PERIODICO ANARQUISTA
Nº 215
 JUNIO 2006

 

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El control de la inmigración en EE UU

Un reciente proyecto de ley proporciona a los partidarios de la anti-inmigración una batería de medidas que pretenden reducir el flujo migratorio procedente de México, criminalizando algo que hasta entonces no había sido considerado más que como una infracción. Los latinos, bajo el foco de los medios de comunicación, exigen su regularización incondicional, y quieren asegurarse el fin de las muertes trágicas en la frontera, de las separaciones familiares traumáticas y de la explotación en el trabajo, así como unos derechos civiles básicos.
Pero el movimiento puede dejar a los anarquistasa perplejos. ¿Se trata de una verdadera movilización popular y estudiantil, o bien de una serie de acciones manipuladas por la burguesía hispana de los Estados Unidos? ¿Revuelta proletaria o lobby? ¿Los hispanos quieren solamente el derecho al voto?
El proyecto de ley se parece curiosamente a las medidas anti-inmigración que hicieron estragos durante cierto tiempo en Francia: los clandestinos podían ir a la cárcel y prohibírseles la residencia, los que pedían asilo y los niños detenidos en la frontera serían arrestados hasta que se decidiera su expulsión u obtuvieran un permiso temporal de residencia, y todo el que los ayudara (persona u organización) podría sufrir multas o penas de cárcel de hasta cinco años, y se levantó una empalizada de 1.100 kilómetros a lo largo de la frontera sudoeste, donde más elevada era la tasa de mortalidad de los inmigrantes. En resumen, esa ley ilegalizaba a 12 millones de inmigrantes de un total de 41 millones de latinos (el 14 por ciento de la población, primera minoría, por delante de los negros, que son un 13 por ciento), así como a cualquiera que pretendiera ayudarlos. ¿Nos suena?
Contra todo esto se ha puesto en marcha, desde comienzos del año 2006, un movimiento que no ha hecho más que ganar en amplitud, para culminar en los siguientes datos: el 25 de marzo, millones de personas, por todo Estados Unidos, fundamentalmente latinos pero no exclusivamente, se reunieron en las calles para manifestar su descontento o su apoyo. Lo nunca visto en determinadas ciudades. En la semana siguiente, los estudiantes se pusieron en huelga por decenas de miles. Después, el 10 de abril, se organizó una jornada de acción nacional a cargo de colectivos de estudiantes, asociaciones de apoyo a trabajadores inmigrantes, etc. De nuevo cientos de miles de personas participaron en el movimiento. La página más reciente ha sido escrita el 1 de mayo, que no es festivo en Estados Unidos, pero que se planteó como una jornada de boicot generalizado: día sin trabajo, sin escuela, sin consumo. El éxito se vio mitigado por quienes tuvieron miedo de perder su empleo ya precario, y por quienes no quisieron perder un día de sueldo, que no podían permitirse.
Dejando hablar a su corazoncito, el Congreso ha dejado en suspenso la adopción de la ley. Debería aprobarla por unanimidad en las semanas venideras. Pero algunos piensan que el Primero de Mayo ha boicoteado el movimiento. Aunque parcial, la huelga ha tenido el mérito de conmover al bueno del Congreso: los portavoces de las dos partes representadas se han pronunciado contra esta estrategia. Cuando 12 millones de trabajadores que aportan 90.000 millones de dólares al año se ponen en huelga durante un día, aunque sea parcialmente, resulta raro y da un poco de miedo. ¡Sólo faltaría que eso diera ideas a otros! Bien, pero entonces ¿qué es en el fondo ese movimiento? ¿Quién lo ha iniciado? ¿Quién ha animado a los trabajadores sumergidos o ilegales a salir de la sombra y correr riesgos tan grandes? Podemos comprender los argumentos de los sin papeles: en este mundo, desgraciadamente hacen falta papeles para asegurarse una tranquilidad relativa. Para tener alojamiento, para poder estudiar, para comprar lo que sea, o para ir al médico. Pero ¿qué quieren los hispanos? Seguramente no todos lo mismo. Un anarquista de Los Ángeles cuenta su participación en la gran manifestación del 25 de marzo: "Había muchas tendencias diferentes. Desde revolucionarios internacionalistas a partidarios del sueño americano, desde los que gritaban 'México, México' a los que clamaban 'Queremos un mundo sin fronteras' o 'No somos clandestinos ni criminales' y 'Nadie es ilegal'. Algunos citaban la Biblia, pero otros gritábamos: Ni patronos, ni jefes, ni banderas, ni cruces".
No obstante, en las imágenes de los manifestantes nos sorprenden algunas pancartas: "¿Quién os va a recoger los tomates? ¿Quién os va a construir las casas?". ¿Es que los hispanos no pretenden otra cosa que estar al servicio de los americanos? ¿No tienen exigencias de igualdad? ¡Incluso McDonalds ha elaborado un comunicado de apoyo al movimiento! Entonces, se trata de eso: hay que apoyar a esa gente para poderlos someter con más facilidad, para mantenerlos en ese sistema de asalariados y de explotación capitalista alienante. ¿Cuál es su reivindicación número uno? "Hoy desfilamos, mañana votaremos". Eso está muy lejos de la conciencia de clase. El hecho es que ese movimiento ha sido iniciado por los propios apoyos del sistema: la Iglesia católica, que ha sabido conservar su fuerte impronta sobre la minoría en su conjunto, los sindicatos poco combativos y dirigidos por los americanos, los politicastros hispanos sustituidos por las radios españolas. Controlando las reivindicaciones para mantener a esas poblaciones bajo su manto, se aseguran de que ninguno se muestre demasiado goloso.
Parece que el movimiento social necesita radicalizarse en Estados Unidos… Es dudoso que esa movilización desemboque en una mejora visible y duradera de las suerte de los latinos, y todavía menos en un movimiento más amplio que englobe reivindicaciones anticapitalistas y libertarias. Pero, al menos, esta minoría se ha expresado por primera vez en su vida…
¿"Sí se puede"?

Emma Gutiérrez
(Le Monde libertaire) Subir


Iraq: el oscurantismo mata

Los homosexuales iraquíes lanzan un grito de alarma: como consecuencia de la fatwa homófoba lanzada en octubre de 2005 por el ayatolá Ali al-Sistani, los escuadrones de la muerte de la milicia Badr acosan sistemáticamente a los homosexuales iraquíes y a las mujeres sin velo con el fin de perseguirlos y ejecutarlos. Treinta de ellos han encontrado refugio en Londres, donde han fundado el grupo Abu Nuwas, para apoyar a sus compañeros perseguidos en Iraq.
Ali Hili, uno de los refugiados, explica: "La milicia Badr tiene el deber de realizar la limpieza sexual de Iraq. Estamos convencidos de que han recibido consignas favorables de Iraq para que se concentren en los homosexuales iraquíes y otros objetivos. En la república islámica de Irán, el régimen del presidente Mahmoud Ahmadinejad ha iniciado un solapado pogromo contra los homosexuales, sobre todo engañando a la gente a través de Internet. Las milicias de Badr en Iraq, entrenadas y dirigidas por antiguos oficiales chiítas del ejército iraquí, han hecho lo mismo en casa". El ayatolá Sistani, nacido en Irán, representa la más alta autoridad iraquí. Está considerado como su guía espiritual por las milicias Badr. Su fatwa, publicada en su página web oficial, anuncia: "Los homosexuales deben ser asesinados de la peor manera posible". Dice Ali Hili: "Cuando los asesinos de Badr atacan y golpean a un homosexual en la calle, la gente les aplaude. Matan también a las mujeres que van sin velo y a los que venden alcohol, escuchan música o se visten a la manera occidental. Los hombres solteros de más de treinta años son sospechosos de homosexualidad y vigilados. Los Badr les dan un mes para cambiar de vida. Si persisten o no muestran intención de casarse, son detenidos, desaparecen y aparecen muertos. Se encuentran sus cuerpos con las manos atadas a la espalda, los ojos vendados y una bala en la nuca".
Los amigos de los refugiados londinenses que siguen en Bagdad no se atreven a salir de casa, y viven en un miedo permanente. Uno de ellos confirma la eficacia asesina del programa de acoso de los milicianos a través de Internet: "Una hora después de contactar con uno a través del chat, esa persona fue atrapada y encontrada muerta". Ali Hili da detalles sobre esos asesinatos: "Ammar, un hombre joven de veintisiete años fue atraído hacia un gueto y luego asesinado de un balazo en la cabeza en Bagdad, por miembros supuestamente procedentes de las milicias. Haydar Faiek, una transexual de cuarenta años, fue apaleada y quemada viva en una de las calles principales del barrio de al-Karad, en septiembre de 2005. Naffeh, de cuarenta y cuatro años, desapareció en agosto de 2005, y su familia supo que había sido atrapado por las milicias. Su cuerpo apareció en enero de 2006, con las marcas habituales de la ejecución. Sarmad y Khalid vivían juntos en el barrio al-Jemeha, y fueron denunciados por unos desconocidos. La milicia se los llevó y sus cuerpos aparecieron dos meses más tarde en las mismas condiciones". Baschar, un actor de cuarenta y cuatro años, amigo de Hili, vivie todavía en la capital iraquí y ha tenido que esconderse tras haber recibido amenazas contra él y contra su familia. Antes de pasar a la clandestinidad, su casa había sido investigada en varias ocasiones por las milicias. Afortunadamente, no se encontraba en su domicilio.

