos el famoso Chicago Arbeiterzeitung, dos órganos en idioma checo y el ya citado Alarm. La plutocracia yanqui opta por la violencia: "Granadas de mano deberían ser arrojadas contra las gentes sindicadas que piden menos horas de trabajo y más altos salarios" (New York Tribune). Muere en la Alemania tenebrosa de Bismarck, en la horca, el gran anarquista alemán August Reinsdorf, pronunciando estas palabras: "¡Abajo la barbarie! ¡Viva la anarquía!"
1886. Gran efervescencia del proletariado estadounidense. El Sindicato del Mueble de Nueva York proclama que "los gremios deben concentrar su objetivo en la abolición del sistema capitalista de explotación". El 4 de mayo se producen en Chicago los sangrientos disturbios de la plaza Haymarket, provocados por las autoridades. Aduciendo sus palabras subversivas en un mitin del Germania Gardens de Nueva York (abril), es detenido Most el 11 de mayo. Sale en libertad bajo fianza, pero el 27 de mayo el tribunal le condena a un año de cárcel y 500 dólares de multa, o en su defecto 500 días de cárcel. Pena tan terrible la cumple en la penitenciaría de Blackwell's Island. Contrabandea afuera su artículo "Consideraciones de un viejo penado".
1887. Arrestan en la frontera belgo-alemana al anarquista John Neve, por una imprudencia de Peukert, el 21 de febrero. Se publica su folleto Un año entero desterrado entre muros y cerrojos. Sale el 1 de abril de la fatídica ergástula. En mayo publica su folleto El infierno de Blackwell's Island. Funda la "Biblioteca Internacional", que consta de valiosos folletos. El Estado de Illinois comete el gran crimen del asesinato legal contra los mártires anarquistas de Chicago, el 11 de noviembre, espantosa venganza de la plutocracia yanqui contra personas, como demostró posteriormente el gobernador de Illinois John Peter Altgeld, denunciando públicamente tan horrendo asesinato legal. El 12 de noviembre habla Most en Nueva York, en defensa de los mártires; su discurso es denunciado por el diario reaccionario World (El mundo) y por tal causa se le detiene y juzga en diciembre, siendo condenado de nuevo a otro año en Blackwell's. Al presentar una apelación su amigo Julius Hoffmann, con una fianza de cinco mil dólares, se le deja en libertad provisional.
1888. Edita un compendio de canciones revolucionarias con el título de Albatros. Publica su folleto La anarquía.
1889. La voz del trabajador de Montevideo publica La peste religiosa. Emma Goldman se traslada desde Rochester a Nueva York, y conoce a Most.
1890. El 25 de enero publica Max Nettlau en Freiheit su primer trabajo histórico en esta publicación: "Joseph Dejacque, un precursor del anarco-comunismo". En mayo publica Most su folleto Nuestra posición en el movimiento obrero. Se deroga en Alemania la ley contra los socialistas. Evoluciona Most del anarquismo colectivista hacia el comunismo libertario.
1891. El 18 de junio debe ingresar en Blackwell's de nuevo, condenado por un histérico tribunal, a causa de un discurso del 12 de noviembre de 1897, mientras que afuera, Freiheit sigue su ruta manumisora. Incluso edita el folleto de Max Nettlau sobre La evolución histórica del anarquismo, su folleto (en inglés) titulado El monstruo social, y el conocido libro de Bakunin titulado Dios y el Estado.
1892. El 18 de abril abandona de nuevo la cárcel. En el gran salón del Cooper Institut, que estaba de bote en bote, lo recibe con gran entusiasmo el proletariado neoyorquino. Publica su folleto Necesidades y bases para un acuerdo. Llega en abril Saverio Merlino a los Estados Unidos. En julio, gran huelga en las fundiciones de acero y hierro de Homestead (Pensilvania), en los establecimientos Carnegie. Los pistoleros estatales de Pinkerton reprimen sangrientamente la huelga. El joven Alexander Berkman atenta el 3 de julio contra el sicario patronal Frick, que resulta ileso; se condena a Berkman a la monstruosa pena de 22 años de cárcel. El 16 de julio publica Most en Freiheit un valiente editorial contra la brutalidad de Frick.
1893. La plutocracia yanqui se pone histérica y condena también por el caso Frick a los anarquistas Karl Nold y Henry Bauer, sin tener estos nada que ver con el asunto. La misma Emma Goldman es condenada a un año de cárcel (que pasa en la enfermería de Blackwell's) por idéntico motivo. Otros libertarios deben estar entre rejas por lo mismo. Most escribe en Freiheit valientes defensas a favor de todos estos inocentes.