Con la complicidad de los soldados americanos
Como último recurso, algunos homosexuales se dirigen a los soldados americanos acantonados en Bagdad, pero éstos se ríen en sus narices y dejan hacer. Ali Hili dice: "Nos tratan con desprecio, como objetos irrisorios. No quieren meterse con las autoridades religiosas". En efecto, los americanos han estado cortejando durante mucho tiempo a Ali al-Sistani, y han aprobado su participación en el gobierno de coalición. Ali Hili, que trabajaba para la radio y la televisión iraquí, había recibido llamadas telefónicas desde Londres que le amenazaban de muerte, procedentes de discípulos de al-Sistani instalados en el Reino Unido, todas ellas después de que él se declarara activista homosexual. A propósito de ello, nos cuenta: "A finales de los ochenta y en los noventa, había todavía clubs gays en Bagdad, pero se cerraron en 1993, cuando se impusieron las sanciones económicas al gobierno de Sadam. A mí me detuvieron tres veces por ser homosexual, y me torturaron. Después de varios intentos, pude huir del país, pasando por Dubai, Jordania y Siria, hasta llegar a Inglaterra.
La cadena de televisión al-Arabiya ha informado de que se estaba preparando un acuerdo entre bastidores para nombrar a Abdel Mahdi, miembro de la coalición chiíta y actualmente vicepresidente de Iraq, para el puesto de primer ministro. El acuerdo se habría llevado a cabo entre la coalición chiíta, la lista kurda y el frente de concordia sunita. Hay motivos para temer que la campaña de las milicias Badr contra los homosexuales y las mujeres sin velo se convierta en política oficial iraquí en la nueva Constitución, escrita bajo el dictado del embajador americano en Bagdad, Zalmay Khalizad y su equipo. La sharía, ley religiosa que castiga con la muerte a los homosexuales y a las mujeres insumisas, es el fundamento legal de Iraq.

Hélène Hazéra
Patrick Schindler subir


Por la libertad integral del pensamiento

Bien conocida nos es la situacion creada por unos dibujos realizados en un periódico de Dinamarca sobre uno de los puntales fundamentales de la religión musulmana.Como todas las religiones, la musulmana quiere imponerse inten tando ahogar la críti ca del pensamiento libre. Para ellos, el pensamiento debe quedar anulado frente a ese misterio, que como todas las religiones, no han podido demostrar, cosa esta sucedida y que los no creyentes tenemos el derecho de pedir que se nos demuestre si quieren que se les respete. No se le puede tener respeto a algo indemostrado, a algo en lo que no se cree. Yo desprecio y combato la religión por lo que de falso e inquisidor siempre ha tenido, en lo que se piensa lo nefasto que ha sido para la libertad de los seres durante todo el curso de nuestra ya un tanto larga historia.
Las religiones, todas las religiones, han tenido como objetivo principal fanatizar a sus fieles; destruir su personalidad para hacer de ellos muñecos irracionales siempre dispuestos a la exterminación hacia todo aquello que pudiese poner en duda la más mínima parcela de lo indemostrado. Lo indemostrado, indemostrado queda, pero sus consecuencias, por muy fatídicas que puedan ser, deben ser impuestas a todo ser existente, y éste no tiene más mision que la aceptación de lo indemostrado si no quiere exponerse a mayores peligros.
Las mentes religiosas, todas ellas, están constituidas para imponerse, no para exponer valores no poseídos, y partiendo de ese principio impositivo, considerar que nadie les debe criticar, que ellos pueden imponerse a todo el mundo, sin que por ello la más minima crítica se les pueda ejercer, porque sus mentes, atrofiadas por el fanatismo que toda religion aporta, les impide comprender el derecho al análisis de todo lo que un ser humano pueda exponer como su propio contenido. Nadie tiene el derecho de intentar impedir que se le critique, todo aquel que algo expone está expuesto a ser criticado; tiene que aceptar que los demás les expongan su criterio, de lo contrario debe quedar mudo y desconocido, ya que si conocido desea ser tiene que aceptar que los demás le expongan aquellas consideraciones que oportunas consideren a lo por él expuesto.
Al pensamiento nadie tiene derecho ni autoridad moral para intentar impedir su expresión.Y menos impedir su evolución porque pueda ser molesto a una determinada religión, la que sea, a algo que indemostrado ha sido. No acepto que se me imponga silencio. ¿Quién es nadie para ello? Sobre algo en lo que no creo y que nefasto considero. Si se me impone silencio, ese que me lo impone comete conmigo un crimen real y verdadero, frente al que ellos dicen que se puede hacer con ellos al efectuar una crítica a lo que solamente representa una creencia, no un real contenido científico y demostrado.
A nosotros no se nos puede acusar de cualquier fanatismo nacionalista y menos aún de racistas. Nuestros principios básicos y esenciales nos ponen a cubierto de toda malvada intención. Somos lo que somos, y por serlo nos expresaremos siempre con la claridad apropiada y la veracidad deseada; no estamos limitados por ningún nacionalismo o interés particular que pudiese desvirtuar nuestro pensamiento. Por ello, con firmeza, expresaremos nuestro sentir y haremos oír nuestra voz de justa protesta.
Nadie desconoce la enorme y negativa influencia que la religión produce en el interior de los pueblos musulmanes, cuyo atavismo religioso les induce a ser juguetes de muchos intereses, que como siempre nada tienen que ver con la religión, pero que en nombre de la religión se hacen, aprovechándose de una creencia apropiada y fomentada por unos ayatolás que nos están demostrando todos los días los verdaderos valores que para ellos representa la religión. Ahí los tenemos, las montañas de vidas humanas sacrificadas criminalmente todos los días y por todas partes. ¿A esos "valores" quieren que nosotros nos sometamos? No y mil veces no.
No con pocas inquietudes hemos constatado la disponibilidad de los pueblos musulmanes para un fanatismo religioso que tanto mal le ha hecho a ellos mismos, como también hemos podido conocer la incapacidad en que han estado para la defensa de otras causas que tan indispensables siempre les han sido y a las que jamás atencion les prestaran. En el proceder clásico de todas las religiones les han inducido a un hacer en el que los pueblos han olvidado los elementos y causas sustanciales para su propia existencia. Sobre este particular se han encargado propios y extraños en que ajenos permaneciesen, alejados, como si de ellos no se tratase; para poder mejor inducirlos por los senderos de una religión que nunca los liberará del estado general en el que se encuentran. Y es este estado lo que les ha impedido poder llegar a conocer, que ellos deberían intentar mirar y estudiar sus consecuencias, que ya son sumamente viejas y arcaicas para que les puedan hacer comprender las necesidades que sobre el particular tienen. No toda la vida de un pueblo, el que fuere, puede, ni debe, estar determinada por la religión, ese es un estado mental negativo y que induce a situaciones motivadas por el no aceptar lo que la religion no enseña.
Es muy grave que bajo el pretexto de respeto a una religión se intente delimitar la libertad de pensar por quienes costumbre nunca han tenido de pensamiento. Analicemos todos los acontecimientos de la historia que han correspondido a estas materias y se verá que jamás el raciocinio y el respeto al sentido evolutivo al pensamiento humano los ha guiado. Siempre ha sido la bestialidad humana más primitiva la que se ha manifestado cuando ha sido incitada por quienes han tenido intereses en ello.
Pero como era de esperar, nuestros ayatolás han salido a la palestra, la Iglesia católica no ha podido perder la ocasión que le prestaban sus "hermanos" de enfrente para remachar el clavo que de siempre preparado tienen; estos muy santos varones, con ese cinismo que siempre han tenido, consideran que hay que respetar las religiones, como si éstas, todas ellas, supiesen lo que es respeto, como si alguna vez respeto hubiesen tenido a alguien que como ellos no ha pensado. El cinismo y la falta de escrúpulos no tienen límite. Ellos, que desde sus primeros días no han respetado a nadie y se han impuesto a todo el el mundo, nos piden que respeto les tengamos. Pero, ¿es que ellos saben lo que esa palabra significa? ¿Recuerdan haberla usado alguna vez y en algún lugar? Bajo un respeto jamás por ellos observado, lo que en realidad se desea, lo que por todos conceptos se quiere; el limitar la libertad de pensamiento y como en los buenos tiempos en que la Iglesia ha bien conocido, y algunos de ellos no muy lejanos, y de los que nos acordamos perfectamente bien, intentar, de forma jesuitica, destruir eldesarrollo y derecho que el pensamiento ha podido adquirir, conquistar y que de siempre ellos han combatido. Estos charlatanes se intentan aprovechar de la situación creada, que les cae de perillas, para sacar todas las ventajas que la complicidad y la cobardía política les permite aportar. Ellos no pierden el nor te, no tienen otra cosa en qué ocupar sus días sino en buscar la forma y manera de acrecentar su poder entre los pueblos que de siempre han deseado dominar, porque ese ha sido el verdadero objetivo de la Iglesia: la dominación total de los pueblos; esto ha sido arropado con miles de mistificaciones e intentando hacer creer que sus divinizadas creencias les autorizaba a todo eso y mucho más. Nunca ha tenido ninguna clase de reparos en imponer aquello que han creído, pero que jamás se han tomado la molestia de demostrar, ya que todas las religiones parten del principio de que sus creencias deben imperar, pero una creencia carece de ciencia y densidad.
El problema es muy grave, y por ello, aunque nos tengamos que repetir en algún momento, no dejaremos de insistir e interrogar a quienes tantas interrogaciones se les podrían hacer ¿Cuándo una religión ha sido capaz de respetar el pensamiento ajeno? ¡Nunca! Siempre han intentado destruirlo o someterlo a sus míseros intereses. La religión, toda religión, no está hecha para el respeto y la consideración hacia el otro. Han nacido, todas ellas, para imponerse y no será la católica, que tanto tiene que callar, la que nos pueda dar lecciones de un respeto que jamás conociera. Eso son realidades producidas por el mismo proceso histórico que ella ha ido gestando y que no creemos que tenga el cinismo de intentar negar. Su historia es muy vieja y negra; pero sus más recientes hechos destilan sangre, no esa deliciosa y sabrosa sangre de Jesús con la que ellos están comercializando desde hace veinte siglos, sino la de centenares de miles de Jesús y que en no muy lejanos días fueron sacrificados para gloria y bienestar de la Iglesia.
No, un poco de pudor, de vergüenza, que no se nos venga hablando de respeto para quienes jamás han respetado a nadie, para quienes solamente han conocido, defendido e impuesto, por todos los medios a su alcance, sus míseros y bajos intereses. No, que no se nos venga ahora, después de todas las realidades que constituyen su historia, a gimotear jesuiticamente un respeto inmerecido. ¡No! Que no se me pida un respeto a quien siempre he combatido y despreciado, porque no se lo tendré, por el simple hecho de que no se lo merecen. Las cosas hay que ganárselas para merecerlas, y nuestra Iglesia jamás ganó ninguna clase de respeto de la parte de quienes sus realidades puedan conocer. A su indigno comercio le pueden poner todas las joyas que por costumbre tienen; pero la mona, aunque se vista de seda, mona se queda. Que limpien la cloaca, que la hagan merecedora de toda clase de consideraciones antes de querer imponer un respeto inmerecido por los propios hechos que su conducta siempre demostrará. Para ser respetado hay que merecerlo, y lo no merecido no es debido. El respeto hay que ganárselo y por consiguiente merecerlo. ¿Verdad?
La libertad del pensamiento ha sido una constante lucha de todos aquellos seres que dignos han sido para defenderlo. Bien sabemos los numerosos y perversos enemigos que de siempre y en todo lugar encontrará y la realidad nos demuestra que en primer lugar de esta eterna enemistad se ha encontrado la Iglesia. Para ella no hay necesidad de pensar. Recordemos siempre aquello ya viejo, pero siempre joven de "cree y no pienses".
En el pensamiento, la Iglesia ha encontrado siempre un tenaz opositor; alguien que ha buscado despertar las conciencias que ella tenía por costumbre oscurecer, porque para eso y solamente para eso, se fue constituyendo su ya vieja existencia. La creencia en lo indemostrado, no puede aceptar un pensamiento que aclaraciones le pida, que en ella no crea por considerarla irreal y solamente ilusoria, y una ilusión no se puede sustentar frente al pensamiento que de realidades quiere que los seres vivan.
Pero no solamente hay una realidad en el pensar, hay tambien, y de forma muy precisa, el derecho al pensamiento, al que nadie tiene autoridad moral para poner trabas. No se puede aceptar que al pensamiento humano haya quien intente cortarle sus alas; sin ellas la especie humana regresaría a los lejanos días de hace millones de años en que las ra mas prehumanas irían limitando los horizontes de nuestra actualidado. No -y mil veces no- se puede aceptar que en cuestiones de pensamiento haya quien se crea con el derecho de limitar su acción y evolución hacia las cimas a las que los humanos decidamos y podamos llegaro. ¿Quiénes sois para ese vil hacer? ¿De dónde sacáis el privilegio de poder disponer de nuestro futuro? ¿Quién os autoriza a imponernos lo que debemos pensar y hacer? Sí, en realidad, ¿quiénes sois? Podríamos continuar, hacer otras muchas preguntas que bien sabemos no tendrían, como estas, ninguna respuesta, no vale la pena cansarnos con vosotros porque bien sabemos, desde viejo, que ni respuesta ni justificación tendremos. Nunca habéis tenido necesidad de justificaros, siempre habéis sido así, con lo bien que de siempre os fuera. ¿Por qué cambiar? Cuando buena montura se tiene, hay que conservarla, es razonable.
Siendo conscientes de lo que siempre será vuestra actitud, no negaremos que de nuestra parte no estaremos dispuestos a que el valor más sustancial de los seres humanos pueda ser mutilado por vuestros bajos intereses, ya que en la Iglesia ha habido siempre solamente intereses que intentan disminuir y eliminar todo aquello que sustancialmente pueda anularnos y hacernos pobres animalitos obedientes a vuestra vieja inquisición. Que vuestro dios me perdone, pero no estoy por haceros placer, sino todo lo contrario; instar para que la libertad integral del pensamiento sea respetada por quienes jamás respeto para nadie ni nada tuvieron.
Pero al mismo tiempo que se hacen estas lógicas consideraciones, por creer que corresponden a los derechos y necesidades que nos competen, creo también indispensable manifestar mi disconformidad con la conducta de una sedicente intelectualidad que al permanecer silenciosa da margen a los intereses religiosos para que dueños absolutos se consideren y obren en consecuencia. De viejo siempre fuera que la intelectualidad, cuando ha estado en peligro el pensamiento, levantase su voz sonora y clara para defender lo que nuestra esencia consideramos. No pueden,aquellos seres que del pensamiento se reclaman, permanecer en una actitud que de prolongarse, de complicidad tendríamos que considerar. No se puede pretender y no demostrar serlo; no vamos a caer en las mismas mistificaciones en que la propia Iglesia siempre cayera. Es necesario ser otra cosa, sustentar otra conducta, otro hacer más acorde con unos deberes que no se pueden dejar de hacer, sin que ello signifique algo muy parecido a una vergonzosa claudicación, muy cercana a la traición.
Que se me perdone la brusquedad de la expresión, pero hablando es como mejor nos podemos entender y saber lo que todos y cada uno estamos dispuestos a hacer frente a una nueva ofensiva de una Iglesia nunca satisfecha y siempre dispuesta a ir eliminando todo progreso hacia la libertad total del individuo, hacia la expresión integral de la libertad del pensamiento humano, sin la que los seres humanos nunca seremos lo dignos que necesitamos ser y que de nosotros depende serlo, si es que en realidad lo deseamos ser.
Que frente a este eterno peligro que de siempre se nos hace soportar, sepamos responder con la firmeza y convicción a quienes se consideran, porque así lo han decidido ellos por su propia voluntad, estar muy por encima de los demás humanos y los que siempre han deseado sumir en esa por ella deseada sumisión que se nos quiere hacer creer que el ser tiene que tener en la Iglesia.
Ni sumisos ni silenciosos; siempre dispuestos a defender lo que son los derechos más fundamentales de los seres humanos en contra de quienes desde siempre los han intentado suprimir.
Despiértense aquellos que el deber tienen de estar despiertos no sea que tanto pueda ser su dormir, que al despertar tarde, ingratas consecuencias puedan sufrir. Despiértense antes de que tarde pudiese ser y que dormidos y confiados, cogidos fuesen. Despierten, que el despertar a tiempo siempre fue sano.