1894. Campaña de Most en Freiheit para la liberación de John Neve.
1895. Poderoso desarrollo del sindicalismo revolucionario en Francia. Se adhiere Most a las resoluciones de Limoges. Publica en Freiheit su "Manifiesto al proletariado".
1896. Ante la gran efervescencia del movimiento obrero revolucionario en Francia, Most se hace portavoz del mismo en Freiheit. En diciembre muere John Neve en el presidio de Halle (Alemania).
1897. Su compañera Elena colabora con él y le ayuda constantemente. Publica su folleto Reminiscencias parlamentarias. En el verano se traslada a Búfalo para redactar el Diario de los trabajadores, que se publica en dicha ciudad en alemán. Durante dos horas Kropotkin le visita allí: "Pude estrechar las manos de uno de los más grandes sabios de este siglo, reconocido indiscutiblemente como el más importante filósofo del anarquismo moderno". A fin de año regresa Most a Nueva York.
1898. La Questione Sociale de Paterson publica La peste religiosa en italiano.
1899. Aparece su folleto sobre El comunismo libertario.
1901. Kropotkin visita de nuevo a Most, esta vez en Nueva York: "Más cordialmente que Kropotkin no me saludó, no me estrechó nunca mi padre o una mujer contra su corazón". Publica una antología de escritos anarquistas. El joven radical Czolgoez atenta el 6 de septiembre contra el presidente McKinley. En pleno histerismo, la plutocracia yanqui la emprende contra los libertarios. El 25 de septiembre otro tribunal condena a Most: nuevo año de prisión en Blackwell's, pero gracias a una garantía de amigos acomodados queda en libertad provisional. Lo encierran pronto de nuevo.
1902. Empieza a escribir sus memorias, que piensa publicar en cuadernos mensuales (solamente aparecieron cuatro de los diez proyectados).
1903. Sale en libertad el 11 de abril, aclamado por una entusiasta multitud. En el salón Progreso de Nueva York se celebró un mitin para saludar su liberación; cuando habló Most, el júbilo fue grandioso, pues la gente del pueblo comprendía muy bien a aquel luchador que por defender su causa había sufrido más de diez años de cárcel.
1904. Freiheit celebra sus 25 años de existencia con un número especial de 28 páginas en el que colaboraron destacadas plumas del anarquismo internacional.
1905. Congreso de los sindicalistas revolucionarios en Chicago: 186 delegados representan a cincuenta mil obreros.
1906. Emprende en enero una gira de propaganda y da conferencias en diversas ciudades y pueblos. Llegando a Cincinnatti sufre una ataque de erisipela en casa del compañero Krause, donde se albergaba. Fallece en tal lugar el 17 de marzo, siendo incinerado en el crematorio de dicha ciudad de Ohio el 20 de marzo. Todas las publicaciones alemanas de los Estados Unidos dedicaron sentidos tributos. El 31 de marzo apareció Freiheit en doble formato, dedicado a Most. En el Grand Central Palace se celebró en su honor una grandiosa reunión fúnebre internacional.
1907. Sigue apareciendo Freiheit. "Los precursores" de Santiago de Chile editan La peste religiosa.
1908. A fin de año deja de aparecer Freiheit.
1912. Muere en Chicago la gran anarquista Voltarine de Cleyre, admiradora de Most.
1924. Aparece en alemán la gran biografía de Rudolf Rocker titulada Johann Most. Das Leben eines Rebellen (Johann Most, la vida de un rebelde), editada por la editorial El sindicalista de Berlín.
1925. En la misma editorial, Rudolf Rocker publica el folleto Apéndice sobre Johann Most.
1927. La editorial La Protesta de Buenos Aires publica en su colección "Pensadores y Propagandistas del Anarquismo" la gran biografía de Rudolf Rocker titulada Johann Most, la vida de un rebelde, en dos tomos, prologada por Alexander Berkman y traducida por Diego Abad de Santillán.
1966. La última edición que hemos visto del clásico folleto La peste religiosa ha sido la reedición holandesa De Godspest, publicada por De Vrije, de Rotterdam.

Vladimiro Muñoz
(Reconstruir, julio-agosto 1968) Subir


 

Número monográfico:

La vida de Johann Most

La bestia de la propiedad

La peste religiosa

Manifiesto de la AIT a los trabajadores de Norteamérica (Proclama de Pittsburgh)

Una cronología de Johann Most

 

Centenario de Johann Most
(1846-1906)