Zaplana Subir


Tortelier y la huelga general

A mediados de la década de 1880 y después del período de los atentados que tienen lugar en Francia, los anarquistas son llamados por la pluma de Pouget y Pelloutier a entrar en los sindicatos buscando dos objetivos: en primer lugar resistir al Capital y en segundo lugar tratar de preparar desde sus filas la revolución que traerá la sociedad libertaria. La táctica será la "acción directa", la acción autónoma de la clase obrera cuya última manifestación será la "Huelga General Expropiadora". Esta idea de la huelga general revolucionaria, aunque no expresada en estos términos, es antigua, remontándose al siglo XVIII y a la Revolución francesa, se retoma con la Primera Internacional y vuelve a aparecer en EE UU y en Francia por estos años.
El compañero Tortelier, uno de los militantes de primera hora del Sindicato de Carpinteros, buen orador y propagandista, fue uno de los primeros que en París difundió la idea de la huelga general en su concepción revolucionaria.
De Tortelier se conoce muy poco, no dejó ningún escrito ni correspondencia. Joseph Jean Marie Tortelier nació en 1854 y aprendió el oficio de carpintero. Su nombre aparece por primera vez relacionado con la militancia obrera en marzo de 1883 a raíz de la manifestación que tuvo lugar para protestar contra el paro que azotaba a Francia por entonces. Los obreros se concentraron en "Los Inválidos" y se asaltaron algunas panaderías. Esto trajo detenciones y condenas desorbitadas, hasta a seis y ocho años son condenados Emile Pouget y Louise Michel. Tortelier fue condenado a tres meses de cárcel, de todos modos esto no le hizo desistir de sus ideas revolucionarias y en el periódico Le Voltaire del 15 de agosto de 1883 afirma que: "cuando al obrero no se le dan los medios de subsistencia, este tiene el derecho a coger lo que encuentre".
Por esta época, Tortelier aún no se declara anarquista sino "socialista revolucionario".
Sigue participando en actos de propaganda obrera, donde continúa propugnando la concepción revolucionaria del sindicalismo.
En agosto de 1884, con otros dos carpinteros, es elegido miembro de la delegación que viajará a Suecia durante la Exposición Internacional.
Es en este año de 1884 cuando se convierta en anarquista. El mismo Tortelier explicará la razón en un mitin en París el 14 de octubre: "Es una cuestión de medios. Aquellos de entre los revolucionarios que crean en la panacea parlamentaria están en un error". Esto lo tenían muy claro los obreros pizarreros del pueblo de Trelaze y con ocasión de un viaje de propaganda a ese lugar, los compañeros le habían ganado para "La Idea".
Según informes policiales de 1887, Tortelier frecuentaba diferentes grupos anarquistas y en especial el de "La Pantera" de Batignolles, creado en 1883 y al que pertenecía Clement Duval, que fue condenado a muerte el 11 de enero de 1887, y más tarde conmutada la pena por cadena perpetua, por realizar una "recuperación individual". Tortelier se declaró amigo de Duval y se quejó de la prohibición de testificar a su favor en el juicio.
Tortelier fue también uno de los impulsores de la Liga de los Antipatriotas fundada en agosto-septiembre de 1886 y de la Liga de los Antipropietarios.
Esta Liga de los Antipropietarios propugnaba la huelga de alquileres para así obligar a los propietarios de casas a mejorar las condiciones del inmueble y adecuar los alquileres a las condiciones económicas de los inquilinos. También intervenían en los desalojos de las familias por parte del propietario impidiendo que éste se quedara con los enseres de los desahuciados como compensación de los alquileres impagados. La táctica era que ante un aviso de desalojo concertaban con la familia para que tuvieran sus pertenencias preparadas y en la fecha indicada irrumpían en el inmueble y ayudaban a escapar a los embargados cargando con todos sus bienes e impidiendo que la policía interviniese. Este tipo de mudanzas fueron muy populares e incluso se compuso una canción en su honor.
Con todas estas actividades, Tortelier mantenía su compromiso con el movimiento obrero y su esperanza en la huelga general revolucionaria. El 9 de agosto en una reunión en la sala de Comercio con ocasión de la huelga de los obreros de la construcción, una gran multitud se reunió para escuchar a Louise Michel, Charles Malato y Tortelier que desarrollaron la idea de que solamente la huelga general es capaz de conducir a la revolución social.
Los mítines se suceden. En noviembre, Tortelier marchará a Londres con el anarquista Virad, delegado por la Cámara Sindical de Peones, para asistir a un congreso corporativo internacional. Allí desarrollará su concepción revolucionaria del sindicalismo y llega a proponer, de acuerdo a su concepción anarquista: "no hay más que un medio para los pobres de llegar a mejorar su situación, parar el trabajo al mismo tiempo en todas partes"; así pues, propone una huelga general internacional que comenzaría el día de apertura de la Exposición que iba a tener lugar en breve.
Vemos que si Tortelier no es el "reinventor" del concepto de huelga general revolucionaria en Francia, es al menos su "apóstol" más tenaz, incansable en su difusión, a pesar de la oposición de muchos compañeros sindicalistas que no acababan de aprobar la incorporación de los anarquistas a los sindicatos.
Tortelier no tiene más que un fin: organizar la huelga general, y se entrega por completo a la propaganda que puede conducir a ella, para extenderla a provincias es por lo que continuamente está de viaje. No hay huelga en la que él no esté presente para enraizar esta idea, ni una reunión pública donde no la plantee ni la defienda con todas sus fuerzas.
Un compañero de entonces, Merméis, nos ha dejado un retrato de Tortelier, no muy amistoso, pero vigoroso en su descripción: "Este compañero carpintero era un hombre de corta estatura, cuello poderoso, gestos bruscos y voz ronca, siempre desaliñado en su vestimenta. Quizás no malo, tenía un aspecto rudo e incluso un poco espantoso. Cuando lo mirabas, pensabas en los revolucionarios que daban cortejo a Marat y ejecutaban a la puerta de las prisiones, en septiembre de 1792, la sentencias sumarias de la Justicia del Pueblo".
Tortelier no dejaba de predicar de la misma manera la abstención electoral, los perjuicios de la política, aunque fuera socialista, y la mistificación del parlamentarismo.
Las principales etapas en la vida de Tortelier serán a partir de ahora:
1895: Apoya la campaña por la gratuidad del pan, al considerar que con la ropa y el alojamiento gratuitos, nos encaminaríamos hacia un consumo según las necesidades.
1896: Tortelier asiste en Londres al Congreso Internacional Socialista de los trabajadores y Cámaras sindicales obreras que, en el plano internacional fue el de la ruptura definitiva entre anarquistas y socialistas.
1898: El asunto Dreyfus. Como Grave y Pouget, y a diferencia de Sébastien Faure, Tortelier estima "que los anarquistas no tienen sino que alegrarse de que los dirigentes y los militares se peleen entre ellos".
1925: El 1 de diciembre muere el compañero Tortelier, un hombre de acción y un militante anarquista y obrero con una vida enteramente entregada a la difusión de las ideas emancipadoras y con una fe inquebrantable en la revolución que ha de traer la justicia social a todos los oprimidos del mundo.

Juan Ruiz Subir


El anarquismo en pelotas

Todavía existen "compañeros" a quienes les dicta la conciencia general que la mujer tiene que hacerse cargo de las "tareas del hogar" y de los hijos, es decir, que tendrían que cumplir un mero papel servil y reproductor; mientras que el hombre saldría a trabajar, merced a su supuestísima superioridad física y mental, porque a ella -la compañera- y a su fisiología, la consideran débil e inferior a él, y no estaría apta ni preparada para tener miradas críticas que cuestionen el mundo, sus problemáticas, las injusticias y abusos que pasan -pasamos- las mujeres.
Estos autoconsiderados, consciente o inconscientemente, "machos" también tienen la peculiaridad de llamarse libertarios y llenarse la boca con palabras como autonomía, solidaridad y autogestión, cuando no se dan cuenta de que la lucha se da en la cotidianidad. Estas conductas pasan también por el aprovechamiento de cualquier oportunidad para tener un contacto sexual con alguna mujer que merodee por sus espacios, viendo a la mujer como una presa o un simple objeto sexual, para subordinarla, después, al papel de ayudante para ejercer plenamente su orden con un mandato sutil y, en algunos casos, violento.
Muchas son las actitudes, las hay de sobra tanto como palabras escritas en las mismas publicaciones que se llaman "anarquistas", que utilizan en su discurso un lenguaje alta y vulgarmente sexista y homofóbico, y es que tal vez viven estancados y engañados en el tiempo pasado, aquella época marcadamente machista -fruto de dioses decimonónicos y viles machistas- cuando el luchador social era el hombre y la mujer simplemente se ocupaba de la casa, lejana a todo tipo de igualdad; esto por referirme, incluso, a los principios de la historia del anarquismo junto a sus pensadores más clásicos quienes no vislumbraban la liberación de la mujer como un comienzo para entender y asumir los principios básicos de quienes compartimos el ideal de un mundo mejor con relaciones interpersonales horizontales y libres.
A quienes nos interesa este tema y vemos una problemática en él, aquí tenemos un breve recuento de las teorías y prácticas referidas a la mujer desde que se habló de ella en las páginas ácratas, hasta cómo ha participado activamente en experiencias revolucionarias, pero casi siempre inferior -como pidiendo permiso- y subyugada en su mayoría hasta nuestros tiempos. Así tenemos a uno de los fundadores y referentes del anarquismo, como Proudhon, quien refiriéndose a los románticos sociales, los criticaría llamándolos "mujercillas". En su libro La Pornocracia donde según sus estudios -los de peor calibre, dicho sea de paso- inferioriza a la mujer intelectual, física y moralmente subordinándola al papel de mera gestadora de los hijos y de los quehaceres del hogar, para servir al hombre y la familia, conformando un dualismo, el hombre para la producción y la mujer para la reproducción. Dice Proudhon: "Considero funestos y estúpidos todos nuestros ensueños sobre la emancipación de la mujer; le niego toda clase de derecho e iniciativa políticos; creo que para la mujer, la libertad y el bienestar consisten únicamente en el matrimonio, la maternidad, los trabajos domésticos, la fidelidad al esposo, la castidad y el retiro". Mostrándonos un infeliz conservadurismo que no lo dejó ver que para hacer la revolución social tiene que partir de los dos géneros, para liberar al hombre y a la mujer.
Luego está Bakunin quien tiene una mirada algo más acertada en cuanto al tema de la mujer con relación al anarquismo, mostrándose partidario de la completa emancipación del hombre y de la mujer, pidiendo la igualdad de deberes y derechos, la unión libre, pero, resumiendo el tema de la mujer a la educación de los hijos y a su formación libre para la sociedad. Malatesta propone la lucha de ambos sexos y en su Programa anarquista, aboga por: "La reconstitución de la familia, de modo que resulte la practica del amor, libre de todo vínculo legal". Malatesta resume su fórmula con respecto a las mujeres y al amor: "Queremos la libertad; queremos que los hombres y las mujeres puedan amarse y unirse libremente sin otro motivo que el amor, sin ninguna violencia legal, económica o física. (…) ¿Y los hijos? Hijos de todos", dice, además, un Malatesta solidario y fraterno. Fabbri, otro anarquista italiano y amigo de Malatesta, en su libro Cartas a una mujer sobre la anarquía, dirigiéndose a la que sería su gran compañera, refiere: "¿Qué hará de vosotras, mujeres, el anarquismo? Pero... ni más ni menos de lo que vosotras queráis. La anarquía proclama ante todo la libertad individual en la igualdad".
Faltaba un punto de vista más certero, y que provenga desde la misma mujer, cuando Emma Goldman inicia sus primeros planteamientos anarquistas en el contexto de las problemáticas de su época, abarcando también un cuestionamiento acerca de la problemática de la mujer luego de varias reivindicaciones feministas tales como el derecho al sufragio de la mujer, a la preparación superior y a algunos tipos de trabajo. Emma Goldman planteó, dejando un gran efecto sobre el sexo femenino de su época: "La emancipación debería permitir a la mujer convertirse en un ser humano en el sentido más propio del término. Todo lo que dentro de ella pugna por afirmase y actuar debería alcanzar su más plena expresión; habría que romper todas las barreras artificiales y eliminar todos los vestigios de siglos de sumisión y de esclavitud que obstaculizan el camino hacia una mayor libertad", manifestándose por el amor y la maternidad de elección libre.
Y una de las experiencias máximas donde el sol brilló por tres años aproximadamente para los oprimidos y oprimidas fue la Revolución Española de 1936 a 1939, donde las mujeres llevaron al hombro muchas responsabilidades como la educación de los niños, la alfabetización de las personas más grandes, hombres y mujeres, también en el trabajo en la colectivización de la industria, la distribución de los alimentos, incluso en el frente, llevando alimentos y asistiendo a heridos; pero si se dan cuenta no cumplió un papel igualitario al hombre, no dejaban que cargaran armas, ni que tuvieran una posición en el frente y hacían caso omiso en la toma de decisiones de las asambleas, por ello es que existieron dos fracciones, por un lado estaban las conservadoras que querían que la mujer se ocupara de la nueva organización social en las ciudades liberadas, y por el otro lado las más combativas, quienes querían hacer la revolución con sus propias manos para luego ejercer de un igualitario reparto de la tierra, y un mismo trato en las relaciones personales; fue el lado más revolucionario de ese momento para la mujer.
No podemos negar el papel politizado de la mujer, cuando en los movimientos feministas de los años sesenta y setenta levantan un frente contra la guerra, contra el consumismo que las vende como objeto, la conocida revolución sexual, la salud reproductiva libre, la legalidad del aborto, y el poder asumido por mujeres en la política, etc., pero siempre cuestionándolos, pues dichos movimientos solamente significan y representan para los movimientos existentes en nuestra actualidad, una forma light de la liberación de la mujer, que sólo nos lleva a la guerra competidora de géneros y a una institucionalización del feminismo, que no trasciende a liberar las formas o condiciones de vida. Al igual que este feminismo institucional, que supuestamente busca la liberación de la mujer como objetivo, y que en realidad redunda en la competencia por la superación; el problema del machismo y sexismo en las organizaciones anarquistas y libertarias resume una actitud autoritaria y de remarcación de poder, lo que trae como consecuencia: división de género e inconsecuencia en la práctica.
No olvidemos pues, que es muy importante para estos tiempos tener en cuenta la historia anarquista y su pensamiento no sólo para que conforme nuestra memoria y conciencia sino también para que mejoremos día a día si es que en verdad estamos en este mismo camino, oponiéndonos y haciendo una pared a todo lo que no nos deja vivir en libertad y romper, romper con esa idea en términos generales sobre la emancipación de la humanidad, de liberación del hombre, y el problema económico también hay que extenderlo hacia la emancipación de la mujer, preocuparse por sí mismas de la problemática que implica ser oprimida doblemente por el sistema social injusto y por el hombre quien nos cree su propiedad, analizando de fondo las teorías, para llegar a poder plantear un objetivo común entre los dos géneros que esté en contra de todas las formas de opresión, jerarquías y autoritarismos, si bien vivimos en una sociedad donde rigen las convenciones sociales machistas, donde incluso las mujeres en su mayoría no se dan cuenta de la problemática en que estamos enraizadas, y eso responde a tanto cuestionamiento acerca del porqué son tan pocas las mujeres que participamos en una organización o colectivo anarquista, pues quienes nos afirmamos en esta lucha tenemos como tarea el seguir intentando concienciar a mujeres y a hombres, auto-educándonos desde nuestra perspectiva en la vida cotidiana, a nuestra familia, compañeras, amigas, poniendo en cuestión nuestra educación con prejuicios culturales como el que las mujeres "no sabemos trabajar en equipo", y otros más degradantes, debatiendo sobre los medios de comunicación social, que en sus mensajes y símbolos nos muestran una imagen discriminatoria de la mujer y también de los homosexuales, como consumidoras en potencia y como objetos sexuales, dejando atrás estereotipos, dándonos un trato igualitario entre ambos sexos. Romper con este tipo de poder en las relaciones entre géneros es responsabilidad de todas y todos ustedes. Distribuyendo de forma equitativa los roles sociales y no dejando de lado esta problemática, solo así llegaremos a experimentar y asumir, en vida propia, nuestros principios éticos y morales desde la lucha anarquista.

Sandra Muñoz
(Desobediencia)
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La relación entre el Estado y el individuo

El futuro de las tarifas, los impuestos, la finanza, la propiedad, la mujer, el matrimonio, la familia, el sufragio, la educación, los inventos, la literatura, la ciencia, las artes, las inclinaciones personales, el carácter privado, la ética, la religión, estará determinado por la respuesta que dé la humanidad al problema de cómo y en qué medida el individuo debe obediencia al Estado.
Al tratar este asunto, el anarquismo ha considerado definir, en primer lugar, sus términos. La concepción popular de la terminología política es incompatible con la rigurosa exactitud requerida por la investigación científica... Tomemos, por ejemplo, el término Estado, que nos interesa muy particularmente. Esta es una palabra que está en todos los labios. ¿Cuántos de quienes la usan tienen alguna idea de lo que significa? Y, aun entre los pocos que tienen tal idea, hallamos una gran variedad de concepciones. Con el término Estado denotamos a instituciones que corporizan las más extremas formas del absolutismo y a otras que lo atemperan con una mayor o menor liberalidad. Aplicamos esa palabra a instituciones cuya única función es la agresión, de la misma manera que a otras que además de agredir en alguna medida defienden y protegen. Pero pocos parecen saber, o preocuparse, de la medida en que la función esencial del Estado es la agresión o la defensa. Frente a las diversas interpretaciones, los anarquistas, cuya misión en el mundo es la abolición de la agresión y de todos los males que de ella provienen, entendieron que para ser comprendidos era necesario asignar un significado definido y explícito a los términos que estaban obligados a emplear, especialmente los de Estado y gobierno. Examinar otros elementos comunes a la totalidad de las instituciones comúnmente designadas con el término Estado, y hallaron que éstos se reducían a dos: primero, la agresión; segundo, la exclusiva posesión de autorida dentro de un territorio dado y sobre todo lo que ese territorio contiene, autoridad ejercida generalmente con el doble propósito de la más completa opresión de sus súbditos y la mayor extensión de sus fronteras. Que este segundo elemento es común a todos los Estados, es algo que, pienso, nadie negará. No tengo conocimiento de que jamás un Estado haya permitido la existencia de otro Estado rival dentro de sus propios dominios, y parece evidente que si algún Estado tolerara eso dejaría inmediatamente de ser considerado un Estado. El ejercicio de la autoridad por dosEstados sobre un mismo territorio es una contradicción. Probablemente sea menos admitido por la generalidad el primer elemento, que la agresión ha sido y es común a todos los Estados. No me propongo, sin embargo, agregar argumentos a conclusiones de Spencer, que cada día gozan de mayor aceptación: que el Estado se origina en la agresión y que desde su nacimiento continúa siendo una institución agresiva. La defensa fue un agregado tardío, producido por necesidad. La introducción de la defensa como función del Estado fue sin duda un acto forzoso, llevado a cabo con vistas a su reforzamiento, pero que supone en principio el inicio de la destrucción del propio Estado. La creciente importancia de la función defensa constituye una evidencia del progreso existente hacia la abolición del Estado.
Aparte de este enfoque del problema, los anarquistas sostienen, entonces, que la defensa no es una función esencial del Estado; sí lo es en cambio la agresión. ¿Pero, qué es la agresión? Agresión es simplemente otro nombre del gobierno. Agresión, invasión, gobierno, son términos intercambiables. La esencia del gobierno es la dominación o la tendencia a la dominación. Quienquiera logre dominar a otro es un gobernante, un agresor, un invasor, y la naturaleza de tal invasión no cambia cuando es realizado por un hombre contra otro hombre, a la manera de los delincuentes comunes, o por un hombre contra todos los otros, como los monarcas absolutos, o por todos los hombres contra uno, tal la democracia moderna. Por lo contrario, quien resiste el propósito de dominación de otro no es un gobernante ni un agresor ni un invasor, sino simplemente un defensor, un protector. La naturaleza de esa resistencia no cambia cuando se produce entre dos individuos, como cuando uno repele un ultraje criminal, o por un hombre contra todos los demás, como cuando uno se niega a acatar una ley opresiva, o por todos los hombres contra uno, el caso de los miembros de una comunidad unidos voluntariamente para controlar a un criminal. Esta distinción entre invasión y resistencia, entre gobierno y defensa, es de vital importancia. Sin ella no puede haber una filosofía política válida. Es a partir de esa distinción y de otras consideraciones que acabamos de hacer que los anarquistas formulan las buscadas defíniciones. La definición anarquista de gobierno es entonces: la sujeción de un individuo no agresivo a una voluntad externa. Y la definición anarquista del Estado: la corporización del primer invasor por un individuo o un grupo de individuos que pretenden actuar como amos o como representantes de todos los habitantes dentro de un territorio dado.
En cuanto al significado del restante término del asunto en discusión, la palabra individuo, creo que presenta pocas dificultades. Aparte las sutilezas en las que incurren algunos metafísicos, este término puede ser usado sin temor de malentendidos. La medida en que las anteriores definiciones obtengan o no aceptación general es asunto de menor importancia. Considero que han sido científicamente construidas y que sirven al propósito de la mejor transmisión del pensamiento. Con su adopción, los anarquistas lograron su intención de ser explícitos, tienen el derecho, por tanto, a que sus ideas sean juzgadas a la luz de tales definiciones.
Arribamos ahora a nuestro tema: ¿Qué relaciones deben existir entre el Estado y el individuo? El método más común para determinar esto es la apelación a alguna teoría ética que desenvuelve la base de una obligación moral. Los anarquistas no confían en tal método. Descartan totalmente la idea de obligación moral, de derechos y deberes naturales inmanentes. Toda obligación la consideran social, y no moral, y aun así no realmente obligaciones, salvo que hayan sido consciente yvoluntariamente asumidas. Si un hombre contrae un compromiso con otro, éste puede actuar en el sentido del mantenimiento de tal compromiso. Pero en ausencia de un compromiso explícito, nadie, en la medida que los anarquistas lo sostienen, tiene compromiso alguno, ni con Dios ni con poder de ninguna otra naturaleza. Los anaquistas no sólo son utilitarios, sino egoístas en el más amplio y completo sentido. En lo que concierne a derechos inmanente s, esa es su única medida...
Si fuera cuestión de derecho sería, conforme los anarquistas, una mera cuestión de fuerza, pero no es, afortunadamente, una cuestión de derecho, sino de adecuación, de conocimiento, de ciencia -de la ciencia de la convivencia, la ciencia de la sociedad-. La historia de la humanidad ha sido en gran medida un largo y gradual descubrimiento de que el individuo se beneficia en la sociedad exactamente en la medida que la sociedad es libre y que la ley condicionante de una sociedad estable y armoniosa es el mayor grado de libertad individual compatible con la equidad. El hombre común de cada generación ha comprendido más clara y conscientemente que sus antecesores. Mi semejante no es mi enemigo sino mi amigo y yo el suyo y deberíamos reconocer mutuamente esta realidad. Debemos ayudar a cada uno para una vida mejor, más completa y feliz, y si queremos dejar de limitar, trabar y oprimir a los demás, estos servicios mutuos deben ser incesantemente alimentados. ¿Por qué no permitiremos que cada uno viva su propia vida, mientas no trasgreda los límites que separan nuestras individualidades? Es a través de estos razonamientos como la humanidad se acerca al verdadero contrato social, que no es, como pensaba Rousseau, el origen de la sociedad sino la meta de una larga experiencia social, el fruto de sus locuras y desastres. Es obvio que ese contrato, esa ley social, desarrollada hasta su perfección, excluye toda agresión, toda violación de la libertad igualitaria, cualquier clase de invasión. Si consideramos ese contrato en conexión con la definición anarquista del Estado, corporización del principio de invasión, comprobamos que el Estado es antagónico con la sociedad y, siendo la sociedad esencial para la vida y el desenvolvimiento de los hombres, salta a la vista la conclusión de que la relación entre el Estado y el individuo y la del individuo con el Estado debe ser de hostilidad y hasta tanto el Estado no haya desaparecido.
¿Pero -se podría responder a los anarquistas- que debería hacerse con los individuos que fuera de toda duda persistirían en la violación de la ley social, invadiendo a sus semejantes? Los anarquistas contestan que la abolición del Estado dará lugar a una sociedad defensiva, sobre bases voluntarias y no compulsivas que refrenará a los invasores por los medios que resulten adecuados. "Pero eso es lo que tenemos ahora, responderán. Entonces lo que ustedes quieren es un simple cambio de nombres". Nada de eso. ¿Podría acaso sostenerse por un momento que el Estado, aun tal como existe en América, es una institución puramente defensiva? Seguramente no, salvo para quien ve en el Estado sólo el vigilante de la esquina. No hace falta investigar mucho para comprobar el error de tal apreciación. Porque el primer verdadero acto del Estado, el establecimiento y recolección compulsiva de impuestos, es en sí mismo una agresión, una violación de la libertad igualitaria y de la misma manera todo acto subsecuente está viciado, aun aquellos que serían puramente defensivos si fuesen pagados por una tesorería provista por contribuciones voluntarias. ¿Cómo es posible sancionar, bajo la ley de igual libertad, la confiscación de los ingresos de un hombre para pagar una protección en la que no ha pensado y que no desea? ¿Qué nombre le daremos, si lo anterior es un ultraje, a tal confiscación cuando a la víctima se le da una piedra en lugar de pan, opresión en lugar de protección? Para forzar a un hombre a pagar por la violación de su propia libertad es preciso añadir el insulto a la injuria. Esto es exactamente lo que hace el Estado... Encontraremos que más del noventa por ciento de la legislación existente sirve, no para reforzar esa ley social fundamental, sino para gobernar las inclinaciones personales de los individuos o, peor aún, para crear y sostener monopolios comerciales, industriales, financieros y propietarios que privan al trabajo de buena parte del beneficio que recibiría en un mercado perfectamente libre...
Lo anterior se relaciona con otras consideraciones que hacen al problema de los individuos invasores, que es un caballo de batalla de los oponentes al anarquismo. En alguna parte he leído o escuchado de una inscripción para una institución caritativa: "este hospital fue construido por un hombre piadoso, pero antes hizo los pobres para llenarlo". Eso ocurre con nuestras prisiones. Están llenas de los criminales que nuestro virtuoso Estado hizo con sus inicuas leyes, sus aplastantes monopolios y las espantosas condiciones sociales que son su resultado. Creamos muchas leyes que producen criminales y unas pocas que los castigan. ¿Sería demasiado esperar que las nuevas condiciones sociales que deben suceder a la abolición de toda interferencia en la producción y distribución de bienes cambiarán finalmente las costumbres y tendencias de los hombres como para que nuestras prisiones, nuestros policías y soldados, nuestros desembolsos y nuestra maquinaria de defensa sean superfluos? Esta es, al menos, la creencia de los anarquistas.

Benjamin R. Tucker Subir


Una visión científica disidente o el anarquismo epistemológico de Paul K. Feyerabend

Como bien apunta Ernesto Sábato en Hombres y engranajes, entre los siglos XVIII y XIX se propagó en el mundo, a manera de nuevo fetichismo, una verdadera superstición acerca de la ciencia, ocasionada, quizá, por el problema de la verdad del conocimiento y el trauma ocasionado por una etapa de oscurantismo en la Edad Media, cuando el conocimiento se fundaba en sofismas, supuestos y supersticiones fanáticas elevadas a categorías de dogmas y axiomas incuestionables. Esto traería como consecuencia, la búsqueda y la reflexión acerca de cómo se podría lograr el conocimiento verdadero; entonces, fue inevitable: la ciencia pasó a convertirse en una nueva magia y el hombre promedio, el hombre de la calle, creía tanto más en ella cuanto menos iba comprendiédola. Es más, la humanidad, en su mayoría, estaba convencida de que, con su ayuda, la solución a los problemas que la aquejaban iba a llegar pronto. Es en ese mismo contexto que aparecen las figuras de culto, los científicos, gozando de la misma veneración que tuvieron, o tienen aún, los chamanes, brujos y sacerdotes. Veneraciones y reverencias propias, dicho sea de paso, de los débiles mentales. Este hombre-ciencia se convirtió en un personaje discreto y mecanizado, pues, "a ciencia cierta", buena parte de las cosas que hay que hacer en física, biología o lógica (salvo gratos casos excepciones o variaciones postmodernas pintorescas) es faena mecánica de pensamiento que puede ser ejecutada por cualquiera con un poco (o algunos años) de trabajo mecanizado. Se trabaja con un método, constriñéndose y recluyéndose en un campo de ocupación intelectual cada vez más estrecho, y ni siquiera es forzoso, para obtener abundantes resultados, poseer ideas rigurosas sobre el sentido de éste. Ortega y Gasset arguía que la ciencia fue progresando, en buena parte, debido al trabajo de hombres absolutamente mediocres; que recluídos en la estrechez de su campo visual, consiguen en efecto, descubrir nuevos hechos y hacer avanzar su ciencia, que apenas conocen y con ella la enciclopedia del pensamiento que concienzudamente desconocen.
Con el transcurrir de los años, la ciencia formó un nucleo teórico difuso expresado por denominaciones genéricas como "física relativista" o "matemática conjuntista" y otro nucleo metodológico más difuso aún y relacionado más con instrumentos que con procedimientos (acelerador atómico, computador, etc.). Generalmente se le atribuyen ciertas cualidades como: universalidad sin limitaciones, carácter público intrasubjetivo, neutralidad valorativa, política e ideológica y hasta el mismo hecho de ser usada o aplicada susceptiblemente sin discriminaciones por la especie humana; todas y cada una cuestionadas. Algunos filósofos, entre ellos Popper, han afirmado que la ciencia es esencialmente conocimiento público; pero en los hechos, la ciencia no es conocimiento público sino más bien secreto muy bien administrado por los centros hegemónicos. Muchas veces se ha dicho que el científico sirve fundamentalmente a la humanidad, pero la verdad es que verdaderamente la ciencia, parida desde los mismos centros de poder, se usa principalmente para el bienestar de aquellos y para afianzar las relaciones de dominación que se ejercen sobre los países dominados y dependientes. Diría Marcuse: "La racionalidad técnica y científica y la manipulación están soldadas en nuevas formas de control social". Sólo el "buen burgués" estaba -y está- en la idea de que la misión de la ciencia era acabar con las guerras y hacerle la vida más cómoda; tal vez piense, asimismo, que la misión del arte es hacer felices y virtuosas a sus hijas.
La gran gloria y la gran amenaza de la ciencia residen en que todo lo que en principio no es posible, se puede hacer si existen las tecno-condiciones y el suficiente empeño para hacerlo. Los científicos pueden regodearse en la gloria de sus logros; pero, en los tiempos actuales, la reacción más típica del común de las gentes consiste en temblar ante la amenaza.

A la sombra de la Ciencia
Paul K. Feyerabend (1924-1994), epistemólogo anarquista, considerado anticientífico, pensador crítico, punzante, irónico y subversivo, en realidad -y exactamente- se trata de un disidente, consideró a varios colegas suyos como "medrosos roedores académicos, que ocultan su inseguridad detrás de una sombría defensa del status quo" y desarrolló agudas reflexiones sobre el papel de la ciencia en la sociedad contemporánea. Puso a la epistemología en tensión y la obligaría a revisar sus ropajes especializados, formales y exclusivamente académicos, enfrentando sin tregua ni contemplaciones a una tradición largamente respetada. "Nada es más peligroso para la razón que los vuelos de la imaginación", decía Hume y es que demostró, además de su competencia científica, grandes dotes de escritor y polemista.
Las ideas de Feyerabend, influido por Popper, Mill, Kuhn y Lakatos, comienzan a gestarse siendo profesor de Filosofía en la Universidad de California, Berkeley y profesor de Filosofía de la ciencia en el Instituto Federal de Tecnología en Zúrich. Investigó en Física, Astronomía y Matemáticas. Su formación como físico y como filósofo se fue completando durante su estancia en Londres, pero lo decisivo para el desarrollo de sus ideas fue su práctica educativa en un medio plurirracial y multicultural. Cada fenómeno o problema que abordaba era para él una situación única y exclusiva que tenía que explicarse y esclarecerse de manera particular, no existían fronteras para su curiosidad y ningún tipo de "criterio" restringía su pensamiento: aceptaba la colaboración, en cualquier investigación particular, de pensamientos y emociones, fe y conocimientos. Feyerabend afirmaba que la idea de un método fijo, de una racionalidad fija surge de una visón del hombre demasiado ingenua, es así que propuso un pluralismo metodológico donde deberían buscarse propuestas alternativas. Una propuesta de visiones, temperamentos y actitudes diferentes que den lugar a juicios y métodos de acercamiento diferentes donde solamente un principio pueda ser defendido bajo cualquier circunstancia: Todo vale. Estos principios fueron planteados básicamente en Contra el método y ampliados posteriormente en Adiós a la razón.
Feyerabend llegó a proponer un procedimiento contrainductivo, basado en la contradicción sistemática de teorías y resultados experimentales bien establecidos y aumentar el contenido empírico con la ayuda del principio de proliferación. Para esto el científico debería ser heterodoxo y proponer ideas contrapuestas, habría que ir contra el metodólogo que repite y aplica como esclavo los principios y declaraciones más recientes de los que dirigen la Física, aunque al hacerlo, viole algunas -si no todas- de las reglas básicas de su propio oficio. Se deben proponer ideas distintas, recurriendo para ello, como fuente de inspiración, a lo que haga falta, incluso a teorías antiguas y desechadas, sin que importe para nada que hayan sido "falseadas empíricamente" en su tiempo o que, probablemente, tengan orígenes metafísicos, religiosos o míticos. La idea era buscar sistemas conceptuales que choquen con los datos experimentales aceptados, e incluso proponer nuevas formas de percepción del mundo, hasta entonces ignoradas. El científico haría uso de cuanto tenga a mano: sugerencias heurísticas, concepciones del mundo, disparates metafísicos, restos y fragmentos de teorías abandonadas, etc. Bertrand Russell dijo al respecto: "Incluso la cauta y paciente investigación científica de la verdad, que parece la antítesis de la rápida certidumbre del místico, puede ser fomentada y nutrida por el espíritu en que se mueve y vive el misticismo". La infalibilidad del método científico fue confrontada por Feyerabend: "La idea de un método que contenga principios firmes, inalterables, y absolutamente obligatorios que rijan el quehacer científico tropieza con dificultades considerables al ser confrontada con los resultados de la investigación histórica. Descubrimos, entonces, que no hay una sola regla, por plausible que sea, y por firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea infringida en una ocasión u otra". El atomismo antiguo, la revolución copernicana, el atomismo moderno, la teoría ondulatoria de la luz y otras muchas surgieron, además, contraviniendo, explícita o implícitamente, reglas metodológicas generalmente aceptadas. Finalmente la unidad de opinión no es deseable, salvo que resulte de la más libre y completa comparación de opiniones opuestas, y la diversidad no es un mal, sino un bien, la cual es necesaria no sólo para el avance del conocimiento sino también para el desarrollo de nuestra individualidad.
Ortega y Gasset argumentaba, con fundamentada razón, que "el científico ha sido y es, como hombre, un mostruo, un maniático cuando no un demente", y además resaltaba la notoria facilidad con que los científicos se han entregado siempre a las tiranías. Y Feyerabend lo corroboraba, para él la ciencia en un principio estuvo enfrentada a formas de pensamiento dogmáticas, a ciertas ideologías heredadas imperantes; pero, con el transcurrir del tiempo, una nueva ilustración se había configurado; y es que, en la actualidad, ésta (la ciencia) tiene todas las características de una religión, llamada cientifismo. En los colegios, por ejemplo, la ciencia se enseña con el mismo valor de verdad que los dogmas de fe religiosos, sin alentar, en ningún caso, perspectivas más amplias de observar los fenómenos y las cosas, mientras que el adoctrinamiento en las universidades y centros de educación superior es mucho más sofisticado y riguroso y, por ende, sin ningún tipo de cuestionamiento a la actividad científica. Feyerabend da cuenta de estas problematicas, donde la ciencia se ha transformado y se ha asentado como verdad única, inalterable e infalible. No hay quien no le haga reverencias, lo cual le da libertad de proselitismo político y poder tecnocrático. Como toda religión institucionalizada y poderosa, no se le puede desligar del Estado; muchas veces, además, la ciencia se ha impuesto por la fuerza y no por el diálogo o el convencimiento como en el caso de los países no occidentales donde se llegó a exterminar otras muchas formas de saber. Feyerabend en La ciencia en una sociedad libre planteó que ésta (la sociedad libre) no se impone, sino que surgirá cuando la gente que resuelve problemas concretos colabore en su creación. Además afirma que la sociedad libre insiste en la separación entre la ciencia y el Estado. Las comunidades científicas o la "Iglesia Universal de la Razón y la Verdad y del Pensamiento Unico" han perdido incluso su relativa autonomía de antaño en otras épocas históricas, ahora dependen de la gran industria, por una parte, y de la política científica del Estado correspondiente. Existe una ciencia aplicada que puede generar grandes beneficios económicos a la empresa patrocinadora o como en el caso de ciencia amarrada con el Estado que suele tender a priorizar determinadas líneas de investigación, dando lugar a que el progreso científico sólo vaya en algunas y determinadas direcciones. Científicos, técnicos y especialistas sirviendo como refrendos de las políticas de los Estados y las multinacionales.
Paul K. Feyerabend murió el 11 de febrero de 1994, a los 70 años, dejándonos una severa advertencia sobre el progresivo auge de la ciencia y de la tecnología y su influencia en las areas más diversas del ser humano, sociales, políticas y hasta militares, en el futuro. Y es que pareciera predominar en aquellos campos (los científicos) una autosuficiencia flagrante, como cuando Mario Bunge responde frente a cuestionamientos sobre el arrollador avance científico y sus consecuencias político-sociales, manifestando vaga e irresponsablemente: "toda innovación tiene sus incovenientes". Cuando se trata de Chernobyl, el efecto invernadero, los envenenamientos de ríos y mares, Hiroshima y Nagasaki, u otros desastres ecológicos y sociales los científicos vacilan en sus respuestas. O callan. La Ciencia oficial siempre pretenderá ser la portadora absoluta de la verdad absoluta dando cabida a nuevos cultos de instancias abstractas como el de la razón objetiva, por la cual se ha sacrificado mucho, en guerras y masacres, demostrando ser tan represiva como la idea de la "verdad revelada", entonces no nos queda otra que transitar, como Feyerabend, los caminos de la recionalidad humana y despertar de ese letargo cientifista, porque como dijo Cioran: "Frente al hombre abstracto, que piensa por el placer de pensar, se alza el hombre visceral, el pensador determinado por un desequilibrio vital que se sitúa más allá de las ciencias y del arte. Me gustan los pensamientos que conservan un aroma de sangre y de carne. Los hombres no han comprendido aún que la época de las preocupaciones superficiales e inteligentes se ha acabado y que el problema del sufrimiento es infinitamente más revelador que el del silogismo, un grito de deseperación infinitamente más significativo que una observación sutil... ¿Por qué no dejamos de admitir el valor exclusivo de las verdades vivas".

Luis Rodríguez
(Desobediencia) Subir


 

El control de la
inmigración en EE UU

Iraq: el oscurantismo mata

Por la libertad integral del pensamiento

Tortelier y la huelga general

 

El anarquismo en pelotas

La relación entre el Estado
y el individuo

Una visión científica disidente o
el anarquismo epistemológico
de Paul K. Feyerabend